Leyenda Negra, decadencia y atraso: el mito de la excepcionalidad de España

La mayor parte de la historiografía admite la relevancia de este concepto para entender la evolución de la España moderna y contemporánea.

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Se suele considerar la publicación de la «Brevísima relación de la destrucción de las Indias» (1552) de Fray Bartolomé de las Casas como el pistoletazo de salida de una llamada Leyenda Negra que lastra la presencia española en la historia moderna y contemporánea. 

En su epicentro está la conquista de América, pero también otros fenómenos históricos de nuestro país en su época de máxima expansión y poderío, como el apoyo decidido al Papado en las controversias religiosas de la reforma y la Contrarreforma, el papel de la Inquisición en estas luchas y, en suma, la configuración de España como una monarquía católica minimizando, o mejor dicho tratando de cancelar, su tradición árabe y hebrea en favor de una visión cristiana, gótica e hispanorromana.

Esta Leyenda Negra es ciertamente una manera de hablar que ha cundido en los historiadores contemporáneos desde comienzos del siglo XX. Aunque la expresión se encuentra anteriormente, la primera vez que es desarrollada con amplitud es por Julián Juderías en su libro «La Leyenda Negra» (1914)

Hoy día la mayor parte de la historiografía admite la existencia, o al menos la relevancia, de este concepto para entender la evolución de la España moderna y contemporánea. 

Más allá del debate histórico, el sesgo antiespañol de muchos libros y publicaciones alertó incluso a las autoridades educativas de Estados Unidos a mediados de los cuarenta. Desde entonces la discusión ha sido intensa, con aportaciones como las de Wayne Powell, Fernández Álvarez o Julián Marías: últimamente, hay que mencionar la controversia literaria entre Elvira Roca Barea y José Luis Villacañas y los estudios de María José Villaverde, que expone un compendio ponderado de la cuestión.

Comoquiera que sea, no hay que simplificar las cosas. Sin hablar de una supuesta conjura internacional liderada por las potencias protestantes contra España, ciertamente hubo motivaciones políticas a partir del XVII que convierten a la monarquía católica en blanco de todos los dardos en cuanto a la pugna de poder en Europa y América. 

Pero hay que recordar que, un siglo antes, España era un modelo de éxito, admirado e imitado. Lo malo es que de la mímesis a la envidia hay un paso bastante rápido y de esta al odio y al prejuicio, también. Lo importante de este motivo historiográfico y literario de la Leyenda Negra es sin duda su importancia para definir la España contemporánea. 

Es también literatura porque ha influido no solo en obras históricas, sino también en dramas, novelas y óperas: piénsese en las ficciones escritas en torno a Felipe II, como las que hay sobre el infante Don Carlos, de Schiller a Verdi. 

En el mundo neerlandés, germánico o anglosajón, los arquetipos del conquistador español codicioso, los sanguinarios tercios o los malvados inquisidores son una constante en diversas ficciones, especialmente en momentos de conflicto abierto: en ese sentido, la modernidad mediática se abre con la campaña antiespañola durante la guerra de Cuba en los periódicos y en la primera película de este tipo realizada en Hollywood, «Desgarrando la bandera española» (1897).

En suma, a partir de todo ese conglomerado, se conforma un cierto mito negativo en torno a la excepcionalidad de España, el carácter sombrío de sus autoridades políticas y eclesiásticas, y una especie de losa de oscurantismo y atraso secular que pesa sobre nuestro país y que le impide ser una de las potencias culturales europeas. 

Dejando aparte todos los problemas sociopolíticos y económicos que encuentran sus raíces ya en el XVII, lo más relevante de esta especie de «leitmotiv» de nuestra mitología nacional es la manera en la que va a marcar toda la historia contemporánea de la península.

El tópico del retraso de nuestra cultura y desarrollo hunde sus raíces precisamente en esta supuesta leyenda, que carga las tintas de diversas maneras –algunas lindantes con el racismo– contra la proverbial indolencia, crueldad y vicio de los españoles

Más allá de la leyenda hay que considerar que España no es una excepción y que todos los países europeos –y más los que se han lanzado a aventuras coloniales tan importantes–, han experimentado una fuerte propaganda opuesta. Otra es la cuestión también del supuesto retraso y si es susceptible de verse en otras naciones comparables por su trayectoria y peso cultural. Y la manera en que estos tópicos de la «negritud» hispana han sido asumidos, críticamente y en el contexto del regeneracionismo, por parte de la intelectualidad española, dando interesantes frutos en el pensamiento y la literatura. Pero esto es materia para otras reflexiones.

Imagen de portada: Fray Bartolomé de las Casas es una pieza clave en la historia de la Leyenda Negra. La Razón

FUENTE RESPONSABLE: La Razón. España. Por David Hernández de la Fuente. Actualización el 6 de febrero 2023.

Sociedad y Cultura/España/Historia/América/Pueblos originarios.

Helike, la ciudad de la antigua grecia destruida por un terremoto y un tsunami.

UNA ATLÁNTIDA REAL

En el siglo IV a.C. un devastador terremoto destruyó esta próspera ciudad, que fue engullida por un tsunami y ha permanecido enterrada durante dos milenios hasta que unas excavaciones han comenzado a sacar sus tesoros a la luz.

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La historia de la destrucción de la mítica Atlántida es uno de los relatos más conocidos de la antigua Grecia. La poderosa ciudad fue tragada por las aguas como castigo de los dioses a la arrogancia de sus habitantes. 

Sin embargo existe una historia similar que nos remonta a una trágica noche de invierno del año 373 a.C. Ese día, la ciudad griega de Helike, en la costa norte del Peloponeso, sufrió un catastrófico terremoto seguido de un devastador tsunami. Justo cuando la civilización de la Grecia clásica se hallaba en su máximo apogeo, la ciudad entera y todos sus habitantes se perdieron para siempre bajo las aguas del Mediterráneo. 

Durante siglos la ciudad ha permanecido desparecida, y, para dar con sus vestigios, los arqueólogos tan solo podían guiarse por algunos relatos que la mayoría de las veces resultaban contradictorios. Pero en el año 1988, la arqueóloga Dora Katsonopoulou puso el marcha el Proyecto Helike con el objetivo de intentar localizar de una vez por todas la misteriosa ciudad perdida.

LA IRA DE POSEIDÓN

Fundada en la Edad del Bronce, Helike se convirtió en la principal ciudad de la región de Acaya, en el Peloponeso.

Según cuenta el propio Platón, la ciudad participó en la Guerra de Troya aportando un barco y, muchos siglos después lideró la Liga Aquea y llegó a ser la capital de las Doce Ciudades de la Antigua Acaya o Dodecápolis.Convertida en un importante entro cultural y religioso de la región, sabemos que Helike acuñaba su propia moneda, lo que queda confirmado por el hallazgo de dos monedas de cobre del siglo V a.C., que ahora se exhiben en los Museos Estatales de Berlín. 

Debido a que Helike rendía culto al dios del mar, Poseidón, en el anverso de las monedas se muestra la cabeza de esta divinidad, patrón de la ciudad, con la inscripción ELIK, y en el reverso aparece el característico tridente que porta el dios.

Vista de algunas estructuras arquitectónicas del yacimiento helenístico de Helike.Foto: Helike Project

Fue tal la importancia de Helike que llegó a fundar colonias como Priene en Asia Menor o Sibaris en el sur de Italia. 

El santuario de la ciudad donde se rendía culto a Poseidón Helikoniano era conocido en todo el Mediterráneo, y su importancia solo era superada por el de Apolo en Delfos. Pero tanta prosperidad tendría un abrupto final. 

Los autores clásicos atribuyen la destrucción de Helike a Poseidón, el cual, en un ataque de ira contra los habitantes de la ciudad porque se habían negado a entregar su estatua (o al menos un molde de la misma) a unos colonos jonios que la habían solicitado,agitó la tierra de un modo tan violento que provocó la total destrucción de Helike y sus habitantes.

LO QUE CUENTAN LOS ANTIGUOS RELATOS

Ciento cincuenta años más tarde, el geógrafo e historiador Eratóstenes visitó el lugar y dijo haber visto una estatua de Poseidón que se hallaba sumergida en un poros. 

Este término ha sido interpretado tradicionalmente por los investigadores como «estrecho», lo que sugería que la ciudad podía estar hundida bajo las aguas del golfo de Corinto. 

Alrededor del año 174 d.C., Pausanias también viajó hasta un lugar conocido como Helike, situado a unos siete kilómetros al sureste de la ciudad de Aigio, en la Grecia occidental. 

Allí dijo haber visto, bajo las aguas, los restos de unas murallas que podían haber pertenecido a la antigua ciudad. Ya no sería hasta el año 1861, cuando una expedición alemana que visitaba la región encontró en las inmediaciones del lugar una de la monedas con el rostro de Poseidón.

Drenaje de un edificio sumergido en Helike.Foto: Helike Project

Si nos basamos en los relatos antiguos, todo hace creer que los restos de la ciudad de Helike no pudieron ser saqueados debido a su situación bajo las aguas, y tampoco se hizo ningún intento por rescatarlos durante siglos. Por tanto sería lógico pensar que el yacimiento que se localizase pudiera ser una especie de «cápsula del tiempo» que mostrara a los arqueólogos cómo era la antigua Helike y cómo vivían sus habitantes. 

El arqueólogo griego Spyridon Marinatos, descubridor de la ciudad de Akrotiri en la isla egea de Santorini, que fue uno de los más entusiastas buscadores de la ciudad de Helike, calculó que esta podría esconder decenas de obras en bronce y mármol, y esperaba realizar «el descubrimiento de toda una ciudad antigua, mucho más preciosa e interesante que Pompeya». 

También aseguró que el de Helike sería»casi con seguridad el descubrimiento arqueológico más espectacular jamás realizado».

EN BUSCA DE HELIKE

En el marco del Proyecto Helike, la arqueóloga griega Dora Katsonopoulou y el astrofísico Steven Soter, del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, se pusieron en contacto con el oceanógrafo Paul Kronfield para llevar a cabo una exploración del fondo marino de la región de Aigion en 1994. 

Tras los estudios, el propio Soter declaró que a pesar de haber encontrado algunas perturbaciones sísmicas, estas no eran suficientes como para afirmar que allí pudiesen hallarse los restos de una ciudad. Katsonopoulou entonces volvió a releer los textos clásicos y se le ocurrió que el poros al que se referían los autores, el lugar donde decían que se había hundido la ciudad clásica, no solo podía tratarse del mar, sino que tal vez podía hacer referencia a una laguna interior actualmente seca. 

Así que Katsonopoulou decidió trasladar las investigaciones a la llanura adyacente, cerca de la moderna población de Rizomylos, donde el delta sumergido se había convertido en tierra seca debido a la acumulación de sedimentos fluviales y al levantamiento tectónico de la zona.

Tras excavar alrededor de 99 pozos entre los ríos Selinous y Kerynites, los arqueólogos encontraron conchas, moluscos y restos de cerámica bajo una fina capa de arcilla.

Pero lo que más llamó su atención fue que a 150 metros de la supuesta ubicación de la Helike clásica descubrieron los restos de una ciudad mucho más antigua, datada entre los años 2600 y 2300 a.C., y que al parecer había mantenido contactos con la Troya de la época. 

Pero las sorpresas no acabaron aquí.Esa supuesta Helike de la Edad del Bronce, que hasta aquel momento era una ciudad totalmente desconocida para los arqueólogos,al parecer también tuvo el mismo trágico final que la mencionada en los textos clásicos: fue destruida por un terremoto y sepultada bajo las aguas.

A la izquierda, la directora del proyecto Helike, Dora Katsonopoulou. Foto: Helike Project

Recipientes de cerámica encontrados en los edificios descubiertos en Helike.Foto: Helike Project

UNA ANTIGUA CIUDAD SALE A LA LUZ

Entre los años 2000 y 2001, el equipo del Proyecto Helike localizó durante las excavaciones, a tres metros de profundidad, bajo los depósitos de lo que parecía una laguna interior, los restos de varias estructuras del período clásico que podrían haber pertenecido a la antigua Helike. 

Los arqueólogos creen que habrían podido ser destruidos a causa de un terremoto y que ese podría ser el motivo de que se encontrasen bajo los depósitos de la laguna. 

Durante las excavaciones salieron a la luz calles adoquinadas y un edificio que fue bautizado con el nombre de «casa corredor», que aún conservaba intacto el ajuar doméstico, en especial algunas vasijas de cerámica que contenían restos de semillas.

También se hallaron pesas de telar de arcilla, una docena de monedas de bronce procedentes de la ciudad estado de Sición, en el Peloponeso, y una figura de Tanagra (un tipo de figurillas, normalmente femeninas, de terracota de carácter funerario originarias de la ciudad beocia de Tanagra) de color negro.

En 2012, los arqueólogos descubrieron que los sedimentos que cubrían los restos de la antigua ciudad contenían asimismo numerosos restos de microfauna marina, lo que demostraba sin ningún género de dudas que las ruinas habían estado sumergidas durante mucho tiempo. 

Hasta ahora todas las evidencias que se han ido acumulando apuntan a que la ciudad excavada por el Proyecto Helike fue destruida por un terremoto seguido de un terrible incendio, y que al final fue engullida por un violento tsunami. 

Olvidada por el tiempo, todo lo que la tierra se tragó permaneció intacto y sellado bajo espesos depósitos de arcilla, lo que parece confirmar lo que el equipo encargado de la excavación ha venido sospechando todo este tiempo: «Helike no se hundió en las profundidades del golfo de Corinto tal y como se creía, sino que fue sumergida en una laguna interior que más tarde se llenó de sedimentos». 

Y, por lo que parece, va a seguir mostrando sus secretos a los arqueólogos.

Imagen de portada: Cordon Press.

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic. Por J.M. Sadurni. 7 de febrero 2023.

Sociedad y Cultura/Arqueología/Grecia Antigua/Curiosidades/Historia.

María Huertas: “Muchas mujeres internas en el psiquiátrico solo habían transgredido los patrones de género”

La psiquiatra recupera en ‘Nueve nombres’ la biografía de nueve mujeres encerradas en el Manicomio de Jesús (València), que, lejos de estar enfermas, fueron víctimas de la violencia machista de sus maridos, de violaciones, del desprecio de una sociedad que las señaló por ser madres solteras, del poder de la Iglesia católica o de la pobreza. Nueve relatos que reescriben, en realidad, cientos de historias.

Sin vestidos ni calzado propio. Sin hábitos ni útiles de aseo ni de arreglo personal. Sin autonomía para la alimentación. Sin objetos personales. Sin recuerdos. Sin historia. Sin familia. Sin la casa en la que habían nacido, vivido, crecido. Sin capacidad de administrar bienes y sin capacidad de gestión ni decisión. Sin amigas. Sin relaciones. Sin sexualidad. Sin emociones. Sin criterio ni juicio. Sin libertad. Sin palabra. Sin derechos ciudadanos y hasta sin derechos humanos.

Sin. Sin. Sin. Sin nada. “Nada de nada”.

Era marzo de 1974, cuando más de 200 mujeres llegaron en varios autobuses al Hospital Psiquiátrico de Bétera. Provenían del “obsoleto y vetusto” Manicomio de Jesús, desde donde se las trasladó “de un día para otro, sin ser informadas de adónde iban ni por qué, cuándo o cómo”. 

Abandonaron aquel espacio cuya “terrible” realidad ya había sido recogida años atrás en el diario Sábado Gráfico y sobre la que Eduardo Bort denunciaba en Jornada la presencia de “ratas que asustaban a las enfermas”, la existencia de “celdas oscuras y nauseabundas” o “el caso del joven atado a una reja con una cuerda”.

En Bétera, fueron recibidas por un equipo de profesionales, entre las que se encontraba María Huertas, una médica psiquiatra recién licenciada que formaba parte de una “minoría ruidosa” de profesionales dispuesta a despatologizar a aquellas mujeres; liberarlas de las “camisas químicas que las mantenían mudas y quietas, enajenadas”, presas de un “circuito cerrado” en el que se convirtieron en víctimas de los métodos científicos de la psiquiatría de la época; y, ante todo, devolverles los derechos que les habían sido negados. 

Entre ellos, “la validación de su palabra” y “la libertad de decidir, de hacer, de expresar, de ir y venir, de relacionarse. De todo”, tal y como se explica en el libro.

Los esfuerzos de aquellos años en los que María Huertas estuvo trabajando en el Hospital Psiquiátrico de Bétera culminaron durante el confinamiento con la recuperación de Nueve nombres (Temporal, 2021). 

Compuesto por la recomposición de nueve historias y un epílogo, este libro es la prolongación de un ejercicio de justicia que ya había comenzado en 1974: “La sociedad que no había entendido sus problemas y les había respondido con la exclusión y el encierro tenía una deuda impagable con ellas, y nuestra función era saldarla en lo posible”.

Huertas atiende a El Salto en una céntrica cafetería de València. 

Aunque apenas se retrasa unos minutos, se disculpa: “Crees que cuando te jubiles tendrás más tiempo libre, pero no es verdad. Sigo sin llegar a todo”. 

No obstante, reconoce que precisamente el tiempo regalado por la cuarentena y el fin de su etapa laboral fue uno de los motivos por los que decidió rescatar de su memoria estas nueve vidas. “De un día para otro encontré un vacío tremendo y me puse a hacer un repaso; pero, en vez de escribir sobre mi última etapa, no sé muy bien por qué volví a los inicios, a esas mujeres que fueron las primeras personas con las que me encontré y que marcaron el resto de mi vida profesional”, admite.

Entre las razones que la impulsaron a reconstruir aquellas biografías, destaca también su lucha por “visibilizar” a las centenares de mujeres a las que el Manicomio de Jesús convirtió en “personas inexistentes”. 

Denuncia que, como consecuencia de la opacidad a la que fueron relegadas, “el maltrato que sufrieron también se tornó inexistente a ojos de la sociedad”; y asegura que para evitar que en la actualidad “se siga maltratando a las mujeres (y a las personas en general) desde la salud mental” es “importantísimo” continuar con la labor de divulgación e incidencia.

María Huertas asegura que para evitar que en la actualidad “se siga maltratando a las mujeres (y a las personas en general) desde la salud mental” es “importantísimo” continuar con la labor de divulgación e incidencia.

Más de cuatro décadas después, decidió trasladar a las páginas su compromiso con aquellas mujeres a las que incluso se les despojó de su propio nombre. 

Su “objetualización” fue tal que, privadas de cualquier signo identitario, algunas ni siquiera atendían cuando se las llamaba por el nombre que aparecía en su historial. Huertas y sus compañeras tardaron en descubrir que, “durante años, muchas habían sido llamadas por nombres que no les pertenecían”.

Cuando el nuevo equipo psiquiátrico intentó encontrar alguna pista de la biografía de aquellas mujeres se dieron de bruces con unos expedientes desiertos, formados por “dos hojas de escuetas anotaciones”. 

Ni rastro de los 20 o 30 (¡30!) años que muchas permanecieron confinadas en el Manicomio de Jesús, presas de un “régimen carcelario” que imponía una “disciplina férrea” y un “encierro sin expectativas”, “aisladas en una colectividad muda para la comunicación, chillona para las protestas y embotada por tratamientos abusivos”. “Años vacíos” en los que su única opción fue intentar “sobrevivir en la exclusión”.

Dormían hacinadas en habitaciones de 80 camas distribuidas en tres filas, casi pegadas las unas a las otras. Sin armarios ni mesillas. Sin un espacio personal. Comían sin cubiertos en una larga mesa, en una sala que hacía las veces de comedor y espacio en el que coser. Pasaban su ‘tiempo libre’ (si es que se le puede llamar así) en un rincón del patio o rezando, compartiendo “con desconocidas su soledad colectivizada”.

Las lobotomías “se aplicaban habitualmente —más como castigo que por presunto efecto terapéutico— a las personas que se mostraban más rebeldes, y dejaban lesiones irreversibles en el cerebro, en el comportamiento y en sus vidas.

Atrapadas en una “pasividad obligada”, fueron sometidas a una continua violencia psíquica que las atiborraba a base de medicación farmacológica. 

Se sucedieron los tratamientos físicos, eléctricos y quirúrgicos: inyecciones de insulina, trementina o cardiazol; tandas de electroshocks; argollas; lobotomías que “se aplicaban habitualmente —más como castigo que por presunto efecto terapéutico— a las personas que se mostraban más rebeldes, y que dejaban lesiones irreversibles en el cerebro, en el comportamiento y, en definitiva, en la vida de muchas de sus compañeras internadas”. 

Celdas de castigo, o ‘jaulas’, cubiertas de paja y excrementos de internas. “Tratos humillantes y vejatorios, degradación y miseria”.

Algunos de los profesionales con los que se encontraron el nuevo Hospital Psiquiátrico de Bétera se creían, escribe Huertas, “capaces de cambiar la estructura social opresora, el régimen tardofranquista, el paradigma patriarcal y mísero capitalista, la vida cotidiana, las relaciones, el consumo, los horarios, el espacio y el tiempo”.

Comenzaron por cambiar las abusivas prácticas psiquiátricas. Devolvieron a las mujeres internadas su autonomía personal: decoraron a su gusto sus propias habitaciones, se les facilitaron útiles de aseo y pudieron elegir su ropa (interior y exterior). 

Preparaban ellas mismas la comida, entraban y salían del hospital, asistían a reuniones, asambleas, charlas y talleres. Hablaban y hablaban y hablaban. Habían pasado muchos años sin hacerlo. Para Huertas, lo “transformador y movilizador” de aquel proceso fue reconocer la capacidad de las internas: “Nos dedicamos a convivir con ellas, escucharlas, acompañarlas y conocernos unas a otras, en lugar de ‘tratarlas’”.

“A tratarlas como personas, que es lo que eran y son ellas”, proclama la autora. El equipo médico se empeñó, en definitiva, por “convivir” con las internas recién llegadas al Hospital Psiquiátrico de Bétera. “Hablábamos de nuestros problemas y de los suyos, de cómo podían participar. Ellas eran las protagonistas en realidad y nosotras estábamos allí para apoyarlas, ver qué era lo que querían e intentar que cada una de ellas siguiera el camino que escogiera”, explica.

El silencio impuesto a la fuerza a base de “tratamientos biológicos, físicos o químicos” era empleado para conseguir que “en los manicomios, además de ser privadas de su libertad, perdieran la palabra”

Huertas reconoce que no fue sencillo conseguir que expresaran su voluntad, pues “al principio aquellas mujeres no podían ni hablar, estaban en unas condiciones que no tenían palabra”. 

El silencio impuesto a la fuerza a base de “tratamientos biológicos, físicos o químicos” era empleado con la eficacia de la más útil de las herramientas para conseguir que “en los manicomios, además de ser privadas de su libertad, perdieran la palabra”. “Las tenían calladas porque la palabra es subversiva y expresa lo que se siente y desea”, sostiene Huertas.

“Es curioso, porque la palabra es aquello que se nos ha negado a las mujeres a lo largo de toda la historia. Nos han definido desde el mundo masculino y nunca se nos ha escuchado”, reflexiona, y se indigna: “Se nos oye, pero no se nos escucha; y además se nos califica de repetitivas, habladoras, quejosas y, por supuesto, de locas, histéricas, neurasténicas”.

Por rebelarse contra aquel mutismo forzoso e iniciar un proceso de escucha de las internas, María Huertas y sus compañeras fueron objeto de numerosas murmuraciones por parte del resto de personal del hospital, que las acusó de “dar excesiva libertad a ‘las locas’”, por no medicarlas ni someterlas a una estrecha vigilancia, “como era su obligación”. 

Aunque Huertas fue (y sigue siendo) muy crítica con la “ideología y formación más tradicional” de aquellos médicos, no tarda en poner el foco sobre la psiquiatría actual, pues asegura que antaño “no se contaba con el arsenal farmacológico del que se dispone hoy y, por tanto, las multinacionales de medicamentos tenían poco interés en la psiquiatría”.

“En estos momentos, se están realizando contenciones y se están dando electroshocks en todos los hospitales, justificándolo bajo el argumento de que la sofisticación actual ha conseguido eliminar a la brutalidad de los tratamientos de décadas atrás”, alerta Huertas.

“En estos momentos, se están realizando contenciones y se están dando electroshocks en todos los hospitales, justificándolo bajo el argumento de que la sofisticación actual ha conseguido eliminar a la brutalidad de los tratamientos de décadas atrás”, alerta Huertas, que se cabrea al afirmar que “las camisas químicas que impone la farmacoterapia son tremendas”. 

“Se piensa que la medicación es la solución a todo y únicamente se intentan tratar los síntomas, pero no se escucha lo verdaderamente importante: qué es lo que le pasa a esa persona, cuál es su manera de pensar, cuál es su contexto, cuáles son sus proyectos vitales, qué cargas familiares tiene, qué le está pasando con su pareja, sus hijos o sus vecinos”, censura.

Junto al “medicar por medicar” de la psiquiatría actual, alarma de un marcado “sesgo de género tanto en salud mental como en atención primaria, donde se tratan gran cantidad de problemas de salud mental de las mujeres”. 

Los “patrones absolutamente distintos a nivel fisiológico y emocional” de las mujeres son ignorados y, consiguientemente, “se las psicologiza y medicaliza inmediatamente, en lugar de escucharlas o pedirles pruebas diagnósticas, algo que sí que ocurre en el caso de los hombres”.

Huertas sitúa estas prácticas en torno a “una serie de estereotipos sobre las mujeres que perjudican su salud física y mental” y que se remontan, como mínimo, “a principios del siglo pasado, cuando se publicaron libros y libros dedicados a demostrar que los cerebros de las mujeres son similares a los de un niño, un delincuente o un hombre loco, y, en definitiva, inferiores a los de los hombres”: “Siempre se ha atribuido a las mujeres una mente más frágil, únicamente preparada para la costura y las labores que tienen que ver con la crianza de los hijos. 

Y todas sus enfermedades mentales se han atribuido a su supuesta inferioridad; desde la filosofía, la ciencia y la religión se ha considerado que tienen (tenemos) una mente enfermiza porque tienen un aparato reproductivo que, curiosamente, permite que la humanidad subsista”.

Opuestas a estos planteamientos, María Huertas y su equipo hicieron caso omiso del ruido reprobatorio procedente de aquel sector para el que resultaban sumamente incómodas. Cuando los efectos enajenantes de la medicación empezaron a diluirse, descubrieron que muchas de las mujeres internadas no padecían ninguna enfermedad mental. 

Recuperaron la capacidad de razonar y emocionarse; la palabra negada; la oportunidad de (re)iniciar su proyecto vital alejadas de la exclusión. Descubrieron que habían sufrido una injusticia que se había prolongado durante décadas y que, de no haber sido por el cierre del Manicomio de Jesús, las habría “condenado de por vida”

“Casi la mitad de las mujeres volvieron a sus familias. Se montaron dos pisos de compañeras: uno en el 75 y otro en el 81. Algunas fueron a residencias de su pueblo, y otras, muy mayores, a familias de acogida en Bétera con personas que conocían y que las integraron como la abuelita de la casa”, recompone Huertas en Nueve nombres.

No estaban enfermas. En su mayoría, habían sido víctimas de la violencia machista de sus maridos, de violaciones, del desprecio de una sociedad (y un régimen) que las señaló por ser madres solteras, del poder de la Iglesia católica, de la pobreza. 

No estaban enfermas, habían sido “alienadas, presas en una férrea estructura de sinrazón que las calificaba de irrazonables a ellas; maltratadas y sometidas a un régimen de violencia que las acusaba de peligrosas”.

“Ningún hombre podría estar dentro de un manicomio por tener un hijo soltero, salir demasiado de casa, pintarse o ser demasiado sociable”, contrapone Huertas.

En este sentido, la enfermedad —el pecado— de gran parte de las mujeres internas en el Manicomio de Jesús había consistido en la “transgresión de los patrones de género que se les habían impuesto”. 

“Eran víctimas de la familia; de la estructura patriarcal que lo engloba absolutamente todo (la Iglesia, el ejército, el Estado, lo social, lo filosófico) y que se refleja en la familia y el interior de las casas como espacio de convivencia primordial”.

Nueve nombres es la confirmación de que aquellas mujeres consiguieron recuperar sus nombres, esos que “les habían perdido en el manicomio, algunos equivocados, otros sustituidos por el apellido. 

Y pasaron a llamarse como a ellas les gustaba, con los diminutivos que utilizaban su madre o su abuela”. Ana, Amparo, María Jesús, Felipa, Dolores, Aurora, Blanquita, Margarita, María. 

Memoria de nueve historias que son, en realidad, decenas y decenas de mujeres.

Imagen de portada: Archivo. Muchas de las mujeres internas en el psiquiátrico no estaban enfermas, habían transgredido los patrones de género que se les habían impuesto.

FUENTE RESPONSABLE: País Valencia. El Salto.España. Por María Palau. 5 de febrero 2023.

Sociedad y Cultura/España/Literatura/”Nueve nombres”/ Historia/Psiquiatría/Manicomio de Jesús (València)/ Mujeres/ Violencia/Abusos sexuales/ Lobotomías/ Aberraciones/ Denuncias/Centros de poder/Pensamiento crítico.

El día que Stalín traicionó a sus aliados.

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El 4 de febrero de 1945, los que se perfilaban como los tres grandes vencedores de la Segunda Guerra Mundial – Winston Churchill, Franklin D. Roosevelt y Yosif Stalin, puesto que Charles de Gaulle no fue invitado – se reunieron en la ciudad de Yalta, en Crimea, para decidir el rumbo del mundo tras la Segunda Guerra Mundial

La guerra aún no había terminado, pero vistas las diferencias profundas entre el dictador soviético y el resto de los Aliados, convenía dejarlo todo bien atado. Pero fueron demasiado optimistas: esta conferencia, que iba a marcar el final del conflicto más terrible que había vivido la humanidad, terminó siendo el inicio de lo que se conocería como la Guerra Fría.

Dos cuestiones centraron la conferencia

la gestión de Alemania tras la guerra – repartiendo el país, desnazificada y juzgando a los dirigentes nazis – y el estatus de Polonia. 

En el primer punto, los Aliados occidentales consiguieron un trato más benévolo que el que pedía Stalin, recordando que había sido precisamente la dureza del Tratado de Versalles una de las causas fundamentales del ascenso del nazismo. 

La cuestión polaca era el verdadero problema, ya que la Unión Soviética apoyaba a un gobierno comunista y los demás países a un gobierno polaco en el exilio. Finalmente se acordó un gobierno provisional de unidad que debía celebrar elecciones libres.

El conflicto llegó cuando Stalin no cumplió lo acordado, y no solo en Polonia sino también en Checoslovaquia, Hungría, Rumanía y Bulgaria: en ninguno de estos países se celebraron las elecciones prometidas, sino que se impusieron gobiernos comunistas y entraron en la órbita soviética. 

Los países occidentales, que ya desconfiaban de Stalin, lo consideraron una traición y no volvieron a creer nunca más en él: en palabras de Churchill, un telón de acero cayó sobre Europa oriental.

Imagen de portada: Foto: Departamento de Defensa de los EEUU / CC

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic. Por Abel G.M. 31 de enero 2023.

Sociedad y Cultura/Historia/Segunda Guerra Mundial/Stalín.

¿Cuál era la lengua del imperio medieval catalán de la Mediterránea? (I)

Los catalanes dominaron varios territorios durante siglos. ¿Pero qué sabemos de la colonización cultural catalana?

Trapani (Sicilia), 30 de agosto de 1282. Hace 741 años. 

El ejército catalán de Pere el Gran desembarcaba e iniciaba la conquista de Sicilia. Aquella operación militar, que culminaría en un tiempo récord (en seis días los almogávares ocuparon Palermo, Mesina y Catania), sería el inicio de la expansión catalana en el Mediterráneo. 

Poco después serían conquistadas Yerba y Malta (1283), Córcega y Cerdeña (a partir de 1295), los Estados almogávares de Grecia (a partir de 1305); y el reino de Nápoles (a partir de 1437), que abarcaba el tercio sur de la península italiana. Durante siglos estos territorios formaron parte del mundo catalán (político, militar, económico y cultural); pero, en cambio, exceptuando el caso del Alguer, en Cerdeña; la lengua catalana no arraigó en aquellas sociedades. O no trascendió hasta la actualidad. ¿Entonces, cuál era la lengua del Imperio catalán del Mediterráneo?

«Catalani perpetui ligurum hostes»

Antes de entrar en materia es imprescindible destacar un aspecto básico: durante la Baja Edad Media (siglos XI a XVI), los súbditos de la Corona catalanoaragonesa fueron genérica y exclusivamente conocidos como «catalanes». 

Así lo explican los profesores Nadal y Prats, de la Universitat de Girona: «la solidaridad de intereses comerciales, de leyes marítimas, de nación y de lengua, hicieron que el extranjero no se equivocara nada: soldados, marineros, comerciantes, tanto si estaban al servicio de los reyes de Sicilia (la rama Bellónida siciliana), como de los de la Mallorca (la rama Bellónida mallorquina) como de los de Catalunya-Aragón-Valencia (el tronco principal Bellónida), en toda la cuenca mediterránea fueron conocidos como catalanes». I Pierre Vilar dice que los genoveses sentenciaban «catalani perpetui ligurum hostes» (los catalanes son los perpetuos enemigos de los ligures).

Fragmento del Atlas Catalán de Abrahán Crezcas (1375). Fuente Bibliothèque Nationale de France

Fragmento del Atlas Catalán de Abraham Cresques (1375). Fuente Bibliothèque Nationale de France

¿Imperio catalán?

Por lo tanto, referirnos a Pedro el Grande como el soberano de los catalanes; a su ejército como una hueste catalana; y a la expansión marítima que promovió y lideró, como un Imperio catalán; no es ninguna tontería. Ni tampoco es una traición a la historia. 

Es más, los judíos catalanoaragoneses de la Diáspora de 1492 no eran sefardíes, sino que se llamaban y eran denominados katalanim, tanto si eran de Jaca (como los rabinos Almosnino de la judería katalanim de Salónica), como si eran de Cervera o de Xàtiva. 

Dicho esto, la cuestión que se plantea en el título de la pieza no tan solo no queda resuelta, sino que toma más fuerza que nunca: ¿por qué la lengua catalana no se impuso en los territorios que conquistaron y dominaron los catalanes, como sí que lo había hecho el latín de los romanos o como sí que lo haría, en otro espacio geográfico, el castellano de los hispánicos? ¿O por qué no trascendió en el tiempo hasta la actualidad?

Sicilia

La presencia catalana en Sicilia después de la conquista (1282) es abrumadora. 

Al margen del exilio siciliano en Catalunya, devuelto después de la conquista y representado por personalidades como Roger de Llúria o Conrad Llança; se produjo un desembarque formidable de funcionarios y de comerciantes catalanes; que, rápidamente, se convirtieron en la nueva élite de la isla. 

De nuevo, los profesores Nadal y Prats, nos revelan que en Catania, la capital de la isla, «los catalanes obtuvieron tal predominio que la ciudad fue denominada caput te protectix omnium catalanorum» (La jefa y escudo de todos los catalanes). En Catania, el catalán se convirtió en lengua cooficial de la cancillería (con el latín y con el siciliano); y en lengua de uso habitual (con el siciliano) en las calles, plazas, mercados y muelles de la ciudad.

Mapa de la expansión medieval catalana en el Mediterráneo. Fuente Enciclopedia

Mapa de la expansión medieval catalana en el Mediterráneo. Fuente Enciclopedia

Siciliano y catalán

La prueba definitiva la tenemos en la Crónica de Ramon Muntaner (1328), que describe un pasaje muy ilustrativo. Muntaner, que había sido uno de los jefes militares de los Almogávares en Atenas, dice que la colonia catalana de Agosta (la actual Augusta, en Sicilia) había conseguido convertir el catalán en la lengua dominante de aquella sociedad. 

Y explica que el mercenario francés Gualter de Brenda aprendió el catalán… en Sicilia!!! Dice que «vivió en Sicilia largo tiempo en el castillo de Agosta cuando era joven (…) por eso fingía amar a los catalanes i hablaba catalanesco». 

Este dominio se intensificaría con la apertura de la Universidad de Catania, primer centro de estudios superiores de la historia de Sicilia, fundada por Alfonso el Magnánimo en 1434. La lengua de aquellos estudios, como la de todas las universidades, era el latín. Pero el profesorado era catalán, de Barcelona y de Valencia.

La influencia del catalán sobre el siciliano

El dominio político, militar, económico y cultural de la comunidad catalana sobre el conjunto de la sociedad siciliana, proyectaría una gran influencia de la lengua de los conquistadores sobre la de los sicilianos. 

Los profesores Nadal y Prats relacionan una larga lista de palabras sicilianas «prestadas» del catalán. Para no hacerlo inacabable, diremos que; en materia de construcción y mobiliario, por ejemplo: bica «viga»; bigarone «cabio»; o carruaju «carruaje». En el vocabulario de la administración, por ejemplo: ngargiola «prisión»; o aguzzinu «alguacil». 

En el campo de la agricultura, por ejemplo: cànnamu «cáñamo» o caravazza «naranja». 

También muchos sustantivos y adjetivos, como por ejemplo: truene «trueno»; sarraino «hombre brutal»; a la sdirrera «finalmente»; aggrajiri «agradecer»; arruiciari «ahuyentar»; cagghiari «callar»; imbolicari «envolver» o sgarrari «estropear».

Mapa de Sicilia (1710). Fuente Cartoteca de Catalunya

Mapa de Sicilia (1710). Fuente Cartoteca de Catalunya

Cerdeña

La conquista de Cerdeña fue mucho más dificultosa. Desde que el Pontificado asigna el dominio de la isla en el Casal de Barcelona (1295) hasta que se completa la conquista militar (1409); pasó más de un siglo. 

Pero durante aquella dilatada campaña, que los historiadores contemporáneos catalanes han denominado «el Vietnam catalán», el desembarque de catalanes (militares, comerciantes, clérigos) fue muy superior, proporcionalmente, en el de Sicilia. Muntaner, en su Crónica (1325), nos dice que en el castillo de Bonaire, construido para dominar Cagliari, la capital de la isla que reunía a unos 10.000 habitantes (1324) «se encontraba que había más de seis mil hombres de armas buenos, todos catalanes, con sus mujeres”. I  que “ordenaron (…) que de aquí en adelante solo hubiera frailes catalanes de todas las órdenes que estén en Cerdeña o en Córcega”.

Sardo y catalán

Los catalanes que se situaron en la capital y en el Campidano (la llanura entre Cagliari y Oristà) debieron ser un grupo tan numeroso que consiguieron imponer el catalán en la vida cotidiana de aquella sociedad. Joan Coromines, autor del Onomasticon Cataloniae, dice que «da la impresión que los habitantes del Campidano debieron hablar largo tiempo una lengua híbrida, donde catalán y sardo se mezclaban inextricablemente». 

Y los profesores Navidad y Prats revelan que el catalán se extendió «a partir de Cagliari y de los pequeños núcleos urbanos siguiendo un proceso de expansión geográfico social —que ya hemos visto en nuestra casa con la romanización— hacia el campo y hacia las clases más humildes de la sociedad». En la actualidad, en Cagliari, la catedral es Sa seu; y en el Campidano todavía hay gente que se llama Bartomeu, Jórdi, Giróni, Pera, o Impera (Pere).

Mapas de Córcega y Cerdeña (1619). Fuente Cartoteca de Catalunya

La influencia del catalán sobre el sardo

La actividad pesquera sarda empieza con la presencia catalana. Con anterioridad, la economía sarda había vivido de espalda al mar. Eso explica que el vocabulario marinero del sardo sea «catalán»: agul’a, araña, aréngu, basúku, sukkara, korbal’u, lissa, matsoni, mòllia, msuoni, orgada, skritta, suréllu. 

Y del mar a la cocina: kaponáda, findéus, mólla, néula. Y de la cocina al vestuario: midja, peúnku, kambullu, mukkadóri, tràu, arrekkádas. Roberto Lai, un erudito sardo que ha estudiado sobradamente la influencia catalana medieval sobre la cultura sarda, afirma que hasta bien entrado el siglo XIX, las escrituras notariales sardas, se redactaban en catalán. 

El porqué la lengua catalana desapareció de Sicilia y de Cerdeña, lo veremos en la continuación de este reportaje. Allí veremos, también, la implantación y desaparición del catalán que los almogávares llevaron hasta Grecia

Imagen de portada: Gentileza de N Revers.

FUENTE RESPONSABLE: N Revers. El Nacional Cat. Por Marc Pons. 5 de febrero 2023.

Sociedad y Cultura/Sicilia/Córcega/Cataluña/Lengua catalana/ Historia/Expansión.

Lyudmila Pavlichenko, la francotiradora soviética que mató más de 300 nazis´.

LADY MUERTE

Con tan solo 25 años, la francotiradora soviética abatió a 309 soldados nazis bajo el objetivo de su precisa mirilla durante la Segunda Guerra Mundial ganándose el apodo de «Lady Muerte» y convirtiéndose en heroína de la URSS.

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Nacida el 12 de julio de 1916, Lyudmila ( o Liudmila) Pavlichenko fue una de las primeras generaciones que vivió la URSS prácticamente desde su nacimiento. Su infancia transcurrió en una pequeña localidad ucraniana, donde asistió a la escuela y empezó a mostrar una gran competitividad en actividades físicas, en particular cuando se enfrentaba a los chicos de su edad. Desde pequeña quiso demostrar que las chicas podían hacerlo igual o mejor que ellos.

En 1930, la familia decidió trasladarse a Kiev, la actual capital de Ucrania. Con 14 años, Liudmila empezó a trabajar en la Arsenal Factory, una fábrica histórica de producción y reparación de armamento del Ejército Rojo. 

La propia empresa ofrecía opciones de ocio a sus trabajadores y, tras dejar el curso de aviación, Pavlichenko optó por formarse en un club tiro, su primer contacto con las armas. De él salió con la insignia de Tirador de Voroshílov, un certificado de los conocimientos y la preparación adquiridos que incluían formación en otras habilidades del ámbito militar.

ESTALLA LA II GUERRA MUNDIAL

Al mismo tiempo que trabajaba, Liudmila Pavlichenko terminó la secundaria y se matriculó en la Universidad de Kiev para cursar la carrera de historia con la intención de convertirse en maestra. 

Justo había aceptado un trabajo en la Biblioteca de Odesa que le permitiría terminar su tesis cuando, en junio de 1941, Hitler lanzó las primeras ofensivas de la Operación Barbarroja, durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). La Alemania nazi pretendía seguir su imparable avance por el territorio soviético.

Inmediatamente, se presentó como voluntaria para ingresar en el Ejército Rojo, y parece ser que el hecho de ser mujer le puso los primeros obstáculos. 

Sin embargo, la insistencia de Pavlichenko hizo que el oficial de reclutamiento comprobara sus credenciales, tras lo cual fue admitida y destinada a la 25ª División de Fusileros del Ejército Rojo como francotiradora. No fue la única. Alrededor de 2.000 mujeres desempeñaron el mismo rol en las tropas soviéticas, aunque solo 500 de ellas sobrevivieron a la guerra, y solo Liudmila alcanzó el récord por el que sería recordada.

Liudmila Pavlishenko fotografiada en 1942 ataviada con el uniforme y sosteniendo el fusil en una trinchera. Foto: CC

Uno de los puntos calientes de la ofensiva alemana fue el tramo sur de la frontera rusa señalado por el río Prut, actualmente línea fronteriza de Rumanía. Allí fue enviada su unidad que, tras resistir los primeros envites, se vio obligada a retirarse hasta Odesa, donde Liudmila participó en su primera batalla

Fue herida a los diez días de combate y evacuada al hospital donde se recuperó para volver a reincorporarse. Al regresar al frente, había sido ascendida a cabo y al término del asedio de la ciudad, aunque la deshecha soviética era una realidad, Pavlichenko había causado 187 bajas al enemigo: su nombre empezaba a convertirse en una leyenda.

Durante el verano de 1941, la fuerza con la que los alemanes empujaban la frontera soviética hacia el este parecía imparable. En el frente sur, la retirada de Odesa no se detuvo hasta llegar a la península de Crimea, y en octubre de 1941 las tropas rusas se atrincheraron en Sebastopol dispuestas a resistir el asedio nazi. 

La estratégica ciudad situada en mitad del Mar Negro se convirtió en el escenario de una lucha que se alargaría ocho meses. Sebastopol también cayó, pero Liudmila Pavlichenko terminó esta batalla convertida definitivamente en un mito. Fue ascendida de nuevo y puesta al cargo de un pelotón de francotiradores que ella misma debía escoger y preparar.

LADY MUERTE

Mientras el número de enemigos abatidos por ella aumentaba, sus misiones se volvían más arriesgadas. A veces debía contraatacar el fuego enemigo de un francotirador, y se vio inmersa en duelos directos. 

En una ocasión, pasó tres días enfrentada a un francotirador alemán al que finalmente también abatió.

Fue herida por fuego de mortero en junio de 1942 en Sebastopol y trasladada al hospital para recuperarse. 

A esas alturas, Lyudmila era ampliamente conocida también en las filas nazis, por lo que se convirtió en un objetivo militar y empezó a ser apodada como Lady Death (Lady Muerte) por la prensa extranjera. No era para menos, ya que después de menos de dos años en activo dejaba tras ella 309 enemigos abatidos, entre ellos 36 francotiradores. Era oficialmente una heroína.

A lo largo de su trayectoria en el Ejército Rojo, a Pavlishenko le fueron otorgadas numerosas condecoraciones. Una de las más importantes fue la Estrella Dorada que la acreditaba como Héroe de la Unión Soviética y que luce en esta imagen.  Foto: CC

Las autoridades soviéticas se dieron cuenta de la importancia de su figura. Por un lado, no podían permitirse que fuera abatida para no dañar la moral de las tropas, y por el otro se habían dado cuenta del potencial que tenía su trayectoria, de modo que fue retirada de la primera línea de guerra para desempeñar otra misión muy importante para la Unión Soviética: la propaganda.

HEROÍNA Y EMBAJADORA SOVIÉTICA

Condecorada con la Orden de Lenin, Liudmila Pavlishenko se unió a una delegación rusa que viajó por Estados Unidos y Canadá. 

El objetivo era presionar a ambos gobiernos y conseguir su apoyo para que atacaran a las fuerzas alemanas, abriendo así un segundo frente en Europa. La Unión Soviética necesitaba aliviar la carga de combatir a solas a Hitler. 

Y de este modo, ella y sus dos acompañantes –el secretario de la Juventud Comunista y el francotirador Vladimir Pchelintsev– se convirtieron en los primeros ciudadanos soviéticos en ser recibidos por el presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, en la Casa Blanca.

En EE.UU., trabó amistad con la primera dama, Eleanor Roosevelt, quien la convenció para llevar a cabo una gira por el país durante el verano de 1942 para dar a conocer sus experiencias como mujer en la guerra. 

Aunque no fue una empresa fácil –Pavlishenko apenas hablaba inglés–, fue capaz de ponerse delante de audiencias multitudinarias y dar discursos que a menudo acababan vitoreados por el público

La prensa norteamericana se hizo eco de su trayectoria. Sin embargo, poco acostumbrados a ver una mujer en uniforme y con una gran experiencia en combate, durante las ruedas de prensa los periodistas hacían preguntas y comentarios sobre su vestuario, el maquillaje y otras cuestiones sin relación alguna con sus proezas bélicas.

Junto al secretario de la Juventud Comunista (Komsomol) de Moscú, Nikolai Krasavchenko, y el francotirador Vladimir Pchelintsev, Liudmila dio una gira que la llevó a Estados Unidos y Canadá en 1942 en busca de apoyos para la apertura de un segundo frente en Europa, algo a lo que los norteamericanos eran reticentes. Foto: CC

Respondió con aplomo a los comentarios fuera de lugar e hizo el trabajo que le había sido encomendado. Su gira causó una fuerte impresión en la opinión pública americana, pero no fue suficiente para convencer a las administraciones de la necesidad de implicarse más en el conflicto. Todavía habrían de pasar dos años hasta el despliegue de la Operación Overlord, el Desembarco de Normandía, en junio de 1944.

En su visita a la Casa Blanca, conoció a Eleanor Roosevelt, la mujer del presidente de los Estados Unidos, con quien trabó una buena amistad. En 1957, en plena Guerra Fría, la ex primera dama estadounidense visitó a Pavlichenko en Moscú. Rodeadas de una seguridad a la altura de la tensa década de 1950, tuvieron unos instantes de intimidad para ponerse al día. Nunca volvieron a reencontrarse. Foto: CC

LA POSGUERRA DE LYUDMILA

De vuelta a su país, fue condecorada de nuevo como Heroína de la Unión Soviética, una de las mayores distinciones militares y, a pesar de que nunca regresó al frente, siguió vinculada al Ejército dando formación a cientos futuros francotiradores hasta el final de la guerra. A partir de 1945, terminó su carrera universitaria y desempeñó diversos trabajos vinculados a la Armada y al Ejército.

Como muchos otros veteranos de guerra, Liudmila sufrió las consecuencias de haber participado en un cruel acontecimiento como la Segunda Guerra Mundial

Hacia el final de su vida sufrió un trastorno de estrés postraumático y depresión, y falleció el 10 de octubre de 1974 a causa de un derrame cerebral a los 58 años.

Imagen de portada: Foto: CC

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic. Por Guiomar Huguet Pané. 2 de febrero 2022.

Sociedad y Cultura/Historia/Segunda Guerra Mundial/Mujeres pioneras/Biografías.

Simone Weil, la filósofa pacifista que luchó en la guerra civil española.

ACTIVISTA Y MÍSTICA FRANCESA

Idealista obsesionada con la justicia social, Weil participó en el conflicto español contra Franco y formó parte de la Resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Su obra filosófica, entre la mística, el activismo y la política, está considerada una de las más profundas e importantes del siglo XX.

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A los cinco años, Simone Weil renunció a tomar azúcar para solidarizarse con los soldados franceses que luchaban en la Primera Guerra Mundial. A los diecinueve, tuvo una acalorada discusión con Simone de Beauvoir sobre la hambruna en China, que marcó el fin de la relación entre las filósofas. 

A los veintisiete, viajó en tren a Barcelona y se unió a la Columna Durruti para luchar en la Guerra Civil española contra el levantamiento militar encabezado por Franco. “La guerra no me gusta, pero lo que más me indigna de ella es la actitud de los que se cruzan de brazos”, escribió en una carta al escritor Georges Bernanos. 

Nacida el 3 de febrero de 1909 en el seno de una familia judía, intelectual y laica, Weil creció entre la tradición francesa, la griega y la cristiana. 

Su padre, Bernard Weil, fue un reputado médico, y su hermano, André Weil, uno de los matemáticos más destacados del siglo XX. El ambiente intelectual que se respiraba en el hogar de los Weil hizo que la conciencia social de la joven Simone despertara a una edad muy temprana, iniciando así su inquietud filosófica y su búsqueda de la justicia y la verdad. 

ESTUDIANTE JUNTO A SIMONE DE BEAUVOIR 

A los dieciséis años ingresó en el prestigioso Lycée Henri IV, donde fue alumna del filósofo y periodista Alain (seudónimo de Émile-Auguste Chartier), que la formó en la interpretación de los clásicos y la introdujo en el pensamiento filosófico. Dos años después entró en la Escuela Normal Superior de París con la mejor nota y el mejor expediente, seguida de la feminista Simone de Beauvoir

Estudió filosofía, literatura clásica y ciencia. Compartió clase con de Beauvoir, pero la relación entre ambas no fue ni muy cercana, ni muy duradera. En un texto autobiográfico, la autora de El segundo sexo escribió: “Una gran hambruna había sacudido China y me dijeron que ella (Simone Weil) prorrumpió en sollozos cuando recibió aquella noticia; esas lágrimas me obligaron a respetarla aún más que por sus dotes para la filosofía. La envidiaba porque tenía un corazón capaz de latir por todo el mundo”.

En un encuentro, las filósofas debatieron sobre aquella terrible hambruna. “No sé cómo entablamos la conversación”, contaría de Beauvoir, “me explicó en un tono cortante que una sola cosa contaba hoy en toda la Tierra: una revolución que diera de comer a todo el mundo. 

De manera no menos perentoria le objeté que el problema no es hacer felices a los hombres, sino encontrar un sentido a su existencia. Ella me miró fijamente y dijo: cómo se nota que usted nunca ha pasado hambre. Este fue el final de nuestras relaciones”.

Retrato de Simone Weil en su juventud. Foto: Stefano Bianchetti / Bridgeman Images

PROFESORA COMPROMETIDA CON LAS CAUSAS SOCIALES

Tras graduarse de la Escuela Normal Superior a los veintidós años, Simone Weil empezó a trabajar como profesora de filosofía en varios liceos para mujeres. En los centros, Weil tuvo problemas con sus superiores, que criticaban sus acciones políticas y su metodología como docente.

La joven maestra Weil hacía piquetes, se negaba a comer más de la cantidad otorgada a las familias sin recursos a las que ayudaba el Gobierno y escribía en periódicos de izquierda. Durante aquella época, tuvo la ocasión de viajar a Alemania y vislumbrar con sus propios ojos la preocupante situación en la que se encontraba el país. 

En uno de sus artículos, Weil criticó el ascenso del partido nazi y vaticinó consecuencias inevitables cuando llegaran al poder.

Ante la negativa a ceñirse al sistema de enseñanza que se le pedía, Weil fue transferida de un liceo a otro varias veces. Inmutable ante aquel rechazo, la activista siguió desarrollando su compromiso político: cooperó en la formación de obreros dando charlas y clases sindicales, continuó escribiendo en revistas políticas y ayudó a los refugiados que huían de Hitler y Stalin. 

En una ocasión, Weil escondió a León Trotski (que viajaba junto a su esposa, su hijo mayor y dos guardaespaldas) en el piso familiar de sus padres en la calle Auguste Comte de París. 

Durante aquellos días, el político y la filósofa debatieron sobre los medios necesarios para instigar la revolución y sobre el valor de las vidas humanas en la dictadura del proletariado.

DE PARÍS A LA FÁBRICA RENAULT

A los veinticinco años, Weil dio por finalizada su carrera como docente: quería ponerse en el lugar de los trabajadores de clase obrera, “los que sufren”, para comprender los efectos psicológicos que acarreaba el trabajo industrial. 

La joven dejó su vida acomodada en París y se fue a trabajar primero a la fábrica eléctrica Alstom cortando piezas y después a la fábrica Renault en las cadenas de montaje. 

“Allí recibí para siempre la marca de la esclavitud, como la marca a hierro candente que los romanos ponían en la frente de sus esclavos más despreciados. Después, me he considerado siempre una esclava”, escribió Weil. La filósofa criticó el efecto “espiritualmente adormecedor” que las máquinas provocaban en sus compañeros y sintió una primera unión con Dios, confirmando la creencia de que “la religión consuela a los afligidos y a los miserables”. 

Al cabo de un tiempo, Weil fue despedida de la fábrica por su torpeza y su debilidad física. De aquella impactante experiencia de servidumbre industrial, la filósofa concluyó en una carta a su amiga Albertine Thénon: “Al ponerse ante la máquina, uno tiene que matar su alma ocho horas diarias, el pensamiento, los sentimientos, todo. Y estés irritado, triste o disgustado… tienes que tragártelas, debes reprimir en lo más profundo de ti mismo la irritación, la tristeza o el disgusto”. 

Simone Weil en la fábrica Renault, 1935. Foto: Stefano Bianchetti / Bridgeman Images

SIMONE WEIL, MILICIANA EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA 

Tras dejar la fábrica, Simone Weil regresó a París, pero no por mucho tiempo. 

Al enterarse del inicio de la Guerra Civil española, la joven viajó a Barcelona para participar en un conflicto que la interpelaba por sus ideales, al igual que hicieron otros jóvenes intelectuales europeos de la época, como el escritor George Orwell o la fotógrafa Gerda Taro.

Pacifista radical, impulsada por su pasión y su deseo de justicia, Weil llegó a España como periodista voluntaria y pronto se unió a la Columna Durruti, con quienes luchó en el frente de Aragón

“En la CNT, en la FAI, se daba una mezcla sorprendente en la que se admitía a cualquiera y, en consecuencia, había inmoralidad, cinismo, fanatismo, crueldad, pero también amor, espíritu fraternal y, sobre todo, reivindicación del honor, algo muy hermoso entre los hombres humillados; me parecía que quienes se les unían animados por un ideal superaban a aquellos a los que los movía la inclinación a la violencia y el desorden”, escribió.

Sin embargo, al igual que le sucedió a George Orwell, pronto su concepción idealizada de la batalla se disipó. Fusil en mano, unida al bando que creía correcto, Simone Weil descubrió la crueldad de la guerra, que se instala en los cuerpos y las mentes de todos los participantes. 

Horrorizada tras ver cómo sus compañeros fusilaban a hombres del bando contrario, escribió: “Nunca he visto a nadie expresar ni siquiera en la intimidad repulsa, asco o simplemente desaprobación ente la sangre inútilmente derramada”. 

Después de sufrir un accidente en el frente de Aragón, la filósofa regresó a Francia. Tenía pensado volver a España poco después, pero finalmente cambió de idea. Tal y como le explicó a Georges Bernanos en una carta: “He dejado de sentir al necesidad interior de participar en una guerra que ya no era, como me pareció al principio, una guerra de campesinos hambrientos contra terratenientes y un clero cómplice de los terratenientes, sino una guerra entre Rusia, Alemania e Italia”.

De sus cuarenta y cinco días en el conflicto se conservan treinta y cuatro páginas de los apuntes que escribió en su Diario de España, un cuaderno Moleskine en el que registró sus impresiones sobre la guerra y frases en español, además de algunas fotografías y cartas. 

“Partimos como voluntarios, con ideas de sacrificio, y nos metemos en una guerra que parece de mercenarios, en la que sobre crueldad y falta la consideración debida al enemigo”, concluyó. 

DESPERTAR MÍSTICO Y SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Después de vivir la guerra en España, Simone Weil se reafirmó en su pacifismo radical. Escribió sobre el terrible efecto que la guerra producía en el alma de las personas y abandonó el activismo para seguir el camino de la búsqueda de la verdad

Viajó a Italia, donde quedó maravillada tras contemplar la belleza espiritual de la comuna de Asís y tuvo una de sus primeras experiencias místicas. 

Pese a sentir una profunda conexión con Dios, Simone Weil se resistió a formar parte de la Iglesia cristiana porque la veía como una colectividad en la que el individuo quedaba supeditado a la masa, al igual que sucedía en los regímenes totalitarios de Europa. 

La filósofa se había criado en una familia de origen judío, pero rechazaba explícitamente el judaísmo y, al igual que con el cristianismo, la identidad comunitaria judía.

De todos modos, pese a no haber recibido nunca una formación judía, tanto su familia como ella se vieron obligados a abandonar París en 1940 por el temor a ser clasificados como “no-arios”. 

Instalada en Marsella, Simone Weil reflexionó sobre el proyecto de reconciliación necesario entre la modernidad y la tradición cristiana y retomó las labores físicas, trabajando como obrera agrícola. Al año siguiente, huyó a Estados Unidos con sus padres y su hermano, pero regresó a Londres poco después, impulsada por la necesidad de incorporarse a la Resistencia francesa.

Obsesionada con prestar sus servicios a su patria, que había sido ocupada por el régimen nazi, Simone Weil pidió que la enviaran en una misión. 

Sin embargo, solo fue aceptada para trabajar como redactora en los servicios de Francia Libre, escribiendo informes y revisando textos. En 1943 abandonó la organización.

Sello francés de la filósofa Simone Weil.Foto: Cordonpress

FINAL DE LA VIDA Y LEGADO FILOSÓFICO DE SIMONE WEIL

Durante la última etapa de su vida, la filósofa profundizó en la espiritualidad cristiana (desde un acercamiento heterodoxo) y se interesó por la no violencia de Gandhi. 

En 1943 fue diagnosticada de tuberculosis e ingresó en un sanatorio de Ashford. Pese a estar enferma, Simone Weil renunció a comer cualquier cosa que superara las raciones de la Francia ocupada e insistió en dormir en el suelo, buscando maneras de solidarizarse con su país.

El 24 de agosto de 1943, a los treinta y cuatro años, la pensadora falleció de un paro cardíaco mientras dormía. Todas sus obras fueron editadas y publicadas por sus amigos de manera póstuma, un total de veinte volúmenes que cautivaron los filósofos e intelectuales por su ética de la autenticidad, su brillante lucidez y su desnudez espiritual. 

Sus obras más importantes son La gravedad y la gracia, una colección de reflexiones y aforismos espirituales; Echar raíces, ensayo en el que explora las obligaciones del individuo y el estado; Opresión y libertad, un texto político y filosófico sobre la guerra, el trabajo en las fábricas y otros temas; y Esperando a Dios, su autobiografía espiritual. 

Su filosofía, de una sensibilidad extraordinaria, y su profundo análisis del mundo y de la condición humana siguen cautivando y resonando hoy en lectores de todo el mundo. No en vano, su íntimo amigo y editor póstumo Albert Camús, definió a Simone Weil como “El único gran espíritu de nuestro tiempo”

Imagen de portada: Foto: PVDE / Bridgeman Images

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic. Por Aitana Palomar S. 3 de febrero 2023.

Sociedad y Cultura/España/Francia/Historia/Filosofía/Mujeres pioneras/ Segunda Guerra Mundial/ Biografías.

Descubren la química que utilizaron los antiguos egipcios para conseguir la vida eterna.

LOS MISTERIOS DE LA MOMIFICACIÓN EN EGIPTO

Un estudio de las sustancias que contenían unas vasijas descubiertas en 2016 en un taller de momificación de la necrópolis de Saqqara, en Egipto, ha desvelado que los antiguos embalsamadores utilizaron ingredientes, algunos de ellos desconocidos hasta ahora, que mezclaron con otras sustancias importadas de lejanos países. Incluso algunas de las vasijas contenían etiquetas con las instrucciones de cómo emplear su contenido.

Desde que Howard Carter descubriera la tumba de Tutankamón en el año 1922,  arqueólogos e investigadores han hecho grandes avances en el conocimiento de las técnicas e instrumentos que emplearon los antiguos egipcios para llevar a cabo la momificación de los difuntos. A pesar de ello, todavía no han podido desentrañarse todos los secretos que rodean a este ancestral proceso.

En 2016, un equipo de arqueólogos descubrió un taller de embalsamamiento de 2.500 años de antigüedad en la necrópolis de Saqqara, a pocos metros de la pirámide de Unas, último faraón de la dinastía V. En este espacio destacaba una sala llamada wabet, donde se llevaba a cabo la evisceración de los cuerpos. El taller, que data del Periodo Tardío (664-525 a.C.), contenía una gran cantidad de vasijas que estaban etiquetadas y que se usaron para conservar extractos de plantas y de animales, elementos que posteriormente serían empleados en el proceso de momificación.

INGREDIENTES DESCONOCIDOS

Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad LMU de Múnich y de la Universidad de Tubinga, en colaboración con el Centro Nacional de Investigación de El Cairo, ha realizado un estudio de estas vasijas y su contenido que se ha publicado en la revista Nature. Para llevarlo a cabo, los investigadores han utilizado sofisticadas técnicas: la espectrometría de masas y la cromatografía de gases, con las que han podido detectar muchas de las sustancias usadas por los antiguos embalsamadores. Pero lo más relevante de este trabajo es que también se han descubierto algunas sustancias, así como muchas mezclas, hasta ahora desconocidas. 

Vasijas encontradas en el taller de momificación descubierto en Saqqara en 2016. Foto: M. Abdelghaffa (Saqqara Saite Tombs Project, Universidad de Tubinga, Alemania)

Para los expertos, el hecho de haber podido recuperar estos recipientes, que fueron usados hace tanto tiempo, representa una gran oportunidad de obtener información, ya que dichas vasijas, como se ha apuntado, estaban etiquetadas con su contenido y, en algunos casos, tenían incluso instrucciones de uso. Como curiosidad, los investigadores cuentan en su estudio que, por ejemplo, la resina de pistacho y el aceite de ricino solo se utilizaban para la cabeza. Algunos recipientes también contenían fórmulas específicas para el tratamiento del hígado y el estómago.

«Los egiptólogos solo podían especular sobre el significado de estas sustancias. Ahora sabemos, por primera vez, qué significan algunos términos como antiu», ha declarado Philipp Stockhammer, arqueólogo de la Universidad LMU y uno de los autores del estudio. Hasta ahora, el término antiu se había traducido como mirra o incienso, pero ahora se ha podido demostrar que antiu se refiere una mezcla de ingredientes muy diferentes.

EL ORIGEN DE LAS SUSTANCIAS

Los investigadores también han identificado dos sustancias sorprendentes: una resina llamada elemi, que proviene de los árboles Canarium que crecen en las selvas tropicales de Asia y África, y otra llamada dammar que proviene de un tipo de árboles conocidos como shorea que crecen en los bosques tropicales del sur de la India, Sri Lanka y el sureste de Asia. «Egipto era pobre en recursos en términos de muchas sustancias resinosas, por lo que muchas de ellas fueron adquiridas o comercializadas desde tierras lejanas», afirma Carl Heron, del Museo Británico de Londres.

Zona de excavación del Proyecto Tumbas Saítas de Saqqara. Detrás, la pirámide de Unas y, al fondo, la pirámide escalonada de Zoser.Foto: S. Beck (Saqqara Saite Tombs Project, Universidad de Tubinga, Alemania)

Sabemos que las antiguas redes comerciales conectaban la India y el Sudeste Asiático con la región del Mediterráneo, pero aún no está claro si los embalsamadores egipcios iban en busca de estos ingredientes en concreto o simplemente los descubrieron mediante la prueba de ensayo y error, según la egiptóloga de la Universidad Estadounidense de El Cairo, Salima Ikram. 

«Absolutamente increíble. ¿Quién hubiera pensado que estaban recibiendo cosas que podrían provenir de la India?», se pregunta Ikram.

«PARA QUE SU OLOR SEA AGRADABLE»

Según afirman los autores del estudio, los embalsamadores egipcios tenían un gran conocimiento acerca de las propiedades de las materias primas que utilizaban. Los recipientes estudiados contenían mezclas complejas que, en algunos casos, habían sido cuidadosamente calentadas o destiladas. Asimismo, muchas de las resinas poseían propiedades antimicrobianas o características que favorecían la conservación del cuerpo. Incluso en uno de los tarros se podía leer una inscripción en la que ponía «para que su olor sea agradable».

Detalle de la parte superior de una momia totalmente envuelta con vendas de lino.

Detalle de la parte superior de una momia totalmente envuelta con vendas de lino.Foto: iStock

Los estudios químicos sugieren que las recetas que los antiguos egipcios utilizaron para embalsamar a los cadáveres fueron volviéndose más complejas con el tiempo, según ha señalado Maxime Rageot, arqueólogo biomolecular de la Universidad de Tubinga. 

Pero la principal pregunta que se hacen los investigadores es doble: ¿Cómo desarrollaron los antiguos egipcios procedimientos y recetas de embalsamamiento específicos? y ¿por qué seleccionaron ciertos ingredientes sobre otros? 

Para Mahmoud Bahgat, bioquímico del Centro Nacional de Investigación de Egipto en El Cairo, la respuesta es simple: «Tenemos que ser tan inteligentes como ellos para descubrir sus intenciones».

Imagen de portada: Papiro en el que se muestra la Apertura de la Boca, un ritual funerario realizado sobre la momia del difunto. Foto: PD

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic. Por J.M. Sadurni. 2 de febrero 2023.

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Yacimiento musulmán Calatalifa: El nuevo Bien de Interés Cultural de la Comunidad de Madrid.

El yacimiento musulmán Calatalifa, en Villaviciosa de Odón, ha sido declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Zona de Interés Arquelógico de la Comunidad de Madrid.

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Por si no lo sabías, un Bien de Interés Cultural es una figura jurídica de protección del Patrimonio Histórico español, tanto mueble como inmueble. En España hay cerca de 30.400 bienes de interés cultural y ahora la Comunidad de Madrid tiene uno más.

El Consejo de Gobierno ha declarado este 1 de febrero Bien de Interés Cultural, en la categoría de Zona de Interés Arqueológico, el yacimiento musulmán Calatalifa, en Villaviciosa de Odón, que constituye un valioso testimonio material de la cultura islámica de la Comunidad de Madrid.

Tal y como informa la página oficial de la Comunidad de Madrid, se trata de uno de los asentamientos andalusíes más importantes de la región, cuya ocupación se extiende desde el siglo IX hasta la conquista castellana, siendo abandonado durante la baja Edad Media. No obstante, las excavaciones arqueológicas han revelado un pasado emiral e incluso anterior.

Su nombre significa Castillo del Califa y contaba con una fortaleza vinculada a un importante eje fluvial y de comunicaciones, como era el valle del Guadarrama en la época. Sin embargo, por su extensión y hallazgos, sería más que un lugar de vigía o castillo, y su población de carácter militar se ocupaba también de una agricultura eminentemente hortícola, junto con una ganadería fundamentalmente ovina y caprina, y pesca en el contiguo río Guadarrama.

A día de hoy, es una de las escasas ciudades andalusíes de la Comunidad de Madrid localizadas y fosilizadas en el tiempo. En la zona superior se ubica el recinto amurallado, documentándose en su interior restos de poblamiento, así como estructuras de almacenamiento hidráulico.

En el entorno podrían existir un arrabal de gran extensión y, siguiendo otros modelos de medina, una necrópolis. No solo son importantes las partes constructivas in situ, como los aljibes y el tramo de la muralla, sino que destaca también el numeroso material localizado, sobre todo, cerámico.

Imagen de portada: Yacimiento musulmán Calatalifa SantiElecktrus / Wikipedia Creative Commons CC BY-SA 4.0

FUENTE RESPONSABLE: Viajestic. Por Irene Picazo. 2 de febrero 2023.

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Belisario, el general romano humillado por el emperador justiniano.

IMPERIO BIZANTINO

Con sus victorias sobre persas y ostrogodos, Belisario hizo realidad el sueño de Justiniano de restaurar la antigua grandeza del Imperio romano, pero eso no impidió que acabara cayendo en desgracia ante el emperador.

En el año 530, un imponente ejército persa se dirigió hacia Dara, una fortaleza situada cerca del Éufrates, en la frontera oriental de los dominios de Justiniano, soberano del Imperio romano de Oriente (o Bizancio, como también conocemos este reino). 

El monarca sasánida Kavades I había reunido una fuerza que duplicaba la de sus enemigos: 50.000 hombres, casi todos catafractos (jinetes acorazados) y arqueros montados. El éxito de los sasánidas, enfrentados con Roma desde hacía siglos, parecía asegurado. 

Pero Belisario, el comandante de las fuerzas bizantinas, supo responder al desafío. Ordenó cavar una línea de trincheras no lejos de las murallas de Dara y desplegó así sus tropas: la infantería en el centro, detrás de las estacas y la fosa; en las alas, los arqueros hunos a caballo; y en la retaguardia, la caballería imperial y los bucelarios, la guardia personal de Belisario. La táctica funcionó. 

Cuando los persas intentaron romper las líneas enemigas, fueron asaeteados por tres flancos al tiempo que los jinetes atacaban su retaguardia: en el campo quedaron cerca de 8.000 muertos sasánidas y los supervivientes huyeron a Nisibe bajo las flechas hunas. 

PALADÍN DEL EMPERADOR

Esta victoria bizantina fue también la primera del general Belisario, a quien puede considerarse como el último gran general de la Antigüedad. Belisario nació en la ciudad tracia de Germania hacia el año 500 o el 505, sin que se sepa mucho más de su infancia y juventud. En 525 lo hallamos en la guardia personal del emperador Justino I y, dos años más tarde, en la de su sobrino y sucesor Justiniano, quien lo promocionó a magister militum, uno de los puestos más elevados en el ejército romano. 

Es probable que el reciente matrimonio de Belisario con Antonina, íntima amiga de la emperatriz Teodora, desempeñara un papel crucial en su promoción; en todo caso, su ascenso pronto se reveló un acierto. 

Después de participar en varias escaramuzas en Armenia contra los sasánidas, fue nombrado dux de Mesopotamia (527) y luego magister militum de Oriente(529); mientras ejercía este último cargo, logró la victoria en la defensa de Dara.

Parte de las murallas de Constantinopla, la actual Estambul, tal como pueden verse hoy en día. Foto: iStock

Al año siguiente, los persas entraron en Siria y saquearon sus ciudades. 

Belisario, al frente de las tropas imperiales, los persiguió con el objetivo de expulsarlos del territorio romano. Consciente de la superioridad de la caballería sasánida, Belisario intentó evitar el enfrentamiento directo, pero los soldados, crecidos por su anterior victoria, le obligaron a presentar batalla cerca de Calínico. 

El resultado fue una derrota inapelable de los romanos, y Belisario tuvo que presentarse en Constantinopla para informar sobre lo sucedido. 

LA REVUELTA DE NIKA

Sin embargo, esta derrota no perjudicó su carrera. 

Justiniano acordó una paz con el nuevo rey persa, Cosroes I, para así concentrar sus fuerzas en otra ambiciosa empresa: la reconquista de los territorios del Mediterráneo occidental, que desde hacía un siglo estaban gobernados por pueblos germánicos como los ostrogodos en Italia, los visigodos y suevos en la península Ibérica y los vándalos en el norte de África. 

El sueño de Justiniano era la renovatio Imperii, la restauración del antiguo esplendor del Imperio romano. Y en este ambicioso proyecto, el emperador tuvo como brazo armado y principal instrumento a su general Belisario.

Pero antes, Justiniano tuvo que enfrentarse a un serio problema en la capital. 

Los nuevos impuestos que debían financiar la campaña habían alterado los ánimos de la voluble población de Constantinopla, y durante una carrera de carros en el hipódromo se produjo un grave altercado entre los seguidores de los equipos que contendían: los Azules y los Verdes, llamados así por el color de su indumentaria. 

Cuando el monarca intentó apaciguar los ánimos, ambas facciones hicieron causa común y estalló una revuelta civil al grito de nika, «victoria». La sedición se extendió por toda la ciudad y se quemaron edificios públicos e iglesias; los sublevados llegaron a proclamar un nuevo emperador: Hipacio. 

Carrera de cuadrigas en el circo. Ettore Forti. 1897. Foto: PD

En este punto, Justiniano ya se preparaba para huir cuando Teodora le espetó la célebre frase que le atribuye el historiador Procopio: «La púrpura [la tela roja reservada al soberano] es la mejor de las mortajas», lo que equivalía a una exhortación a defender el trono hasta la muerte. 

El emperador decidió sobornar a los Azules y enviar a sus generales Belisario y Mundo contra los Verdes, reunidos en el circo. Allí murieron treinta mil personas, y el usurpador Hipacio fue ejecutado. 

BELISARIO, VENCEDOR DE LOS VÁNDALOS

Gracias a esta reacción rápida y brutal, Justiniano salvó la corona y pudo emprender la reconquista del perdido Imperio de Occidente. 

En 533, Belisario marchó a África con un ejército de 15.000 hombres para combatir a los vándalos. Desembarcó cerca de Tapso (en la actual Tunica), donde se encontró con las tropas del rey Gelimero en un lugar llamado Ad decimum.

Los vándalos habían preparado una emboscada a las tropas imperiales, pero la coordinación brilló por su ausencia y los bizantinos lograron romper la barrera germánica y matar al hermano de Gelimero. 

Este enloqueció, lo que propició la huida de sus tropas; quince días después, Belisario entraba triunfante en Cartago. Ambos ejércitos se encontraron una vez más en Tricamerón, donde el general romano infligió otra derrota aplastante a sus enemigos y obtuvo la rendición de su rey. 

Ruinas de Cartago, en Túnez.Foto: iStock

En apenas unos meses, Belisario había acabado con el reino vándalo de África, que quedaba bajo la soberanía de Bizancio. Por ello, a su regreso a Constantinopla, con Gelimero cargado de cadenas y un ingente botín, pudo desfilar por las calles de la capital en el último «triunfo» oficial de la historia romana; pero lo hizo a pie, y no en un carro como los antiguos comandantes. Al llegar al palacio imperial, Belisario y Gelimero se postraron ante Justiniano, reconociendo que toda la gloria correspondía al emperador.

EL HÉROE DE ITALIA

Dos años después, Belisario emprendió una campaña contra el reino ostrogodo de Italia, regido por Teodato. 

Primero conquistó Sicilia, que lo recibió como libertador y estandarte de la romanidad, una acogida que se repitió en el sur de la península Itálica. Nápoles, sin embargo, opuso una tenaz resistencia al general, quien entró en la ciudad a través de un acueducto fuera de servicio. 

Después avanzó sobre Roma, cuya plebe le abrió las puertas ante una impotente guarnición goda.

La resistencia ostrogoda se reanimó bajo el mando de Vitiges, el sucesor de Teodato, que entre 537 y 538 asedió Roma. Aunque la defensa de la ciudad por Belisario le obligó a levantar el sitio, Vitiges no se rindió y siguió frenando como pudo el avance de las tropas bizantinas. 

En este empeño se benefició de las constantes disputas que el general romano mantenía con el eunuco Narsés, enviado también por Justiniano a Italia. 

Finalmente, Vitiges se vio cercado en Ravena y, en su desesperación, ofreció a Belisario la corona a cambio de su vida. El general simuló aceptar el trato sólo para entrar en la ciudad y entregarla a sus soldados. Y, del mismo modo que había hecho con Gelimero, envió al rey ostrogodo y su tesoro a Justiniano.

Belisario, caído en desgracia, es reconocido por uno de sus hombres. Óleo por François-André Vincent. 1776. Museo Fabre, Montpellier. Foto: PD

Pero cuando Belisario regresó a la capital del Imperio no encontró la misma recepción entusiasta que en la ocasión anterior. 

Justiniano empezaba a sentir celos de su victorioso general, e incluso a sospechar de que conspiraba contra él. El emperador decidió alejarlo de la corte y destinarlo de nuevo a Oriente, donde los persas habían vuelto a asolar Siria. Justo entonces, la epidemia de peste que afectaba al Imperio golpeó al soberano y lo puso al borde de la muerte; cuando se recuperó, se acusó a Belisario de conspirar para usurpar la púrpura.

LA CAÍDA EN DESGRACIA DE BELISARIO

La reacción de Justiniano supuso la confiscación de todos los bienes del general e incluso el sorteo de su preciada guardia personal, los bucelarios. 

A pesar de todo, Belisario fue enviado a Italia en 544, donde hizo frente durante cuatro años a un nuevo rey ostrogodo, Totila, que había recuperado buena parte de las conquistas bizantinas. 

Pero las intrigas de su antiguo rival en Constantinopla, el octogenario Narsés, le hicieron perder definitivamente el favor de Justiniano. Éste no proporcionó a Belisario tropas suficientes para la empresa y, al final, lo sustituyó por Narsés.

Totila destruye la ciudad de Florencia. Miniatura. Foto: PD

A su regreso, Belisario desempeñó varios cargos cortesanos, retirado de la vida militar. Pero cuando en 559 una horda de búlgaros se presentó ante Constantinopla, la presión popular forzó a Justiniano a reclamar de nuevo a Belisario

Viejo zorro, el general, con la guardia imperial y apenas trescientos veteranos, simuló que disponía de un gran ejército y tendió una emboscada a la vanguardia bárbara, que, en su huida, arrastró al resto del contingente búlgaro. Belisario había librado su última batalla.

Pero el emperador todavía le asestó una nueva humillación y lo hizo arrestar en su casa, acusado otra vez de deslealtad. 

Fue perdonado y vivió apartado de la política y del campo de batalla hasta que murió el 13 de marzo de 565, sólo seis meses antes que el más ingrato de los emperadores bizantinos.

Imagen de portada: Mosaico de San Vital de Ravena. En el centro, el emperador Justiniano I, y a su derecha, el general Belisario. Foto: Erce (CC BY-SA 3.0)

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic. Por Pere Maymó i Capdevila. Actualizado el 2 de febrero 2023.

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