Leyendas del cine. Cómo sobrevivir a la tragedia y el escándalo sin perder un ápice de estilo. Charlotte Rampling.

Musa del cine europeo, mito erótico, belleza adictiva… los calificativos que la acompañan desde los 18 años siguen valiendo muchas décadas después. La diva inglesa ha disfrutado del éxito y el reconocimiento profesional, pero también ha tenido que sobreponerse a terribles experiencias personales y más de un escándalo. Y nunca ha dejado de ser fiel a sí misma. A los 76 años no tiene intención, dice, de parar.

Nos recibe en la puerta de su apartamento en París. No es muy alta (1,67), pero Charlotte Rampling camina muy erguida mientras nos conduce a un salón cubierto de alfombras orientales donde suena música clásica. Desde la muerte de su última pareja, en 2015, vive sola con dos gatos.

La leyenda del cine, icono del estilo y musa de grandes cineastas y fotógrafos, la célebre actriz británica ha aparecido en más películas de las que puedo recordar y, a una edad en la que muchas de sus contemporáneas están muertas o llevan tiempo jubiladas, sigue acumulando créditos con el mismo rompedor desparpajo con que abordó algunos de sus mejores papeles. Uno de los más osados, en 1974, fue el de una superviviente a un campo de concentración que establece una relación sadomasoquista con un antiguo oficial de las SS, interpretado por Dirk Bogarde: El portero de noche, de Liliana Cavani.

Su padre le pidió que ocultase a su madre el suicidio de su hermana. La actriz calló durante décadas. Pero solo tras la muerte de su madre pudo volver a trabajar.

Ganó en 2017 el premio a la mejor actriz de la 74.º edición de la Mostra de Venecia por su interpretación en Hannah. y ese mismo año estrenó El sentido de un final, filme basado en la novela de Julian Barnes, y al año siguiente Red Sparrow, que rodó con Jennifer Lawrence. Charlotte siente gran admiración por la actriz mejor pagada de Hollywood, a quien conoció en los Oscar del año pasado. «Jennifer pertenece a esa generación de chicas que son cool, que saben lo que quieren y viven firmemente ancladas en la realidad», afirma.

La que tuvo…Charlotte fue descubierta para el mundo del espectáculo por un agente publicitario que un día se acercó a la sala de mecanografía donde estudiaba.Tenía 17 años.Debutó en un anuncio de los chocolates Cadbury. Lo que la convirtió en estrella del cine y en ‘sex symbol’ fue la película Portero de noche de Liliana Cavani, que protagonizó a los 26 años.FOTO: GETTY IMAGES

La descripción bien pudiera ser la de la propia Rampling, si bien es cierto que Charlotte ha pasado por unos cuantos baches de importancia. En los noventa abandonó su carrera profesional y poco menos que desapareció, presa de sus propios demonios interiores. Era víctima de una profunda depresión. «Estamos hablando de una enfermedad terrible, terrible de veras -dice-. O sales de ella o no sales. Yo salí, pero necesité mucho tiempo».

De ello habla en detalle en su libro Who I am (‘La persona que soy’), aunque el libro no es una autobiografía convencional. Para empezar, no hay mención a su carrera profesional durante cinco decenios, sino que se centra en una tragedia que hundió a su familia. Cuando Charlotte tenía 20 años, su hermana, Sarah, de 23, se suicidó. Nunca ha podido superar la pérdida.

Hija de Anne Gurteen -pintora y heredera de una importante compañía textil británica- y de Godfrey Rampling -ganador de una medalla de oro en relevos de 4 por 400 metros durante los Juegos Olímpicos de 1936 y coronel del Ejército-, la actriz nació en Sturmer, Essex, en 1946. Sarah, 3 años mayor, era ‘frágil’ y siempre estaba enferma.

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Su primer marido. El agente Bryan Southcombe fue su primer marido. Tuvieron un hijo, ahora director de cine. Rampling tuvo otro hijo con Jarre, que ahora es actor y mago.FOTO: GETTY IMAGES

«En su momento la operaron -cuenta Rampling-. Me dijeron que se trataba de algo relacionado con el sistema endocrino, pero nunca llegué a saberlo de verdad. Tampoco pregunté. Por entonces no era más que una cría. Y me molestaba que Sarah estuviera enferma, porque mi madre tan solo tenía ojos para ella».

«La más estable de las dos» trató de cuidar de su hermana, pero Sarah se casó con un rico hacendado argentino y se marchó a vivir con él. Charlotte no volvió a verla: Sarah se mató de un disparo poco después de tener un hijo, Carlos, y está enterrada en Buenos Aires. Algo más tarde, la madre de Rampling sufrió una embolia y perdió la voz. El padre, quien por entonces era un alto mando en la OTAN, dijo a su esposa que Sarah había fallecido por una hemorragia cerebral. Hizo que Charlotte le jurase no contarle la verdad a su mujer, carga que la actriz sobrellevó durante décadas, hasta la muerte de la madre, en 2001.

«Es fácil decir: ‘Claro, su hermana se suicidó, su marido la dejó, por eso tiene depresión’. Es más complicado»

No lo menciona en el libro, pero Rampling nunca ha estado en Argentina o en el cementerio donde yace Sarah. «Sencillamente, no quiero ir -cuenta-. Tampoco me pregunto por qué. Bueno, una en el fondo lo sabe, pero el hecho es que no me siento preparada, no sé cómo decirlo…».

En el libro tampoco menciona a Carlos, su sobrino: Rampling me explica que hoy está casado, que tiene tres hijos y está al frente de la hacienda familiar. También revela que sus padres estuvieron en contacto con él cuando era niño. El padre «hizo que la niñera viniera con él unas cuantas veces. Lo conocimos siendo un bebé todavía, y mis padres viajaron a Argentina y volvieron a verlo cuando tenía unos 10 años. Pero yo no los acompañé».

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Infidelidades en cadena. En 1978, Rampling se casó con el compositor francés Jean-Michel Jarre. Ella dejó a su primer marido por él. Él la dejaría a ella por otra en 1997. FOTO: GETTY IMAGES

Luego, cuando Carlos tenía 18 años, se vieron de nuevo, y David, el hijo que la actriz tuvo con el músico Jean-Michel Jarre en 1977, visitó incluso Buenos Aires y aún tiene trato con su primo. La actriz se estremece cuando le pregunto otra vez por la depresión y me intereso por sus causas. La primera vez que la trataron de la enfermedad fue en 1984; más tarde sufrió un colapso nervioso. En 1997 se separó de Jarre, después de que este fuera visto entrando en un hotel con otra mujer. «Todo influye, y no puedes manejarte con tantas cosas a la vez -explica-. Lo más fácil es decir: ‘Está claro, su hermana se suicidó, su marido la abandonó, por eso tuvo la depresión…’». Durante los siguientes 5 años aceptó muy pocos papeles. «Entre los 40 y los 50 años tuve que vérmelas con todo eso (la depresión). No podía hacer casi nada más».

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El último amor. Desde 1998 a 2015 Rampling vivió con Jean-Noël Tassez, periodista y hombre de negocios francés, con quien no llegó a casarse. Él murió de cáncer. Ella sigue viviendo en la casa que compartían en París.FOTO: GETTY IMAGES

Tan solo después de la muerte de su madre retomó su carrera cinematográfica. «Comencé a ser yo misma otra vez, a trabajar en películas de nuevo. Incluso empecé a hacer teatro… Antes nunca había estado interesada».

‘Ménage à trois’

Charlotte Rampling fue una de las máximas bellezas de su tiempo, un icono del Londres enfebrecido de los años sesenta, antes incluso de causar sensación en las pantallas. Su padre la envió a una escuela para secretarias cuando tenía 17 años, pero si lo que pretendía era salvarla de la tendencia al exhibicionismo, no fue eso lo que consiguió. Descubierta por un cazatalentos que un día se acercó a la sala de mecanografía, Charlotte pronto apareció en un anuncio publicitario de los chocolates Cadbury’s.

«Siempre he nadado contra corriente. Lo llevo en mi ADN. Es la forma que tengo de conocerme a mí misma»

Conocida como ‘Charley’, empezó a moverse por el glamuroso barrio de Chelsea. Se acuerda con claridad de cierta sesión en la que el fotógrafo le indicó que posara sentada en un orinal, desnuda. La foto apareció en un libro ilustrado titulado Birds of Britain. «La foto era extraordinaria -dice Rampling- y me mortificaba pensar que mis padres pudieran verla». Sin embargo, no parece que eso haya sucedido.

La ‘minifaldera’ que estaba en todas las fiestas era la comidilla de los periódicos sensacionalistas ingleses. Durante un tiempo, Rampling vivió una especie de ménage à trois con su agente, Bryan Southcombe, quien más tarde se convirtió en su primer marido, y con Randall Laurence, un modelo neozelandés. Rampling insistía en que tan solo compartía piso con estos dos hombres.

Charlotte reconoce que siempre ha sido proclive a llevar la contraria, a obedecer a una voz interior que le insta -afirma- a hacer las cosas «a mi manera». «Lo llevo en mi ADN. Siempre he nadado contra corriente. Es mi forma de conocerme a mí misma».

alternative textEl salvaje Sean. ¡La actriz en Zardoz, una enloquecida película de ciencia ficción con Sean Connery en calzoncillos casi toda la cinta. Rampling ríe al acordarse. «Sean tenía mucho peligro, estaba hecho un salvaje». ¿Es cierto que la perseguía durante el rodaje? «¡No solo a mí, ojo! A Sean le gustaba toda la carne fresca».FOTO: AGE

Rampling tuvo un hijo con Southcombe, Barnaby, y se fueron a vivir a Francia a comienzos de los setenta. En 1976, Charlotte conoció a Jarre en una cena en Saint-Tropez y, en otro arrebato inconformista, pocos días después dejó a su marido y a su hijo para estar con el francés. Estuvo con él hasta 1997.

Después, tras Jarre, ha tenido otra gran pareja, Jean-Nöel Tassez, el consultor empresarial con quien estuvo viviendo 18 años. Murió en 2015 tras perder la batalla contra el cáncer.

¿La agenda llena?

Rampling ha aparecido en más de cien películas y ha trabajado con todos los grandes, incluyendo a Woody Allen, quien la describió como «la mujer ideal». ¿Me pregunto si alguna vez se cansa de la vida en el candelero? «No sé a qué otra cosa podría dedicarme -contesta-. Soy más bien inútil en todo lo demás». Por esa razón, espera -confiesa- que le sigan llegando ofertas del cine. «A muchos actores los jubilan anticipadamente. Pero si eres como yo y estás acostumbrada a luchar, haces lo posible para que aún no te arrinconen».

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Sin complejos. Rampling dice que ella no elige los papeles que interpreta para entretener a la gente. «Los elijo porque suponen un desafío, porque me obligan a superar mis propias barreras». En 2009 posó en un polémico desnudo enfrente de la Mona Lisa para el fotógrafo Juergen Teller y en 2016 lo hizo para el calendario Pirelli.FOTO: GETTY IMAGES

De hecho, en 2016 estuvo nominada a los Oscar por su trabajo en 45 años. «No gané porque no hice lo que debía para ganarlo. No estoy diciendo que fueran a concedérmelo, pero… Estás obligada a venderte como loca, los productores deben poner un montón de dinero para asegurar el galardón, el actor debe dedicar dos meses al autobombo sin poder hacer otra cosa… Y no, no tenía ninguna gana de pasar por el tubo. Eso sí, me encantó que me nominaran».

Según reconoce, si no tuviera trabajo, «tendría miedo de lo que pudiera ser de mí». Así que Rampling siempre anda muy ocupada —sus nietos la llaman ‘go-go’, porque no para quieta—, pero, con su modestia característica, finge que no es el caso. «No sé por qué todos piensan que siempre estoy ocupada. Quizá porque me hago la lista y les digo: ‘Lo siento, pero no puedo aceptar. Tengo la agenda llena…». Baja la voz y agrega con media sonrisa: «Y la verdad es que no tengo la agenda llena en absoluto».


© The Sunday Times

Imagen de portada: Charlotte Rampling (Foto Yu Tsai Y Age)

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. ABC XL Semanal. Por Matthew Campbell. 18 de noviembre 2022.

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Leyendas del cine. Gary Cooper, las travesuras del hombre ideal.

Irradiaba elegancia, con su deje indolente, sus extraños andares y su encanto campesino. Aquel chico de Montana que creció entre caballos encarnó al héroe honesto y cabal que han adorado generaciones de espectadores. Era el hombre ideal. Y, sin embargo, cometió sus travesuras. Se las contamos.

Le pagaban cinco dólares al día como extra y diez si doblaba a los actores montando a caballo, peleando o disparando en películas mudas del oeste. Hasta que llegó su día de suerte. Era 1926. Se rodaba Flor del desierto. Falló el actor Garold Goodwin y entonces dieron paso a un jovencito Cooper. El papel era muy corto, pero la escena en la que agonizaba en los brazos de Ronald Colman impactó. Así entró Gary Cooper en el mundo del cine.

Las maneras de cowboy las traía de casa. Se había criado en un rancho de Montana, cabalgó, cazó, laceó y arreó ganado desde niño. Es más, sus andares ladeados y su peculiar forma de montar a caballo procedían de una caída a caballo mal curada cuando tenía 15 años.

Un vaquero de verdad.En una imagen de El tejano, de 1930. Gary Cooper debutó en el cine en una película del Oeste e interpretó muchas. Se había criado en un rancho en Montana y aprendió de niño a montar caballo, cazar y lacear ganado. |FOTO: GETTY IMAGES

La elegancia, el porte y una sensación de naturalidad cautivadora no eran impostadas. Gary Cooper era así. Y por eso gustaba tanto. El Oeste le abrió las puertas de los estudios y pronto ascendió hasta el Olimpo de Hollywood. Pero antes de eso tuvo que bregar mucho.

Frank James Cooper nació en Helena Montana, el 7 de mayo de 1901. Su padre era un inglés que emigró a Estados Unidos y llegó a ser juez. Su madre era una sencilla ama de casa americana de la que heredó el magnífico porte. Gary tuvo una infancia feliz. Se crió triscando al aire libre. Y esa afición la mantuvo siempre; a menudo compartió días de pesca con su buen amigo Ernest Hemingway, otro aficionado a las actividades campestres.

Su estela es diferente a la de otros monstruos del cine porque Cooper no tenía áurea de canalla.

De jovencito lo enviaron a Inglaterra a instruirse. Después, cuando le llegó la hora de la Universidad, se decantó por el dibujo. Tenía buena mano, logró publicar caricaturas y cómics en algunos diarios. Intentó vivir de su arte, pero no lo consiguió. Fue vendedor de aparatos eléctricos pero no vendió ni uno. Cuesta creerlo, pero así fue. Se mudó entonces a Los Ángeles donde unos amigos de Montana lo animaron a hacer de extra… y así arrancó la trayectoria de un actor que estuvo 36 años en las pantallas y protagonizó 92 películas.

El mejor pagado del mundo.Lo fue durante 1939 y 1940. En 1939 (año de esta fotografía publicitaria de la Paramount), ganó el equivalente a casi diez millones de euros de hoy. |FOTO: GETTY IMAGES

El gran salto lo dio con El virginiano, en 1929. A diferencia de otros actores que venían del cine mudo, a él la sonoridad le favoreció porque su voz era profunda y clara. Su aspecto también ayudó: encajaba con el prototipo de vaquero –alto (medía 1,91 metros), guapo, reservado, con un serio sentido del honor, valiente y amante de la libertad– que tanto gustaba en Hollywood.

Su estela es diferente a la de otros monstruos del cine porque Cooper no tenía áurea de canalla. «Cada expresión de su cara deletrea honestidad», dijo Frank Capra. A Gary Cooper lo encumbró lo que la revista Time definió como «indestructible naturalidad». No era un actor de métodos ni de estudios, sencillamente se dejaba llevar sin teatralidad.

Natural y elegante.Actuaba como sin querer, sin método alguno. Howard Hawks, dijo de él: «Era un actor extraño porque lo mirabas durante una escena y pensabas… esto no va a funcionar. Pero cuando veías las primeras pruebas en la sala de proyección al día siguiente podías leer en su cara todo lo que había estado pensando». |FOTO: GETTY IMAGES

Tenía Gary Cooper una elegancia innata e indolente, una cualidad fabulosa para ser una estrella de cine. Estaba dotado de una «maravillosa limpieza de espíritu campesina»; en palabras de Terenci Moix. Y eso hacía que la gente se identificara con él.

Además, encarnaba el espíritu de la heroicidad sin estridencias. A ello le ayudaron varios de los papeles que interpretó: legionario (Beau Geste); militar de honor (Los lanceros bengalíes); hombre íntegro (Solo ante el peligro). Y héroe de guerra (El sargento York). De esta película (por la que ganó su primer Oscar) su director, Howard Hawks, destacó: «Gary Cooper trabajó muy duro y sin embargo no parecía estar trabajando. Era un actor extraño porque lo mirabas durante una escena y pensabas… esto no va a funcionar. Pero cuando veías las primeras pruebas en la sala de proyección al día siguiente podías leer en su cara todo lo que había estado pensando». Actuaba como sin querer.

El sargento York era la película preferida de Cooper porque Alvin Culum York, el personaje real en el que se basa el filme, fue un hombre sencillo que sobresalió por su coraje en las dos guerras mundiales, y además había nacido en Montana, como él. Cooper era conservador y patriota. Durante la Segunda Guerra mundial recorrió 37.000 kilómetros por el Sudeste del Pacífico en una gira de apoyo a los soldados.

Conservador y patriota. Aquí, junto con su hija Maria en una gala en su honor por su ayuda a las tropas durante la Segunda Guerra Mundial. El actor recorrió 37.000 kilómetros porel sudeste asiático para darles apoyo. |FOTO: GETTY IMAGES

También tenía Gary lo que Jorge Berlanga llamó «traviesa timidez». Sin ser un ligón irredento como Clint Eastwood o Warren Beatty, tuvo sus devaneos amorosos. Vivió varios affaires con compañeras de reparto; se dice que con Marlene Dietrich, con la que coincidió en Morocco; con Ingrid Bergman (su partenaire en Por quien doblan las campanas) o con Grace Kelly (su mujer en Solo ante el peligro). Antes había vivido romances con Lupe Vélez, Carole Lombard y Clara Bow, pero la que le robó el corazón fue Patricia Neal, con la que interpretó El manantial.

El drama estaba servido, Cooper estaba casado con Veronica Balfe, una niña bien, católica de Nueva York. Ese romance prohibido apedreó su hasta entonces intachable imagen de hombre familiar (los Cooper tuvieron una hija, Maria) y feliz.

Vivió Cooper una crisis personal entre 1951 y 1953 (se separó de su mujer, luego regresó y estuvieron juntos hasta el final), pero fue entonces cuando de nuevo la suerte llamó a su puerta: Gregory Peck rechazó ponerse en la piel del sheriff Will Kane para protagonizar Solo ante el peligro.

Los rumores apedreaban su hasta entonces intachable imagen de hombre familiar y feliz.

Fue el personaje de su vida. Si Orson Welles es Ciudadano Kane o Charlton Heston es Ben Hur, Gary Cooper es el sheriff Kane, el sumo representante del cumplimiento del deber. Solo ante el peligro, que consiguió cuatro Óscar de 1952, entre ellos uno para Cooper, no es un western convencional sino que es uno de los títulos que inaugura un nuevo subgénero, el del western psicológico. En esta película mítica es fundamental la gesticulación del actor. La tensión la transmiten sobre todo los relojes, las sombras y el rostro de Cooper con abundantes primeros planos en los que sus ojos, sus arrugas o sus muecas lo dicen todo.

Amor prohibido. Con Patricia Neal en una escena de El manantial. Su affaire fue un escándalo. Gary Cooper nunca se divorció de su mujer, pero tuvo romances con algunas compañeras de reparto. |FOTO: GETTY IMAGES.

A Cooper le gustaron las películas del Oeste. También participó en Buffalo Bill; El Forastero; El caballero del oeste; Veracruz, donde coincidió con nuestra Sara Montiel, o El árbol del ahorcado. Hubo también patinazos en su carrera, como Las aventuras de Marco Polo, que perdió mucho dinero.

Y errores: Gary Cooper rechazó ser Rhett Butler en Lo que el viento se llevó. Pero el balance de su carrera es excelente: llegó a ser el actor mejor pagado del mundo; en 1939 sus ingresos (equivalente a casi diez millones de euros de hoy) lo convirtieron en el mayor asalariado del país, según un informe del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.

El héroe supremo. Ganó su segundo Oscar por su interpretación del sheriff Will Kane en Solo ante el peligro, la personificación del deber. El papel lo había rechazado Gregory Peck.FOTO: GETTY IMAGES

De joven emanaba madurez y, de mayor, «a cada nueva arruga, añadía un grado de veteranía», explicó Terenci Moix. Lo caracterizó lo que Moix llama «un excepcional sentido de la sobriedad».

Murió en 1961, poco después de haber recogido su tercer Oscar, esta vez honorífico. Sus compañeros lo elogiaron. Barbara Stanwyck dijo de él que era el arquetipo ideal del amigo que todos quisiéramos tener.

Imagen de portada: Gary Cooper

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. ABC XL Semanal. Por Fátima Uribarri

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MARLENE DIETRICH: EL ÁNGEL AL QUE ODIÓ ALEMANIA

Leyendas del Hollywood.

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No hubo ninguna como ella. Explosiva mezcla de educación prusiana y glamour hollywoodiense, Marlene Dietrich fue considerada como una traidora por sus compatriotas incluso hasta después de su muerte. Así fue la turbulenta vida del ángel azul.

En la última escena que rodó Marlene Dietrich en Berlín, cuando termina la película El ángel azul, la actriz canta una canción cuya letra parecía estar dedicada a una mujer que, a lo largo de su vida, amó con pasión y con generosidad. «Estoy, desde la cabeza hasta los pies, hecha para el amor/¡Sí! Ese es mi mundo/Y nada más». ¿Fue sólo una casualidad o, simplemente una jugarreta del destino que marcaría su vida para siempre? En la misma noche del estreno de El ángel azul en Berlín, la película que la transformó en actriz famosa, Marlene abandonó su país y se dirigió a América. ¿Otra jugarreta del destino?

La leyenda y el mito, es cierto, nacieron en Hollywood, el paraíso de los sueños. Marlene, que nunca fue una gran actriz, llegó a la meca del cine decidida a triunfar y consciente de que su educación prusiana podía ayudarle para alcanzar el éxito.

En sus memorias Soy, gracias a Dios, una berlinesa, Marlene enumeró las virtudes prusianas que le ayudaron a convertirse en la estrella que llegó a ser: «Disciplina, lealtad, trabajo, obligación, autocontrol y, sobre todo, amor al deber. Amor al trabajo cuando se está haciendo. Y amor a una constante responsabilidad». Marlene, gracias a estos principios, forjó su carrera, la escenificó y la manipuló. Con ellos maravilló a sus admiradores, encantó a sus amigos, enloqueció a sus amantes y alimentó el odio entre sus enemigos.

Los nazis quisieron construir un puente de oro para Marlene que la llevara de regreso a Berlín. Ella rompió todos los lazos con su país y solicitó la nacionalidad norteamericana.

 

Pero la singularidad de Marlene, la leyenda, tiene su origen en las películas que rodó bajo la dirección de Josef von Sternberg. El director alemán de origen judío la llevó a América y consiguió un contrato para ella en Paramount. En las siete películas que hicieron juntos, Von Sternberg fue moldeando la figura que convertiría a Marlene en un mito.

El Expreso de Shanghai fue su mayor éxito, El diablo es una mujer fue la última jugarreta ingeniosa de la pareja, pero también el peor fracaso de público. La separación de los dos artistas, en 1935, marcó la vida de la actriz hasta su muerte. Y aunque todos sus amigos creyeron que Marlene, gracias a la separación, podría recuperarse de la crisis de popularidad que había sufrido, ésta siguió cultivando su papel de grande Dame, envuelta en un aura de inmoralidad que ayudó a crear el mito.

Pero también el alejamiento de Von Sternberg aceleró el divorcio definitivo de Marlene con la Alemania nazi. Según cuenta su hija, María Riva, poco después de la noticia oficial de la separación de la actriz de su maestro, un mensajero del consulado alemán le entregó, «por orden personal» de Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda de Hitler, un recorte de un artículo periodístico en donde se aplaudía la decisión de Marlene de «despedir al director judío», y se le invitaba muy claramente a regresar a Alemania para dejar de seguir siendo un «instrumento de los judíos de Hollywood».

Los nazis querían construir para Marlene un puente de oro que la llevara de regreso al Reich y a Berlín. Cuando la actriz leyó el artículo alarmó a todo el personal del estudio y les comunicó que, a partir de ese momento, rompería todos sus lazos con su país y que solicitaría la nacionalidad americana, que recibió en 1939.

«Cuando hablaba, mi madre giraba su cabeza hacia un lado, para impedir que le vieran la cara. Estaba llorando», escribió su hija María en un conocido libro sobre su madre.

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Activismo contra Hitler. En Berlín Occidente (1948), de Billy Wilder, Dietrich interpretó a una mujer que confraternizaba con el nazismo. Todo lo contrario de lo que defendió en su vida. Firme antinazi,  fue de las primeras estrellas en recaudar bonos de guerra y en entretener a las tropas americanas en Argelia, Francia y Alemania. Ella y Wilder, de hecho, crearon un fondo de ayuda a judíos y disidentes alemanes.

Así comenzó el triste capítulo de Marlene y los alemanes, un capítulo que impulsó a la actriz a iniciar su segunda carrera: se alistó voluntariamente para cantar ante los soldados aliados. La actriz siempre destacó que su lucha personal era con los nazis y no con sus compatriotas, pero fue en 1991, un año antes de su muerte, cuando la Dietrich definió con una breve frase su antifascismo: «Lo hice por un sentido de decencia», dijo en una entrevista que publicó la revista Der Spiegel. Pero su «sentido de la decencia», la convirtió en un ángel odiado en su propio país, una relación paranoica.

El otro mundo de Marlene fue diferente. Por una parte, la permanente provocación sexual que ejerció a su alrededor. El mundo de las artes sucumbió ante su belleza, las mujeres más famosas de la época la amaron y la odiaron. Convirtió a Hemingway, el gran cazador y escritor, en uno de sus más fervientes admiradores. Machos como Gary Cooper, John Wayne, Maurice Chevalier y Jean Gabin fueron reducidos a la simple condición de amantes.

Marlene también fue una mujer noble y cariñosa. «Fue una especie de madre Teresa, pero con piernas hermosas», dijo Billy Wilder, al recordar a su amiga.

La belleza de Marlene fue seductora pero fría. Su irradiación era sensual y erótica, pero siempre parecía que la razón se imponía sobre la mujer. Marlene Dietrich jamás fue una víctima como Marilyn Monroe ni tampoco una eterna ‘Dama de la Camelias’ como lo fue Greta Garbo. Marlene era demasiado orgullosa y prusiana para aceptar una derrota. ¿Fue este aspecto de su personalidad lo que la convenció para aislarse del mundo en su piso de París?

Alemania le concedió un «sueldo de honor» en los años 80, pero el dinero nunca le llegó. Había prometido en 1979 que nadie volvería a verla y lo cumplió implacablemente

Por una casualidad del destino, algunos amigos se enteraron, en los años 80, de que la situación financiera de la actriz era crítica. La presidencia alemana aceptó concederle un «sueldo de honor», pero el dinero nunca pudo ser girado a París. Marlene, cuando cerró las puertas de su piso al mundo, en 1979, dijo que nadie volvería a verla, nadie. Y lo cumplió implacablemente. Ni siquiera un diplomático de la embajada alemana, que pidió verla con la misión de identificarla para poder concederle el sueldo que tanto necesitaba.

Las tres caras de la diva

La polémica sobre el papel de Marlene en la Segunda Guerra Mundial y su lucha contra el Tercer Reich la persiguió aún después de muerta. Sus compatriotas jamás perdonaron que la actriz cantara para las tropas aliadas cuando combatían contra los soldados alemanes. Pero Marlene siempre utilizó la misma frase para justificar su presencia en los frentes de guerra en África y Europa: «Yo no odio a los alemanes. Odio a los nazis».

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Un romance de alto riesgo.Vivió un romance con Gary Cooper durante el rodaje de Marruecos, dirigida por Josef von Sternberg en 1930. La actriz Lupe Vélez, pareja del actor por dos años, intentó matarlo de un disparo en una estación de tren. Falló y huyó de la escena. Dado el éxito de la primera experiencia, Dietrich y él volverían a coincidir en Deseo, del director Frank Borzage (Adiós a las armas, La primera dama…).

El tiempo, sin embargo, cura las peores heridas. Ocho años después de su muerte, los visitantes del Museo del Cine de Berlín pueden gozar del raro privilegio de visitar tres salas dedicadas a Marlene. Cuando fue enterrada en el cementerio central de Berlín, el Gobierno alemán sólo envió a un funcionario de tercer nivel al sepelio. Pero Berlín en el siglo XXI ha cambiado y, ahora, la ciudad tiene una plaza Marlene Dietrich y sendos bares de dos hoteles de lujo llevan el nombre de la actriz más famosa que haya tenido nunca la ciudad y el país.

Sus últimas palabras

Marlene fue consecuente hasta el fin de sus días. Cuando decidió aislarse del mundo en su piso de París construyó una pequeña fortaleza de cojines, mantas y almohadas en su dormitorio, y cerró para siempre la puerta al mundo. La actriz vivió los últimos trece años de su vida postrada en su lecho y acompañada de sus recuerdos y de una inseparable botella de whisky.

Pero la diva nunca sucumbió a la senilidad y leía todo lo que llegaba a sus manos con sumo interés: siempre hizo anotaciones sobre lo que leía. Sus apuntes, escritos en letra de imprenta, fueron descubiertos entre las pertenencias de la actriz. Revelan su feroz lucha contra el olvido y muestran que la vejez no la impedía querer seguir siendo una estrella.

«Tras visitar a Kennedy, mi madre le acercó unas bragas a mi esposo a la nariz y le dijo: ‘Huele’. Es el presidente de Estados Unidos. Ha estado fantástico»

MARÍA RIVA, HIJA DE MARLENE

En una foto de Jean Paul Belmondo la actriz escribió: «¡Recuerda lo hermoso que era!». En un retrato de Meryl Streep, la Dietrich descargó su amargura y escribió: «¡Cuán fea te puedes poner!».

Encima de un sobre que contenía una condecoración nazi que nunca recibió, Marlene escribió: «Hitler me la dio en Tierra Verde». Un comentario irónico, porque la actriz jamás se encontró con el dictador y decidió escoger la ciudadanía americana para poder luchar contra el Tercer Reich.

Los amores

Marlene tenía 61 años cuando visitó en la Casa Blanca a John F. Kennedy. El encuentro duró media hora y el desenlace fue descrito por la hija de la actriz en su libro Mi madre, Marlene. «Cuando mi madre regresó de Washington le mostró a mi esposo unas bragas de color rosa, se las acercó a la nariz y dijo: ¡Huele! Es el presidente de Estados Unidos. Ha estado fantástico».

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Adiós al cine. En ¿Vencedores o vencidos?, la revisión del juicio de Nuremberg que Stanley Kramer filmó en 1961, la Dietrich se mete en la piel de la viuda de un general alemán fusilado por los aliados. Fue su último gran papel hasta que, en 1979, aceptó interpretar a la baronesa Von Semering junto a David Bowie y Kim Novak en Just a Gigolo, cinta con la que puso fin a su carrera cinematográfica.

Marlene fue generosa con el amor y despertó la pasión entre los hombres y las mujeres. «Tengo dos amores. ¡Tú, y después tú», escribió Jean Gabin en una cadena de oro que se puede ver en el Museo del Cine de Berlín.

«Te devoro. Te huelo. Te unto con crema. Te acaricio». El telegrama escrito por Elisabeth Begner refleja la otra pasión de Marlene, una pasión que nunca ocultó. ¿Acaso no había sido amante de Greta Garbo y de Mercedes de Acosta? «Ella era capaz de romper tu corazón sólo con su voz», dijo Hemingway, el gran escritor americano que siempre reconoció su admiración hacia su «más querida hierba», como solía llamarla con cariño.

Imagen de portada: Marlene Dietrich

FUENTE RESPONSABLE: ABC XL Semanal. Por Paula Martínez. 16 de septiembre 2022.

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Natalie Wood; caso abierto.

“ Quiero que se haga justicia con mi hermana, que Robert diga la verdad”

La muerte de la actriz sigue siendo uno de los grandes misterios de Hollywood. Cuando se cumplen 40 años, su hermana revisa el caso y aporta nuevas pistas. Ella misma nos lo cuenta.

Natalie Wood tenía 42 años cuando murió. Había debutado en el cine a los 4 y se había convertido en una estrella tras West Side Story y Esplendor en la hierba. Pero en noviembre de 1981 se encontraba en ese lugar difícil para cualquier actriz, como dice su hermana Lana, «atrapada en la cruel transición entre ser una ‘gran estrella’ y que pregunten ‘¿quién era?’».

En la última semana de noviembre, Wood y su marido, Robert Wagner, junto con el actor Christopher Walken, salieron a navegar frente a la costa de California en el yate de la pareja, Splendour. A primera hora de la mañana del 29 de noviembre, el cuerpo de la actriz fue encontrado flotando en una cala de la isla de Catalina.

Han pasado cuatro décadas y la muerte de Wood ha sido una fuente de especulación permanente. Libros, documentales y cientos de artículos han girado en torno a la misma pregunta: ¿fue un accidente? ¿Se cayó o la empujaron? Estas cuestiones han atormentado a Lana Wood. La hermana de la estrella acaba de publicar un libro, Little sister, donde trata de averiguar qué ocurrió y expone nuevas pruebas que han salido a la luz.

¿Se cayó o la empujaron?

  ¿Se cayo o la empujaron? Lana Wood, hermana de la actriz es quien      

  reclama que se aclare el caso en su libro “my little sister”.                                   

Lana ahora tiene 75 años, pero su rabia por la muerte de su hermana y por el hombre a quien cree responsable no ha disminuido.

Los padres de Natalie y Lana eran emigrantes rusos que se instalaron en Estados Unidos tras la revolución. Su padre, que trabajaba haciendo decorados en Hollywood, era un hombre atormentado por el exilio. Su madre, una mujer dominante que no se detenía ante nada con tal de convertir a Natalie en una estrella. Lana recuerda que, una noche, ella y su madre llevaron a Natalie al hotel Chateau Marmont. Mientras ellas esperaban en el coche, Natalie estuvo en una habitación donde la esperaba Kirk Douglas. Según Lana, su hermana volvió «despeinada y muy alterada». Años más tarde, Natalie le confesó que Douglas había abusado sexualmente de ella. Solo tenía 15 años.

Cuatro años después de esa sórdida noche, Natalie se casó con Robert Wagner. Corría el año 1957, y Los Angeles Times los describió como «la pareja más fotografiada y envidiada desde Wallis Simpson y Eduardo VIII». Un lustro más tarde, sin embargo, ella y Wagner se divorciaban después de que Natalie encontrara a su marido en lo que Lana describe como «una posición muy comprometida» con su mayordomo, una acusación que Wagner siempre ha negado.

Kirk Douglas abusó sexualmente de Natalie cuando tenía 15 años, según su hermana

Tras la ruptura, Natalie tuvo varias aventuras, hasta que en 1969 se casó con el productor Richard Gregson, con quien tuvo una hija y del que después se divorció.

En 1972, Natalie se casó por segunda vez con Wagner. «Cuando anunciaron que se volvían a casar, le dije a mi hermana: ‘¿Qué diablos está pasando?’. Y ella me contestó, con toda seriedad: ‘A veces lo malo conocido es mejor que lo bueno por conocer’. Le dije: ‘¡Eso no es razón para casarse!’. Sentí que estaba cometiendo un terrible error».

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Lo malo conocido.Robert y Natalie con sus dos hijas. La mayor es, en realidad, hija del anterior marido de la actriz. La pequeña nació cuando Natalie y Robert se casaron por segunda vez. Ante esas nuevas nupcias con él, Natalie le dijo a su hermana: «Más vale malo conocido…».

La noche de autos

El día de su muerte, el mar estaba agitado. También el ambiente a bordo. Por la noche, Natalie, Wagner, Walken y el patrón del barco –Dennis Davern– habían bajado a tierra para lo que, según se informó más tarde, fue una cena con mucho alcohol y mal humor. De vuelta al barco, Natalie y Wagner discutieron, supuestamente porque ella pasaba demasiado tiempo trabajando. 

Según el relato de Wagner, tras la pelea, Natalie se retiró a su camarote. Cuando él fue a buscarla, ella ya había desaparecido. También el bote auxiliar. La pequeña embarcación se encontró flotando cerca del cuerpo. La llave permanecía en el contacto y los remos, atados. Evidentemente, no se había utilizado.

Cuando se sacó el cuerpo del agua, Natalie llevaba un camisón de franela, calcetines de lana y un plumas rojo. El juez de Instrucción concluyó que Natalie, por la razón que fuera, había subido a cubierta y tratado de subir al bote, pero tropezó y cayó al agua. En menos de dos semanas, la investigación se cerró con la conclusión de «ahogamiento accidental».

Barco a la deriva.

Barco a la deriva.El bote inflable que, presuntamente, habría utilizado Natalie Wood la noche que murió. Fue encontrado en la costa a unos 180 metros de su cuerpo.

Lana se enteró de la muerte de su hermana por la radio. Wagner no la llamó. De hecho, no habló con él hasta el funeral. «Fue un accidente –le dijo–. Tienes que creerme, por favor, créeme». Recuerda que, cuando le presionó para que le diera una explicación, alguien la cogió del brazo y la alejó. Durante años, Lana se esforzó por pasar página. Aunque la versión oficial de lo ocurrido era, según ella, absurda. «Natalie tuvo miedo a ahogarse toda la vida y era una mala nadadora; nunca habría intentado subirse a un bote con el mar agitado».

Tampoco entendía el comportamiento de Wagner. Él y Walken fueron trasladados en helicóptero a tierra y dejó que el patrón del barco identificara el cuerpo. «¡No identificar su cuerpo!». La voz de Lana se eleva con rabia. Pero, por aquel entonces, a Lana le resultaba imposible contemplar la posibilidad de que Wagner fuera responsable de la muerte de su hermana. «Pensar que alguien a quien Natalie amaba hubiera hecho algo así era devastador. No quería creerlo, así que lo acepté y mantuve la boca cerrada». Hasta que en 1992 Lana recibió la primera llamada del patrón del barco…

La mala conciencia del patrón del barco

Tras la muerte de Natalie, el patrón del Splendour corroboró el relato de Wagner. Durante mucho tiempo estuvo viviendo en casa del actor, y este le encontró algún que otro trabajo como intérprete. Pero parece que su conciencia empezó remorderle.

«Contó que hubo una pelea, que habían tirado a Natalie al suelo. Y yo decía: ‘¿Qué pasó, Dennis?’, y él respondió: ‘No puedo decírtelo, es terrible’. Y colgaba. Pasaba el tiempo y volvía a llamar».

Davern no es el testigo ideal. En estos años ha contado partes de su historia a diarios sensacionalistas, programas de televisión y en un libro publicado en 2009. Pero su versión, según Lana, es la siguiente: desde el principio, Wagner no estaba contento con que Natalie hubiera invitado a Walken al barco. Tras una «tensa» cena en tierra, Wagner estalló, rompiendo una botella y gritando a Walken: «¿Quieres follarte a mi mujer? ¿Es eso lo que quieres?».

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Amigos y colegas.Natalie Wood con Christopher Walken, el actor con el que estaba rodando la película de ciencia ficción Brainstorm cuando falleció. Walken estaba en el barco el día del incidente mortal.

El actor se retiró a su camarote, donde pasó el resto de la noche. Natalie huyó al camarote principal. Wagner la siguió. Davern oyó gritos y golpes en la habitación. A eso de las once, la discusión se trasladó a cubierta, tan fuerte que Davern subió la radio para que los barcos cercanos no oyeran los gritos.

Cuando volvió a ver a Wagner, explicó que el actor parecía «sudoroso, sonrojado, nervioso y desaliñado». Robert dijo: «Natalie ha desaparecido» y le ordenó que registrara el barco. Cuando el capitán regresó, Wagner le comentó que la embarcación auxiliar había desaparecido. Davern intentó pedir ayuda por radio, pero Wagner, sirviendo un par de copas, le ordenó que no lo hiciera, que «podía empañar su imagen». Davern tardó otras dos horas en convencer a Wagner de que pidiera ayuda. No fue hasta la una y media de la madrugada cuando se notificó al puerto local la desaparición, y hasta las tres y media no se informó a los guardacostas.

El recuerdo de Wagner de la noche es diferente. En un libro contó que discutió con Walken por la carrera de Natalie. Ella, aburrida, los había dejado. La última vez que la vio, ella se estaba peinando en el baño.

Wagner no informó a Lana de la muerte de su hermana. no lo vio hasta el funeral. «Fue un accidente -le dijo-. Tienes que creerme»

Se reabre la investigación

En 2011, tres décadas después de la muerte de Natalie, Lana se unió a una campaña para reabrir la investigación. Al año siguiente, una autopsia complementaria cambió la causa de la muerte de ahogamiento accidental a «ahogamiento y otros factores indeterminados».

Lana conoció a un policía retirado, al que solo identifica como Frank, que repasó el informe original de la autopsia, deteniéndose en un dato: la vejiga de Natalie contenía 300 centímetros cúbicos de orina, mucho para una mujer de su constitución. El impacto de la caída en el agua fría debería haber hecho que su vejiga se vaciara, pero estaba llena. La causa de la muerte fue ahogamiento, pero es posible, según Frank, que estuviera inconsciente antes de caer al agua.

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Hermanas de película. Natalie Wood con su hermana Lana, ocho años menor, en 1956. Hijas de inmigrantes rusos, su madre las introdujo en el mundo del espectáculo desde niñas. La carrera de Natalie fue más brillante, pero Lana participó en veinte películas –fue ‘chica Bond’ en Diamantes para la eternidad– y cientos de series, como El fugitivo o Bonanza.

En febrero de 2018, la Policía anunció que nuevas pruebas hacían reclasificar la muerte de Wood como «sospechosa». Nuevos testigos atracados cerca del Splendour afirmaban haber oído una discusión entre Wagner y Natalie. Wagner se negó a ser entrevistado para la nueva investigación.

La teoría de Lana sobre lo que ocurrió está en su libro. Cree que, tras la discusión con Walken, Wagner bajó furioso al camarote de Natalie. Ella huyó a cubierta y él la siguió. La discusión continuó, culminando con Wagner dándole un golpe y derribándola. Presa del pánico, tiró a Natalie al agua. Todo lo que hizo después, escribe Lana, fue para encubrir que «en un momento de embriaguez, celos y rabia había acabado con la vida de Natalie Wood».

Wagner tiene ahora 91 años. En 2020 apareció en un documental producido por Natasha Gregson Wagner (hija de Natalie con Richard Gregson, que fue criada por Wagner). En él, ambos intentaban desterrar la «tontería» de que Wagner pudiera haber sido el responsable. Lana se negó a aparecer en la cinta. «Todo el asunto es un intento de encubrimiento», dice.

La versión de los hechos de Christopher Walken ha sido la misma a lo largo de los años. Al volver al barco después de la cena, él y Wagner se enzarzaron en una discusión sobre la carrera de Natalie tras la cual él se retiró a su camarote. No supo más y la Policía nunca ha dudado de él.

Por su parte, Lana concluye: «Lo que quiero es que Wagner tenga el valor de contar la verdad. Me gustaría que fuera lo suficientemente fuerte como para decir: ‘Esto es lo que hice y me arrepiento hasta el alma’. Me gustaría que se hiciera justicia».


@ The Telegraph Group

Imagen de portada: Fotografía de Steve Schapiro 

FUENTE RESPONSABLE: ABC XL Semanal. Por Mick Brown. 5 de diciembre 2021.

Sociedad y Cultura/Leyendas del cine/Natalie Wood.

La misteriosa noche en que murió Natalie Wood

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A las once y cuarto, la actriz se retiró a su camarote. A las doce y media la cama estaba vacía… La muerte de esta leyenda del cine sigue siendo uno de los grandes misterios de Hollywood. ¿Qué pasó realmente la noche en la que murió Natalie Wood?

La isla Santa Catalina se halla a 40 kilómetros de la costa de California. La cala ubicada en el extremo norte es la más apartada. Allí no hay hoteles, solo un restaurante, el Dougs Harbor Reef, donde cenaron Natalie Wood, su marido -Robert Wagner- y el amigo de ambos Christopher Walken la noche del 28 de noviembre de 1981, antes de regresar a su yate Splendour.

A las once y cuarto, la actriz se retiró a su camarote. Sin embargo, a las doce y media la cama estaba vacía. Al principio su marido no se preocupó, pero con el tiempo su inquietud fue en aumento y pidió ayuda por radio. A la mañana siguiente, un miembro de la tripulación divisó un punto rojo entre las olas. Cubierto por una chaqueta roja, el cuerpo de Natalie Wood flotaba boca abajo sobre las aguas.

¿Qué ocurrió aquella noche? Walken, Wagner y Natalie Wood bebieron más de la cuenta, tuvieron una discusión, la actriz se hartó de la pelea y decidió largarse del barco, pero al tratar de subirse a la barca se resbaló. Desde el principio, a la prensa solo le interesó el morbo, se hablaba de adulterio o incluso de un trío, y se especuló con que Robert Wagner, en un arrebato de furia, hubiese empujado a su mujer.

“Lo más desolador de la muerte de Natalie Wood es que, si hubiera ido sobria, podría haberse salvado”

Hollywood estaba ávido de noticias sangrientas, pero los forenses no encontraron pruebas de esa teoría. Al contrario, el doctor Noguchi -el forense de las celebrities se inclinó desde el principio por la tesis del accidente: «Lo más desolador de la historia estaba en que el ahogamiento se había producido por el enorme peso de la chaqueta de plumón, que había arrastrado a la actriz hasta el fondo del mar cuando intentaba trepar al bote. Si hubiera ido sobria, se la habría quitado, pero el alcohol le impidió pensar con claridad».

¿Días felices?. Natalie Wood y Robert Wadner en 1976. CORDON

Sin embargo, el informe complementario que Noguchi le pidió a Paul Miller, el mayor experto en accidentes marinos, corrigió su hipótesis: la clave estuvo en unas corrientes de la zona. Cuando Natalie Wood se dispuso a desamarrar el bote, la fuerza del aire habría apartado un poco la embarcación del yate, y es más que probable que al intentar saltar al bote perdiera el equilibrio.


Cuando emergió, no debió de creer que se hallaba en peligro porque se había agarrado a la lancha neumática, pero entonces tuvo que notar que algo raro ocurría. El bote se alejaba del yate, y ella con él, diez, veinte, treinta metros… En ese punto tuvo que pedir socorro, pero nadie atendió sus gritos, ahogados por la música de una fiesta en la costa. A esas alturas, la estrella debía de estar muy asustada.


Los hematomas en las pantorrillas dan a entender que intentó usar el motor como apoyo, pero la chaqueta tiraba de ella hacia abajo cada vez con más fuerza. Y, aun así, no se rindió y trató de llevar el bote contra el viento hasta la orilla. Dio patadas en el agua con todas sus fuerzas y el bote empezó a retornar a la isla muy lentamente. Pero el entumecimiento ya se había empezado a extender por todo su cuerpo. La hipotermia redujo, primero, sus fuerzas; luego, le quitó la conciencia; y, finalmente, hizo que soltara la mano agarrada al bote.

Natalie Wood perdió su batalla contra la muerte a unos doscientos metros de la orilla y, unos minutos más tarde, el bote que había gobernado con tanto sufrimiento varaba en la playa.

Imagen de portada: Natalie Wood

FUENTE RESPONSABLE: ABC XL Semanal. Por Isabel Navarro. 26 de agosto 2022.

Sociedad y Cultura/Leyendas del Cine