Pensar negativamente de la vejez puede afectar la longevidad le restaría siete años de vida.

Un nuevo libro titulado ‘Breaking the Age Code’ señala que la actitud frente a esta etapa de la vida impacta la longevidad.

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Siete años. Eso es lo que usted ganaría en vida si no piensa en el envejecimiento como un proceso negativo sino como algo importante, necesario y tan vital como la juventud. Eso no lo dice cualquiera sino Becca Levy, una experta de la universidad de Yale quien ha dedicado gran parte de su trabajo a investigar sobre este proceso y como alargar la vida sin problemas de salud.

El libro está más enfocado en la psicología del envejecimiento. 

Por eso su principal argumento es que las creencias positivas sobre envejecer pueden agregar un promedio de siete años y medio a la existencia de una persona. 

Esos pensamientos positivos le dan a la mente un mayor poder sobre la longevidad que incluso bajar la presión arterial o reducir el colesterol (lo que agrega aproximadamente cuatro años, según el libro), dejar de fumar (que añade tres años) o perder peso (que ofrece un año).

Según la experta, una profesora de epidemiología en la facultad de salud pública de Yale asi como profesora de psicología en la misma institución, hay evidencia científica suficiente para afirmar que una actitud negativa frente a esta edad afecta la memoria, la audición y la demencia y los problemas cardiovasculares. 

Esta visión negativa viene de estereotipos sobre los viejos y de la discriminación por edad que aún se ve en muchos espacios de la sociedad y con los cuales crecemos todos. Estancarse en ello puede “sabotear su futuro”, dice la experta.

En diálogo con el diario The Wall Street Journal, las personas que adoptan estas creencias positivas sobre el envejecimiento tienden a comer dietas más saludables, hacer más ejercicio y con frecuencia toman más medicamentos recetados. Además de eso, “cuando fortalecemos las creencias positivas sobre la edad, las personas tienden a tener niveles más bajos de diferentes tipos de biomarcadores de estrés: niveles más bajos de cortisol con el tiempo, una respuesta cardiovascular más baja al estrés. Y hemos encontrado evidencia de que tienen niveles más altos de bienestar y autoeficacia que pueden conducir a cambios de salud beneficiosos con el tiempo”,dice la autora.

La gran pregunta es cómo cambiar los estereotipos negativos por los positivos. Lo primero es analizar las interacciones sociales. Ella señala que muchas de las cosas que hoy se dicen sobre los viejos son mitos. Por ejemplo, la idea de que los viejos olvidan todo es errada, especialmente cuando a veces los demás usan como excusa cualquier tipo de olvido, incluso aquellos que se sabe pueden suceder a cualquier edad. “Hay muchas razones diferentes para ello: la persona estaba distraída, estresado o enojado” y no necesariamente el olvido se debe a un declive ni es una señal de que se ha reducido la capacidad para codificar información.

Aún más, según Levy, hay evidencia de que el cerebro puede hacer ciertas funciones mucho mejor que antes. Por ejemplo, la capacidad de recordar vocabulario y metacognición, o la capacidad de pensar intencionalmente sobre sus propios procesos de pensamiento, puede mejorar en la edad adulta. “Para el libro hablé con personas que mostraron algunos ejemplos impresionantes de dominio cognitivo en la vida posterior, como un actor de 84 años que memorizó el poema de 60,000 palabras “Paraíso perdido”, dijo al diario neoyorquino.

Algunos estudios han demostrado que la inteligencia emocional puede mejorar en la edad adulta. También hay investigaciones que sugieren que las motivaciones de las personas cambian a medida que envejecen. Tienden a pensar en contribuir a la sociedad y contribuir a los demás.

Breaking the Age Code – Foto: Cortesia Penguin

Una buena manera de empezar el cambio es celebrar a los viejos por haber hecho sus contribuciones a la sociedad, cualquiera que sean. También hay que dejar de tratarlos como niños chiquitos. Asi mismo, sugiere diseñar campañas de salud pública para que la gente conozca el daño que los mensajes negativos del envejecimiento pueden tener en nuestra salud. “Los médicos y enfermeras y otros proveedores de atención en salud también podrían verificar nuestras creencias sobre los viejos y nuestra propia vejez cuando van a consulta para así ayudarlos a cambiar su actitud”.

Imagen de portada: Según la autora del libro, con pensamientos positivos sobre la vejez la gente podría vivir hasta 7 años más. – Foto: Getty Images/iStockphoto.

FUENTE RESPONSABLE. Semana. Sociedad y Cultura. Abril 2022

Envejecimiento/Longevidad/Bienestar de los animales.

Los japoneses tienen el récord mundial de longevidad: sus 10 secretos para vivir 115 años.

En Japón hay 68.000 personas saludables que tienen más de cien años y varios de ellos integran la lista de las personas más longevas del mundo. Una de ellas fue Nabi Tajima, que vivió en tres siglos y murió poco antes de cumplir 118 años. ¿Cuál fue el secreto de su extensa vida feliz?

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Nabi Tajima era la persona asiática más longeva de la historia, y la tercera del mundo. Vivió en Japón 117 años y 260 días, hasta que murió de vieja el 21 de abril de 2018.

Nabi Tajima figuraba en el Libro Guinness de los récords como la persona más longeva del mundo. 

Antes y durante bastante tiempo, ocupó el tercer puesto luego de la estadounidense Sarah Knauss (que al morir tenía 119 años y 97 días) y la francesa Jeanne Calment, que murió a los 122 años y 164 días, al menos según los registros oficiales que existen.

Sobreponerse, objetivos y vida en contacto con la naturaleza.

Nabi Tajima fue enterrada en Kikai, una ciudad volcánica de 6.000 habitantes que ocupa toda la isla de Kikaijima, a 600 kilómetros de Fukuoka, blanco predilecto del embate de los tifones del sudeste asiático.

Los últimos tres meses y medio de su vida, Nabi Tajima los pasó en un hospital de Fukuoka, para que recibiera control médico, luego de una descompensación. 

Fukuoka ciudad japonesa 20220420

Fukuoka, la ciudad donde vivía Nabi Tajima, una metrópoli rodeada de un paraíso natural.

Sin embargo, los últimos 20 años estuvo en un hogar de ancianos en esa misma próspera ciudad del extremo sudoccidental del archipiélago japonés.

Uno de sus pasatiempos favoritos de entonces era jugar al Othello -un juego de mesa entre dos personas- y Nabi siempre dejaba fuera de juego a los empleados del hogar.  

Japonesa de tres siglos

Nabi Tajima fue una privilegiada: vivió en tres siglos. Nació el 4 de agosto de 1900 (siglo XIX), vivió la mayor parte de su vida en el siglo XX, y murió en el siglo XXI.

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Nabi Tajima recibe de manos del intendente el diploma de su record Guinness: la persona más longeva del mundo.

Nabi Tajima nació antes de que murieran Nietzsche y Oscar Wilde y justo en el momento en que se inició el trazado del primer metro de París. Ya era parte de este mundo cuando se encontró petróleo en Texas y, en Madagascar, se inauguró la primera autopista del mundo. 

Cuando falleció, las agencias de noticias japoneses informaron que Nabi Tajima tenía en total, 160 descendientes, una abultada mesa de los domingos que incluía nueve hijos, 28 nietos, 56 bisnietos y 35 tataranietos, si sólo se contaban los familiares más cercanos.

Nabi Tajima 20220420

Tuvo 160 descendientes cercanos.

Para el Grupo de Investigación Gerontológica de Estados Unidos, actualmente la persona más longeva del mundo es Kane Tanake, otra mujer y también japonesa, de 119 años y 109 días.

Un año antes de fallecer, Nabi Tajima había ingresado al libro Guinness de los records y su coronación como la “persona más longeva de la humanidad” se celebró en la casa de ancianos donde residía, en Fukuoka. El mismo alcalde de la ciudad, Soichiro Takashima, se acercó para entregarle en mano su diploma.

Japón, record mundial

De hecho, según estadísticas oficiales, Japón es el país con mayor cantidad de población longeva del mundo. Hasta el año pasado, contabilizaba 68.000 habitantes que habían alcanzado o superado los 100 años de edad.

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La esperanza de vida en Japón es de 83,6 años, el segundo puesto mundial tras Hong Kong.

Además, Japón es el país con mayor porcentaje de ancianos en el mundo: 26% de su población tiene 65 años o más.

Sin duda alguna, Japón es un buen país para envejecer, porque las cifras, lejos de ser una coincidencia, revelan una calidad de vida envidiable. 

En los últimos tiempos, Nabi Tajima ya no caminaba, pero comía tres veces por día. Las frutillas con crema y el ramen eran sus platos favoritos. 

La ciudad de Fukuoka se jacta precisamente de tener el mejor ramen de todo Japón, fácil de conseguir en cualquier puesto callejero. El ramen es una sopa que se cocina con rebanadas de cerdo, verduras, algas, fideos y brotes de bambú. 

Fukuoka ciudad japonesa 20220420

Fukuoka, paraíso desconocido en el sudoeste de Japón; longevidad garantizada.

Allí dicen que en Fukuoka se consigue el mejor sake del país y, si se suman el arroz, las ostras y el agua de vertiente a un clima más benigno que en Tokyo, incluso en invierno, este destino casi ignoto merecería ingresar a las listas de los paraísos dorados.

Para comprender la longevidad de los japoneses y robarles su secreto, habría que comenzar por su dieta.

Longevidad japonesa

Tras la desaparición de la japonesa Nabi Tajima, otra compatriota, Kane Tanaka, pasó a ocupar el trono vacante de la “mujer más longeva del mundo”. Kane Tanaka, que hoy tiene 119 años y 109 días, nació el 2 de enero de  1903. Cuando alguien le preguntó cuál había sido el momento más feliz de su vida, contesto: “ahora”.

En 1922, Kane Tanaka se casó con Hideo Tanaka y tuvieron 4 hijos, antes de adoptar un quinto. Cada día se levanta a las 6 de la mañana y después del mediodía, estudia matemáticas y escribe.

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Ramen: el plato que garantiza la longevidad: carne de cerdo, fideos, legumbres, algas. huevo y bambú.

Nabi Tajima falleció poco antes de cumplir 118 años y se llevó a la tumba el secreto de su longevidad. Sin embargo, puede reconstruirse a partir de hábitos y testimonios en un país que ostenta el segundo puesto mundial de expectativa de vida: 83,6 años. El primer puesto lo detenta Hong Kong, con 84 años. 

Son los mismos japoneses los primeros interesados en desentrañar este fenómeno y encararon un estudio que demostró que la población sigue rigurosamente la guía alimentaria nacional que reduce el riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares. 

Pero además, completaron su lista enumerando lo que fue determinante en varios casos longevos.

10 claves de la longevidad japonesa

  • Dieta: La guía de la longevidad recomienda comer granos, legumbres acompañadas de carne, pescado, soja, dos porciones diarias de fruta, productos lácteos. La ingesta de carbohidratos es a través de arroz y fideos, en vez de pan blanco.
  • Darle un sentido a la vida: Un estudio publicado por JAMA Psychiatry revela que las personas mayores de 50 años tienen menos riesgo de detener el ritmo de su vida según la fuerza con que se aferren a un objetivo.
  • Un alma generosa: el don de gentes, la amabilidad y la buena educación dulcifican la vida ajena y prolongan la propia.

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Escuchar música y bailar prolonga la vida.

  • Convivir con la música: aunque son varios los que descreen de la veracidad del acta de nacimiento de la china Alimihan Seyiti, que falleció en 2021, supuestamente a los 135 años, nadie le quita haber sobrepasado el siglo de vida. Según el periódico Daily Mail, la mujer comenzó a cantar y bailar desde la adolescencia y que, en 2014, todavía podía memorizar las canciones nuevas que escuchaba en la televisión.
  • Tomar más agua: Alimihan Seyiti bebía agua todo el tiempo y varios estudios demostraron que las personas en régimen para adelgazar obtenían mejores resultados si bebían mucha agua.  Un beneficio que también alcanza a los diabéticos y enfermos coronarios, entre otros.

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En japón se comen productos locales, hay bajo consumo de carnes rojas, y muchos de origen marino.

  • Comer menos carne: Otra vez Alimihan Seyiti se torna un ejemplo ya que se cree que alcanzó los 131 años –esa sería su edad, pero de coqueta se sumaba más años- por tener un régimen alimentario esencialmente vegetariano, pero con consumo de carne de cerdo una vez a la semana. 
  • Huevos en el desayuno: La italiana Emma Morano murió a los 117 años, en 1017.  Su secreto de longevidad fueron 3 huevos diarios (2 de ellos, crudos) hasta que cumplió 90 años; luego, los redujo a dos. 
  • Tener fortaleza: La longeva Emma Morano, dejó a un marido que la hacía infeliz, luego de haber perdido un bebé y cuando el divorcio aún no existía en Italia; nunca más quiso casarse “para no depender de nadie”, según declaró al periódico The New York Times en 2015. 

amor

Dar y recibir amor, en cualquiera de sus formas, también prolonga la vida.

  • Rodearse de amor: El indonesio Sodimedjo, también conocido como Mbah Ghoto (Pépé Ghoto), fue el hombre más longevo de la historia. Si se puede dar crédito a su documentación, tenía 146 años cuando murió en 2017.  Siempre fumó, pero “Yo he tenido una vida larga porque muchas personas me quisieron y cuidaron”, declaró una vez en un reportaje radial.  
  • Consumir productos locales: La jamaiquina Violet Mosse Brown murió a los 117 y comía de todo, excepto pollo, cerdo y ron. El periódico Jamaica Observer detalló que su dieta se basaba en papas, mangos, castañas y naranjas cultivados en la isla..

Imagen de portada: Hay pocos chicos en Japón | TWITTER

FUENTE RESPONSABLE: Editorial Perfil. Por Monica Martín; Editora. Abril 2022.

Sociedad/Japón/Longevidad/Record mundial

 

 

 

¿Somos más felices cuando envejecemos? Hay una edad clave.

MÁS AÑOS, MÁS VIDA

Cumplir años conlleva un paulatino deterioro de nuestras capacidades, que puede ser más o menos rápido en función de nuestro estilo de vida. Pero más años es también más experiencia y digamos que más sabiduría.

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Cumplir años nos hace mucha ilusión de pequeños; tal vez por la fiesta que rodea al cumpleaños, y a los ansiados regalos, no somos conscientes de lo que significa hacernos mayores. Poco a poco ganamos esa percepción que nos sitúa dentro de la línea del tiempo, y en la que podemos sentirnos más o menos cómodos. Cuando somos adolescentes, proyectamos lo que será nuestra futura vida adulta. Nos fijamos en ese límite que es la mayoría de edad, en la que pensamos que podremos tomar nuestras propias decisiones y tener independencia. Alcanzamos la treintena, y la edad pasa a un segundo plano frente a preocupaciones como el trabajo o formar una familia y los hijos. Hasta que llega la famosa crisis de los cuarenta, una cierta angustia vital, y los años nos empiezan a preocupar más por las patas de gallo que por otras cuestiones. 

A partir de los cincuenta podemos estar pensando en la antesala de la jubilación y en si disfrutaremos esa ansiada libertad con salud.

A partir de los cincuenta podemos estar pensando en la antesala de la jubilación y en si podremos disfrutar de esa ansiada libertad con salud. Y sentimos el azote del declive hormonal, tanto si somos mujeres como hombres.

¿Y después? Con suerte disfrutaremos de algunas décadas más de vida, en relativa salud y dulce compañía. Este es un resumen algo crudo y lleno de tópicos sobre cómo percibimos las diferentes etapas vitales. Pero los datos parecen indicar que algo de verdad se esconde detrás de estas ideas.

Más años, menos preocupaciones.

Hace algunos años, la consultora Gallup publicó un estudio que recibió bastante atención en los medios y que venía a afirmar que la felicidad puede llegar a partir de los cincuenta. Este sondeo pedía a los participantes que calificaran de 1 a 10 su satisfacción vital, así como si habían experimentado el día anterior alguno de los siguientes sentimientos: felicidad, estrés, preocupación, ira, tristeza o satisfacción.

Foto: iStock.

Los resultados fueron sorprendentes: la relación entre satisfacción vital y edad tendría forma de una ‘U’. Alrededor de la mayoría de edad, nos sentimos bien en nuestra burbuja adolescente en la que apenas tenemos percepción del riesgo y el impulso vital es elevado. Conforme alcanzamos la madurez, las nuevas responsabilidades laborales o familiares van minando ese bienestar. 

A partir de los 50 años, sin embargo, empieza a recuperarse ese índice de satisfacción para superar el de la adolescencia a los 85 años de edad. Esta distribución en forma de ‘U’ se reproduce también en un estudio con más de medio millón de personas de 132 países, que estima que el peor momento vital se sitúa a los 47 años de edad.

Esto puede relacionarse con el retrato que pintábamos del ciclo vital al inicio de este artículo, al menos para los baby boomers y generación X: a mediados de los cuarenta vienen los divorcios, problemas laborales más acuciantes, cuidado de mayores e hijos adolescentes. Un cóctel de situaciones que pueden hacer más difícil alcanzar el bienestar.

Las personas mayores son más felices

Así de rotundo es el título de esta charla TED de Laura Carstensen, psicóloga e investigadora del Centro de Longevidad de la Universidad de Stanford. Esta investigadora ha desarrollado una larga carrera en la que ha profundizado en la relación entre satisfacción vital y la edad. Y todo parece indicar que cuanto mayores somos, mayor es nuestra resiliencia y nuestra capacidad para adoptar un camino que nos lleve a la felicidad. 

La experiencia y el conocimiento de que el tiempo es finito nos llevan a dar relevancia a lo verdaderamente importante.

Este hecho se ha visto reflejado durante la crisis por covid-19, donde Carstensen pudo constatar que los mayores han sobrellevado mejor emocionalmente la pandemia que los adultos o los jóvenes. Y ello a pesar de que el virus ha azotado con mucha mayor violencia a los mayores, algo que sorprendió y mucho a los investigadores. Y es que parece que, con la edad, tendemos a mirar el lado bueno de la vida. Los mayores tienen mejor capacidad para recordar las cosas positivas que han experimentado frente a las negativas. Y la experiencia y el conocimiento de que el tiempo es finito nos llevan a dar relevancia a lo verdaderamente importante. Esto no implica que no haya habido personas mayores que han sufrido muy directamente el impacto de la pandemia y con mayor crudeza debido a su salud frágil, al aislamiento de sus familiares y a la soledad. Pero las tendencias poblacionales en ese estudio mantienen lo observado previamente a la pandemia: la experiencia es un grado, también en el aspecto emocional.

El apoyo social, clave de la felicidad.

Carstensen da otra de las claves para la felicidad de las personas mayores, y es el apoyo social. Cuando alcanzamos la tercera edad, algo puede marcar la diferencia entre la plenitud o la tristeza: unas relaciones cercanas fuertes o la soledad y el abandono más absoluto. Las personas mayores parecen tender a reforzar sus relaciones sociales si tienen la posibilidad, algo a lo que también contribuye el mayor tiempo disponible tras la jubilación.

La japonesa Misao Okawa, soplando las velas por su 116 cumpleaños. (EFE)

La japonesa Misao Okawa, soplando las velas por su 116 cumpleaños. (EFE)

Y esta es además una de las características de las Zonas Azules, como mencionamos en este espacio. En estas sociedades se vive en comunidad, fuera del aislamiento al que nos empuja la vida moderna en las grandes ciudades, con horarios que son prácticamente incompatibles con la familia, y por ende con los amigos. Pero Carstensen sostiene que no solo el apoyo social es necesario para un envejecimiento feliz. Conforme vamos añadiendo años en salud a nuestra vida, los sistemas económicos, sociales y sanitarios, diseñados en el siglo XX y con una longevidad en salud inferior, van quedando obsoletos.

Líderes en longevidad, no tanto en felicidad.

Los datos que hemos señalado anteriormente hacen referencia a estudios realizados en EEUU, y que no tienen por qué reproducirse en nuestro entorno.

Si nos vamos a la Encuesta de Condiciones de Vida, del Instituto Nacional de Estadística, en el año 2013 se incluyó un módulo de preguntas sobre bienestar, que fue repetido en la edición 2018 de este cuestionario. 

Entre otras, se incluyen dimensiones como la confianza en los demás, las relaciones personales, la seguridad o la satisfacción con la situación laboral. También se incluyen preguntas sobre los sentimientos en las últimas cuatro semanas: si se sintió calmado y tranquilo, desanimado y deprimido, tenso, o feliz.

En este caso, no observamos la misma tendencia que en los estudios de Gallup o de Carstensen: son los más jóvenes los que más a menudo se han sentido felices, superando el 80% entre los 16 y los 34 años de edad. 

Y en relación con la satisfacción vital, de nuevo los más mayores (por encima de 65 años) son los que puntúan más bajo, frente a los jóvenes de 16 a 24 años. Estos datos contradicen la distribución en forma de U en nuestro país. El propio INE señala que más de dos millones de mayores de 65 años viven solos, siendo peor la situación para las mujeres: el 42% de las mujeres de más de 80 años viven solas, frente al 21% de hombres. 

Nuestra sociedad no está aún preparada para facilitar un entorno plenamente satisfactorio a una población cada vez más envejecida.

A esto añadamos que nuestro país se sitúa en el puesto número 27 en el Índice Global de la Felicidad de la ONU, una clasificación encabezada tradicionalmente por los países nórdicos. 

Siendo líderes en esperanza de vida a la par con Japón, tal vez no lo seamos tanto en felicidad. Probablemente, Carstensen tenga razón: nuestra sociedad no está aún preparada para facilitar un entorno plenamente satisfactorio a una población cada vez más envejecida y con una mayor esperanza de vida.

Podemos prevenir y posponer las enfermedades asociadas al envejecimiento, podemos intervenir en mejorar nuestra funcionalidad, en un futuro quizás no muy lejano, tendremos tratamientos que alarguen nuestra existencia, pero ¿quién quiere vivir más de 100 años y no ser feliz? 

Sin duda, la salud y el bienestar son claves para un envejecimiento saludable, pero la felicidad no lo es menos.

Imagen de portada: El venezolano Juan Vicente Pérez, a la edad de 111 años. (EFE/Johnny Parra).

FUENTE RESPONSABLE: Alimente-Vida Sana. El Confidencial. España.Por el Dr. Alejandro Durantez Prados es doctor en Medicina y Cirugía. Titulado en Age Management Medicine en EEUU, es pionero en su aplicación en España. Abril 2022.

Sociedad y Cultura/Salud/Bienestar/Longevidad

Cómo se relacionan el comportamiento y la psicología con la longevidad.

Según la videncia disponible, la longevidad depende en un 20% de factores genéticos y un 80% de factores ambientales y comportamentales, incluidos los psicológicos.

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En la cantidad de años que vivimos influyen muchos factores, desde los genéticos, hasta nuestro estilo de vida, pasando por nuestro nivel socioeconómico o el lugar en el que vivimos. 

Hay factores que no los podemos modificar, como los genéticos, pero otros que nuestra conducta puede cambiar significativamente. Para saber hasta qué punto la psicología y nuestro comportamiento influye en nuestra longevidad se han llevado a cabo varios estudios y proyectos, entre ellos el Proyecto Psybel, cuya principal responsable, la doctora en psicología Rocío Fernández-Ballesteros, presentó los primeros resultados en la Academia de Psicología de España.

La longevidad, un éxito del comportamiento humano.

La longevidad humana se ha disparado casi exponencialmente desde mitad del siglo XIX. 

Y es curioso, pues, hasta entonces, en toda la historia de la humanidad, la esperanza de vida se había mantenido estable en torno a los 36 años. Menos de 200 años después la esperanza de vida está en torno a los 80 años. 

Es más, se prevé que en 2050 la población de personas mayores alcance los 2.100 millones de personas, y que habrá más del doble de personas de más de 60 años que niños menores de cinco años, y el 80% de esas personas vivirán en países menos desarrollados.

Sin duda, esto se debe a los avances científico médicos, pero, no solo eso, pues, según Rocío Fernández-Ballesteros, “el comportamiento humano permite explicar, en cierta medida, la supervivencia y la longevidad. 

Desde tiempos de Napoleón, además de producirse grandes avances como los antibióticos y las vacunas empezaron a implantarse medidas de higiene básicas, como lavarse las manos, y también se han incrementado las aptitudes mentales”. 

Y es que la longevidad es, al fin y al cabo, una medida del éxito de la humanidad, un éxito que, teniendo en cuenta toda la evidencia científica disponible, depende en un 20 % a factores intrínsecos (genéticos) y un 80 % a factores extrínsecos (ambientales), aunque ambos factores interactúen entre sí.

¿Cómo influye los aspectos psicológicos en la longevidad?

Dentro del 80% de factores externos que influyen en la longevidad, hay muchísimas variables: socioculturales y demográficas, socioeconómicas, estilo de vida, pero también psicológicas, como la personalidad, la actitud, etc.

Algunas de ellas están muy estudiadas, sobre todo las relativas al estilo de vida, y esta más que demostrado desde hace años que unos hábitos saludables (buena alimentación, no consumir tóxicos, evitar la obesidad y llevar una vida activa) se relacionan directamente con la longevidad. 

También se sabe que influyen de manera positiva tener un nivel socioeconómico alto o vivir en determinados lugares. Está menos estudiado, en cambio, cómo tener una determinada actitud, la cognición, la motivación o la personalidad nos puede hacer vivir más años o con una mayor calidad de vida, que es en lo que se enfoca el proyecto Psybell, en promover un envejecimiento saludable.

Entre las conclusiones a las que se ha llegado en este aspecto son que hay determinadas actitudes y variables psico-comportamentales que favorecen que vivamos más años, como:

•La cognición. Existe una asociación positiva entre la inteligencia y la longevidad. Cuando más inteligencia tengamos más probabilidades de llegar a una edad media-alta. Sin embargo, a partir de esa edad media alta, la supervivencia depende menos de la inteligencia y más de otros factores, como se explica en este artículo.

•Autopercepción del envejecimiento. Según datos del estudio Salud y jubilación (HRS), que se lleva a cabo en Estados unidos desde 1992, tener una autopercepción negativa de nuestro propio envejecimiento repercute de manera negativa en la longevidad, y, por el contrario, tener una autopercepción positiva, elevas las probabilidades de vivir en los años siguientes.

•Tener un propósito en la vida, una motivación, proyectos… favorece que prolonguemos la vida durante más tiempo.

•Participar con frecuencia en actividades, pero que no supongan un gran compromiso, también favorecen la longevidad.

•La satisfacción con la propia salud. A más satisfacción con la propia salud, más tiempo restante de vida.

•La tenacidad, a más tenacidad, más probabilidades de sobrevivir en los años siguientes.

A estas conclusiones se añadió otra variable, que son los cambios comportamentales producidos por programas conductuales de intervención

Para valorarla, se tuvo en cuenta cómo participar en un programa que promueva hábitos saludables durante la tercera edad favorece que se prolongue la vida. 

En concreto, tomó como referencia Vivir con Vitalidad un programa, capitaneado por la profesora Rocío Fernández-Ballesteros, en el que se pone a disposición de los usuarios un conjunto de orientaciones, consejos y formas de actuar con el propósito de envejecer positivamente, consejos no solo destinados a mejorar hábitos, sino también a promover las aptitudes cognitivas, afectivas y sociales. 

Y es que, según afirma la propia Rocío, estos estudios y programas, ponen de manifiesto que la “psicología es una disciplina clave en materia de salud, y no solo de salud mental. Por eso se requiere su presencia en los contextos en los que se implementen programas de la promoción de la salud y de la longevidad saludable”. 

Imagen de portada: Tener una percepción positiva de la propia vejez favorece la longevidad. Por Andrea Piacquadio / Pexels.

FUENTE RESPONSABLE: Salud. Por MERCEDES BORJA. España. Abril 2022

Sociedad y Cultura/Salud/Longevidad/Psicología/Comportamiento 

 

Por qué sigue siendo un misterio científico que algunas personas puedan vivir más de 100 años.

Un hombre de 35 años tiene solo un 1,5% de posibilidades de morir en sus próximos 10 años; el mismo hombre tiene a los 75 años un 45% de posibilidades de morir antes de cumplir los 85.

Claramente, el envejecimiento es malo para nuestra salud. Pero si vemos el lado positivo, hemos logrado un gran progreso entendiendo los mecanismos fundamentales que controlan el envejecimiento y las enfermedades relacionadas con la vejez.

Varios procesos biológicos estrechamente vinculados, a veces llamados «sellos distintivos del envejecimiento», que incluyen nuestro suministro de células madre y la comunicación entre las células, actúan para mantenernos saludables en la primera parte de nuestras vidas. Los problemas surgen cuando comienzan a fallar.

Actualmente se están haciendo ensayos clínicos para ver si el atacar algunos de estos sellos distintivos puede ayudar a mejorar afecciones relacionadas con la edad, como la enfermedad renal diabética, aspectos de la función inmunológica y la fibrosis pulmonar, entre otras. Hasta aquí todo bien.

Pero desafortunadamente, quedan grandes preguntas sin respuesta en la biología del envejecimiento.

Para evaluar cuáles son y cómo abordarlas, la Federación Americana para la investigación del envejecimiento (AFAR), una organización benéfica, convocó recientemente una serie de reuniones con científicos y médicos destacados en el área.

Los expertos coincidieron en que es clave comprender qué tiene de especial la biología de los humanos que viven más de un siglo.

Los centenarios representan menos del 0,02% de la población de Reino Unido, pero han superado la esperanza de vida de sus pares por casi 50 años (los bebés nacidos en la década de 1920 tuvieron de media una esperanza de vida de menos de 55 años). ¿Cómo lo hicieron?

Los hijos de los centenarios son más saludables

Sabemos que los centenarios viven tanto tiempo porque son excepcionalmente sanos.

Perros.

FUENTE DE LA IMAGEN -GETTY IMAGES

Los perros pequeños suelen vivir más que los grandes.

Gozan de buena salud durante unos 30 años más que la mayoría de las personas normales y, cuando finalmente se enferman, solo lo están por un período muy breve.

Esta «compresión de la morbilidad» es claramente buena para ellos, pero también beneficia a la sociedad en su conjunto.

En Estados Unidos los costos de atención médica de una persona que tiene 100 años o más durante sus últimos dos años de vida son aproximadamente un tercio de los de alguien que muere a los 70 (una época en la que la mayoría de los centenarios ni siquiera necesitan ver a un médico).

Los hijos de los centenarios también son mucho más saludables que el promedio, lo que indica que están heredando algo beneficioso de sus padres. Pero, ¿es esto genético o relativo al entorno?

Los centenarios no siempre son cuidadosos con su salud.

¿Son los centenarios el modelo de un estilo de vida saludable?

Entre la población en general, vigilar su peso, no fumar, beber moderadamente y comer al menos cinco porciones de frutas y verduras al día puede aumentar la esperanza de vida hasta en 14 años en comparación con alguien que no hace ninguna de estas cosas.

Esta diferencia es mayor a la que se observa entre los habitantes de las áreas más y menos desfavorecidas de Reino Unido, por lo que, intuitivamente, se esperaría que desempeñara un papel cuando se trata de vivir más de un siglo.

Pero sorprendentemente, este no tiene por qué ser el caso.

Persona de la tercera edad viendo por la ventana.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

¿Hay una genética especial que explique por qué hay personas que viven más de 100 años?

Un estudio encontró que cerca del 60% de los judíos asquenazíes con más de 100 años han fumado mucho la mayor parte de sus vidas, la mitad vive con sobrepeso durante el mismo período de tiempo, menos de la mitad hace ejercicio frecuentemente y menos del 3% es vegetariano.

Los hijos de las personas que viven 100 años o más tampoco parecen ser más cuidadosos con su salud que la población en general.

Sin embargo, en comparación con sus pares que consumen el mismo tipo de alimentos y cuentan con el mismo nivel de riqueza y peso corporal, los centenarios tienen la mitad de la tasa de prevalencia de enfermedades cardiovasculares.

Hay algo innatamente excepcional en estas personas.

El gran secreto

¿Podría deberse a una genética especial? Si es así, hay dos formas en las que podría funcionar.

Los centenarios podrían portar variantes genéticas inusuales que prolongan la vida o, en cambio, pueden carecer de otras más comunes que causan enfermedades y trastornos en la vejez.

Varios estudios, incluido nuestro propio trabajo, han demostrado que los centenarios tienen tantas variantes genéticas malas como la población en general.

Algunos incluso portan dos copias del gen de riesgo común más grande que se conoce en torno a la enfermedad de Alzheimer (APOE4), pero aun así no contraen la enfermedad.

Entonces, una hipótesis de trabajo plausible es que los centenarios tienen variaciones genéticas beneficiosas y raras en lugar de carecer las que causan desventajas. Los mejores datos disponibles apoyan esta hipótesis.

Dos personas de la tercera edad.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Más del 60% de los centenarios tienen cambios genéticos que alteran los genes que regulan el crecimiento en la vida temprana.

Esto implica que estas personas son ejemplos humanos de un tipo de extensión de la vida observada en otras especies.

La hormona del crecimiento

La mayoría de la gente sabe que los perros pequeños tienden a vivir más que los grandes, pero pocos creen que se trata de un fenómeno generalizado en todo el reino animal.

Los ponis pueden vivir más que los caballos y muchas ratones de laboratorio con mutaciones enanas viven más que sus pares más grandes.

Una posible causa de esto son los niveles reducidos de una hormona del crecimiento llamada IGF-1, aunque los humanos centenarios no son necesariamente más bajos que el resto de nosotros.

Obviamente, la hormona del crecimiento es necesaria en una etapa temprana de la vida, pero cada vez hay más evidencia de que los niveles altos de IGF-1 en una edad adulta o en la vejez se asocian con un aumento de la enfermedad durante la tercera edad.

Los mecanismos detallados en torno a esto siguen siendo una incógnita abierta, pero incluso entre los centenarios, las mujeres con los niveles más bajos de la hormona del crecimiento viven más tiempo que las que tienen mayores niveles. También tienen una mejor función cognitiva y muscular.

Sin embargo, eso no aclara la duda. Los centenarios también son diferentes del resto de nosotros en otros aspectos. Por ejemplo, tienden a tener buenos niveles de colesterol, lo que sugiere que puede haber varias razones para su longevidad.

En última instancia, los centenarios son «experimentos naturales» que nos muestran que es posible vivir con una salud excelente incluso si te han trasmitido genes no tan buenos o incluso si se elige no prestar atención a los mensajes relacionados con la salud. Lo importante es tener mutaciones raras y de las que ahora se entiende poco.

Comprender exactamente cómo funciona esto debería permitirles a los científicos desarrollar nuevos medicamentos o intervenciones para procesos biológicos en los tejidos correctos en el momento adecuado.

Si esto se convierte en una realidad, tal vez más de nosotros podremos pasar al próximo siglo.

Pero, hasta entonces, no aceptes los consejos de estilo de vida saludable de las personas de 100 años.

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES-Hideko Arima celebrando su cumpleaños número 101 en su pequeño bar en Tokio.

FUENTE RESPONSABLE: The Conversation* Por Richard Faragher y Nir Barzilai. Noviembre 2021.

Sociedad y Cultura/Longevidad/Salud/Genética

El estilo de vida, la clave para vivir más de 100 años.

Ciencia

El médico gerontólogo Carlos Presman dijo a Cadena 3 que «la obesidad, la diabetes y la hipertensión son objeto de estudio para evitar la muerte y prolongar los años de vida».

Carlos Presman, médico gerontólogo (M.P. 17871, M.E. 5380), opinó sobre las recientes investigaciones científicas que indican que las modificaciones en la dieta, la actividad física y actitud mental pueden retrasar el proceso de envejecimiento y las enfermedades relacionadas con el avance de la edad.

“Estos estudios científicos recientemente publicados van en el mismo sentido alrededor de la problemática del envejecimiento y es que durante décadas se buscaba en el secreto del genoma, o sea en la secuencia de los genes, la posibilidad de vivir más allá de los 100 años”, indicó Presman a Cadena 3.

Y añadió: “Pero toda la evidencia viene a demostrar que la carga genética impacta apenas en un 10% de la longevidad total, con lo cual todas las intervenciones que se pensaban sobre el material genético se están dejando de lado y se está empezando a investigar y construir evidencia de que las personas que viven muchos años dependen básicamente de las condiciones de vida o lo que se llama estilo de vida”.

“Las confirmaciones más evidentes son la actividad física regular: la conjunción de la accesibilidad a la comida y el sedentarismo ha sido muy terrible para la humanidad y hace que la longevidad que traíamos de nuestros antepasados la estamos dilapidando por el confort o los beneficios que nos parece dar la sociedad de consumo”, explicó.

Por otra parte, señaló: “La obesidad, la diabetes y la hipertensión son objeto de estudio para evitar la muerte y prolongar los años de vida. Para evitar estas patologías, se requiere hacer media hora de actividad física por día y una alimentación con frutas y verduras”.

En cuanto a la actitud mental, el médico sostuvo que “lo que extiende la vida es el optimismo, tener un proyecto extiende la vida en un promedio de 10 o 15 años”.

“Vivimos porque tenemos biología, pero existimos porque alguien necesita de nosotros o nosotros necesitamos de alguien”, cerró.

Imagen de portada: Gentileza de CADENA 3 FM CÓRDOBA

FUENTE RESPONSABLE: CADENA 3 FM CÓRDOBA Informe de Alejandro Bustos.

Longevidad/Estilo de vida/Actividad física/Optimismo/100 años

LONGEVIDAD:¿Cuánto debes dormir para vivir más?

La deficiencia del SUEÑO está relacionada con numerosas condiciones de salud que limitan la vida, tales como: enfermedad cardíaca, enfermedad renal, presión arterial alta, diabetes y accidente cerebrovascular. Para prolongar su vida, tener suficiente sueño es crucial.

Cuando no estés durmiendo lo suficiente, lo sabrás: si te despiertas sin sentir el descanso y con fallas en tu estado de alerta o algo no funciona y la sensación de letargo puede extenderse durante todo el día.

El Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre identificó dos tipos básicos de sueño:

  • REM (movimiento ocular rápido)
  • No REM
  • La etapa no REM se conoce como «sueño profundo», mientras que el sueño REM es cuando una persona está soñando.

Los estudios han demostrado que la falta de sueño también puede causar dificultades con:

  • Tomar decisiones
  • Resolver problemas
  • Controlar las emociones
  • Controlar los impulsos
  • Hacer frente al cambio
  • La falta de sueño también se ha relacionado con la depresión y la conducta de riesgo.

Teniendo en cuenta lo importante que es el sueño para tu salud física y mental, ¿cuánto necesitas dormir realmente?

 

El Dr. Daniel Kripke y su equipo de investigación continuaron investigando esta misma pregunta.

Con la participación de más de un millón de participantes durante un período de 6 años, el Dr. Kripke y su equipo de la Universidad de California propusieron lo siguiente.

Descubrieron que 7 horas es la cantidad óptima de tiempo que una persona necesita para extender su longevidad.

Sorprendentemente, dormir más de siete horas se relaciona con una menor longevidad.

Además, dormir menos de cinco horas y media también fue perjudicial para la salud de las personas.

 Cómo conseguir un sueño de buena calidad

Lo más importante es que deje suficiente tiempo para dormir todas las noches y mejore sus hábitos de sueño.

Esto puede implicar irse a la cama y despertarse a la misma hora todos los días, incluso en los días libres del trabajo.

Si tiene un descanso cuando sea posible, trate de no hacer más de una hora de diferencia.

Una hora antes de acostarse debe reservarse para relajarse, lo que significa no mirar luces artificiales brillantes desde una pantalla.

Imagen de la portada: Gentileza de Terra

FUENTE RESPONSABLE: Terra

Longevidad/Dormir/Sueño