¿Qué es la ley del hielo y por qué es tan preocupante?

TEN CUIDADO

Si conoces alguna persona que, cada vez que se enfada, deja de hablarte por completo, huye. Es una forma de manipulación y control bastante peligrosa.

Si deseas profundizar en esta entrada; por favor cliquea adonde está escrito en “azul”. Muchas gracias.

Esperemos que no te haya sucedido, pero quizá lo ha hecho. De pronto, una persona se enfada contigo, deja de hablarte, no responde a tus mensajes e incluso si vas a su casa directamente no te abre la puerta. 

Es una especie de ‘ghosting’, pero sería más apropiado hablar de la ley del hielo: la negativa a hablar con otra persona. 

Si bien dicho trato puede ocurrir con familiares, amigos u otras personas en el lugar de trabajo, puede ser especialmente devastador en una relación romántica. Claramente, el tratamiento silencioso crea una atmósfera de ansiedad, miedo y tristeza que excluye una sensación subyacente de seguridad. 

Como tal, causa infelicidad y daño psicológico que, en la mayoría de los casos, aumenta el conflicto en una relación. Según informa ‘Psychology Today, un estudio realizado con 581 personas llegó a la conclusión de que la mayor parte de la gente reportaba mucha menos satisfacción cuando su pareja hacía uso de una comunicación emocional desapegada (Guerrero, 2009). 

También se ha descubierto que dicha aversión es un detonador poderoso para sentirse excluido, reducir la autoestima, reducir el valor relacional y, muy importante, una mayor tentación de actuar agresivamente (Wirth, 2010). ¿Por qué hay personas que se comportan así? Hay una serie de motivos.

  1. Falta de autoconciencia: A veces, se encuentran confundidas por sus propios sentimientos.
  2. Evitar conflictos: es posible que una persona no se sienta lo suficientemente segura para expresar lo que siente, tal vez debido al miedo a sus propios sentimientos, pensamientos o comportamientos, o a los de la persona con la que experimenta el conflicto.
  3. Falta de habilidades de comunicación.
  4. Castigo: el trato silencioso se convierte en abuso cuando se pretende castigar o controlar a alguien.
  5. Para hacer sentir mal a la otra persona.
  6. Para no parecer abusivas frente a los demás.
  7. Para evitar asumir la responsabilidad.

Por supuesto, muchas veces es un abuso (si se usa para controlar, castigar o manipular a nadie), y nunca es una señal positiva del éxito de una relación.

No tiendas a culparte a ti mismo, suplicar o responder con enfado. La manera en que reacciona una persona solo habla de ella

Entonces, ¿cómo actuar si nos someten a algo así?

Acepta (e indaga)

La reacción de una persona solo habla de ella. De cualquier manera, tú puedes intentar enfatizar tu interés intentando saber qué es lo que le pasa.

Sé consciente

No tiendas a culparte a ti mismo, suplicar o responder con enfado. Incluso si contribuiste a herir los sentimientos de tu pareja, la forma en que responde a esto es su elección y tú no tienes la culpa de ello.

¿Es algo que se repite?

Si rara vez ocurre, es posible que desees ignorarlo. Sin embargo, si el tratamiento silencioso se usa a menudo y tiene la intención de controlarte, compórtate de manera que refleje tu autonomía en lugar de responder con exceso de atención a su reacción. Sin embargo, cuando el trato silencioso es extenso y acompaña otras formas de abuso, como gritos, amenazas, acusaciones de celos, intentos de aislarte de tu familia u otras personas, ejercer control financiero o culparte, es posible que debas preguntarte si esta relación es verdaderamente buena para ti. 

Es posible que debas preguntarte si esta relación es verdaderamente buena para ti.

Evita quedarte aislado

Mantén tus relaciones con familiares y amigos y recuerda practicar la autocompasión, honrando tus sentimientos y quién eres. Esfuérzate por permanecer conectado con tus valores fundamentales. Por último, si crees que es necesario, busca servicios profesionales que ofrezcan ayuda para aquellos en relaciones abusivas. Busca terapia.

Imagen de portada: iStock

FUENTE RESPONSABLE: Alma, Corazón y Vida. 20 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Leyes/Salud/Relaciones

 

 

El impostor que se hizo pasar por el hijo desaparecido de un terrateniente durante 41 años.

Un tribunal de India ha condenado a siete años de prisión a un hombre por hacerse pasar por el hijo de un rico terrateniente durante 41 años. La BBC ha reconstruido este caso, el cual exhibe serios fallos en la actuación de la policía y de la justicia del país asiático.

Los hechos se remontan a febrero de 1977, cuando Kanhaiya Singh, el único hijo de un acaudalado e influyente «zamindar» (terrateniente) del distrito de Nalanda, en el oriental estado de Bihar, no volvió a su casa tras unos exámenes en la escuela.

La familia denunció la desaparición del joven ante la policía, pero los esfuerzos por hallar al chico fueron inútiles.

El anciano terrateniente, llamado Kameshwar Singh, cayó en una depresión y empezó a visitar a curanderos. Un chamán del pueblo le dijo que su hijo estaba vivo y que «aparecería» pronto.

El origen del caso

En septiembre de 1981, un hombre de unos 20 años llegó a un pueblo, a apenas 15 kilómetros de donde vivía Kanhaiya.

Iba vestido de azafrán y dijo que cantaba canciones y mendigaba para ganarse la vida. También aseguró a los lugareños que era «hijo de una persona importante» de Murgawan, el pueblo del joven desaparecido.

Una imagen del pueblo indicio de Murgawan

FUENTE DE LA IMAGEN – RONNY SEN

Murgawan es una pequeña aldea de 1.500 personas en el estado de Bihar, la cual está en el centro una trama digna de una novela policial.

Lo que ocurrió después no está del todo claro. Pero lo que sí se sabe es que cuando los rumores de que su desaparecido hijo había regresado llegaron a oídos del afligido padre, este viajó al pueblo para comprobarlo por sí mismo.

Algunos de los vecinos del anciano terrateniente le dijeron que el hombre era su hijo y este lo llevó a casa.

«Me fallan los ojos y no puedo verlo bien. Si dicen que es mi hijo, me lo quedaré», le dijo Singh a los hombres, según los registros policiales.

Sin embargo, la esposa del terrateniente, Ramsakhi Devi, al ver al hombre aseguró que este no era su hijo perdido.

Kanhaiya, dijo ella, tenía «una marca de corte en el lado izquierdo de la cabeza» que este hombre no tenía. Además,fue incapaz de reconocer a uno de sus profesores de escuela. Pese a estos indicios, el anciano estaba convencido de su hijo había vuelto.

La madre, por su parte, acudió a la policía y denunció al hombre por suplantación de identidad y consiguió que fuera detenido, aunque solo pasó un mes en la cárcel antes de ser puesto en libertad bajo fianza.

Lo que sucedió durante las siguientes cuatro décadas es una escalofriante historia de engaño en la que un hombre se hizo pasar por el hijo desaparecido del propietario y se metió en su casa.

Asumiendo el papel

Mientras estaba en libertad bajo fianza, el impostor asumió una nueva identidad, fue a la universidad, se casó, formó una familia y obtuvo múltiples identidades falsas.

Con esas identificaciones distintas, votó, pagó impuestos, obtuvo un permiso para portar armas y vendió 92 hectáreas propiedad de los Singh.

Dayanand Gosain en su boda

FUENTE DE LA IMAGEN – RONNY SEN. Una fotografía del impostor Dayanand Gosain durante su boda en 1982.

Para evitar ser descubierto, se negó rotundamente a proporcionar una muestra de ADN para cotejarla con la hija de su supuesto padre y así demostrar que eran hermanos. Y en una maniobra que dejó atónito al tribunal, incluso intentó «matar» su identidad original al hacerse con un certificado de defunción falso.

La historia ha sacado a la luz la incompetencia de la policía y la lentitud del sistema judicial indio. Casi 50 millones de casos aguardan una respuesta en los tribunales del país asiático y más de 180.000 de ellos tienen más 30 años abiertos.

En los registros oficiales, el hombre está curiosamente registrado como Kanhaiya Ji, un honorífico indio. Pero, según los jueces que lo declararon culpable de suplantación de identidad, engaño y conspiración y lo enviaron a prisión por siete años, su verdadero nombre es Dayanand Gosain, originario de una aldea del distrito de Jamui, ubicada a unos 100 kilómetros de su hogar «adoptado».

El porte de armas de Dayanand Gosain, uno de los tantos documentos que tiene ese impostor

FUENTE DE LA IMAGEN – RONNY SEN

Gran parte de los datos sobre el impostor antes de entrar en la casa de los Singh son confusos.

Sus documentos oficiales muestran una fecha de nacimiento diferente en cada uno de ellos. Sus registros de la escuela secundaria dicen que nació en enero de 1966, mientras que su documento de identidad dice que fue en febrero de 1960 y su tarjeta de identidad de votante en 1965. Por su parte, en un carnet emitido en 2009 por el Gobierno local para acceder a las raciones de alimentos figuraba que había nacido en 1964.

La familia de Gosain, entretanto, dijo que tenía «unos 62 años», lo que coincidiría con su fecha de nacimiento en el documento nacional.

Lo que los investigadores sí pudieron confirmar es que Gosain era el menor de los cuatro hijos de un agricultor de Jamui, que cantaba y pedía limosna para ganarse la vida y que dejó su casa en 1981. Chittaranjan Kumar, un alto cargo de la policía de Jamui, dice que Gosain se casó pronto, pero que su mujer le dejó poco después.

Haciendo familia

Gosain consiguió formar una nueva familia gracias a Singh, quien lo desposó con una mujer de su misma casta terrateniente un año después de llevarlo a casa.

Según un documento disponible de la familia, Gosain obtuvo una licenciatura en inglés, política y filosofía en una universidad local, que encontró su conducta «satisfactoria».

Con los años, Gosain tuvo dos hijos y tres hijas. Tras la muerte del terrateniente, heredó la mitad de una mansión casi centenaria de dos plantas en Murgawan. (La otra mitad, dividida por un muro bajo, pertenece a otra rama de la familia de Singh).

El hijo mayor del impostor, Gautam Kumar, dijo que su padre generalmente permanecía en casa y desde allí administraba una finca de 75 hectáreas. La explotación agrícola produce arroz, trigo y legumbres, y es cultivada principalmente por trabajadores contratados.

Kumar asegura que la familia nunca discutió el «caso de suplantación» con su padre.

Gautam Kumar en la cada de la familia Singh

FUENTE DE LA IMAGEN – RONNY SEN. Gautam Kumar el hijo mayor de Dayanand Gosain, niega que su padre sea un impostor, pese a que las pruebas así lo aseguran.

«Es nuestro padre. Si mi abuelo lo aceptó como su hijo, ¿quiénes somos nosotros para cuestionarlo? ¿Cómo puedes no confiar en tu padre?», replicó.

«Ahora, después de todos estos años, nuestras vidas e identidades penden de un hilo porque a mi padre le han quitado la identidad. Vivimos con mucha ansiedad», comentó.

En el juicio, el juez Manvendra Mishra preguntó a Gosain dónde vivió y con quién durante los cuatro años que estuvo desaparecido. Las evasivas respuestas que dio no le ayudaron.

El acusado dijo que estuvo con un hombre santo en el vecino estado de Uttar Pradesh. Pero no pudo aportar ningún testigo que respaldara su afirmación. Asimismo, negó haber afirmado ser el hijo perdido del terrateniente y dijo que Singh sólo «me aceptó como su hijo y me llevó a casa».

«No engañé a nadie haciéndome pasar por él. Soy Kanhaiya», declaró en el tribunal.

El olvidado

La ironía es que el verdadero Kanhaiya Singh, que tenía 16 años cuando desapareció, fue casi olvidado por sus vecinos de Murgawan.

Kanaiya

Del joven apenas se conserva una fotografía. En la imagen de estudio en blanco y negro, mutilada con alfileres de grapadora en los documentos judiciales, el joven mira directamente a la cámara y luce el pelo bien recogido y una camisa de color claro.

Gopal Singh, un magistrado del Tribunal Supremo y pariente del desaparecido, recuerda al chico como alguien «tímido y amable». «Crecimos juntos, solíamos jugar juntos. Cuando desapareció, se armó un revuelo», dijo. 

«Y cuando el hombre apareció cuatro años después, no se parecía en nada a Kanhaiya. Pero su padre insistía en que era su hijo perdido. Así que, ¿qué podíamos hacer?».

El afligido padre, quien murió en 1991, tuvo siete hijas y un hijo (Kanhaiya) de dos matrimonios; el niño era el más joven y, según todos los indicios, su favorito y heredero natural. Curiosamente, el enfermo terrateniente nunca acudió al tribunal para defender a Gosain.

«Les había dicho a los aldeanos que si descubrimos que este hombre no es mi hijo, lo devolveremos», le dijo a la policía.

Una foto de la familia Singh

FUENTE DE LA IMAGEN – RONNY SEN. Gosain, a la izquierda, con una de sus hijas en brazos posa con su «padres» Kameshwar Singh y Ramsakhi Devi.

Una conspiración a gran escala

El caso fue conocido durante las últimas cuatro décadas por al menos una docena de jueces. Sin embargo, apenas en febrero pasado un tribunal de primera instancia celebró un juicio, que se extendió por 44 días, y a principios de abril halló al acusado culpable.

Un fallo que un tribunal superior confirmó en junio.

Imagen del falso certificado de defunción

El falso certificado de defunción que los abogados del impostor presentaron en el juicio.

La justicia consideró que ninguno de los siete testigos aportados por la defensa eran fiables. «Nunca nos tomamos este caso en serio. Deberíamos haber reunido mejor las pruebas. Nunca pensamos que hubiera dudas sobre la identidad de mi padre», se lamentó Kumar.

El momento más dramático del proceso se produjo cuando los representantes legales del acusado presentaron un certificado de defunción en el que se declaraba que Dayanand Gosain había muerto en enero de 1982. El documento estaba plagado de inconsistencias, una de ellas es que estaba fechado en mayo de 2014.

Las pesquisas de la policía confirmaron la falsedad del certificado y, por ello, el tribunal lo desechó.

«Para probar que era Kanhaiya, Gosain se suicidó», declaró el juez Mishra.

Sin embargo, la prueba decisiva contra Gosain fue su negativa a dar una muestra de ADN, que la Fiscalía solicitó por primera vez en 2014.

«Ahora no se necesita ninguna otra prueba», dijo el tribunal en su fallo. «El acusado sabe que una prueba de ADN pondría al descubierto su falsa afirmación»,remató el juzgado.

Fotos de Dayanand Gosain y Kanhaiya Singh

Las fotografías de Dayanand Gosain y del desaparecido Kanhaiya Singh revelan que no hay similitud entre ellos.

La condena de Gosain podría ser la punta del iceberg de un complot con claros intereses económicos, dicen los abogados.

El tribunal cree que hubo una conspiración más amplia en la que participaron varias personas de Murgawan, las cuales ayudaron a «plantar» a Gosain en la familia de Singh como su hijo perdido. ¿Con qué propósito? Hacerse con las tierras del afligido terrateniente.

«Hubo una gran conspiración contra mi familia [para apoderarse] de nuestras propiedades, aprovechando la mala salud de mi marido y su falta de visión», ya dijo décadas atrás la madre del desaparecido Kanhaiya Singh, Ramsakhi Devi, quien murió en 1995.

No obstante, aun quedan muchas preguntas sin responder en esta historia de engaños y duplicidades.

¿Qué ocurrirá con los terrenos que Gosain vendió haciendo uso de su falsa identidad? ¿Se anularán esas operaciones y se devolverán a las hijas de Singh, que son las herederas naturales? Y lo más importante, ¿dónde está Kanhaiya?

Según la legislación india, una persona desaparecida durante más de siete años se da por muerta. ¿Por qué la policía no ha cerrado el caso? ¿Está vivo?

Imagen de portada: Gentileza de BBC News

FUENTE RESPONSABLE: BBC News. Por Soutik Biswas, corresponsal en India. 4 de julio 2022.

India/Sociedad y Cultura/Justicia/Leyes.

Qué dice la ciencia de las personas con psicopatía (y por qué tienen poco que ver con lo que muestran las series policíacas).

En cualquier día, millones de estadounidenses (como tantos otros millones en el mundo) se acomodan a ver sus programas policiacos preferidos. Ya sea «FBI» en CBS, «Dexter», «Mindhunter» en Netflix, «Killing Eve» en la BBC, repeticiones de «La ley y el orden», o cantidades de otros shows parecidos, atraen una gran audiencia con sus vívidos retratos de villanos cuyos comportamientos son desconcertantemente crueles. Me confieso: soy parte de esa audiencia. Hasta mis estudiantes se burlan de la cantidad de crimen que yo -una investigadora que analiza el comportamiento criminal- veo por televisión.

Justifico mis horas dedicadas a la TV como trabajo, que provee material para mis clases universitarias y para mis seminarios sobre la naturaleza de la mente criminal. Pero también estoy cautivada por los personajes de estos dramas, a pesar de -o debido a- lo poco realistas que tantos son.

Uno de los tipos de personalidad más comunes de los programas policíacos en TV es el de psicópata: la persona que comete asesinatos brutales, actúa irresponsablemente y se muestra gélidamente impávida ante los agentes de la ley: aunque los programas son obviamente ficción, sus tramas se han vuelto referencias culturales familiares.

Los televidentes ven al agente Hotchner en «Mentes Criminales» tildar a cualquier personaje que sea alarmantemente violento como «alguien con psicopatía». Escuchan al doctor Huang en «La ley y el orden: Unidad de Víctimas Especiales» referirse a un delincuente juvenil que atacó a una joven niña como «un adolescente con psicopatía» de quien sugiere que es incapaz de responder a tratamiento.

Estas interpretaciones dejan a la audiencia bajo la impresión de que los individuos con psicopatía son descontroladamente malvados, incapaces de sentir emociones e incorregibles. Sin embargo, extensas investigaciones, incluyendo años de trabajo en mi propio laboratorio, demuestran que las concepciones sensacionalistas de la psicopatía que está en el centro de esas narrativas son contraproducentes y sencillamente equivocadas.

¿Qué es en verdad la psicopatía?

La psicopatía está clasificada por los psicólogos como un desorden de la personalidad definido como una combinación de encanto, emociones superficiales, ausencia de arrepentimiento o remordimiento, impulsividad y criminalidad. Más o menos 1% de la población en general cumple con esos criterios de diagnóstico de la psicopatía, una prevalencia que es casi el doble de la esquizofrenia. La causas exactas de la psicopatía no se han identificado, pero la mayoría de expertos concluyen que tanto la genética como el entorno son factores contribuyentes.

La psicopatía impone un alto costo a individuos y la sociedad en su totalidad. Las personas con psicopatía cometen entre dos y tres veces más crímenes en total que otras que se inmiscuyen en comportamiento antisocial y representan aproximadamente 25% de la población reclusa. También cometen nuevos crímenes tras ser liberadas de la cárcel o supervisión a una tasa más alta que otros tipos de delincuentes.

Un recluso con traje naranja y número de reo en una celda

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

El 25% de la población carcelaria es de personas con manifestación de psicopatía.

Mis colegas y yo encontramos que las personas con psicopatía tienden a consumir sustancias narcóticas a menor edad y prueban más tipos de narcóticos que otros. Además hay evidencia de que la gente con psicopatía tiende a no responder bien a las estrategias terapéuticas convencionales.

La realidad es significativamente más sutil y alentadora que las lúgubres historias en los medios de comunicación. Contrario a la mayoría de las interpretaciones, la psicopatía no es sinónimo de violencia. Es verdad que los individuos con psicopatía son más propensos a cometer crímenes violentos que los que no tienen ese desorden, pero el comportamiento violento no es un requerimiento para un diagnóstico de psicopatía.

Algunos investigadores sostienen que ciertas características clave de la psicopatía están presentes en individuos que no manifiestan comportamiento violento pero que tienden a demostrar comportamiento impulsivo y riesgoso, se aprovechan de otros y muestran poca preocupación por las consecuencias de sus acciones. Esas características pueden ser observadas en políticos, ejecutivos de empresa y financistas.

Lo que la ciencia dice de la psicopatía

Muchos programas policíacos, así como las noticias tradicionales, asocian la psicopatía con la falta de emoción, particularmente de temor o remordimiento.

Ya sea que un personaje esté calmadamente parado al lado de un cuerpo sin vida o esté dando la clásica «mirada psicópata», los televidentes están acostumbrados a ver personas con psicopatía como casi robots. 

La creencia que las personas con psicopatía no tienen emociones está generalizada, no solo entre la gente común sino entre los psicólogos también.

Robert Mitchum y Gregory Peck en "El cabo del miedo"

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Aunque los psicópatas son más propensos a cometer crímenes violentos, la violencia no es sinónimo de la psicopatía.

Aquí hay un elemento de verdad: un número considerable de estudios encontraron que individuos con psicopatía exhiben una habilidad reducida de procesar emociones y reconocer las emociones de otros. Pero mis colegas y yo hemos encontrado evidencia de que individuos con psicopatía sí pueden identificar y experimentar emociones bajo circunstancias apropiadas.

En mi laboratorio, estamos realizando experimentos que revelan una compleja relación entre la psicopatía y las emociones. En un estudio, examinamos el supuesto temor de individuos con psicopatía con una simple prueba. En una pantalla, le mostramos a un grupo de participantes la letra «n» y cajas de colores. El ver una caja roja significaba que el participante podría recibir un shock eléctrico; las cajas verdes significaban que no. De manera que el color de la caja señalaba una amenaza.

Cabe anotar que los shocks no eran dañinos, solo un poco incómodos, y este estudio estuvo aprobado por las juntas de revisión para la protección de sujetos humanos. 

En algunas de las pruebas pedimos a los participantes que nos dijeran el color de la caja (forzándolos a concentrarse en la amenaza). En otras pruebas, les pedimos que nos dijeran si la letra era mayúscula o minúscula (forzándolos a concentrarse en lo que no era una amenaza), aunque les seguíamos mostrando la caja.

Pudimos ver que los individuos con psicopatía manifestaban respuestas de temor basadas en sus reacciones psicológicas y cerebrales cuando tenían que concentrarse en la amenaza de recibir un shock. 

Sin embargo, manifestaban un déficit de reacción de temor cuando debían especificar si la letra era mayúscula o minúscula y la caja era una tarea secundaria.

Evidentemente, los individuos con psicopatía son capaces de sentir emoción; simplemente tienen una respuesta emocional mitigada cuando su atención está dirigida hacia otra cosa. Esta es una versión extrema del tipo de procesamiento que hacemos todos. 

En las tomas de decisiones rutinarias, rara vez nos concentramos en emociones explícitas. Más bien, usamos la información emocional como detalle de trasfondo para informar nuestras decisiones. 

La implicación es que los individuos con psicopatía tienen una especie de miopía mental: la emociones están ahí, pero pueden quedar ignoradas si llegan interferir con el alcance de una meta.

Albert Finney interpretando un psicópata en la película "Al caer la noche"

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Según los experimentos realizados, las personas con psicopatía tienen una respuesta emocional mitigada cuando su atención está dirigida hacia otra cosa.

Muchos estudios han demostrado que individuos con psicopatía son excelentes usando la información y regulando su comportamiento si es directamente relevante a sus objetivos; por ejemplo, pueden actuar encantadoramente e ignorar las emociones para engañar a alguien. Pero cuando la información está más allá de su foco inmediato de atención, suelen desplegar comportamiento impulsivo (como abandonar un trabajo antes de tener uno nuevo) y tomar de decisiones indignantes (como buscar publicidad por un crimen mientras son buscados por la policía).

Tienen dificultad procesando las emociones, pero contrario a los personajes de televisión comunes, no son inherentemente de sangre fría. La imagen del asesino impávido se basa en un concepto científico caduco sobre la psicopatía. En cambio, parece que las personas con psicopatía pueden tener acceso a las emociones -solo que las información emocional queda sofocada por la concentración en el objetivo.

Todos pueden cambiar

Una de las falacias más dañinas sobre la psicopatía -en la ficción, en las noticias y algunos antiguos documentos científicos- es que es una condición permanente, invariable. Esta idea refuerza el persuasivo tropo del bien contra el mal, pero los más recientes estudios cuentan una historia diferente.

Los rasgos de psicopatía disminuyen de forma natural con el tiempo en muchas personas jóvenes, desde finales de la adolescencia hasta la adultez. Samuel Hawes, un psicólogo de la Universidad Internacional de Florida, y sus colaboradores siguieron a más de 1.000 individuos desde la niñez hasta la adultez, midiendo repetidamente sus rasgos de psicopatía. Aunque un grupo pequeño mostró altos niveles persistentes de psicopatía, más de la mitad de los niños que al principio tenían altos niveles de esos rasgos tendieron a bajarlos con el tiempo y luego no los manifestaban en la avanzada adolescencia.

Con la intervención adecuada, las perspectivas de mejora son mayores. Estamos encontrando que jóvenes con rasgos de psicopatía y adultos con psicopatía pueden cambiar y responder a tratamientos que están modificados para sus necesidades. Varios estudios han documentado la efectividad de tratamientos específicos diseñados para ayudar a los jóvenes a poder identificar y responder a las emociones. Intervenciones en la crianza de los niños que se concentran en aumentar el calor emocional del cuidador y la ayuda a jóvenes para que identifiquen sus emociones parecen reducir los síntomas y el comportamiento problemático.

Adolescentes en una sesión de terapia

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Con la intervención adecuada los rasgos de psicopatía de jóvenes pueden disminuir y desaparecer.

En una serie de experimentos, hemos investigado videojuegos diseñados para entrenar los cerebros de individuos con psicopatía ayudándoles a mejorar la manera en que integran la información. Por ejemplo, le mostramos a un grupo de participantes una cara y les instruimos a que respondan en base a las emociones que ven y la dirección en que miran los ojos, enseñándoles a que integren todos los rasgos de la cara.

O jugamos un juego en el que le mostramos a los participantes una serie de cartas para ver si detectan cuando variamos las reglas, cambiando qué cartas son las ganadoras o perdedoras. A los participantes no se les dice cuándo sucederá el cambio, así que deben aprender a prestar atención a los sutiles cambios contextuales a medida que juegan. Nuestros datos preliminares muestran que ejercicios de laboratorio como estos pueden cambiar los cerebros y el comportamiento en el mundo real de individuos con psicopatía.

Dichos estudios abren la posibilidad de reducir el daño social y personal causado por la psicopatía. Creo que la sociedad necesita rechazar los mitos que los individuos con psicopatía son fundamentalmente violentos, insensibles e incapaces de cambiar.

El comportamiento de individuos con psicopatía es fascinante; tanto es así que no necesita ser adornado para crear tramas dramáticos. Deberíamos esforzarnos más para ayudar a los individuos con psicopatía para que puedan percibir más información de su entorno y usar más de su experiencia emocional. La cultura popular puede ayudar en lugar de poner trabas a esas metas.

Imagen de portada: El psicópata de la TV es una persona que comete asesinatos brutales, actúa irresponsablemente y se muestra gélidamente impávida.

FUENTE RESPONSABLE: The Conversation. Por Arielle Baskin- Sommers.*Arielle Baskin-Sommers es profesora asistente de Psicología de la Universidad de Yale. 

Salud Mental/Medios de comunicación/Ciencia/Televisión/Salud/ Leyes