SU VIDA CON EVA BRAUN. ASÍ ERA HITLER BAJO LAS SÁBANAS.

Se ha dicho siempre que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. ¿Y detrás de un demonio? Eva Braun, la mujer que acompañó al ‘Führer’ hasta sus últimos días, fue testigo de una intimidad a la que muy pocos se asomaron. Cuando se cumplen 110 años de su nacimiento, revisamos la historia de una mujer desconcertante.

Un blindado se abre paso bajo las bombas hacia el búnker de la Cancillería de Berlín. Regresa de cumplir una misión de vital importancia en las últimas horas del régimen nazi. 

El Crepúsculo de los dioses se representa en las calles de la capital y la tripulación del vehículo ha arriesgado la vida para ir a buscar a un hombre imprescindible. No es un general, tampoco es un embajador. Es un funcionario del registro civil que, hasta hace unos instantes, combatía a unas cuantas calles de distancia. 

Será el encargado de oficiar una boda. Los contrayentes, que aguardan protegidos por toneladas de hormigón, responden a los nombres de Adolf Hitler y Eva Braun. Es 30 de abril de 1945. Pocas horas después, los recién casados emprenden viaje gracias a dos pastillas de cianuro y una pistola humeante.

Los próximos al Führer creían que «era un asceta, muy por encima del sexo». Para desmentirlo, Eva comentó al ver una foto del premier británico en la residencia de Hitler: «Si él supiera la historia que tiene ese sofá…»

Los historiadores nunca le han prestado atención suficiente a esa mujer que vivió y murió al lado de Hitler. En los primeros años de posguerra se asentó la imagen de que era “una rubita tonta”, en palabras de la historiadora Heike Görtemaker, autora de la primera biografía académica sobre Eva Braun. Era «la novia del monstruo», añade en una entrevista del semanario Stern. Se han escrito miles de libros sobre la figura de Hitler, pero la mayoría se limita a su vertiente política porque no se le concebía otra.

El historiador británico Ian Kershaw afirma en su monumental Hitler que: «‘Privado’ y ‘público’ se confundían completamente y se hacían inseparables.

Todo el ser de Hitler vino a quedar embebido dentro del papel que interpretaba a la perfección: el papel de ‘Führer’». 

Sin embargo ha surgido el interés por la otra vertiente del dictador, la de ser humano diabólico y no la de diablo con forma humana. Y es aquí donde la figura de Eva Braun se hace imprescindible. Es cierto que «su vida sólo es relevante porque la vivió con Hitler. El interés está en la cuestión de si es posible construir una nueva perspectiva sobre Hitler a través de ella», opina Görtemaker. Y a este fin ha dedicado su libro Eva Braun: Leben mit Hitler.

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Secreto de estado. Eva Braun fumaba, bebía y le gustaba bailar y flirtear; también el lujo y la moda: prefería los zapatos italianos y encargaba las pieles en París. Emulaba a las estrellas de cine. Era todo lo que Hitler decía despreciar. Eva, sin embargo, nunca aparecía en actos oficiales y, al principio, Hitler la veía a escondidas. Luego se convirtió en la reina del Berghof.

Para ello ha dejado a un lado todas esas anécdotas triviales, pero que tanto se han difundido, como los celos que Eva sentía por Blondie, el pastor alemán de Hitler, y las patadas a escondidas con las que se desahogaba, sus discusiones por la incomestible dieta vegetariana que el dictador quería imponer, incluso sobre los intentos del personal de limpieza de encontrar entre las sábanas las pruebas de unas relaciones sexuales que sólo eran «presuntas». 

En su lugar, la historiadora berlinesa se ha fijado en todos los detalles que puedan iluminar la personalidad de Eva Braun y los vericuetos de su relación con Hitler.

La correspondencia privada entre ambos fue destruida por orden del dictador, por eso ha tenido que recurrir a cartas a sus amigos y familiares, a anotaciones en viejos diarios, a comentarios casuales extraídos de declaraciones de personas pertenecientes al reducido círculo íntimo de Hitler, a fotografías y grabaciones. 

Los documentos son pocos, pero la mirada es distinta. Hasta ahora se partía de la sentencia del británico Trevor-Roper, autor de un estudio sobre el dictador publicado en 1947: Eva Braun “no es interesante”… un resumen demasiado categórico para 16 años de relación.

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De armas tomar. La autora de Eva Braun: La vida con Hitler, la historiadora Heike Gortemaker, refuta la idea de ‘pasividad’ de la compañera sentimental de Hitler. Según Gortemaker, Eva Braun decidió estar al lado del Führer y luchó para conseguirlo.

Ambos se conocieron en 1929 en el laboratorio fotográfico de Heinrich Hoffmann, a tiro de piedra de la sede del Partido Nazi. 

Hitler se pasaba por allí a menudo para visitar a su camarada del partido y fotógrafo personal. La nueva ayudante –llevaba un par de semanas en el puesto— atrajo su atención al instante. 

Era mucho más joven que él, sólo tenía 17 años. Atractiva, alegre, ingenua en apariencia. «¿Me permite invitarla a la ópera, señorita Eva?», así, con el tono cortés y meloso que Hitler siempre empleaba con las mujeres, empezó la relación. A sus 40 años, el futuro genocida era todavía un político ascendente.

Ella era la segunda hija de una modista y un maestro de escuela. El interés de Hitler quedó patente cuando hizo investigar el árbol genealógico de Eva en busca de posibles antepasados judíos. Esa historia tenía futuro, pero no sería una relación fácil.

Eva se intentó suicidar dos veces. La primera, en 1932, con una pistola, para llamar la atención de Hitler. La segunda, en 1935, con somníferos. Los motivos: se sentía sola y abandonada

Prueba de ello son los dos intentos de suicidio de Eva Braun. El primero, en 1932, con la pistola de su padre y, según comentaron sus conocidos, con la intención de llamar la atención de un Hitler embarcado en la carrera que lo llevaría al poder. 

Distante, absorbido por la política, hizo un hueco en su extenuante gira electoral, en la que pronunciaba tres o cuatro discursos diarios, y se acercó al hospital con un gran ramo de flores. «Doctor, dígame la verdad», preguntó angustiado por la posibilidad de que muriera. La chica viviría. Hitler, aliviado, volvió a su campaña. 

El segundo intento de suicidio tuvo lugar en 1935, esta vez con somníferos. Los motivos fueron los mismos: se sentía sola y abandonada, Hitler viajaba de un lugar a otro, pasaban pocos días juntos, no prestaba atención a sus quejas. «Si no tengo respuesta antes de las 10 de la noche, me tomaré mis 25 pastillas». Hitler, ya señor de Alemania, captó el mensaje.

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Pareja de hecho. Hitler y Eva convivían pero él creía que ser soltero favorecía su estrategia política. Ella era una gran aficionada a la fotografía. Retrató al Führer en numerosas ocasiones en Berghof, la sede de la corte nazi en los Alpes.

A pesar de la mayor atención que ahora le dedicaba Hitler, su papel seguía siendo discreto, sólo sabía de su existencia el reducidísimo círculo de confianza que se reunía en el Berghof, la residencia de Hitler en los Alpes y sede, hasta que la guerra empezó a torcerse, de lo más parecido a una corte nazi. 

Y allí se trasladó Eva para ejercer de señora de la casa. Era un escenario de lujo, con mármol de Carrara y piedra de Bohemia, y a la vez pequeñoburgués: ambiente tranquilo y casi familiar, pocas figuras destacadas. Según sus integrantes, estaba prohibido hablar de política si había mujeres presentes. Moda, cría de perros y coches, ésos eran los temas. 

Y las largas peroratas de Hitler a la luz de las velas hasta que Eva se acercaba a él entre los bostezos disimulados de los presentes y le decía “ya es tarde”. Él asentía y subía a su dormitorio, en el primer piso. Unos minutos después lo hacía ella. Sus habitaciones, al fondo de un largo pasillo cubierto con una gruesa alfombra de terciopelo, estaban comunicadas por una puerta.

«Muchas mujeres me adoran porque no estoy casado», decía Hitler, que prefería a Eva en la sombra para que el entusiasmo de las féminas cuando pronunciaba sus discursos arrastrase a los hombres a seguirle.

Para Heike Görtemaker, no cabe duda de que compartieron una relación sexual durante años. Discreta, escondida, pero incuestionable. 

En una estancia en el Berghof, Reinhard Spitzy, ayudante del ministro de Exteriores y nazi ferviente, se sorprendió al ver la relación de Hitler con Eva, pensaba que el Führer «era un asceta, muy por encima del sexo y el placer», comentó. Para desmentir esa imagen, la propia Eva dijo: «Si él supiera la historia que tiene ese sofá…», cuando vio una fotografía del premier británico Neville Chamberlain en el salón de la residencia de Hitler en Múnich, durante su visita de 1938.

Discreción total. Secretismo. Eva no existía para los alemanes. Vivía a la sombra del Führer, esa creación teatral de Adolf Hitler que le reclamaba todas sus energías y que era el único papel que le encajaba. 

Y que tenía sus exigencias: «Muchas mujeres me adoran porque no estoy casado». Y las mujeres eran su principal apoyo: «Son las primeras en reaccionar a mis discursos; luego siguen los niños y, por último, los padres».

Las mujeres jugaron un papel secundario en la vida de Hitler y del régimen nazi, ésa es la imagen tradicional. Todos los gerifaltes eran hombres. Pero en la masa que lo sustentaba las mujeres eran fundamentales. 

Había, desde luego, nazis fanáticas, como Magda Goebbels, esposa del ministro de Propaganda, o Hanna Reitsch, famosa aviadora que le pidió a Hitler permiso para lanzar una flota de kamikazes contra los rusos que llegaban al Oder, o Gertrud Scholtz-Klink, líder de la rama femenina del Partido Nazi, dispuesta a organizar a sus afiliadas en batallones de choque.

¿Y Eva? ¿Se puede establecer paralelismos entre el papel de Eva y el de las alemanas de a pie? Heike Görtemaker está convencida de que Eva era mucho más que el ‘descanso del guerrero’, de que «compartía sin ambages la visión del mundo y las ideas políticas de Hitler».

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Vida doméstica.Eva Braun pasó 16 años de su vida con Hitler. Una convivencia que incluía comidas como la de la imagen. El dirigente alemán era vegetariano, aunque no está claro si por convicción ecológica o por sus severos problemas de estómago e intestinales. Ella estuvo con él hasta el final. Cuando murió, Eva tenía 33 años.

Hay pruebas documentales de que estaba presente durante la discusión de cuestiones políticas delicadas. Es difícil creer que Hitler no las comentara con ella o que no hiciera de ella el receptor de sus habituales monólogos, muchos furiosamente antisemitas. 

Eva pasó la mitad de su vida rodeada de los nazis más fanáticos. Imposible sobrevivir en ese ambiente si se lo aborrece. ¿De dónde nace entonces esa visión apolítica de las mujeres en general y de Eva en particular? 

Las afirmaciones de los líderes nazis tras la guerra y la interpretación que de ellas hicieron los historiadores, sobre todo anglosajones, tienen la culpa. En declaraciones al diario The Observer, Heike Görtemaker comenta: «Albert Speer (ministro de Armamento) dijo que, ‘para todos los historiadores, Eva Braun va a suponer una decepción’ y sostuvo que las mujeres no desempeñaron un papel significativo en el Partido Nazi. Se refería a todas las mujeres, desde las esposas hasta las secretarias. 

Speer estaba tratando de proteger a su mujer. Existía un fuerte movimiento para proteger a las mujeres en general y así se aceptó universalmente que las mujeres desempeñaron un papel discreto en la política del Tercer Reich». Durante los procesos de desnazificación, los padres de Eva Braun sostuvieron que su hija era una especie de ama de llaves de Hitler. Así protegieron su memoria.

Sin embargo, esta ama de llaves se mantuvo durante 2.280 días al lado de Hitler. En la última parte de la guerra se trasladó a Berlín y, aunque su habitación estaba en la parte antigua de la Cancillería, seguía viendo al dictador regularmente. 

Cuando los bombardeos se agravaron, se encerró con él en el búnker. Hizo oídos sordos a los ruegos de Hitler, no escaparía a Baviera, moriría con él.

 «Sólo la señorita Braun y mi perro me son fieles y están a mi lado», se dice que comentó Hitler en los últimos días. La fidelidad puede que fuese la virtud que más valoraba en Eva. 

Y al final ella tuvo la recompensa que siempre había ansiado: el hombre que estaba “casado con Alemania” le propuso matrimonio bajo las bombas. El siguiente paso de este pacto con el diablo fue el suicidio: primero, ella; instantes después, él. 

Casi 65 años más tarde, el rostro de Eva Braun llena las portadas de la prensa alemana, pero es una Eva nueva, diferente. Está por ver si se la seguirá considerando la «rubita tonta», pues en el fondo resulta preferible imaginar a un único demonio, a un Hitler de maldad monolítica, sin fisuras ni andamiajes.

VIRGEN HASTA LOS 40- EL FÜHRER NO ‘CUMPLÍA’ Foto: Cordon Press

Albert Speer, el arquitecto en jefe de Hitler, contó en sus memorias una versión menos romántica de su relación con Eva Braun. 

En 1943, según Speer, Eva se presentó llorosa ante él y le confesó: «El Führer me ha dicho que me busque a otro. ¡Pues reconoce que ya no es capaz de cumplir como un hombre!». 

Eva, con 31 años, estaba en su plenitud sexual, y recurrió a su médico particular, el doctor Morell, pero éste no consiguió reconstituir la líbido del Führer. 

Interrogado por los estadounidenses una vez acabada la guerra, Morell aseguró que la vida sexual de Hitler había sido normal. La autopsia efectuada por los soviéticos puso de manifiesto que Hitler efectivamente sólo tenía un testículo, lo que acaso explicara su tardanza a la hora de perder la virginidad (a los 40 años de edad) y su obsesión por que nunca lo vieran desnudo. A pesar de su juventud, Eva supo llevar bien la situación e insuflar confianza a su amante.

Imagen de portada: Gentileza de El Correo Semanal XL

FUENTE RESPONSABLE: El Correo Semanal XL. Por Rodrigo Padilla. Febrero 2022.

Sociedad y Cultura/Alemania nazi/Adolf Hitler/Eva Braun

LA GRAN FUGA DE HITLER: OPERACIÓN ‘ULTRAMAR SUR’.

77 AÑOS DE SU MUERTE

Dos submarinos nazis se rindieron en Argentina tras la capitulación alemana. Al primero, el ‘U-530’, le faltaba un bote. Al ‘U-977’, 16 tripulantes. ¿Habían desembarcado los jerarcas nazis en las costas del Mar de Plata?

Ningún mando del Ejército aliado supo, durante los últimos días de la guerra, dónde se escondía Adolf Hitler. 

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Sólo después de la rendición alemana comenzó a crecer el rumor de que el führer había permanecido hasta el último momento en el búnker de la Cancillería, donde se habría suicidado junto con su esposa, Eva Braun, y la familia Goebbels.

El 9 de junio, un mes antes de la capitulación formal de Alemania, el mariscal soviético Giorgi Zucov, cuyas tropas habían ocupado el búnker berlinés del führer, ofreció una conferencia de prensa en la que afirmó que no habían encontrado el cuerpo de Hitler, el cual posiblemente habría conseguido escapar de Berlín y que, según los servicios de inteligencia del Ejército Rojo, a escasas horas de su supuesto suicidio, un submarino alemán se había hecho a la mar en Hamburgo llevando a una mujer entre su tripulación.

Apenas tres semanas después, el 22 de mayo, mientras transcurrían las últimas horas del gobierno del almirante Karl Dönitz, al que el desaparecido Adolf Hitler había nombrado sucesor, en Buenos Aires, Argentina, el jefe del Estado Mayor de la Armada, Héctor Vernengo Lima, enviaba una comunicación secreta al ministro de Marina, Alberto Teissaire. 

En ella le anunciaba que varios submarinos alemanes estaban cruzando el Atlántico rumbo a Argentina.

Otto Wehrmut, que estaba al mando del U-530, afirmó en los interrogatorios que en su nave no viajó ningún mando alemán. ¿Mintió?

El 26 de junio, la jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos Aires informó de que un submarino no identificado había sido visto en las costas argentinas mientras era reabastecido de combustible por un velero. 

De la nave, según el dossier, desembarcaron en un bote de goma un hombre y una mujer que fueron recibidos por un ciudadano alemán que los trasladó hasta una estancia en las inmediaciones.

Este dato coincide con un informe que el director del FBI, Edgar Hoover, recibió de un agente de contraespionaje en septiembre de 1944 titulado ‘Posible vuelo de Hitler a la Argentina’, en el que se mencionaba, como escondite factible, una estancia del conde de Luxburg, el encargado de las relaciones públicas del espionaje alemán desde la Primera Guerra Mundial.

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Ultramar Sur.Adolf Hitler  desapareció en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial. Su sucesor, Karl Dönitz (a la izquierda), rigió Alemania hasta su capitulación. A él le fue encomendada la operación Ultramar Sur.

‘Ultramar Sur, la última operación secreta del Tercer Reich’ es el título de la investigación de dos periodistas argentinos, Juan Salinas y Carlos Di Napoli, que reveló, por primera vez, documentación inédita de la rendición de los submarinos alemanes en las costas argentinas.

Los autores accedieron a los interrogatorios de los marinos germanos por parte de la Marina argentina, pero no pudieron acceder a los documentos que Estados Unidos y el Reino Unido aún conservan sobre la operación Ultramar Sur, guardados como top secret, y descalificados en 2020. 

Salinas y Di Napoli trabajaron varios años para desentrañar las especulaciones acerca de que en los dos submarinos rendidos en las costas argentinas, el U-530, el día 10 de julio, y el U-977, el 17 de agosto, llegaron importantes jerarcas nazis y grandes tesoros procedentes del Tercer Reich.

Stalin nunca creyó en el suidicio del führer: «Hitler, no está muerto. Escapó. O bien a España o bien a Argentina»

La tripulación del primer submarino que se entregó en Mar del Plata, el U-530, estaba compuesta por 53 marinos, en su mayoría indocumentados, a las órdenes del teniente de navío Otto Wehrmut, de 25 años. 

Los interrogatorios no lograron aclarar si en el submarino viajaban altos cargos alemanes, pero sí que en breve plazo se entregaría otra nave. El ministro Tessaire, en una rueda de prensa tras las pesquisas, comunicó que en el barco no se había hallado apenas documentación y que dada la juventud de la tripulación no parecía razonable que entre ellos se hubieran infiltrado jerarcas nazis.

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Un ejército marino.La flota de submarinos construidos entre 1939 y 1945 por el Tercer Reich fue su arma de guerra más poderosa. Y también, la mejor manera para que algunos mandos nazis escaparan tras la finalización de la contienda. Dos de ellos llegaron en el invierno austral de 1945 a Argentina con decenas de oficiales a bordo.

La Armada argentina deseaba quedarse con la nave y el 12 de junio izó en su mástil la bandera nacional. Pero la reacción de Estados Unidos y Gran Bretaña fue fulminante: no sólo exigieron la entrega inmediata del submarino, sino también de la tripulación. 

Ante el ultimátum, el Gobierno argentino puso la nave a disposición de Estados Unidos e Inglaterra. Era el 17 de julio, el mismo día que se iniciaba en Postdam la cumbre de los vencedores para tratar la posguerra. 

Durante uno de los cócteles que tuvo lugar en la cumbre, el secretario de Estado norteamericano Jimmy Byrnes se acercó al líder ruso Joseph Stalin y, tras brindar con él, le preguntó si creía que Hitler estaba muerto, a lo cual Stalin respondió: «No está muerto. Escapó. O bien a España o bien a Argentina».

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La rendición.El 10 de julio y el 17 agosto de 1945, las naves U-530 y U-977 arribaron a Mar de Plata (Argentina). Sus tripulaciones, compuestas por oficiales nazis, se entregaron. No iban llenos, lo que hace sospechar que desembarcaron a algunos pasajeros.

Al ‘U-530’ le faltaba un bote de goma. Uno similar se encontró en las cercanías de Necochea, una playa del sur de la provincia de Buenos Aires. Un despacho de la agencia UP fechado el 18 de julio en Londres dejó a la prensa mundial sin habla: «En las esferas oficiales de esta capital se afirma que Hitler desembarcó en Argentina el 30 de junio transportado por el U-530».

Los aliados, para confirmar este hecho, no tuvieron mejor idea que preguntar a los oficiales alemanes detenidos. Eberhardt Godt, el histórico lugarteniente de Dönitz, afirmó: «Si se hubieran hecho preparativos para sacar a Hitler de Alemania, yo me habría enterado».

El segundo submarino, el U-977, al mando de Heinz Schäffer, finalmente se entregó en Mar del Plata el 17 de agosto. Habían pasado tres meses desde su partida de un puerto noruego. 

El U-977 tenía 16 plazas libres, lo que provocó todo tipo de suspicacias y dio aún más fuerza a las versiones de los desembarcos anteriores a la fecha de su rendición. Tras su entrega en Mar del Plata, toda la tripulación fue conducida a Estados Unidos donde los oficiales fueron acusados de colaborar con la fuga de Hitler y Eva Braun. 

Pero aunque en 1947 los marinos fueron liberados, el contenido de los interrogatorios ingleses y estadounidenses fue declarado secreto.

alternative textEl misterio de su muerte. La historia oficial afirma que el führer y Eva Braun se suicidaron junto con la familia Goebbels en el búnker de la Cancillería en Berlín. Pero una investigación señala que Hitler pudo escapar de Alemania en un submarino y vivir en Argentina hasta su muerte.

En agosto de 2003, el Gobierno argentino ordenó investigar la destrucción de unos dossieres que revelaban la identidad de 49 jerarcas nazis que llegaron al país al término de la guerra, entre ellos, Adolf Eichmann, Josef Menguele y Erich Priebke. Habían entrado al país bajo los nombres falsos de Ricardo Klement, Helmut Gregor y Otto Pape.

En 1960, tras una infiltración del servicio secreto israelí, Eichman fue llevado a Israel, donde fue juzgado y condenado a la horca. 

En el caso del médico Joseph Menguele, la historia oficial relata que ingresó en Argentina como ciudadano italiano, que en 1960 se refugió en Paraguay y que en 1979, a los 79 años, falleció en Brasil. 

En el caso de Erich Priebke, que se ocultó como Otto Pape, la justicia italiana lo condenó a cadena perpetua por el asesinato de 335 ciudadanos de ese país en las Fosas Ardeatinas y finalmente logró extraditarlo a Italia en 1994.

Imagen de portada: Gentileza de Zenda. Autores, libros y compañía.

FUENTE RESPONSABLE: El Correo XL Semanal. Abril 2022

Sociedad y Cultura/Segunda Guerra Mundial/Nazismo/Hitler