Thierry Legault captura el preciso momento en el que la Luna se fusiona con el Arco del Triunfo.

Las composiciones que puede capturar un fotógrafo callejero son ilimitadas. Solo tiene que estar en el lugar adecuado y en el momento justo en el que todos los elementos a su disposición deciden crear fantásticas comuniones.

Así es como el fotógrafo Thierry Legault se lanzó al anochecer de las calles parisinas guiado por la influencia de una Luna llena que estaba dispuesta a quedar enmarcada e inmortalizada por una de las arquitecturas más bellas que existe, la del Arco del Triunfo.

En mitad de un cielo de tonos cobre y con un furioso anaranjado, Legault ha capturado al satélite y al monumento en una de las fotos más singulares que se han hecho hasta el momento y lo ha hecho en una sola exposición, con la Luna llena saliendo en mitad del gran arco.

“Tal toma no puede ser improvisada, las posibilidades son mínimas”, dice Legault. «En realidad, primero planeé otra captura, dos días antes del Arco del Triunfo, el viernes 15 por la mañana, pensé en fotografíar la Luna detrás de la Torre Eiffel».

Más tarde, tras la serie realizada en la Torre Eiffel, Legault tomó un tren de alta velocidad para irse a las celebraciones del fin de semana de Pascua con su familia, a unos 400 kilómetros de París.

Al día siguiente, mientras estudiaba las configuraciones lunares para los próximos meses, se dio cuenta de que la Luna saldría bajo el Arco del Triunfo el domingo por la noche sobre las 22:10 hora local.

El reto estaba en hacer la foto de una Luna serena disparada desde una calle concurrida que suele estar llena de peatones y de tráfico, por lo que Legault tuvo que encontrar una composición que no obstruyera la vista.

En este vídeo podéis ver el trabajo del fotógrafo.

The Moon and Paris, April 2022 – Triumphal Arch Moonrise and Eiffel Tower Moonset

“Estaba en medio de la avenida, a la altura de un paso de peatones. Sin embargo, mantenerse exactamente en el eje de la avenida habría colocado los semáforos en rojo en el centro de la vista del Arco, justo debajo de la Luna”.

Para los expertos fotógrafos y las expertas fotógrafas, Legault recomienda establecer la exposición entre 1/30 y un segundo y disparar con la ISO más baja, como ISO 100, la configuración para obtener la mejor calidad de imagen. Usar un trípode resistente y un control remoto con cable, se traduce no necesitar estabilización del sensor.

Aprendida la técnica, ahora solo hay que desarrollar el don de la oportunidad y de la composición para conseguir una toma como esta.

Imagen de portada: Thierry Legault

FUENTE RESPONSABLE: Cultura Inquieta. Por Wine Not. 13 de mayo 2022.

Sociedad y Cultura/Luna/Astronomía/París/Fotografía callejera.

Thierry Legault: Web

Un nuevo tesoro de la hija de Picasso ve la luz en París.

Maya Ruiz-Picasso, la segunda de los cuatro hijos del pintor, se desprende de algunas de las piezas más sentimentales de su colección particular.

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Maya Ruiz-Picasso, la segunda de los cuatro hijos de Pablo Picasso, se ha desprendido de algunas de las piezas más sentimentales de su colección particular, nueve obras que ahora ayudan a comprender los períodos menos conocidos de la obra del artista malagueño.

El lote se ha integrado en la colección del Museo Picasso de París, cuya fundación se basa en el mismo principio que ahora ha permitido la entrada de nueve obras: una donación con la que la heredera ha cubierto el pago del impuesto de donaciones.

En 1973, la ley del escritor y entonces ministro de la Cultura André Malraux, creada a la medida para la descomunal sucesión de Picasso, permitió a Francia hacerse con 228 cuadros, 158 esculturas, 1.495 dibujos, 33 cuadernos, 1.704 estampas, 85 cerámicas y 77 obras ajenas.

Aquello solventó la carencia de obras de Picasso que había en las colecciones francesas y permitió a la familia cubrir el impuesto al que se hubieran tenido que enfrentar, en lo que era ya un legado plagado de conflictos entre las cuatro familias que había formado el artista.

Las ocho obras de Picasso que ha donado Maya -la mayoría pinturas- junto a una escultura oceánica de la colección personal del malagueño se exponen desde este sábado y hasta el próximo 31 de diciembre en una doble muestra que revela el lado más íntimo del artista.

«Mi madre tenía la intuición de que algunas de las obras que había tenido la suerte de heredar podían encontrar su hueco en el museo y así ha elegido las obras a las que tenía un cariño particular, como el retrato de su abuelo o su cuaderno de dibujos», cuenta a EFE Diana Widmaier-Picasso, una de las comisarias de la exposición y nieta de Picasso.

Además del plano sentimental, la hija del pintor ha hecho su selección en vista de las carencias actuales del museo: la que es la primera donación de la familia en 30 años ha intentado suplir la ausencia de obras del último período del artista, que en su momento eran menos valoradas por la crítica.

Del realismo al expresionismo.

La primera de las dos exhibiciones arranca con un realista retrato de José Ruiz y Blasco, padre del artista, que pintó con 14 años y donde destaca la temprana maestría de Picasso.

Cada una de las nueve incorporaciones protagoniza una sala, rodeada de otras obras de la colección permanente del museo con las que guardan relación.

Entre ellas el cariñoso retrato de la abuela de Maya Ruiz-Picasso, otro de los grandes tesoros de esta donación, así como una imagen cubista de la pequeña Maya con una piruleta y «El bobo», que ejemplifica el regreso a las raíces españolas del pintor en los años 30.

Enternece también ver el cuaderno de infancia de Maya Ruiz-Picasso en el que su padre le enseñaba a pintar, haciendo ilustraciones que luego la pequeña puntuaba como si fuera su profesora.

Completan la donación «La venus del gas», una pequeña estatuilla inspirada del arte del Paleolítico, realizada en 1945, un cuaderno de dibujos de 1962, un retrato de hombre de 1971 y «Estudio para una intérprete de mandolina», de 1932.

Nacida en 1935 de su relación con Marie-Thérèse Walter, Maya vivió poco tiempo con su padre y la gran parte de sus recuerdos de infancia se remontan a la Segunda Guerra Mundial, primero al inicio de una crisis existencial para Picasso y más adelante cuando éste pasó años prácticamente escondido para evitar a los nazis.

Sin embargo, la segunda hija del artista, catorce años más joven que su primer hijo, Paulo, y doce y catorce años mayor que Claude y Paloma, los hijos de Picasso con la pintora Françoise Gilot, fue la más dibujada de los vástagos del genio cubista.

«Hay doce retratos dibujados entre 1938 y 1939, además de dibujos de una ternura conmovedora y un trazo tan clásico que incluso los especialistas se sorprenden de que hayan sido pintados por Picasso», dice Widmaier-Picasso, que recuerda que su madre fue bautizada en homenaje a la hermana fallecida del artista, por lo que su nacimiento fue vivido como una suerte de resurrección.

La ahora anciana, que se ha ausentado de la presentación de la exposición por su frágil estado de salud, tan solo pasó con su padre fines de semana y más adelante vacaciones en el sur, cuando Picasso ya vivía con su nueva familia y ella hacía de niñera a Claude y Paloma.

El museo y el Gobierno francés, que se implicó personalmente para ejecutar esta donación, no han precisado el valor monetario de estas obras y la familia prefiere no dar cifras de las piezas que siguen en su posesión.

Cuando Picasso murió se contaron 50.000 objetos entre cuadros, documentos, archivos, fotografías, esculturas o cuadernos. La lista de obras por donar puede ser aún muy larga.

Imagen de portada: Museo Picasso de París. SHUTTERSTOCK

FUENTE RESPONSABLE: Levante. Valencia. España. Abril 2022

París, Francia/Donaciones/Esculturas/Arte/Pablo Picasso

«1922», una instantánea del París que revolucionó la literatura.

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15 Feb 2022/EFE  / Antonio Rivero Taravillo, Ernest Hemingway, Ezra Pound, James Joyce, Marcel Proust.

James Joyce, algo beodo, y Marcel Proust, siempre hipocondríaco, atraviesan París en el mismo taxi, Hemingway y Ezra Pound hacen guantes en el mismo ring, y Einstein y Bergson debaten en el mismo estrado mientras Picasso cruza la calle… Así es la «instantánea» que Antonio Rivero Taravillo ha hecho en 1922 de París en el año que se publicaron Ulises y La Tierra Baldía.

1922 (Pre-Textos) es el título de una novela que, según ha dicho a EFE su autor, empezó como un ensayo sobre la publicación de La Tierra Baldía, de T. S. Elliot, y de Ulises, de James Joyce, y de la intervención determinante que para la publicación de ambas obras tuvo Ezra Pound, pero que fue transformándose en novela. «Con rigor y conociendo los límites del género, con la novela se puede dar una versión más veraz de los hechos que con la mera biografía», ha dicho.

Biógrafo de Luis Cernuda y de Juan Eduardo Cirlot, Rivero Taravillo ha tratado de plasmar «la relación directa que hay entre la vida y la obra» de los escritores que protagonizan 1922, una obra que es una sucesión de estampas de un París en ebullición, y unas páginas por las que transitan no menos de nueve autores que obtendrían el Premio Nobel, aunque, como ha contestado Rivero Taravillo, son aún más los autores que, personajes de esta novela, no obtuvieron ese premio aunque les sobraran méritos para ello: Borges, los mismos Joyce y Pound, Proust, Fitzgerald —1922 también fue el año de la publicación de El gran Gatsby—, Vallejo, Cavafis o Djuna Barnes, entre otros. Todos ellos componen en 1922 un fresco que, según su autor, ha sido rigurosamente documentado, de tal modo que todas las escenas de la novela, todos los encuentros de personajes que en ella se producen, todos los cruces de intenciones y coincidencias en el espacio y el tiempo están sustentados en cartas de los propios interesados, en biografías o en la literatura testimonial que ellos mismos dejaron.

Según su autor, 1922 es también «la instantánea de un paradigma de cambio, y París es el foco de esos cambios, pero también me he ocupado de otros lugares y de otros autores que no estuvieron allí en ese momento, como de las vanguardias hispanoamericanas, tan interesantes».

Este mes de febrero se cumplen los cien años de la publicación de Ulises, una novela sin la cual, ha asegurado Rivero Taravillo, «no existiría buena parte de la literatura moderna porque, incluso los autores que dicen que abominan de esa obra, aunque no la hayan leído, sí han leído a otros autores que sí han sido influidos por ella». «No me gusta mitificar Ulises, porque la literatura es hedonismo y hay que leer por placer, y es una novela a la que si se le hacen catas o se lee de manera placentera no defrauda», ha añadido el autor sobre una obra maestra de la que también considera deudora su 1922.

1922 sólo tiene trescientas páginas, sus capítulos son breves y van encabezados por títulos que se corresponden con cada momento de la narración y, aunque se lee sin dificultad, integra varias técnicas narrativas, como monólogos, flujo de conciencia, preguntas y respuestas, y breves «homenajes» no sólo a Ulises sino también a Dublineses. 

Rivero Taravillo, que también es poeta y traductor, ha rehuido de recursos vanguardistas o, como él mismo dice, «artificios extraños», y ha optado por «contar lo fundamental de manera fluida, con cierta plasticidad», de modo que 1922 es también un ejercicio de contención por la brevedad en la que condensa el enorme repertorio de escritores, filósofos, artistas que hacen que en cada una de sus páginas se describan no menos de dos o tres hechos, biográficos o históricos, memorables.

Imagen de portada: Gentileza de Zenda. Autores, libros y cía.

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Autores, libros y cía. Arturo Peréz Reverte.

Sociedad y Cultura/Literatura/París de la década del 20 Siglo XX.