Los 10 mejores ganadores del Oscar a Mejor Película, de ‘Parasite’ a ‘Casablanca’

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Geoffrey Macnab de The Independent ha elegido a las mejores películas que han ganado el premio más prestigioso de Hollywood.

Al mirar la lista de ganadores a Mejor Película a lo largo de los años nos podemos dar cuenta de que casi todas todavía están en circulación.

Wings, de William Wellman, la primera ganadora en 1927, está disponible en DVD y Blu-Ray, al igual que otras ganadoras tempranas como Cimarrón y Broadway Melody.

La mayoría de las otras ganadoras como Mejor Película son títulos que cualquier cinéfilo reconocería al instante. Los puntos ciegos son obvios. La Academia nunca elige títulos en lenguas extranjeras. En los últimos años, ha pasado por alto las comedias.

The Shape of Water podrá haber ganado en 2018, pero los votantes generalmente desconfían de las películas de género. No se ven muchos títulos de ciencia ficción o artes marciales en la lista.

Hay una división cada vez mayor entre lo que gana en los Oscar y lo que genera dinero en taquilla. Aún así, el Oscar a Mejor Película sigue siendo uno de los referentes más confiables para las películas que seguirán siendo vigentes.

A continuación, nuestra lista de las 10 mejores películas que han ganado el mayor premio.

10. The Best Years of Our Lives (1946)

La película de William Wyler sobre tres veteranos que regresan a casa al final de la guerra todavía tiene un gran impulso emocional. Son de clases y orígenes diferentes, pero les cuesta terriblemente readaptarse a la vida civil. Algunos acusan al filme de ser beato y santurrón, pero trata con franqueza y de forma muy conmovedora tanto con los problemas de los soldados como con los que tienen sus familias y amigos para entenderlos. Ganó como Mejor Película el año en que también fue nominada It’s a Wonderful Life.

9. An American in Paris (1951)

Los mejores musicales de MGM mostraron un arte extraordinario. Este es uno de los mejores. No es solo la coreografía o la actuación increíblemente enérgica de Gene Kelly como una aspirante a artista en el París de posguerra, sino el uso del color y sonido. La secuencia de ballet al final de la cinta está, junto con la de The Red Shoes, de Michael Powell y Emeric Pressburger, como un ejemplo perfecto de cinematografía, en el que todos los elementos se equilibran perfectamente.

8. Casablanca (1942)

El productor Hal Wallis de Warner Bros tenía la habilidad de supervisar películas que eran populares y al mismo tiempo tenían consciencia social. No solo contaba con Humphrey Bogart, Ingrid Bergman y Claude Rains, sino que Casablanca trataba sobre refugiados, traición y política en tiempos de guerra. El guion de Julius y Philip G. Epstein ofreció diálogos sobre bares, con los sospechosos usuales, tocando “As Time Goes By”, que todavía se citan en la actualidad. Pocos ganadores como Mejor Película están tan arraigados en la consciencia del público como Casablanca.

Humphrey Bogart e Ingrid Bergman en Casablanca. (Warner Bros Pictures)

7. On the Waterfront (1954)

On the Waterfront de Elia Kazan puede leerse como el intento del director de justificar su propio comportamiento cobarde, tras dar nombres al Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes, durante la caza de brujas comunista. Su política es complicada y contradictoria. También está magníficamente interpretada. Puede decirse que Marlon Brando ofrece su mejor interpretación de todas en el papel de Terry Molloy, el trabajador portuario y colombófilo que podría haber sido un contendiente en la vida y en el ring si tan solo su hermano hubiera estado a su lado cuando más lo necesitaba.

6. Lawrence of Arabia (1962)

Fácil de descartar como una epopeya de un nacionalismo exacerbado de la pantalla ancha, la película de David Lean sobre TE Lawrence hace una exposición asombrosa vista en 70 mm. También ofrece un retrato sutil y penetrante de Lawrence (Peter O’Toole), el masoquista que es tanto el héroe inglés por excelencia como el forastero inglés por excelencia.

Peter O’Toole en Lawrence of Arabia. (AP)

5. All About Eve (1950)

El drama de Joseph L. Mankiewicz sobre una joven actriz en ciernes y la estrella establecida cuya carrera quiere usurpar cuenta con algunos de los diálogos más cáusticos de cualquier ganadora del Oscar a Mejor Película de Hollywood. La brillantez de Bette Davis como la estrella y de Anne Baxter como la aparentemente ingenua pero completamente despiadada joven aspirante es igualada por la maravillosamente ácida actuación de George Sanders en el rol del crítico teatral Addison DeWitt.

4. The Godfather II (1974)

Aún siendo la mejor secuela en la historia de Hollywood, esta película emuló a su predecesora, The Godfather, al ganar el Oscar a Mejor Película y la superó en la brillantez de su manufactura y sus actuaciones. Todo en ella, desde la cinematografía de Gordon Willis a las historias paralelas de Michael Corleone (Al Pacino) como el jefe de la familia criminal a finales de los cincuenta y Robert De Niro como su padre Vito muchos años antes, funcionan casi a la perfección. Sus rivales para el premio a Mejor Película en 1974 incluían a Lenny, Chinatown y The Conversation (también dirigida por Francis Ford Coppola). Todas habrían sido dignas ganadoras en otros años.

3. Unforgiven (1992)

El western se consideró un anacronismo y también lo fue el propio Clint Eastwood cuando hizo su sangrienta obra maestra. Eastwood interpretó a Will Munny, a quien conocemos por primera vez como un granjero y hombre de familia. Poco a poco, nos enteramos sobre su pasado como sicario. “He matado mujeres y niños. He matado todo lo que camina o se arrastra en un momento u otro, y estoy aquí para matarte, Little Bill”, le dice a su viejo rival Gene Hackman. Esta brutal y elegiaca cinta siempre fue una apuesta segura para su Oscar.

2. Parasite (2019)

La primera película en lengua no inglesa en ganar el Oscar a Mejor Película fue diferente en muchos niveles. La sátira surcoreana de Bong Joon Ho sobre clase, riqueza y vida familiar se convierte hacia el final en algo cercano a una película de terror, y las películas de género rara vez ganan un Premio de la Academia. Esta cinta fue ganadora de la Palma de Oro de Cannes, y los favoritos de los festivales, amados por los críticos moralistas, rara vez disfrutan del éxito generalizado.

Parasite, de Bong Joon Ho, fue la primera película en lengua no inglesa en ganar como Mejor Película. (Neon Pictures)

En años pasados, Parasite podría haberse colado en las nominaciones de “idioma internacional/extranjero”, sin competir por los premios principales. Su éxito sugirió un enfoque nuevo, más abierto e inclusivo por parte de los votantes de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. También ayudó, por supuesto, que fuera tan disfrutable de ver. Divertida, cáustica y macabra a ratos, cautivó a la audiencia dondequiera que se proyectó.

1. The Apartment (1960)

Solo Billy Wilder podría haber hecho una comedia romántica basada en la infidelidad, el trabajo monótono y la política de oficina y convertirla en una película tan encantadora como esta. Los votantes de la Academia a veces son acusados de fariseísmo y mojigatería, pero por suerte eso no los detuvo para darle el Oscar a Mejor Película a The Apartment.

Imagen de portada: Gentileza de “La Tercera”. Lo que el viento se llevo (1939)

FUENTE RESPONSABLE: Independent en Español. Por Geoffrey Macnab. 19 de agosto 2022.

Sociedad y Cultura/Cinematografía/Premios Oscar/Hollywood

De viaje por la Costa Brava que cautivó a Ava Gardner, Katherine Hepburn y Gala Dalí.

De Tossa del Mar a Cadaqués. La Costa catalana ha sido y todavía es destino vacacional de grandes personalidades. En Harper´s Bazaar realizamos una rula por los enclaves preferidos de las figuras emblemáticas del panorama artístico. 

En el mirador de Vila Vella, en Tossa del mar, con vistas a la playa de Codolar, se encuentra una estatua de bronce con figura de mujer sobre una plataforma. Ella es Ava Gardner, la actriz de Hollywood que visitó este enclave catalán a los 28 años acompañada de James Mason y Mario Cabré para rodar la conocida película Pandora y el holandés errante (1950). Sería la primera vez que pisaría España, pero no la última pues, antes de vivir en Madrid, se enamoró perdidamente de este municipio catalán.

Bañada por el Mediterráneo, Tossa del mar ofrece una gran cantidad de actividades y rincones con encanto para visitar. No es de extrañar que a la actriz le conquistara este paraje ya que, flanqueando a la playa principal se encuentra su castillo, una construcción del siglo XII amurallada que se encuentra emplazada en un lugar de película.

Dentro de esa muralla está el casco antiguo de Tossa del mar, Vila Vella, un recinto declarado Monumento Artístico Nacional con callejones de piedra, cuestas desde las que se puede parar a ver las espectaculares vistas que lo rodean, flores que decoran las casas y un Museo Municipal ubicado en lo que antaño era la casa del gobernador. Aquí dos lugares resultan imprescindibles para seguir la agenda de Ava Gardner: la Pastisseria Tomás (ideal para hacer una parada y disfrutar de sus dulces) y el Hotel Tonet, en el que se alojó varias noches.

¿Y fuera de la zona viaje de la ciudad? A menos de diez minutos caminando el Faro de Tossa, la parroquia de San Vicente o la Villa romana dels Ametllers, una delicia turística para los amantes de la historia y del arte tanto por su patrimonio monumental, como por la buena conservación de sus mosaicos.

ava gardner tossa de mar

Escultura de Ava Gardner en el mirador de Tossa de Mar..EDUCATION IMAGES

S’Agaró enamoró a Elizabeth Taylor

Subiendo hacia el norte y siguiendo toda la costa, se encuentra S’Agaró, una población de Castell-Platja d’Aro en la que, además de también Ava Gardner, estacionaron otros famosos del star system como Elizabeth Taylor, Katherine Hepburn o Sean Connery y fue, también, lugar de culto para fotógrafos como Slim Aarons.

En S’Agaró el elenco de artistas se alojaba en el hotel La Gavina mientras rodaban la película De repente el último verano. El hotel, que todavía continúa abierto al público, nació en los años 30 de la mano de la familia Ensesa y, a los pocos años de su inauguración, se convirtió en el primero de España en formar parte del Leading Hotels of the World y en un bien cultural de Interés Nacional según la Generalitat de Cataluña.

Si bien por La Gavina pasó toda la élite catalana del momento y las personalidades más reconocidas del horizonte artístico internacional, el que en un principio tenía tan solo 11 habitaciones ahora tiene 74, un spa, piscina de agua marina y una serie de actividades a la carta que permiten a cualquier visitante inundarse la historia de la localidad. Experiencias perfumistas, boutiques propias del hotel, pista de tenis, gastronomía gironina, sesiones de arqueología y, a pocos pasos, las playas de playa de Sant Pol y la playa de Sa Conca. El Palamós donde nació A sangre fría

Continuando por toda la costa, el siguiente destino que se impone como parada para seguir esta ruta artística es el de Palamós, un pueblo pescador y familiar de gran atractivo, sobre todo, por sus playas.

Palamós mezcla la tradición con el vanguardismo. En temporada estival es un destino turístico, pero mucho antes de serlo, personalidades como Truman Capote veraneaban allí. El escritor concretamente lo hizo durante tres veranos seguidos (1960, 1961 y 1963). Antes de habitar dos casas diferentes en temporada estival, llegó con 25 maletas, una gata y un perro al hotel Trías y, allí, terminó su afamada novela, A sangre fría. Cuentan que en este hotel también David Niven y Ava Gardner tenían una mesa asignada de tantas visitas que le hacían.

En esta localidad catalana él disfrutaba de la comida del restaurante María de Cadaqués, pasaba horas en la librería de la Calle Mayor, su tiempo de ocio pertenecía a las noches de La Pañoleta y, por el día, tomaba el sol en la playa de La Cantifa.

Más allá de la rutina de Capote en Palamós, existen una infinidad de lugares de interés en este enclave: la playa urbana de la Platja Gran de Palamós, el castillo de Sant Esteve del Mar, el poblado íbero del Castell o su Museo de la Pesca, uno de los enclave centros de visita obligatoria para conocer la historia de le lugar desde su esencia más pura.

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De Figueres a Portlligat: la ruta daliniana

Si hay una personalidad característica de la Costa Brava, una en la que pensar nada más buscar la localización, esta es Salvador Dalí. El artista nació en Figueres, al norte de Girona y vivió en dos residencias diferentes de la calle Monturiol: primero, en su casa natal (el número 20 de la calle) y, después, cuando tenía ocho años, la número 24. Desde esta última residencia familiar, desde la que se ve la plaza de La Palmera, él pintó sus primeras obras.

Y como Dalí, otra de las mujeres más relevantes de nuestra cultura residió en Figueres. Era rusa, vivió en París y finalmente terminó a orillas de la Costa Brava enamorada del artista catalán. Gala Dalí además de su pareja era la administradora casi total de la vida del pintor, paseaba continuamente por La Rambla de Figueras con su pareja, en donde disfrutaba de los platos de sus restaurantes y, también de las cafeterías locales del lugar.

Para terminar a ruta de Salvador Dalí por Figueres es imprescindible visitar la iglesia de Sant Pere, una construcción gótica levantada sobre un templo prerrománico en la que nació y donde se celebró el funeral de Dalí.

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 Además de estos rincones por los que transitó el pintor, a día de hoy uno de los atractivos 

principales de Figueres el Museo Dalí, una institución cultural en la que se puede  

ver parte de sus obras y que es hoy uno de los mayores emblemas que homenajean al artista   y que permiten conocer su historia  desde dentro.

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Tan importante es visitar ese museo en Figueras para entender la obra del artista, como para entender parte de su vida. Muchos de sus trabajos tuvieron como telón de fondo un horizonte espectacular: Cadaqués, el lugar de veraneo al que sus padres le llevaron por primera vez a los seis años, instalándose toda la familia en una casita con vistas al mar.

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Si pensar en Figueres es sinónimo de pensar en Dalí, pensar en Portlligat lo es incluso más. Allí fue anfitrión de otros grandes nombres, como Picasso o su amigo Luis Buñuel. También allí fue donde conoció a Gala, en una visita que ella misma hizo con Paul Éluard, el que era su marido por entonces y, también, conocido de Dalí.

Porque tanto le gustó a Salvador Dalí esta ubicación que allí compró su casa taller en Portlligat, una casa sin luz que compró en el año 1930 y en la que, durante más de 40 años, vivió y fue restaurando. En su interior, que hoy se puede visitar: el taller del pintor (en el que todavía se encuentran algunos de sus caballetes, obras inacabadas y herramientas de trabajo), su biblioteca, las habitaciones y el jardín.

costa brava que ver

  FRANCO ORIGLIA

Portlligat es un pueblo que queda tan solo a ocho minutos de la afamada localización de Cadaqués. Transitando por una carretera curva desde esta última se llega al lugar que cautivó al pintor. Él presumía de ser el primer español en ver salir el sol en cada amanecer. Y es que su casa, a pesar de no contar con todas las comodidades de las que Gala disfrutaba antes de conocerle en París, sí que era un enclave con unas vistas espectaculares de la costa.

Pero más allá de ver las entrañas en las que se hospedaba el pintor, el castillo de Púbol es otra de las paradas indispensables del triángulo Daliniano ( formado también por su casa de Portlligat y el museo de Figueres).

costa brava

     QUIM LLENAS

Salvador Dalí regaló este castillo a su amada buscando su felicidad, pues ella no despertaba simpatía entre el círculo más cercano al pintor, ni, tampoco, en el pueblo. Buscando complacerle lo máximo posible y logrando que así huyera de la villa a un hogar en el que nadie le molestara le entregó esta impresionante construcción. Desde allí Gala también escribía y dibujaba y, dicen, que ella solo dejaba entrar a su pareja con previa invitación.

No existe lugareño local de la Costa Brava -especialmente de Figueres, Cadaqués y Portlligat- que no conozca todo el recorrido daliniano en la zona. La Costa Brava cautiva y conjuga a lo largo de toda su geografía todo lo necesario para cualquier público: naturaleza, mar, ocio y relax.

Imagen de portada: GALA DALI

FUENTE RESPONSABLE: BAZAAR. Herper´s Bazaar. Por Paula Martins. 22 de julio 2022.

Sociedad y Cultura/Cataluña/España/Salvador Dali/Hollywood

 

 

Howard Hughes: Millonario, Bisexual, Drogadicto…

Leyendas de Hollywood

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Maltratador, desequilibrado, excéntrico… Por su cama pasaron estrellas como Bette Davis, Rita Hayworth, Katharine Hepburn, Ava Gardner, Marilyn Monroe o… Cary Grant. La vida del director de cine y aviador Howard Hughes es como un campo minado.

Fue la suya una existencia que simboliza el reverso bizarro del ‘sueño americano’. Empieza por el happy end: un niño mimado que, al cumplir 18 años, se convierte en uno de los hombres más ricos del mundo tras heredar la Hughes Tool Company, una empresa de perforadoras que administra la mayor parte del petróleo de EE.UU.

Y acaba convertida en la peor de las excéntricas pesadillas: un setentón pirado que pasa sus últimos años aislado en el séptimo piso de un hotel de Managua de su propiedad, donde se pasea desnudo por una zona acondicionada para estar libre de gérmenes mientras se alimenta de helados de vainilla y conserva su orina en pequeños recipientes [que luego archiva y clasifica escrupulosamente] hasta que muere solo y corroído por la sífilis.

En medio, se extiende la vida, tan complicada como desconcertante, de un apasionado del cine y la aviación, bisexual y fetichista, drogadicto y maltratador, megalómano y corrupto.

Tiburón en los negocios y en la cama, Humphrey Bogart era el encargado de los trabajos sucios, como buscarle chaperos.

Nada parecía pararlo: a su leyenda del cine multimillonario y extravagante, añade una lista de sonados romances con actrices y actores del Hollywood dorado. Lana Turner, Bette Davis, Rita Hayworth, Katharine Hepburn, Ava Gardner, Marilyn Monroe o Cary Grant forman parte de su particular colección’ particular de ‘novias’ estelares.

De Humphrey Bogart se dice que le hace encargos clandestinos, como buscarle chaperos o llevar a Jean Harlow a una clínica para que aborte tras dejarla embarazada.

Pionero de la aviación. En 1935 batió el récord de velocidad con un aparato diseñado por él mismo. En 1938 volvió a hacer historia al dar la vuelta al mundo en tres jornadas a bordo de su Loc 14 Electra. Poco después haría de la TWA la gran aerolínea americana.

Ejemplo del perfecto tiburón tanto en la cama como fuera de ella, entre otros muchos negocios. El aviador llega a hacerse con el control de una pequeña compañía aérea, la Trans World Airlines (TWA), por la que se ve implicado en un escándalo de corrupción junto a Elliot Roosevelt, hijo del presidente.

Durante todo ese tiempo esquiva a la justicia estadounidense por un asunto de monopolios hasta que decide que ha llegado el momento de cumplir otro de sus sueños: comprarle Las Vegas a la mafia y dejar a éstos fuera del negocio del juego. Es juzgado por corrupto y, al verse implicado en nuevos escándalos, desaparece. Ocurre a raíz de un accidente aéreo.

Pero este alejamiento voluntario no le impide participar desde la sombra en diversos avatares. Parece ser que Hughes, republicano convencido, se dedica a ‘pagar’ grandes sumas al partido demócrata tras el asesinato de Robert Kennedy, para ‘asignar’ un nuevo candidato a la Casa Blanca. Aunque nunca pudo demostrarse nada.

Bisexual. Por sus brazos pasaron Ava Gardner o Jean Harlow (foto), pero también Cary Grant.

El aviador se convierte en magnate de RKO, de la que toma la dirección en 1948 para llevarla a la quiebra rodando costosos filmes que suponen fracasos comerciales.

Cineasta sagaz y atrevido, casi de vanguardia, produce, entre otros clásicos, Primera plana o Río de sangre. Dirige El forajido, un western que cuenta con Jane Russell (otra de sus conquistas) como protagonista. Antes gana un Oscar al producir Hermanos de almas, su primera película, rodada cuando tiene 23 años.

Curiosamente, la expresión ‘jet set’ surge a mediados de los 50 con relación a nuestro ‘aviador’ y su círculo de amigos. Se da la feliz circunstancia de que todos ellos tienen reactor particular y el mismo día pueden desayunar en Hollywood y almorzar en Nueva York.

A vueltas con la justicia. Howard Hughes compareció ante el comité de investigación acusado de fraude fiscal en 1947. Hasta entonces había esquivado a la justicia, a pesar de que intentó comprar Las Vegas a la mafia.

Megalómano extravagante, Howard Hughes realiza el sueño surrealista de fabricarse una sala de cine en el fondo de una piscina [con motivo del estreno de La sirena de las aguas verdes, producida por él] y bate un récord al dar la vuelta al mundo en tres días a bordo de un avión con diseño propio.

En 1953, además, funda el Instituto Howard Hughes, la segunda fundación de investigación médica mejor dotada del mundo, puntera en la investigación biocientífica actual. ¿Alguien da más?

Imagen de portada: Por D.B. GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: ABC XL Semanal. 15 de julio 2022.

Sociedad y Cultura/EE.UU./Hollywood/Leyendas

Cuando Cary Grant (y medio Hollywood) tomaba LSD.

El lado lisérgico de una estrella de cine.

Actuó en más de 76 películas, ganó un Oscar y sedujo a varias generaciones con su elegancia, encanto y agudeza. Cary Grant, estrella de joyas del cine como ‘Me siento rejuvenecer’, cinta que cumple ahora 70 años, es uno de las grandes actores de Hollywood, aunque en su carrera no todo fueron luces. Hubo también alguna que otra sombra… lisérgica.

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Una apacible mañana de abril de 1962, Cary Grant tragó cuatro pequeñas píldoras azules de ácido lisérgico, se relajó en el sofá con un café y esperó a que la droga hiciese efecto. No era la primera vez que lo consumía. Esta leyenda del cine tenía entonces 58 años y éste era su viaje de ácido número 72 bajo la supervisión de un psiquiatra. La novedad, en este caso, es que durante la sesión, que duró cinco horas, sus comentarios fueron registrados en una grabadora para su análisis médico posterior. En los años 90, una revista de Los Ángeles publicó las transcripciones. La adorable estrella de Para atrapar a un ladrón o Historias de Filadelfia, se sentía en esos momentos «en un mundo de saludables y regordetas piernas de bebés y lleno de pañales impregnados en sangre, como si se estuviera desarrollando una especie de actividad menstrual generalizada».

Hoy, las alucinaciones que relata Grant, aunque pueden resultar inquietantes, no nos sorprenden. Los efectos del LSD, prohibido internacionalmente, han sido sobradamente descritos desde que, a finales de los años 60, el movimiento hippie hiciera de la psicodelia una bandera y las consecuencias de su consumo descontrolado se contasen por centenares de suicidios y severos trastornos psiquiátricos.

Pero, mucho antes de que el público general hubiese ni siquiera oído hablar del ácido lisérgico, en los años 50 y comienzos de los 60, un grupo de artistas e intelectuales de Hollywood lo estaba descubriendo. Grant era uno de ellos. Durante una década, lo tomó más de cien veces –entonces era una droga legal– y fue el primero en hablar de «sus virtudes» públicamente. Grant aseguraba que el LSD lo ayudó a controlar su alcoholismo y a enfrentarse a ciertos problemas personales y familiares. Y tenía unos cuantos.

“Gracias al LSD, estoy acercándome a la felicidad”, decía Grant en 1959. No contaba que, en las primeras sesiones se defecaba en los pantalones.

Creció en una humilde familia de Bristol, Inglaterra, con un padre que nunca le mostró afecto y que le había dicho que su madre había muerto, para descubrir años más tarde que estaba internada en un psiquiátrico. «Cuando comencé a experimentar, la droga parecía liberar mis miedos más profundos, como un sueño que se transforma en una pesadilla –comentó–. Tuve horribles experiencias, pero con cada sesión todo fue mejorando. Pasé a sentirme mejor, y estoy convencido de que hay cierto poder curativo en la droga».

En aquel momento, quien le administraba el alucinógeno a Grant era el psiquiatra Oscar Janiger, uno de sus principales investigadores. «Aquella era una época en que la experimentación científica con drogas psicodélicas era perfectamente aceptable», recuerda el doctor Janiger, que la probó en 900 pacientes, durante el que vendría a ser el más vasto experimento con LSD sobre humanos realizado en un medio no clínico.

Para entenderlo, hay que comprender la época. Descrita magníficamente en la serie Mad Men. Las apariencias eran lo más importante; los traumas personales no debían expresarse nunca, ni en privado; todo el mundo fumaba y bebía, pero a la cocaína le faltaba mucho para ser una droga social. En ese entorno se movía Cary Grant cuando estaba casado con Betsy Drake, su pareja más estable. Fue ella, precisamente, quien introdujo al actor en el LSD.

Drake, en el símil con Mad men, sería Betty, la mujer de Don Draper, el protagonista. Betsy, joven actriz, dejó su carrera para convertirse en la esposa modélica del actor de moda, 20 años mayor que ella. Tras ocho años de matrimonio parecían, para el público, la pareja perfecta, pero ella era tremendamente infeliz. Y aún lo fue más cuando, al acompañar a su marido al rodaje de Orgullo y pasión, en España, se dio cuenta de que estaba enamorado de su compañera de rodaje, Sophia Loren.

De promo. Cary Grant habló en repetidas ocasiones de su experiencia con el ácido que ingería en pastillas.

Su matrimonio se hundía. Cuando ya no pudo más, se lo contó a una amiga, la actriz Sallie Brophy. Ella le reveló que estaba probando una nueva psicoterapia con un fármaco milagroso y la animó a ir a ver a su terapeuta. La víspera de la visita, Betsy cenó con Grant y unos amigos. En un momento dado les explicó: «Mañana voy a probar el LSD», pero no le hicieron caso. «No sabían de qué les estaba hablando –explica–, nunca habían oído hablar del asunto».

Mortimer Hartman, el psicoterapeuta de Sallie, había empezado a experimentar con LSD a mediados de los 50. Radiólogo de formación, su entusiasmo por la nueva sustancia era tal que abandonó la radiología y se asoció con el psiquiatra Arthur Chandler para crear el denominado Instituto Psiquiátrico de Beverly Hills. Se aseguraron el suministro directo de la droga por parte del laboratorio fabricante, Sandoz, para lo que describían como un estudio de cinco años de duración en el que el LSD sería empleado en el tratamiento de «los neuróticos normales y corrientes».

Al principio, los voluntarios que se sometían a experimentos con LSD cobraban. En Beverly Hills, los famosos pagaban. Y era caro: 100 dólares por sesión

En la mayoría de las universidades y hospitales, a los estudiantes y voluntarios se les pagaba por su disposición a experimentar con LSD, pero Hartman y Chandler le dieron la vuelta a la idea y, aunque tan sólo recibían a unos pocos pacientes al día, cobraban, y mucho: 100 dólares por sesión. No daban abasto. Su instituto estaba lleno.

Betsy recuerda su primera sesión. Tras tomar las pastillas, sintió «una sensación horrible, como si me estuvieran aplastando el cuerpo» y, presa de intensos dolores físicos, se dio cuenta de que estaba reviviendo su propio nacimiento. La experiencia, dice, fue increíble. «El inconsciente es como un océano enorme. Una no sabe hacia dónde se dirige. No hay pasado, presente ni futuro… Tan sólo existe el ahora. El efecto más asombroso de la droga es lo que ves. Todo tiene un aspecto distinto».

Se corre la voz. Esther Williams, a la que inició en el LSD el propio Grant.

Betsy siguió yendo a la consulta de Hartman una vez por semana a lo largo de varios meses, para someterse a las sesiones con LSD: llegaba a las ocho de la mañana y era frecuente que no se marchara hasta las siete de la tarde. Finalmente, dejó a Grant y empezó una nueva vida. Se licenció en Psicología por Harvard y está especializada en la terapia de psicodrama.

Pero entonces el conocimiento del LSD todavía era de ámbito restringido. Hasta que Cary Grant empezó a hablar públicamente de ello. El nuevo Cary Grant y su curiosa historia, rezaba un titular de portada del número del uno de septiembre de 1959 de la revista Look. En el interior, el actor se extendía con entusiasmo: «Gracias a la terapia con LSD, ahora estoy acercándome a la felicidad».

Esther Williams, la antigua diva acuática, leyó el artículo y llamó a Grant. Tenía 40 años y había pasado por un divorcio muy doloroso: su marido la había arruinado. Esther recuerda su primera experiencia con el LSD. «Noté que todas las tensiones se disipaban mientras el alucinógeno barría mi interior. Y entonces, de pronto, me trasladé hasta el lugar preciso de mi psique de donde procedía toda mi angustia». Williams revivió el día en que, cuando tenía 8 años, murió su hermano mayor Stanton, que entonces tenía 16.

El boca a boca sobre el LSD se propagaba en el mundo del cine. James Coburn tomó 200 miligramos en diciembre de 1959 en su primer viaje. «Fue fenomenal y me encantó. El LSD realmente me despertó y me permitió ver el mundo con cierta profunda objetividad».

Más allá de las apariencias.

Grant descubrió el LSD a través de su esposa, Betsy Drake. Aunque parecían una pareja perfecta, ella se sentía frustrada y acabó de hundirla la sospecha de que Grant se había enamorado de Sophia Loren. Entonces comenzó a tratarse con ácido.

Otra celebridad que lo probó, como parte de los experimentos de Janiger, fue un joven de 25 años llamado Jack Nicholson. Su primer viaje fue en mayo del 62. Nicholson luego incorporó la experiencia a su guión para The Trip, un filme sobre una intensa sesión de LSD, protagonizado por Peter Fonda y Dennis Hopper, otro voluntario de Janiger.

El director Sidney Lumet lo probó bajo la supervisión personal de un antiguo responsable de psiquiatría de la Marina estadounidense. Lumet afirma que las tres sesiones fueron «maravillosas», sobre todo una de ellas, en la que revivió su nacimiento.

Otra de las primeras personas en probarlo fue Clare Boothe Luce, autora teatral, quien luego animó a su marido, el fundador de la revista Time, Henry Luce, a experimentar. Luce publicó varios artículos que presentaban el LSD como «una herramienta impagable para los psiquiatras».

También los intelectuales. Aldous Huxley, el famoso autor de Un mundo feliz y Las puertas de la percepción, fue uno de los primeros norteamericanos en probar el LSD y elogiar sus virtudes para estimular la creatividad. Pronto le siguieron otros como la escritora Anaïs Nin.

Claro que también hubo ‘malos’ viajes. Además de algunos detalles escabrosos, como los que relata Janiger sobre la necesidad de tener asistentes en todos los tratamientos para evitar incidentes como el que le sucedió a Cary Grant cuando, durante sus primeros sesiones, defecaba en sus pantalones.

Para algunos los resultados fueron traumáticos, a veces por reacciones inesperadas tras su ingesta, otras veces por la práctica irresponsable de unos psicoterapeutas que estaban moviéndose en territorio desconocido. Hartman y Chandler estaban ‘colocados’ en algunas sesiones con pacientes. En 1962, el organismo regulador estadounidense empezó a confiscar sus reservas de LSD. El Instituto Psiquiátrico de Beverly Hills cerró sus puertas ese mismo año.

La proliferación del LSD en las calles y sus trágicas consecuencias hizo saltar la alarma. La droga fue declarada ilegal en 1968. Cary Grant dejo de hablar del LSD y, al parecer, de consumirlo, pero en su testamento, cuando falleció en 1986, le dejó diez mil dólares al doctor Hartman, quien le había iniciado en el ácido lisérgico.

EL ‘VIAJE’ MÁS LARGO

El químico suizo Albert Hofmann, que trabajaba para los laboratorios Sandoz, experimentaba con un hongo, el cornezuelo del centeno, a la búsqueda de estimulantes del sistema nervioso central, cuando una sustancia rozó su piel; el efecto que le produjo dirigió sus siguientes ensayos hasta llegar a la síntesis del  LSD.

A partir de ahí comenzaron a desarrollarse múltiples estudios, muchos de ellos secretos, auspiciados por EE.UU., Canada y otros países (hay datos que llevan a contar en torno a 40.000 personas como sujetos de los ensayos).

Al tanto de estos estudios, los psiquiatras Mortimer Hartman y Arthur Chandler consiguieron hacerse con un cargamento de LSD a cambio de informar a Sandoz de los resultados de sus tratamientos. Crearon el Instituto Psiquiátrico de Beverly Hills con la idea de usarlo en análisis freudianos. Fue así como la élite de Hollywood se inició en el ácido.

Imagen de portada: Fuente (Archivo)

FUENTE RESPONSABLE: ABC XLSemanal. Por Judy Clarke. 24 de junio 2022.

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