Pienso en lo que pudo ser…

Llueve
hace rato,
los charcos
decoran
el verde
parque,
transformado
en minúsculas
islas de
verde césped,
rodeadas
por el agua.


Las gotas
de lluvia
hacen
“globitos”
sobre el
agua,
que como
bendición
cae del
cielo
encapotado.


No me
pregunten
porqué;
pero es
en estos
momentos,
en que
pienso
en ella.


En su orgullo
impenetrable,
ni siquiera
por la verdad,
y eso no puedo
ni debo
compartirlo,
ya es hora
para nosotros
de no hacer
tonterías,
que pueden
dañar al otro
o a uno mismo.


Seguirá
ella con
su orgullo
malherido,
sin razón
que lo amerite,
quizás
encuentre
a alguien
que se ajuste
a su medida.

Pero no es mi caso,
no me ajustaría
a nadie
que en lugar
de preocuparse,
haga silencio
de radio,
porque ello
es el rostro real
de la indiferencia,
que negó a ambos
un futuro posible.

La mujer que no siente dolor.

Jo Cameron solo puede darse cuenta que su piel se está quemando si siente el aroma de la carne chamuscada.

Le ha pasado varias veces. Se ha quemado las manos y los brazos en el horno de su casa, pero solo el olor le advierte que algo está pasando.

Jo Cameron es una de las dos personas que se conocen en el planeta que, debido a una rara mutación genética, no siente dolor.

Pero no solo es que no siente dolor, sino que tampoco siente ansiedad o temor.

Solo se dio cuenta de ello cuando cumplió 65 años, después de que llegó al hospital con una mano rota y le dijo a los doctores que no necesitaba anestesia.

Los sorprendió aún más cuando, después de la operación, le dijo a los doctores que no iba a necesitar ninguna pastilla para controlar el dolor, sencillamente porque no lo sentía.

Por esa razón, Devjit Srivastava, el anestesista que la atendió, la envió al grupo de genetistas de la Universidad de Londres para que estudiaran su caso.

Después de varios análisis, los especialistas hallaron varias mutaciones genéticas que hacían que Cameron no sintiera el dolor como la mayoría de las personas.

No solo era «increíblemente saludable»

Cameron contó a la BBC en Escocia que los médicos no le creyeron cuando dijo que no necesitaría analgésicos para el dolor después de esa operación.

«Antes de entrar al quirófano hicimos bromas cuando les aseguré que no necesitaría calmantes», dijo.

Junto con su esposo Jim y su anestesista, el doctor Devjit Srivastava, Jo Cameron participó en un reto: comerse un ají. Mientras los dos hombres reaccionan al picante, ella sigue sonriendo sin inmutarse.

Entonces, el personal del hospital revisó su historial médico y descubrieron que nunca había pedido analgésicos.

Fue entonces cuando fue referida a la consulta de otros especialistas en Reino Unido.

Una vez diagnosticada, Cameron se dio cuenta de que no era que estuviera «increíblemente sana», como había creído hasta ese momento. Había algo más.

«Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que nunca había necesitado analgésicos. Pero si no los necesitas, no preguntas por qué no».

«Eres lo que eres, y hasta que alguien no te lo diga, no lo cuestionas. Yo solo era un alma feliz que no se había dado cuenta de que era diferente».

Ella ni siquiera sintió dolor durante el parto. «Fue extraño, pero no tuve dolor. Fue realmente agradable».

Curación más rápida

No cambiaría nada de su vida, pero piensa que el dolor es importante.

«Está ahí por una razón. Te advierte. Desata las alarmas».

«Sería bueno tener una advertencia cuando algo anda mal. No sabía que mi cadera había desaparecido hasta que realmente desapareció, físicamente no podía caminar con mi artritis».

Los médicos creen que también puede curarse más rápido de lo normal. La particular combinación de genes que tiene también la hace olvidadiza y menos ansiosa.

Jo Cameron y su familia

FUENTE DE LA IMAGEN – JO CAMERON

Tiene además un gen que le hace ser olvidadiza, pero tampoco sufre miedo o ansiedad.

«Se llama gen feliz o gen olvidadizo. He estado molestando a la gente por ser feliz y olvidadiza toda mi vida. Ahora tengo una excusa», dijo.

¿Ayudará a otros?

La pregunta que se hace ahora la ciencia es si sus genes podrían tener la clave para ayudar a otras personas.

Otra de las cosas que contó de su experiencia personal es que recientemente había sufrido un «pequeño accidente» con el auto.

Sin embargo, no se asustó pese a que para muchas personas esto habría sido una vivencia perturbadora.

«No tengo adrenalina. Es necesaria, es parte del ser humano, pero no lo cambiaría por nada.

La otra conductora, dijo, estaba «temblando», pero ella no se alteró.

«No tengo esa reacción. No es que sea más valiente que nadie, es simplemente que no siento miedo».

Analgésicos

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Jo Cameron ni siquiera necesitó anestesia en el parto.

Los investigadores creen que es posible que haya más personas como ella.

«Uno de cada dos pacientes después de una cirugía como la suya todavía experimenta dolor de moderado a intenso», dijo el doctor Srivastava.

«Está por ver si se pueden desarrollar nuevos tratamientos basados en nuestros hallazgos», añadió el especialista.

«Los resultados abren la puerta a nuevos analgésicos que podrían aliviar el dolor postquirúrgico y también acelerar la curación de heridas. Esperamos que esto pueda ayudar a los 330 millones de pacientes en el mundo que se someten cada año a una cirugía».

El caso de Jo Cameron ha sido publicado en la revista British Journal of Anesthesia y está escrito por el doctor Srivastava y el doctor James Cox, del University College de Londres.

«Las personas con la rara insensibilidad al dolor pueden ser valiosas para la investigación médica. Nos permiten aprender cómo sus mutaciones genéticas afectan a la forma en que experimentan dolor, por lo que animamos a cualquier persona que no experimente dolor a que se presente», explicó Cox.

«Esperamos que con el tiempo, nuestros hallazgos puedan contribuir a la investigación clínica para el dolor y la ansiedad postoperatorios, y potencialmente el dolor crónico, el estrés postraumático y la curación de heridas», apuntó.

Imagen de portada: Gentileza de BBC Scotland News

FUENTE RESPONSABLE: BBC Scotland News por Claire Diamond

Ciencia/Investigación/Mutación genética/Insensible al dolor

Mujer/Sociedad/Salud

 

 

Evatima Tardo: el enigma de la mujer que resistía crucifixiones y mordeduras de serpientes venenosas sin inmutarse.

«¡La sensación de la era!», «¡La mujer que se ríe de la muerte!», «¡No la puedes matar!», decían los anuncios promoviendo su show a finales del siglo XIX.

Pero más allá del espectáculo, Evatima Tardó, fue un enigma para la ciencia.

Quien era «sin duda la mujer más extraordinaria y extraña del mundo», según el New York Times en 1897, era «conocida por la fraternidad médica por años y ha sido un misterio para los miles de doctores en el Continente y en Estados Unidos que la han visto».

Lo que habían visto, tanto los científicos como el público en general, era no sólo impresionante sino también inexplicable.

Una y otra vez, en escenarios o en salas de instituciones médicas, los presentes eran testigos de su capacidad de soportar potentes venenos y graves lesiones, mientras permanecía serena.

No sólo eso.

«En una hora o dos, las heridas se curan».

«Además controla la circulación de su sangre», continuaba informando el New York Times. «Le pueden hacer un corte en donde no hay manera que un cirujano detenga el flujo de la sangre. La señorita Tardo, sin embargo, puede detenerlo en un segundo y luego permitir que la sangre vuelva a fluir».

En el escenario

Aunque es aconsejable leer los diarios del siglo XIX con sano escepticismo, «me parece poco probable que todos los periodistas estuvieran mintiendo sobre lo mismo, que todos los doctores estuvieran errados y que hasta Houdini hubiera sido timado», le dijo a BBC Mundo la escritora Bess Lovejoy, quien ha investigado la historia de Evatima Tardo.

Una historia que inspiró, además de pasajes en libros que trataban de explicar lo inexplicable, innumerables artículos en varios diarios que reportaban sobre lo que pasaba en sus shows y sobre los experimentos que se hacían lejos de la mirada del público general, con declaraciones de los doctores que la examinaban en ambos entornos.

Dime Museum

FUENTE DE LA IMAGEN  – GETTY IMAGES

Evatima Tardo, como Harry Houdini, se presentaba en museos de diez centavos, que era la tarifa de la entrada. Eran lugares de entretenimiento para la clase obrera populares en el siglo XIX y principios del XX en EE.UU.

En su artículo «El extraordinario cuerpo de Evatima Tardo» escrito para Wellcome Collection, Lovejoy nos transporta a un día de 1898 en Chicago en el que Evatima Tardo, una «joven pálida de cabello oscuro», llegó al teatro «vestida con un abrigo largo negro y un vestido de seda negro escotado».

En el escenario «metió las manos en una caja y el silbido de las serpientes de cascabel se elevó por el pasillo. Una hundió los dientes en su brazo desnudo; un médico gritó: ‘¡Dios mío!’ pero Evatima no se inmutó, sacó tres más y sonrió beatíficamente mientras hundían sus colmillos en su carne».

Ser mordida por una serpiente cascabel, le dijo Evatima Tardo al diario Inter Ocean de Chicago, «es tan excitante como tomarse un whisky» y el whisky, aclaró, no la emborrachaba. Podía tomarse un cuarto de galón sin sentir sus efectos.

Tras recibir sonrientes los feroces ataques de cascabeles y cobras, la inusual mujer guardaba los reptiles en sus cajas y avanzaba hacia una cruz «incompleta, pues tiene solo un brazo», reportó el Topeka State Journal el 19 de febrero de 1898.

«La señorita Tardo dice que podría soportar que le clavaran ambas manos y pies; no lo hace, sin embargo, por temor a ofender a aquellos con fuertes creencias religiosas».

Anuncios de su espectáculo e ilustración del Chicago Tribune de 1898 (der).

Anuncios de su espectáculo e ilustración del Chicago Tribune de 1898 (der).

Cuenta que Tardo había sido «clavada a esa cruz, por tercera vez en dos días» frente a «más de mil personas», entre ellas varios médicos que fueron invitados a la plataforma, «examinaron los clavos, el martillo, la cruz y la mujer (…) y se mantuvieron cerca mientras los clavos extragrandes atravesaron su pie izquierdo y mano derecha, fijándose a la madera».

«Luego se frotaron los ojos para confirmar que lo que veían era cierto, se pellizcaron para probar que estaban despiertos y finalmente declararon que se trataba de un capricho de la naturaleza, como ninguno registrado jamás en la historia médica».

Relata que le siguieron clavando objetos punzantes en su cuerpo mientras ella sonreía y charlaba con quienes se acercaban a observar, y que permaneció en su media cruz desde las 8 hasta las 11 de la noche, sin mostrar signos de fatiga.

A ella lo que desconcertaba a los doctores y estremecía al público, la entretenía: «Yo más bien disfruto al ser crucificada. Me divierte ver los rostros horrorizados de mis espectadores. Hay más de diez desmayos en cada sesión, pero siempre vuelven a verme».

En el laboratorio

Aunque el escenario era distinto, lo que sucedía cuando le hacían pruebas científicas era igual de sorprendente.

Evatima Tardo, interpretada por la artista de danza Dorna Ashory, Foto: Camilla Greenwell.

FUENTE DE LA IMAGEN – WELLCOME COLLECTION

Evatima Tardo, interpretada por la artista de danza Dorna Ashory. Foto: Camilla Greenwell.

«Cultivos tan mortales como los de gérmenes de cólera, difteria, tisis (tuberculosis) y fiebre tifoidea han sido inyectados en su sangre pero ella no le teme al contagio pues nunca le han dado problemas», reportó el New York Times.

El Inter Ocean informó el 30 de enero de 1898, que «científicos médicos de Chicago» habían estado estudiando a Tardo.

«Un día, la semana pasada, la señora Tardo se sometió a un experimento en el Colegio Médico Rush, donde el doctor J. M. Dobson le hizo el test».

Lo que hacían era inyectarle veneno de serpiente cascabel y, en esa ocasión, Dobson «raspó el veneno de la herida y se lo inyectó a una rata, matando al roedor en menos de 10 minutos».

Cuentan que en el Colegio Médico de Mujeres habían hecho un experimento similar con un gato, y los resultados fueron los mismos: muerto el animal, viva Evatima Tardo.

Otros doctores se disponían a hacer más experimentos, mientras que la mujer que tanto les intrigaba le ofreció a los periodistas una respuesta al interrogante que ocupaba a los científicos.

Una cobra

Contaba era que cuando tenía 5 años de edad, en su nativa isla caribeña de Trinidad, la mordió una cobra -nombre que se le da a muchas de las víboras más peligrosas que existen-, pero que «la mordedura tuvo el efecto de una poción fuerte para dormir».

Tras pasar varias horas inconsciente se recuperó y más tarde descubrió que era inmune al veneno de todo tipo de reptiles.

Bothrops atrox

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Hay fuentes que señalan que la mordió una Bothrops atrox, cuyo nombre en Trinidad es mapepire balsain, tiene un veneno particularmente letal y de acción rápida.

«Ella explica que la víbora debió haber tenido solamente suficiente veneno para inocular su sistema, teniendo el mismo efecto que la inoculación moderna contra enfermedades infecciosas», reportaba el Inter Ocean, una explicación con la que concordaban algunos de los médicos que intentaron resolver su caso.

De hecho, se sabe de casos similares, aunque no con una sola mordida: el legendario director del Serpentario de Miami, Bill Haast, quien murió en 2011 a los 100 años tras haber sido mordido más de 170 veces por serpientes, convirtió su propia sangre en un antídoto inyectándose pequeñas cantidades de veneno todos los días durante décadas, y las transfusiones de su sangre salvaron al menos a 20 personas.

La experiencia con la cobra le sirvió a otro doctor, William J. Byrnes, quien la examinó en Minneapolis, a explicar incluso su incapacidad de sentir dolor.

«Atribuyó su condición anómala actual a la mordedura de cobra que recibió cuando era niña. Esa mordedura paralizó los nervios sensoriales e inoculó su sistema con el veneno», escribió en un comunicado de prensa.

Algunos pensaban que quizás su sistema nervioso funcionaba de una manera diferente a lo normal. Otros, como el The Pacific Coast Journal of Homeopathy, sospechaban de mañas más turbias.

«Pasa unos veinte minutos preparándose en silencio antes de realizar sus hazañas, y esto lleva a sospechar que la posibilidad de que la cocainización sea la causa de su falta de sensibilidad o tal vez que el suyo sea un caso de auto hipnotización».

No fueron los únicos en pensar que se valía de una combinación de anestésico y fuerza de voluntad, «antes de concluir que no había un anestésico en la Tierra lo suficientemente fuerte», señala Lovejoy.

Hoy hay otra explicación posible a su falta de sensibilidad que no estaba al alcance de los médicos de la época: se han identificado genes asociados con una insensibilidad congénita al dolor.

¿Trucos?

«A mí me gusta que sea un misterio», confiesa Lovejoy. «Pero si me obligan a explicar su caso, lo único que podría decir es que quizás era una combinación de insensibilidad congénita al dolor, inoculación desde temprana edad, alguna condición que le permitía curarse muy rápido, más algún elemento de magia escénica… pero ¿cómo controlaba la circulación?».

Ni idea.

Harry Houdini

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Harry Houdini (1874-1926), mago y escapista estadounidense nacido en Hungría.

Pero ¿qué hay de la posibilidad de que se valiera de esa «magia escénica»? 

Un experto en ese campo que la observó de cerca para descubrir su secreto fue el mago Harry Houdini, quien actuó en ella Museo Dime de Kohl & Middleton en Chicago «cuando la gran estrella era Evatima y él aún no era famoso».

El que se convertiría en uno de los ilusionistas más grandes de la historia estaba ya desde entonces interesado en descubrir cómo otros artistas hacían sus trucos y atento a los fraudes. Pero respecto a Tardo declaró que «no había absolutamente nada falso adjunto a su sorprendente actuación».

«Mi afirmación puede tomarse con toda seriedad por la sencilla razón de que trabajé a menos de 12 pies (unos 3,5 metros) de ella», escribió en su libro de 1920 «Traficantes de milagros y sus métodos», en el que destapó los engaños de algunos de los espectáculos de la época.

Ante tal enigma, la gente llegó a preguntarse si sería inmortal, y los médicos respondían sin pudor.

Había, informó el New York Times, «tres maneras que terminarían con la vida de la misteriosa mujer».

«La penetración de los centros ganglionares, justo sobre el corazón, resultaría en muerte instantánea. Los científicos creen que una lesión directa en el cerebro o la médula espinal también destruiría su vida».

Al final, lo que la mató fue lo mismo que tristemente sigue cobrándose la vida de muchas mujeres en el mundo: un hombre.

Siempre feliz

Fue lo que por mucho tiempo se llamó «crimen pasional», restándole responsabilidad al perpetrador, y que hoy se llama «feminicidio».

Una tarde de mayo de 1905, Evatima estaba tomando unas copas en el Arkansaw Club, un bar donde vivía con el propietario Hal B Williamson, cuando llegó un hombre llamado Thomas McCall.

Estaba enamorado de ella, pero ese día una adivina le había dicho que otro hombre se interponía en su camino.

Enfurecido y borracho, McCall le disparó a Williamson y Tardo y, unas horas después, se suicidó.

A Evatima Tardo, que para entonces tenía 34 años, una bala ​​le atravesó el corazón. Probablemente no le dolió.

«Algunas personas piensan que soy desafortunada. Yo creo que soy bendita. Nunca he tenido un día de enfermedad en mi vida. Nunca sentí un dolor en mi vida; no sé qué es el dolor. Siempre estoy feliz, nunca triste», dijo alguna vez.

Imagen de la portada: Gentileza de BBC News Mundo

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo por Dalia Ventura

Evatima Tardo/Mujer/Un caso inexplicable/ Curiosidades/Sociedad/Cultura/Ciencia.

Hazlo mujer, te hará más que bien…porqué no tu también amigo. No solo por la cognición, la liberación de endorfinas por la alegría de hacerlo. Un maravilloso viernes y mejor fin de semana. Abrazos a tod@s.

«Mujeres letales» reúne una gran cantidad de cuentos de terror escritos por mujeres entre 1830 y 1908.

Escritoras populares, eclipsadas por el paso del tiempo o la prevalencia de colegas masculinos: la antología Mujeres letales de Edhasa rescata una gran cantidad de autoras del género de terror aun dentro de una diversidad temática y estilística que supera cualquier rigidez conceptual. Reúne textos que van de 1830 a 1908 y hace convivir a ineludibles como Mary Shelley, Elizabeth Gaskell y Vernon Lee, con autoras no identificadas con el rubro como Louisa May Alcott y Edith Warthon, y también incluye sorpresas como Helena Blavatsky y Mary Elizabeth Braddon.

En los últimos años las antologías de cuentos góticos y de fantasmas escritos por mujeres durante el siglo XIX son legión. Las selecciones, como todo recorte, pueden ser flojas, desparejas, excelentes o repetitivas: el último caso suele ser el más común. Por eso Mujeres letales: Obras maestras de las reinas del terror (Edhasa) es notable, más allá del título chillón: se trata de una muestra de lo mejor y también lo menos antologado, salvo excepciones, de un conjunto de escritoras que fueron muy populares y que, en la mayoría de los casos, eclipsó el tiempo y la prevalencia de escritores varones. 

Una de las pistas del valioso criterio de selección es el editor Graeme Davis, un especialista en juegos de rol y videogames que tiene un ojo notable como antologador de terror y ficción oscura: ya hizo para la editorial Simon & Schuster una selección impecable llamada Colonial Horrors, con un seleccionado de los pioneros del género en Estados Unidos. Como este, es un libro largo, exhaustivo, investigado: Mujeres letales tiene 680 páginas, los cuentos van de 1830 a 1908 y tiene breves y contundentes biografías de cada autora.

Las invitadas de siempre, por supuesto, no faltan. Sin embargo Mary Shelley, Elizabeth Gaskell y Vernon Lee, por ejemplo, aparecen con relatos poco conocidos y, en ocasiones, muy extraños. “La transformación”, de Shelley, transcurre en Italia, como muchos otros del libro –y de la época: era el país mediterráneo favorito de quienes podían viajar- pero el tema fáustico es bastante oscuro. 

Un joven genovés, enamorado de la hija del mejor amigo de su padre tiene una vida tan disoluta que impide la relación. Desesperado, se encuentra por casualidad con una suerte de demonio que le ofrece un cambio de cuerpo. Suena convencional pero no lo es y menos cuando se publicó, en 1830: tiene algo morboso y desesperante porque, como es de esperar, el ser maligno no cede su nuevo cuerpo tan fácilmente a pesar del pacto. 

Gaskell, famosa biografía de Charlotte Brontë y colaboradora de Dickens aparece con un relato poco conocido, “La casa solariega Morton”, que es un cuento gótico, pero sobre todo un cuento de mujeres que repasa muchas de las condiciones de vida de la época: desde la joven heredera que cae en desgracia y termina viviendo en la miseria, hasta las solteronas excéntricas y vivaces o la esposa maltratada por orgullosa y finalmente encerrada en una institución psiquiátrica por su marido. 

El punto de vista es de dos hermanas, los detalles de la vida cotidiana femenina están presentes, casi no hay terror sobrenatural: los miedos son a quedarse sin la propiedad o ser condenadas por un hombre cruel que ejerce de dueño. Vernon Lee –feminista, lesbiana, amiga de Mario Praz y otra apasionada de Italia– aparece con “La puerta oculta”, cuento frenético sobre una sugestión, escrito con un estilo vivaz y paranoico perfecto para el tema.

Quizá el único relato de inclusión obligatoria en la antología sea “El empapelado amarillo” de Charlotte Perkins Gilman, sobre una mujer que transita una depresión posparto que desencadena un brote; resulta muy difícil dejarlo fuera porque su contenido es cada vez más vigente y el texto, en primera persona y de primera mano –Perkins Gilman sufrió depresión después de parir- da cada vez más miedo: “Es la misma mujer, yo lo sé”, dice la narradora mientras mira por la ventana de su cuarto, “pues siempre está arrastrándose, y la mayoría de las mujeres no se arrastra a la luz del día”.

HELENA BLAVATSKY

Igual de buenos son dos relatos muy distintos, en estilo y en intención: el primero, “La duquesa orante” de Edith Wharton se traslada una vez más a Italia para contar a una mujer dominada por un marido que parece despreciarla y gozar con su sufrimiento, aunque cada castigo es sutil y ambiguo: ella a la defensiva, él atacando con la espada envuelta en terciopelo. 

El otro es “Un alma insatisfecha” de Annie Trumbull Slosson, estadounidense y más conocida como entomóloga (hay tres especies de insectos que llevan su nombre): se trata de un cuento sosegado sobre una mujer inquieta que, cuando muere, vuelve de la tumba en vida, una zombie totalmente normal físicamente aunque angustiada de a ratos, recibida por su comunidad con una normalidad inquietante, una muerta entre sus vecinos que podría seguir así, sin explicaciones, sin subir el tono, sin lugares comunes del terror.

Además de contener cuentos notables, el libro sirve como guía de autoras, muchas de ellas casi desconocidas y, en otros casos, es útil para conocer el lado b de escritoras famosas como Louisa May Alcott. 

La autora de Mujercitas aparece con “Perdidos en la pirámide o la maldición de la momia”, un título que explica la trama pero no su final desolador, bastante más oscuro de lo esperable en los, por lo general, entretenidos relatos sobre Egipto tan del gusto victoriano. De Elizabeth Stuart Phelps, feminista norteamericana y una de las primeras mujeres en dar conferencias en Boston –además de autora de cincuenta y siete libros– se incluye “El fantasma de Kentucky”, un excelente cuento de fantasmas pero también un relato del mar, de barcos y marineros, algo a lo que no se atrevían tantas mujeres: ella maneja el lenguaje y la jerga de manera excelente y, ¿por qué no?, después de todo los hombres que escriben sobre justas medievales obviamente jamás viajaron en el tiempo. 

Y hay tantas por descubrir: Mary Elizabeth Braddon, por ejemplo, autora de “En la abadía de Crighton”, hermoso relato de costumbres de la clase media alta inglesa con fantasmas y maldición casi en segundo plano; ella escribió mas de 80 novelas “sensacionalistas”, de las que el editor Davis señala que «ponían el foco en las angustias sociales victorianas, pérdida de identidad y posición, deshonra social y fraude, a veces a con argumentos escabrosos”. Helena Blavatsky, célebre por haber creado su propio sistema de creencias ocultas, la Teosofía, es menos conocida como escritora: su relato “La cueva de los ecos” es de los más crueles y extraños de la selección e incluye chamanes rusos y un niño viejo inolvidable. Otro gran relato de superstición que tiene a una mujer como víctima –y una notable observación de la miseria- es “El destino de Madame Cabanel”, de la casi desconocida Eliza Lynn Linton, la primera periodista asalariada de Inglaterra, autora de veinte novelas e investigadora de la brujería. 

También merece atención la obra de Lady Dilke, el seudónimo de Emilia Francis Strong, presidenta de sindicatos de mujeres y periodista especializada en arte: en la nota biográfica se mencionan sus dos colecciones de relatos sobrenaturales y si son tan buenos como “El santuario de la muerte”, un oscuro cuento de hadas sobre una adolescente que quiere morir, el rescate debería ser inminente.

Domésticos, líricos, escritos en dialecto local –como el de Harriet Beecher-Stowe-, sobre aparecidos y violencias y femicidios y locura y casas embrujadas y revenants y objetos encantados, a veces tan “femeninos” como una taza o un retrato o un empapelado amarillo: todos los cuentos de Mujeres letales son fascinantes y revelan la increíble producción de estas mujeres profesionales, periodistas, escritoras y académicas, muchas de ellas feministas. El olvido alcanza a muchos autores pero lo que estas antologías rescatan, sobre todo, es la presencia de estas mujeres en los ambientes literarios de su tiempo, no como actrices secundarias sino como voces poderosas y prolíficas, como nombres inevitables que no dejaban de trabajar y publicar.

Imagen de portada: Gentileza de Página 12

FUENTE RESPONSABLE: Página 12 Por Mariana Enriquez

Literatura/Terror/Suspenso/Mujeres/Cultura/Cuentos

Recordando a Louise Bryant, periodista y militante feminista.

Mantuvo su apellido de soltera, fue defensora del control de la natalidad, el amor libre, el sufragio y la independencia económica de las mujeres.

Nacida como Anna Louise Mohan, de niña comenzó a usar el apellido de su padrastro, Sheridan Bryant, un conductor de carga en el ferrocarril del Pacífico Sur. Creció en la zona rural de Nevada, enseñó en una escuela rural, terminó la licenciatura en historia en la Universidad de Oregon en Eugene, se casó con Paul Trullinger, un dentista.

Trabajó como reportera independiente, ilustradora y editora de una revista de noticias, se relaciona con personas vinculadas al periodismo y el arte, entabló amistades con las principales feministas de la época, dio discursos en ciudades pequeñas, formó parte de la revista socialista The Masses.

Separada de Trullinger, y ya casada con el periodista norteamericano John Reed, Bryant viaja a Petrogrado, en ese entonces la capital de Rusia, donde se está llevando a cabo un proceso revolucionario.

Acreditada como periodista, asiste a manifestaciones y toma de fábricas, cubre reuniones del Parlamento (Duma), cena en comedores públicos con soldados y trabajadores, entrevista y escribe sobre líderes y mujeres revolucionarias, asiste a la asamblea multitudinaria del 22 de octubre de 1917, la que jura sostener al Consejo Revolucionario (Soviet) para el triunfo de la revolución y dar la tierra, el pan y la paz, lo que sucederá tres días después (25 de octubre en el calendario juliano; 7 de  noviembre según el calendario gregoriano usado en el mundo occidental, que instituye Lenin), cuando el gobierno de obreros y campesinos invita a las naciones beligerantes a iniciar negociaciones para la paz.

Abandonando Rusia antes que Reed, quien quería informar sobre el debate bolchevique respecto de la guerra con Alemania, Bryant regresó a Nueva York, donde escribió artículos reivindicando el régimen soviético y el papel de las mujeres que hicieron la revolución.

En Washington por haber participado en una manifestación en defensa del sufragio femenino pasó tres días en la cárcel. Liberada, declaró ante el Comité Overman, un subcomité creado para investigar la actividad comunista en los Estados Unidos, que Rusia tenía derecho a la autodeterminación y dio conferencias por varias ciudades estadounidenses.

La muerte de su amado y admirado John Reed por tifus en 1920 -la historia de ambos  es el tema de la película Reds de 1981, protagonizada por Diane Keaton y Warren Beatty- fue un golpe muy duro para ella.

Con una autorización de la Oficina de Asuntos Extranjeros para viajar como corresponsal por la frontera meridional rusa, recorrió zonas del país entrevistando y tomando notas que fueron recopiladas en dos libros: “Seis Meses Rojos en Rusia” y  “Espejos de Moscú”, publicados en 1922 y 1923; y en artículos que describe el entusiasmo y también las dificultades por las que atravesaba el país.

 

Louise Bryant 20201211

Además, Bryant viajó por Berlín, Londres, París y otras ciudades europeas. Estando en Roma a fines de 1922, escribió una nota sobre Benito Mussolini a quien había entrevistado, titulada: “Mussolini confía en la eficiencia para restaurar Italia»:

“Siempre pensaré en Mussolini como uno de los personajes más extraños de la historia, y lo recordaré como lo vi por última vez, en el gran vestíbulo blanco y dorado del Grand Hotel, bajo un enorme candelabro de cristal que se encorva fatigosamente en un elegante marfil Luis XV y silla esmaltada. Su rostro pálido y de huesos pesados, mostraba signos de insomnio. Su cuerpo fuerte sobresalía por los lados del asiento; sus piernas estaban abiertas sobre la alfombra de terciopelo de color rosa pálido. Había una pequeña taza de café negro, absurdamente delicado, al lado de su mano retorcida por el trabajo. “

Bryant dejó Roma rumbo a Turquía para cubrió eventos relacionados con el ascenso de Mustafa Kemal Atatürk. De Turquía fue a Palermo a entrevistar al depuesto rey de Grecia, Constantino I, y a Atenas para entrevistar a su hijo, Jorge II.

Si deseas conocer relaciones que puedan tener con la protagonista; cliquea por favor donde esta escrito en «negrita». Muchas gracias.

A mediados del verano de 1921, conoció a William Christian Bullitt, un graduado de la Universidad de Yale, perteneciente a una familia adinerada, periodista y diplomático, quien años después se convertiría en el primer embajador de Estados Unidos en la Unión Soviética. Se casó con él y tuvo a su única hija, Anne Moen.

Su vida cambió radicalmente. Ahora era la cabeza de un hogar de la clase alta, cuyos deberes relacionados con su nuevo estatus le insumen un tiempo precioso, atender el personal de servicio, la comida, el adorno de la casa, las obligaciones sociales… El entusiasmo inicial cedió pasó al cansancio y al aburrimiento, con sus inevitables consecuencias en la vida matrimonial.

Los últimos años de Bryant fueron difíciles. En lo profesional, asesoraba a un escritor, asistía a investigadores de la Universidad de Harvard en la preservación de los artículos de John Reed; en agosto de 1925 apareció su último artículo periodístico, “El trato de Mustafá Kemal Atatürk a las mujeres”, en el que se refiere al fundador y primer presidente de la República de Turquía, quien a través de un conjunto de leyes otorgó a las mujeres las mismas oportunidades que a los hombres. En lo personal, su afición a la bebida y las drogas, y su supuesta relación lésbica con una pintora fueron los motivos alegados por su esposo para divorciarse de ella en 1930 y obtener la custodia exclusiva de su hija.

Enferma de Dercum, una adiposis que le provocaba dolores por momentos difíciles de soportar, Louise Bryant falleció el 6 de enero de 1936 en París y fue enterrada en el Cementerio Des Canards en Versalles. ​Tenía 51 años de edad. Había nacido el 5 de diciembre del año 1885, en San Francisco, California.

Periodista y militante feminista, se la recuerda como una mujer que mantuvo su apellido de soltera, defensora del control de la natalidad, el amor libre, el sufragio y la independencia económica de las mujeres.

Imagen de portada: Gentileza de Editorial Perfil CEDOC

FUENTE RESPONSABLE: Editorial Perfil por Ángel Cabaña, Profesor y Licenciado en Historia.

Historia/Feminismo/Precursora/Periodismo/Sociedad

 

Violencia de género. Argentina.

La historia de las profesionales del mar: Abusos sexuales, discriminación y violencia. Argentina.Mujeres sufriendo aberrantes situaciones ante la ceguera de la Justicia.

Las que no pueden trabajar por ser mujeres.

Son trabajadoras de las aguas de diversas profesiones y desarrollan sus actividades a bordo: buzos, oficiales maquinistas, marineras, cocineras, enfermeras, capitanas, oficiales de cubierta. 

Todas poseen libreta de embarque y una excelente formación en distintas escuelas: Prefectura, Salvamento y Buceo, Escuela Nacional Fluvial Tómelas de Buenos Aires, Escuela de Pesca en Mar del Plata y la Escuela Náutica. 

Sin embargo, la mayoría de ellas están desempleadas, son discriminadas por ser mujeres y las que lograron navegar en alta mar enfrentan violencias, acosos y abusos sexuales de parte de sus compañeros varones cis. Un espacio dominado por la lógica machista y los pactos de silencio entre caballeros que sólo pueden enfrentarse en red y necesitan ser intervenidos por políticas de equidad.

El mercado empresarial no toma mujeres. Los sindicatos que deberían defendernos no lo hacen, sino todo lo contrario, si nos buscamos un laburito por fuera hablan con la empresa para que no nos contraten”. 

Tenemos un nivel de violencia zarpado desde lo empresarial y sindical.

 Conozco muchas compañeras que los propios dirigentes gremiales les han propuesto sexo o plata para conseguirle un embarque”, dice Lucía de Pascuale. 

Es buza profesional, la única en toda Latinoamérica que posee la mayor categoría de buceo, puede llegar a sumergirse hasta 300 metros de profundidad respirando mezcla artificial. Con mucho esfuerzo y después de 17 años de estudio, alcanzó esta calificación, sin embargo, hace más de un año que está desempleada. En todo el país hay 40 varones con su misma categoría y cobran mil dólares por día cada vez que realizan una labor.

Lucía intentó implementar diversas herramientas para conseguir un empleo, reunió a las 10 buzas que hay en todo el país para que la Asociación de Buzos Profesionales impulse la contratación de mujeres en las empresas, al menos un cupo, cuando en cada obra se emplean entre 10 y 30 personas “El gremio desestimó los artículos de género que presenté. 

Me atacó en el grupo de agremiados y también en una carta pública que envió a las empresas. A partir de ese momento no me llamaron más de ninguna empresa, me dejaron en la calle sin un mango”, cuenta.

Luego de ese episodio, Lucía se puso en contacto con trabajadoras del sector marítimo, fluvial y lacustre que se encontraban intentando acceder a un empleo. En cada una de las historias que escuchó se repetía el mismo patrón: todas hablaban de los abusos sexuales y acosos que sufrieron por parte de sus compañeros y la discriminación de las autoridades de los gremios. 

A esas situaciones le seguían la falta de acceso a la Justicia: “Ninguna de nosotras puede pagar un abogado estando desempleada. Hay una denuncia de una marinera que fue violada a bordo, nunca tuvo contención ni de Prefectura ni de su gremio, la violencia que vivimos es muy grande”.

Lucía nació en Jujuy, cuando cumplió 17 años se mudó a Buenos Aires, a los 18 ya era buza y se mudó al sur en busca de un empleo que no consiguió en la Ciudad. Durante 10 años trabajó en la pesca artesanal de mariscos que se realiza bajo la modalidad de buceo. Vivía en un campamento y dormía en una casilla rodante, era la única salida laboral que tenía, precarizada y sin ningún derecho laboral. 

“Sin ART, sin un seguro de vida, buceando con descompresión, algo que está prohibido por Prefectura porque no hay una cámara hiperbárica para respirar.

 Tuve accidentes de descompresión, donde me tuvieron que meter desmayada bajo el agua con el regulador en la boca para reavivar, a varios compañeros les pasó y algunos perdieron la vida”, detalla.

Lucía de Pascuale, buceadora a más de 300 metros de profundidad y una de las responsables de la organización de las trabajadoras de mares y ríos.

La Asociación de Mujeres de la Actividad Marítima, Fluvial y Lacustre es un grupo que reúne a más de 60 de trabajadoras del mar de todo el país, Lucía es una de las impulsoras. 

Se organizó para elevar los reclamos de las trabajadoras y denunciar las múltiples formas de violencia que sufren. Muchas de ellas son jefas de hogar que hoy no pueden acceder a un trabajo formal por ser mujeres, a pesar de contar con una formación profesional.

Hace un año presentaron una nota al Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad exponiendo su situación, recién el 11 de agosto pasado recibieron una respuesta y se comprometieron a trabajar en sus demandas. Antes tocaron sin éxito las puertas del Ministerio de Trabajo, de la Defensoría del Pueblo y del INADI.

Años atrás, Lucía embarcó contratada por una empresa noruega, una de las pocas que realiza tareas de saturación donde los buzos se sumergen a 300 metros de profundidad. Sin embargo, a pesar de estar capacitada para el puesto tampoco le permitieron realizar esa tarea.

“Fui ninguneada por compañeros y supervisores, me decían en la cara ‘a vos no te vamos a mandar a hacer esto porque sos mujer’. Estuve 10 años en la pesca, levanté más toneladas de mariscos que cualquiera de los buzos que estaban en ese barco, manejé lanchas, llegué a bucear ocho horas por día”, cuenta Lucía. Nada de eso parecía ser suficiente, al desprecio hacia su formación le siguió el acoso: “Todos te insinúan que quieren tener sexo y cuando expuse esta situación con el capitán me dijo ‘si yo hablo va a ser peor, no subimos más mujeres’”.

Ese es el modus operandi en alta mar: la amenaza de castigo como disciplinamiento para quienes se animan a denunciar y el pacto de silencio entre caballeros que los convierte en cómplices de las violencias.

Sindicalismo patriarcal

Gisela González es oficial de máquinas fluviales, en 2012, a sus 24 años, egresó de la Escuela Nacional Fluvial. Conoce cada uno de los sistemas a través de los cuales funciona un buque. Proveniente de una familia de muy bajos recursos, significó un gran sacrificio poder completar su formación. 

De lunes a viernes viajaba a las cinco de la mañana de Longchamps a Constitución para llegar a las 7 a la escuela con las monedas justas

A veces le sobraban unos pesos para comer, otras no y los sábados viajaba a la Bahía de Núñez, en Ciudad de Buenos Aires, para completar las prácticas de natación y remo.

Gisela González, a pesar de las violencias sufridas sigue insistiendo en su formación y en las ganas de embarcarse.

La formación de Gisela no fue totalmente gratuita, debía pagar una cuota de $300 pesos, su mamá enfermera de profesión la ayudaba con lo que podía. Cuando estuvo lista para embarcar entró al mundo del gremio: “Nos dijeron que teníamos que afiliarnos, ponernos en una lista laboral y el gremio se encargaría de darnos los embarques. Después de esperar muchos meses conseguí un embarque en un buque pesquero”, cuenta.

Luego de ese primer viaje no volvió a conseguir otro trabajo y tuvo que abandonar el mar “como les pasa a muchas compañeras, desisten de su profesión y eligen otra carrera u otro trabajo, para mí fue muy difícil porque extrañaba todo lo que había estudiado, lloraba cuando sentía el olor del mar. Soñaba con el mar.”

Gisela juntó fuerzas y volvió en 2019, renovó los cursos para navegar que se vencen cada cinco años, se anotó nuevamente en lista, y tuvo una reunión con el secretario general y el adjunto del Sindicato de Conductores Navales y le prometieron un empleo. Esperó varios meses y como seguía sin trabajo viajó a Mar del Plata en busca de un barco.

Ilusionada con la promesa de un empleo, Gisela rompió la alcancía de su hijo y juntó la poca plata que tenía en el bolsillo para comprarse un pasaje. “Cuando llegué el secretario de la seccional me dijo ‘tenés que ponerte en lista’, le expliqué que viajé porque me habían prometido un trabajo y que estaba pasando una necesidad económica pero no le importó. Estuve durmiendo 40 días en el puerto, comiendo de lo que me daban los marineros.”

En medio de esos días de angustia lejos de su familia y durmiendo a la intemperie, conoció a un grupo de marineros con los que empezó a patear los muelles para hacer changas, 12 horas por día con currículum en mano para conseguir un puesto. Una semana después logró embarcarse en un empleo temporal como primera oficial. Mientras tanto la seccional del Mar del Plata, que la había dejado en la calle, la hostigaba por buscar trabajo con lxs marineros. Gisela denunció esta situación ante el secretario general de Buenos Aires, y la situación empeoró.

Una mañana el secretario de la seccional de Mar del Plata la interceptó en la calle y comenzó a gritarle, Gisela tuvo pánico y cuando terminó su contrato temporario abandonó la costa, regresó a su casa y denunció el hostigamiento ante el INADI. Su situación económica empeoraba y su compañero tampoco contaba con un empleo formal. “Pedí mi libertad laboral y me la negaron. Cuando me llamaban de una empresa para embarcar al día siguiente me decían ‘el gremio nos dijo que no’. Todo esto me desencadenó estrés y anemia aguda y ni siquiera tenía obra social.”

El día que llegó al INADI Gisela denunció además otra situación que vivió en 2014 cuando tenía 25 años: “Era muy joven y nueva en el ámbito laboral, en ese momento no supe qué hacer ni a donde denunciar. Me subí a un barco y el primer oficial de cubierta se metió en mi camarote e intentó violarme.

En mi mameluco siempre llevaba una navaja porque en la escuela me enseñaron que teníamos que tener una herramienta cortante por si nos enredamos los pies o necesitamos cortar algo de urgencia, nunca imaginé que la iba a usar para una situación así. Mientras el oficial me bajaba el cierre del mameluco saqué la navaja y le dije ‘si me tocas un pelo te abro la garganta hasta los huevos’. El tipo se puso blanco y se fue. Yo no podía respirar de los nervios”.

Al día siguiente Gisela relató la situación ante el jefe de máquina de la embarcación, cuando llegó a oídos del capitán él le dijo riendo “qué hacemos jefa”. Cuando se bajó del barco Gisela denunció el abuso ante el secretario general del gremio, la respuesta que recibió fue: “Gracias a Dios no pasó a mayores”. Gisela tenía miedo, estuvo un año sin poder navegar luego de ese episodio.

“Los gremios y las empresas no están capacitados en perspectiva de género para contener a las mujeres en estas situaciones. Se de otras compañeras que han vivido situaciones de abuso peores que la mía, amenazas, maltratos, no es solo violencia laboral, sino sexual, psicológica, no se respetan nuestros derechos y las convencen para que no denuncien, compran su silencio a cambio de un trabajo”, asegura Gisel.

Hoy a sus 33 años continúa profesionalizando en el Astillero Río Santiago, cursando dos tecnicaturas: de control y automatización y otra de construcciones navales, en busca de un empleo efectivo.

El costo de ser mujer 

Marina Saboulard atiende el llamado mientras respira el frío seco de Puerto Pirámides, un pueblo de menos de 500 habitantes ubicado en la Península de Valdez. Llegó haciendo dedo. Vive en Buenos Aires y viajó para visitar a sus compañeras de la agrupación, buzas cocineras y encargadas de cámaras que hacen turismo en los buques de Ushuaia.

Marina es fotógrafa y marinera, comenzó un proyecto personal donde registra a sus compañeras en alta mar. Nunca logró embarcarse como fotógrafa, cuenta que son puestos que solo les dan a los hombres. “A las mujeres las mandan a la cocina o a limpiar camarotes que es la categoría básica”.

Marina Saubolarb, fotógrafa de altamar, con carnet de la Organización Marítima Internacional, desocupada.

Para llegar a ocupar puestos superiores les exigen acumular determinadas horas de navegación, algo muy difícil de conseguir cuando acceder a una embarcación es una odisea y dependen del gremio. 

Diez años después de recibirse Marina solo logró embarcar tres veces, mientras sus compañeros varones con los que cursó la carrera están todos empleados.

Ante la falta de acceso a un puesto, Marina se vio forzada a buscar embarque en bandera extranjera, lo que requiere mayor formación: “Tuve que estudiar un montón de idiomas y tener una segunda carrera. Los cursos que hacemos son avalados por la Organización Marítima Internacional (OMI).” Para embarcarse en aguas extranjeras, además necesita una libreta internacional que cuesta 500 dólares, vence cada cinco años y ya pasó los primeros tres años y medio sin embarcarse.

Al igual que todas sus compañeras, cuando se recibió debió entrar al circuito del gremio para conseguir un embarque. “Muchas empresas solo te emplean a través del gremio y todo muy entre comillas porque siempre toman hijos de, sobrinos de, nietos de. Es muy difícil hacerte un camino de otra manera. Y también lo que existe mucho en la jerga es que los compañeros te tienen que elegir. Es un ambiente muy machista, hay compañeras que me cuentan que tuvieron que encerrarse en un camarote para que no abusen de ellas”, relata.

La primera capitana

La señal de wifi en plena embarcación a 200 millas en mar argentino, cerca de aguas internacionales, dificulta la comunicación con la capitana Nancy Jaramillo. El clima no acompaña y el frío penetra los huesos. Nancy se toma un rato de sus horas de descanso para contar su historia, hace guardias de 12 horas y es la primera mujer capitana de pesca de Argentina.

De familia de bajos recursos, Nancy nació en Trelew y creció en una villa de Puerto Madryn, sin techo, lo único que tenían era un auto, donde vivieron durante un tiempo. Nancy reivindica su clase y recuerda los días en los que el único plato de comida que tenía era el que conseguía en el comedor del barrio. Su primer trabajo lo tuvo a los nueve años, vendía agujas e hilos en la calle. Después limpió casas, fue niñera, vendió carbón, dio clases particulares, trabajaba todo el día, pero la plata nunca le alcanzaba.

A los 17 tuvo su primer y único hijo, madre soltera, desesperada por conseguir un sustento económico se enteró de un curso para camarera de barco que brindaba Prefectura. Así comenzó su carrera para llegar al mar. Sin descanso trabajaba de mañana y estudiaba de tarde. Consiguió su libreta de embarque y en 1996, a sus 19 años comenzó su primera travesía a bordo como camarera en un ambiente muy hostil.

Sufrí todo tipo de abusos e insultos, una noche mientras dormía un oficial entró a mi camarote, me tapó la boca, se me subió encima y me manoseó. Fue una situación espantosa, no tenía forma de defenderme. Al otro día me llamó el capitán para decirme ‘cómo una puta como yo podía ensuciar el buen nombre de un padre de familia’. El tipo se adelantó pensando que lo podía denunciar y le dijo al capitán que yo lo había provocado. Agaché la cabeza y no pude decir nada, se me caían las lágrimas, nadie iba a creer lo que había pasado realmente.”

Nancy juntó fuerzas y continuó formándose para ascender a marinera, no le fue fácil, dos años después llegaron también las primeras manifestaciones de discriminación, sus superiores le decían que no aceptaban mujeres, pero se plantó, insistió y logró rendir el examen para convertirse en marinera.

“Encima una negra cabeza”

Nancy comenzó a acumular horas de embarque y en 2003 se presentó en la Escuela de la Armada para acceder a la patente de patrón costero. Para navegar como oficial en grandes embarcaciones se exigen dos patentes, a Nancy querían otorgarle solo una que sirve para pequeñas lanchas, a pesar de que acumulaba muchos años de experiencia, mientras que a sus compañeros varones que tenían unos pocos meses navegando, ya les habían otorgado ambas patentes. 

Recién en 2007, cinco años después, cuando cambió el director de la escuela, fue aceptada.

Nancy Jaramillo logró llegar a capitana después de incontables esfuerzos y violencias.

Cuando creía que todo se había solucionado pusieron en duda sus 10 años de navegación, abrieron una investigación y le exigieron que consiga en menos de dos meses documentos de las autoridades marítimas de Prefectura que probaran sus años en el mar. 

La acusaban de haber alterado su libreta, sin pruebas ni fundamentos, algo que jamás le sucedería a un varón. En menos de dos meses Nancy reunió toda la documentación y se graduó como oficial de pesca. Continuó embarcada. Sin embargo, aun con título en mano, le daban los trabajos más básicos mientras sus compañeros accedían a los cargos de oficiales.

Continuó su carrera, alcanzó el título de oficial y en 2011 volvió a la escuela para convertirse en capitana. “En 2017 cuando estaba por recibirme de capitán mi profesor Martínez me contó que el director de la escuela, un militar muy machista, le dijo ‘no quiero como capitana a una mina y encima una negra cabeza”, recuerda Nancy textuales palabras.

Ella estaba sobre capacitada para su puesto, antes de llegar a ser capitana ya conocía todos los oficios que se desarrollan en una embarcación: fue bodeguera, bajaba a estibar en una embarcación con 34 grados bajo cero y hasta fue marinera de cubierta, un puesto que tiene los trabajos más pesados. “Cuando mi profesor Martínez, se enteró que no me querían dejar entrar dijo que iba a realizar una denuncia pública por discriminación, gracias a él pude ingresar”, cuenta.

Nancy recuerda que el día que salió en su primer viaje como capitana de una embarcación la mitad de la tripulación se bajó porque decían que iba a hundir el barco. “Todavía siguen pensando que porque somos minas no nos da el cerebro o no estamos capacitadas. Salí a mi primera marea, me fue muy bien y pesqué un montón”, cuenta.

No solo pusieron en duda su carrera, sino que además tuvo que soportar incontables situaciones de violencia y abuso sexual. “Cuando trabaja como cocinera un oficial venía a manosearme. Cuando todos estaban afuera trabajando, me tapaba la boca y la nariz. Un día no aguanté más, le dije al capitán y su respuesta fue ‘¿no lo estarás provocando?’. No se puede hacer nada, si digo algo te van a echar a vos’.

“Un compañero me dijo ‘a ver cuando te pones calzas y nos mostras el culo’, yo le respondí ‘que muestre el culo tu mujer’, me pegó una piña y me dejó los dos ojos negros. Otro me dejaba todo el trabajo a mí, un día le dije que haga sus tareas como correspondía y me tiró una caja encima, me caí de dos metros y me quebré las muñecas, cuando le conté al capitán le terminaron dando la razón a él. Me dijeron que estaba bien que me hubiera pegado porque yo no le podía dar órdenes.”

Nancy reconoce que esas situaciones la marcaron y la llevaron a vivir con miedo y angustia. “Hasta que dije basta y empecé a contactar a compañeras porque nosotras hoy como mujeres trabajadoras del mar no tenemos nada ni nadie que nos ampare. Por estar en un barco para los hombres ya estamos provocando.” La primera vez que un compañero le pegó había tres hombres más, ninguno la defendió

“Me fui sola a mi camarote a lavarme la cara porque la tenía llena de sangre. Sufrí mucho desprecio, me daba vergüenza decir que era capitán de pesca porque para la sociedad marítima una mujer es una vergüenza. Una vez un hombre me dijo que yo era la puta que abandonó a su hijo para ir a chupar pijas a los barcos. Es muy doloroso, llegó un momento que era tanta la agresión que no entendía porque me atacaban tanto. No conseguía trabajo en ningún lado, nadie me quería embarcar porque era mina.”

Hoy nota algunos cambios: “Este último año con tanta movida del movimiento feminista están empezando a contratar mujeres de a poco y hay un proyecto de la senadora Nancy González que establece embarcar un 30 por ciento de mujeres en los barcos pesqueros. Están empezando a aceptarnos porque no les queda otra. Son muchas las mujeres con libreta que quieren subir a un barco, estoy segura que cada vez van a ser más y serán grandes, marineras, camareras, oficiales, pero si no nos abren las puertas nunca vamos a poder ganar nuestro espacio. Queremos igualdad de oportunidades.”

Imagen de portada: Marina Saboularb y Lucía de Pascuale, dos trabajadoras de alta mar desocupadas sólo por ser mujeres.. Gentileza de Constanza Niscovolos

FUENTE RESPONSABLE: Página 12 – Por Estefania Santoro

Violencia de género/Xenofobía/Mujer/Sociedad/Argentina

 

Virginia Oliver: la mujer de 101 años que sigue trabajando en un barco pesquero y sin planes de retirarse.

Esta condición inagotable que hace de Virginia una auténtica heroína, debe ser algo genético porque ella trabaja tres días a la semana (de mayo a noviembre) junto a su hijo Max de 78 años.

Juntos, madre e hijo trabajaron juntos en uno de los trabajos más peligrosos del país. Max saca las trampas del agua mientras Virginia mide sus capturas, conserva las langostas grandes y libera las que son demasiado pequeñas.

Para ella, el barco y el mar son su segundo hogar. Virginia creció en mitad de la Gran Depresión y por eso es normal que considere que no es un trabajo duro para ella aunque admite que sí lo sería para otra mucha gente.

Esta súper señora, recientemente se cortó tanto que necesitó puntos. Los riesgos laborales, junto con su edad, han hecho que los proveedores de cuidados y los médicos la insten a retirarse, pero ella dice seguir trabajando porque quiere.

Virginia no muestra signos de mala salud o deterioro y no tiene planes de retirarse de la pesca de langosta. Y para cualquiera que le pregunte cuánto tiempo más piensa trabajar, tiene una respuesta: “Hasta que me muera. Y no sé cuándo será eso».

Los motivos por los que una persona es adicta al trabajo pueden ser diversos y pueden responder a necesidades de naturaleza psicológica o material, pero lo que es indiscutible es que la Sra. Oliver tiene una energía y unas ganas de vivir que no son de este mundo.

Imagen de Portada: Gentileza de Cultura Inquieta

FUENTE RESPONSABLE. Cultura Inquieta

Virginia Oliver/Vejez/Sociedad/Estilo de Vida

«Es muy hermosa e inteligente… pero es india».

Dorothy Bonarjee era india de nacimiento, inglesa de educación, francesa por matrimonio y galesa de corazón.

Por decirlo de otro modo, era la eterna extranjera, a veces por casualidad y otras veces por elección.

Y su mayor logro —en 1914 ganó, siendo apenas una adolescente, uno de los premios culturales más prestigiosos de Gales— es notable también por eso mismo.

En la India, Dorothy Bonarjee y su familia eran diferentes, por clase, cultura y religión. Eran brahmanes bengalíes de casta alta, pero Dorothy pasó su infancia viviendo una vida sencilla en la hacienda familiar a cientos de kilómetros de Bengala, en Rampur, cerca de la frontera de la India con Nepal.

También eran cristianos: su abuelo fue sacerdote en Calcuta tras ser convertido por el célebre misionero escocés Alexander Duff.

La vida de Dorothy cambió por completo en 1904, cuando —junto con sus hermanos, Bertie y Neil— fue enviada a Londres para su escolarización. Sólo tenía 10 años.

Sus padres, quienes habían pasado en su día por Gran Bretaña, querían que sus hijos formaran parte, como ellos, de la «Inglaterra retornada» que cada vez más dirigía la India en nombre de la potencia imperial.

Dorothy con sus hermanos Neil y Bertie en 1904.

FUENTE DE LA IMAGEN – SHEELA BONARJEE

Dorothy con sus hermanos Neil y Bertie en 1904.

Entre la élite india, esta experiencia británica tenía «un cierto valor esnob, como ser un noble en Gran Bretaña», señaló uno de los miembros del clan Banerjee.

Se conserva una fotografía de los tres jóvenes Banerjee aproximadamente de cuando llegaron a Londres.

Dorothy aparece recatada con un vestido blanco y una cinta negra en el pelo. Bertie, su hermano mayor, lleva traje y corbata. Es una declaración de cuán ingleses se habían vuelto, aunque el mundo que los rodeaba siempre los vería como indios.

El padre de Dorothy era abogado y terrateniente. Ella estaba probablemente más unida a su madre, que era una firme defensora de la educación de las niñas.

Mujer y extranjera

Tanto la hija como la madre fueron activas defensoras en Gran Bretaña del voto para las mujeres. Y gracias a su madre, Dorothy tuvo un privilegio poco común en Gran Bretaña o en la India hace un siglo: iba a recibir una educación tan buena como la de sus hermanos.

«En la época de la Primera Guerra Mundial, había unos mil estudiantes indios en las universidades británicas», sostiene la doctora Sumita Mukherjee, de la Universidad de Bristol, que ha escrito un libro sobre los indios «retornados de Inglaterra». «Entre 50 y 70 eran mujeres».

En 1912, Dorothy Bonarjee se unió a este selecto grupo. La familia habría esperado que Dorothy fuera a la Universidad de Londres, pero, según la tradición familiar, Londres le parecía «demasiado esnob» y optó por el University College de Gales, en la ciudad costera de Aberystwyth, de mayoría galesa.

«¡Dónde diablos está eso!», exclamó su padre, al parecer. Pero Dorothy se salió con la suya. Y su hermano Bertie también se matriculó allí, en parte para hacer de carabina de su hermana.

La decisión de Dorothy puede haber estado determinada por la reputación progresista de la universidad. «Un principio fundacional del Colegio Universitario de Aberystwyth era que todas las creencias religiosas y arraigos culturales eran bienvenidos», dice Susan Davies, archivista e historiadora de la actual Universidad de Aberystwyth.

Estudiantes

FUENTE DE LA IMAGEN – UNIVERSITY OF ABERYSTWYTH

Estudiantes del University College de Gales. Dorothy aparece sentada, la segunda por la derecha.

Y la facultad, la más antigua de los tres que formaban la Universidad de Gales en aquella época, también tenía un impresionante historial en lo que a igualdad de género se refiere.

Cuando Dorothy llegó allí, casi la mitad de los estudiantes eran mujeres, una proporción mucho mayor que en la mayoría de las universidades británicas de la época.

En el momento de su graduación en 1916 —cuando muchos de los hombres estaban luchando en Flandes y Francia— las mujeres eran una clara mayoría.

Dorothy era, claramente, una estudiante popular que desempeñaba un papel destacado en la sociedad literaria y de debate, y ayudaba a editar la revista de la facultad.

Premiada en Gales

Su gran momento llegó en febrero de 1914 en el Eisteddfod anual del lugar, un certamen y una celebración de la cultura galesa en la que escritores y músicos competían por premios.

Aunque no era tan prestigioso como el Eisteddfod nacional, era un acontecimiento cultural importante en el corazón de habla galesa del país.

Los participantes en el concurso principal, de poesía en el estilo tradicional galés, tenían la oportunidad de ganar una imponente silla de roble tallada a mano.

Todos los poemas se presentaron con seudónimos. Un periódico galés, el Cambria Daily Leader, se hizo eco del evento en su portada:

«El primer premio fue otorgado a ‘Shita’, por una oda escrita en inglés, y descrita como un excelente y altamente dramático tratamiento del tema […]. La señorita Bonarjee recibió una estruendosa ovación cuando se levantó y se reveló como «Shita» […]. La ceremonia se desarrolló en medio de un gran entusiasmo».

Students at the University College of Wales

FUENTE DE LA IMAGEN – UNIVERSITY OF ABERYSTWYTH

Dorothy Bonarjee (con camisa de rayas) fue la primera estudiante extranjera y la primera mujer que triunfó en el Eisteddfod universitario.

Los padres de Dorothy estuvieron presentes para ver el éxito de su hija de 19 años. Persuadieron a su padre para que se dirigiera a la multitud, agradeciéndoles el modo en que habían «recibido a una competidora exitosa de una raza y un país diferentes».

Si la India hubiera dado a luz a una poeta, declaró, Gales la había educado y le había dado la oportunidad de desarrollar sus instintos poéticos.

Dorothy Bonarjee fue la primera estudiante extranjera y la primera mujer que triunfó en el Eisteddfod universitario. Fue un logro histórico: la primera mujer que ganó el Eisteddfod nacional fue en 2001.

Alentada por su éxito, colaboró con poemas en revistas como The Welsh Outlook, una revista mensual que reflejaba y fomenta el nacionalismo cultural galés. Incluso después de dejar Gales, siguió publicando allí.

«Le encantaba el galés», afirma su sobrina Sheela Bonarjee. «No sabía hablar galés, así que siempre fue una advenediza en ese sentido. Pero la aceptaron».

Desengaños racistas

Sin embargo, Dorothy también sufrió desengaños en Aberystwyth.

Sheela Bonarjee aún conserva el maltrecho cuaderno negro en el que su tía recopilaba sus versos. Junto a uno de los poemas, Dorothy apuntó una nota: «Escrito a los 22 años, cuando un estudiante galés, tras tres años de noviazgo secreto, me abandonó porque sus padres dijeron: ‘Es muy hermosa e inteligente, pero es india».

Note left by Dorothy Bonarjee with her poems

«La destruyó. Estaba angustiada», dice Sheela, recordando las confidencias que su tía le hizo sobre aquel romance fallido. «Hay un poema suyo [llamado ‘Renuncia’] que muestra la pérdida de ese novio».

Dorothy se había acostumbrado a ser la extraña, pero se puede pagar un precio doloroso por ser diferente.

Su hermano menor, Neil, estudió más tarde en la Universidad de Oxford, y allí se topó con un muro de prejuicios.

«Los indios en general, hay que decirlo, junto con otras razas de color, no eran populares en la universidad», escribió.

Los compañeros ingleses tenían algo que yo no tenía; es decir, un imperio. Ellos lo poseían, mientras que yo sólo pertenecía a él».

Dorothy no se dejó intimidar. Desde Aberystwyth, ella y Bertie volvieron a Londres, donde ambos cursaron una segunda carrera.

Una vez más, fue una pionera: la primera mujer estudiante del University College de Londres que se licenció en Derecho.

La familia esperaba entonces que los jóvenes regresaran a hacer su vida y su carrera en la India. Sus hermanos subieron obedientemente al barco. Dorothy se rebeló.

Matrimonio con un pintor francés

Estaba atrapada entre diferentes culturas y valores sociales. Era de espíritu libre y estaba comprometida con la igualdad de la mujer; no era alguien que consentiría fácilmente un matrimonio concertado por su familia en la India. Así que se fugó con un artista francés, Paul Surtel.

Retrato de Dorothy Bonarjee pintado por su marido, Paul Surtel

Retrato de Dorothy Bonarjee pintado por su marido, Paul Surtel

Su padre estaba furioso; su madre parece que fue más comprensiva. La pareja se casó en 1921 y se estableció en el sur de Francia. Mientras Surtel adquirió notoriedad como pintor, su esposa se retiró de la vida pública.

Tuvieron dos hijos, uno de los cuales murió en la infancia, pero a mediados de la década de 1930 el matrimonio estaba acabado. «Nada es más desgastante moralmente», comentó Dorothy, «que un marido débil».

Dorothy Bonarjee with her son, Denis

FUENTE DE LA IMAGEN – SHEELA BONARJEE

Dorothy Bonarjee con su hijo, Denis, que murió en la infancia.

FUENTE DE LA IMAGEN – SHEELA BONARJEE

Dorothy Bonarjee con su hijo, Denis, que murió en la infancia.

Su familia le rogó que regresara a la India. De nuevo, ella se negó, decisión que, al parecer, lamentó más tarde. Su padre le compró un pequeño viñedo en Gonferon, en la Provenza, para que le sirviera de hogar y de medio de vida. El dinero era escaso. No era la vida fácil que ella esperaba. Nunca se volvió a casar.

Sheela Bonarjee siguió los pasos de su tía desde la India hasta Londres en los años 50, y realizó varias visitas al sur de Francia. Recuerda a su «tía Dorf» como elegante, segura de sí misma y poco convencional. En algunos aspectos era muy francesa, recuerda Sheela.

«Tomaba vino con todas las comidas, lo que para mí, como india, era muy extraño y a veces me preguntaba por qué tenía tanto sueño todo el día». Pero hablaba francés con un acento muy marcado.

Dorothy con sus hermanos Neil y Bertie en 1904.

FUENTE DE LA IMAGEN – SHEELA BONARJEE

Dorothy con sus hermanos Neil y Bertie en 1904.

Dorothy Bonarjee in a sari

FUENTE DE LA IMAGEN – SHEELA BONARJEE

Ahora tiene la distinción de figurar en el «Diccionario biográfico de Gales», la única persona de origen indio entre casi 5.000 entradas. Está escrito por Beth Jenkins, de la Universidad de Essex.

«Dorothy abrazó sin duda la cultura nacional galesa», sostiene, «y contribuyó significativamente a ella durante su estancia en Aberystwyth».

Vivió hasta casi los 90 años. Pero no volvió a pisar la India.

Sin embargo, su lado indio siguió siendo importante. En fechas señaladas y festivas, deleitaba a sus vecinos franceses vistiéndose con un sari.

Pero en muchos aspectos era más francesa, más inglesa, quizás incluso más galesa, que india. Y en todas partes, siempre fue extranjera.

Imagen: Gentileza de BBC News Mundo

FUENTE RESPONSABLE; Redacción BBC News Mundo

Sociedad y Cultura/India/Reino Unido/Gales/Racismo

Frances Allen, la primera mujer que ganó el Nobel de la computación (y cómo ayudó a que tengas apps ultrarrápidas).

Quizás el nombre de Frances Allen no sea muy conocido entre el gran público, pero para los entendidos, ella fue quien «allanó el camino para las aplicaciones eficientes y ultrarrápidas de hoy», y quien «ayudó al hardware a comprender al software».

Así lo explica en un artículo Cade Metz, autor y periodista de Tecnología de The New York Times.

Por su parte, Janet Abbate, profesora asociada del departamento de Ciencia y Tecnología de la Sociedad en la Universidad Politécnica de Virginia (EE.UU.) y autora de Recoding Gender: Women’s Changing Participation in Computing («Recodificar el género: la participación cambiante de las mujeres en la informática»), se lo dice así a BBC Mundo:

«Cada vez que usas una aplicación que te responde instantáneamente, Fran Allen es una de las personas a la que puedes agradecer esa experiencia sin esfuerzo».

Pasaron 40 años antes de que a una mujer se le otorgara el Premio Turing, considerado como el Nobel de la computación. El primero fue entregado en 1966 y fue en 2006 cuando se le otorgó a la primera mujer: Frances Allen (1932-2020).

El trabajo de Allen se refleja en «casi todos los sistemas de software que cualquier persona usa: cada aplicación, cada sitio web, cada videojuego o sistema de comunicación, cada computadora del gobierno o de un banco, cada computadora dentro de un automóvil o de un avión», explicó Graydon Hoare, creador del lenguaje de programación Rust, en el artículo de Metz.

En nuestros celulares

«Todas las aplicaciones de tu amado teléfono comenzaron como un programa: líneas de código escritas por un programador en un lenguaje de alto nivel como Java», explica Abbate.

Teléfono inteligente

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

«Para que se ejecute en tu teléfono, el programa debe ser ‘compilado’ o transformado en código a nivel de máquina por otro programa llamado compilador».

Pero, advierte la experta, el trabajo que hace el compilador no es una simple traducción, pues «un buen compilador emplea todo tipo de trucos inteligentes para hacer que las aplicaciones que producen se ejecuten de manera rápida, eficiente y correcta».

Ese proceso es conocido como «optimización».

«Fran Allen fue una pionera que inventó muchas de las técnicas de optimización que se utilizan en el software en la actualidad».

«Los teléfonos inteligentes de hoy tienen procesadores potentes, pero el hardware potente no puede hacer su trabajo sin un software rápido».

Por eso, dice la docente, Allen es una de las personas a las que podemos «dar las gracias» por tener apps que responden inmediatamente.

En contexto

Antes de los trabajos de Allen, ya existían los compiladores.

IBM había creado uno de los más utilizados, FORTRAN, en 1957, unos meses antes de que contrataran a Allen.

Alan Turing

FUENTE DE LA IMAGEN – SCIENCE PHOTO LIBRARY

El científico británico Alan Turing es considerado el padre de la informática y un visionario de la inteligencia artificial.

«El problema es que el compilador de FORTRAN se había creado de forma artesanal y tenía innumerables problemas», le señala a BBC Mundo Sergio Gálvez Rojas, profesor titular de Informática en la Universidad de Málaga, en España.

«Lo peor de todo es que, en algunos casos preliminares, hasta llegaba a equivocarse en la traducción con las terribles consecuencias que ello podía provocar».

Al entrar en la compañía, Allen se convirtió en una experta en FORTRAN y así se adentra en el mundo de los compiladores, campo de la ciencias de la computación que, en esa época, estaba a la vanguardia.

«Estableció la teoría y los métodos de traducción básicos para crear sistemáticamente compiladores robustos y eficientes».

«Lo de ‘sistemático’ también es muy importante ya que ello permite la creación de nuevos lenguajes de forma bastante fácil, sin tener que recurrir a los métodos artesanales anteriores a su época».

En los años 60 y 70, junto al investigador John Cocke, Allen publicó varios estudios que ayudaron a «impulsar la evolución de la programación delas computadoras hasta el día de hoy, cuando incluso personas relativamente novatas pueden crear fácilmente aplicaciones de software rápidas y eficientes para un mundo de computadoras, teléfonos inteligentes y otros dispositivos», según explicó el periodista Cade Metz.

En el comunicado del Premio Turing, se reconocieron las contribuciones fundamentales de Allen a la teoría y la práctica de la optimización de programas y a «la paralelización automática de programas, que permite a los programas utilizar varios procesadores simultáneamente para obtener resultados más rápidos».

De una granja a IBM

Allen nació el 4 de agosto de 1932 en el estado de Nueva York. Fue la mayor de seis hermanos.

«Se crió en una granja sin electricidad ni agua corriente», le cuenta a BBC Mundo su sobrino nieto Ryan McKee.

Frances Allen

FUENTE DE LA IMAGEN – CORTESÍA: IBM

«Fran» Allen fue la mayor de seis hermanos.

«Sintió que podía lograr cosas increíbles a través del regalo de la educación que realmente se dio a sí misma».

«Iba a una escuela pequeña, de salón. Ni siquiera sé si había electricidad».

Allen hizo una maestría en matemáticas en la Universidad de Michigan, donde tomó unos cursos de computación.

IBM había ido al campus en busca de empleados y entre los varios entrevistados estuvo la matemática.

La científica explicó en una entrevista que la compañía estaba contratando «muy activamente» a mujeres.

Allen consiguió el puesto, pero su idea era trabajar por un año para pagar sus deudas estudiantiles y dedicarse a lo que le gustaba: enseñar.

Pero ese primer año terminó convirtiéndose en 45 años en el gigante de la informática, donde, en 1989, se convirtió en la primera mujer IBM Fellow, el más alto honor otorgado a los principales ingenieros, científicos y programadores de la empresa.

«IBM no solo era un importante fabricante de computadoras. Fue y sigue siendo un centro importante para la investigación en ciencias de la computación, desde las primeras innovaciones como FORTRAN, hasta la supercomputadora que juega ajedrez -Deep Blue-, y la computación cuántica», indica la profesora Janet Abbate.

«Solo una pequeña fracción de estos científicos informáticos recibe el título de IBM Fellow por logros técnicos extraordinarios y sostenidos».

«La época dorada»

Allen decía que ella había vivido «una especie de época dorada de la informática» en los años 50.

Por una parte, explica Abbate, hubo un tremendo florecimiento de los lenguajes informáticos, que era su especialidad.

Logo de IBM

FUENTE DE LA IMAGEN – REUTERS/SERGIO PEREZ

En 2000, IBM creó el premio para mujeres con el nombre de Allen.

«Los compiladores hacen la programación como la conocemos hoy y en la década de 1950 y principios de la de 1960, la gente se dio cuenta por primera vez de que podían transformar la informática, se crearon todo tipo de lenguajes experimentales y se ganó el apoyo de los escépticos que decían que nunca funcionaría», señala la Abbate.

Y, por otra parte, fue una época en que la informática era un campo acogedor para las mujeres, muchas de ellas matemáticas.

Pero en la década de los 70, esa receptividad empezó a mermar y, de hecho, Allen habló del llamado «techo de cristal» para las mujeres en la industria.

La profesora Abbate cree que parte de la explicación está en la recesión mundial, que afectó las contrataciones en ese sector: «Las empresas no hacían todo lo posible para contratar mujeres como antes».

La académica también reflexiona sobre el hecho de que mujeres como Allen, «que habían ingresado al campo en la década de los 50, se encontraban ahora en la mitad de sus carreras, cuando debían haber avanzado a posiciones de autoridad, pero muy pocas empresas querían tener mujeres en puestos de dirección, especialmente si iban a supervisar a hombres».

Así que el techo de cristal se volvió más obvio para ellas que antes.

Entre anécdotas

Como Abbate, Ryan McKee no sólo recuerda a Allen por su calidez, inteligencia y humildad, sino también por su sentido del humor.

Ginni Rometry

FUENTE DE LA IMAGEN – REUTERS/DENIS BALIBOUSE

«Fran siempre será una inspiración para mí y para muchos otros», dijo Ginni Rometry, una de las mujeres más exitosas en el mundo de la computación. (Foto: 2018)

«Tenía varias anécdotas. Quizás en su momento no pensó que fueran divertidas, pero cuando las contaba lo hacía con buen humor».

En una entrevista con Abbate, Allen explicó que en una oportunidad fue la única mujer invitada a una conferencia de computación.

Cuando entró a la recepción del hotel a registrarse, el hombre a cargo le dijo, sin subir la mirada, que estaban teniendo problemas y que todos debían compartir la habitación porque no había suficientes cuartos.

«Entonces, subió la mirada y dijo: ‘¡Ah, eres mujer!'», relató entre risas la científica, a quien le dieron una habitación solo para ella.

También contó la historia de dos certificados que tenía colgados en la pared: «Estos son mis documentos de IBM Fellow», dijo.

Eran casi idénticos, pero uno de ellos fue escrito como si la persona merecedora del honor fuese un hombre.

Al darse cuenta del error, le hicieron otro. «Querían que esté de vuelta. ¡No lo devolví!», dijo, nuevamente entre risas.

McKee cree que no lo devolvió porque deseaba tener una prueba de que era necesario un cambio en esa industria.

La mentora

Allen, quien murió en 2020, no solo es admirada en IBM por sus aportes científicos, sino también por ser una maestra.

Tras especializarse en FORTRAN, fue ella quien se lo enseñó a sus colegas.

Frances Allen

FUENTE DE LA IMAGEN – CORTESÍA: IBM

Allen murió el 4 de agosto de 2020 a los 88 años.

«Además de su genio técnico, recordamos a Fran por su amor por enseñar y su pasión por inspirar y servir de mentora de otros», indicó Arvind Krishna, presidente y CEO de IBM.

Pero su aporte va más allá. Algunos creen que era una feminista en el mundo de la computación.

Aunque impulsaba a los jóvenes de ambos sexos a que se formaran, dice McKee, «obviamente» tenía la convicción de animar a las mujeres a incursionar en la ciencia y la tecnología.

«Creaba espacios para que pudieran desarrollarse y tener éxito».

De hecho, Allen dejó huella en Ginni Rometry, presidenta y CEO de IBM desde 2012 hasta 2020 y una de las mujeres más reconocidas en el mundo de la computación.

«Fran siempre será una inspiración para mí y para muchos otros, en IBM y en todo el mundo. No solo por sus contribuciones al campo de la informática, si no también por su generosidad, tutoría y curiosidad sin fin», señaló Rometry.

Y la sencillez, dicen quienes la conocieron, siempre la caracterizó. Difícilmente hablaba de sus muchos logros.

El Premio Turing fue «maravilloso», recuerda McKee.

«Y te podría enumerar a todas las mujeres que lo habían merecido antes que ella».

Seguramente hoy habría hecho una lista de cuántas lo han merecido después de ella.

Imagen de la portada: Gentileza de BBC News Mundo

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo

Ciencia/Tecnología/Mujeres