La razón química de por qué los jeans originales eran azules (y por qué se llaman jeans o denim).

Los jeans, que la Academia de la Lengua prefiere que llamemos «vaqueros», podrían usarse como significado alternativo de la palabra ubicuidad.

Aunque en unos pocos lugares del mundo su uso es restringuido, parecen estar en todas partes, desde Azerbaiyán hasta Zimbabue, desde Groenlandia en el norte hasta las ciudades más meridionales de Chile.

De hecho, según el Global Denim Project, que analizó la historia, alcance, economía y consecuencias de la dominación mundial de la mezclilla, cualquier día de cualquier año, la mayoría de la población mundial tiene puesto al menos un artículo de esa tela.

Los historiadores aún debaten sobre su lugar de nacimiento, pero una de las opiniones más mentadas es que fue Nimes, Francia.

La serendipia, como ocurre a menudo en momentos de creación, jugó su parte.

Los tejedores de Nimes estaban intentando replicar de un tejido de algodón resistente conocido como ‘jean fustian’, una tela medieval robusta de algodón y lino hecha en Génova, que se escribía Gene o Genes y, a mediados del siglo XVI en Francia, Jean.

Aunque fallaron, se dieron cuenta de que habían desarrollado un tejido único y resistente como ningún otro.

Era una sarga de algodón trenzado que fabricaban pasando la trama por debajo de los hilos de la urdimbre (los que se colocan en el telar paralelamente para formar una tela).

Tiñiendo algodón con índigo.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Usaban índigo, uno de los tintes más antiguos, para teñir de azul los hilos de la urdimbre, pero dejaban los hilos de la trama con su color blanco natural.

El proceso le daba a la tela un color azul único en un lado y blanco en el otro.

Lo llamaron Serge de Nîmes o español sarga de Nimes. Lo clave, en este caso, es que, en el siglo XVII, entró en inglés como «sarga denim».

Una corazonada

Así que algo similar a la mezclilla había existido por un tiempo, teñida con el añil de las plantaciones en India.

Pero los jeans tal y como los conocemos llegaron un poco más tarde, con la reunión de un latvio, Jākobs Jufess, y un alemán, Löb Strauß.

Como muchos de los nuevos inmigrantes a Estados Unidos en el siglo XIX, cambiaron sus nombres a su llegada: Jacob Davis y Levi Strauss.

En la década de 1870 al sastre Davis le encargaron que hiciera un par de pantalones de trabajo muy resistentes.

Tuvo la corazonada de que si tomaba un pedazo de pequeño remache de metal y lo ponía en los puntos de tensión de un par de pantalones, justo alrededor del área del bolsillo, podría crear un par de pantalones muy duraderos.

Dibujo de patente para 'sujeción de aberturas de bolsillo' por Jacob Davis (como JW Davis), 20 de mayo de 1873.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Dibujo de patente para ‘sujeción de aberturas de bolsillo’ por Jacob Davis (como JW Davis), 20 de mayo de 1873.

La corazonada resultó ser correcta.

Los pantalones fueron tan bien recibidos que comenzó a correr la voz y recibió tantas solicitudes que decidió escribirle a su proveedor de telas, Levi Strauss en San Francisco y preguntarle si estaba interesado en obtener una patente.

Strauss aprovechó la oportunidad, invitó a Jacob Davis a mudarse a San Francisco, y juntos manufacturaron los primeros jeans del mundo.

Ese color que tienen…

Originalmente ofrecieron dos variedades: de loneta marrón y de mezclilla azul.

Pero mientras que los blue jeans se vendieron como pan caliente, pocos querían los otros.

Según la historiadora Lynn Downey en «Una corta historia de la mezclilla», la razón probablemente era que «apenas alguien usaba un par de pantalones de mezclilla, experimentaba (…) cómo se volvía más cómoda con cada lavado, no quería los de loneta, porque con esos siempre te sientes como si tuvieras puesta una tienda de campaña».

Jeans tirados al lado de cama

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Sin embargo, eso no explica la razón por la cuál el color preferido fuera el mismo índigo que habían usado hacía siglos los tejedores de Nimes.

Aunque un poco sí.

La mezclilla original era teñida con tinte de la planta Indigofera tinctoria.

A diferencia de la mayoría de los tintes naturales que, en altas temperaturas, penetran las fibras de la tela directamente, el índigo se adhiere sólo al exterior de los hilos.

Al lavar la áspera mezclilla, algunas de estas moléculas de tinte se eliminan, llevándose cantidades minúsculas de los hilos con ellas, pero como el material es tan fuerte, perder algunas fibras no lo arruina.

De hecho, lo mejora, pues cuanto más lo lavas, más suave queda.

Para los trabajadores, una prenda lo suficientemente resistente para soportar arduas labores que se volvían más cómodos pero no delicados, era ideal.

Esa cualidad de adaptarse al cuerpo de cada persona, convirtiéndose en una segunda piel que se desgasta con el paso de la vida, los hizo omnipresentes.

De cierta forma, una tela que se ve mejor a medida que envejece es el invento perfecto.

Imagen de portada: GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: Redacción BBC News Mundo. 25 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Moda/Historia/Ciencia.

 

 

 

 

 

 

El nihilismo ruso

El término nihilismo es uno de los conceptos filosóficos centrales para entender nuestro tiempo. De largo recorrido histórico, el nihilismo ha sido teorizado por diversos autores y ha tenido una importancia fundamental en la filosofía reciente. Sin embargo, su influencia no se restringe únicamente al pensamiento y abarca otros ámbitos de la vida humana, como la política. El nihilismo ruso, de finales del siglo XIX, es una buena muestra del carácter popular y político que puede adquirir este término.

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¿Qué es el nihilismo?

La palabra nihilismo tiene su origen en el vocablo nihil, que en latín significa «nada». Añadiendo el sufijo «-ismo», la palabra «nihilismo» significa etimológicamente la postura o doctrina de la nada. Así, el nihilista —atendiendo a su significado etimológico— es aquella persona que cree en la nada o, dicho de forma parecida, pero no igual, aquella persona que no cree en ningún principio.

El concepto no surge, como suele creerse, en el siglo XIX con la filosofía nietzscheana. De hecho, tiene un vasto recorrido histórico: en el siglo IV a. C., San Agustín con su filosofía acusaba de nihilistas a los no creyentes; en la Revolución Francesa, nihilistas eran aquellos indiferentes al gran acontecimiento y, en el marco de la filosofía alemana, nihilistas eran —para Jacobi— los idealistas que pretendían conocer el fundamento de la realidad. Sin embargo, es cierto que es a partir de Nietzsche cuando el concepto adquiere la importancia filosófica que hoy tiene.

De forma paralela a la filosofía nietzscheana, el nihilismo se propagó en la Rusia de finales del siglo XIX como un movimiento político radical. Heredero de los planteamientos filosóficos hechos hasta la fecha, y con el mismo aroma impugnador que tenía la filosofía nietzscheana, el nihilismo ruso fue un movimiento de masas que organizó el descontento de toda una sociedad. Sus bases eran muy simples: los valores tradicionales, heredados, no son naturales, sino que son meras ilusiones. En realidad, no hay «nada» y el régimen del zar no tiene ninguna legitimación. Veámoslo con más detalle.

Para Ferrater Mora, según escribe en su clásico Diccionario, el nihilismo ruso tiene una personalidad propia muy definida. Esta particular idiosincrasia proviene, sin duda, de ser una corriente que está elaborada de forma sui generis en ese contexto tan concreto que fue la Rusia zarista del siglo XIX. Aquella Rusia se caracterizaba por una Ilustración abrupta y una política cargada de reformas que buscaban otorgar un papel cada vez más predominante al Estado. Estas reformas, que miraban a Europa como modelo político, encontraron una creciente oposición en la sociedad civil.

El motivo de este rechazo generalizado fueron las distintas (e insuficientes) reformas del zar. Estas desbordaron la paciencia de una sociedad que buscaba cambios radicales a una situación de pobreza generalizada. Este ambiente de rechazo político fue el contexto idóneo para un rechazo aún más generalizado: el rechazo a la sociedad zarista y a sus valores imperantes. Tales valores dejaron de considerarse intocables para pasar a concebirse como una ilusión contingente, como una «nulidad» (y de ahí el nihilismo). Es este el núcleo del nihilismo en la Rusia del siglo XIX, un nihilismo profundamente social que buscaba romper el tablero político e impugnar la totalidad del régimen.

Asistimos, entonces, a un nihilismo que ya no es exclusivamente académico o filosófico, sino que se dota de un carácter político que lo hace ser un fenómeno de masas. Este nihilismo impregnó la vida cultural de la Rusia de la segunda mitad del siglo XIX y tuvo un alcance nunca visto hasta la fecha. Influyó en casi todo el panorama político del momento, pero especialmente en los movimientos anarquistas y libertarios (para los que el nihilismo se convirtió en el eje de su acción política).

Sin embargo, este nihilismo no estuvo exento de contradicciones. Según Franco Volpi en su libro El nihilismo, este nihilismo político fue a veces más dogmático que crítico y tuvo un componente más de rechazo que propositivo.

Había un rechazo a los valores, sí, pero no una propuesta ni una preocupación clara por la creación de valores nuevos. El nihilismo ruso fue, principalmente, un rechazo a la cultura dominante basado en la acusación de ser una cultura contingente.

Un buen ejemplo de este movimiento de rechazo es Chernyshevsky con su novela de agitación ¿Qué hacer?, escrita durante su período penitenciario y que fue un fenómeno literario. 

Por su cronología y propósito, esta novela puede considerarse como un verdadero manifiesto del nihilismo político ruso. En ella, se muestra un contundente rechazo a los valores preestablecidos, al orden imperante, y se apuesta por un nihilismo radical que socave las bases de la cultura de la época.

El mismo objetivo de impugnación total y afirmación de la destrucción lo encontramos en el célebre teórico anarquista Mijaíl Bakunin. Este se autoproclamaba «fundador del nihilismo y apóstol de la anarquía» y decía que «para vencer a los enemigos del proletariado tenemos que destruir, destruir y seguir destruyendo».

La literatura del nihilismo ruso

En su libro de 1963 Maestros rusos, el escritor Arbatoff afirma que el nihilista ruso del siglo XIX «considera que la primera tarea es destruir, y luego desbrozar el terreno de los escombros: hay que destruir la aristocracia, los principios, la lógica, la moralidad, la religión, la historia; hay que derribar todo aquello que se pueda prescindir». 

Sirva como resumen de este nihilismo la respuesta de Bazarov en Padres e hijos, la novela ya mencionada de Turguénev:

«— Sin embargo…, me permite usted… —balbuceó Nicolai Petrovich—, ustedes lo niegan todo, o dicho con más exactitud, lo destruyen todo… Pero luego es menester construir.

—Eso ya no es cosa nuestra… Lo primero de todo es descombrar».

Así, lo heredado por la sociedad rusa del siglo XIX es rechazado por la sociedad no por gusto o interés, sino porque el estatuto epistemológico sobre el que descansan sus verdades es la nada. Esto acerca al nihilismo ruso a su mayor problema: la inactividad, la destrucción absoluta. Una vez que todo se revela como fantasía, la solución no puede menos que parecer otro juego de sombras. 

A este respecto, el revolucionario ruso Aleksandr Herzen señaló:

«El nihilismo no transforma algo en nada, sino que desvela que la nada, cambiada por algo, es una ilusión óptica y que toda verdad, por mucho que contradiga representaciones fantásticas, es más sana que estas y, en todo caso, obligatorias».

Los hermanos Karamázov, de Fiódor Dostoievski (La otra h).

Es en la obra de Dostoyevski donde se exploran en toda su amplitud y profundidad estas consecuencias nefastas del nihilismo. El escritor ruso no explora la validez del nihilismo, sino que se sumerge de lleno en él para mostrarnos su indeseable destino final. En su obra se anticipan motivos y temas que serán decisivos para el desarrollo del nihilismo en las décadas posteriores.

La clave del tratamiento del tema por parte de Dostoyevski es que el nihilismo es entendido en su radicalidad, esto es, no como mera disolución de los valores imperantes, sino como disolución de cualquier fundamento en la moral y el conocimiento. Por ejemplo, en su obra Crimen y castigo, Dostoyevski explora la libertad incondicionada, sin límites, y dibuja un panorama repleto de dilemas y problemas. En Los demonios (que originalmente iba a ser un panfleto contra el nihilismo), el nihilismo se presenta como un relativismo y una indiferencia hacia cualquier valorización moral. El nihilismo es, en esta novela, la puerta abierta a que todo valga, a que todo sea lícito.

Esta indeseable consecuencia se retoma también en Los hermanos Karamázov, donde su protagonista, Iván, expresa la célebre sentencia: «Si Dios no existe, todo está permitido». 

En esta misma novela es notoria la crítica a los fundamentos, simbolizada con la muerte del padre y el suicidio de los personajes (que sucumben al sinsentido de una falta de fundamento moral). Respecto a la famosa sentencia de Iván, escribe Albert Camus en El hombre rebelde:

«En este ‘todo está permitido’ comienza realmente la historia del nihilismo contemporáneo. La rebeldía romántica no iba tan lejos. En resumidas cuentas, se limitaba a decir que todo no estaba permitido, pero que ella, por insolencia, se permitía lo que estaba prohibido. 

Con los Karamázov, por el contrario, la lógica de la indignación va a volver contra sí misma la rebeldía y lanzarla en una contradicción desesperada. La diferencia esencial está en que los románticos se dan permisos de complacencia, mientras que Iván se forzará a hacer el mal por coherencia. No se permitirá ser bueno. El nihilismo no es solo desesperación y negación, sino, sobre todo, voluntad de desesperar y de negar».

Algunas conclusiones

El nihilismo ruso fue un movimiento político que tambaleó la sociedad zarista de finales del siglo XIX. Sacudió toda la sociedad, articuló en torno a él a multitud de grupos políticos y produjo una enorme cantidad de literatura.

Quizá sea cierta la crítica que señala que el flujo interno de este movimiento fue más destructivo que constructivo, pero esto nunca importó a sus seguidores (demasiado preocupados en vencer las inercias de siglos de tradición).

El nihilismo ruso es, a su vez, el mejor ejemplo del potencial político de la filosofía. 

Aunque las discusiones filosóficas a veces sean escolásticas, rebuscadas o incluso parezcan referir a asuntos alejados radicalmente de la vida cotidiana, la filosofía no es reflexión etérea sobre la vida, sino reflexión sobre nuestra vida; no es reflexión arbitraria sobre el ser humano, sino sobre ti y sobre mí; no es reflexión azarosa sobre la idea de justicia, sino sobre la justicia aquí y ahora. Bajar la filosofía a la tierra, quizá sea este el gran logro del nihilismo ruso.

 

Imagen de portada: «Rusia está llena de nihilismo» dice el texto. Imagen compuesta en la página graffiti.vukki.net.

FUENTE RESPONSABLE: Filosofía & Cía. Por Javier Correa Román. 21 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Rusia/Historia/Filosofía/Nihilismo/Literatura.

 

 

 

Periplo del Mar Eritreo, la obra que describe la navegación y las rutas comerciales entre el mundo romano y Asía en el Siglo I d.C

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En varios artículos anteriores, caso del dedicado al navegante heleno Eudoxo de Cícico o el de la colonia romana en el puerto indio de Muziris, reseñamos, como una de las principales fuentes documentales para conocer los hechos, una obra anónima escrita en la Antigüedad y titulada Periplous tî̄s ̓Erythrâs thalássīs. Se traduce del griego antiguo como «Periplo del mar Eritreo» y ya va siendo hora de echarle un vistazo algo más detallado, tanto por su importancia geográfica como por su propia historia.

La RAE (Real Academia Española) define el término periplo como un «viaje o recorrido, por lo común con regreso al punto de partida», aunque aquí nos atañen también -y especialmente- otras acepciones complementarias que cita, como la que dice «en la geografía antigua, circunnavegación» o la que reza «en la Antigüedad clásica, obra en que se cuenta o refiere un viaje de circunnavegación». Es decir, la palabra se aplica, por extensión, a las narraciones de esas singladuras navales, que pasaron a constituir una especie de subgénero literario náutico, con sentido eminentemente práctico y didáctico; de hecho se conserva un buen puñado de periplo, unos en mejor estado que otros: el del cartaginés Hannón, el del macedonio Nearco, el del griego Piteas, el Estadiasmo, etc.

El que nos ocupa describe las rutas comerciales marítimas que operaban los navegantes egipcio-romanos entre los puertos de la costa del mar Rojo hasta el litoral occidental de la India, pasando por el Cuerno de África, el golfo Pérsico, el mar Arábigo y el océano Índico. Una combinación de guía viajera y atlas de geografía que, como se puede deducir, proporciona a los historiadores una valiosa información histórica sobre itinerarios, localizaciones, costumbres y descripciones de sitios de los que, de no ser por ese texto, tendríamos muy pocos datos. Tengamos en cuenta que, antiguamente, la expresión mar Eritreo no tenía exactamente el mismo significado que hoy, ya que entonces abarcaba una extensión mayor.

Mapa del Periplo del mar Eritreo/Imagen: PHGCOM en Wikimedia Commons

Actualmente se aplica -desde finales del siglo XIX ya sólo extraoficialmente- a las costas meridionales del mar Rojo, pues eso significa de forma literal, al fin y al cabo, aunque una leyenda persa recogida por el geógrafo griego Agatárquides de Cnido atribuye el nombre a un comerciante medo llamado Eritras, quien, después de que una manada de leones desbaratase su caravana, se estableció allí y construyó una fortaleza en una isla, gobernando desde ella. En concreto hoy hablamos de mar Eritreo para referirnos a las aguas situadas entre Eritrea y Yemen, mientras que antaño incluía la zona sur inmediata, es decir, el golfo de Adén, bañando la Arabia Felix por el norte y lo que ahora es Etiopía por el sur.

Por tanto, el Periplo abarca una extensión considerablemente mayor, lo que nos lleva a la cuestión de su autoría. Tradicionalmente se atribuía a Lucio Flavio Arriano, también conocido como Arriano de Nicomedia por su lugar de nacimiento. Era un griego bitinio que vivió entre finales del siglo I d.C. y mediados del II d.C., de familia noble y, tal como indica su nombre, poseedor de la ciudadanía romana. Como tantos eruditos de su tiempo, estudió filosofía -con el estoico Epicteto, nada menos- y ejerció destacados cargos durante los mandatos de Trajano y Adriano, entre ellos los de procónsul de la Hispania Bética, cónsul sufecto y gobernador de Capadocia. Luego se retiró para escribir, siendo su obra maestra la Anábasis alejandrina.

El Periplo del mar Eritreo representado en el Theatrum orbus terrarum de Abraham Ortelius, 1597/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Calificamos de tradicional esa identificación como autor porque hoy en día las cosas han cambiado. Los estudios filológicos aplicados al estilo de Flavio Arriano revelan diferencias estilísticas -probablemente un egipcio escribiendo en griego- que apuntan a que él no pudo hacer el Periplo del mar Eritreo. En realidad, todo se debe a un manuscrito bizantino que en el siglo X le adjudicó la responsabilidad creativa sin más razón que el hecho de que su primera obra reconocida sea también del género, el Períplous toû Euxeínou Póntou («Periplo del Ponto Euxino»), una descripción de la región del Mar Negro -desde Trebisonda a Bizancio- escrita para el emperador Adriano en forma de carta.

Dicho manuscrito estaba repleto de errores de traducción y, lamentablemente, fue el que sirvió de modelo para copias posteriores, especialmente para una del siglo XIV o XV que hoy conserva el British Museum. El original bizantino acabó en Heidelberg y durante la Guerra de los Treinta Años fue trasladado a Roma. La rapiña napoleónica se lo llevó a París a finales del XVIII, cuando el corso conquistó los estados Pontificios y los convirtió en república, pero en 1816, tras su destierro a Santa Helena y el inicio del proceso de devolución de lo incautado, se restituyó a la biblioteca de la universidad alemana.

En suma, la autoría del Periplo del mar Eritreo permanece anónima y en lo único que se ha avanzado es en desentrañar la fecha de su redacción. Si antes se databa en un lapso cronológico más o menos amplio, entre los siglos I y III d.C., un estudio realizado en 1912 por Wilfred Harvey Schoff (un erudito estadounidense especializado en el mundo clásico que trabajó especialmente en dos periplos, el que nos ocupa y el del cartaginés Hannón) concretó situándolo entre los años 59 y 62 d.C. Schoff, por cierto, también concluyó que fue escrito por un griego o romano de Egipto, quizá de la época en que el greco-romano Tiberio Claudio Balbilo dirigió la Biblioteca de su ciudad natal, Alejandría.

El Imperio romano a finales del reinado de Trajano, al alcanzar su máxima extensión/Imagen: Tataryn en Wikimedia Commons

El problema es que muchas de las copias que se hicieron desde muy temprano del Periplo se basaban en traducciones erróneas, como pasó con la primera impresa (realizada en 1533 por el suizo Hieronymus Froben a partir del trabajo del humanista pragués Sigismund Gelenius), y sabemos que Schoff también empleó una versión llena de equivocaciones, lo que pudo provocarle errores de apreciación. Por eso otros expertos en literatura clásica e historia naval proponen fechas alternativas para la escritura de la obra. Por ejemplo, en su libro Through the Jade Gate to Rome, Jonh E. Hill adelanta la redacción al segmento entre el 40 y el 70 d.C., el mismo que el neoyorkino Lionel Casson en su The Periplus Maris Erythraei, aunque el primero se decanta personalmente por la más temprana dentro de la propuesta: del 40 al 50 d.C.

En cuanto al relato en sí, está en griego y consta de sesenta y seis capítulos, la mayoría de los cuales ocupa un párrafo, siendo éstos de extensión variable. La precisión de las descripciones induce a sospechar que el autor conocía bien esas regiones, de ahí que la hipótesis inicial que apuntaba a un alejandrino se haya cambiado en favor de un natural de Berenice Troglodytica, la actual Medinet-el Haras, un antiguo puerto marítimo en la costa egipcia del mar Rojo fundado por Ptolomeo II como base del comercio marítimo por el Índico y conectado con el Bajo Egipto a partir del año 137 d.C. mediante la Vía Hadriana. Ese conocimiento del medio permite descripciones lo bastante precisas como para que los historiadores pueden identificar las ubicaciones.

El mar Eritreo y el sudeste asiático, por Jan Janssonius (1658). Los mapas pequeños de las esquinas superiores representan el periplo de Hannón por el noroeste africano y la región Hiperbórea, o sea el Polo Norte y sus inmediaciones, respectivamente/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

No obstante, no siempre están tan claras las cosas y un ejemplo típico es Rafta, al que se alude como el mercado más al sur de la costa africana de Azania; ésta, según el capítulo 15, correspondería al área litoral meridional de la actual Somalia y hoy nos consta que Azania era el nombre clásico del sudeste de África tropical, entre Kenia y Somalia. El problema de Rafta es que se sabe de al menos cinco lugares entre Tanga (el norte de la actual Tanzania) y el río Rufiji que responderían a la descripción reflejada en el Periplo en el capítulo 16, según la cual está a dos días de viaje al sur después de las islas Pyralaoi (posiblemente el archipiélago keniata de Lamu) o de Menouthis (quizá Zanzíbar), al final de los «acantilados menores y mayores», las «hebras menores y mayores» y los «siete cursos» de Azania.

Recientes descubrimientos arqueológicos han sacado a la luz numerosos artículos comerciales y monedas romanas en la desembocadura del Rufiji y las islas tanzanas de Mafia y Pemba, lo que puede ser un indicio de la situación de Rafta. Según el capítulo veintisiete, estaría sometida indirectamente a la autoridad de Charibael, o sea, Karab Il, descrito como el monarca legítimo de los homeritas y de «aquellos que vivían junto a ellos, llamados sabaites», sendas referencias a Himyar y Saba (que, curiosamente, no se unificarían bajo la misma corona hasta finales del siglo III d.C.), en el actual Yemen, que mantenían una relación diplomática y comercial con el Imperio Romano.

Entre otras curiosidades, no menciona que haya «etíopes» de piel oscura en Azania (eran gentes afroasiáticas que no fueron sustituidas por los vecinos bantúes mozambiqueños hasta el siglo X d.C.), como curioso es que hable asimismo de una gran ciudad interior de Asia productora de seda a la que llama Thina, uno de los nombres clásicos de China. Hasta allí se llegaría seguramente siguiendo la ruta marítima abierta en el siglo I a.C. por el marino griego Hípalo, quien alcanzó la India navegando desde el mar Rojo (se especula que pudo ser el capitán del barco de Eudoxo de Cícico, explorador del mar Arábigo en tiempos de Ptolomeo VIII).

Por supuesto, el Periplo trata muchos más reinos y tierras que sí son reconocibles. Por ejemplo, en el sur de la península arábiga estaba el reino del incienso, gobernado por un tal Eleazus -que probablemente sería Iliazz Yalit I- según el capítulo trece. Enfrente, el cabo Hafun (el punto más occidental de África), acogía la ciudad de Opone, punto estratégico para el comercio intercontinental, productora de incienso, canela, carey, marfil, animales salvajes y esclavos. También allí estaba Malao, hoy Berbera, exportadora de los mismos productos más artesanía, macir (una planta medicinal árabe) y copal indio.

Algo más al norte, el Periplo ubica al Imperio Aksumita, el más importante del noreste africano entre los siglos I d.C. y VII d.C., punto de encuentro entre el subcontinente indio y el ámbito de dominio de Roma. Dice que por entonces estaba gobernado por Zoskales, al que tilda de «tacaño (…) pero por lo demás recto y familiarizado con la literatura griega», añadiendo que tenía bajo su control dos puertos del mar Rojo: Adulis y Avalites. Algunos lo identifican con el rey Za Haqala, aunque no está claro.

Cambiando de continente, los capítulos cuarenta y uno y cuarenta y nueve reseñan un punto de la geografía de la India: Barígaza (hoy Bharuch, puerto del estado de Guyarat), donde reinaba Nambanus, que se cree que era el sátrapa occidental Nahapana y que también mantenía comercio con Roma. Allí habla de unos pozos excavados por Alejandro Magno (en realidad no llegó tan lejos) y señala la existencia de edificios y dracmas. A propósito del macedonio, también señala que al norte, en el río Jhelum (en el Punjab paquistaní), estaba Alejandría Bucéfala, la ciudad que fundó en honor de su caballo muerto tras la batalla del Hidaspes.

Mapa del Periplo del mar Eritreo con rutas, ubicaciones y productos comerciales/Imagen: George Tsiagalakis en Wikimedia Commons

El capítulo cuarenta y ocho reseña Ujjain, en el actual estado de Madhia Pradesh, cerca de la cual -tierra adentro- se ubicaba la capital real, Ozene, rica en piedras semipreciosas y telas. Y continuando por el litoral indio hacia el sur, en la costa Malabar, se enumeran otras urbes, como Muziris, en el oeste de Tamilakam (actual Tamil Nadu), gobernada por la dinastía Chera o Keralaputra, y Damirica (hoy Limyrike, región costera de Kerala), que servía de enlace con la llanura del Ganges.

Antes hablábamos de las dificultades que presenta el Periplo del mar Eritreo en lo referente a traducciones. Otra más es entender el significado de algunos términos relacionados con el comercio, ya que no tienen equivalente en otras fuentes documentales de la época y obligan a los historiadores a conjeturar. Por ejemplo, lakkos chromatinos, que se supone alude a una resina rojiza india utilizada como laca y colorante, deducción basada en la palabra en latín medieval lacca, tomada del árabe medieval lakk, que a su vez procede del sánscrito lakh. En cualquier caso, rara vez hay documentos tan antiguos que resulten fáciles y su valor testimonial es impagable para los historiadores.

Imagen de portada: Popa de un barco arrocero birmano, mostrando el método de gobierno, idéntico a los timones egipcios y romanos de la época del Periplo | foto dominio público en Wikimedia Commons

FUENTE RESPONSABLE: La Brújula Verde. Magazine Cultural Independiente. Wilfred Harvey Schoff (trad.), The Periplus of the Erythraean Sea | Francisco Pina Polo, Viajes, peregrinos y aventureros en el mundo antiguo: El periplo del mar Eritreo y la presencia romana en el Índico | Wilfred H. Schoff, The Periplus of the Erythræan Sea. Travel and trade in the Indian Ocean | Lionel Casson, The Periplus Maris Erythraei | Ignacio Gómez de Liaño, El círculo de la sabiduría | Francisco José González Ponce, Periplógrafos griegos | Wikipedia.

Antigua Roma/Asía/Navegación/Historia.

 

 

Descubren inscripciones pintadas de 3.500 años de antiguedad en la antigua Hattusa, la capital hitita.

A unos 200 kilómetros al este de la capital turca, Ankara, a las afueras de la pequeña localidad de Boğazkale, se encuentran las ruinas de la ciudad de la Edad de Bronce de Hattusa. Hattusa fue en su día la capital del Imperio Hitita, que dominaba amplias zonas de Asia Occidental en el segundo milenio a.C.

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A principios de agosto, el Dr. Bülent Genç, miembro del equipo de excavación y profesor de arqueología en la Universidad Artuklu de Mardin, hizo un descubrimiento especial en Yerkapı. En un túnel sin luz, del monumento en la ciudad alta que se conoce desde tiempos inmemoriales, notó signos. Estos habían sido pintados en las piedras toscamente trabajadas de las paredes con pintura de raíz de color marrón rojizo.

Desde entonces se han descubierto rastros de al menos 249 signos en jeroglíficos anatolios (signos pictóricos) en las investigaciones aún en curso. Aunque algunos están demasiado erosionados para ser legibles, la mayoría están bien conservados y son claramente descifrables.

Uno de los jeroglíficos Anatolios pintados descubiertos | foto Bülent Genç/DAI

Según las primeras evaluaciones de los filólogos del equipo de excavación (M. Alparslan y M. Marazzi), existen al menos ocho grupos diferentes de signos de repetición en el llamado Poterne de Yerkapı. Uno de estos grupos de signos ha sido identificado 38 veces hasta ahora. Al parecer, no se trata de inscripciones coherentes, sino de breves anotaciones (grafitti). Las primeras observaciones suponen nombres de personas o dioses, así como una posible designación de este camino subterráneo en el periodo hitita.

Los jeroglíficos de Anatolia y el significado de las inscripciones recién descubiertas.

En el periodo del Gran Reino Hitita, los jeroglíficos anatolios se encuentran regularmente en monumentos rocosos o sellos, ya sea grabados o en relieve. Los signos descubiertos en Yerkapı, sin embargo, estaban escritos en los bloques de piedra con pintura.

Hasta ahora, sólo se conocían inscripciones pintadas de Kayalıpınar (Sivas) y Suratkaya (Muğla). Y su número era extremadamente pequeño. Gracias a los hallazgos de Yerkapı, cada vez está más claro que la escritura jeroglífica anatolia estaba mucho más extendida en la sociedad del II milenio a.C. de lo que se suponía. Estos hallazgos abren una ventana completamente nueva e inesperada a la Edad de Bronce tardía.

Para documentar este descubrimiento único, los jeroglíficos junto con todo el edificio están siendo grabados digitalmente y modelados en tres dimensiones en cooperación con colegas de la Universidad Federico II – DiSTAR.

Otro grupo de jeroglíficos pintados | foto Bülent Genç/DAI

La investigación arqueológica en Hattusa

Desde hace 116 años, Hattusa (Patrimonio de la Humanidad y Memoria del Mundo de la UNESCO) se investiga con el permiso del Ministerio de Cultura y Turismo de la República de Turquía.

El objetivo del equipo internacional, dirigido desde 2006 por el Prof. Dr. Andreas Schachner, del Instituto Arqueológico Alemán de Estambul, es la investigación sistémica de Hattusa. El programa de trabajo se centra en las excavaciones, el tratamiento de los hallazgos y las restauraciones.

Los trabajos actuales se desarrollan en Boğazköy/Hattusa en el marco del proyecto global financiado por el Instituto Arqueológico Alemán (DAI), la Fundación Alemana de Investigación (DFG), la Fundación Thyssen, la Fundación GRH y el Ministerio de Asuntos Exteriores italiano. Colegas de la AID, de la Universidad de Estambul y de las Universidades Federico II y Suor Orsola Benicasa (ambas de Nápoles) colaboran en la documentación y la evaluación.

Fuentes: Deutsches Archäologisches Institut

Imagen de portada: El yacimiento de Yerkapı en Hattusa, el lugar del hallazgo | foto Andreas Schachner/DAI.

FUENTE RESPONSABLE: La Brújula Verde. Por Guillermo Carvajal. 19 de septiembre 2022.

Arqueología/Historia/Descubrimientos/Actualidad

 

 

Brian Epstein: el ‘Quinto Beatle’ hubiera cumplido 88 palos, esta noche en RockFM Motel.

Celebraremos el cumpleaños de uno de los culpables de que The Beatles hicieran historia en el mundo de la música.

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Ellos pusieron la música y Brian Epstein hizo el resto. La fórmula mágica que unió el talento descomunal de los de Liverpool con la visión para los negocios de Epstein que los llevó a convertirse en una de las bandas más míticas de todos los tiempos, si no la que más. 

Paul McCartney, durante la ceremonia de entrada de The Beatles en el Rock And Roll Hall of Fame en 1988, declaró: “Si alguno era el Quinto Beatle, ese fue Brian Epstein”. Fue el homenaje a un visionario, que creó un modelo totalmente novedoso de gestión y cuya muerte, marcó también el principio del fin, de The Fab Four.

Además felicitaremos a otras figuras que han tenido mucho que decir en la historia del rock. Hoy le caen 76 años a John Coghlan que fue batería de Status Quo hasta que dejó la banda en 1982. Y otra que sopla 64 velas Lita Ford. Vocalista y referente femenino del rock que hizo despegar su carrera como miembro de The Runaways, un grupo que estaba formado exclusivamente por chicas.

Y hoy cumple 52 años uno de los Festivales más icónicos del mundo que se celebra cada verano en Inglaterra: Glastonbury. Un 19 de septiembre de 1970 arrancó su primera edición y por él ha pasado lo más granado de la historia del rock y cada año consigue que peregrinen hasta allí miles de fans para vivir un fin de semana de rock y barro. Precisamente, en #LaPreguntadelMotel te pedimos que nos cuentes: ¿Cuál ha sido la mejor banda que has visto en un festival? ¡Esperamos tus respuestas!

Entre todos los que han pasado por Glastonbury se encuentra el desparecido Joe Strummer, quien fuera miembro de The Clash y que más tarde formó parte de una banda llamada The Mescaleros entre 1999 y 2002. El pasado viernes vio la luz una colección completa de todos los discos de la banda titulada ‘The Mescaleros Years’ que quiere celebrar el que hubiera sido el 70 cumpleaños de Strummer el pasado 21 de agosto. Nos sumamos a esa celebración y esta noche en el Motel podrás escuchar un tema inédito que forma parte del álbum.

Pincha el siguiente link si deseas escucharlo

Joe Strummer – Secret Agent Man (Official Visualizer)

Fue el pasado mes de abril cuando Pink Floyd se reunió por una buena causa: apoyar con una canción a los ucranianos que están siendo devastados por la guerra con Rusia. 

El tema “Hey Hey Rise Up” abrió una puerta que permitiría soñar con una nueva reunión de la banda. Ha sido Nick Mason en una entrevista quién vería la posibilidad de que ella llama solidaria no se extinguiese: «Creo que sería genial si fuera posible convertirse en una fuerza positiva. 

Sé que suena un poco cliché, pero un poco como Live 8″. Fue ese concierto en 2005 el que consiguió juntar sobre el escenario a Mason, David Gilmour, Roger Waters y Richard Wright. Y el propio Mason añadió: “»Si hubiera alguien capaz de reunir bandas, me encantaría formar parte de algo así». Ahí queda eso y esperamos que pueda hacerse realidad.

Revive aquí la entrevista que le hizo Rodri Contreras en mayo de 2019 con motivo de The Pink Floyd Exhibition: Their Mortal Remains, la exposición que recorría la historia de Pink Floyd.

Pincha el siguiente link si deseas ver la entrevista.

RockFM | Entrevista a Nick Mason

Tendremos un recuerdo para Gram Parsons, miembros de The Byrds y The Flying Burrito Brothers, que nos dejó con 26 años en 1973.

Tampoco faltará a sus cita nuestro amo de llaves, Edu Barbosa, que vendrá a contarnos de qué se está hablando poco en el planeta rock. Todo esto y mucho más a partir de las 22:00h en RockFM Motel

Escucha en directo Rock FM, la radio donde puedes escuchar una hora de rock sin pausa. Si lo deseas puedes bajarte la aplicación de Rock FM para iOS (iPhone) y Android.

Y recuerda, Rock FM encontrarás el mejor contenido sobre tus bandas de rock de cabecera, los temas que no puedes dejar de escuchar, las mejores historias, el entretenimiento y, sobre todo, aquellos sonidos que no puedes encontrar en ningún otro lado.

Imagen de portada: Gentileza de Rock FM Motel

FUENTE RESPONSABLE: Rock FM Motel. España. Por Rodrigo Contreras. 19 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Música/España/Actualidad/The Beatles/Brian Epstein

 

 

Arqueólogos hallan en Israel la primera prueba del uso de opio en el mundo.

Se trata de las primeras pruebas conocidas del uso drogas psicoactivas en el mundo.

Un grupo de arqueólogos halló en Israel residuos de opio en vasijas de cerámica que datan del siglo XIV a.C., y aseguran que se trata de las primeras pruebas conocidas del uso drogas psicoactivas en el mundo, informó hoy la Universidad de Tel Aviv.

«Este emocionante descubrimiento confirma los escritos históricos y las hipótesis arqueológicas según las cuales el opio y su comercio desempeñaron un papel fundamental en las culturas de Oriente Próximo», indica un comunicado de la universidad, que realizó la investigación junto a la Autoridad de Antigüedades de Israel (AAI)y el Instituto Weizmann de Ciencias.

Los hallazgos revelan «las primeras pruebas conocidas del uso de la droga alucinógena opio, y de las drogas psicoactivas en general, en el mundo», subraya el comunicado.

Los residuos de opio se encontraron en vasijas de cerámica, aparentemente utilizadas en rituales funerarios, que fueron halladas en tumbas cananeas en Tel Yehud, en el centro de Israel.

«Esta es la única droga psicoactiva que se ha encontrado en el Levante en la Edad de Bronce tardía. En 2020, los investigadores descubrieron residuos de cannabis en un altar de Tel Arad, pero éste databa de la Edad de Hierro, cientos de años después del opio de Tel Yehud», explicó Vanessa Linares, cuya tesis doctoral impulsó el hallazgo.

La experta asegura que aún no se puede determinar si los cananeos de Yehud creían que los muertos necesitarían opio en la otra vida, o si eran los sacerdotes los que consumían la droga para oficiar la ceremonia, pero aseguró que el descubrimiento arroja luz sobre el comercio del opio en general.

El opio se produce a partir de la amapola, que crecía en Asia Menor, en la actual Turquía, mientras que las cerámicas en las que se identificó el opio fueron fabricadas en Chipre.

«En otras palabras, el opio fue llevado a Yehud desde Turquía, a través de Chipre; esto indica la importancia que se le atribuía a la droga», describe Linares.

En 2012, la AAI llevó a cabo una excavación de salvamento en el sitio de Tel Yehud, antes de que se construyeran residencias. Ahí se encontraron varias tumbas cananeas de la Edad del Bronce Tardía y, junto a ellas, ofrendas funerarias, muchas de ellas vasijas de cerámica.

Las fabricadas en Chipre y denominadas «jarras de anillo base», tienen una forma similar a la de la flor de amapola cuando está cerrada y boca abajo, por lo que en el siglo XIX surgió la hipótesis de que se utilizaban como recipientes rituales para la droga.

Ahora, gracias a un análisis de residuos orgánicos, «se han revelado restos de opio en ocho vasijas, algunas locales y otras fabricadas en Chipre. Es la primera vez que se encuentra opio en la cerámica en general, y en las vasijas de anillo base en particular», aseguró la Universidad de Tel Aviv.

Con información de EFE

Imagen de portada: Vasijas con opio. Shai Heksher/Israel Antiquities Authority

FUENTE RESPONSABLE: Aurora. Israel. 21 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Israel/Arqueología/Historia/Tumbas cananeas/Adicciones

 

 

 

Las doce tablas, como los plebeyos tuvieron que insistir durante años para poner por escrito las primeras leyes en Roma.

Un enconado conflicto social, una turbia rebelión de esclavos, un viaje a tierras griegas, un cambio de régimen, un tirano arrogante, un juicio… El nacimiento de las primeras leyes escritas de Roma, de la primera codificación normativa de la tradición jurídica occidental, está envuelta en una novelesca historia que haría estremecerse hasta al más prolífico de los escritores.

Las Leyes de las Doce Tablas (Duodecim Tabulorum Leges) significó un punto de inflexión en la Historia de Roma y de su Derecho. También conocido como “Código” o “ley decenviral” por haber sido redactado por los decenviros, un colegio excepcional de diez hombres, este cuerpo legal se convirtió en un hito de la literatura jurídica latina, además de servir de fundamento al Derecho civil romano que, a partir de entonces, comenzó a desarrollarse. Su promulgación, a mediados del siglo V a. C, tuvo lugar en un período tan oscuro como turbulento en el que la todavía joven República romana se encontraba inmersa en las luchas intestinas entre patricios y plebeyos, al tiempo que trataba de resistir el embiste de sus vecinos latinos.

No fue un proceso rápido ni inmediato. Al contrario, se precisaron doce largos y conflictivos años hasta que las leyes fueran finalmente grabadas en doce tablas de bronce y expuestas públicamente como, según Livio, fuente de todo Derecho público y privado. Aun en tiempos de Cicerón, cuatrocientos años después, estas antiquísimas leyes continuaban siendo veneradas y aprendidas de memoria por quienes se iniciaban en el estudio del Derecho.

Un Derecho difuso y arbitrario

Antes del surgimiento de las Leyes de las Doce Tablas, durante el período monárquico (753 a.C.- 509 a.C.) y los primeros años de la República, el primitivo derecho romano —o derecho quiritario, porque quirites era el nombre que se daban a sí mismos los antiguos romanos— estaba basado en la costumbre. Se trataba en puridad de un derecho no escrito, resultado de la conducta reiterada de los individuos, y transmitido de forma oral de generación en generación. Precisamente fue esta fuente primigenia del Derecho, la costumbre de los ancestros (o mores maiorum), la que organizó instituciones tan importantes y características del mundo romano como la gens o la familia.

Existe, no obstante, la cuestión de las llamadas “Leyes Regias” (Leges Regiae), normas que, según la tradición posterior, habían sido sancionadas por los propios reyes romanos. Algunas se atribuyen al primer rey y fundador, Rómulo; otras a Numa Pompilio, vertebrador de la religión romana; y otras a Servio Tulio, el sexto de los reyes. Estas leyes habrían sido, según la tradición romana, reunidas por un pontífice llamado Sexto Papirio durante el reinado de Tarquinio el Soberbio, el último de los reyes, dando lugar al Ius Civile Papirianum. Sin embargo, la historiografía moderna cuestiona la veracidad y autenticidad de estas antiquísimas disposiciones apócrifas, que si bien son citadas por los autores romanos pudieron haber sido compiladas a finales de la República.

En cualquier caso, este Derecho arcaico y basado en la costumbre, en la oralidad y en la tradición, y cuyas raíces se hundían en la noche de los tiempos, contenía un alto componente arbitrario que era utilizado por los patricios en su lucha contra los dirigentes plebeyos.

Al no estar escrito el Derecho, ¿quién y cómo se interpretaban estas disposiciones difusas y arcaicas? ¿Cuál era el límite del poder de los magistrados? ¿Dónde estaba el término de sus prerrogativas? ¿Qué alcance podían tener sus decisiones? ¿Dónde, en definitiva, terminaba el Imperium que investía a los magistrados patricios? Empezaba a resultar necesario para los plebeyos el reclamo de un ius scriptum, un derecho escrito que evitara un uso desmedido y arbitrario del poder, especialmente por quienes ostentaban la máxima dignidad del Estado: los cónsules.

La Ley de las XII Tablas en un grabado de otro siglo/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La propuesta de Cayo Terentilio Harsa, el precursor de las Doce Tablas

En el año 462 a.C. el plebeyo Cayo Terentilio Harsa fue elegido Tribuno de la Plebe, una magistratura genuinamente plebeya que tenía por objeto primordial la representación, garantía y defensa de los derechos de los plebeyos frente a los abusos de los patricios.

El senado romano en un cuadro de Hans Werner Schmidt (1912) / foto dominio público en Flickr

Livio nos cuenta que el recién elegido tribuno, hastiado de la arrogancia de los patricios y aprovechando que ambos cónsules se encontraban fuera de Roma, arrojó una propuesta sumamente peligrosa para los intereses de los patricios: constituir una comisión de cinco miembros que plasmasen por escrito las leyes que regulaban el poder consular. Terentilio comparaba la autoridad ilimitada que poseían los cónsules con la tiranía y el despotismo de los antiguos reyes de Roma, lo que a su juicio comprometía la libertad del Pueblo Romano. ¿Qué diferencia existía entre un monarca absoluto y dos cónsules con idéntico poder? En ambos casos, argüía un vehemente Terentilio, podían convertirse en tiranos. El ius scriptum era el único camino para poner coto a unas prerrogativas sin límites con las que, hasta entonces, se investían los cónsules.

La medida de Terentilio fue de inmediato contestada por el patricio Quinto Fabio, prefecto de Roma aquel año y máxima autoridad en la ciudad en ausencia de los cónsules. Fabio, combinando la retórica en el Senado con directas amenazas dirigidas hacia Terentilio —al que incluso llega a acusar abiertamente de traición—, logró que el resto de tribunos de la plebe aplacasen a su compañero y paralizaran temporalmente la propuesta.

El conato parecía controlado, pero con su acción Terentilio había sembrado un precedente que daría como fruto la sanción de las primeras leyes escritas de Roma.

Un camino largo y azaroso: la violencia de Ceso y la rebelión de Apio Herdonio

Al año siguiente, el 461 a.C., la propuesta de Terentilio volvía a emerger con fuerza al ser presentada unánimemente por todos los tribunos de la plebe elegidos aquel año. Lejos de ser olvidada, la exigencia de leyes escritas se había convertido en una exigencia de los dirigentes plebeyos. Por supuesto, la reacción patricia en contra de la medida no se hizo esperar. Los cónsules entorpecían la labor de los tribunos y cualquier debate o votación de la propuesta de ley, y los tribunos hacían lo propio con los cónsules. El Foro romano volvía a ser testigo de las luchas, en ocasiones violentas, entre ambos órdenes.

Livio relata en su “Historia de Roma” el peculiar caso del joven patricio Quincio Ceso, que personificó la más férrea oposición a la medida. Ceso, procedente de la gens Quincia, era un muchacho de gran estatura y formidable fuerza física que contaba con excelentes dotes militares y oratorias. Se rodeó de un nutrido grupo de congéneres y, juntos, se adueñaron del foro al más puro estilo de una banda callejera, llegando a emplear una desmedida violencia con tal de obstruir las aspiraciones plebeyas.

Ante semejante panorama, uno de los tribunos de la plebe llamado Aulo Verginio acusó a Ceso de crimen capital y lo llevó ante la Asamblea para ser juzgado. En defensa de Ceso los principales líderes patricios elogiaron la actitud y los valores del joven, atribuyendo muchas de sus acciones a la imprudencia de su juventud. Pero tal era el odio que Ceso despertaba en los plebeyos que de no ser por la protección que le brindaron los propios patricios hubiera sido linchado por la multitud. Para evitar que el joven fuera arrojado a la prisión hasta que se celebrara el juicio y que el conflicto se enconara todavía más, el tribuno Verginio, convencido por sus colegas, acordó la imposición de una fianza.

Sin embargo, el juicio jamás llegaría a celebrarse.

Tan pronto como el rencoroso Ceso abandonó el foro, huyó durante la noche al exilio, hacia el norte, a tierras etruscas. Livio nos cuenta que su partida no evitó que los tribunos reclamaran la fianza a su padre, quien tuvo que vender todos sus bienes para saldarla y acabó viviendo empobrecido en una choza al otro lado del Tíber.

Pero la violencia de Ceso no fue el único episodio que la República tuvo que sortear en su largo y azaroso camino hasta sus primeras leyes escritas. Apenas un año después, en el 460 a.C., la aprobación de la ya recurrente propuesta de Terentilio volvía a ser de nuevo interrumpida por la aparición de un enigmático personaje que, adelantándose cuatrocientos años a Espartaco, protagonizó una rebelión de esclavos: Apio Herdonio Sabino.

Poco se conoce sobre el origen de Apio Herdonio, salvo que era sabino y que, con una banda de exiliados y esclavos armados —cifrados por Livio en dos mil quinientos—, sorprendió a los romanos tomando la que era la ciudadela y la colina más sagrada de Roma: el Capitolio. Sobre cuáles eran los motivos reales de tal acción los desconocemos. Según Livio, Apio Herdonio abrazaba la causa de los condenados y llamaba a liberar a los esclavos.

La repentina irrupción del rebelde Apio Herdonio y su encierro en el Capitolio pilló de imprevisto tanto a los cónsules como a los tribunos de la plebe.

De una parte, los cónsules temían armar a la plebe. ¿Qué impediría, una vez armados los plebeyos, que los tribunos impusieran la aprobación de la ley? ¿Acaso Apio Herdonio estaba compinchado con los dirigentes plebeyos? Al final optaron por armar a la plebe para combatir al enemigo y expulsarlo de la ciudad.

Pero, de otra parte, también los tribunos de la plebe recelaban de la inoportuna toma del Capitolio. Sospechaban que todo aquel asunto podría ser realmente una treta de los patricios para retrasar la aprobación de la ley. A fin de cuentas, los patricios no habían dudado en utilizar la violencia como ya había sucedido con Ceso. ¿De qué más podrían haber sido capaces?

Fue entonces cuando se produjo uno de aquellos episodios tan singulares de la historia romana que, más de dos mil cuatrocientos años después, consiguen dejar al lector actual ojiplático. Porque mientras los rebeldes de Apio Herdonio asomaban por encima de las murallas del Capitolio, a los pies de la colina, en el Foro, y ante el asombro de unos cónsules que no daban crédito a lo que veían, los romanos deponían las armas y se constituían en Asamblea para votar de una vez por todas la anhelada propuesta de Terentilio.

De inmediato uno de los cónsules, Valerio Publícola, reprochó la actitud de los plebeyos. El enemigo estaba en la ciudad y ellos, en lugar de defenderla, preferían votar un proyecto de ley. Al final, los cónsules y los tribunos acordaron posponer la votación de la ley hasta resolver el asunto de Apio Herdonio.

Desde Tusculum llegaron refuerzos para unirse a los romanos. Dispuestos para la batalla, tusculanos y romanos, patricios y plebeyos, ascendieron juntos hacia el Capitolio para combatir a los rebeldes. La resistencia no duró mucho. Los romanos lograron irrumpir en la ciudadela dispuestos a aniquilar a los sublevados. La moral de los defensores no tardó en quebrantarse. Durante la refriega murió Apio Herdonio, pero también el cónsul Valerio Publícola. A pesar de su enfrentamiento con los tribunos, los plebeyos reconocieron la valía del cónsul lanzando monedas de cobre a su casa para que tuviera un funeral espléndido.

Salvado el Estado, nada parecía impedir que se debatiera y votara la propuesta de Terentilio. Empero, aun hubieron de transcurrir seis años más. Año tras año, el asunto de la Ley era planteado por los tribunos y obstaculizado por los patricios, quienes se resistían a ella. El asunto se posponía sine die, pero incluso los patricios tomaron conciencia de que semejante obstinación no podría eternizarse.

Finalmente, en el año 454 a.C., ocho años después de la proposición, los tribunos concedieron que los patricios participaran en la elaboración de las leyes. Estos últimos terminaron accediendo.

El bloqueo se había superado y la República estaba un paso más cerca de contar con un derecho escrito.

En busca de nuevas leyes

En el 454 a.C., el Senado decidió que una legación compuesta por tres miembros patricios viajaría hasta Atenas. Una vez en tierras griegas debían copiar y estudiar las leyes de Solón, uno de los más prestigiosos legisladores de la Antigüedad, y otros textos jurídicos griegos, bajo cuya luz se redactarían las futuras leyes romanas.

Según el relato tradicional, el viaje de los comisionados se prolongó durante dos años, y no regresaron a Roma hasta el 452 a.C. La tradición cuenta que un exiliado griego llamado Hermodoro, natural de Éfeso y exiliado de su patria, auxilió a los legados romanos en su cometido, llegando a establecerse incluso en la ciudad del Tíber.

Verdaderamente la crítica moderna considera poco verosímil este viaje a Grecia por parte de una comisión romana. Posiblemente, el destino de esta delegación fue mucho más modesto y cercano: la Magna Grecia, esto es, las ciudades griegas que salpicaban el sur de Italia y Sicilia. Tal vez fue allí, y no Atenas, hacia donde se encaminaron los tres romanos que debían estudiar las leyes griegas.

En cualquier caso, la influencia griega en la posterior elaboración de las Doce Tablas es indudable. Ejemplo de ello es el concepto de “poena” (pena), procedente del dialecto dorio que se hablaba en las colonias griegas occidentales, la limitación del lujo durante los ritos funerarios, o la cuanto menos llamativa coexistencia de la arcaica ley del talión con la imposición de multas como medio de extinción de la responsabilidad, propia de una legislación mucho más avanzada como la helena.

El regreso de la delegación significó el inicio del proceso de redacción de las leyes, además de un repentino y abismal cambio en la forma de gobierno de la República desde la caída de los Reyes. Se decidió que, para el año siguiente (el 451 a.C.), en lugar de dos cónsules anuales, se designaría a un colegio de diez magistrados, los decenviros —decem, diez; viri, hombres—, quienes además de ostentar la dirección del Estado serían los encargados de redactar tan magno proyecto. Entre estos diez hombres se encontraban, por supuesto, los tres comisionados enviados a Grecia.

La presidencia de este colegio excepcional recayó en el patricio Apio Claudio, quien a decir de Livio de ser un enemigo severo y amargo del pueblo, de pronto aparecía como su defensor. Pero Apio Claudio acabaría desempeñando un papel trascendental en la historia de las Doce Tablas que nos ha legado la tradición romana, y no precisamente por un comportamiento ejemplar al frente de los decenviros.

Lictores portando fasces | foto dominio público en Wikimedia Commons

Promulgación de las Doce Tablas | foto dominio público en Wikimedia Commons

La compilación de las diez primeras tablas

Durante su primer año de mandato los decenviros actuaron de forma asombrosamente armoniosa. Los diez magistrados contaban con plenos poderes sin más límite que el derecho de protesta de cualquiera de sus miembros. Pero lejos de entorpecerse o surgir disensiones en el seno del colegio, el proceder de los decenviros fue unánime y homogéneo.

Cuenta Livio que los decenviros administraban justicia como jueces supremos cada diez días, y siempre por turnos consecutivos. Así, durante dicha jornada, el decenviro encargado de juzgar era precedido por los doce lictores provistos de los fasces, símbolos de la máxima autoridad romana, mientras que los otros nueve eran acompañados por un solo asistente.

Pero la labor fundamental de estos diez magistrados excepcionales, aparte de dirigir el destino de la República y aplicar el derecho, era la de redactar y establecer por escrito las leyes que debían regir al Pueblo Romano, tarea a la que se dedicaron con esmero, según narra el propio historiador patavino en su “Historia de Roma”. En un trabajo tan minucioso como difícil de creer, los decenviros estudiaban previamente las leyes, las discutían entre ellos y, finalmente, las leían públicamente al pueblo.

Antes del término de su primer mandato los decenviros publicaron una serie de leyes recogidas en diez tablas que, presentadas a los romanos, fueron ratificadas por los comicios centuriados. Corrió entonces el rumor de que para completar a la perfección el cuerpo jurídico faltaban algunas leyes más que compilar. El trabajo no había terminado.

Llegado el momento de la elección de los magistrados para el próximo año los romanos optaron por renovar el experimento decenviral. Se eligieron nuevos decenviros, algunos plebeyos incluso, y Apio Claudio volvía a salir elegido.

Pero lejos de continuar la labor legisladora de sus antecesores, este segundo decenvirato no tardó en mostrar la verdadera y tiránica faceta de su poder.

Las tabulae iniquae y el viraje hacia la tiranía.

Si a lo largo del primer año los decenviros habían demostrado una conducta ejemplar, durante el segundo año, el 450 a.C., su comportamiento cambió por completo.

Encabezados por Apio Claudio, y habiendo tomado conciencia tanto de su inmunidad como de sus ilimitadas potestades, los diez decenviros comenzaron a mostrarse inaccesibles, severos y soberbios. Sus planes, si antes eran compartidos con el pueblo, se tornaron secretos. Establecieron entre ellos el acuerdo tácito de no interferir en las decisiones que tomaran individualmente, de modo que acabaron con cualquier posibilidad de restringir el abuso de poder. Desdeñando la costumbre de lucir las insignias de poder por turno, cada decenviro se hacía ahora acompañar por doce lictores, al estilo de los antiguos reyes, y como tales actuaban. Ni siquiera rehusaron que, dentro del pomerium, los fasces llevaran atadas el hacha, símbolo del derecho sobre la vida, aduciendo que al tener dicha prerrogativa no había motivo para no llevarlas.

Un régimen de terror se había impuesto en Roma. Socavaron la libertad de los romanos, y cualquiera que se opusiera a las decisiones de los intocables decenviros era juzgado y condenado a muerte.

La actividad legislativa también se vio mermada por este repentino cambio de actitud. En el segundo año tan sólo se promulgaron dos tablas que se añadieron a las diez anteriores, conformando finalmente las Doce Tablas. Cicerón se refiere a estas dos tablas como las tabulae iniquae, o tablas injustas, y contenían diversas disposiciones que, a modo de cajón de sastre, complementaban las diez tablas anteriores. Entre ellas destacaba la prohibición del matrimonio entre patricios y plebeyos.

No obstante, el episodio más escabroso, y también el más dramático, del segundo decenvirato lo protagonizó el mismísimo Apio Claudio. El decenviro se había encaprichado de una joven llamada Verginia (o Virginia) y con el propósito de satisfacer sus deseos más oscuros pergeñó un cruel artificio para arrebatarle a la joven la libertad. Apio Claudio convenció a un cliente suyo para que proclamara en el foro que Virginia era su esclava, lo que de inmediato despertaría la oposición de los familiares de la muchacha. El cliente arguyó que defendería su derecho sobre Verginia ante un tribunal, y el juez del mismo no era otro que el propio Apio Claudio.

De nada sirvieron las explicaciones y testimonios de familiares y amigos de Verginia. El asunto estaba sentenciado desde el primer momento. El padre de la joven, un centurión llamado Verginio, decidió que la única escapatoria posible para su hija era la muerte. Así, antes de que Apio Claudio emitiera la sentencia, Verginio llevó a su hija a las tiendas del foro y, tomando un cuchillo, dio muerte a la muchacha.

La muerte de Verginia agotó la paciencia de los romanos. Los plebeyos abandonaron Roma y se establecieron en el monte Aventino, donde reinstauraron la autoridad de los tribunos de la plebe, el ejército se amotinó tras conocer la historia de Verginia de la boca de su propio padre, y el Senado exigió a los decenviros que depusieran sus poderes. Enfrentados a todos, éstos acabaron accediendo a cambio de que el Senado los protegiera de la ira popular.

Curioso es cuanto menos el fin del más famoso de los decenviros, Apio Claudio. Tras ser depuesto, Apio Claudio tuvo que hacer frente a las acusaciones de Verginio, que había sido elegido tribuno de la plebe. Sin embargo, el cinismo de Apio Claudio no conocía límites. Tras oír todas y cada una de las inculpaciones que se vertían contra él, el antiguo decenviro, paradójicamente, hizo uso de un derecho que, durante su mandato, había abolido: el derecho de apelación ante el pueblo.

De poco sirvieron los alegatos en defensa de la gens Claudia que hiciera el tío de Apio Claudio. Los romanos compadecían a Verginio y consideraban la defensa de Verginia más justa. Habiendo perdido toda esperanza de salir indemne, el orgulloso Apio Claudio se quitó la vida antes de que el juicio llegara a celebrarse.

El régimen de los decenviros, que había dado a Roma su primer cuerpo legal, las leyes de las Doce Tablas, había terminado.

Representación de las Doce Tablas en Leipzig | foto Andreas Praefcke en Wikimedia Commons

Significado de las Doce Tablas

Dejando a un lado la tradición y los múltiples detalles que enriquecen el relato, no debe obviarse que el nacimiento de las leyes de las Doce Tablas supuso un paso transcendental en la configuración del ulterior derecho romano cuya pervivencia está presente aún en nuestros días.

Como se aventuraba al inicio de este artículo, las Doce Tablas constituyen la primera codificación normativa de la tradición jurídica occidental. Pero aún van más allá. Por primera vez el derecho evoluciona: pasa de estar basado en la costumbre a fundamentarse en la palabra escrita, en el ius scriptum, lo que a su vez garantiza la seguridad jurídica en su aplicación. Además, la ambición del Código decenviral también se refleja en su amago por reunir tanto el derecho privado como el público, tratando de crear un texto unitario que modernizase en cierto modo algunas de las arcaicas leyes que todavía entonces pervivía en la tradición de los antiguos romanos.

En este sentido, y con respecto al derecho romano más arcaico, las Doce Tablas aparecen como leyes seculares. Cierto es que algunas de sus disposiciones conservan aún vestigios de una concepción religiosa, toda una constante en el mundo romano, pero el Código decenviral, a diferencia de la tradición griega o de Oriente Medio, no nace de un respaldo religioso, sino de un legislador mundano, elegido por los propios romanos. Asimismo, su obligatoriedad no surge de la religiosidad, sino ex lege, de la propia ley promulgada y ratificada por los comicios.

Es así que la originalidad romana de estas leyes está fuera de toda duda. No se trata de una mera copia de leyes griegas, pues presencia de elementos y conceptos genuinamente romanos atestiguan la singularidad de estas leyes que supusieron un importante avance en la conciliación entre patricios y plebeyos. De hecho, es precisamente en este marco de conflicto entre ambos órdenes, como se ha expuesto, donde hunde su razón de ser las Doce Tablas, a pesar de disposiciones tan injustas como la prohibición del matrimonio entre patricios y plebeyos, disposición que sería derogada muy pronto, en el 445 a.C., mediante la Lex Canuleia.

Sin embargo, y pese su trascendental importancia, la historia de las Doce Tablas aún continúa ofreciendo oscuros recovecos que la doctrina, tanto jurídica como historiográfica, ha tratado de alumbrar.

En primer lugar, la verosimilitud del relato transmitido por Tito Livio y Dionisio de Halicarnaso es, sin embargo, difícilmente creíble. Las fuentes adornan con novelescas historias un proceso que debió de ser largo y arduo. El episodio de Apio Claudio y Verginia sería fruto de la invención, habida cuenta de su semejanza con la historia del ultraje de Lucrecia y el fuerte componente moralizador, y muy romano, que ambos sucesos denotan: antes la muerte que la servidumbre.

Algún autor ha llegado a sugerir la hipótesis, sumamente interesante, por cierto, de que en realidad las disposiciones se acompañarían de ejemplos a fin de hacer más comprensible el sentido de las normas. El caso de Verginia, a tenor de la citada tesis, habría sido uno de aquellos ejemplos que la tradición habría tomado como una historia real e incorporado al relato. Aun así, y como toda hipótesis, quedan interrogantes abiertos para los que no hay respuestas.

El Código decenviral original no ha llegado íntegro hasta nuestros días. En el 390 a.C., durante el incendio al que fue sometida Roma por los galos de Breno, las leyes se perdieron. Tras la marcha de los galos los cónsules ordenaron volver a grabar las leyes, pero aunque carecemos de las tablas originales conocemos su contenido por autores posteriores.

En cualquier caso, las Doce Tablas son un fiel reflejo de la idiosincrasia y pragmatismo romano que, con el devenir de los siglos, acabaría configurando el derecho romano que impregnará muchas legislaciones actuales. Un primer y meritorio intento por tratar de sistematizar y configurar un sistema legal confuso, con el objeto de lograr una mayor seguridad jurídica para los ciudadanos romanos y que contribuyese, en última instancia, a alcanzar la igualdad en lo que a la aplicación de las normas se refiere entre patricios y plebeyos. Un ambicioso proyecto que no se repetiría nuevamente hasta la Edad Media, durante el reinado de Justiniano en el siglo VI a.C., más de novecientos años después.


Este artículo es una colaboración de Andrés Sampedro Tébar. Nacido en Sevilla el 21 de marzo de 1995, es graduado en Derecho por la Universidad Hispalense. En 2016 publicó su primera novela histórica, «Pilato, el prefecto de Judea» (Donbuk Editorial), y en 2019 publicó el ensayo «En Nombre del Pueblo Romano. Demagogos, libertadores, populistas y tiranos». Apasionado de la Historia de Roma y del Mundo Antiguo y colaborador del programa radiofónico «Noche de Historia y Misterio».

Fuentes

Tito Livio, Historia de Roma | Dionisio de Halicarnaso, Historia Antigua de Roma | José Manuel Roldán Hervás, Historia de Roma | S.I. Kovaliov, Historia de Roma | Eugène Petit, Tratado elemental de Derecho romano | Luis Rodolfo Argüello, Manual de Derecho Romano. Historia e Instituciones | Carlos Amunátegui Perelló, La validez en la ley arcaica. Reflexiones comparativas respecto de las Doce Tablas y las Leges Regiae | Andrés Sampedro Tébar, En Nombre del Pueblo Romano. Demagogos, libertadores, populistas y tiranos.

Imagen de portada: La muerte de Virginia (Camillo Miola), uno de los episodios que encolerizaron a la plebe/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

FUENTE RESPONSABLE: La Brújula Verde. Magazine Cultural Independiente. Por Andrés Sampedro Tébar. 19 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Antigua Roma/Primeras Leyes/Historia.

 

 

 

 

 

 

Cómo fue el brutal viaje de Magallanes y Elcano en el que solo sobrevivieron 18 de los 250 tripulantes.

Cuando la expedición comandada por Fernando de Magallanes partió de Sevilla el 10 de agosto de 1519, tenía un objetivo: llegar a las islas de las especias. Sin embargo, el destino convirtió este viaje en una aventura para la historia.

Las peripecias que tuvieron que pasar aquellos marineros van desde el duro invierno, con motín incluido, en la Patagonia argentina, hasta las terribles hambrunas en mitad del Pacífico sin apenas tocar tierra.

Un sinfín de dificultades que, sin embargo, no impidieron que tres años después, el 8 de septiembre de 1522, la nao Victoria se convirtiera en la primera nave en dar una vuelta completa alrededor del mundo al llegar de vuelta a Sevilla.

En este video te contamos cómo fue aquel viaje y cuáles fueron los eventos más importantes que pusieron en riesgo esta hazaña.

Pincha el siguiente link; para ver el video. Muchas gracias.

El brutal viaje de Magallanes y Elcano en el que solo sobrevivieron 18 de los 250 tripulantes

Imagen de portada: Infografía

FUENTE RESPONSABLE: Redacción BBC Mundo. 8 de septiembre 2022.

Historia/Filipinas/España/Viajes/América Latina/Indonesia/Portugal.

 

 

 

 

 

 

 

Tecnología: 10 inventos que usamos en la actualidad y nacieron durante la Segunda Guerra Mundial.

El conflicto bélico que marcó un antes y un después en el mundo en el que vivimos también dejó su huella en el mundo de la tecnología.

Las guerras traen muerte, hambre y destrucción, entre otros elementos caóticos, pero también generan el uso de nuevas tecnologías de las que se beneficia el futuro. Uno de estos casos es el de la Segunda Guerra Mundial: aún en la actualidad, muchos inventos generados entre 1939 y 1945 son utilizados.

Y abarcan no solo las grandes situaciones, los hechos de vida o muerte, sino también otros del día a día, mínimos, pequeños, pero importantes.

Hagamos un repaso por 10 inventos que nacieron durante la Segunda Guerra Mundial y seguimos utilizando en el presente.

Cabinas presurizadas

B-29 Este tipo de aviones contó con cabinas presurizadas (Bettmann/Bettmann Archive)

El sistema de presión en cabinas se creó para el B-29 Superfortress, en 1944. Las secciones de la cabina y la nariz eran unidas a la popa con un largo túnel presurizado. Antes de su existencia, los tripulantes de los aviones sufrían de hipoxia, mal de altura y enfermedades por descompresión.

Las Jerrycan (contenedores de plástico para combustibles)

Jerrycan Contenedores de combustible (Interim Archives/Getty Images)

De origen alemán (los aliados llamaban Jerry a cualquier alemán), estos contenedores de combustible fueron mejorados por los estadounidenses usando la ingeniería inversa. Gracias a los norteamericanos, se usó un plástico más grueso, sumándole asas (cuenta con tres) para ser llevados por más personas y un mecanismo de liberación para un vertido suave y preciso del contenido.

Penicilina

Penicilina La creación de Alexander Fleming salvó millones de vidas en la Segunda Guerra Mundial (Bettmann/Bettmann Archive).

El científico escocés Alexander Fleming la descubrió en 1928, pero Estados Unidos la produjo en masa durante la Segunda Guerra Mundial, ayudando a salvar a varios heridos con el tratamiento médico. El fármaco redujo el dolor, aumentó las posibilidades de supervivencia y facilitó la labor de enfermeras y médicos. Solo para el Desembarco de Normandía, Estados Unidos produjo 2.3 millones de dosis. Tras la guerra, los civiles también tuvieron acceso al medicamento.

Motores a reacción

Motor a reacción Fábrica en Inglaterra (Daily Herald Archive/SSPL via Getty Images).

Aunque el ingeniero inglés de la Royal Air Force, Frank Whittle, presentó la primera patente para el motor a reacción en 1930, los alemanes fueron los primeros en volar un avión a reacción, días antes de la invasión de Polonia en 1939. Para 1941, los aliados los implementaron, aumentando su velocidad, pero con dificultades de manejo y uso de combustible. Después de la guerra se mejoraron enormemente.

Computadoras electrónicas

Harvard Mark 1 de IBM La Harvard Mark I de IBM, la primera computadora electromecánica, contaba con 760 mil ruedas y 800 kilómetros de cableado, 3.300 relés y más de 175 mil conexiones. (PhotoQuest/Getty Images)

Estados Unidos comenzó a desarrollar máquinas para hacer cálculos de trayectorias balísticas, dejando a un lado a los programadores que trabajaban a mano, para apelar a las máquinas. La IBM ayudó mucho a la industria norteamericana, y la teniente Grace Hopper, luego contralmirante, programó la máquina Mark I en Harvard para desarrollar el primer lenguaje computacional.

Radares

Radar El invento sirvió para ubicar a aviones y naves enemigos (Boyer/Roger Viollet via Getty Images)

Inglaterra creó el primer sistema de radar práctico en 1935, y para 1939 construyó una red de estaciones de radar en sus costas sur y este. Ayudaron a detectar barcos y aviones enemigos, disminuyendo la efectividad de los aviones alemanes durante sus bombardeos, ayudando a los cazas británicos a derrotarlos. Tras la guerra se amplió su uso al mundo civil y a la prevención contra huracanes.

El super pegamento

Superpegamento Un hombre utiliza superpegamento para trabajar con tapices (H. Armstrong Roberts/ClassicStoc)

Utilizando el cianoacrilato, que probó sin resultados positivos para crear lentes transparentes para las miras de las armas, el doctor Harry Coover se dio cuenta de las propiedades adhesivas del químico. Así nació el super pegamento, que luego llegaría en forma de aerosol.

Transfusión de plasma sanguíneo

Plasma sanguíneo Un médico norteamericano trata a un soldado en Italia (Wever/Getty Images)

El cirujano estadounidense Charles Drew estandarizó la producción de plasma sanguíneo para uso médico, con el fin de administrarlo a cualquier persona, sin diferencia del tipo de sangre. Varias vidas se salvaron gracias a su creación. El plasma es el componente líquido de la sangre donde se encuentran los glóbulos rojos, los leucocitos y las plaquetas, formado por agua y sales minerales.

Caucho sintético

Trabajador con un caucho Firestone Fábrica en Ohio (Alfred T. Palmer/Getty Images)

Elemental para las bandas de rodadura de vehículos y maquinaria, además de calzado, ropa y equipamiento de soldados. Cuando los japoneses se quedaron con los árboles de caucho en Asia en 1942, los científicos norteamericanos estudiaron alternativas sintéticas. Para 1944, las plantas del país produjeron unas 800 mil toneladas.

Horno microondas

Horno microondas Foto de 1946 (Paul Popper/Popperfoto/Popperfoto via Getty Images)

Se basó en la tecnología del radar. Cuenta la leyenda que Percy Spencer, uno de los ingenieros creadores del radar, probaba una máquina cuando el chocolate que tenía en el bolsillo se derritió. Luego experimentó con otros alimentos y con longitudes de onda más cortas, naciendo así el horno microondas. Su uso se popularizó en los hogares para la década de los 70.

Bonus: Cinta adhesiva

Fábrica en Inglaterra El uso del adhesivo ayudó a la mayor protección de los objetos en cajas (Fred Ramage/Getty Images)

Vesta Stoudt, una trabajadora de una fábrica de municiones de Illinois, creó la cinta adhesiva. El Ejército de Estados Unidos sellaba sus estuches con cinta de papel permeable, así que Stoudt utilizaba plástico pegajoso y duradero.

Con datos de History Channel, History Hit y Expert Reviews.

Imagen de portada: Soldado norteamericano en Okinawa Segunda Guerra Mundial

FUENTE RESPONSABLE: Fayer Wayer. Por Kiko Perozo. 17 de septiembre 2022.

Guerra/Historia/Ciencia/Tecnología/Medicina.

 

La Piedra de Rosetta, ¿qué misterios develó acerca de Egipto?

El ejército de Napoleón descubrió este fragmento de una antigua estela en Egipto. Era un decreto en nombre del faraón Ptolomeo V que cambiaría la historia.

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Una roca de poco más de 110 centímetros de altura, con un peso superior a los 760 kilogramos, fue hallada por el ejército de Napoleón durante su campaña en Egipto. El capitán Pierre-Francois Bouchard dio aviso a sus superiores sobre el curioso hallazgo. Era la Piedra de Rosetta y, desde el 15 de julio de 1799, el mundo cambiaría radicalmente para los amantes de la antigüedad.

El objeto tenía varios escritos en forma de jeroglíficos, indescifrables para las tropas del invasor. Con el ejército francés llegó también una comisión de científicos dispuesta a llevar todos los detalles no militares de la campaña, pero tampoco le hallaron el significado a la roca.

La llamaron de Rosetta porque era el nombre francés que le dieron a la localidad de Rashid, en el delta del Nilo.

¿Qué contenía la Piedra de Rosetta?

Posteriormente, los científicos detallaron que era el fragmento de una estela antigua, con un solo texto en tres idiomas distintos. La parte superior estaba conformada por jeroglíficos egipcios; en el medio, un texto en escritura demótica, que era la versión simplificada de los jeroglíficos al final del imperio egipcio; y en la zona inferior, un texto en griego antiguo.

Piedra de Rosetta Litografía sobre el descubrimiento de la roca por parte del ejército de Napoleón.

Pero la guerra continuó y para 1801, los ingleses vencieron a los franceses. En el tratado de rendición firmado en Alejandría se determinó, entre otros detalles, el traspaso de todas las antigüedades egipcias expoliadas por los franceses. Así, la Piedra de Rosetta fue llevada al Museo Británico un año más tarde.

Sin embargo, los franceses habían calcado la piedra, y esos documentos le sirvieron a un científico para realizar el descubrimiento clave para la egiptología.

El hallazgo de Champollion, clave para el estudio del Egipto antiguo.

Jean Francois Champollion Traductor de la Piedra de Rosetta.

Para 1822, el francés Jean Francois Champollion (1790-1832) pudo traducir lo que decía la piedra. Este historiador y lingüista dominaba el latín y el griego, además de conocer el copto, la lengua que se hablaba en Egipto, como lo recuerda La Vanguardia.

Con un trabajo metódico, Champollion fue traduciendo, símbolo por símbolo, lo que decía el mensaje de la antigua estela, basándose en el griego y en el copto. Descubrió que varios de esos símbolos representaban fonemas, que podían ser letras o sílabas: aquel año publicó su primer estudio sobre los jeroglíficos, y en 1824 presentó una versión ampliada.

Piedra de Rosetta Su traducción resultó clave para el estudio del antiguo Egipto

Champollion explicaba que la roca contenía un decreto de culto a Ptolomeo V, el faraón de la época. El mensaje se escribió en el 196 antes de Cristo, estableciéndose que con ese decreto, el líder egipcio gozó en vida las honras reservadas a los dioses.

Los sacerdotes de Menfis, donde hoy está ubicada El Cairo, labraron la estela y la llevaron a la ciudad de Rakhit, conocida como Rashid bajo la ocupación árabe y como Rosetta durante la francesa.

Piedra de Rosetta En el Museo Británico desde 1802

Desde entonces, y siempre con base en el descubrimiento de Champollion, los egiptólogos han traducido miles, millones de mensajes del antiguo Egipto. El hallazgo francés se convirtió en un faro para el estudio de la antigüedad.

La roca permanece en el Museo Británico, pese a las solicitudes de las autoridades egipcias para su retorno. Es parte del colonialismo que, pese al paso de los tiempos, se mantiene en la actualidad.

Imagen de portada:Jean Francois Champollion y la Piedra de Rosetta Composición

FUENTE RESPONSABLE: Fayer Wayer. Por Kiko Perozo. 17 de septiembre 2022.

Antiguo Egipto/Arqueología/Historia/Ciencia.