La neuroplasticidad cerebral es básica para la salud de nuestro cerebro: este es el entrenamiento que más nos ayuda a trabajarla según la ciencia.

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La salud cerebral y nuestra neuroplasticidad es básica no solo para nuestro día a día, sino también para asegurarnos de tener un envejecimiento saludable y lo más activo posible. Una mayor neuroplasticidad nos ayuda a aprender nuevas habilidades, a crear recuerdos o a recuperarse de lesiones cerebrales.

La pregunta es, ¿cómo mejoramos la neuroplasticidad de nuestro cerebro? La respuesta podría estar en el entrenamiento físico. Al menos eso es lo que sugieren las investigaciones al respecto. Un nuevo estudio, publicado en Journal of Science and Medicine no solo indica los beneficios que el deporte tiene para el cerebro, sino incluso qué tipo de rutina puede beneficiarnos más.

Para la investigación se contó con 128 participantes, mujeres y hombres saludables de entre 18 a 65 años. Ninguno de ellos tenía dificultades o enfermedades neurológicas o fisiológicas. Se monitoriza los cerebros de estos participantes después de tan solo un ejercicio aeróbico en una bicicleta estática y en una cinta de correr.

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Durante la sesión de ejercicio en la bicicleta estática o en la cinta de correr, la intensidad fue variando desde ejercicio continuo de baja intensidad hasta ejercicio de intervalos de alta intensidad, por lo que el ritmo cardíaco varió siendo de entre el 50 y el 90 por ciento de intensidad.

Lo que encontraron fue que los mayores cambios en neuroplasticidad cerebral se daban o bien con 20 minutos de entrenamiento de intervalos o bien con 25 minutos de entrenamiento aeróbico moderado continuado.

Para los investigadores sería evidente que la realización de deporte ayuda a mejorar la neuroplasticidad del cerebro. La duda que quedaba por responder era qué tipo de entrenamiento y con qué duración sería más efectivo. Tanto el entrenamiento de intervalos de alta intensidad como el aeróbico moderado parecen ayudar en un tiempo similar. Posiblemente nuestra mejor opción sea, de nuevo, combinar ambos entrenamientos.

Imagen de portada: Gentileza de Vitónica.iStock.

FUENTE RESPONSABLE: Vitónica. Ejercicios que benefician las capacidades cognitivas. Razones para disminuir el estrés así como la ansiedad. Como hacer para evitarlo. Por Iria Reguera @iriarequera

Erwin Neher, Premio Nobel de Medicina: 

“La curiosidad es algo que todos tenemos de niños, un investigador es alguien que logra conservarla de adulto”

Desde que estaba en la secundaria, Erwin Neher, por pura curiosidad, desarmaba radios y relojes para ver cómo funcionaban sus mecanismos eléctricos.

Luego aprendió que el cuerpo humano también tiene electricidad, un dato que le pareció tan fascinante que lo llevó a estudiar biofísica, una área de la ciencia que se ocupa de los fenómenos eléctricos en los organismos vivos.

A Neher le llamaba la atención que algo como la electricidad, la cual se manipula con cables, transistores y resistencias, también pudiera ocurrir en un cuerpo humano, que está lleno de líquidos y sin ningún metal.

Neher (Alemania, 1944) estudió física en la Universidad Técnica de Múnich, medicina en la Universidad de Göttingen (Alemania) y se especializó en fisiología en la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU.).

Lo que nació como una inquietud de adolescente, en 1991 lo llevó a ganar el Premio Nobel de Medicina, que recibió junto a su colega Bert Sakmann.

Durante décadas, Neher y Sakmann habían estudiado la manera en que las células intercambian mensajes eléctricos.

De esa manera, lograron desarrollar técnicas para medir las corrientes eléctricas que atraviesan las membranas celulares.

Gracias a ese descubrimiento, se han podido desarrollar una gran cantidad de fármacos, entre ellos algunos para tratar enfermedades como el párkinson, el alzhéimer y la fibrosis quística.

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Neher ha dedicado su vida a estudiar las señales eléctricas que circulan entre las células.

Hoy, a sus 77 años, Neher sigue convencido de que la curiosidad fue lo que le permitió alcanzar la mayor distinción en la ciencias, y en sus charlas en escenarios mundiales siempre aconseja a los jóvenes mantenerse curiosos.

Actualmente, Neher es el director del Instituto Max Planck de Química Biofísica en Alemania.

En BBC Mundo conversamos con Neher acerca de la curiosidad y la ciencia.

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¿Qué es la curiosidad, una cualidad o un hábito?

Creo que es una cualidad todos tenemos, particularmente los niños. Ellos quieren explorar el mundo, quieren averiguar, ensayar cosas.

Un investigador es alguien que preserva esa curiosidad cuando es adulto. Es alguien cuya mente está cautivada por las ganas de saber, de probar, de entender algo.

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¿Cree que a medida que crecemos vamos perdiendo la curiosidad?

Sí, a medida que envejecemos tienden a ponerse en primer plano cosas como mantener a tu familia o tener solvencia económica, cosas como esas.

Cuando envejeces quizás tienes la sensación de que las posibilidades de encontrar algo nuevo o de lograr una experiencia nueva disminuyen, pero como científico siempre estás confrontado por nuevas preguntas, nuevas ideas.

¿Usted tiene un método para mantenerse siempre curioso?

Creo que se trata simplemente de mantenerse intentando cosas nuevas.

En el caso de los niños, se trata de dejarlos hacer cosas por ellos mismos, de que averigüen por ellos mismos las leyes de la física.

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Para Neher, la clave es no perder la curiosidad que todos tenemos de niños.

¿Cree que los sistemas educativos estimulan la curiosidad?

En la universidad creo que no mucho. Tradicionalmente, la idea es transmitir conocimiento establecido.

Luego, en las prácticas, los estudiantes pueden intentar cosas y encontrar maneras de resolver ciertos problemas.

Más adelante, en los estudios doctorales o en las tesis de maestría, los estudiantes se enfrentan a retos que definitivamente despiertan la curiosidad.

Un buen número de estudiantes, no todos, desarrollan esta curiosidad, es una buena oportunidad para hacerlo.

¿Y qué se podría hacer para estimular más la curiosidad en las universidades?

Creo que tiene que ver con la forma de enseñar. Es decir, que no sea solo lo que llamamos educación frontal, esa en la que el profesor censura y dice lo que él piensa que es la verdad y los estudiantes tienen que aceptarla.

En cambio, puede ser una educación más interactiva, en la que se hagan preguntas y los estudiantes intenten encontrar sus propias respuestas a ciertos problemas.

Creo que eso es lo principal.

Universidad

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La curiosidad es un buen primer paso, pero, ¿cómo llevarla a un nivel que dé frutos?

Como investigador, tienes que encontrar tú mismo cuál es la pregunta que quieres resolver.

Un investigador necesita una curiosidad que lo atrape en una idea en la que prácticamente no pueda dejar de pensar.

Eso es lo más importante, identificar el problema que quieres solucionar y mirarlo desde distintos ángulos.

Luego, haces experimentos de los que se derivan preguntas más específicas.

En el laboratorio puedes responder algunas de estas preguntas, a menudo fallas, el experimento no te dice lo que esperabas, o no te dice nada nuevo.

Eso, por supuesto, es decepcionante, pero si sigues pensando en esas preguntas haces algunos ajustes para arreglar lo que no funcionó y, si tienes suerte, funciona.

Erwin Neher

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Un investigador necesita una curiosidad que lo atrape en una idea en la que prácticamente no pueda dejar de pensar”

Erwin Neher

Premio Nobel de Medicina, 1991

Idealmente, todos quisiéramos ser más curiosos e intentar cosas nuevas, pero a veces la rutina, el tipo de trabajo o las necesidades apremiantes no lo permiten. ¿Qué hacer en ese caso?

Bueno, no tengo esa experiencia porque he sido un investigador toda mi vida.

Pero me imagino que las compañías pueden fomentar una cultura en la que las iniciativas de los empleados sean reconocidas, y que sean recompensados por innovar o implementar mejoras.

Me refiero a cualquier medida que vaya en contra de la rutina, que vaya en contra de que la gente haga lo mismo todo el día.

Usted sostiene que un aspecto clave para el éxito es el buen manejo del tiempo. ¿Cómo maneja su tiempo?

Como investigador, tu trabajo es tu hobby, y tu hobby es tu trabajo.

Eso significa que, aparte de tu trabajo, hay poco tiempo para otras cosas.

Si tienes una familia, un pasatiempo o quieres participar en actividades con tus amigos, tienes que usar el tiempo que te queda de tus labores de investigación de manera efectiva.

Como investigador, por supuesto que quieres tener bastante tiempo para tus experimentos, para lidiar con el problema que quieres resolver.

Pero también te ves forzado a hacer otras cosas, como leer literatura, escribir postulaciones a becas. Tienes que enseñar si estás en la universidad. Hay muchas cosas que se comen tu tiempo.

Tienes que esforzarte para hacer estas cosas de manera eficiente, de manera que puedas separar tiempo para lo que realmente quieres ser.

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El manejo del tiempo es clave en la carrera de un investigador científico.

Usted es un gran defensor del estudio de las ciencias básicas, cuyo objetivo es producir conocimiento, sin que necesariamente tenga una aplicación específica. ¿Cómo defender esas áreas en un mundo en el que el mercado y la tecnología exigen soluciones prácticas?

Mucha gente cree que uno debe elegir entre investigación básica o investigación aplicada.

Pero no se trata de elegir, es cuestión de encontrar el balance correcto entre ciencias básicas y ciencia aplicada.

La ciencia básica se trata de crear conocimiento nuevo. Si tienes conocimiento nuevo que surgió en tu laboratorio, tienes muchas más posibilidades de encontrarle una aplicación, o lo que la gente llama una innovación.

Usted compara a los científicos con los artistas, ¿a qué se refiere?

Un científico, al menos uno que tenga éxito en ser un investigador líder, es alguien que hace cosas que salen de sí mismo, a diferencia de alguien que está empleado y tiene que hacer lo que el superior o la compañía quiere que haga.

Entonces me refiero a una persona que se dedica a cosas que él mismo ha creado, similar a un artista que sigue sus propias ideas y sentimientos.

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¿En esta etapa de su vida qué le causa curiosidad?

Bueno, acabo de cumplir 77 años y creo que es tiempo de concluir, de recolectar las ideas que he tenido en los últimos 20 años y tratar de llegar a conclusiones sobre los problemas en los que he trabajado.

Eso tiene que ver con los mecanismos básicos de comunicación entre las neuronas.

Me parece fascinante cómo trabaja el cerebro, pero no es algo fácil. El trabajo diario en el laboratorio no se enfoca en las grandes ideas acerca del cerebro, si no, muy a menudo, en detalles de los mecanismos de cómo una neurona le envía una señal a otras neuronas.

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Neher está interesado en conocer mejor el funcionamiento del cerebro humano.

En este año que lleva la pandemia de coronavirus, ¿qué reflexiones ha hecho sobre el papel de la ciencia y la medicina en la sociedad?

La pandemia nos dice, una vez más, que la base de nuestra vida es la biología, que estamos sujetos a que ocurran cosas relacionadas con la biología.

La pandemia es un evento biológico, y creo que nos dice que debemos estar preparados.

Debemos investigar más acerca de cómo se esparce la infección, cómo se desarrolla la pandemia.

La pandemia nos muestra, una vez más, lo importante que la ciencia básica es para nuestra vida.

¿Qué consejos le daría a los jóvenes que se quieren dedicar a la investigación científica?

Los jóvenes que se quieran dedicar a la ciencia deben averiguar por sí mismos si tienen la habilidad de sumergirse en un problema, de dejarse cautivar por un problema.

Una vez identifiquen ese problema, los estudiantes deben tratar de ingresar a un laboratorio, en cualquier parte del mundo, donde se esté investigando este problema de la mejor manera posible.

Imagen: Gentileza de Festival Puerto de Ideas

FUENTE. BBC News MUNDO – Por Carlos Serrano – Neurociencia – Cerebro – Investigación – Sociedad – Mundo

 

Dígame con qué sueña y le diré lo que recordará su cerebro.

Alexander Luria era el mejor neuropsicólogo de Rusia y su caso más famoso fue un periodista. Si el jefe de redacción daba indicaciones, todos tomaban notas, excepto Shereshevsky. 

Cuando le increparon, el chico lo repitió palabra por palabra. Asustado, el jefe le rogó que visitara a un psicólogo, y Luria comprobó que tenía hipermnesia. Podía recordar todo lo que ocurría, fórmulas y páginas enteras, incluso años después: su cerebro no era normal.

Los cerebros normales necesitan un periodo de consolidación de los recuerdos. Durante el sueño, los contenidos relevantes se reciclan y consolidan. 

Los circuitos que conectan el hipocampo y la corteza se recombinan mientras dormimos. Una función esencial del sueño es seleccionar qué recordar y qué olvidar. Cada fase del sueño es importante para consolidar un tipo de información.

La fase de sueño NREM inicia el proceso del dormir. Al principio, las ondas son rápidas y el sueño, superficial. 

Luego, el sueño se hace profundo y las ondas cerebrales más lentas. Esta etapa es importante para consolidar habilidades sensoriales (distinguir señales visuales) y habilidades motoras (bailar, practicar deportes).

La fase REM se caracteriza por movimientos oculares muy rápidos y ensoñaciones más vívidas, casi una película. Esta fase aumenta su duración cuando estudiamos. Sirve para guardar conocimientos abstractos y también episodios muy emocionales.

El cerebro dirige

La película del sueño parece montada por un director excéntrico, tipo David Lynch. Este director, obviamente, es nuestro cerebro.

La amígdala es una estructura pequeña, escondida en el interior del lóbulo temporal. Es la encargada de marcar los contenidos emocionales, es la música que da el tono emocional. 

¿Por qué el argumento del sueño nos parece surrealista o absurdo? Los protagonistas son eventos destacables del día. Si están cargados de emoción, tienen probabilidades de ser elegidos en el casting.

En paralelo, cada neurona puede combinarse con miles de millones. 

Las neuronas activas pueden llamar a antiguas amigas. Los neurocientíficos dicen que las neuronas son muy ruidosas. Por este motivo, se activan muchas conexiones adyacentes. Son actores secundarios que rellenan nuestros sueños. Y así, junto a eventos del día, aparecen personas o escenas familiares que hace tiempo no veíamos.

Entonces, ¿qué significan nuestras ensoñaciones? 

No hay que prestar tanta atención al argumento –esa historia intrigante que Freud intentaba descifrar–, ya que es debido a la presencia del azar en el proceso. Unos contenidos emocionales llaman a otros episodios de tono emocional similar.

Lo esencial es la emoción predominante, el tema de la película.

Si el sueño es una comedia, probablemente viva usted un momento feliz. Si es de terror, el miedo está presente durante el día. Si es un thriller, puede haber ansiedad. Todo el montaje ocurre de forma inconsciente e involuntaria. 

La mayoría de las veces, no lo recordamos al despertar. En este aspecto, Freud tenía razón. La película se rueda sin público, en el inconsciente. ¿Nadie la ve? Si la escena es muy intensa, el cerebro nos despierta antes de tiempo. Ya hay un espectador en la sala. Nuestra consciencia.

Sueño y memoria

En realidad, todas las fases parecen interaccionar de forma mucho más compleja y contribuir a la consolidación. 

Incluso la alternancia entre las fases de ondas lentas y el sueño REM juega un papel en los recuerdos de las experiencias. Por ello se dice que el procesamiento de la memoria es dependiente del sueño.

En resumen, el cerebro se ocupa de mantener viva la información importante. Imaginemos un profesional que, tras una noche sin dormir, no recuerda ninguna de sus tareas pendientes. 

El sueño cumple este objetivo, sintetizar lo relevante. Estos datos se repasan, se resumen y están disponibles al despertar.

Además, el dormir cumple muchas otras funciones, relacionadas con la higiene neuronal. Dormir poco, menos de entre 5 y 8 horas, constantemente, se asocia con un incremento de la mortalidad. 

No tema dormir, no perderá el tiempo, pues mientras usted descansa su cerebro trabaja de muy diferentes formas. El sueño favorece la creatividad y la resolución de problemas. 

La literatura ha recogido muchos sueños famosos que reflejan esta función. 

Por encargo del poeta Lord Byron, Mary Shelley tenía que escribir un relato. Tras una pesadilla, nació Frankenstein. El poeta Samuel Coleridge soñó un largo poema sobre Kubla Khan, lo que maravillaba a Borges. En el campo de la química, Mendeléyev confesó que se le había ocurrido la tabla periódica durante un sueño.

Por cierto, ¿qué fue del periodista Shereshevsky? No tuvo una carrera brillante. Su cerebro tenía demasiadas conexiones extrañas. 

Una mancha le recordaba una fórmula; un número tenía sabor o forma y se convertía en un hombre con bigote. Todos los sentidos se interconectaban y las informaciones se mezclaban. 

Esta sinestesia le impedía pensar bien, centrarse en el presente. Carecía de un cerebro normal, como el nuestro, que ejecutase la tarea de seleccionar lo importante.

Durante un tiempo, ofreció espectáculos circenses en locales de Moscú. 

Aun así, el pobre seguía sin saber cómo deshacerse de lo accesorio. Una simple tos le distraía, ya que no podía olvidar nada. No dejó de visitar a Luria y, al final, acabó conduciendo un taxi. 

Olvidar lo accesorio también es esencial para vivir el presente.

FUENTE: THE CONVERSATION – Neurociencia – Cerebro

Imagen: Gentileza The Conversation

¿Tú cómo planteas el verano?

¿Te das tiempo para desconectar, para descansar, para no hacer nada en concreto? 

¿O planteas las vacaciones con un programa de actividades tan preciso que parece un informe laboral? 

A continuación, reflexionamos sobre la filosofía de la inacción, sobre la importancia de no hacer nada en verano.

¿Eres capaz de quedarte quieto en una habitación sin hacer nada durante un cuarto de hora? Parece fácil, pero no lo es tanto. La aplicación de los fundamentos del trabajo al resto de los órdenes de la vida ha provocado que busquemos productividad en nuestras relaciones sentimentales, en el modo en el que criamos a nuestros hijos o en nuestro ocio. Cuanto antes aprendamos a no hacer nada, antes volveremos a disfrutar de nuestro ocio, antes volveremos a tomarnos el trabajo de vivir. 

No hacer nada: la filosofía de la inacción 

No hacer nada en verano

No hacer nada en verano. Fuente: Pixabay

Sin móvil, sin la última serie de Netflix, sin olas, sin estímulos, solo tú y la pared. ¿Estás preparado? Quedarse quieto en una habitación supone enfrentarse a uno mismo, a tus propios pensamientos. Por eso muchas personas sienten pavor a la conjunción de soledad con falta de actividad: nos obliga a estar frente a nosotros mismos, y a menudo no nos gusta lo que vemos. 

La ansiedad por permanecer en movimiento, por actuar, por hacer, se ha convertido en una de las características más definitorias de nuestro tiempo. La importancia que se da al trabajo, no solo como fuente de ingresos, sino como principal fuente de satisfacción y felicidad, influye decisivamente en esta peligrosa ansiedad por encontrar rendimiento en todos los actos de la vida. 

“Para vivir, ¿es necesario atarearse tanto? Si el hombre fuera capaz de quedarse quieto en su habitación por un cuarto de hora. Pero no: tiene que hacer esto, y aquello, y lo otro y lo de más allá. Entretanto, ¿quién se toma el trabajo de vivir? ¿De vivir por vivir? ¿De vivir por el gusto de estar vivo, y nada más?”.   

OCIO DE LUIS CERNUDA.

Si a esto añadimos la plena consolidación de la era de la información con sus toneladas de información y estímulos, con el móvil como principal arma de información masiva, tenemos un escenario que complica mucho la desconexión, que cada vez está más cerca de la abolición del tiempo.   

Y es que a menudo nos quejamos cínicamente de que no tenemos tiempo, cuando la realidad es bien distinta. No queremos tener tiempo porque presentimos que no sabríamos qué hacer con él. Por eso, muchas personas convierten las vacaciones en nuevo trabajo, con un programa de actividades tan preciso que parece un informe laboral. Sin duda, ese no es el camino adecuado para desconectar. 

Los beneficios de no hacer nada en verano 

No hacer nada en verano

No hacer nada en verano. Fuente: Pixabay

Mientras Luis Cernuda se toma el trabajo de vivir, el resto de los mortales vivimos trabajando, con un mes de vacaciones. Aunque cada vez se imponen más las vacaciones cortas y espaciadas en el tiempo, es un hecho que el verano aún se mantiene como el momento ideal para las vacaciones. Ahora bien, ¿tú como planteas las vacaciones? ¿Te das tiempo para desconectar, para descansar, para no hacer nada concreto?  

Un cierto grado de intensidad, incluso de estrés, es imprescindible para poder trabajar adecuadamente. Por desgracia, a menudo esa intensidad se nos va de las manos provocando un exceso de estrés o ansiedad. Es el temor a la procrastinación, uno de esos conceptos tan agriados por los gurús de nuestro tiempo que se está convirtiendo en altamente sospechoso.

Y esta es una de las razones por las que saber descansar en vacaciones es tan importante: disminuimos la intensidad de nuestro ritmo de vida para recuperarnos de situaciones de estrés excesivo. 

Desde luego que cada persona descansa a su manera, y algunos de vosotros a buen seguro que solo sois capaces de desconectar conectando con nuevos estímulos, pero es un hecho que nuestro cerebro y nuestro cuerpo necesitan descansar, parar un poco… resetear, aplicando un término propio de esta nuestra era de la información. 

No hacer nada en veranoNo hacer nada en verano. Fuente: Unsplash

Si en un momento dado te descubres a ti mismo en vacaciones en una terraza con la mirada perdida sin pensar en nada concreto es que has conseguido algo que no está al alcance de cualquiera hoy en día: desconectar, no hacer nada, simplemente contemplar, que ya es mucho. 

Existe otro término popular que define muy elocuentemente esta actitud propia de las vacaciones: recargar las pilas. Durante meses hemos estado trabajando, hemos vivido con una alta intensidad, y necesitamos energía renovada. Y la única manera de conseguirla es desconectando, algo que también se consigue más fácilmente si estamos en otro escenario diferente al habitual. Puede ser una playa, puede ser un sendero, una montaña. Verano, en definitiva. 

Los riesgos de no hacer nada en verano 

El síndrome postvacacional, una consecuencia no deseada de “no hacer nada” en verano. Fuente: Unsplash

¿Existe el síndrome postvacacional?

Aunque, desde un punto de vista teórico, la desconexión y el descanso sean tan decisivos para nuestra salud física y mental, es un hecho que muchas personas sufren indeciblemente cuando regresan a su ritmo de vida habitual tras un periodo de vacaciones. Es el síndrome postvacacional que se manifiesta con depresión, fatiga, insomnio, etc. 

Para sortear este síndrome debemos intentar un retorno progresivo al ritmo de vida cotidiano, teniendo un especial cuidado con la alimentación y el sueño: se trata de adaptar, poco a poco, tanto las comidas como las horas de sueño al ritmo de vida propio del trabajo.

Por eso se recomienda no volver al trabajo de lunes porque la semana se nos puede hacer muy larga y no tratar de rendir los primeros días como estamos acostumbrados. En definitiva, darnos tiempo para volver. Otra opción es no volver, pero eso ya conlleva otro tipo de riesgos…

Y recuerda que, como dijo Blaise Pascal, “todos los problemas de la humanidad provienen de la inhabilidad del ser humano de sentarse solo sin hacer nada en una habitación”. Aprende a desconectar, aprende a contemplar, aprende a no hacer nada, que es hacer mucho, tal vez más que nunca.  

FUENTE: Microsismos -Psicología- Neurociencias – Desarrollo personal /Hábitos- Por David Rubio