Luciano Lamberti: «La literatura no da guita y por lo tanto es un espacio de libertad»

El autor de «La masacre de Kruger» reúne en «Gente que habla dormida» algunos relatos previos o inéditos en los que el terror genera una sensación de agobio y los personajes bordean la locura. 

El escritor cordobés Luciano Lamberti volvió a la escena de la literatura de terror con «Gente que habla dormida», un tomo de cuentos que reúne relatos previos y otros inéditos que construyen un mundo agobiante en el que los personajes sobreviven como pueden y cada tanto bordean la locura, bajo una prosa con gran sentido del humor.

«Todo lo que vos tenés como escritor son tus fortalezas y tus posibilidades. Yo tengo el sentido del humor, cierta ironía, y una imaginación medio loca», dice.

Lamberti es un cuentista minucioso, gracioso y libre. El humor y la acidez son sus principales herramientas y maneja este mismo registro en el encuentro personal. Utiliza una prosa ligera pero también efectiva para construir personajes que tienen conductas por momentos delirantes, bajo un trazo firme que dibuja la trayectoria de cada cuento.

En su literatura, el terror no es estático: va variando de elementos, de formas y de modos de afectar a sus personajes (y al lector). En algunos de sus cuentos es un horror que aparece como un golpe seco en la primera línea y te deja pasmado, no perdona; en otros, se eleva como una atmósfera que tiñe el relato muy suavemente, una incomodidad breve que funciona como velo.

Todos los cuentos que integran «Gente que habla dormida» (Penguin Random House) cumplen con una promesa tácita inicial: como si fueran una maldición, más tarde o más temprano, estallan. Aunque no fue planeado, dice el escritor, esta intensidad y frenesí negro es dosificado a través de algunos relatos realistas cortos, tipo viñetas, de amor, desamor y ternura que dan un respiro para seguir con la lectura. El flamante volumen reúne relatos previos como «El asesino de chanchos» y «El loro que podía adivinar el futuro» e incorpora inéditos como «Pequeños robos a la luz de la luna»,

En un bar del barrio porteño de Caballito, Lamberti pide que le elijan las mejores fotos para ilustrar la nota. «Alguna en que no parezca un monstruito, por favor», comenta entre risas pero con cierta verdad de fondo. Sus personajes son un poco monstruitos: intenta despegarse de ellos en la vida real. En la ficción, son su mejor creación.

– Télam: Hay algo en los cuentos de este tomo que sugieren «pueblo chico infierno grande» y personajes que parecieran no encontrarle un sentido a la vida. ¿Hay algo pensado bajo estas ideas?

– Luciano Lamberti: Sí… pero todos somos un poco prisioneros de nuestras identidades, ¿no? Y mucha de la literatura habla del pájaro en su jaula, de la persona que es prisionera de quien es. En la operación literaria se trata de que se le presente la oportunidad de escapar, o de que la prisión se vuelva más chiquita. O que no escape, porque es cómodo estar ahí. Respecto a lo de pueblo chico, lamentablemente siempre vuelvo a lo mismo: me encantaría escribir sobre Buenos Aires, me imagino que en algún momento lo haré. Sobre otra clase de experiencias, aunque me imagino que implica otra clase de historias. Flannery O’Connor decía que pensar a tus personajes geográficamente es cerca del 60% del trabajo, porque la ideología, la forma de ver al mundo, la forma de hablar y la forma de reaccionar frente a determinadas cosas tienen que ver con dónde nació. Esa es la gracia de estos personajes que tienen todas esas taras, son medios básicos, excepto por algunas cosas que hacen un poco raras. Y son medio conservadores. Me interesa mucho trabajar con personajes que están en la vereda opuesta de lo que yo pienso o en alguna cosa más indeterminada a nivel ideológico. No podría escribir sobre progresistas.

– T: ¿Por qué?

– LL: Porque lo que me es cercano es aburrido. (Carlos) Busqued decía que él no podía escribir desde Página 12, que tenía que escribir desde los nazis. No me interesa tanto la verdad como la belleza. Pienso, por ejemplo, en un personaje que vive con el marido que le pega, y de pronto se puede escapar porque una tía le regala plata. A mí en términos de verdad me encantaría que se escape, pero en términos de literatura me parece mucho más interesante que se cague, que sea cobarde, que pierda la plata. A veces uno siente que el personaje está demasiado de acuerdo con el autor, son demasiado amigos y hay un acuerdo tácito. Me parece más interesante explorar otras miradas sobre el mundo, más que la que tengo yo, o mis amigos, o la gente que sigo en Twitter.

– T: Hay cuentos más sensibles o de amor, como «Los ex hombres de mi vida» o «El cometa Haley», otros con un grado intermedio de extrañeza como «Pantalones de vestir», y otros oscuros como «La naturaleza del amor». ¿Cómo se construye el equilibrio entre todos esos registros tan diferentes?

– LL: No sé. Hay cosas que son para todo público y otras experiencias más fuertes, pero no fue algo deliberado. Sé que algunas cosas van a tener más potencia, o van a ser más impresionantes, y otras van a ser sencillamente cosas lindas. Me gusta escribir sobre el amor. Siempre me llamó la atención eso de tener un grado alto de intimidad con alguien, no verlo por un tiempo y después encontrarte a esa persona y no saber quién es. Eso implica que nosotros cambiamos realmente. «Los ex hombres de mi vida» es eso: las palabras que te quedan de las personas a las que amaste, como si te hubieran dejado un pedazo de ellos. Al final, ¿qué somos? Pedacitos de las personas con las que cogemos. O también de amigos. Muchos de esos son cuentos viejos, cortos, que escribí hace mucho. Había planeado hacer un libro con todos ellos juntos, y no funcionaba, porque eran todos breves, casi poemas. Entonces acá me sirvieron para ir cortando los largos.

– T: ¿Te sentís más cómodo en ese registro breve?

– LL: No. Las historias mismas te dan el ritmo del texto. Más largos, más cortos: es cuestión de seguirles el ritmo. El ritmo interno de lo que vas escribiendo es medio intuitivo, hasta que sale. Después corrijo mucho, lo reescribo si hace falta, pero la primera versión es súper de dejarse llevar.

Foto Alejandro Amdan

Foto: Alejandro Amdan.

– T: ¿Quiénes son tus referentes en este género, al que podríamos llamar «terror»?

– LL: Hay un montón de escritores argentinos que escriben género que son buenísimos. Desde Tomás Downey, Santiago Craig o Diego Muzzio, que acaba de sacar una novela que está buenísima que se llama «El ojo de Goliat». Él tiene además tres novelas cortas que se llaman «Las esferas invisibles» que son alucinantes, la historia de una peste que transcurre en Buenos Aires. Después diría que Julia Armfield, Alan Johnson y Karen Russell. Pero también leo un montón de realistas… para mí la literatura es una sola. No hay alta cultura, baja cultura. La gente que separa entre una película de Hollywood o una rusa: yo no soy así. No considero que haya un buen arte o mal arte como algo dado. De hecho me gustan mucho las comedias románticas, las amo. Me parece que tienen mucho más sentido que muchos libros de literatura contemporánea.

– T: ¿Entonces qué dirías de los géneros hoy?

– LL: Los géneros ya no existen como tal. Las personas ya se dieron cuenta que en literatura se puede hacer lo que uno quiera, siempre que esté bueno. Después de haber pasado por una época con más reglas, los escritores entendieron que les chupa un huevo. Se puede mezclar: diría que no buscando originalidad, sino más bien renovación. Yo pienso las cosas a veces desde un género y a veces desde, no sé, el extrañamiento. Un tipo que se pone una máscara y anda mirando personas es un cuento realista. La otra es el realismo ramplón, que a veces es un poco nivelar para abajo, pero también es un género.

– T: Hay algunos cuentos en los que hay referencias históricas y políticas: el peronismo, Eva Perón, la guerra. ¿Cómo entra ese registro en historias más flasheras?

– LL: Para hacer contraste con lo más delirante. Es como usar índices de realidad. Nombres de calles, marcas de cigarrillos, programas de tele o épocas históricas. Eso le da más sensación de conexión al lector con lo que está leyendo. Pero lo hago naturalmente, no es algo que medite mucho. No le tengo miedo a lo trivial. Si tengo que citar a Roberto Galán lo voy a hacer, no para ser bizarro, sino porque el cuento lo necesita.

– T: En una entrevista dijiste que te interesa profundizar en estímulos formales y temáticos. ¿Podrías profundizar esto?

– LL: No tengo idea. Básicamente cambiar para no aburrirme, no repetirme, no volver a los mismos cuentos una y otra vez. No aburrirme con algo que no me da guita. Si me diera guita lo pensaría. Siempre digo en joda que publico un libro por año para tener alumnos en los talleres. No se puede vivir de la escritura, lo cual tiene cosas buenas y cosas malas. Lo bueno es que te da la libertad de que siga siendo un juego, y lo malo es que no le dedicás todo el tiempo que le podrías dedicar. La literatura no me da guita y por lo tanto es un espacio de libertad. Hoy está medio de moda el terror, pero yo hace 10 años que estoy escribiendo esto. No me estoy subiendo a ningún tren, hago lo que me divierte y lo voy a seguir haciendo y si me copa hacer algo realista lo haré también. Esto es como seguir un conejo que se va y no sabés a dónde va a ir. No tengo nada planificado.

– T: ¿Cómo se logra esa combinación de ambientes densos, pesados, con ese registro algo ácido y con grandes momentos de humor?

– LL: Me sale. No hago ningún esfuerzo. Es más, quisiera a veces tener menos humor, porque se los toman en joda. Con «El loro» me pasa mucho: hay gente con poca sutileza que lo entiende como un cuento de humor, cuando es un loro que golpea a una prostituta, entre otras cosas. Todo lo que vos tenés como escritor son tus fortalezas y tus posibilidades, en el sentido de que podés escribir algunas historias y otras no. Y tenés algunos encantos. Yo tengo el sentido del humor, cierta ironía, y una imaginación medio loca. Esas son mis herramientas.

Imagen de portada: Luciano Lamberti reúne relatos de terror. Foto: Alejandro Amdan.

FUENTE RESPONSABLE: Télam Digital. Por Josefina Marcuzzi. Junio 2022

Sociedad y Cultura/Argentina/Literatura/Novelas/Narrativa/Nuestros escritores.

Literatura y pintura hermanadas.

José María Merino es uno de los autores actuales capaces de transitar por los distintos géneros literarios con destreza sin par. Libros de cuento, novela, ensayo, microrrelato y poesía avalan la afirmación anterior. Noticias del Antropoceno (2021) ha sido su incursión más reciente en la narrativa breve, un conjunto de cuentos donde se evidencia el impacto del Homo sapiens en el ecosistema global y se constata, con gran imaginación, que la acción destructora de los humanos sobre nuestro planeta debe tomarse en serio. En La novela posible, regresa a la extensión larga con una ficción sobre la pintora renacentista Sofonisba Anguissola, y su biografía se entrelaza magistralmente con otros relatos de rigurosa actualidad.

El interés del autor por los siglos XVI y XVII españoles viene de lejos. Aparecía en la trilogía de Las crónicas mestizas que narraban las aventuras del protagonista mestizo por tierras americanas. Más adelante, Las visiones de Lucrecia (1996) relataba las peripecias del personaje real Lucrecia de León durante el reinado de Felipe II —los sueños de la joven conectan con este motivo sobresaliente en la obra meriniana—. Musa décima (2016) rescata la figura de Oliva Sabuco, autora del apasionante volumen Nueva filosofía de la naturaleza del hombre, publicado a finales del siglo XVI, que se atribuyó, sin embargo, a su padre a principios del XX. Y no es casual que una tercera mujer, Sofonisba, protagonice La novela posible. El “enamoramiento” del autor ficcional por esta pintora responde a su calidad artística y humana, como se explicita en la historia.

«La relación entre imágenes y textos en la obra de Merino es recurrente»

La novela posible conjuga una novela histórica (la biografía de Sofonisba Anguissola), una autoficción (notas del confinamiento, desde el 11 de abril de 2020 hasta el 23 de mayo) y una última sección, “Terapia de Tere”, que es un relato sentimental a modo de diario anárquico del personaje. 

Están entrelazadas con extraordinaria lucidez —ahí destaca la maestría del escritor— por la figura de la pintora. Los veintiún capítulos (se menciona el hexagrama 21 del I Ching, línea esotérica con la que juega el autor) responden a una estructura bien determinada: alternancia de las tres líneas narrativas interrelacionadas a través de la figura de Sofonisba, cada una —según el tipo de texto— con una perspectiva diferente de tercera, primera y segunda personas. Resaltamos el uso del punto de vista de segunda persona en la obra de José María Merino. 

Lo ha utilizado en cuentos y novelas —entre estas últimas sobresale El río del Edén, Premio Nacional de Narrativa 2013—, y aparece en la novela actual en los capítulos de “Terapia de Tere”. Este desdoblamiento reflexivo del yo produce una misteriosa lejanía plagada de sugerencias para el lector.

La relación entre imágenes y textos en la obra de Merino es recurrente. En Cuentos del libro de la noche, a cada minicuento le acompañaba un dibujo o un cuadro manipulado por él; también en su discurso de ingreso a la Real Academia Española, en 2009, fundamentaba la narración en la visión de una pintura; y en esta ocasión, se reproducen en el libro los cuadros pintados por Sofonisba Anguissola que se mencionan en la ficción biográfica. La écfrasis relaciona de forma exquisita la descripción narrativa y las imágenes, y así el lector afronta un “lenguaje visible”, expresión acuñada por W. J. T. Mitchell en Picture Theory (1994), que implica el discurso de la pintura y de la visión en nuestra interpretación de la expresión verbal. En base a esta estrecha conexión, podemos trasladar a la literatura la afirmación que la ficción atribuye a Anton van Dyck: “La pintura no solo interpreta la realidad sino que la fija” (pág. 240).

«La tríada ficcional se complementa y unifica de modo admirable en esta novela sobre el pasado y el presente, sobre aspiraciones y desengaños».

La ambigüedad entre el pacto autobiográfico y el pacto novelesco, característica de la autoficción, se comprueba en el relato de los casi dos meses de confinamiento, con detalles de la evolución de la pandemia, referencias al enfrentamiento entre los partidos políticos, vivencias familiares y actividades profesionales del escritor, entre otros asuntos. La intertextualidad sobresale en este ámbito con interesantes alusiones a la obra cervantina, galdosiana y a novelas emblemáticas de ciencia ficción —El sol desnudo, de Isaac Asimov, por ejemplo—. A raíz de este título, es plausible declarar que la literatura se adelanta a la realidad. Por otro lado, en el ámbito metaliterario, constante en la obra meriniana, se encuadran varios microrrelatos muy sugerentes, producto del autor ficcionalizado, donde predomina una fantasía liberadora y subversiva.

El personaje pintor de los capítulos de la tercera línea, ególatra y cínico, constituye otro genuino engarce —al contrastarlo con la famosa pintora— entre las tres esferas narrativas. En la historia sentimental protagonizada por él y Tere se entrecruza, asimismo, la experiencia pandémica y se incorpora así una nueva perspectiva.

La tríada ficcional se complementa y unifica de modo admirable en esta novela sobre el pasado y el presente, sobre aspiraciones y desengaños de los seres humanos en cualquier época, sobre felicidad y desgracia, miedos y valentía, sobre pandemia y normalidad. José María Merino, una vez más, dialoga con los lectores y los fascina con su encantamiento narrativo.

Imagen: Portada de la “La novela posible” de José María Merino

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Compañía. Por Ángeles Encinar. Editor: Arturo Pérez Reverte. Mayo 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/Novela/Narrativa/José María Merino

Las mejores obras de la literatura rusa que todo el mundo debería leer. Segunda parte.

Hay ciertos libros que siempre están en listas de » libros que debes leer « y similares, y estos libros son generalmente dos cosas: viejos y complejos.

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07 de 19

«Guerra y paz», de León Tolstoi

Realmente no se puede hablar de literatura rusa sin mencionar la obra maestra de Tolstoi . Los lectores modernos a menudo olvidan (o nunca supieron) que esta novela fue un evento explosivo en la literatura, un trabajo experimental que rompió muchas reglas anteriores sobre lo que era o no era una novela, lo que estaba o no permitido . Podrías pensar que esta historia ambientada durante y después de la Guerra Napoleónica, una guerra en la que Moscú estuvo tan cerca de ser tomada por el dictador francés, es un ejemplo de literatura vieja y aburrida, pero no puedes estar más equivocado. Sigue siendo un libro vigorosamente inventivo que ha influido en casi todas las novelas importantes escritas desde entonces.

08 de 19

«The Slynx», de Tatyana Tolstaya

Si cree que la literatura rusa son todos los salones de baile del siglo XIX y patrones de habla anticuados, no está mirando lo suficientemente cerca. La obra épica de ciencia ficción de Tolstaya se desarrolla en el futuro después de que «The Blast» destruyera casi todo y convirtiera a un pequeño número de supervivientes en inmortales, que son los únicos que recuerdan el mundo antes. Es un trabajo de ideas fascinante y poderoso que ilumina no solo cómo los rusos ven el futuro, sino cómo ven el presente.

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«La muerte de Iván Ilich», de León Tolstoi

Hay algo primordial y universal en esta historia de un funcionario gubernamental exitoso y respetado que comienza a experimentar un dolor inexplicable y poco a poco se da cuenta de que se está muriendo. La mirada inquebrantable de Tolstoi sigue a Iván Ilich a través de su viaje desde la leve irritación hasta la preocupación, la negación y finalmente la aceptación, todo sin siquiera comprender por qué le está sucediendo. Es el tipo de historia que se queda contigo para siempre.

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«Dead Souls», de Nikolai Gogol

Si está buscando comprender la cultura rusa en algún sentido, puede comenzar aquí. La historia de Gogol se refiere a un funcionario de finales de la era zarista encargado de viajar de una propiedad a otra para investigar a los siervos muertos (las almas del título) que todavía figuran en el papeleo. Preocupado por lo que Gogol vio como el declive terminal de la vida rusa en ese momento (solo unas décadas antes de la revolución que destruyó el status quo), hay mucho humor negro como la tinta y una mirada reveladora a cómo era la vida en Rusia antes. la edad moderna.

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El maestro y Margarita, de Mikhail Bulgakov

Considere esto: Bulgakov sabía que podía ser arrestado y ejecutado por escribir este libro y, sin embargo, lo escribió de todos modos. Quemó el original con terror y desesperación, luego lo recreó. Cuando finalmente se publicó, estaba tan censurado y editado que apenas se parecía al trabajo real. Y sin embargo, a pesar de las circunstancias aterradoras y claustrofóbicas de su creación, » El maestro y Margarita » es una obra de genio oscuramente cómica, el tipo de libro en el que Satanás es el personaje principal, pero todo lo que recuerdas es el gato que habla.

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«Padres e hijos», de Ivan Turgenev

Como muchas obras de la literatura rusa, la novela de Turgenev se ocupa de los tiempos cambiantes en Rusia y de la creciente brecha generacional entre, sí, padres e hijos. También es el libro que trajo el concepto de nihilismo a la vanguardia, ya que traza el viaje de los personajes más jóvenes desde un rechazo instintivo de la moral tradicional y los conceptos religiosos a una consideración más madura de su posible valor.

13 de 19

«Eugene Onegin», de Aleksandr Pushkin

Realmente un poema, pero un poema notablemente complejo y extenso, » Eugene Onegin » ofrece una visión sombría de cómo la sociedad produce monstruos recompensando la crueldad y el egoísmo. Si bien el complicado esquema de la rima (y el hecho de que sea un poema) puede ser inicialmente desagradable, Pushkin lo logra con maestría. Si nos proporciona la historia de la oportunidad, se le olvida rápidamente acerca de las singularidades formales y dejarse atrapar por la historia de una aristócrata aburrido a principios del 19 º siglo cuya ensimismamiento le hace perder a cabo en el amor de su vida.

Continuará…

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

FUENTE RESPONSABLE: Literatura rusa. Febrero 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Obras/Libros/Narrativa/Sinopsis.

Las mejores obras de la literatura rusa que todo el mundo debería leer. Primera parte.

Hay ciertos libros que siempre están en listas de » libros que debes leer « y similares, y estos libros son generalmente dos cosas: viejos y complejos.

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Después de todo, el nuevo éxito de ventas de esta semana suele ser de fácil lectura por la sencilla razón de que forma parte del espíritu actual: no es necesario esforzarse mucho para obtener las referencias y comprender las relaciones de forma más o menos intuitiva. Incluso los libros más ambiciosos que se encuentran en los estantes de las tiendas en este momento son bastante fáciles de «conseguir» porque hay aspectos familiares en el estilo y las ideas, el tipo de cosas sutiles que marcan algo como fresco y actual.

Los libros en las listas de lectura obligada tienden a no solo ser obras literarias profundas y complejas, sino que también tienden a ser obras más antiguas que han sobrevivido al paso del tiempo por la razón obvia de que son mejores que el 99% de los libros publicados. Pero algunos de esos libros no son simplemente complejos y difíciles, también son muy, muy largos . Seamos francos: cuando empiezas a describir los libros como complejos, difíciles y largos , probablemente te refieres a la literatura rusa.

Vivimos en un mundo donde «Guerra y paz» se usa a menudo como abreviatura genérica de una novela extremadamente larga , después de todo, no es necesario haber leído el libro para obtener la referencia. Y, sin embargo, deberías leer el libro. La literatura rusa ha sido durante mucho tiempo una de las ramas más ricas e interesantes del árbol literario, y ha estado suministrando al mundo novelas increíbles y fantásticas durante dos siglos, y continúa haciéndolo. Porque si bien esta lista de “debe leer” la literatura rusa incluye un montón de los clásicos de la 19 ª siglo, también hay ejemplos de la 20 ª y 21 st siglo – y son todos los libros que realmente, realmente debería leer.

01 de 19

«Los hermanos Karamazov», de Fyodor Dostoevsky

La discusión sobre qué novela es la más importante de Dostoievski puede extenderse hasta límites insanos, pero » Los hermanos Karamazov « siempre está en la carrera. Es complicado Sí, hay muchos hilos y conexiones sutiles en esta extensa historia de asesinato y lujuria, pero … es una historia de asesinato y lujuria . Es muy divertido, que a menudo se olvida cuando la gente discute la asombrosa forma en que Dostoievski combina temas filosóficos con algunos de los personajes mejor dibujados que jamás se hayan puesto en la página.

02 de 19

«Día del Oprichnik», de Vladimir Sorokin

Algo que los lectores occidentales a menudo malinterpretan es cómo el pasado informa el presente de Rusia; es una nación que puede rastrear muchas de sus actitudes, problemas y cultura actuales desde hace siglos hasta la época de los zares y los siervos. La novela de Sorokin sigue a un funcionario del gobierno a través de un día de terror y desesperación estándar en un futuro donde el Imperio Ruso ha sido restaurado, un concepto que resuena poderosamente entre los rusos de hoy en día.

03 de 19

«Crimen y castigo», Fyodor Dostoevsky

El otro increíble clásico de Dostoievski es un estudio en profundidad de la sociedad rusa que sigue siendo sorprendentemente actual y eternamente genial. Dostoievski se propuso explorar lo que él vio como la brutalidad inherente de Rusia, contando la historia de un hombre que comete un asesinato simplemente porque cree que es su destino, y luego se vuelve loco de culpa. Más de un siglo después, sigue siendo una poderosa experiencia de lectura.

04 de 19

«La vida de ensueño de Sukhanov», de Olga Grushin

La novela de Grushin no recibe la misma atención que, digamos, «1984», pero es igualmente aterradora en la forma en que describe lo que es vivir en una dictadura distópica. Sukhanov, que una vez fue un artista en ascenso, renuncia a sus ambiciones para seguir la línea del Partido Comunista y sobrevivir. En 1985, un anciano que ha logrado sobrevivir a través de la invisibilidad y el estricto cumplimiento de las reglas, su vida es un caparazón vacío sin sentido, una existencia fantasmal donde no puede recordar el nombre de nadie porque simplemente no importa.

05 de 19

«Anna Karenina», de Leo Tolstoy

Desde su línea de apertura imperecedera sobre familias felices e infelices, la novela de Tolstoi sobre los enredos románticos y políticos de tres parejas sigue siendo notablemente fresca y moderna. En parte, esto se debe a los temas universales del cambio social y la forma en que las personas reaccionan a las expectativas cambiantes, algo que siempre será significativo para las personas de cualquier época. Y en parte se debe al enfoque fundamental que tiene la novela en asuntos del corazón. Cualquiera que sea el aspecto que le atraiga, vale la pena explorar esta densa pero hermosa novela.

06 de 19

«El tiempo: noche», de Lyudmila Petrushevskaya

Esta intensa y poderosa historia se presenta como un diario o diario encontrado después de la muerte de Anna Andrianovna, que detalla su lucha cada vez más sombría y desesperada por mantener unida a su familia y apoyarla a pesar de su incompetencia, ignorancia y falta de ambición. Esta es una historia de la Rusia moderna que comienza deprimente y empeora a partir de ahí, pero en el camino ilumina algunas verdades fundamentales sobre la familia y el autosacrificio.

Continuará…

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

FUENTE RESPONSABLE: Literatura rusa. Febrero 2022.

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