La vaca atada. El origen de la frase que impusieron las familias aristocráticas porteñas.

INTRODUCCION

Argentina fue una sociedad con un nivel de vida notable, pero con grandes bolsones de pobreza. En los conventillos del sur de la Ciudad vivian hacinados, miles de inmigrantes llegados de Europa buscando una mejor vida. Sólo pocos lo lograron. Los restantes no se encontraron con la tierra prometida; ya las familias patricias se habían enriquecido y constituido como la oligarquía terrateniente luego de la campaña de “La conquista del desierto” liderada por Julio Argentino Roca. En honor a la brevedad; no se hace posible realizar la crítica PUNTUAL de los hechos mencionados por la fuente en este artículo. Lo expuesto ha sido escrito por quien es el titular del dominio *Andando tras tu encuentro- El cielo y el infierno- de Word Press, asumiendo la total responsabilidad de lo citado.

La costumbre de viajar con todo lo necesario para pasar largas temporadas en el viejo Continente.

Argentina, principios de siglo XX. En una época de vacas gordas, París era una fiesta y el destino preferido por los argentinos que llegaban con los bolsillos cargados y ansias de buena vida. En ese entonces, todo francés consideraba que el que se casaba con un argentino se volvía rico por el resto de su vida.

Las vacas eran gordas y algunos las tenían atadas. Lo que hoy es sinónimo de seguridad económica, en esos días era una realidad para los argentinos acomodados que viajaban a Europa en barco con la vaca atada, para tener siempre a mano leche fresca. Claro que, además de la vaca, con ellos viajaban criados, personal de servicio, animales domésticos y, por supuesto, todo lo necesario para pasar largas temporadas en el viejo Continente.

“Cuando la Argentina despliega un proceso de expansión capitalista, a partir de 1880, los terratenientes argentinos eran una de las clases más ricas del mundo. Para ellos era importante la constitución de una nobleza criolla, basada en aquellas familias que tenían antecedentes en los tiempos de la independencia, como los Anchorena o los Alvear”, cuenta a LA NACIÓN el historiador Eduardo Lazzari.

El comedor en tiempos de la familia Unzué. Finales de la década de 1920.

El comedor en tiempos de la familia Unzué. Finales de la década de 1920. Archivo Arq. Gustavo Raik. – Archivo

El escritor Ricardo Güiraldes y su mujer Adelina del Carril formaban parte de este grupo y pasaban sus días entre Europa y Argentina, sin olvidarse, además de su equipaje, de la vaca que no podía faltar durante la travesía. Sus viajes eran constantes y no se limitaban al viejo continente. 

El Caribe y el continente asiático se incluyeron entre sus rumbos. Ambos disfrutaban de la buena vida que se podía llevar en esos tiempos de prosperidad. Algunos destinos que pueden imaginarse exóticos en la época, no lo eran. “Los Güiraldes no eran la excepción sino la regla de una Argentina abierta al mundo, donde en todos lados había algo que aprender. El primero que fue a Oriente fue Lucio Victorio Mansilla. Y Argentina fue el primer país sudamericano que estableció una relación con Japón”, destaca Lazzari.

Lucio V. Mansilla fue de los primeros en viajar a Oriente

Fiestas, bailes y todo tipo de encuentros sociales se desarrollaban de los dos lados del Atlántico. “Los Güiraldes-del Carril pertenecían a familias con emprendimientos agropecuarios. 

Argentina en esa época era el primer exportador de carne y de cereales del mundo. En 40 años, entre 1870 y 1910 su población se cuadriplicó y en ese tiempo la economía se multiplicó por 40. Por eso se dio un crecimiento gigantesco y Buenos Aires llega a pasar a París, en 1910, en cantidad de habitantes”, describe Lazzari. Además de la intensa vida social, lo que unía al matrimonio aquí y allá era la inquietud literaria y el ambiente cultural del que eran parte, siempre rodeados de escritores y de poetas nacionales y franceses.

Tanto Ricardo como Adelina pasaron parte de su infancia en Europa. Nacido en 1886, Ricardo era hijo de Manuel Güiraldes, que sería intendente de Buenos Aires entre 1908 y 1910, y de Dolores Goñi. Criado hasta los cuatro años en París, volvió al país hablando francés a la perfección, mientras que el castellano sería entonces su segundo idioma. 

Buen cantante y bailarín -especialmente de tango-, ya de grande volvió una y otra vez a la Ciudad Luz, donde se movía entre pintores, músicos y escritores

Aún soltero, viajó a la India y a Oriente con su amigo Adán Diehl, que más tarde se casaría con la hermana de Adelina, Delia del Carril. Italia, Grecia, Constantinopla, Egipto, India, Ceylán, China, Japón, Rusia y Alemania formaron parte de su recorrido y forjaron su amplio acerbo cultural. Ya de vuelta en París, se unió al grupo Parera, en el taller de Alejandro Bustillo, en el que compartió intereses con intelectuales como Alberto Lagos, Alfredo González Garaño, Alberto Girondo y Victoria Ocampo. Allí conoció a Adelina del Carril, con quien se casó en San Antonio de Areco, en 1913.

Italia, Grecia, Constantinopla, Egipto, India, Ceylán, China, Japón, Rusia y Alemania formaron parte de los viajes de Ricardo Güiraldes y forjaron su amplio acerbo cultural

Italia, Grecia, Constantinopla, Egipto, India, Ceylán, China, Japón, Rusia y Alemania formaron parte de los viajes de Ricardo Güiraldes y forjaron su amplio acerbo cultural. archivo

Igual que su marido, Adelina había sido educada por institutrices. Nieta de Salvador María del Carril, quien había sido gobernador de San Juan y vicepresidente de la Confederación Argentina en tiempos de Urquiza, e hija de Víctor del Carril, tenía doce hermanos. 

Sus primeros años transcurrieron en el campo hasta que la familia se mudó a Europa, donde fue educada en colegios de monjas. A los quince años, de vuelta en Buenos Aires, su padre se quitó la vida de un tiro. Su madre, Julia Iraeta, viuda con trece hijos, alternó los días de la familia entre Buenos Aires y París.

“La familia de Adelina del Carril se ocupaba de negocios agropecuarios. Habían pasado momentos terribles. Era una familia de mujeres fuertes. Su hermana Delia se separa de Neruda por las palizas que éste le daba. Eran mujeres educadas, que habían viajado a la par que sus padres. Su posición social no les exigía grandes desafíos”, afirma Eduardo Lazzari.

En la rambla de Mar del Plata

En la rambla de Mar del Plata. archivo

Cuando Adelina conoció a Ricardo, uno y otro tenían mucho mundo y posibilidades económicas para continuar con el mismo ritmo de vida. Las largas estancias en París, España o en otros destinos eran comunes para los escritores argentinos de la época. 

Sobre sus largos períodos fuera del país, Ricardo Güiraldes escribió: “entre extraños aprendí a ver lo que había en mí de nacional, lo que hay en mí, no de individual, sino de colectivo común a todo mi pueblo”. Casi al final de su vida, en su gran obra, Don Segundo Sombra, plasmó, justamente, este conocimiento. “Hace una relectura del gaucho indómito y representa a esa sociedad que había progresado en todos los niveles”, sostiene Lazzari.

Ya casados, algunos de los destinos de viaje de los Güiraldes son las Antillas, Cuba, Jamaica, París y Mallorca. “En esos viajes se adoptaron ciertos gustos. 

Preferían los paquebotes italianos, donde se comía mejor. Era común llevar vacas para tener leche fresca. Esto era real. Argentina era vista como tierra de promisión. Por eso fue el segundo destino de inmigrantes, llegando a representar un 40% de la población”, afirma Lazzari. Según el historiador, la sociedad de entonces funcionaba muy armónicamente y ese fue el motivo de la llegada de tantos inmigrantes.

Turistas tomando leche al pie de la vaca en Necochea

Turistas tomando leche al pie de la vaca en Necochea. AR-AGN-ECC01-4284-136147

En esos largos viajes que antecedían a extensas estadías fuera del país, las familias enteras se trasladaban con criados, sirvientes y enormes equipajes “porque llevaban el mismo tren de vida allá que en nuestro país.

Esto se mantuvo hasta 1970: en 1975 el nivel de pobreza era del 4%. Desde entonces, el país no siguió progresando al ritmo que lo venía haciendo”, asegura.

Además, afirma que Argentina fue la sociedad más culta de América latina hasta 1970. “Carlos Fuentes dijo que la literatura latinoamericana del siglo XX estaba formada por una biblioteca de literatura argentina y un estante del resto”, cita el historiador. La literatura fue una presencia constante del matrimonio, donde fuera que estuvieran. En Buenos Aires, Ricardo Güiraldes fue miembro del grupo Florida, movimiento literario de vanguardia y dirigió la revista Proa, fundada junto con Borges.

Tan lujosa era la manera de viajar de los argentinos y tan alto su nivel de vida en Europa que, cuando un argentino llegaba a las aduanas, pasaba sin hacer fila. “Esto fue así entre 1880 y 1930, cuando sucedió la crisis del 30″, añade el historiador. Si bien en una primera lectura se puede entender que se trató de una sociedad snob, “no era una generación elitista, porque se educaba a todos gracias a la educación gratuita y se daba el voto libre a todas las personas”, reflexiona Lazzari, quien atribuye responsabilidad ciudadana a las clases acomodadas de entonces. Argentina estaba integrada al mundo, sin grandes problemas sociales. “Esa apertura de mundo sin complejos fue un ejemplo”, apunta.

Barco de pasajeros, alrededor de 1920

Barco de pasajeros, alrededor de 1920. archivo

Viajes y libros serían una constante del matrimonio Güiraldes. El campo argentino sería otra presencia fundamental, algo que quedó plasmado en la obra del escritor. “Ricardo Güiraldes era el prototipo del estanciero. Y tuvo la sensibilidad para captar la evolución del hombre de campo. El estanciero tenía una relación natural con el hombre de campo. Roca era conocido por su llaneza para tratar con sus peones. Y, en la revolución de 1905, ellos fueron los primeros en defenderlo”, cuenta.

A diferencia de los hacendados en Australia o los farmers de Estados Unidos, “nuestros estancieros eran una clase ilustrada, con alto sentido de responsabilidad social”, acota Lazzari. Para las familias que formaban parte de lo que Lazzari llama nobleza criolla, “había que tener un castillo en la estancia, un palacio francés en la ciudad y un mausoleo a la italiana en un cementerio”, que podía ser la Recoleta u otro, como El Salvador de Rosario o San Jerónimo en Córdoba.

En 1927, en París, Adelina y Ricardo Güiraldes tenían proyectado un viaje a la India, que se frustró debido a la enfermedad de Hodgkin que le diagnosticaron al célebre escritor. Allí murió el 8 de octubre de ese año. Sus restos fueron trasladados a Buenos Aires y fueron inhumados en San Antonio de Areco. Ricardo Güiraldes tenía 41 años. Después de su fallecimiento, su mujer publicó libros de poemas que Güiraldes no había publicado en vida, como “El sendero”, “Pampa” y “Poemas”. Adelina del Carril lo sobrevivió hasta 1967 y sus restos descansan junto a los del escritor.

Imagen de portada: En la Rambla Bristol, Héctor Cobo, Josefina Unzué de Cobo, Adelia Maria Harlilaos de Olmos y la sra. Unzué de Aldao, año 1923-AGN.Año 1923-AGN

FUENTE RESPONSABLE: La Nación. Buenos Aires; Argentina. Por Malu Pandolfo. 16 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Argentina/Siglo XX/Controversias/Pensamiento critíco.

 

 

 

 

 

 

 

La literatura como profanación

Desde la Biblia (ese Libro, esa obra de la experiencia y la imaginación colectivas que no han superado las literaturas individuales), se alude con el término “profanación” a un acto bastante preciso: la invasión y la destrucción de lugares y objetos del culto por quienes no conocen o no aceptan sus ritos.

Menos dramática debería ser sin duda la utilización del vocablo para aplicarla al oficio de escribir. ¿Qué poder semejante tendrá una mera ficción para compararla con las devastadoras irrupciones de un Antíoco Epífanes o de tanta otra omnipotencia? Y además ¿por qué creer que las instituciones actuales guardan algo tan sagrado y tan frágil, que la palabra escrita, por su sola inserción, puede tornar impuro?

Vilipendiada y temida, silenciada y usada, halagada, cortejada, destruida, manoseada, incendiada, ella vacila entre tanta ausencia y tanta presencia, y no acaba por encontrar su verdadero sitio, mientras nuevos y refinados sistemas se combinan para mantenerla en una incómoda ambigüedad. 

Las “ilusiones literarias” retroceden día a día ante la indiferencia creciente de quienes necesitan y recompensan las cosas concretas, palpables, eficaces, valuables. Pero también avanzan bajo las catacumbas de los hospitales psiquiátricos y de las antiguas y renovadas prisiones, descubriendo qué magnos rencores concita, qué altas potestades hiere.

¿Acaso porque la ficción dibuja un mundo donde las normas, las consignas, las leyes, importan por lo que no importa, pueden por lo que no puede, hacen “contar” lo que no cuenta? ¿Acaso porque, liberada de las compulsiones de “lo real”, la ficción pone en tela de juicio, desde el más alejado polo, las condiciones de producción y de reproducción de todo “lo real”?

Sólo pocas democracias actuales toleran (y el uso casi habitual de este verbo es de por sí harto significativo) el ejercicio irrestricto de la libertad de escribir y de publicar. 

Pero, hasta en ellas, sectores muy importantes del poder social (y, en oportunidades, del oficial) inhiben, perturban, atacan o impiden el conocimiento y la difusión de determinadas obras o textos. Hay también una censura (unas veces larvada, otras evidente, otras que afortunadamente queda como intentos) en distintos canales de exposición o de comunicación, que evita o demora el conocimiento de ciertas creaciones literarias, o que, desde el origen, es decir en la producción, mediante la presión económico-financiera, paraliza o coarta la libre expresión artística. 

Pese a todo, en estos regímenes democráticos nos encontramos, evidentemente, lejos de fenómenos del tipo de la censura nazi o franquista, o de “casos” como los de un Boris Pasternak, un Heberto Padilla, un Breyten Breytenbach o un Salman Rushdie.

No hay probablemente nada que atente más contra un orden establecido, y bien o mal defendido, que la utopía: su empecinado horizonte es el de fundar nuevos mundos, nuevas reglas (o la falta de ellas), nuevos órdenes (o la falta de ellos) que hagan más feliz la vida humana sobre la tierra. 

Pero, de todas las utopías conocidas, la de fundar un nuevo lenguaje es la mayor y la más radical porque, siendo la que da origen a las otras, está también en su fin: sólo hablándose de otro modo, escuchándose y entendiéndose de otros modos, se realizará la fraternidad. Y puesto que no otra cosa es la literatura, un lenguaje nuevo, una permanente creación de lenguaje, una invención que cada gran escritor recrea personalmente ¿cómo no habría de ser transgresora?

Los malentendidos iniciales son numerosos, pero quizás podrían ser reducidos a uno: desde ópticas a menudo distintas se ha tratado siempre de establecer una suerte de acuerdo entre literatura y moral. Y la primera, como no podía ser de otra forma, se ha resistido a lo largo de los siglos.

Simplemente, porque las leyes que gobiernan la actividad estética y literaria no son las mismas que rigen el comportamiento social. O, en todo caso, determinados comportamientos del presente. Ésos que condenan a Sade, a Flaubert, a Michelet, en función de principios consagrados, fundamentos contra los cuales, es cierto, atenta la obra, que es, casi siempre, una apelación al futuro, quizás a una nueva conducta moral.

¿Por qué el arte y la literatura tienen que terminar revistiendo ese carácter transgresor, impío, profanatorio? Por el momento, pienso que la única respuesta interna que puede ensayarse (al menos, en literatura) surge de su ejercicio mismo. Y en el núcleo más concreto: la lengua. 

Es como si el propio lenguaje, el trabajo con él, su exploración hasta el límite y más allá de los límites condujeran a la subversión, al enfrentamiento. Como si la invención de realidades verbales supusiera el obligatorio ataque a la realidad vigente, la violación de ciertos principios, la destrucción de dogmas. Una agresión insoportable para cualquier autoridad que se precie de serlo. (Si no fuese así, no se comprendería la similitud en las reacciones de tan diferentes regímenes políticos, iglesias, credos.)

Todo hombre que escribe, siente, en algún momento de su vida, que las palabras conocidas no le alcanzan, que debe buscar, descubrir o inventar otras nuevas. 

Lo que exige la desmesura y la trascendencia no es sólo “la búsqueda sollozante” de un Baudelaire o “el desorden de los sentidos” de un Rimbaud; también el racionalismo de un Rousseau, cuando emprende sus Confesiones, lo conduce a la desesperación en la empresa: «Para lo que yo tengo que decir -asienta- se necesitaría inventar un lenguaje nuevo, tan nuevo como mi proyecto».

La legalidad, los sistemas, las religiones, los (y las) órdenes, el pensamiento totalitario, han creído encontrar remedio para tales violaciones: este sería el del fuego purificador. Desde que ha habido libros, vienen incendiándose las bibliotecas y quemándose textos, real o metafóricamente, hasta hacerse carne en la historia de la cultura la idea de que la amenaza específica contra la transgresión literaria es ígnea.

En nuestra América, Juan Rulfo, no menos impuro, ni menos transgresor, también interiorizó en sus textos tamaños pecados y tales castigos. Sabiendo cuánto infringía con su obra, colocó sobre las llamas al Llano, y en su única, breve e infinita novela Pedro Páramo designó Comala al pueblo de los grandes pecados y la dudosa purificación. Rulfo, justamente, que supo trabajar más con el silencio que con la palabra; Rulfo, cuyos murmullos valen más que los gritos en la gran memoria, en la gran vigilia literaria.

Imagen de portada: Gentileza de Página 12

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Por Mario Goloboff.* Escritor, docente universitario. 19 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Libertad de expresión/Pensamiento crítico.

 

 

A BANKSY NO LE GUSTA LA RURAL.

Muestra del genial artista callejero británico en un predio que simboliza la estafa a la sociedad.

Una muestra no autorizada en un espacio cuyos fines comerciales deberían ser ilegales. Desde Plaza Italia se puede leer el enorme cartel que dice “¿Genio o vándalo?”, haciendo alusión a Banksy, el artista británico cuyas obras se exhiben desde esta semana, sin su consentimiento, en La Rural de Buenos Aires. Probablemente los verdaderos vándalos sean justamente quienes lucren con esta exposición.

¿Quién es Banksy?

En general a la humanidad le atrae aquello que no puede tener. Hay cientos de artistas con nombres de fantasía, pero en el caso de Banksy, él hizo del misterio en torno a su identidad una parte central de su obra. Por ello, como nadie sabe cuál es su nombre original o en qué fecha y lugar exactos nació, todo el mundo se lo pregunta. 

Evidentemente es información que si estuviese a la mano no sería lo fundamental. Se conoce que comenzó a pisar fuerte en el mundo del street art durante la década del ‘90, que nació en Inglaterra, en algún lugar cercano a Bristol, y que es un hombre. Pero por fuera de esos datos típicos, hay información sensible sobre este grafitero que sí está a la mano y que pareciera ser lo más determinante a la hora de caracterizar su identidad: es un artista cuya producción es absolutamente ideológica, y aunque a esto podría esgrimirse que todo arte es político, en su caso lo es de manera explícita. Banksy, además de transitar el campo de la denuncia, lo trasciende y pasa a la acción.

Un grafitero que compró un barco para rescatar personas en el mar es una rara avis. En 2020 el británico financió la compra de un barco de la Marina francesa para llevar a cabo misiones humanitarias. Se trata de una embarcación de 30 metros de eslora, pintada de rosa, que lleva el nombre de una anarquista francesa, Louise Michel. La tripulación se reivindica como parte de un proyecto feminista y antifascista, y cuando los rescates comenzaron a efectuarse, Banksy posteó en su cuenta de Instagram: “Como la mayoría de las personas que tuvieron éxito en el mundo del arte, me compré un yate para navegar por el Mediterráneo”. Ácido, directo y consecuente.

Sus obras son seguramente la mejor forma de conocerlo. Uno de los grandes momentos que protagonizó fue al realizar una instalación él mismo, cuando entró a Disney y emplazó allí una figura disfrazada de un prisionero de Guantánamo. También ha pintado murales en Cisjordania, en el muro que separa Israel y Palestina. En este sentido, a unos 40 kilómetros de Belén, creó un hotel con 10 habitaciones, The Walled Off Hotel, para generar trabajo a nivel local y con una sala especial para que, en territorio israelí, puedan exponer sus obras artistas palestinos.

Muestra NO autorizada

En el Instagram oficial del grafitero se puede ver una captura de pantalla que muestra el siguiente chat:

—Hey, Banksy, vi esto y me acordé de vos. (Se observa la imagen de una muestra.)

—Sos gracioso. ¿Qué carajo es eso?

—Una exhibición de tu trabajo en Moscú. Cobran 20 libras para entrar. LOL.

—Me encantaría que pudiera parecerme gracioso. ¿Qué es lo opuesto a LOL?

—Creo que es LOL.

—Sabés que eso no tiene nada que ver conmigo, ¿no? Yo no le cobro a la gente para ver mi arte, salvo que se puedan subir a una Vuelta al mundo (en alusión a un parque temático que abrió al sur de Inglaterra durante cinco semanas como una parodia a Disney).

—Lo han hecho que luzca como algo legal, creo que deberías hacer algo, ¿no podés hacer un comunicado de prensa?

—Mmm… No estoy seguro de ser la persona indicada para quejarme acerca de personas que muestran imágenes sin permiso.

—No, amigo, esto es una estafa. Tenés que hacer algo.

—No sabría ni por dónde empezar.

—¿Posteando una captura de este chat?

—LOL.

 Los organizadores de la muestra que comenzó esta semana en Buenos Aires saben perfectamente que buena parte de la obra de Banksy es considerada “vandalismo”, porque justamente la esencia misma del arte callejero es ir y pintar ahí donde no te permiten hacerlo. 

En esto se amparan para exponer sus obras sin consentimiento, algo así como “Ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón”. Pero no todo es lo mismo. Una cosa es el arte urbano, la pintada, el esténcil. 

Y otra muy distinta es que un puñado de millonarios que tenían originales de Banksy los “presten” para que se organice una muestra de su obra, con fines de lucro y sin autorización.

La Rural y su compra “vil”

En diciembre de 2012 los diarios argentinos nacionales explotaron: Cristina quería expropiar La Rural. “La yegua”, no conforme con el lío que había armado en 2008, ahora iba por el símbolo de los símbolos, ese lugar lleno de olor a bosta a donde la gente se viste de gala para visitarlo. 

En verdad la palabra “expropiar” fue usada con malicia por las grandes empresas de comunicación, porque formalmente no se trataba de una expropiación sino del decreto presidencial 2552 que disponía la “nulidad absoluta del decreto 2699 del año 1991” que había determinado la venta de este inmueble perteneciente al Estado. 

El motivo de la nulidad radicaba en el precio vil por el cual el predio ferial de Palermo había sido vendido a la Sociedad Rural Argentina en 30 millones de dólares, cuando un peritaje oficial determinó que el valor real era de 131,8 millones. Les faltaron 100.

Al anunciar la medida, el entonces jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, señaló que 11 ex funcionarios estaban procesados por el delito de peculado. Se trataba de: Domingo Cavallo (ex ministro de Economía); Eduardo Agustín Carlos de Zavalía (ex presidente de la Sociedad Rural); Juan Alberto Ravagnani (ex secretario de la entidad); Raúl Angelini, Ricardo Schapiro y Juan Manuel Insúa (ex funcionarios del Banco Ciudad); Jorge Frost, Carlos Alberto Ratto y David Ivakhoff (ex funcionarios del banco Hipotecario); y Matías Ordóñez Jiménez Zapiola y Gastón Figueroa Alcorta (ex funcionarios públicos). La presencia de los funcionarios de los bancos Hipotecario y Ciudad radica en que lo único que estuvo mal no fue el precio sino la forma misma de fijarlo. La ley 21.626 exigía que el cálculo del valor del terreno fuera efectuado por el Tribunal de Tasaciones de la Nación, pero esto no fue así sino que los bancos mencionados señalaron el precio. Además la venta fue realizada en forma directa, evitando los mecanismos vigentes, que eran concurso o licitación pública.

La Rural apeló la medida y la Cámara Federal Civil y Comercial suspendió el decreto el 4 de enero de 2013. Esto fue confirmado por la Corte Suprema en agosto de ese año con cinco votos a favor –Carlos Fayt, Juan Carlos Maqueda, Enrique Petracchi, Elena Highton y Carmen Argibay– y dos en contra, a cargo de Eugenio Zaffaroni y Ricardo Lorenzetti. 

En abril de 2016 el gobierno nacional decidió seguir adelante con las medidas iniciadas en 2012. Se trata de un caso muy particular: una medida de Cristina Fernández de Kirchner, avalada por Mauricio Macri, nada menos que en contra de la entidad agropecuaria. La Sociedad Rural Argentina, fundada en 1866, ocupa el terreno de Palermo desde 1878 por un acuerdo con el Estado, y la compra en cuestión se ejecutó durante el gobierno de Menem.

Un elefante rosa frente a nuestras narices

En la actualidad la recuperación del predio de La Rural sigue pendiente y, mientras tanto, el uso comercial no ha cesado. 

En el año 2006, Banksy realizó en Los Ángeles su muestra Barely Legal”, que significa “Casi legal”, un evento gratuito en donde expuso parte de sus producciones artísticas. En el marco de dicha exhibición se podía ver un elefante real pintado como el decorado de la pared, con pintura para niños. El objetivo, bastante literal, era señalar esas cosas enormes que tenemos frente a nuestras propias narices y que no vemos, justamente como el predio de La Rural. 

Miles de personas pasan todos los días por Plaza Italia, en la Capital Federal, y a nadie se le ocurre tomar ninguna acción al respecto. Probablemente el punto que explique esta inacción sea que la sociedad en su conjunto no termina de sentir como propio el patrimonio del Estado.

Una digresión: una venezolana, entrevistada por quien escribe, se refirió hace algunos años a las políticas de Chávez de la siguiente manera: “Se creó una misión que se llamaba Tu Casa Bien Equipada, a partir de la cual te ponían en casa tu televisor, tu nevera, tu cocina. Y no es, como quiere decir alguna gente para descalificar, que nosotros seamos unos parásitos porque el gobierno nos está regalando estas cosas, no, eso es producto de nuestro trabajo, de nuestro esfuerzo por defender a la patria. Lo que hemos recuperado es nuestro petróleo, nos pertenece, antes iba a los Estados Unidos y a las grandes oligarquías venezolanas, ahora esos recursos se transforman en política y van para nosotros”. Tal vez si miles de argentinos sintieran que La Rural les debe 100 millones de dólares, harían algo al respecto. O al menos, no pagarían por entrar. LOL.

Los ¿límites? del capital

La SRA ha representado en la historia de este país a los sectores adinerados, a los golpes de Estado, la homofobia y el racismo. 

Banksy está en las antípodas. Por eso este artículo se pregunta cuáles son los límites del capital, si es que los tiene. Cuando una persona compra un libro, compra el objeto, no el texto. No puede un cineasta usar un pasaje completo de García Márquez en un guión propio sólo porque tiene en el living de su casa un ejemplar que contiene dicho fragmento. Que un millonario adquiera un Bansky no debería habilitar a que cobre por exponerlo.

En 2018 en una subasta de arte se vendió una de las obras más famosas de Banksy, “Niña con globo”, por 860.000 euros. En el instante en que fue vendida, la obra se auto destruyó. La lámina estaba expuesta debajo de un marco, y en el mismo había escondida una trituradora de papel, que se activó en el momento justo haciendo trizas ese original tan preciado. Las metáforas del grafitero no son muy elaboradas, más bien buscan que el sentido sea evidente. No todo se puede comprar con plata.

La web oficial del artista callejero señala: “Los miembros del público deben saber que ha habido una serie reciente de exhibiciones de Banksy, ninguna de las cuales es consensuada. Han sido organizados completamente sin el conocimiento o participación del artista. Por favor, trátenlos en consecuencia”.

Si la muestra que comenzó esta semana tuviera algo del espíritu del artista cuya obra se expone, no se realizaría en un predio que simboliza una estafa a la sociedad. Habría entradas libres y gratuitas, u obras que sirvan a la población con el dinero recaudado. Ni la una ni la otra. La entrada sale más de 3.000 pesos y las ganancias no irán ni para los vecinos ni para el Estado. 

La mugre se esconde debajo de la alfombra. Quienes pueden, pagan. Y quienes no, se quedan afuera.

La bala no salió

Al momento del cierre de esta nota, la Argentina está conmocionada. Un hombre intentó matar a Cristina Fernández de Kirchner. Es casi imposible concentrarse para corregir los párrafos anteriores cuando sucede algo tan mayúsculo. 

El presente texto mencionaba en alguna de las líneas precedentes que las grandes empresas de comunicación titularon “expropiación” en lugar de “recuperación”, y mencionaba también a una Corte Suprema que respaldó a la SRA para que siguiera detentando el poder sobre un predio que no le corresponde. 

Esos dos actores, los grandes medios y la Corte, son a juicio de quien escribe los grandes responsables del atentado de ayer. En la Argentina se ha tergiversado el sentido de la libertad de expresión. Se ha construido un relato que sugiere que ese derecho consiste en poder decir cualquier cosa. Pero no es así. Hay una diferencia abismal entre instigar la violencia con discursos de odio y comunicar los propios pensamientos. La Justicia tiene el deber de actuar en pos de la libertad y en contra de la violencia, pero no hay Justicia. 

No hay un Poder Judicial a la altura de la República. Hay una corporación. Cuando los jueces y el periodismo golpean sistemáticamente la democracia, la pueden quebrar. La solución a la crisis política actual pareciera ser una reforma judicial. Medios y jueces dignos para alcanzar esa Argentina normal que fue prometida alguna vez. Una Argentina más parecida al arte de Banksy que al vandalismo de la Rural.

Imagen de portada: “Ramo de flores” por Bansky

FUENTE RESPONSABLE: El cohete a la Luna. Por Manuela Irianni. 4 de septiembre 2022-

Sociedad y Cultura/Buenos Aires; Argentina/ La Rural/Corrupción/Estafa/Bansky/ Pensamiento crítico.

 

 

Retrospectiva Bastarda: «La naranja mecánica» (1971), de Stanley Kubrick.

Más de cincuenta años después, hay pocas películas que hayan suscitado la polémica más que La naranja mecánica (1971) dirigida por Stanley Kubrick. Hoy, quizás más que nunca, su supuesta estetización de la violencia y sus comentarios sociales siguen siendo chocantes y profundos, pero sobre todo, y como intentaremos ver en esta nota, especialmente relevantes.

¿Cómo podemos definir la relevancia histórica de una obra? ¿Es la polémica un punto relevante al respecto? Quizás para intentar responder estas preguntas tendremos que, de buenas a primeras, aceptar la imposibilidad de abarcar la totalidad de la obra. Además de la polémica y sus comentarios sociales, La naranja mecánica es una clase de cinematografía, con un uso del color totalmente icónico, el pulso autoral único de Kubrick y con un sentido sonoro de avanzada y totalmente único en la historia del cine.

Todos estos elementos, increíblemente detallados y analizados en miles de notas previas, no serán tratados en profundidad en este análisis histórico, no con el fin de desmerecerlos, si no que con el fin de potenciar más aun el sentido político y social de una obra que, cinematográficamente hablando, definitivamente no se queda debiendo a nadie.

Pero si nos abocamos al análisis argumental de la obra, tenemos que volver un segundo hacia la parte técnica para entender algunos puntos. Uno de los elementos a analizar con esta lupa histórica es que esta película está dirigida por Stanley Kubrick, quizás uno de los directores con nombre y apellido más populares y renombrados de la historia. 

Pero a diferencia de algunas de sus obras anteriores y de prácticamente todas sus posteriores, en La naranja mecánica sucede algo muy particular, y para eso tenemos que hablar, aunque sea muy por arriba y haciendo un resumen algo vago, de lo que fue el cine de los 70 (y también el de los 60).

Hollywood a principios de los 60 comenzaba a tener enormes fracasos financieros. Había algo que se estaba gestando en todo el mundo, una sensación de que el sistema que hacía que todo el mundo funcione correctamente quizás no estaba justamente funcionando. Esta sensación general no tardó en ser respaldada por la contracultura, que poco a poco fue rompiendo los esquemas de sus propias reglas y, de alguna manera, siempre estando en oposición a lo “normal”. 

Lo establecido se convertía en el enemigo, y de esa manera se generaba, a su vez, un movimiento de gente “despierta”. El que podía ver como los medios de comunicación manipulaban a las masas era a su vez idolatrado y pasado a una figura de héroe, que como la sociedad con el diario del lunes puede ver, no siempre era así.

El caso Manson (la secta de Charles Manson y el asesinato de Sharon Tate) es quizás el ejemplo más claro de como la contracultura muchas veces se terminaba mordiendo la cola, pero la adoración de otras figuras menos nocivas como John Lennon también podrían ser planteadas como debatibles o poco coherentes con su propio sistema de reglas. El cine de finales de los 60, a pesar de comenzar a demostrar un poco esa autoconsciencia sobre el movimiento cultural que estaba sucediendo, muchas veces también carecía de esa autocrítica. La liberación sexual o la revolución musical eran a veces meras respuestas a algo que, si, funcionaba mal, pero que por el otro lado esta nueva revolución no traía respuestas sobre un sistema superador.

El cine de los 70, ya post el asesinato de Sharon Tate y con la revolución hippie perdiendo algo de su misticismo, vendría a llamar no solo a la oposición ante lo establecido, sino que a la reflexión. Señalar algo que funcionaba mal no era suficiente. No habría culpables e inocentes. Los personajes “buenos” estarían repletos de errores, fallos e irreverencias, las cuales la misma película muchas veces señalaba como negativas. Es en ese contexto, en el comienzo de una década cinematográfica que iba a estar repleta de autocrítica y personajes grises, donde estrena este largometraje de Kubrick.

Como decíamos antes, analizando entre las películas más conocidas del director, es difícil insertarlo en algún movimiento en específico. No cuesta mucho encontrar directores contemporáneos a Martin Scorsese, por ejemplo, que compartían decisiones, estilos e ideas de mundo. Lo mismo se podría decir de Steven Spielberg, o de John Carpenter

Es fácil trazar una línea histórica de Halloween (1978) con Pesadilla en la calle Elm (1984), por ejemplo, o de Tiburón (1975) con Star Wars (1977)

En el caso de Kubrick, muchas de sus películas evaden estos movimientos. Uno piensa en el terror de los 80, y es difícil encontrar contemporáneos con ideas similares a las de El resplandor (1980). Su cine parece estar disociado de la realidad en la que vive, reconvirtiéndose de película en película y, también gracias a su reducida filmografía, nunca repitiéndose.

En ese análisis, La naranja mecánica parecería entonces ser un film que escapa de esa perspectiva historicista. Para 1971, el año en el que estrenaba, los temas que debate la película como la violencia, el conflicto social o la política estaban en boca de toda una generación cinematográfica. 

No hay ni que irse del año para encontrar en Perros de paja (1971), por ejemplo, otro film polémico e incomodo que replantea la violencia y las relaciones sociales. Entendiendo esto, uno puede asumir que simplemente ese análisis histórico, el de un Kubrick siempre distinto a sus contemporáneos, está equivocado en este caso.

Pero, y como ya hay tanto escrito sobre el film, vamos a intentar jugar un poco. ¿En qué se diferencia la polémica de La naranja mecánica con la de sus obras contemporáneas?

En cuanto a lo cinematográfico, podríamos decir que el estilo autoral de Kubrick es distinto al de sus allegados históricos, pero eso también se podría decir de decenas de directores en una época tan prolifera como la de los 70 en el cine estadounidense. Pero en cuanto a los temas, quizás podemos encontrar algo más interesante.

Kubrick comparte compromisos sociales con muchas películas de la época, pero su respuesta ante los mismos quizás es más difusa. A diferencia de algunas películas que señalan una clara sucesión de víctimas y victimarios, en “La naranja mecánica” todos somos victimarios. 

Hay una ausencia total de la moral en el 100% de los personajes que aparecen en el film, y aunque por momentos uno pueda intentar señalar con el dedo a algún sector, ese dedo puede a su vez apuntar a miles de lugares más (y hacia si mismo también).

Como para ir a un ejemplo más concreto y claro, podemos ver en Joker (2019) una constante apuntada con el dedo a distintos sectores sociales, responsables de que el personaje de Joaquin Phoenix termine como termine.

Un estado ausente en el tratamiento psiquiátrico, unos medios de comunicación que se alimentan de la tragedia, y un sector político que usa al joker como herramienta de campaña. 

Coherente con la época en la que vivimos (sin desmerecerla en absoluto, más bien como evidencia total de que el arte retrata y habla de las épocas en la que es creado), la película de Todd Phillips señala y busca razones para explicar por qué aparecen figuras como la del guasón en la sociedad.

En cambio, La naranja mecánica es mucho más difusa con esos conceptos. 

Mientras que en el Joker vemos como el personaje va “convirtiéndose” desde el comienzo del film de un ciudadano enfermo pero positivo y trabajador a un asesino maniático, la sociedad de la naranja mecánica ya parece arrancar perdida. 

El por qué sucede lo que sucede queda fuera de campo, está en el supuesto pasado de los personajes que uno puede intentar imaginar, pero nunca definir. La violencia de Alex y sus amigos, presente desde el comienzo del film, es ya algo que no depende de la corrupción policial o política. El mundo ya perdió.

Es en esa derrota total de la moral donde la película quizás más se aleje de algunas de sus contemporáneas. John Rambo (Rambo, de 1982) o Travis Bickle (Taxi Driver, de 1976) son de alguna forma víctimas de una sociedad que los corrompió. Son frutos del declive. 

Acá, en cambio, no hay declive, sino que no parece haber rastros de humanidad. La familia de Alex, por ejemplo, es un desastre. No le demuestra cariño ni se preocupa por él. Su circulo social lo retroalimenta y potencia su violencia. El estado en vez de intentar solucionar el problema, lo politiza.

Los medios lo explotan, y hasta la religión, que es la única que en algún momento de la película se anima a criticar el experimento que quieren hacer en Alex para lavarle el cerebro es, paradójicamente, funcional a los objetivos finales. En un momento de la película, un cura de la cárcel rompe el silencio y comenta que le parece una aberración lo que están queriendo hacer con el protagonista, el condicionamiento psicológico para que Alex no pueda decidir.

Ese mismo cura, unas escenas más tarde, está sentado junto a los otros sectores de poder, viendo y evidenciando el éxito en el “tratamiento”. Sus palabras ya pierden peso, y son directamente funcionales al discurso del político que impulsa este nuevo tratamiento. Parecería que el retrato afilado de Kubrick plantea a la religión como los eternos señaladores del mal, que a su vez a pesar de señalarlo lo sostienen desde su silencio y su inacción.

Realmente, si uno ve la película con esa lupa, todos los personajes que aparecen en el film son villanos. Nadie es responsable de la perdida de algo que ya no existe hace mucho tiempo en la sociedad de este film. Los personajes grises de los 70 acá están más oscuros que nunca. No son siquiera grises, son negros.

Ese anaranjado oscuro que retrata Kubrick, esa derrota histórica, es probablemente lo más relevante para el análisis actual. Más de cincuenta años después, mucho de lo que Kubrick señala como perdido solo ha empeorado. La búsqueda de culpables, más firme que nunca, solo parece encarar hacia el fracaso, y ya se ha visto como el que señala hoy, probablemente sea señalado mañana. La respuesta del director, como gran artista, es poco clara. Es quizás con los elementos que deja el film que uno puede debatir, reflexionar y cuestionar a la sociedad en la que se vive.

Un asado, una merienda o una charla con amigos. Una salida a comer. El cine de los 70 era, en pocas palabras, eso. 

Era llevar temas y problemas filosóficos y políticos que antes eran de “la clase alta” y “los intelectuales” a las grandes masas. Era, y es, el entender que el espectador puede, y debe, reflexionar sobre lo que ve. Criticarlo. Hasta oponerse. No hay cosa más interesante que enfrentar a dos personas con ideas totalmente opuestas sobre una película a que debatan, porque en lo que debatirán a fin de cuentas es algo más que en si Alex debía o no seguir con sus amigos violentos. Debatirán de cómo construir una sociedad mejor.

  • Título original: A Clockwork Orange
  • Año: 1971
  • Duración: 137 minutos
  • País: Reino Unido
  • Dirección: Stanley Kubrick
  • Guion: Stanley Kubrick. Novela: Anthony Burgess
  • Música: Wendy Carlos
  • Fotografía: John Alcott
  • Reparto: Malcolm McDowell, Patrick Magee, Michael Bates, Adrienne Corri, Warren Clarke, John Clive, Aubrey Morris, Carl Duering, Paul Farrell, Clive Francis, Michael Gover, Miriam Karlin y James Marcus
  • Productora: Warner Bros., Hawk Films

Gran Bretaña, en un futuro indeterminado. Alex (Malcolm McDowell) es un joven muy agresivo que tiene dos pasiones: la violencia desaforada y Beethoven. Es el jefe de la banda de los drugos, que dan rienda suelta a sus instintos más salvajes apaleando, violando y aterrorizando a la población. Cuando esa escalada de terror llega hasta el asesinato, Alex es detenido y, en prisión, se someterá voluntariamente a una innovadora experiencia de reeducación que pretende anular drásticamente cualquier atisbo de conducta antisocial.

Cliquea en el siguiente link; si deseas ver el trailer. Muchas gracias.

A Clockwork Orange | Trailer | Warner Bros. Entertainment

Imagen de portada: Escena de “La Naranja Mecánica”

FUENTE RESPONSABLE: Cuatro Bastardos. Nicolás Barak Retrospectiva Bastarda 1. 31 de agosto 2022.

Sociedad y Cultura/Cinematografía/Violencia/Movimientos contraculturales/Pensamiento crítico.

 

 

Por qué los insectos ya no se estrellan en tu parabrisas: 30 especies se extinguen cada día.

PARTE I: ALARMA

Una cuarta parte de los insectos de Europa está hoy al borde de la extinción. Las mariposas en España han caído un 70%. Hay un apocalipsis y toda la cadena alimentaria está en juego.

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Cuando un especialista en mariposas sale al campo, rara vez mira el paisaje de frente. Los científicos que estudian estos insectos tienen la costumbre de dirigir su visión hacia los planos inferiores de los prados, y Constantí Stefanescu lleva tantos años estudiando invertebrados que su espalda ha adquirido cierta curvatura. Es un biólogo que trabaja para el Plan de Seguimiento de Mariposas de Cataluña, y hoy ha venido a medir la densidad de insectos en el Parque Natural del Montseny, un bosque al norte de Barcelona, España, que fue declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1978. 

El día es cálido y luminoso, condiciones ideales para que un entomólogo evalúe la intensidad con que las mariposas ocupan un prado. Sobre sus hombros, el biólogo lleva una red con la que caza los ejemplares que no puede identificar a distancia, antes de devolverlos a la libertad. Pero hoy apenas necesita utilizarla. De hecho, casi nunca lo hace. «En los últimos 30 años hemos podido comprobar que el 70% de las especies de mariposas de Cataluña está en regresión», explica. «El estado en que se encuentran las mariposas es un indicador del estado general de los insectos. Incluyendo, por ejemplo, las especies que polinizan los cultivos de los que dependemos».

Constanti Stefanescu, del Plan de Seguimiento de Mariposas de Cataluña. (S. D.)

El Plan de Seguimiento de Mariposas de Cataluña es uno de los pocos programas europeos que evalúan sistemáticamente las poblaciones de insectos en momentos y espacios determinados. «En la comunidad científica, desde hace muchos años, tenemos la impresión de que el declive es enorme, pero la financiación para estudiar los insectos siempre ha sido escasa», admite Axel Hochkirch, que dirige el Departamento de Invertebrados de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y es uno de los entomólogos más reconocidos del planeta (tanto es así que hace un par de meses se bautizó con su nombre una nueva especie de grillo descubierta en la isla de Creta, Grecia: Leptophyes axeli). En toda Europa, entre los científicos que estudian los insectos, existe esta broma recurrente: un mosquito no es tan sexy como un lobo, al menos cuando se trata de conseguir fondos para la investigación. 

En menos de 30 años en Alemania se produjo una pérdida de biomasa de bichos voladores de entre el 75% y el 82%

 «Hace cinco años, sin embargo, todo cambió», dice Hochkirch. En octubre de 2017, la Sociedad Entomológica de Krefeld (Alemania) publicó un estudio que hizo saltar las alarmas en todo el mundo. Con acceso a datos poco comunes recogidos durante 27 años, los científicos pudieron determinar que en menos de 30 años en las reservas ecológicas germánicas se produjo una pérdida de biomasa de bichos voladores del 75%. En los meses de verano, cuando los invertebrados están más presentes, las cifras llegaban al 82%. 

La noticia se extendió rápidamente por todo el mundo, y los periódicos informaron de que estaba en marcha un apocalipsis de los insectos, o Armagedón.[Axel Hochkirch. Foto: S. D.] Desde entonces, se han multiplicado los esfuerzos científicos para evaluar el alcance del problema. Las cifras no son nada alentadoras. «Los estudios más recientes de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza indican que 30 especies desaparecen diariamente de la faz de la Tierra», dice Horchkirch, que dirigió estas mismas investigaciones. También fue él quien dirigió los esfuerzos internacionales para crear una lista roja de invertebrados europeos sin precedentes.

«Gracias a ese esfuerzo realizado entre investigadores de todo el continente, pudimos determinar que una cuarta parte de los insectos del continente está actualmente en peligro de extinción». Para Alain Klein, biólogo del Parque Natural de Our, una de las tres reservas ecológicas que existen en Luxemburgo, la expresión «apocalipsis de los insectos no es tan incorrecta». El pequeño Gran Ducado fue uno de los primeros países europeos en apresurarse a crear un plan de protección de los insectos, y Klein ha estado en este proyecto desde el primer día. «Hay una emergencia que no podemos ignorar, tenemos que empezar a abordar el tema ahora». En el Centro de Investigación en Biodiversidad y Recursos Genéticos de la Universidad de Oporto, la entomóloga Sónia Ferreira habla de una carrera contrarreloj. «A medida que se revelan más datos, nos damos cuenta de que tenemos un enorme problema entre manos, aunque sea invisible para la mayoría de la gente. El mundo tal y como lo conocemos está en peligro. Sin los insectos, toda la cadena alimentaria del planeta está en juego».

Zona reservada para el desarrollo de los insectos en Luxemburgo. (S. D.)

El fenómeno, dice Ferreira, es visible a simple vista: «Si lo pensamos, hace unos años, cuando viajábamos unos cientos de kilómetros en coche en verano, había un momento en que necesitábamos parar en una estación de servicio para limpiar los cristales. Ahora hemos conseguido recorrer miles de kilómetros sin esa preocupación. Es hora de pararse a pensar en el miedo que da eso». 

En mayo de este año, un grupo de científicos británicos utilizó precisamente esta técnica para evaluar el declive. Comparando los datos de 2004 con los de 2021, los entomólogos del Kent Wildlife Trust pudieron determinar una pérdida del 65% de los insectos voladores que aparecen en las matrículas de los coches que circulan por Inglaterra. La misma técnica también había sido utilizada por biólogos daneses midiendo datos con 20 años de diferencia, en un estudio publicado en 2019: en un trayecto de 1,2 kilómetros por la campiña danesa, la reducción de bichos en las ventanillas de los coches fue del 80%. En un trayecto de 25 kilómetros, fue del 97%. La base de la cadena alimentaria del planeta está desapareciendo. 

«Estamos en un gran experimento global que no podemos reproducir. La humanidad no querrá saber cuál es el resultado de ese experimento» 

Lisa Reiss, bióloga de la Universidad de Tréveris, uno de los principales centros de investigación entomológica de Alemania, lo explica así: «Estamos en un gran experimento global que no podemos reproducir y del que desconocemos el resultado. La humanidad no querrá saber cuál es el resultado de ese experimento».

El efecto mariposa

La extinción total de los insectos es un escenario poco probable. A Axel Hochkirch le preguntan a veces si serán las diminutas criaturas o los humanos los que desaparezcan primero, y el científico tiene pocas dudas: «Los humanos irán primero». Su argumento es sencillo: «Los invertebrados están aquí mucho antes que nosotros, y constituyen tres cuartas partes de las especies del planeta. Sería arrogante pensar que les sobreviviremos».

Constanti Stefanescu sostiene una mariposa en el Parque Natural de Montseny. (S. D.)

Pero hay otro punto en el que el científico insiste. Los insectos desempeñan funciones esenciales para la vida humana: los servicios del ecosistema. Un tercio de todos los alimentos que consumimos depende de la polinización, por ejemplo. Y si ese es el problema, las señales ya son de alarma. A finales de julio, los precios del aceite de girasol se habían disparado en todo el mundo debido a la guerra en Ucrania. 

En India, tercer consumidor mundial, los agricultores se encontraron con un problema: había que aumentar la producción nacional, pero las abejas se habían vuelto tan escasas en el sur del país, donde se encuentran las grandes plantaciones, que los girasoles simplemente no florecían. Este verano, los agricultores del distrito de Tenkasi no tuvieron más remedio que polinizar las plantas a mano. Se trata de un proceso largo y complicado, en el que manos humanas recogen el polen de cada flor con un paño y lo frotan con otro. Para satisfacer la demanda, hay que contratar a trabajadores, lo que encarece los costes de producción, y no resuelven el problema tan rápidamente como los polinizadores

En el sur de China, y especialmente en la provincia de Sichuan, la región de los grandes huertos de peras y manzanas, la cuestión es objeto de un intenso debate desde hace más de una década. En la actualidad, casi toda la polinización en la región se realiza manualmente, algo que los expertos consideran insostenible a medio plazo. De momento, la cuestión es asiática, pero la desaparición de los polinizadores en Europa también preocupa.[Alain Klein. Foto: S. D.] Guillem Mas conduce su Jeep por el Pirineo catalán hasta un prado a 1.600 metros de altura. «Compramos unos terrenos aquí para proteger las mariposas hormigueras, que están desapareciendo a una velocidad vertiginosa», dice el biólogo español de Paisatges Vius, una asociación que trabaja por la recuperación de hábitats en esta región. Habla de una especie de mariposa de montaña llamada Phengaris alcon. Un insecto de alas azules conocido por su peculiar ciclo vital, y también por ser un importante polinizador en los paisajes de altura. 

«Compramos unos terrenos aquí para proteger las mariposas hormigueras, que están desapareciendo a una velocidad vertiginosa» 

Estas mariposas copulan en plantas específicas de los Pirineos, y es allí donde las hembras ponen sus huevos. Cuando la larva sale, se alimenta de las flores de estas plantas. En tres semanas desarrolla una forma y un olor similares a los de las larvas de hormiga. Entonces cae al suelo y es recogida y llevada a un hormiguero. Engañadas, las hormigas la llevan al nido, y durante 10 meses se alimenta de huevos de hormiga. A mediados de la primavera, comienza a formar una crisálida y no abandona el hormiguero hasta principios del verano.

Foto: S. D.

«El problema ahora es el cambio radical en la gestión del territorio que pone en peligro la viabilidad de estos animales», dice Mas. Las hormigueras solo se dan si hay plantas y hormigas específicas que apoyen su ciclo vital. Pero los prados donde prosperan estas especies eran pastoreados por ovejas y cabras. «En los últimos 20 años, las vacas han ocupado su lugar. Consumen mucha más hierba, lo que impide la floración ideal para los insectos», continúa. Sin estas mariposas, el paisaje pierde biodiversidad

Y, a falta de diversidad, los campos se vuelven menos productivos. «Entonces se compensa la falta de insectos con más fertilizantes, con más pesticidas, lo que crea un círculo vicioso en el que las especies no pueden revertir la amenaza», dice el científico español. «Todos sufrimos por ello». «El cambio climático es una parte del problema, pero no es la gran cuestión que explica la hecatombe de insectos», dice el biólogo luxemburgués Alain Klein. 

Los monocultivos que han invadido los paisajes, la producción intensiva —sobre todo de ganado y de los campos que lo alimentan— y los pesticidas y fertilizantes que ahora se utilizan a gran escala para hacer fértil la tierra explican en última instancia la ruina de los invertebrados. «A medida que las poblaciones humanas crecen, también lo hacen las necesidades alimentarias. Pero la forma en que promovemos este consumo a gran escala acabará por cavar nuestra propia tumba», defiende Klein.[Guillem Mas. Foto: S. D.] 

Edward O. Wilson, el científico estadounidense fallecido el año pasado y considerado el padre de la sociobiología y la biodiversidad, escribió en 1987 en su libro ‘Conservation Biology’: «Estimo que hay 42.850 especies de vertebrados en todo el mundo, de las cuales 6.300 son reptiles, 9.040 son aves y 4.000 son mamíferos. En cambio, se han descrito 990.000 especies de invertebrados —de las cuales solo 290.000 son abejas—, siete veces el número de todos los vertebrados juntos». 

El capítulo que dedicó a la conservación de los insectos se llamaba curiosamente ‘Las pequeñas cosas que dirigen el mundo’. Y su conclusión en el estudio era bastante clara: «Necesitamos a los insectos para sobrevivir, sí. Pero ellos no nos necesitan en absoluto».

El declive de los insectos: microhistoria de un desastre global

Esta investigación se ha realizado con el apoyo de la beca Earth Grant de journalismfund.eu. Mañana, El Confidencial publicará la segunda parte (2/3) de este trabajo periodístico en colaboración con otros medios europeos como ‘Público’, ‘Contacto’ y ‘Luxemburger Wort’.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

FUENTE RESPONSABLE: El Confidencial. Por Ricardo J. Rodriguez Sanne Derks. Traducción: Marina Quero. Edición vídeo: Patricia Seijas. 31 de agosto 2022.

Mundo sostenible/Pensamiento crítico 

 

No hay Quijotes

No soy hidalgo ni buen jinete
no arremeto ciegamente
contra los molinos de viento,
que lejos de estar en Castilla
abundan en cualquier lugar
de este endemoniado mundo.

Están en todo lugar, codiciosos
siempre atentos a los descuidos,
contrariamente a lo que dice “el Nano”
estos no son solamente “golosos”,
se hacen dueños hasta de nosotros,
seres que como párvulos nos hacen
un blanqueo cada tanto según la ocasión,
engañados por sus intermediarios
con un reseteado diario de cerebro,
abundantes noticias de aquí y allá,
dirigidas, ambiciosas de poder.

Si no creyera que esto sucede
el mundo sería otro, maravilloso
sin cuerpos mutilados, sin guerras
sin mujeres maltratadas, sin hambre,
noticias que tapan como la mano al sol,
para soslayar a aquellos corruptos
que son los verdaderos dueños
de esta nuestra manada dócil y útil
no se hasta cuando para sus fines.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

“Pacto de silencio” en el exclusivo refugio alemán de los oligarcas rusos.

-Si esta editorial no se encuentra “salpicada” por información falsa o malintencionada; podría decirse que como la historia del mundo lo ha relatado desde el Génesis, de acuerdo al lugar del observador el que  con sus creencias y/o ideologias, observa nuevamente como el poder economico aplasta sin reticencia  alguna la consciencia colectiva de las sociedades.-

El concejal de Los Verdes por la aldea de Rottach-Egern está presionando al gobierno federal para que incaute o congele activos de los multimillonarios con vínculos con el Kremlin.

ROTTACH-EGERN, Alemania.– Recostadas entre picos nevados a apenas una hora al sur de Múnich, las aldeas que rodean el lago alpino de Tegernsee han sido el patio de recreo de los superricos desde hace siglos, desde los reyes bávaros y los zares rusos, hasta los jerarcas nazis y las estrellas pop.

Todos ellos llegaron seducidos no solo por los paisajes prístinos, sino también por ese amigable aire de discreción que en los últimos años también convirtió las orillas del Tegernsee en un destino favorito de los oligarcas rusos.

“Este valle ha sido el escondite no solo de los ricos, sino de los turbios. Es una larga tradición de este lugar”, dice Martin Calsow, autor de novelas policiales, que vive en Tegernsee y allí hace transcurrir muchas de sus historias. “Vivimos de ellos y son la fuente de nuestra riqueza a cambio de que nadie lo sepa, y así todos contentos. Es como un pacto de silencio.”

Pero la guerra de Rusia en Ucrania y las sanciones en respuesta que pesan sobre las élites rusas— han encrespado las plácidas aguas del Tegernsee y deformado su reflejo con una incómoda pregunta: ¿es correcto seguir haciendo la vista gorda sobre el origen de la riqueza de quienes fueron recibidos en la región?

Quien no está dispuesto a hacerlo en Thomas Tomaschek, concejal de Los Verdes por la aldea de Rottach-Egern, donde tienen su refugio lacustre algunos de los más encumbrados oligarcas rusos.

Una pintoresca vista de las propiedades junto al lago en Tegernsee, Alemania, en un valle que ha sido durante mucho tiempo un refugio para los ricos, 9 de mayo de 2022.

Una pintoresca vista de las propiedades junto al lago en Tegernsee, Alemania, en un valle que ha sido durante mucho tiempo un refugio para los ricos, 9 de mayo de 2022. LAETITITA VANCON – NYTNS

Tomaschek está haciendo lo que por estos lugares definitivamente no se estila: desafiar la autocomplacencia local y presionar al gobierno federal para que incaute o congele activos, una tarea nada fácil dado el blindaje financiero que ya es parte constitutiva de la vida de los superricos, como los Lamborghinis color flúo que hacen picar a toda velocidad por los caminos de montaña.

“Acá hay un problema moral con estos oligarcas”, dice Tomaschek. “Muchos me dicen que no hagas olas, que no es problema nuestro. Bueno, yo creo que sí es problema nuestro”.

Tomaschek le apunta a uno en particular, el magnate uzbeco Alisher Usmanov, estrecho aliado de Vladimir Putin, que hizo su fortuna a través de operaciones mineras y metalúrgicas y tiene tres villas sobre el lago.

Cerca de ahí, sobre las laderas también hay una extensa propiedad vinculada a Ivan Shabalov, magnate ruso de los oleoductos. Sobre Shabalov no han recaído sanciones, pero algunos cuestionan el origen de su fortuna, ya que su empresa trabaja con el gigante energético Gazprom, controlado por el Kremlin.

Los escrúpulos de los vecinos del Tegernsee reflejan un examen de conciencia más amplio a nivel nacional. La decisión de dejar en suspenso la puesta en funcionamiento del oleoducto Nord Stream 2 entre Alemania y Rusia es una admisión tácita del fracaso del “cambio a través del comercio” que impulsaron durante años los políticos y los empresarios de Occidente para moderar las tendencias del Kremlin.

Pero las discusiones en Tegernsee muestran que, a pesar del cambio de postura del gobierno, algunos beneficiarios locales de esos vínculos con la élite de Moscú tienen la intención de esperar a que pase la agitación actual para volver calladitos a sus negocios de siempre.

Usmanov, que según los vecinos venía al menos tres veces al año, se encontraba en Tegernsee cuando fue agregado a la lista de sanciones de la Unión Europea, en febrero.

Sin embargo, su jet privado pudo despegar de Múnich varias horas después. Las autoridades del aeropuerto le dijeron a los medios de comunicación locales que el avión estaba registrado a nombre de una compañía de Isla de Man, no a nombre del propio Usmanov, y que ninguno de los pasajeros había usado pasaportes rusos.

Eso demuestra que las autoridades se durmieron”, dice Tomaschek.

ARCHIVO – El presidente ruso Vladimir Putin, a la izquierda, posa el 26 de enero de 2017 para una foto con el fundador de USM Holdings, el empresario Alisher Usmanov, durante una ceremonia de entrega de premios en el Kremlin de Moscú, Rusia. (Alexei Druzhinin/Sputnik, Kremlin Pool Photo vía AP, Archivo)

Ante las consultas del diario The New York Times, el equipo de prensa de Usmanov respondió que las propiedades en cuestión fueron transferidas a un fideicomiso hace años y de manera “totalmente transparente y legal”. Agregaron, además, que Usmanov no tuvo nada que ver con la crisis de Ucrania, y que no es cercano a Putin.

“Reclamar la expropiación de una propiedad legalmente adquirida por otra persona es nihilismo legal absoluto”, respondió con dureza el equipo de prensa y señaló que Rottach-Egern ocupa “un lugar especial en el corazón del señor Usmanov”.

Tomaschek no está de acuerdo y compara negativamente la respuesta de Alemania con la de Italia, donde con relativa rapidez las autoridades implementaron leyes antimafia para identificar y confiscar los yates y villas de los oligarcas rusos.

En las últimas semanas, Alemania ha intentado reforzar su marco legal con el impulso de un nuevo grupo de trabajo. Pero los resultados podrían demorar meses y dar tiempo al movimiento u ocultación de activos.

A fines de marzo, Tomaschek organizó una protesta frente a las villas de Usmanov. Se presentaron unos 300 manifestantes, una verdadera sorpresa para el somnoliento distrito bávaro.

“En Tegernsee no se protesta. Cuesta mucho, realmente mucho movilizar a alguien”, dice Josef Bogner, propietario del Voitlhof, un exclusivo restaurante de gastronomía bávara de Rottach-Egern.

“Tiene algo que ver con estas montañas, que imponen una visión del mundo estrecha”, agregó.

De hecho, hasta el alcalde de Rottach-Egern trató de disuadir a Tomaschek de organizar la protesta, y la calificó “cacería de brujas”, frase que luego repitió en televisión. La idea tampoco cayó bien entre otros concejales colegas de Tomaschek, uno de los cuales trabajó como arquitecto para Usmanov.

Tomaschek dice que desde entonces recibe regularmente emails de odio y llamadas telefónicas amenazantes, y que lo han acusado de “agitador” y “cerdo nazi”.

Lo mismo lo está pasando a Christina Häussinger, editora del Tegernseer Stimme, un periódico local. Hace unas semanas, mientras recorría las calles para levantar el testimonio de los lugareños, muchos se negaron. “Usted quiere avergonzarnos”, se quejó un hombre. “No nos traiga problemas.”

El periódico de Häussinger investiga regularmente las propiedades de los oligarcas y otros vecinos superricos.

Comensales en un hotel de lujo junto al lago Tegernsee, en Rottach-egern, Alemania, 9 de mayo de 2022.

Comensales en un hotel de lujo junto al lago Tegernsee, en Rottach-egern, Alemania, 9 de mayo de 2022. LAETITIA VAN CON – NYTS

“Acá vivimos en un idilio, y lo que quiere la mayoría de la gente es reconfirmarlo, y no que se lo cuestione”, dice la periodista.

Uno de esos lectores que no aprecia sus artículos es Andreas Kitzerow, un artesano local que participa en las obras de renovación de las villas de Usmanov.

“Me indigna totalmente. Usmanov siempre ha sido discreto y por lo que sé, no está involucrado de ninguna manera con la guerra”, dice Kitzerow. “Piensan que pueden hacerle esto solo porque conoce a Putin o porque es ruso. No hay que juzgar así a la gente.”

Y debido a las sanciones, dice Kitzerow, ahora el oligarca no puede pagar la cifra de casi 1 millón de dólares que le debe a él y a otros trabajadores por las obras en sus mansiones.

Algunos residentes dicen que los críticos como Häussinger son una mayoría silenciosa ignorada por los políticos y empresarios que se siguen beneficiando mientras el aumento de los precios en la región expulsa a los habitantes tradicionales.

Así que la guerra en Ucrania se prolonga y las fastuosas villas a orillas del Tegernsee siguen con los postigos cerrados y sin que nadie se atreva a tocarlas. Y algunos temen que el impulso para tomar medidas empiece a flaquear, porque es lo que quiere la élite local.

Tomaschek, por ejemplo, no tienen planes de hacer otra protesta. “Ya enviamos el mensaje”, dice. “Hicimos lo que se puso, ahora debe intervenir el Estado.”

Imagen de portada: Una mansión que se cree que pertenece al oligarca ruso Alisher Usmanov, en Rottach-Eggern, Alemania, 9 de mayo de 2022. LAETITIA VAN CON – NYTS

FUENTE RESPONSABLE: La Nación (f: The New York Times) Por Erika Soloman.Traducción de Jaime Arrambide. Mayo 2022

Sociedad/Alemania/Guerra Rusia-Ucrania/Poder económico/Pensamiento Critico

Enseñar Filosofía a los adolescentes no tiene ninguna lógica.

EL ERIZO Y EL ZORRO

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Quien no tiene plena conciencia de la muerte o no ha sufrido las frustraciones del amor, el sexo y la amistad no puede ni remotamente comprender esta disciplina.

En el mes de marzo, el Gobierno aprobó un nuevo currículo escolar para la Educación Secundaria que, aunque no eliminaba la asignatura de Filosofía, sí modificaba su presencia en el plan de estudios (aquí mi colega Héctor García Barnés explicó exactamente cómo). 

Desde entonces, cosa extraña, hemos discutido con insistencia sobre el valor de la filosofía y la necesidad de enseñarla a los adolescentes. Y me ha sorprendido encontrarme a la defensiva: pese a ser lector de filosofía y estar convencido del inmenso valor que tienen las humanidades para intentar entender el mundo y llevar una buena vida, no tengo nada clara la importancia de que a los 14 o 15 años reciban clases sobre Platón o el imperativo categórico. 

Uno de los principales argumentos en favor de enseñar filosofía a los jóvenes es que esta nos ayuda a ser “ciudadanos críticos”. Conocer la historia del pensamiento nos daría herramientas para criticar ideas ampliamente compartidas, nos permitiría escoger con libertad lo que pensamos y cómo lo pensamos y nos convertiría en seres autónomos. Son cosas que suenan muy bien, pero es dudoso que una asignatura de Filosofía sirva para eso.

Platón ante la Academia de Atenas. (Milos Bicanski/Getty Images)

En realidad, muchos de quienes sostienen estos argumentos ven en la filosofía un medio para transmitir sus posiciones a sus discípulos, no para invitarlos a abandonarlas (aunque, sin duda, hay innumerables buenos maestros que no se ajustan a esta descripción). Un filósofo cristiano puede ser un profesor brillante y ecuánime, aunque difícilmente pretenderá transmitir a sus alumnos las razones para abandonar el cristianismo. 

El llamado “pensamiento crítico” —vinculado a la izquierda universitaria y a la filosofía de las últimas décadas que pone en cuestión los lugares comunes de la sociedad occidental— es muy crítico con todo lo que le parece de derechas, neoconservador o capitalista, pero no parece tener una particular capacidad para criticarse a sí mismo o poner en duda sus postulados. Es hasta divertido ver cómo ahora una parte de la derecha política defiende la enseñanza de la filosofía como forma de justificar el mundo en el que vivimos y sus injusticias. Y recordemos que, en todo caso, una parte muy importante de la tradición filosófica occidental la han conformado defensores de la dictadura, no del pluralismo. Con todas las singularidades propias del momento histórico en el que vivieron, Platón, Nietzsche, Heidegger o Sartre fueron, en buena medida, teóricos del autoritarismo o de la tiranía. 

Una parte muy importante de la tradición filosófica occidental la han conformado defensores de la dictadura, no del pluralismo.

¿Acaso la filosofía no sirve para saber criticar el mundo y escoger nuestras ideas y forma de vida, encontrarle un sentido a la existencia y la convivencia en sociedad? Por supuesto que sí. Pero no a los 14 o los 15 años. A esa edad, quizá pueda transmitir a los jóvenes la curiosidad o las ganas de saber, y eso ya sería algo maravilloso. 

Pero quien no tiene plena conciencia de la muerte, quien no se ha enfrentado a importantes dilemas morales en su vida personal o profesional, quien no entiende el carácter con frecuencia trágico de la política o no ha sufrido las frustraciones del amor, el sexo y la amistad no puede ni remotamente comprender la filosofía. 

La filosofía es la disciplina de las humanidades más intrínsecamente adulta. A pesar de los esfuerzos de sus meritorios profesores, me temo que, en plena adolescencia, las grandes construcciones filosóficas de Aristóteles o Hegel tienen el mismo atractivo que los cuentos de Borges: el de unas fascinantes elaboraciones fantásticas con poco o ningún contacto con el mundo real.

Una disciplina para adultos

Lo que me lleva al siguiente argumento: la filosofía occidental es difícil. En primer lugar, está la distancia temporal: es complicado entender a alguien que pensaba o escribía según las convenciones de hace 2.500, 1.000 o 200 años, e incluso los escritores “claros” del pasado nos resultan arduos en el presente. 

Por si eso fuera poco, parece que los filósofos han buscado a propósito el uso de un lenguaje, unos conceptos y unos argumentos que dificulten la comprensión. 

Esto no es privativo de esa disciplina: otras, como la teología, el derecho o la economía, han creado retóricas cuyo fin es dejar fuera de la conversación a quien no las domina. 

Sea como sea, es absurdo pensar que un estudiante pueda entender a Wittgenstein o a Kant, que es lo que mi buen profesor de Filosofía intentaba con nosotros en tiempos de BUP y COU. Lógicamente, no lo consiguió. Y déjenme decirles que sigo sin entender el ‘Tratado lógico-filosófico’ y que no tengo energía para enfrentarme a la ‘ Crítica de la razón pura

Una de las mejores defensas que conozco de la filosofía y de su enseñanza a los jóvenes es el ensayo ‘Filosofía para legos’, de Bertrand Russell, uno de los filósofos más claros y transparentes del siglo XX. Solo tiene un problema: ningún lego se molestaría en leerlo o, si lo hiciera, no estoy seguro de que entendiera las explicaciones de Russell sobre la relación de esta disciplina con la ciencia y la religión, y su fina distinción entre la “comprensión teórica de la estructura del mundo” y “el descubrimiento y la transmisión de la mejor forma de vida posible”.

Una de las mejores defensas que conozco de la filosofía y de su enseñanza a los jóvenes es el ensayo ‘Filosofía para legos’, de Bertrand Russell.

Es posible que mis argumentos parezcan una crítica a la filosofía (de eso trata la filosofía en todo caso, ¿no?). 

Sin embargo, son más bien una defensa de su postergación, del mismo modo que pienso que no pasa nada por retrasar la lectura de ciertos clásicos de la literatura hasta el momento en que uno pueda entenderlos. 

O, dicho de otro modo, lo que defiendo es el placer de comprender: la alegría que sientes cuando entiendes algo complejo que antes desconocías, o cuando encuentras a otra persona que se hace las mismas preguntas que tú y, además, tiene respuestas que entiendes. 

Sin eso, créanme, no hay conocimiento, ni mucho menos filosofía. Y, me temo, que eso es algo que solo puedes hacer y sentir cuando eres adulto.

Ojalá encontremos la manera de incentivarlo desde la adolescencia. Pero me parece una aspiración un tanto ilusoria, fruto de que nos gusta considerar la filosofía más como un bien absoluto que como una tradición que estemos dispuestos a conocer y estudiar y cuestionar de verdad. 

Ahora bien, si es usted un adulto, no me venga con excusas: lea los filósofos que entienda —¿Montaigne, Camus, Voltaire, Arendt, Berlin, Shklar?—, tómese muy en serio sus enseñanzas y, a menos que ese sea su trabajo, o tenga una vocación admirable, pase completamente de los demás sin remordimientos.

Imagen de portada: El pensador’, de Rodin, en el New Museum Barberini de Potsdam el pasado enero. (Michele Tantussi/Getty Images).

FUENTE RESPONSABLE: El Confidencial. Por Ramón González Férriz. Abril 2022

Sociedad y Cultura/Filosofía/Pensamiento critico

 

 

 

Péndulo utilitario

Noche
como tantas
en qué
me sumerjo
dentro de los
suburbios
de la misteriosa
ciudad,
acá si
es donde
se respira
en compañía
de esos olores,
que definen
la pobreza
más descarnada.

Pero
para la
inmensa
mayoria,
ese es 
un lugar
que prefiere
evitar,
porque
resulta incómodo
hacer visibles
a los
que nada tienen.

Los medios
distraen
y el vulgo 
compra
según
su conciencia,
porque
ello ayuda
a pensar
en un mundo
irreal mediatizado
que sólo
es un invento.

Sobre ellos
y en su miseria,
se posa
la mirada
cínica cómo
mero estigma,
para decirles
en silente
discurso,
de que no
solo no
son iguales,
sino que jamás
lo serán.

Son solo
una masa
espectral,
realidad
vergonzante,
que ee convierte
en juguete
de la puja
de los
que tienen
la sartén
por el mango
y el mango,
también.

Prisioneros
aunque
no inocentes
se saben,
pero se entregan
dócilmente
a aquellos
imbeciles de turno,
porque cruje
el estómago,
y la dignidad
no evita
el hambre..

De sus
necesidades,
seguirán
les promesas
una y otra vez,
que se repetirán
en toda
blasfema
y futura elección.

La rueda
seguirá girando
pero siempre
se detendrá,
solo del lado
de la banca.

Qué significa leer de forma crítica los clásicos literarios.

Cuando traemos al aula una obra de literatura española de cualquier época, lo primero que debemos tener en cuenta es que cada texto responde a un sistema de pensamiento y reproduce o cuestiona los modos imperantes de ver el mundo y de vivir en sociedad de la época. Estos modos de ver el mundo están sujetos a cuestiones de canon, a preceptos estéticos de escuelas literarias y a contextos socioculturales sin los cuales las obras literarias no podrían comprenderse ni apreciarse en su justa valía.

Para profundizar sobre esta entrada, cliquea por favor donde se encuentre escrito en “negrita”. 

Leer de forma crítica es cuestionar la aportación ideológica de cada obra en su momento de escritura, las razones por las que una determinada estética va asociada a esos modos de pensar y cómo influyó en la educación de generaciones la repercusión que los productos literarios (sus tramas y personajes) tuvieron en la sociedad contemporánea y en su avance.

Un ejemplo práctico

Un ejemplo de ese planteamiento es el acercamiento a los temas, los rasgos estéticos y los modelos de personajes presentes en la literatura española del siglo XVIII, a partir del análisis de una comedia neoclásica ilustrada con perspectiva de género. Este acercamiento no solo despierta el interés del alumnado, sino que promueve su pensamiento crítico.

Sirva de modelo la comedia de buenas costumbres La familia a la moda de la autora malagueña María Rosa Gálvez.

Ya la vida de esta poeta y dramaturga ilustrada tiene elementos suficientes para captar nuestra atención. Hija adoptiva de una influyente familia andaluza, casada en un matrimonio lleno de sinsabores y separada de un marido que dilapidó la fortuna familiar, sospechosa de ser la amante de Manuel Godoy y cuestionada por ello, Gálvez ejemplifica a una mujer fuerte que se dedicó con convicción a su escasa pero valiosa producción literaria.

La trama de esta comedia gira en torno al problema con el que se encuentra doña Guiomar, la protagonista, cuando llega a casa de su hermano don Canuto, avisada por su administrador de la ruina en la que se halla la familia. Durante unas pocas horas, esta mujer debe enfrentarse a un hermano frívolo, un sobrino maleducado, una cuñada casquivana, y unos criados insolentes, así como a un marqués embaucador y a un maestro trapichero empleado en la casa. Todos ellos, gente sin oficio ni beneficio preocupada solo de vivir ociosamente y ocupar un puesto acomodado en la sociedad pudiente.

Doña Guiomar, viuda rica que suscita interés a su familia exclusivamente porque cuentan con ser sus herederos, trama una sencillísima pero astuta argucia para poner a cada uno en su lugar, devolviendo el orden a esa casa.

Material adicional

La lectura de esta comedia se enriquece con la lectura del drama El egoísta, de la misma autora, y el sainete Las mujeres solas de María de Cabañas.

También resulta de enorme valor incorporar testimonios aparecidos en la prensa de la época, o discursos ensayísticos publicados por reconocidos pensadores como Feijoo, Jovellanos, Cabarrús, Clavijo y Fajardo, Josefa Amar y Borbón, etc., que participaron en una polémica en torno al universo femenino.

Una polémica candente en toda Europa en ese siglo, con argumentos a favor y en contra de la promoción social de las mujeres, de su capacidad intelectual o de su inferioridad respecto a los hombres, así como la cuestión de la educación femenina.

Reflexión sobre estereotipos y conflictos

La familia a la moda sirve para enseñar los principales rasgos de la comedia neoclásica de buenas costumbres: respeto de las tres unidades (acción, tiempo y lugar), verosimilitud, decoro, justo medio, diálogos con gran carga ideológica, inicio de las obras ya en el desenlace de las acciones, pocos personajes en escena, valores socio-morales, finalidad didáctica, etc.

Pero además ayuda a presentar los diversos estereotipos de género masculino y femenino y de clase social más frecuentes en el teatro de la época, y a definir claramente los roles concebidos bajo la óptica del momento.

Junto con los otros textos aludidos, puede sorprender la presencia de conflictos que hoy están de plena actualidad: desde la violencia doméstica (de padres a hijos y de maridos a esposas, con ejemplos extremos tanto de abusos de autoridad como físicos), hasta la vigencia de los matrimonios concertados, pasando por la preocupación por la formación de las mujeres para la maternidad–embarazo, lactancia y crianza de los hijos, así como su responsabilidad en la educación moral de los hijos y las hijas, su capacidad intelectual, su subordinación al hombre, y su función social.

De Kant al despotismo ilustrado

Este enfoque centrado en el universo femenino permite al mismo tiempo un análisis completo de las características, funciones y expectativas a las que se enfrentaban los hombres. El análisis de ambas identidades genéricas constata el objetivo didáctico moral y de instrucción pública que se espera de la literatura en esa etapa. También, el modelo de ciudadanos y de sociedad al que aspiraban los ilustrados.

Por ejemplo, la relación de sumisión de Inés respecto a su madre –quien ejerce una autoridad abusiva sobre ella con el único fin de robarle su pretendiente–, permite comentar tanto el tema de los matrimonios concertados como la figura de los cortejos, pero también la cuestión del correcto entendimiento del tema del respeto a la autoridad, ya planteado por Kant, o el alcance del concepto de despotismo ilustrado.

Relación con la actualidad

Algunas de estas cuestiones no están nada alejadas de la actualidad, si tenemos presentes noticias como las referidas a la situación de las mujeres en Afganistán o la práctica vigente de matrimonios concertados en determinadas culturas, como la hindú o la pakistaní, que tienen lugar incluso en España.

Acercarnos a esos testimonios literarios y ensayísticos, y proponer en el aula que el alumnado los analice desde planteamientos de género, no solo ayuda a conocer y comprender la literatura y la sociedad españolas del siglo XVIII sino también a revisar los movimientos ideológicos actuales con un pensamiento crítico.

Imagen de portada: Gentileza de Museo del Prado. Baile en máscara (Luis Paret y Alcázar, 1767), representación de un festejo celebrado quizá en el Teatro del Príncipe de Madrid.

FUENTE RESPONSABLE: The Conversation. Rigor académico; estilo periodístico. Enero 2022. Por Maribel Martínez López.Profesora Titular de Literatura Española, Universidad de La Rioja.

Sociedad y Cultura/Literatura/Teatro/Perspectiva de género/ Ilustración/Pensamiento crítico/Crítica literaria.