El árbol genealógico de las sociedades que practican el celibato: todo está bien pensado.

SEGÚN UN ESTUDIO.

Se supone que en las culturas en las que abstenerse de tener hijos es algo común, esto debería pasar factura a la evolución de la población. Pero no, no es lo que sucede.

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Dicen que Siddhārtha Gautama renunció a todo para buscar el camino espiritual y desprenderse de los apegos que le unían al mundo. 

Abandonó a su esposa, Iashodhara, con quien estuvo casado desde los 16 años y tuvo un hijo, Rahua, pero eso no le detuvo para que emprendiera un estricto celibato que le privaría de descendencia en el resto de su vida.

Siguiendo el ejemplo del maestro, miles de practicantes budistas repartidos por todo el mundo reniegan de contraer matrimonio y tener hijos. El celibato no es propio únicamente de la religión budista, pero esta práctica sin duda se tiene culturalmente asociada, al menos a este lado del globo, en Occidente, a los monjes budistas que deciden dedicarse a la contemplación absteniéndose de sus posesiones materiales, así como sexuales y reproductivas. 

Ahora bien, cabe preguntarse si esto de alguna forma choca con el mínimo requisito para que se dé la evolución humana: la reproducción de la especie.

«Los primogénitos suelen ser los herederos de la casa de los padres, mientras que los segundos y posteriores suelen hacerse monjes»

Si formas una familia en algún lugar remoto de la región autónoma de China del Tíbet, es posible que uno de tus hijos, en concreto el primogénito, acabe siendo monje. De media, uno de cada siete niños en esta ‘zona cero del budismo’ sigue estrictamente el celibato y dedica su vida a la contemplación.

Así lo corroboran Ruth Mace y Alberto Micheletti, quienes han realizado un nuevo estudio publicado en el ‘Royal Society Proceedings B que aborda cómo influye y ha influido el hecho de abstenerse de tener hijos en la evolución de estas comunidades durante siglos.

Las clases sociales del budismo

Mace y Micheletti visitaron un total de 530 hogares repartidos en 21 aldeas de la parte oriental de la provincia de Gansu para preguntar a las cabezas de familia sobre su genealogía y sobre si alguno de sus miembros era monje. De esta forma, pudieron construir una historia oral colectiva de todas estas agrupaciones sociales y culturales, tan desconocidas por los occidentales o siempre vistas por estos, nosotros, bajo el icono de personas que deciden desprenderse de todas sus posesiones materiales para dedicar su vida al silencio contemplativo. 

«Estos pueblos estaban habitados por familias patriarcales que criaban manadas de yaks y cabras, a la par que al cultivo de pequeñas parcelas de tierra», explican los autores en ‘Science Alert’. «La riqueza se transmite generalmente por la línea masculina. Los hombres con un hermano monje generalmente eran más ricos y poseían más yaks». Sin embargo, «las hermanas de estos monjes no contaban con ningún beneficio económico, lo que se debía probablemente a que los hermanos acabaran por competir por los recursos de los padres: la tierra y el ganado».

Es por ello que los antropólogos concluyeron que una de las razones más útiles por las que había una proporción tan grande de monjes entre la población varón era precisamente esta: la competencia fraternal que existía por los recursos familiares se diluía si uno de ellos acababa en un monasterio. En este sentido, «los primogénitos suelen ser los herederos de la casa de los padres, mientras que los segundos y posteriores suelen hacerse cenobitas».

Las conclusiones: más hijos a pesar del celibato.

Por otro lado, los investigadores hallaron que «los hombres con un hermano monje, es decir, practicante del celibato, solía tener más hijos que aquellos en los que no había un monje en la familia», tal vez, como es lógico, para compensar. Al igual que por esa regla de tres los abuelos con un hijo monje solían tener más nietos, de tal forma que sus hijos no célibes no tenían ninguna relación de competencia con sus hermanos. 

Por tanto, el celibato en estas culturas en ningún caso implica que haya una menor descendencia, sino al contrario: el hecho de que un miembro del clan sea célibe hace aumentar el número de hijos.

«El celibato religioso puede evolucionar por selección natural porque, mientras el monje no está teniendo hijos, ayuda a sus hermanos a tener más», concluyen los autores. Y, por otro lado, «los cenobitas que permanecen solteros hace que haya menos hombres compitiendo por casarse con el resto de mujeres del pueblo». 

También hay que tener en cuenta que la decisión recae en un último término en los padres, pues si ningún hijo se ofrece, ellos tienen la última palabra. En caso de que ningún miembro se convierta en monje, estaría mal visto de cara al resto de la sociedad.

Imagen de portada: Istock

FUENTE RESPONSABLE: Alma, Corazón y Vida. Por E. Zamorano.5 fr julio 2022.

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