Octavia Butler, la escritora negra que rompió el estereotipo de los autores de ciencia ficción.

El interés en la obra de Octavia E. Butler ha ido creciendo desd su muerte en 2006.

Es la época de campaña electoral en Estados Unidos y un desconocido pero carismático político se ha lanzado con el eslogan Make America Great Again («Hagamos a EE.UU. grande otra vez»).

Según su rival, es un demagogo, un agitador, un hipócrita.

Cuando sus simpatizantes forman turbas, condena esa violencia «con un lenguaje tan leve que su gente se siente libre de escuchar lo que quiere escuchar». 

Acusa, sin fundamento, a grupos enteros de personas de ser violadores y narcotraficantes. Cuánto cree en esa retórica y cuánto de ello es cháchara «sólo porque sabe el valor de dividir para poder conquistar y gobernar», es tan debatible como cada vez más irrelevante, a medida que trata de devolver al país a una época «más sencilla» que en realidad nunca existió.

Aunque posiblemente te suene familiar, el personaje en cuestión es el senador de Texas Andrew Steele Jarret, un candidato presidencial ficticio que logra una victoria arrasadora en la novela distópica de ciencia ficción titulada Parable of the Talents («La parábola de los talentos»).

Escrita por Octavia E. Butler, se publicó en 1998, dos décadas antes de la investidura del cuadragésimo quinto presidente de Estados Unidos.

Como mucha de su obra, el libro de Butler era una advertencia sobre hacia dónde EE.UU. y la humanidad en general podrían estar dirigiéndose. En algunos aspectos, nos hemos adelantado: «La parábola de los talentos» —una secuela de La parábola del sembrador de 1993— tiene lugar en lo que todavía es el futuro, 2032.

Mientras que su visión es extrema, hay mucho que antoja dentro de los límites de lo posible: los recursos son cada vez más escasos, el planeta hierve, prevalece el fundamentalismo religioso, las clases medias viven en enclaves amurallados. La protagonista de la novela, una mujer negra como la autora, teme que el autoritarismo de Jarret sólo hará las cosas peores.

Catorce años después de su muerte prematura, la reputación de Butler está disparada. Sus predicciones sobre la dirección que tomaría la política de EE.UU., y el eslogan que lo ayudaría llegar rápidamente allí, son ciertamente asombrosas.

Donald Trump con una gorra que lee: "Make America Great Again" ("Hagamos a EE.UU. grande otra vez)

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La novela «La parábola de los talentos» anticipó la llega al poder de una figura política muy parecida a Donald Trump.

Pero eso no fue todo lo que vaticinó.

Cuestionó las identidades de género tradicionales, contando la historia de un hombre embarazado en Bloodchild («Hija de sangre») e imaginándose personajes metamórficos y que cambiaban de sexo en Wild Seed («Semilla salvaje»).

Su interés en la hibridación y la adaptación de la raza humana, que exploró en su trilogía «Xenogénesis», se anticiparon a obras de no ficción de autores como Yuval Noah Harari.

Sus preocupaciones sobre temas que incluyen el cambio climático y la industria farmacéutica tienen mayor resonancia ahora que cuando los incorporó en su obra.

Y, por supuesto, debido a su género y etnicidad, luchó por derribar las suposiciones de género sobre escritores —y lectores— tan arraigadas que en 1987, su editorial seguía insistiendo en colocar a dos mujeres blancas en la portada de su novela Dawn («Amanecer»), cuyo personaje central es negro.

También ayudó a transformar la fantasía y la ciencia ficción, dotándolas de naturalismo y personajes como ella misma. Y cuando ganó la prestigiosa beca de «genios» MacArthur en 1995, sentó un precedente para cualquier escritor de ciencia ficción.

Octavia Estelle Butler nació el 22 de junio de 1947.

Su padre, un lustrabotas, murió cuando ella aún era muy joven y fue criada por su madre, una empleada doméstica en Pasadena, California.

Como hija única, Butler empezó a entretenerse contando historias desde los 4 años. Siendo como era tímida y creciendo durante la época de la segregación y conformidad, ese impulso para contar cuentos se convirtió en su vía de escape.

También leía desaforadamente a pesar de su dislexia. Su madre —que sólo pudo estar unos pocos años en la escuela — la llevó a sacar su tarjeta de biblioteca y le traía los libros desechados de las casas que limpiaba.

Un futuro alternativo

Así, Butler aprendió a imaginarse un futuro alternativo a la aparentemente monótona vida prevista para ella: de esposa, madre y secretaria.

«Fantaseé con vidas imposibles pero interesantes: vidas mágicas en las que podía volar como Superman, comunicarme con animales, controlar los pensamientos de la gente», escribió en 1999.

A los 12 años descubrió la ciencia ficción, el género que más la atrajo como escritora. «Me gustó más, incluso, que la fantasía porque requería de más pensamiento, más investigación de las cosas que me fascinaban», explicó.

Aún de niña, esas fuentes de fascinación iban desde la botánica a la paleontología a la astronomía. No era una estudiante particularmente buena, dijo, pero sí era «ávida».

Después de la secundaria, Butler se graduó en Arte por la Pasadena City College en 1968.

En los 1970 perfeccionó su oficio de escritora, encontrando, a través de una clase con el programa de Puertas Abiertas del Gremio de Libretistas, a un mentor en el veterano escritor de ciencia ficción Harlan Ellison, y luego vendiendo su primer cuento mientras asistía a un taller Clarion de escritores de ciencia ficción.

Harlan Ellison en 1997

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El prolífico escritor de fantasía y ciencia ficción Harlan Ellison se convirtió en el mentor de Butler.

Mientras se ganaba la vida en varios trabajos de lavadora de platos, vendedora telefónica e inspectora en una fábrica de papas fritas, se levantaba a las 2 de la mañana a escribir.

Tras cinco años recibiendo notas de rechazo, vendió su primera novela, Patternmaster, en 1975, y cuando fue publicada el siguiente año, los críticos elogiaron la bien construida trama y la refrescantemente progresiva heroína.

La novela plantea un futuro distante en el que la humanidad ha evolucionado en tres grupos genéticos distintos, siendo el telepático el dominante, y presenta los temas de jerarquía y comunidad que llegarían a definir su obra.

También engendró una serie, con dos libros más, Mind of My Mind y Survivor, que le siguieron esa misma década.

Con el adelanto de US$1.750 que obtuvo por Survivor, Butler se desplazó al este, al estado de Maryland, el escenario de la novela que quería escribir sobre una joven negra que viaja al pasado al profundo sur de Estados Unidos en el siglo XIX.

Habiendo vivido toda su vida en la costa oeste, atravesó el país en autobús, y fue durante una escala de tres horas en una estación que escribió el primero y último capítulo de lo que se convertiría en Kindred («Parentesco»). Fue publicado en 1979 y continúa siendo su libro más conocido.

La década de los 1980 le traería una serie de galardones, incluyendo dos Hugos, los premios de literatura de ciencia ficción creados en 1953.

También fue cuando se publicó su trilogía «Xenogénesis», que fue motivada por la mención de «una guerra nuclear ganable» durante la carrera armamentista, y pondera la idea que la naturaleza jerárquica de la humanidad es un «error fundamental».

El libro también aborda los debates sobre la ingeniería genética en humanos y los programas de reproducción de animales cautivos en peligro de extinción.

Octavia E Butler durante la presentación de uno de sus últimos libros "Fledgling"

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Octavia E Butler durante la presentación de uno de sus últimos libros «Fledgling», en 2005.

En la contraportada de sus libros Butler aparece como una mujer seria con una mirada excepcionalmente penetrante.

Durante una charla que dio en Washington DC en 1991, de la que se hizo eco después el periódico radical feminista Off Our Backs, ofreció una descripción más completa de su personalidad:

«Cómodamente asocial —una ermitaña en la mitad de Los Ángeles— pesimista si me descuido, feminista, mujer negra, otrora bautista, una combinación de aceite y agua entre ambición, pereza, certidumbre y empuje».

Esa certidumbre y empuje se pueden ver en los documentos de su archivo, guardados en la Biblioteca Huntington.

Entre unos apuntes motivacionales escritos en 1998 en la parte de atrás de un bloc de notas anillado se puede leer: «¡Seré una escritora de mucho éxito!» y también «¡Encontraré la manera de lograrlo! ¡Que así sea! ¡Asegúrate de hacerlo!».

En otro sitio se la encuentra exhortándose a «contar historias llenas de hechos». «Haz a la gente tocar y saborear y conocer. ¡Haz a la gente sentir! ¡Sentir! ¡Sentir!».

Butler murió en 2006, después de sufrir una caída cerca de su casa en el estado de Washington.

Aunque había empezado a experimentar cierto bloqueo creativo, debido en parte al medicamento que tomaba para la presión arterial, continuó enseñando y, en 2005, fue incluida en el salón de la fama de escritores negros internacionales de la Universidad Estatal de Chicago.

Ese año también publicó la novela Fledgling, cuya heroína vampira debe vengar un violento ataque y reconstruir su vida y familia. Para entonces, sus libros habían sido traducidos a 10 idiomas y había vendido más de un millón de copias en total.

Desde entonces, su base de seguidores no ha hecho más que crecer. Resulta que no inventó el eslogan de campaña adorado por Trump. Fue antes utilizado por Ronald Reagan en su campaña presidencial de 1980 y luego por Bill Clinton, aunque éste lo describió la frase después como un «silbato de perros racista para sureños blancos».

Ronald Reagan con el eslogan "Hagamos a EE.UU. grande otra vez"

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El eslogan «Hagamos a EE.UU. grande otra vez», que también fue utilizado por Ronald Reagan durante su campaña presidencial de 1980, ha sido descrito como un «silbato de perros racista para sureños blancos».

No obstante, como señala Tarshia L. Stanley, decana de Humanidades, Artes y Ciencias de la Universidad St Catherine (Minnesota), cuando los lectores se dieron cuenta durante la elección de 2016 en EE.UU. que Butler había escogido el eslogan para Jarret, «los forzó a reconocer que ella había estado haciendo esto todo el tiempo».

«Había estado intentando decirnos que si nosotros tampoco hacemos cambios, esto es lo que va a suceder. Constantemente envió ese mensaje: esta es la conclusión lógica si continuamos por este camino. Creo que cuando la gente vio esa frase, motivó a todo un nuevo grupo de personas a leer su obra», dice.

Hoy día, la obra de Butler es objeto de fan fiction [obras escritas por entusiastas usando los personajes de obras originales], adaptaciones de televisión (hay por lo menos dos en camino), y animada atención en las universidades, donde se lee desde variadas perspectivas como teoría crítica de la raza, afrofuturismo, feminismo negro, teoría gay y estudios de discapacidad.

Stanley, que el año pasado editó la colección de ensayos «Métodos para enseñar la obra de Octavia E. Butler», también es presidenta de una sociedad dedicada a la autora.

Su afiliación es amplia, dice, pero la sorpresa más gratificante es cuánta atención de gente joven está atrayendo la obra de Butler. En la conferencia inaugural, había hasta un panel de chicos de secundaria.

¿Cómo habría interpretado Butler el actual momento político en EE.UU.?

«No creo que se hubiese sorprendido», expresa Stanley.

Explica la habilidad de Butler de imaginarse nuestro futuro como un profundo entendimiento de la naturaleza humana, conocimiento adquirido en parte por habérsele atribuido el papel de forastera desde su niñez.

Eso lo respaldó con investigación, leyendo revistas especializadas, incluyendo Scientific American, yendo a conferencias, viajando hasta tan lejos como el Amazonas.

Para Stanley, la principal lección de llevarse de la obra de Butler es la esperanza. «La construcción del mundo es inmensa en su canon, así que siempre queda la esperanza de que, ya que construimos este mundo, también podemos construir otro».

Foto de la NASA señalando el sitio de aterrizaje del módulo Perseverance en Marte nombrado en honor a Octavia E. Butler

FUENTE DE LA IMAGEN – NASA

La NASA nombró el sitio de aterrizaje del módulo Perseverance en Marte en honor a Octavia E. Butler.

Hay una escena en «La parábola del sembrador», en la que la mejor amiga de la heroína Lauren Olamina insiste en que «Los libros no nos van a salvar».

Lauren responde: «Usa tu imaginación», indicando que busque en los estantes de su familia cualquier cosa que le pueda ser útil. «Cualquier tipo de información para sobrevivir de enciclopedias, biografías, cualquier cosa que te ayude a aprender», continúa. «Hasta un poco de ficción podría ser útil».

Las novelas de Butler son precisamente ese tipo de ficción.

La niña que empezó a escribir como una vía de escape, terminó forjando potentes llamados a la acción sociopolítica que parecen ser cada vez más pertinentes para nuestra supervivencia como especie.

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FUENTE RESPONSABLE: BBC Culture por Hephzibah Anderson. Octubre 2021

Espacio/NASA/

Sociedad y Cultura/ Literatura/Ciencia/Mujeres

 

Trabajo híbrido: «Las mujeres se ven mucho más afectadas que los hombres». Parte 2/2

Problemas estructurales

Antes de enumerar las potenciales dificultades de las mujeres con respecto al trabajo híbrido, es importante destacar algunos puntos relacionados a las estructuras laborales y familiares.

Muchos de los empleos que se perdieron en América Latina durante la pandemia están ligados al comercio, los servicios, alimentación y turismo.

«Todas estas áreas son altamente intensivas en contratación femenina. Entonces muchas mujeres, por una razón estructural del mercado laboral y de la pandemia, se quedaron sin trabajo», analiza Fernanda Hurtado.

Y también hay que sumarle una razón de estructura familiar.

Durante la pandemia, muchos países suspendieron las clases presenciales en las escuelas. Eso hizo que el cuidado de los niños, que en la mayoría de los casos recae sobre las mujeres, se acrecentara y las obligara a salir del mercado laboral.

En el trabajo híbrido, las mujeres se ven mucho más afectadas que los hombres porque en el fondo el trabajo doméstico y el cuidado aún no se han solucionado»

Fernanda Hurtado

Gerente general de Fundación Generación Empresarial de Chile

Otro de los cambios que trajo la pandemia fue la aceleración de los procesos de transformación digital y de automatización, especialmente en el área del comercio.

«Entonces muchas mujeres ya no encuentran el empleo que tenían antes porque se automatizó», describe Hurtado.

«No es tan fácil encontrar empleo. Y también es muy difícil encontrar el empleo que se tenía antes en las mismas condiciones», añade la especialista.

El trabajo híbrido y las mujeres

Si bien este esquema de trabajo híbrido podría ser un aparente beneficio para muchas mujeres encargadas de las tareas del cuidado tanto de niños como de adultos mayores, especialistas advierten que este trabajo flexible puede terminar perjudicándolas.

«El trabajo híbrido implica movilidad. ¿Qué tan cerca estás de tu trabajo? ¿Cuánto tiempo te resta de lo que tú tenías que seguir haciendo en tu casa? En estas condiciones, las mujeres se ven mucho más afectadas que los hombres, porque en el fondo el trabajo doméstico y el cuidado aún no se han solucionado», detalla Hurtado.

Reunión en Zoom con una participante en una pantalla y el resto de un equipo reunido en una mesa.

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Estar en la casa y a cargo del cuidado de los niños, de asistirlos en la educación remota, atender a adultos mayores y hacer tareas domésticas porque aún no se restableció la normalidad en el trabajo de limpieza en casas particulares, además de cumplir con un empleo remoto, puede ser agotador.

«Esto amplifica la carga no sólo laboral sino que personal. Y la eficiencia y efectividad laboral se ven sumamente afectadas», detalla Hurtado.

«Toda esta dificultad tiene que ver con una estructura y con un patrón cultural tremendamente potente», añade.

«Un gueto»

Por las razones de cuidado antes mencionadas, las mujeres suelen elegir trabajar desde casa si el empleador lo ofrece.

Según una reciente encuesta de la compañía de medios Skimm especializada en el sector femenino realizada entre 1.600 mujeres millennials que trabajan en Estados Unidos, el 65% dijo tener un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida personal con el empleo remoto, valorando el ahorro de tiempo en el viaje al trabajo y los momentos con la familia.

Sin embargo, dos tercios de ellas también creen que están perdiendo oportunidades al no estar en la oficina, donde pueden discutir sus metas y desarrollo profesional.

«Las mujeres desproporcionadamente desean hacer algunos de los trabajos de forma remota, y los hombres o mujeres sin hijos o aquellos que tienen unos 50 años no», describe la profesora de Harvard.

«Esto podría ser una desventaja para la madre joven que no está en el lugar de trabajo al mismo tiempo [que el resto]. Me refiero a que podría darse el caso de que en este mundo híbrido pudiéramos crear un gueto con [quienes hacen] el ‘trabajo desde casa'», opina.

En este mundo laboral híbrido se puede terminar creando un gueto con quienes hacen el ‘trabajo desde casa'»

Claudia Goldin

Profesora de Economía de la Universidad de Harvard.

«Y si se crea un gueto, entonces podría ser que al final de una reunión ella presione el botón de salir del Zoom y se desconecte, pero todos los demás sigan allí, presentes en el lugar. Y ella se quedó fuera de posibles conversaciones extras tras la reunión.

Esto «podría perjudicarla», advierte Goldin.

Por otro lado, la profesora destaca que el trabajo híbrido podría ser una buena oportunidad para aquellas mujeres que ocupan altos cargos empresariales, pero que no pueden viajar en caso de acuerdos comerciales con clientes en el extranjero ya que con las nuevas comunicaciones ellas pueden ser incluidas en esas reuniones.

«Pero creo que todavía no estamos en ese punto. Aún tenemos un sector de la salud que nos está diciendo qué hacer [con respecto a la pandemia] y luego tenemos a los jefes que lo interpretan y todavía están tratando de resolver» las medidas a tomar, entre ellas el trabajo híbrido.

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FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo. Por Analía Llorente

Economía/Derechos de la Mujer/Empleo/Pandemia de Coronavirus/

Negocios/Mujer.

 

 

Trabajo híbrido: «Las mujeres se ven mucho más afectadas que los hombres». Parte 1/2

Conectividad, reuniones virtuales, trabajo remoto, etc.

Durante la pandemia de covid-19 adoptamos muchas palabras relacionadas a la nueva manera de trabajar.

Al mismo tiempo, en estos más de 18 meses, muchos empleos se automatizan y hubo un replanteamiento de prioridades que hizo que varios negocios se transformaran y otros dejarán de existir.

Y las niñas y mujeres fueron las más perjudicadas.

Así lo indicó este el Foro Económico de la Mujer que se realizó en Ecuador, la alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, al explicar que el retroceso de la niñas y mujeres de América Latina y el Caribe en la participación laboral es ahora de más de 18 años.

«Son también las mujeres y las niñas las que han absorbido mayoritariamente las necesidades de cuidados creadas por la pandemia, sacrificando sus empleos y su educación», afirmó Bachelet.

«De hecho las mujeres jóvenes entre 15 y 29 años tienen tres veces más probabilidades de estar fuera del mercado laboral y de las aulas que los hombres de la misma edad», aseveró.

Y agregó que si fuera considerado el valor económico de todos los tipos de cuidados realizados por las mujeres sumaría 11 billones de dólares o el 9% del Producto Interno Bruto mundial.

Según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), solo en 2020 más de 13 millones de mujeres perdieron sus empleos en América Latina debido a la pandemia.

Mientras que otro informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) revela que la tasa de participación laboral de las mujeres se situó en 46% en 2020, mientras que la de los hombres estuvo en 69% (en 2019 alcanzaron un 52% y un 73,6%, respectivamente).

Un comercio en la Ciudad de Buenos Aires con la leyenda "cierre definitivo".

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Al tiempo que observan la curva de contagios de covid y la vacunación en el mundo, muchas empresas analizan las posibilidades para volver a una cierta «normalidad» laboral.

En esta etapa surgió una nueva palabra: el trabajo híbrido.

No existe un consenso sobre su definición, pero podría ser algo como «estar en la oficina tres días a la semana, y en casa -o donde quieras- otros dos días. Creo que eso es lo que generalmente se entiende por trabajo híbrido. Pero depende mucho del negocio», dice Claudia Goldin, profesora de Economía de la Universidad de Harvard.

Fernanda Hurtado, gerente general de Fundación Generación Empresarial de Chile y especialista en gestión de empresas, coincide con esto último.

«Al trabajo híbrido lo veo con una definición bastante localista. 

Las regulaciones van a tender a ser un poco más abiertas para que cada empresa u organización pueda dar sus marcos y quizás lineamientos respecto a lo que ellos entienden como trabajo híbrido», le dice a BBC Mundo.

Pero ¿cuáles son las ventajas y desventajas del trabajo híbrido? ¿Y cómo afecta a las mujeres esta nueva modalidad laboral?

«Apretón de manos por Zoom»

Mujer frente a una pantalla de computadora ofreciendo su mano.

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La implementación de cualquier tipo de sistema de trabajo trae ventajas y desventajas.

Pero sobre todo abre nuevas posibilidades que tal vez antes eran impensables.

«En el entorno anterior, lo que yo llamo ‘BCE’ (Before Covid Era – en español «era antes del covid»), siempre existía el caso de alguien que cerraba un trato en Pekín y tenía que viajar, o debía participar en un conjunto de reuniones con clientes en Sao Paulo y tenía que estar ahí», ejemplifica la profesora Goldin.

Según la experta, si esas son las demandas de un empleo, entonces aquellos que son padres y que tienen responsabilidades de cuidados no pueden participar porque no pueden viajar cada semana.

Pero «si todas estas cosas se pueden hacer de forma remota, si el apretón de manos se puede hacer por Zoom, entonces esto abre nuevas posibilidades para quienes son padres», afirma.

«Quien tiene las tareas de cuidado en casa es generalmente la mujer y, si no tiene niños pequeños, a menudo tiene padres a su cargo», le dice a BBC Mundo la especialista en el rol de la mujer y brecha de género en la fuerza laboral.

Mujer con una niña dando una explicación mientras trabaja de manera remota.

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«Entonces, el sector de cuidados, que es el no remunerado, tiene una restricción, y lo que llamamos trabajo híbrido, que es en realidad un trabajo remoto, amplía las posibilidades. Aunque no necesariamente todo sume», dice Goldin.

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FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo. Por Analía Llorente

Economía/Derechos de la Mujer/Empleo/Pandemia de Coronavirus/

Negocios/Mujeres.

El dramático juicio de Friné, la cortesana de la Antigua Grecia que se desnudó para salvar su vida.

«Friné frente al Areópago» de Jean-Léon Gerôme, una de las muchas obras de arte que inspiró esta historia.

Las cosas no iban bien para la defensa en el Areópago, ese lugar donde, según la leyenda, Ares, el dios de la guerra, había sido juzgado por los dioses y exonerado de ser condenado por dar muerte a Halirrotio, hijo de Poseidón, que había violado a una de sus hijas, Alcipe.

En este caso, la acusada enfrentaba uno de los cargos más graves que se podían imputar contra alguien: impiedad, una de las razones por las que el gran filósofo ateniense Sócrates había sido sentenciado a morir tomando cicuta.

Por más preparación y esfuerzo, era obvio que el talentoso Hespérides, uno de los diez oradores áticos (considerados los mejores oradores y logógrafos de la antigüedad clásica), no estaba logrando convencer al jurado.

Con la vida de su defendida -y su propia reputación- en juego, tomó medidas extremas.

«…como no conseguía nada con su discurso y era probable que los jueces la condenan, tras conducirla hasta un lugar bien visible y desgarrarle la túnica interior, dejándole el pecho desnudo, declama sus lamentaciones finales ante la visión que ella ofrecía…», cuenta el escritor Ateneo de Naucratis en «Banquete de los eruditos».

La del pecho desnudo

A quien había desnudado frente al jurado en ese lugar sagrado, que era regado con agua limpia antes de los juicios para recordarles a los presentes que todo lo que ahí entraba debía ser puro, era una hetaira.

Las hetairas eran una clase de cortesanas profesionales independientes de la Antigua Grecia que, además de cuidar su atractivo físico, cultivaban sus mentes y talentos en un grado mucho más alto de lo que se le permitía a la mujer ática promedio.

Entre ellas, la acusada se destacaba por su deslumbrante belleza, agudeza y riqueza.

"Friné" de Gustave Boulanger

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El pintor francés Gustave Boulanger fue otro de los seducidos por la belleza de Friné.

Su nombre real era Mnēsarétē, que significa «conmemorando la virtud», pero era conocida como Friné, que significa «sapo» y parece un insulto, pero el apodo no se debía a sus facciones sino al color oliva de su piel.

Había nacido en el año 371 a.C. en Tespias, pero se mudó a Atenas y, con el tiempo, se convirtió en una celebridad tal que se escondía tras un velo de la vista del público.

«Friné era una mujer realmente hermosa, incluso en aquellas partes de su persona que generalmente no se veían; no era fácil verla desnuda, porque solía usar una túnica que cubría toda su persona, y nunca usaba los baños públicos», cuenta Ateneo.

Así, sólo los que pagaban podían verla… en carne y hueso.

Los que no podían darse ese lujo, tenían sin embargo la oportunidad de admirar sus atributos gracias a que era una modelo muy solicitada por pintores y escultores, incluido Praxíteles -el más renombrado escultor clásico ático del siglo IV a.C.-, quien la inmortalizó en una de las obras más famosas del arte de la Antigua Grecia.

Las Afroditas

Cuenta el enciclopedista romano Plinio el Viejo que alrededor del año 330 a.C., la isla griega de Cos le encargó a Praxíteles que hiciera una estatua de la diosa del amor, la belleza, el placer, la pasión y la procreación.

El artista esculpió no una sino dos: Afrodita vestida y Afrodita desnuda.

Los residentes de Cos se horrorizaron al ver la segunda, así que se quedaron con la primera. Pero sus vecinos de Cnidos no eran tan recatados y se quedaron con la diosa desvestida.

Afrodita de Cnidos

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La estatua original se perdió, pero quedaron las copias.

Dice el historiador romano que al rey Nicomedes le gustó tanto la escultura desnuda de Praxíteles que le ofreció a Cnidos condonar sus deudas a cambio de ella.

Aunque los cnidarios se negaron, lograron pagar lo que debían gracias a que la Afrodita de Cnidos se convirtió en un imán turístico.

La figura reproducida en piedra también había vuelto rica a la mujer que la poseía.

Las murallas de Tebas

Además de sus atributos físicos, Friné era «una diosa de los juegos de palabras y el pensamiento práctico», según Ateneo, quien registra además que era posiblemente la mujer artífice de su propio éxito más rica de su tiempo.

Acumuló tanta riqueza que se ofreció a financiar la reconstrucción de las murallas de Tebas, que habían sido destruidas por Alejandro Magno en 336 a.C.

Pero exigió que las palabras «Destruido por Alejandro, restaurado por Friné la cortesana» se inscribieran en las paredes.

La idea de que una mujer -y encima una cortesana- reconstruya lo que Alejandro Magno había destruido era tan perturbadora para los patriarcas de la ciudad que prefirieron quedarse con las ruinas.

¿Y el juicio?

Hespérides había desnudado a Friné frente al jurado.

La cortesana estaba ahí porque, como contó Ateneo, «durante las festividades Eleusinas y las de Poseidón, a la vista de todos los panhelénicos se quitaba el manto, se soltaba la cabellera y entraba en el mar».

Los misterios de Eleusis era el más famoso de los ritos religiosos secretos de la antigua Grecia. Así imaginó el pintor polaco del siglo XIX a Friné durante el festival.

Si la estaban acusando de profanar el festival con su ofrenda, Hespérides les estaba mostrando el medio con el que había cometido el crimen.

Era un cuerpo tan perfecto que únicamente podía ser obra de los dioses, argumentó. Sería una falta de respeto a ellos privar al mundo de esa obra divina.

¿Cómo iban a condenar a una mujer que era tan hermosa que representaba a la diosa Afrodita?

«…y consiguió que los jueces sintieran un respeto reverencial hacia la ministra y sierva de Afrodita, concediendo por piedad religiosa que no se le diera muerte», dice Ateneo.

La verdad es que la historia del juicio de Friné ha sido recreada con base en escasos pasajes de escritos de la época y relatos de autores que no estuvieron presentes.

Se sabe que el juicio tuvo lugar y que el discurso de Hespérides en su defensa fue uno de los más admirados en la antigüedad, pero de él sobreviven apenas un puñado de fragmentos.

Hay incluso dudas sobre la causa, aunque no el cargo, y otra versión del final, en la que Friné misma, con toda su ropa puesta, habla con cada uno de los miembros del jurado y los convence de su inocencia.

Nada de eso impidió que el dramático litigio inspirara varias obras de arte, desde pinturas como las que adornan este artículo y varios otros, hasta esculturas de artistas como el estadounidense Albert Weine.

Poetas como Charles Baudelaire, Francisco de Quevedo y Rainer Maria Rilke escribieron pensando en ella, el francés Camille Saint-Saëns creó una ópera que lleva su nombre, «Friné», y el italiano Mario Bonnard dirigió una película sobre la cortesana.

Un espléndido legado del juicio, a pesar de que no tengamos pruebas más allá de cualquier duda fundada de la veracidad de los hechos.

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo por Dalia Ventura

Sociedad/Cultura/Historia/Arte/Grecia/Mujer

 

Volviste…

Apareciste después
de largo tiempo,
en que tus letras
estuvieron ausentes,
mentiría si dijera
que no te extrañaba,
se que lo amas a él
yo solo en silencio,
has dicho que luego
tu vida será agua
y al torrente se unirá,
llevándote a una
lúgubre tumba
que los espera,
me dirás que
soy un atrevido,
no he de mentirte
lo he sido siempre,
ahora se
que al lugar
donde vayas
he de encontrarte,
y buscando entre
la bruma he de
encontrarte,
solo para
preguntarte
si me dejas
seguir amandote
en silencio.

Imagen: Gentileza de Pinterest – MariaTeresadeBracamonte.wordpress

Pienso en lo que pudo ser…

Llueve
hace rato,
los charcos
decoran
el verde
parque,
transformado
en minúsculas
islas de
verde césped,
rodeadas
por el agua.


Las gotas
de lluvia
hacen
“globitos”
sobre el
agua,
que como
bendición
cae del
cielo
encapotado.


No me
pregunten
porqué;
pero es
en estos
momentos,
en que
pienso
en ella.


En su orgullo
impenetrable,
ni siquiera
por la verdad,
y eso no puedo
ni debo
compartirlo,
ya es hora
para nosotros
de no hacer
tonterías,
que pueden
dañar al otro
o a uno mismo.


Seguirá
ella con
su orgullo
malherido,
sin razón
que lo amerite,
quizás
encuentre
a alguien
que se ajuste
a su medida.

Pero no es mi caso,
no me ajustaría
a nadie
que en lugar
de preocuparse,
haga silencio
de radio,
porque ello
es el rostro real
de la indiferencia,
que negó a ambos
un futuro posible.

La mujer que no siente dolor.

Jo Cameron solo puede darse cuenta que su piel se está quemando si siente el aroma de la carne chamuscada.

Le ha pasado varias veces. Se ha quemado las manos y los brazos en el horno de su casa, pero solo el olor le advierte que algo está pasando.

Jo Cameron es una de las dos personas que se conocen en el planeta que, debido a una rara mutación genética, no siente dolor.

Pero no solo es que no siente dolor, sino que tampoco siente ansiedad o temor.

Solo se dio cuenta de ello cuando cumplió 65 años, después de que llegó al hospital con una mano rota y le dijo a los doctores que no necesitaba anestesia.

Los sorprendió aún más cuando, después de la operación, le dijo a los doctores que no iba a necesitar ninguna pastilla para controlar el dolor, sencillamente porque no lo sentía.

Por esa razón, Devjit Srivastava, el anestesista que la atendió, la envió al grupo de genetistas de la Universidad de Londres para que estudiaran su caso.

Después de varios análisis, los especialistas hallaron varias mutaciones genéticas que hacían que Cameron no sintiera el dolor como la mayoría de las personas.

No solo era «increíblemente saludable»

Cameron contó a la BBC en Escocia que los médicos no le creyeron cuando dijo que no necesitaría analgésicos para el dolor después de esa operación.

«Antes de entrar al quirófano hicimos bromas cuando les aseguré que no necesitaría calmantes», dijo.

Junto con su esposo Jim y su anestesista, el doctor Devjit Srivastava, Jo Cameron participó en un reto: comerse un ají. Mientras los dos hombres reaccionan al picante, ella sigue sonriendo sin inmutarse.

Entonces, el personal del hospital revisó su historial médico y descubrieron que nunca había pedido analgésicos.

Fue entonces cuando fue referida a la consulta de otros especialistas en Reino Unido.

Una vez diagnosticada, Cameron se dio cuenta de que no era que estuviera «increíblemente sana», como había creído hasta ese momento. Había algo más.

«Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que nunca había necesitado analgésicos. Pero si no los necesitas, no preguntas por qué no».

«Eres lo que eres, y hasta que alguien no te lo diga, no lo cuestionas. Yo solo era un alma feliz que no se había dado cuenta de que era diferente».

Ella ni siquiera sintió dolor durante el parto. «Fue extraño, pero no tuve dolor. Fue realmente agradable».

Curación más rápida

No cambiaría nada de su vida, pero piensa que el dolor es importante.

«Está ahí por una razón. Te advierte. Desata las alarmas».

«Sería bueno tener una advertencia cuando algo anda mal. No sabía que mi cadera había desaparecido hasta que realmente desapareció, físicamente no podía caminar con mi artritis».

Los médicos creen que también puede curarse más rápido de lo normal. La particular combinación de genes que tiene también la hace olvidadiza y menos ansiosa.

Jo Cameron y su familia

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Tiene además un gen que le hace ser olvidadiza, pero tampoco sufre miedo o ansiedad.

«Se llama gen feliz o gen olvidadizo. He estado molestando a la gente por ser feliz y olvidadiza toda mi vida. Ahora tengo una excusa», dijo.

¿Ayudará a otros?

La pregunta que se hace ahora la ciencia es si sus genes podrían tener la clave para ayudar a otras personas.

Otra de las cosas que contó de su experiencia personal es que recientemente había sufrido un «pequeño accidente» con el auto.

Sin embargo, no se asustó pese a que para muchas personas esto habría sido una vivencia perturbadora.

«No tengo adrenalina. Es necesaria, es parte del ser humano, pero no lo cambiaría por nada.

La otra conductora, dijo, estaba «temblando», pero ella no se alteró.

«No tengo esa reacción. No es que sea más valiente que nadie, es simplemente que no siento miedo».

Analgésicos

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Jo Cameron ni siquiera necesitó anestesia en el parto.

Los investigadores creen que es posible que haya más personas como ella.

«Uno de cada dos pacientes después de una cirugía como la suya todavía experimenta dolor de moderado a intenso», dijo el doctor Srivastava.

«Está por ver si se pueden desarrollar nuevos tratamientos basados en nuestros hallazgos», añadió el especialista.

«Los resultados abren la puerta a nuevos analgésicos que podrían aliviar el dolor postquirúrgico y también acelerar la curación de heridas. Esperamos que esto pueda ayudar a los 330 millones de pacientes en el mundo que se someten cada año a una cirugía».

El caso de Jo Cameron ha sido publicado en la revista British Journal of Anesthesia y está escrito por el doctor Srivastava y el doctor James Cox, del University College de Londres.

«Las personas con la rara insensibilidad al dolor pueden ser valiosas para la investigación médica. Nos permiten aprender cómo sus mutaciones genéticas afectan a la forma en que experimentan dolor, por lo que animamos a cualquier persona que no experimente dolor a que se presente», explicó Cox.

«Esperamos que con el tiempo, nuestros hallazgos puedan contribuir a la investigación clínica para el dolor y la ansiedad postoperatorios, y potencialmente el dolor crónico, el estrés postraumático y la curación de heridas», apuntó.

Imagen de portada: Gentileza de BBC Scotland News

FUENTE RESPONSABLE: BBC Scotland News por Claire Diamond

Ciencia/Investigación/Mutación genética/Insensible al dolor

Mujer/Sociedad/Salud

 

 

Evatima Tardo: el enigma de la mujer que resistía crucifixiones y mordeduras de serpientes venenosas sin inmutarse.

«¡La sensación de la era!», «¡La mujer que se ríe de la muerte!», «¡No la puedes matar!», decían los anuncios promoviendo su show a finales del siglo XIX.

Pero más allá del espectáculo, Evatima Tardó, fue un enigma para la ciencia.

Quien era «sin duda la mujer más extraordinaria y extraña del mundo», según el New York Times en 1897, era «conocida por la fraternidad médica por años y ha sido un misterio para los miles de doctores en el Continente y en Estados Unidos que la han visto».

Lo que habían visto, tanto los científicos como el público en general, era no sólo impresionante sino también inexplicable.

Una y otra vez, en escenarios o en salas de instituciones médicas, los presentes eran testigos de su capacidad de soportar potentes venenos y graves lesiones, mientras permanecía serena.

No sólo eso.

«En una hora o dos, las heridas se curan».

«Además controla la circulación de su sangre», continuaba informando el New York Times. «Le pueden hacer un corte en donde no hay manera que un cirujano detenga el flujo de la sangre. La señorita Tardo, sin embargo, puede detenerlo en un segundo y luego permitir que la sangre vuelva a fluir».

En el escenario

Aunque es aconsejable leer los diarios del siglo XIX con sano escepticismo, «me parece poco probable que todos los periodistas estuvieran mintiendo sobre lo mismo, que todos los doctores estuvieran errados y que hasta Houdini hubiera sido timado», le dijo a BBC Mundo la escritora Bess Lovejoy, quien ha investigado la historia de Evatima Tardo.

Una historia que inspiró, además de pasajes en libros que trataban de explicar lo inexplicable, innumerables artículos en varios diarios que reportaban sobre lo que pasaba en sus shows y sobre los experimentos que se hacían lejos de la mirada del público general, con declaraciones de los doctores que la examinaban en ambos entornos.

Dime Museum

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Evatima Tardo, como Harry Houdini, se presentaba en museos de diez centavos, que era la tarifa de la entrada. Eran lugares de entretenimiento para la clase obrera populares en el siglo XIX y principios del XX en EE.UU.

En su artículo «El extraordinario cuerpo de Evatima Tardo» escrito para Wellcome Collection, Lovejoy nos transporta a un día de 1898 en Chicago en el que Evatima Tardo, una «joven pálida de cabello oscuro», llegó al teatro «vestida con un abrigo largo negro y un vestido de seda negro escotado».

En el escenario «metió las manos en una caja y el silbido de las serpientes de cascabel se elevó por el pasillo. Una hundió los dientes en su brazo desnudo; un médico gritó: ‘¡Dios mío!’ pero Evatima no se inmutó, sacó tres más y sonrió beatíficamente mientras hundían sus colmillos en su carne».

Ser mordida por una serpiente cascabel, le dijo Evatima Tardo al diario Inter Ocean de Chicago, «es tan excitante como tomarse un whisky» y el whisky, aclaró, no la emborrachaba. Podía tomarse un cuarto de galón sin sentir sus efectos.

Tras recibir sonrientes los feroces ataques de cascabeles y cobras, la inusual mujer guardaba los reptiles en sus cajas y avanzaba hacia una cruz «incompleta, pues tiene solo un brazo», reportó el Topeka State Journal el 19 de febrero de 1898.

«La señorita Tardo dice que podría soportar que le clavaran ambas manos y pies; no lo hace, sin embargo, por temor a ofender a aquellos con fuertes creencias religiosas».

Anuncios de su espectáculo e ilustración del Chicago Tribune de 1898 (der).

Anuncios de su espectáculo e ilustración del Chicago Tribune de 1898 (der).

Cuenta que Tardo había sido «clavada a esa cruz, por tercera vez en dos días» frente a «más de mil personas», entre ellas varios médicos que fueron invitados a la plataforma, «examinaron los clavos, el martillo, la cruz y la mujer (…) y se mantuvieron cerca mientras los clavos extragrandes atravesaron su pie izquierdo y mano derecha, fijándose a la madera».

«Luego se frotaron los ojos para confirmar que lo que veían era cierto, se pellizcaron para probar que estaban despiertos y finalmente declararon que se trataba de un capricho de la naturaleza, como ninguno registrado jamás en la historia médica».

Relata que le siguieron clavando objetos punzantes en su cuerpo mientras ella sonreía y charlaba con quienes se acercaban a observar, y que permaneció en su media cruz desde las 8 hasta las 11 de la noche, sin mostrar signos de fatiga.

A ella lo que desconcertaba a los doctores y estremecía al público, la entretenía: «Yo más bien disfruto al ser crucificada. Me divierte ver los rostros horrorizados de mis espectadores. Hay más de diez desmayos en cada sesión, pero siempre vuelven a verme».

En el laboratorio

Aunque el escenario era distinto, lo que sucedía cuando le hacían pruebas científicas era igual de sorprendente.

Evatima Tardo, interpretada por la artista de danza Dorna Ashory, Foto: Camilla Greenwell.

FUENTE DE LA IMAGEN – WELLCOME COLLECTION

Evatima Tardo, interpretada por la artista de danza Dorna Ashory. Foto: Camilla Greenwell.

«Cultivos tan mortales como los de gérmenes de cólera, difteria, tisis (tuberculosis) y fiebre tifoidea han sido inyectados en su sangre pero ella no le teme al contagio pues nunca le han dado problemas», reportó el New York Times.

El Inter Ocean informó el 30 de enero de 1898, que «científicos médicos de Chicago» habían estado estudiando a Tardo.

«Un día, la semana pasada, la señora Tardo se sometió a un experimento en el Colegio Médico Rush, donde el doctor J. M. Dobson le hizo el test».

Lo que hacían era inyectarle veneno de serpiente cascabel y, en esa ocasión, Dobson «raspó el veneno de la herida y se lo inyectó a una rata, matando al roedor en menos de 10 minutos».

Cuentan que en el Colegio Médico de Mujeres habían hecho un experimento similar con un gato, y los resultados fueron los mismos: muerto el animal, viva Evatima Tardo.

Otros doctores se disponían a hacer más experimentos, mientras que la mujer que tanto les intrigaba le ofreció a los periodistas una respuesta al interrogante que ocupaba a los científicos.

Una cobra

Contaba era que cuando tenía 5 años de edad, en su nativa isla caribeña de Trinidad, la mordió una cobra -nombre que se le da a muchas de las víboras más peligrosas que existen-, pero que «la mordedura tuvo el efecto de una poción fuerte para dormir».

Tras pasar varias horas inconsciente se recuperó y más tarde descubrió que era inmune al veneno de todo tipo de reptiles.

Bothrops atrox

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Hay fuentes que señalan que la mordió una Bothrops atrox, cuyo nombre en Trinidad es mapepire balsain, tiene un veneno particularmente letal y de acción rápida.

«Ella explica que la víbora debió haber tenido solamente suficiente veneno para inocular su sistema, teniendo el mismo efecto que la inoculación moderna contra enfermedades infecciosas», reportaba el Inter Ocean, una explicación con la que concordaban algunos de los médicos que intentaron resolver su caso.

De hecho, se sabe de casos similares, aunque no con una sola mordida: el legendario director del Serpentario de Miami, Bill Haast, quien murió en 2011 a los 100 años tras haber sido mordido más de 170 veces por serpientes, convirtió su propia sangre en un antídoto inyectándose pequeñas cantidades de veneno todos los días durante décadas, y las transfusiones de su sangre salvaron al menos a 20 personas.

La experiencia con la cobra le sirvió a otro doctor, William J. Byrnes, quien la examinó en Minneapolis, a explicar incluso su incapacidad de sentir dolor.

«Atribuyó su condición anómala actual a la mordedura de cobra que recibió cuando era niña. Esa mordedura paralizó los nervios sensoriales e inoculó su sistema con el veneno», escribió en un comunicado de prensa.

Algunos pensaban que quizás su sistema nervioso funcionaba de una manera diferente a lo normal. Otros, como el The Pacific Coast Journal of Homeopathy, sospechaban de mañas más turbias.

«Pasa unos veinte minutos preparándose en silencio antes de realizar sus hazañas, y esto lleva a sospechar que la posibilidad de que la cocainización sea la causa de su falta de sensibilidad o tal vez que el suyo sea un caso de auto hipnotización».

No fueron los únicos en pensar que se valía de una combinación de anestésico y fuerza de voluntad, «antes de concluir que no había un anestésico en la Tierra lo suficientemente fuerte», señala Lovejoy.

Hoy hay otra explicación posible a su falta de sensibilidad que no estaba al alcance de los médicos de la época: se han identificado genes asociados con una insensibilidad congénita al dolor.

¿Trucos?

«A mí me gusta que sea un misterio», confiesa Lovejoy. «Pero si me obligan a explicar su caso, lo único que podría decir es que quizás era una combinación de insensibilidad congénita al dolor, inoculación desde temprana edad, alguna condición que le permitía curarse muy rápido, más algún elemento de magia escénica… pero ¿cómo controlaba la circulación?».

Ni idea.

Harry Houdini

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Harry Houdini (1874-1926), mago y escapista estadounidense nacido en Hungría.

Pero ¿qué hay de la posibilidad de que se valiera de esa «magia escénica»? 

Un experto en ese campo que la observó de cerca para descubrir su secreto fue el mago Harry Houdini, quien actuó en ella Museo Dime de Kohl & Middleton en Chicago «cuando la gran estrella era Evatima y él aún no era famoso».

El que se convertiría en uno de los ilusionistas más grandes de la historia estaba ya desde entonces interesado en descubrir cómo otros artistas hacían sus trucos y atento a los fraudes. Pero respecto a Tardo declaró que «no había absolutamente nada falso adjunto a su sorprendente actuación».

«Mi afirmación puede tomarse con toda seriedad por la sencilla razón de que trabajé a menos de 12 pies (unos 3,5 metros) de ella», escribió en su libro de 1920 «Traficantes de milagros y sus métodos», en el que destapó los engaños de algunos de los espectáculos de la época.

Ante tal enigma, la gente llegó a preguntarse si sería inmortal, y los médicos respondían sin pudor.

Había, informó el New York Times, «tres maneras que terminarían con la vida de la misteriosa mujer».

«La penetración de los centros ganglionares, justo sobre el corazón, resultaría en muerte instantánea. Los científicos creen que una lesión directa en el cerebro o la médula espinal también destruiría su vida».

Al final, lo que la mató fue lo mismo que tristemente sigue cobrándose la vida de muchas mujeres en el mundo: un hombre.

Siempre feliz

Fue lo que por mucho tiempo se llamó «crimen pasional», restándole responsabilidad al perpetrador, y que hoy se llama «feminicidio».

Una tarde de mayo de 1905, Evatima estaba tomando unas copas en el Arkansaw Club, un bar donde vivía con el propietario Hal B Williamson, cuando llegó un hombre llamado Thomas McCall.

Estaba enamorado de ella, pero ese día una adivina le había dicho que otro hombre se interponía en su camino.

Enfurecido y borracho, McCall le disparó a Williamson y Tardo y, unas horas después, se suicidó.

A Evatima Tardo, que para entonces tenía 34 años, una bala ​​le atravesó el corazón. Probablemente no le dolió.

«Algunas personas piensan que soy desafortunada. Yo creo que soy bendita. Nunca he tenido un día de enfermedad en mi vida. Nunca sentí un dolor en mi vida; no sé qué es el dolor. Siempre estoy feliz, nunca triste», dijo alguna vez.

Imagen de la portada: Gentileza de BBC News Mundo

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo por Dalia Ventura

Evatima Tardo/Mujer/Un caso inexplicable/ Curiosidades/Sociedad/Cultura/Ciencia.

Hazlo mujer, te hará más que bien…porqué no tu también amigo. No solo por la cognición, la liberación de endorfinas por la alegría de hacerlo. Un maravilloso viernes y mejor fin de semana. Abrazos a tod@s.

«Mujeres letales» reúne una gran cantidad de cuentos de terror escritos por mujeres entre 1830 y 1908.

Escritoras populares, eclipsadas por el paso del tiempo o la prevalencia de colegas masculinos: la antología Mujeres letales de Edhasa rescata una gran cantidad de autoras del género de terror aun dentro de una diversidad temática y estilística que supera cualquier rigidez conceptual. Reúne textos que van de 1830 a 1908 y hace convivir a ineludibles como Mary Shelley, Elizabeth Gaskell y Vernon Lee, con autoras no identificadas con el rubro como Louisa May Alcott y Edith Warthon, y también incluye sorpresas como Helena Blavatsky y Mary Elizabeth Braddon.

En los últimos años las antologías de cuentos góticos y de fantasmas escritos por mujeres durante el siglo XIX son legión. Las selecciones, como todo recorte, pueden ser flojas, desparejas, excelentes o repetitivas: el último caso suele ser el más común. Por eso Mujeres letales: Obras maestras de las reinas del terror (Edhasa) es notable, más allá del título chillón: se trata de una muestra de lo mejor y también lo menos antologado, salvo excepciones, de un conjunto de escritoras que fueron muy populares y que, en la mayoría de los casos, eclipsó el tiempo y la prevalencia de escritores varones. 

Una de las pistas del valioso criterio de selección es el editor Graeme Davis, un especialista en juegos de rol y videogames que tiene un ojo notable como antologador de terror y ficción oscura: ya hizo para la editorial Simon & Schuster una selección impecable llamada Colonial Horrors, con un seleccionado de los pioneros del género en Estados Unidos. Como este, es un libro largo, exhaustivo, investigado: Mujeres letales tiene 680 páginas, los cuentos van de 1830 a 1908 y tiene breves y contundentes biografías de cada autora.

Las invitadas de siempre, por supuesto, no faltan. Sin embargo Mary Shelley, Elizabeth Gaskell y Vernon Lee, por ejemplo, aparecen con relatos poco conocidos y, en ocasiones, muy extraños. “La transformación”, de Shelley, transcurre en Italia, como muchos otros del libro –y de la época: era el país mediterráneo favorito de quienes podían viajar- pero el tema fáustico es bastante oscuro. 

Un joven genovés, enamorado de la hija del mejor amigo de su padre tiene una vida tan disoluta que impide la relación. Desesperado, se encuentra por casualidad con una suerte de demonio que le ofrece un cambio de cuerpo. Suena convencional pero no lo es y menos cuando se publicó, en 1830: tiene algo morboso y desesperante porque, como es de esperar, el ser maligno no cede su nuevo cuerpo tan fácilmente a pesar del pacto. 

Gaskell, famosa biografía de Charlotte Brontë y colaboradora de Dickens aparece con un relato poco conocido, “La casa solariega Morton”, que es un cuento gótico, pero sobre todo un cuento de mujeres que repasa muchas de las condiciones de vida de la época: desde la joven heredera que cae en desgracia y termina viviendo en la miseria, hasta las solteronas excéntricas y vivaces o la esposa maltratada por orgullosa y finalmente encerrada en una institución psiquiátrica por su marido. 

El punto de vista es de dos hermanas, los detalles de la vida cotidiana femenina están presentes, casi no hay terror sobrenatural: los miedos son a quedarse sin la propiedad o ser condenadas por un hombre cruel que ejerce de dueño. Vernon Lee –feminista, lesbiana, amiga de Mario Praz y otra apasionada de Italia– aparece con “La puerta oculta”, cuento frenético sobre una sugestión, escrito con un estilo vivaz y paranoico perfecto para el tema.

Quizá el único relato de inclusión obligatoria en la antología sea “El empapelado amarillo” de Charlotte Perkins Gilman, sobre una mujer que transita una depresión posparto que desencadena un brote; resulta muy difícil dejarlo fuera porque su contenido es cada vez más vigente y el texto, en primera persona y de primera mano –Perkins Gilman sufrió depresión después de parir- da cada vez más miedo: “Es la misma mujer, yo lo sé”, dice la narradora mientras mira por la ventana de su cuarto, “pues siempre está arrastrándose, y la mayoría de las mujeres no se arrastra a la luz del día”.

HELENA BLAVATSKY

Igual de buenos son dos relatos muy distintos, en estilo y en intención: el primero, “La duquesa orante” de Edith Wharton se traslada una vez más a Italia para contar a una mujer dominada por un marido que parece despreciarla y gozar con su sufrimiento, aunque cada castigo es sutil y ambiguo: ella a la defensiva, él atacando con la espada envuelta en terciopelo. 

El otro es “Un alma insatisfecha” de Annie Trumbull Slosson, estadounidense y más conocida como entomóloga (hay tres especies de insectos que llevan su nombre): se trata de un cuento sosegado sobre una mujer inquieta que, cuando muere, vuelve de la tumba en vida, una zombie totalmente normal físicamente aunque angustiada de a ratos, recibida por su comunidad con una normalidad inquietante, una muerta entre sus vecinos que podría seguir así, sin explicaciones, sin subir el tono, sin lugares comunes del terror.

Además de contener cuentos notables, el libro sirve como guía de autoras, muchas de ellas casi desconocidas y, en otros casos, es útil para conocer el lado b de escritoras famosas como Louisa May Alcott. 

La autora de Mujercitas aparece con “Perdidos en la pirámide o la maldición de la momia”, un título que explica la trama pero no su final desolador, bastante más oscuro de lo esperable en los, por lo general, entretenidos relatos sobre Egipto tan del gusto victoriano. De Elizabeth Stuart Phelps, feminista norteamericana y una de las primeras mujeres en dar conferencias en Boston –además de autora de cincuenta y siete libros– se incluye “El fantasma de Kentucky”, un excelente cuento de fantasmas pero también un relato del mar, de barcos y marineros, algo a lo que no se atrevían tantas mujeres: ella maneja el lenguaje y la jerga de manera excelente y, ¿por qué no?, después de todo los hombres que escriben sobre justas medievales obviamente jamás viajaron en el tiempo. 

Y hay tantas por descubrir: Mary Elizabeth Braddon, por ejemplo, autora de “En la abadía de Crighton”, hermoso relato de costumbres de la clase media alta inglesa con fantasmas y maldición casi en segundo plano; ella escribió mas de 80 novelas “sensacionalistas”, de las que el editor Davis señala que «ponían el foco en las angustias sociales victorianas, pérdida de identidad y posición, deshonra social y fraude, a veces a con argumentos escabrosos”. Helena Blavatsky, célebre por haber creado su propio sistema de creencias ocultas, la Teosofía, es menos conocida como escritora: su relato “La cueva de los ecos” es de los más crueles y extraños de la selección e incluye chamanes rusos y un niño viejo inolvidable. Otro gran relato de superstición que tiene a una mujer como víctima –y una notable observación de la miseria- es “El destino de Madame Cabanel”, de la casi desconocida Eliza Lynn Linton, la primera periodista asalariada de Inglaterra, autora de veinte novelas e investigadora de la brujería. 

También merece atención la obra de Lady Dilke, el seudónimo de Emilia Francis Strong, presidenta de sindicatos de mujeres y periodista especializada en arte: en la nota biográfica se mencionan sus dos colecciones de relatos sobrenaturales y si son tan buenos como “El santuario de la muerte”, un oscuro cuento de hadas sobre una adolescente que quiere morir, el rescate debería ser inminente.

Domésticos, líricos, escritos en dialecto local –como el de Harriet Beecher-Stowe-, sobre aparecidos y violencias y femicidios y locura y casas embrujadas y revenants y objetos encantados, a veces tan “femeninos” como una taza o un retrato o un empapelado amarillo: todos los cuentos de Mujeres letales son fascinantes y revelan la increíble producción de estas mujeres profesionales, periodistas, escritoras y académicas, muchas de ellas feministas. El olvido alcanza a muchos autores pero lo que estas antologías rescatan, sobre todo, es la presencia de estas mujeres en los ambientes literarios de su tiempo, no como actrices secundarias sino como voces poderosas y prolíficas, como nombres inevitables que no dejaban de trabajar y publicar.

Imagen de portada: Gentileza de Página 12

FUENTE RESPONSABLE: Página 12 Por Mariana Enriquez

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