Un actor vampirizado por un personaje.

Si por loco, alucinado, tenemos a aquel que se cree Napoleón en Waterloo, sin ser más que un pobre infeliz que languidece en una casa de salud, la locura está tan estrechamente ligada a la interpretación como la silicosis a la minería.

Puede que la única diferencia entre el actor y el alienado consista en que aquél vuelve a ser él mismo cuando el realizador grita “corten” para detener la filmación y la representación finaliza, en tanto que el lunático permanece en su personaje indefinidamente, perdiendo su duelo contra toda Europa si cree ser Napoleón en Waterloo. 

Vaya un ejemplo, Antonin Artaud, todo un mito entre los cinéfilos por sus interpretaciones para Abel Gance y Carl Theodor Dreyer en las postrimerías de la pantalla silente. Fue, además, uno de los grandes visionarios del teatro del siglo XX. Descubrió la poesía dramática —y por ende la interpretación— recluso por sus delirios. Sólo tenía dieciséis años cuando fue ingresado por primera vez en un manicomio.

A la vista de su imagen pública, nadie hubiera imaginado en Philip Seymour Hoffman desorden alguno. Distinguido con el Oscar al Mejor Actor por su creación de Truman Capote en el biopic que en 2005 dedicó Bennett Miller al autor de A sangre fría (1966), Hoffman fue uno de los más destacados intérpretes de reparto de su generación. Sin embargo, cuando empezó a darse vueltas a las causas de su prematuro óbito, se recordó que en la primavera de 2003 ingresó en un centro de rehabilitación para superar su toxicomanía y otras dependencias.

El productor y guionista David Katz, quien encontró el cuerpo sin vida del actor el dos de febrero de 2014, afirmó entonces que el ya finado no había sido el mismo desde que interpretó a Willy Loman, el protagonista de Muerte de un viajante (1949). 

Lo hizo en un montaje de esta celebrada pieza de Arthur Miller estrenado por el también cineasta Mike Nichols, realizador, entre otras cintas de El graduado (1967), Conocimiento carnal (1971) o Armas de mujer (1988). 

Estrenado en el teatro Ethel Barrymore de Nueva York el dos de marzo de 2012, el telón se bajó por última vez sobre aquel drama el dos de junio de ese mismo año. Pero Hoffman ya no era el mismo ni habría de volver a serlo. “Aquella pieza lo torturaba, la tristeza le consumía un poco más en cada una de las funciones”, comentó Katz recordando al difunto. “Hiciera lo que hiciera, sabía que, llegada la hora de levantar el telón, tenía que volver a torturarse a sí mismo y aquello le estaba matando. La interpretación te altera la mente y él interpretaba a diario”.

Sí señor, la personalidad de su personaje —al que podemos definir como un perdedor paradigmático de la antítesis del sueño americano— le había vampirizado de tal manera que, para escapar de ella, había vuelto a sus vicios de estudiante: el alcoholismo y la drogadicción. 

También Antonin Artaud intentó superar sus desequilibrios recurriendo a los hongos alucinógenos, yendo a vivir con los indios tarahumaras, consumidores habituales de peyote, a la Sierra Madre mejicana. 

Regresó a Europa con la razón minada en el 38 y conoció la indigencia en Dublín. Los personajes que le perseguían volvieron a manifestarse y acabó recluido, en un manicomio de Francia, durante los últimos diez años de su vida.

El último viaje de Philip Seymour Hoffman fue con un speedball y no tuvo regreso. 

Speedball llaman los politoxicómanos a ciertas rayas en las que mezclan heroína y cocaína. “Para subir y bajar”, dicen ellos. Hoffman ni subió ni bajó, se quedó en el sitio donde se lo encontró, ya cadáver, David Katz. Su prematuro fallecimiento truncó una de las carreras que se auguraban más brillantes entre las de todos los actores que se dieron a conocer en los años 90. 

Colaborador de los hermanos Coen, Spike Lee, Anthony Minghella y algunos otros de los realizadores más destacados del Hollywood de nuestros días, Hoffman también se prodigó en la escena como actor y director muy aclamado. Es más, fue nominado a los Premios Tony en un par de ocasiones. 

El Willy Loman que acabó costándole la vida, según sostiene la crítica especializada, fue el mejor que se ha visto hasta la fecha. Ni el cine ni las disipaciones, que acostumbran a atribuírseles a los hacedores de la gran pantalla. Puede decirse que en Broadway y en Arthur Miller estuvo el origen de la perdición de Hoffman.

Hijo de Marilyn L. O’Connor, una jueza comprometida en la lucha por los derechos civiles, y un alto ejecutivo, Philip Seymour Hoffman nació en Nueva York en 1967. 

Aún cursaba sus estudios secundarios cuando en 1982 intervino fugazmente en un episodio de la serie M.A.S.H., una comedia de situación sobre un destacamento médico en la guerra de Corea que constituyó uno de los mayores éxitos de la televisión pretérita. Se basaba en la cinta homónima estrenada en 1970 por Robert Altman, todo un hito en el nuevo Hollywood de los años 70: el conflicto coreano en el que estaba ambientada simbolizaba el de Vietnam.

Doce años después, cuando Hoffman descubrió, en uno de los capítulos de la versión televisiva de M.A.S.H. su vocación, la gracia original del argumento había dado paso a las procacidades de la televisión cínica, por así llamar a cierto humor que proliferaba en la antena de entonces. 

Al futuro alucinado le pareció bastante para seguir varios cursos de teatro antes de entrar en contacto con Alan Langdon, un prestigioso profesor de arte dramático en quien siempre reconoció a su mentor.

Licenciado en interpretación por la Universidad de Nueva York, fundó en sus aulas —junto a Bennett Miller y el actor Steven Schub— la Bullstoi Ensemble, primera compañía a la que estuvo ligado. Por aquellos días ya se le conocieron sus adicciones. Sin embargo, deseoso de entrar limpio en la vida adulta, supo superarlas. 

Habrían de pasar más de veinte años, hasta que Willy Loman se cruzó en su vida, antes de que volviera a caer.

Fue otro hito de la pequeña pantalla, Ley y orden —uno de los grandes dramas criminales de la antena de los 90— el que le proporcionó el verdadero debut ante las cámaras. Hablamos de un capítulo emitido en 1991, The Violence of Summer. Bajo la dirección de Don Scardino, Hoffman dio vida allí al abogado Steven Hanauer.

Actor de gran presencia y técnica impecable, no habría de pasar mucho tiempo antes de que la gran pantalla comenzara a reclamarle. 

El charlatán, una comedia al servicio de Steve Martin dirigida por Richard Pearce en el 92, supuso su debut en el cine. A partir de entonces, no volvería a trabajar como tendero, empleo al que tuvo que recurrir en más de una ocasión cuando en los comienzos de su carrera le faltaba trabajo.

Marcado por la inexorable tendencia del Hollywood de nuestros días al remake de los grandes títulos europeos, el de Perfume de mujer (Dino Rissi, 1974) realizado por Martin Brest en 1992 con el título de Esencia de mujer, donde Hoffman recreaba a George Willis Jr., supuso el espaldarazo definitivo. 

A partir de entonces, su carrera avanzó a un ritmo vertiginoso en una filmografía que, empero su prematuro final, se extendió a lo largo de dos décadas. Más de 60 películas la integran. Entre sus muchos trabajos se impone dar noticia del Gary de Cuando un hombre ama a una mujer (Luis Mandoki, 1994), el Scotty de Boggie Nights (Paul Thomas Anderson, 1997) o el Brandt de El gran Lebowski (Joel y Ethan Coen, 1998).

Mención aparte merece su excelente Freddie Miles de El talento de Mr. Ripley, el remake de A pleno sol (René Clement, 1960) estrenado por Minghella en 1999. En sus secuencias, Hoffman demostró que era uno de esos actores de carácter —su corpulencia y la frecuencia con la que interpretó papeles secundarios le abocaban a ello— capaces de eclipsar a los protagonistas.

Con el nuevo siglo llegaron filmes como Casi famosos (Cameron Crowe, 2000), La última noche (Spike Lee, 2002) y una nueva colaboración con Minghella en Cold Mountain (2003). El reverendo Veasey al que incorporó en aquella ocasión habría de ser otro de sus personajes más recordados.

Ya en la cima, entre sus papeles protagónicos hay que destacar al Andy de Antes que el diablo sepa que has muerto (2007), donde fue dirigido por Sidney Lumet. 

En su recreación del padre Brendan Flynn de La duda (John Patrick Shanley, 2008) tuvo como oponente a Meryl Streep. Prueba del respeto que Hoffman inspiraba a sus compañeros fue ese Paul Zara, que George Clooney le confió en Los idus de marzo (2011).

Y entonces, Willy Loman se cruzó en su camino. Como nunca quiso dar ninguna noticia de su vida privada, no se supo hasta después de su trágico final que Mimi O’Donnell, la diseñadora de vestuario con la que compartía su vida desde 1999, le echó de casa en 2012 para que los hijos comunes no estuvieran en contacto con la heroína, los camellos y todo lo concerniente al vicio en el que había vuelto a caer su padre. Cuando le preguntaban los amigos, decía que consumía con moderación. Pero no era el caso.

Lo cierto fue que Willy Loman, el viajante de Arthur Miller, un personaje ficticio, lleno de deudas, con sesenta y tres años y unos hijos a quienes se les auguraba un futuro tan desgraciado como el de su padre, le había vampirizado.

Es una verdadera locura que un perdedor imaginario acabe con un triunfador real y verdadero, como fue a dar fe el Oscar que otorgaron al actor por su creación de Truman Capote. Mas en la razón desordenada, en el delirio, no hay explicaciones.

Primero fueron los fármacos recetados; después, la heroína esnifada y fumada, sin parar durante una semana entera. Total, que, en mayo de 2013, Philip Seymour Hoffman ingresó voluntariamente en una clínica de la costa Oeste para desintoxicarse. Diez días después, salió diciendo que lo había dejado y se incorporó a un nuevo rodaje.

No duró ni siquiera un año. El invierno siguiente emprendió su último viaje. 

Su desaparición le impidió terminar la segunda parte de Los juegos del hambre, dirigida por Francis Lawrence, cuya filmación le ocupaba cuando se lo llevó el caballo de la muerte. Mientras Hoffman iba al encuentro de Willy Loman, reescribieron su personaje. En 2015, la película se estrenó sin problema alguno.

Imagen de portada: Philip Seymour Hoffman

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Javier Memba. Editor; Arturo Pérez-Reverte. 18 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Teatro/Cinematografía/Philip Seymour Hoffman

Dos poemas de José Bergamín

La Pesquera, Beceite (Teruel). Foto: Josefina López

AGUA sólo es el mar, agua es el río,

agua el torrente, y agua el arroyuelo.

Pero la voz que en ellos habla y canta

no es del agua, es del viento.

Agua es la blanda nieve silenciosa

y el mudo bloque de cristal de hielo.

Pero no es agua, es luz la voz que calla

maravillosamente en su silencio.

Agua es la nube oscura silenciosa,

errante prisionera de los cielos.

Pero su sombra, andando por la tierra

y el mar, no es agua, es sueño.

De Rimas y sonetos rezagados, 1962

 «En la forma de las horas

que son cristales del tiempo».

CALDERÓN

CRISTAL del tiempo, forma de la hora,

éxtasis del instante:

hilo del alma, temblorosamente

suspendido en el aire.

Soy, de un momento a otro, estremecido

latido de la sangre;

paralítico afán de una palabra

que nunca ha dicho nadie;

ilusión, frenesí, ficción y sombra

mentirosa del Arte:

reló de sol o arena, transparente

máscara sin semblante:

asidero inhumano de un fantasma

fabuloso, que sueña eternidades.

En José Bergamín para niños, ed. de Mª Pilar 

Lorenzo, Edición de la Torre, 1989

José Bergamín (Madrid, 1895-San Sebastián, 1983), fue un poeta español, miembro de la Generación del 27 y autor de una extensa y variada obra literaria que comprende aforismos, ensayo, teatro, periodismo y poesía. Fue también editor, en España y en México, de libros (Ediciones del Árbol y Editorial Séneca, que publicó, entre otros, Poeta en Nueva York y las primeras Obras Completas de Machado) y revistas (Cruz y Raya, que se posicionó a favor de la República y defendió los ideales de un catolicismo muy progresista, y España Peregrina).

Hijo de un conocido abogado y político de origen malagueño, vivió en Madrid, en cuya Universidad Central estudió la carrera de Leyes. Frecuentó las tertulias literarias en El Gato Negro, con Valle-Inclán y Jacinto Benavente, y en Pombo, con Ramón Gómez de la Serna. Dirigió durante unos meses Los Lunes del Imparcial, y publicó en la revista España y en El Sol y Luz. Publicó sus primeros ensayos en la revista Índice de Alfonso Reyes, Enrique Díez Canedo y Juan Ramón Jiménez,  donde apareció también su colección de aforismos El cohete y la estrella (1923). Al terminar sus estudios, trabajó en el bufete de su padre junto a su compañero de generación Manuel Altolaguirre, también abogado. En 1928 contrajo matrimonio con Rosario Arniches, hija del dramaturgo Carlos Arniches.

Durante la Segunda República fue por breve tiempo director general de Acción Social Agraria e inspector de Seguros y Ahorro en el Ministerio de Trabajo, a las órdenes de Largo Caballero. En el periodo de la Guerra Civil presidió la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Escribió en las revistas El mono azul, Hora de España y Cuadernos de Madrid. En su calidad de agregado cultural de la embajada española en París,  hizo a Picasso el encargo oficial del Guernica para la Exposición Universal de 1937 y consiguió que ese mismo año España fuese sede del Congreso Internacional de Escritores.  El 6 de abril de 1939, cinco días después de finalizar la Guerra Civil, solicitó en la Prefectura de Policía de París la carta de identidad como refugiado político. Continuó su exilio en Ciudad de México (1939-1946), Caracas (1946-1947), Montevideo (1947-1954) y París (1955-1958).

Tras su regreso a Madrid, debe exiliarse de nuevo (1964-1970) por haber encabezado una carta de apoyo a los mineros asturianos en huelga, dirigida al ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne. En 1970, cuando Fraga deja el Ministerio de Información y Turismo, puede regresar a España y en los primeros meses de 1971 se instala de nuevo en Madrid. Fue un disidente desengañado durante la transición (republicano convencido, nunca aceptó la monarquía) y sufrió la censura. Vivió sus últimos años «autoexiliado» en el País Vasco y apoyó al independentismo vasco con sus publicaciones en el diario Egin y en la revista Punto y Hora de Euskal Herria. Falleció en San Sebastián y pidió ser enterrado en Fuenterrabía «para no dar mis huesos a tierra española».

Poeta tardío, es autor de una poesía desigual, pero con auténticos logros. Publica en 1962 Rimas y sonetos rezagados y Duendecitos y coplas al año siguiente. En 1978 ofrece un nuevo libro, La claridad desierta, y en 1978, Velado desvelo (1973-1977), de corte unamuniano, en metros populares. En 1979 aparece Por debajo del sueño y, en 1982, Esperando la mano de nieve

Imagen de portada: José Bergamín 

FUENTE RESPONSABLE: El Hacedor de sueños. 18 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía.

 

Fernando Noy sobre Alejandra Pizarnik: «Escribía como si respirara” 

El escritor y actor recuerda a la poeta

Cuando a finales de los años 60 descubrí Extracción de la Piedra de Locura dedicado por Alejandra Pizarnik con su número telefónico y la breve frase: «Para vos, desde un jardín maléfico» en letra de jeroglífico garabateado por un niño rebelde, la llamé desde un teléfono público. 

Atendió aquella voz misteriosa y crispada con esa especie de falta de aliento como si fueran coros de una blusera medieval. 

Cuando dedujo que lo estaba haciendo sin intermediario alguno, sólo o nada menos que por la evidente fascinación ante su estremecedora poesía, pareció alegrarse con una sonrisa ronca y de inmediato concertamos nuestra cita.

Soy un alma nocturna, comentó, antes de cortar abruptamente, como después comprobé, era su costumbre.

Ya he contado infinidad de veces lo imprevistamente hilarante de aquel primer encuentro en que luego de saludarnos le comenté que me recordaba a mi Rolling Stone favorito Brian Jones y ella, de inmediato, retrucó que yo me asemejaba a una prostituta alemana. 

El juego había comenzado. Alejandra, muy lejos de la imagen trágica que habitualmente se le adjudica, en realidad era todo lo contrario. Como un niño andrógino perdido en el bosque, jugaba sin cesar en medio de esa vida que había catalogado como «un transcurrir de fiesta delirante». 

Podíamos pasar dos o tres noches sin dormir, ella arremetiendo con diversos textos que a la vez escribía finalmente refugiada por completo en el lenguaje. Además de corregir obsesivamente títulos finales como El Infierno Musical, Los poseídos entre Lilas, la saga neobarroca y delirante de Hilda La Polígrafa editada después con el título La Bucanera de Pernambuco.

Los originales del palimpsesto sobre un libro terrible y al mismo tiempo fascinante de Valentine Penrose editado con el mismo título La Condesa Sangrienta, además de sus diarios, correo interminable. Escribía como si respirara.

Alejandra es toda su poesía y dentro de ella vibra cada día mas viva, latiendo en dimensiones donde el olvido resultaría imposible e incluso la propia muerte como noción de tal, también ha muerto. 

Cincuenta años serían apenas el prólogo a su devenir tan presente que le concede el rango de poeta inmortal, renaciendo como un fénix, desde el cual nos continuará fascinando; esta vez sin otro punto final que no sean los ojos de quienes, en éxtasis, volvemos a releerla: “No importa si cuando llama el amor yo estoy muerta. Vendré. Siempre vendré si alguna vez llama el amor”.

Imagen de portada: Alejandra Pizarnik

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Por Fernando Noy. 25 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Nuestros escritores/Homenaje.

 

 

 

 

 

La muerte del cine

OBITUARIO

Con la muerte de Jean-Luc Godard no sólo muere la conciencia crítica más brillante que ha dado la historia del cine, sino también el cine moderno y su virtual promesa de felicidad.

Según cuenta la leyenda -una de las tantas que lo tienen como protagonista-, sobre cuando le preguntaron cuál era la diferencia entre él y Tarantino Godard, fiel a su estilo de apotegmas geniales, habría afirmado lo siguiente: “Mientras que la historia del cine pasa a través de mí él vive en la historia del cine”. Esto es: si el cine y su historia se desarrollan como experiencia en Godard, Tarantino sólo habitaría en una especie de videoclub, del que saca, como quien se pasea por las góndolas de un supermercado, las imágenes con las que compone su cine. 

La nouvelle vague fue, entonces, un movimiento moderno que retomaba la obra de diversos directores (Ingmar Bergman, Alfred Hitchcock, Fritz Lang, Jean Renoir, Roberto Rossellini, Orson Welles, Robert Bresson, Jean-Pierre Melville, Nicholas Ray, Howard Hawks, Jacques Tati, Jacques Becker, Max Ophüls, Kenji MIzoguchi…) para dar darle al cine un nuevo impulso y una necesaria redefinición: se trataba de revitalizar y transfigurar una práctica que estaba considerada como un entretenimiento de feria realizado a lo sumo por artesanos hábiles o cineasta académicos de la “calidad francesa”, en un arte -el cine- practicado por grandes “autores” que dominaban con maestría la puesta en escena. 

Frente a esto, según la respuesta de Godard, Tarantino no haría más que revalidar una poética del pastiche posmoderno para la cual el desequilibrio es un cálculo que va de la codificación a la mezcla de géneros, en el que el pequeño escalofrío está en función de la rentabilidad. Si algo supo hacer Godard fue oponerse en toda su larga carrera a toda la industria audiovisual: como innovador, destructor, militante marxista, archivista, filósofo e historiador.

El 13 de septiembre de 2022 murió Jean-Luc Godard. Optó por la eutanasia o suicidio asistido, que es una práctica legal en Suiza, donde vivía. 

Con su muerte se cierra -muere- una era del cine, una que de todos modos parecía estar ya cerrada desde hace al menos tres décadas. Si la nouvelle vague es un mito artístico del siglo XX, Godard era uno de los grandes sobrevivientes (recordemos que todavía siguen vivos Jean-Marie Straub y Luc Moullet, figuras laterales y menores del movimiento). Pero Godard no fue sólo un cineasta que hizo películas sino alguien que no cesó de interrogar e interrogarse sobre el cine y sus conexiones con los medios y las diferentes realidades. El cine para él era un fenómeno que conforma una historia técnica, económica, política y artística. Es la parte visible del siglo XX y constituye su memoria. La memoria del siglo.

Hijo de una de las grandes familias de hugonotes franco-suizos, su padre, Paul Godard, era médico y su madre, Odile Monod, provenía de una familia de banqueros y era pariente de un Premio Nobel de Biología. 

En este contexto el joven Jean-Luc tuvo que darle la espalda a la tradición familiar -al igual que Rohmer- para dedicarse al cine. Su comienzo como crítico de Cahiers du cinéma no es sino el inicio de la historia de cómo un puñado de hombres (junto a él estaban Truffaut, Chabrol, Rivette y Rohmer) supieron extraer de este medio indigno y masivo un arte moderno y demostrar así, además, que los críticos podían hacer cine. 

Como la mayoría de los directores de la nouvelle vague Godard comienza su carrera frecuentando la Cinemateca de Henri Langlois y como todos ellos no escapa a la influencia de André Bazin que consideraba el cine como el arte del registro de lo real. Esa primacía lleva a privilegiar en Bazin el plano secuencia y la profundidad de campo como procedimientos y, como contrapartida, relega y aún tiñe de sospecha el papel del montaje. Aceptando en un principio esta primacía de lo real Godard, sin embargo, agrega que la posición de la cámara también forma parte de la realidad. El cine así no sólo registra un “real” sino que por su actividad produce una nueva realidad. 

Es de esta concepción que nace su poética de la yuxtaposición de planos heterogéneos con contrapuntos sonoros. Podríamos decir que esta concepción recorre toda la obra godardiana -desde Sin aliento (1960) a HIstoria(s) del cine (1989-1999)- que parece culminar sus reflexiones sobre la historia y sobre el cine.

Escolarmente, el recorrido de Godard se podría dividir en tres o cuatro etapas, marcadas por sus encuentros con diversas mujeres. Así, la etapa de la nouvelle vague está dominada por su vínculo con Anna Karina, su primera esposa, que va de Sin aliento a Week-End (1967) pasando por El soldadito (1963), Vivir su vida (1962), Una mujer es una mujer (1961), El desprecio (1963), Pierrot el loco (1965), Made in USA (1966) o Masculino, femenino (1966), entre otras. En esta etapa “Godard no sólo es un iconoclasta inteligente. Es un ‘destructor’ deliberado del cine, no el primero que ha conocido este arte, pero sí, por cierto, el más «tenaz, prolífico y oportuno”, según afirmó Susan Sontag. Se trata de un periodo de su producción, por cierto, el más conocido, en el que se dedicó a distorsionar el lenguaje de géneros como el policial o la comedia musical.

Su segunda mujer, la actriz bressoniana Anne Wiazemsky, lo introduce en la política. Ese interés tiene como resultado películas como Vientos del este (1970), Luchas de clases en Italia (1971) o Pravda (1970). 

Ese, además, es el momento de su encuentro con Jean-Pierre Gorin y la formación del Grupo Dziga-Vertov, su etapa más oscura y menos conocida. Su encuentro con Anne Marie Miéville a fines de los 70 lo saca del atolladero político en que se encontraba, luego del fracasado intento de filmar la revolución palestina. Esta tercera etapa, a la que se la suele denominar como “sublime”, comienza con Sauve qui peut (la vie) (1980) y se extiende hasta sus Historia(s) del cine, que, podríamos decir, inaugura su última etapa, la cuarta: la de archivista e historiador.

¿Qué ha muerto con Godard y cómo ha muerto el cine antes que él? Al respecto, las Historia(s) del cine plantean tres interrogantes: ¿Qué es el cine? Nada. ¿Qué quiere el cine? Todo. ¿Qué puede hacer? Algo. 

La pretensión histórica del cine moderno de abarcarlo todo termina junto con el milenio en nada y se da cuenta de que puede aportar muy poco. Es desde este panorama histórico que podemos acercarnos a la idea del fracaso del cine y su muerte contenida en la Historia(s) del Cine. Lo que se evidencia en esta obra es la crisis del registro, la sala oscura y la proyección. 

En este sentido, la utilización del video y el formato de la televisión parecen más convenientes que el cine para la práctica del montaje. Todas estas elecciones, la utilización del video, la ausencia de la proyección y el registro y la exacerbación del montaje desembocan en un melancólico duelo. 

Esto se debe al predominio histórico del cine de ficción sobre el documental: la sentencia godardiana “el sufrimiento no es estrella” significa que si hoy el cine es esa nada es porque los grandes directores de ficción de la década del 40 le dieron la espalda a los campos de muerte nazi de la Segunda Guerra Mundial. Como señala Kaja Silberman: “sólo la cámara documental trabajó para salvar el honor de la realidad”. Pero ¿de dónde viene esta responsabilidad del cine? Para Godard, tanto la gran historia como la memoria del siglo XX son específicamente cinematográficas. Así en Historia(s) del cine se dice que “la gran historia es la historia del cine” porque es la única que se proyecta. 

El cine no es así un documento histórico ni un conjunto de imágenes donde tiene lugar la representación histórica sino el lugar mismo en que el pasado ocurre. Además, el cine ha cambiado el contenido mismo de la memoria, ha cambiado la memoria misma. El cine se convierte así en el operador absoluto de la historiografía: “Historias del cine con una s, todas las que podrían haber sido, que fueron o podrían haber sido, han sido”, dice Godard. 

A partir de estas cualidades hay que pensar en la coordenada del cine europeo entre 1939 y 1945: la Alemania de Fritz Lang, la Francia de Jean Renoir y la Italia de Roberto Rossellini. Godard pone esta triple coordenada como factor de enlace de los grandes estados totalitarios de la Europa de la década del 30 y el sueño de control absoluto de lo cotidiano al que aspira Hollywood; así Irving Thalberg y Howard Hughes preceden a las reflexiones sobre Hitler. 

Por supuesto que este paralelo no es nuevo, de Benjamin a Virilio se ha señalado que el nacionalsocialismo ha vivido en competencia con Hollywood hasta su último momento. Pero Godard extrae de este factor de enlace la tesis de fracaso del cine. Si el cine ha fracasado no es porque se enfrenta a lo irrepresentable sino que, con su cualidad de registrar lo real ha dejado pasar la posibilidad de filmar los campos de muerte como su única posibilidad de redención. En Godard hay un sentimiento que viene de la profundidad de la cinefilia: el cine es un arte que da acceso a la verdad del mundo. 

Como el mismo Godard subraya en una entrevista con Youssef Ishaghpour: “Solamente el cine contando su propia historia cuenta la gran Historia, que las otras artes no pueden. Es porque es materia misma de la historia. En el cine cada detalle se vuelve metafórico, su realidad misma es metafórica”. Por eso Ishaghpour concluye: “El cine es un arte del registro, por eso el cine es igualdad y fraternidad entre lo real y la ficción. Salva el honor de lo real. Hay cine sólo de lo que pasa, del pasado, por eso es memoria al abrigo del tiempo”.

Según la descripción de Serge Daney, Godard pertenece a la clase de artistas que se inspiran en el materialismo y tropiezan con el milagro. Ese milagro es el lugar de los acontecimientos: ¿dónde ocurren las imágenes y los sonidos? 

En las fronteras, esa es la respuesta de 6×2 (1976), el programa  de televisión que llevó a cabo Godard a fines de la década del 70 en el prime time de la televisión francesa. Allí define que la tarea del cineasta es “ver las fronteras” y “hacer verlas”. Como decía el mismo Godard a propósito de Numéro Deux (1975): “La comunicación es algo que se mueve, cuando nada se mueve es pura pornografía.

Una imagen o un sonido se mueven, no porque representen un movimiento o su ausencia, sino porque antes y después hay algo. Resulta que este algo son mujeres y hombres, y entre ellos están la televisión, las postales, las cartas de amor, los telegramas, las llamadas de socorro, el cine o sea los medios de comunicación.” 

Luego de su etapa destructiva de la nouvelle vague su monumental trabajo consistió, según Gilles Deleuze, en dos lecciones: de cosas y de lenguaje. El primero consiste en el mundo del trabajo y el segundo en la información y en la comunicación. Y terminó cansándose. Con su muerte no sólo muere la conciencia crítica más brillante que ha dado la historia del cine, sino también el cine moderno y su virtual promesa de felicidad.

Imagen de portada: Jean-Luc Godard

FUENTE RESPONSABLE: BA Agenda Revista. Por Domin Choi* docente en la UNA, UBA y FUC. Su último libro, «El fin de lo nuevo», aborda la situación del cine contemporáneo. 14 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Cinematografía/Homenaje/Jean-Luc Godard.

 

Los 5 mejores libros de Javier Marías para descubrir por qué era un grande de la literatura española.

El escritor Javier Marías, candidato al Nobel y uno de los principales representantes de la literatura española contemporánea, falleció ayer por complicaciones de una neumonía. Recordamos cinco de sus grandes obras para adentrarnos en su universo literario.

Era uno de los grandes escritores de nuestro tiempo, un gran amante de William Shakespeare y un autor capaz de elevar la pluma por encima de todos sus contemporáneos. Con la muerte, ayer, de Javier Marías, la literatura española perdió a uno de sus grandes representantes, Premio de la Crítica en dos ocasiones pero que se ha marchado sin recibir ninguno de los dos grandes galardones de nuestras letras, el Cervantes o el Princesa de Asturias.

Eterno candidato al Nobel de Literatura y miembro de la Real Academia de la Lengua, Javier Marías falleció en la tarde del 11 de septiembre de 2022 por complicaciones en la neumonía por la que permanecía ingresado desde hace casi un mes. Era hijo del filósofo Julián Marías, y pasó gran parte de su infancia en Estados Unidos, exiliado junto con su familia para alejarse de la dictadura franquista.

Fue alumno del Colegio Estudio, nutrido en el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza, y se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. En 1970 escribió ‘Los dominios del lobo’, la primera de las 16 novelas que publicó hasta 2021 y de las que hemos elegido las cinco mejores para que te adentres, si aún no lo has hecho, en la prosa de este enorme autor.

‘Tu rostro mañana’ es la primera novela de la trilogía ‘Tu rostro mañana’, que gran parte de la crítica literaria extranjera considera como la mejor obra de Javier Marías y que fue publicada entre 2002 y 2009. El protagonista es Jacques, que regresa a Inglaterra para huir del fracaso de su matrimonio, y allí descubrirá que posee un don: es capaz de ver lo que la gente hará en el futuro y analizar sus rostros.

Con este ‘poder’, será contratado por un grupo sin nombre que en la Segunda Guerra Mundial creó el M16, el Servicio Secreto británico. Deberá escuchar, fijarse y decidir si quienes tiene delante serán víctimas o verdugos, si serán capaces de morir o de matar. Un libro sorprendente, increíble y brillante en el que cada situación es una excusa para reflexionar sobre lo que somos.

2) ‘Mañana en la batalla piensa en mí’ (1994)

Esta es una de esas novelas en las que, cuando te quedan solo 30 páginas, te invade una extraña tristeza porque se está terminando el gozo que te provoca leerla. ‘Mañana en la batalla piensa en mí’ es una de las novelas en las que el sello magistral de Javier Marías deja mayor impronta. La muerte, la locura, la obsesión… son algunos de los temas de este libro protagonizado por Víctor, un guionista y escritor de relativo éxito, que tiene una cita con Marta Téllez, casada y madre de dos hijos. Pero su esposo está en Londres.

Con ganas de verse, la velada transcurre con tensión sexual y ganas, hasta que ocurre lo inesperado: Marta comienza a sentirse mal y acaba falleciendo en la cama de matrimonio, con Víctor a su lado y sus hijos durmiendo en la habitación del lado.

3) ‘Tomás Nevison’ (2021)

A modo de ‘spin-off’ o segunda parte de su anterior novela, Javier Marías escribió ‘Tomás Nevison’ para adentrarse en la historia de uno de los personajes de ‘Berta Isla’. Nevinson es el marido de Isla, y regresa en 1997 a los Servicios Secretos para cumplir una arriesgada misión: viajar hasta una ciudad del norte e identificar a una persona, medio española y medio norirlandesa, que participó en atentados del IRA y de ETA en los años 80.

A lo largo de la novela, fabulosamente bien escrita y con todos los ingredientes para ser adictiva, el autor nos invita a una profunda reflexión sobre el bien y el mal; cuáles son los límites entra ambos y quién hace la definición de lo que está mal hecho. Marías juega también con la idea de que, aunque pensamos que ya nos ha pasado de todo en esta vida, siempre puede suceder algo más… Es su última novela publicada.

4) ‘Tiempos ridículos’ (2013)

Se trata de la mejor colección de artículos publicados por Javier Marías en ‘El País Semanal’ entre febrero de 2011 y febrero de 2013 y, francamente, no se hubiera podido escoger mejor título a sus reflexiones (un título que también podría servir para los tiempos que corren). En este tomo, se recopilan 96 columnas en las que, en pequeñas píldoras, queda claro cuál era su talento, su capacidad escritora y su habilidad para introducir el sentido del humor; aunque como estos artículos hablan de la época de la crisis económica, quizá ese humor quede más desdibujado. Entre los artículos preocupantes y tremendos, aparecen las ‘treguas’, remansos de paz en la lectura sobre los héroes de los tebeos de su época, la nueva Ortografía de la RAE o incluso cómo un determinado entrenador rebajó al máximo su pasión como madridista.

5) ‘Corazón tan blanco’ (2006)

Es uno de los títulos más relevantes de la obra de Javier Marías: ‘Corazón tan blanco’, una obra en la que se habla sobre cuándo hablar y cuándo callar; la importancia del secreto; el sentido del matrimonio e incluso cómo el asesinato puede salpicar todo esto. Juan Ranz es el protagonista de ‘Corazón tan blanco’, traductor e intérprete de profesión, pero ahora es un recién casado de luna de miel en La Habana. Asomado al balcón, es confundido por una desconocida que espera en la calle, y sin querer escucha una conversación de hotel.

Imagen: Cubiertas de libros de Javier Marías

FUENTE RESPONSABLE: Elle. Por Begoña Alonso. 12 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Homenaje/Javier Marías

Moshé Feldenkrais, creador del método que lleva su nombre para el autoconocimiento y el perfeccionamiento del cuerpo y del alma.

El Método Feldenkrais es un sistema educativo que utiliza el movimiento para enseñar la autoconciencia y mejorar las funciones del cuerpo y la mente.

El método reorganiza las conexiones entre el cerebro y el cuerpo y, por lo tanto, mejora el movimiento corporal y el estado psicológico.

Después de servir como jefe de ingeniería electrónica para el ejército israelí en el recién formado Israel de 1951 a 1953, Feldenkrais dedicó el resto de su vida, desde los 50 años en adelante, a desarrollar y enseñar la autoconciencia a través de lecciones de movimiento.

Moshé Pinchas Feldenkrais fue un ingeniero y físico ucraniano-israelí, conocido como el fundador del Método Feldenkrais, un sistema de ejercicio físico que tiene como objetivo mejorar el funcionamiento del cuerpo humano mediante una técnica de autoconciencia a través del movimiento. La teoría de Feldenkrais es que “el pensamiento, el sentimiento, la percepción y el movimiento están estrechamente interrelacionados y se influyen mutuamente”.

Nació en 1904 en una familia judía ucraniana en la ciudad de Slavuta (Imperio ruso, ahora en Ucrania) y creció en Baranovichi, Bielorrusia. Allí se libraron muchas batallas durante la Primera Guerra Mundial, época en la que Feldenkrais celebró su Bar Mitzvá, completó dos años de sus estudios secundarios y aprendió hebreo y filosofía del sionismo. A los catorce años viajó solo a Palestina, donde trabajó como obrero hasta 1923, cuando decidió retomar sus estudios para obtener su diploma en la escuela secundaria de Herzlía en 1925. Después de graduarse, trabajó como cartógrafo para la oficina de inspección británica y comenzó a estudiar defensa personal, incluido Ju-Jitsu. Sufrió una lesión jugando al fútbol en 1929 que se agravó durante la Segunda Guerra Mundial, lo que lo llevó a desarrollar su propio método de curación en el que, a través del movimiento, se mejora el funcionamiento integral de las personas. Se rehabilitó a sí mismo y pasó el resto de su vida desarrollando su sistema.

Su método propone aprender a través de la toma de conciencia de nuestros movimientos y así poder ampliar y mejorar la calidad de nuestro accionar. Es un proceso personal y cada uno aprende a partir de sus potencialidades.

Durante la década de 1930, Feldenkrais vivió en Francia, donde obtuvo su título de ingeniero y su Doctorado en Ciencias en Física en la Universidad de París, donde Marie Curie fue una de sus maestras. Trabajó como asistente de investigación del químico nuclear y premio Nobel Frédéric Joliot-Curie en el Radium Institute.

En septiembre de 1933 conoció a Jigoro Kano, el fundador del judo en París. Feldenkrais se convirtió en un amigo cercano de Kano y mantenía correspondencia con él regularmente. En 1936, obtuvo un cinturón negro en judo. Fue miembro co-fundador del Ju-Jitsu Club de France, uno de los clubes de judo más antiguos de Europa, que todavía existe en la actualidad. Frédéric e Irène Joliot-Curie y Bertrand Goldschmidt tomaron lecciones de judo de Feldenkrais durante su tiempo juntos en el instituto.

En vísperas de la invasión nazi de Francia en 1940, Feldenkrais huyó a Gran Bretaña con una jarra de agua pesada y un montón de material de investigación sobre la radiación y con instrucciones de entregarlos a la Oficina de Guerra del Almirantazgo británico.

Hasta 1946, fue oficial científico en el Almirantazgo trabajando en armamento antisubmarino en Fairlie, Escocia. Su trabajo para mejorar el sonar dio lugar a varias patentes. También enseñó técnicas de defensa personal a sus compañeros de servicio.

En cubiertas resbaladizas de submarinos, volvió a agravar una vieja lesión del fútbol en la rodilla. Rechazando una operación, se sintió impulsado a explorar y desarrollar intensamente técnicas de auto-rehabilitación y conciencia mediante la auto-observación, que más tarde desarrolló como el método que lleva su nombre. Sus descubrimientos lo llevaron a comenzar a compartir con otros a través de conferencias, clases experimentales y trabajos individuales.

Después de dejar el Almirantazgo, Feldenkrais vivió y trabajó en la industria privada en Londres. Su auto-rehabilitación le permitió continuar su práctica de judo. Desde su posición en el Comité Internacional de Judo, comenzó a estudiar científicamente el judo, incorporando los conocimientos que había adquirido mediante la auto-rehabilitación. En 1949, publicó el primer libro sobre su método, “Cuerpo y comportamiento: un estudio de ansiedad, sexo, gravitación y aprendizaje”.

En 1951, regresó a Israel. En 1954, después de dirigir el Departamento de Electrónica de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) durante varios años, se instaló en Tel Aviv y comenzó a enseñar su método a tiempo completo. En 1957, conoció a Mia Segal, quien se convirtió en su asistente y trabajó con él durante treinta años. También se convirtió en el entrenador personal de David Ben Gurión, el primer Ministro de Israel, a quien le enseñó a pararse de cabeza en una postura de yoga.

A lo largo de las décadas de 1960, 1970 y 1980, presentó su método en Europa y América del Norte (incluido un programa de Conciencia a través del movimiento para capacitadores de potencial humano en el Instituto Esalen en 1972). Después de enfermarse en el otoño de 1981 dejó de enseñar públicamente.

El Método Feldenkrais está destinado a enseñar una mejor manera de moverse y mejorar la calidad de vida, por medio de la instrucción y la manipulación suave del cuerpo.

El Método Feldenkrais es un tipo de terapia de ejercicio alternativo que, según sus defensores, puede reparar las conexiones deterioradas entre la corteza motora y el cuerpo, lo que beneficia la calidad del movimiento corporal y mejora el bienestar.

Los defensores afirman que el Método Feldenkrais puede beneficiar a las personas con una serie de condiciones médicas, incluidos los niños con autismo y las personas con esclerosis múltiple.

Desde la década de 1950 hasta su muerte en 1984, enseñó continuamente en Tel Aviv. Feldenkrais obtuvo reconocimiento en parte a través de los relatos de los medios sobre su trabajo con personas destacadas como David Ben Gurión.

Desde la muerte de Feldenkrais, la comunidad internacional de Feldenkrais se ha expandido a las Américas, Europa y Australasia y cuentan con actividades en dieciocho países. El Feldenkrais Journal, la publicación anual de Feldenkrais Guild of North America, sirve como foro para que la comunidad Feldenkrais discuta el método y sus aplicaciones.

Moshe Feldenkraist murió en 1984 dejando cientos de discípulos que siguen su obra.

Fuente: Grupo de Facebook Personalidades judías de todos los tiempos. Compilado por Raúl Voskoboinik.

Imagen de portada: Foto Wikipedia – CC BY-SA 3.0 – A la der. captura de pantalla de YouTube. 

FUENTE RESPONSABLE: Aurora. Israel. 15 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Israel/Salud/Homenaje/Moshé Feldenkrais

 

 

 

Las mejores frases de Adolfo Bioy Casares, a 108 años de su nacimiento.

El escritor argentino es considerado como uno de los mayores referentes de la literatura de habla hispana; en un nuevo aniversario de su nacimiento, un recuerdo de sus mejores frases.

Si deseas profundizar esta entrada; cliquea por favor donde este escrito en color “azul”.

El 15 de septiembre de 1914 nació Adolfo Bioy Casares, en el barrio de Recoleta. Autor de novelas, cuentos y ensayos, recibió grandes reconocimientos por su carrera y pudo trabajar junto a Jorge Luis Borges. Hijo de una familia con buena posición económica, estudió las carreras de Derecho y Filosofía y Letras, abandonando ambas. A temprana edad dominaba a la perfección el inglés y el francés.

Desde joven se encontró interesado en la literatura, siendo sus primeras publicaciones obras como “17 disparos contra el porvenir”, “Caos” y “La nueva tormenta”. Con el incentivo de su madre, comenzó a asistir a las reuniones organizadas por Victoria Ocampo en Villa Ocampo, donde en 1932 conoció a Borges.

En 1940 se casó con Silvina Ocampo, hermana de Victoria. Un año más tarde publicó “La invención de Morel”. Este primer escrito fue una de sus obras más relevantes de toda su carrera, siendo galardonada con el Premio Municipal de Literatura de la Ciudad de Buenos Aires.

Durante su carrera, publicó la Antología poética Argentina, participó en revistas literarias, escribió cuentos y creó la revista Destiempo. Entre sus obras más destacadas se encuentran “El sueño de los héroes”, “El diario de la guerra del cerdo”, “Dormir al sol”, “La trama celeste” y “Memorias”.

Adolfo Bioy Casares falleció a sus 84 años, el 8 de marzo de 1999. En sus últimos años sufrió la pérdida de su esposa e hija.

Su trabajo con Jorge Luis Borges

Casares y Borges entablaron una amistad inmediatamente. Compartían gustos personales y literarios, lo que los llevó a colaborar en diversos escritos. En muchas ocasiones, utilizaban seudónimos como C.I. Lynch, B. Suárez Lynch y el más conocido de todos, H. Bustos Domecq.

Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, fotografiados en el verano de 1942 en Mar del Plata

Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, fotografiados en el verano de 1942 en Mar del Plata.

Entre 1942 y 1977, juntos publicaron obras como “Seis problemas para don Isidro Parodi”, “Dos fantasías memorables”, “Un modelo para la muerte”, “Crónicas de Bustos Domecq” y “Nuevos cuentos de Bustos Domecq”.

Las mejores frases de Bioy Casares

● “Escribir es agregar un cuarto a la casa de la vida”.

● “Mi desvelo fue siempre persuadir a la mujer de que no la engaño. A esta no podré persuadir jamás de que no la quiero”.

● “Llega un momento en la vida en que, haga uno lo que haga, solamente aburre. Queda entonces una manera de recuperar el prestigio: morir”.

● “Hay tanta gente que escribe para lucirse… Yo empecé así y fracasé hasta el día en que olvidé esas pretensiones”.

● “Creo que parte de mi amor a la vida se lo debo a mi amor a los libros”.

● “La vida es una partida de ajedrez y nunca sabe uno a ciencia cierta cuándo está ganando o perdiendo”.

● “Yo quería arremeter contra la vanidad, porque había descubierto que es incompatible con la dicha”.

● “El miedo lo vuelve a uno supersticioso”.

● “La vida es difícil. Para estar en paz con uno mismo hay que decir la verdad. Para estar en paz con el prójimo hay que mentir”.

● “El mundo atribuye sus infortunios a las conspiraciones y maquinaciones de grandes malvados. Entiendo que se subestima la estupidez”.

● “La adolescencia fue para mí una verdadera iniciación en derrotas”.

● “El mismo lobo tiene momentos de debilidad, en que se pone del lado del cordero y piensa: ‘Ojalá que huya’”.

● “El recuerdo que deja un libro a veces es más importante que el libro en sí”.

● “La eternidad es una de las raras virtudes de la literatura”.

Imagen de portada: En un nuevo aniversario del nacimiento de Adolfo Bioy Casares, sus mejores frases para recordarlo. Archivo

FUENTE RESPONSABLE: La Nación. Argentina. 15 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Homenaje/Adolfo Bioy Casares.

 

Ramón y Cajal, el Nobel español que se adentró en el cerebro.

Santiago Ramón y Cajal obtuvo el Premio Nobel en Fisiología y Medicina en 1906, y en 1907 fue nombrado Presidente de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Biológicas (JAE, 1907-1939), perteneciente al Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes.

Como presidente de la JAE (1907-1932), Cajal dirigió el mayor proyecto científico de regeneración y modernización llevado a cabo en España a principios del siglo XX. Durante su larga presidencia, alentó cambios estructurales en el sistema educativo español, siendo la JAE el germen del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

En 1902, fue nombrado director del «Laboratorio de Investigaciones Biológicas», un centro de investigación fundado por orden de Su Majestad el Rey Alfonso XIII con motivo de la concesión en 1900 del Premio Moscú a Santiago Ramón y Cajal. Este laboratorio nacional dio origen al Instituto Cajal en 1922, que luego se incorporó al CSIC el 24 de noviembre de 1939.

Santiago Ramón y Cajal es a menudo nombrado » padre de la neurociencia moderna» por sus estudios sobresalientes sobre la anatomía microscópica del sistema nervioso, sus observaciones sobre la degeneración y regeneración del sistema nervioso y por sus teorías sobre la función, el desarrollo y la plasticidad de prácticamente todo el sistema nervioso. Por primera vez, Cajal situó a España en la vanguardia de la ciencia internacional. Después de sus casi cincuenta años de trabajo (1887-1934) sus investigaciones siguen cautivando y estimulando a los neurocientíficos modernos de todo el mundo.

Figuras 1 y 2 Autorretratos, tomados por Cajal en su laboratorio en Valencia (España) cuando tenía poco más de treinta años, c. 1885-1887

En 1888 el joven investigador español (Figuras 1, 2), descubrió que el sistema nervioso, incluido el cerebro, está compuesto de entidades individuales, más tarde denominadas neuronas. Sus hallazgos refutaron la popular «teoría reticular», que imperaba hasta entonces y que consideraba al sistema nervioso como una red continua de fibras.

Figura 3.- Dibujo de Cajal que explica las diferencias entre la doctrina neuronal y la reticular: “Esquema que compara el concepto de Golgi con respecto a las conexiones sensorimotoras de la médula espinal (I) con los resultados de “mis” investigaciones (II). A, raíces anteriores; B, raíces posteriores; a, colateral de una raíz motora; b, células de prolongaciones cortas que, según Golgi, intervendrían en la formación de la red; c, red intersticial difusa; d, largas colaterales axónicas en contacto con las células motoras; e, colaterales cortas». Esta figura se publicó en la publicación de Cajal “Recuerdos de mi vida-Historia de mi labor científica”. Dibujo original de Santiago Ramón y Cajal, tinta china negra sobre papel, alrededor de 1923.

Cajal estudió cada fase de la vida de las neuronas. En los embriones, observó una estructura dinámica en la punta de los axones en desarrollo (que denominó cono de crecimiento), que según su hipótesis podría estar guiada hacia núcleos específicos del cerebro por sustancias químicas (neurotropismo) (Figura 4).

Figura 4.- Conos de crecimiento observados en una preparación histológica de Cajal de la médula espinal de un embrión de pollo de 5 días. El preparado histológico se conserva en el Instituto Cajal (Legado Cajal). El panel A de la imagen muestra el aspecto de un preparado histológico original de Cajal impregnado por el método de Golgi. Observe la etiqueta escrita a mano por Cajal que dice: «† comisurales completas conos bbb»; «b» significa «bien», «Pollo 5 días 2 comisurales buenas». El Panel B, ilustra los detalles del recuadro en B. El panel C, muestra un aumento de mayor potencia del área cuadrada en B. Observe en D una serie de conos de crecimiento (1 y 2). Los paneles E y F muestran detalles de los conos de crecimiento que se muestran en D. Obsérvese la excelente conservación de la muestra.

Dedujo que, debido a los espacios entre ellas, las neuronas deben comunicarse no por continuidad sino por contacto, (término más tarde acuñado “sinapsis”) (figura 5).

Figura 5.- Vista parcial de una motoneurona con su axón (a) y dendritas (b). Cajal representa botones terminales sinápticos sobre las dendritas(c). Dibujo original de Santiago Ramón y Cajal, tinta china negra sobre papel, alrededor de 1909

A partir de imágenes estáticas, Cajal pudo determinar el flujo general de actividad nerviosa (la llamada doctrina de la polarización dinámica) (Figura 6).

Figura 6.- Dibujo esquemático de vías motoras y sensitivas. Dibujo original de Santiago Ramón y Cajal, tinta china negra sobre papel, alrededor de 1899

Cajal también identificó que hay protuberancias en los tallos de las dendritas (que llamó “espinas dendríticas”), que sus contemporáneos descartaron como artefactos pero que él reconoció como sitios de contacto reales con capacidad funcional (Figura 7).

Figura 7.- Espinas dendríticas detectadas en una preparación histológica de Cajal del bulbo olfativo de conejo, que se conserva en el Instituto Cajal (Legado Cajal). El panel A, muestra el aspecto de la preparación histológica de Cajal impregnada por el método de Golgi / Marchi. Obsérvese las etiquetas escritas a mano por Cajal: lado izquierdo, que indica la especie animal “Conejo 1 mes”, y en el lado derecho el procedimiento de tinción “Marchi Golgi ”. Los paneles B y C ilustran los detalles de una sección en A (área circunscrita en el cuadrado). El panel D, representa una neurona con sus componentes: s, soma; d, dendrita y a, axón. El panel E representa una imagen de mayor resolución de la dendrita en marcada en D. Obsérvese en el panel E numerosas espinas dendríticas (flecha e) a lo largo de la misma dendrita que se muestra en D. También obsérvese la excelente conservación de la muestra. Las espinas dendríticas fueron dibujadas con precisión por Cajal. Panel F, dibujo científico de Santiago Ramón y Cajal, en el que se representan los distintos tipos de espinas dendríticas presentes neuronas piramidales cerebrales. Dibujo original de Santiago Ramón y Cajal, tinta china negra sobre papel, alrededor de 1899.

En la década de 1890, Cajal fue uno de los primeros científicos en interpretar la capacidad de las neuronas para adaptar su morfología (plasticidad) a las necesidades funcionales (Figura 8). Él, muy probablemente pudo haber sido responsable de popularizar el término “plasticidad”. En este sentido, dijo Cajal, «el hombre puede convertirse en el escultor de su propio cerebro».

Figura 8.- Hace casi 100 años, Ramón y Cajal utilizó el término «regeneración abortiva» para describir el intento de re-crecimiento de neuronas lesionadas en un modelo de lesión del nervio ciático en gatos jóvenes y conejos sacrificados pocos días después de la lesión por ligadura. Los resultados sobre la regeneración y la degeneración del sistema nervioso fueron ilustrados con precisión por Cajal. Como ejemplo, este panel representa una semi-ligadura del nervio ciático en un conejo sacrificado ocho días después de la operación. La sección total del nervio, cerca de la ligadura se muestra para comparar la capacidad de rebrote de las dos porciones. A, muñón periférico del nervio ligado. B, muñón central del fascículo no ligado. C, E, cicatrices. d, polo central del nervio. L, ligadura. D, F, polos degenerados del nervio. Dibujo original de Santiago Ramón y Cajal, tinta china negra sobre papel, alrededor de 1899

La obra maestra de Cajal, “Histología del sistema nervioso del hombre y los vertebrados”, todavía se cita cientos de veces cada año. Sus trabajos sobre la degeneración y regeneración del sistema nervioso y la estructura de la retina se consideran igualmente clásicos. Durante su carrera, Cajal publicó más de trescientos artículos, no todos ellos neurocientíficos. Es un hecho poco conocido que descubrió la vacuna contra el cólera. También contribuyó significativamente al estudio del cáncer. Además, Cajal fue un pionero de la fotografía en color (publicó la obra: La fotografía de los colores). Publicó relatos breves de ficción (Cuentos de vacaciones), una colección de sabidurías mundanas (Charlas de café), un recuento de las experiencias de la vejez extrema (El mundo visto a los ochenta años), una guía científica (Consejos para un joven investigador) y una inolvidable autobiografía (Recuerdos de mi vida). Cuando Cajal ganó el Premio Nobel en 1906, se convirtió en un héroe nacional. A día de hoy, hay una calle que lleva su nombre en prácticamente todas las ciudades españolas.

Valor de los dibujos como medio de ilustración de las observaciones microscópicas

En la época de Cajal, los científicos generalmente utilizaban el dibujo como medio para ilustrar sus observaciones microscópicas. Por lo tanto, aceptar los hallazgos publicados fue a menudo un acto de fe. Los dibujos histológicos revolucionarios de Cajal fueron considerados inicialmente por algunos investigadores como interpretaciones artísticas en lugar de copias precisas de sus preparados histológicos. Pero los dibujos de Cajal son sin duda piezas de realidad, copias confiables de preparaciones histológicas que muestran la micro-organización del sistema nervioso: la delicada estructura de las células nerviosas y sus conexiones. Si bien sus contribuciones a los conceptos actuales de la función cerebral y la organización son famosos, sus dibujos cuidadosamente ejecutados, que muestran una rara mezcla de habilidad artística y conocimiento científico, son mucho menos conocidos por el público en general. Cientos de sus dibujos descansan en el legado de Cajal. Los dibujos histológicos de Cajal no solo son valiosos por su belleza, sino también porque expresan conceptos universales por lo que todavía se utilizan con fines educativos y de capacitación.

Visita virtual del LEGADO CAJAL: http://www.cajal.csic.es/legado.html

Imagen de portada: Santiago Ramón y Cajal (Cordon Press)

FUENTE RESPONSABLE: Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) es una Agencia Estatal de España. 

Sociedad y Cultura/Ciencia/Homenaje/Cerebro/Neuronas.

 

 

 

Adiós a William Klein, uno de los fotógrafos más influyentes del siglo XX.

Rebelde, iconoclasta, maestro de la fotografía urbana, transgresor… La lista de adjetivos para definir la obra de William Klein parece no tener fin. Si ya era una leyenda viva de la fotografía desde hace años y muchos coincidían en señalarlo como uno de los autores más influyentes del siglo XX, su muerte ha vuelto todas las miradas sobre el que, sin duda, es uno de los grandes referentes de la historia de la fotografía.

Aunque su fallecimiento no se comunicó de forma oficial hasta dos días después, Klein murió en París el pasado 10 de septiembre, con 96 años de edad. Afincado en Francia desde hacía décadas, fueron sus fotos de las calles de Nueva York -la ciudad donde nació- recogidas en el libro Life is Good and Good for You in New York (1956) las que en su momento le auparon a la fama. De ahí son algunas de las instantáneas más reconocidas de su larga y prolífica carrera.

Incluyendo, claro, la archiconocida imagen de dos niños jugando con una pistola y que él titulo como ‘Gun 1’. Un posado en el que su gusto por el angular que introduce al espectador en la escena se convierte en una de las señas de identidad de su fotografía de calle.

Una disciplina en la que destacó especialmente y que le llevó por todo el mundo retratando como pocos las gentes de Roma o Tokio, por citar un par de ejemplos muy conocidos dentro de su obra editorial.

Pero sería injusto limitar su trayectoria a este campo. Por ejemplo, los trabajos para Vogue a partir de 1958 también supusieron una revolución en la fotografía de moda, alejándose de poses e imágenes encorsetadas.

Autodidacta y polifacético, dio el salto a la fotografía tras unos años de interés por la pintura. Tampoco se quedó ahí, porque si algo define la trayectoria de Klein es la variedad de formatos, incluyendo el cine (dirigió una veintena de cortos y largometrajes), o también el mundo de la publicidad, otro de los segmentos en los que firmó centenares de trabajos.

Imagen de portada: William Klein

FUENTE RESPONSABLE: Redacción Photolari. 13 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Arte Fotográfico/Homenaje/William Klein

 

Stanford Ovshinsky, “El Edison del siglo XX”

Inventor de las baterías de celulares y notebooks, CDs, DVDs, pantallas LCD y autos eléctricos, entre otros 400 inventos. ¿Porqué decía que hablar en idish lo ayudó en sus inventos?

Ovshinsky nació y creció en la ciudad industrial de Akron, Ohio, entonces en el centro de la industria del caucho estadounidense. El hijo mayor de padres inmigrantes judíos lituanos de clase trabajadora que abandonaron Europa del Este alrededor de 1905, Benjamin Ovshinsky de Lituania y Bertha Munitz de lo que ahora es Bielorrusia, Ovshinsky se involucró activamente en actividades sociales a una edad temprana durante la Gran Depresión.

Fue un inventor y científico estadounidense que en más de 50 años de trabajo registró más de 400 patentes, sobre todo en los campos de la energía y la información. Muchos de sus inventos han tenido amplias aplicaciones. Entre los más destacados están: la batería de hidruro de metal níquel, que ha sido ampliamente utilizada en computadoras portátiles, cámaras digitales, teléfonos móviles, coches eléctricos y coches híbridos, el panel solar fotovoltaico, la pantalla plana de cristal líquido, el CD y DVD regrabable, la célula de combustible de hidrógeno y memorias de datos.

A pesar de que nunca fue a la Universidad ni tuvo ninguna educación formal inventó parte de la batería híbrida de nickel, patentó las bases que permitirían desarrollar los CDs, DVDs y transistores de cristal que darían pie al desarrollo de las pantallas LCD. Este gran inventor dijo que su uso del idish le permitió inventar más cosas porque siempre «las pensaba al derecho y al revés»

En 1960, Ovshinsky y su segunda esposa, Iris Dibner, fundaron Energy Conversion Laboratory en Detroit, dedicando el laboratorio a la solución de importantes problemas sociales usando la ciencia y la tecnología centrándose en las áreas críticas de la energía y la información, su compañía se transformó en Energy Conversion Devices (ECD) en 1964 y pasó a trabajar en una invención de vanguardia y laboratorio de desarrollo de productos que han construido nuevas industrias, muchas de ellas dirigidas a reducir la dependencia del combustible fósil. ECD continúa a través de joint ventures y socios licenciados siendo un líder en energía solar y baterías.

Aproximadamente un año después de la muerte de su esposa Iris Ovshinsky en agosto de 2006, Ovshinsky abandonó ECD y estableció una nueva compañía, Ovshinsky Innovation LLC, dedicada al desarrollo innovador de la base científica de las tecnologías de la energía y de la información. En octubre de 2007 se casó con Rosa Young, una física que había trabajado en ECD en varias tecnologías como un coche híbrido con motor de hidrógeno y en la visión de Ovshinsky sobre una economía basada en el hidrógeno.

Gracias a su trabajo toda la humanidad puede disfrutar hoy día de ordenadores portátiles, tabletas y smartphones, dispositivos que nos permiten trabajar o conectarnos a internet sin ataduras y sin necesidad de estar conectados a la red eléctrica gracias al uso de baterías. Revolucionó no solamente el sector de los dispositivos electrónicos, sino que también ha propiciado una revolución en el sector automovilístico con los coches eléctricos; un invento ideado por Stanford Ovshinsky.

Stanford Robert Ovshinsky nació el 24 de noviembre de 1922 en Ohio y, durante 50 años de carrera, trabajó en más de 400 patentes enfocadas en la electricidad y el almacenamiento de energía, hasta el punto de haber colaborado en el diseño de la batería del primer vehículo eléctrico de General Motors, ser considerado como el Thomas Edison del siglo XX según la revista Economist o Héroe del Planeta según la revista Times en 1999.

Ovshinsky era un inventor de formación autodidacta, de hecho, nunca estudió en la Universidad y al terminar sus estudios de secundaria, se encerró a estudiar por su cuenta ciencias físicas, matemáticas o química para dotarse de una base científica gracias a los libros que había en la biblioteca pública de su ciudad. Con 23 años patentó su primer diseño y, a la temprana edad de 30 años, ya era director de investigación de la Hupp Motor Company donde comenzó a trabajar en autómatas y sistemas de control automático para volver a establecerse por su cuenta (esta vez en una compañía que fundó con su hermano). A finales de los años 50, se interesó mucho por el mundo de los semiconductores y la energía.

En Energy Conversion Devices, Ovshinsky comenzó a trabajar con cristales y materiales amorfos con la idea de desarrollar dispositivos semiconductores, un trabajo que serviría para desarrollar células solares, «transistores de cristal» que darían pie al desarrollo de las pantallas LCD o patentar las bases que permitirían desarrollar los CDs y DVDs que se pueden volver a grabar. Sin embargo, uno de sus inventos clave fue, sin duda alguna, las baterías NiMH, es decir, las baterías híbridas de níquel y metal en la que se especializarían en su diseño y fabricación y también entraría en el campo de las pilas de combustible.

Con 800 patentes en el extranjero, 400 patentes en Estados Unidos y más de 300 artículos científicos sobre baterías, pilas de combustible, soportes de almacenamiento óptico, pantallas LCD o placas solares, Ovshinsky siguió trabajando hasta sus últimos días en el diseño de un nuevo tipo de célula fotovoltaica de fácil fabricación y gran rendimiento con la que quería revolucionar el sector de las energías limpias.

Murió en 2012 en Estados Unidos.

Fuente: Grupo de Facebook Personalidades judías de todos los tiempos. Compilado por Raúl Voskoboinik.

Imagen de portada: Stanford Ovshinsky Foto: Glenn Triest – Wikipedia – CC BY 3.0

FUENTE RESPONSABLE: Aurora. Israel. 14 de septiembre 2022

Sociedad y Cultura/Tecnología/Ciencia/Homenaje