Alexandra David-Néel, la primera mujer occidental en el Tíbet.

 

La historia está llena de viajeras famosas. Pero tal vez una de las más intrépidas sea Alexandra David-Néel. Su gran logro fue convertirse en la primera mujer occidental que accedió a la ciudad de Lhasa, la capital del Tíbet, un lugar que a principios del siglo XX estaba prohibido a los extranjeros.

Viajera indomable, Alexandra David-Neel falleció el 8 de septiembre de 1969 a la edad de cien años. Fue la primera occidental que entró en la ciudad prohibida de Lhasa, la capital del Tíbet, cuando ésta era aún inaccesible a los extranjeros. Alexandra David-Néel fue nombrada lama y durante su apasionante existencia escribió más de treinta libros acerca de religiones orientales, filosofía y, por supuesto, sobre sus viajes.

FEMINISTA Y VIAJERA

Louise Eugénie Alexandrine Marie David nació en la población francesa de Saint-Mandé el 24 de octubre de 1868. Era la heredera de una gran fortuna y parecía que estaba destinada a seguir los pasos de la mayoría de jóvenes europeas de buena familia de las últimas décadas del siglo XIX: casarse, tener hijos y quizás escribir o pintar, nada por lo que pudiera ser recordada en el futuro. Pero Alexandra tenía otras intenciones. Su infancia se vio influida por las diferentes mentalidades de sus padres: él, un masón que dirigía una publicación republicana; ella, una católica conservadora belga. Alexandra, que era hija única, recibió de su madre una firme formación religiosa; en cambio, su padre le proporcionó una educación revolucionaria, tanto que incluso en 1871 la llevó a ver el fusilamiento de los últimos reos de La Comuna de París para que nunca olvidara lo que era la vida real.

Alexandra, que era hija única, recibió de su madre una firme formación religiosa; en cambio, su padre le proporcionó una educación revolucionaria, tanto que incluso en 1871 la llevó a ver el fusilamiento de los últimos reos de La Comuna.

A los 15 años, Alexandra intentó embarcarse sola rumbo a Gran Bretaña, pero su familia, horrorizada, se lo impidió; y es que a finales del siglo XIX las mujeres «decentes», y ya no digamos las jóvenes, debían viajar acompañadas. Pero Alexandra acabó saliéndose con la suya. La joven viajó por la India y Túnez antes de cumplir los 25 años, y visitó España montada en bicicleta. Por aquel entonces estuvo muy de moda la Sociedad Teosófica dirigida por la famosa Madame Blavatsky, dedicada al espiritismo, al ocultismo oriental y al estudio de las religiones comparadas, de la cual Alexandra se hizo miembro. Fue seguidora del geógrafo y anarquista francés Elisée Reclus, el cual amplió las ideas anarquistas que ya le había inculcando su padre, a las que añadió además un ideario feminista. Alexandra le dedicó su primer libro, un ensayo titulado Pour la vie (Elogio a la vida,) que escribió en 1898. Al año siguiente, Alexandra escribió un tratado sobre el anarquismo, y el propio Reclus fue el autor del prólogo. Ante el rechazo de los editores (y aunque la obra sería traducida a cinco idiomas), el libro fue publicado por un amigo.

Foto: Cordon Press

LAMA, YOGUI Y «LÁMPARA DE SABIDURÍA»

Convencida de que nunca sería respetada como escritora, conferenciante o incluso como cantante si continuaba soltera, el 4 de agosto de 1904 Alexandra se casó en Túnez con Philippe Néel, ingeniero jefe de los ferrocarriles tunecinos. Aunque su vida conyugal fue a veces tempestuosa, siempre estuvo impregnada de un respeto mutuo. A pesar de vivir en el norte de África, un lugar que le fascinaba, y de hacer continuos viajes en barco y ferrocarril, Alexandra se dio cuenta de que la vida de casada no era para ella. Nunca se consideró una mujer «felizmente casada». A pesar de que tenía libertad para viajar en solitario, para escribir libros y para impartir conferencias, Alexandra se sentía angustiada, padecía continuas jaquecas y crisis nerviosas.

Finalmente, el matrimonio se rompió el 9 de agosto de 1911, cuando Alexandra decidió emprender su segundo viaje a la India. Este hecho, unido a que ella no deseaba tener hijos, acabaría precipitando la ruptura. Durante su periplo, Alexandra visitó Egipto, Ceilán, India, Sikkim, Nepal y Tíbet. A pesar de que ella dijo que estaría de vuelta en 18 meses, la realidad es que Alexandra estuvo fuera ¡14 años! En todo aquel tiempo, y aunque su matrimonio se había terminado, la pareja mantuvo una fluida correspondencia hasta la muerte de él en 1941. Por desgracia, la mayoría de estas cartas se perdieron durante la Guerra Civil China. Durante la travesía hacia Egipto, Alexandra escribiría a Philippe: «He emprendido el camino adecuado, ya no tengo tiempo para la neurastenia».

Durante todos los años que Alexandra estuvo de viaje, la pareja mantuvo una fluida correspondencia hasta la muerte de él en 1941. Por desgracia, la mayoría de las cartas se perdieron durante la Guerra Civil China.

Cerca de Madrás, en el sur de la India, Alexandra se enteró de que el decimotercer Dalai Lama había tenido que huir del país, por aquel entonces sublevado contra China, y que residía en el Himalaya. A partir de aquel momento se marcó como objetivo encontrarse con él, algo que conseguiría en 1912. Alexandra continuó viaje hasta Nepal, donde llegó en 1912. Una vez allí, el marajá le regaló unos elefantes para que pudiera recorrer cómodamente el país. De esa forma llegó hasta Sikkim, un pequeño reino en los Himalayas, donde conoció a un joven tibetano llamado Aphur Yongden. Primero lo contrató como criado, luego fue su discípulo y, tras finalizar su aventura por el Tíbet, se convirtió en su hijo adoptivo. Ambos comenzaron a viajar por las cumbres con la intención de llegar hasta la ciudad soñada, Lhasa, por aquel entonces bajo el mandato de funcionarios británicos, un lugar cerrado e inaccesible a los extranjeros. Alexandra y Yongden se dirigieron a Japón, Corea, Pekín y regresaron al Tíbet. De nuevo en el país, Alexandra vivió dos años y medio en el monasterio budista de Kumbum, donde fue nombrada lama. «Viví en una caverna a 4.000 metros de altitud, medité, conocí la verdadera naturaleza de los elementos y me hice yogui. Cómo había cambiado mi vida, ahora mi casa era de piedra, no poseía nada y vivía de la caridad de los otros monjes». Allí recibiría el nombre de Lámpara de Sabiduría.

EL «PASEO» HASTA LHASA

Pero la prohibida Lhasa seguía siendo el objetivo final de Alexandra. La exploradora intentaba llegar una y otra vez, pero siempre acababa siendo arrestada y devuelta a la India. Al final, para poder acceder a la ciudad, Alexandra trazó un plan. Ella y Yongden se hicieron con una pequeña pistola, unas monedas de plata y algo de comida. Se disfrazaron de mendigos y empezaron a peregrinar. «Les dijimos a todos que íbamos en busca de hierbas medicinales. Yongden se hizo pasar por hijo mío. Me teñí la piel con ceniza de cacao, usé pelo de yak que teñí con tinta china negra, como si fuera la viuda de un lama brujo. Decidimos viajar de noche y descansar de día. Viajar como fantasmas, invisibles a los ojos de los demás. Alguna vez tuvimos que hervir agua y echar un trozo de cuero de nuestras botas para alimentarnos», relata la exploradora en Viaje a Lhasa. Cuando por fin llegaron a las puertas de la ciudad, una tormenta de arena les ayudó a pasar inadvertidos. A pesar de la dureza del viaje (estaban esqueléticos, demacrados y vestidos con harapos), al final lo habían conseguido. Tras cuatro meses y dos mil kilómetros a pie por el Himalaya, Alexandra logró su objetivo. Era el año 1924, y Alexandra David-Néel se había convertido en la primera mujer occidental en entrar en la capital del Tíbet.

David-Néel (centro) en Lhasa, en 1924.

Me teñí la piel con ceniza de cacao, usé pelo de yak que teñí con tinta china negra, como si fuera la viuda de un lama brujo. Decidimos viajar de noche y descansar de día, narra la exploradora en Viaje a Lhasa.

El «paseo» al que se había referido Alexandra en una carta dirigida a Philippe Néel, fue en realidad una auténtica odisea. Alexandra volvió a Europa convertida en una heroína. Fue portada del Times que la definió como «la mujer sobre el techo del mundo». También recibió numerosas condecoraciones y premios: la Medalla de honor de la Sociedad Geográfica de París y la Legión de Honor. Establecida de nuevo en Francia, Alexandra compró un terreno en Digne-les-Bains, una pequeña localidad al pie de los Alpes franceses, donde construyó su casa, a la que bautizó como Samten Dzong (fortaleza de meditación). Este lugar sería desde entonces su refugio. Allí escribió más de treinta libros sobre sus aventuras, dio charlas, recibió a personalidades y siguió leyendo textos budistas. Hoy, la casa puede visitarse y se ha construido un museo junto a ella. A los 67 años de edad, Alexandra se sacó el carné de conducir y viajó en el Transiberiano hasta China, país que recorrió durante diez años. Al cumplir los 100 renovó el pasaporte. «Por si acaso», aseguró. Esta viajera incansable murió a punto de cumplir los 101 años en Samten Dzong, y sus cenizas fueron esparcidas junto a las de su querido Yongden, fallecido 14 años antes, en el río Ganges.

Imagen de portada: Alexandra David-Neel

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic. Por J.M. Sadurni. Colaborador.

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Sylvia Plath, la poeta que ganó el primer Pulitzer póstumo.

Pese a su temprana muerte y la pérdida de parte de su trabajo, la obra de Sylvia Plath es considerada una de las piezas más extraordinarias de poesía del siglo XX. Su aproximación al dolor, a la enfermedad mental y al sufrimiento la convirtieron en una de las máximas exponentes del género confesional, plasmado de manera brillante en sus versos descarnados.

Sylvia Plath nació en Boston, Massachusetts, el 27 de octubre de 1932. Sus padres, Otto Emil Plath y Aurelia Schober, eran ambos de ascendencia alemana. Él daba clases de alemán y biología en la universidad, y ella de inglés y alemán. Juntos tuvieron a Sylvia, la mayor, y a Warren, que nació en 1935.

Desde muy pequeña, Sylvia destacó por ser sumamente perfeccionista y aplicada. Escribía, pintaba, tocaba el piano y sacaba matrículas de honor. A los ocho años publicó su primer poema y, a partir de entonces, no dejó de desarrollar su genio creativo.

En 1940, Otto Emil Plath falleció a causa de una diabetes que nunca quiso tratarse. Su muerte destrozó por completo a la joven Sylvia, que con nueve años sufrió su primera depresión

Durante el duelo, Sylvia tuvo que lidiar con el dolor que le producía sentirse traicionada por su padre al morir, pese a que había tenido una relación bastante problemática con él (ya que era un hombre muy autoritario), y los desencuentros con su madre, a quien siempre echó en cara que no llorara en público la pérdida de su marido.

En la adolescencia, Sylvia empezó a escribir un diario personal que mantuvo durante toda la vida, al igual que otras reconocidas autoras como Virginia Woolf o Anaïs Nin. 

En el diario, Plath comenzó a cuestionarse su rol como mujer en una sociedad que esperaba de ella que se convirtiera en una madre sumisa (como la suya), cosa que contrastaba con su intención de ser una feminista radical. “Mi gran tragedia es haber nacido mujer”, escribió.

ESTUDIOS Y MATRIMONIO

Después de terminar el colegio, Sylvia fue a estudiar al Smith College. En el primer año de universidad, la escritora intentó quitarse la vida por primera vez. 

Entonces la ingresaron en el Hospital McLean, una institución psiquiátrica, donde fue tratada con electrochoques. Tras este episodio, Sylvia se recuperó y terminó el curso con honores, dejando aquel oscuro episodio atrás y confiando en que no se volvería a repetir. Sin embargo, Sylvia Plath fue diagnosticada con depresión clínica y padeció esa patología durante muchos años.

Gracias a sus notas sobresalientes, Plath obtuvo una beca Fulbright que le permitió ir a estudiar a la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido.

Fue entonces cuando conoció al poeta inglés Ted Hughes, con quien contrajo matrimonio en junio de 1956. Durante todo este tiempo, Sylvia continuó escribiendo y publicó algunos relatos y poemas en el periódico universitario.

Poco después de casarse, Sylvia y Ted se trasladaron a Estados Unidos, donde residieron entre 1957 y 1959. 

Plath empezó a dar clases en el Smith College, la misma institución donde ella había estudiado, y siguió con su labor creativa. Al poco tiempo, descubrió a su marido coqueteando con una estudiante en el campus, cosa que la quebró por completo.

En Boston, Sylvia asistió a los seminario de Robert Lowell, donde coincidió con la poeta Anne Sexton, con quien se la compara muchas veces. Al poco tiempo, Sylvia se quedó embarazada y la pareja decidió regresar a Inglaterra.

VIDA TORMENTOSA Y CREACIÓN LITERARIA

Sylvia Plath y Ted Hughes residieron primero en Londres y luego fueron a vivir a North Tawton, un pequeño pueblo de Devon. 

En 1960, Sylvia tuvo a su primera hija, Frieda, y publicó su primer poemario titulado El Coloso. Poco después, sufrió un aborto que la sumió de nuevo en la oscuridad. 

Un año más tarde, Sylvia recitó en la BBC su famoso poema Tres mujeres, en el que narra la maternidad a través de tres voces desde una perspectiva feminista y antibelicista

En este poema también habló del dolor causado por su aborto. A partir de su experiencia en la BBC, Sylvia empezó a concebir sus poemas para ser leídos en voz alta. Ese mismo año nació su segundo hijo, Nicholas.

Sylvia Plath y Ted Hughes.

Sylvia Plath y Ted Hughes. Foto: CC

El año 1963 también fue importante para Plath porque publicó su primera y única novela, La campana de cristal. En este relato semiautobiográfico, Sylvia explora la inestabilidad emocional que lleva a un episodio depresivo a su personaje principal, la periodista Esther Greenwood. La primera edición la publicó bajo el pseudónimo “Victoria Lucas”, pero en 1967 la novela ya apareció firmada con su verdadero nombre.

A partir de entonces, el matrimonio entre los dos poetas, que ya se había empezado a deteriorar en Estados Unidos, fue de mal en peor. 

Tras descubrir varias infidelidades por parte de Ted (que mantenía una relación con la poeta Assia Wevill) y sufrir sus malos tratos, Sylvia decidió divorciarse. Así, regresó a Londres con sus dos hijos, donde alquiló un piso en el que había vivido W.B. Yeats, algo que Sylvia consideró un buen presagio.

Aquel invierno fue demasiado duro para la escritora que sola, con dos niños, alejada de su ciudad natal, enferma y con problemas económicos, se sumió de nuevo en el lugar más oscuro de su mente. 

La mañana del 11 de febrero de 1963, Sylvia Plath dejó preparado el desayuno para sus dos hijos, que estaban en la casa, y se quitó la vida metiendo la cabeza dentro del horno y abriendo la llave de gas. Así, Plath puso fin a los episodios depresivos y el trastorno bipolar (que se cree que padecía) que tanto la habían atormentado. Tristemente, la autora no contó con los recursos necesarios para curar su salud mental y seguir en vida.

Sylvia Plath fue enterrada en el cementerio de Hepton Stall, en West Yorkshire.

PUBLICACIONES PÓSTUMAS Y RECONOCIMIENTOS

Tras fallecer su primera esposa, Ted Hughes adquirió los derechos de explotación de la obra de Plath y se convirtió en el editor de su legado literario. 

Hughes supervisó y editó sus manuscritos y, en 1965, publicó el poemario Ariel, en el que están recopilados los poemas que escribió la autora durante los meses anteriores a su muerte.

Ariel es considerada la obra maestra de Sylvia Plath, por sus profundas reflexiones sobre el corazón roto y la creatividad y la radical honestidad con la que describe su dolor. En Ariel están los famosos poemas Daddy y Lady Lazarus, en el que Plath habla sobre el suicidio y hace un homenaje a la supervivencia. 

Este conjunto de poemas marcó un punto de inflexión en la carrera de la poeta que, al escribirlos, se convirtió en una de las máximas exponentes del género confesional.

En los años siguientes, Hughes publicó Cruzando el agua (1971) y Árboles invernales (1972), además de una colección de cuentos, fragmentos de sus diarios y ensayos titulada La caja de los deseos (1977).

Muchos críticos han acusado a Ted Hughes de haber utilizado y censurado la obra de Sylvia Plath en su beneficio. 

De hecho, lo primero que hizo el poeta al adquirir los manuscritos de Plath fue destruir el último volumen de sus diarios, en los que la autora narraba el tormentoso matrimonio que compartieron. 

Antes de morir, Hughes publicó Cartas de cumpleaños, donde compiló todos los poemas que le había escrito a Sylvia.

Sylvia Plath murió a la temprana edad de 30 años.Foto: Cordonpress

A partir de las décadas de 1980 y 1990, se empezó a estudiar la obra de Plath desde una perspectiva crítica feminista y de género

En 1982 la escritora fue reconocida con el Pulitzer de poesía por su obra recogida en Poemas completos, siendo la primera autora en recibir este premio de manera póstuma. Poco después, en 1998, se publicó la edición casi completa de sus Diarios.

Pese a su temprana muerte y la pérdida de parte de su trabajo, la obra de Sylvia Plath está considerada como una de las piezas más extraordinarias de poesía del siglo XX. 

Por eso sus poemas se siguen leyendo, recitando e interpretando hoy en día, haciendo eco de la voz de una autora que plasmó de la manera más honesta y visceral lo que es el dolor.

Imagen de portada: Cordon Press.

FUENTE RESPONSABLE: Historia. National Geographic. 19 de abril 2022.

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Audre Lorde, la poeta crítica con el feminismo blanco.

MUJERES PIONERAS

Para la escritora afroamericana, las emociones eran un recurso político al que acceder a través de la palabra. Autodefinida como poeta, negra, lesbiana, madre y guerrera, pasó a la historia por su crítica constructiva del feminismo blanco. Repasamos algunos de sus textos sobre activismo, vulnerabilidad y autocuidado.

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Para Audre Lorde (Harlem, Nueva York, 1934- Saint Croix, 1992), la palabra era un bálsamo contra el miedo. Pero también una herramienta poderosa con la que reafirmar la existencia en este mundo. Cuando la poeta americana se presentaba a sí misma cual “negra, lesbiana, madre, guerrera y poeta”, mostraba sus diferencias como una puerta abierta hacia la libertad.

Su crítica al feminismo blanco fue crucial en el avance de un activismo más diverso. Según su pensamiento, únicamente contemplando y aprendiendo de las experiencias de todas las mujeres, y no solo de aquellas más visibles -blancas heterosexuales-, podría el feminismo deconstruir lo que ella identificaba con “la jerarquía de la opresión”. De hecho, su famoso ensayo, Las herramientas del amo nunca desmontarán la casa del amo (1979), supuso un valioso instrumento para evidenciar el privilegio blanco que prevalecía en la época.

En la actualidad, movimientos como Black Lives Matter o Say Her Name encuentran todavía en sus palabras una fuente de energía para luchar contra las desigualdades raciales imperantes en muchos lugares del mundo. Desmantelar los mecanismos opresores del heteropatriarcado entrañaba para Lorde un propósito creativo: el reconocimiento, más allá de la tolerancia, de nuestras diferencias como motor de cambio.

TU SILENCIO NO TE PROTEGERÁ

Cuando Audre Lorde supo que tenía un tumor con elevadas probabilidades de ser maligno, tomó conciencia profunda de su propia mortalidad y se vio obligada a revisar su vida a través de una nueva lucidez, llegando a la conclusión de que para lograr sus objetivos debía conseguir “la transformación del silencio en lenguaje y acción”, palabras que dan título a uno de sus ensayos más conocidos. “Iba a morir, si no antes o después, tanto si había hablado como si no. Mis silencios no me habían protegido. Tu silencio no te protegerá”, explicaba ella misma. 

Aquel tumor era benigno -aunque finalmente murió a los 58 años tras 14 de lucha contra el cáncer-, pero el tiempo que vivió puso en palabras sus propios sentimientos, lo que inspiraría a miles de personas en todo el mundo.

Convertir el silencio en lenguaje puede entrañar peligro pues, como decía la propia Lorde, la visibilidad conlleva mayores dosis de vulnerabilidad. “Empecé a reconocer una fuente de poder dentro de mí misma que proviene del conocimiento de que, aunque lo más deseable es no tener miedo, aprender a poner el miedo en perspectiva me dio una gran fuerza”, apuntaba.

Sin embargo, Lorde analizó los beneficios del miedo y de plasmar sobre el papel los sentimientos. Poner en palabras nuestras emociones es un acto de autorrevelación que nos conecta con el manantial de nuestra fuerza interior, explicaba en sus textos. Cada intento de traducir las verdades que buscaba, además, le habían puesto en contacto con otras mujeres de distintas razas, edades o tendencias sexuales con las que compartía lo que ella definía como “una guerra contra las tiranías del silencio”.

LO ERÓTICO COMO PODER

Uno de los elementos clave del pensamiento de esta feminista histórica es el erotismo. Para la poeta, este se encuentra instalado en una dimensión femenina y espiritual, pero también sepultado bajo la opresión del sistema que silencia cualquier energía que los oprimidos puedan irradiar en favor del cambio. Desde su punto de vista la existencia de lo erótico en las mujeres ha sido tachada de sospechosa y despreciable llegando a hacer creer a las mujeres que solo suprimiéndolo conseguirán sobrevivir según las normas de la sociedad.

Tal es la importancia que otorga la poeta a lo erótico que en su ensayo Usos de lo erótico: lo erótico como poder (1978), Lorde señalaba como falsa la dicotomía entre lo espiritual y lo político. Y es precisamente el erotismo el que tiende puentes entre una idea y otra a través de la sensualidad y el amor en todas sus definiciones. “Para mí, lo erótico es como una semilla que llevo dentro. Cuando se derrama fuera de la cápsula que lo mantiene comprimido, fluye y colorea mi vida con una energía que intensifica, sensibiliza y fortalece toda mi experiencia”, explicaba.

Desde su punto de vista, alcanzar el poder de lo erótico supone entrar en contacto con una energía creativa que nos lleva a autoafirmarnos a partir de gestos que desencadenen cambios genuinos y reales. O lo que es lo mismo, es una manera de vivir más allá de las cadenas clasistas, machistas, racistas y anti eróticas.

LA POESÍA NO ES UN LUJO

Esa energía creativa con la que entramos en contacto a través del eros, se canaliza, según Lorde, mediante el cultivo de la poesía. Desde su manera de pensar, la poesía, entendida como el uso de la imaginación en un sentido más amplio, ayuda a poner en palabras ideas veladas que no tienen nombre ni forma, pero que laten en la conciencia. “Todas y cada una de nosotras, las mujeres, poseemos en nuestro interior un lugar oscuro donde nuestro auténtico espíritu oculto crece y se alza, hermoso y sólido como un puntal contra nuestra pesadilla de debilidad e impotencia”, afirmaba.

Ella lo define y lo defiende como una “reveladora destilación de la experiencia” que no debería ser un lujo para las mujeres, pues supone una necesidad vital. Primero se ponen en palabras, apuntaba la poeta, después se convierten en ideas y finalmente se manifiestan en acciones duraderas.

Insistía de nuevo con su ensayo La poesía no es un lujo (1978) en la necesidad de compartir con otras mujeres las viejas y las nuevas ideas, así como infundir confianza las unas en las otras. Y apostaba por la creencia en la madre negra universal que susurra en sueños: “siento, luego puedo ser libre”.

En definitiva, Audre Lorde fue una luchadora por la igualdad y la libertad, términos que continúan mostrándose incompletos en muchas partes del mundo.

Imagen de portada: Gentileza Cordon Press

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic. Por Marisa Fatás. Febrero 2021.

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Clara Campoamor: una vida de lucha por los derechos de la mujer

HISTORIA DEL SUFRAGISMO EN ESPAÑA

La Segunda República Española, proclamada en 1931, supuso el mayor intento reformista en la historia de España hasta aquel momento. Entre las propuestas progresistas se encontraba la de extender el derecho de voto a las mujeres, una reivindicación liderada por la abogada Clara Campoamor.

Resolved lo que queráis, pero afrontando la responsabilidad de dar entrada a esa mitad de género humano en política, para que la política sea cosa de dos, porque solo hay una cosa que hace un sexo solo: alumbrar; las demás las hacemos todos en común, y no podéis venir aquí vosotros a legislar, a votar impuestos, a dictar deberes, a legislar sobre la raza humana, sobre la mujer y sobre el hijo, aislados, fuera de nosotras”. Era el año 1935 cuando Clara Campoamor escribía estas palabras en El voto femenino y yo: mi pecado mortal, una obra en la que exponía la lucha por el derecho de voto de las mujeres y en la que había invertido muchas horas los años anteriores. En diciembre de 1931 había sido aprobada la nueva Constitución que reconocía ese derecho, un triunfo logrado tras muchas dificultades y decepciones.

UNA VIDA DE MILITANCIA POLÍTICA

Nacida en Madrid el 12 de febrero de 1888, Clara Campoamor tuvo que abrirse paso desde muy pequeña en una sociedad especialmente dura para las mujeres: la muerte de su padre la obligó a empezar a trabajar cuando apenas tenía diez años. Puede que fuera esta desgracia, no obstante, la que la forzara a buscarse la vida y conseguir un empleo público como profesora de mecanografía con solo 26 años.

“Clara Campoamor consiguió un trabajo como profesora de mecanografía con solo 26 años, empezó a frecuentar los ambientes intelectuales madrileños y entró en contacto con activistas feministas”

Fue precisamente en esta época cuando Clara empezó a frecuentar los ambientes intelectuales madrileños y entró en contacto con activistas feministas como la sufragista Carmen de Burgos. También empezó a escribir para el diario conservador La Tribuna, donde conocería a su futura compañera en las Cortes Españolas, Eva Nelken. Todo ello despertó en ella el interés por la política y en particular por la situación de la mujer. Empezó a colaborar en diversas asociaciones feministas, dando conferencias y escribiendo para la prensa.

Aunque el activismo feminista estaba presente en las grandes ciudades como Madrid y Barcelona, se trataba mayoritariamente de agrupaciones de carácter profesional y académico. La propia Campoamor, que se había licenciado en Derecho y había sido la segunda mujer en ingresar al Colegio de Abogados de Madrid después de Victoria Kent, participó en la fundación de dos de estas agrupaciones: la Federación Internacional de Mujeres de Carreras Jurídicas y el Instituto Internacional de Uniones Intelectuales.

EL SALTO A LA POLÍTICA

Sin embargo, en el panorama legislativo la alternancia de liberales y conservadores en el gobierno impedía la implantación real de medidas prácticas. Fue por ello que Clara Campoamor tomó la decisión de dar el salto a la política con el Partido Radical de Alejandro Lerroux. La influencia de sus compañeros liberales la llevó a entrar también al mundo de la masonería, un hecho que sería determinante para ella en un futuro próximo.

En las elecciones de 1931, que siguieron a la proclamación de la Segunda República, las mujeres pudieron presentarse aunque no votar. Campoamor resultó elegida junto con Victoria Kent, que se presentó por el Partido Radical Socialista. Parecía su mejor oportunidad para llevar los derechos de la mujer al ámbito legislativo. Sin embargo, sus propios compañeros pronto la empezarían a mirar con recelo.

“Campoamor no luchó solo por el voto de las mujeres sino también por el divorcio y la igualdad de los hijos e hijas nacidos fuera del matrimonio, además de la abolición de la prostitución.”

La primera lucha para lograr sus objetivos fue la redacción de la nueva Constitución republicana. Las expectativas de Clara eran ambiciosas y contemplaban no solo el voto de las mujeres sino el divorcio y la igualdad de los hijos e hijas nacidos fuera del matrimonio, además de la abolición de la prostitución. Incluso dentro de los sectores progresistas, había la opinión de que no sería fácil implantar cambios tan profundos en una sociedad muy machista e influenciada por un catolicismo muy conservador, especialmente en el medio rural. A pesar de ello, logró que se incorporara a la Constitución una gran parte de sus demandas, salvo lo relativo a la prostitución y al sufragio femenino.

LA CULMINACIÓN DE UN PROYECTO

La batalla por el voto de las mujeres no estaba del todo perdida, sin embargo, ya que finalmente se debatió en las Cortes a finales de ese mismo año. En ese momento se evidenciaron los recelos y el tacticismo de los partidos alrededor de su propuesta: más que defender u oponerse a los valores del proyecto, muchos grupos estaban más preocupados del beneficio electoral que podían sacar de ello.

A pesar de que el sufragio femenino fue finalmente aprobado, Clara Campoamor no ocultaba su decepción por lo que sentía como una traición de los suyos, el Partido Radical al que se había unido por sus ideales republicanos. Con la excepción de cuatro compañeros, su propio grupo le había negado el apoyo por miedo a que las mujeres españolas, según ellos muy influenciadas por la Iglesia, votaran mayoritariamente a los partidos conservadores -parte de los cuales, por ese mismo motivo, votaron a favor.

“Su antigua compañera Victoria Kent opinaba que antes de legislar había que cambiar profundamente la mentalidad de la sociedad española, o sus propuestas fracasarían.”

La mayor decepción para Clara, además de la falta de respaldo de su partido, fue la oposición de su antigua compañera Victoria Kent. Aunque ambas compartían ideales, estaban en desacuerdo sobre el camino para aplicarlos: Kent opinaba que antes que legislar había que trabajar mucho en el cambio de mentalidad de la sociedad española, o sus propuestas fracasarían. Su enfrentamiento era un reflejo del miedo que había por la fragilidad del proyecto republicano, en esos años previos a la insurrección militar, en los que a menudo pesó más el cálculo interesado que los ideales.

Ninguna de las dos renovó su escaño en las elecciones de 1933, aunque Alejandro Lerroux le ofreció a Clara un cargo como Directora General de Beneficencia y Asistencia Social. Sin embargo, dos decepciones más la llevaron a abandonar definitivamente la actividad política: la alianza del Partido Radical con la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), ganadora de las elecciones de 1933; y finalmente, la dura represión de la insurrección obrera en Asturias en octubre de 1934.

Alejandro LerrouxALEJANDRO LERROUX

La Constitución de 1812 reconoció por primera vez el derecho de las mujeres a ser elegidas como parlamentarias, aunque no a votar. Sin embargo, eran muy pocas en las Cortes y casi ninguna en el gobierno. Sentado en el centro de la fotografía está Alejandro Lerroux, líder del Partido Radical con el que se presentó Clara Campoamor.Cordon Press

EL EXILIO

Al estallar la Guerra Civil Campoamor se exilió en París, donde permaneció hasta 1955 trabajando como traductora. Sobre ella pesaba el peligro evidente, tras la victoria franquista, de ser republicana, feminista y lo peor a ojos del régimen, masona: por este último motivo se abrió un proceso contra ella, en el que habría sido condenada a 12 años de cárcel de haber regresado a España. Posteriormente se trasladó a Lausana (Suiza) para continuar con su actividad como abogada y allí murió en 1972.

“Por ser masona se abrió un proceso contra ella en el que habría sido condenada a 12 años de cárcel de haber regresado a España”

A lo largo de su exilio compaginó sus empleos con la escritura de diversas obras sobre el feminismo y, en particular, su experiencia en el ámbito político. En estas se muestra muy crítica con los parlamentarios, especialmente con los republicanos, quienes considera que obstaculizaron la mejor oportunidad que había existido para lograr una mayor igualdad de género. Una oportunidad que el franquismo echó abajo junto con su recuerdo, que solo en años recientes se ha recuperado a pesar de la gran importancia que tuvo como pionera de los derechos de la mujer en España.

Imagen de portada: Archivo

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic. Por Abel G.M. Periodista especializado en el ámbito de la historia y los viajes. Febrero 2020.

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Simone de Beauvoir, la filósofa existencialista y feminista.

MUJERES PIONERAS

Formada como filósofa en la universidad de La Sorbona de París, De Beauvoir se incluye entre los grandes pensadores existencialistas del siglo XX. La escritora francesa publicó en 1949 un libro que todavía hoy es una obra referente dentro del movimiento feminista.

“Este mundo ha pertenecido siempre a los hombres”. Publicado por primera vez bajo el sello de la editorial francesa Gallimard en 1949, así empezaba El segundo sexo, obra esencial de la filósofa existencialista Simone de Beauvoir que contiene en sus casi mil páginas todo lo que significó la tercera ola del feminismo que estalló con determinación durante la segunda mitad del siglo XX.

Como en la mayoría de seres humanos, en el relato de la vida de Simone de Beauvoir reinan las contradicciones. Nacida el 9 de enero de 1908, su familia pertenecía a la clase pudiente parisina aunque su situación económica era mala debido a las malas inversiones de su padre. A pesar de estas dificultades, Simone y su hermana recibieron una educación elitista y católica, doctrina que una joven De Beauvoir de 15 años rechazó con convencimiento.

Simone de Beauvoir (derecha) junto con su hermana Hélène y su madre en 1912, cuando la escritora tenía cuatro años.

SIMONE DE BEAUVOIR (DERECHA) JUNTO CON SU HERMANA HÉLÈNE Y SU MADRE EN 1912, CUANDO LA ESCRITORA TENÍA CUATRO AÑOS.Foto: Cordon Press

EMANCIPACIÓN FAMILIAR

El fuerte determinismo de su pensamiento liberal y de izquierdas la alejó de su familia, especialmente de su madre y del círculo de amigos al que supuestamente pertenecía. Pronto consiguió emanciparse y empezó estudios de filosofía y letras en la Universidad de París, la Sorbona. Desde su etapa de estudiante de instituto, Simone de Beauvoir destacó por su brillantez, una línea que mantuvo durante sus estudios superiores y que le permitió convertirse en profesora.

Su primer destino como docente fue Marsella pero, a pesar de que suponía su realización profesional, había un inconveniente. En La Sorbona había conocido a Jean Paul Sartre, con quien había establecido una relación amorosa, y el traslado suponía un duro alejamiento físico. Sin embargo, los principios de libertad y tolerancia sobre los que cimentaron su relación permitieron que ésta durase hasta la muerte de Sartre en 1980.

“Los principios de libertad y tolerancia sobre los que se cimentó la relación de Sartre y De Beauvoir fueron la base de su éxito”

Después de Marsella vino Ruán y, a continuación, su periplo como profesora la condujo de nuevo a París, donde siguió trabajando hasta la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). 

En 1943, un escándalo sexual que vinculaba a la filósofa con una alumna suya precipitó el fin de su carrera docente, aunque no el de su relación sentimental, pues las aventuras de Sartre y de De Beauvoir fueron consentidas por ambos a lo largo de toda su vida en común. Dos de las más importantes para ella fueron la que mantuvo durante varios años con el escritor estadounidense Nelson Algren y con el director de cine Claude Lanzmann, quien la acompañaría hasta su último aliento.

TRAS TERMINAR SUS ESTUDIOS DE FILOSOFÍA Y LETRAS EN LA UNIVERSIDAD DE PARÍS, SIMONE DE BEAUVOIR SE CONVIRTIÓ EN PROFESORA, UNA PROFESIÓN QUE LA LLEVÓ A TRABAJAR EN MARSELLA. EN LA IMAGEN SE LA PUEDE VER EN EL CENTRO RODEADA DE SUS ALUMNAS DEL LYCÉE MONTGRAND. Foto: CordonPress

UNA ESCRITORA CONSOLIDADA Y COMPROMETIDA

La siguiente etapa vital de Simone de Beauvoir estuvo marcada por su éxito como escritora y por la militancia política motivada por la deriva de la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias. En 1943 publicó su segunda obra titulada La invitada, que se convirtió en un gran éxito editorial y la animó a dedicarse a la escritura a tiempo completo.

Durante la contienda participó en programas de la radio libre de Vichy, y en 1945 fundó junto a Sartre y Merleau-Ponty la revista política Les Temps Modernes (Tiempos modernos), en alusión a la obra de Charles Chaplin. En sus ensayos se reafirma como una ferviente defensora del pensamiento marxista y existencialista, y del ateísmo como única visión del mundo espiritual.

Plenamente dedicada a su faceta de escritora y pensadora, emprendió una serie de viajes junto a Jean Paul Sartre que la llevarán a conocer a grandes personalidades del siglo XX vinculadas al comunismo como Fidel Castro y el Che Guevara en Cuba o Mao Zedong en China. Este periplo se alargaría hasta la década de 1960.

Tras conocer al también filósofo Jean Paul Sartre en la universidad, se estableció una relación sentimental entre ellos que nunca fue formalizada, pues ella rechazaba el matrimonio. La imagen sobre estas líneas fue tomada cuando la pareja visitaba Pekín en 1955.

TRAS CONOCER AL TAMBIÉN FILÓSOFO JEAN PAUL SARTRE EN LA UNIVERSIDAD, SE ESTABLECIÓ UNA RELACIÓN SENTIMENTAL ENTRE ELLOS QUE NUNCA FUE FORMALIZADA, PUES ELLA RECHAZABA EL MATRIMONIO. LA IMAGEN SOBRE ESTAS LÍNEAS FUE TOMADA CUANDO LA PAREJA VISITABA PEKÍN EN 1955. Foto: CordonPress

EL SEGUNDO SEXO

Con tres novelas y varios ensayos recibidos con éxito por el público y la crítica, en 1949 ve la luz una de sus obras cumbre: El segundo sexo. Publicado hace más de 70 años, las ideas que reivindica el texto siguen siendo hoy en día de plena actualidad. “No se nace mujer, se llega a serlo”, afirma De Beauvoir en el que se convirtió en libro de cabecera del feminismo. En él la autora explica que el sistema ha creado una construcción social de la idea de mujer basada en la biología, cuyos principios y diferencia entre sexos son utilizados para justificar una supuesta debilidad femenina.

“Defiende que la mujer debe ponerse al mismo nivel que el hombre, definiendo así el concepto básico de la teoría feminista”

La solución pasa por la emancipación de la mujer, con la libertad como concepto central y directamente vinculado con el existencialismo latente en toda su obra. Y, puesto que concluye que no hay diferencias entre géneros, no se trata de un enfrentamiento entre sexos, sino de una igualación, de ponerse al mismo nivel que los hombres; el punto de partida que define el movimiento feminista que ella misma revitalizó y revolucionó.

Portada de "El segundo" sexo publicado en 1949 por la editorial francesa Gallimard.

PORTADA DE «EL SEGUNDO» SEXO PUBLICADO EN 1949 POR LA EDITORIAL FRANCESA GALLIMARD. Foto: CC

De Beauvoir, en línea con sus principios, no podía entender la literatura sin compromiso político. Además de en El segundo sexo, así como en la mayoría de sus escritos, es algo que se hace evidente en la novela Los mandarines (1954), por la que recibió el Premio Goncourt, y que trata sobre como los intelectuales toman partido en la nueva realidad de pos guerra.

Durante su activismo político, se posicionó en contra del dominio colonial francés en Argelia, de la guerra de Vietnam y participó de manera activa en las protestas del Mayo del 68.

EXISTENCIALISMO HASTA LA MUERTE

En sus ensayos posteriores se puede identificar otro tema central y que de nuevo lleva implícito una fuerte relación con la filosofía existencialista como fue el acercamiento a la muerte mediante profundos análisis (e incluso apologías) de la vejez. Son ejemplo de ello Una muerte muy dulce (1964), La vejez (1970) o La ceremonia del adiós (1981), este último escrito en motivo de la muerte de Sartre en 1980.

Además de tratar temas tan polémicos para el momento como la eutanasia, Simone de Beauvoir siguió luchando de manera activa a favor del feminismo. En 1971 apareció como firmante de El Manifiesto de las 343, un documento compuesto por una lista de nombres de mujeres públicas que se habían sometido a un aborto. Mediante esta acción se pretendía reclamar el derecho al aborto, un hito que se conseguiría cuatro años después gracias a reinvindicaciones de este tipo.

Retratada en la terraza de un bar en 1978, De Beauvoir mantuvo su activismo también durante los últimos años de su vida. Trataba temas polémicos como la eutanasia y reivindicaba el derecho al aborto.

RETRATADA EN LA TERRAZA DE UN BAR EN 1978, DE BEAUVOIR MANTUVO SU ACTIVISMO TAMBIÉN DURANTE LOS ÚLTIMOS AÑOS DE SU VIDA. TRATABA TEMAS POLÉMICOS COMO LA EUTANASIA Y REIVINDICABA EL DERECHO AL ABORTO. Foto: Cordon Press

Durante los últimos años de su vida siguió escribiendo instalada en su casa de la calle Victor-Schœlcher, en París. Falleció el 14 de abril de 1986 a los 78 años y sus restos fueron enterrados en el cementerio de Montparnasse. Sabía que su muerte no iba reunirla con Sartre. “Así es.” Había afirmado, “Ya es demasiado bonito que nuestras vidas hayan podido juntarse durante tanto tiempo.”

Imagen de portada: Gentileza de Cordon Press

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic. Por Giomar Huguet Pané. Redactora. Enero 2022

Sociedad y Cultura/Mujeres pioneras/Biografías

Lou Andreas-Salomé, la filósofa libre

MUJERES PIONERAS

Salomé fue una de las mentes más brillantes de la generación de finales del siglo XIX. Hizo de puente entre la literatura, la filosofía y el psicoanálisis, y se ganó el amplio reconocimiento de los intelectuales de su época. Durante toda la vida defendió su libertad, considerándola la única forma de salvación personal.

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Lou Andreas-Salomé, filósofa, escritora y psicoanalista rusa, es una de las intelectuales más destacadas de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX. En el prefacio del libro Lou Andreas-Salomé: una mujer libre, Isabelle Mons la describe como “la encarnación de una mujer moderna que ganó su libertad (…) sin preocuparse por nada que no fuera encontrar el camino que conduce a una misma”. Caracterizada por su fuerte personalidad y sagaz intelecto, Lou Andreas-Salomé fue una de las primeras mujeres en ejercer el psicoanálisis y elaboró una amplia obra filosófica y literaria admirada aún en nuestros días.

INFANCIA EN RUSIA Y DESPERTAR INTELECTUAL

Salomé nació el 12 de febrero de 1861 en San Petersburgo, Rusia, en el corazón de una familia adinerada de expatriados alemanes protestantes, con profundas creencias religiosas. Su padre era Gustav von Salomé, un importante general del Ejército Imperial Ruso, y su madre Louise Wilm von Salomé. Lou fue la pequeña y única mujer de los seis hijos del matrimonio.

Pese a haberse criado en un ambiente religioso, Lou Andreas-Salomé perdió la fe a una edad temprana. En su libro Mirada retrospectiva (1951) narra cómo se quedó decepcionada cuando, de niña, “Dios no respondió a su pregunta de por qué un par de muñecos de nieve desaparecieron repentinamente bajo el sol”. Salomé estaba convencida de que Dios no existía, pero siempre consideró importante la religión, por eso se preguntaba: ¿es posible vivir sin fe?

Empezó a buscar respuestas en la educación recibida por el pastor protestante de su familia, pero su maestro no la convencía, por eso decidió cambiar de rumbo y estudiar con su opositor, Hendrik Gillot, un predicador alemán protestante pero poco ortodoxo. Gillot se convirtió en su guía intelectual y espiritual, abriéndole las puertas de la historia, la filosofía, la religión la literatura francesa y la alemana, e iniciándola en autores como Kant, Kierkegaard, Leibniz y Spinoza.

La joven Salomé estaba entusiasmada con sus estudios, pero todo cambió cuando Gillot, 25 años mayor que ella, casado y con dos hijos, se enamoró de ella y le propuso matrimonio. 

Decepcionada, Salomé lo rechazó y decidió dejar Rusia para ir a estudiar teología, filosofía e historia del arte a la Universidad de Zúrich, una de las pocas universidades europeas germanoparlantes en las que aceptaban a mujeres. Su madre la acompañó en este viaje.

LA JUVENTUD EN ROMA

La experiencia en Zúrich duró poco. Al verano siguiente, Salomé contrajo una enfermedad pulmonar que le hacía toser sangre y tuvo que dejar las clases. Los médicos le recomendaron que se trasladara a un lugar más cálido, asegurando que el clima ayudaría a la mejora de su salud. Fue entonces, a los 20 años, cuando escribió su famoso poema Himno a la vida, en el que expresaba sus ganas de superar la enfermedad para devorar el mundo.

Al conocerla, Nietzsche le dijo a Salomé: «¿De qué astros del universo hemos caído los dos para encontrarnos aquí el uno con el otro?»

Madre e hija, nuevamente, se mudaron a Roma. Fueron a vivir a la mansión de la escritora alemana feminista Malwida von Meyesenbug, una mujer muy conectada al círculo artístico e intelectual europeo. En el salón literario de Meysenbug, Salomé conoció al filósofo positivista y médico Paul Rée y al pensador Friedrich Nietzsche.

Tras coincidir en diversas ocasiones, Salomé, Rée y Nietzsche empezaron una profunda amistad. 

Al poco tiempo, los dos hombres, fascinados por la inteligencia y personalidad de Salomé, le pidieron la mano. Ella rechazó ambas propuestas, ya que sentía una aversión absoluta hacia el matrimonio y estaba decidida a no casarse y dedicar su vida a la filosofía. Sin embargo, Lou Andreas-Salomé estaba interesada en las mentes de sus dos amigos. Por eso les propuso vivir los tres juntos en una “comuna célibe intelectual”, en la que discutirían sobre filosofía, literatura y arte.

"La santísima trinidad" compuesta por Salomé, Rée y Nietzsche

«LA SANTÍSIMA TRINIDAD» COMPUESTA POR SALOMÉ, RÉE Y NIETZSCHE. Foto: CC

LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Nietzsche apodó al grupo “la santísima trinidad” y empezaron una vida juntos viajando por Italia, Suiza y Alemania. Esta aventura escandalizó a sus familiares y amigos, que consideraban que una convivencia de ese tipo violaba las leyes morales. Tanto Richard Wagner, antiguo amigo de Nietzsche, como Elisabeth Nietzsche, su hermana, criticaron duramente a “la santísima trinidad”.

Llegados a un punto del viaje, Nietzsche le pidió a Salomé de nuevo que se casara con él, a lo que Salomé contestó que “no se casaría con él ni en ese momento ni en el futuro”. Como Nietzsche no quería perder a Salomé, aceptó su rechazo y propuso que los tres amigos se hicieran una foto para sellar “la santísima trinidad”. De ese momento se conserva la icónica y excéntrica imagen tomada en Lucerna en la que Lou Andreas-Salomé aparece subida a una carreta, blandiendo una fusta mientras sostiene a modo de riendas una cuerda a la que están atados Paul Rée y Friedrich Nietzsche.

Al final, el idilio intelectual de Salomé nunca se llegó a consolidar, dadas las interferencias románticas de sus dos compañeros. En octubre, después de llegar a Leipzig, los amigos decidieron separarse. Nietzsche se trasladó a Turingia, lugar al que Salomé lo fue a visitar varias veces y donde mantuvieron largas conversaciones sobre “Dios y el mundo”. Rée se mudó a Berlín, donde vivió con Salomé durante varios años.

En Berlín, la pensadora formó parte de un amplio círculo social de intelectuales en el que la apodaron “la dama de honor” por ser la única mujer. Colmada por esta vida dedicada a la reflexión, Salomé publica en 1885 su primer libro, titulado En la lucha por Dios, bajo el pseudónimo ‘Henri Lou’. Esta obra,aclamada por la crítica, la consolidó como escritora y, afortunadamente, desde entonces firmó siempre con su verdadero nombre.

En 1887 conoció a Friedrich Carl Andreas, un profesor de estudios orientales que le pidió que fuera su esposa. Salomé se oponía al matrimonio y Andreas a las relaciones abiertas que tenía ella, pero, al final, Lou aceptó la proposición, bajo una única condición: nunca tendrían relaciones íntimas entre ellos dos.

La escritora asumió el matrimonio como una nueva forma de libertad. Pasó largas temporadas viajando por Europa, frecuentando París, Viena y Múnich. Desarrolló una intensa actividad intelectual e, impulsada por su fuerza vital, tuvo diversos amantes. Aún así, Lou Andreas-Salomé vivió con Friedrich Carl Andreas hasta su muerte en 1930 y él cumplió su promesa de no tener relaciones íntimas durante sus 43 años de matrimonio.

Congreso de Weimar de la Asociación Psicoanalítica Internacional (1911)

CONGRESO DE WEIMAR DE LA ASOCIACIÓN PSICOANALÍTICA INTERNACIONAL (1911. Foto: CC

FILOSOFÍA, LITERATURA Y PSICOLOGÍA

En la década de 1890,Salomé publicó algunas de sus obras más reconocidas:Personajes femeninos de Henrik Ibsen (1892), una obra sobre la lucha de la mujer por el derecho de desarrollar su personalidad propia, Friedrich Nietzsche, el hombre y sus obras (1894), un estudio del carácter y filosofía de su amigo y, entre otras, Ruth (1895), su segunda novela. También triunfó como articulista con piezas como Jesús el judío, un artículo sobre la filosofía de la religión.

En 1897 Salomé conoció a Rainer Maria Rilke. En aquel momento, ella tenía 36 años y él 21. La filósofa se convirtió en su mentora, le enseñó ruso para que pudiera leer a Pushkin y Tolstoi, e incluso le llevó a Rusia para conocer al autor de Anna Karenina. De esta relación, que empezó como apasionado romance, pero pronto se convirtió en una fuerte amistad, se conserva en formato epistolar uno de los intercambios artísticos más fructíferos del siglo XX. Rilke dijo de Salomé que era “una mujer extraordinaria sin la cual mi propio desarrollo no me habría llevado a tomar los caminos que he tomado”.

Interesándose cada vez más por las pulsiones humanas, Salomé escribió en 1910 El erotismo, un ensayo en el que defiende las diferencias entre las mujeres y los hombres y sostiene que “una mujer no se libera compitiendo con los hombres y volviéndose como ellos, sino feminizando el mundo y logrando que los hombres encuentren y aprovechen su lado femenino”.

Salomé estudió y ejerció el psicoanálisis durante más de veinte años como discípula de Freud.

En 1911, la filósofa asistió al Congreso de Weimar de la Asociación Psicoanalítica Internacional, donde conoció a Sigmund Freud. Por aquel entonces, Salomé tenía 50 años y era una ensayista, crítica y novelista reconocida, y Freud tenía 55 y estaba abriendo camino para una nueva ciencia. Para Salomé, descubrir el psicoanálisis fue una auténtica revelación, ya que en él pudo identificar varias ideas que ella ya había intuido y esbozado en algunas de sus obras anteriores. Salomé ingresó en el Círculo Psicoanalítico de Viena y estudió esta disciplina durante más de veinte años, manteniendo una relación de respeto y admiración mutua con Freud.

A partir de entonces, se trasladó a la ciudad alemana de Gotinga, donde continuó expandiendo su obra y ejerció el psicoanálisis hasta la edad de 74, cuando su salud empeoró. Dos años después, el 5 de febrero de 1937, Lou Andreas-Salomé falleció. La pensadora dejó tras de sí una vasta producción en la que se combinan el universo científico y el humanístico, compuesta de más de doce novelas, un centenar de artículos y cincuenta ensayos, atravesados, todos ellos, por la voz de una mujer que luchó siempre por su libertad intelectual.

Imagen de portada: Gentileza de C.C.

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic. Por Aitana Palomar S.

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