Qué fue la Masacre de Napalpí y por qué la justicia argentina realiza un juicio tras casi 100 años.

En Argentina comenzó esta semana un juicio sin precedentes en ese país. Lo encabeza una jueza federal, hay fiscales, pruebas y testigos. Pero no hay acusados, porque todos han muerto.

Se trata del primer «juicio por la verdad», un proceso penal que juzgará una de las mayores matanzas cometidas contra pueblos originarios en este país sudamericano: la llamada Masacre de Napalpí, ocurrida hace casi un siglo.

El juicio, instigado por la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía Federal de Resistencia, capital de la provincia de Chaco, en el noreste argentino, busca determinar los hechos detrás de la matanza de más de 400 indígenas moqoit (o mocoví) y qom en ese territorio a manos de agentes estatales, en 1924.

La jueza federal de Resistencia Zunilda Niremperger ordenó que se realizara el inusual proceso tras determinar que «los hechos objeto de investigación exhiben características que permiten su inclusión dentro de la categoría de delitos de lesa humanidad, cuya imprescriptibilidad posibilita que a pesar del tiempo transcurrido se pueda investigar».

«La búsqueda efectiva de la verdad resulta relevante no solo en términos de memoria colectiva, sino que puede operar favorablemente en el terreno de la reparación histórica y simbólica hacia las comunidades que habrían sido damnificadas directamente con tales hechos», argumentó la magistrada.

El Ministerio Público Fiscal de Argentina indicó que será «un procedimiento encaminado a la averiguación de la verdad, similar a los tramitados durante la década del ’90 en diferentes jurisdicciones para investigar los crímenes de la última dictadura cuando estaban vigentes los efectos de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida» que impedían juzgar a los represores.

El «juicio por la verdad» comenzó en la Casa de las Culturas de Resistencia el 19 de abril, fecha en la que se conmemoró el Día del Aborigen Americano en este país.

Streaming del juicio

FUENTE DE LA IMAGEN – PODER JUDICIAL DE LA NACIÓN. Las audiencias del juicio son públicas y son trasmitidas via streaming por el canal del Poder Judicial de la Nación.

El proceso incluye audiencias en el interior de la provincia, donde actualmente viven descendientes de las víctimas de la masacre, y en la ciudad de Buenos Aires, en el Centro Cultural de la Memoria, ubicado en la ex Escuela Mecánica de la Armada (ESMA), el más conocido centro clandestino de detención durante el último régimen militar.

La Secretaría de Derechos Humanos de la Nación destacó que se trata del «primer juicio de la historia argentina que investigará una masacre contra pueblos indígenas».

¿Qué pasó?

Los registros históricos y la investigación de la Fiscalía permitieron reconstruir los hechos ocurridos el 19 de julio de 1924, cuando cientos de hombres, mujeres, niños y ancianos de las comunidades indígenas moqoit y qom fueron asesinados por policías, gendarmes y terratenientes de la zona.

Todo ocurrió en la llamada Reducción Aborigen de Napalpí -hoy llamada Colonia Aborigen-, a unos 150 km de Resistencia. Las reducciones eran sitios creados por el Estado para concentrar a las poblaciones indígenas y poder explotarlas como mano de obra barata.

Mapa de Napalpí, en Chaco, Argentina

Las familias que vivían en Napalpí subsistían recolectando algodón, en condiciones casi esclavas.

Cuando un grupo de trabajadores decidió declararse en huelga para reclamar una justa retribución o la posibilidad de salir del territorio para trabajar en otros ingenios, el gobernador chaqueño, Fernando Centeno, envió a las fuerzas de seguridad a reprimirlos.

Unos 130 hombres rodearon la reducción y masacraron a sus pobladores, que estaban desarmados.

De acuerdo con los relevamientos de diferentes historiadores recabados por la fiscalía, durante 45 minutos los agentes descargaron más de 5.000 balas de fusil sobre la población de Napalpí.

En el operativo también se utilizó un avión que, según el testimonio de algunos de los descendientes de la comunidad, lanzó alimentos para atraer a quienes estaban en el monte y poder masacrarlos.

Una foto de ese avión tomada por el etnólogo alemán Roberto Lehmann-Nitsche, un experto en las comunidades indígenas argentinas, forma parte del expediente del caso.

Foto del avión tomada por el etnólogo alemán Roberto Lehmann-Nitsche

FUENTE DE LA IMAGEN – ROBERTO LEHMANN-NITSCHE. Foto del avión tomada por el etnólogo alemán Roberto Lehmann-Nitsche.

Muchas de las víctimas fueron enterradas en fosas comunes luego de ser mutiladas para obtener «trofeos», como testículos, pechos y orejas.

Pero la matanza no terminó allí. Los sobrevivientes fueron perseguidos y «cazados» en los montes y los heridos fueron asesinados a machetazos.

En total se estima que más de 400 personas murieron ese día.

Y unos 40 niños que habían logrado escapar fueron entregados como sirvientes en las localidades cercanas o murieron en el camino.

Ana Noriega, de la Fundación Napalpí, dijo a BBC Mundo que entre el 70% y el 80% de la población de la Reducción Napalpí fue masacrada.

Quienes lograron sobrevivir debieron esconderse de las autoridades que buscaban eliminar todo indicio de lo que habían hecho, para poder negar lo ocurrido.

Según la versión oficial, lo que ocurrió fue un enfrentamiento entre aborígenes que debió ser sofocado por la policía, relato que reflejó la prensa de la época.

Sin embargo, las historias que los sobrevivientes contaron a sus descendientes sobre ese día resultarían clave para que ahora, 98 años más tarde, se esté juzgando ese etnocidio.

Memoria oral

Fue el historiador qom Juan Chico quien, a partir de los relatos de su abuela, Saturnina, empezó a investigar los hechos y recolectó testimonios y evidencias que eventualmente publicaría en su libro «La voz de la sangre «, que permitió empezar a romper el silencio histórico sobre lo ocurrido, a comienzos de este siglo.

El testimonio grabado de Chico, quien falleció en 2021 a los 42 años a causa del covid, se escuchó en la apertura de las audiencias el 19 de abril.

Juan Chico (derecha) durante la grabación del testimonio de Rosa Grilo.

FUENTE DE LA IMAGEN – UNIDAD FISCAL DE DERECHOS HUMANOS DE RESISTENCIA. Juan Chico (derecha) durante la grabación del testimonio de Rosa Grilo.

También se oyó el registro audiovisual de dos de los últimos sobrevivientes de la masacre, los centenarios Pedro Balquinta y Rosa Grilo, quienes declararon antes los fiscales en 2014 y 2018, respectivamente.

«Es muy triste para mí porque mataron a mi papá y casi no me quiero acordar, me hace doler el corazón», dijo al comenzar su declaración Grilo, la última víctima que brindó su testimonio.

En una próxima audiencia que se realizará el 3 de mayo en la Casa de las Culturas de Machagai, municipio en el que está ubicado la localidad de Napalpí, declararán los descendientes de los sobrevivientes de la masacre.

Noriega, de la Fundación Napalpí -fundada por Chico-, resaltó que «es la primera vez que la memoria oral de los pueblos, lo que se transmite de generación en generación, va a tener la misma validez que la palabra de los académicos y expertos. Eso es muy importante».

«Este juicio va a empoderar a las personas, avalar su historia, lo que ellos han escuchado muchas veces, pero siempre fue desmentido por los medios de comunicación y el Estado del momento».

Por su parte, la jueza Niremperger señaló en la apertura del juicio que el mismo no solo busca «calmar las heridas» y «reparar» el daño del pasado.

También es un mensaje para las generaciones presentes y futuras.

«Tiene una finalidad que es activar la memoria y generar conciencia colectiva de que las graves violaciones a derechos humanos no deben volver a repetirse».

Imagen de portada:ROBERTO LEHMANN-NITSCHE. Entre el 70% y el 80% de los pobladores de la Reducción Aborigen de Napalpí fueron asesinados el 19 de julio de 1924.

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo, Argentina. Por Veronica Smink. Abril 2022

Historia/América Latina/Argentina/Genocidio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El amor por una dulce enamorada hace que un hombre vuelva a ser hombre”: las cartas y poemas de amor de Karl Marx, un revolucionario romántico.

Karl Marx en 1875, retratado por John Jabez Edwin Mayall. Fuente y color: Olga Shirnina (Flickr)

Karl Marx en 1875, retratado por John Jabez Edwin Mayall. Fuente y color: Olga Shirnina (Flickr).

Los retratos de la época y la solemnidad que abraza su legado han contribuido a que la imagen más difundida de Marx sea la de un hombre de semblante serio y recatado. 

Pero esa concepción dista bastante de los registros epistolares y literarios que escribía para Jenny, su esposa, quien fue mucho más que una mera espectadora de la obra de su marido. 

Por el contrario, su rol militante e intelectual fue imprescindible para la concepción de textos como El manifiesto comunista y El capital. Aquí, los detalles de un amor revolucionario que gestó las bases del movimiento proletario y sacó la faceta más amartelada de Karl Marx, que hoy cumpliría 204 años.

Te escribo de nuevo porque estoy solo y porque se siente extraño hablar contigo en mi cabeza todo el tiempo sin que lo sepas o me escuches o seas capaz de responderme. Con todos sus defectos, tu retrato cumple su propósito lo suficientemente bien, y ahora entiendo cómo incluso los retratos menos agraciados de la madre de Dios, las ‘Madonas Negras’, pueden tener devotos admiradores. De hecho, tienen más admiradores que los buenos retratos. De cualquier forma, ninguna de estas ‘Madonas Negras’ ha sido tan besada y observada y adorada como tu fotografía, la que, si bien no es negra, tiene una expresión de fastidio que no refleja de manera alguna tu semblante querido, adorable besable y dulce”.

Con esas palabras, Karl Marx, filósofo y economista alemán, trazaba las primeras líneas de una carta fechada el 21 de junio de 1856. La epístola, enviada desde Manchester, va dirigida a Johanna von Westphalen, la brillante mujer aristócrata que abandonó sus comodidades para formar parte de la lucha por la liberación de la clase obrera. Jenny, como le decían sus cercanos, fue la compañera y gran amor de Marx, con quien estuvo casada desde octubre de 1846.

Karl Marx y su esposa, Jenny von Westphalen.

En la misiva, el autor de El capital incluso incorpora algunas analogías teóricas para expresar sus sentimientos: “Las personas falsas y malas interpretan el mundo falsa y malamente. 

¿Quién de mis muchos calumniadores y enemigos de lengua venenosa me ha reprochado alguna vez por representar al héroe romántico en un teatro de segunda clase? Y, sin embargo, es cierto. 

Si los rufianes tuvieran algo de inteligencia, habrían puesto de un lado las ‘relaciones sociales y productivas’ y del otro a mí, a tus pies (…) El amor, no por el hombre de Feuerbach ni por el metabolismo de Moleschott, ni por el proletariado, sino el amor por una dulce enamorada y en especial por ti, hacen que un hombre vuelva a ser hombre”.

Públicamente, la figura de Marx estaba asociada a la de un hombre frío, serio, de carácter fuerte y siempre tajante con sus enemigos intelectuales. 

En cambio, sus cercanos lo definían como alguien divertido, solidario y lleno de vitalidad, aún en los peores momentos de su vida, marcada por el exilio, la pobreza y la muerte de cuatro hijos. Eleonor, la menor de sus descendientes, afirmaba que “no hay leyenda más graciosa que la que pinta a Marx como persona dura, sombría e intratable”.

Sin embargo, es en la revisión del intercambio epistolar con su esposa donde se puede encontrar la faceta más íntima y apacible de uno de los intelectuales más relevantes del siglo XX. 

En la carta escrita en 1856, la separación espacial entre ambos es lo que motiva una extensa y sentida reafirmación amorosa. “Mi amor por ti, apenas estás lejos de mí, se aparece como todo lo que es: un gigante, y en él están puestos todo el vigor de mi mente y todo el ardor de mi corazón. Me siento nuevamente como un hombre porque siento una pasión intensa”.

Von Westphalen fue el amor de su vida. Se conocieron en la infancia y forjaron una relación de amistad durante su juventud, unidos por su mutua pasión hacia la literatura. Comenzaron su noviazgo en el verano de 1835, que con el tiempo se tradujo en una relación de 46 años que sólo pudo ser interrumpida por la muerte.

Pero la relación entre ambos desbordaba con creces los límites maritales. Jenny fue más que una esposa, y por sobre todo, mucho más que una mera musa inspiradora.

Una historia de amor y complicidad intelectual

Sus orígenes eran bastante distintos. Marx provenía de una familia judía-alemana de clase media, mientras que Jenny era descendiente de la aristocracia prusiana. Sus padres eran un barón y una baronesa; su abuelo fue jefe del gabinete “de facto” del duque Fernando de Brunswick durante la guerra de los siete años, y su abuela paterna era una noble escocesa ligada directamente a la casa de Estuardo.

A pesar de su acomodada situación socioeconómica, desde muy joven mostró afinidad con el romanticismo alemán y el socialismo francés. Incluso simpatizó activamente con las protestas populares que en 1832 culminaron en el Festival de Hambach, donde campesinos, estudiantes y liberales intelectuales se manifestaron por la unidad de Alemania.

Retrato de Jenny von Westphalen, intelectual comunista y esposa de Karl Marx

Retratos de Jenny von Westphalen, intelectual comunista y esposa de Karl Marx.

Nunca encajó en el mundo de la nobleza ni con los ideales propios de su estrato social. Quizás por eso no consideró a ninguno de sus pretendientes de la alta alcurnia. Por el contrario, encontró el amor en un antiguo y corriente conocido de la infancia.

Aunque Von Westphalen y Marx solían toparse bastante seguido cuando eran niños, su cercanía como tal surgió durante la adolescencia, cuando Karl era compañero y amigo de uno de los hermanos de Jenny. Entre pláticas literarias y afinidades políticas, los jóvenes dieron marcha a un noviazgo que fue en contra de todas las convenciones sociales de la época: el joven no gozaba de estabilidad económica y mucho menos de títulos nobiliarios. Aun así, pasó sólo un año para que se comprometieran en 1836 y se casaran en junio de 1843.

Por esa época, Jenny también dejó sus sentimientos consignados en cartas enviadas a su prometido. En una de ellas, redactada en 1839, le escribe: “Se apodera de mí un sentimiento tan raro cuando pienso en ti y no creo que sea en momentos aislados u ocasiones especiales; no, toda mi vida y mi ser no son más que un gran pensamiento en torno tuyo”.

Jenny, una pensadora con peso propio

Con el tiempo, la historia ha reconocido cada vez más el rol que Jenny Marx desempeñó en la producción teórica de su esposo. Uno de sus aportes más difundidos tiene que ver con sus labores de transcriptora. La letra del filósofo era casi ilegible, y Jenny era de las pocas –sino la única– que lograba descifrar lo que decían sus textos.

Así, debió traducir y ordenar escritos de gran importancia como El capital para que pudieran ser enviados y publicados por las editoriales y periódicos. Y aunque fue una tarea vital para la difusión de los principios marxistas, no fue su única ocupación.

Manuscrito redactado en puño y letra por Karl Marx

Manuscrito redactado en puño y letra por Karl Marx

Jenny fue parte activa en la germinación de las ideas que luego quedaron plasmadas en los textos redactados por Marx. Justamente, fueron sus discusiones políticas y filosóficas las que dieron forma a tratados tan relevantes como el Manifiesto comunista (coescrito con Friedrich Engels), aunque su crédito formal en la obra marxista quedó eclipsado por el reconocimiento a su esposo.

Sin embargo, también hubo momentos en que puso los puntos sobre las íes, dejando claro su descontento en situaciones en que sintió que su trabajo no era debidamente apreciado, aunque siempre manteniendo el toque de ironía que caracterizaba su erudita personalidad.

Cuando Marx se graduó como doctor en filosofía con una tesis sobre Demócrito y Epicuro, Jenny le escribió: “Qué contenta estoy de que estés feliz, de que mi carta te haya alegrado (…) y de que estés tomando champaña en Colonia y que haya clubs hegelianos. Pero, a pesar de todo eso, hay algo que falta: podrías haber reconocido un poco mis conocimientos del griego y dedicado unas líneas laudatorias a mi erudición. Pero es típico de ustedes, caballeros hegelianos, no reconocen nada, aunque sea de excelencia, si no concuerda exactamente con su punto de vista, así que debo ser modesta y descansar en mis propios laureles”.

Jenny von Westphalen, intelectual comunista y esposa de Karl Marx

Jenny von Westphalen, intelectual comunista y esposa de Karl Marx.

En su faceta militante fue igual de destacada. Su nombre fue el primero en integrar la Liga de los Comunistas, organización revolucionaria nacida en Londres y de la cual nació el Manifiesto comunista. 

Además, ofició como organizadora de múltiples e importantes reuniones políticas e intelectuales, integró la Unión de Trabajadores Alemanes y el Comité de Correspondencia Comunista, acogió a refugiados y viajó para recolectar fondos que contribuyeran a la causa revolucionaria.

Fredrick Lessner, un sastre alemán que fue miembro de la Liga Comunista, visitó varias veces el hogar matrimonial. De Jenny von Westphalen consignó que “mostraba un enorme entusiasmo por la causa obrera y cualquier éxito, incluso más ínfimo, en la lucha contra la burguesía, le causaba la máxima satisfacción y alegría”.

Por supuesto que también fue autora de una serie de ensayos que versaban mayoritariamente sobre crítica cultural. Asimismo, redactó una pequeña autobiografía titulada Breve esbozo de una vida agitada. Todo esto, sin contar sus labores hogareñas como madre de siete hijos y principal administradora de la economía familiar.

Un matrimonio con altos y bajos

No existen registros que consignen un quiebre en la alianza amorosa entre Jenny y Karl. Pero eso no significa que su relación no haya sabido de momentos más que complejos. Entre el exilio y la persecución policial, fueron muy pocos los momentos en que vivieron con relativa estabilidad.

Varias veces estuvieron al borde de sufrir el embargo de sus pertenencias, y en más de una ocasión les tocó vender sus artículos personales para solventar algunos gastos familiares.

En una carta dirigida al militar y periodista Joseph Weydemeyer, la lideresa comunista le narra una serie de sucesos desgraciados que ocurrieron en tan solo un día de su vida: “Puesto que las amas de leche son prohibitivas aquí, decidí, a pesar de constantes y terribles dolores de pecho y espalda, alimentar yo misma a mi hijo. Pero el pobre angelito mamaba de mí tantas preocupaciones y disgustos silenciosos, que se hallaba constantemente enfermo, padeciendo dolores día y noche (…) Últimamente se sumaron aún a ello violentos espasmos, de modo que el niño fluctuaba constantemente entre la muerte y una vida mísera. Presa de esos dolores, mamaba con tal fuerza que mi pecho quedó lastimado y agrietado; a menudo la sangre manaba dentro de su trémula boquita”.

En ese contexto, Jenny le comenta que su casera se acercó al hogar para cobrar el dinero del arriendo, a pesar de que ya habían pactado otras condiciones de pago. Sin escuchar razones, la mujer “negó el contrato, exigió las 5 libras que aún le adeudamos, y puesto que no disponíamos de las mismas en el acto (…) entraron dos embargadores en la casa, trabaron embargo sobre todas mis pequeñas pertenencias, las camas, la ropa, los vestidos, todo, hasta la cuna de mi pobre niño, los mejores juguetes de las niñas, quienes se hallaban arrasadas en ardientes lágrimas. Amenazaron con llevárselo todo en un plazo de dos horas; yo yacía en el suelo, con mis hijos ateridos de frío y mi pecho dolorido”.

Además de las constantes penurias económicas que llevaron al matrimonio a vivir la mayor parte de su vida en condiciones de pobreza, también sufrieron la pérdida traumática de cuatro de sus siete hijos, todos muertos en sus primeros años de vida.

Hubo otro evento que igualmente se asocia a su estabilidad familiar, aunque no hay pruebas sobre una mayor repercusión en la relación marital. Mientras su esposa se encontraba de viaje, Marx mantuvo una relación extramarital con Helene Demuth, la ama de llaves de la familia, que tuvo como resultado el nacimiento de un hijo ilegítimo.

En esos tiempos, Demuth oficiaba como empleada doméstica de los Von Westphalen. Cuando Jenny y Karl se casaron, fue enviada por los padres de la novia para que apoyara a su hija en los quehaceres hogareños, y pronto se transformó en una íntima amiga de la familia Marx.

Se cree que el hijo fue reconocido por Engels, que siempre fue un apoyo incondicional para la familia, incluso en el plano económico. También se dice que las hijas de Marx se enteraron de la situación en el lecho de muerte del amigo de su padre. Lo que sí se sabe es que Frederick –nombre del niño– fue adoptado y criado por una familia de obreros, y que siguió la misma línea de pensamiento que su padre. Fue uno de los fundadores del Partido Laborista de Hackney, e incluso se convirtió en un buen amigo de la familia cuando conoció a su hermana Eleonor Marx varios años después de la muerte de su progenitor.

El poemario de Marx

Durante su juventud, el autor de La cuestión judía tuvo una breve etapa de producción literaria, bastante menos reconocida que su faceta como teórico comunista.

En 1837 su compromiso con Jenny era reciente, y todo el amor que experimentaba debía ser condensado de una u otra forma. Por esos días, el joven Marx le dedicó a su enamorada un compendio de versos que muchas décadas después formarían parte de un libro bautizado simplemente como Poemas, que recopila la poesía escrita por el filósofo entre 1836 y 1840, en su época como estudiante de derecho y filosofía en la universidad de Berlín.

Uno de ellos, titulado A Jenny, versa así: “¡Mira!, podría llenar un millar de volúmenes/ escribiendo sin más «Jenny» en cada línea, / e incluso éstas podrían encubrir todo un mundo de pensamiento, / un hecho eterno y una inmutable voluntad”.

karl marx

En otro de sus escritos dejaba aún más claro el impacto que el amor causó en la vida de un joven universitario enamorado: ¡Ah, resulta inútil hablar, / estúpido es comenzar! / Pero miro en tus ojos brillantes, / más profundos que el suelo del cielo, / más claros que la luz del sol, / y entonces la respuesta me es dada”.

Todos los sentimientos plasmados durante sus primeros años de noviazgo se perciben inmutables en la carta del 21 de junio de 1856. En un fragmento, Marx incluso hace referencia a la cantidad de poesía que su amor por Jenny podía inspirar.

“Como no puedo besarte con mis labios, debo besarte con mi lengua y darle forma de palabras. Podría, incluso, darle forma de versos, un Libro de las penas alemán parecido al Libri Tristium de Oviedo. A él, sin embargo, solo lo había exiliado el emperador Augusto; yo estoy exiliado de ti, y eso es algo que Ovidio no podría entender”, le expresa el escritor.

Con todos sus matices, la relación entre ambos resulta fundamental a la hora de contextualizar la producción de Marx, que sólo pudo soportar la dureza de la vida mientras tuvo a Jenny a su lado.

En 1881, Jenny von Westphalen falleció luego varios meses aquejada por un cáncer hepático. En su funeral, Engels expresó que “los aportes de esta mujer, con tan aguda inteligencia crítica, con tal tacto político, un personaje de tanta energía y pasión, con tanta dedicación a sus compañeros de lucha, su contribución al movimiento durante casi cuarenta años, no es de público conocimiento; no está inscrito en los anales de la prensa contemporánea. Es algo que uno debe haber experimentado de primera mano”.

Marx moriría dos años después, sumido en una profunda depresión que lo llevó a desarrollar una pleuresía fulminante. El mismo Engels concluyó que la muerte de su entrañable amigo fue causada principalmente por la tristeza.

La pasión, compañerismo y complicidad intelectual del matrimonio Marx es un factor crucial en la obra marxista. La figura de Jenny fue imprescindible para fomentar el desarrollo intelectual de su esposo, que pronto se traduciría en los principios de una de las corrientes de pensamiento más relevantes de la historia. El amor revolucionario que los unió ha sido fuente de inspiración de múltiples obras, desde libros como Amor y Capital, Karl y Jenny Marx y el nacimiento de una Revolución de Mary Gabriel, e incluso canciones como Chica de oro, de la banda argentina El Mató a un Policía Motorizado.

Imagen de Portada: Karl Marx (Archivo)

FUENTE RESPONSABLE: La Tercera. Chile. Por Catalina Araya.Mayo 2022

Sociedad y Cultura/Historia/Literatura/Karl Mark

 

 

 

 

 

 

 

MK-Ultra: el oscuro legado del programa secreto de la CIA destinado a encontrar formas de control mental.

Hace 45 años, la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) fue forzada a publicar documentos que confirmaron lo que algunos ya sospechaban: había financiado experimentos de control mental, utilizando descargas eléctricas, drogas alucinógenas y otras terribles técnicas, a menudo sin el conocimiento de las víctimas.

Por la naturaleza de los abusos cometidos, los afectados sólo empezaron a entender qué había sucedido décadas después, y el oscuro legado del ultrasecreto programa conocido como MK-Ultra sigue vigente.

Todo comenzó a principios de la década de 1950, con la Guerra Fría en pleno apogeo.

Cuando algunos prisioneros de guerra liberados en Corea regresaron a casa defendiendo la causa comunista, la comunidad de inteligencia de EE.UU. se alarmó.

Aterrorizada de que los soviéticos y los chinos hubieran desarrollado técnicas de control mental, y de que sus agentes o los prisioneros de guerra pudieran revelar información, la recién formada CIA asignó US$25 millones para experimentos psiquiátricos en seres humanos.

«La idea era tratar de descubrir cómo interrogar a las personas y debilitarlas, y también cómo proteger a su personal de esas técnicas», le explicó a BBC Witness el psiquiatra Harvey M. Weinstein, autor de «Padre, hijo y la CIA».

La agencia utilizó organizaciones como fachada para acercarse a más de 80 instituciones y científicos en EE.UU., Reino Unido y Canadá.

«Fue el programa más secreto jamás conducido por la CIA en EE.UU.», le dijo el autor e historiador Tom O’neill a BBC Reel.

«Pacientes en hospitales psiquiátricos, presos en instituciones federales e incluso las personas del público recibieron drogas y fueron parte de experimentos sin su conocimiento o consentimiento».

Acid Test

Los proyectos iniciales de MK-Ultra incluyeron la Operación Midnight Climax.

Perfil psicodélico

GETTY IMAGES. Las «pruebas de ácido» dejaron secuelas buenas y terribles.

«Establecieron lo que llamaban casas de seguridad, donde prostitutas llevaban hombres a los que, sin advertirles, les daban LSD para que los científicos de la CIA pudieran estudiarlos, generalmente detrás de un espejo bidireccional».

Otra práctica común era organizar y observar fiestas inducidas por LSD con música en vivo.

Esas fiestas se llamaban «pruebas de ácido» y la cultura que surgió de ellas jugó un papel clave en el desarrollo de los movimientos hippies y psicodélicos unos años más tarde.

Pero algunos de los experimentos más nocivos ocurrieron en el Allan Memorial Institute en Montreal, un hospital psiquiátrico de Canadá, donde las mentes de un número aún desconocido de pacientes fueron sistemáticamente destruidas.

El Allan

El hospital, conocido como «el Allan», estaba bajo la dirección del escocés-estadounidense Donald Ewen Cameron, quien era considerado como uno de los psiquiatras más eminentes del mundo.

Donald Ewen Cameron

Cameron fue presidente de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (1952-1953 y en 1963), Asociación Canadiense de Psiquiatría (1958-1959), Sociedad de Psiquiatría Biológica (1965)[4] y Asociación Mundial de Psiquiatría (1961-1966).

Es por eso que Lou, el padre del psiquiatra Harvey Weinstein, quiso que fuera él quien lo tratara cuando comenzó a sufrir ataques de pánico.

«Pasaron cosas terribles, y hasta que salieron a la luz los documentos del MK-Ultra, nunca había podido entender la transformación que sufrió».

Lou era un hombre sociable a quien le encantaba cantar y dirigía un negocio.

Emergió del Allan como una sombra; su vida y su familia destruidas.

No fue el único… fueron cientos.

«Tenía problemas con mis padres -recuerda Lana Ponting-, y decidieron internarme en el Allan. No tenían idea de lo que pasaba allí.

«Yo tenía 16 años».

«Cuando mi familia volvió a recogerme, parecía un zombi. Ni siquiera sabía quiénes eran».

Allan Memorial Institute

El Allan, la mansión gótica con vistas a Montreal, donde Cameron dirigía su instituto.

La enfermera Esther Schrier fue ingresada al Allan embarazada pues sentía pánico de perder su bebé tras la muerte de un hijo. Su tratamiento terminó sólo cuando estaba a un mes de dar a luz.

Años más tarde, recordó en una entrevista de la BBC de Escocia, cuán perdida salió.

«Tenía un nuevo bebé y no sabía qué hacer con él. Una niñera me ayudaba pero, para que te des una idea, esto es un pequeño ejemplo de lo que me escribió en un cuaderno antes de tomarse un día libre: ‘Cuando escuches llorar al bebé, ve a la habitación. Recoge al bebé’… y explica paso a paso cómo alimentarlo.

«Fue muy aterrador».

El doctor Cameron

La CIA se había acercado a Cameron tres años después de lanzar MK-Ultra, a través de la Sociedad para la Investigación de la Ecología Humana, una de sus organizaciones fachada a través de la cual canalizaban dinero.

Lo alentó a solicitar una subvención, y, desde enero de 1957 hasta septiembre de 1960, la agencia le entregó al psiquiatra US$60.000 dólares, equivalente a unos US$600.000 en la actualidad.

Letrero diciendo: "CIA próxima a la izquierda" en carretera

La CIA fue creada en 1947.

Cameron era un destacado defensor de un nuevo enfoque científico del cerebro, según el cual la mente era como una computadora, que se podía reprogramar borrando memorias y reconstruyendo la psique por completo.

Para ello, había que reducir a los pacientes a un estado psicológico infantil en el que los médicos podían aprovechar la vulnerabilidad cognitiva de la persona.

Al empezar de cero, se podía reestructurar la mente y plantar ideas en la memoria de un individuo sin que éste se diera cuenta de que no eran originales.

El método

A los pacientes que llegaban al instituto por problemas menores, como trastornos de ansiedad o depresión posparto, los ingresaban al «dormitorio», donde se les inducía un coma químico durante días o meses.

Luego, eran «desestructurados» mediante terapia electroconvulsiva de una potencia y frecuencia más alta que jamás antes, para reducirlos a un «estado vegetal, del cual se recuperarían a un estado mental más saludable», según la teoría de Cameron.

Chica a punto de recibir electroshock

Cameron experimentó con terapia electroconvulsiva a 30 o 40 veces la potencia normal.

«Mi padre recibió 54 tratamientos de electrochoque de alto voltaje seguidos de 54 convulsiones de gran mal (pérdida de conciencia y contracciones musculares violentas)», le contó Lana Sowchuk a BBC Reel, cuyo padre era «un hombre sano y atlético de 27 años», que fue al Allan para que le trataran el asma.

«Después de 27 días de electrochoques dijeron que estaban desanimados porque aún tenía vínculos con su vida anterior, pues seguía pidiendo ver a su esposa», relata Julie Tanny, cuyo padre también fue puesto en el programa.

«Decidieron darle más tratamientos de electrochoque y ponerlo a dormir otros 30 días».

Sin su conocimiento o consentimiento, los pacientes fueron tratados a la fuerza con grandes dosis de drogas psicotomiméticas, LSD, PCP y otras.

Como parte de ese régimen de reprogramación que Cameron denominó «conducción psíquica», los obligaban a escuchar mensajes cíclicos grabados a través de auriculares, cascos o altavoces, a veces instalados dentro de la almohada del paciente a los pacientes hasta 20 horas al día, ya sea que estuvieran dormidos o despiertos.

Algunos eran negativos -como «mi madre me odia»-, otros daban instrucciones -«debes portarte mejor»-, y los registros muestran que los repetían hasta medio millón de veces por sesión.

Reporte de un paciente en su 37° día de sueño químico, quien había recibido 15 electroshocks, 2 al día, por resistirse al tratamiento.

Reporte de un paciente en su 37° día de sueño químico, quien había recibido 15 electroshocks y drogas, por resistirse al tratamiento.

La investigación de Cameron también involucró privación sensorial extrema. Suficiente, dice el psiquiatra Harvey Weinstein, para provocar psicosis en cualquiera.

«Mi padre estaba en una especie de celda con sus manos cubiertas, para que no pudiera sentir nada; en la oscuridad, para que no pudiera ver nada; y con un ruido constante, por lo que no podía escuchar nada.

«Básicamente, aislado de toda sensación normal».

Lou Weinstein llegó a estar mantenido en ese estado durante dos meses enteros.

Estado infantil

Harvey tenía 12 años cuando Lou entró por primera vez en el Allan Memorial Institute. Todavía era un adolescente cuando, en 1961, la casa familiar tuvo que ser vendida para pagar las cuentas. Durante ese terrible momento, la familia seguía creyendo que había que seguir el consejo de los médicos.

Pero ese chico que luego se convertiría en psiquiatra terminó perdiendo a su padre.

«Ese hombre dinámico salió como un vegetal. Tenía un síndrome cerebral orgánico severo. Se la pasaba acostado en el sofá, no podía orientarse, su personalidad estaba totalmente destruida, y a veces no sabía dónde estaba».

Documentos de la CIA sobre el proyecto MK-Ultra.

Documentos de la CIA sobre el proyecto MK-Ultra.

Otros pacientes perdieron recuerdos y detalles de su familia inmediata, o experimentaron amnesia permanente.

Muchos regresaron a sus hogares en un «estado infantil» y requirieron capacitación para recuperar la continencia y las habilidades para ir al baño.

Engañados acerca de las intenciones, objetivos y métodos del tratamiento, cargaron con las secuelas por el resto de sus vidas.

Furia

El programa MK-Ultra se redujo en 1964, pero no se detuvo finalmente hasta 1973, cuando algunas de las pruebas de sus actividades fueron sistemáticamente borradas.

«Todo fue descubierto gracias a un periodista llamado John Marks, quien escribió el primer libro (en 1979) sobre el programa, llamado ‘En busca del candidato de Manchuria: La CIA y el control mental'», dice el historiador Tom Oneill.

John Marks y su libro

Marks era un joven periodista cuando obligó a la CIA a entregar las pruebas.

Cuando Harvey leyó una reseña sobre ese libro, su primera reacción fue un alivio. ¡Por fin, había una explicación de lo que había sucedido con su padre!

Pero ese alivio pronto se tornó en ira.

«Rabia contra el médico que había llevado esa ignominia en la Allan. Rabia contra la CIA por experimentar con personas sin su consentimiento. Fue un sentimiento de furia profunda. Y sobre todo después de las Leyes de Nuremberg de 1946».

Y es que, disonantemente, Cameron había sido uno de los psiquiatras invitados a evaluar a los acusados nazis en los Juicios de Nuremberg, donde se declaró por primera vez el Código de Nuremberg para la ética de la investigación en experimentación humana.

En el Juicio de Médicos de los Juicios de Nuremberg, los doctores nazis fueron condenados por «realizar experimentos médicos, sin el consentimiento de los sujetos…».

Cameron

Hay quienes trazan paralelos entre lo que hicieron los nazis y lo que hizo Cameron.

Sin final feliz

Tras la revelación, «hubo audiencias en el Congreso en EE.UU. a mediados de los años 70, y la CIA finalmente admitió que este programa existía, que probablemente no era lo correcto, pero fingieron inocencia», cuenta Oneill.

No obstante, afirma el historiador, «la CIA sabía que estaba rompiendo todas las leyes morales, éticas y legales al hacer estos experimentos».

A pesar de un interés marginal en el tema en la cultura popular, la mayoría de los sobrevivientes sufrieron en silencio, llevándose su trauma a la tumba.

Pero con los documentos liberados, otras víctimas que de los experimentos o de las secuelas en sus seres cercanos, como Harvey, pudieron reconstruir lo acontecido.

«Me presentaron al doctor Cameron y no lo recuerdo en absoluto», le contó a la BBC Linda McDonald, quien fue internada cuando tenía 26 años y sufría de depresión.

«Me diagnosticaron esquizofrenia. Lo descubrí leyendo mi archivo 20 años después. Y me dieron todos esos tratamientos de choque electroconvulsivo y megadosis de drogas y LSD y todo eso.

«No tengo memoria de nada de eso: ni del tiempo en el Allan ni nada de mi vida anterior a eso: todo se fue».

Sobreviviente en campaña

Los afectados están luchando para que se les escuche.

Ahora, algunos sobrevivientes que no han recibido ninguna disculpa formal o compensación, presentaron una demanda colectiva contra las instituciones que consideran responsables.

«Todos estaban detrás de eso. Sabían lo que estaban haciendo. Y lo hacían por razones militares y políticas», denuncia Sowchuk.

«Sigo tomando medicamentos por lo que me sucedió cuando tenía 16 años», dice Ponting. «Quiero que todos sepan lo que pasó en ese horrible, horrible hospital».

Si bien los historiadores y sobrevivientes han expuesto lo que se sabe de lo sucedido al mundo, aún se desconoce mucho sobre su alcance y su impacto más amplio.

Dada la naturaleza altamente sensible de la actividad del programa, es probable que ese siga siendo el caso en los próximos años.

* Partes de este artículo están basadas en MK-Ultra: The CIA ‘s secret pursuit of ‘mind control’de BBC Reel y enCÍA mind control experiments BBC Witness.

Imagen de portada:GETTY IMAGES. Sello oficial de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), 1974.

FUENTE RESPONSABLE: Redacción BBC News Mundo. Mayo 2022

Historia/Política/EE.UU./Ciencia/Salud/Salud Mental

«Cómo podré vivir sin ti». Historia de una amistad: las cartas entre Hannah Arendt y Hilde Fränkel.

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La amistad crea un espacio de comunicación en donde dos o más personas se comprometen a la búsqueda conjunta de la verdad. «La verdad sólo se encuentra entre dos» es la premisa de Nietzsche que Hannah Arendt hace suya, eligiendo entre sus amigos a interlocutores idóneos que sepan llegar sin vértigo a la cima de su pensamiento. De ahí que no sea extraño que la mayoría de sus amigos estén vinculados al mundo de la intelectualidad de una u otra manera. Hay un caso, sin embargo, que se sale de la norma por su carácter extraordinario. Y es justo por la absoluta particularidad del acontecimiento que podría denominarse la amistad perfecta de la que habla Aristóteles en donde el amigo es, en efecto, otro «sí mismo».

Hilde Fränkel no es una intelectual a los ojos de Arendt, pese a la obviedad de haber recibido una formación académica filosófica y teológica en la Universidad de Frankfurt, en donde ambas se conocen a principio de los años 30 del siglo XX. Según Arendt, no puede ser una intelectual porque es una «bohemia», queriendo dar a entender un espíritu que danza libre sin las cadenas de un discurso opresor que imprime sus rigores con métodos de adiestramiento. Devolviendo el halago, Fränkel contesta a su amiga: «Me alegro de que tú no seas tan sólo una intelectual».

La gran fortuna de esta amistad tiene como vértice un no-ser-intelectual que pone al descubierto la atracción incomprensible e irracional de dos personalidades. El concepto de philia, antes de pasar a los asuntos humanos, fue utilizado por los primeros filósofos, los físicos, para referirse a las leyes de atracción que rigen la naturaleza. La amistad se entiende como una fuerza natural que une a las personas de forma inevitable en el movimiento arbitrario del cosmos. En las pocas cartas que atestiguan la estrecha relación entre las dos mujeres, Arendt incide en la importancia de haber encontrado gracias a Fränkel una conexión con esa parte más personal, alejada de las disquisiciones racionales y vinculada a su verdadero ser:

No llego a imaginarme cómo podré vivir sin ti. Como si de repente a alguien, nada más haber aprendido a hablar, se le condenase a callar sobre aquello realmente importante por medio de una inconcebible privación.

Los primeros titubeos de esta amistad extraordinaria no se precipitan en Alemania; y es muy probable que, de no haberse dado el derrumbe de la historia humana, ambas mujeres nunca hubieran mostrado el menor interés en conocerse. El viraje de la subjetividad encuentra su exponente más significativo en la autonomía de un ser forzado a encontrar nuevas formas de comunicarse con la realidad que le rodea. Allí, en el acto de regeneración tras la disolución, das Werden im Vergehen de Hölderlin, dos judías llegan a Nueva York en 1941 y deciden, en plena consciencia de su contingencia, emprender el camino público de una amistad que pronto, muy pronto, desembocará en la senda menos transitada de la intimidad.

De la nueva vida en Estados Unidos se sabe que Fränkel trabaja de secretaria de Paul Tillich, teólogo evangélico alemán de la Universidad de Frankfurt, y se convierte en su amante. También se sabe, porque lo desvela Arendt, que Fränkel tiene una fenomenal disposición para el erotismo. Ella misma se denomina «genio de Eros», haciendo alusión a una fantasía especialmente dotada para el juego sexual. Jugando, imaginando, comparte con Tillich una colección pornográfica que Arendt, desde su condición de «vulgar mortal», califica de un aburrido intento por encontrar imposibles «variaciones de lo mismo».

Las escasas cartas conservadas de las dos amigas son la crónica de un viaje a través de las ruinas. El de Arendt atraviesa los deshechos de una Europa convaleciente de 1949 a 1950. En su cargo de directora de la organización para la Reconstrucción Cultural Judía (JCR), tiene el cometido de recuperar el material cultural robado como motín de guerra durante el nacionalsocialismo para traerlo de vuelta, primero a los Estados Unidos y, finalmente, a Israel. El recuerdo sumergido de Alemania vuelve carta a carta, escombro a escombro. Un país nada excitante, «ni una iniciativa, ni un tono nuevo», tan sólo la monótona letanía de un resentimiento que se afana en reproducir el pasado hasta el último detalle para empezar desde el antes como si nada hubiese sucedido.

El periplo de Fränkel se encuentra marcado por un lento cáncer que devora el cuerpo y las ganas de seguir viviendo. En una batalla que no encuentra razones para mantenerse en la lucha, Fränkel se fuerza a mecanografiar la ingente Teología sistemática del amante como único acto de resistencia. Sola, dopada de morfina para acallar el dolor, trabajar hasta en los momentos de mayor languidecimiento de su enfermedad. Dos obsesiones se reflejan en las cartas enviadas a Arendt: terminar la Teología y tener a la amiga de vuelta antes de morir. Cada día de demora supone para Arendt una traición hacia aquella que le pide que regrese antes de la primavera. A modo de disculpa, las cartas de la politóloga empiezan siempre con el mismo saludo, darling, y se despiden con un mantra que va perdiendo su efecto a fuerza de repetición: «Mi más querida, aguanta, enseguida estoy de vuelta».

Hilde tiene 52 años y va a morir. Arendt es nueve años más joven y está a punto de publicar la obra que le dará reconocimiento, Los orígenes del totalitarismo. El amor es nostalgia de lo que algún día ya no existirá. La excepcionalidad del momento que se agota convierte la amistad en un acontecimiento inigualable, como subraya Arendt:

La felicidad de haberte encontrado es aún más intensa por el hecho de que te estés yendo, porque en ella el dolor está comprendido.

Para Fränkel, por su parte, en esa sensibilidad enardecida del cuerpo hecho pedazos, todo y todos resultan demasiado, también el «oso torpe» de Tillich. Solo la amiga, desde la distancia, sabe darse en su justa medida. En una medida, por otra parte, que no encuentra reemplazo. Nadie es capaz de llegar a la dimensión absoluta de Arendt. Les falta altura:

Hannah, eres la más encantadora del mundo y sabes hacer feliz como nadie. Ayer llegaron tus flores rojas, tan especiales y maravillosas.

No solo rosas, sino prímulas en invierno y frutas olorosas y «estéticas» llegan de parte de la amiga. Arendt es pródiga en esencia y sabe hacerse útil en los tiempos de precariedad. A la amiga de la infancia, Anne Weil, le envía ropa y zapatos nuevos, a su maestro Karl Jaspers, café y viandas que escasean en Europa, y a la mujer de éste, Gertrude Jaspers, aquella blusa que tanto alabó él día que Hannah la llevaba puesta.

En consonancia con los relatos de amistades sublimes, Arendt pierde a su amiga como Michel de Montaigne a su inestimable amigo-hermano, Étienne de La Boétie. Y ninguno de los dos, aunque les preguntasen, acertarían a explicar en qué reside la singularidad de esa amistad incomparable. Arendt, como Montaigne, tan sólo balbuceaba: «Porque ella era ella, porque yo era yo».

Pese a la amenaza del inminente abandono, no hay ningún rasgo de zozobra en el intercambio epistolar entre las amigas, sino la manifestación directa del goce de haberse encontrado. La dimensión erótica y espiritual que exhala esta correspondencia trasciende la dualidad que rige las pulsiones de los hombres con las mujeres y de las mujeres entre sí. El eros de la relación entre las amigas se articula en esa libertad que no atiende a lugares comunes ni a patrones de comportamiento. No hay nada preestablecido, sino aquello que ambas van haciendo lícito en el juego amoroso de la amistad. Y lo permitido, en la práctica del amor, es todo lo posible.

Los arrebatos líricos de tan intensa profundidad emocional no son comparables con ninguna otra correspondencia de Arendt, ni siquiera con las cartas a su marido Heinrich Blücher. Una de las manifestaciones más conmovedoras de esta entrega sin fisuras a la personalidad de la amiga se encuentra en las palabras que Fränkel le dedica a Arendt en el Año Nuevo de 1950:

Eres la única persona en mi vida a la que de forma rotunda le digo sí. Siempre falta lo humano o lo espiritual. Tú tienes todo al completo. Lo que me has dado y has sido para mí es algo tan grande.

Arendt le responde en términos muy semejantes, rubricando la gran fortuna de haberse encontrado en uno de esos cruces que traza el exilio:

No puedo llegar a expresarte lo mucho que tengo que agradecerte. No sólo la distensión que procede de la intimidad entre mujeres, nunca antes experimentada por mí de tal manera, sino por el inconfundible gozo de tenerte cerca.

La felicidad de la cercanía se traduce también en la seguridad de haber encontrado una confidente a quien todo puede ser relatado sin temor al reproche o a la incomprensión. Con desprendida naturalidad, Arendt le habla de su último flirteo en el vagón restaurante del tren de París a Wiesbaden y de su enojo por el retraso de cuatro semanas de la carta de Blücher.

Los hombres, esa «pesada maleta sin importancia» que ambas arrastran y sin la cual, en opinión de Arendt, la mayoría de mujeres no podría vivir, es uno de los temas recurrentes de la conversación. Al mal de amores de Fränkel por un amante incapacitado que retrasa sus visitas, se suman las peripecias de Arendt con los hombres de su pasado. Fränkel opina al respecto: «Encuentro encantador que tengas hombres por todas partes del mundo». En una de estas cartas, para amenizar la convalecencia de la amiga, Arendt relata con gran jocosidad la tragicomedia escenificada por Heidegger en Friburgo tras más de diecisiete años de separación.

Ajeno a la burla, la «bestia de la Selva Negra» dedica un poema a la «amiga de la amiga» como disculpa por retener a Arendt a su lado, haciendo la ausencia aún más larga:

Muerte es la cordillera del Ser 

en el poema del mundo. 

Muerte rescata lo tuyo y mío, 

dándolo al peso que cae –

a la altura de una calma, 

puro, hacia la estrella de la tierra. 

En la espera, lo esperado se presenta. El estado súbito de estar-muerto (que no de morirse) llega el 6 de junio de 1950. Dichosa de haber cumplido el último deseo de tener a la amiga a su lado, Fränkel se desprende de la consciencia y, al igual que hiciera el moribundo Sócrates, sube sola la cordillera remota del ya-no-ser. Arendt, el miembro abandonado de la unidad, se refugia en los otros amigos para poder seguir viviendo dentro de una realidad repentinamente despoblada. Y así, en una carta a Jaspers fechada el 25 de junio de 1959, confiesa: «Me resulta difícil volver a acostumbrarme al mundo».

Imagen de portada: Hannah Arendt. Archivo

FUENTE RESPONSABLE: El vuelo de la Lechuza. Filosofia, literatura, humanidades. Por Olga Amaris Blanco. Abril 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Historia

 

El manual de exorcismos que ha permanecido sin descifrar durante más de dos siglos.

CÓDIGOS SECRETOS

Un extraño manuscrito encontrado en una colección inglesa del siglo XVIII ha resultado ser un manual de exorcismos, escrito en lenguaje cifrado para prevenir su mal uso.

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Curiosidades de la historia

En 1753, el noble inglés Robert Harley, Conde de Oxford y Conde Mortimer, adquirió una colección de más de 600 manuscritos de época medieval y moderna, escritos en varias lenguas europeas y que abarcaban una gran variedad de temáticas, desde obras de clásicos como Tito Livio y Petrarca hasta tratados de alquimia y medicina, pasando por diarios privados y libros de cantos religiosos. Esta copiosa colección fue vendida por su hijo al Museo Británico, que durante más de dos siglos se ha dedicado a la titánica labor de catalogar y describir los documentos, encontrando a veces notables problemas.

Uno de estos documentos, catalogado como Harley MS 2874, ha encerrado un misterio resuelto recientemente, por su contenido aparentemente indescifrable. En el catálogo original es descrito como un breviario, un libro de liturgia que resume las obligaciones públicas del clero a lo largo del año. El problema era que muchas de las palabras no tenían sentido y estaban compuestas principalmente por consonantes, resultando ilegibles. Un misterio que, sin embargo, una vez descifrado tenía mucho sentido para la época.

Robert Harley, Conde de Oxford y Conde Mortimer

Robert Harley, Conde de Oxford y Conde Mortimer. Retrato por Godfrey Kneller (1714).Foto: National Portrait Gallery

DESCIFRANDO EL MISTERIO.

El documento empieza con las siguientes palabras: Cpnkxratkp malkgnprum spkrkxxm. Aparentemente no significan nada y tal vez por eso el manuscrito cayó en el olvido, hasta que en 2019 la Biblioteca Británica empezó a revisar el catálogo original para actualizarlo y hacerlo accesible online. Así se topó nuevamente con el críptico contenido del Harley MS 2874, que sin embargo pudieron resolver de una forma más sencilla de la que tal vez esperaban.

Se trata de un sencillo sistema de encriptación en el cual algunas vocales son sustituidas por la consonante sucesiva. Así, el encabezado del manuscrito se puede leer como Coniuratio malignorum spirituum, es decir, “conjuro (o invocación) de los espíritus malignos”; y el contenido resulta claro: se trata de un manual de exorcismo. Investigando más en profundidad, los investigadores han llegado a la conclusión de que se trata de la copia de un manual cuyo original se encuentra en el Vaticano, y que describe los rituales para expulsar a los demonios del cuerpo de las personas poseídas.

De hecho, una vez revelada su identidad, resulta ser un documento conocido: se conservan alrededor de 30 copias sin codificar del Coniuratio malignorum spirituum, realizadas en imprentas de Roma y Venecia entre finales del siglo XV y principios del XVI. El Harley MS 2874 es una copia a mano, probablemente realizada por un monje que decidió codificar su contenido: ninguno de los manuscritos impresos contiene ese lenguaje encriptado.

Página del Coniuratio malignorum spirituum

Página de una edición romana del Coniuratio malignorum spirituum, que representa a un hombre expulsando los demonios del cuerpo de otro mediante un exorcismo.Foto: British Library

UN MECANISMO DE SEGURIDAD.

Pero, ¿qué necesidad había de codificar este contenido que, en teoría, debía servir para el bien y por lo tanto ser accesible a quien tuviese necesidad de usarlo? Según los investigadores, el monje que copió el manuscrito seguramente temió que alguien pudiera usarlo para hacer el mal: las fórmulas que contiene otorgaban supuestamente el poder para dominar a los demonios y, por lo tanto, quien lo copiara creyó que podía ser usado para fines malignos si caía en malas manos.

De hecho no se trata solo del título, sino que todas las fórmulas rituales están encriptadas con el mismo sistema o abreviadas: por ejemplo, Coniuro te diabole (“te invoco, diablo”) aparece como Cpnkxrp tf dibbplf o 9o te diabole.

Manuscrito Harley MS 2874

Inicio del manuscrito Harley MS 2874, con las palabras «Cpnkxratkp malkgnprum spkrkxxm» que forman el título encriptado del documento.Foto: British Library

Los investigadores creen que el copista fue posiblemente un monje de la abadía de Bury St. Edmunds en Suffolk, a partir de una pista encontrada en el manuscrito: la primera página es “reciclada” y con luz ultravioleta se puede distinguir en la otra cara el texto original, un indulto real de Enrique VI a William Babington, quien fue abad de Bury St. Edmunds entre 1446 y 1453. Según los investigadores, el autor era probablemente un monje de esta abadía que no estaba familiarizado con los manuales de exorcismo, que en aquella época eran escasos en Inglaterra.

Puesto que en textos paganos se encuentran a menudo fórmulas parecidas, es probable que el copista se sintiera intranquilo ante la posibilidad de que alguien pudiera usar su contenido para lanzar maldiciones y por eso decidió codificarlo. Podía preocuparle en particular el uso abundante que se hace del término coniuratio (conjuro o invocación), a menudo hallado en textos sobre artes oscuras. Este “mecanismo de seguridad” impediría también, o al menos eso pensaba él, que alguien leyera en voz alta las fórmulas sin saber de qué se trataba y conjurara a los demonios involuntariamente. Queda claro que, para él, toda precaución era poca.

Imagen de portada: Foto: British Library

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic. Por Abel G.M. Periodista especializado en el ámbito de la historia y viajes. Abril 2022

Sociedad y Cultura/Historia/Exorcismo/Curiosidades

 

 

 

 

El kimono que me ayudó a descubrir que mi familia fue enviada a un campo de concentración para japoneses en EE.UU.

Hace 80 años el gobierno de Estados Unidos hizo una redada entre estadounidenses de origen japonés y los obligó a vivir en campos de prisioneros durante el resto de la Segunda Guerra Mundial. Ahora, la generación más joven está luchando para asegurarse de que este oscuro capítulo no se olvide.

Cuando el abuelo de Shane «Shay Shay» Konno falleció en 2013, la familia fue a su casa para ocuparse de todas sus pertenencias.

En el jardín, el cobertizo estaba tan lleno de cosas que sólo podían entrar uno a uno.

Como era un adolescente ágil, a Koono le asignaron el trabajo de repartir ls artículos más voluminosos a los miembros de la familia para que los trasladaran a la casa.

Enterrada en lo más profundo del estante más alejado había una maleta de cartón con un adhesivo en la tapa que decía «Universidad de Michigan».

Al abrir la maleta, Konno vio que había algo de tela adentro. «¡Ah, un mantel elegante!», pensó.

Cuando entró en la casa, se lo mostró a todos: resultó ser un kimono, una túnica formal tradicional japonesa.

Los asombró la brillante tela color púrpura y la forma en la que las flores blancas de durazno bordadas a mano con hilo plateado reflejaban la luz.

«Nunca había visto un kimono en la vida real, y mucho menos había tocado uno», le dijo Konno a la BBC.

En total había siete kimonos de seda en la maleta. Nadie en la familia los reconoció, lo que significaba que el tesoro había estado guardado en secreto en la maleta todo este tiempo.

Cuando Konno examinó la maleta con más atención, debajo de la calcomanía de la Universidad de Michigan había un nombre desconocido, «Sadame Tomita», escrito toscamente con pintura blanca, junto con cinco dígitos: 07314.

Alguien los había cubierto deliberadamente con la pegatina.

Detalle de la maleta de la abuela de Konno

FUENTE DE LA IMAGEN – KONNO FAMILY. Bajo la calcomanía, aún se veía el número.

«Ese era el nombre japonés de tu abuela», le dijo a Konno su tío. «Y este era el número de registro de su familia en los campamentos».

«Nisei»

Konno no conoció a su abuela japonesa, pues murió antes de nacer él.

Ella era nisei, una estadounidense de origen japonés de segunda generación que pasó su adolescencia en los campos de encarcelamiento.

Después de la guerra, se hizo llamar por el nombre occidental de Helen.

Era la única maleta que se le permitió llevar a los campamentos, según supo Konno más tarde. Y la había guardado toda su vida.

Centro de Reubicación Camp Amache.

FUENTE DE LA IMAGEN – KONNO FAMILY

El abuelo de Konno fue internado en el Centro de Reubicación Camp Amache.

Quien llegaría a ser su esposo, y el abuelo de Konno, también era un adolescente cuando lo internaron en el Centro de Reubicación de Campo Amache en Colorado. Se conocieron después de la guerra.

Konno quiso saber más pero su familia no quiso revivir el pasado.

«Mi abuela guardaba secretos incluso a sus propios hijos. ¿Por qué ocultó su propio nombre? ¿Por qué escondió sus kimonos?».

«Shikata ga nai»

Otros se hacen las mismas preguntas que Konno.

En una vigilia a la luz de las velas organizada por la campaña Stop Asian Hate, por el aumento de ataques contra los asiáticos en EE.UU. el verano pasado, Konno notó que había otros estadounidenses de origen japonés presentes y que había algo que querían desahogar.

«La primera pregunta que nos hicimos fue: ‘¿En qué campo fue internada tu familia?'», dice Konno.

«La segunda pregunta fue: ‘¿Cuánto te contó tu familia?'»

Konno presenta sus respetos en Manzanar (izquierda), sus abuelos el día de su boda (derecha)

FUENTE DE LA IMAGEN – KONNO FAMILY

Konno presenta sus respetos en Manzanar (izquierda), sus abuelos el día de su boda (derecha).

«Nunca tuve la oportunidad de hablar con mi abuelo sobre su experiencia mientras estaba vivo», explica Konno.

«Si le hago preguntas (a mi tía), ella es experta en cambiar de tema. Mi papá y mi tío creen que desenterrar el pasado realmente no cambiará nada. Por respeto a mi familia, no los presiono para que me den respuestas».

Algunos de los issei —inmigrantes japoneses de primera generación— y nisei mantuvieron en secreto su experiencia en los campamentos, pues no querían transmitirle recuerdos dolorosos a las próximas generaciones.

El término japonés shikata ga nai se traduce como «no se puede deshacer».

«Sansei» y «yonsei»

El padre de Konno y sus hermanos son sansei, o tercera generación.

«Para la generación de papá, no es difícil no hacer demasiadas preguntas. El trauma lo sufrieron sus padres. Para ellos, esta no es una parte de la historia que puedas leer», dice.

Por eso, depende de los yonsei o la cuarta generación, mantener vivo este legado, en opinión de Konno.

«Soy de la generación que está lo suficientemente lejos como para ver el pasado de manera diferente, y también para gritar por esa injusticia».

Evacuación

El 19 de febrero de 1942, dos meses después del ataque a Pearl Harbor, el presidente estadounidense Franklin Roosevelt emitió la Orden Ejecutiva 9066, autorizando la «evacuación» de los estadounidenses de origen japonés de las comunidades a lo largo de la costa oeste, aparentemente para protegerse contra el espionaje.

Un cartel que decía: 'SOY AMERICANO', en la tienda de comestibles Wanto Co en Oakland, California

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Un cartel que decía: ‘SOY AMERICANO’, en la tienda de comestibles Wanto Co en Oakland, California, el día después del ataque a Pearl Harbor. La tienda estaba cerrada pues la familia Matsuda, propietaria, fue reubicada. El letrero fue instalado por Tatsuro Matsuda, un graduado de la Universidad de California.

En realidad, las leyes fueron motivadas por el racismo, la histeria bélica y el miedo.

Ningún estadounidense de origen japonés fue condenado por traición o por un acto grave de espionaje durante la Segunda Guerra Mundial.

Canadá, México y varios países de América del Sur también tuvieron programas similares.

Entre 1942 y 1946, alrededor de 120.000 estadounidenses de origen japonés fueron sacados a la fuerza de sus hogares y reubicados en campamentos administrados por el gobierno.

Miles eran niños y ancianos. Varios prisioneros fueron asesinados a tiros por los guardias.

Más de la mitad eran ciudadanos estadounidenses: cualquier persona con más de 1/16 de ascendencia japonesa era elegible para internamiento, lo que significaba que quien tuviera un tatarabuelo que era japonés, podía ser detenido en su hogar y enviado a vivir a kilómetros de distancia.

Campamentos

Familia japonesa-estadounidense partiendo hacia el Centro de Reubicación, San Francisco, California, mayo de 1942.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Familia japonesa-estadounidense partiendo hacia el Centro de Reubicación, San Francisco, California, mayo de 1942.

En cuestión de meses, se construyeron 10 campamentos en California, Arizona, Wyoming, Colorado, Utah y Arkansas.

Mientras estaban en construcción, a menudo se enviaba a las familias a «centros de reunión» improvisados: viviendas temporales ubicadas en hipódromos con establos de caballos alrededor de pistas de carreras.

A cada familia se le asignaba un establo de caballos para dormir.

La abuela de Konno fue enviada al hipódromo de San Mateo.

«A los caballos los acababan de trasladar el día anterior, y el olor era horrible», se enteró Konno más tarde. «Cuando fueron reubicados, los campamentos les deben haber parecido agradables en comparación».

Disculpas

No fue sino hasta 1988, casi 50 años después, que el presidente Ronald Reagan emitió una disculpa y se pagaron compensaciones de US$20.000 (alrededor de US$40.000 en la actualidad) a más de 80.000 estadounidenses de origen japonés que fueron internados o, en algunos casos, a sus herederos.

La familia Shibuya en el césped frente a su hermosa casa en Mountain View, California antes de la evacuación a los centros de la Autoridad de Reubicación de Guerra. 18/04/1942

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

La familia Shibuya en el césped frente a su hermosa casa en Mountain View, California antes de la evacuación a los centros de la Autoridad de Reubicación de Guerra. 18/04/1942

Brian Niiya, quien enseña sobre la historia de los campamentos en la Universidad de California Los Ángeles, dice que en ese momento, la comunidad estadounidense de origen japonés estaba feliz con la disculpa y el acuerdo.

«Había sido una posibilidad tan remota… la gente nunca pensó que vería algo así en su vida», le dijo a la BBC.

Pero el complicado legado de los campamentos significa que aún queda mucho trabajo por hacer.

«Mucha gente aún no conoce la historia de los campamentos, pero se están logrando avances», afirma Niiya.

Contar la historia

Personas de ascendencia japonesa en uno de los centros de reunión en Salinas, California, donde vivieron temporalmente antes de ser trasladados a los centros de reubicación. 31/03/1942.

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Personas de ascendencia japonesa en uno de los centros de reunión en Salinas, California, donde vivieron temporalmente antes de ser trasladados a los centros de reubicación. 31/03/1942.

California aprobó recientemente una legislación sobre la implementación de programas de estudios étnicos en las escuelas secundarias, donde se enseñará esta historia.

Se están publicando libros de texto específicamente sobre esta historia, varios Servicios de Parques Nacionales están erigiendo monumentos conmemorativos y también ayudan las proyecciones de películas sobre los campamentos en el aniversario.

«Esperamos que para el 100 aniversario, todos los estadounidenses sepan acerca de los campamentos», dice Niiya.

Pasado en llamas

Konno se ha encargado de aprender sobre este legado. Al encontrar su apellido en un libro sobre los campos, inicialmente sintió cierto orgullo de que su antepasado hubiera hecho algo digno de ser registrado.

Barracks as far as the eye can see at Manzanar War Relocation Center

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

The Manzanar War Relocation Center was built in 1942

Pero al leer el pasaje completo, todo cambió.

Por temor a ser vistos como extranjeros, algunas comunidades quemaron sus pertenencias japonesas.

Konno se enteró de que su bisabuelo había visitado una comunidad japonesa cercana para convencer a la gente de que destruyera fotografías familiares, cartas y documentos escritos en japonés.

Un grueso diccionario de japonés tardó una semana en quemarse. Los cuchillos de sashimi y el equipo de kendo también fueron tirados a la fogata pues la gente temió que las autoridades los consideraran armas japonesas.

«Mi propia familia ayudó a tomar la horrible decisión de destruir estos objetos sentimentales, y todo fue en vano porque de todos modos se vieron obligados a ingresar en estos campamentos», dice Konno.

Peregrinaje

La destrucción de su cultura japonesa afectaría a las generaciones venideras.

Los abuelos de Konno hablaban japonés, pero después de su experiencia en los campamentos decidieron no enseñarle el idioma a sus hijos.

«La abuela pensó que hablar japonés contribuiría al éxito de sus hijos en Estados Unidos».

Ahora, Konno está tratando de recuperar generaciones de conocimiento perdido.

«Puedo entender las decisiones que tomaron mis abuelos, hicieron lo que pensaron que nos protegería», dijeron.

En 2019, Konno le pidió a un amigo que tenía un automóvil que hiciera una peregrinación especial. «Quería ir por fin a Manzanar».

Torre de vigilancia en Manzanar

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Ahora, Manzanar es un museo y un sitio histórico nacional.

Ahora, un museo administrado por el Servicio de Parques Nacionales, Manzanar fue el primer campo de internamiento japonés-estadounidense construido en EE.UU.

Ubicado al pie de las montañas de Sierra Nevada en California, la mayoría de los residentes venían de Los Ángeles, a unos 370 kms de distancia.

Aunque Konno había visto fotografías de campamentos, fue impactante ver las condiciones en las que vivían, recreadas para la educación histórica, en la vida real.

Las familias se alojaban en largos barracones de madera, dividiendo las habitaciones con sábanas, mientras el viento sacudía las paredes de madera y el polvo entraba por las grietas.

«Tendrían que barrer la habitación dos veces al día para quitar el polvo», le dijeron a Konno.

Los campamentos estaban rodeados por cercas de alambre de púas de dos metros y medio de altura que se curvaban hacia adentro en la parte superior. No había forma de salir.

«Gaman»

La profesora de moda y diseño Ryie Yoshizawa con un grupo de estudiantes en el centro de reubicación de Manzanar, California, en 1943.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

La profesora de moda y diseño Ryie Yoshizawa con un grupo de estudiantes en el centro de reubicación de Manzanar, California, en 1943.

La abuela de Konno y sus dos hermanas eran adolescentes mientras estaban en el campamento. Estuvo encarcelada desde los 15 a los 18 años, tres hermanas compartiendo espacio con sus padres en la habitación improvisada.

Los baños comunes eran espacios abiertos, cuartos con cabezales de ducha y retretes sin paredes que no permitían privacidad. Las mujeres hacían cola afuera pacientemente para permitirle a la persona anterior un momento de privacidad, lo que significaba que la gente se duchaba a horas extrañas durante toda la noche.

Mirando fuera de los barracones, Konno vio restos de los jardines zen japoneses.

«Estaban tratando de hacer que esta prisión hostil fuera un poco más bonita».

Konno traduce el término japonés gaman que significa «soportar dificultades aparentemente insoportables con dignidad».

«En estos campamentos, las familias estadounidenses de origen japonés eran tratadas como menos que humanas. Pero aun así trataban de respetarse y ayudarse mutuamente en este horrible lugar», dice amargamente Konno.

Lo que no sabía era que años atrás, su padre también había visitado Manzanar.

«Absorbió todo y se lo guardó para sí mismo», dice Konno, asombrado.

Comprendió que las generaciones anteriores respetan a su manera.

«Recordar es honrar»

El tío de Konno visita el monumento en el antiguo Centro de Asambleas de Merced

FUENTE DE LA IMAGEN – KONNO FAMILY

El tío de Konno visita el monumento en el antiguo Centro de Asambleas de Merced.

Más recientemente, después de que Konno comenzara su propia búsqueda de respuestas, el padre y el tío de Konno fueron a donde sus parientes paternos habían sido encarcelados temporalmente en el Centro de Asambleas de Merced.

Los campamentos fueron arrasados hace tiempo, pero una estatua de una niña sentada sobre una pila de maletas sirve como memorial a las familias que estuvieron encarceladas allí.

En una pared detrás de ella, están grabados en piedra los nombres de los 1600 estadounidenses de origen japonés, incluidos los bebés nacidos en el campamento.

El padre y el tío de Konno se detuvieron para buscar su apellido y tomaron fotos para enviárselas a Konno.

Mirando atrás, Konno se pregunta si parte de la razón por la que les tomó tanto tiempo investigar fue porque asumieron que sus preguntas no serían bien recibidas.

Pero la generación de sus padres parece haber tenido las mismas ganas de saber.

«Las oportunidades de tener conversaciones con quienes lo vivieron 80 años después se están desvaneciendo. Ahora es aún más urgente descubrir cosas por mí mismo, no sólo escuchar historias de segunda mano».

Imagen de portada:BBC. ShayShay Konno con el kimono

FUENTE RESPONSABLE: BBC Stories. Por Elaine Chong. Mayo 2022

Sociedad y Cultura/Japón/Historia/EE.UU./Segunda Guerra Mundial

 

 

 

 

 

 

SU VIDA CON EVA BRAUN. ASÍ ERA HITLER BAJO LAS SÁBANAS.

Se ha dicho siempre que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. ¿Y detrás de un demonio? Eva Braun, la mujer que acompañó al ‘Führer’ hasta sus últimos días, fue testigo de una intimidad a la que muy pocos se asomaron. Cuando se cumplen 110 años de su nacimiento, revisamos la historia de una mujer desconcertante.

Un blindado se abre paso bajo las bombas hacia el búnker de la Cancillería de Berlín. Regresa de cumplir una misión de vital importancia en las últimas horas del régimen nazi. 

El Crepúsculo de los dioses se representa en las calles de la capital y la tripulación del vehículo ha arriesgado la vida para ir a buscar a un hombre imprescindible. No es un general, tampoco es un embajador. Es un funcionario del registro civil que, hasta hace unos instantes, combatía a unas cuantas calles de distancia. 

Será el encargado de oficiar una boda. Los contrayentes, que aguardan protegidos por toneladas de hormigón, responden a los nombres de Adolf Hitler y Eva Braun. Es 30 de abril de 1945. Pocas horas después, los recién casados emprenden viaje gracias a dos pastillas de cianuro y una pistola humeante.

Los próximos al Führer creían que «era un asceta, muy por encima del sexo». Para desmentirlo, Eva comentó al ver una foto del premier británico en la residencia de Hitler: «Si él supiera la historia que tiene ese sofá…»

Los historiadores nunca le han prestado atención suficiente a esa mujer que vivió y murió al lado de Hitler. En los primeros años de posguerra se asentó la imagen de que era “una rubita tonta”, en palabras de la historiadora Heike Görtemaker, autora de la primera biografía académica sobre Eva Braun. Era «la novia del monstruo», añade en una entrevista del semanario Stern. Se han escrito miles de libros sobre la figura de Hitler, pero la mayoría se limita a su vertiente política porque no se le concebía otra.

El historiador británico Ian Kershaw afirma en su monumental Hitler que: «‘Privado’ y ‘público’ se confundían completamente y se hacían inseparables.

Todo el ser de Hitler vino a quedar embebido dentro del papel que interpretaba a la perfección: el papel de ‘Führer’». 

Sin embargo ha surgido el interés por la otra vertiente del dictador, la de ser humano diabólico y no la de diablo con forma humana. Y es aquí donde la figura de Eva Braun se hace imprescindible. Es cierto que «su vida sólo es relevante porque la vivió con Hitler. El interés está en la cuestión de si es posible construir una nueva perspectiva sobre Hitler a través de ella», opina Görtemaker. Y a este fin ha dedicado su libro Eva Braun: Leben mit Hitler.

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Secreto de estado. Eva Braun fumaba, bebía y le gustaba bailar y flirtear; también el lujo y la moda: prefería los zapatos italianos y encargaba las pieles en París. Emulaba a las estrellas de cine. Era todo lo que Hitler decía despreciar. Eva, sin embargo, nunca aparecía en actos oficiales y, al principio, Hitler la veía a escondidas. Luego se convirtió en la reina del Berghof.

Para ello ha dejado a un lado todas esas anécdotas triviales, pero que tanto se han difundido, como los celos que Eva sentía por Blondie, el pastor alemán de Hitler, y las patadas a escondidas con las que se desahogaba, sus discusiones por la incomestible dieta vegetariana que el dictador quería imponer, incluso sobre los intentos del personal de limpieza de encontrar entre las sábanas las pruebas de unas relaciones sexuales que sólo eran «presuntas». 

En su lugar, la historiadora berlinesa se ha fijado en todos los detalles que puedan iluminar la personalidad de Eva Braun y los vericuetos de su relación con Hitler.

La correspondencia privada entre ambos fue destruida por orden del dictador, por eso ha tenido que recurrir a cartas a sus amigos y familiares, a anotaciones en viejos diarios, a comentarios casuales extraídos de declaraciones de personas pertenecientes al reducido círculo íntimo de Hitler, a fotografías y grabaciones. 

Los documentos son pocos, pero la mirada es distinta. Hasta ahora se partía de la sentencia del británico Trevor-Roper, autor de un estudio sobre el dictador publicado en 1947: Eva Braun “no es interesante”… un resumen demasiado categórico para 16 años de relación.

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De armas tomar. La autora de Eva Braun: La vida con Hitler, la historiadora Heike Gortemaker, refuta la idea de ‘pasividad’ de la compañera sentimental de Hitler. Según Gortemaker, Eva Braun decidió estar al lado del Führer y luchó para conseguirlo.

Ambos se conocieron en 1929 en el laboratorio fotográfico de Heinrich Hoffmann, a tiro de piedra de la sede del Partido Nazi. 

Hitler se pasaba por allí a menudo para visitar a su camarada del partido y fotógrafo personal. La nueva ayudante –llevaba un par de semanas en el puesto— atrajo su atención al instante. 

Era mucho más joven que él, sólo tenía 17 años. Atractiva, alegre, ingenua en apariencia. «¿Me permite invitarla a la ópera, señorita Eva?», así, con el tono cortés y meloso que Hitler siempre empleaba con las mujeres, empezó la relación. A sus 40 años, el futuro genocida era todavía un político ascendente.

Ella era la segunda hija de una modista y un maestro de escuela. El interés de Hitler quedó patente cuando hizo investigar el árbol genealógico de Eva en busca de posibles antepasados judíos. Esa historia tenía futuro, pero no sería una relación fácil.

Eva se intentó suicidar dos veces. La primera, en 1932, con una pistola, para llamar la atención de Hitler. La segunda, en 1935, con somníferos. Los motivos: se sentía sola y abandonada

Prueba de ello son los dos intentos de suicidio de Eva Braun. El primero, en 1932, con la pistola de su padre y, según comentaron sus conocidos, con la intención de llamar la atención de un Hitler embarcado en la carrera que lo llevaría al poder. 

Distante, absorbido por la política, hizo un hueco en su extenuante gira electoral, en la que pronunciaba tres o cuatro discursos diarios, y se acercó al hospital con un gran ramo de flores. «Doctor, dígame la verdad», preguntó angustiado por la posibilidad de que muriera. La chica viviría. Hitler, aliviado, volvió a su campaña. 

El segundo intento de suicidio tuvo lugar en 1935, esta vez con somníferos. Los motivos fueron los mismos: se sentía sola y abandonada, Hitler viajaba de un lugar a otro, pasaban pocos días juntos, no prestaba atención a sus quejas. «Si no tengo respuesta antes de las 10 de la noche, me tomaré mis 25 pastillas». Hitler, ya señor de Alemania, captó el mensaje.

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Pareja de hecho. Hitler y Eva convivían pero él creía que ser soltero favorecía su estrategia política. Ella era una gran aficionada a la fotografía. Retrató al Führer en numerosas ocasiones en Berghof, la sede de la corte nazi en los Alpes.

A pesar de la mayor atención que ahora le dedicaba Hitler, su papel seguía siendo discreto, sólo sabía de su existencia el reducidísimo círculo de confianza que se reunía en el Berghof, la residencia de Hitler en los Alpes y sede, hasta que la guerra empezó a torcerse, de lo más parecido a una corte nazi. 

Y allí se trasladó Eva para ejercer de señora de la casa. Era un escenario de lujo, con mármol de Carrara y piedra de Bohemia, y a la vez pequeñoburgués: ambiente tranquilo y casi familiar, pocas figuras destacadas. Según sus integrantes, estaba prohibido hablar de política si había mujeres presentes. Moda, cría de perros y coches, ésos eran los temas. 

Y las largas peroratas de Hitler a la luz de las velas hasta que Eva se acercaba a él entre los bostezos disimulados de los presentes y le decía “ya es tarde”. Él asentía y subía a su dormitorio, en el primer piso. Unos minutos después lo hacía ella. Sus habitaciones, al fondo de un largo pasillo cubierto con una gruesa alfombra de terciopelo, estaban comunicadas por una puerta.

«Muchas mujeres me adoran porque no estoy casado», decía Hitler, que prefería a Eva en la sombra para que el entusiasmo de las féminas cuando pronunciaba sus discursos arrastrase a los hombres a seguirle.

Para Heike Görtemaker, no cabe duda de que compartieron una relación sexual durante años. Discreta, escondida, pero incuestionable. 

En una estancia en el Berghof, Reinhard Spitzy, ayudante del ministro de Exteriores y nazi ferviente, se sorprendió al ver la relación de Hitler con Eva, pensaba que el Führer «era un asceta, muy por encima del sexo y el placer», comentó. Para desmentir esa imagen, la propia Eva dijo: «Si él supiera la historia que tiene ese sofá…», cuando vio una fotografía del premier británico Neville Chamberlain en el salón de la residencia de Hitler en Múnich, durante su visita de 1938.

Discreción total. Secretismo. Eva no existía para los alemanes. Vivía a la sombra del Führer, esa creación teatral de Adolf Hitler que le reclamaba todas sus energías y que era el único papel que le encajaba. 

Y que tenía sus exigencias: «Muchas mujeres me adoran porque no estoy casado». Y las mujeres eran su principal apoyo: «Son las primeras en reaccionar a mis discursos; luego siguen los niños y, por último, los padres».

Las mujeres jugaron un papel secundario en la vida de Hitler y del régimen nazi, ésa es la imagen tradicional. Todos los gerifaltes eran hombres. Pero en la masa que lo sustentaba las mujeres eran fundamentales. 

Había, desde luego, nazis fanáticas, como Magda Goebbels, esposa del ministro de Propaganda, o Hanna Reitsch, famosa aviadora que le pidió a Hitler permiso para lanzar una flota de kamikazes contra los rusos que llegaban al Oder, o Gertrud Scholtz-Klink, líder de la rama femenina del Partido Nazi, dispuesta a organizar a sus afiliadas en batallones de choque.

¿Y Eva? ¿Se puede establecer paralelismos entre el papel de Eva y el de las alemanas de a pie? Heike Görtemaker está convencida de que Eva era mucho más que el ‘descanso del guerrero’, de que «compartía sin ambages la visión del mundo y las ideas políticas de Hitler».

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Vida doméstica.Eva Braun pasó 16 años de su vida con Hitler. Una convivencia que incluía comidas como la de la imagen. El dirigente alemán era vegetariano, aunque no está claro si por convicción ecológica o por sus severos problemas de estómago e intestinales. Ella estuvo con él hasta el final. Cuando murió, Eva tenía 33 años.

Hay pruebas documentales de que estaba presente durante la discusión de cuestiones políticas delicadas. Es difícil creer que Hitler no las comentara con ella o que no hiciera de ella el receptor de sus habituales monólogos, muchos furiosamente antisemitas. 

Eva pasó la mitad de su vida rodeada de los nazis más fanáticos. Imposible sobrevivir en ese ambiente si se lo aborrece. ¿De dónde nace entonces esa visión apolítica de las mujeres en general y de Eva en particular? 

Las afirmaciones de los líderes nazis tras la guerra y la interpretación que de ellas hicieron los historiadores, sobre todo anglosajones, tienen la culpa. En declaraciones al diario The Observer, Heike Görtemaker comenta: «Albert Speer (ministro de Armamento) dijo que, ‘para todos los historiadores, Eva Braun va a suponer una decepción’ y sostuvo que las mujeres no desempeñaron un papel significativo en el Partido Nazi. Se refería a todas las mujeres, desde las esposas hasta las secretarias. 

Speer estaba tratando de proteger a su mujer. Existía un fuerte movimiento para proteger a las mujeres en general y así se aceptó universalmente que las mujeres desempeñaron un papel discreto en la política del Tercer Reich». Durante los procesos de desnazificación, los padres de Eva Braun sostuvieron que su hija era una especie de ama de llaves de Hitler. Así protegieron su memoria.

Sin embargo, esta ama de llaves se mantuvo durante 2.280 días al lado de Hitler. En la última parte de la guerra se trasladó a Berlín y, aunque su habitación estaba en la parte antigua de la Cancillería, seguía viendo al dictador regularmente. 

Cuando los bombardeos se agravaron, se encerró con él en el búnker. Hizo oídos sordos a los ruegos de Hitler, no escaparía a Baviera, moriría con él.

 «Sólo la señorita Braun y mi perro me son fieles y están a mi lado», se dice que comentó Hitler en los últimos días. La fidelidad puede que fuese la virtud que más valoraba en Eva. 

Y al final ella tuvo la recompensa que siempre había ansiado: el hombre que estaba “casado con Alemania” le propuso matrimonio bajo las bombas. El siguiente paso de este pacto con el diablo fue el suicidio: primero, ella; instantes después, él. 

Casi 65 años más tarde, el rostro de Eva Braun llena las portadas de la prensa alemana, pero es una Eva nueva, diferente. Está por ver si se la seguirá considerando la «rubita tonta», pues en el fondo resulta preferible imaginar a un único demonio, a un Hitler de maldad monolítica, sin fisuras ni andamiajes.

VIRGEN HASTA LOS 40- EL FÜHRER NO ‘CUMPLÍA’ Foto: Cordon Press

Albert Speer, el arquitecto en jefe de Hitler, contó en sus memorias una versión menos romántica de su relación con Eva Braun. 

En 1943, según Speer, Eva se presentó llorosa ante él y le confesó: «El Führer me ha dicho que me busque a otro. ¡Pues reconoce que ya no es capaz de cumplir como un hombre!». 

Eva, con 31 años, estaba en su plenitud sexual, y recurrió a su médico particular, el doctor Morell, pero éste no consiguió reconstituir la líbido del Führer. 

Interrogado por los estadounidenses una vez acabada la guerra, Morell aseguró que la vida sexual de Hitler había sido normal. La autopsia efectuada por los soviéticos puso de manifiesto que Hitler efectivamente sólo tenía un testículo, lo que acaso explicara su tardanza a la hora de perder la virginidad (a los 40 años de edad) y su obsesión por que nunca lo vieran desnudo. A pesar de su juventud, Eva supo llevar bien la situación e insuflar confianza a su amante.

Imagen de portada: Gentileza de El Correo Semanal XL

FUENTE RESPONSABLE: El Correo Semanal XL. Por Rodrigo Padilla. Febrero 2022.

Sociedad y Cultura/Alemania nazi/Adolf Hitler/Eva Braun

Liberia: la compleja historia del país creado en África para albergar a la población negra de EE.UU.

Cuando los primeros estadounidenses negros desembarcaron en la costa oeste de África hace 200 años, estaban siguiendo el recorrido inverso al de sus antepasados, quienes habían sido sacados a la fuerza del continente africano para ser esclavizados en América durante más de dos siglos.

Estos pioneros, muchos de ellos recién liberados de la esclavitud y otros hijos nacidos libres de personas esclavizadas, establecieron una colonia en el sitio que se denominaría Liberia, o «tierra de la libertad».

Dejaron atrás la sociedad esclavista de los Estados Unidos, donde enfrentaron prejuicios, desigualdades e innumerables limitaciones, aún después de ser libres. En su nuevo hogar buscaron construir una vida con más oportunidades y derechos políticos.

El bicentenario de la llegada de estos primeros pobladores está siendo celebrado por el gobierno de Liberia con una serie de eventos a lo largo de este año. Las celebraciones comenzaron en febrero, con una ceremonia a la que asistió una delegación de los Estados Unidos y jefes de Estado de varias naciones africanas.

Pero la historia de la creación de este país en África para albergar a los ex esclavos de los Estados Unidos es compleja.

Si bien muchos estadounidenses negros libres habían encabezado el movimiento por el regreso a África décadas antes, la colonización temprana de lo que se convertiría en Liberia fue alentada y patrocinada por una organización compuesta por hombres blancos, muchos de ellos propietarios de esclavos.

«El movimiento para regresar a África lo iniciaron los negros», dice a la BBC el historiador Ousmane Power-Greene, profesor de la Universidad de Clark, Massachusetts, y autor de libros sobre el proyecto de colonización.

«Pero al mismo tiempo, hay quienes se sumaron al movimiento porque querían deportar (liberar a los negros estadounidenses). Les entusiasmaba la idea de deshacerse de los negros (que vivían en Estados Unidos)», señaló.

Sociedad Americana de Colonización

A principios del siglo XIX, décadas antes de la guerra civil estadounidense (1861-1865), que supondría el fin de la esclavitud en Estados Unidos, muchos en el país ya debatían qué hacer con la población negra libre si esta institución era desmantelada.

En busca de respuestas a esta pregunta, en 1816 un grupo de hombres blancos reunidos en el Hotel Davis de Washington fundaron la Sociedad Americana de Colonización (American Colonization Society o ACS, por sus siglas en inglés).

Mapa de la costa de África occidental en 1830.

FUENTE DE LA IMAGEN – LIBRARY OF CONGRESS

Mapa de la costa de África occidental en 1830, incluida la colonia de Liberia, que comenzó a ser colonizada por negros estadounidenses en 1822.

Creada medio siglo antes de la abolición de la esclavitud en el país, la ACS contó con el apoyo de ilustres nombres, entre ellos el entonces presidente James Madison (1809-1817), el expresidente Thomas Jefferson (1801-1809) y los futuros presidentes James Monroe (1817-1825) y Andrew Jackson (1829-1837).

Los miembros de la ACS tenían opiniones diversas, y a menudo contradictorias, con respecto a la esclavitud.

Algunos eran abolicionistas y tenían un deseo genuino de ayudar a la población negra a construir una vida mejor en África. Otros, sin embargo, rechazaron la idea de la abolición y creyeron que los negros libres no deberían seguir viviendo en Estados Unidos, porque podrían poner en peligro la institución de la esclavitud.

Muchos dueños de esclavos en ese momento temían que el creciente número de libertos pudiera fomentar rebeliones entre los que aún estaban esclavizados, y trataron de evitar que convivieran. En algunos casos, los propietarios de esclavos incluso ofrecieron la manumisión con la condición de que los recién liberados accedieran a trasladarse a África.

Otros miembros de la ACS abogaron por el fin gradual de la esclavitud, pero también temían los efectos de la integración y rechazaron la idea de que negros y blancos libres pudieran vivir uno al lado del otro.

A pesar de esta diversidad de posiciones, los miembros de la ACS acordaron un proyecto de colonización en África, que establecería un hogar para los liberados para reducir el número de negros libres que vivían en Estados Unidos.

La idea ganó popularidad y varias sociedades estatales de colonización pronto comenzaron a surgir en todo el país, siguiendo el mismo modelo.

«¿Es una organización racista? ¿Es antiesclavista? La respuesta es más compleja», dice Power-Greene, señalando que la ACS ha pasado por varias fases a lo largo de las décadas.

Movimiento Regreso a África

Aunque ACS fue fundada por hombres blancos, en ese momento el movimiento de regreso a África ya era popular entre la población negra. Incluso antes de la abolición de la esclavitud, surgieron diversas comunidades de estadounidenses negros libres en todo el país.

«Es en estas comunidades donde se están llevando a cabo las actividades del movimiento de retorno a África, se están desarrollando estas ideas», dice a la BBC el historiador Herbert Brewer, profesor de la Universidad Estatal de Morgan en Baltimore y experto en la diáspora africana.

«Es importante comprender que el movimiento de regreso a África es anterior a la ACS», dice Brewer. «Ya en el siglo XVIII, los negros en los Estados Unidos estaban pensando y escribiendo sobre diferentes proyectos para repatriar a los afrodescendientes a África».

Algunos estadounidenses negros creían que solo podían escapar de la discriminación y disfrutar de una vida verdaderamente libre y próspera si regresaban a África, la tierra de sus antepasados. Muchos estaban orgullosos de su herencia africana.

«En la década de 1820, Estados Unidos era un lugar peculiar para una persona negra libre», señala Brewer. «Tú eras legal y técnicamente libre, pero en realidad, y en función de los diversos tipos de leyes que existían en ese momento, estabas excluido de la vida pública».

Primer presidente de Liberia, Joseph Jenkins Roberts.

FUENTE DE LA IMAGEN – LIBRARY OF CONGRESS

Joseph Jenkins Roberts, un estadounidense nacido en Virginia que llegó a Liberia en 1829, fue el primer presidente del país después de la independencia en 1847.

Pero otros rechazaron la idea de dejar el país donde nacieron muchos de ellos y que habían ayudado a construir con su trabajo, y defendieron el derecho a la ciudadanía plena.

En este contexto, la creación de la ACS se encontró con divisiones entre la población negra libre.

Muchos criticaron el proyecto como un plan racista, respaldado por dueños de esclavos para evitar la integración, deportar a los negros y hacer más segura la institución de la esclavitud. Incluso entre los negros que defendían la idea de irse del país había desconfianza sobre las intenciones reales de los integrantes de la ACS.

Otros, sin embargo, vieron en la organización la oportunidad y los recursos económicos necesarios para poner en práctica el viejo proyecto de volver a África. «Para ellos, esta alianza fue un matrimonio de conveniencia», dice Brewer.

«Es difícil enfatizar cuán complejo es este tema», dice Brewer. «Algunas personas estaban a favor y luego cambiaron de posición. Algunos querían ir a África y luego se dieron por vencidos. Otros estaban en contra de la idea y luego decidieron ir».

En busca de tierra para la colonia

En el momento de la creación de la ACS, la Corona británica ya había establecido una colonia en la costa oeste de África, Sierra Leona, para recibir a los antiguos esclavos, muchos de los cuales habían huido de los Estados Unidos a Canadá después de la Revolución Americana.

El éxito de este proyecto contribuyó a la popularidad de ACS y, en 1818, la asociación envió representantes a África con la misión de encontrar un lugar ideal para instalar su colonia. Estos enviados, sin embargo, enfrentaron la resistencia inicial de los líderes locales, quienes no querían vender sus tierras.

Dos años más tarde, tres miembros de la ACS y 88 negros estadounidenses libres se embarcaron en Nueva York y cruzaron el Atlántico. Se establecieron en la isla de Sherbro, frente a la costa de Sierra Leona, pero enfrentaron grandes dificultades y muchos murieron de malaria.

La ACS siguió buscando un lugar adecuado para la colonia hasta que, en 1821, logró comprar a los líderes locales una franja de terreno de unos 58 kilómetros de largo y 5 kilómetros de ancho en la región costera de Cabo Mesurado. El pago se hizo en ron, armas, víveres y otras mercancías por valor de $300.

La llegada de la ACS y los colonos americanos provocó divisiones entre los lugareños, que pertenecían a diversas etnias y vivían en comunidades acostumbradas a siglos de contacto con los europeos.

«Hay estereotipos intolerantes y racistas sobre África que han afectado la narrativa sobre la fundación de Liberia», señala Brewer. «Una de las distorsiones es que los africanos eran pueblos primitivos, aislados, sin exposición ni conocimiento del mundo».

Foto de la primera dama Jane Robert

FUENTE DE LA IMAGEN – LIBRARY OF CONGRESS

Los inmigrantes recrearon muchos aspectos de la sociedad estadounidense en Liberia mientras mantenían el idioma inglés, las costumbres, la vestimenta y el estilo arquitectónico de los EE. UU.

«Estaban interactuando con barcos que habían llegado a la costa desde el siglo XV, eran parte del comercio transatlántico, que incluía la esclavitud», dice Power-Greene.

Power-Greene recuerda que la llegada de la ACS y de los colonos estadounidenses interfirió en este sistema de comercio, que implicó no solo el tráfico de personas, sino la venta de alimentos y otros bienes a los barcos, con un impacto en toda la economía de la región.

«Parte de la oposición provino de africanos que participaron en el comercio de esclavos», agrega el investigador, señalando que este aspecto también caracteriza la fundación de Liberia como parte del movimiento abolicionista.

Dificultades y tensiones iniciales

El asentamiento instalado en el sitio recibió a sus primeros residentes de los Estados Unidos en abril de 1822. El grupo que había desembarcado dos años antes en la isla de Sherbro también se trasladó a la nueva área.

Aunque se creó para albergar a estadounidenses negros, la colonia fue administrada inicialmente por un representante blanco de la ACS. En 1824, se llamó Liberia, y su capital se llamó Monrovia, en honor al entonces presidente estadounidense, James Monroe, quien había asegurado los fondos para el proyecto.

Las nuevas adquisiciones de tierras ampliaron el territorio de la colonia, que recibió a más de 13.000 estadounidenses en las décadas siguientes. Miles más fueron enviados a la región luego de ser rescatados de barcos que operaban ilegalmente, después de que se prohibiera el comercio transatlántico de esclavos.

Las sociedades estatales, inspiradas por la ACS, también comenzaron a adquirir tierras cercanas y a enviar estadounidenses negros a asentamientos en la región, expandiendo así la colonia.

El período inicial estuvo plagado de desafíos, con enfermedades que mataron a miles en los primeros años y ataques de grupos hostiles. Los inmigrantes eran descendientes de africanos, pero la mayoría había nacido en los Estados Unidos y no estaban familiarizados con el idioma o las costumbres locales.

Incluso entre los nacidos en África, pocos tenían recuerdos de la tierra de la que habían sido tomados a una edad temprana. Además, dada la inmensidad y diversidad del continente, era poco probable que sus ancestros vinieran de la misma región a la que estaban emigrando.

«La gente que viene a África debe esperar experimentar muchas dificultades, que son comunes (en el primer asentamiento) en cualquier país nuevo», escribió el estadounidense William Burke en una carta de 1858.

En 1853, poco después de emanciparse, Burke y su esposa, Rosabella, abordaron un barco con sus cuatro hijos desde la ciudad estadounidense de Baltimore con destino a Liberia. Formado como herrero, Burke estudió latín y griego en su nuevo hogar y se convirtió en ministro presbiteriano.

Sus cartas, conservadas por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, describen no solo las dificultades que enfrentaron los pioneros, sino también la satisfacción con la nueva vida. «Amo África y no la cambiaría por América», escribió Rosabella en 1859.

«Esperaba y no me decepcionó ni me desanimó nada de lo que encontré», escribió Burke. «El Señor me ha bendecido abundantemente desde mi residencia en África, por lo que siento que nunca podré estar lo suficientemente agradecido».

Estos primeros inmigrantes recrearon muchos aspectos de la sociedad estadounidense en Liberia, manteniendo el idioma inglés, las costumbres, la vestimenta y el estilo arquitectónico al que estaban acostumbrados en los Estados Unidos.

Los años iniciales estuvieron marcados no solo por los conflictos, provocados principalmente por la expansión del territorio, sino también por la integración entre la población nativa y los recién llegados, quienes construyeron escuelas, iglesias y crearon vínculos con los habitantes locales.

Brewer señala que esta integración generó una sociedad híbrida, con reflexiones sobre la cultura, el idioma, la alimentación y otros aspectos que aún hoy están presentes.

Independencia y Guerra Civil

En 1847, la colonia declaró su independencia de la ACS y se convirtió en la segunda república negra del mundo, después de Haití. Joseph Jenkins Roberts, un estadounidense negro nacido en Virginia que había llegado a Liberia en 1829, fue elegido presidente.

A pesar de su papel en la creación de Liberia, Washington no reconoció de inmediato a la nueva nación por temor a los posibles impactos en el tema de la esclavitud en los Estados Unidos. Los dos países establecerían relaciones diplomáticas en 1862, en medio de la Guerra Civil estadounidense.

En Estados Unidos se defendió durante décadas la propuesta de que los ex esclavizados fueran voluntariamente a África o territorios de las Américas.

Pero cada vez más abolicionistas comenzaron a posicionarse en contra de la idea de la colonización y, con el cambio de siglo, la ACS había perdido importancia.

Entre la población negra, sin embargo, el movimiento de retorno a África siguió ganando adeptos. Liberia y otras naciones africanas dieron la bienvenida a nuevas oleadas de estadounidenses negros durante varias décadas, incluida la década de 1960, en el apogeo del movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos.

«La popularidad de las ideas sobre el regreso a África aumentó, disminuyó y volvió a aumentar según las circunstancias», dice Brewer.

A fines de la década de 1980, Liberia enfrentó una brutal guerra civil que dejó más de 200.000 muertos. Una de las denuncias suele ser que las tensiones y desigualdades entre inmigrantes y población autóctona, décadas antes, jugaron un papel crucial en el origen de este conflicto.

La crítica es que los liberianos nacidos en Estados Unidos formaron una élite que explotó y discriminó a los lugareños. Pero Brewer, Power-Greene y otros historiadores enfatizan que esto fue casi cien años después de la llegada de los primeros pobladores, y no es producto de la fundación del país.

«Parte de los reclamos de explotación se remontan a la década de 1920, cuando Firestone se involucró», dice Power-Greene, refiriéndose a la fábrica de neumáticos fundada en Estados Unidos que, en 1926, estableció una de las plantaciones de caucho más grandes del mundo en Liberia, y pasó a dominar la economía y la política del país en las décadas siguientes.

Residencia del presidente Joseph Jenkins Roberts en la capital, Monrovia.

FUENTE DE LA IMAGEN – LIBRARY OF CONGRESS

Residencia del presidente Joseph Jenkins Roberts en la capital, Monrovia: estadounidenses que llegaron a Liberia buscaron construir una vida con más libertad, derechos políticos y oportunidades.

«Los liberianos (en el siglo XIX) no fueron capaces de crear una casta racial, como suele llamarse, que tuviera mucho sentido. Constituían solo el 3% de la población total de la zona que se llamaría Liberia», señala Power.

Los historiadores entrevistados por la BBC señalan que el sistema de castas sociales no se creó en el siglo XIX, con los pioneros, sino en el siglo XX, con la llegada de grandes empresas para explotar los recursos naturales del país.

«¿Quiénes le quitaron la tierra a la gente de Liberia? Fueron las grandes multinacionales», critica Brewer. «(Pero) algunas personas quieren atribuir a la fundación del país los errores, los males, los problemas, las disfunciones que surgieron (décadas) después».

Imagen de portada: LIBRARY OF CONGRESS. Certificado de membresía en la Sociedad Americana de Colonización: la organización fue creada en 1816 y estaba compuesta por hombres blancos, muchos de los cuales eran dueños de esclavos.

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Brasil. Por Alessandra Correa. Abril 2022.

Sociedad y Cultura/Liberia/África/Sociedad

 

 

 

 

LA GRAN FUGA DE HITLER: OPERACIÓN ‘ULTRAMAR SUR’.

77 AÑOS DE SU MUERTE

Dos submarinos nazis se rindieron en Argentina tras la capitulación alemana. Al primero, el ‘U-530’, le faltaba un bote. Al ‘U-977’, 16 tripulantes. ¿Habían desembarcado los jerarcas nazis en las costas del Mar de Plata?

Ningún mando del Ejército aliado supo, durante los últimos días de la guerra, dónde se escondía Adolf Hitler. 

Si deseas profundizar en esta entrada; cliquea por favor donde se encuentra escrito en “negrita”. Gracias.

Sólo después de la rendición alemana comenzó a crecer el rumor de que el führer había permanecido hasta el último momento en el búnker de la Cancillería, donde se habría suicidado junto con su esposa, Eva Braun, y la familia Goebbels.

El 9 de junio, un mes antes de la capitulación formal de Alemania, el mariscal soviético Giorgi Zucov, cuyas tropas habían ocupado el búnker berlinés del führer, ofreció una conferencia de prensa en la que afirmó que no habían encontrado el cuerpo de Hitler, el cual posiblemente habría conseguido escapar de Berlín y que, según los servicios de inteligencia del Ejército Rojo, a escasas horas de su supuesto suicidio, un submarino alemán se había hecho a la mar en Hamburgo llevando a una mujer entre su tripulación.

Apenas tres semanas después, el 22 de mayo, mientras transcurrían las últimas horas del gobierno del almirante Karl Dönitz, al que el desaparecido Adolf Hitler había nombrado sucesor, en Buenos Aires, Argentina, el jefe del Estado Mayor de la Armada, Héctor Vernengo Lima, enviaba una comunicación secreta al ministro de Marina, Alberto Teissaire. 

En ella le anunciaba que varios submarinos alemanes estaban cruzando el Atlántico rumbo a Argentina.

Otto Wehrmut, que estaba al mando del U-530, afirmó en los interrogatorios que en su nave no viajó ningún mando alemán. ¿Mintió?

El 26 de junio, la jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos Aires informó de que un submarino no identificado había sido visto en las costas argentinas mientras era reabastecido de combustible por un velero. 

De la nave, según el dossier, desembarcaron en un bote de goma un hombre y una mujer que fueron recibidos por un ciudadano alemán que los trasladó hasta una estancia en las inmediaciones.

Este dato coincide con un informe que el director del FBI, Edgar Hoover, recibió de un agente de contraespionaje en septiembre de 1944 titulado ‘Posible vuelo de Hitler a la Argentina’, en el que se mencionaba, como escondite factible, una estancia del conde de Luxburg, el encargado de las relaciones públicas del espionaje alemán desde la Primera Guerra Mundial.

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Ultramar Sur.Adolf Hitler  desapareció en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial. Su sucesor, Karl Dönitz (a la izquierda), rigió Alemania hasta su capitulación. A él le fue encomendada la operación Ultramar Sur.

‘Ultramar Sur, la última operación secreta del Tercer Reich’ es el título de la investigación de dos periodistas argentinos, Juan Salinas y Carlos Di Napoli, que reveló, por primera vez, documentación inédita de la rendición de los submarinos alemanes en las costas argentinas.

Los autores accedieron a los interrogatorios de los marinos germanos por parte de la Marina argentina, pero no pudieron acceder a los documentos que Estados Unidos y el Reino Unido aún conservan sobre la operación Ultramar Sur, guardados como top secret, y descalificados en 2020. 

Salinas y Di Napoli trabajaron varios años para desentrañar las especulaciones acerca de que en los dos submarinos rendidos en las costas argentinas, el U-530, el día 10 de julio, y el U-977, el 17 de agosto, llegaron importantes jerarcas nazis y grandes tesoros procedentes del Tercer Reich.

Stalin nunca creyó en el suidicio del führer: «Hitler, no está muerto. Escapó. O bien a España o bien a Argentina»

La tripulación del primer submarino que se entregó en Mar del Plata, el U-530, estaba compuesta por 53 marinos, en su mayoría indocumentados, a las órdenes del teniente de navío Otto Wehrmut, de 25 años. 

Los interrogatorios no lograron aclarar si en el submarino viajaban altos cargos alemanes, pero sí que en breve plazo se entregaría otra nave. El ministro Tessaire, en una rueda de prensa tras las pesquisas, comunicó que en el barco no se había hallado apenas documentación y que dada la juventud de la tripulación no parecía razonable que entre ellos se hubieran infiltrado jerarcas nazis.

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Un ejército marino.La flota de submarinos construidos entre 1939 y 1945 por el Tercer Reich fue su arma de guerra más poderosa. Y también, la mejor manera para que algunos mandos nazis escaparan tras la finalización de la contienda. Dos de ellos llegaron en el invierno austral de 1945 a Argentina con decenas de oficiales a bordo.

La Armada argentina deseaba quedarse con la nave y el 12 de junio izó en su mástil la bandera nacional. Pero la reacción de Estados Unidos y Gran Bretaña fue fulminante: no sólo exigieron la entrega inmediata del submarino, sino también de la tripulación. 

Ante el ultimátum, el Gobierno argentino puso la nave a disposición de Estados Unidos e Inglaterra. Era el 17 de julio, el mismo día que se iniciaba en Postdam la cumbre de los vencedores para tratar la posguerra. 

Durante uno de los cócteles que tuvo lugar en la cumbre, el secretario de Estado norteamericano Jimmy Byrnes se acercó al líder ruso Joseph Stalin y, tras brindar con él, le preguntó si creía que Hitler estaba muerto, a lo cual Stalin respondió: «No está muerto. Escapó. O bien a España o bien a Argentina».

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La rendición.El 10 de julio y el 17 agosto de 1945, las naves U-530 y U-977 arribaron a Mar de Plata (Argentina). Sus tripulaciones, compuestas por oficiales nazis, se entregaron. No iban llenos, lo que hace sospechar que desembarcaron a algunos pasajeros.

Al ‘U-530’ le faltaba un bote de goma. Uno similar se encontró en las cercanías de Necochea, una playa del sur de la provincia de Buenos Aires. Un despacho de la agencia UP fechado el 18 de julio en Londres dejó a la prensa mundial sin habla: «En las esferas oficiales de esta capital se afirma que Hitler desembarcó en Argentina el 30 de junio transportado por el U-530».

Los aliados, para confirmar este hecho, no tuvieron mejor idea que preguntar a los oficiales alemanes detenidos. Eberhardt Godt, el histórico lugarteniente de Dönitz, afirmó: «Si se hubieran hecho preparativos para sacar a Hitler de Alemania, yo me habría enterado».

El segundo submarino, el U-977, al mando de Heinz Schäffer, finalmente se entregó en Mar del Plata el 17 de agosto. Habían pasado tres meses desde su partida de un puerto noruego. 

El U-977 tenía 16 plazas libres, lo que provocó todo tipo de suspicacias y dio aún más fuerza a las versiones de los desembarcos anteriores a la fecha de su rendición. Tras su entrega en Mar del Plata, toda la tripulación fue conducida a Estados Unidos donde los oficiales fueron acusados de colaborar con la fuga de Hitler y Eva Braun. 

Pero aunque en 1947 los marinos fueron liberados, el contenido de los interrogatorios ingleses y estadounidenses fue declarado secreto.

alternative textEl misterio de su muerte. La historia oficial afirma que el führer y Eva Braun se suicidaron junto con la familia Goebbels en el búnker de la Cancillería en Berlín. Pero una investigación señala que Hitler pudo escapar de Alemania en un submarino y vivir en Argentina hasta su muerte.

En agosto de 2003, el Gobierno argentino ordenó investigar la destrucción de unos dossieres que revelaban la identidad de 49 jerarcas nazis que llegaron al país al término de la guerra, entre ellos, Adolf Eichmann, Josef Menguele y Erich Priebke. Habían entrado al país bajo los nombres falsos de Ricardo Klement, Helmut Gregor y Otto Pape.

En 1960, tras una infiltración del servicio secreto israelí, Eichman fue llevado a Israel, donde fue juzgado y condenado a la horca. 

En el caso del médico Joseph Menguele, la historia oficial relata que ingresó en Argentina como ciudadano italiano, que en 1960 se refugió en Paraguay y que en 1979, a los 79 años, falleció en Brasil. 

En el caso de Erich Priebke, que se ocultó como Otto Pape, la justicia italiana lo condenó a cadena perpetua por el asesinato de 335 ciudadanos de ese país en las Fosas Ardeatinas y finalmente logró extraditarlo a Italia en 1994.

Imagen de portada: Gentileza de Zenda. Autores, libros y compañía.

FUENTE RESPONSABLE: El Correo XL Semanal. Abril 2022

Sociedad y Cultura/Segunda Guerra Mundial/Nazismo/Hitler

 

 

 

Falla-Salazar: Un diálogo musical por carta a cuatro manos.

Un libro recoge el epistolario cruzado entre dos de las más destacadas personalidades en la historia de la música en nuestro país.

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En 1914 se estrenaba en el Teatro de la Zarzuela de Madrid una obra destinada a marcar un antes y un después en la historia de la música en nuestro país. Ese día se presentaba ante el público «La vida breve», de Manuel de Falla. El compositor había vuelto de Francia después del estallido de la Primera Guerra Mundial. Con él traía todo lo que había aprendido durante siete años en París junto a Debussy, Ravel o Dukas, además de algunos de los músicos españoles que vivían en aquella ciudad, como Turina, Viñes y, sobre todo, Albéniz. El público aplaudió «La vida breve», entre ellos un joven de 25 años que vivía de su modesto trabajo en el cuerpo de telégrafos de Madrid, aunque sus aspiraciones eran de corte intelectual. Se llamaba Adolfo Salazar y fue uno de los más importantes musicólogos españoles del siglo pasado. Él se convirtió en el amigo y el aliado de Falla como lo demuestra el copioso epistolario que mantuvieron y que acaba de editar Publicaciones de la Residencia de Estudiantes y Publicaciones del Archivo Manuel de Falla bajo el cuidado de Consuelo Carredano.

«Manuel de Falla-Adolfo Salazar. Epistolario 1916-1944» recoge las 345 cartas conservadas y que arrojan nuevas luces sobre las dos personalidades. En este volumen acompañamos a un Manuel de Falla que busca un lugar en el que instalarse definitivamente para poder trabajar en silencio y poco a poco en la que debía ser su gran obra: el poema sinfónico «La Atlántida». La tranquilidad la encontrará en Granada donde se mudará al final en 1920 a un carmen en la calle Antequeruela Alta, no muy lejos de la Alhambra. Salazar continuará en Madrid, pero la comunicación pervivirá gracias al epistolario. Sin embargo, la comunicación se inicia antes, en 1916, cuando Salazar se había trasladado hasta San Sebastián para poder asistir a una representación de los míticos Ballets Rusos de Serge Diaghilev. Con la llegada de Falla a la ciudad nazarí será cuando las cartas pasen a incrementarse en número con abundante información sobre proyectos –algunos no materializados–, la vida cotidiana y los amigos comunes.

Tal y como explica Consuelo Carredano, responsable de esta cuidadisima edición, Falla y Salazar eran personalidades contrastantes. Se ha dicho que el autor de «El amor brujo» era, como dice Carredano en su introducción, hombre de personalidad «a veces extraña, obsesiva, meticulosa, además de austera y necesitada de soledad». Eso contrataba con un espíritu «alegre, irónico, confiado y natural», como demostró en su vida social en Granada, además de aceptando los juegos y las bromas de amigos como María Lejárraga o Federico García Lorca.

Manuel de Falla: una vida reconstruida en un importante archivo

Desde hace unos años, el Archivo Manuel de Falla, donde se guarda el importante fondo documental alrededor del gran compositor, ha emprendido la labor de publicar la totalidad de los epistolarios cruzados entre el autor de «El amor brujo» y sus amigos y colaboradores. En los últimos años han visto la luz, gracias a esta iniciativa, las cartas entre Manuel de Falla y Leopoldo Matos, así como las que se escribió con sus colaboradores María Lejárraga y Gregorio Martínez Sierra o con John B. Trend, quien luego sería catedrático de la Universidad de Cambridge.

Por su parte, el musicólogo era, de nuevo en palabras de la editora de estas cartas, alguien que tenía un sentido del humor «más bien cáustico y como crítico, cuando no caía en sus pertinaces esencialismos, podía tener una visión bastante pesimista de las cosas y una pluma mordaz para sus adversarios, a quienes solía guardarles empecinada fidelidad».

Sin polémicas ni ofensas

Hay que decir que en el epistolario no entra en polémicas. Ambos son muy cuidadosos de ofender al otro. Por ejemplo, Falla era un hombre profundamente religioso, «un santo, un místico», como decía Lorca de él, hecho que lo diferenciaba de Salazar. El musicólogo evitó cuidadosamente no crear ningún tipo de polémicas a este respecto, con una excepción: una carta del 1 de febrero de 1930 en la que afirma que «creo que la culpa de todo la tiene la moral cristiana con su infernal soberbia disfrazada de humildad. Pero Jesucristo iba al templo con látigos». Falla contestó tres días más tarde indignado: «¿Es que se ha vuelto loco? De otro modo no podría explicarme la frescura con que me habla usted contra la moral cristiana sabiendo mi modo de pensar y de sentir. Para mí la moral cristiana es la “única verdad” que en moral existe». Falla concluía añadiendo que «estoy enfermo y no poca culpa tienen estas cosas».

Uno de los grandes nombres en este libro es quien fue el discípulo de Falla: Ernesto Halffter. Salazar pensaba que había que buscar a alguien que pudiera ser continuador de la obra del músico gaditano. Halffter fue el candidato perfecto, algo en lo que estuvo de acuerdo Falla tras conocerlo. El grado de preocupación por el futuro del músico lo encontramos en una carta del 31 de diciembre de 1923 en la que Salazar escribe que «lo peor es que Ernesto sigue teniendo en casa las historias de siempre. Su padre ídem, ídem, ídem. ¡Cuánta razón tiene Poincaré! No debería quedar uno. No sé cómo hacer [para] que este chico se marche a París. Es el único remedio y su única salvación como artista y como hombre. Allí creo que como acompañador [muy bueno] y pianista se podría ganar la vida y podría desarrollarse en aquel ambiente. Pero no sé cómo hacerle pasar la frontera. Lo más desesperante es que sea sólo español y nada más que español…, pero que aún no haya cumplido 19 años. [Los cumple el día 16]. ¡Dios proveerá!»

Al recibir estas líneas, Falla no tardó en responder apuntando que «me dice usted que no ve para Ernesto otra solución que París. A nadie le puede parecer mejor que a mí, pero lo único que me asusta un poco (por propia experiencia) es la eterna cuestión de los medios de vida. Si él los tiene, entonces que se vaya allí cuanto antes; pero que no confíe en los que allí pueda obtener, pues los mismos nacionales andan de cabeza en esa cuestión. Yo veo en cambio, y por el momento al menos, una buena solución en lo de la Orquesta [Filarmónica] de Sevilla».

Adolfo Salazar: la vida epistolar de un nombre clave de la Generación del 27

Adolfo Salazar es uno de esos nombres que merecen ser reivindicados, aunque en ocasiones su legado haya quedado injustamente silenciado. Uno de los primeros pasos para rescatar se dio en 2008 de la mano de las Publicaciones de la Residencia de Estudiantes cuando se editó «Epistolario 1912-1958», con buena parte de las cartas de Salazar, bajo el cuidado de Consuelo Carredano. En su casi millar de páginas podemos saber de los contactos de Salazar con nombres como Ígor Stravinski, Ezra Pound, Federico García Lorca, Ernesto y Rodolfo Halffter, Jesús Bal y Gay, Gerardo Diego o León Sánchez Cuesta, entre otros.

Este año se conmemora el primer centenario de la celebración del legendario Concurso de Cante Jondo en el que Falla, gracias a los buenos auspicios de García Lorca, tuvo un papel importante en su organización. Pese a que el compositor se volcó en la iniciativa, no parece que Salazar respondiera con igual pasión al entusiasmo de Falla. Eso es lo que se puede desprender de una carta del musicólogo que responde a otra, por desgracia perdida, del autor de «Noches en los jardines de España». «¡No tema usted mis enfriamientos sobre el cante! ¡Nada de eso! Sino que quiero enterarme y hago mis preguntas cuando tengo dudas. Por lo demás, imagínese usted, siempre entusiasmado por la idea y deseando que se lleve a efecto sin esas absurdas dificultades, y a pesar de los articulistas chirles que creen que eso es… ¡¡africanizarnos!!», escribe Adolfo Salazar.

Comunicación fluida

Ya se ha dicho que la comunicación entre los dos protagonistas fue fluida y larga, pero faltan cartas que se han perdido probablemente para siempre. Eso es lo que puede explicar que el epistolario quedara interrumpido entre 1932 y 1942. Cuando Manuel de Falla, autoexiliado en Argentina, lo reemprende, Salazar vive en México. Son los dos viejos amigos de siempre, aunque evitan con cuidado no entrar en temas político. Sin embargo, el drama de lo dejado en España inevitablemente se acaba filtrando en esas cartas, como cuando Falla se entera de la suerte del músico Miguel Salvador, encarcelado y condenado a muerte, aunque la pena fue conmutada, muy probablemente gracias al autor de «El amor brujo»: «Lo de Miguel lo supe por los diarios de aquí. Días inquietos fueron aquellos, sirviéndome de cuantos pudieran secundarme para evitar lo que algún periódico daba como fatalmente irremediable. Al fin recibía noticias muy tranquilizadoras».

En el estreno de «Mariana Pineda»

Uno de los nombres que aparecen con más regularidad en las cartas es Federico García Lorca, amigo tanto de Falla como Salazar. En el epistolario se visualiza el seguimiento que ambos hacen de la carrera del poeta, como cuando Salazar asiste al estreno de «Mariana Pineda» en Madrid en octubre de 1927, de la mano de Margarita Xirgu y con decorados de Dalí. «La obra me agradó mucho y tuvo muy buena acogida, pero ya le haré a usted más detenidamente mis reservas. Claro es que es una primera obra y usted sabe que hay quienes piensan que esto excusa para descuidos en rigor inexplicables. ¡Cuánto he pensado en usted y en lo necesario que hubiera sido para Federico un maestro como usted que le hubiese obligado a podar las ramas muertas, las frases mal hechas, las vulgaridades y los ripios entremezclados con cosas preciosas y de la más fina calidad».

Imagen de portada: En la imagen, de izquierda a derecha: Adolfo Salazar, Francisco García Lorca, Manuel de Falla, Ángel Barrios y Federico García Lorca dentro de la Torre de las Cabezas de la Alhambra, a la que Falla denominó «el subterráneo de Aladino”, 1921. FOTO: CORTESÍA DEL ARCHIVO MANUEL DE FALLA DE GRANADA.

FUENTE RESPONSABLE: La Razón. España. Abril 2022

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