Una amnesia imperdonable.

Los exploradores españoles olvidados por la historia

Líderes naturales que dejaron huellas de grandeza en su momento, pues en ellos deberíamos de mirarnos antes de acabar siendo un pueblo irreconocible.

Pedro Páez. Jesuita español y misionero en Etiopía

Por Á. Van den Brule A.

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Los pueblos que olvidan su historia, están condenados a repetirla. Avellaneda. Con los tiempos que corren por estos y aquellos pagos del Señor (que debe de estar sesteando a lo grande), creo que al artículo de hoy debería de incorporar una reflexión previa.

Parece que nos ha mirado un tuerto y que además ha sido el chico malo de la Odisea, el Cíclope Polifemo.

La historia de hoy pienso que no es otra cosa que la reivindicación del esplendor que fue ese interludio del tiempo que nos ha sido adjudicado a este pueblo de héroes y villanos. Por ello y dada la fuga de “capitales” tan preocupante en lo que parece una amnesia galopante por el deterioro de la educación en nuestro país, quería darle un repaso al presente antes de aterrizar en algunos de los referentes que pusieron a nuestra nación en el mapa.

Foto: El duque de Lerma, por Juan Pantoja de la Cruz

El Duque de Lerma, el primer especulador inmobiliario

Á. Van den Brule A.

La libertad, es una especie en vías de extinción que cada día está más intervenida por diferentes agentes, entre ellos, el estado y las ideologías radicales que pretenden revestirse de un poder ficticio frente a la dura realidad de cada día más incisivo, penetrante e invasivo desalojo de nuestra intimidad.

Pero yo añadiría, que la libertad es algo más, no es algo que se compra en un todo a 100.

Es un curro con guardias de 24 horas y alerta permanente. Es libre solo aquel que tiene capacidad autocrítica porque es consciente de sus limitaciones y de su ignorancia permanente; por ello, la libertad es un ejercicio de convicción que no existiría sin antes tener identificado un asiento fundamental, tal que es la educación y la continua necesidad de ella durante el trayecto que hollamos este desquiciado planeta.

Una formación ecléctica y no sesgada, con un horizonte inasible pero referente y motivador, es el aliento y el estímulo para crecer constantemente. Siempre habrá algo que leer o un viaje que hacer. Y esto viene a colación, porque como pueblo sanguíneo y pasional, deberíamos saber que lo que puede ser una activo también puede ser una debilidad; por ello, en estos momentos tan delicados para las democracias, demos la espalda a los aviesos que discuten intentando meter goles por detrás de la portería, a los que tienen apellidos con reminiscencias sacras y a los que se pelean por temas banales que solo conducen a la distracción y distorsionan objetivos que requieren una solución perentoria y sin demoras, pues el tiempo apremia.

“Muchos fueron auténticos hitos huérfanos de eco y reconocimiento en un país tendente a la desmemoria y el olvido de sus grandes referencias” Todo, tiene su timing y se sedimentaron de forma natural sin forzar los acontecimientos. En nuestra peculiar y a veces surrealista andadura, los españoles, que tanta grandeza y prestigio hemos acumulado a través de los siglos, no podemos permitirnos dilapidar caudales en estériles apuestas ni fallar a nuestros grandes antepasados, gentes que contribuyeron a crear una grandeza que con su ejemplo debería de inspirarnos en los momentos de desaliento y que en tiempos pretéritos acumularon gloria y prestigio para nuestra historia; rendirnos ante las adversidades es un lujo que no podemos permitirnos .Los discurso del odio son una formidable herramienta en manos de políticos sin escrúpulos (y en ocasiones sin más oficio que el de medrar) que viven de alentar bajas pasiones en los que metemos horas y horas de sudor cada vez más mal pagado para traer unas lentejas a casa.

Caminemos en la dirección correcta por favor.

“Fueraparte” de esta filípica, el propósito del presente artículo es el de rescatar algunos de los grandes olvidados de la exploración española; líderes naturales, que dejaron huellas de grandeza en su momento pues en ellos, deberíamos de mirarnos antes de acabar siendo un pueblo irreconocible.

Muchos fueron auténticos hitos huérfanos de eco y reconocimiento en un país tendente a la desmemoria y el olvido de sus grandes referencias, un país instalado en una infancia sin resolver y por ende, dócil ante la ignorancia. La pregunta es, ¿para cuándo daremos ese salto tan necesario hacia el futuro y por lo tanto hacia la madurez como nación? La respuesta es, educación y empatía.

“¿Quién se acuerda de Clavijo salvo para hacer mofas? Pues Clavijo era un campeón” Se han obviado en este artículo deliberadamente gentes como Hernán Cortés, un icono del “Descubrimiento “, ya que hay que considerar que su periplo se ciñó a la zona Mexica y a pesar de llevarse por delante un imperio colosal, no se puede catalogar en esta galería de exploradores ya que – según este escribano – no hizo los kilómetros, e insisto, comparables a los de otros mucho más osados y no reivindicados, que es el propósito del presente texto. A Cortés, el que suscribe, le ha dedicado grandes líneas en otros momentos valorando su quehacer y poniendo de relieve el mito y su obra.

Cortes está sobrado de líneas y ha pasado a la historia por derecho propio a través de un enorme reconocimiento internacional para con su hazañas – otros son libres de pensar lo contrario -; por ende, vamos al grano a reivindicar a los olvidados.

¿Quién se acuerda de Clavijo salvo para hacer mofas? Pues Clavijo era un campeón. En 1403 Ruy González de Clavijo y el políglota dominico Alfonso Páez de Santamaría, dotados de sus correspondientes credenciales emprenden camino hacia Samarkanda como embajadores de buena voluntad ante el Gran Tamerlán; Castilla, que por aquel entonces ya iba con las largas, buscaba pactos diplomáticos con los mongoles para hacerles la pinza a los turcos.

Tras 20.000 Km de agitada excursión, el coloso asiático que derramaba sus hordas por las estepas arrasando todo lo que se ponía por delante, se reveló en todo su esplendor conforme se acercaban a la capital del imperio mongol.

El propósito del rey castellano no era otro que el de tratar de crear una tenaza comercial, militar y diplomática contra el díscolo Bayaceto; este era el ambicioso objetivo de aquella representación del rey castellano Enrique II, un visionario.

Ruy González Clavijo. Litografía de Rufino Casado en 1860. (Biblioteca Nacional de España)

Ruy González Clavijo. Litografía de Rufino Casado en 1860. (Biblioteca Nacional de España)

Disfrazados de comerciantes, el clérigo y Clavijo, atravesaron el Mar Negro desembarcando en la antigua Trebisonda para continuar por rutas terrestres hacia Uzbekistán. Confundidos como pastores entre las tribus locales, habían dado esquinazo a los perseguidores de la Sublime Puerta.

Supervivientes ya y más relajados, los castellanos celebrarían con un magro festín haberse escaqueado de las crueles garras de Bayaceto. En septiembre de 1404, el segundo embajador, esté en el siglo XV (Marco Polo el veneciano ya había hollado una ruta alternativa un siglo antes) un hábil espadachín y un tonsurado de infrecuente erudición, rendirán pleitesía ante el hombre más poderoso de la Tierra en aquel momento del tiempo, Tamerlán, que tras verles y atenderlos exquisitamente, se puso en marcha con un espectacular ejército de 250.000 hombres para arrasar- su deporte favorito – , el fabuloso imperio chino de los tempranos Ming, que un pelín disolutos y olvidadizos habían dejado de pagar impuestos al number one .

Pero esto es ya otra historia. Tamerlan moriría en campaña, y a Clavijo no le quedó más remedio que andar lo desandado.

En estos tiempos gris marengo, la inspiración y osadía de aquel rey castellano y sus valientes embajadores, nos demuestran que con la iniciativa necesaria se puede seguir buscando utopías razonables. Otro botón de muestra de lo que puede hacer que un sujeto con profundas convicciones puede lograr, es su espíritu a prueba de bombas.

Foto: La ejecución de los anarquistas de Jerez (Le Progrès Illustré - 1892)

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Á. Van den Brule A.

Pedro Páez era un cultísimo jesuita que arrebató a los estirados ingleses el descubrimiento de las fuentes del Nilo, descubrimiento que luego se arrogaría estos rapaces e insaciables elementos amparados siempre por las leyes de su majestad.

Este hombre de Dios, vive en la memoria de algunos que le recordamos pero el lugar donde yace está en una situación de abandono incalificable al norte del Lago Tana en Etiopía. Para hacerse una idea, es un caso similar al de Blas de Lezo que duerme con sus huesos debajo de un cine Cartagenero en Colombia donde la muchachada ve películas de Batman y Superman encima de los restos del héroe.

España. Por ahí tenemos al increíble Cabeza de Vaca que en sus crónicas – Los náufragos – habla explícitamente de cómo era la actual Norteamérica antes de que los anglosajones la arrasaran.

Este caballero era de una pieza y una clara excepción en lo tocante a la voracidad que manifestaron muchos de los conquistadores, en realidad, era un auténtico antropólogo de campo como Dios manda.

Negociador nato, adscrito a la filosofía de la no–violencia, cristiano de convicciones íntimas, aplicó con coherencia – que no con falsete – su credo con una clara idea humanista por la que daba por sentado que todos los hombres eran iguales ante el Creador y el destino sin discriminación alguna.

Dejó un legado increíble de hechos que no se han visto reflejados adecuadamente como para corresponder al respeto que inspiraba a cualquier historiador que se precie.

Desde Florida hasta el sur de EE.UU, recorrió en una epopeya indescriptible 11.000 kilómetros de azares, infortunios y actividades multidisciplinares que asombraron a los nativos por las habilidades que desplegó hasta hacerse con ellos con la seducción de su bien hacer. Su legado a este país es impresionante.

En los libros de historia de secundaria no ocupa más de media docena de líneas.

Manuel Godoy, joven Guardia de Corps, pintado por Francisco Folch de Cardona

Manuel Godoy, joven Guardia de Corps, pintado por Francisco Folch de Cardona

Cuando principiaba el siglo XIX, un pequeño jabeque procedente de Cádiz arribó al fuerte portugués de Asilah, cercano a Tánger-, era el año de la Hégira de 1218. Godoy, valido de Carlos IV, había planeado un temerario y descabellado plan de espionaje al sultanato de Marruecos, y este plan, sería llevado a cabo por un hombre orquesta con múltiples registros.

Astrónomo, políglota, matemático y arabista, el llamado Domingo Badía y Leblich, tuvo un increíble periplo por oriente en el que visitaría, Jerusalén, La Meca, el Imperio Turco, Siria y países menores. Lawrence de Arabia lo tenía como una alta referencia.

Nos desveló a los occidentales descubrimientos increíbles liberando el mundo musulmán de la impenetrabilidad que alberga. Contaba 50 años cuando partió de Damasco hacia su viaje más soñado, Extremo Oriente.

Un 31 de agosto de 1819 -y sin que se sepan a ciencia cierta las causas de su muerte-, un sol tempranero le iluminó el camino hacia la eternidad. Domingo Badía – Alí Bey, era un hombre muy elevado en busca de un viaje inabarcable.

Y así, suma y sigue. Isabel Barreto, la primera – y única mujer almirante en la historia de España -que dirigió ella sola frente a múltiples adversidades una flota desde Perú.

Fue una mujer de vida fascinante y de carácter tremebundo. Evidentemente, para imponerse a la levantisca marinería hacía falta un ‘pelín’ de mano dura.

Isabel Barreto de Castro

Isabel Barreto de Castro

Su personalidad poliédrica y su carácter, la harían pasar a la historia obviando sus grandezas. No cabe duda de que fue alguien memorable. Murió en el altiplano andino y dejó pagadas 2.000 misas para embalsamar adecuadamente su alma.

Cuando se acabaron, quedó olvidada completamente. Podían haberle habilitado algunas más por cortesía. Por ahí anda también pululando el espíritu del vasco Iradier.

Mientras en la segunda mitad del siglo XIX, unos señores muy bien financiados por filantrópicas sociedades británicas de oscuros intereses, tales como Livingstone y Stanley cuando alteraban los ecos de la historia con increíbles descubrimientos en África, y la pesadilla colonial estaba comenzando arrollar a aquellas gentes con taparrabos y un animismo – panteísmo ejemplar, un vasquito de Vitoria se adentraba profundamente en Guinea Ecuatorial.

Con el fin de que España pudiera ejercer derechos sobre las costas de este enclave, Stanley le había aconsejado a Iradier que con sus limitados recursos fuera allá donde estos le alcanzaran.

El Tratado del Pardo de 1778, permitía a España el derecho a colonizar vastas extensiones en los territorios próximos al Golfo de Guinea. Los ingleses, siempre fieles a sus tratados y palabra dada, obviamente se olvidaron de lo firmado como es habitual en ellos.

Manuel Iradier

Manuel Iradier

Con el pretexto de luchar contra el esclavismo, instalaron en 1827 una base en lo que hoy es Bioko (antigua Fernando Poo). Hacia 1843 España retomaría el control comenzando la colonización de la isla.

De allí se pasaría a los territorios continentales y aquí es donde Iradier comenzaría su fulgurante carrera.

Hacia 1874 y acompañado de su mujer y de su cuñada, sin apoyos económicos y tirando de su propio bolsillo, se establecería en el exuberante islote de Elobey Chico, frente a la costa continental de la actual Guinea organizando su base de operaciones. Rio Muni arriba en una pequeña vaporeta.

En una exploración que duraría 834 días, recorrería cerca de 1.500 km, que no es moco de pavo en la que es probablemente la selva más poblada de África pero la tragedia de la muerte de su joven hija le haría desandar lo andado, de tal manera que en 1876 estaba de vuelta en España.

El expansionismo de Inglaterra, Francia y Alemania en esos años, hizo que España se pusiera las pilas y de aquella reflexión, el empecinado de Iradier obtendría una magra cantidad de dinero absolutamente insuficiente para emprender algo digno de una aventura pero sí como para seguir estimulando sus sueños.

Foto: Fuente: iStock

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La expedición de 1884 fue un éxito rotundo pues tanto los mapas levantados como la información recogida supusieron la anexión de cerca de 50.000 km2, lo cual, con las limitaciones con que se manejaba el de la txapela.

Esto sucedió tras cambiar espejitos por unos documentos muy bien apañados por los cuales los nativos cedían alegremente enormes extensiones de sus propias tierras, claro está, que no sabían leer. De haberlo sabido se habrían hecho un buen estofado con el 1.80 cm de este morrosko tan osado.

Según el Tratado de El Pardo y la posterior Conferencia de París de 1900 franceses y alemanes, se apropiaron de la mayoría del territorio, quedándose a España tan sólo 28.000 km 2.

Una España venida a menos no podía plantearse patalear ante naciones de aquella envergadura. Iradier fallecería en el año del Señor de 1911, alejado de las decepciones y desencantos – y tras un descomunal esfuerzo personal contra formidables adversidades – en medio de la formidable arboleda de Valsaín.

Atrás, quedaba la profunda selva africana con sus enigmáticos sonidos y sus extrañas presencias imaginadas o reales. Uno más y uno menos. Noam Chomsky dijo en una ocasión que “El propósito de la educación es mostrar a la gente cómo aprender por sí mismos.

El otro concepto de la educación es el adoctrinamiento”. Se viaja leyendo y se lee viajando.  P.D. A la memoria de los periodistas David Beriáin y Roberto Fraile, recientemente asesinados en Burkina Faso; adelantados que hoy nos deja más huérfanos en la búsqueda de verdades muy oscuras.