Las cuevas de Longyou, el misterio arqueológico de 2000 años que nadie logró resolver.

Descubiertas en 1992, poco se sabe aún sobre este yacimiento de 30.000 metros cuadrados ubicado en el extremo sudoriental de China.

Imagen de portada: Grabados en la entrada de una de las 24 cuevas de Longyou – Facebook Siente China

Ubicadas en la provincia china de Zhejiang, las cuevas de Longyou son uno de los misterios que desvelan a los arqueólogos. 

Este yacimiento artificial de más 30.000 metros cuadrados fue descubierto gracias a la curiosidad de los habitantes de la zona. A casi tres décadas de ese hallazgo fortuito, su origen y su construcción continúan siendo un gran interrogante.

Las cuevas de Longyou han sido un lugar poco frecuentado de esa parte sudoriental de China. Pero no por la escasa afluencia la obra arquitectónica es menos interesante.

Independientemente de la baja afluencia de personas, existe un gran enigma en torno a estas gigantescas estructuras subterráneas: ¿Quiénes las construyeron y por qué?

No son muchas las personas que se acercan hasta las cuevas de Longyou, en el extremo sudoriental de China, pero su origen es un  misterio que desvela a multitudes

No son muchas las personas que se acercan hasta las cuevas de Longyou, en el extremo sudoriental de China, pero su origen es un misterio que desvela a multitudes – Magnet

Para conocer la historia del descubrimiento de las cuevas de Longyou debemos remontarnos a 1992. Wu Anai, un poblador de la aldea Shiyan Beicun decidió reunir dinero junto con otros vecinos para dilucidar algo que los intrigaba: cuán profundo era el estanque donde solían bañarse o ir a pescar.

Valiéndose de una poderosa bomba extractora, los vecinos trabajaron durante días en ese espejo de agua. Así, luego de tres semanas de drenaje, se descubrió que lo que llamaban estanque en realidad se trataba de una cueva. Esa fue la primera de las 24 estructuras descubiertas hasta la actualidad.

Casi sin proponérselo, los aldeanos dieron con un yacimiento de limolita del que nadie había oído hablar. Conocidas también como las cámaras de piedra de Xiaonanhai, los investigadores han concluido que, lejos de ser un yacimiento de origen natural, se trata de una obra artificial.

Si se consulta Google Maps, uno de los servicios cartográficos más utilizados a nivel mundial, las cuevas de Longyou son fácilmente localizables. En dicha herramienta web se las describe como un conjunto de cuevas hechas por el hombre. Pero no faltaron quienes se alejaron de la versión oficial y las vincularon a civilizaciones extraterrestres.

Y para formular tal especulación, los expertos toman en cuenta distintos elementos de las cuevas de Longyou. Uno de ellos es la superficie. El área total mide 30.000 metros cuadrados, con una altura máxima de 30 metros. Para realizar todo el complejo hubiese sido necesario extraer casi 1.000.000 de metros cúbicos de roca.

Más allá de cualquier cálculo científico basado en el tamaño de las cuevas de Longyou, nada se sabe acerca de qué destino tuvo el material rocoso extraído del lugar. Tampoco existen precisiones sobre el tiempo ni la mano de obra empleados en la construcción: se calcula que habrían sido construidas alrededor de 2000 años atrás.

Un grupo de turistas visita una de las cuevas de Longyou, en el extremo sudoriental de China

Un grupo de turistas visita una de las cuevas de Longyou, en el extremo sudoriental de China – Facebook Siente China

Jia Gang, profesor de la Universidad de Tongji especializado en ingeniería civil, se mostró desconcertado cuando conoció las cuevas. El experto sumó otro interrogante al dilema y planteó la necesidad de un elemento indispensable para la construcción del complejo subterráneo. 

“Debería haber lámparas, porque la boca de la cueva es muy pequeña y la luz del sol solo puede ingresar en la cueva en un cierto ángulo, durante un cierto período de tiempo. A medida que uno avanza en la cueva, la luz se vuelve más tenue. En el fondo de la cueva, a una docena de metros de la boca, apenas se podía ver”, estimó.

En 2017, un experto multidisciplinario del Instituto de Arqueología de la Academia China de Ciencias Sociales sostuvo que toda la construcción debió haber estado planificada. 

“En el fondo de cada cueva, los constructores no podrían ver lo que estaban haciendo los demás en la siguiente gruta. Pero el interior de cada cueva tenía que ser paralelo al de la otra, de lo contrario, la pared quedaría perforada. Por tanto, el aparato de medición debía ser muy avanzado. De antemano, debe haber habido algún diseño sobre los tamaños, ubicaciones y distancias entre las cuevas”, enumeró Yang Hongxun.

Las columnas, paredes y techos de las cuevas de Longyou presentan marcas sorprendentemente uniformes

Las columnas, paredes y techos de las cuevas de Longyou presentan marcas sorprendentemente uniformes – YouTube

En paralelo a su extensión, el elemento más llamativo son las marcas regulares en las columnas, paredes y techos de piedra de todas las cuevas de Longyou. Se trata de una serie de estrías paralelas cinceladas con un ángulo de 60 grados. A su vez, cada una de las paredes que separan una cueva de la otra poseen un grosor de 50 centímetros.

Otro de los elementos curiosos son los pilares de las cuevas. Dichas columnas de roca, que también presentan el mismo tallado, han sido dispuestas en línea y evitan que toda la estructura colapse. Llama la atención que no exista registro de semejante obra en una cultura milenaria que ha documentado sus avances a lo largo de los siglos.

¿Encargadas por una dinastía?

En el interior de la cueva de Longyou se han encontrado representaciones de aves, caballos, peces y dragones. Algunos tienden a creer que se trata de la representación de los cuatro elementos: agua, aire, fuego y tierra. Pero estas imágenes podrían ser un indicador de la época en la que se habrían construido.

Se estima que las cuevas de Longyou fueron construidas hace 2000 años, pero no hay registro de la obra

Se estima que las cuevas de Longyou fueron construidas hace 2000 años, pero no hay registro de la obra – Hughes News Today

Como publica el sitio MAGNET, las pinturas presentes en las paredes hacen suponer que todo el yacimiento fue ordenado por un emperador. De hecho, las ilustraciones de los pájaros que se repiten en las distintas cuevas sugieren una relación con la dinastía Dongyi. Para esta civilización, que gobernó en la zona de la China oriental entre 1500 y 1900 años atrás, las aves eran todo un símbolo.

La poca concurrencia a las cuevas de Longyou ha sido aún diezmada por la pandemia de coronavirus. Sin embargo, quien lo desee puede visitar por menos de 10 dólares esta magnífica y misteriosa obra arquitectónica bajo tierra.

FUENTE: LA NACIÓN – El Mundo – Por Diego Cioccio

Un “portal al inframundo”

El antiguo misterio romano que fue resuelto por científicos.

 

Ruinas de la ciudad de Hierápolis donde se encuentran los restos del santuario de Plutonio

En Pamukkale, en el oeste de Turquía, una enorme formación de roca blanca se eleva sobre la llanura circundante.

La montaña cae en forma de cascadas petrificadas hasta el fondo del valle, llenándolo de estalactitas y charcos de agua turquesa brillante.

Estas formaciones rocosas se llaman travertinos, acantilados de piedra caliza creados lentamente durante 400.000 años por el burbujeo de manantiales minerales.

En su proceso de formación, el agua se desgasifica a medida que fluye por la ladera, dejando un gran depósito de carbonato de calcio blanco brillante de casi 3 kilómetros de largo y 160 metros de alto.

Este no es el único lugar del planeta donde se encuentran los travertinos. Hay más en Huanglong, China, y Mammoth Hot Springs en el Parque Nacional Yellowstone, Estados Unidos.

Pero los de Pamukkale son los más grandes y posiblemente los más magníficos del mundo. Son una de las atracciones turísticas más populares del país y son tan espectaculares que su nombre en turco significa “castillo de algodón”.

Antes de la pandemia, más de 2,5 millones de personas al año viajaban hasta Pamukkale desde Esmirna o Estambul, saliendo de los autobuses turísticos en la cima de la deslumbrante meseta y pululando por el paisaje como hormigas en un gigantesco montículo de azúcar antes de dirigirse a las playas de Bodrum o las ruinas históricas de Éfeso.

Pero los visitantes que simplemente sumergen los dedos de los pies en las vívidas piscinas minerales y se toman una selfie frente a las columnas naturales se pierden un detalle. Porque encaramado en lo más alto de los riscos blancos de Pamukkale se encuentra una atracción aún más fascinante: las ruinas de la hermosa ciudad antigua de Hierápolis.

Una ciudad con un espectáculo “escalofriante”

Hierápolis fue fundada por los reyes atálidos de Pérgamo a finales del siglo II a. C. antes de ser tomada por los romanos en el año 133 d. C.

Bajo el dominio romano, el lugar se convirtió en una próspera ciudad balnearia. Durante el siglo III, visitantes de todo el Imperio llegaban para admirar el paisaje y bañarse en las supuestamente curativas aguas.

El éxito de la ciudad todavía es visible en su impresionante puerta de entrada arqueada, su calle principal con columnas y su anfiteatro bellamente restaurado, todo construido con la misma piedra travertino local que brilla dorado bajo el cálido sol turco.

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Las aguas cargadas de calcita de Pamukkale han creado un paisaje surrealista de cuencas en terrazas y cascadas petrificadas.

“Las aguas termales son probablemente una de las principales razones de la fundación de la ciudad”, dice la Dra. Sarah Yeomans, arqueóloga de la Universidad del Sur de California especialista en el Imperio Romano. “A mediados del siglo II, Hierápolis fue una hermosa y bulliciosa ciudad balneario con lo que imagino que era una población dinámica y diversa dada la popularidad de esos lugares entre los visitantes”.

Pero Hierápolis también era conocida en todo el mundo romano por otra razón más siniestra. Se decía que era la ubicación de una “puerta al infierno”, un portal al inframundo donde el aliento tóxico del perro de tres cabezas Cerbero fluía desde el suelo, reclamando víctimas desprevenidas en nombre de su maestro, el dios Plutón.

La ciudad incluía un santuario, el Plutonio, al cual los peregrinos llegaban desde distintas partes y pagaban a los sacerdotes para que hiciesen sacrificios en nombre de Plutón.

Los escritores de la época, incluidos Plinio el Viejo y el geógrafo griego Estrabón, describieron estos sacrificios como un espectáculo escalofriante.

Los sacerdotes llevaban animales al santuario, como ovejas o toros. Por “la mano del dios”, el animal cayó muerto instantáneamente mientras que el sacerdote salía vivo.

“Tiré gorriones, y de inmediato dieron su último suspiro y cayeron”, escribió Estrabón en el Libro 13 de su enciclopedia Geografía, claramente asombrado por lo que acababa de presenciar.

Si se visita Plutonio hoy, resulta difícil imaginar que esas escenas dramáticas hayan sido reales.

Ahora excavado y restaurado, el santuario es un lugar tranquilo que incluye un recinto rectangular lleno de agua cristalina y una pequeña entrada arqueada en un lado. En la parte superior hay asientos escalonados para los espectadores y una réplica de la estatua de Plutón.

¿Cómo podían sobrevivir los sacerdotes mientras los animales morían?

Dióxido de carbono en niveles “ultra altos”

Hardy Pfanz, un biólogo de la Universidad de Duisburg-Essen en Alemania que estudia los gases geogénicos, se mostraba intrigado.

“Cuando leí las descripciones de los escritores antiguos, comencé a preguntarme si podría haber una explicación científica”, dice. “Me preguntaba, ¿podría esta puerta al infierno ser un respiradero volcánico?”

BELLA FALK

Templo a Plutón.

Deseoso de probar su teoría, Pfanz viajó a Hierápolis en 2013. “No estábamos seguros de lo que encontraríamos. Podría haber sido inventado, podría haber sido nada”, se rió. “Ciertamente no esperábamos obtener una respuesta tan rápido”.

Pero obtuvo una respuesta, casi de inmediato. “Vimos decenas de criaturas muertas alrededor de la entrada: ratones, gorriones, mirlos, muchos escarabajos, avispas y otros insectos. Entonces, supimos de inmediato que las historias eran ciertas”.

Cuando Pfanz probó el aire alrededor del respiradero con un analizador de gas portátil, descubrió la razón: niveles tóxicos de dióxido de carbono. El aire normal contiene solo 0,04% de CO2, pero Pfanz se sorprendió al descubrir que la concentración alrededor del santuario alcanzó un asombroso 80%.

“Solo unos minutos de exposición al 10% de dióxido de carbono podrían matarte”, explica Pfanz, “por lo que los niveles aquí son realmente mortales”.

Estos niveles ultra altos de dióxido de carbono son causados ​​por el mismo sistema geológico que creó las aguas termales y las espectaculares terrazas de travertino de la zona.

Hierápolis está construida sobre la falla de Pamukkale, una falla tectónica activa de 35 km de largo donde las grietas en la corteza terrestre permiten que el agua rica en minerales y los gases mortales escapen a la superficie. Una de ellas pasa directamente por debajo del centro de la ciudad y entra en Plutonio.

“Es casi seguro que la elección de la ubicación del Plutonio estuvo directamente relacionada con los respiraderos de gas sísmico que existen aquí”, dijo Yeomans. “Dado que el inframundo y las deidades y mitos asociados con él eran una parte importante de su espíritu religioso, tiene sentido que construyeran templos y santuarios en los lugares que más evocaban el mundo que creían que estaba bajo sus pies”.

Pero tal proximidad a las fuerzas de la naturaleza tuvo un precio: varios terremotos arrasaron la ciudad en los años 17 d. C., 60 d. C., y nuevamente en los siglos XVII y XIV.

Finalmente, Hierápolis fue abandonada.

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Visitantes de todo el Imperio Romano llegaban a la ciudad balneario para sumergirse en las aguas termales ricas en minerales

¿Mito o truco?

Pero Pfanz todavía estaba desconcertado por una cosa: si esta área era tan mortal, ¿por qué los sacerdotes en Plutonio no murieron también?

Regresó a Hierápolis al año siguiente y esta vez estudió las concentraciones del gas en diferentes momentos del día.

“Notamos que durante el día, cuando hace calor y hace sol, el dióxido de carbono se disipa rápidamente”, dice. “Pero debido a que el dióxido de carbono es más pesado que el aire, por la noche, cuando hace más frío, se acumula en la arena, creando un lago letal de gas a nivel del suelo”.

Su conclusión: los animales, con la nariz pegada al suelo, se asfixiaron rápidamente en esta nube tóxica, pero los sacerdotes, más altos, respiraban niveles mucho más bajos de CO2 y pudieron sobrevivir.

¿Era este espectáculo un truco de confianza masivo para hacer dinero, o los sacerdotes realmente creían que se estaban comunicando con los dioses?

“No hay duda de que Plutonio en Hierápolis fue un gran negocio”, dice Yeomans, “pero es difícil estar seguro de si los sacerdotes realmente entendieron lo que estaba pasando. Algunos pueden haber atribuido su supervivencia al favor de lo divino, mientras que otros puede haberlo considerado como un fenómeno natural, aunque enigmático, que podría observarse y, al menos hasta cierto punto, predecirse “.

Hoy en día, el templo de Plutonio se encuentra tapiado y recientemente se le ha construido una pasarela alrededor para darle a los visitantes la oportunidad de ver el lugar sin acercarse demasiado a la fuente del gas mortal.

Pero incluso con estos adornos modernos, es emocionante poder seguir los pasos de los peregrinos griegos y romanos y contemplar el lugar donde la mitología y la realidad se encuentran; donde los dioses antiguos se acercaron y tocaron la vida de la gente.

“Cuando reconocí por primera vez que el legendario aliento de Cerbero es en realidad dióxido de carbono, estaba parado justo en frente del arco”, apunta Pfanz. “En ese momento, me di cuenta de que habíamos resuelto este antiguo misterio; era una sensación realmente fantástica”.

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Pamukkale es una de las atracciones turísticas más populares de Turquía

FUENTE:

  • Bella Falk
  • BBC Travel