Descubren la química que utilizaron los antiguos egipcios para conseguir la vida eterna.

LOS MISTERIOS DE LA MOMIFICACIÓN EN EGIPTO

Un estudio de las sustancias que contenían unas vasijas descubiertas en 2016 en un taller de momificación de la necrópolis de Saqqara, en Egipto, ha desvelado que los antiguos embalsamadores utilizaron ingredientes, algunos de ellos desconocidos hasta ahora, que mezclaron con otras sustancias importadas de lejanos países. Incluso algunas de las vasijas contenían etiquetas con las instrucciones de cómo emplear su contenido.

Desde que Howard Carter descubriera la tumba de Tutankamón en el año 1922,  arqueólogos e investigadores han hecho grandes avances en el conocimiento de las técnicas e instrumentos que emplearon los antiguos egipcios para llevar a cabo la momificación de los difuntos. A pesar de ello, todavía no han podido desentrañarse todos los secretos que rodean a este ancestral proceso.

En 2016, un equipo de arqueólogos descubrió un taller de embalsamamiento de 2.500 años de antigüedad en la necrópolis de Saqqara, a pocos metros de la pirámide de Unas, último faraón de la dinastía V. En este espacio destacaba una sala llamada wabet, donde se llevaba a cabo la evisceración de los cuerpos. El taller, que data del Periodo Tardío (664-525 a.C.), contenía una gran cantidad de vasijas que estaban etiquetadas y que se usaron para conservar extractos de plantas y de animales, elementos que posteriormente serían empleados en el proceso de momificación.

INGREDIENTES DESCONOCIDOS

Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad LMU de Múnich y de la Universidad de Tubinga, en colaboración con el Centro Nacional de Investigación de El Cairo, ha realizado un estudio de estas vasijas y su contenido que se ha publicado en la revista Nature. Para llevarlo a cabo, los investigadores han utilizado sofisticadas técnicas: la espectrometría de masas y la cromatografía de gases, con las que han podido detectar muchas de las sustancias usadas por los antiguos embalsamadores. Pero lo más relevante de este trabajo es que también se han descubierto algunas sustancias, así como muchas mezclas, hasta ahora desconocidas. 

Vasijas encontradas en el taller de momificación descubierto en Saqqara en 2016. Foto: M. Abdelghaffa (Saqqara Saite Tombs Project, Universidad de Tubinga, Alemania)

Para los expertos, el hecho de haber podido recuperar estos recipientes, que fueron usados hace tanto tiempo, representa una gran oportunidad de obtener información, ya que dichas vasijas, como se ha apuntado, estaban etiquetadas con su contenido y, en algunos casos, tenían incluso instrucciones de uso. Como curiosidad, los investigadores cuentan en su estudio que, por ejemplo, la resina de pistacho y el aceite de ricino solo se utilizaban para la cabeza. Algunos recipientes también contenían fórmulas específicas para el tratamiento del hígado y el estómago.

«Los egiptólogos solo podían especular sobre el significado de estas sustancias. Ahora sabemos, por primera vez, qué significan algunos términos como antiu», ha declarado Philipp Stockhammer, arqueólogo de la Universidad LMU y uno de los autores del estudio. Hasta ahora, el término antiu se había traducido como mirra o incienso, pero ahora se ha podido demostrar que antiu se refiere una mezcla de ingredientes muy diferentes.

EL ORIGEN DE LAS SUSTANCIAS

Los investigadores también han identificado dos sustancias sorprendentes: una resina llamada elemi, que proviene de los árboles Canarium que crecen en las selvas tropicales de Asia y África, y otra llamada dammar que proviene de un tipo de árboles conocidos como shorea que crecen en los bosques tropicales del sur de la India, Sri Lanka y el sureste de Asia. «Egipto era pobre en recursos en términos de muchas sustancias resinosas, por lo que muchas de ellas fueron adquiridas o comercializadas desde tierras lejanas», afirma Carl Heron, del Museo Británico de Londres.

Zona de excavación del Proyecto Tumbas Saítas de Saqqara. Detrás, la pirámide de Unas y, al fondo, la pirámide escalonada de Zoser.Foto: S. Beck (Saqqara Saite Tombs Project, Universidad de Tubinga, Alemania)

Sabemos que las antiguas redes comerciales conectaban la India y el Sudeste Asiático con la región del Mediterráneo, pero aún no está claro si los embalsamadores egipcios iban en busca de estos ingredientes en concreto o simplemente los descubrieron mediante la prueba de ensayo y error, según la egiptóloga de la Universidad Estadounidense de El Cairo, Salima Ikram. 

«Absolutamente increíble. ¿Quién hubiera pensado que estaban recibiendo cosas que podrían provenir de la India?», se pregunta Ikram.

«PARA QUE SU OLOR SEA AGRADABLE»

Según afirman los autores del estudio, los embalsamadores egipcios tenían un gran conocimiento acerca de las propiedades de las materias primas que utilizaban. Los recipientes estudiados contenían mezclas complejas que, en algunos casos, habían sido cuidadosamente calentadas o destiladas. Asimismo, muchas de las resinas poseían propiedades antimicrobianas o características que favorecían la conservación del cuerpo. Incluso en uno de los tarros se podía leer una inscripción en la que ponía «para que su olor sea agradable».

Detalle de la parte superior de una momia totalmente envuelta con vendas de lino.

Detalle de la parte superior de una momia totalmente envuelta con vendas de lino.Foto: iStock

Los estudios químicos sugieren que las recetas que los antiguos egipcios utilizaron para embalsamar a los cadáveres fueron volviéndose más complejas con el tiempo, según ha señalado Maxime Rageot, arqueólogo biomolecular de la Universidad de Tubinga. 

Pero la principal pregunta que se hacen los investigadores es doble: ¿Cómo desarrollaron los antiguos egipcios procedimientos y recetas de embalsamamiento específicos? y ¿por qué seleccionaron ciertos ingredientes sobre otros? 

Para Mahmoud Bahgat, bioquímico del Centro Nacional de Investigación de Egipto en El Cairo, la respuesta es simple: «Tenemos que ser tan inteligentes como ellos para descubrir sus intenciones».

Imagen de portada: Papiro en el que se muestra la Apertura de la Boca, un ritual funerario realizado sobre la momia del difunto. Foto: PD

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic. Por J.M. Sadurni. 2 de febrero 2023.

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Acabamos de resolver uno de los últimos misterios del Antiguo Egipto: su técnica exacta de embalsamamiento.

En algún momento entre el 664 y el 525 a. C., un artesano echó la llave del taller donde trabajaba y ya nunca más se volvió a abrir. Esto sería un detalle sin importancia, si el taller no hubiera estado en Saqqara (el emplazamiento de la necrópolis principal de la ciudad de Menfis) o si ese artesano no hubiera sido embalsamador.

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Ahora, un equipo de egiptólogos acaban de analizar las entrañas del lugar y acaban de encontrar claves importantísimas para entender uno de los grandes misterios del Antiguo Egipto: cómo se hacía exactamente una momia.

Porque… ¿cómo se hace una momia? Si algo tenía el proceso de momificación en el antiguo Egipto es que era largo (más de 70 días), complejo e implicaba muchísimos pasos. Había que lavar y purificar el cuerpo. Licuar el cerebro con una varilla y extraer la pulpa de dentro del cráneo.

También había que extraer los órganos interiores y curarlos y almacenarlos; desinfecta el interior del cuerpo con agua y vino; y usar natrón y lino y resina y mirra y muchas otras cosas para mantener la forma, absorber los líquidos, eliminar bacterias y detener la descomposición… Se trata de un proceso afinadísimo que conlleva decenas de pasos, técnicas y sustancias.

Tantos que, aunque nos han llegado manuales antiguos y los análisis de los residuos orgánicos de las momias han aportado algo de luz, nunca hemos llegado a tenerlos claros.

Imagen | Nikola Nevenov

Un golpe de suerte. 

En lo que solo puede definirse como eso, como «un golpe de suerte», Maxime Rageot, Philipp Stockhammer y su equipo han tenido la oportunidad de examinar 31 vasijas de cerámica de lo que parecía un taller de embalsamamiento en Saqqara (Egipto). En el exterior de las vasijas podían verse textos inscritos con textos con el nombre de las sustancias o que detallaban acciones que hacer con las sustancias que los contenían («poner sobre la cabeza», «vendar con ello», etc…).

Todo un manual de instrucciones. Analizando esas «instrucciones» y los residuos que contenían, los investigadores han podido desvelar no sólo qué sustancias químicas se usaban durante la momificación; sino cómo se mezclaban, nombraban y aplicaban.

Por ejemplo, se identificaron diferentes mezclas para lavar la cabeza y el cuerpo, para suavizar la piel antes de la desecación o para embalsamar la cabeza (estás últimas incluían sustancias como la resina de elemí, la resina de pistachero, algunos subproductos del enebro o la cera de abejas) .

La economía de la muerte.

El mapa general  que emerge de este descubrimiento es muy interesante. Sobre todo, porque confirma que una buena cantidad de substancias y elementos que no se fabricaban en Egipto, sino que había que importarlos desde Oriente Medio, las regiones subtropicales de Asia o los confines del Mediterráneo.

Es decir, existía todo un comercio internacional orientado única y exclusivamente a alimentar los procesos de momificación. Es una constatación del papel de las creencias, los rituales y las religiones en la creación de las primeras redes comerciales transcontinentales de la Historia.

Imagen de portada: Alyssa Bivins

FUENTE RESPONSABLE: Xataka. Por Javier Jimenéz. 2 de febrero 2023.

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El “chico de oro” la increíble momia egipcia olvidada durante un siglo.

El “chico de oro” había pasado más de un siglo olvidado en los sótanos del Museo Egipcio de El Cairo. Su sarcófago fue descubierto en 1916 en un cementerio de época ptolemaica (Nag el-Hassay, en el sur de Egipto) y acabó en los almacenes del museo, sin nombre. Hasta ahora, cuando un escáner ha revelado el tesoro que se esconde bajo sus vendajes: nada menos que 49 amuletos, 30 de los cuales son de oro puro. Esto le ha valido su nuevo apodo –puesto que aún se desconoce su identidad– y un billete directo a la sala principal de exposiciones del museo.

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La momia a la que el museo ha apodado “el chico de oro” es la de un adolescente de unos 15 años, claramente de alto estatus social por la cantidad y calidad excepcional de los amuletos con los que fue enterrado. Su cuerpo se encontraba dentro de dos sarcófagos, uno exterior dorado y con inscripciones en griego y otro interior de madera; y una máscara de oro cubría su rostro. Se le ha realizado un TAC para examinar el cuerpo y, según los investigadores, todo parece indicar que murió de muerte natural. Los resultados del examen han sido publicados en la revista científica Frontiers in Medicine.

Chico de oro escáner 1

La momia del «chico de oro», desenvuelta digitalmente en cuatro etapas.Foto: SN Saleem, SA Seddik, M el-Halwagy / CC BY

30 AMULETOS DE ORO

Pero lo más sorprendente de la momia es, sin lugar a dudas, los 49 amuletos que contiene, 30 de los cuales son de oro puro, otros de piedras semipreciosas y unos pocos de materiales más sencillos como arcilla cocida y loza. Algunas partes del cuerpo incluso habían sido sustituidas por piezas de oro, como la lengua. El oro era un material sagrado para los egipcios porque no se corrompe, asegurando así que el individuo gozaría de la protección de los amuletos durante toda la eternidad, y porque se creía que de este material era la carne de los dioses.

Cada uno de estos amuletos tenía una función específica en el periplo por el inframundo que el difunto debía afrontar para “salir a la luz”, es decir, para lograr la vida eterna. Así, por ejemplo, la lengua de oro aseguraba que el difunto podría hablar en la otra vida; si esta no se sustituía, una alternativa menos costosa era colocar una hoja de oro encima de la lengua real. También era muy importante colocar un escarabeo –en este caso, también de oro– encima del corazón, puesto que este amuleto impedía que el corazón del difunto pudiera hablar contra él revelando sus fallos durante el juicio de Osiris.

EL POSIBLE ORIGEN MACEDONIO DEL CHICO DE ORO

Una de las razones por las que el redescubrimiento de esta momia resulta tan importante es que está intacta, lo cual permite apreciar cómo se enterraba a los difuntos durante la época ptolemaica y las creencias egipcias sobre el más allá durante este período, que abarca desde la muerte de Alejandro Magno hasta la conquista egipcia (323 a 30 a.C.).

Además de los amuletos, la momia también está acompañada por una guirnalda de helechos. La doctora Sahar Saleem, investigadora principal del estudio y especialista en radiología, explica que “los antiguos egipcios estaban fascinados por las plantas y las flores y creían que poseían efectos sagrados y simbólicos”. Se colocaban ramos de plantas y flores junto al difunto durante su entierro y también se le ofrecían durante las fiestas en las que sus familiares acudían a visitar su tumba.

Uno de los detalles más reveladores de la momia es que el pene no está circuncidado, una práctica que realizaban los egipcios, pero no los griegos, por lo que podría pertenecer a la realeza. De hecho, la dinastía ptolemaica, que gobernó Egipto durante casi 300 años, era de origen macedonio, y, aunque adoptó ciertas costumbres de los faraones egipcios, en aspectos más personales como la circuncisión mantuvieron las prácticas griegas. Se puede observar también que la incisión para extraer los órganos se realizó en la ingle, como revela un amuleto colocado junto al pene que tenía la función de proteger la incisión.

Chico de oro foto portada

A la izquierda, la momia del «chico de oro» adornada con guirnaldas; a la derecha, imagen del TAC con los amuletos en blanco. Foto: SN Saleem, SA Seddik, M el-Halwagy

DE LOS SÓTANOS A LA SALA DE EXPOSICIONES DEL MUSEO

La momia intacta había permanecido olvidada desde 1916 en los almacenes del sótano del Museo Egipcio de El Cairo, de donde fue rescatada para realizar el presente estudio. Ha sido examinada mediante tomografía por ordenador, lo que ha permitido revelar el esqueleto y los amuletos sin tener que manipularla físicamente. Aún no se conoce la identidad de su propietario, más allá del apodo del “chico de oro”.

Desde el olvido ha saltado directamente a la fama: la dirección del Museo Egipcio ha decidido trasladarla a la sala principal de exposiciones. En esta nueva ubicación, los visitantes pueden admirar la momia junto a imágenes del TAC que se le ha realizado, así como una réplica del escarabeo que se encontraba sobre el corazón, realizada mediante impresión 3D.

Imagen de portada: El sarcófago del «chico de oro» en los almacenes del Museo Egipcio de El Cairo. Foto: Sahar Saleem

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic. Por Abel G.M. Actualizado el 24 de enero 2023.

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EL MISTERIO DE LA MOMIA DE RAMSÉS I, EL ÚNICO FARAÓN QUE SURCÓ EL MAR HASTA AMÉRICA.

Después de milenios de ser faraón, la momia Ramsés I terminó en un pequeño museo de Ontario, en Canadá. Así fue como regresó a Egipto.

Tuvieron que pasar 130 años antes de que las autoridades egipcias se dieran cuenta de que una momia exhibida en un museo pequeño de Ontario, al centro de Canadá, pertenecía realmente al faraón Ramsés I. Como parte del acervo permanente de la institución, permaneció mal clasificada por más de un siglo —hasta 2001.

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La confusión nació de un simple error de clasificación, que se convirtió en motivo de conmoción internacional con la llegada del nuevo milenio.

Sin estar destinado a ser faraón

Fotografía: Eurasia Press / Photononstop / Photononstop via AFP

Sin saberlo, un explorador italiano del siglo XIX empezó un conflicto internacional. Después de una larga trayectoria como investigador en Egipto, se adentró en las profundidades del Valle de los Reyes. En las cercanías del actual poblado de Deir el-Medina, fue el espacio destinado para sepultar a la élite política del Imperio por dinastías completas.

Giovanni Battista Belzoni tenía la convicción de que encontraría más evidencia sobre las formas de vida e idiosincrasia del Antiguo Egipto.

A sabiendas de que muchas de las tumbas habían sido saqueadas casi por completo, el investigador quiso recuperar en 1817 cualquier vestigio que le proporcionara información sobre la cultura antigua.

Por esta razón, documenta la historiadora Carme Mayans para National Geographic Historia, la encontró prácticamente vacía:

«[…] el enorme sarcófago de granito rojo que presidía la cámara funeraria no contenía los restos del soberano para quien fue excavada la tumba, que resultó ser Ramsés I, el fundador de la dinastía XIX».

A pesar de haber nacido en el seno de un linaje de militares de élite, originalmente Ramsés I no estaba destinado a ser faraón. Aún así, forjó una carrera política que le permitió convertirse en visir de Egipto, una especie de consejero de la realeza en el imperio.

Por sus relaciones con los faraones y cercanía con la nobleza, Ramsés I heredó el puesto del monarca en curso, ya que no había logrado tener hijos varones. Sin embargo, su reinado no fue my largo. Por el contrario, ostentó el puesto durante sólo 16 meses.

Una peregrinación forzada

momia Ramsés I

Fotografía: Richard Maschmeyer / Robert Harding Premium / robertharding via AFP

Como el reinado de Ramsés I no fue muy largo, apenas hubo tiempo para diseñarle un sarcófago digno de un faraón. A comparación de otros dirigentes políticos en Egipto, su tumba podría pasar desapercibida por pequeña y poco adornada. Aunque se asume que, en su momento, recibió una ceremonia digna de su rango político, queda poca evidencia al respecto.

Entre que el espacio fue saqueado, y que quedó una sepultura discreta, los arqueólogos contemporáneos deducen que los restos encontrados ahí le pertenecen por el contexto que les rodea. En primer lugar, la sepultura de su hijo, Seti, se encontró muy cerca de los suya. Y lo que es más: el recinto funerario de su predecesor tiene los mismos trazos decorativos que el sarcófago de Ramsés I, lo que sugiere que incluso fue fabricada por los mismos artesanos, explica Mayans.

Belzoni encontró éstas y otras tumbas similares, pertenecientes a otros dirigentes políticos del Antiguo Egipto. Sin embargo, no encontró ninguna momia al interior de ellas. Ni siquiera la de Ramsés I, a pesar de tener un sarcófago discreto. Esto es así porque, para evitar los saqueos de estos espacios mortuorios, las autoridades en Egipto decidieron mover los restos de sus antiguos gobernantes a lugares ‘más seguros’.

En una especie de peregrinación forzada, los restos de los faraones fueron transportados de sitio en sitio. Décadas más tarde, el Servicio de Antigüedades de Egipto intentó recuperar estos y otros tesoros perdidos de aquella época dorada. Aunque algunas momias fueron recuperadas, no fue el caso de Ramsés I.

Víctima del tráfico de cadáveres

momia de Ramsés I

Fotografía de la momia de Ramsés I tomada en el Museo de Luxor en el Museo de Luxor, Egipto. / Wikimedia Commons

Nadie, ni siquiera el Servicio de Antigüedades de Egipto, conocía con exactitud el paradero de la momia de Ramsés I. Un halo de misterio rodeó al caso del faraón perdido durante décadas. Resultó ser que, milenios después de su muerte, había sido víctima del tráfico ilegal de cadáveres.

Los restos del faraón de la Dinastía XIX fueron usurpados por los Abd el Rasul, una familia de saqueadores de tumbas egipcias que hizo un negocio multimillonario con ellas. Toda la ‘mercancía’ se vendía en el mercado negro de Luxor, en Egipto, para el mejor postor:

«En 1871, los Abd el Rasul, a través del tratante turco Mustafá Ana Ayat, vendieron una momia muy bien conservada al doctor James Douglas, que a su vez la vendió al Museo Niagara Falls, en Ontario», documenta Mayans.

A partir de entonces, la momia de Ramsés I estuvo exhibida en Canadá, a cientos de kilómetros de su recinto de descanso perpetuo original en Egipto.

En la actualidad, el museo canadiense reconoce este acontecimiento como parte de su acervo histórico.«Ramses I había sido traído por un intrépido grupo de canadienses que visitaron el Nilo en la década de 1860», confirman medios locales.

En quiebra

momia de Ramsés I

Wikimedia Commons

En 1991, el museo de Ontario quebró. Sólo entonces, se hizo un recuento de los elementos que tenían en su acervo. A partir de una tomografía que se le hizo a la momia de Ramsés I, se confirmó que, efectivamente, el cadáver le pertenecía al faraón egipcio. Más que nada, porque el cuerpo había sido tratado con ‘elaboradas técnicas de momificación’, según determinó el Departamento de Radiología del Hospital Emory, en Canadá.

Fue entonces que Egipto pidió la repatriación inmediata de los restos del faraón de la Dinastía XIX. Algunos egiptólogos mostraron sus reservas ante los restos, porque les parecía increíble que el cadáver de una figura histórica de esa envergadura sencillamente hubiera sido dejado a su suerte durante más de 100 años.

Sin embargo, a partir de los restos mortales de Ramsés I, lo más probable es que los resultados venidos de Canadá sean fidedignos. En 2003, el faraón perdido del otro lado del mar volvió a su tierra natal con toda la pompa y lujo que le hubiera correspondido en su momento de mayor esplendor. Hoy, descansa en una sala especial dedicada para él, el Museo de Luxor.

Imagen de portada:VISTA LATERAL DE LA MOMIA DE RAMSÉS I / FOTOGRAFÍA: MANUEL COHEN / MANUEL COHEN / MANUEL COHEN VIA AFP.

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic. Publicado por amp_author_box(); Mayo 2022

Antiguo Egipto/Faraones/Historia Antigua/Momias/Ramsés I

 

 

Logran descifrar el ADN de momias enterradas en un desierto chino hace 4.000 años.

Los cuerpos y ropas de estas momias, que se encontraban en botes, estaban intactos a pesar de tener hasta 4.000 años cuando se encontraron en la década de 1990 en una inhóspita región desértica del noroeste de China. Hasta ahora su pasado era un misterio.

Sin embargo, un nuevo estudio realizado por investigadores chinos, europeos y estadounidenses analiza el ADN de estas 13 momias y secuencia sus genomas por primera vez. Los resultados del estudio sugieren que los restos son de un grupo local descendiente de una antigua población asiática de la Edad de Hielo.

Fueron encontradas en la cuenca del Tarim, en Xinjiang, y su aspecto occidental, sus ropas de lana tejidas, el trigo y el mijo encontrados en sus inusuales tumbas sugerían hasta ahora que eran pastores procedentes de la estepa de Asia occidental o agricultores migratorios de las montañas.

Una de las momias halladas en la región china de Xinjiang

© Foto : Wenying Li, Xinjiang Institute of Cultural Relics and Archaeology

«Encontramos pruebas sólidas de que en realidad representan a una población local muy aislada genéticamente», sostiene Christina Warinner, autora del estudio publicado en la revista Nature. Añade que, a diferencia de su aislamiento genético, «parece que adoptaron abiertamente nuevas ideas y tecnologías de sus vecinos pastores y agricultores mientras desarrollaban elementos culturales únicos que no comparten otros grupos».

Las momias eran descendientes directos de un grupo que estuvo muy extendido durante la Edad de Hielo, pero que había desaparecido mayoritariamente hace unos 10.000 años. Los rastros de estos cazadores-recolectores sobreviven hoy solo en parte, en los genomas de los indígenas de Siberia y de América, sobre todo. Otro aspecto que revelaron los resultados del estudio, es que este grupo no mezclaba sus genes con otros pueblos, y permanecía en un total aislamiento en este respecto.

A pesar del aislamiento de su genoma, su cultura era abierta. «No es necesario que la genética vaya siempre de la mano del intercambio cultural o lingüístico», explica Vagheesh Narasimhan, de la Universidad de Texas en Austin.

«La gente siempre puede adoptar nuevas técnicas, ya sea de agricultura o de trabajo del metal, de otros grupos, o cambiar sus prácticas funerarias sin que haya movimiento o rotación de la población».

Imagen de portada: Gentileza de Wenching Li

FUENTE RESPONSABLE: SPUTNIK MUNDO

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