Eva Baltasar: «Nos educan para complacer»

Desconocemos el nombre de la protagonista de Mamut (Literatura Random House, 2022), título que cierra la trilogía de Eva Baltasar (Barcelona, 1978) tras Permafrost (2018) y Boulder (2020), publicados por la misma editorial, pero sí sabemos que tiene veinticuatro años, que vive cerca de un zoológico y que se mantiene con empleos efímeros y alquilando habitaciones de su amplia vivienda. Una vida aparentemente similar a la de cualquier joven urbana excepto por los dos fuertes impulsos que la motivan: el deseo de gestar un hijo por su cuenta y riesgo, y el de escapar de la ciudad. Y con la persistente embestida de un auténtico mamut prehistórico logra sus objetivos. Baltasar narra el duro trasplante desde el asfalto a la tierra de esta voluntariosa mujer con su prosa exquisita traducida magníficamente por Nicole d’Amonville Alegría. En sólo un centenar de páginas describe con un lenguaje sobrio de gran belleza poética el tránsito de una vida de cómoda vacuidad o a otra de plenitud con las mínimas necesidades cubiertas, bajo la mirada de un pastor anónimo y de un perro que sí tiene nombre, Toc toc.

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—¿Qué sensación tienes al acabar un proyecto al que has dedicado seis años? 

—Muchísima paz y una gran satisfacción. Tengo la suerte de publicar en una editorial que respeta mis tiempos, y pude trabajar cada novela del tríptico a mi ritmo, tanto a nivel argumental como a nivel lingüístico.  Ahora ya estoy metida en otra novela.

—¿Cómo combinas lírica y prosa?

—No siento que abandone la poesía al escribir prosa. Y eso sin hacer prosa poética. Diría que trabajo el lenguaje de la misma forma, buscando el ritmo, la musicalidad, creando imágenes, etcétera. Vengo de escribir una poesía muy íntima y confesional, y el hecho de crear un personaje en una novela me parece algo muy sanador por el hecho de salir de la burbuja del yo.

—El sexo, la homosexualidad, distintos tipos de maternidad, la incomunicación… son algunos de los hilos que conectan los tres relatos. ¿Alguno más?

—La incomodidad de vivir en la sociedad que nos ha tocado, por un lado, y que constantemente estamos ayudando a co-crear, por el otro. La intemperie, la fragilidad del yo atrapado en las relaciones mercantilistas que lo copan casi todo. Y la soledad, la importancia de la soledad como requisito para el autoconocimiento y para alcanzar cierta paz.

—¿El gran éxito de Boulder, publicado en plena pandemia, te impuso presión a la hora de proseguir la trilogía?

—No. Escribo con absoluta libertad, para mí, sin pensar en el lector, y esto me libera de cualquier tipo de presión. Sé que si luego la novela gusta será fantástico y estaré muy agradecida, pero que si no gusta al menos tendré la paz de haber escrito lo que realmente quería escribir. Esto no me lo quita nadie.

—Creo que empezaste a escribir novela por sugerencia de tu terapeuta. ¿Te ha ayudado la prosa a poner orden en la mente?

—Me ha ayudado a conocerme mejor. A través de la escritura me descubro, encuentro palabras para lo que solo eran emociones, miedos, incomodidades. Más que ordenadora, resulta muy reveladora.

—Vivimos en cárceles de miedos, pseudoseguridad de pago y pega, y super medicación. ¿Nos estamos haciendo cada vez más débiles como especie?

—Diría que más bien nos estamos llevando a la extinción. Por fortuna para el resto de fauna y flora del planeta, a las que arrasamos sin contemplación.

—De las tres mujeres que protagonizan la trilogía la protagonista de Mamut parece la más fuerte, la que consigue plenamente sus objetivos.

—Sí, es la única que decide dar el paso y salir de la zona de malestar en la que vive. Hay un desnudamiento de la protagonista, conforme marcha de la ciudad y empieza a identificarse con los bosques. El desnudamiento material es evidente, ya que descubre que puede vivir prescindiendo de muchas cosas, porque al fin y al cabo solo necesita un techo, algo de comida y leña para calentarse. Pero sobre todo hay un despojamiento de etiquetas y una gran liberación: la de las miradas y juicios de los demás. Creo que en gran medida nos educan para complacer y dar respuesta a las expectativas que los demás tienen sobre nosotros, y eso impide a mucha gente vivir en coherencia con su ser más interno.

—La mujer de Mamut es una experta en gestionar la soledad. ¿Por qué crees que hay tanta gente que se siente sola en estos tiempos de intensa interacción virtual?

—Podría ser porque los encuentros virtuales no son reales y, en muchas ocasiones, carecen de sentido.

—Permafrost, Boulder y Mamut. Los tres títulos tienen resonancias atávicas, como si quisieras reivindicar la fuerza de las primitivas hembras de la especie antes de ser encorsetadas por la civilización.

—No me lo había planteado así. Pero soy una escritora muy inconsciente, o sea que tal vez haya algo de ello por ahí. Conscientemente, son tres palabras de un mundo geológico duro, arcaico y desgastado, que para mí simbolizan a tres mujeres muy consistentes, a pesar de sus contradicciones.

—En algunos pasajes Mamut recuerda a Intemperie, de Jesús Carrasco. Personajes anónimos y una especie de desnudez anecdótica con predominio del paisaje. ¿Por qué no bautizas a las protagonistas?

—Porque me identifico plenamente con ellas, al escribir, y bautizarlas supondría alejarlas de mí. Y porque, de nombrarlas, lo haría con los títulos que las designan.

—La figura del pastor llena de claroscuros tiene una gran potencia y fuerza simbólica.

—El pastor es la encarnación de su territorio. Representa ese territorio, su particular moralidad, frente a la moralidad llena de tentáculos e hipocresía de la ciudad.

—Esa hipocresía se plasma en la peculiar matanza de los gatos abandonados. Muchos lectores te reprocharán por esas páginas.

—De momento no ha ocurrido. Pero es cierto que la protagonista aplica una lógica urbana al tener que solucionar problemas en un lugar muy distinto. Eso es lo que hace que se den ese tipo de aberraciones.

—Aunque hablas mucho de ti misma no haces libros autobiográficos. ¿Cómo dosificas la ficción y la memoria?

—No lo dosifico de manera consciente. Hablo mucho de mí porque, sin estar contando mi vida, al meterme en la piel de las protagonistas intento ser muy coherente no sólo con ellas, sino también conmigo misma.

—¿Declarar abiertamente tu lesbianismo ha sido liberador o te ha ocasionado algún problema?

—Ni lo uno ni lo otro. Ha sido tan natural como expresar mi amor por la filosofía.

—¿Con tus libros aportas una nueva visión de la sexualidad y del cuerpo de la mujer?

—No lo sé. Ésa sería una lectura posible, pero yo no hago lecturas acerca de mis propios libros: hablo de ellos cuando debo hacerlo y miro de no juzgarlos o etiquetarlos. Entiendo que ésa sea una lectura, y me parece bien, pero me resulta algo ajena.

—El hecho de ser madre es una de las cosas que más ha evolucionado en los últimos tiempos. ¿Estudiar pedagogía te ayuda con tus hijas?

—No. Estudiar pedagogía me ha servido para encontrar algún trabajo que me sustentara y financiara mis días de escritura y para descubrir la filosofía. He conocido a grandes pedagogos y pedagogas a lo largo de mi vida, y la mayoría no eran licenciados en pedagogía.

Imagen de portada: Gentileza de Zenda

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Bel Carrasco. Editor: Arturo Pérez Reverte. Mayo 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/Mujer/Entrevista

Tres historias de Tinder para no dormir: «Si huele a podrido, es porque está podrido».

‘LA CONQUISTA DE TINDER’

Jimina Sabadú publica ‘La conquista de Tinder’, un texto a caballo entre el ensayo, el manual y un bestiario humorístico de lo que les espera a las mujeres en las ‘apps’ de citas.

Si deseas profundizar sobre esta entrada; cliquea por favor adonde está escrito en “negrita”.

En 2015, una cámara de la revista ‘Vice’ pasó un día entero con los miembros de Taburete. 

Entonces, el grupo no había lanzado su primer disco. Los tres chavales acuden con sus guitarras al domicilio de los Bárcenas para ensayar un rato. Después, en su habitación, Willy Bárcenas enseña a la cámara un póster con una hilera de modelos en bikini. A todo el que entra, le plantea la misma pregunta: ¿cuál de las chicas prefiere? “Yo me quedo con esta”, dice el cantante. Y añade un matiz tras pocos segundos: “Para novia, esta otra, que es más discreta”. 

Si tuviera que escoger entre esas chicas, el físico que más le atrae al de Taburete no coincide con el de su pareja soñada. “Ese póster era del concurso ‘Vecinitas’, al que cualquier chica se podía presentar y los lectores de una revista masculina votaban. Puede verse como una crisálida de lo que ahora es Tinder. Era un grupo de chicas muy atractivas, pero con las que podías cruzarte en la calle. Como un catálogo de posibilidades”. Quien reflexiona es Jimina Sabadú, guionista, escritora y colaboradora en varios medios, que acaba de publicar ‘La conquista de Tinder’ (Turner, 2022).

Cubierta de ‘La conquista de Tinder’. (Turner)

No es un texto fácil de encasillar, reconoce su autora. “Sabes por qué entras en Tinder. Y también tienes claro por qué sales —corriendo, además—. Lo que pasa entremedias es lo que le interesa a Jimina Sabadú”, reza la contraportada. 

Así que ‘La conquista de Tinder’ transita entre el ensayo, el manual de uso y, a su manera, un bestiario humorístico de lo que una mujer heterosexual puede encontrarse en las ‘apps’ de citas. “Me hubiera encantado incluir más anécdotas personales, pero sé que hay mucha gente que no sabe cómo funciona esto de Tinder. He escrito desde esa base”. De vuelta a ‘Vecinitas’, eso de escindir la sexualidad femenina no lo ha inventado Bárcenas

De hecho, es tan viejo que podría haber tirado de la sabiduría popular: “La mujer del César no solo debe ser honrada, sino parecerlo”, “hay mujeres para divertirse y mujeres para casarse”. Son algunos de los dichos con los que Sabadú compara este tipo de razonamiento. “Me resulta chocante que pienses que una mujer que quiere divertirse contigo no es una mujer con la que te quieras casar”, responde en su texto.

A través de su experiencia en varias ‘apps’, esta escritora nos muestra una colección de anécdotas y reflexiones que, para muchos, suenan cada vez más familiares. 

Desde las agencias matrimoniales en el principio de los dos mil (“en aquella época inscribirse en una web para buscar pareja era tatuarse la palabra ‘pringao’ en la frente”), hasta una aplicación con más de 50 millones de usuarios estimados en el mundo. 

En Tinder, la decisión se consuma con un dedo —deslizando hacia la derecha o hacia la izquierda—, y la afinidad —el famoso ‘match’— se basa en tres elementos: unas imágenes, una pequeña biografía y la edad.

“Quizá como funciona como un juego, la gente no le da tanta importancia a sus actos. Si hasta hay quien lo usa mientras caga. Imagínate: ‘¿Cómo conociste a mamá?’. ‘Pues mira, estaba en el baño, me llevó un rato, abrí Tinder y apareció ella”, bromea la escritora. 

Una tesis que atraviesa ‘La conquista de Tinder’ es la de que una ‘app’ de citas puede acentuar “el consumo de personas como si fueran productos”. El testimonio de Sabadú se centra en la experiencia femenina de la aplicación. Y reproduce lugares, perfiles e interacciones que parecen apuntar en una dirección: desde su relato, Tinder puede convertirse en «una casa del terror», sobre todo para las mujeres. 

“Todos los tíos que conozco que me han contado alguna experiencia negativa con alguna chica de Tinder terminan con esta frase: ‘Pero con lo de los tíos, flipo’. Las historias más escalofriantes de este tipo las cuentan las chicas heterosexuales. Incluso a los propios tíos les sorprende lo que contamos”. “Si aglutinamos las motivaciones que tiene alguien para entrar en estas ‘apps’, encontramos tres: sexo, amor y curiosidad”, opina la escritora. 

“Alguien puede entrar con la idea de tomarle el pelo a la gente y acabar enamorándose de forma genuina. Alguien puede entrar en busca de amor y acabar encontrando amigos. Pero una de las tres no admite medias tintas, y esa es el sexo”. Ahí, en el sexo, se encuentran para Sabadú los “problemas y particularidades que tiene Tinder”. Concretamente, “en la desigualdad intrínseca que tenemos hombres y mujeres a la hora de acceder a las relaciones sexuales”.

Comenzando por ese espinoso asunto —que hay quien niega y refrenda, quien lo achaca a lo biológico, a lo ambiental o a una mezcla de las dos cosas—, Jimina Sabadú propone un viaje de cronista en ‘La conquista de Tinder’. 

Sobre todo, a través de los perfiles que las experiencias —negativas— le han revelado por el camino. «No tengo una percepción negativa de Tinder, sino de la gente que lo puebla», aclara. La gente que puebla Tinder es la que puebla el mundo, así que para Sabadú queda la duda de si estas historias serían las mismas dentro y fuera de la aplicación. Si la ‘app’ ha hecho que las relaciones personales no vuelvan a ser las mismas… o no. Como en las fábulas, algunos de sus relatos tienen moraleja en forma de consejo. Aquí siguen, de mano de su autora, tres advertencias con las que sortear «la casa del terror» que describe Jimina Sabadú. Tres historias de Tinder para no dormir.

I. «Si huele a podrido, está podrido»

«Cuando empecé a usar Tinder, pensaba en esa escena de ‘Annie Hall’ en la que se subtitulaban los diálogos con lo que verdaderamente están pensando los personajes. Lo hacía con los tíos que no son sinceros», cuenta Sabadú. «No te dejes llevar por los cantos de sirena. Si hay algo que te chirría mínimamente, huye», aconseja. En ‘La conquista de Tinder’, la escritora menciona a Mistery, uno de los exponentes recientes en los cursos y métodos para ligar dirigidos a hombres. 

«Al final se trata de que para que un tío se coma un rosco todo está permitido. Desde fingir un interés que no se tiene hasta mentir vilmente. Las técnicas son aberrantes, centrándose en el ‘valor subjetivo’ y en el ‘valor percibido’, con una visión de la mujer que no es muy distinta de la que puede ofrecer un manual de caza».

«El ‘nega’ es hacer comentarios en apariencia amables, pero que ocultan un pequeño desprecio que, supuestamente, querrás vadear, convirtiéndote en una persona vulnerable. Por ejemplo: ‘¿Cómo una chica tan inteligente estudió una carrera como Comunicación Audiovisual?'». En el pie de página, la autora apunta: «Sí, me lo dijo un cretino una vez».

II. Evitar la ‘clase media’

Las experiencias femeninas de Tinder recogidas por Sabadú en su ensayo parecen confluir en un punto: el contacto con lo que la escritora ha acuñado como «clase media». 

Y los que la conforman son los mismos que recurren a las técnicas de ligue. «También hay una tía de ‘clase media’, pero yo no la he conocido porque no quedo con ellas. El de ‘clase media’ es un tipo de tío que sabe que no tiene posibilidad, ni es guapo ni es feo. Podría ser cualquier cosa, así que finge ser lo que tú quieres», explica Sabadú. 

«Son tíos que conocen esas técnicas de engaño, no porque las hayan leído, sino porque les han llegado. Tampoco hace falta ver la peli de Drácula para saber quién es. Lo de este tipo de cursos está tan arraigado en el imaginario colectivo, que hay muchos que ya se lo saben. Son simpáticos, cariñosos… Y tú piensas que no serán tan miserables de mentirte. 

Pero te das cuenta de que no… La cosa acaba en el: ‘Ya he follado, ahora ya no estoy, ahora no te hablo’. Aparece una excusa, un trauma o, directamente, te ignoran. Me parece uno de los grandes peligros de las aplicaciones, toparse con esa ‘clase media’ de tíos deshonestos».

III. «Esta para novia, que es más discreta»

Otro de los comportamientos que señala Sabadú en su relato podría ser un derivado de esa frase de Willy Bárcenas. «He visto mucho ese comportamiento, sobre todo con amigas que son muy guapas. Se encuentran con tíos que se lían con ellas para despreciarlas después. Actrices, modelos…

Ese tipo de chico también es un poco mentiroso y practica lo de ‘follar y huir». «Luego, les ves con sus parejas. Chicas pequeñitas, discretas, con ropa de Desigual, que no marca mucho. Ojo, igual luego son despampanantes y estupendas. 

Pero conociendo al que va al lado, no puedo evitar pensar: ‘Qué miserable es tu novio, que te quiere así para que nadie te mire’. Y si esos tíos tienen aventuras fuera de la pareja, los rollos casuales no son así para nada».

Imagen de portada: Gentileza de Reuters/Soomro

FUENTE RESPONSABLE. El Confidencial. Por Ana Ramiréz. Enero 2022

Sociedad y Cultura/Sexualidad/Mujer/Redes/Tinder/Noadex

 

 

«No podemos combatir una forma de opresión sin combatirlas todas al mismo tiempo». Chiara Bottici.

Entrevista con la filósofa italiana Chiara Bottici, autora de AnarcaFeminismo

Acaba de lanzarse en español el libro manifiesto que es, además, un adelanto de un volumen de más de 300 páginas que se publicará en marzo del año próximo. Esta nueva forma de nombrar apuesta también a componer el feminismo con la filosofía anarquista, que postula un orden sin jerarquías ni gobernantes. 

La filósofa italiana Chiara Bottici, profesora actualmente en la New School for Social Re-search (Nueva York), acaba de lanzar en español su libro-manifiesto AnarcaFeminismo (NED Ediciones). No es menor la “a” que corrige y altera el vocablo más tradicional de anarcofeminismo. 

Es una inflexión de la lengua, dice la autora, introducida “por movimientos sociales que tratan de feminizar el concepto para dar visibilidad a una faceta específicamente feminista dentro de la teoría y práctica anarquista”.

De formato breve, este manifiesto es también adelanto de un volumen de más de trescientas páginas que se publicará en marzo del año próximo. El manifiesto abrirá paso, dirá frases sintéticas, que el espesor de las páginas próximas se encargarán de sustentar y diversificar. Cada capítulo del manifiesto termina con la frase “¡ni una menos!”, conjugada cada vez en distintos idiomas.

Aun desdoblado en ambas versiones del libro, el tono “manifiesto” de la filósofa es evidente y se inscribe sin dudas en un tono de época, que es el de un ciclo de auge del movimiento feminista transnacional. 

Lo hace desde un lugar concreto: una interpelación desde la filosofía y la teoría política en particular a las preguntas políticas de urgencia, impregnadas de coyuntura. Por eso, es un ida y vuelta el que refulge al interior de ambos libros: las lecturas y debates filosóficos son “activados” y convocados en relación a una declinación de manifiesto que, se confiesa, está en construcción, en plena marcha.

La apuesta teórica de Bottici puede leerse en sus propias palabras: dice que entiende la filosofía “como un esfuerzo enredado con otras prácticas de creación de sentido como la literatura y el psicoanálisis”. 

Anarcafeminismo es una manera de enredar y, sobre todo, de componer al feminismo con la filosofía anarquista y también de hacer justicia con un término y una historia que ha sido descalificada e incluso olvidada. Para eso, la filósofa hace precisiones: el anarquismo no significa falta de organización, ni menos aún ausencia de una comunidad política. Más bien, se trata de “un orden incluso en ausencia de un ordenante”. 

Explica: “el anarcafeminismo significa un feminismo sin arché, esto es, un feminismo sin jerarquías ni gobernantes —ya sean jerarquías sexuales, económicas, políticas o raciales—. No podemos combatir una forma de opresión sin combatirlas todas al mismo tiempo, pues todas las formas de opresión habitan la misma casa, que es la creencia según la cual algunas personas son superiores a otras, y esta superioridad justifica su dominación”.

De quienes va citando, no todxs se autodefinen como anarcafeministas, pero ella lxs incluye, lxs acerca, lxs emparenta. 

Anarcafeminista se convierte casi una categoría electiva, de adscripción, más que de encuadre o de construcción de un canon. De hecho, Bottici dedica varios párrafos a explicar por qué lxs pensadores anarquistas se saltan el canon y, si hay uno, es casi secreto o clandestino (un anti-canon). En esa búsqueda de filamentos de composición, de textos y militancias, Botticin da cuerpo a la propuesta anarcafeminista. 

En ese recorrido debe leerse también el desplazamiento de su propio lugar de enunciación (como autora) que empieza con el yo y se traslada al “nosotrxs”. Hay, además, una suerte de tercer género de escritura en su libro: sin puntos ni comas, autobiográfico y poético, que se inserta entre un capítulo y otro. No es la primera vez que se dedica a que sus escritos feministas sean también en cierto modo experimentales y en eso tiene mucho que ver su trabajo sobre imágenes e imaginación.

Su Manifiesto se presentó de forma virtual en el último congreso de ciencia política realizado en la Universidad de Rosario. Ahí comenzó esta conversación que la convertimos en entrevista para Las/12.

-¿Cómo describirías tu trayectoria feminista en términos biográficos? ¿Y cuándo surgió especialmente tu interés por la teoría feminista?

–En cierto modo, siempre he sido feminista porque muy pronto me di cuenta que las mujeres y las personas de género fluido eran objeto de discriminación y violencias sistemáticas. Nací en una pequeña ciudad italiana llamada Carrara, conocida por sus canteras de mármol y por sus tradiciones anarco-sindicalistas. Sin embargo, su inclinación política de izquierda no la hizo un entorno menos patriarcal. Durante mucho tiempo, la violencia de género que presencié me pareció normal: el mar chocaba contra la orilla, el sol salía todos los días en el cielo, y las mujeres y las personas LGBTQ+ eran objeto de discriminación y violencia sistemáticas. Aprendí a vivir con esa violencia del mismo modo que aprendí a nadar.

-¿Hubo una confrontación primero teórica con esa realidad?

-La teoría empezó cuando me di cuenta que las cosas no tenían por qué ser así. Primero, como adolescente, formé parte de la izquierda marxista autonomista y creí que una revolución proletaria se haría cargo de todos los problemas. En los grupos de los que formaba parte, los ideales comunistas y anarquistas iban de la mano. Fue sólo mucho después, cuando leí literatura feminista a finales de mis veinte años, que me di cuenta que incluso el anarquismo puede convertirse fácilmente en hombre-arquismo (N. de E.: se pierde el juego de palabra que sí funciona en inglés: man-archism), a menos que agreguemos un objetivo feminista específico a nuestras luchas por la libertad. El anarquismo, por definición, está llamado a luchar contra todas las formas de opresión, por tanto, tiene que ser feminista si no quiere terminar siendo contradictorio, pero los seres humanos reales están llenos de esas contradicciones.

-Es una experiencia de teoría no sólo ligada a la formación universitaria…

-La literatura y la filosofía feministas fueron una parte muy importante, pero fue en gran parte autodidacta. Fui a la escuela a los 6 años, en 1981, y recibí el título de doctora en filosofía en 1999 habiendo leído sólo a hombres: durante todos mis años en la escuela pública italiana sólo me habían enseñado ideas, libros, poesía, filosofía escritas por un solo género: varones cis. No es exagerado decir que fui educada en la «escuela de hombres» italiana. La teorización feminista comenzó cuando me di cuenta de que había también otras escuelas y otros mundos posibles.

Unidad pluralista

Anarcafeminista, dice Bottici, es un nombre para luchar contra todas las opresiones y formas de explotación y lo hace desde una aspiración pluralista: “¡O todxs somos libres o ningunx lo será!”. 

La unidad y pluralidad simultáneas se inscribe también como apuesta por lo que llama una “teoría crítica intersticial global”. Intersticial y global en principio parecen locaciones contrapuestas, pero en este libro no lo son. Lo global no refiere a un espacio liso ni a una mirada panorámica totalizante. Por el contrario, declara deconstruir y confrontar esa mirada colonial como la única capaz de dar cuenta de lo global (volviéndolo sinónimo de imperial). De ese modo, “lo global como marco” pone a los intersticios en los que se produce teoría y se hace política como espacios estratégicos. 

La interseccionalidad toma una deriva espacial-geográfica: mostrar cómo lo local se intersecta en múltiples escalas evidencia los regímenes conectados de opresión pero también la dimensión transnacional de los espacios de resistencia.

Para entender a fondo la unidad pluralista hay que comprender que el proyecto de Bottici, en términos filosóficos, es un feminismo spinoziano. 

De hecho, dentro de Anarcafeminismo (en su versión extensa) se despliega un libro sobre el filósofo Baruch Spinoza, para argumentar una ontología de lo transindividual. Diciendo que Spinoza propone una suerte de paradojal “altruismo egoísta”, a partir del cual para mejor perseverar en nuestra potencia de existir, formamos asociaciones; Bottici aplica la misma fórmula al feminismo. No existe el feminismo como figura a secas, individual, recortada.

Existe en la medida que, para perseverar, produce alianzas, asociaciones, tramas. Más que agregar adjetivos o cualificaciones como si fuesen listas de intenciones o adjetivos modificadores de un sustantivo esencial, el feminismo tiene capacidad de ser en la medida en que se expresa en alianzas. 

El feminismo, casi como una tecnología afectiva y política de composición, permite leerse en relación al concepto de cuerpo al que Bottici le dedica muchas reflexiones. No hay cuerpo sin proceso de afectación: por eso el cuerpo tiene una naturaleza procesual. El cuerpo no es uno, sino una red de procesos, que convierte lo individual en siempre ya transindividual. El cuerpo, dicho en singular, siempre es plural. No hay punto de partida que no sea colectivo, incluso cuando se parte del “propio” cuerpo.

-¿Qué te permite la ontología transindividual a la hora de conceptualizar el feminismo?

-Adoptando una ontología transindividual, también podemos usar el concepto de mujer fuera de un marco cisnormativo o heteronormativo, y así emplear el término de tal modo que incluya todo tipo de mujeres: mujeres femeninas, mujeres masculinas, mujeres AFAN [mujeres a quienes fue asignado el sexo femenino en su nacimiento], mujeres AMAN [mujeres a quienes fue asignado el sexo masculino en su nacimiento], mujeres bisexuales, mujeres trans, mujeres cis, mujeres asexuales, mujeres queer y tantas otras mujeres. 

Sólo si los cuerpos de las mujeres son teorizados como procesos, como el lugar de un devenir que se desarrolla a diferentes niveles, sólo entonces seremos capaces de hablar de «mujeres» sin incurrir en una normatividad cis- o hetero-.

-¿Cuál es el lugar de Anarcafeminista en tu trabajo?

-El proyecto Anarcafeminismo es una parte integral de mi compromiso de toda la vida con las políticas de la imaginación como teórica, y con los movimientos sociales como activista. 

Viniendo de una familia que ha sido profundamente afectada por el régimen fascista (tengo un abuelo asesinado a tiros por los nazis y otro deportado a un campo de trabajo nazi), me sentí atraída desde muy temprano a investigar cómo puede la gente llegar a construir mentiras institucionales tan gigantescas como el fascismo, creer que están haciendo el bien (porque muchos de ellos lo creen) y convertir así esas mentiras en profecías autocumplidas. Mientras la mayoría de los filósofos que me rodeaban trabajaban en las condiciones de la razón pública, a mí me impulsaba investigar las condiciones de la imaginación pública.

-Un tema clave en estos tiempos otra vez…

-Sí, hay preguntas que no podemos dejar: ¿cómo podemos imaginar juntxs un mundo mejor y, al mismo tiempo, asegurarnos de que quienes están oprimidxs hoy no se conviertan a su vez en lxs opresorxs de mañana? 

Hemos visto que eso ocurre una y otra vez en el curso de la historia. Ahí es donde entra Anarcafeminismo: tenemos que luchar contra el patriarcado y la androcracia (esto significa que los hombres cisgénero constituyen el sexo soberano), al tiempo que nos aseguramos de que nuestras luchas feministas no generen más jerarquías y mecanismos de opresión en su interior. De ahí la necesidad de combinar la perspectiva anarquista que sostiene que la libertad es indivisible con el enfoque feminista sobre cómo se oprime a los segundos sexos (es decir, a las mujeres, a los dos espíritus y a las personas LGBTQI+ de todo el mundo). 

Creo que lo global es el problema y por lo tanto lo global tiene que ser la solución, por lo que necesitamos construir una plataforma feminista que pueda ser la base de nuevas solidaridades y luchas globales.

Comunismo somático

Bottici toma la noción de “comunismo somático” de Paul Preciado para conectarla con la definición de los cuerpos como cuerpos compuestos, colectivos, que dependen de sus conexiones para existir. 

El plano común de la vida es, sin embargo, lo que queda invisibilizado o secuestrado bajo la figura del individuo. Según su argumento, ese recorte está fundado también en el modo en que reconocidas filosofías occidentales privilegian el ser-para-la-muerte, más que la vida. 

Para Bottici, Hanna Arendt invierte esa perspectiva para decir: primero hay que nacer. Nunca se nace solx. La conexión con el trabajo reproductivo entonces se hace evidente. Mirar las dinámicas de producción y reproducción desde la filosofía de la transindividualidad permite dotar de otras bases al ecofeminismo.

-Decís que tu apuesta teórica es por el ecofeminismo, ¿por qué?

-En una ontología de lo transindividual, el medioambiente no es algo separado de nosotrxs, sino que, en propiedad, el medioambiente somos nosotrxs -literalmente, algo constitutivo de nuestra individualidad-. Así, el anarcafeminismo es, por definición, un ecofeminismo donde todos los cuerpos inter- e incluso infra-[individuales] actúan entre sí, y por ello están, hasta cierto punto al menos, animados.

-¿Cómo lees el momento actual del movimiento feminista?

-Creo firmemente que, a pesar de todos los límites y retrocesos, la revolución feminista ha sido la más exitosa del último siglo. Y está en curso: más que la imagen de las «olas feministas», me gusta pensar en la revolución feminista como un río kárstico, como un río que constantemente hace su trabajo: a veces fluye por debajo de la superficie, y no vemos su trabajo porque está sucediendo en lugares menos visibles, pero en otros momentos simplemente irrumpe en la superficie, mostrando toda su fuerza, y llevando a la gente a las calles por millones: y eso es lo que hemos visto muy a menudo en esta última década. 

En Estados Unidos, la Women March de enero de 2017 fue la mayor protesta de un solo día en la historia de Estados Unidos, incluso más grande que las protestas de Vietnam de la década de 1960. Por supuesto que hubo inconvenientes y obstáculos en la revolución feminista.

-¿Cómo lo caracterizan?

-Creo que el auge mundial del populismo de derechas y del neofascismo al que asistimos es, efectivamente, una reacción contra el movimiento feminista: de ahí el machismo caricaturesco de muchos de sus líderes, desde Trump hasta Salvini. 

Pero el movimiento es imparable y, como un río kárstico, se puede detener provisionalmente, desviando su curso, pero la corriente seguirá funcionando bajo la superficie y volverá a emerger en otro lugar. En este momento, un gran desafío son sus divisiones internas: la lucha actual entre feministas trans-excluyentes y trans-feministas es una tragedia para el movimiento. No hay mejor manera de garantizar que los varones cis sigan siendo el primer sexo que dividir a los segundos entre ellos, para que acaben luchando entre sí, en lugar de centrarse en el enemigo común.

-¿Y qué hay del “momento” pandemia?

-Es otro gran reto, porque después de la pandemia, lo que vemos es el agotamiento: la pandemia ha exacerbado aún más muchos rasgos de la opresión del segundo sexo, incluida la forma en que el capitalismo está anulando la distinción entre días y noches, hogar y lugar de trabajo. 

Nunca he oído tan frecuentemente la expresión «Estoy agotada». Y, debo confesar, yo también estoy agotada. Tengo dos hijos, y esto significa que, durante el lockdown, cuando su escuela se convirtió en virtual, las comidas que había que preparar no eran 7 por semana, sino 21 por semana; las horas en las que demandaban mi atención no eran 5 por día, sino 15 por día. 

Todo el trabajo de atención se triplicó literalmente. Pero sigo confiando en que, a medida que recuperemos nuestras fuerzas, el flujo seguirá creciendo, y nuestro agotamiento se convertirá en otro nivel de furia hacia este sistema que nos oprime y agota, con o sin pandemia. 

Una cosa es segura: como las feministas vienen diciendo desde hace algún tiempo, no queremos volver a la normalidad, porque aquello era un infierno.

Imagen de portada: Gentileza de Pagina 12. Chiara Bottici presentó el manifiesto por vía virtual en el Congreso de Ciencia Política en Rosario. 

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Por Veronica Gago. Diciembre 2021.

Sociedad y Cultura/Mujer/Anarcafeminismo/Filosofía/

Unidad Pluralista

Antigua Roma. La sexualidad romana. Parte 2/2

¿Qué diferencia había entre una mujer casada y una concubina en el mundo romano?

Para tenerlo claro debemos seguir al jurista romano Paulo que lo definió de la siguiente forma “una concubina se diferencia de una esposa solamente en la consideración social en la que se la tiene”, lo que nos viene a decir es que una concubina no era considerada socialmente igual a su hombre como lo era la esposa. La ley romana decía que un hombre no podía tener una concubina al mismo tiempo que una esposa.

A pesar de estar clara la ley romana, los primeros que la incumplieron fueron los propios emperadores como fue el caso de Augusto, Marco Aurelio y Vespasiano.

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Jurídicamente las concubinas estaban muy desamparadas por las leyes romanas. 

Estas dependían de lo que los hombres le otorgaran. Las leyes romanas tenían claro que debían diferenciar claramente entre lo que es una esposa y una concubina. Si seguimos al jurista Numa Pompilio decía “Una concubina no tocará el altar de Juno. Si lo hace, le ofrecerá sacrifico con una oveja teniendo el pelo suelto”.

El concubinato es una figura que aparece rápidamente en el mundo romano y ya existía esta figura en la época de la monarquía romana, pero las concubinas tenían prohibido la adoración a la diosa Juno que era la diosa del matrimonio. El jurista Ulpiano decía “solamente esas mujeres con las que se tienen relaciones lícitas pueden ser concubinas sin temor a cometer un crimen”.

LA PROSTITUCIÓN

La prostitución en la historia de Roma fue evolucionando. De esta forma, en la antigua Roma, la prostitución era un símbolo de vergüenza. En la República Tardía en los inicios del Principado, la falta de reputación estaba reflejada en la ley y calificaba a sus practicantes como infames.

La primera documentación, que hace referencia a la prostitución romana lo encontramos en el Cuerpo de Derecho Civil que tiene su origen en los inicios del siglo VI a. C.

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Moneda romana sprintia

Todas las personas que se dedicaban a la prostitución no podían expresarse en la Corte, ni realizar acusaciones y no podían presentarse en candidaturas para la Magistratura.

Toda persona que ejerciera la prostitución debía estar registrada legalmente. La ley romana estipulaba la infamia y decía “no solamente una mujer que practica la prostitución, pero también quien lo ha hecho aunque haya cesado la práctica; la desgracia no es eliminada aunque se discontinúe la actividad”.

La infamia era la pérdida formal de una buena reputación y en el mundo romano era una gran herramienta cultural para la consecución del buen comportamiento de todos sus ciudadanos.

Esta pérdida de la buena fama debido a un comportamiento vergonzoso, como era la prostitución, representaba un estigma social y legal muy importante.

 Significaba la pérdida a los ciudadanos de muchos de sus privilegios.

El miedo a la vergüenza a los ojos de la comunidad, suponía un buen antídoto y era un modo de controlar socialmente el comportamiento decoroso de la ciudadanía.

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La famosa Copa Warren, se encuentra en el Museo Británico

La literatura romana da muestras de cómo eran utilizada estas formas de comportamiento y se trabaja sobre el comportamiento de estos dos tipos de mujeres: la bien educada que era virgen y puede esposarse y la prostituta que está por debajo del nivel social de los ciudadanos.

La literatura romana muestra de una forma muy sugerente el papel de la prostituta. Muchas veces se recurría a la prostitución como una metáfora.

 Eran vestidas y reconocidas por su vestimenta, con ropas chillonas hechas de seda transparente. Además, se distinguían por el uso de las togas, que eran ropas que solían usar los hombres romanos.

Los escritores romanos presentaban la prostitución de forma muy degradante para la mujer y la representaban como signo de impureza. La prostitución era asociada a la suciedad, lo que todavía le daba un rango social menor.

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Figura 1. Escenas de sexo en representaciones artísticas romanas: A) Detalle de mosaico (termas de Caracalla, Roma). B) Fragmento de vidrio (Metropolitan Museum, Nueva York). C) Pintura estucada (casa del Centenario, Pompeya)

Los proxenetas romanos también eran representados de forma infame. Estos eran mirados con desdén y estaban estigmatizados dentro de la sociedad romana. La ley decía “la ocupación de un proxeneta no es menos degradante que la práctica de la prostitución y el crimen por ello es incluido en las leges Juliae, como una pena preservada contra el marido que tenga ganancias monetarias por el adulterio de su esposa”.

Debemos saber, que los romanos vivían con marcados tabúes morales y sexuales. Todos aquellos aspectos de la práctica sexual que estaban socialmente reconocidos se desarrollaban dentro del matrimonio romano.

Dentro de la sexualidad romana los genitales femeninos y la menstruación eran vistos de manera negativa. No se permitía que se produjera alteración de los roles establecidos, así era muy mal visto que una mujer pudiera ejercer un rol dominante sobre el hombre.

Ser penetrado un hombre o hacer sexo oral a la mujer era considerado sexualmente como un rol pasivo. El sexo oral hacia la mujer era muy controvertido. Hay muy pocos datos sobre el lesbianismo entre romanas, pero parece claro que era un tabú más fuerte, que si lo realizaban dos hombres.

Las prácticas sexuales dentro del mundo femenino también variaban en función de la clase social a la que pertenecían. Las mujeres de clase baja, las extranjeras y las esclavas, tenían mucha más libertad sexual que las de clase alta, las matronas.

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Lo que sí era igual era el uso de afrodisiacos o las llamadas pociones del amor, utilizadas tanto por mujeres como por hombres. El sexo con mujeres embarazadas era socialmente muy aceptado. Hay textos donde se relata que Julia, hija del emperador Augusto aprovechaba su embarazo para tener relaciones sexuales con otros hombres, que no fuera su marido.

Hay un aspecto muy llamativo dentro de la sexualidad romana y es que en la época de la Roma imperial la violación era una práctica muy normal, muy diferente a la de otras culturas antiguas, que era muy castigado. Sin embargo, durante la monarquía la violación era considerada un delito y estaba penada con la pena de muerte o debía partir para el exilio el violador y se le confiscaban todos sus bienes.

Lo que se pretendía era preservar el valor de la castidad en las mujeres, el honor del padre si era virgen y el honor del esposo de la mujer casada. No podemos hablar de un atentado a la libertad sexual, porque las mujeres no podían decidir con quién mantener relaciones sexuales.

Las mujeres no tenían libertad en sus relaciones con los hombres. Estos consideraban el lesbianismo como algo excitante y morboso, pero estaba muy oculto en la sociedad, ya que la mujer de entonces sólo tenía la misión reproductora y no del disfrute de su sexualidad ni como elegir la forma del disfrute carnal. Una mujer que quería ser la pareja activa en una relación se le llamaba tribade, algo no consentido socialmente y penalizado.

La sexualidad romana era de total dominio del hombre que actuaba como un amo respecto a su esposa y esclavos, es decir, esta relación estaba basada en el sometimiento total al hombre.

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Relieve que muestra una pareja practicando sexo

El placer femenino era totalmente ignorado. La moral sexual romana se basaba en el binomio someter y ser sometido. 

Someter era un honor, mientras que ser sometido era absolutamente vergonzoso y más si este era un varón adulto libre. Sin embargo, si era un esclavo o una mujer se consideraba de lo más natural.

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Uno de los aspectos que llaman mucho la atención es que los romanos no practicaban el beso en la calle. Sin embargo, la ley dice que el esposo tiene el derecho al beso, es decir una mujer romana estaba obligada a besar cada día al marido en la boca.

Esto que nos resulta sorprendente ahora era una vieja costumbre romana y tenía la finalidad de controlar que la mujer no bebiera. Había una ley que prohibía beber vino a las mujeres, porque se decía que si una mujer bebía podía perder el control, porque podía favorecer y dar facilidades al adulterio por los efectos desinhibidores que produce el alcohol.

Habrá una segunda parte donde tocaré temas como el aborto, el infanticidio, las bacanales, las fiestas de las prostitutas, las monedas sexuales y las termas. Espero que les guste y no se pierdan la segunda parte.

Imagen de portada: Los frescos de Pompeya demuestran la importancia del sexo en la época.

FUENTE RESPONSABLE: nuevatribuna.es Por Edmundo Fayanás. Mayo 2017.

Antigua Roma/La sexualidad romana/Amor/Libertad sexual/

Mujer/Sometimiento/ Desigualdad/Sociedad y Cultura.

Antigua Roma. La sexualidad romana. Parte 1/2

Los romanos vivían el amor y el sexo como un gran regalo de los dioses, que debían practicarlo al máximo.

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Hay un grafiti en las ruinas de Pompeya que dice “que viva el que ama; que se muera quien no sabe amar. Dos veces perezca todo el que pone obstáculos al amor”.

Visité las ruinas de Pompeya hace un año con gran detenimiento. El guía, que nos acompañaba, empezó diciendo, que para entender la vida romana deberíamos dejarnos los tabúes actuales, consecuencia de la moral cristiana con la que nos educaron, que es totalmente represora de la sexualidad.

Debemos saber que los dioses romanos no tenían la sexualidad como una cuestión moral degradante. Se buscaba siempre el placer, la vida natural y la felicidad. En la misma Pompeya hay escrita una frase de un amante, que dice “Los amantes como las abejas, saborean una vida dulce como la miel”.

La presencia del falo era algo cotidiano para los romanos, al igual que había sucedido en todas las culturas antiguas, porque era el instrumento que garantizaba la fertilidad.

El falo estaba en el dios romano Fascinus. Las matronas romanas eran las encargadas de llevarle flores. Su culto era desarrollado por las conocidas vestales, cuya misión consistía en alejar el mal de ojo (fascinum) que tanto preocupaba a los romanos, favorecer la germinación de las plantas y estimular el alumbramiento de las hembras estériles.

Los romanos vivían el amor y el sexo como un gran regalo de los dioses, que debían practicarlo al máximo. Para que veamos hasta donde llega esta sexualidad hay una lápida funeraria que dice “Vino, sexo y termas arruinan nuestros cuerpos, pero son la sal de la vida”.

La sexualidad romana ha pretendido siempre mostrarse orgullosa de su propia virilidad, por eso es fácil encontrar inscripciones, grafitis que hacen alabanza de la misma. De esta forma, el poder, el estado social y la buena fortuna se expresaban frecuentemente en términos fálicos.

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Los hombres romanos tenían que ser parte activa en todo lo referente a la sexualidad. No se entendía la pasividad sexual en un hombre, pues suponía la pérdida del control, virtud esta que era muy valorada en Roma.

Los hombres romanos podían tener relaciones tanto con hombres prostitutos (los prostitutos eran esclavos, siempre que el romano fuera el activo) como con mujeres. Esto era aceptado social y legalmente.

La homosexualidad

Las leyes romanas regulaban la homosexualidad. Tenemos la “Lex Scantinia”, “Lex Iulia” y “Lex Iulia de vi publica” que regulaban la homosexualidad entre hombres libres. Un hombre, que disfrutaba siendo penetrado, era llamado pathicus o catamita. Se le consideraba pasivo y en consecuencia es presentado como hombre débil y femenino, con una fuerte connotación despreciativa.

Estas leyes sobre la homosexualidad no se aplicaban cuando eran los esclavos o los bárbaros quienes la practicaban, pues no eran considerados como seres humanos. Si un romano se dejaba penetrar por cualquiera de ellos, era mirado con desdén. Los esclavos eran definidos como res (cosa) y podían ser usados libremente en cualquier situación sin ser considerado algo ilegal.

El hombre romano era bisexual y la educación que se daba a los hijos, iba encaminada a lograr esa bisexualidad. El hombre era quien dominaba y tenía que mostrar su superioridad en todos los órdenes de la vida, tanto en la familia, como en la sociedad, la política y por supuesto en la guerra.

El hombre romano era el que mandaba en casa y decidía todo. Su bisexualidad era buscada, porque su dominio superaba a la mujer y debía tener una dominación total sobre todas las cosas.

Una de las prácticas, que hacían los romanos, era la sodomización de los enemigos vencidos. Además también sodomizaban a los esclavos que vivían en sus casas.

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Termas suburbanas de Pompeya

La educación bisexual de los romanos no iba encaminada a la consecución del placer, sino a demostrar su poder, esto era por motivos culturales y políticos. 

En Roma, la insinuación de que un hombre hubiera sido penetrado por otro hombre, podía ser suficiente para terminar con una carrera política. Sin embargo, debemos saber que no todos los ciudadanos romanos realizaban estas prácticas homosexuales.

Como estamos viendo de forma reiterada, la sociedad romana era profundamente machista y además muy jerarquizada. Los hombres jóvenes no debían llegar vírgenes al matrimonio y era mal visto, que un joven se casara sin tener experiencia sexual.

Sin embargo, lo que era válido para el hombre, no lo era para la mujer joven. 

Las mujeres pertenecientes a las clases poderosas tenían terminantemente prohibido haber mantenido relaciones sexuales antes del matrimonio. La virginidad femenina en las clases pudientes representaba un gran valor social en la mujer. Al mismo tiempo, se impedía que se llegara al matrimonio estando embarazada y el marido tuviera que admitir un hijo que no fuera suyo.

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EL MATRIMONIO

Uno de los aspectos que nos debe llamar la atención es que los romanos no se casaban por amor, sino simplemente para reproducir y así dar continuidad y engrandecer el futuro de Roma. 

Los contrayentes matrimoniales, salvo excepciones, no eran fruto del amor, pues su finalidad al igual que estamos viendo en otras sociedades antiguas era la procreación de hijos legítimos. Es lo que vemos continuamente en los planteamientos de la iglesia católica, que entiende el matrimonio como un sistema de reproducción y nunca como una forma de placer humano, al cual condena con toda su fuerza.

Los matrimonios romanos eran exclusivamente por intereses sociales y económicos. Las relaciones entre los esposos carecían de intimidad alguna y en consecuencia la atracción sexual era muy escasa. Esto hacía que el divorcio se diera en la sociedad romana con gran frecuencia.

Las relaciones con esclavas eran alentadas. Sin embargo, las relaciones con esclavos no eran alentadas como forma de placer sexual. Estas relaciones homosexuales eran una forma de castigo al mismo nivel que cuando se usa el látigo para infringir dolor.

El matrimonio era una institución básica en la sociedad romana, pues definía de forma clara la propiedad y legitimidad de los hijos. Sin embargo, no era necesariamente considerada como una institución sagrada desde el punto moral y religioso.

Los esposos acataban las rígidas reglas legales que marcaba el matrimonio, sin embargo las actividades íntimas de los esposos no eran tan estrictas, siendo considerado normal que el esposo buscara satisfacción sexual con otras mujeres.

Vemos como predominaba el machismo más rancio, porque a las esposas no se les permitía lo mismo que al marido y debían respetar las reglas de fides marita y ser fieles a sus esposos.

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EL ADULTERIO

El adulterio no estaba bien visto, pero una vez más podemos comprobar que el mismo hecho no es considerado igual, si la que lo realiza es una mujer pobre o una matrona romana. Si el adulterio lo provoca una mujer de clase baja esto no es considerado un problema, mientras que era considerado un serio crimen si venía de una matrona de la elite.

Los romanos partían del principio de que se iban a producir traiciones y adulterios en el matrimonio. El hombre adultero lo podía hacer de forma pública, mientras que las mujeres lo tenían que hacer en la oscuridad para evitar ser descubiertas. Las leyes romanas condenaban el adulterio femenino, pero a pesar de esto era muy practicado.

El castigo para el adulterio variaba en función de la clase social. La mayoría de las veces, las penas eran aplicadas para la mujer adúltera y su amante. 

Los castigos eran mayormente patrimoniales, dictando la confiscación de la mitad de los bienes del adúltero, un tercio del de la mujer, así como la mitad de su dote.

En determinadas circunstancias se permitía, que el marido pudiera matar a su esposa si la sorprendía cometiendo el adulterio. Normalmente lo que se le planteaba era que se divorciara.

La sociedad romana era patriarcal, en la familia todo era decidido por el hombre y en consecuencia el castigo del adulterio sería decidido por el marido. Cuando el adulterio no era condenado con la muerte, entonces esta mujer después del matrimonio tenía prohibido volverse a casarse.

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Consoladores romanos

Todas las leyes romanas buscaban mantener la limpieza moral del Imperio y sobretodo mantener las clases sociales intactas. 

Para Thomas A. J. McGinn “es como que las leyes augustas sobre el adulterio y el matrimonio, alentaran indirectamente el alza de un respetable concubinato como una institución reconocida en su propio derecho”.

El emperador Augusto, nada más llegar al poder promulgó leyes que hacían del adulterio femenino un delito grave y fuertemente castigado.

EL CONCUBINATO

El concubinato es una institución romana, que permitía a un hombre tener una cierta relación ilegal sin repercusiones, con la excepción del emparejamiento con prostitutas. Los ciudadanos no podían casarse o cohabitar legalmente con una concubina mientras se tuviera una esposa legal.

El marido utilizaba a las esclavas, las amantes, las concubinas y a las prostitutas. El papel de la esposa era exclusivamente darle hijos al marido. La esposa no debía conocer el placer que proporcionaba el sexo y el amor.

Esta poligamia masculina era tolerada de hecho porque no significa una amenaza para la religión y la integridad legal de la familia. El título de concubinato no era considerado derogatorio y era utilizado incluso en las lápidas funerarias.

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La leges Juliae aprobado por el emperador Augusto dio el primer reconocimiento legal al concubinato y lo definía como la convivencia pero sin matrimonio. De esta forma, el concubinato tenía una función práctica, permitiendo tener unas relaciones legales fuera del matrimonio. Sin embargo, eran consideradas ilegales las de la prostitución.

La leges Juliae regulaba muchas de estas relaciones fuera del matrimonio y consideraba inapropiados algunas relaciones. Por ejemplo un senador no podía casarse con una esclava liberada o convivir con una ex prostituta. El hombre que deseaba vivir en concubinato con una mujer y no casarse era preciso que lo notificara a las autoridades.

Este tipo de cohabitación variaba muy poco del matrimonio. Sin embargo, si de esta relación de concubinato había hijos, estos no eran considerados legítimos. Muchos hombres de las clases dominantes después de quedarse viudos solían vivir en concubinato, entonces los hijos de su primer matrimonio eran los que heredaban, mientras que los del concubinato no tenían ningún derecho.

Imagen de portada: Los frescos de Pompeya demuestran la importancia del sexo en la época.

FUENTE RESPONSABLE: nuevatribuna.es Por Edmundo Fayanás. Mayo 2017.

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Mujer/Sometimiento/ Desigualdad/Sociedad y Cultura.

Antigua Roma.Mujer y legislación romana. Aberrante e inmoral sojuzgamiento.

Una de las grandes preocupaciones de los romanos en relación con las mujeres tenía que ver con el posible comportamiento licencioso de las mismas.

Los romanos concebían a la mujer como un ser débil, tanto en lo físico como en lo mental. Esta era la base para argumentar que las mujeres debían estar bajo la tutela de los hombres.

En este artículo nos acercamos al estudio de la influencia de la mentalidad que desarrollaron los romanos hacia la mujer y su reflejo en la legislación.

Una de las grandes preocupaciones de los romanos en relación con las mujeres tenía que ver con el posible comportamiento licencioso de las mismas. Esta es la razón por la que se ensalzaba a la matrona ideal y a las protagonistas femeninas que habían destacado en distintos momentos de la historia como, por ejemplo, Cornelia.

Los romanos concebían a la mujer como un ser débil, tanto en lo físico como en lo mental. 

Esta era la base para argumentar que las mujeres debían estar bajo la tutela de los hombres, primero de los padres, luego de los esposos, o de tutores en su defecto. 

Pero al final de la República esta tutela masculina se estaba convirtiendo en una pesada carga para los hombres. Augusto estableció una especie de vía de liberación a través del ius liberorum, por el que una mujer nacida libre que hubiera tenido tres hijos, y una liberta con cuatro, quedaban libres de la tutela.

Pero volvamos a las concepciones sobre los supuestos peligros de las conductas femeninas. 

Las debilidades físicas y mentales, con las excepciones tan del gusto de algunos autores, podían conducir a un supuesto comportamiento contrario a las buenas costumbres. Para evitar esta consecuencia se establecía un control o vigilancia en relación con la ebriedad. Las mujeres solían ser besadas en la boca por sus parientes varones para determinar si habían bebido alcohol. 

En los inicios de la historia de Roma el marido tenía derecho a juzgar a sus mujeres, y hasta imponer una pena de muerte por ebriedad o adulterio. 

Así lo defendía Catón el Censor. Montesquieu alude a la creación de los tribunales domésticos por parte de Rómulo, citando a Dionisio de Halicarnaso. Al parecer, el marido reunía a los parientes de la esposa para ser juzgaba ante ellos. 

Para éste último autor, este tribunal podía imponer la pena capital, tanto si se probaba la ebriedad como el adulterio, ya que la primera solía conducir al segundo, según el pensamiento romano. 

En este mismo sentido aporta algún dato Plinio el Viejo, aunque para el ilustrado francés el adulterio era un delito que estaba sometido a la acusación pública porque, según pensaba él, era una violación de costumbres de tal calibre que interesaba a los poderes públicos, o porque esta acción podía hacer sospechar del marido, y también porque algunas familias pudieran querer ocultar o vengar el delito por su cuenta. 

Pero no está claro que el marido tuviera derecho a matar a la mujer o sólo divorciarse. 

De todas las maneras, con el tiempo, estas prácticas, que podíamos denominar de derecho doméstico, no se establecieron en todos los casos. 

En la ley Julia se establecía el adulterio como un delito, pero sólo para las mujeres.

Esta disposición era muy estricta con este comportamiento, pero la realidad debió introducir muchos matices en esta cuestión porque, además, hubo autores que condenaron por igual a ambos adulterios, el masculino y el femenino.

El stuprum o fornicación ilegal refleja también la dualidad legal. Los hombres tenían prohibido el sexo con mujeres solteras o viudas de condición elevada, pero no con prostitutas. 

Las mujeres de clase alta no podían tener relaciones sexuales con ningún hombre fuera del matrimonio. Pero también conviene matizar, ya que algunas mujeres de clase alta protestaron contra la limitación de su libertad, llegándose a registrar como prostitutas. 

Ante esto, Tiberio reaccionó y se dio un debate en el Senado. En el año 19 d.C. se ordenó que ninguna mujer que tuviera padre, marido o abuelo caballero romano pudiera ganarse la vida con su cuerpo. 

Al parecer, Vestilia, de linaje pretorio, se había dado a conocer por un comportamiento deshonesto. Su esposo, Titidio Labeón, había sido requerido a dar cuenta de por qué no había castigado a Vestilia como establecían las leyes. Como podemos imaginar, se aludía al tribunal doméstico. 

Titido se excusó en que no habían pasado los sesenta días preceptivos para deliberar. Esto le valió no ser castigado pero su mujer fue desterrada en una de las Islas Cícladas. 

Todo esto no es obstáculo para que, en tiempos imperiales, no dejara de haber comportamientos de mujeres de elevado rango que rozaban la propia prostitución o de personajes que la fomentaban, en una paradoja colosal, ya que, al mismo tiempo se daban disposiciones moralizadoras.

Otro aspecto que también refleja la dualidad en el derecho se puede comprobar en la cuestión de la violación. 

El emperador Constantino distinguió, en el caso de las vírgenes violadas, las mujeres que provocaban y aquellas que habían sido forzadas en contra de su voluntad. El castigo para las primeras era demoledor: ser quemadas vivas. Las segundas también debían ser castigadas aunque de forma más leve, ya que éstas debían haber gritado o atraído, de alguna manera, a vecinos para evitar el hecho.

Así pues, en la cuestión de las mentalidades siguió pesando, a lo largo de la historia romana, una evidente concepción negativa de la mujer pero con resquicios. 

Los tribunales domésticos o la autoridad paterna o marital se debilitaron con el tiempo, y hemos visto la protesta y las maniobras legales para alcanzar una mayor libertad personal. 

Además, no cabe duda, que gracias a una mejor educación de un mayor número de patricias y de mujeres del orden ecuestre se comenzó a revalorizar más su condición, aunque no dejó de haber autores que abominaban de las supuestas “sabihondas” o “pedantes”.

Imagen de portada: Muestra de la exposición ‘Mujeres en Roma’ de Caixaforum.

FUENTE RESPONSABLE: Nueva Tribuna.es

Por Eduardo Montagut. Abril 2016

Antigua Roma/Sociedad y Cultura/Mujer/Legislación/Aberrante e inmoral sojuzgamiento.

Judith Joy Ross, la fotógrafa de los rostros cotidianos.

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La imagen de un hombre mayor aupando con dulzura a un niño sobre sus hombros, quizás se trate de su nieto, es una de las primeras que le dieron a la fotógrafa estadounidense Judith Joy Ross cierto reconocimiento. Cuando le preguntaron a la artista acerca del significado de esta instantánea, señaló: “Todo lo que necesitas saber de ellos está ahí”.

Esta es quizás la máxima que trasciende y unifica la trayectoria de Joy Ross, a la que la Fundación MAPFRE dedica una exposición hasta el próximo 9 de enero. Sus retratos, género al que consagró su vida artística, atisban el presente, el pasado y el futuro de los sujetos con una delicadeza penetrante. 

La lente atenta y siempre curiosa de la artista es capaz de captar la complejidad del verdadero ser de la persona retratada, yendo más allá de una mera proyección de quiénes podrían ser.

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Judith Joy Ross Sin título, Eurana Park, Weatherly, Pennsylvania, 1982 Untitled, Eurana Park, Weatherly, Pennsylvania 19,37 × 24,45 cm © Judith Joy Ross, courtesy Galerie Thomas Zander, Cologne

La particularidad principal de su obra reside en la elección de los protagonistas de sus retratos, la gran mayoría son gente anónima, de clase trabajadora. 

Nunca juzgó, ni ensalzó ni subrayó maldad en quienes fotografió, más bien buscó capturar su humanidad y el reflejo posible en su rostro de su historia y su porvenir.

Al contrario que otros grandes retratistas, como Nadar o Sander, nunca ha tenido estudio propio y rara vez ha trabajado por encargo. Sus composiciones son fruto de una intuición innata cuyo principal propósito es entender el mundo con sus propias reglas, un conjunto de condiciones que suele comenzar con una idea concreta pero que a menudo conduce a algo más.

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Judith Joy Ross Adam Rutski, profesor de español, Hazleton High School, 1992 Mr. Adam Rutski, Spanish teacher, Hazleton High School 19,37 × 24,45 cm © Judith Joy Ross, courtesy Galerie Thomas Zander, Cologne

En efecto, Roy Ross se vale de la cámara para acercarse a los individuos que fotografía, pero también trata a través de ella, una vez iniciada la conversación, de trascender su reflejo, llevando su producción hacia terrenos más enigmáticos y graves. 

Con una cámara es quién de llegar a ver y comprenderlo todo… en cada rostro, aprecia un sinfín de preguntas y respuestas.

Su método de trabajo consistía en fijar previamente los temas de su interés: el Eurana Park, los visitantes del Monumento a los Veteranos de Vietnam, los miembros del Congreso durante el escándalo del Irangate, los niños de las escuelas públicas de su ciudad natal, Hazleton, y allí acudía buscando caras e instantes que le inspirasen, con las mínimas ideas previas.

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Sin título, Monumento a los Veteranos de Vietnam, Washington, D.C., 

1984 Untitled, Vietnam Veterans Memorial, Washington, D.C. 24,45 × 19,37 cm © Judith Joy Ross, courtesy Galerie Thomas Zander, Cologne

El recorrido, compuesto por 200 fotografías y algún material documental complementario, se desarrolla a través de nueve secciones que, en sentido cronológico, muestran un amplio panorama de los principales proyectos de la artista.

Se trata de la mayor retrospectiva de su trabajo realizada hasta la fecha. Un inmenso álbum de retratos a desconocidos que gracias a la pericia de Ross para captar su esencia pasarán a resultarnos mucho más familiares.

Judith Joy Ross en Fundación MAPFRE.

Del 24 de septiembre hasta el 9 de enero de 2022.

Imagen de portada: Gentileza de Judith Joy Ross Celia, 1980

7,62 × 9,84 cm © Judith Joy Ross, courtesy Galerie Thomas Zander, Cologne

FUENTE RESPONSABLE: Cultura inquieta. Por Carlota Solarat. Diciembre 2021

Sociedad y Cultura/Fotografía/Arte/Mujer

Octavia Butler, la escritora negra que rompió el estereotipo de los autores de ciencia ficción.

El interés en la obra de Octavia E. Butler ha ido creciendo desd su muerte en 2006.

Es la época de campaña electoral en Estados Unidos y un desconocido pero carismático político se ha lanzado con el eslogan Make America Great Again («Hagamos a EE.UU. grande otra vez»).

Según su rival, es un demagogo, un agitador, un hipócrita.

Cuando sus simpatizantes forman turbas, condena esa violencia «con un lenguaje tan leve que su gente se siente libre de escuchar lo que quiere escuchar». 

Acusa, sin fundamento, a grupos enteros de personas de ser violadores y narcotraficantes. Cuánto cree en esa retórica y cuánto de ello es cháchara «sólo porque sabe el valor de dividir para poder conquistar y gobernar», es tan debatible como cada vez más irrelevante, a medida que trata de devolver al país a una época «más sencilla» que en realidad nunca existió.

Aunque posiblemente te suene familiar, el personaje en cuestión es el senador de Texas Andrew Steele Jarret, un candidato presidencial ficticio que logra una victoria arrasadora en la novela distópica de ciencia ficción titulada Parable of the Talents («La parábola de los talentos»).

Escrita por Octavia E. Butler, se publicó en 1998, dos décadas antes de la investidura del cuadragésimo quinto presidente de Estados Unidos.

Como mucha de su obra, el libro de Butler era una advertencia sobre hacia dónde EE.UU. y la humanidad en general podrían estar dirigiéndose. En algunos aspectos, nos hemos adelantado: «La parábola de los talentos» —una secuela de La parábola del sembrador de 1993— tiene lugar en lo que todavía es el futuro, 2032.

Mientras que su visión es extrema, hay mucho que antoja dentro de los límites de lo posible: los recursos son cada vez más escasos, el planeta hierve, prevalece el fundamentalismo religioso, las clases medias viven en enclaves amurallados. La protagonista de la novela, una mujer negra como la autora, teme que el autoritarismo de Jarret sólo hará las cosas peores.

Catorce años después de su muerte prematura, la reputación de Butler está disparada. Sus predicciones sobre la dirección que tomaría la política de EE.UU., y el eslogan que lo ayudaría llegar rápidamente allí, son ciertamente asombrosas.

Donald Trump con una gorra que lee: "Make America Great Again" ("Hagamos a EE.UU. grande otra vez)

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

La novela «La parábola de los talentos» anticipó la llega al poder de una figura política muy parecida a Donald Trump.

Pero eso no fue todo lo que vaticinó.

Cuestionó las identidades de género tradicionales, contando la historia de un hombre embarazado en Bloodchild («Hija de sangre») e imaginándose personajes metamórficos y que cambiaban de sexo en Wild Seed («Semilla salvaje»).

Su interés en la hibridación y la adaptación de la raza humana, que exploró en su trilogía «Xenogénesis», se anticiparon a obras de no ficción de autores como Yuval Noah Harari.

Sus preocupaciones sobre temas que incluyen el cambio climático y la industria farmacéutica tienen mayor resonancia ahora que cuando los incorporó en su obra.

Y, por supuesto, debido a su género y etnicidad, luchó por derribar las suposiciones de género sobre escritores —y lectores— tan arraigadas que en 1987, su editorial seguía insistiendo en colocar a dos mujeres blancas en la portada de su novela Dawn («Amanecer»), cuyo personaje central es negro.

También ayudó a transformar la fantasía y la ciencia ficción, dotándolas de naturalismo y personajes como ella misma. Y cuando ganó la prestigiosa beca de «genios» MacArthur en 1995, sentó un precedente para cualquier escritor de ciencia ficción.

Octavia Estelle Butler nació el 22 de junio de 1947.

Su padre, un lustrabotas, murió cuando ella aún era muy joven y fue criada por su madre, una empleada doméstica en Pasadena, California.

Como hija única, Butler empezó a entretenerse contando historias desde los 4 años. Siendo como era tímida y creciendo durante la época de la segregación y conformidad, ese impulso para contar cuentos se convirtió en su vía de escape.

También leía desaforadamente a pesar de su dislexia. Su madre —que sólo pudo estar unos pocos años en la escuela — la llevó a sacar su tarjeta de biblioteca y le traía los libros desechados de las casas que limpiaba.

Un futuro alternativo

Así, Butler aprendió a imaginarse un futuro alternativo a la aparentemente monótona vida prevista para ella: de esposa, madre y secretaria.

«Fantaseé con vidas imposibles pero interesantes: vidas mágicas en las que podía volar como Superman, comunicarme con animales, controlar los pensamientos de la gente», escribió en 1999.

A los 12 años descubrió la ciencia ficción, el género que más la atrajo como escritora. «Me gustó más, incluso, que la fantasía porque requería de más pensamiento, más investigación de las cosas que me fascinaban», explicó.

Aún de niña, esas fuentes de fascinación iban desde la botánica a la paleontología a la astronomía. No era una estudiante particularmente buena, dijo, pero sí era «ávida».

Después de la secundaria, Butler se graduó en Arte por la Pasadena City College en 1968.

En los 1970 perfeccionó su oficio de escritora, encontrando, a través de una clase con el programa de Puertas Abiertas del Gremio de Libretistas, a un mentor en el veterano escritor de ciencia ficción Harlan Ellison, y luego vendiendo su primer cuento mientras asistía a un taller Clarion de escritores de ciencia ficción.

Harlan Ellison en 1997

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

El prolífico escritor de fantasía y ciencia ficción Harlan Ellison se convirtió en el mentor de Butler.

Mientras se ganaba la vida en varios trabajos de lavadora de platos, vendedora telefónica e inspectora en una fábrica de papas fritas, se levantaba a las 2 de la mañana a escribir.

Tras cinco años recibiendo notas de rechazo, vendió su primera novela, Patternmaster, en 1975, y cuando fue publicada el siguiente año, los críticos elogiaron la bien construida trama y la refrescantemente progresiva heroína.

La novela plantea un futuro distante en el que la humanidad ha evolucionado en tres grupos genéticos distintos, siendo el telepático el dominante, y presenta los temas de jerarquía y comunidad que llegarían a definir su obra.

También engendró una serie, con dos libros más, Mind of My Mind y Survivor, que le siguieron esa misma década.

Con el adelanto de US$1.750 que obtuvo por Survivor, Butler se desplazó al este, al estado de Maryland, el escenario de la novela que quería escribir sobre una joven negra que viaja al pasado al profundo sur de Estados Unidos en el siglo XIX.

Habiendo vivido toda su vida en la costa oeste, atravesó el país en autobús, y fue durante una escala de tres horas en una estación que escribió el primero y último capítulo de lo que se convertiría en Kindred («Parentesco»). Fue publicado en 1979 y continúa siendo su libro más conocido.

La década de los 1980 le traería una serie de galardones, incluyendo dos Hugos, los premios de literatura de ciencia ficción creados en 1953.

También fue cuando se publicó su trilogía «Xenogénesis», que fue motivada por la mención de «una guerra nuclear ganable» durante la carrera armamentista, y pondera la idea que la naturaleza jerárquica de la humanidad es un «error fundamental».

El libro también aborda los debates sobre la ingeniería genética en humanos y los programas de reproducción de animales cautivos en peligro de extinción.

Octavia E Butler durante la presentación de uno de sus últimos libros "Fledgling"

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Octavia E Butler durante la presentación de uno de sus últimos libros «Fledgling», en 2005.

En la contraportada de sus libros Butler aparece como una mujer seria con una mirada excepcionalmente penetrante.

Durante una charla que dio en Washington DC en 1991, de la que se hizo eco después el periódico radical feminista Off Our Backs, ofreció una descripción más completa de su personalidad:

«Cómodamente asocial —una ermitaña en la mitad de Los Ángeles— pesimista si me descuido, feminista, mujer negra, otrora bautista, una combinación de aceite y agua entre ambición, pereza, certidumbre y empuje».

Esa certidumbre y empuje se pueden ver en los documentos de su archivo, guardados en la Biblioteca Huntington.

Entre unos apuntes motivacionales escritos en 1998 en la parte de atrás de un bloc de notas anillado se puede leer: «¡Seré una escritora de mucho éxito!» y también «¡Encontraré la manera de lograrlo! ¡Que así sea! ¡Asegúrate de hacerlo!».

En otro sitio se la encuentra exhortándose a «contar historias llenas de hechos». «Haz a la gente tocar y saborear y conocer. ¡Haz a la gente sentir! ¡Sentir! ¡Sentir!».

Butler murió en 2006, después de sufrir una caída cerca de su casa en el estado de Washington.

Aunque había empezado a experimentar cierto bloqueo creativo, debido en parte al medicamento que tomaba para la presión arterial, continuó enseñando y, en 2005, fue incluida en el salón de la fama de escritores negros internacionales de la Universidad Estatal de Chicago.

Ese año también publicó la novela Fledgling, cuya heroína vampira debe vengar un violento ataque y reconstruir su vida y familia. Para entonces, sus libros habían sido traducidos a 10 idiomas y había vendido más de un millón de copias en total.

Desde entonces, su base de seguidores no ha hecho más que crecer. Resulta que no inventó el eslogan de campaña adorado por Trump. Fue antes utilizado por Ronald Reagan en su campaña presidencial de 1980 y luego por Bill Clinton, aunque éste lo describió la frase después como un «silbato de perros racista para sureños blancos».

Ronald Reagan con el eslogan "Hagamos a EE.UU. grande otra vez"

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El eslogan «Hagamos a EE.UU. grande otra vez», que también fue utilizado por Ronald Reagan durante su campaña presidencial de 1980, ha sido descrito como un «silbato de perros racista para sureños blancos».

No obstante, como señala Tarshia L. Stanley, decana de Humanidades, Artes y Ciencias de la Universidad St Catherine (Minnesota), cuando los lectores se dieron cuenta durante la elección de 2016 en EE.UU. que Butler había escogido el eslogan para Jarret, «los forzó a reconocer que ella había estado haciendo esto todo el tiempo».

«Había estado intentando decirnos que si nosotros tampoco hacemos cambios, esto es lo que va a suceder. Constantemente envió ese mensaje: esta es la conclusión lógica si continuamos por este camino. Creo que cuando la gente vio esa frase, motivó a todo un nuevo grupo de personas a leer su obra», dice.

Hoy día, la obra de Butler es objeto de fan fiction [obras escritas por entusiastas usando los personajes de obras originales], adaptaciones de televisión (hay por lo menos dos en camino), y animada atención en las universidades, donde se lee desde variadas perspectivas como teoría crítica de la raza, afrofuturismo, feminismo negro, teoría gay y estudios de discapacidad.

Stanley, que el año pasado editó la colección de ensayos «Métodos para enseñar la obra de Octavia E. Butler», también es presidenta de una sociedad dedicada a la autora.

Su afiliación es amplia, dice, pero la sorpresa más gratificante es cuánta atención de gente joven está atrayendo la obra de Butler. En la conferencia inaugural, había hasta un panel de chicos de secundaria.

¿Cómo habría interpretado Butler el actual momento político en EE.UU.?

«No creo que se hubiese sorprendido», expresa Stanley.

Explica la habilidad de Butler de imaginarse nuestro futuro como un profundo entendimiento de la naturaleza humana, conocimiento adquirido en parte por habérsele atribuido el papel de forastera desde su niñez.

Eso lo respaldó con investigación, leyendo revistas especializadas, incluyendo Scientific American, yendo a conferencias, viajando hasta tan lejos como el Amazonas.

Para Stanley, la principal lección de llevarse de la obra de Butler es la esperanza. «La construcción del mundo es inmensa en su canon, así que siempre queda la esperanza de que, ya que construimos este mundo, también podemos construir otro».

Foto de la NASA señalando el sitio de aterrizaje del módulo Perseverance en Marte nombrado en honor a Octavia E. Butler

FUENTE DE LA IMAGEN – NASA

La NASA nombró el sitio de aterrizaje del módulo Perseverance en Marte en honor a Octavia E. Butler.

Hay una escena en «La parábola del sembrador», en la que la mejor amiga de la heroína Lauren Olamina insiste en que «Los libros no nos van a salvar».

Lauren responde: «Usa tu imaginación», indicando que busque en los estantes de su familia cualquier cosa que le pueda ser útil. «Cualquier tipo de información para sobrevivir de enciclopedias, biografías, cualquier cosa que te ayude a aprender», continúa. «Hasta un poco de ficción podría ser útil».

Las novelas de Butler son precisamente ese tipo de ficción.

La niña que empezó a escribir como una vía de escape, terminó forjando potentes llamados a la acción sociopolítica que parecen ser cada vez más pertinentes para nuestra supervivencia como especie.

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FUENTE RESPONSABLE: BBC Culture por Hephzibah Anderson. Octubre 2021

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Sociedad y Cultura/ Literatura/Ciencia/Mujeres

 

Trabajo híbrido: «Las mujeres se ven mucho más afectadas que los hombres». Parte 2/2

Problemas estructurales

Antes de enumerar las potenciales dificultades de las mujeres con respecto al trabajo híbrido, es importante destacar algunos puntos relacionados a las estructuras laborales y familiares.

Muchos de los empleos que se perdieron en América Latina durante la pandemia están ligados al comercio, los servicios, alimentación y turismo.

«Todas estas áreas son altamente intensivas en contratación femenina. Entonces muchas mujeres, por una razón estructural del mercado laboral y de la pandemia, se quedaron sin trabajo», analiza Fernanda Hurtado.

Y también hay que sumarle una razón de estructura familiar.

Durante la pandemia, muchos países suspendieron las clases presenciales en las escuelas. Eso hizo que el cuidado de los niños, que en la mayoría de los casos recae sobre las mujeres, se acrecentara y las obligara a salir del mercado laboral.

En el trabajo híbrido, las mujeres se ven mucho más afectadas que los hombres porque en el fondo el trabajo doméstico y el cuidado aún no se han solucionado»

Fernanda Hurtado

Gerente general de Fundación Generación Empresarial de Chile

Otro de los cambios que trajo la pandemia fue la aceleración de los procesos de transformación digital y de automatización, especialmente en el área del comercio.

«Entonces muchas mujeres ya no encuentran el empleo que tenían antes porque se automatizó», describe Hurtado.

«No es tan fácil encontrar empleo. Y también es muy difícil encontrar el empleo que se tenía antes en las mismas condiciones», añade la especialista.

El trabajo híbrido y las mujeres

Si bien este esquema de trabajo híbrido podría ser un aparente beneficio para muchas mujeres encargadas de las tareas del cuidado tanto de niños como de adultos mayores, especialistas advierten que este trabajo flexible puede terminar perjudicándolas.

«El trabajo híbrido implica movilidad. ¿Qué tan cerca estás de tu trabajo? ¿Cuánto tiempo te resta de lo que tú tenías que seguir haciendo en tu casa? En estas condiciones, las mujeres se ven mucho más afectadas que los hombres, porque en el fondo el trabajo doméstico y el cuidado aún no se han solucionado», detalla Hurtado.

Reunión en Zoom con una participante en una pantalla y el resto de un equipo reunido en una mesa.

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Estar en la casa y a cargo del cuidado de los niños, de asistirlos en la educación remota, atender a adultos mayores y hacer tareas domésticas porque aún no se restableció la normalidad en el trabajo de limpieza en casas particulares, además de cumplir con un empleo remoto, puede ser agotador.

«Esto amplifica la carga no sólo laboral sino que personal. Y la eficiencia y efectividad laboral se ven sumamente afectadas», detalla Hurtado.

«Toda esta dificultad tiene que ver con una estructura y con un patrón cultural tremendamente potente», añade.

«Un gueto»

Por las razones de cuidado antes mencionadas, las mujeres suelen elegir trabajar desde casa si el empleador lo ofrece.

Según una reciente encuesta de la compañía de medios Skimm especializada en el sector femenino realizada entre 1.600 mujeres millennials que trabajan en Estados Unidos, el 65% dijo tener un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida personal con el empleo remoto, valorando el ahorro de tiempo en el viaje al trabajo y los momentos con la familia.

Sin embargo, dos tercios de ellas también creen que están perdiendo oportunidades al no estar en la oficina, donde pueden discutir sus metas y desarrollo profesional.

«Las mujeres desproporcionadamente desean hacer algunos de los trabajos de forma remota, y los hombres o mujeres sin hijos o aquellos que tienen unos 50 años no», describe la profesora de Harvard.

«Esto podría ser una desventaja para la madre joven que no está en el lugar de trabajo al mismo tiempo [que el resto]. Me refiero a que podría darse el caso de que en este mundo híbrido pudiéramos crear un gueto con [quienes hacen] el ‘trabajo desde casa'», opina.

En este mundo laboral híbrido se puede terminar creando un gueto con quienes hacen el ‘trabajo desde casa'»

Claudia Goldin

Profesora de Economía de la Universidad de Harvard.

«Y si se crea un gueto, entonces podría ser que al final de una reunión ella presione el botón de salir del Zoom y se desconecte, pero todos los demás sigan allí, presentes en el lugar. Y ella se quedó fuera de posibles conversaciones extras tras la reunión.

Esto «podría perjudicarla», advierte Goldin.

Por otro lado, la profesora destaca que el trabajo híbrido podría ser una buena oportunidad para aquellas mujeres que ocupan altos cargos empresariales, pero que no pueden viajar en caso de acuerdos comerciales con clientes en el extranjero ya que con las nuevas comunicaciones ellas pueden ser incluidas en esas reuniones.

«Pero creo que todavía no estamos en ese punto. Aún tenemos un sector de la salud que nos está diciendo qué hacer [con respecto a la pandemia] y luego tenemos a los jefes que lo interpretan y todavía están tratando de resolver» las medidas a tomar, entre ellas el trabajo híbrido.

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FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo. Por Analía Llorente

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Trabajo híbrido: «Las mujeres se ven mucho más afectadas que los hombres». Parte 1/2

Conectividad, reuniones virtuales, trabajo remoto, etc.

Durante la pandemia de covid-19 adoptamos muchas palabras relacionadas a la nueva manera de trabajar.

Al mismo tiempo, en estos más de 18 meses, muchos empleos se automatizan y hubo un replanteamiento de prioridades que hizo que varios negocios se transformaran y otros dejarán de existir.

Y las niñas y mujeres fueron las más perjudicadas.

Así lo indicó este el Foro Económico de la Mujer que se realizó en Ecuador, la alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, al explicar que el retroceso de la niñas y mujeres de América Latina y el Caribe en la participación laboral es ahora de más de 18 años.

«Son también las mujeres y las niñas las que han absorbido mayoritariamente las necesidades de cuidados creadas por la pandemia, sacrificando sus empleos y su educación», afirmó Bachelet.

«De hecho las mujeres jóvenes entre 15 y 29 años tienen tres veces más probabilidades de estar fuera del mercado laboral y de las aulas que los hombres de la misma edad», aseveró.

Y agregó que si fuera considerado el valor económico de todos los tipos de cuidados realizados por las mujeres sumaría 11 billones de dólares o el 9% del Producto Interno Bruto mundial.

Según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), solo en 2020 más de 13 millones de mujeres perdieron sus empleos en América Latina debido a la pandemia.

Mientras que otro informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) revela que la tasa de participación laboral de las mujeres se situó en 46% en 2020, mientras que la de los hombres estuvo en 69% (en 2019 alcanzaron un 52% y un 73,6%, respectivamente).

Un comercio en la Ciudad de Buenos Aires con la leyenda "cierre definitivo".

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Al tiempo que observan la curva de contagios de covid y la vacunación en el mundo, muchas empresas analizan las posibilidades para volver a una cierta «normalidad» laboral.

En esta etapa surgió una nueva palabra: el trabajo híbrido.

No existe un consenso sobre su definición, pero podría ser algo como «estar en la oficina tres días a la semana, y en casa -o donde quieras- otros dos días. Creo que eso es lo que generalmente se entiende por trabajo híbrido. Pero depende mucho del negocio», dice Claudia Goldin, profesora de Economía de la Universidad de Harvard.

Fernanda Hurtado, gerente general de Fundación Generación Empresarial de Chile y especialista en gestión de empresas, coincide con esto último.

«Al trabajo híbrido lo veo con una definición bastante localista. 

Las regulaciones van a tender a ser un poco más abiertas para que cada empresa u organización pueda dar sus marcos y quizás lineamientos respecto a lo que ellos entienden como trabajo híbrido», le dice a BBC Mundo.

Pero ¿cuáles son las ventajas y desventajas del trabajo híbrido? ¿Y cómo afecta a las mujeres esta nueva modalidad laboral?

«Apretón de manos por Zoom»

Mujer frente a una pantalla de computadora ofreciendo su mano.

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La implementación de cualquier tipo de sistema de trabajo trae ventajas y desventajas.

Pero sobre todo abre nuevas posibilidades que tal vez antes eran impensables.

«En el entorno anterior, lo que yo llamo ‘BCE’ (Before Covid Era – en español «era antes del covid»), siempre existía el caso de alguien que cerraba un trato en Pekín y tenía que viajar, o debía participar en un conjunto de reuniones con clientes en Sao Paulo y tenía que estar ahí», ejemplifica la profesora Goldin.

Según la experta, si esas son las demandas de un empleo, entonces aquellos que son padres y que tienen responsabilidades de cuidados no pueden participar porque no pueden viajar cada semana.

Pero «si todas estas cosas se pueden hacer de forma remota, si el apretón de manos se puede hacer por Zoom, entonces esto abre nuevas posibilidades para quienes son padres», afirma.

«Quien tiene las tareas de cuidado en casa es generalmente la mujer y, si no tiene niños pequeños, a menudo tiene padres a su cargo», le dice a BBC Mundo la especialista en el rol de la mujer y brecha de género en la fuerza laboral.

Mujer con una niña dando una explicación mientras trabaja de manera remota.

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«Entonces, el sector de cuidados, que es el no remunerado, tiene una restricción, y lo que llamamos trabajo híbrido, que es en realidad un trabajo remoto, amplía las posibilidades. Aunque no necesariamente todo sume», dice Goldin.

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FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo. Por Analía Llorente

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