Cortázar, entre pasajes, París y Buenos Aires.

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La aventura del escritor y de su encuentro con la ciudad tiende sus líneas tras su nacimiento en 1914, con el tronar de la Primera Guerra Mundial y su guerra de trincheras. Entonces, Cortázar nació en Bruselas, hijo de un funcionario en la embajada argentina en Bélgica. Un nacimiento, como dirá, “producto del turismo y la diplomacia”.  

Rápido, aquel error se corrigió. Así regresó a la Argentina, a los 4 años; vivió sus primeros veranos en Banfield. Por complicaciones de salud, hizo reposo obligado. En su postración, lo acompañó la lectura de grandes escritores, y del diccionario Pequeño Larousse. Así empezó su amor por las letras.  

Se arrojó de cabeza, entonces, en la literatura francesa y la cultura universal; egresó como maestro del Mariano Acosta; estudió un año de filosofía; leyó con fruición a Jean Cocteau y John Keats; fue docente en Chivilcoy y Mendoza; y cuando era secretario de la Cámara del Libro, en 1946, Jorge Luis Borges publicó en la revista Los Anales de Buenos Aires su icónico cuento “Casa tomada”; y en 1948 obtuvo el título de traductor público de inglés y francés. Un estudio de tres años que cursó solo en nueve meses; esfuerzo que le provocara alteraciones nerviosas que luego reflejó en “Circe”.    

En un comienzo, Cortázar percibió la ciudad de Buenos Aires en un barrio de relucientes paredes blancas. El barrio Parque Guillermo Rawson; otro de los emprendimientos de la Comisión Nacional de Casas Baratas, nacida por iniciativa del diputado Juan Félix Cafferata, en 1915.  

El nuevo barrio contiguo al vasto Parque de Agronomía se construyó entre 1928 a 1933, en un trazado triangular, entre las calles Espinosa (hoy Julio Cortázar), Tinogasta y Zamudio.  

Allí, entre tilos, pasajes, hiedras, en la calle Artigas 3246, frente a la Plazoleta Carlos de la Púa, Julio Cortázar vivió entre 1934 y 1951, con su madre y su hermana. El escritor luego marchará a la ciudad de la torre Eiffel en la que transcurre, por ejemplo, “Las Babas del diablo”, en Las armas secretas (1959).  

Hoy, vemos que las casillas de una rayuela se estampan en el asfalto ante la plazoleta central; y, cerca, un bar en una esquina con el nombre de la máxima novela del escritor; y una placa lo recuerda en el edificio donde residió. En Bestiario (1951), el cuento “Ómnibus” traza una directa alusión al entorno barrial: “Por Tinogasta y Zamudio bajó Clara taconeando distintamente, saboreando un sol de noviembre roto por islas de sombras que le tiraban a su paso los árboles de Agronomía…”.  

Luego, en una próxima Avenida San Martín y Nogoyá, Clara sube al colectivo 168, que, entre el murmullo de sus ruedas, recorre parte de la ciudad. 

Y en la habitación de sus comienzos, rodeado por barrio y tilos, aún se conserva su biblioteca inicial, sus primeros libros, del tiempo que concibió el ensayo sobre la teoría del túnel, en el que manifiesta su adhesión al surrealismo, y que postula una literatura que une lo cercano y lo desconocido, esta y la otra orilla. Entonces, su estética cobra forma con lo “neofantástico”: un solo elemento fuera de la ley racional que tuerce el cuello de lo convencional, como en el mencionado relato “Casa tomada”, en Bestiario.     

Primeros desplazamientos del escritor que construirá pasajes, túneles, rayuelas, escaleras hacia otros cielos, que autocrítica luego su primer esteticismo para asumir un compromiso político con el dolor de la Latinoamérica flagelada por las dictaduras. El escritor que primero imaginó la ciudad bajo la niebla, que es también la de sus creaturas que se burlaban de las buenas costumbres.  

Entre cronopios, y la ciudad bajo la niebla.  

En 1950, un joven Cortázar escribió la novela El examen. Antes, en 1938 había publicado el libro de sonetos Presencia; su primer libro de cuentos La otra orilla, en 1945, y la novela Divertimentos, en 1949.  

En El examen, la imaginación transfigura la ciudad del tango y el Obelisco. Inicio de su escritura novelística, que luego discurrirá experimental, existencial, filosófica, crítica de la cultura lógico-aristotélica y “antinovela” en Rayuela (1963). El examen solo se publicó de forma póstuma, en 1986.  

Unos amigos recorren un Buenos Aires arropado en niebla, hongos y multitudes inmersas en rituales públicos en Plaza de Mayo. Los personajes comparten inquietudes literarias, artísticas, políticas, históricas; anticipos de los aprestos existenciales y metafísicos futuros del Club de la Serpiente, en Rayuela, y del Diario de Andrés Fava.  

Y en Historia de cronopios y famas (1962), su personaje arquetípico de lo lúdico y creador es el cronopio. Los cronopios son lo contrario de los rutinarios famas. Los cronopios pueden entender las instrucciones para subir una escalera; o transfigurar la ciudad de Buenos Aires. La ciudad como ámbito de la “tristeza del cronopio”, que se sentaba en la pérdida Richmond de Florida, donde “moja el cronopio una tostada con sus lágrimas naturales”.  

Un torito de Mataderos    

El Luna Park fue corazón de la pasión boxística. Allí, brilló Justo Suárez, primer ídolo argentino, boxeador oriundo del barrio de Mataderos, en la ciudad de Buenos Aires.  

Por la fuerza de sus puños, Suárez llegó a Estados Unidos. Y a la cumbre siempre le sobreviene la caída. En el caso del Torito, la declinación de fracasos, retiro, olvido, muerte, en 1938. Derrumbe del boxeador que inspirará a Cortázar el proverbial relato “Torito”, en Final de juego (1956), en el que imagina el decir de un púgil barrial: “Qué le vas a hacer, ñato… Te sacuden contra las sogas, te encajan la biaba. Andá, andá, qué venís con consuelos vos”.   

La fascinación por un buen uppercut o un gancho de izquierda, hizo que uno de los primeros trabajos del escritor para sobrevivir en la ciudad luz, fuera relatar peleas para una cadena mexicana. Sus comentarios no ganaron el aplauso de los aficionados, pero sí un rápido despido.    

La galería entre dos mundos  

La galería Güemes adquiere en la literatura cortazariana un lugar prominente. El pasaje entre las calles Florida 165 y San Martín 170, que no deja de sorprendernos, en un edificio destacado, el primero construido en hormigón armado; inaugurado en 1915, en homenaje al general Martín Miguel de Güemes, héroe de la independencia y de la guerra gaucha.    

En su origen, el edificio fue el primer rascacielos de la ciudad, con 80 metros. Su arquitecto, Francisco Gianotti, elegido por un concurso, en 1912, le dio forma a la Galería Güemes con su torreta con mirador en acero y revestida en cobre; con su estilo de art nouveau tardío, con tendencia manierista y elementos bizantinos; bellas y llamativas esculturas de bronces bruñidos, dos cúpulas de claraboya, luminarias modernistas, y profusas figuras ornamentales. Centro de actividades comerciales y financieras, con oficinas, locales, e incluso viviendas; una de las cuales albergó al escritor y aviador Antoine de Saint-Exupéry, que mantenía a resguardo a un cachorro de foca en su bañera.  

En su teatro del subsuelo cantó Gardel, pero su aura artística mayor proviene de su reinvención literaria por Cortázar a través de su cuento “El otro cielo”, en Todos los fuegos el fuego (1966). Y descubrimos una visible placa en el pasaje que recuerda aquel relato.  

En su imaginación, el escritor unió el pasaje de Buenos Aires con la Galería Vivienne parisina.  

El protagonista de la ficción, un anónimo operador de bolsa, tiene en principio una correcta vida burguesa, con su casamiento con Irma a la vista, y éxito social asegurado. Sin embargo, siente el llamado de lo diferente, acaso por una íntima insatisfacción que lo roe como los gusanos a la tierra.     

El pasaje comunica el Buenos Aires de la década del 40’ con los suburbios parisinos, luego de la guerra franco- prusiana en 1871. La inversión del tiempo convencional acontece al atravesar el pasaje. Entonces: “…casi siempre mi paseo terminaba en el barrio de las galerías cubiertas, quizá porque los pasajes y las galerías han sido mi patria secreta desde siempre. Así, por ejemplo, el Pasaje Güemes…”.  

Del otro lado, el narrador coincide con mujeres de la profesión más antigua, como Josiane, perturbadas por el acecho de Laurent, el sudamericano, un asesino, cuya “fuerza le permitía estrangular a sus víctimas con una sola mano”. Para su caracterización, Cortázar apeló a una biografía de Isidoro Ducasse, el famoso conde de Lautréamont, autor de Los cantos de Maldoror, nacido de franceses en Montevideo, en 1846.  

Al final, el pasaje se cierra como tránsito a otro tiempo, otro cielo. Se desvanece el túnel-ciudad entre tiempos paralelos. El narrador asume la decepcionante rutina: “Y entre una cosa y otra me quedo en casa tomando mate, escuchando a Irma que espera para diciembre…”; y se pregunta si “…me quedaré en casa tomando mate y mirando a Irma y las plantas del patio”.  

El pasaje de la galería se cierra a lo otro, pero no el puente de la música…  

Entre el jazz y Caballito    

La música expande al ser humano. En el caso de Cortázar, el jazz, ante todo, y también la música clásica, abrió su oído a intensidades, placeres y nuevas emociones. Julio siempre se pensó como un “músico frustrado”. El destino le privó del don de componer o ejecutar un instrumento. En la escritura encontró la satisfacción compensatoria de su incapacidad musical. Por eso, trocará la trompeta por la máquina de escribir.  

Su primer personaje de densa entidad existencial es Johnny Carter, en “El perseguidor”, en Las armas secretas (1959). Figura inspirada en el saxofonista Charlie Parker, y su don genial para el ritmo y la improvisación (de ahí su célebre “Esto lo estoy tocando mañana”). Carter, aparentemente siempre fustigado por el dolor y la recaída en la marihuana. Pero tras esa fachada engañosa se agazapa “el perseguidor” que, por la música, es cazador de amplitudes metafísicas, y vencedor de los tiempos carcelarios.  

Antes de reemplazar el deseo del jazz por la escritura, antes de su partida a Europa, en una casa del barrio de Caballito, en Buenos Aires, con la presencia de Jorge López Ruiz, músico argentino, gran intérprete de jazz, Cortázar intentó arrancarle sonidos armoniosos a una trompeta. Por esos intentos supo que no sería un émulo de Charlie Parker.  

Sin embargo, el jazz deviene modelo de escritura para Cortázar. En algunas de sus declaraciones sobre el arte musical nacido entre los afro descendientes norteamericanos, Cortázar dirá que el músico de jazz crea tensión con el swing, con el ritmo. Y bajo ese ejemplo, aseguró: “mutatis mutandis, eso es lo que yo he tratado de hacer en mis cuentos y novelas”.  

Y en su literatura se hará eco también de una alta audición musical en el Teatro Colón que lo conducirá a la creación de una de sus ficciones más fascinantes, pero no incluida por lo general, en el corpus de sus cuentos canonizados por la crítica.  

El Colón y una extraña sala de conciertos.  

En 1942, después de tres décadas, Arturo Toscanini dirigió nuevamente la Orquesta Estable del Teatro Colón. Fueron siete conciertos memorables. Solo se conserva una grabación de la Novena de Beethoven en la cinta en acetato de su retransmisión radiofónica de la Radio Municipal de Buenos Aires. La interpretación fue de una energía rayana en lo salvaje. Una gran ovación brotó entre el público, en el que, como podrán sospechar, estaba el joven Cortázar. En ese entonces era profesor de literatura de la Escuela Normal de Chivilcoy.  

Su recuerdo del director italiano en el gran templo operístico de la ciudad de Buenos Aires, es ratificado por una de sus cartas: “Yo, que viajo, ahora tan frecuentemente a Buenos Aires, escucho música hasta donde me es ello posible. No podré olvidar jamás la Novena Sinfonía dirigida por Arturo Toscanini”.  

La conjunción de Buenos Aires, Teatro Colón, Toscanini, Beethoven, devendrá luego en efecto literario: la escritura de “Las ménades”, en Final del juego (1956). Y en otra carta, una misiva de 1973 a Antonio Planells, consignó que de los conciertos que presenciaba en Buenos Aires casi diariamente, emergió el cuento por una percepción: el histérico entusiasmo del público le resultaba amenazante. Esa sensación tuvo su apogeo cuando Toscanini dirigió sus conciertos en el Colón. Entonces, en una ocasión “llegué a sentir algo muy parecido al miedo…. me sentía como aislado en una especie de jungla de alaridos de la que procuraba alejarme lo antes posible”.  

En “Las ménades”, un narrador homodiegético (el narrador que forma parte de la historia que está relatando); el propio Cortázar disimulado, intenta separarse de la multitud enfervorecida por una interpretación de la Quinta Sinfonía, no de la Novena Sinfonía de Beethoven, en este caso.  

La función culta muta en caos por la irrupción de una misteriosa mujer vestida de rojo, rodeada por “un infierno de entusiasmo”. Esta espectadora recuerda a una ménade, las mujeres seguidoras del dios griego Dioniso, divinidad del éxtasis y la vehemencia. La insólita agitadora, canaliza la excitación de la sala, y avanza con sus seguidores “…pisoteando los instrumentos, haciendo volar los atriles, aplaudiendo y vociferando al mismo tiempo, en un estrépito tan monstruoso que ya empieza a asemejarse al silencio”.  

Una sala de teatro en la ciudad que abre a lo inesperado, como también puede hacerlo una escuela…  

En una escuela en la noche, en Balvanera.  

En Balvanera, en Urquiza 2777, se encuentra la Escuela Normal Superior en Lenguas Vivas Mariano Acosta, fundada en 1874, y declarada “Monumento Histórico Nacional”, en 1999. Establecimiento educativo con itinerario prestigioso. Entre sus alumnos egresados destacan, entre otros, el que fue presidente de la Nación Argentina Marcelo T. de Alvear; Enrique Santos Discépolo, el músico y dramaturgo, y el lúcido “filósofo popular” del tango “Cambalache”; Leopoldo Marechal, el autor de la épica Adán Buenosayres. Y Julio Cortázar.  

Con un promedio distinguido, luego de cuatro años de estudios, Julio egresó como Maestro Normal Nacional, en 1932, un título que daba la facultad de ejercer la docencia en cualquier lugar del país; y luego recibiría el de Profesor de Letras, en 1935. Siete años de clases, aulas y pasillos de “su escuela”.  

Por sus 14 años, Cortázar viajaba en colectivo desde Banfield hasta el Mariano Acosta. A la memoria de don Jacinto Cúcaro, su maestro de pedagogía en la escuela, le dedicó el antes mencionado relato Torito, porque “allá por el año 30’, nos contaba las peleas de Suárez”.  

Cortázar tuvo una intensa participación en las actividades estudiantiles. Dirigió la revista Addenda, del centro de estudiantes. En la publicación había lugar para temáticas diversas, desde la literatura a la pedagogía, y otras. En 1935, la escuela celebró su aniversario 61. Entonces pronunció un discurso, recogido en una investigación por María Luz Ayuso y Pablo Pineau, en Julio Cortázar en el “Mariano Acosta”. Marcas biográficas de su formación. (2018). Aquí se consigna el poema “Bruma” publicado en la aludida revista  Addenda, quizá su primera pieza poética, en la que el escritor confiesa que “busca lo remoto con férvidas ansias…”; y en esa búsqueda invoca como faros a Verlaine, Debussy, Baudelaire, Manet, Byron… De esa persecución de algo absoluto y “firmes horizontes”, acaso “brote el gran misterio”.  

En 1983, con 69 años regresó a su escuela, también a su barrio. Poco después se alejó, para siempre, de este mundo turbulento en París, en 1984,  

Su paso por el Mariano Acosta fructificó en su cuento “La escuela de noche”, publicado en el volumen Deshoras (1982). Ficción en la que el narrador, con un compañero de estudios, acometen una visita prohibida a la escuela en la noche, atraídos por descubrir algo inquietante, inesperado. Porque lo familiar de las aulas “no nos había quitado del todo eso que la escuela tenía de territorio diferente, a pesar de la costumbre, de los compañeros, las matemáticas”. Por la visita nocturna, la ciudad escuela descubre reversos, pliegues intrigantes, ajenos a la claridad del día.  

En el bar London y unos premios  

En Florida y la Avenida de Mayo, en 1954, se inauguró el bar “London City”, lugar que aún luego de cierres y remodelaciones conserva su atmósfera de otras décadas. Cortázar lo eligió como su bar, como su lugar de circulación entre mesas, mozos, café y melancolías.  

Para quien llegué allí por primera vez, se sorprenderá con una escultura del escritor, en una mesa homenaje, en el sector fumador (acaso para no privarle de su vicio de nicotinas cotidianas). La vidriera con la figura que evoca al escritor da a la Avenida de Mayo, cerca de la salida de subte A y la calle Florida. En la pared del fondo del establecimiento, cuelgan diversas fotográficas en blanco y negro, como su foto arquetípica obtenida por Sara Facio en 1967, en París. Y al pie de las vidrieras, descubrimos que se acomodan distintos libros del escritor, cuya aura aún impregna el lugar.  

En el bar-confitería, Cortázar escribió su novela Los Premios (1960). En ella, un grupo de personajes, premiados por un sorteo, se embarcan en el crucero Malcolm. Lo placentero convive con la intriga por la prohibición de ir a popa. Misterio no resuelto, mientras su personaje central, Persio, enfrascado en sus nueve farragosos soliloquios se lamenta de las frases hechas y de los lugares comunes. Su voz es lo poético frente a lo prosaico. Soliloquios que Cortázar observó que podrían ser leídos con independencia de la propia novela.  

Los beneficiados por el sorteo son convocados en «el London” para su cercano embarque. Entonces, uno de los personajes, López, profesor de castellano, percibe desde el bar la agitación citadina: “Afuera la Avenida de Mayo insistía en el desorden de siempre. Voceaban la quinta edición, un altoparlante encarecía alguna cosa. Había la luz rabiosa del verano a las cinco y media (…) y una mezcla de olor a nafta, a asfalto caliente, a agua de colonia y aserrín mojado”.  

En el bar, un cambio de lugar podía desatar la “iracundia en el personal de servicio”. Es sitio de sillas incómodas; y en el que había que entrar “como un calzador” cuando se quería combatir la sed con “un Indian Tonic”.  

Y López también, al final de la novela, después de la navegación en el Malcolm, exhorta a otros personajes a reunirse, nuevamente, en el café London.  

Por la alquimia literaria, una mesa de un bar de la ciudad se convierte en mar abierto, un barco, unos personajes tocados por el azar, una voz poética, un misterio nunca develado a bordo.   

La ciudad puente  

La relación cortazariana con la capital argentina fluye en simultaneidad a su vínculo con París. Lo urbano en sus letras y vida se funda en lo parisino y lo porteño paralelos. En la ciudad luz, de las manos a veces de Aurora Fernández, su primera esposa y albacea, y luego de Carol Dunlop, frecuentó Pont des Arts, en el que comenzó el periplo de Rayuela; la librería La Hune en el Boulevard Saint-Germain, en la que buscaba siempre algún hallazgo; el Old Navy Café, en el que como en el bar London, escribía largamente entre cuadernos y ensoñaciones; o la Residencia de Charles Baudelaire, la que fue la morada del notorio poeta de Las flores del mal.  

Un accidente en moto en París lo condujo a “La noche boca arriba”, en Final de juego. En Buenos Aires, el Luna Park, el Teatro Colón, el café London, la galería Güemes, el Mariano Acosta, detonaron visiones, corrientes de palabras modeladas por el ritmo y la imaginación.  

Pero la ciudad deriva en zona de resonancias del escritor que tanteó la otra orilla, lo que quiebra un límite. Por eso, París se transfigura con las preocupaciones existenciales de Horacio Olivera, o las transformaciones perceptivas de Johnny Carter en el metro parisino; y Buenos Aires, en la audacia creativa del autor de Prosa del observatorio, deviene ciudad pasaje; túnel y espacios abiertos en el muro de lo opaco y rutinario, hacia un otro lado cargado con otros modos de ser. La ciudad cortazariana, la ciudad puente, no lo fijada en la pared y su sombra.  

Imagen de portada: En un comienzo, Cortázar percibió la ciudad de Buenos Aires en un barrio de relucientes paredes blancas. El barrio Parque Guillermo Rawson. | LAURA NAVARRO

FUENTE RESPONSABLE: Perfil. Argentina. Por Esteban Ierardo. (*) Esteban Ierardo es filósofo, docente, escritor, su último libro La sociedad de la excitación. Del hiperconsumo al arte y la serenidad, Ediciones Continente; creador de canal cultural “Esteban Ierardo Linceo YouTube”. En estos momentos dicta cursos sobre filosofía, arte, cine, anunciados en página de Fundación Centro Psicoanalítico Argentino (www.fcpa.com.ar), y cursos y actividades anunciados en su FB. Junio 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/Argentina/Nuestros escritores/Julio Cortázar

    

LA EXCUSA DEL CERVANTES

Julio Cortázar y Cristina Peri Rossi, la complicidad de una amistad romántica.

«Julio Cortázar y Cris» es Cristina Peri Rossi narrando de manera autobiográfica su amistad intensa con Cortázar entre París y Barcelona.

Un escritor entra en una librería parisina en una mañana de invierno. El librero le ofrece una novela recién publicada por una escritora uruguaya. 

Él es argentino, así que está afín a aquella cultura y, además, el título es muy parecido al de una novela que está escribiendo en ese momento. Para él también la literatura era un juego.

Por la noche, se sienta a leer. Se fascina y se identifica. No encuentra más solución que escribirle a la autora. Mandó una carta a Marcha, en Montevideo, donde ella escribía. Ella, en realidad, ya estaba en Barcelona, a donde había huido por ser perseguida por la dictadura en Uruguay.

Entonces, la carta cruzó el océano dos veces: de París a Montevideo y de Montevideo a Barcelona, a donde la mandó el antiguo editor de la escritora.

La llegada de ese texto en papel fue el inicio de una amistad romántica que sería tan sincera como cómplice de sí misma. Se fue mezclando entre las calles de París y de Barcelona, y el humor y la inteligencia de Julio Cortázar y de Cristina Peri Rossi.

Cortázar le dedicó Quince poemas de amor a Cris y, muchos años después de su muerte, Cris escribió la crónica de esa amistad y la llamó Julio Cortázar y Cris. 

Es, en algún sentido, la primera pieza autobiográfica de Cristina en la que habla y discurre al “papaíto de piernas largas”, como ella le decía.

Tenían una diferencia de edad de casi treinta años y, aun así, encontraron que tenían cosas en común: el amor por los dinosaurios, la ópera, los caleidoscopios, el tango, el jazz. Lo único que no compartían era el gusto de Cortázar por el boxeo y por las novelas rosa.

Julio Cortázar y Cris es un retrato doble, una autobiografía y un testimonio.

De Cortázar, Cristina conserva su voz grabada leyendo los poemas que le escribió, conserva cartas que intercambiaron, conserva recuerdos. Tanto es así, que dentro del libro hay un momento desgarrador en el que Cristina cree estar escuchando a un Cortázar vivo, pero se dará cuenta que es solamente su voz de fondo en un reclame en la televisión. Ella escribió este relato para recuperar a Julio, para salvarlo de la muerte.

“Julio no tenía cáncer. Aun las personas más cercanas o quienes estuvieron junto a él creen que tuvo cáncer. No existió nunca ese diagnóstico”, escribió Cristina, esa mujer que ahora es el tercer Premio Cervantes que tiene Uruguay (la acompañan Juan Carlos Onetti e Ida Vitale).

La muerte de Julio Cortázar, en 1984, privó a Peri Rossi de una amistad poco usual, de esa cercanía que le había hecho la vida mucho más ancha que larga (expresión típica de otro escritor uruguayo al que no referiré en esta ocasión).

Nunca sabré por qué tu lengua entró en mi boca

cuando nos despedimos en tu hotel

después de un amistoso recorrer la ciudad

y un ajuste preciso de distancias.

Creí por un momento que me dabas

una cita futura,

que abrías una tierra de nadie, un interregno

donde alcanzar tu minucioso musgo.

Circundada de amigas me besaste,

yo la excepción, el monstruo,

y tú la transgresora murmurante.

Vaya a saber a quién besabas,

de quién te despedías.

Fui el vicario feliz de un solo instante,

el que a veces encuentra en su saliva

un breve gusto a madreselva

bajo cielos australes.

(Julio Cortázar, Quince poemas de amor a Cris)

Imagen de portada: Archivo

FUENTE RESPONSABLE: Beat. Por Federica Bordaberry. Abril 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/Premio Cervantes/Peri Rossi/Julio Cortazar

37 años sin el Gran Cronopio: 10 películas inspiradas en la obra de Julio Cortázar. Aniversario.

El famoso escritor de la literatura argentina, dejó obras imposibles de olvidar, y muchos directores de cine contribuyeron llevándolas a la pantalla grande.

La literatura es una de las principales inspiraciones para las piezas cinematográficas, y posiblemente hemos visto cientos de producciones fantásticas que tenían este origen y lo desconocíamos por completo.

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El gran Julio Cortázar, uno de los escritores clave de la literatura argentina-y por qué no mundial-, fue dueño de una imaginación única que supo ser plasmada en sus cuentos y novelas.

Estos, como bien dijimos, fueron una fuente de inspiración muy importante para directores de cine en América y en Europa. Como los resultados fueron grandes películas, esta vez te traemos una lista de aquella que recrean, o reinventan, el mundo cortazariano en imágenes fílmicas.

1. La cifra impar – Argentina (1962)

Ópera prima del director argentino Manuel Antín referente de la generación del 60, que dedicó tres de sus primeras cuatro películas a la obra de Cortázar. «La cifra impar» es una adaptación del cuento «Cartas de mamá», incluido en «Las armas secretas», publicado en 1959.

La historia transcurre entre la capital francesa y la argentina. En París, la pareja de Luis (Lautaro Murúa) y Laura (María Rosa Gallo) convive con el perturbador recuerdo de Nico, fallecido hermano de Luis y que tiempo atrás fuera pareja de Laura. Desde Buenos Aires llegan con frecuencia las cartas de la anciana madre de Luis (Milagros de la Vega), hasta que en una de ellas menciona a Nico y su deseo de viajar a París.

Al cuento original, el guión de Manuel Antín y Antonio Ripoll incorpora una profunda lectura psicológica de los personajes que en su evolución roza lo fantástico, impulsada por la culpa ante el desafortunado destino de Nico, y una saludable variedad de recursos cinematográficos. Gran parte de la película fue rodada en el barrio latino de París, ciudad en la que vivió Cortázar.

Pero el primer contacto entre el autor y la película se dio poco después en Buenos Aires durante una proyección previa al estreno. Suele considerarse a La cifra impar como la mejor de las adaptaciones cinematográficas de la obra de Cortázar, aunque su prestigio se consolidó con posterioridad. Al rechazo de la crítica de la época, que tildaba a la película de «afrancesada» y carente de argentinidad, la respuesta más positiva vino del propio Cortázar, quien colaboró con Antín en las siguientes películas.

37 años sin el Gran Cronopio: 10 películas inspiradas en la obra de Julio Cortázar

2. Circe – Argentina (1964)

En 1951 Julio Cortázar publicó «Bestiario», libro de cuentos al cual pertenece «Circe», relato que rescata a la hechicera homérica que por única vez se enamora de Odiseo.

Escritor y director (Manuel Antín) dieron forma al guion a partir del intercambio de cartas y de cintas, previo encuentro en el Festival de Cannes. Parte importante de esta correspondencia fue publicada recientemente en el Tomo I de «Cartas de Cortázar» por Editorial Alfaguara.

Así como en el cuento, en la película el personaje de Circe se llama Delia (Graciela Borges). Se trata de una joven que carga con el peso de haber visto morir a sus dos novios, uno por un síncope y otro por un suicidio. Ahora apareció un tercero (Alberto Argibay), quien intenta desentrañar las misteriosas conductas de Delia y liberarla de su predestinación.

Acá es donde aparecen las propuestas visuales propias de una adaptación cinematográfica: las costumbres que el personaje practica en el cuento son reemplazadas por elementos que forman parte de la puesta, como rejas, espejos y persianas, objetos que simbolizan el encierro interior de Delia.

Al igual que en «La cifra impar», la muerte de los amores pasados marca el pulso de los actos del presente y nuevamente es el perfil psicológico del personaje el motor de la película.

37 años sin el Gran Cronopio: 10 películas inspiradas en la obra de Julio Cortázar

3. El perseguidor – Argentina (1965)

Para la misma época en que Antín realizaba sus películas, otro director argentino, Osias Wilenski, realizaba su ópera prima «El perseguidor», versión del cuento inspirado en el saxofonista Charlie Parker y que forma parte de «Las armas secretas» (1959).

Narra el proceso autodestructivo de un músico de jazz llamado Johnny, entregado a las drogas, el alcohol y al destrozo de sus relaciones afectivas. El personaje principal fue interpretado por Sergio Renán.

«El perseguidor» tiene sus defectos: es una película raramente elogiada y cuya persistencia se debe más que nada al cuento de Cortázar. El guión se entorpece por la inserción de frases contundentes (manchones de la pluma del guionista Ulises Petit de Murat, sobreviviente del cine gauchesco argentino).

Entre sus virtudes está la creación de ambientes sombríos, desgastados, escenarios que bien pueden encontrarse en una ciudad como Buenos Aires y es por eso que, con algo de distancia, este filme vale como un buen ejemplo de las búsquedas estéticas del cine argentino de los 60. Poco después de su estreno, la película fue secuestrada por la justicia debido al reclamo del padre Zulma Faiad, quien había hecho un desnudo siendo menor de edad.

Pero lo más sobresaliente tiene que ver con la banda sonora. Al momento de dar su opinión, Cortázar solamente se mostró satisfecho con la música compuesta por Rubén Barbieri y ejecutada por Leandro «El Gato» Barbieri. El asunto es que también hubo un prolongado conflicto con el pago de los derechos de autor por lo que Cortázar nunca simpatizó con la película de Wilenski.

37 años sin el Gran Cronopio: 10 películas inspiradas en la obra de Julio Cortázar

4. Intimidad de los parques – Argentina/Perú (1965)

Julio Cortázar no estaba muy convencido de realizar la que fue finalmente la última película de Manuel Antín en torno a su obra. Se trata de una adaptación en simultáneo de «El ídolo de las Cícladas» y «Continuidad de los parques», cuentos que formaban parte de «Final de juego» (1956).

Fue rodada en Lima, Cuzco y las ruinas del Machu Pichu. Precisamente, uno de los aspectos que no agradaban a Cortázar era el escenario elegido, en vista de que sus cuentos hacían referencia a la Antigua Grecia. En palabras de Antín: «Contra la voluntad de Cortázar adapté el mármol a la piedra. Me pareció que Machu Pichu era la Grecia de Latinoamérica».

La historia plantea un triángulo amoroso entre Teresa (Dora Baret), su marido Hector (Paco Rabal) y su ex amante Mario (Ricardo Blume), con quien la mujer había conocido las ruinas de Machu Pichu durante un viaje de estudios, experiencia que desembocó en el hallazgo de una estatuilla que influyó en las conductas de Mario.

Los roles entre los personajes quedarán establecidos: Mario representa lo espiritual, mientras que el aspecto más terrenal corresponde Héctor y Teresa es el nexo entre estos dos mundos.

Antín siempre reconoció que el hermetismo de su propuesta alejó a Intimidad de los parques del público. Fue, de hecho, la menos vista de sus tres películas sobre Cortázar.

37 años sin el Gran Cronopio: 10 películas inspiradas en la obra de Julio Cortázar

5. Blow up – Italia/Gran Bretaña (1966)

La más conocida de las adaptaciones. El director italiano Michelangelo Antonioni ya gozaba de una alta reputación en el panorama cinematográfico europeo y «Blow Up» fue su primera experiencia fuera de su país, rodada pocos años después de la publicación de «Rayuela».

Se trata de una adaptación de «Las babas del diablo», correspondiente al libro «Las armas secretas». Es la historia la de un fotógrafo de modas (David Hemmings) que al ampliar unas fotos descubre las pistas de un asesinato y se obsesiona con el hecho, a tal punto de aislarse de su vida cotidiana en su afán de develar el misterio.

Este hallazgo en blanco y negro se contrapone a un mundo colorido, las modas juveniles y una cultura pop de los sesenta, si se quiere superficial, pero real al fin.

Es la búsqueda de una realidad que trascienda lo que se ve a primera vista lo que vincula directamente a «Blow Up» con el cuento, aunque Cortázar aclaró que nunca encontró en ella una conexión precisa.

Una colorida anécdota contada por Cortázar da cuenta de ello: «Italo Calvino, que es amigo mío, le escribió una vez un libro a Antonioni. Cuando llegó el momento de filmarlo, Italo descubrió que lo único suyo que había quedado era el tucán. Después supo por Mónica Vitti que le gustaba mucho la idea del tucán.»

37 años sin el Gran Cronopio: 10 películas inspiradas en la obra de Julio Cortázar

6. Weekend – Francia (1967)

No se trata propiamente de una adaptación sino de una cita, aunque bastante extensa y con cierto peso dentro de la historia.

Aunque no exista constancia de intercambio alguno entre Cortázar y Jean-Luc Godard, se da por sentado que el cuento al que hace alusión el inicio de la película es «La autopista del Sur», publicado un año antes, relato que tendrá una adaptación más literal algunos años después con «Il grande atasco», de Luigi Comencini.

Todo arranca con un idílico paseo al campo de un grupo de burgueses que prontamente se transforma en una sucesión de situaciones desagradables, empezando por un descomunal embotellamiento en la ruta provocado por un accidente fatal. Es esta famosa escena realizada mediante un extenso travelling la que hace referencia a «La autopista del sur».

Claro que en su desarrollo el cuento de Cortázar ofrece mucho más, a medida que el embotellamiento se prolongue y surja una miniatura de la sociedad moderna. Algo de esto se insinúa en «Weekend», porque entre bocinazos e insultos, algunos ya empezaron a entretenerse al borde de la ruta.

37 años sin el Gran Cronopio: 10 películas inspiradas en la obra de Julio Cortázar

7. El gran embotellamiento – Italia (1979)

Es la adaptación casi literal de «La autopista del sur», el mismo que fuera abordado de manera parcial por Godard, pero esta vez por Luigi Comencini. En ninguno de los dos casos aparece Cortázar acreditado en los títulos de presentación.

Se trató de una película orientada claramente al público europeo en general, un tipo de producción muy frecuente en los 60 y 70 que intentaba contrarrestar el dominio del cine angloparlante. De ahí que el reparto incluyera a figuras de varios países, empezando por los italianos Alberto Sordi, Marcello Mastroianni y Ugo Tognazzi, los españoles Fernando Rey, Angela Molina y José Sacristán y los franceses Gerard Depardieu y Annie Girardot.

La cantidad de nombres con que se presentó la película («L ́Ingorgo», «Una historia impossible», «Il grande atasco»), aún en la misma Italia, responde a esa premisa.

La historia da cuenta de un gigantesco embotellamiento en la ruta que conduce a Roma. La prolongación del mismo irá sometiendo a los personajes a diversas situaciones hasta resquebrajar los pilares de la conducta humana. Habrá una pareja que se separa, un hombre que muere por falta de asistencia médica y una violación, secuencia particularmente desagradable debido a la indiferencia de los demás personajes y que es la única que se aparta del tono de comedia que presenta la película.

La gran diferencia con el cuento original está en la elección del foco de atención. Mientras Cortázar se centra en las acciones, la película lo hará en los personajes. Cabe recordar, además, que en el cuento las personas son identificadas por el modelo de sus automóviles.

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8. Jogo subterráneo – Brasil (2005)

El cuento «Manuscrito encontrado en un bolsillo» forma parte del libro «Octaedro» (1974). En primera persona, cuenta la historia de un hombre que practica un juego que consiste en establecer una ruta dentro de la red del metro de París. Si durante el trayecto encuentra una mujer que coincide con este trazado, él se otorga el derecho de abordarla.

La cinta brasileña de Roberto Gervitz toma esta idea como punto de partida, y la aprovecha para redondear una buena ficción acerca de la soledad en las grandes ciudades. La red de subterráneos parisina es reemplazada por el menos glamoroso metro de San Pablo. Dato no menor, se trata de una ciudad realmente multitudinaria y, a diferencia del cuento de original, gran parte de la película se desarrollará sobre la superficie.

El personaje principal es un pianista, Martín, cuyas probabilidades de éxito en el juego son remotas: o la ruta elegida por la mujer no coincide o es rechazado por temor. Aún así, Martín tendrá sus oportunidades, primero la madre de una niña autista y luego una escritora ciega. Finalmente, una mujer despierta su interés y él la seguirá transgrediendo las reglas del juego. La elegida resulta ser una prostituta que intenta escapar de sus explotadores.

A esta altura, poco y nada queda del cuento de Cortázar a excepción del nombre de unos de sus personajes: Ana.

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9. Mentiras piadosas – Argentina (2008)

Entre las adaptaciones más recientes, sobresale esta película realizada por el debutante Diego Sabanés con un magnífico elenco en el que figuran muchos nombres más conocidos por su labor teatral, como Marilú Marini, Claudio Tolcachir y Rubén Szuchmacher.

Se trata de una adaptación del cuento «La salud de los enfermos», en la que también se reconocen varios elementos de otros textos de Cortázar pertenecientes al libro «Todos los fuegos el fuego» (1966).

La historia transcurre en la intimidad de una familia burguesa. Pablo se fue a París para probar suerte como músico. Pasa el tiempo y no hay noticias de él, lo cual comienza a preocupar a su madre.

Temiendo por su salud, sus otros dos hijos escriben falsas cartas y envían regalos. El plan involucra a otros miembros de la familia y a la novia de Pablo, que es instada por Mamá a apresurar los preparativos de la boda para forzar el regreso de su novio.

El montaje de una gran mentira tiene sus costos, pronto aparecerán las deudas y el desmantelamiento de los bienes familiares. Y lo más importante, o lo más cortazariano, es que todos los involucrados irán perfeccionando sus roles hasta acomodarse a esta construcción ficticia.

«Mentiras piadosas» es una película recomendable en todo sentido. Ofrece una audaz apropiación de la literatura de Cortázar, un guion depurado en base a inteligencia y creatividad, todas las interpretaciones son de alto nivel y la ambientación que supera por mucho a otras películas más costosas del cine argentino. Debe considerarse que la historia está situada en los años 50 y que se trató de una producción de bajo presupuesto.

37 años sin el Gran Cronopio: 10 películas inspiradas en la obra de Julio Cortázar

10. Diario para un cuento – Argentina/España (2008)

En 1983 Julio Cortázar publicó su último libro, «Deshoras», del que forma parte «Diario para un cuento». Es un complejo relato en el que el autor recupera vivencias algo dispersas de los primeros años 50, época en la que siendo muy joven vivía en Buenos Aires, con el recuerdo de un amor postergado en un primer plano.

Quien haya leído este cuento difícilmente pueda imaginar una adaptación cinematográfica de Jana Bokova. Pero se hizo y muy bien.

El derrotero de la directora checa merece ser citado. Durante la Primavera de Praga (1968) dejó su país, vivió y se formó en Londres y París y a mediados de los ochenta llegó a la Argentina para realizar una serie de excelentes documentales para la BBC de Londres sobre el tango y el folclore argentino.

Su primer largometraje en nuestro país fue acaso el único en tener a Cortázar como personaje principal, aunque éste se presente con el nombre de Elías, interpretado por Germán Palacios.

Las señas particulares y los gustos de Cortázar son inconfundibles, algunos tomados textualmente del cuento y otros directamente del mundo cortazariano. Así aparece su pasión por el jazz, por Carlos Gardel, por los poetas ingleses, su admiración por Bioy, la época en la que trabajaba como traductor y el futuro escritor que observa a un chico jugando a la rayuela y que finalmente marcha a París.

Elías/Julio Cortázar pasa buena parte de sus horas en un burdel. Allí conoce a varios personajes, entre ellas a las prostitutas que le piden la traducción de las cartas de sus novios extranjeros. Con una de ellas tendrá un romance, la Anabel del cuento original. También habrá un romance con una mujer burguesa y un asesinato que lo salpicará hasta que decida dejar la Argentina, justo al momento de la muerte de Eva Perón.

Puede ser que la película esté muy al borde del estereotipo porteño (puerto, prostitutas, salones, tango en demasía, Eva Perón), pero seguramente la directora checa siente que ella tiene algo en común con el Cortázar de aquellos años, y es la sensibilidad del recién llegado. En el tema de las adaptaciones, lo mínimo que se le puede pedir a un cineasta es que se apropie de la obra original, que la incorpore a su universo. Y para reforzar esta idea, el joven Julio es tratado por muchos lugareños como «un extranjero». Y en gran parte lo era.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

FUENTE RESPONSABLE: Iprofesional. Aniversario. Julio Cortázar. Febrero 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/Películas inspiradas en obras de Julio Cortazar/Homenaje.

Literatura y fierros: todos los autos de la «Autopista del Sur». Julio Cortázar.

En el cuento publicado por Julio Cortázar en 1966 se aprecian modelos que han resultado icónicos para la industria del automóvil.

Para profundizar sobre esta entrada, cliquea por favor donde se encuentre escrito en “negrita”. 

Julio Cortázar, hombre nacido en Bruselas pero argentino por adopción, ha sido uno de los mejores escritores de habla hispana que dio el mundo y en su obra ha tocado en diversas oportunidades el tema de los automóviles, como en Rayuela, Los Premios, Los Autonautas de la Cosmopista y en La Autopista del Sur, obra que desarrollaremos en este artículo. Hoy, 12 de febrero, se cumple un nuevo aniversario de su muerte. Este es nuestro homenaje.  

Uno de sus cuentos más recordados es El copiloto silencioso (se puede leer acá) y sin dudas el viaje «atemporal» que realizó junto a su esposa Catherine Dunlop entre París y Marsella en 1983 lo pinta de cuerpo y alma con respecto a su filosofía acerca de los autos, la modernidad y la tecnología. 

Cortazar en estado puro. Armando un camping a la vera de la ruta. Esta foto se utilizo en los Autonautas de la Cosmopista.

Es que Cortázar no veía a la ruta como un simple camino a transitar en el menor tiempo posible: a él le gustaba inmiscuirse en el paisaje, bajar de su «caravana» al costado del camino y armar una mesa de camping, recibir las visitas de amigos que vivían cerca de la zona y, sí, todo en tiempos de comunicación telefónica fija y analógica.

Justamente su obra La Autopista del Sur, publicada en 1966 y enmarcada en la corriente literaria del realismo fantástico, es todo lo contrario: se trata de un embotellamiento masivo entre los bosques de Fontainebleau y París durante un domingo por la tarde en el cual «no se podía avanzar porque en una parte de la carretera debió de haber sucedido un accidente».  

En ese contexto, Cortázar empieza a trabajar con la realidad, la ficción y por momentos llega a plantear situaciones cuasi inverosímiles, que hacen de este cuento uno de los mejores y más exquisitos que haya publicado. La Autopista del Sur está basado en personajes principales que van presentando diferentes modelos de autos, así tenemos al «Ingeniero del 404» que intenta enamorar a «La muchacha del Dauphine», a las «Dos Monjas del 2CV», al «Hombre pálido del Caravelle», al «Jefe de Cuadra Taunus» y se podría seguir enumerando. 

Ilustración de la Autopista del Sur del ilustrador argentino Marco Villavicencio.

El relato avanza mostrando microfacetas sociales de los «atascados» en la Autopista y cómo se unen para superar los contratiempos que se presentan. Y cuando el lector parece haberse acostumbrado a ese ritmo cansino, pero no menos interesante, sucede algo normal en una ruta, pero que nos desconcierta: los automóviles vuelven a ganar ritmo. 

Así, queda trunco el levante del Ingeniero del 404 a la Chica del Dauphine y llega una contundente frase final: «Y en la antena de la radio flotaba locamente la bandera con la cruz roja, y se corría a ochenta kilómetros por hora hacia las luces que crecían poco a poco, sin que ya se supiera bien por qué tanto apuro, por qué esa carrera en la noche entre autos desconocidos donde nadie sabía nada de los otros, donde todo el mundo miraba fijamente hacia adelante, exclusivamente hacia adelante». A continuación, todo el parque automotor que aparece en esta gran obra de Cortázar.

El cuento completo se puede descargar acá abajo. También se incluyen videos con una entrevista a Julio Cortázar y homenajes publicitarios de «Autopista del Sur» y otras obras del escritor argentino.

J.P.E.

Todos los autos que aparecen en la Autopista del Sur

Renault Dauphine

La Muchacha del Dauphine

  • Renault Dauphine
  • Segmento: B (chico, sedán 4 puertas)
  • Producción: 1956-1968 (Renault, IKA Renault Argentina, Willys Brasil)
  • Motorización: Ventoux atmosférico naftero de 4 cilindros en línea y 845 cc
  • Caja: manual de cuatro velocidades, tracción trasera           
  • Apostilla: Hasta 1960 los Renault que circulaban en Argentina eran importados de Francia, el Dauphine significó el desembarco de la marca francesa en el país, que comenzó a producirlo en la planta de Santa Isabel, Córdoba

El Ingeniero del Peugeot 404

  • Peugeot 404
  • Segmento: C (compacto, Berlina 4 puertas, coupé 2 puertas, descapotable 2 puertas, pick-up 2 puertas)
  • Producción: Europa (1960-1975), Argentina (1962-1981)
  • Motorización: se fabricó con tres motores delanteros de cuatro cilindros en línea: 1.6 L naftero, 1.8 L y 1.9 L diesel.
  • Caja: manual de cuatro velocidades y automática de tres, tracción trasera
  • Apostilla: Se utilizó en competencias de Rally; ganó el Rally Safari en las ediciones 1963/66/67/68 y logró dos títulos argentinos de ruta en 1968 y 1969

Las Dos Monjas del 2CV

  • Citroën 2CV
  • Segmento: B (chico, sedán 4 puertas y furgoneta)
  • Producción: 1948-1990
  • Motorización: a lo largo de su historia se fabricó con distintas motorizaciones, la original venía con dos cilindros opuestos longitudinales y 375cc.
  • Caja: manual de cuatro velocidades, tracción delantera. Las versiones AW y AW/AT incluyeron tracción en las cuatro ruedas y dos motores de 425cc
  • Apostilla: Fue diseñado para motorizar a la clase trabajadora de las regiones rurales de Francia, que todavía utilizaba la tracción animal para desplazarse. A principios de los ´60, debido al éxito obtenido con la exportación, Citroën decide comenzar a fabricar el 2CV/3CV en Argentina, primero en una planta de Brandsen y luego en la reconocida fábrica del barrio porteño de Barracas 

El Hombre Pálido del Caravelle- Floride 2HP

  • Caravelle
  • Segmento: D (mediano, descapotable, 2 puertas coupé, 2 puertas cabriolet y 2 puertas convertible)
  • Producción: 1958-1968
  • Motorización: motor trasero naftero de cuatro cilindros en línea. A lo largo de su historia se entregó en tres versiones: 845 cc, 956 cc y 1108 cc.
  • Caja: manual de cuatro velocidades sincronizadas, tracción trasera.
  • Apostilla: En algunos lugares del mundo fue conocido como Renault Floride durante sus primeros años de producción. La popular actriz francesa Brigitte Bardot fue embajadora de este modelo y lo popularizó en EE.UU. 

Los Dos Jovencitos del Simca

  • Simca 1000
  • Segmento: C (compacto, sedán 4 apuertas, automóvil de turismo)
  • Producción: 1961-1978
  • Motorización: motor delantero naftero de cuatro cilindros que se entregó en versiones de 777 cc, 844 cc, 944 cc, 1.1L , 1-2L y 1.3L
  • Caja: manual de cuatro velocidades, tracción trasera. Hubo también algunas versiones automáticas. La versión Rallye contó con tracción en las cuatro ruedas
  • Apostilla: Se vendió en el mercado europeo y estadounidense. En Sudamérica llegó a Chile y a Colombia, pero no a la Argentina, que sí produjo a nivel nacional entre 1965 y 1967 el Simca Ariane. 

Taunus, el Jefe de Cuadra

  • Taunus
  • Segmento: D (, mediano, Sedán 4 puertas, Cabriolet, Coupé)
  • Producción: 1939-1994
  • Motorización: Motor delantero que varió entre los 1.2L y los 2.6L según su modelo y año de lanzamiento al mercado
  • Caja: manual de 4 velocidades, tracción trasera. La coupé SP5 incorporó una caja de 5 velocidades. También hubo versiones con transmisión automática
  • Apostilla: Fue producido en la Argentina en la planta de Ford de Pacheco. Originalmente apareció en tres versiones: Taunus L, GXL y Coupé GT

Matrimonio de Ancianos del Citroën ID

  • ID Citroën
  • Segmento: E (grande, Sedán, Familiar, Descapotable)
  • Producción: 1955-1975
  • Motorización: Motor naftero delantero de cuatro cilindros, que varió entre los 1.9L y los 2.3L según su modelo y año de lanzamiento al mercado
  • Caja: manual de 4 velocidades, tracción trasera.
  • Apostilla: Su nombre original es Citroën DS, pero Cortázar utiliza la variante ID por la que también fue conocido.

La Pareja de Aire Campesino del Ariane

  • Simca Ariane
  • Segmento: D (mediano, Berlina, 4 puertas)
  • Producción: 1957-1965
  • Motorización: motor naftero delantero de 4 cilindros en línea. La versión original venía con 1.2L con el objetivo de abaratar el consumo y luego se introdujo la variante 2.3L que traía el Ariane 8.
  • Caja: manual de cuatro velocidades, tracción trasera.
  • Apostilla: Lo produjo bajo licencia en José C. Paz, Argentina, Metalmecánica S.A.I.C. entre 1963 y 1965.

El Fiat 1500 (choque contra un furgón Renault)

  • Fiat 1500
  • Segmento: C (compacto, Berlina 4 puertas, Familiar 5 puertas, Cabriolet 2 puertas, Coupé 2 puertas, Pickup -Argentina-).
  • Producción: 1961-1970
  • Motorización: motor naftero 1.5L delantero y longitudinal, cuatro cilindros.
  • Caja: manual de 4 velocidades, tracción trasera    
  • Apostilla: El Fiat 1500 Coupé Vignale (1966-1970) fue fabricado exclusivamente en Argentina y basado en el Fiat 1300/1500 Tipo 116.     

Hombre del DKW

  • DKW Junior
  • Segmento: C (compacto, Cabriolet, Coupé de 2 puertas)
  • Producción: 1959-1965
  • Motorización: Motor naftero delantero de 3 cilindros. Según los distintos modelos y años de salida al mercado utilizó unidades de potencia de 741 cc, 796 cc y 889 cc
  • Caja: manual de 4 velocidades, tracción delantera
  • Apostilla: Si bien Cortázar no hace referencia explícita al modelo, se infiere que habla sobre los contemporáneos DKW Junior, Junior F11 y Junior F12.

El Fiat 600 (mencionado en uno de los pasajes del texto)

  • Fiat 600
  • Segmento: A (citycar, Sedán, 2 puertas)
  • Producción: 1955-1986
  • Motorización: Motor naftero trasero de cuatro cilindros en línea. Según los distintos modelos y años de salida al mercado utilizó unidades potencia de 633 cc, 767 cc y 797 cc. En algunos mercados se produjo bajo licencia una variante de 1.059 cc
  • Caja: Manual de cuatro velocidades, tracción delantera
  • Apostilla: En Argentina comenzó a producirse en 1960 en la filial local Fiat Concord. El primer modelo se llamó 600 y luego llegaron el 600 D, 600 E, 600 R y 600 S 

ncendio en el Estafette

  • Renault Estafette
  • Segmento: Furgoneta
  • Producción: 1959-1986
  • Motorización: Motor naftero delantero, derivado del Dauphine. Según los distintos modelos y años de salida al mercado utilizó unidades potencia de 845 cc, 1.0L y 1.2L
  • Caja: Manual de cuatro cambios, tracción delantera
  • Apostilla: La escudería Ferrari utilizó una Estafette como vehículo de apoyo durante el reinado de Niki Lauda en la Fórmula 1

Ford Mercury (se lo menciona durante un pasaje del texto)

  • Mercury Comet
  • Segmento: E (grande, Sedán 4 puertas, Sedán 2 puertas, Coupé 2 puertas)
  • Producción: 1960-1971
  • Motorización: Motor naftero delantero de 2.4L, 2.8L y 4.8L según el modelo y año de salida al mercado 
  • Caja: Tuvo distintas transmisiones de 3 y 4 velocidades manual y de 2 velocidades automática, tracción trasera
  • Apostilla: Cortázar no lo menciona específicamente, pero se infiere por el año de publicación de la obra que se trata de un Mercury Comet.

El Renault 8 (Se menciona en uno de los pasajes)

  • Renault 8
  • Segmento: C (compacto, Sedán 4 puertas)
  • Producción: 1962-1971 (en España y México se produjo hasta 1976)
  • Motorización: Llevaba un motor trasero naftero de cuatro cilindros que varió su potencia respecto del modelo y año de salida al mercado: 956 cc, 1L y 1.2L
  • Caja: fue variando según el paso del tiempo. Hubo versiones manuales de 3, 4 y 5 velocidades y una automática de 3 velocidades, todas con tracción trasera.
  • Apostilla: Se lo considera como el sucesor del Dauphine y empleó frenos a disco en las ruedas delanteras, una característica inédita hasta entonces para los autos de su envergadura.

Bonus Track: Piper Cub

En un momento del relato se menciona que un “Piper Cub” se habría estrellado en alguna parte de la autopista. El Piper Cub fue un avión ligero fabricado en Estados Unidos en los años ´30 y ´40 del Siglo XX inicialmente con fines civiles, aunque luego incluso sirvió para el ejército norteamericano en el Programa de Entrenamiento para Pilotos Civiles.

Datos técnicos:

  • Tripulación: 1 piloto
  • Capacidad: 1 pasajero
  • Longitud: 6,8 metros
  • Altura: 2 metros
  • Peso: 345 kg
  • Planta motriz: 1 motor bóxer de cuatro cilindros refrigerado por liquido continental A-65-8 y 90 CV de potencia.

Si deseas ver las entrevistas, pincha por favor en cada link. Muchas gracias.

Entrevista a Cortázar – La autopista del sur

Autopista del Sur da Renault Argentina completa

Seat Leon Cortazar

Imagen de portada: Gentileza de motor1.com AUTOBLOG

FUENTE RESPONSABLE: motor1.com por Juan Pablo Estévez

Sociedad y Cultura/Literatura/Historia/Julio Cortázar/Homenaje

 

 

 

La dictadura argentina quiso quitarle la nacionalidad a Julio Cortázar.

«Fichado y prohibido: el legajo de Cortázar en la DIPPBA» / Comisión Provincial por la Memoria, La Plata, Argentina, 26/08/2015.

El 20 de mayo de 1980 los servicios de inteligencia argentinos pidieron quitarle la nacionalidad a Julio Cortázar

 Si deseas profundizar sobre esta entrada, cliquea por favor donde se encuentre escrito en “negrita”. Muchas gracias.

El gran escritor argentino Julio Cortázar fue un gran defensor de los derechos humanos, denunciando en foros internacionales los genocidios cometidos por las dictaduras latinoamericanas en los años 70 y 80 del siglo pasado. 

Consecuente entre lo que decía y hacía, donó parte de sus derechos de autor a las víctimas de las dictaduras y su casa en París siempre fue un refugio para las personas que llegaban exiliadas de América Latina, la mayoría personas a quienes Cortázar no conocía pero a quienes el autor de Rayuela recibía como si fueran viejas amistades.  

Su lucha le valió ser amenazado de muerte, perseguido y prohibido por la dictadura argentina, y por las dictaduras latinoamericanas. 

A pesar de que Cortázar no vivía en Argentina desde 1951,  eso no fue impedimento para que los servicios de inteligencia argentinos lo investigaran,  lo prohibieran y pidieran  que se le quitara la nacionalidad, según se puede leer en el informe elaborado por el organismo de derechos humanos argentino Comisión Provincial  por la Memoria, presidido por el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, en agosto de 2015, basado en los archivos de la dictadura.  

Julio Cortázar regresó a Argentina en diciembre de 1983, cuando volvió la democracia. No fue invitado a la asunción presidencial del Dr. Raúl Alfonsín (quien se disculparía años más tarde).

Julio Cortázar murió dos meses más tarde en París,  sin que su gran aporte a los derechos humanos y al regreso de la democracia argentina fuera reconocido, ni agradecido. 

“Moliere nada a tu gloria faltaría,

si entre los defectos que tan bien descubriste,

hubieras incluido tan negra ingratitud”

©viviana marcela iriart

4 de mayo de  2018

Texto original de la «Comisión Provincial  por la Memoria»

La Plata, Argentina, Agosto 2015

Julio Cortázar decidió marchar hacia el autoexilio en 1951 y sólo volvió a Argentina ocasionalmente y por poco tiempo; sin embargo, los servicios de inteligencia recogieron información sobre su participación internacional en la denuncia de los crímenes perpetrados por el terrorismo de Estado en América Latina. En el 101 aniversario de su nacimiento, la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) difunde los documentos que la DIPPBA elaboró sobre el escritor.

 

El 29 de agosto de 1975, la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires registró el legajo N° 3178; la ficha tiene sólo seis datos: apellido, nombre, nación, localidad, profesión y antecedentes sociales. «Cortázar. Julio Florencio (el segundo nombre escrito a mano alzada). Arg. Francia. Escritor. Entidad “Habeas”.

Para ese entonces, Cortázar llevaba 24 años lejos del país –primero por decisión propia, luego por mandato militar–, era ya un escritor consagrado y, en el último tiempo, se había acercado a los movimientos de liberación en América Latina. Ese posicionamiento político había transformado también su literatura. En el poema Ándale (1976) escribe:

Habrá que reunirse 

con los que llegan fugitivos 

de Uruguay y Argentina.

Habeas fue creada por Gabriel García Márquez como una organización destinada a defender a prisioneros políticos. El escritor colombiano había donado cien mil dólares de su regalía para constituir la institución. En los años siguientes, y a medida que el terror militar avanzaba sobre los pueblos latinoamericanos, sumaría nuevas adhesiones, entre ellas la de Julio Cortázar.

Un memorando del 21 de mayo de 1979, con origen en el Batallón de Inteligencia 601 y remitido al Director General de Inteligencia, advierte que el mensuario OPCIÓN (órgano de difusión del Partido Socialista de los Trabajadores) transcribe una carta fechada “México Dic./78”, firmada entre otros por Julio Cortázar. El documento de inteligencia recupera algunos pasajes de esa carta en los que se expone la finalidad de la organización: “poderosa campaña de solidaridad con los pueblos latinoamericanos que padecen la tiranía, la barbarie y la negación de sus esenciales derechos humanos […] Más que poner en evidencia a los verdugos, se procurará, hasta donde sea posible, clarificar la suerte de los desaparecidos y allanar a los exiliados los caminos de regreso a su tierra”.

La rémora del diario 

con las noticias de Santiago mar de sangre, 

con la muerte de Paco en la Argentina, 

con la muerte de Orlando, con la muerte 

y la necesidad de denunciar la muerte 

cuando es la sucia negación, cuando se llama 

Pinochet y López Rega y Henry Kissinger.

Históricamente se ha reconocido la activa participación del exilio latinoamericano en la denuncia de las violaciones a los derechos humanos –especialmente en el caso argentino. La actividad política de los desterrados permitió visibilizar las atrocidades cometidas por los regímenes militares y los servicios de inteligencia se infiltraron, espiaron y recogieron información sobre esa militancia en el exterior.

En un documento del 20 de enero de 1976, sellado con carácter de “RESERVADO URGENTE”, la SIDE envía un parte a la SIN, SIA, Batallón 601, SID, SIPNA, DIG, DIPBA sobre la celebración del Tribunal Russell y la participación de Cortázar. Este informe da cuenta de otro rasgo esencial de los servicios de inteligencia a partir de 1975: los vínculos entre las agencias de inteligencia (la denominada comunidad informativa) para la persecución política e ideológica.

Durante la investigación, los agentes de la DIPPBA amplían la información y bajo la categoría de actividad subversiva sostienen que la celebración de la sesión del Tribunal Russel “forma parte integrante de la campaña internacional de desprestigio”, que “el escritor JULIO CORTÁZAR, que actuó en calidad de jurado, fue aplaudido por la concurrencia al pedir deponer como testigo, oportunidad en que leyó una carta referida al combate de Monte Chingolo sostenido por el E.R.P. con fuerzas de seguridad durante el mes de diciembre del año ppdo.”, que “al término de las deliberaciones, el Tribunal sentenció con el “GRADO MÁXIMO DE CRIMEN CONTRA LA HUMANIDAD” al gobierno de nuestro país.

“Yo hace 28 años que vivo fuera de la Argentina, pero nunca me consideré un exiliado hasta el golpe de Videla. Nunca me consideré un exiliado, porque para mí el exilio es una cosa compulsiva, y yo vivía en Francia porque me daba la gana. Porque es un país que me gusta, donde me siento bien y donde iba escribiendo mi obra sin dificultades ni problemas. Y de repente, a partir del golpe militar, supe que me había convertido en un verdadero exiliado”, declara en una entrevista con Viviana Marcela Iriart. Por esa misma época, Cortázar mencionará en cada intercambio epistolar que las obligaciones políticas no le dejan tiempo para dedicarse a la literatura.

(Escribiremos otro día el poema, 

vayamos ahora la reunión, juntemos unos pesos,

llegaron compañeros con noticias,

tenés que estar sin falta, viejo)

La última información sobre Cortázar en el archivo de la DIPPBA corresponde a un parte del 20 de mayo de 1980: el estudio en cuestión, a cargo de representantes de las tres Fuerzas Armadas a nivel de secretarios generales, consideraba que “ante la puesta en vigencia de la nueva Ley de Radiodifusión (pronta a salir), debe existir cierta elasticidad en las prohibiciones que emanan de la fórmula en cuestión”.

Aun así, Cortázar fue calificado con un F.4. En ese momento, la calificación F.4 era el máximo grado de prohibición: “registra antecedentes ideológicos marxistas que hacen aconsejable su no ingreso y/o permanencia en la administración pública, no se le proporcione colaboración, sea auspiciado por el Estado, etc”. La calificación significaba, de hecho, la prohibición de presentarse públicamente o difundir su obra. En el anexo 2 del Acta Nº 11, bajo el título: “Actualización lista periodistas – escritores y artistas plásticos (F.4)” aparece el nombre de “CORTÁZAR, Julio Florencio”, con la siguiente referencia: “Por ser ciudadano argentino por opción, nacido en Bélgica, se sugiere retirarle la citada ciudadanía”.

Vendrán y te dirán (ya mismo, en esta página) 

sucio individualista, 

tu obligación es darte sin protestas, 

escribir para el hoy para el mañana 

sin nostalgias de Chaucer o Rig Veda, 

sin darle tiempo a Raymond Chandler o Duke Ellington, 

basta de babosadas de pequeñoburgués 

hay que luchar contra la alienación ya mismo, 

déjate de pavadas, 

elegí entre el trabajo partidario 

o cantarle a Gardel.

Nunca se cumplió con la sugerencia: el gobierno militar no le quitó su ciudadanía; la prohibición que pesaba sobre Cortázar sólo era una prohibición meramente de forma, no fue necesaria su aplicación porque el escritor nunca volvió, ni reclamaría “colaboración” o “auspicio” de un gobierno genocida al que denunció permanentemente en la prensa internacional. 

Fuente: Comisión Provincial por la Memoria

Nota 1 :  La foto de  Julio Cortázar es original de Sara Facio. Está intervenida, no sabemos por quién.

Julio Cortázar y su lucha contra el machismo.

«Llevo adelante un combate en Cuba y en Nicaragua contra el machismo latinoamericano que le hace un mal tremendo a cualquier revolución» / reportaje (fragmento) de Osvaldo Soriano, París, agosto de 1983, Revista Humor de Buenos Aires.

«… ese machismo tradicional, 

que es conservador y no tiene nada de revolucionario.»

«Además, llevo adelante un combate en Cuba y en Nicaragua contra el machismo latinoamericano que le hace un mal tremendo a cualquier revolución en América Latina.

Y como sucede en esa clase de actitudes, los machistas no se dan cuenta de que son machistas y cuentan, muchas veces, con la decidida colaboración de las mujeres (aunque las víctimas nunca son las culpables, por supuesto).

Bueno, aprovechando la infancia de la revolución nicaragüense, y la experiencia previa de Cuba, que cometió tantos errores (aunque ahora está trabajando en el buen sentido), a mí me parece que es mi deber, y el de todos los que vean las cosas así, llevarlos a reflexionar sobre el problema de ese machismo tradicional, que es conservador y no tiene nada de revolucionario».

©Osvaldo Soriano

Reportaje (fragmento) 

París, agosto de 1983

publicado en la Revista Humor de  Buenos Aires,  

septiembre de 1983

Julio Cortázar y la vida.

“Un día en mi vida siempre es algo hermoso, porque estoy muy feliz de estar vivo.entrevista (fragmento) por Viviana Marcela Iriart, Semana Magazine, Caracas, September 1979.

“Un día en mi vida siempre es algo hermoso, porque estoy muy feliz de estar vivo. No tengo intención de morir, tengo la impresión de que soy inmortal. Sé que no lo soy, pero la idea de la muerte sí. No me molesta, ni me asusta.Niego su existencia, entonces eso me ayuda a vivir de una manera… ¿cómo decirlo?Bajo el sol, soleado.

Estoy muy contento de estar vivo, y hay una cosa en la que pocas personas piensan: es un milagro maravilloso que todos seamos seres humanos, que estemos en lo más alto de la escala zoológica, por pura casualidad genética. Porque tú no elegiste quién eres. Venimos de una cadena genética muy larga y cuando veo un pollo o una mosca también nacidos de la misma cadena genética, me maravillo de ser un hombre y no un pollo. Soy un hombre, con todo lo bueno y lo malo que eso significa. Y me alegro de haber tenido una conciencia, viendo con ella todo lo que una conciencia puede ver del planeta. Y no te diré más».

Pronunció esa palabra después de más de media hora con nosotros, contándonos anécdotas y sonriendo, a veces como un niño. Sí, es un ser humano como tú y yo, para hablar necesita mover la boca de la misma manera que tú y yo. Pero él es Julio Cortázar.

© Viviana Marcela Iriart

Caracas, septiembre de 1979.

Publicado en noviembre de 1979

Revista Semana, Caracas.

Julio Cortázar y los Derechos Humanos

“Yo creo que es positivo que se denuncien las violaciones de derechos humanos ocurridas en los países socialistas», entrevista (fragmento) de Viviana Marcela Iriart, Revista Semana, Caracas, septiembre de 1979.

Yo creo que es positivo que se denuncien las violaciones de derechos humanos ocurridas en los países socialistas, en la medida en que se tenga total seguridad de lo que se denuncia. Porque, cuando se habla de violación de derechos humanos en esos países yo, por principio, examino con mucho cuidado el expediente, porque sé de sobra hasta qué punto la información del imperialismo reforma, cambia y modifica las cosas. 

Yo no olvido que, por ejemplo, siguiendo la última etapa de la revolución nicaragüense en el Herald Tribune, en París, se podía encontrar un análisis de cómo los yankis preparaban al lector norteamericano para que estuviera en contra del triunfo. 

Hablaban de Somoza como el tirano, el dictador, pero cuando hablaban de las columnas que avanzaban decían: “las columnas marxistas».  Cada ocho o nueve párrafos te soltaban esa palabrita, para que la buena señora que vive en Minnesota o en Detroit diga: “¡Dios mío, los comunistas!” 

Entonces, cuando se habla del caso de Vietnam, yo estoy esperando encontrarme con García Márquez, que estuvo allí haciendo una gran encuesta, para que él me cuente a mí las cosas. Yo no me fío de los telegramas de prensa. Pero, cuando en Rusia y en los países de la órbita socialista hay flagrantes violaciones de derechos humanos, yo personalmente no me callo.”

© Viviana Marcela Iriart

Fragmento de la entrevista

Revista Semana

Caracas, septiembre de 1979.

Publicada en noviembre de 1979

Julio Cortázar y América Latina

En mi corazón América Latina existe como una unidad», entrevista (fragmento) de Viviana Marcela Iriart, Revista Semana, Caracas, septiembre de 1979.

“Lo voy a decir de una manera sentimental, casi a lo Rubén Darío: en mi corazón, América Latina existe como una unidad. Soy argentino desde luego (y me siento contento de serlo), pero fundamentalmente me siento latinoamericano. 

Yo estoy en mi casa en cualquier país de América Latina, siento las diferencias locales, pero son las diferencias dentro de la unidad. Eso, en el plano personal. En el plano geopolítico, está la nefasta política de dividir para reinar, que han aplicado los norteamericanos desde hace tanto tiempo.

Fomentando los nacionalismos, las rivalidades entre los países para dominarlos mejor, destruyendo el sueño de Bolívar de los “Estados Unidos de América del Sur” y creando diferentes países orgullosos, seguros de sí mismos, dispuestos a hacerse la guerra por cuestiones que no resisten un análisis profundo; eso es una realidad. 

Y yo pienso que uno de los deberes capitales de los políticos de izquierda, de los escritores revolucionarios, es intentar por todos los medios de luchar contra ese chauvinismo, que hace que un niño argentino en la escuela aprenda que él es mucho mejor y más que un niño chileno o paraguayo. Por cierto que en mi visita anterior hablé con venezolanos de la calle y su idea sobre los colombianos, su desprecio, su odio, me aterraron. Lo mismo, por supuesto, ocurre en el caso inverso. 

Es la prueba de que dividir para reinar funciona, que a los yankis les conviene seguir fomentando y que las dictaduras locales están encantadas de hacerlo”.

Imagen de portada; Cortázar junto a Galeano y Cardenal.

© Viviana Marcela Iriart

Fragmento de la entrevista

Revista Semana

Caracas, septiembre de 1979.

Publicada en noviembre de 1979

“Julio Cortázar: Cartas 1977-1984”

Carta a Viviana Marcela Iriart. La historia detrás de la carta / Viviana Marcela Iriart, 22 de abril de 2013.

  

Julio Cortázar no solamente tuvo la amabilidad de concederme una entrevista  en Caracas a finales de  septiembre de 1979, cuando yo tenía 21 años, era una desconocida exiliada y escribía free-lance y gratis para Semana, una revista que estaba muriendo. También tuvo la inmensa generosidad de enviarme una carta agradeciéndome el envío de la entrevista cuando salió publicada, diciéndome hermosas palabras que sólo una persona maravillosa como él podía escribir y que, por supuesto, yo no merecía.

Cortázar estaba en Caracas para participar de la Primera Conferencia sobre el Exilio y la Solidaridad Latinoamericana en los años 70 (21-29 de octubre), que se inauguró en Caracas y continuó luego en Mérida, que reunió a los escritores más importantes del momento: Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Antonio Skarmeta, Ernesto Cardenal…

La entrevista la firmé con seudónimo (el nombre fue elegido por el jefe de redacción) porque Cortázar  era uno de los opositores más celebres  y combativos  de la dictadura argentina; mi madre y mis hermanas vivían en Argentina y yo temía represalias contra ellas.  Cortázar, con la humanidad que lo caracterizaba, entendió mi temor cuando se lo expliqué.  

Cuando nos encontramos en el lobby del Hotel Anauco Hilton no nos dimos un beso, al estilo argentino, sino la mano, al estilo venezolano, porque eso era lo primero que yo había aprendido a hacer  después de haberme quedado un montón de veces con el beso en el aire viendo la cara de sorpresa de la persona a laque iba a besar. Cortázar, que había estado varias veces en Venezuela, parecía conocer la costumbre muy bien.

Él no preguntó por qué había sido yo condenada al exilio y yo tampoco le conté. Lo admiraba demasiado como para perder tiempo hablando de mí. Yo sólo quería oír su pensamiento. Él estaba con Carol Dunlop, encantadora con sus grandes ojos tiernos  que miraban maravillados como si fuera una niña, y Cortázar me tuvo mucha paciencia cuando ataqué a los intelectuales que mandaban a la gente a combatir y cuando las bombas caían se escondían detrás de sus libros. No era su caso, claro que no, pero había conocido a tantos así en mis últimos meses huyendo en Argentina, que sentía asco por los intelectuales. Cortázar, como si intuyera que yo me estaba desangrando de exilio,  respondía a mis ataques con paciencia y mucha dulzura. 

Él se veía muy joven y atractivo (y tenía 65 años) pero parecía un hombre muy triste, aunque en la entrevista digo que a veces sonreía como un niño, un hombre muy preocupado y parecía estar muy cansado físicamente. 

Cuando la entrevista finalizó y nos estábamos despidiendo, ya los dos parados, cuando vi que comenzaba a caminar y que se iba a ir para siempre de mi vida, sacando arrojo de no sé dónde, yo que era tan tímida, lo paré  y le dije:

–                            – Cortázar, ¿puedo pedirle un favor?

–                            – ¡Por supuesto! –respondió con amabilidad.

–                           –  ¿Puedo darle un beso?

Cortázar  lanzó una carcajada llena de sorpresa y alegría y por primera vez vi a sus ojos brillar contentos. Carol, a su lado, me miró sonriendo con sus grandes ojos cómplices.

-¡Claro! –respondió con una sonrisa espléndida, y se inclinó para que yo pudiera llegar a su mejilla.

Un beso, una entrevista, una carta. ¿Quién podía pedir más? Cortázar fue mi mejor regalo de exilio (junto con Joan Báez, pero esa es otra historia).

Lo que Cortázar no sabía, y no tenía por qué  saber y no supo nunca, era que yo había sido condenada al exilio por ser pacifista y editar una pequeña revista subterránea de cultura, Machu-Picchu, en la que había expresado mi oposición a la guerra con Chile en septiembre de 1978. Esto  me valió la persecución, clandestinidad, asilo en la Embajada de Venezuela en Buenos Aires y exilio, en ese orden. Y por carecer de militancia política era muy ingenua al suponer que bastaba un seudónimo para esconderme de la dictadura.

Porque Alberto Boixadós,  escritor argentino adherente de la dictadura,  cuyo libro “Arte y Subversión” tiene un capítulo dedicado a atacar a Cortázar llamado “Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa. «¿Son francotiradores o constituyen ejército regular?”,  puede leerse, ¡hoy!, en el blog  neonazi argentino llamado WeltanschauungNS

Portada del blog

Alberto Boixadós publicó en  1981 el libro “La Revolución y el arte moderno” y, continuando sus ataques a Cortázar, dice:

Fuentes: Universidad Católica de Córdoba (Argentina),  Google Books

Esto demuestra dos cosas.

Primero, cuánto molestaban las palabras de Cortázar a la dictadura argentina y a sus seguidores, porque “Semana” era una revista que estaba en quiebra (cerró a los pocos meses) y por lo tanto tenía muy pocos lectores e influencia en la vida política venezolana, y la entrevista había sido realizada por una persona absolutamente desconocida e insignificante  en 1979. 

Pero en 1981, cuando sale el libro,  yo era una activa combatiente de la dictadura desde mi trabajo ad-honorem en Amnistía Internacional y  la “Coordinadora Pro-Derechos Humanos en Argentina” (formada por parte del exilio argentino en Venezuela); había dejado de usar seudónimo en 1979,   y me había convertido en una pequeña figura pública, igualmente insignificante pero para la dictadura cualquier pulga significaba la amenazaba de una roncha gigante.

Y segundo, que  había traidores en el exilio argentino en Caracas, porque solamente la gente de mi entorno sabía que esa entrevista a Cortázar la había realizado yo, y nunca se había republicado con mi nombre.  (Por otra parte, en 1980 adopté mi apellido materno, Iriart,  y así se me conoce desde entonces).  ¿Quién o quiénes fueron los traidores? 

Vivir en el exilio siempre fue, entre otras cosas, como andar por un camino minado, nunca sabías cuando podías estallar en pedazos, porque la dictadura nunca dejó de perseguirnos. Tampoco cuándo la mano que se extendía amiga era la mano que en realidad quería asesinarte.

En la entrevista Cortázar se lamenta: “Porque esto yo se los digo a ustedes, pero nadie lo va a escuchar en Argentina, nadie lo va a leer, ustedes lo van a publicar y salvo que alguien lo lleve en un bolsillo, nadie va a poder leerlo allí”. Yo pensaba lo mismo. ¡Qué equivocados que estábamos! Nos habíamos olvidado de los traidores, sirviendo nuestras cabezas en bandeja de plata por dinero, envidia, ambición, perversión o simplemente odio. 

Cortázar no fue invitado a la asunción de Alfonsín cuando la democracia volvió a Argentina en diciembre de 1983. Y si alguien merecía ser invitado por todo lo que había luchado, entregado, dejado de hacer para sí, sacrificado por la democracia argentina,  era él. 

Cortázar también fue traicionado por la democracia.

Y yo sólo espero que los traidores hayan sido castigados por la justicia o por la vida, y si no fue así, allá ellos: nunca dejarán de ser un pedazo de mierda debajo de una bota militar o de un zapato democrático.

Cortázar sigue siendo uno de los más grandes escritores de todos los tiempos, de todo el mundo. Uno de los seres humanos más amado. Y yo vivo en paz. 

Y ahora que aquella carta que me envió en 1979 forma parte del libro  “Julio Cortázar: Cartas 1977-1984”, que en 5 volúmenes reúne casi todas las cartas que Cortázar escribió en su vida, sólo puedo decir una vez más: Gracias, Cortázar, por permitirme ser parte de tu vida.

©Viviana Marcela Iriart

22 de abril de 2013

© Fotografías  Eduardo Gamondés 

«Julio Cortázar Cartas 1977-84″ (volumen 5)

Edición a cargo de

Aurora Bernárdez y

Carles Álvarez Garriga

Alfaguara

Biblioteca Cortázar

Buenos Aires 2012