Cioran: Reír en las fauces del abismo.

El pensador rumano no fue un pesimista al modo en que lo fueron Arthur Schopenhauer, Philipp Mainländer y otros. Más bien, sus ojos nos invitan a mirar a los del abismo, frente a frente, y a aceptar que la vida no tiene más razón que su propio desenvolvimiento y que nos entregamos a ella con pasión, sin esperas vacuas.

En uno de sus textos menos leídos y más desconocidos, Ventana a la nada, el pensador rumano Emil Cioran (1911-1995) escribió un inolvidable y contundente aforismo que resume, con espléndida claridad, el núcleo de sus convicciones: «Todo lo que en nosotros es grande tiende a vencer el dolor. Pero solo en la medida en que no lo conseguimos –en que continuamos el combate– somos verdaderamente grandes». 

Cioran cifraba así nuestra existencia en una suerte de heroísmo trágico que consiste en dar un gran sí a la vida… a pesar de todo y de todos. A pesar de la aflicción y del desconsuelo, a pesar del sufrimiento y de cualquier circunstancia onerosa: siempre en y desde el seno del abismo del sinsentido.

La obra de Cioran ha sido catalogada de pesimista e irreverente, e incluso ha sido tildado en numerosas ocasiones –erróneamente– de un defensor acérrimo del suicidio. Sin embargo, si leemos con atención cada uno de sus enriquecedores libros, encontramos a un autor comprometido, ante todo, con el análisis y vivencia de los más insoslayables e indescifrables enigmas humanos: la finitud y la muerte, la trascendencia y la espiritualidad, la tristeza y la desesperanza o el tormento de la conciencia y la angustia frente a lo pasado y ante lo porvenir, sensaciones y sentimientos que contrarrestó mediante el poder salvífico de la música y del paseo o a través de la potencia balsámica de la ironía y el humor. 

Todo ello para intentar ahondar en lo que él mismo denominó «el fondo originario de la vida».

Cioran no fue un pesimista al modo en que lo fueron Arthur Schopenhauer, Philipp Mainländer, Eduard von Hartmann, Julius Bahnsen o, acercándonos más a nuestros días, Albert Caraco o el antinatalista David Benatar. 

El propio Cioran confesó en numerosas entrevistas que no se consideraba un pensador pesimista, sino más bien un pensador del sinsentido, de lo irreal, de lo que no tiene fundamento ni justificación. La vida carece de base ontológico-metafísica sobre la que erigirse; la vida es su puro desarrollo experiencial y cada uno de nosotros, individuos sujetos a todo tipo de avatares, debemos experimentarla en extrema (y a veces dolorosa) soledad. 

«¡Cuánta soledad es necesaria para tener un espíritu! ¡Cuánta muerte en vida y cuántos fuegos íntimos!», apuntó.

«Si leemos con inteligencia a Cioran, aparece como un extravagante optimista: ¿cómo, si no, atravesado desde muy joven por dolientes infiernos podría haber sobrevivido?»

 

En su primer libro publicado, En las cumbres de la desesperación (1934), Cioran nos invita a practicar un curioso modo de vida: la «pasión del absurdo».

A pesar de los sinsabores, múltiples y variados, con los que la existencia nos pone a prueba, siempre queda una razón para seguir adelante. Y esa razón es… la sinrazón: precisamente, que «no existen argumentos para vivir». Cioran nos entrega desnudos a la vida, sin caparazón metafísico ni convicciones trascendentes, y asegura que únicamente es posible continuar si abrazamos el absurdo, «amando la inutilidad absoluta», porque «a quien en la vida lo ha perdido todo, solo le queda la pasión del absurdo».

Un autor pesimista nunca hablaría en estos términos. De hecho, si leemos con inteligencia a Cioran, aparece como un extravagante optimista. 

¿Cómo, si no, atravesado desde muy joven por los dolientes infiernos del insomnio y la melancolía, por la conflictiva relación con su madre, por el desprecio de la academia, por su conciencia de inutilidad, por las envidias y los rencores…, cómo, si no, podría haber sobrevivido? Cioran apeló a nuestra fuerza heroica, a la que llamó «el método de la agonía».

Nunca defendió el suicidio, pero sí «la visión salvífica de la muerte». El autor rumano se refería, con clarividente y socarrona ironía, a este hecho: «Vivo únicamente porque puedo morir cuando quiera; sin la idea del suicidio, hace tiempo que me hubiera matado». 

O también: «El deseo de morir fue mi única preocupación; renuncié a todo por él, incluso a la muerte». La vida se gana en su plena y portentosa asunción, en su inquebrantable afirmación. El pensamiento de Cioran nos transmite una lucidez que no atemoriza, sino que sosiega y nos hace reposar en la certeza de que, en la vida, nada se resuelve: ¿necesitamos alguna otra certidumbre?

Toleramos la vida porque la muerte siempre es una posibilidad, una visión que nos conduce a una «transfiguración cósmica, esencial». Cuando quedamos perplejos ante las contrariedades de la existencia, caemos en la cuenta, desfondados, de que la propia vida es el material con el que se forja una «fuerza demoníaca» (en tanto que irresistible) que nos impulsa a mantenernos con vida. 

«Vivir sin el sentimiento de la muerte es vivir la dulce inconsciencia del hombre ordinario, que se comporta como si la muerte no constituyera una presencia eterna e inquietante», defendió en su primer libro. Y es que «desembarazarse de la vida es privarse de la satisfacción de reírse de ella».

Cioran mira a los ojos al abismo, frente a frente, y lo acepta, le da carta de normalidad en su cotidianidad. Ser conscientes del sinsentido significa «estar más allá de la posibilidad de las lágrimas y de los lamentos, más allá de cualquier categoría o forma». 

Cioran se burla de quien pretende explicarlo todo mediante fórmulas categoriales o teóricas que intentan clasificar la existencia como si se tratara de un problema algebraico. La vida no se deja encerrar en fórmulas. Se trata, por tanto, de desarrollar un sano «heroísmo de resistencia», no de conquista. No consiste en una resignación estoica ante lo inevitable, sino en el reconocimiento de la falta de fundamento o de razón última de la existencia. Y a pesar de este «pesado pensamiento», seguir sin miramientos.

Cuando se ha entendido que la vida no tiene más razón que su propio desenvolvimiento, su propio transcurrir, nos entregamos a ella con pasión, sin esperas vacuas o melifluas creencias. 

El auténtico heroísmo consiste en atreverse a vivir sin esperanza, sin promesas de eternidad o plenitud, con la conciencia de que todo está perdido y que, justamente por ello, merece la pena reafirmarse, con humor, en el seno mismo del sinsentido. 

«Cuando se aprende a beber en las fuentes del Vacío, se deja de temer el futuro», anotó Cioran en Silogismos de la amargura. En una entrevista, ya en sus últimos años, le preguntaron por qué seguía viviendo si la existencia, para él, carecía de sentido. Contestó, calmado y con amabilidad, que, aunque durante toda su vida se sintió muy solo, nunca se le ocurriría abandonar a «los humanos, mis compañeros de pesadilla».

En este punto, el pensamiento de Cioran se convierte en un humanismo que nos hermana en el sufrimiento, en el centro mismo del dolor existencial. 

Todos nuestros miedos individuales están ligados a través de la cadena infinita de generaciones que, igual que nosotros, también han padecido y han temido a la muerte y a los estragos de la vida. Por eso, aunque vivamos en soledad nuestros padecimientos, aunque algunos de nuestros dolores sean incomunicables, siempre nos cabe la posibilidad de entender el dolor del otro.

Cuando comprendemos que soledad y sufrimiento son el destino del ser humano, comienza a instituirse una comunidad que trata de «vencer la nada de lo temporal».

Pocas líneas tan hermosas se han escrito en la historia del pensamiento occidental como estas que leemos en el Breviario pasional de Cioran. Son para enmarcar y leer, a modo de letanía, cada mañana: «En su inmensidad, espantado huye el hombre de sí mismo, en busca de vecinos que compartan su espanto. Cada individuo es un compañero de desconsuelo». Porque, anota el autor rumano, nos estrechamos la mano para caminar juntos «por complicidad entre dos soledades».

Frente a los melosos mensajes con los que nos intenta manipular emocionalmente la actual tiranía del éxito y la felicidad («alcanzarás lo que te propongas», «cree y lo conseguirás», Cioran aseguró que lo que realmente nos mantiene vivos y proyectados al futuro son nuestros huecos y carencias, nuestra falta de fondo, nuestra conciencia de seres abismales, de seres incompletos en pugna con lo absurdo. 

Y «a pesar de todo, continuamos amando; y ese a pesar de todo cubre un infinito», señaló Cioran en los Silogismos de la amargura.

Qué bello pensamiento para, a pesar de todo y de todos, continuar. Perseverar. Con heroísmo agónico, sabedores de nuestra derrota… porque no hay nada que ganar ni que conquistar, salvo quizá la conciencia de nuestra derrota y, entonces, mirándonos a los ojos, decirnos, como también dijo Cioran: «Sosegarme en tu lágrima y tú en la mía».

Imagen de portada: Emil Cioran (Ilustración)

FUENTE RESPONSABLE: Ethic. Por Carlos Javier González Serrano. 26 de septiembre 2022

Sociedad y Cultura/Filosofía/Vida/Muerte.

 

 

 

 

Seis discos póstumos que seis genios compusieron al saber que iban a morir.

MÚSICA

A David Bowie, Freddy Mercury, George Harrison, Leonard Cohen, Johnny Cash y Warren Zevon les diagnosticaron una enfermedad terminal y decidieron preparar sus últimas canciones.

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«Estoy trabajando en nuevas canciones, pero no creo que pueda acabarlas. Aunque quizás me arrastre un segundo viento. No lo sé. Pero no me atrevo a implicarme en una estrategia espiritual. Tengo trabajo que hacer. Estoy operando ante la proximidad de la muerte. Y estoy preparado para morir».

Quien así hablaba al periodista del New Yorker que le entrevistaba era un célebre cantante canadiense recién diagnosticado de leucemia que acto seguido anunciaba el título de ese próximo disco que no estaba seguro de poder terminar ahora que sabía que la parca le rondaba. Pero lo hizo. Leonard Cohen publicó ‘You Want it Darker’ en octubre de 2016 y quince días después murió. 

El poeta, adaptador de canciones y productor musical Alberto Manzano (Barcelona, 1955) dedica su último libro, El rock de la muerte’ (Cúpula, 2022) a la peripecia final de seis grandes genios de la música a quienes les unió la voluntad desgarradora de componer sus últimas canciones cuando todos ellos habían recibido el diagnóstico ominoso de una enfermedad terminal. 

«Todos amaban la vida hasta lo indecible y sintieron la inapelable necesidad de alcanzar un estado de aceptación del infortunio mediante la articulación de su conciencia al engranaje de la muerte y, en un último esfuerzo por trascenderla, escribieron las canciones de un disco póstumo dispuesto como legado para sus oyentes. Seis discos que albergan lo mejor que cualquier artista mordido por la muerte anhela abrazar en sus últimos días de existencia para ser compartido con su público, explica Manzano. Hablamos de Freddie Mercury, George Harrison, Warren Zevon, Johnny Cash, David Bowie y Leonard Cohen. Y estos fueron sus últimos y postreros discos. 

1. ‘Made in Heaven’ (1995), de Freddie Mercuriy (1946-1991)

«De ‘Man in Heaven’ se dijo que era el primer disco de la historia que contenía temas cantados y grabados expresamente como testamento musical. Que era un disco de retales. Un trabajo sin alma. Una avanzadilla de la técnica que ponía en jaque la verdadera emoción de la banda grabando un disco de rock. Un disco póstumo que llenaba bolsillos que ya estaban a reventar. Sin embargo, ‘Made in Heaven’ estaba coronado por una de las voces con más ganas de vivir y de contagiar esperanza de la historia del rock».

Pincha por favor cada link señalado en azul; para escuchar las canciones. Muchas gracias.

Freddie Mercury – Made In Heaven (Official Video Remastered)

Freddy Mercury – ‘Made in Heaven’

2. ‘Brainwashed’ (2002), de George Harrison (1943-2001) «‘Brainwashed’ (‘Lavado de cerebro’) era la mejor despedida musical de Harrison y, sin duda, uno de los mejores álbumes de toda su obra. Fue dedicado a los yoguis del Himalaya, y era todo un compendio de reflexiones religiosas y experiencias espirituales. Pocas veces Harrison había estado tan lúcido. Era la última recta de un camino que había recorrido durante cincuenta y ocho años de existencia en el mundo material, donde lo único que le importaba realmente era llegar a tocar los pies de loto de Krishna».

George Harrison – Rising Sun

George Harrison – ‘Rising Sun’ (Brainwhased)

3. ‘The wind’ (2003), de Warren Zevon (1947-2003) ‘The Wind’ sería el título del último álbum de estudio grabado por Zevon. Fue publicado el 26 de agosto de 2003, dos semanas antes de su fallecimiento, ocurrido el 7 de septiembre. Poco después de haber sido diagnosticado de cáncer terminal, Warren empezó a grabar el disco en compañía de muchos de sus mejores amigos. Era su último vals: «En cuanto lo supe, me puse a trabajar —explicaría Zevon—. Este es un buen trabajo. Ha sido un buen trabajo. El trabajo es la droga más eficaz que puede existir. He hablado con gente que padece una enfermedad paralizante, o algunas de las enfermedades que te debilitan. Y comparado con eso, lo mío es un paseo por el parque».

Warren Zevon-Knocking on Heaven’s Door

Warren Zevon – ‘Knockin’ on Heaven’s Door’ (‘The wind’)

4. ‘A Hundred Highways’ (2006), de Johnny Cash (1932-2003) «Con una voz que se astilla en una tos seca —una reliquia de los ataques de neumonía con los que había luchado desde finales de los años ochenta—, Cash dejaría grabadas más de cincuenta canciones que serían calibradas por Rick Rubin y publicadas en varios álbumes posteriores: ‘Unearthed’ (2003), ‘A Hundred Highways’ (2006) y »Ain’t No Grave’ (2010). Tres días antes de que Rubin empezara a trabajar en ‘A Hundred Highways’, Cash fue llevado al Baptist Hospital de Nashville por problemas respiratorios. Cuando su amigo Jack Clement pasó a visitarle, aún hablaba de volver al trabajo una vez que los médicos le dieran el alta. Pero ya no salió con vida’.

Johnny Cash – I Came To Believe lyrics

Johnny Cash – ‘I came to believe’ (A Hundred Ways)

5. ‘Blackstar’ (2016), de David Bowie (1947-2016) «En 2014 está agotado. Se le diagnostica cáncer hepático, y, en octubre de 2015, anuncia el lanzamiento de un nuevo álbum, ‘Blackstar’, cuya publicación coincidirá con su sesenta y nueve cumpleaños. Dos días después, el 10 de enero de 2016, Bowie fallece en Nueva York. El 12 de enero es incinerado en New Jersey. ‘Cada hombre tiene una estrella negra / Una estrella negra sobre su hombro / Y cuando un hombre ve su estrella negra / Sabe que su hora ha llegado’, canta Elvis Presley —que nació el mismo día de Bowie, el 8 de enero, pero doce años antes— en el tema ‘Black Star’, incluido en la banda sonora del filme ‘Flaming Star’ (1970).

David Bowie – Blackstar (Video)

David Bowie – ‘Blackstar’

6. ‘You Want it Darker’ (2016), de Leonard Cohen (1934-2016) «Ante el progresivo deterioro físico de Cohen, su hijo Adam cogió las riendas del disco y, durante los últimos meses de vida de su padre, asumió la conclusión de las canciones y la producción del álbum. Sentado en una silla médica frente al micrófono, Cohen exhalaba sus últimos poemas e invocaba a Dios: «Aquí estoy, aquí estoy / Estoy preparado, mi Señor’.

Leonard Cohen – You Want It Darker (Audio)

Leonard Cohen – ‘You Want it Darker’

Imagen de portada: David Bowie en concierto (REUTERS Leonhard Foeger File Photo=

FUENTE RESPONSABLE: El Confidencial. Por Daniel Arjona. 1° de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Música/Rock/Muerte/Obituario.

ROBERT O’NEILL. EL NAVY SEAL QUE MATÓ AL LÍDER DE AL-QAEDA.

«Miré el cadáver de Bin Laden con mi sándwich en la mano y pensé: ‘¿Cómo demonios he llegado hasta aquí?'».

El 2 de mayo de 2011, Robert O’Neill disparó tres veces a Bin Laden a la cara. Entonces, él era un soldado de élite de los Navy SEAL. Ahora, cuando se han cumplido 20 años del 11-S y con la polémica salida de Afganistán aún caliente, recuerda aquella histórica operación… y sus consecuencias.

POR JAN CHRISTOPH WIECHMANN | FOTOGRAFÍA: ADAM FERGUSON

Un ‘memorial’ en Scarsdale, al norte de Nueva York. Aquí se levantó el primer monumento del Estado dedicado a las víctimas de los atentados terroristas del 11 de septiembre. La bandera estadounidense ondea sobre nuestras cabezas. Robert O’Neill viene de un encuentro con familiares de los fallecidos. Lleva una camiseta blanca con un logotipo en el pecho: ‘RO’. De Robert O’Neill.

XLSemanal. ¿Qué opina de la retirada de estadounidenses y europeos de Afganistán?

Robert O’Neill. Tendríamos que haberlo hecho mucho antes. Nunca debería haber sido un «todo o nada». Entramos, expulsamos a los talibanes, destruimos Al Qaeda y salimos dejando una pequeña base militar, eso tendríamos que haber hecho. Nuestra tarea en Afganistán no era construir escuelas para una gente que no quería que hiciéramos eso.

XL. Los talibanes han vuelto y el mundo culpa a Joe Biden.

R.O. Así es. Si quieres perder, deja a políticos y abogados al mando, y eso hicimos. Los estadounidenses no hemos ganado una guerra desde que lanzamos las bombas atómicas sobre Japón. No, ya no ganamos guerras.

XL. ¿Cómo lo llaman los familiares de las víctimas? ¿Bin Laden killer?

R.O. No, Rob, simplemente Rob.

XL. En mis charlas con familiares lo he oído bastante a menudo: O’Neill, el Bin Laden killer…

R.O. No quiero que se me conozca por eso. La gente también dice lo de «una vez SEAL, siempre SEAL», y yo les respondo que fui un SEAL, pero que ya no lo soy. El único motivo por el que disparé a Bin Laden fue porque otro más valiente que yo subía las escaleras delante de mí. Luego, él siguió recto, yo giré hacia la derecha y me encontré de frente con Bin Laden.

Tres años antes del 11-S… Captura del famoso vídeo en el que un desconocido Bin Laden explicó el 20 de agostó de 1998 por qué había declarado una guerra santa contra Estados Unidos. El material fue analizado al detalle por la CIA, donde, se dijo, «no se creía que este saudita alto y con barba, en cuclillas alrededor de una fogata, pudiera ser una amenaza para Estados Unidos». Para muchos analistas, Bin Laden parecía primitivo y relativamente inofensivo. Y Richard Holbrooke, un alto funcionario del gobierno de Clinton, preguntó: «¿Cómo puede un hombre en una cueva superar a los líderes mundiales de la sociedad de la información?».FOTO DE CNN A TRAVÉS DE GETTY IMAGES

XL. ¿No dice con orgullo yo maté a Bin Laden?

R.O. No, nada de orgullo. Me siento honrado de haber formado parte de aquel equipo. Otros muchos podrían haber hecho lo que hice yo. Solo estaba en el lugar y el momento adecuados. Hicimos nuestro trabajo, nada más.

XL. Ha recibido amenazas del grupo terrorista Estado Islámico.

R.O. Sí, pero todos estamos amenazados por el Estado Islámico.

XL. No de forma personal. 

R.O. Seguro que al Estado Islámico le encantaría cogerme, pero matar a un montón de gente en una ciudad le gustaría mucho más.

XL. Cuando da una entrevista, ¿investiga a su interlocutor y revisa el lugar de la conversación?

R.O. Claro. No me da miedo el peligro, pero soy consciente de él.

XL. ¿Cómo acaba un chico de Montana cazando a Bin Laden? ¿Es usted de familia de militares?

R.O. No, yo he sido el primero.

«Cuando disparé a Bin Laden, me pregunté: ‘¿Esto es lo mejor que he hecho en mi vida o lo peor?’. Y sigo sin saber la respuesta»

XL. ¿Por qué quiso serlo?

R.O. Mi novia me había dejado, solo quería irme, donde fuera. La forma más fácil era alistarme.

XL. ¿Y por qué en los Navy SEAL?

R.O. Casualidad. En realidad quería ir a los Marines. Tenía amigos marines. Llevaban unos cortes de pelo geniales. Estaban todos cachas y tenían uniformes estupendos. Pero el reclutador no estaba en la oficina cuando yo fui. Así que le pregunté al tipo de los Navy SEAL. Me convenció. Tenía que completar su cupo de reclutas.

XL. ¿Era feliz de salir de Montana?

R.O. Sí. En el campo de entrenamiento aprendí que todos tenemos miedo alguna vez. Y no pasa nada. Cuando miraba a los demás reclutas, veía lo mismo en sus ojos: venir aquí ha sido una muy mala idea.

XL. ¿Por qué?

R.O. La incertidumbre. Sales de tu zona de confort. La mayoría de la gente prefiere quedarse en su zona de confort, seguir siendo mediocre en vez de arriesgar. Las personas sobresalientes no son más que gente normal que decide salir de su zona de confort.

UNA OPERACIÓN COORDINADA

EL FIN DEL LÍDER DE AL-QAEDA

Bin Laden se ocultaba en esta casa de Islamabad, en Pakistán, donde los Navy SEAL acabaron con su vida. La operación sufrió un serio imprevisto cuando falló un helicóptero, pero el final fue un éxito. La fuerza de asalto estuvo en tierra menos de 40 minutos. Murieron cinco personas, incluidos Bin Laden y su esposa. El presidente Barack Obama, junto con miembros de su Gabinete y distintos mandos militares, presenció en directo la operación desde la Casa Blanca. El cadáver de Bin Laden fue lanzado al mar.

XL. Muchos reclutas no resisten el entrenamiento de los SEAL.

R.O. Necesitas humildad. No vale solo para los Navy SEAL, vale para todas las unidades de operaciones especiales del mundo. Siempre hay tipos mejores que tú. Y tienes que aprender de ellos. ¿Por qué son mejores? ¿Cuáles son sus hábitos? ¿Por qué corren una milla en menos tiempo que los demás? ¿A qué hora se levantan? ¿Qué desayunan? ¿Qué los hace tan buenos? La humildad lo es todo. Si eres el más listo de la habitación, es que estás en la habitación equivocada.

XL. ¿Cuándo supo que iba a formar parte de la Operación Lanza de Neptuno? 

R.O. Tres semanas antes. Estaba en Miami con mi equipo, entrenando buceo de combate. Nos convocaron a 28. No nos concretaron nada, pero intuimos que había en marcha algo grande. Y luego, dos semanas antes de la misión, nos dijeron: «Parece que hay algo…». Y tres días después: «Se trata de Bin Laden».

XL. ¿Les contaron cuál fue la información que acabó llevando al escondite de Bin Laden? 

R.O. Sí, empezaron a hablarnos del asunto. Nos reunimos con las mujeres que encontraron a Bin Laden y con una mujer en particular, Maya. Nos explicó con todo detalle cómo lo encontró. Pero entonces pensamos: «Hey, no tenemos por qué saber nada de todo esto, hagamos lo que tenemos que hacer y punto». Tampoco quiero saber cómo se hacen las salchichas, me las como y ya. Soy bueno con las armas, tú me dices lo que hay que hacer y yo lo hago.

XL. Prepararon la operación en Carolina del Norte: en unos terrenos recreaban de forma exacta el escondite de Bin Laden en Abbottabad (Pakistán).

R.O. Se parecía bastante. La recreación se hizo más para los encargados de tomar la decisión que para nosotros. Tenían que ver si podíamos hacerlo. Estábamos preparados. La gente seleccionada tenía más de 400 acciones de combate a sus espaldas.

Pakistán borró hasta el último rastro de Bin Laden.

Pakistán borró hasta el último rastro de Bin Laden. El 26 de febrero de 2012, casi               un año después de la operación de los Navy SEAL, las fuerzas de seguridad paquistaníes       demolieron el complejo de Abbottabad en el que Osama bin Laden fue abatido.AAMIR Q    URESHI / AFP A TRAVÉS DE GETTY IMAGES

XL. ¿  Todos los elegidos estaban a la altura de la misión? 

R.O. Sí, todos. Algunos ni siquiera tenían miedo. Yo tampoco lo tenía, pero estaba cono-    vencido de que íbamos a morir en la misión.

XL. ¿Pensaba que iba a morir?

R.O. Naturalmente. Sabíamos que acabaríamos metidos en un tiroteo. Y si hay alguien capaz de hacer saltar por los aires un edificio, ese es Bin Laden. No, no íbamos a volver a casa. Así eran las cosas.

XL. ¿Se despidió de sus padres?

R.O. Más o menos. No nos permitían decirles lo que íbamos a hacer. Dejamos cartas manuscritas. No sabían ni que estábamos fuera del país.

XL. Los Navy SEAL subieron a dos helicópteros Black Hawk en Afganistán y volaron durante la noche hacia Pakistán. ¿Cuál era su papel como líder de equipo?

R.O. Llevar a un equipo hasta el tejado de la casa de Bin Laden. Varios tiradores, un traductor y un perro, Cairo. Teníamos un plan perfecto, pero los planes perfectos nunca salen. Esta vez tampoco: un helicóptero se estrelló y nuestros hombres salieron como pudieron. No quieras nunca un plan perfecto, decide sobre la marcha. No hay nada más seguro que eso. Nunca.

«Tendríamos que habernos ido de Afganistán mucho antes. Entramos, destruimos Al Qaeda y nos vamos: eso habría que haber hecho. Nuestra tarea no era construir escuelas»

XL. ¿Qué pensó cuando el otro helicóptero se estrelló?

R.O. Asumí que los habían atacado y matado a todos. No sabía que se habían estrellado.

XL. ¿Siguió con el plan establecido?

R.O. No. La idea era descolgarnos sobre el tejado, pero aterrizamos en el jardín. Pensé: «Bueno, tendremos que empezar la guerra desde aquí. Vamos allá, recalculemos todo desde el principio».

XL. Todo eso sucedió en segundos. ¿Recuerda los detalles?

R.O. Sí, puedo cerrar los ojos y verlo todo. Recuerdo lo que se veía, cómo olía, lo que se oía.

XL. ¿Y qué se oía?

R.O. Estaba muy orgulloso de mis chicos: somos buenos comunicándonos de forma efectiva para no empeorar el caos aún más. Y aquella noche nadie grita, nadie dice nada. Nos movemos en silencio. El tipo que va delante de mí gira a la izquierda; yo, a la derecha. Así de fácil. Atente a lo básico. Te sigo. Y detrás de mí hay otro seal. Puedo sentirlo. Sabíamos cómo iba a ser. Lo habíamos hecho cientos de veces.

XL. ¿Mucha adrenalina?

R.O. Un poco al principio, cuando me enteré de cuál era la misión. Pero en los combates de los años anteriores ya había dejado de sentirla. Cuando ya no te pones nervioso en una operación, tienes que empezar a preocuparte. Quizá debas tomarte un año de descanso.

XL. ¿No la sentía ni en la casa del mismísimo Bin Laden?

R.O. No, no había adrenalina porque habíamos asumido la inevitabilidad de la muerte.

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Tras veinte años, ¿ganan los talibanes?Un infante de marina estadounidense coge a un bebé afgano por encima de una alambrada en el aeropuerto internacional Hamid Karzai en Kabul el pasado mes de agosto, durante los desesperados intentos de huir del país por parte la población que teme por su vida tras la vuelta al poder de los talibanes. «Nuestra tarea allí nunca debería haber sido un ‘todo o nada’ —dice O’Neill–. No pasaba por construir escuelas para una gente que no quería que hiciéramos eso. Si quieres perder, deja a políticos y abogados al mando, y eso hicimos». |CORTESÍA DE OMAR HAIDIRI / AFP A TRAVÉS DE GETTY IMAGES

XL. Ha dicho que recuerda los olores de aquella noche. 

R.O. La peste habitual de los entrenamientos. El explosivo, el humo de nuestras armas… porque íbamos disparando.

XL. ¿Cómo se defendió la gente de Bin Laden?

R.O. Éramos mucho mejores que ellos. Nos disparaban, nosotros devolvíamos el fuego, los abatíamos y seguíamos adelante. Así de fácil. La única posibilidad que tiene Al Qaeda de ganarnos es si derriban un helicóptero. Uno contra uno somos mucho mejores.

XL. ¿También en aquel combate?

R.O. Sin duda. Los intercambios de disparos solo duraban segundos. Supongo que por eso nos pagan una fortuna. Que no nos la pagan, claro.

XL. ¿Cuánto ganan?

R.O. Yo era líder de equipo. Quizá unos 70.000 dólares al año con todos los complementos especiales.

XL. ¿Les dieron algún tipo de prima por esta misión?

R.O. No. Una palmadita en la espalda.

XL. ¿Eso fue todo?

R.O. Y sobrevivimos, que también está muy bien. No, fue un honor. Los que no recibieron ningún reconocimiento fueron los pilotos. Los mejores pilotos del mundo. Y la tripulación. Iban dos por helicóptero, se aseguraban de que todo funcionara. Esta gente nunca recibe elogios. Es absurdo, todos somos un equipo.

«Los estadounidenses no hemos ganado una guerra desde que lanzamos las bombas atómicas sobre Japón. No, ya no ganamos guerras»

XL. ¿Por qué fue Robert O’Neill el que disparó a Bin Laden?

R.O. Porque seguí escaleras arriba a un valiente. Quería seguir a mis chicos adonde fueran. Subieron dispuestos a mirar a la muerte a los ojos y no podía dejar que subieran solos. Soy leal a mi gente. Si ellos avanzan, yo también. Si mueren, morimos todos. No me habían escogido para hacerlo. Solo pasó. El tipo que iba delante de mí siguió de frente, yo giré a la derecha.

XL. Hay varias versiones sobre lo sucedido. Una de ellas es que el primer tirador no le acertó a Bin Laden, y usted sí. Otra: un tirador ya había alcanzado a Bin Laden y usted disparó después. 

R.O. Lo que sé es que, cuando yo le disparé, todavía estaba en pie. Tenía las manos sobre los hombros de Amal bin Laden, la más joven de sus cuatro esposas, y era una amenaza. Estaba vivo, estaba en pie y tenía un arma. Así que le disparé tres veces. A la cara. Estaba contento de haber completado la misión. Ahora ya podemos seguir viviendo. Larguémonos de aquí.

XL. ¿De verdad estaba contento?

R.O. No. Cuando le disparé, me pregunté: «¿Esto es lo mejor que he hecho en mi vida o lo peor?». Y sigo sin saber la respuesta.

XL. ¿Todavía?

R.O. Todavía. Me alisté porque una chica me había dejado. No sabía cuánto acabaría llegando a pesar aquella decisión. Estuvo muy bien, pero no sé qué pasará mañana.

«No tenía miedo, pero estaba convencido de que íbamos a morir en la misión. No había adrenalina porque habíamos asumido la inevitabilidad de la muerte»

XL. ¿Qué quiere decir?

R.O. Ahí fuera sigue habiendo mucha gente loca que quiere acabar contigo. Créame: quiero que haya paz en el mundo. He estado en un montón de combates, en un montón de zonas de conflicto, y puedo decir que la mayoría de la gente lo único que quiere es seguir tranquilamente con sus vidas. Todo sería mucho más fácil si simplemente intentáramos no matarnos los unos a los otros.

XL. No puedo dejar de pensar en esa frase que ha dicho antes: «Si matar a Bin Laden es lo mejor o lo peor que he hecho»…

R.O. En otros conflictos, nadie ha matado al terrorista número uno. El hombre que mató a Hitler fue Hitler. Nada más matar a Bin Laden, su mujer y su hijo de dos años se me quedaron mirando. Y yo miré a aquel chico, y lo hice como padre, y mi primer pensamiento después de haber matado a su padre fue: «Este pobre chaval no tiene nada que ver con todo esto».

Vivir para contarlo.

Vivir para contarlo. Robert O’Neill durante una conferencia en la Biblioteca Richard           Nixon, en California, en julio de 2017, presentando su libro The operator.PHILLIP FARAEON /GETTY IMAGES

XL. ¿Qué edad tenían sus hijos entonces? ¿Dos años también?

R.O. Prefiero no decir la edad exacta, pero sí, parecida. Da igual lo que su padre y yo hayamos hecho, aquí hay un niño que acaba de ver cómo asesinan a su padre.

XL. ¿No siente alivio?

R.O. Claro, el alivio de saber que, se escondan donde se escondan los terroristas, tenemos gente que los encontrará. Velamos por la justicia.

XL. Volvamos a Abbottabad. Bin Laden estaba muerto. ¿Qué hicieron a continuación?

R.O. Teníamos 90 minutos para cruzar la frontera y regresar a Afganistán sin que nos derribaran.

«Las personas sobresalientes no son más que gente normal que decide salir de su zona de confort. La mayoría prefiere seguir siendo mediocre y no arriesgar»

XL. ¿Cuándo se produjeron las primeras celebraciones?

R.O. Cuando cruzamos la frontera y el piloto dijo: «Por primera vez en la vida, caballeros, les alegrará escuchar esta frase: ‘Bienvenidos a Afganistán’». Supimos que habíamos salido vivos y pensamos: «La hostia, lo hemos conseguido».

XL. ¿Ningún herido del lado estadounidense?

R.O. No, nadie. Aterrizamos. Llevábamos el cuerpo de Bin Laden y se lo entregamos al Ejército, que luego lo llevó a bordo del USS Carl Vinson y le dio sepultura en el mar. Estábamos ahí, comiendo unos sándwiches con el cadáver de Osama bin Laden al lado, y el presidente Obama salió en televisión y dijo: «Hoy puedo comunicarle al pueblo americano y al mundo que Estados Unidos ha completado con éxito la misión de matar a Osama bin Laden». Cuando le oí, miré el cadáver con mi sándwich en la mano y pensé: «¿Cómo demonios he llegado hasta aquí? Desde Butte (Montana) hasta aquí…». Cómo es el mundo. Mierda, tío, dos hombres que no se conocían de nada coincidieron en ese preciso momento. Es de locos.

XL. Se ha dicho que fue una misión matar o capturar. ¿No fue una operación para matar, a secas? 

R.O. No, era matar o capturar. Pero Bin Laden era un gran peligro. Tenía menos de un segundo para convencernos de que no lo matáramos. Si hubiese mantenido las manos en alto, se hubiese subido la camisa y hubiésemos visto que no llevaba un cinturón de explosivos, lo habríamos capturado vivo.

«Créame: quiero que haya paz en el mundo. Todo sería mucho más fácil si simplemente intentáramos no matarnos los unos a los otros. No hay nada ‘cool’ en la guerra»

XL. ¿De verdad?

R.O. Sí.

XL. ¿No había una misión secreta de «mátenlo pase lo que pase»?

R.O. No, no la había. Pero con el Navy SEAL Team Six no te puedes andar con bromas. Bin Laden no se quedó quieto, empezó a hacer un movimiento, a intentar algo.

XL. ¿Cree que fue la mejor decisión?

R.O. Sí.

XL. ¿Por qué?

R.O. Habría habido un proceso judicial y él lo habría aprovechado para burlarse de nuestro sistema. Habría usado a nuestros ridículamente fanáticos abogados y jueces para demostrar que la víctima era él. Saldamos cuentas aquella noche. Y la decisión fue suya, no mía.

XL. ¿Le ha dejado algún trauma?

R.O. Por supuesto.

XL. ¿Hablan de ello?

R.O. Claro. Hemos estado mucho tiempo en la guerra. Son muchos combates, todo muy rápido y violento. La violencia es constante. La gente lo glorifica en los videojuegos y las películas, pero no hay nada de glorioso en la guerra. No hay nada cool. 

«No había orden de matarlo. Era matar o capturar. Bin Laden tenía menos de un segundo para convencernos de que no le disparáramos. Pero hizo un movimiento»

XL. ¿Cómo lidia con sus traumas?

R.O. Hablando. Si tienes un día malo, llamas a alguien. Si tienes un día bueno, llamas a alguien. Que no te dé miedo hablar con alguien que ha pasado por lo mismo. No hay motivo para avergonzarse. Los suicidios de veteranos de guerra son un problema enorme… Hay que seguir. No te rindas ahora. Ríndete mañana, pero no hoy. Que siempre sea mañana. Con ello no quiero decir: mátate mañana. Naturalmente que no. Pero no lo hagas hoy. Aguanta siempre un día más, aguanta hasta mañana.

XL. Dejó los Navy SEAL en 2012. 

R.O. El 6 de agosto de 2011, poco después de la operación de Bin Laden, perdimos a 31 hombres en Afganistán por el derribo de un helicóptero.

XL. El día más negro para el Navy SEAL Team Six, su equipo.

R.O. Murieron todos. Era hora de dejarlo. Había estado en tantas operaciones, había salido con vida por los pelos tantas veces… Quería poder ir algún día a la boda de mis hijos.


VIVENCIAS A FLOR DE PIEL

LAS MARCAS IMBORRABLES

Cuanto ha vivido en sus años de SEAL –más de 400 acciones de combate a sus espaldas– le ha dejado todo tipo de marcas. Las más profundas: traumas que reconoce. «Si tienes un día malo, llamas a alguien. Si tienes un día bueno, llamas a alguien». Las marcas más superficiales son sus tatuajes. «Hay de todo —describe—: tengo del SEAL Team y un montón de citas y frases. Algunas son muy personales. En un brazo tengo mi logo: ‘RO’. En otro [el que enseña en la imagen], mi tatuaje del 11-S: ‘La libertad misma fue atacada esta mañana por un cobarde sin rostro, y la libertad será defendida’. Me lo tatué después de la operación de Bin Laden. Esa frase se la dije a mi gente cuando íbamos de camino».© Stern

Imagen de portada: Robert O´Neil

FUENTE RESPONSABLE: El Correo XL Semanal.

EE.UU./al Qaeda/11S/Muerte/Bin Laden/Robert O´Neill

Historia de las plañideras: vida y obra de las mujeres que cobraban por llorar.

DE EGIPTO A LAS RÍAS BAIXAS

Hasta mediados del siglo pasado, las plañideras eran habituales también en España, especialmente en los pueblos. Ofreciendo sus lágrimas a cambio de dinero, acudían al funeral de alguien que no conocían, pero cuya vida habían estudiado previamente.

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“El sistema lagrimal se desarrolló por primera vez cuando los peces se convirtieron en anfibios terrestres. Dejamos el agua y empezamos a llorar por el hogar que habíamos abandonado” dice Heather Christle en ‘El libro de las lágrimas’. 

Llorar, ese acto que responde a emociones de todo tipo. Llorar por miedo, por alegría, por tristeza, desde que llegamos al mundo. Aunque para Christle, “quizá no podemos conocer las verdaderas razones de nuestro llanto. Quizá no lloramos por, sino cerca o alrededor”. Respuesta, pregunta, a veces el llanto no es nada de eso, es una forma. El llanto es una capacidad. Sin embargo, no es una capacidad reconocida, sino relegada a las mujeres, empleada para satisfacer la forma del sistema patriarcal hasta nuestros días.

Recientemente, en Madrid, han abierto una llorería. Pero mucho antes de la capitalización del llanto sin desestigmatizarlo, mucho antes de que empresas cobraran a quienes necesitan llorar, fueron las mujeres las que cobraron por hacerlo.

Fuente: MNAC

Destinadas por fuerza a la fragilidad vinculada a la lágrima, en algún momento de la Historia decidieron hacer de ello una forma de sustento. Plañideras, lloronas, ‘choronas’, ‘vocetrices’, lastimeras o rezanderas. Se habla de ellas con la distancia del pasado, de lo antiguo, pero su existencia y su presencia histórica durante siglos apelan a la actualidad.

Seres psicopompos.

Las plañideras no lloraban por llorar, no cobraban por cualquier cosa, sino por lamentar la muerte de alguien cuya alma, a través de aquellos sollozos de mujeres, alcanzaría el descanso eterno. Según apunta la historiadora Ana Valtierra, tal y como recogen Ángeles Boix Ballester y Encarna Lorenzo Hernández, su origen podría estar en Egipto, en algunas mujeres que siguieron el ejemplo mitológico de Isis, la gran diosa madre. Cuenta la historia que Isis lloró desconsoladamente cuando murió su esposo Osiris, asesinado por su hermano Seth, mientras buscaba sus trozos por todo el país e intentaba devolverlo a la vida. Mito o realidad, las plañideras ya aparecen representadas en restos arqueológicos, desde cerámicas hasta pinturas de entonces.

Mujeres llorando en un mural de la tumba de Ramose. Fuente: iStock

“Las plañideras actuaban como seres psicopompos, acompañando al difunto en el tránsito hacia el otro mundo, y repetían el gesto mágico de la diosa con el fin de procurar su renacimiento en el Más Allá”, sostiene la investigadora Sofía Lili Reyes. Es decir, las plañideras, acudían a los rituales funerarios en representación de las diosas, “eran como actrices trágicas que dramatizaban el dolor con gestos extremos: lágrimas, sollozos, golpes el pecho, rasgándose las vestiduras, arañándose el rostro, arrancándose mechones de cabello o manchándose el cuerpo y la cabeza de barro”. Según apunta Reyes, se ha encontrado en momias que los embalsamadores colocaron entre sus vendas pequeñas plaquitas que representaban a Isis y Neftis, una forma de ofrenda como amuleto para facilitar el paso a la nueva vida. Pero fue en la Antigüedad donde las plañideras se expandieron y expandieron sus llantos. Del latín, plangere, significa sollozar.

Giotto di Bondone (1304-1306)

Así por ejemplo, en la Ilíada, Homero describe a Hécabe, madre de Héctor, arrancándose los cabellos ante la muerte de su hijo, o el llanto de las Ninfas por el padre de Andrómaca y el de las Nereidas en el funeral de Aquiles. Más adelante, en el Antiguo Testamento, el profeta Jeremías llama a las “lamentatrices” a llorar por la nación hebrea cuando Judá e Israel son tomados por el emperador caldeo Nabucodonosor II y las reincidencias de su pueblo en el paganismo: “Atended, llamad a las lamentatrices, que vengan; buscad a las más hábiles en su oficio” (Jeremías, 9:17).

Un llanto asignado a las mujeres.

Con el Cristianismo, esta figura toma fuerza con prototipos e imágenes como la de María Magdalena o incluso la propia Virgen María, a través de la cual se sigue representando (y en parte recordando) un llanto asignado a las mujeres. Desde Giotto a Van der Weyden, las mujeres llorando en la pintura religiosa llegan hasta Courbet en el siglo XIX.

‘Magdalena penitente’ (Tiziano). Fuente: Wikipedia»

A sus pies comenzó a regarlos con sus lágrimas; los enjuagaba con sus cabellos, los besaba y los ungía de bálsamos… Perdonados le son sus pecados, porque ha amado mucho» dice la Biblia sobre María Magdalena, conformando el modelo de pecadora y penitente en su encuentro con Jesús. El Cristianismo imperante en Europa, sin embargo, no aceptaba aquellos coros de llantos cada vez más habituales, y durante siglos trató de prohibirlos para evitar, precisamente, que las mujeres se reapropiaran del propio estigma o simplemente para que no tuvieran aquel rol tan marcado en la sociedad. “En España, las constituciones sinodales de Sevilla prohibían a la viuda e hijas del difunto la asistencia al entierro para evitar que llorasen” apunta Verónica Zárate al respecto. No obstante, no lo consiguieron.

Las choronas de las Rías Baixas.

Hasta mediados del siglo pasado, las plañideras eran habituales también en España, especialmente en los pueblos. Ofreciendo sus lágrimas a cambio de dinero, acudían al funeral de alguien que no conocían, pero cuya vida habían estudiado previamente. Y allí, alrededor del féretro, daban forma al dolor y alzaban las voces para que con ellas se elevara el alma de la persona. De aquello existe una memoria popular entre dichos y poesía. Si vives en las Rías Baixas seguro que, alguna vez, alguien te ha enviado a chorar o llorar a Cangas. Esta especie de antecesor de la llorería tiene sus raíces en la popularidad que alcanzaron las llamadas choronas en la zona. 

Dice Federico García Lorca en su poema ‘Muerto de amor’: 

«Tristes mujeres del valle

bajaban su sangre de hombre,

tranquila de flor cortada

y amarga de muslo joven.

Viejas mujeres del río

lloraban al pie del monte,

un minuto intransitable

de cabelleras y nombres».

‘Un entierro en Ornans’ (Gustave Courbet, 1849-1850). Fuente: Wikipedia

Las viejas (y jovenes) mujeres que lloran están por todas partes. El antropólogo estadounidense Melville Herskovits recuerda a los Dahomey en África Occidental. En esta comunidad, cuando alguien va a morir, todas las mujeres de la familia se reúnen para lanzar sus lamentaciones y, en este caso, les siguen hombres y niños. Los Dahomey utilizan el término “Avidochio”, que significa entregar las lágrimas al muerto. En países de América Latina aún pueden verse a algunas mujeres de negro, con un pequeño libro en las manos, llorando por alguien a quien no conocen. Como apunta Reyes: “Simbólicamente, con las plañideras se puede medir la angustia y dolor o la miseria de una sociedad, ellas descubren y reviven verdades originadas por la cosmovisión y sentimientos como el amor y cohesión del grupo”.

Imagen de portada: Fotografía de Cristina García Rodero (vía Espacios para el Arte/Flickr).

FUENTE RESPONSABLE: Alma, Corazón, Vida. Por Carmen Macías. Octubre 2021.

Sociedad y Cultura/Muerte/Cristianismo

 

Qué les pasaría a nuestros cuerpos si muriéramos en el espacio. NO RECOMENDABLE PARA PERSONAS SENSIBLES.

Los viajes al espacio con fines recreativos son una posibilidad cada vez más real y podría llegar un día en el que viajemos a otros planetas de vacaciones o para vivir.

La compañía espacial comercial Blue Origin ya comenzó a enviar clientes al espacio en vuelos suborbitales, mientras que Elon Musk espera establecer una base en Marte con su firma SpaceX.

Esto significa que tenemos que empezar a pensar en cómo será vivir en el espacio y también qué pasaría si alguien muere allí.

Después de morir aquí en la Tierra, el cuerpo humano pasa por una serie de etapas de descomposición. El proceso fue descrito en 1247 un libro de Song Ci, que fue esencialmente el primer manual de ciencia forense.

Primero, la sangre deja de fluir y comienza a acumularse como resultado de la gravedad, un proceso conocido como el «livor mortis.

Después el cuerpo se enfría hasta llegar al algor mortis y luego los músculos se ponen rígidos debido a la acumulación incontrolada de calcio en las fibras musculares: este es el estado conocido como rigor mortis.

Posteriormente las enzimas, un conjunto de proteínas que aceleran las reacciones químicas, hacen que las paredes celulares se descomponen liberando su contenido.

Al mismo tiempo, las bacterias de nuestros intestinos escapan y se diseminan por todo el cuerpo. Luego devoran los tejidos blandos: la putrefacción y los gases que liberan hacen que el cuerpo se hinche.

El rigor mortis pasa mientras se destruyen los músculos, se desprenden olores fuertes y se descomponen los tejidos blandos.

Primera fotografía en color de la superficie del planeta marciano

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Las condiciones desérticas y secas de Marte podrían hacer que los tejidos blandos del cuerpo se sequen, y quizás el sedimento arrastrado por el viento erosionaría y dañaría el esqueleto de una manera similar a la que vemos aquí en la Tierra.

Estos procesos de descomposición son factores intrínsecos, pero también existen factores externos que influyen en el proceso de descomposición, como la temperatura, el rol de los insectos, el entierro, la manera en que se depone un cuerpo y la presencia de fuego o agua.

La momificación o desecación del cuerpo ocurre bajo condiciones secas que pueden ser cálidas o frías.

En ambientes húmedos sin oxígeno, se puede dar la formación de adipocira (una sustancia similar a la cera orgánica), pues el agua puede causar la descomposición de las grasas a través del proceso de hidrólisis.

Este recubrimiento similar a la cera puede actuar como una barrera sobre la piel para protegerla y preservarla.

Pero en la mayoría de los casos, los tejidos blandos finalmente desaparecen y revelan el esqueleto. Estos duros tejidos son mucho más resistentes y pueden sobrevivir miles de años.

Un proceso de descomposición diferente

Pero, ¿qué pasa con la muerte fuera de nuestras fronteras terrestres?

La distinta gravedad que otros planetas tienen afectaría la etapa del livor mortis. La falta de gravedad cuando se flota en el espacio haría que la sangre no se acumule.

Dentro de un traje espacial, el rigor mortis todavía se produciría, pues es el final de las funciones corporales.

Las bacterias intestinales también devorarán los tejidos blandos, pero estas bacterias necesitan oxígeno para funcionar correctamente y, por lo tanto, un suministro limitado de aire ralentizará significativamente el proceso.

La primera huella en la Luna, misión Apolo 11, julio de 1969.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

En la Luna las temperaturas pueden variar desde los 120° C a los -170° C . 

Allí los cuerpos podrían mostrar signos de cambios inducidos por el calor o por la congelación.

Los microbios del suelo ayudan a la descomposición, por lo que cualquier entorno planetario que inhiba la acción microbiana, como una sequía extrema, mejoraría las posibilidades de preservación de los tejidos blandos.

Otra forma de esqueletos

La descomposición en condiciones tan diferentes a la Tierra haría que los factores externos influyan diferentemente y de forma más compleja en estructuras como el esqueleto.

Cuando estamos vivos, el hueso es un material vivo que comprende materiales orgánicos como vasos sanguíneos y colágeno, y también materiales inorgánicos en una estructura cristalina.

Normalmente, el componente orgánico suele descomponerse, por lo que los esqueletos que vemos en los museos están constituidos en su mayoría de restos inorgánicos.

Pero en suelos muy ácidos, que podemos encontrar en otros planetas, puede suceder lo contrario y el componente inorgánico desaparecería dejando solo los tejidos blandos.

En la Tierra, la descomposición de restos humanos forma parte de un ecosistema equilibrado donde los nutrientes son reciclados por organismos vivos, como insectos, microbios e incluso plantas.

La influencia del entorno

Los entornos en otros planetas no han evolucionado para deshacerse de nuestros cuerpos de la misma manera eficiente. Los insectos y los animales carroñeros no existen allá.

Pero las condiciones desérticas y secas de Marte podrían hacer que los tejidos blandos se sequen, y quizás el sedimento arrastrado por el viento erosionaría y dañaría el esqueleto de una manera similar a la que vemos aquí en la Tierra.

La temperatura también es un factor clave en la descomposición.

En la Luna, por ejemplo, las temperaturas pueden variar desde los 120° C a los -170° C . Allí los cuerpos podrían mostrar signos de cambios inducidos por el calor o por la congelación.

Pero creo que es probable que los restos todavía parezcan humanos ya que el proceso completo de descomposición que vemos aquí en la Tierra no ocurriría.

Nuestros cuerpos serían «extraterrestres» en el espacio y quizás tendríamos que encontrar una nueva forma de práctica funeraria, que no implique el alto consumo de energía de la cremación o la excavación de tumbas en un ambiente duro e inhóspito.

*Tim Thompson es decano de Salud y Ciencias de la Vida y profesor de Antropología Biológica Aplicada en la Universidad de Teesside. Esta nota apareció originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo por Tim Thompson (The Conversation).

Ciencia/Espacio extraterrestre/Muerte/Proceso

 

“Desvario”

Ni en sueños
dejas de aparecer
trayendo sonidos
que me estremecen,
sueños extraños
que me encadenan
a aquel pasado,
en que tu estabas
aun a mi lado.


Niña que visitas
mi cuarto cada noche
y así llevándome
a tu mundo extraño,
pretendiendo
que contigo
me quede,
pero duran 
tan poco
esos sueños,
que se que no
podré seguirte
como tu y yo
quisiéramos.

Ah…amada mía,
porque has sido tú
quien ha partido
antes de tiempo,
dejándome
en esta desolación
insoportable.