Covid: ¿cuándo llegará la próxima generación de vacunas que nos protejan frente a las nuevas variantes del coronavirus?

En la práctica, el proceso de actualizar las dosis es más complicado de lo que se pensó en un principio.

Después de un año y medio desde que se administraron las primera dosis, las vacunas contra la covid-19 deben actualizarse para combatir las subvariantes de ómicron, como la BA.1. BA. 4 y BA. 5.

Se espera que entre septiembre y octubre de 2022 estén disponibles, acorde a lo planificado en las agencias reguladoras de medicamentos y farmacéuticas como Moderna y Pfizer, ambas productoras de vacunas ya aprobadas y usadas a gran escala en gran parte del mundo.

«Es sumamente recomendable y necesario que tengamos nuevas vacunas», considera el pediatra e infectólogo Renato Kfouri, director de la Sociedad Brasileña de Inmunizaciones.

En la práctica, el proceso de actualizar las dosis es más complicado de lo que se pensó en un principio.

El principal obstáculo fue la aparición rápida e imprevisible durante el año pasado de nuevas variantes de Sars-Cov-2, el coronavirus responsable de la pandemia actual. Por ejemplo, cuando los investigadores estaban trabajando en el desarrollo de una vacuna para combatir las variantes alfa y beta, el surgimiento de la delta ya se había convertido en un problema.

La buena noticia es que las vacunas que actualmente están disponibles y que se administran en tres o cuatro dosis, en función del grupo de edad y de las condiciones de salud, siguen protegiendo contra las formas más graves de covid asociadas a la hospitalización, intubación y muerte.

La BBC habló con distintos expertos para comprender los contratiempos y las posibles soluciones para aumentar la protección de las personas contra la covid-19 en el futuro.

Etapas inevitables

En diciembre de 2020, cuando las primeras vacunas estaban a punto de estar listas, una de las informaciones que más circulaba tenía que ver con la eventual facilidad para actualizar las dosis.

«Al principio se decía que ese proceso sería muy rápido, que en unos 20 días se podrían tener nuevas vacunas», recuerda la médica y epidemióloga Denise Garrett, vicepresidenta del Instituto Sabin de Vacunas, en Estados Unidos.

«A medida que pasaba el tiempo, vimos que no era del todo así».

El proceso para hacer las modificaciones en la formulación original no es tan complicado. En las vacunas ARNm, como las de Pfizer y Moderna, o en las de vectores virales, como las de AstraZeneca y Janssen, basta con modificar la secuencia de genes que «enseñan» a nuestro propio organismo a producir la proteína S, una estructura en forma de espiga que se asienta en la superficie del coronavirus y se adhiere a los receptores de las células para iniciar la infección.

Coronavirus.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Las nuevas versiones del virus son cada vez más infecciosas y con capacidad de eludir la respuesta inmune.

Cabe recordar que la primera generación de vacunas se desarrolló a partir del virus «original», detectado en Wuhan (China) a finales de 2019.

La espiga (proteína S) es la parte del virus que más mutaciones genéticas ha sufrido a medida que aparecen nuevas variantes.

El proceso de «editar» la secuencia de genes que hay en la vacuna es sencillo y se puede hacer en el laboratorio en pocos días.

Pero es precisamente en la siguiente etapa donde aparecen los mayores obstáculos.

«Las vacunas modificadas deben pasar por ensayos clínicos para ver si funcionan, si causan alguna respuesta inmune y si son igualmente seguras», detalla la médica Sue Ann Costa Clemens, directora del Grupo de Vacunas Oxford-Brasil en Reino Unido.

«Si todos esos resultados son satisfactorios, entraríamos en la fase regulatoria en la que los países analizan los datos y deciden si las vacunas estarán disponibles para su uso», añade la especialista, que también es jefa del Instituo de Salud Global de la Universidad de Siena, en Italia.

En el mejor de los casos, si el proceso se hace rápido, toma al menos unos meses en completarse. Eso sin contar el tiempo que se necesita para producir y distribuir los millones de dosis del producto.

La cuestión principal es que el coronavirus funciona a una velocidad completamente diferente: desde la aparición de la variante omicron a finales de 2021, en pocos meses han surgido diversas subvariantes aún más infecciones y con la capacidad para eludir la respuesta inmune.

Solo en la primera mitad de 2022, el mundo vio cómo BA.1 (la primera subvariante de ómicron) fue seguida de la subvariante BA.2 y, recientemente, por las subvariantes dominantes BA.4 y BA.5.

Una profesional sanitaria vacuna a un menor.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Las vacunas que actualmente están disponibles protegen contra los síntomas más graves.

Además de este desfase, las nuevas versiones parecen tener más capacidad para escapar de la respuesta inmune fruto de la vacunación y de previas infecciones de covid. De hecho, el número de personas que se están infectando por segunda o tercera vez aumenta cada día que pasa.

Pero, ¿qué vendrá después? ¿Cuál será la futura variante o subvariante por la que preocuparse? Nadie sabe la respuesta.

¿Cómo resolvemos esta ecuación?

Tenemos un problema tanto a corto como a largo plazo. En los próximos meses, las agencias reguladoras y las farmacéuticas deben discutir cómo acelerar ese proceso de pruebas y aprobación para ampliar la inmunidad de las personas más susceptibles a los efectos de la covid-19.

En esta línea, la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA, por sus siglas en inglés), parece haber dado un primer paso.

A finales de junio, los representantes de la agencia determinaron que la dosis de refuerzo que se utilizarán en ese país a partir de otoño (finales de septiembre para el hemisferio norte), deberán tener algún tipo de protección contra las subvariantes de ómicron, de preferencia contra la BA.4 y la BA.5.

Incluso antes de este anuncio, las farmacéuticas ya estaban trabajando para actualizar sus productos. Por ejemplo, Moderna anunció que estaba probando una vacuna capaz de proteger contra el coronavirus «original» y también contra la subvariante BA.1.

Los últimos resultados divulgados por la empresa, que aún deben ser revisados por investigadores independientes, indican que la nueva versión de las vacunas doblan la producción de anticuerpos neutralizantes contra la BA.1 en comparación con las dosis más antiguas.

Profissional de saúde prepara vacina contra a gripe

FUENTE DE LA IMAGEN – MINISTERIO DE SALUD DE BRASIL. Para poder adelantar las cepas que predominarán cada temporada, es necesario que el virus se estabilice.

Pfizer también está avanzando en una vacuna actualizada contra la BA.1 y los primeros datos que la empresa ha compartido también indican un aumento de la respuesta inmunitaria.

Los dos laboratorios dicen estar trabajando en fórmulas específicas para ampliar la protección contra las subvariantes BA.4 y BA.5. En este caso, esto se encuentra en una fase aún inicial y los resultados previos pueden demorarse aún un poco en ver la luz.

Independientemente de cómo vaya a desarrollarse este proceso en los próximos meses, sí hay un consenso en torno a encontrar el modo de disminuir la ventaja del virus en esta carrera, de modo que las dosis que se utilicen en las próximas campañas de vacunación se acerquen más a la variante que haya en circulación en ese momento.

«Lo que necesitamos es que la vacunación contra el coronavirus sea algo similar a lo que actualmente tenemos para la gripe, para la que las autoridades sanitarias analizan y determinan las cepas que probablemente circularán con mayor intensidad en cada temporada», propone Garrett.

«A partir de ahí sería posible producir vacunas sin necesidad de ensayos clínicos más largos y con todo el proceso de aprobación reglamentaria», añade.

Sin embargo, para que este escenario sea una realidad, será necesario que la circulación del coronavirus se estabilice.

«Estamos ante un panorama imprevisible, en el que todavía no podemos predecir qué variante circulará en los próximos meses», analiza Kfouri.

Mirar al presente con vistas al futuro

Los expertos entienden que el uso de las vacunas bivalentes, es decir, que protegen contra el virus «original» y también contra la variante de ómicron, como proponen las farmacéuticas, puede ayudar a resolver el problema a corto plazo. Pero el futuro de la vacunación pasa necesariamente por soluciones más integrales.

«Tenemos que cambiar nuestra estrategia. No sirve de nada limitarse a adaptar las vacunas con cada nueva cepa que surge», señala Clemens, quien también es asesora principal de la Fundación Bill y Melinda Gates.

«Necesitamos desarrollar soluciones capaces de protegernos no sólo del Sars-CoV-2, sino de toda la familia de coronavirus, que tienen el potencial de causar otras pandemias en el futuro», añade la investigadora.

Vacuna de ARNm

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Crear vacunas nuevas es un negocio de muy alto riesgo y muy caro.

Estos proyectos, que incluyen tecnologías como las vacunas de nanopartículas o soluciones aplicadas por la nariz, están aún en una fase muy temprana y no se verán resultados más sólidos hasta dentro de uno o dos años.

Garrett habla de la necesidad de invertir de modo masivo en este tipo de investigación. «Crear vacunas es un negocio de muy alto riesgo. Las posibilidades de que una que funcione bien y sea aprobada ronda el 7 % de media», calcula.

«Como estamos hablando de algo muy arriesgado y muy caro, los gobiernos tienen que hacer una alta inversión con las empresas farmacéuticas. Porque sin un incentivo, estas empresas por sí solas no asumirán el riesgo», dice.

Para hacernos a una idea, el gobierno de Estados Unidos invirtió US$18.000 millones en la Operación Warp Speed, que sirvió de base para el desarrollo de vacunas y tratamientos contra la covid-19 y ayudó en la creación de las vacunas de Janssen, AstraZeneca y Moderna.

Hasta que todas estas ideas sean una realidad, es importante seguir las orientaciones de las autoridades sanitarias y estar al día con la vacunación.

Al fin y al cabo, como se ha mencionado anteriormente, las dosis que tenemos actualmente siguen protegiendo en la mayoría de los casos contra los síntomas más graves y que pueden derivar en hospitalización, intubación o, incluso, muerte.

Imagen de portada: GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: André Biernath. BBC News Brasil. 20 de julio 2022.

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Vacunas contra el coronavirus.

 

«La medicina no es suficiente»: la doctora que quiere cambiar la visión de la muerte en el siglo XXI.

Hay algo mal con la forma en la que lidiamos con la muerte y tenemos que cambiarlo.

Esa es la principal conclusión de un informe elaborado por la Comisión sobre el Valor de la Muerte, un grupo de expertos que se reunió para investigar qué significa morir en los tiempos modernos.

El trabajo, que ha recibido el sugerente título de «Traer la muerte de nuevo a la vida», ha sido publicado recientemente en The Lancet , una de las principales revistas científicas del mundo.

En los primeros párrafos del artículo, los autores señalan que «la historia de morir en el siglo XXI está llena de paradojas».

«Mientras muchas personas reciben un tratamiento excesivo e inútil en los hospitales, lejos de la familia y la comunidad, otra porción de la población no tiene acceso a ningún tipo de terapia, ni siquiera para aliviar el dolor, y muere de enfermedades prevenibles», escriben.

BBC News Brasil conversó con la doctora inglesa Libby Sallnow, autora principal del informe y especialista en cuidados paliativos.

Sallnow trabaja en el servicio de salud pública de Reino Unido en St. Christopher Hospice, un hospicio de ancianos, y en la Universidad de Bruselas, en Bélgica, y la University College London, en Inglaterra.

Aquí te presentamos los principales extractos de la entrevista.

Línea

Según su punto de vista, ¿qué es la muerte?

A menudo hablamos de la muerte como un evento. Y, como mencionamos en el artículo, hoy, gracias a la tecnología médica, se ha vuelto más difícil que suceda.

Las partes del cuerpo que alguna vez fallaban y provocaban ese fin, ahora pueden ser reemplazadas por máquinas u órganos nuevos en trasplantes.

La tecnología está empujando los límites de lo que entendemos como muerte. Pero, en términos generales, la muerte se ve como un punto final, un evento que le sucede a todos.

Libby Sallnow

FUENTE DE LA IMAGEN – ARCHIVO PERSONAL

La doctora Libby Sallnow intenta cambiar la forma en que la gente ve la muerte y el proceso de morir.

¿Y qué es morir?

Morir es un proceso. En términos médicos, hablar de alguien que muere implica los últimos días o las últimas horas.

Pero los cuidados paliativos pueden comenzar desde el diagnóstico de una enfermedad, incluso si la persona se siente bien en ese momento.

Para algunas personas, morir dura mucho más. Algunos incluso creen que este proceso comienza tan pronto como nacemos. Después de todo, con cada día que pasa, estamos más cerca de morir.

Esa respuesta dependerá de la perspectiva de cada uno y de si está viendo el problema desde un punto de vista médico o filosófico.

Muchas personas que conocí en mi práctica clínica me dijeron que se estaban muriendo. Y eso no significaba que sus muertes ocurrirían en los próximos días.

Solo querían decir que el proceso ya había comenzado.

Como mencioné anteriormente, definir lo que significa morir se ha vuelto más difícil con el avance de la medicina.

En el pasado, las personas estaban enfermas o tenían un accidente y era mucho más fácil saber si iban a morir o recuperarse.

Ahora, con enfermedades crónicas como la demencia y la insuficiencia cardíaca, estamos hablando de un proceso que puede llevar años.

Por lo que el foco en estos casos es intentar vivir bien, incluso con una enfermedad considerada terminal. Incluso puede terminar muriendo de otra cosa en el camino.

Es curioso cómo esta discusión va más allá de las barreras de la ciencia. El cantautor brasileño Gilberto Gil, por ejemplo, tiene una canción en la que dice «no le tengas miedo a la muerte, pero sí, miedo a morir»…

Es muy interesante pensar en esto. La comprensión cultural de lo que significa morir es a menudo más poderosa que el concepto técnico de la medicina.

Son las narrativas populares las que nos dan el contexto necesario para entender esto.

De hecho, el famoso director estadounidense Woody Allen tiene una cita célebre al respecto: «No tengo miedo de morir. Simplemente no quiero estar ahí cuando suceda».

Sí, la muerte es aterradora y desconocida. Perdemos el control y nos volvemos dependientes de los demás. Todo esto va en contra de la narrativa de nuestro tiempo, en el que la independencia, la fuerza, la autonomía y el control del cuerpo y de las propias decisiones son tan importantes.

Y eso me lleva a otra discusión sobre la ignorancia. Existe la idea de que la muerte solía ser más familiar para muchas comunidades y culturas de todo el mundo. La gente estaba acostumbrada a lo que era morir.

En mi profesión, veo gente muriendo todo el tiempo. Pero fuera de ese contexto, especialmente en los países más ricos, la gente ya no lo ve.

Morimos cada vez más tarde, lo cual es genial. Es un logro de la medicina y de la salud pública.

Pero eso también significa que puedes ser mucho mayor cuando veas morir a la primera persona más cercana a ti.

Esto puede ser muy aterrador y en general no se sabe cuáles son las señales y cómo ofrecer apoyo en este momento final.

Hay un patrón de lo que sucede cuando una persona está en sus últimas horas. Hay un cambio en el ritmo de la respiración, hay cambios en el habla y otros detalles muy comunes. Pero, si nunca lo has visto antes, esta escena puede dar miedo.

Esto hace que amigos y familiares envíen al moribundo al hospital porque existe la idea de que este cambio en los patrones corporales no es natural. Y, por supuesto, tienen miedo de no hacer lo correcto por la persona que aman.

Existe el temor de que el individuo esté sufriendo y sin el apoyo necesario. El resultado de esto es un aumento de las muertes en los hospitales.

Una mujer y un hombre en Japón realizan una ceremonia para honrar a sus antepasados.

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En Japón, la gente realiza ceremonias para honrar y recordar a sus antepasados.

Me parece que tenemos un gran desafío por delante. La muerte se ha vuelto tan desconocida y fuera del radar que nos lleva a un círculo vicioso.

Transferimos la responsabilidad del cuidado de la persona al sistema de salud, cuando el final de la vida puede ocurrir en la comodidad del hogar en muchos casos.

En cierto modo, esto me recuerda toda la discusión sobre el parto. Hay una medicalización del nacimiento y también de la muerte.

Por supuesto, en ambos casos hay un componente médico, pero no podemos olvidar la importancia de la familia y las relaciones cercanas en estos momentos clave.

Nuestro objetivo con la comisión era mostrar que algo anda mal. Y que necesitamos medicamentos, cuidados paliativos y apoyo sanitario en el momento de la muerte, pero eso no puede ser lo único que ofrecemos.

Por supuesto, el individuo necesita estos cuidados, medicamentos para el dolor, una buena cama… Pero todo esto son solo herramientas.

Necesitamos tener buenas conversaciones con familiares y amigos, para que puedan reflexionar sobre el sentido de la vida y prepararse para morir.

Esas son las cosas grandes, los factores existenciales y significativos.

¿Y cómo se interesó en este tema y orientó su carrera hacia esta área?

Siempre he visto la muerte como un evento tan importante por el que todos pasaremos. Es una certeza universal. Y una cosa que noté como voluntaria en un asilo de ancianos era que nadie hablaba de morir.

La gente trataba de esconderse y alejarse del tema, lo que solo hace que todo el proceso sea más difícil para nosotros.

Siendo estudiante de Medicina también fui a la India y me encontré con un nuevo modelo de muerte, en el que la comunidad estaba en el centro de todo.

La gente era consciente de lo que era morir y tomaban el control de médicos y enfermeras. No había nada parecido en el Reino Unido, donde solo vi hospitales y residencias.

Regresé de la India muy inspirada y dispuesta a cambiar la forma en que vemos morir.

Hace 20 años, comencé a trabajar con colegas de todo el mundo para aprender y desarrollar diferentes modelos para volver a poner la muerte bajo el control de la comunidad.

Además de India, ¿recuerdas otros modelos interesantes de cómo lidiar con la muerte de una manera más saludable y sostenible?

En Austria, existe una iniciativa llamada «últimos auxilios», en referencia a los primeros auxilios a los que estamos acostumbrados. La idea es empoderar a todos sobre qué hacer ante la muerte de las personas.

También está el proyecto de las doulas de la muerte, inspirado en las doulas que dan a luz. Curiosamente, esta iniciativa se enfoca en las mujeres mayores, que son las que más comúnmente tienen contacto con la muerte dentro de esa comunidad.

La idea es que enseñen y promuevan enfoques sobre qué decir a una familia en duelo y cómo identificar cuándo comienza el proceso natural de la muerte.

Finalmente, también existe un modelo de «alfabetización de la muerte». La idea es utilizar el concepto de alfabetización en salud, que nos enseña sobre la importancia de la alimentación y el ejercicio físico para prevenir enfermedades.

En caso de fallecimiento, la propuesta es hacer planes a futuro y advertir a los allegados, por ejemplo, si uno no quiere ir a una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) o no quiere someterse a algún tratamiento específico y no puede decidir en ese momento.

Celebración del Día de los Muertos en México

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El Día de Muertos es una de las fechas más importantes en la cultura mexicana.

¿Existe una desigualdad en la forma en que se aborda la muerte en países ricos y pobres?

Sí, hay una gran desigualdad. Solo considerando la esperanza de vida, hay una diferencia de décadas entre las tasas de las naciones ricas y pobres.

Uno de los participantes de nuestra comisión proviene de Malawi y la esperanza de vida allí es casi 20 años menor que en el Reino Unido. En otros países, esta disparidad es aún mayor.

También hay diferencias significativas si se analizan las principales causas de muerte en cada lugar.

En los más pobres, hay más muertes por conflictos, violencia o enfermedades y accidentes prevenibles. Y todavía hay una enorme desigualdad en el acceso a los servicios y políticas de salud pública.

Todo esto ayuda a determinar cómo, cuándo y por qué cada uno de nosotros morirá.

La última disparidad impactante es la falta de acceso a formas de aliviar el dolor. Hay mapas que muestran cómo la morfina (medicamento utilizado para este alivio) se distribuye en varias partes del mundo.

En Canadá y los Estados Unidos se produce un uso excesivo. En India, África y Rusia tenemos escasez de este medicamento. Tanta gente sigue muriendo de dolor, cuando es posible aliviar ese sufrimiento.

Mencionaste el aumento de la esperanza de vida en los últimos siglos. ¿Cómo ha cambiado, para bien o para mal, una vida más larga nuestra relación con la muerte?

La esperanza de vida es un logro del que debemos estar profundamente orgullosos. Y eso solo fue posible gracias a la medicina, la salud pública, la vacunación y los cambios de vivienda.

Pero el problema ahora es que morimos cada vez más tarde y por enfermedades crónicas, no de forma inesperada, por accidentes o enfermedades prevenibles.

En el escenario actual, el deterioro de la salud ocurre muy lentamente, por múltiples condiciones crónicas, que duran diez o más años.

Sin embargo, los sistemas de salud tienen dificultades para hacer frente a esta transición. Porque se basan en un modelo de atención aguda.

Si hay una infección o una fractura de cadera, eso se trata y ya está, te dan de alta. Pero ahora la tendencia es que necesitamos cada vez más intervenciones regulares, durante muchos, muchos años.

Esto revela la necesidad de un nuevo modelo de salud. Porque ahora estamos hablando de obesidad, tabaquismo, trastornos mentales y varias otras condiciones donde la prevención es mucho más importante que el tratamiento.

Debemos trabajar más cerca de la persona misma y de su familia. Después de todo, ellos son los que tomarán las decisiones a diario.

El viejo modelo, que reinó durante al menos 50 años, es mucho más paternalista. El médico hacía el diagnóstico, recetaba el tratamiento y listo.

En muchas comunidades, hablar de la muerte es un tabú. ¿Es este un fenómeno reciente o proviene de una tradición antigua?

Algunas tradiciones populares hablan abiertamente de la muerte. En otros lugares, en cambio, incluso pronunciar la palabra muerte ya es señal de mala suerte.

Un ejemplo clásico de la celebración de los difuntos tiene lugar en México y Japón. Pero también hay otros lugares donde amigos y familiares visitan las tumbas y hablan constantemente de la persona que murió, incluso en el sentido de mantenerlos vivos en forma de memorias colectivas.

Un paciente con covid-19 es atentido en un hospital

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Sallnow cree que la pandemia de covid-19 ha reforzado aún más la medicalización de la muerte.

Hay comunidades que ven la muerte como parte de la vida. Y otros que, por motivos religiosos y culturales, no quieren ni hablar de ello.

Sin embargo, incluso en sociedades donde la muerte es un tabú, hay formas de abordar el tema de manera indirecta o figurada.

Pero nos damos cuenta de que actualmente hay un sentimiento generalizado de no hablar abiertamente sobre la muerte.

Esto se debe en parte al hecho de que la gente tiene miedo, pero también a que existe una falta general de conocimiento y una ilusión de que simplemente ir al hospital resolverá todos los problemas de salud.

La muerte es triste y nadie quiere perder a las personas que ama. No queremos minimizar esto de ninguna manera.

Pero cuando no hablamos o no nos preparamos, es bastante perjudicial, ya que no hacemos planes, no nos despedimos y los que se quedan no saben cómo afrontar todo.

Estamos en medio de una pandemia, en la que las imágenes de UCI y pacientes intubados se han vuelto comunes, así como las crecientes cifras de muertes por covid. ¿Nos acercó o nos alejó del significado de morir?

La pandemia tuvo muchos impactos. En primer lugar, se vio todos los días en los periódicos y en la televisión lo que es morir.

Por un lado, esto aumentó el miedo para todos. Incluso porque siempre se ha señalado a la muerte como la consecuencia última del covid.

Por otro lado, toda esta crisis reforzó la importancia de estar conectados en momentos tan difíciles. Basta recordar las imágenes de funerales donde solo podía estar presente una persona, o la idea de alguien muriendo solo, sin su familia, aislado en un hospital…

Todo esto nos demostró que la medicina no es suficiente para hacer frente a la muerte. Necesita atención médica excelente, pero las personas deben estar cerca de la familia.

Los fuertes lazos sociales son demasiado importantes para el bienestar de todos. La pandemia demostró entonces lo malo que es estar solo y lo destructivo que puede ser la falta de apoyo social.

A nivel existencial, me parece que la gente es más reflexiva sobre lo que significa la mortalidad en este momento. Todos nos hemos vuelto más conscientes del papel de la pérdida y la muerte en nuestras vidas, ya que muchos se han visto afectados por la partida de un ser querido.

Grupos de personas reunidas en un parque

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Sallnow resalta que los lazos sociales y la conexión con familiares y amigos son esenciales durante el proceso de morir.

Tampoco podemos ignorar el impacto que el cambio climático tendrá en el mundo en las próximas décadas. ¿Podría generar una perspectiva similar sobre la mortalidad a lo que vimos en la pandemia?

El cambio climático desafía la noción de que tenemos control sobre la naturaleza. En cierto modo, hay una similitud con la pandemia.

Sentimos que estamos por encima de la naturaleza, cuando en realidad somos parte de ella.

Hay que considerar que el exceso de tratamientos médicos y este intento de alargar la vida tiene un gran coste económico. Esto a su vez representa un gran impacto en el planeta, desde el punto de vista de los recursos naturales y las emisiones de carbono.

En última instancia, esta exageración puede conducir a un empeoramiento de la situación mundial y conducir a un aumento de la enfermedad y la muerte.

En otras palabras, nuestra búsqueda de prolongar la vida hoy puede afectar la salud de las generaciones futuras.

Entonces debemos sopesar el precio ético, financiero y climático de los tratamientos que no aportan beneficios claros al paciente. Y son muchas las terapias fútiles que se ofrecen en los hospitales, sobre todo, en los momentos más críticos, que no cambiarán en absoluto la progresión del cuadro.

Chimeneas de fábricas lanzan humo

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

El cambio climático no permite soñar con la inmortalidad, cree la médica inglesa.

La idea de la inmortalidad es algo que la humanidad siempre persiguió, y lo vemos en historias antiguas y recientes. ¿Crees que llegará el día en que seremos inmortales? ¿O los eventos de vida y muerte que siempre estarán conectados?

La inmortalidad siempre ha sido un sueño. Esto es histórico y está presente en nuestro imaginario desde hace milenios. Siempre ha habido leyendas sobre un elixir especial que bebes y rejuveneces o vives para siempre.

Pero yo diría que ahora mismo, ante tantas desigualdades que vemos en el mundo, nuestro foco no debería estar en alargar aún más la vida de ese grupo minoritario que es capaz de pagarlo, mientras que la mayoría de los el mundo sigue muriendo de enfermedades prevenibles.

En segundo lugar, me pregunto: ¿dónde creen que vivirán estas personas que quieren vivir para siempre? Porque hay un claro conflicto entre el cambio climático y la inmortalidad.

A menos que cambiemos radicalmente la forma en que vivimos y consumimos los recursos del planeta, no habrá posibilidad de que vivamos por 200 años o más.

Imagen de portada: GETTY IMAGES.Los expertos creen que la muerte debe dejar de ser un tema tabú.

FUENTE RESPONSABLE: André Biernath- @andre_biernath – BBC News Brasil.

Sociedad y Cultura/Salud/Investigación Médica

 

Extraordinario: el cerebro percibe las imágenes con 15 segundos de retraso y no en tiempo real.

Este efecto de ‘viaje en el tiempo’ generalmente tiene un impacto positivo «para evitar que nos sintamos bombardeados por información visual en la vida cotidiana».

Si deseas profundizar sobre esta entrada, cliquea por favor donde se encuentre escrito en “negrita”. Muchas gracias.

Científicos de la Universidad de California en Berkeley, Estados Unidos, descubrieron que la mente humana percibe las imágenes que vemos con 15 segundos de retraso, en lugar de intentar actualizarse en tiempo real, según un trabajo divulgado en la revista Science Advances. 

Del mismo modo que trabaja la red internet, nuestro cerebro se carga en todo momento de nuevos estímulos visuales. No obstante, para sostener el orden en lo que captan nuestros ojos, el cerebro en realidad nos presenta una imagen del pasado, porque su tiempo de actualización es de unos 15 segundos. 

Se trata de un mecanismo llamado «campo de continuidad» de la mente, una función de percepción en la que el cerebro fusiona lo que captan nuestros ojos para proporcionar una sensación de estabilidad visual. 

David Whitney, investigador titular del estudio y profesor de psicología, neurociencia y ciencias de la visión en la Universidad de California, dice al respecto: «Si nuestros cerebros estuvieran siempre actualizándose en tiempo real, el mundo sería un lugar nervioso con constantes fluctuaciones de sombras, luz y movimiento, y sentiríamos como si estuviéramos alucinando todo el tiempo» . 

Máquina de tiempo 

Explica, a su turno, el dr. Mauro Manassi, profesor asistente de psicología en la Universidad de Aberdeen en Escocia, que, a diferencia de lo que se cree, «nuestro cerebro es como una máquina del tiempo. Sigue enviándonos atrás en el tiempo. Es como si tuviéramos una aplicación que consolida nuestra entrada visual cada 15 segundos en una impresión para que podamos manejar la vida cotidiana». 

«Los científicos estudiaron este efecto de ‘viaje en el tiempo’ al examinar los mecanismos de la ‘ceguera al cambio’, es decir cuando no notamos cambios sutiles a lo largo del tiempo, como cuando en una película un actor cambia por su doble», aporta Rt. 

El grupo reunió a cerca de 100 participantes, para que observaran imágenes en primer plano de rostros que cambiaban según la edad y el sexo durante 30 segundos. Y finaliza: «Solo se mostraban los ojos, cejas, nariz, boca, barbilla y mejillas, mas no la cabeza ni el vello facial. Después de ver las imágenes se les pidió a los participantes que identificaran el último rostro que vieron y el grupo casi siempre eligió un cuadro que estaba a la mitad del video». 

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE. mdz on line. Créditos: ScienceAdvances, News.berkeley.edu, Rt. 

Sociedad/Cerebro humano/Sentido de la vista/Ojos/Percepción

La nueva parte del cuerpo hallada por un grupo de científicos (y para qué sirve).

Pon tus dedos en la parte posterior de tus mejillas y aprieta los dientes. Notarás que un músculo se tensa en relieve.

Ese es el músculo masetero, el más prominente de los músculos de la mandíbula.

Los libros de anatomía tradicionalmente han descrito al masetero como un músculo compuesto por dos capas: una superficial y otra profunda.

Pero ahora, un grupo de investigadores en Suiza dice haber descubierto una sección de los músculos de la mandíbula que hasta ahora había pasado desapercibida.

Su hallazgo consiste en que describieron una tercera capa aún más profunda del músculo masetero.

El músculo masetero es el más prominente de los músculos de la mandíbula.

«Aunque generalmente se asume que la investigación anatómica en los últimos 100 años no ha dejado piedra sin remover, nuestro hallazgo es casi como si los zoólogos descubrieran una nueva especie de vertebrado», dijo en un comunicado Jens Christoph Türp, coautor del estudio y profesor en el Centro Universitario de Medicina Dental de Basel.

Capa profunda

Para lograr este descubrimiento, los investigadores estudiaron la estructura de la musculatura de la mandíbula, imágenes tomográficas, secciones de tejido de personas muertas que donaron sus cuerpos a la ciencia y datos de resonancia magnética de una persona viva.

La S corresponde a la capa superficial del masetero. La D a la capa profunda. Y la C a la coronoide, la tercera capa aún más profunda recién descubierta.

De esta manera, identificaron esta tercera capa profunda, asociada al proceso muscular de la mandíbula inferior.

A ese proceso muscular se le llama «coronoide», por eso los autores de la investigación proponen que a esta nueva capa se le llame Musculus masseter pars coronoidea.

Szilvia Mezey, coautora del estudio, explica que aunque anteriormente ya se había descrito al músculo masetero con tres capas, la literatura existente no es clara y a veces es contradictoria.

El masetero a veces se describe con una sola capa, a veces con dos y cuando se ha descrito con tres capas, se ha visto como una variación particular, dice la experta.

Mujer

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY

«Queríamos ver a qué se debía esa inconsistencia», le dice a BBC Mundo Mezey, quien trabaja en el Departamento de Biomedicina en la Universidad de Basel.

«Con nuestra investigación nos dimos cuenta de que no era solo una variación, sino que era consistente, estaba constantemente ahí».

 

¿Qué función tiene?

Según Mezey, esta nueva capa tiene una función claramente distinta a las otras dos capas del masetero.

Odontóloga

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY

La primera capa se encarga de elevar la mandíbula, la segunda ayuda a que no se se vaya ni hacia atrás ni hacia adelante; y la tercera ayuda a retractar la mandíbula, estabilizarla y cerrarla.

Para la experta, este hallazgo resulta importante para odontólogos y cirujanos, ya que indica que el masetero está formado y se comporta de una manera distinta a lo que hasta ahora se había pensado.

Además, dice la especialista, su investigación demuestra que no tenemos el cuerpo humano completamente mapeado y que nos falta mucho por conocer.

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: Redacción BBC News Mundo. Diciembre 2021

Cuerpo humano/Ciencia/Investigación médica/Salud

Investigadores descubren la principal diferencia entre las neuronas humanas y animales

Un nuevo estudio publicado en la revista “Nature”, desarrollado por la MIT, ha puesto de manifiesto que el cerebro humano, pese a tener una construcción compartida con el resto de los mamíferos, cuenta con un tipo de neuronas especiales.

Las neuronas se comunican entre sí a través de impulsos eléctricos, que son producidos por canales iónicos que controlan el flujo de iones como el potasio y el sodio

En un nuevo hallazgo sorprendente, los neurocientíficos del MIT han demostrado que las neuronas humanas tienen un número mucho menor de estos canales de lo esperado, en comparación con las neuronas de otros mamíferos

Los investigadores plantean la hipótesis de que esta reducción en la densidad de canales puede haber ayudado al cerebro humano a evolucionar para operar de manera más eficiente, lo que le permite desviar recursos a otros procesos intensivos en energía que se requieren para realizar tareas cognitivas complejas. 

“Si el cerebro puede ahorrar energía al reducir la densidad de los canales iónicos, puede gastar esa energía en otros procesos neuronales o de circuitos”, dice Mark Harnett, profesor asociado de ciencias cerebrales y cognitivas, miembro del Instituto McGovern de Investigación del Cerebro del MIT y uno de los principales autores del estudio.

En el estudio publicado el pasado miércoles por la revista “Nature”, el más extenso de su campo, Harnett y sus compañeros analizaron las neuronas de 10 mamíferos diferentes e identificaron un “plan de construcción” válido para todas las especies que observaron, excepto para los seres humanos. Descubrieron que, a medida que aumenta el tamaño de las neuronas, también aumenta la densidad de los canales que se encuentran en ellas. 

Sin embargo, las neuronas humanas demostraron ser la excepción a esta regla. “Estudios comparativos previos establecieron que el cerebro humano está construido como otros cerebros de mamíferos, por lo que nos sorprendió encontrar pruebas sólidas de que las neuronas humanas son especiales”, explica el estudiante recién graduado del MIT Lou Beaulieu-Laroche, autor principal del estudio.

Una neurona en pleno funcionamiento.

Una neurona en pleno funcionamiento.

Las neuronas en el cerebro de los mamíferos pueden recibir señales eléctricas de miles de otras células, y esa entrada determina si disparará o no un impulso eléctrico llamado “potencial de acción”. 

En 2018, Harnett y Beaulieu-Laroche descubrieron que las neuronas humanas difieren de las de las ratas en algunas de sus propiedades eléctricas. Principalmente en unas partes de la neurona llamadas dendritas, unas antenas en forma de árbol que reciben y procesan la información de otras células. 

Uno de los hallazgos del estudio fue que las neuronas humanas tenían una menor densidad de canales iónicos que las neuronas en el cerebro de las ratas. Los investigadores se sorprendieron con este descubrimiento, ya que se suponía que la densidad del canal iónico era constante en todas las especies. En el estudio publicado esta semana, Harnett y Beaulieu-Laroche decidieron comparar neuronas de varias especies de mamíferos para ver si podían encontrar algún patrón que gobierna la expresión de los canales iónicos. 

Estudiaron dos tipos de canales de potasio y el canal de HCN, que conduce tanto el potasio como el sodio en neuronas piramidales de capa V, un tipo de neuronas excitadoras que se encuentran en la corteza cerebral.

Pudieron obtener tejido cerebral de 10 especies de mamíferos: musarañitas o musgaños enanos (uno de los mamíferos más pequeños conocidos), jerbos, ratones, ratas, cobayas, hurones, conejos, titíes y macacos, así como tejido humano extraído de pacientes con epilepsia durante una cirugía cerebral

Esta variedad permitió a los investigadores cubrir un amplio abanico de grosores corticales y tamaños de neuronas. Los investigadores encontraron que en la gran mayoría de las especies de mamíferos que observaron, la densidad de los canales iónicos aumentaba a medida que aumentaba el tamaño de las neuronas. 

La única excepción encontrada fue en las neuronas humanas, que tenían una densidad de canales iónicos mucho menor de lo esperado. El aumento en la densidad de canales en todas las especies fue sorprendente, dice Harnett, porque cuantos más canales hay, más energía se requiere para bombear iones dentro y fuera de la célula. Sin embargo, comenzó a tener sentido una vez que los investigadores comenzaron a pensar en la cantidad de canales en base al volumen general de la corteza cerebral.

Un modelo 3D de neurona reconstruido a partir de datos de laboratorio. Las protuberancias son terminales presinápticas

Un modelo 3D de neurona reconstruido a partir de datos de laboratorio. Las protuberancias son terminales presinápticas

En el diminuto cerebro de la musarañita, que está repleto de pequeñas neuronas, hay más neuronas que en el tejido del cerebro del conejo, que tiene neuronas mucho más grandes. 

Pero debido a que las neuronas del conejo tienen una mayor densidad de canales iónicos, la densidad de estos canales en el volumen de tejido es la misma en ambas especies, o en cualquiera de las especies, a excepción de los humanos, que analizaron los investigadores. 

“Este plan de construcción es consistente en nueve especies de mamíferos diferentes”, explica Harnett, a lo que añade: “Lo que parece que la corteza está tratando de hacer es mantener el mismo número de canales iónicos por unidad de volumen en todas las especies. Esto significa que para un volumen determinado de corteza, el costo energético es el mismo, al menos para los canales iónicos”.

Más eficientes

Sin embargo, en el cerebro humano, en lugar de una mayor densidad de canales iónicos, los investigadores encontraron una disminución dramática en la densidad de canales iónicos para el volumen de nuestra corteza

Los investigadores creen que esta densidad más baja puede haber evolucionado como una forma más eficiente de gastar energía en el bombeo de iones, lo que permite que nuestro cerebro use esa energía para otra cosa, cómo crear conexiones sinápticas más complicadas entre neuronas o disparar potenciales de acción a un ritmo mayor. 

“Creemos que los humanos han evolucionado a partir de este plan de construcción que anteriormente restringía el tamaño de la corteza, y descubrieron una manera de volverse más eficientes energéticamente, por lo que gastas menos ATP por volumen en comparación con otras especies”, dice Harnett. 

A raíz de la investigación, los científicos esperan poder encontrar dónde podría ir esa energía adicional y si existen mutaciones genéticas específicas que ayuden a las neuronas de la corteza humana a lograr tal eficiencia. Además de explorar si las especies de primates que están más estrechamente relacionadas con los humanos muestran disminuciones similares en la densidad de los canales iónicos.

Imagen de portada: Gentileza de La Razón

FUENTE RESPONSABLE: La Razón. Por Jorge Herrero

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