Capturando a los Carver.

VIDAS

Alrededor de una supuesta visita del célebre Raymond Carver a Argentina, y su mujer de entonces, la también poeta Tess Gallagher, se tejió un malentendido que dura hasta hoy. Hablamos con Gallagher y algunos de los protagonistas.

El 24 de marzo de 1986, Raymond Carver publicó su poema «Cutlery» en el New Yorker.  

En el poema, el escritor consigue traer con su caña hacia la superficie un inmenso salmón. El salmón emerge enorme y plateado bajo la luz de la luna, tironea y se sale del anzuelo y vuelve al río. Carver queda perturbado con esa imagen que probablemente ilustre al mismo tiempo el misterio de la poesía y el trabajo del poeta: pasar esperando y esperando hasta que la belleza aflore. “Cutlery” (traducido como Cubertería, o Cubiertos) tenía además elementos que tocaban a los argentinos: hablaba de un río ancho que podíamos identificar fácilmente como el Paraná, mencionaba a la ciudad de Rosario y contaba de una comida en el Jockey Club. 

La fecha de publicación del poema -un 24 de marzo-, una mala traducción de la palabra officers, la falta de documentación respecto a la llegada de Carver a la Argentina, algunas ficciones escritas a raíz de esa visita y el rumor de que Carver habría dado una charla literaria en el Jockey Club en 1980 elevaron el viaje a la categoría de mito urbano. Para colmo, “Cutlery” no aparece en ninguno de los libros de poesía que llegaron a la Argentina en castellano, a través de la colección de Visor. 

No es el único poema en que Carver nombra a la Argentina: En el libro Ultramar (Ultramarine), en el último poema, “The gift”, Carver escribe: “Pero por alguna razón, antes de dormirme, me acordé de aquella vez en el aeropuerto de Buenos Aires, la tarde en que nos íbamos. ¡Qué tranquilo y desierto estaba todo!”. Y más adelante, en el mismo poema: “me di vuelta para mirar una vez más las luces de Buenos Aires”. También escribió “En la pampa esta noche”, en la que habla de gauchos y hay un verso donde señala que “Juan Perón duerme en España con el General Franco”.

Jorge Lanata, en su libro Polaroids, aparentemente influido por el relato del periodista rosarino Gary Vila Ortiz, escribió el cuento “Un pez en el aire”. Pero en esa ficción, Carver llega en soledad a Rosario a dar una charla de escritura creativa en el Jockey Club para gente de alta alcurnia y militares de la ciudad. El cuento probablemente haya sido leído en clave de no ficción. Al final del relato, en el que Carver termina componiendo el poema a orillas del Paraná, se cita “Cutlery” y se encuentra la traducción de la palabra officers como oficiales. Ese error luego lo repararía una traducción realizada por Mirta Rosemberg y Daniel Samoilovich: los que compartían la comida con Carver y su mujer Tess Gallagher en Rosario no eran militares argentinos, sino los directivos del club. 

No fue la única ficción que sumó malentendidos: en una novela de Víctor Cagnin, Carver cena y conversa animadamente con Gary Vila Ortiz y el propio Lanata. Esa escena también fue concebida como ficción, pero muchos lectores la asimilaron como la más pura realidad y terminó empastando la verdadera historia de la visita del escritor americano a la Argentina, a Buenos Aires y también a Rosario. 

El relato sin duda más creíble sobre la llegada de Carver lo dio la escritora Beatriz Vignoli, quien asegura que la charla sobre escritura creativa en Rosario existió, pero no fue de Carver solo: fue en compañía de su pareja, Tess Gallagher. 

El relato de Vignoli abunda en precisiones: la charla no fue en una cena en el Jockey Club, sino en el Instituto Nacional del Profesorado, hoy Olga Cossetini, que funcionaba en el edificio del Normal Nacional de Enseñanza Superior, y ocurrió en 1984. Según Vignoli, el encuentro fue organizado ARICANA (Asociación Rosarina de Intercambio Cultural Argentino Norteamericano). Vignoli, quien tenía diecinueve años y cursaba el primer año del traductorado, confesó que a ella en verdad la cautivó Gallagher, poeta y cuentista, quien recitó en inglés poesía de Alejandra Pizarnick. Pero cuando Carver leyó, Vignoli cuenta que, literalmente, se durmió. A Carver lo describe maravillosamente en un texto que ya es un clásico de la literatura rosarina, “Yo dormí con Carver”:  

“Vi a un hombre que se sentó ante el micrófono y saludó con una voz gris, plana, neutra, opaca. El hombre era como la voz. Todo cuadrado, todo gris. Los ojos grises. Unos anteojos verdosos, grandotes, de miope, enormes, cuadrados. Una grisez sólida, eso era Carver”.

El traductor Emilio Ganem, presidente entonces del centro de estudiantes del traductorado, agrega más datos: “levantamos la clase para ir al salón de actos donde ellos iban a leer y a dar una charla. Fue algo inesperado, no fue algo organizado. 

Para mí la trajo Fanny Sloer de Godfrid, que era una profesora de literatura muy relacionada, con muchos contactos. Ella nos pidió ayuda para que la charla tuviera más convocatoria. Y sí; como ya contó Beatriz Vignoli, la charla de Carver fue bastante aburrida.” 

En esa charla en la que se durmió Vignoli, Carver, en un inglés monótono, habría leído, según la reconstrucción del periodista Miguel Roig, “Intimacy”, el cuento que se publicaría luego en Tres rosas amarillas. En ese relato, el escritor, ya consagrado en los Estados Unidos y curado de su alcoholismo, visita durante una gira a su ex mujer, Mariann Burk. El cuento es una furiosa catarsis de su ex, acaso sea una reescritura de “Princesa”, de Anton Chejov, y es también un cuestionamiento a la utilización de la intimidad como material narrativo, aunque en el conmovedor final ella lo termina autorizando a que escriba lo que quiera.

Justamente esa fama exponencial que en pocos años logró Carver después de la publicación de ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? (“Will you please please be quiet, please”) en 1976 es la que lo traería junto a Gallagher a tierras argentinas. La vida de Carver pega un giro de ciento ochenta grados al año siguiente, en 1977, cuando ingresa a Alcohólicos Anónimos. En 1977 conoce en un encuentro de escritores en Texas a su futura pareja. Al año siguiente recibe la beca Guggenheim. 

En 1981 publica su segundo volumen De qué hablamos cuando hablamos de amor (“What we talk when we talk about love”), que lo consagra casi como una estrella pop. Instalados en Siracusa, Carver y Gallagher comienzan a enseñar escritura creativa en la universidad, a publicar regularmente en “New Yorker”, y a viajar y dar charlas por el mundo. En 1982, “Cathedral” es considerado uno de los diez mejores cuentos de los Estados Unidos, y al año siguiente Carver es premiado con el Harold and Mildred Strauss Living Award –recibe suficiente dinero como para poder escribir sin preocupaciones- y el libro Cathedral es candidato al National Book. 

En ese contexto –Carver y Gallagher tienen que poner delante de su casa un cartel con la leyenda “Escritores trabajando”, por la cantidad de visitas que reciben a diario-, deciden realizar un viaje al exterior para darse un respiro, y salen a dar charlas sobre escritura creativa con el auspicio de la US Information Agency. En el verano norteamericano de 1984 viajan a San Pablo, y luego a Buenos Aires y a Rosario. Para Vignoli, la encargada de coordinar el intercambio pudo haber sido la profesora de inglés rosarina Fanny Fuhks. Quisimos contactar a Fanny junto a mi amigo, el escritor rosarino Raúl Astorga, pero Fanny murió el año pasado. 

Al paso del tiempo, la ausencia de material periodístico, las malas traducciones y la digestión de obras de ficción como de no ficción hay que sumarle las imprecisiones del mismo poema de Carver, “Cutlery”. En él, el escritor escribe “el ancho río que devuelve la luz de las abiertas ventanas del comedor del Jockey Club”. 

Hoy resulta imposible ver el Paraná desde la terraza del Jockey. En 2011, el director de cine Gustavo Postiglione le dedicó unos minutos a la visita de Carver a Rosario en su documental “La ciudad y las palabras”. Postiglione subió a la terraza del edificio y demostró que desde ahí no se ve el Paraná. 

Pero eso fue casi treinta años después del poema de Carver. ¿En 1984, si es que Carver estuvo allí, con menos edificios, lo pudo haber visto? Otros poetas rosarinos, como Martín Prieto, en ese mismo documental, sugieren que en verdad Carver juntó en su poema imágenes de su paso por Rosario con nombres emblemáticos; compuso, fusionó. No se preocupó por la veracidad geográfica del recuerdo; fue detrás de la epifanía. Al borde del Paraná fue evocando otro río, otro pez, la misma espera, la misma falta. En el documental de Postiglione, desde la voz en off se daba a entender que el relato de Vignoli no era del todo fiable. Gran problema que sufren los memoriosos: la memoria de elefante y la mitomanía suelen ser orillas de un mismo río. 

Periodista cultural, Astorga sostiene que existiría una foto de Gary Vila Ortiz junto a Carver, que quizás cenaron juntos en el restaurante “La misión del marinero” y que hasta hubo una entrevista. En 1984, Carver era ya una estrella nacional en Estados Unidos, y un ilustre desconocido en Argentina. Sus títulos llegarían traducidos dos años más tarde, por Anagrama, en 1986. Por eso no existen rastros de la charla en el profesorado, ni fotos de su paso por el Jockey. Gary Vila Ortiz, el periodista cultural rosarino, también murió. Le escribí a Reynaldo Sietecase y al escritor rosarino Patricio Pron. Los dos muy gentilmente me respondieron en Twitter. Sietecase escribió: “Alguna vez Gary Vila Ortiz me contó que estuvo con él, no sé si lo llegó a entrevistar o lo presentó”. Pron, desde España, twitteó: “La última vez que pregunté, nadie se acordaba de nada. (O sí: Beatriz Vignoli sí se acordaba, aunque tampoco de mucho)”. 

Entonces me acordé de Santiago Llach. En 2021, Gallagher había sido jurado del Mundial de Poesía que él mismo organiza. Lector fanático de Carver, Llach le escribió. El miércoles a las doce de la noche, llegó el mail de respuesta de Gallagher. 

“Hola Santiago, ¡Gracias por escribirme!  Ray y yo pasamos unos días hermosos en Argentina. Recuerdo en especial que caminamos por las calles nocturnas de Buenos Aires con Ray y fuimos a un show de flamenco una noche. Nuestra increíble anfitriona me llevó a un mercado de pescados un día para mostrarme todas las hermosas variedades que se pueden pescar en Argentina porque sabía que yo había pescado en el estrecho de Juan de Fuca cerca de donde nací desde los 5 años, y Ray y yo fuimos varias veces a Alaska a pescar salmón. Esta mujer maravillosa hasta nos cocinó uno de estos pescados. Recuerdo lo impactante de la arquitectura. Pude ver por qué  Buenos Aires tiene la reputación de ser la París de Sudamérica. No estoy segura de haber estado en Rosario, pero sé que Ray y yo escuchamos una historia sobre algo que sucedió en el Jockey club de ahí. ¡Necesito volver a leer ese poema! 

Cariños 

Tess»       

Curiosidades de la vida: teníamos el testimonio de la viuda de Carver, pero el misterio, lejos de aclararse, crecía. Llach marcó dos cuestiones: una, que el show de flamenco debió haber sido de tango. Y dos, que en Buenos Aires no hay negocios callejeros de venta de pescado. Esa es una marca típica de Rosario, de la zona de La Florida. ¿De quién hablaría Gallagher cuando se refería a la increíble anfitriona que tan bien los había tratado y hasta había cocinado para ellos? Gracias al testimonio de Ganem, contactamos a Fanny Sloer de Godfrid. Vignoli me pasó el Instagram de su nieta, la actriz Valentina Godfrid. Fanny, con ochenta y ocho años y una memoria extraordinaria, se encargó de despejar todas las dudas.

“Efectivamente, a pedido de la sección cultural de la Embajada de EE.UU y en mi carácter de profesora de Literatura Norteamericana en el Instituto Nacional del Profesorado y de la UNR, el 8 de junio de 1984 organicé la visita de Raymond y Tess a Rosario adonde Carver dio una conferencia sobre Hemingway. Hubo un almuerzo en el Jockey Club, una visita a los pescadores, porque Carver era un fanático de la pesca, y una conferencia sobre Hemingway en el Instituto del Profesorado, además de un city tour. Fue una visita muy breve, fue organizada muy a último momento por la Embajada y no conocíamos suficientemente la obra de Carver. Recién después de su visita lo leímos y estudiamos. A Carver, lo que más le impactó fue la visita a los pescadores en la costanera de La Florida. Mi amigo Gary Vila Ortiz no participó del almuerzo en el Jockey Club, y es probable que hayamos cenado en La Misión del Marinero cerca de mi casa, pero no podría asegurarlo. Carver murió a los pocos años, y yo publiqué una nota en el diario La Capital el 30 de octubre de 1988. Después de su fallecimiento, Tess me mandó de regalo el último libro de poemas de Carver “A new path to the waterfall”, con una tarjeta muy linda”.

En ella, se lee “Querida Funny: quería que tuvieras el último libro de Ray. Me acuerdo muy bien de tu amabilidad, de ti y de tu marido. Espero que este presente sea bien compartido allí en Rosario. Con cariño, Tess”.

(Este artículo fue posible gracias a la colaboración desinteresada de Raúl Astorga, Santiago Llach, Beatriz Vignoli, María Soledad Suares y Valentina Godfrid.)

Imagen de portada: Raymond Carver

FUENTE RESPONSABLE: BA La Agenda Revista. Por Rodrigo Manigot*Es músico y guionista. Es cantante y compositor de Ella es tan Cargosa. En Twitter es @elrulomanigot 

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/En memoria

Un río de mariposas de colores, de Dante Tenenbaum (selección).

Odisea de intentos fallidos

Hoy las calles de mi ciudad son un río de

mariposas muertas.

Mis pies se afilan al caminar, se vuelven

fuego en el afán de correr y soñar.

Mi vida es una odisea de intentos fallidos.

Tiene olor a humo y naufragio,

y tengo anosmia.

¿Algo de todo esto tiene sentido?

Sigo caminando y veo

un árbol al revés

que genera olas en el mar del cielo

donde los aviones navegan

hasta conectar a las personas.

La palabra

Las luces de los autos iluminan

ese edificio de fantasía que recordaba como mágico.

Miré sin querer,

vi el odio camuflado, esas noches de luna llena y nubes escandalosas.

Recibí una bomba por teléfono

y la desactivé.

Pájaros en las fotos

Mientras ordeno mis cosas para salir,

siempre olvido algo.

Me olvido de la confianza que me daba vivir.

¿Dónde la olvidé?

¿Quién me hizo perderla? Fui yo. No, yo no fui.

El mundo tiene la culpa de todo lo que me pasa,

todos están en contra de mí.

Voy a sacarles fotos a los pájaros y a sus plumas de colores.

Un río de mariposas de colores

Dante Tenenbaum

Poesía

Halley Ediciones

Buenos Aires (Argentina), 2022

ISBN: 978-987-8482-77-4

65 páginas

Imagen de portada: Dante Tenenbaum

FUENTE RESPONSABLE: Letralia. Tierra de Letras. 16 de noviembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/´Poesía.

 

 

6 poemas de Fernanda García Lao

Fernanda García Lao es una poeta, narradora y directora escénica nacida en Mendoza, Argentina, en 1966. Vivió en España, donde tuvo su etapa formativa entre 1976 y 1993, debido al exilio de su familia. Ha escrito y dirigido piezas teatrales que le valieron, entre otros, el premio Antorchas. Publicó las novelas Muerta de hambre, primer premio del Fondo Nacional de las Artes; La perfecta otra cosa, La piel dura, Vagabundas, Fuera de la jaula, Nación Vacuna y Sulfuro, los libros de cuentos Cómo usar un cuchillo y El tormento más puro, los poemarios Carnívora y Dolorosa. En colaboración con Guillermo Saccomanno escribió la novela epistolar Amor invertido y el libro de relatos Los que vienen de la noche. Ha sido traducida al inglés, al francés y al italiano. Su obra se ha publicado en América Latina, España, Francia, Italia y Estados Unidos. Desde 2010 coordina talleres de escritura y colabora para distintas publicaciones literarias. En la actualidad, reside en Barcelona. Presentamos una selección de poemas de su último libro Autobiografía con objetos, publicado en España por Kriller71 Ediciones y en Argentina por Zindo & Gafuri Ediciones (2022).

***

Para narrarse habría que atribuirle a la memoria dotes de las que carece. Las coordenadas espacio temporales están viciadas de subjetividad.

Una biografía podría ser un repertorio de materia.

Escribe Walter Benjamin: Cada objeto es una enciclopedia de su dueño.

Yo digo al revés: Cada cual es una enciclopedia de sus objetos.

He aquí los míos.

Sillita reposera de tela blanda

Insolación de la tarde, instante uno de tu vida. El sol de la siesta. El mundo alto y la espalda ocupada en su descanso. Los pies en el aire. Cierto olor a baba, a tierra seca de patio. Voces que no dicen, palabras antes de su sentido. Memoria personal vacía. El ser, más grande que la conciencia.

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Agujero en el patio a la altura de los tobillos

Ves pasar por ahí a tus vecinas descalzas, del otro lado del muro. Hablás arrodillada, enviando la voz o algún juguete a la que es tu amiga. Transacción incómoda pero sutil que anula el muro y se hace costra en las rodillas.

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Casa nueva que parece castillo

Tu primera noche huele a cemento fresco. Los huecos para el aire acondicionado con el estómago a la vista. Los muebles del departamento parecen miniaturas en este universo. Las escaleras son cortas, pero van en todas direcciones. En lo más alto, la torre es un caracol contra las tinieblas. Desde el parque, silbido de balas.

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Acequias no son exequias

Esconderte en ese lugar oscuro fuera de circulación. Olisquear el sudor hueco que baja de la montaña. Arteria seca que recorre el cuerpo de la ciudad desde abajo. Has sido advertida: ahí no. En un segundo se inunda. Introducir un pie, el otro, la cabeza. Un parto al revés. Respirar la muerte, contar hasta cien y que no venga.

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Parte de pago

Invierno y, sin embargo, asfixia por el parquet caliente del nuevo departamento. La casa fue vendida. Extranjería sin abandonar la ciudad. La frase del padre antes del exilio: dejemos las toallas en el toallero. La selección de lo que viaja, el apuro. Alegría mal disimulada de la madre, que regresa a su tierra.

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Pasaporte recién sellado

Que los cumplas feliz dicen personas con los pies en el cielo. Tu vida empieza de nuevo en un 747. Elegiste el libro y la muñeca. La biblioteca y los cuadros viajarán más lento, en la bodega de un barco. La infancia no viaja. Se hace vieja, atrás.

Imagen de portada; Fernanda García Lao (Foto: Isabel Wagemann).

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Juan Domingo Aguilar. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 16 de noviembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/Versátiles.

 

Patti Smith en un azul de México.

Estuve en la casa azul de Frida Kahlo en Coyoacán, el barrio al sur de Ciudad de México. Caminé por las calles empedradas de la época de Cortés, pasé junto a la fuente de los coyotes aullando bajo el agua. Hice una cola kafkiana, miles de turistas iban allí porque tenían que ir.

Besé, como había prometido, el suelo que Frida Kahlo pisaba como una cierva herida. Lo había prometido y deseaba cumplirlo. Y ser en algún momento lo mismo que ella, latir de un modo similar a ella.

Contemplé las mariposas que le hizo Noguchi sobre su cama, para que vibrara aunque no podía levantarse. Miré con pasión los objetos, la cama donde pintaba con obstinación y vida, el patio lleno de dioses prehispánicos.

Lo que más me interesaba de México era ver a Frida Kahlo. Estar al lado de su rebeldía que sostiene la columna derecha aunque esté rota, de sus sueños ardientes que fascinan a los amantes, de sus trozos impregnados de vida esparcidos en su bañera. Soñaba furiosamente con ella y por fin vi su desnudez azul.

Pero también me acordaba de Patti Smith y de que estuvo allí. Vi su poema escrito en la pared: “Sobre mi cama / otro firmamento / con las alas que envías / a través de mi vista / disuelve todo el dolor”. Y me acordé de que Patti Smith fue tan rebelde como Frida y amó a Frida.

Estuvo en aquella casa de un azul tan intenso, casi infernal, que recordaba esos azules de los perros demoníacos de Rufino Tamayo. Estuvo en aquel azul que significaba una pasión tan trágica como la que ella misma llevaba. Frida Kahlo era hermosa y se sujetó con tesón sobre su espalda rota, se mantuvo erguida como las heroínas griegas. Patti Smith era fea pero tenía un encanto fascinador. Y las dos eran tan apasionadas como ese azul de la Casa Azul de Coyoacán.

Me acordé de su poema “Séptimo cielo”. Donde dice que el Diablo lleva a Eva al séptimo cielo y le regala un tomate y no una manzana. Me acordé de su libro de memorias Éramos unos niños, donde cuenta cómo vivía ingenua y salvaje con Robert Mapplethorpe en París y Nueva York.

Me acordé de cuando fue a ver a Rimbaud a Charleville, al norte de Francia, cerca de la frontera con Bélgica. Y se abrazó con furia a su tumba y aparece así en una foto exaltante. Yo también fui a Charleville, aunque no me hice ninguna foto exaltante, pero sí corregí un dato equivocado en el Museo Rimbaud y a partir del segundo día me dejaron pasar gratis. Y busqué el cementerio y una cuidadora me dijo que iban solitarios fervorosos del mundo entero, incluso chinos y vietnamitas. Pero no pagaban el cuidado de la tumba las autoridades municipales y espesas, sino un particular de París.

Me acordé de cuando Patti Smith decía que escribía con todo el cuerpo, sintiendo orgasmos, viendo aterrizar naves sobre las pirámides. Patti Smith era fea pero tenía un atractivo de vértigo y una vitalidad torrencial que podía romper millones de escayolas. Su rostro huesudo e insistente tenía la misma vitalidad con que Frida Kahlo se enderezaba sobre su columna rota y tenía más atractivo que nadie. Frida era una cierva herida en el bosque y Patti era una dama de pómulos heridos en medio de las Iluminaciones de Rimbaud o de las luces de los neones galácticos en Nueva York.

Patti era fea pero era tan cautivadora. Me acordé de cuando Janis Joplin le decía a Leonard Cohen en el Chelsea Hotel de Nueva York: “Somos feos, pero tenemos la música”. Mientras Leonard Cohen repetía como en una letanía: “Te necesito, no te necesito”.

Me acordé de que Patti Smith escribió “Augurios de inocencia”, donde decía que los animales con sus garras no aman como ella. Y estoy seguro de que no son capaces de amar como ella. Como amaba a Frida en medio de aquel azul, como amaba la vida en medio del azul infernal. Maldita, carnosa, rebelde como Frida.

Y todo ocurría en medio de aquel azul intenso, vertiginoso, profundo como el de los perros infernales de Rufino Tamayo. Yo veía el azul en aquellas paredes, en medio de aquella vegetación insultante y de restos de arqueologías profundas. Y en aquel patio donde besé los pasos de Frida besé también los pasos de Patti. Y me sentí en un azul tan intenso como el de ella, en una demoníaca ternura como ella.

Imagen de portada: Me acordé de cuando Patti Smith decía que escribía con todo el cuerpo, sintiendo orgasmos, viendo aterrizar naves sobre las pirámides.Steven Sebring.

FUENTE RESPONSABLE: Letralia. Tierra de Letras. Por Antonio Costa Gómez. 15 de noviembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Homenaje/Patti Smith.

Encuentro “Proust desde el suburbio, III” el 25 en la Alianza Francesa.

Marcel Proust envió a Anatole France los primeros dos tomos de “En busca del tiempo perdido” con una dedicatoria que lo erigía como el principal y más querido de sus maestros. France, famosísimo entonces, y ya anciano, suspiró ante los gruesos volúmenes: “La vida es muy corta, y Proust muy largo”. Sin embargo, ¡cuánto hubiera sorprendido a France comprobar que un siglo y medio más tarde, en una era cibernética e interestelar, existan (incluso en los suburbios más alejados del planeta) adictos que leen y releen con fervor la obra de Proust!

Una prueba de esa pasión es el encuentro que la novela de Proust convocará el viernes 25 de noviembre, día cercano a la conmemoración de los cien años del fallecimiento del escritor francés.

“En busca del tiempo perdido” ha sido comparada con una catedral gótica, con una sinfonía, con un poema que no pierde tensión a lo largo de siete tomos. En verdad se trata de un paradigma de todos los logros que el género novelístico se propuso desde Cervantes. Y entre esos logros, el más insigne es otorgar al lector el don de vivir otras vidas, nacer a otras vidas y morir en otras vidas. Además, como sucedió con los grandes renovadores del género de principios del siglo XX (especialmente Henry James y James Joyce), Proust se apropió de recursos hasta entonces apenas utilizados, como el singular uso del punto de vista del narrador. De manera que, en el caso de la novela de Proust, el logro no sólo es permitir vivir la vida de un individuo inmerso en una ociosa capa social a finales del siglo XIX y comienzos del XX, como algunas lecturas superficiales quieren ver, sino que su virtud es sumergir al lector en un universo que pareciera pertenecer a otro cosmos y que, en lo esencial, es idéntico al nuestro, como escribió Gide, a quien le costó entender la grandeza de Proust: “Proust es un hombre con mirada infinitamente más sutil y atenta que la nuestra y que nos comunica también una mirada similar mientras lo leemos”.

En agosto de 2005, Silvio Cornú, Miguel Grattier y Enrique Butti mantuvieron en la Alianza Francesa una charla que dieron en llamar “Proust desde el suburbio”. En octubre de 2019 volvieron a reeditar el encuentro en el Instituto Argentino-Germano, y el próximo 25 de noviembre, incorporando la participación de Fabricio Welschen, tendrá lugar “Proust desde el suburbio, III”, a las 20, en la Alianza Francesa, Bv. Gálvez 2147, con entrada libre, organizado conjuntamente con la cátedra de Literatura francesa e italiana, de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la UNL.

 

Imagen de portada: Retrato de Marcel Proust, por Jacques-Emile Blanche. Foto: Archivo

FUENTE RESPONSABLE: El Litoral.

Sociedad y Cultura/Literatura/Marcel Proust/Alianza Francesa en Argentina.

 

Símil de bisagra, de Wilfredo Carrizales (selección).

Símil de bisagra del reconocido escritor venezolano Wilfredo Carrizales (Cagua, Aragua, 1951), es el octavo título de la alianza editorial entre Letralia y FBLibros. Un compendio de textos de prosa poética escritos con un lenguaje que persigue el equilibrio entre forma y contenido. “Este es un libro para leerlo mientras la naturaleza renueva sus poderes”, expresa el escritor Alberto Hernández en el prólogo.

Símil de bisagra

Wilfredo Carrizales

Narrativa

Letralia/FBLibros

Caracas (Venezuela), 2022

ISBN: 979-8362003210

138 páginas

Rituales

1

Se modela el ojo en su cabeza que sufre el sentido del misterio. El reto es el número de vías posibles hacia la visión. Lo común se asocia al colectivo que ya se fija en estatuas. Un vasto alrededor le da a las cosas los nombres con los cuales se abrirán a la tierra.

¿La cabeza podrá crear un miedo de barro en medio de una dolida generalidad? Algún propósito se oculta en la piel sangrada del lodo. ¿Cuál será el mejor camino que conduzca al santuario? ¿Qué rol podrá jugar? La sugestión permanece alejada del alma casi humana.

Lo funerario desarrolla un anillo que funciona en la agonía del hierro y desde donde los recuerdos se tornan plausibles para entretenerse en la era de los comienzos.

2

La figura se creó con su pasado distante. De la arena que la cubría trajo un tajo cercano del río. (La luz no conoce el interior de la tierra y por eso excava en busca de los minerales que ahuyentan los espasmos).

Las culebras se les enroscan al cuello a los hombres que sugieren relatos de extinguidas geografías. En el estado más feliz las figuras sudan. Sus hormonas de animal se sublevan con la tarde aherrojada.

Cualquier casa tiene su entrada en una cueva que se olvida. El alimento y la leche se les ofrecen en cuencos a las serpientes. Las palabras se pronuncian con silbidos que hacen dudar de la juramentación.

Repentina o inmediatamente los seguidores aflojan piedras y el cielo termina por asentir.

3

En el poblado continúan los menesteres de los pocos viejos. Una oculta divinidad alude al encierro de las maderas. El hogar protege su altar de los socios irredimibles del agua y los suelos.

Sobre las paredes se alinean símbolos sustentados por los ancestros. El padre y la madre por antonomasia y prematuros reparan los cambios sufridos en las calles y en los ropajes.

Los espíritus se mueven entre dos niveles. Probablemente no exista ni arriba ni abajo, sólo una escueta alusión de lo perfecto: su temible cacería.

La luna baja porque está escariada. En su torso le sobresale una matadura de hombre y un trueno repulsivo se acoge a su bondad.

4

Al mencionar lo temprano que puede resultar la sospecha, el alarido de los árboles entra en las bocas llenas. Los ritos se acorralan.

De la costa al límite del fuego las vidas prosiguen su curso y las dificultades se ponderan en ejercicios de solemnidad. El macho y la hembra odoran.

Los meses atrapan a los adolescentes con su música de fertilidad. Los sexos se inician en los cantos primordiales. Cada quien toma lo que más lo acompaña.

Los árboles quieren ser duros y oponerse a los subterráneos herreros. Se reduce el comején de las ocasiones. Se proyectan los lugares para los refinamientos.

Los dioses colman sus pulmones de curvas de los terrenos. Allí establecen vertederos para las imágenes infértiles. La intensidad de la grandeza se asienta en una gracia que de femenina sólo tiene la duda.

5

Un lobo descubierto en la podredumbre de los objetos. Simbólicamente se excavó los ojos y encontró un bronce de emergida suficiencia.

El carisma nunca fue tan extraordinario. Requería una variada ornamentación y elementos votivos que resaltaran el parpadear de las muchedumbres, su lado triste y errático.

Más tarde, la Historia debe brotar injusta, como siempre, apegada a los remiendos de los decesos.

El más permisible de los encantos se paraliza ante los rostros que se sacrifican. El cobre demuestra un paralelo con alguna religión que sobrelleva los conflictos con estrabismo.

En las minas fácilmente se usa el todo para agradar a los reyes ficticios. ¿Acaso un imprudente rezo pueda ampliar el ámbito del despojo?

Salir a flote

1

Un riachuelo y a su lado un sereno hace sonar la claqueta. Con tres palos se arma un trípode y con el segmento de una fruta se construye un país donde se guarezca la gente de baja ralea.

Se rompió en pedazos la noche y durante el estorbo alguien dio un traspié. Se mezclaron los sonidos y los niños lanzaron sus zapatos al aire. La rutina principió a secuestrar a las mujeres sin máscaras y al poco tiempo se levantaron las piedras con la ayuda de los pétalos y las hojas de las puertas exteriores favorecieron la ayuda que del cielo comenzaba a manifestarse con maniobras y percusiones.

2

El papel muy fino sobre la tabla delgada; una gasa impalpable; un vino ligero y la mujer, poco fértil, tratada con frialdad como una hojuela o concha de grano. El granizo cae cual apedreamiento y la cama está crujiente. La harina espera por el invitado y dentro del horno un pollo se oxida sobre una lámina.

Dicen que un hijo nació del mismo padre a leguas de distancia y que un conejo fue despellejado por ello y que una cabra recibió alabanzas por pelarse las rodillas a conciencia. La vista se hubiera satisfecho con todos esos portentos, pero la amargura saturaba los sentidos y las piedras ocultaban las medicinas.

3

La vasija se decanta y el líquido guarda cautela en la escalinata. La sombra de un árbol le da asilo a un mendigo y el sedimento de la savia gana su derecho de amparo.

Hay que ahuyentar a los malos espíritus mirándolos por encima del hombro. El beneficio no tardará en llegar y se aprenderá a apreciar las escobas y las verrugas de los gatos comenzarán su penosa empresa.

Muy cerca el bambú perece de humedad y los gusanos conducen su reumatismo al camino que se avergüenza de flores. A fin de que el orgullo no se hinche se cierra la región y se aparta la polémica hasta detrás de las cercas de toda la vida.

4

El prólogo sale impetuoso y del gorro del lampiño emerge una inscripción en forma de lápida. El estandarte se aloja dentro de un tablero donde sobran las palabras de elogio. Las gotas de agua golpean el techo y el regocijo cambia el genio áspero. Se bordan almendras para el viaje de los esquifes y un angosto tiempo modifica su condición.

Una caja llena de muñecas es enterrada al pie de un árbol aplastado y una sarta de petardos pequeños atruena una historia que se inventa. Los murciélagos son azotados y sin embargo no sueltan las alegrías.

Cuando las pértigas se cansen el desprecio volverá por sus fueros.

5

En la ribera existe la sombra de un hombre dentro de un paisaje excepcional. No hay mucho margen para bordear las arenas y no sentirse sofocado. Es bueno entrar en intimidad con las orillas y preguntarles por la abundancia de frutos que se visualizan en sueños.

Estando cerca del río se descartan los precipicios y se colocan los deseos ardientes encima de las piedras más coloridas. Dicen que las manzanas del lugar saben a hierro dulce y que curan enfermedades graves.

El mar se escucha distante como al final de un peligro. No obstante, lo no natural muestra su vieja dentadura y su risa chapucera resuena en el fondo de una olla vacía.

Imagen: Cubierta de portada “ Símil de bisagra”

FUENTE RESPONSABLE: Letralia. Tierra de Letras. 16 de noviembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Wilfredo Carrizales.

Escritor, sinólogo, traductor, fotógrafo y artista visual venezolano (Cagua, Aragua, 1951). Estudió chino moderno y clásico, así como historia de la cultura china, en la Universidad de Peking (1977-1982). De septiembre de 2001 a septiembre de 2008 fue agregado cultural de la Embajada de Venezuela en China. Textos suyos han aparecido en diversos medios de comunicación de Venezuela y China, entre otros países. También ha publicado los poemarios Ideogramas (Maracay, Venezuela, 1992) y Mudanzas, el hábito (Pekín, China, 2003), el libro de cuentos Calma final (Maracay, 1995), los libros de prosa poética Textos de las estaciones (Editorial Letralia, 2003; edición bilingüe español-chino con fotografías, Editorial La Lagartija Erudita; Peking, 2006), Postales (Corporación Cultural Beijing Xingao, Pekín, 2004), La casa que me habita (edición ilustrada; Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2004; versión en chino de Chang Shiru, Editorial de las Nacionalidades, 2006; Editorial Letralia, 2006), Vestigios en la arena (Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2007) y Claves lanzadas al espacio o a las aguas (con fotografías del autor; Editorial Letralia, 2015); el libro de brevedades Desde el Cinabrio (Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2005), la antología digital de poesía y fotografía Intromisiones, radiogramas y telegramas (Editorial Cinosargo, 2008) y diez traducciones del chino al castellano, entre las que se cuentan Libro del amor, de Feng Menglong (bid & co. editor, 2008) y Lo que no dijo el maestro (selección), de Yuan Mei (bid & co. editor, 2015), además de la selección de cuentos largos Ocho escritoras chinas; vida cotidiana en la China de hoy, antología de varios traductores (Icaria, Barcelona, España, 1990). La edición digital de su libro La casa que me habita recibió el IV Premio Nacional del Libro 2006 para la Región Centro Occidental de Venezuela en la mención “Libros con nuevos soportes” de la categoría C, “Libros, revistas, catálogos, afiches y sitios electrónicos”.

 

Sus textos publicados antes de 2015

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Ciudad Letralia: Muesca

Editorial Letralia: Textos de las estaciones

Editorial Letralia: La casa que me habita

Editorial Letralia: Merced de umbral

Editorial Letralia: Fabulario minimalista

Editorial Letralia: Libertad de expresión, poder y censura (coautor)

Editorial Letralia: Poética del reflejo. 15 años de Letralia (coautor)

Editorial Letralia: Letras adolescentes. 16 años de Letralia (coautor)

Editorial Letralia: El extraño caso de los escritos criminales. 17 años de Letralia (coautor)

Editorial Letralia: Doble en las rocas. 18 años de Letralia (coautor)

Editorial Letralia: Claves lanzadas al espacio o a las aguas

TransLetralia: Pu Sungling

TransLetralia: Leonardo da Vinci

TransLetralia: Entre las flores (sucinta muestra)

TransLetralia: Cuatro expediciones e igual número de miradas

TransLetralia: Sylvia Plath

TransLetralia: Feng Meng-long y otros: El bosque de la risa

TransLetralia: Arnold Bennett

TransLetralia: René Char

TransLetralia: “La noche”, de Dino Campana

TransLetralia: Hai Zi

TransLetralia: Carlos Drummond de Andrade

TransLetralia: El mar, el océano, en la poesía francesa

TransLetralia: Gu Cheng: poemas y dibujos escogidos

TransLetralia: Mario Quintana: “Mis poemas son yo mismo” (poemas selectos)

TransLetralia: Tsangyang Gyatso (sexto Dalai Lama): Poemas de amor (selección)

TransLetralia: Víctor Segalen: Estelas (selección)

TransLetralia: Breves y antiguas fábulas chinas (selección)

TransLetralia: Cinco cortos cuentos chinos contemporáneos

TransLetralia: Poemas de Li-young Lee

 

Aprende a escribir con… Pere Gimferrer.

La poesía también es un tipo de mnemotecnia. De hecho, pocas cosas hay tan fáciles de recordar como unos versos elevados. A veces, ni siquiera hace falta esforzarse en memorizarlos; basta con leerlos en una sola ocasión para que se adhieran con una fuerza extraordinaria a nuestro cerebro. Un ejemplo: Pere Gimferrer puede recitar de corrido la Divina Comedia, por supuesto en versión original, y a lo largo de su vida solo ha conocido a dos personas que hicieran lo mismo: una era Jaume Vallcorba, mítico editor de Acantilado y Quaderns Crema; la otra fue toda una sorpresa.

Ocurrió una vez que se encontraba en Turín y tenía que regresar de inmediato a Barcelona. Una huelga ferroviaria en Francia le impedía coger el tren y, no habiendo otra opción, contrató a un taxista para que condujera durante toda la noche. Salieron a las 21,00 horas y llegaron a las 07,00, y en medio del camino del viaje, y por aquello de matar el tiempo, Gimferrer recitó en voz alta una de las estrofas de Dante Alighieri, recibiendo como respuesta por parte del conductor los versos que venían a continuación. Y así entretuvieron aquellos dos hombres el resto de la expedición, el uno abriendo cantos y el otro cerrándolos, y cuando llegaron a destino, el autor de Arde el mar y Tristissima noctis imago preguntó al taxista por la educación que había recibido, a lo que el otro contestó que había estudiado en la misma escuela municipal, sin duda una de las más importantes en la aplicación de un sistema pedagógico realmente efectivo, en la que se basó Edmondo de Amicis para escribir su best-seller Corazón: diario de un niño, novela en la que, por cierto, y aunque no venga a cuento, se inspiraron los creadores de la serie de anime Marco, de los Apeninos a los Andes.

Con esta anécdota quiere ejemplificar Pere Gimferrer la importancia en la formación de un poeta no solo de leer a los clásicos, sino de interiorizarlos. A fin de cuentas, la poesía nace para ser recordada y, en consecuencia, la meta de todo autor debe ser escribir versos que queden por siempre grabados. El otro consejo para quienes quieran dedicarse al género más noble de todos es sin duda más concreto: aprender métrica. Aunque luego no vayan a usarla. Es la misma recomendación que le dio J.V.Foix a Joan Brossa cuando éste le enseñó sus primeras piezas, y vaya si causó efecto.

Dice Pere Gimferrer que, para saber si tenemos alma de poeta, basta con que leamos nuestros propios poemas. Porque son ellos los que nos dirán si habita en nosotros el genio o si estamos perdiendo el tiempo. Pero, si no conseguimos que sean nuestras propias creaciones las que nos abran los ojos, podemos acudir a terceras personas, preferiblemente autoridades en la materia, para que opinen sobre nuestro trabajo. Al mismo Gimferrer le dio el espaldarazo definitivo primero Vicente Alexandre, después Octavio Paz y luego ya Josep Maria Castellet y aquello de los novísimos. Todas esas personas ratificaron la calidad de su obra y el chico que quería ser director de cine —pero que no se veía con el carácter necesario como para coordinar a tanta gente— dio un volantazo a su destino y se convirtió en el poeta de quien muchos consideran que merece el Nobel.

Foto: Luis Serrano. Fundación José Manuel Lara

Desde aquel entonces Gimferrer ha escrito cientos de poemas, pero nunca se ha sentado a una mesa para hacerlo. A él las ideas le vienen de golpe, cuando menos se lo espera, así como si cayeran del cielo. 

Está caminando por la calle o bebiendo un poco de agua en su despacho de la editorial Seix Barral, a la que lleva vinculado más de medio siglo, cuando de pronto le sobreviene una unidad rítmica. Es como un destello que inunda su mente con un grupo de palabras que, además de formar una cadencia, constituyen un verso cuyo significado todavía no entiende quien las ha recibido, pero que potencialmente puede abrir un poema. 

Ahora bien, Gimferrer nunca se esfuerza en la búsqueda de un sentido a esos sonidos, porque, en su opinión, éste ha de ser suscitado por el mismo destello. Si lo hace, el autor continúa trabajando en la pieza ya sea mental, ya materialmente; si no, a la papelera y a seguir con lo que estaba haciendo. De hecho, el mismo día en que se realizó la entrevista de la cual surge este texto, Gimferrer había experimentado dos iluminaciones de esas, de las que estallan en su mente sin saber ni por qué ni cómo, pero ambas fueron descartadas porque, pese a parecer hermosas, no apuntaban ningún destino.

Jorge Luis Borges dijo en cierta ocasión que «al otro, a Borges, es al que se le ocurren las cosas», y Pere Gimferrer suscribe la cita. Considera que el poeta es siempre alguien diferente, y sobre todo superior, a la persona cuyo cuerpo habita. No somos nosotros quienes componemos poemas y tampoco es nuestra voz la que se escucha cuando un lector los lee en silencio. Y es que, cuando escribimos, somos otro, alguien más conectado con el mundo, más elevado del suelo, más preocupado por el mensaje oculto en las diferentes entradas del diccionario. 

Que ya dijo Mallarmé que la función del poeta era «dotar de un sentido más puro a las palabras de la tribu». Y eso es lo que hace Gimferrer cada vez que le sobreviene una idea: convertir algo tan instrumental como pueda ser el lenguaje en un objeto de culto.

El último libro de Pere Gimferrer es Tristissima noctis imago’(Fundación José Manuel Lara, 2022).

Imagen de portada: Foto: Luis Serrano. Fundación José Manuel Lara

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Álvaro Colomer. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 16 de noviembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía.

 

 

 

 

Trece dibujos y un poema de Federico García Lorca: así se evitó su exportación a Estados Unidos.

No hubo acuerdo en 2019 en las negociaciones entre la propietaria de los dibujos y una galería de arte de Nueva York, por lo que finalmente el Ministerio de Cultura acabó declarándolas Bien de Interés Cultural.

Sobre el cielo negro, culebrinas amarillas», así comenzaba el poema Lamentación de la muerte del poeta Federico García Lorca que se quiso exhibir (o vender) en una feria de arte de Nueva York: un escrito y trece dibujos del poeta granadino del tamaño de una cuartilla. Una obra diminuta que contrasta con su inmenso valor por estar escrito dentro de un conjunto que forma parte del Poema del Cante Jondo. Una obra muy poco habitual del granadino (los dibujos) que podría alcanzar un alto valor en el mercado –sobre todo en el extranjero– si se hubiese llegado a poner a la venta.

La propietaria que obtuvo el lote a través de una herencia familiar contactó con la galería de arte Max Estrella. Los expertos le ofrecieron la posibilidad de vender las obras o exhibirlas: al final se optó por lo segundo ante la inseguridad de la propietaria sobre la venta de las mismas. Sin embargo, las reuniones entre ambas partes se torcieron y la propietaria no quiso ni vender, ni prestar las valiosas obras. Tampoco el Estado hubiera permitido sacar este tipo de obras al extranjero: Alberto de Juan solicitó la autorización de la exportación al Ministerio de Cultura que finalmente declaró las obras como Bien de Interés Cultural.

El precio de estas obras en el extranjero es mucho más valiosa según contaron desde la galería por eso pidieron permiso al Ministerio de su venta en el exterior. Ante la negativa de la propietaria, se propuso simplemente exhibirlas pero en el último momento la negociación se rompió y tuvieron que rellenar el hueco vacío de la feria con otros dibujos con los que contaba una neoyorquina que descendía de una pareja de Lorca a quien el poeta les regaló cuatro dibujos.

Cada pieza dibujada alcanzaría 10.000 euros en su valoración inicial, pero los expertos en arte coinciden que hoy se superaría con creces ese valor inicial. La causa es el escaso número de obras que han salido a la venta de García Lorca, con tan solo una docena vendidas desde los años 80.

Exposición de dibujos de García Lorca en Toledo

Este manuscrito en particular tiene un inmenso valor, pues se trata de un poema que es un borrador del que fue publicado. Una obra que sirve a los estudiosos para conocer más a fondo la obra del autor, tanto a nivel literario como histórico.

Imagen de portada: Federico García LorcaGTRES

FUENTE RESPONSABLE: El Debate. España. Por Adrián González Sebastián. 14 de noviembre 2022.

Sociedad y Cultura/Federico García Lorca/Patrimonio Cultural/

Controversial.

 

 

 

 

Juan Antonio Massone: “Soy siempre alguien que se parece a quien soy en lo más insondable”.

Juan Antonio Massone es un poeta a cabalidad, esto es, vive su vida como vive su poesía, nutriéndose de sus experiencias más íntimas y significativas, expresándolas en un lenguaje elegante, pero jamás rebuscado y compartiéndolas a través de sus múltiples intervenciones públicas, ya sea en sus clases, en sus columnas literarias, en sus estudios, en sus libros y en esas conversaciones que, en ocasiones, uno tiene el privilegio de compartir con él.

Por otra parte, es necesario recordar que se trata de un poeta con más de una veintena de obras publicadas, miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua, profesor universitario de literatura de varias generaciones de literatos y profesores, articulista de diarios y revistas, en fin, una persona plenamente dedicada al oficio de escribir y de investigar sobre literatura.

Nos acercamos a él de la única forma que ha sido posible en estos últimos años, debido a la pandemia: virtualmente. Después de varios lustros sin encontrarnos, fue un reencuentro agradable y necesario para mí, que lo leo desde mis veinte años y fui su alumno de literatura un tiempo después.

Era inevitable no preguntarle sobre su obra y esas preguntas más sus respuestas se convirtieron en más que una conversación, en una entrevista que quiero compartir con ustedes.

—Sus afanes son compartidos entre la enseñanza de la literatura, la investigación académica —especialmente la lectura, análisis y publicación de ensayos sobre otros autores— y el ejercicio de la poesía. ¿Con cuál de estas actividades se identifica más?

—Todas las actividades desarrolladas por mí poseen sentido, aunque por supuesto a cada una la distinguen caracteres específicos. La escritura de poemas es, en mi caso, el más íntimo, el más personal, quizás el más amplio en los tiempos.

—¿Quién nutre a quién? ¿El poeta al profesor de literatura o éste último al poeta?

—Se es unidad. Las dimensiones se entretejen y mutuamente se influyen, pues las habilidades no son estancas, convergen en alguien, no como suma, sino en calidad de síntesis.

—A propósito de la educación, ¿qué sentido tiene para Juan Antonio Massone enseñar literatura, especialmente poesía, en este siglo XXI tan agitado, convulsionado y tan lejano al silencio, la meditación y la introspección tan necesarias para encontrar la esencia de la poesía?

—Las dificultades de ser persona, hoy, se relacionan con el aturdimiento que trae el bullicio y el decaimiento del espíritu. Esta deshumanización comenzó hace mucho, pero la superficialidad materialista, la pérdida de la lectura y de la conversación, han conseguido agravar los efectos nocivos de la tecnología —los hay positivos, por supuesto—, cultivando todo tipo de idolatrías: aparatos, íconos, hábitos contagiados con tanta desprevención como irracionalidad, además de los consabidos medios y consecuencias transformados en fines: poder, consumo, placer, adicciones.

—En su labor como académico de la lengua, debe usted estar atento a las modificaciones que se pretenden incorporar a nuestros usos lingüísticos, muchas de ellas forzados, como el lenguaje chat, el mal llamado lenguaje inclusivo y la gran cantidad de extranjerismos y barbarismos que nos acometen a cada rato y desde todos los frentes. ¿Para allá va nuestro idioma o son manifestaciones idiomáticas que no prevalecerán?

—La lengua es el elemento aglutinador de la cultura. El más vivo y dinámico. Existen extranjerismos bienvenidos, porque no disponemos de los vocablos específicos con los cuales referir algunos actos, puesto que no somos inventores de tecnología. Otros vocablos representan un uso equivocado. Respecto del lenguaje inclusivo, existen algunas situaciones aconsejables de duplicación. Incluso pueden ser muy antiguos los usos: “señoras y señores”, “damas y caballeros”, así como los nombres de ejercicios profesionales o de oficios y otros. Sin embargo, el doblete permanente es innecesario: ralentiza la comunicación, la torna majadera. En el caso del uso de la “e”, con el afán de crear un neutro, es mucho más problemático gramaticalmente. Los usos de vocablos tecnológicos correrán suertes diferentes: algunos perdurarán; de otros se encargará la lengua de sustituirlos con el tiempo.

—De lo que he leído de su obra —que sigo desde mis tiempos de estudiante universitario—, los grandes temas que cruzan su poesía son el amor, la espiritualidad, la otredad y el dolor. ¿Cuál es el origen de la recurrencia de estos temas? ¿Hay otros que cree necesario relevar en estos momentos?

—Cierto, esos temas me son constantes. El origen de éstos se identifica con la clave de mi ser. Uno es genética y espiritualmente alguien singular. La escritura, cuando da cuenta de alguien y no de algo, hace presentes esas recurrencias. Quizás debería agregar la crítica social, que he desarrollado con frecuencia desde hace algunos años.

—En Chile estamos pasando tiempos difíciles. Los diversos y distintos sectores sociales, políticos, económicos, étnicos, etc., parecieran no hacer grandes esfuerzos para escucharse ni para establecer un hogar común. ¿Qué papel debiera cumplir la literatura, la poesía en particular, para hacerse cargo de este momentum agitado y convulso? ¿Hay lugar para las artes en la sociedad que debiera proyectar la nueva Constitución?

—El tiempo representa un lapso de Los Tiempos. Nada de lo humano debería sernos ajeno, según dijera Terencio. Es verdad que esta etapa histórica —nacional e internacional— se caracteriza por la fragmentación y la consiguiente pérdida de lo universal. Es inadecuado esperar que un olmo dé peras. Sin embargo, la historia suele sorprender con versiones inesperadas, porque el sujeto humano es, también, insólito.

—Hace algunos años participaba activamente de instituciones como la Sech, el Ateneo, la Agrupación de Amigos del Libro, aparte de la Academia y la universidad, por cierto, ¿en qué está hoy Juan Antonio Massone, en cuanto a su participación activa en instituciones literarias?

—Actualmente participo en la Academia Chilena de la Lengua y, circunstancialmente, en actividades de charlas, jurados literarios o entrevistas. Mantengo, desde hace nueve años, una columna semanal (jueves) en La Prensa, diario de la Región del Maule.

—La Academia de la Lengua aparece como una institución muy elitista y poco conectada con la ciudadanía. ¿Qué haría Massone para vincularla más con la sociedad, especialmente con la juventud?

—La Academia recibe en su seno a quienes considera solventes respecto de los trabajos que debe desarrollar, sobre todo en los estudios de nuestra lengua, pero todo el quehacer suyo se lleva a cabo en beneficio de los hispanohablantes. Hemos participado en textos escolares, concursos para escolares, publicaciones de difusión, notas idiomáticas, algunos libros especiales. Sexo, género y gramática; Lo pienso bien y lo digo mal; 640 frases que caracterizan a los chilenos, amén de los volúmenes panhispánicos, a los que concurre nuestra Academia, junto a las otras veintidós, incluida la Real Academia Española. Es deseable que pudiéremos disponer de mayor cobertura en la prensa y en los medios. Disponemos de sitio electrónico y varias actividades son subidas a las redes sociales.

—La lectura es un eje fundamental en su vida. ¿Qué está leyendo ahora? Y aprovechando el momento… ¿qué está escribiendo ahora?

—Siempre leo varios libros simultáneamente. Obras de mitología y leyendas germánicas y nórdicas han disputado mi atención e interés. Pero no faltan poemarios y narraciones que acuden a la cita.

—En estos tiempos de Covid-19, confinamiento, clases y reuniones telemáticas, ¿cómo se ha enfrentado al día a día en que parece que todas las actividades y lugares en que uno las ejerce se han apropiado de los espacios de nuestra casa?

—Terminé por acostumbrarme a las clases telemáticas. Las prefiero en cuanto ahorro de tiempo y traslado. No tengo problema alguno si estoy solo. Soy la persona con quien más converso. Y siempre está Él, el gran otro.

—¿Sigue siendo Chile un país de poetas o la literatura más comercial, desechable en muchos casos, ha ido borrando esas profundidades poéticas de antaño y convirtiéndolas en superficialidades más emparentadas con lo que hoy se ufana en denominar “versificación urbana”?

—Las épocas dejan sus huellas y sus preferencias en muchos libros. El peso interior específico de muchos autores es más leve que lo conocido hace algunas décadas; sin embargo, existen muchísimas obras muy interesantes en la actualidad, aunque no siempre sean todas de literatura.

—¿Quién es Juan Antonio Massone hoy? Con casi medio siglo de labor literaria y docente, ¿ha evolucionado en lo literario, lo personal, lo espiritual? ¿Más cerca del poeta llamado Dios o del antipoeta Lucifer?

—Soy siempre alguien que se parece a quien soy en lo más insondable, porque estoy conformado por tantos factores: mis altibajos, mis coherencias y mis resquebrajaduras, entre muchos más. En el supuesto de ser poeta, jamás pretendería ser un dios. Soy hombre y, como dice el proverbio, no salto fuera de mi sombra. Mucho menos, en mi caso, me inclinaría a ser un portavoz de Lucifer. La palabra poética, si aspira a ser veraz en el espíritu, no puede prestarse a quien es, por esencia, mentiroso, torcido, embaucador y necrófilo.

Complemento mi respuesta con este poema:

Credo

Creo en la Palabra Todopoderosa

Que deposita semillas de cielo en el polvo,

Suspira de júbilo o silenciosa se tiende

En la entraña invisible de los vientos;

Creo en Verbo, misterioso abrazo de sílabas,

Concebido por obra y gracia del silencio

Y grávida deja a las almas tornasoles

Sin que le amedrenten desiertos o cenizas,

Ni el artero vacío del absurdo en tumulto.

Creo en la Palabra que padece la espina

Del aire y en cuyo expolio se ensañan

El ruido mercantil y la zozobra del tiempo;

Creo en los ojos inocentes, en los dedos

De luces y de brisas, la mirada crucial

Y la mano que no rehúyen abandono.

Creo en el Espíritu, animador de lo inerte

Cuando más inesperado: desata nieve en estío

Y despunta su albor cuando la duda hiere.

Creo en la santidad peregrina de los labios,

En el feliz reencuentro de todas las ausencias,

En el postrer perdón a la mezquina arrogancia,

En el vigor lustral de agónicos escombros

Y en la perenne Voz que acoge a todo nombre.

Amén

Y con estos versos, que provienen de la esencia más pura del poeta en permanente poética conditio, cerramos esta entrevista que augura un pronto reencuentro presencial y el ejercicio de una conversación siempre amena, culta, nutritiva, como todas las que se tienen con este poeta intenso, maestro de maestros y amigo leal y entrañable.

Imagen de portada: Juan Antonio Massone: “Soy la persona con quien más converso. Y siempre está Él, el gran otro”.

FUENTE RESPONSABLE: Letralia. Tierra de Letras. Por Benedicto Gonzalez Vargas. 11 de noviembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/Entrevista.

 

De héroes, de dioses y otras malas reputaciones.

Poesía, teatro, epopeya: ramificada en estas tres formas artísticas es como aparece la literatura latina en el mundo. Primero se dejó oír en la forma de los “cantos de banquete” con que los jóvenes elogiaban a los grandes hombres del pasado. Después, la influencia etrusca infiltró en Roma el conocimiento de los mitos griegos, que revistieron con su colorido fabuloso una mitología propia, en la que dominaba el contenido histórico. (Más tarde la distinción entre ficción y realidad se haría, afortunadamente, cada vez más compleja).

No deja de ser curioso que el primer autor en lengua latina fuera un antiguo esclavo, Livio Andrónico, que había llegado a Roma desde la conquistada Tarento con apenas ocho años. Su mérito no consistió “en introducir en Roma la literatura griega, sino en concebir la posibilidad de una literatura de expresión latina según el modelo de las obras griegas”. El otro mérito del joven Livio que Pierre Grimal pasa por alto es el de haber liberado a una literatura incipiente de las cadenas que la amarraban a la prisión de un solo género, algo a lo que, más que ningún otro, tenía que haber sido especialmente sensible quien hubo de pasar una parte de su vida como esclavo.

La sencillez, y sobre todo la ausencia de molestos aparatos, con que Grimal explica el nacimiento de la literatura latina resulta tan encantadora como el amor con el que se detiene a hablar ante los bustos que decoran sus salones más gloriosos.

Livio no es solamente el traductor —entre otras muchas cosas— de la Odisea al latín: al traducir rinde “un refinado homenaje a los romanos que, desde el centro de Italia, regresaban como liberadores al país de Ulises”.

Plauto puede ser el autor de unas intrigas “bastante monótonas, como lo eran las de la Comedia Nueva de Menandro y los poetas de principios del siglo III”, sus principales modelos; pero también es “el creador de acción por excelencia”, pionero de los golpes de teatro, posible acróbata antes que autor, y quizá por ello comediante especializado en el “movimiento abrumador”.

Valerio Antias era el paradigma de la “mala reputación”, sólo por el hecho de compilar de forma poco escrupulosa, inventar detalles cuando se encontraba ante un suceso perdido para las fuentes y porque, “entre varias versiones de un mismo acontecimiento, siempre elegía la más maravillosa”. ¡Menudo delito, que siempre eligiera la más maravillosa! Aquí no puedo evitar dirigirme a los arcontes de la crítica literaria: ¿saben ustedes, caballeros, distinguir entre la falta y el elogio? Soy consciente de que muchísimas son las cosas merecedoras de que se hable mal de ellas tanto como de que existen otros pastos donde come y se abreva la mayoría; pero si algo he aprendido en esta vida es que está muerto antes de nacer cualquier escritor que no quiera para sí esa mala reputación.

No sólo por las descripciones amorosas de Grimal es fácil adorar a Accio, aunque uno sólo haya leído sus fragmentos (pero cuántas cosas es posible imaginar ante el vacío de los brazos de la Venus de Milo, ¿verdad?): Accio, que se vio enfrentado a otra bonita acusación, “su voluntad de permanecer en lo sublime a cualquier precio”.

O a Catulo, no sólo por sus poesías sino también por no permitir que fueran olvidados los versos de Calímaco, “La cabellera de Berenice”, hoy perdida, pero que resuena en Poe (1835) y deflecta en Maupassant (cincuenta años después).

O a Petronio, no menos deslenguado, cuya retórica fue premiada por Vespasiano con un sueldo anual de cien mil sestercios. O a Lucano, sobrinito de Séneca y niño prodigio, amigo de la infancia de Nerón, que se enemistó con él (¿por desavenencias solamente políticas?, ¿acaso porque envidiaba su poesía?) y que ordenó su ejecución.

Y por supuesto a Marcial (“Quien te hace regalos a ti, que eres rico, Gauro, y anciano, si estás en tus cabales y te das cuenta, te está diciendo esto: ¡Muérete!”), siempre nostálgico de Hispania cuando estuvo en Roma y siempre nostálgico de Roma cuando estuvo de regreso en Hispania, y, no menos naturalmente (él, que temía “los derrumbes de las casas y los poetas que nos recitan en agosto”), a Juvenal.

Y, sin embargo, a pesar de los más de dos mil años que nos separan de este poeta solitario y desaliñado, introvertido hasta el punto del retraimiento, es Virgilio, el tímido y torpe Virgilio al que asustaba hasta la mirada de los transeúntes, y que sólo se encontraba cómodo entre poetas y filósofos, el autor con el que cualquier buscador de malas reputaciones, ya sea escritor o lector, puede sentirse más identificado: cada noche componía una breve tanda de versos (tres de media al trabajar en La Eneida) que dictaba por la mañana a sus amanuenses y reelaborar pacientemente durante el resto del día, entre lecturas de historia, ciencia, arqueología, filosofía, agricultura y, por supuesto, poesía, en especial la de los poetas neotéricos, devotos de la música y la palabra precisa que, al menos en los términos de su ruptura con los metros conocidos y su amor por una nueva forma, podemos comparar a Abū-Tammām —“el Mallarmé de los árabes”, según Adonis— o los simbolistas franceses.

Escribía alejado de todo, en el campo, entre cambiantes rachas de serenidad y tristeza. Incluso el descenso de Eneas a los Infiernos, en compañía de la Sibila (papel que catorce siglos más tarde le tocará desempeñar a él mismo, para socorrer a un poeta extraviado más allá de “la selva oscura”), lo compuso entre trinos de pájaros y “frutecidos árboles”, o escuchando el canto de los grillos bajo un cielo de color vino que todavía dejaba ver el semblante de los dioses. ¿Pero cuándo dejó de ser así? ¿Hace un siglo, dos, tres? ¿Ahora que lo cubre la neblina autorizada del yoduro de plata? ¿En el tiempo en que giraban y giraban los satánicos molinos de Blake, con las primeras chimeneas? Por lo menos ya había perdido su intensidad divina en 1665, según escribió quien también era poeta a su manera, Thomas Browne, y que, como Virgilio, perseguía incansablemente la pureza sin prisa: “Buscamos la incorruptibilidad en los cielos, y sólo descubrimos que éstos se parecen a la tierra”.

Cada vez estoy más convencido de que la humanidad, si realmente fue un azar, es todavía más una gesta, y me cuesta entender que se pueda dejar pasar el tiempo sin asistir a los más maravillosos capítulos de esta enigmática aventura que, de hecho, podría terminar —oh bombas H, oh meteoritos, oh pangolines devorados crudos— en cualquier momento. ¿No es ya algo digno, no voy a decir de nuestro tiempo, que no es nada, sino de nuestra vida, poner la mirada en esas palabras que, aunque sólo sea por unos instantes de gloriosa lectura, nos tenderán otra vez bajo este bello palio: un antiguo cielo sembrado de dioses? “¿Y qué haré cuando sople el viento del invierno?” O bien: “Que no busque mi amor como hizo antes, que por su culpa ha muerto como una flor al pie del prado, cuando el arado la quiebra al pasar…”

En fin: a quienes todavía sientan el extraño pudor de mirar a la cara a aquellos hombres de mala reputación que preferían a lo convencional lo maravilloso, a lo más que divino lo demasiado humano —y todo ello a la vez—, el libro de Pierre Grimal les ofrece una oportunidad para empezar a perderles el miedo, para aprender a disfrutar de nuestros hermanos mayores en el reino de lo ilusorio, lo perecedero y, quizá, lo inmortal.

Unos cantaron a las viejas estrellas. Otros a sus hermanos, transeúntes, filósofos, poetas. Otros a “pastores, campos, jefes”, en un mundo sin héroes. Pero, salvando las distancias (¿aparentes?) del lenguaje y las modas, todos ellos podrían haber escrito sus últimos versos hoy mismo, sin dejar de ser por ello tan modernos como antiguos y eternos.

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Autor: Pierre Grimal. Traductora: Susana Prieto Mori. Título: Los placeres de la literatura latina. Editorial: Siruela. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

Imagen: Cubierta de portada de “De héroes, de dioses y otras malas reputaciones”.

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Lorenzo Luengo. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 15 de noviembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Pierre Grimal.