CULTURA. «Transparencia y misterio de las lacas» de Beatriz Vallejos.

Justa reescritura de la historia del arte  

Un libro y una exposición sitúan en el canon contemporáneo, aunque en forma extemporánea, la obra pictórica (y otros trazos) de la gran poeta santafesina.

Pasado mañana y el próximo jueves, por la tarde, puede visitarse en Iván Rosado (Córdoba 2670) una exposición de lacas de la poeta y pintora Beatriz Vallejos que celebra la edición del libro que la editorial Iván Rosado, tras años de investigación en torno a esas obras, acaba de publicar. 

El libro se titula Transparencia y misterio de las lacas, al igual que los dos ensayos de Vallejos que incluye, pero contiene mucho más que eso. Es «el» libro que consagra a Vallejos (Santa Fe, 1922 – Rosario, 2007) como artista multimedia, arrojando además algunos nuevos rayos de luz sobre la gran poeta que fue. 

Si BEV pintora era inseparable de BEV poeta, si ambas eran una misma mirada en busca de una única transparencia, no por eso su pintura merecía ser tenida por un capricho amateur, injusticia que le endilgó el modernismo feroz de su época. 

A la representativa y variada selección de lacas donde la pintora expresa sus hallazgos de una atmósfera cromática y anímica; a la paradoja de un instante captado en decenas de capas de un material y una técnica que pedían la paciencia en la espera del secado y la insistencia del lijado (y que por eso, por la suma de sus transparencias, capta lo fugaz e inefable de la «atmósfera»), se le suman en la edición unos tesoros que sitúan su obra, extemporáneamente por así decir, en un canon contemporáneo del que es precursora.

La edición reconstruye en formato libro, y como «apuntes para», aquel experimento casi desconocido, El pincel (2000), pensado por Beatriz Vallejos como «espectáculo poético-audiovisual» y también como un «libro imagen de lacas, poemas, coplas y canciones de la distancia, el eco y el silencio». 

Una sabia decisión editorial reproduce los textos, junto a cada laca, en la caligrafía original de la poeta. Todo eso y mucho más estaba en una carpeta que es sólo una parte de su legado. 

El libro incluye por primera vez en letra de molde los poemas del «poemario en íconos» La hamaca (2002), pintados directamente con un pincel fino en los «íconos» o retablos de madera que también se reproducen en esa sección. «Lo que quiero expresar» es un statement en prosa poética. 

La «receta de cocina» (como bromea la autora) de la técnica de la laca, que Beatriz aprendió de Carlos Valdés Mujica, figura en detalle en una carta que constituye una separata, suelta, dentro del libro. El secreto técnico es revelado así a los lectores de la obra en una ficción de intimidad, como en susurros. 

Su hijo Rubén, presente en la inauguración del jueves pasado al igual que su hija Elena y otros de sus descendientes, contó que su madre preparaba sus lacas en la cocina y que trabajaba por rachas, sin un ritmo constante ni un espacio de taller. Contó también que Valdés Mujica, al contrario, no paraba de trabajar, y llevaba sus pinceles y sus materiales a la exposición para seguir produciendo.

La edición se completa con fotos color y en blanco y negro pertenecientes a su archivo; un epílogo de Marina Maggi y Pablo Serr; una entrevista que le hizo Irina Garbatzky y que se publicó en La Capital en 2004, y una breve biografía donde se consignan aparte sus exposiciones, sus publicaciones y «otros materiales» (videos documentales y otros proyectos en torno a su obra). 

En los ’60, hubo un período intenso de sus exposiciones en galerías y participaciones en salones, y en los años ’90 no fue menos vigorosa su labor docente y artística en su casa taller «Costa de Antón», un semillero de lakistas hoy perdidos. 

Contó en la inauguración su amiga Celia Fontán, poeta, que, en sus últimos años en Rincón, BEV regalaba sus obras a vecinos. En este siglo se expusieron lacas en el homenaje de 2003 en la UNR y en una exposición colectiva, La disfunción de los escritores, que organizó el espacio Iván Rosado con la artista Claudia Del Río en el Museo Castagnino. 

La selección de obras de esta muestra abarca varios períodos y formatos: sus poemas-ícono del 2000, pinturas informalistas de los ’60 y ’70, y una obra en madera de su serie El grito. Allí, el vacío en el espacio corresponde figurativamente a una boca abierta y literalmente al nudo extraído del tronco del árbol (este dato fue obtenido en Santa Fe, de un coleccionista que posee otra obra de la serie). 

Estas son páginas que la historia del arte de la región debió incluir antes; a celebrar, pues, este rescate. La poeta y pintora Ana Wandzik (gestora, con su compañero Maxi Masuelli, de Iván Rosado y de la edición) se preguntaba, el jueves, qué pasó que su época no pudo ver una bella obra plástica cuyos temas y formas (el Litoral y los lenguajes informalistas y abstractos) estaban tan en sintonía con su tiempo y lugar. 

¿Fue la audacia de mezclar la pintura con objetos y textos? Eso, hoy, la vuelve más actual que cualquiera de sus contemporáneos.          

Imagen de portada: Archivo 1963

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Cultura. Por Beatriz Vignoli

Literatura/Nuestros escritores/Homenajes

 

La carta de Cortázar a Pizarnik

París, 9 de septiembre de 1971

Mi querida: Tu carta de julio me llega en septiembre, espero que entre tanto estás ya de regreso en tu casa. Hemos compartido hospitales, aunque por motivos diferentes; la mía es harto banal, un accidente de auto que estuvo apunto de. Pero vos, vos, ¿te das realmente cuenta de todo lo que me escribís? Sí, desde luego te das cuenta, y sin embargo no te acepto así, no te quiero así, yo te quiero viva, burra, y date cuenta que te estoy hablando del lenguaje mismo del cariño y la confianza -y todo eso, carajo, está del lado de la vida y no de la muerte.

Quiero otra carta tuya, pronto, una carta tuya. Eso otro es también vos, lo sé, pero no es todo y además no es lo mejor de vos. Salir por esa puerta es falso en tu caso, lo siento como si se tratara de mí mismo. El poder poético es tuyo, lo sabés, lo sabemos todos los que te leemos; y ya no vivimos los tiempos en que ese poder era el antagonista frente a la vida, y ésta el verdugo del poeta. Los verdugos, hoy, matan otra cosa que poetas, ya no queda ni siquiera ese privilegio imperial, queridísima. Yo te reclamo, no humildad, no obsecuencia, sino enlace con esto que nos envuelve a todos, llámale la luz o César Vallejo o el cine japonés: un pulso sobre la tierra, alegre o triste, pero no un silencio de renuncia voluntaria.

Sólo te acepto viva, sólo te quiero Alejandra. Escribíme, coño, y perdoná el tono, pero con qué ganas te bajaría el slip (¿rosa o verde?) para darte una paliza de esas que dicen te quiero a cada chicotazo.

Julio

Imagen de portada: Gentileza de Slideshow

FUENTE RESPONSABLE: El buen librero. Publicado el: 25 noviembre 2021.

Julio Cortázar/Alejandra Pizarnik

Cómo sobrevivió la humanidad a otras pandemias.

Un libro fascinantes que explica cómo las enfermedades transformaron a la humanidad: hábitos, costumbres, y cómo las sociedades trascendieron aprendiendo una de la otra. El mensaje central: al final, todo pasa.

«En el mundo en toda la historia vivieron alrededor de 100 mil millones de personas. Algunas hipótesis sostienen que la mitad de ellas murieron de malaria. Esto la convierte en una de las principales protagonistas de la historia de la humanidad», dice Juan Manuel Carballeda, autor de «Fiebre» en El Gato y la Caja. 

«Fiebre» es un libro que propone un recorrido por las grandes epidemias que arrasaron la tierra: la viruela, la gripe española, el cólera, la peste negra y otras tantas ocasiones en las que la humanidad tuvo que buscar la manera de sobrevivir.

Se trata del segundo libro de Juan Manuel Carballeda y brinda una perspectiva diferente de las enfermedades: explora con una mirada científica y sin dramatismo el impacto que tienen las pandemias en la sociedad a través de las historias que dejan a su paso. 

En una nueva etapa del coronavirus, «Fiebre» busca poner en contexto a esta pandemia, compararla con las anteriores y entender qué aprendió y qué no la humanidad de todas ellas. ¿El mensaje central? Al final, todo pasa y la vida continúa. 

«Quizás un día, alguna otra persona aficionada a la historia agarre este libro y descubra que fue escrito íntegramente durante la pandemia de SARS-CoV-2. Con un poco de suerte, le será útil para reconstruir, siquiera un poco, este extraño período. Estos tiempos febriles», expresó el autor. 

El Gato y la Caja es una organización de investigación, comunicación y diseño cuyo contenido es Creative Commons, es decir, accesibles para todos a través del internet. Por este motivo, el libro entero está en formato ebook gratuito en su página web

Por qué leerlo

Un libro con datos fascinantes que explica cómo las pandemias y epidemias transformaron a la humanidad entera: hábitos, costumbres, y cómo las sociedades y las culturas trascendieron aprendiendo una de la otra. 

Ideal para leer en estas épocas y entender un poco mejor el contexto que engloba a la actual pandemia. El mensaje central: al final, todo pasa.

Sobre el autor 

Juan Manuel Carballeda nació en Buenos Aires, el 1º de marzo de 1984. Es Doctor en Biología, docente de la Universidad de Buenos Aires e investigador del Conicet. Trabaja principalmente con virus. Es miembro de El Gato y La Caja, donde se destacó como conductor de «Coronavirus | Breve podcast de la pandemia» y colabora con otros medios gráficos y audiovisuales. 

Imagen de portada: Gentileza de

FUENTE RESPONSABLE: Entre Líneas. Libros y apuntes.

Literatura/Pandemias en la Humanidad/Nuestros escritores

 

Gabriela Eunice: «Escribir es para mí un modo de recuperar mi lengua».

En su primera novela, la autora, que es una argentina que reside en Dinamarca, explora las emociones que producen el amor y el desamor, el desarraigo y la búsqueda de la propia identidad en un texto que alterna el pasado y el presente y la mirada de tres narradores diferentes. 

Gabriela Eunice nació en Buenos Aires y estudió arquitectura pero reside en Copenhague desde 2015.

La Costa Atlántica, la Costanera porteña y las frías aguas de Copenhague son los paisajes que se alternan como escenarios en “Busco extras para actuar en mis sueños”, la primera novela de Gabriela Eunice, una argentina residente en Dinamarca. Pero a cada uno de ellos le corresponde también un vínculo que le es propio en una serie creciente que va de la amistad y el amor filial a las relaciones violentas.

La historia de Amanda, una mujer emigrante toma elementos de la vida de la autora, sus amigas y las entrelaza con anécdotas inventadas en un caleidoscopio de sensaciones amables, melancólicas e incluso dolorosas. La sigue de cerca un narrador que la conoce profundamente, le cede su voz para que por momentos el texto se vuelve intimista y confesional, y adopta una segunda persona para aconsejar y hasta adoptar un tono admonitorio para con la protagonista.

“Busco extras para actuar en mis sueños” fue editada a fines de septiembre por Inguz Editorial con la consigna de “hacer un libro sostenible” impreso en papel reciclado, pero además el 15 % de las ganancias por su venta son donadas al Fondo de Mujeres del Sur.

Gabriela Eunice González Alcalde nació en Buenos Aires y se recibió de arquitecta en la Universidad de Buenos Aires. Estudió música y canto y en 2019 estrenó una performance literaria-musical titulada “Amanda”. Desde julio de 2015 y después de varios viajes por América, Europa y Asia reside en Copenhague, Dinamarca.

En la primera semana de octubre la autora presentó su novela en el Festival de Literatura de Copenhague que reunió a autores latinoamericanos, españoles y portugueses y contó con el auspicio de las Embajadas de España y Portugal.

Sobre los alcances de una historia que describe una experiencia de desarraigo e incomunicación pero también de violencia de género, en la que la escritura ofrece una posibilidad de salvación y de recuperación de la identidad, conversó la autora con Télam. A continuación, los principales tramos de la entrevista.

-Télam: ¿En la historia que narras hay una relación en la que se produce violencia de género? ¿Cuánto hay de autobiográfico y cuánto de ficción?

-Gabriela Eunice: Tiene un poco de autobiográfico y otro poco, no. Lo que es autobiográfico es que Amanda es una persona migrante de Argentina que se muda a Copenhague. Eso sí lo puedo situar en el ámbito autobiográfico. Después, cada una de las pequeñas historias que van pasando entre los personajes, no todas son necesariamente autobiográficas. Muchas cosas de las que escribo también las he tomado de biografías de otras personas. Hay anécdotas de otra gente que me gustan y también las he incorporado a la historia pero también hay cosas que he inventado.

-T: ¿Favorece la violencia el hecho de que se trate de una mujer migrante?

-G.E.: Creo que no importa donde vivas, creo que hay cosas que se perciben de igual modo en todo el mundo, no importa el lugar en el que vivas. En este caso no es una novela que yo escribí para hablar necesariamente de la violencia de género pero sí trata el tema. Amanda tiene herramientas pero no importa dónde vivas o a qué estatus social pertenezcas, la violencia puede estar presente en cualquier situación y obviamente hay situaciones más privilegiadas que otras para poder salir de eso. El hecho de poder contar esta historia es un modo de generar mayor conciencia acerca de cuáles son los modos de salir de la espiral de violencia.

-T: ¿La diferencia de lenguas genera incomunicación y quizás violencia?

-G.E.: La incomunicación no tiene por qué llevar a la violencia . Hay algo que la protagonista se plantea todo el tiempo que es que ella dice haber perdido la lengua por no saber cómo comunicarse . Creo que el tema de la incomunicación no reside tanto en que hablen lenguas diferentes sino en lo que Amanda dice al principio del libro, de que, muchas veces las personas intentamos comunicarnos con palabras sin darnos cuenta de que el modo más sensato de comunicarnos es a través de nuestros cuerpos y nuestros sentimientos.

Ahí hay una incomunicación entre Amanda y Josué que no tiene que ver con su lengua, sino con que son dos personas que no se entienden.

-T.:Hace años que vivís en Dinamarca y hablás danés, ¿por qué escribir en español que no es tu lengua cotidiana?

-G.E.: Justamente porque el español es mi lengua desarraigada, escribir en español me permite recuperar mi lengua materna. Por un lado tiene que ver con que cuando yo me mudé a Copenhague no conocía tanta gente que hablase español y escribir era para mí un modo de recuperar mi lengua, de encontrarme con mi idioma. Tampoco tenía acceso a tantos libros. La verdad es que me mudé con muy pocos libros acá y en aquel momento cuando vine, la única librería que tenía libros en español cerró y volvió a abrir otra recién hace dos meses. En todo ese tiempo escribir era encontrarme con mi lengua en un contexto en el que tenía pocas oportunidades.

-T.: Venís del ámbito de la arquitectura, ¿cuál es el aporte de esa disciplina a tu escritura?

-G.E.: No poemas ni cuentos sino textos académicos . Soy arquitecta y trabajé como docente de Historia y de Proyecto arquitectónico pero tuve la suerte de que en la Facultad de Arquitectura de la UBA muchos docentes incorporan textos literarios a la hora de hablar de arquitectura por eso me acostumbré incluso en la descripción de proyectos arquitectónicos a darle un lado más artístico y poético.

-T.: La historia de Amanda también dio origen a una performance de tipo teatral…

-G.E.: A fines de 2019 con la novela casi terminada, en proceso de corrección, Miguel Angel Crozzoliu. un amigo músico y compositor, me propuso hacer una obra de microteatro con fragmentos de la vida de Amanda. Aquella performance focalizó la historia del desamor de Amanda. Ella decía en aquel fragmento que extrañaba no conocerlo a Josué porque cuando lo conoció lo vio como realmente era, su peor costado.

-T.: El texto incorpora términos que son netamente porteños como “changüí” y otros más ligados al español neutro, como “grifo” en lugar de “canilla”, ¿Amanda habla la lengua del desarraigo, una construcción artificial que comparten muchos emigrantes?

-G.E.: Ese tema lo traté mucho con el editor, Horacio Fiebelkorn, cuando comencé a editar la novela. Sucedía que a veces usaba el español de España y otras el porteño. Creo que tiene que ver con no haber estado en la Argentina muchos años y no haber hablado con argentinos. Entonces uno adquiere una lengua que comparte con los inmigrantes latinos o europeos, incluso con los daneses que estudiaron español. Si yo dijese “canilla” seguramente no sabrían de qué hablo. Pero hay otros términos como “changüí” que no podría explicar de otro modo. No creo que alcance con decir “#otra oportunidad”. Es “changüí”.

"Busaco extras para actuar en mis sueños"

«Busco extras para actuar en mis sueños»

-T.: Aunque se centra en el presente de una mujer argentina que reside en Copenhague, la historia recupera el pasado porteño de Amanda e incluso sus vacaciones en la Costa Atlántica en un ida y vuelta permanente en el tiempo del relato.

-G.E.: Es que Amanda la de ahora es también la Amanda del pasado, la que vivió en Buenos Aires. Esos raccontos son un modo de reconectar con su lengua y de reconectar con sus raíces y dar a entender de dónde viene ella y darla a conocer al lector.

-T.: El nombre no es una casualidad,,, En latín “Amanda” significa “la que debe ser amada”. Es casi una ironía para una historia en la que está presente la violencia.

-G.E.: Sí. Pensé en ese significado, en la carga del nombre. Pero además, es un nombre muy común en Dinamarca entre las mujeres de clase media.

-T.: ¿Tenés prevista una traducción al danés?

-G.E.: Voy a tratar de que así sea. Hay fondos estatales que financian la traducción de textos que podrían ser relevantes para la cultura danesa por ende si una editorial está interesada en hacerlo se puede aplicar a los fondos para pagar a un traductor.

-T.: ¿Cómo construiste al narrador? Por momentos es una tercera persona omnisciente, en otros una segunda persona, y en otras una primera que parece ser Amanda. Llevás al lector a girar 360 grados en derredor de la protagonista.

-G.E.: No me fue fácil llegar a esas diferentes personas y uno de mis mayores miedos es que no se llegara a entender sobre todo cuando habla está Amanda en segunda persona que puede verse como ella misma o alguien que le habla. Creo que la primera persona es la protagonista con todos sus sentimientos y sus dudas. La segunda persona es un poco más dura, le marca lo que hizo y la lleva a reflexionar y la tercera es un narrador omnisciente que, sin embargo, la conoce muy bien a Amanda. Todas la construyen.

-T.:¿Cuál es tu experiencia de editar en una editorial independiente como Inguz?

-G.E … Fue muy interesante. Me gustó que fueran todas mujeres detrás de la editorial. También que donen parte de las ganancias de sus libros al Fondo de Mujeres del Sur para ayudar a combatir la violencia de género y que las mujeres que sufran estos actos violentos tengan otras oportunidades en sus vidas. Sucede que aunque Amanda vive de modo naif la violencia que sufre el tema está presente y por eso comparto esta causa con la editorial. Además el libro está impreso con papel reciclado y la sustentabilidad es un tema en el que vengo trabajando desde mi profesión de arquitecta.

Imagen de portada: Gentileza de TELAM

FUENTE RESPONSABLE: TÉLAM Por Eva Marabotto

Literatura/Dinamarca/Violencia/Nuestros escritores

María Negroni: «A la literatura no le interesa la verdad» 

La escritora considera que para la creación literaria «no hay otra verdad que la verbal». 

Y por eso, «los hechos están puestos al servicio del lenguaje». Negroni, una autora compleja, difícil de etiquetar, publicó recientemente una novela íntima y extraordinaria en la que explora la ambigua relación entre vida y escritura. Una arqueología que atraviesa la infancia de la narradora, el vínculo con su madre, luego la militancia política y el exilio.  

“La literatura es una forma elegante del rencor”, dice la narradora de El corazón del daño (Literatura Random House), de María Negroni, una novela íntima y extraordinaria en la que explora la ambigua relación entre vida y escritura desde una voz que encuentra un principio medular: la madre asmática que siempre fue “la dueña del lenguaje”, “el gran amor de mi vida”, “un amor emperrado como un coágulo”. 

La narradora comparte con la escritora algunos elementos autobiográficos: el exilio de Rosario (donde nació) a Buenos Aires; la militancia política en la década del 70, detonada por el fusilamiento de dieciséis miembros de distintas organizaciones armadas en Trelew; la maternidad en la clandestinidad; una beca de su compañero y el viaje a la ciudad de Nueva York; la biblioteca de la Universidad de Columbia como “un laberinto donde vivir se alivia”; una vuelta no deseada a la Argentina y el regreso a Nueva York.

En la novela, en la poesía o el ensayo, lo que prevalece es el “modo Negroni”, que consiste en romper siempre algo, produciendo una especie de cortocircuito en la lengua que arrasa con las categorías y derrama sobre la textualidad la belleza de una opacidad que rehabilita el esfuerzo por agotar el decir, esa forma de la intemperie misma estallada, para llegar más rápido al silencio.

Vista como una unidad desde el “modo Negroni”, su obra, para la comodidad de la crítica, se despliega etiquetada como novela, en El sueño de Úrsula y La Anunciación; ensayos, Ciudad gótica, Museo Negro, Galería Fantástica y El arte del error; poesía, Islandia y Archivo Dickinson; y un par de “inclasificables”: Elegía Joseph Cornell, Objeto Satie y Pequeño mundo ilustrado, recientemente reeditado por Caja Negra.

Desde que Negroni regresó definitivamente a Buenos Aires en 2013, generó un proyecto tan necesario como inédito hasta entonces: la Maestría en Escritura Creativa de la Untref, que ella misma dirige. 

“Me va a resultar difícil hablar de este libro porque todos los libros son para ser leídos y no comentados –dice la escritora en la entrevista con Página/12-. Me parece que lo que quería hacer (no importa cuál es el resultado) era una especie de arqueología de la escritura, de dónde viene la escritura, y también cómo se constituye una escritora mujer. Un poquito como trazar una configuración emocional desde la infancia, desde los primeros vínculos, y empezar a ver qué función tuvo esa infancia como para llevar a la exploración del lenguaje. Mi sensación es que tenía todos esos materiales autobiográficos que los quería poner en tensión para explorar otra cosa, que es cómo entran a funcionar los libros como objetos verbales”.

-¿Los libros también “hablan”?

-Los libros más bien se escriben con una materia verbal en tensión, y lo que buscan es iluminar zonas oscuras. Entonces lo que yo quería no era relatar algo en lo que tuviera una claridad porque no creo en la claridad de la supuesta realidad o de la referencia. Quería poner en tensión esos materiales verbales para iluminar preguntas que llamaría “los agujeros psíquicos”, donde se puede mostrar eso que siempre se nos escapa, que es inasible, y tiene que ver con la pérdida y cierta insuficiencia de lo real.

-La figura de la madre en la novela también pone en tensión esos materiales. En una primera instancia, aparece la construcción de una escritora que ama demasiado a la madre, a la vez que se opone a ella también, ¿no?

-La madre es el origen y, como lo escribo en la novela, es la dueña del lenguaje. Hay una especie de fascinación con ese personaje, con ese vocabulario tan rico desde el punto de vista emocional; las palabras de la madre están cargadas de emoción. Por otro lado, aparece cómo se constituye una resistencia; hay un montón de cosas que le pasan a este personaje: cómo redimir a la madre o vengarse de la madre. La cosa ambivalente de los sentimientos la exploro en otras escritoras mujeres: dónde se pone y con quién se alía la mujer que escribe. Esta es una gran pregunta que me atraviesa, más allá de este libro.

-¿El principio de tu escritura tiene que ver también con el exilio? Cuándo te desplazas de un lugar, ¿necesitás encontrar un asidero en el lenguaje?

-No, la parte del exilio la veo como distintas formas de relacionarme con esa dificultad. Hay momentos de muchas rupturas en el libro; está la ruptura de la casa familiar, la ruptura del país; están los regresos. No veo el exilio relacionado con el lenguaje en particular. El exilio es una condición humana que tenemos sin movernos de nuestros países. En mi caso, el viaje que narro es un viaje de apertura, de descubrimiento de otras cosas, de una distancia productiva. La biblioteca es otro de los ejes que recorre el libro: desde la ausencia de libros en la casa de la infancia, pasando por la biblioteca adolescente y llegando a la Biblioteca de Columbia. Eso es también lo que hace la formación de una escritora, cómo se relaciona con el canon literario, cómo lo pelea, dónde se pone y cuál es el rol que cumplen otras escritoras mujeres para la mujer escritora, un tema que está todavía pendiente. El otro día alguien me decía que el problema del reconocimiento del derecho de las mujeres ocurrió hace cinco minutos. Nosotras pensamos que fue hace mucho, pero si lo mirás en perspectiva, el derecho al voto no lo tenían en la época de Virginia Woolf. Y no fue hace tanto; estamos hablando de hace menos de un siglo.

-La narradora se va de su casa y milita en los años 70. Excepto en tu novela “La Anunciación”, ¿por qué es un tema que no suele estar presente en tu narrativa más reciente?

-No es algo que surja todo el tiempo, pero fue importante en mi formación. Lo que importa no son los supuestos acontecimientos verídicos (si milité en Montoneros o en el ERP); el deseo descompone y corroe todo, entonces uno cuenta en la escritura incluso lo que no ocurrió. Lo que quiero es que se lea como literatura, y a la literatura no le interesa la verdad. A la literatura le interesa la verdad literaria. No hay otra verdad que la verbal para la literatura. Hay decisiones muy conscientes sobre lo que pasa con el lenguaje.

La narradora vincula el momento en que se quiebra en una pista de patinaje en el Central Park con la resonancia que tenía quebrarse políticamente en los 70.

-Pero no solamente eso; el libro tiene una prosodia, una forma de la dicción, muy particular, de todo lo que he aprendido en la poesía. No es una prosa que se interese mucho en el argumento; los hechos están puestos al servicio del lenguaje, no al revés. La apuesta del libro es traer un objeto que pueda hacer preguntas, que valga por lo que no está, por lo que no se dice. Que es un montón, porque la vida no entra en cien páginas. Yo no estoy interesada en los hechos, estoy interesada en una música, que es una música interior.

-¿Cómo sentís esa música interior?

-Es una prosa que tiene un ritmo sincopado, que es cortante y filosa también, que inaugura zonas…no te olvides, además, el detalle del asma de la madre, la falta de aire para respirar. Ahí hay otro elemento.

-Esa madre asmática que te dio el lenguaje, ¿inaugura un modo de escribir cortante, con la prosodia de una asmática que sabe que se va a quedar sin aire?

-Exacto. Inaugura una especie de urgencia; no hay mucho aire para decir muchas cosas. Hay que decir lo más posible con la menor cantidad de palabras. Eso es lo que me determinó a escribir poesía porque la poesía es el grado más densificado del lenguaje. En un poema no sobra nada; está todo unido, engarzado: el pensamiento, la emoción, todo junto en el poema. El pasaje a la ficción o a la novela han sido esfuerzos para tratar de hablar con más tranquilidad, con más aire. Pero no es lo que hice en este libro, en el que me parece que vuelvo a una cosa punzante, el gran golpe del que hablaba Kafka: los libros te tienen que pegar un mazazo. Y lo que te pega un mazazo en un libro tiene que ver con cómo se dicen las cosas y no con lo que se dice. Porque no hay nada muy peculiar en este libro en cuanto a argumento, es decir es lo que le podría haber pasado a cualquier mujer joven de mi generación con ese tipo de padres. No es nada raro. Lo que lo diferencia es el modo en que se cuenta.

-”Como si fuera Ovidio a orillas del Ponto, me aferré al malhumor. Las modas detestables de los años 90 me irritaba, el deterioro gritando grandemente, como si la vida estuviera irremediablemente o ya toda usada o rota”, dice en un momento la narradora en un cambio de tono significativo, porque queda explícito que la literatura de los años 90 le parece detestable, ¿no?

-Hay un detalle importante: hay un regreso al país no deseado. Cuando digo me aferré al malhumor es porque fue un regreso complicado. Nadie me obligó a regresar, pero no eran las circunstancias que hubiera elegido. Ahí me metí con la literatura gótica y escribí Museo negro. Pero lo que veía de la literatura de los años 90 no me resultaba muy interesante. Yo venía de otra ciudad (Nueva York) que representaba para mí una cosa muy hermosa y hasta un punto idealizada, que chocó con esto que no me parecía interesante. El personaje del libro vivió el regreso de esa manera. Si hubo otras cosas positivas, no las pudo ver y se volvió a ir. Entre la llegada y la ida pasaron cuatro años. Para la familia ese primer regreso fue un descalabro, una ruptura total: los hijos decidieron volver a irse, la pareja se rompió; no era un momento luminoso.

-”Escribir es susurrar lo que se ignora”, dice la narradora haciendo eco con una postura en la que plantea que escribir no tiene que ver con saber adónde se va. Que no se va a ninguna parte, ¿no?

-La escritura es una epistemología del no saber. Si sabés lo que querés decir y lo tengo clarísimo, ahí no hay promesa de texto. La promesa de texto viene con la pregunta, con la duda, con la incertidumbre. Lo que uno hace es un camino a ciegas, en el que tampoco llegás a ningún lado, pero por momentos, como si estuvieras en un escenario a oscuras, se ilumina una zona. Ese es el efecto estético, el momento en que como lectora –porque los escritores también somos lectores de nosotros mismos- se produce una especie de asombro porque eso no lo había pensado o sentido. Eso que se iluminó se va a volver a apagar; no es que ya está para siempre, es un ratito, pero eso vale todo. La escritura está muy relacionada con la pérdida. En la escritura hay un intento de volver a otorgar vida a eso muerto o perdido.

-Te devuelvo una pregunta que aparece en el libro, después de citar un verso de Olga Orozco, “boca que besa no canta”: ¿De verdad escribir y vivir son tan incompatibles?

-Es un temazo, pero respuestas no tengo. Esa pregunta la podemos analizar desde muchas perspectivas. En los escritores hay muchas renuncias; es muy difícil integrar todo: la sexualidad, el erotismo, los hijos… En un momento la narradora escribe que tiene que ir a hacer las compras al supermercado y parecerse a Baudelaire. ¿Cómo se hace para hacer todo? Esta pregunta se podría formular de otra manera: ¿Cuáles son los costos de escribir? ¿Qué se paga? La escritura es una amante muy exigente; no es que podés livianamente ocuparte de esa amante. Exige cosas: entrega, tiempo, perseverancia, estudio, tu ser entero. No quiere la mitad de nada. ¿Entonces cómo se hace? La respuesta no la tengo, pero es una pregunta que me ha acompañado toda la vida.

-¿Será que se negocia y habrá momentos en que se escribe más de lo que se vive y otros en los que se vive más de lo que se escribe?

-Puede ser…yo creo que cada escritor lo resuelve a su manera, y por etapas. (Juan) Gelman, en una conversación, me dijo una vez algo que me pareció tan claro: “la poesía es la ceniza que cae del pucho”. Si lo pensás, hay una vida que se consume y la poesía es eso que se terminó de consumir y se transforma en poema. La vida y la poesía (la escritura) van juntas. No hay escritura sin vida. Se puede escribir sin vivir, pero es una combinación complicada, compleja.

-¿En qué sentido escribir es dañar también?esa dupla de palabras el corazón, el amor, y el sufrimiento. En la escritura entra todo, no puede quedar nada afuera. Por eso es tan importante la literatura, porque no se prende a las categorías morales. La estética no es moral. La escritura siempre se corre de lo que debe decir, de lo que está bien decir. Entonces dice cosas que por ahí molestan o que son inconvenientes. El juego es así: si no te gusta, no lo juegues. Los libros que amo leer (que agradezco haber leído) son los libros donde de repente se produce algo casi inconcebible. ¿Cómo me está diciendo que esto tremendo le produjo felicidad?

-¿En algún momento pensaste en dejar de jugar este juego de la literatura?

-No. Me parece que es muy importante para mí, me da una especie de felicidad extraña. No es una felicidad eufórica, es una felicidad muy intensa, con zonas oscuras, pero me constituye. No sabría cómo vivir. Yo soy fundamentalmente una lectora, amo leer, y los libros que me tocan los atesoro y me justifican el día. Yo leo algo que me encanta y ya está: no necesito mucho más.

El reino del asombro

 

“La infancia es el reino del asombro y es el primer encuentro con el mundo, donde todavía no han sido domesticadas las reacciones”, plantea María Negroni. “La infancia es un lugar donde la moral todavía no tiene vigencia; los niños pueden ser muy crueles de una manera inocente. Para mí el arte es eso: alguien que se para en el escenario y puede llegar a hacer o decir cualquier cosa. Eso lo hacen los niños y los artistas. Creo que (Gaston) Bachelart decía que un exceso de infancia es un germen de poemas. En el caso de una mujer, la niña está mucho más expuesta y no tiene coraza. La coraza es la educación, todo lo que se impone. La niña está en su mundo, en su imaginación. Y la imaginación nos salva. Si no, salimos a la calle y nos tiramos bajo el primer auto que pasa”, agrega la escritora que tiene avanzada la escritura de su Historia natural, un recorrido, en “modo Negroni”, por las vidas de naturalistas como Aimé Bonpland, Alexander von Humboldt y Sybilla Merian, que incluirá también a todos los escritores que han amado la naturaleza.

-El corazón del daño es como si fuera un oxímoron porque el corazón está vinculado con el amor, no con el daño.

Imagen de Portada: Gentileza de Página 12

FUENTE RESPONSABLE:  Página 12 por Silvina Friera

Sociedad/Cultura/Literatura/Nuestros escritores/Maria Negroni

 

Con otro de sus libros, Mariana Enriquez aspira a otro premio internacional.

La obra de la escritora argentina que, a través de 12 relatos góticos y de terror, construye una atmósfera metafórica sobre temas y problemáticas actuales, integra la lista de obras nominadas al Premio Kirkus, que otorga un premio de US $50.000.

El libro de cuentos “Los peligros de fumar en la cama”, de la escritora Mariana Enriquez, el mismo texto por el que hace pocos meses aspiraba al prestigioso Booker Prize Internacional, integra ahora la lista de obras nominadas al Premio Kirkus, un galardón dotado de US$ 50.000, cuyo fallo ganador se dará a conocer el 28 de octubre en Austin, Estados Unidos.

En su traducción al inglés por Megan McDowell, “Los peligros de fumar en la cama” fue definido en junio de este año por Kirkus Reviews -la publicación que otorga el premio- “insidiosamente absorbente, como arenas movedizas”.

“Bueno yo sé que hoy el tema es otro, pero estoy nominada a este premio con Megan McDowell. También está Joy Williams así que es totalmente imposible que lo gane”, dijo en su cuenta de Twitter la escritora y periodista argentina, autora de la premiada novela “Nuestra parte de noche” y del libro “Las cosas que perdimos en el fuego”, que pronto tendrá uno de los relatos adaptados al formato audiovisual.

Dotado de una generosa cifra para un certamen literario, US$ 50.000, el premio Kirkus se otorga de forma anual en tres categoría -ficción, no ficción y literatura para jóvenes- y es impulsado por la revista Kirkus Reviews, una publicación de reseñas y críticas literarias que al año revisa entre 8.000 y 10.000 libros de todo el mundo, de los cuales un diez por ciento reciben una estrella de reconocimiento. Sobre esa Kirkus Star, se eligen seis finalistas en cada categoría.

“La lista de finalistas de este año es tan excepcional como cualquiera que hayamos visto”, dijo el editor jefe de Kirkus Reseñas, Tom Beer.

Junto al libro de Enriquez, aspiran a la categoría de ficción “The love songs of W.E.B Du Bois”, de Honorée Fanonne Jeffers, la novela que se convirtió en éxito editorial luego de ser seleccionada en el club de lectura de Oprah Winfrey; también “Harlem Shuffle” de Colson Whitehead; “Harrow” de Joy Williams; “My Monticello” de Jocelyn Nicole Johnson y “Bolla” de Pajtim Statovci.

EL LIBRO

“´Los peligros de fumar en la cama´ da cuenta de un lugar de aprendizaje como escritora, y también puedo ver con claridad cómo en ese momento ya estaba eligiendo cosas: pobreza, chicos vulnerables, la ciudad, los traumas familiares, los cuerpos de las mujeres (…) Hoy, una década después y con traducciones de por medio, puedo ver cómo están conectadas, que hacen un libro”, dijo la autora en una charla en mayo pasado a propósito de su nominación al Booker.

Las tres obras ganadoras del Kirkus se darán a conocer el 28 de octubre en una ceremonia que tendrá lugar en la Biblioteca Central de Austin, en Texas, Estados Unidos.

 Imagen de portada: Gentileza de enriquez.def

FUENTE RESPONSABLE: Rosario 3

Cultura/Literatura/Nuestros escritores.

Tres obras imperdibles para conocer a María Teresa Andruetto.

Se trata de una de las escritoras cordobesas más reconocidas a nivel internacional tanto por sus novelas como por sus cuentos.   

María Teresa Andruetto es oriunda de Oliva y vive en Cabana, Unquillo, y es mundialmente conocida por ser la única persona de habla hispana en ganar el premio Hans Christian Andersen de literatura infantil y juvenil. También fue finalista del Premio Rómulo Gallegos por su novela «Lengua Madre».  

Se trata de una de las escritoras cordobesas más reconocidas a nivel internacional tanto por sus novelas como por sus cuentos.

Los Manchados

Una joven que busca incansablemente a su padre en el norte argentino y un grupo de mujeres mayores que hilvanan recuerdos de ese hombre que durante los años de la dictadura pasó por ese pueblo buscando también sus raíces.

Un libro que explora los matices regionales de la lengua y el proceso de construcción de la identidad.

La primera voz de esta historia coral es Emerita, esposa de Pepe, quien relata con tranquilidad pueblerina todos y cada uno de los detalles del encuentro con Nicolás, quien se alojó en su humilde pensión una noche en busca de cama y comida.

La obra mezcla también literatura y la polí­tica con elementos que hacen alusión a hitos históricos de la época de represión: «El Chacho Peñaloza, los asesinos de Operación Masacre, el padre Angelelli, entre otros.

Lengua madre

Un conjunto de relatos epistolares que cuentan la conmovedora historia de tres generaciones de mujeres. A través de pequeños fragmentos desordenados, Andruetto revela sus conflictos, sus temores y obsesiones, con lo mejor y lo peor de cada una. ¿Qué es lo provocador de este libro? Que es profundamente humano. 

A través de las historias de su madre y de su abuela, Julieta descubre quién es ella misma. 

Los textos son presentados sin un orden particular, lo que convierte al lector en parte de la obra: es uno quien debe ponerse a descifrar qué ocurrió cuando. No por nada la autora describe esta obra, precisamente, como una partitura: debe ser interpretada. 

«La lengua madre -refiere- es un fluir de sentimientos nobles. No es un lenguaje documentado, lo tengo dentro mío porque viajé mucho a la zona del noroeste argentino. Esas hablas están dentro mío», expresó la escritora sobre la obra.

No a mucha gente le gusta esta tranquilidad

Se trata de su segundo libro de cuentos, que reúne un puñado de historias ordinarias en aparente quietud, como quien remueve las capas amontonadas del paso del tiempo, para indagar sobre sus márgenes a partir de un lenguaje que retoma ese sosiego y por momentos se vuelve perturbador. 

Un viejo despatarrado que quiere encontrarse con su «muñeca muerta», la mujer cuya partida hace un tiempo casi remoto lo dejó sumergido en las sombras; dos hermanos en la llanura con un microcosmos al que solo ellos dos tienen acceso, o el ritmo de una trama personal que hace y deshace sin previo aviso pero de alguna forma extiende su tiempo en este mundo marcan el tono de algunos de estos relatos.

Imagen de portada: Gentile de Entre líneas

FUENTE RESPONSABLE. Entre Líneas

Cultura/Literatura/Cuentos/Nuestros escritores/María Teresa Andruetto.

 

El legado de Juana Bignozzi en la literatura argentina.

Traductora, poeta y periodista, Juana Bignozzi publicó seis poemarios, cofundó junto a Juan Gelman el colectivo poético El pan duro y tras un exilio de 30 años en Europa se conectó con una nueva generación de poetas.

Juana Bignozzi nació el 21 de septiembre de 1937 en el barrio de Saavedra en una familia obrera ligada al anarquismo y posteriormente al comunismo tras la llegada del peronismo y la sindicalización.

La familia le otorgaba un papel central a la cultura, por lo que la lectura y la escritura en la vida de Juana comenzaron en una edad muy temprana, recibiendo distinciones en la escuela primaria. Para ella, un libro importante de ese periodo fue Ramo de Cuentos, de Hans Christian Andersen. Comenzó a escribir textos a los diecisiete años. En su juventud se dedicó al periodismo. Entre sus influencias se encuentran Rubén Darío, Cesare Pavese y Paul Verlaine. 

En 1955, militando en el Partido Comunista, con Juan Gelman crearon el colectivo poético El Pan duro, con el objetivo de acercar la poesía al pueblo desde un enfoque político. Declarará años después en una entrevista que el único que podía escribir poesía política era el propio Gelman. 

Allí se puso en contacto con quien sería su editor, José Luis Mangieri, fundador, entre otros sellos, de Tierra Firme. También conoció a Héctor Negro, letrista de tango. Aunque sus orígenes como poeta fueron en los años 60, Juana no quedó anclada a esa época, sino que fue actualizándose con el pasar de las décadas, manteniendo un diálogo permanente con poetas jóvenes. 

En 1974, Bignozzi se trasladó a Barcelona junto a su marido Hugo Mariani, corrector de oficio. El destierro, calificado así por ella misma, duró treinta años por los acontecimientos políticos del país. Durante esos años se dedicó a la traducción, los viajes, a la observación y la escritura sobre las obras de arte que fue encontrando por toda Europa, y que plasmaría en los libros Quién hubiera sido pintada (Editorial Siesta, 2001) y en Las poetas visitan a Andrea del Sarto (Adriana Hidalgo, 2014). 

Estilo

Bignozzi es una de las representantes de la poesía nacional de los años 60 más por una cuestión biográfica que estética. En su trabajo, la construcción de una identidad poética abordaba temas como la soledad, el inexorable paso del tiempo y un tono desencantado. Sus poemas se caracterizan por la ausencia de signos de puntuación y preferir una entonación de orden natural. No fue una poeta de imágenes o de metáforas sino que dominaba un estilo muy directo, el diálogo, la ironía, la tristeza y el vacío. 

La Nación.

Se mantuvo al tanto de las nuevas corrientes de poetas jóvenes, leía y recomendaba leer a sus contemporáneos, no se quedaba en el canon de su época y eso la diferenció del resto de los poetas de su generación. Hay una gran influencia de la pintura en su poesía, utilizando muchas veces el recurso de tomar un cuadro para definirse como en Quién hubiera sido pintada.

Bignozzi fue saliendo de las sombras e imponiéndose con figura, su voz clara y sensible pero firme. Comienza a tomar especial relevancia en el panorama literario cuando el Diario de Poesía en 1998 le dedica un dossier completo al análisis de su obra, a la par que la crítica literaria Ana Porrúa llama la atención sobre su figura. En esos años interactuaba con poetas jóvenes; se la podía leer como a una contemporánea. 

Obra

Durante los años 60 publicó tres poemarios: Los límites en 1960, dos años más tarde Tierra de nadie, y probablemente el más recordado, Mujer de cierto orden, en 1967. Se trata de un poemario que da cuenta de una época. Si bien Bignozzi era militante, no escribía textos panfletarios ni pretendía ser la vocera del partido. Era feminista, aunque no lo expresara en esos términos.  

En 1989 publicó Regreso a la patria; Interior con poeta, en 1994; Partida de las grandes líneas, en 1996, todos estos últimos incluidos con el inédito La ley tu ley en la obra reunida publicada bajo el mismo título (Adriana Hidalgo editora, 2000). Posteriormente se publicó Quién hubiera sido pintada, en 2001; Antología personal, en 2009, en la colección Bicentenario de la Biblioteca Nacional y Si alguien tiene que ser después (Adriana Hidalgo editora, 2010). 

Archivo Histórico de Revistas Argentinas.

En la contratapa de su obra póstuma, Novísimos, editado por Mercedes Halfon y publicado en 2019 por Adriana Hidalgo, el poeta Martín Rodríguez escribió: “La muerte la encontró a Juana Bignozzi con las previsiones del caso: un apunte con el modo en que quería ser enterrada, el color de las flores que sus amigos debíamos llevar, la indicación principal de una tumba sin cruz y el cementerio público donde debía hacerse. Sobre estos detalles reposa también una contraseña del lugar que ocupó su escritura: que la muerte no tenga la última palabra. Los poemas que componen Novísimos nos aguardaban». 

Algunos de los poetas jóvenes con los que entabló amistad fueron Martín Gambarotta, Martín Rodríguez o Vanina Colagiovanni, además de quien sería su albacea, la escritora Mercedes Halfon, parte del círculo íntimo de la poeta en sus últimos años de vida. 

Revista Altazor.

Palabras de la poeta María Lucesole a Juana Bignozzi en un nuevo aniversario de su nacimiento: 

“Leer a Juana Bignozzi es avizorar un faro difícil de comparar con algún otro. Para todxs lxs poetas que comenzamos a incluirnos en el voraginoso mundo de la poesía contemporánea, donde algunas voces se parecen, otras son cooptadas por el mandato individualista del neoliberalismo, el descubrimiento de la voz de Juana, su posicionamiento histórico, su cotidianidad y coloquialismos para siempre contextualizados y actualizados -por más mínimas que sean las imágenes o escenas en sus poemas-, sus ideales revolucionarios y su resistencia como mujer en la poesía y en la historia, se convierte inmediatamente en una bisagra. La literatura en serio y la vida en serio, propone, en dos de sus poemas más conocidos, dando por sentado que, si no es así, la vida (“¿quién la llamó vida? / sin revolución”) no tiene ningún sentido. 

Juana es la combinación precisa entre poesía política, feminista, coloquial, poesía de un yo tan fuerte y explícito, y a la vez tan colectivo, el paradigma de un sujeto histórico que siempre pareciera estar en riesgo de extinguirse, hasta que algunas voces vuelven a levantarlo. Es por eso que nunca va a dejar de actualizarse, aunque pasen y pasen los años, porque su poesía está para recordarnos que vivir y escribir son compromisos políticos”.

Bignozzi recibió como reconocimiento el Segundo Premio Municipal de Poesía en el 2000, el Premio Konex, Diploma al mérito por el quinquenio 1999-2003 y la Rosa de cobre de la Biblioteca Nacional en 2013.

Al fallecer su marido en 2013, Bignozzi se despide de él en Novísimos. Juana Bignozzi falleció en Buenos Aires el 5 de agosto de 2015.

La escritora Mercedes Halfon es heredera de su obra y albacea. Junto a Laura Citarella dirigieron el documental «Las poetas visitan a Juana Bignozzi», premiada en la competencia argentina del Festival de Mar del Plata.

Micropsia.

Agradecimientos: María Lucesole.

Fuentes: Podcast Mostras, de Inés Kreplak y Patricio Foglia, Malba Literatura, Documental Las poetas visitan a Juana Bignozzi, A media voz, Blog El placard, La Nación, La canción del país, Eterna Cadencia, Adriana Hidalgo, Diario de Poesía 1998, Perfil, El País, El libro perdido. 

Imagen de portada: Gentileza de Página 12

FUENTE: Ministerio de Cultura de la República Argentina

 

La poeta salvaje 

Diana Bellessi habla de la reedición de El jardín

Entre 1969 y 1975 recorrió a pie el continente latinoamericano. En los 80, dio clases en cárceles bonaerenses para luego plasmar su experiencia en el libro Paloma de contrabando. 

Más tarde, recibió la beca Guggenheim, el Diploma al Mérito de la Fundación Konex, el Premio Trayectoria del Fondo Nacional de las Artes, el Premio Nacional de Poesía, entre muchos otros reconocimientos. 

Ahora, Bajo la luna reedita El jardín, su libro de 1992 en el que Diana Bellessi -uno de los nombres ineludibles de las letras argentinas- combinaba impresiones y pensamientos acerca de los desposeídos de la tierra, el paso del tiempo, el amor a otra mujer y el amor a la naturaleza. 

Reeditado en el marco de la pandemia, éste, el décimo libro de la poeta Diana Bellessi, salió a la luz por primera vez en 1992 también por Bajo la Luna, sello inicialmente concebido con el nombre de Bajo la Luna nueva. 

A esta altura puede más que afirmarse que la decisión de su editora Mirta Rosenberg, trajo a la escena de la poesía nacional uno de los títulos más fulgurantes de la década. El aclamado jardín de Bellessi -del que deriva otro que también le es propio: El jardín secreto (2012), documental sobre su vida dirigido por Claudia Prado, Diego Panich y Cristian Constantini- constituye un punto de inflexión en su obra, según ella misma asegura, por anunciar una poética que se iría desarrollando con las siguientes publicaciones. 

“Previo a El jardín, cuatro años antes, había publicado un libro que se llama» Heroica, con poemas de amor a otra mujer. Un libro que, según dicen, es de construcción muy vanguardista y les encantó a las chicas de la época, en especial a las chicas lesbianas; aunque tuvo muy buenas reseñas en los medios, produjo cierto malestar en el público hétero, y todos aplaudieron la aparición de El jardín, cuyo tópico central no era el de Heroica”, explica Diana.

En los poemas de El jardín conjugás casi en igual medida el amor a otra mujer y la naturaleza…

-Sí, y a estos tópicos podés agregarle el amor por los desposeídos de la tierra, el amor a los oficios nobles de la vida y el paso del tiempo con sus muertos y sus niños en la espalda.

Por supuesto, Diana nunca recorta su poesía de esa cohesión planetaria que une a todes con todo, fuerza común que en libros como el ensayístico La pequeña voz del mundo, surgido a la luz de las antorchas del 2001, se expresaba así: “Uno en la cadena de lo otro y otro en la contemplación o ilusión de ser desde lo mirado. Cada brizna de hierba, el insecto, el humano, el gatito ronroneando se vuelven sagrados, frágiles y eternos porque desde allí, en mágica transformación, el yo nos mira, el yo es otro en cerrado círculo de amor.”

¿Qué significa para vos la reedición de El Jardín?

-Fue una sorpresa y también una alegría inesperada. Aparece como uno de los títulos más vendidos del último mes y eso significa que vuelve a encontrar a sus lectores. Para mí, marca un quiebre en mi obra, fue aplaudido por todo el mundo y el poema “He construido un jardín” se convirtió en una especie de “La balsa” de Litto Nebbia en la poesía argentina. Lo sigo leyendo aún ahora en recitales internacionales.

El poema hit que menciona Bellessi, metaforiza el destierro del amor en la muerte que el ciclo de todo jardín trae consigo. La secuencia de extraordinarios versos que mezclan tierra y pena amorosa con el melancólico rock de Pink Floyd, termina de este modo: El jardín mata/ y pide ser muerto para ser jardín/. Pero hacer gestos correctos en el lugar errado, / disuelve la ecuación, descubre páramo. / Amor reclamado en diferencia como/ cielo azul oscuro contra la pena. Gota/ regia de la tormenta en cuyo abrazo llegas/ a la orilla más lejana. I wish you/ were here amor, pero sos, jardinera y no/ jardín. Desenterraste mi corazón de tu cantero.

El recorrido que se impulsa con El jardín, dibuja una elipsis en la búsqueda de esta poeta nacida en la localidad santafesina de Zavalla en 1946. Aquel camino que se inicia en 1992 encuentra su punto de complejidad más alto casi veinte años después, con Variaciones de la luz, donde explora las raíces de la lengua y experimenta con las estructuras poéticas heredadas del siglo de oro español. 

La elipsis luego desciende en el sentido de un retorno a la sencillez a través de sus últimas publicaciones: Pasos de baile (2015) y Fuerte como la muerte es el amor (2018). En estos libros, el lenguaje se allana, y quizás sea un reflejo, arriesga esta periodista, de cierta calma interior que parece llegar a la escritura de Diana de la mano de un intenso enamoramiento, del que hace unos años habló para Las12: “Todavía no conocía a mi novia, era como que la estaba esperando, creo –dijo-. Pero cuando apareció el título del poema “Fuerte como la muerte es el amor”, sentí que el libro se llamaba así. 

Por el momento de mi vida, a los 72 años, estás más cerca de la muerte que del nacimiento, y que todavía sucedan esas maravillas… esos misterios maravillosos: que a los setenta te vuelvas a enamorar es algo extraño. Y supongo que por eso quedó como título”.

La apuesta de El jardín es, a diferencia del reencuentro con esa sencillez, un enorme ejercicio retórico donde el sentido y la musicalidad saturan, relumbran, a tono con la exaltación propia de los cercanos 80. 

El recupero de una democracia todavía herida canta en este libro que incluye poemas como “Estado derecho”, o “Golpe de Estado”, entre cuyos versos se lee: Una retórica salvaje exige/ enemigos a la vista, higos manando/ la dulzura de su leche en medio del verano. Hay cierta urgencia de decirlo, de arremeter incluso contra el amor romántico y descubrir el páramo: Soy/ reina frente a otra reina/ que quiso entregar la corona/ no la cabeza. Mi reinado es/de las locas, no tiene regalías. / Tachada de la historia soy/ leyenda, marca impresentable/ mientras tú, fundas Roma, dice en el poema Amor.

¿Qué recuerdos te vienen de aquellos 90?

-Fue una época muy hermosa, de gran amistad con Mirtha y también con María Moreno. La recuerdo con alegría. Después de Heroica, se publicaron simultáneamente El Jardín y El Affaire Skeffington de Moreno, y el mundo se transformó. Fueron libros muy hermosos materialmente y muy leídos, coincidieron con el retorno a la institucionalidad y con muchas lecturas públicas. 

También con una movida fuerte del feminismo argentino liderado por feministas lesbianas muy intensas. Así abrimos la puerta a una nueva camada de poetas argentinas, como Paula, Claudia Masin, Gabby De Cicco o Sonia Scarabelli o Claudia Prado, ahora cincuentonas a las que leo y adoro con todo mi corazón.

Hace poco me comentabas que a vos te cambió mucho la escritura de los muchachos de los años 90, recordabas haber llorado con Mirtha después de haber leído una cantidad de material poético publicado durante esa época…

-A fines de los noventa hubo un concurso estatal de apoyo a las editoriales chicas de la época que enviaban a sus autores y me tocó ser jurado en el rubro poesía. Fue una conmoción para mí, y transformó mi escritura, como lo hicieron aquellos años en la calle hasta el 2002. De allí salieron libros como Mate cocido o La rebelión del instante, y los llevó aún conmigo en el verso simple, pero fulgurante que busco ahora, el de “Pasos de baile” o el de “Fuerte como la muerte es el amor”.

En esos años, más o menos para el momento de la publicación de Heroica se impulsó la creación de una de las primeras agrupaciones lésbico feministas argentinas, Las lunas y las otras. Eran todas alumnas suyas que en 1992, para cuando salió El Jardín, pudieron consolidarse en un espacio físico…

-Sí. No fui yo quien las impulsó, se daban toda clase de discusiones en mis talleres y de allí surgieron. Tengo el recuerdo de haber leído en aquél espacio de Las lunas y mientras lo hacía alguien iba llenándome la copa, llegó un momento que ya no veía nada (risas).

Respecto de los años 90, tengo la percepción de que muchas de las poetas eran lesbianas. ¿Por qué creés que se dio con tal contundencia esa suerte de movimiento?

-No lo sé… pero nosotras siempre salimos en los peores momentos, como lo hicieron las Abuelas y las Madres de Plaza de Mayo, con tal furia y tesón y persistencia… Todo lo que se haga estará bien, pero a mí déjame un rato con los pajaritos del campo.

Imagen de portada: Gentileza Página 12

FUENTE: Página 12 – Por Paula Gimenéz España- CULTURA/LITERATURA/NUESTRO PAIS/

Claves para leer y disfrutar a Borges.

Se celebraron los 122 años del nacimiento del escritor más célebre de Argentina. Daniel Mecca, periodista y escritor, otorga algunas claves para conocerlo mejor. 

En agosto se celebró el Día del Lector por los 122 años del nacimiento de Jorge Luis Borges, el escritor más célebre de Argentina. No es casualidad, ya que el autor se vanagloriaba de ser un lector antes que un escritor. 

Según Daniel Mecca, periodista, escritor y coordinador del festival #BorgesPalooza, el primer paso para acercarse al emblemático escritor es «sacarse el miedo de leer a Borges». 

«Las alusiones ‘eruditas’ de Borges no direccionan una sola lectura. No es que si uno no entiende las citas eruditas, se queda afuera. Son parte de ese movimiento de fragmentación y de irritación que genera Borges al leerlo», dice en una de sus clases sobre el escritor.

Para Mecca, la obra del autor se puede dividir en dos ramas: la de los cuchilleros y la de la biblioteca. 

Él expone en sus textos la civilización y la barbarie y es en esa apertura donde Jorge Luis se convierte en Borges.

La parte de la biblioteca incluye obras como «El Aleph», «La biblioteca de Babel», «El libro de Arena» y «Funes el memorioso», entre otros.

Aquí desarrolla algunas de sus ideas más abstractas, de la física cuántica a paradojas filosóficas griegas, y la forma en la que la ficción altera la realidad, con un vasto conocimiento de la cultura universal. 

Por otro lado, según Mecca, la parte de «los cuchilleros» abarca títulos como «Hombre de la esquina rosa», «Biografía de Tadeo Isidoro de la Cruz», «El fin» o «La intrusa» , ligados a la tradición nacional, al compadrito porteño.

«Borges explora los movimientos identitarios de la independencia, la época en la que se debatía lo que sería el destino identitario de la patria. Él entendía que la literatura es un factor clave para decir quiénes somos», cuenta el periodista. 

«En esa discusión, él mismo supo decir ‘qué distinto hubiera sido el país si el libro canónico de la patria era el Facundo y no el Martín Fierro’, pero no desde una mirada europeizante. Él expone en sus textos la civilización y la barbarie y es en esa apertura donde Jorge Luis se convierte en Borges», explica. 

Quién era Jorge Luis Borges, en doce definiciones brillantes

El autor de “Ficciones” dejó tras su muerte algunos conceptos que forman parte del patrimonio cultural de los argentinos. Aquí una docena de ellos.

La vasta cultura y la inteligencia de Jorge Luis Borges asombraron a los lectores de todo el mundo. Pero también se condensaron en algunos conceptos que surgen cuando se lo evoca. 

Algunos de ellos, incluso, pueden recordarse en algunas de las entrevistas y charlas que el autor de «Historia Universal de la Infamia» concedió a medios de todo el mundo.

El amor y la amistad

«He pensado alguna vez que, quizás una persona que esté enamorada vea a la otra como Dios la ve, es decir, la ve del mejor modo posible. Uno está enamorado cuando se da cuenta de que la otra persona es única».

Borges en París junto a su última esposa, María Kodama.

«La amistad no necesita frecuencia, el amor sí, pero la amistad no».

Borges y su amigo, el escritor Adolfo Bioy Casares.

La felicidad

“A veces me siento incalculablemente feliz, y le doy la bienvenida a la felicidad, porque no sé de dónde viene, pero creo que debería ser bienvenida de todos modos”, opinó Borges en una entrevista en la televisión norteamericana en 1977.

Ser lector

«Dejo que otros se enorgullezcan de cuántas páginas han escrito; prefiero jactarme de las que he leído», opinaba el reconocido escritor.

La dictadura

«Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan la servidumbre, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez», manifestó el escritor en una entrevista con con Joaquín Soler Serrano en la Televisión Española, en 1976.

Más tarde, volvió a expresarse en el mismo sentido, en 1985, sobre los desaparecidos durante el régimen militar en Argentina.

La muerte

«Cuando los escritores mueren se convierten en libros, que, después de todo, no es una encarnación tan mala», afirmó. 

La fe

«Ser un agnóstico significa que todas las cosas son posibles, incluso Dios, incluso la Santísima Trinidad. Este mundo es tan extraño que cualquier cosa puede suceder o puede no suceder. Ser un agnóstico me hace vivir en un mundo más grande, más fantástico, casi misterioso. Me hace más tolerante».

Conferencia «Siete Noches», sobre la Poesía

La patria

«Yo no entiendo a mi patria pero le tengo un gran amor y tengo la esperanza de que algún día pueda cumplir el gran destino que fue suyo”.

El tango

«El tango es una expresión directa de algo que los poetas a menudo han tratado de expresar con palabras: la creencia de que una pelea puede ser una celebración».

FOTO: Quién era Jorge Luis Borges, en doce definiciones brillantes

FOTO: Quién era Jorge Luis Borges, en doce definiciones brillantes

FOTO: Sus obras más conocidas, Ficciones y El Aleph, cuentos que exploran ideas filosóficas

FOTO: Sus obras más conocidas, Ficciones y El Aleph, cuentos que exploran ideas filosóficas

FOTO: Borges, junto a un retrato de su abuelo.

FOTO: En compañía de algunas admiradoras.

FOTO: Borges nació el 24 de agosto de 1899.

La ceguera

«La ceguera no es la tiniebla; es una forma de la soledad»

El dólar

«Los dólares son esos imprudentes billetes americanos que tienen diverso valor y el mismo tamaño». 

Los vicios

«Yo no bebo, no fumo, no escucho la radio, no me drogo, como poco. Yo diría que mis únicos vicios son El Quijote, La divina comedia y no incurrir en la lectura de Enrique Larreta ni de Benavente».

Borges, con algunas admiradoras.

Daniel Mecca es periodista, escritor, docente y poeta, organizador del #BorgesPalooza. Administra el newsletter “Poesía por WhatsApp” y “Poesía sin corona”, una comunidad virtual de poetas. También los podcast: “El resto es literatura” y “Poesía por WhatsaApp (lectura de poemas)”. Actualmente da seminarios sobre Borges.