La historia no contada de la obra maestra de Van Gogh que nadie se tomó en serio.

“LOS COMEDORES DE PATATAS”

Los radiantes girasoles hicieron mundialmente famoso a Vincent van Gogh. Hasta hoy. Pero su primera gran obra fue muy diferente: oscura, los personajes toscos y casi grotescos. Un fracaso con consecuencias.

Cinco personas están sentadas en una estrecha cocina cenando. Los rostros son toscos y distorsionados. Narices bulbosas, manos huesudas y nudosas. Todo es oscuro, sombrío. “Los comedores de patatas” es una de las primeras obras maestras de Vincent van Gogh (1853-1890). No obstante, el pintor holandés se hizo mundialmente famoso con Los girasoles y sus paisajes del sur de Francia inundados de luz. 

Por primera vez, el Museo Van Gogh de Ámsterdam dedica una exposición exclusivamente a esta especial obra temprana del pintor. A partir del pasado viernes se expondrán unos 50 cuadros, bocetos, dibujos y cartas. Su objetivo es contar la historia del cuadro. Una “historia de ambición y perseverancia”, como dijo este jueves (08.10.2021) la directora del museo, Emily Gordenker.

“El cuadro nunca se vendió ni se expuso en vida de Van Gogh”. Sin embargo, hoy en día es mundialmente famoso y se considera una obra clave en el desarrollo del pintor, agregó.  

Uno de los cuadros “más pensados” de Van Gogh

Vincent van Gogh pintó “De aardappel eters” en 1885 durante un periodo tormentoso que pasó con sus padres en Nuenen, en el sureste de los Países Bajos. Había realizado numerosos estudios y bocetos para ello. Es uno de los cuadros “más pensados” de Van Gogh, dijo Bregje Gerritse, conservadora del museo.  

“Él no buscaba la perfección técnica con su cuadro (…). Para él, el cuadro era un éxito, y aunque no usó el término ‘obra maestra’, la consideró similar a Los girasoles, su Dormitorio en Arlés o La Berceuse”, explica Gerritse.

El propio pintor lo describió, no obstante, como un “examen de maestro” y, según Gerritse, quería hacer su gran salto al éxito con él. Pero el cuadro fracasó. Van Gogh fue muy criticado, sobre todo por los colores tan sombríos y la representación distorsionada de las personas. 

Por primera vez, el Museo Van Gogh de Ámsterdam se centra exclusivamente en una exposición en la historia de la primera obra maestra del pintor holandés: Los comedores de patatas. Alrededor de 50 pinturas, bocetos, dibujos y cartas se expondrán a partir del 08.10.2021.

Por primera vez, el Museo Van Gogh de Ámsterdam se centra exclusivamente en una exposición en la historia de la primera obra maestra del pintor holandés: “Los comedores de patatas”. Alrededor de 50 pinturas, bocetos, dibujos y cartas se expondrán a partir del 08.10.2021.

Van Gogh: “Este es mi mejor trabajo”

“En 1887, escribió a su hermana Guillermina: ‘Este es mi mejor trabajo’. Eso es muy interesante porque por ese entonces él ya había ido a París, había cambiado sus métodos de trabajo y su estilo, más hacia los colores brillantes, pero aún tenía en mente el cuadro oscuro de Nuenen”, dice la conservadora.

Van Gogh había pintado a cinco personas de una familia de campesinos, cenando a la luz de una lámpara de aceite. Frente a ellos, en la tosca mesa de madera, hay un cuenco de patatas humeantes. Una mujer está sirviendo café. El museo ha hecho recrear una maqueta a tamaño natural de esta escena.  

Representación de la dura vida campesina

Van Gogh quería representar la dura realidad de la vida campesina, una vida que él mismo admiraba. Mostró deliberadamente a los personajes con rostros toscos y manos de trabajo huesudas, dijo Gerritse. 

“Van Gogh quería mostrar a los campesinos en toda su crudeza”. Los colores eran terrosos, oscuros como la tierra, escribió. El color de los rostros era el de “una patata bien desempolvada, sin pelar, por supuesto”.  

Empolvada sobre la repisa de la chimenea de Theo

Pero el cuadro no supuso el ansiado salto en el mercado del arte de París. A su hermano, el comerciante de arte Theo, no le gustó: la colocó sobre la chimenea, ni se molestó en ofrecer a la venta, a pesar de que Van Gogh la quería de tarjeta de presentación. 

Por otra parte, su amigo, el pintor Anthon van Rappard, también la juzgó con dureza, diciendo que era fea y tosca. “¡Venga ya! Creo que el arte es demasiado relevante como para tratarlo con tanta arrogancia”, le dijo Van Rappard, en una crítica que marcó el final de su amistad.

Sin embargo, Van Gogh siguió adelante con ella y durante toda su vida la consideró una de sus mejores obras, y sin duda una de las más importantes.

El mensaje era más importante que la anatomía correcta y la perfección técnica, había explicado. El arte no tenía que ser bello, decía, sino honesto. “Quiero pintar lo que siento y sentir lo que pinto”. Al final de su vida, incluso se planteó pintar una nueva versión de “Los comedores de patatas”.

Imagen de portada: Gentileza de Colección del Museo Van Gogh, Ámsterdam.

FUENTE RESPONSABLE: DW Made for minds.FEW (dpa, EFE)

Van Gogh/Los comedores de patatas/´Pintura/Historia

/Obra maestra/Theo

Un dibujo de Picasso dado por perdido hace casi 100 años reaparece en una subasta en España.

Se trata de uno de los bocetos preparatorios que el pintor realizó para su obra maestra ‘La comida del ciego’, actualmente exhibida en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.

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La casa barcelonesa de subastas Subarna ha anunciado que el próximo 7 de octubre instituciones públicas y privadas podrán pujar por la compra de un dibujo original de Pablo Picasso que había estado desaparecido del radar público por casi 100 años.

Se trata de uno de los dibujos preparatorios que el pintor español realizó para su célebre obra ‘La comida del ciego’, concluida en 1903 y actualmente exhibida en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (Met). Dicho lienzo es una de las escasas creaciones de la llamada etapa azul del artista, una de las más conocidas por el público.

Según Subarna, el dibujo pertenece a una colección particular de Barcelona.

“Cuando se trata de grandes nombres, por lo general y en un primer momento se suele desconfiar, ya que habitualmente se trata o de reproducciones o copias. Sin embargo, al verlo al natural, la primera impresión fue positiva, dada la seguridad del trazo y de la firma”, dijo a Europa Press el experto Juan Carlos Bejarano.

“Además, el soporte era una tarjeta postal, un material reutilizado y humilde, muy acorde con la pobreza en la que se hallaba sumergido por aquellos años Picasso: solo quedaba verificar si la obra aparecía reproducida en el famoso y enciclopédico catálogo razonado de Zervos, y así fue”, agregó.

Cabe señalar que la firma que aparece en la reproducción de Zervos era falsa, lo que motivó a que más tarde, hacia finales de los años 1950 o principios de los 1960, el propio Picasso la firmara. Una prueba de que se trata del mismo dibujo es que aún se puede observar el desgaste trazo de aquella primera rúbrica, cerca de la más reciente y auténtica. Según la casa de subastas, esta es la primera vez que la obra se muestra al público en color y con la firma autógrafa del artista malagueño.

El precio de salida del dibujo ha sido fijado en 40.000 euros y se estima que será vendido por unos 100.000 euros.

Imagen de portada: Gentileza de RT en vivo

FUENTE RESPONSABLES. RT en vivo

España/Pintura/Picasso/Subastas

Para quedarse boquiabierto con “Muchacha leyendo una carta”.

La Galería de los Maestros Antiguos de Dresde exhibe por primera vez ‘Muchacha leyendo una carta’ tras destapar el Cupido que se escondía en el cuadro del pintor holandés

Una exhaustiva investigación en torno a La chica de la perla, una de las pinturas más fascinantes y cautivadoras de Johannes Vermeer (1657-59),  revelaba meses atrás que la joven poseía delicadas pestañas y que la perla que luce a modo de pendiente no era tal, sino que se  trata de una ilusión óptica, de un punto focal en la pintura. 

Sin embargo, las grandes preguntas continúan sin respuesta: ¿Quién es ella? ¿En qué estaba pensando? ¿Cuál era su relación con el pintor? Nada se sabe tampoco de la protagonista de Muchacha leyendo una carta (1657-59), pero la aparición de un Cupido oculto durante siglos bajo una gruesa capa de pintura ha cambiado significativamente la comprensión de la escena.

La joven rubia que lee una carta frente una ventana abierta por la que se cuela la luz, símbolo del mundo exterior, no es la representación sombría de una muchacha que anhela “ampliar su esfera doméstica”, como habían interpretado historiadores como Norbert Schneider, sino de una escena amorosa. La joven lee una carta de amor. 

Y no de un amor cualquiera, sino de un amor prohibido, a juzgar por otros elementos que el pintor habría dejado a modo de pistas. Para algunos especialistas en la obra del pintor holandés,  la bandeja con fruta derramada que descansa sobre una mesa cubierta por una alfombra, no deja lugar a dudas.

El hallazgo de la figura de Cupido cambia significativamente la comprensión de la escena

“La bandeja con frutas (…) es un símbolo de la relación extramatrimonial que infringe el mandamiento de la fidelidad. Las manzanas y melocotones recuerdan el pecado de Eva, aludiendo así a la relación amorosa que se inicia con la lectura de la carta, o bien se continúa en secreto”, concluyó al tener conocimiento de la existencia del Cupido el propio Schneider, para quien  el visillo ligeramente descorrido  puede entenderse también como el desvelamiento de un secreto.  

Prohibido o no, de lo que no hay duda es que que se trata de de un amor sincero puesto que el dios rubio del deseo amoroso aparece pisando las máscaras del engaño y la hipocresía. En todo caso, ahora sabemos que la obra “es una declaración fundamental sobre la naturaleza del amor”, asegura Stephan Koja, director de la Galería de los Maestros Antiguos de Dresde donde a partir de este jueves Muchacha leyendo una carta se exhibirá por primera vez tal como lo concibió Vermeer.

‘Muchacha leyendo una carta’ tal como se conocía hasta ahora ‘ Wolfgang Kreische; © Gemäldegalerie Alte Meister, Staatliche Kunstsammlungen Dresden

El cuadro tras eliminar la capa de pintura que ocultaba la figura de Cupido  Wolfgang Kreische; © Gemäldegalerie Alte Meister, Staatliche Kunstsammlungen Dresden

La existencia de una figura que acompañaba a la joven lectora era conocida desde 1979, cuando los rayos X revelaron en la pared del fondo un Cupido desnudo y parcialmente protegido por una cortina de un verde sedoso. Se trataba de un cuadro dentro del cuadro, un sello distintivo de las representaciones del pintor, que en 2009 volvió a constatarse mediante reflectografía infrarroja. Pero hasta muy recientemente los expertos creían que había sido el propio Vermeer quien había hecho desaparecer la figura. Lo que se conoce como un arrepentimiento. 

Fue en 2017, mientras se llevaba a cabo un proceso de restauración, cuando unas nuevas  pruebas de laboratorio llevaron a un  hallazgo sorprendente: entre  la imagen de Cupido y la pintura que lo ocultaba había una espesa capa de suciedad, por lo que entre la aplicación de una y otra tendrían que haber pasado varias décadas y por tanto quien lo borró tuvo que ser por fuerza otra persona.

Hasta muy recientemente los expertos creían que había sido el propio Vermeer quien había hecho desaparecer la figura

Muchacha leyendo una carta fue atribuida inicialmente a Rembrandt y más tarde a Pieter de Hooch, hasta que en 1880 el crítico de arte francés Théophile Thoré-Bürger lo incluyó en su breve catálogo. Vermeer, quien trabajó toda su vida en Delft, cuenta con una producción conocida de tan solo 36 obras y dejó a su familia en la indigencia cuando murió en 1675 a los 43 años, probablemente de un ataque cardíaco o un accidente cerebrovascular inducido por el estrés.  Fue olvidado durante dos siglos hasta que los críticos lo redescubrieron en el siglo XIX y aún hoy permanece rodeado de misterio. 

Completada su restauración, Muchacha leyendo una carta se mostrará por primera vez tal como salió del estudio del pintor a partir de este jueves 10 de septiembre, en La Galería de los Maestros Antiguos de Dresde, en el marco de la exposición  Johannes Vermeer. Sobre el reflejo, que incluye otros nueve cuadros del pintor, entre ellos Mujer tocando un virginal de pie, de la National Gallery de Londres, y Mujer de azul leyendo una carta del Rijksmuseum de Amsterdam. La muestra incluye otras cincuenta obras de artistas como Pieter de Hooch, Frans van Mieris, Gerard Ter Borch, Gabriel Metsu, Gerard Dou, Emanuel de Witte y Jan Steen, con las que se quiere ilustrar el entorno en el que Vermeer trabajó y con el que estuvo en estrecho contacto.

La joven de la perla’ revela todos sus secretos

 ESTUDIO CIENTÍFICO

La perla no es tal sino una ilusión óptica, según el estudio científico liderado por el Mauritshuis de La Haya

La joven de la perla , el famoso cuadro pintado por Johannes Vermeer en 1665, es una de las pinturas más investigadas y documentadas del mundo. Pero también una de las más fascinantes y misteriosas. De ahí, gran parte de su atractivo. Y de su popularidad. ¿Quién era ella? ¿En qué estaba pensando? ¿Cuál era su relación con Vermeer?

Si deseas conocer mas, ingresa donde está escrito en “negrita”. Muchas gracias.

No hay rayos X fluorescentes, tomografías ópticas y microscopios digitales capaces de dar respuestas a esas preguntas, sin embargo un examen científico llevado a cabo por un equipo interdisciplinar en la Mauritshuis de La Haya bajo el título La joven en el punto de mira , ha logrado desvelar algunos secretos de la prodigiosa técnica de pintura de Vermeer.

la joven de la perla, estudio

La joven de la perla, estudio Mauritshuis

También llamada La Mona Lisa del Norte , la obra de Vermeer fue sometida en el 2018 a un exhaustivo ante la mirada del público, y este martes el equipo encabezado por la conservadora jefe de pintura de la pinacoteca holandesa, Abbie Vandivere, dio a conocer sus descubrimientos a través de su página web. Los hallazgos tal vez no den para grandes titulares de prensa, pero según los investigadores “ofrece una visión de una pintura mucho más ‘personal’ de lo que se pensaba anteriormente”.

Estudio de La joven de la perla

El estudio de ‘La joven de la perla’ se llevó a cabo en el museo ante la vista del público.

Uno de los descubrimientos más sorprendentes ha sido comprobar que el fondo de la pintura no es simplemente un espacio oscuro vacío como que se pensaba, sino que Vermeer pintó a la joven delante de una cortina verde. “Las técnicas de imagen visualizan líneas diagonales y variaciones de color que sugieren tela doblada en la esquina superior derecha de la pintura”, sostienen. 

La cortina habría desaparecido a lo largo de los siglos como resultado de cambios físicos y químicos en la pintura verde translúcida. Asimismo, el escaneo de fluorescencia de rayos X macro y el examen microscópico han revelado que pese a que la joven parece no tener pestañas, el artista sí pintó pequeños pelos alrededor de ambos ojos.

La joven tiene pestañas aunque apenas son perceptibles

El objetivo de la investigación, en la que se han involucrado numerosas instituciones, como el Rijksmuseum de Ámsterdam, la National Gallery de Washington y las Universidades de Maastricht y Amberes, no era conocer la identidad de la joven, cosa imposible, sino los pasos que dio Vermeer para llegar a esta pintura, las técnicas aplicó para crear sus sutiles efectos ópticos, los materiales que usó y de dónde proceden y, en fin, cómo se veía originalmente la pintura y qué cambios sufrió a lo largo de los siglos.

Las imágenes infrarrojas han revelado que Vermeer comenzó a componer la pintura en varios tonos de marrón y negro, y que pintó los contornos de la figura con finas líneas negras. También realizó cambios en la composición durante el proceso de pintura: la posición de la oreja, la parte superior del pañuelo y la parte posterior del cuello se desplazaron.

La perla no es tal, sino una ilusión óptica, un punto focal en la pintura

Y, en fin, que la perla seguramente no era tal sino una ilusión (toques translúcidos y opacos de pintura blanca), ya que ni siquiera tiene un gancho para colgar de la oreja. En un blog que fue publicando a medida que avanzaban los estudios, Vandivere ya había avanzado que “quizás Vermeer lo exageró un poco para convertirlo en un punto focal de la pintura ..” Y que los especialistas en vestuario y joyería del museo siempre han creído que es demasiado grande para ser real”.

La joven de la perla, estudio

La joven de la perla, estudio Mauritshuis

Ya en 2014, el astrónomo y artista holandés, Vincent Icke, publicó un estudio en la revista New Scientist, según el cual lo que cuelga en el pendiente de la joven de Vermeer no es una perla, sino una lámina de plata pulida o una esfera de cristal. De hecho antes de ser conocido por el título actual, el cuadro aparece en el primer inventario de 1767 como Un retrato al estilo turco , y luego pasó a denominarse Joven con turbante y Cabeza de joven, hasta 1995 cuando aparece con el título actual.Vermeer firmó su obra en la esquina superior izquierda con IVMeer.

La joven de la perla, estudio

La investigación ha estudiado a fondo la composición y las capas de pintira Mauritshuis

La investigación también realizó un preciso mapeo de la paleta de colores de Vermeer: rojo (bermellón y lago rojo hecho de cochinilla), varios tonos de amarillo y marrón (pigmentos de tierra, plomo-estaño amarillo y lago amarillo), azul ( ultramarino e índigo), tonos de negro (carbón y hueso negro) y blanco (dos tipos de plomo blanco). Al parecer, Vermeer seleccionó cuidadosamente dos pigmentos blancos de plomo con diferentes propiedades ópticas para lograr una transparencia sutil y una transición perfecta de la luz a la sombra en la piel de la niña.

Abbie Vandivere, jefe de conservación de la Mauritshuis, como la joven de la perla

Abbie Vandivere, jefe de conservación de la Mauritshuis, como La joven de la perla Mauritshuis.

“Nuestro examen científico nos ha acercado más que nunca a Vermeer y a la joven. La combinación y comparación de diferentes tecnologías científicas ha proporcionado mucha más información de la que una sola tecnología hubiera hecho por sí sola. La joven de la perla es una imagen más personal de lo que se pensaba anteriormente”, concluye Vandivere .

Imagen de portada: Gentileza de La Vanguardia – Barcelona – España

FUENTE: La Vanguardia – Barcelona – España/ Por Teresa Sesé

El sorprendente hallazgo que cambia el significado de una obra maestra de Vermeer

Un Cupido oculto en la pared de una de las obras más célebres del holandés Johannes Vermeer, “Muchacha leyendo una carta”, creada en 1657, da pistas sobre su significado.

Fue un regalo.

En 1742, por la compra de 30 cuadros de la colección privada del Príncipe de Cariñena en París para la colección del elector de Sajonia y rey de Polonia Augusto el Fuerte, le obsequiaron una pintura… ¡y qué pintura: nada menos que un Rembrandt!

Así se la presentaron al secretario sajón encargado de la transacción y así fue identificada a su llegada a Dresde, hoy en Alemania.

Era una obra exquisita que mostraba a una joven rubia, bañada por la luz que entraba por una ventana, entregada a uno de los actos más íntimos: la lectura de una carta.

A pesar de haber violado la privacidad de la chica, el pintor la había protegido, interponiendo una mesa y sacando de la habitación a quien se entrometiera, obligándolo a quedarse detrás de una cortina abierta.

Desde esa distancia prudente, se aseguró de que todos compartieran el momento que capturó sin que nadie perturbara su encanto.

Era evidentemente la obra de un genio, pero quizás no del considerado como el artista más importante de la historia de los Países Bajos.

Ya para cuando apareció por primera vez en un inventario, en 1747, fue descrita como una pintura “a la manera de Rembrandt”, y más tarde, fue atribuida a otros artistas de la escuela del maestro neerlandés y de la ciudad de Delft.

Pasarían siglos antes de que se revelara la verdad.

¿Por qué?

Sencillamente porque, después de su muerte, Johannes Vermeer había, en gran medida, caído en el olvido, particularmente fuera de Holanda.

¿SERÁ ÉL? LOS EXPERTOS PIENSAN QUE QUIZÁS HIZO SU AUTORRETRATO DE ESPALDAS EN EL ARTE DE LA PINTURA (ALEGORÍA DE LA PINTURA). FOTO: GETTY IMAGES

Lo cierto es que nunca había logrado ser una gran celebridad, aunque tuvo un éxito moderado y fue admirado por su magistral tratamiento de la luz en sus pinturas.

Pero era apenas uno de los muchos artistas de la llamada Edad de Oro neerlandesa, en la cual las Provincias Unidas de los Países Bajos experimentaron un extraordinario florecimiento político, económico y cultural.

Destacarse entre tantos era difícil, sobre todo para un pintor que trabajaba lentamente: los expertos calculan que Vermeer no completó más de 60 obras en total, una cantidad insignificante para los estándares del siglo XVII; su contemporáneo Rembrandt, en contraste, produjo cientos de pinturas e innumerables grabados y dibujos.

Después de su muerte en 1675, a la edad de 43 años, el nombre de Johannes Vermeer se fue desvaneciendo de la historia. El que a duras penas fuera mencionado en el principal libro de referencia sobre la pintura holandesa del siglo XVII, lo condenó a ser omitido de versiones posteriores de historias del arte durante más de un siglo.

La “esfinge de Delft”

Finalmente, en la década de 1790, el más destacado marchante, crítico y conocedor de arte francés, Jean-Baptiste Pierre Le Brun, escribió: “Ese van der Meer, sobre quien los historiadores no han hablado, merece especial atención“.

Su opinión apareció en “Galerie des peintres flamands, hollandais et allemands“, un informe exhaustivo de pintores de escuelas del norte publicado para guiar a los aficionados y coleccionistas de arte.

Pero, por encima de todo, el deseo de Le Brun era reivindicar a los maestros desconocidos cuyos nombres habían sido olvidados.

Y “ese van der Meer”, o Vermeer, lo cautivó como ningún otro.

Su respaldo fue transformador. La obra del artista muerto más de 100 años antes empezó a apreciarse como nunca antes.

Y todavía más cuando, en el siglo XIX, entró en escena el influyente historiador y crítico de arte francés Théophile Thoré, quien por razones políticas escribía bajo el seudónimo de William Bürger.

Desde su primer encuentro con “La vista de Delft” en el Museo de La Haya hacia 1842, el “extraño cuadro” con “un paisaje soberbio e inusual” le sorprendió tanto que emprendió un espectacular recorrido por las colecciones de arte europeas con el fin de examinar pinturas que pudieran ser atribuibles al enigmático artista que cada vez lo seducía más.

“LA VISTA DE DELFT” ES UNA DE LAS TRES OBRAS DE VERMEER QUE ALBERGA LA GALERÍA REAL DE PINTURAS MAURITSHUIS EN LA HAYA.

Sus esfuerzos por recuperar la obra de quien apodó como la “Esfinge de Delft” -por lo poco que se sabe de él- se conjugaron con la acogida de la bohemia parisina, entre la que el sutil arte de Vermeer encontró su audiencia natural.

En la década de 1650, el artista se había convertido en un “pintor de género” o “costumbrista”, que retrata la vida cotidiana. 200 años después, los artistas de la era de Manet también habían dirigido su mirada hacia lo real y poco pretencioso.

Había llegado el momento de que el tranquilo e introspectivo mundo de Vermeer brillará con toda su luz.

Entre tanto…

En la Gemäldegalerie Alte Meister de Dresde (Galería de Pinturas de los Maestros Antiguos), la “Muchacha leyendo una carta” seguía inmutable.

En 1859 Thoré había podido confirmar su hipótesis de que era una obra de Vermeer de Delft y que incluso estaba firmada.

Pero para ella, sólo existían las palabras en esa hoja de papel. Estaba en otro mundo, el de su mente, ajena a las miradas de quienes la observaban e inconsciente de los detalles de lo que la rodeaba.

Sin embargo, algunos de los que la miraban notaron un detalle curioso en la pared desnuda del fondo: se veían claramente unos contornos oscurecidos que parecían la sombra que proyectaba un lienzo colgado.

¿Habría habido alguna vez un cuadro colgado ahí, como en otras de sus pinturas?

ERA COMÚN QUE EN LOS CUADROS APARECIERAN OTROS CUADROS, INCLUSO EN VARIAS OBRAS DE VERMEER, COMO ESTA “MUJER CON LA BALANZA, 1662-1665”. (© WASHINGTON, NATIONAL GALLERY OF ART, WIDENER COLLECTION) FOTO: © WASHINGTON, NATIONAL GALLERY OF ART.

En 1979 una radiografía mostró que efectivamente había una imagen oculta dentro del cuadro: un cupido desnudo que adornaba la pared.

¿Por qué había sido borrado? Quizás porque así lo dictaban los gustos de la época; tal vez, para restarle erotismo a la obra; de pronto, por mero capricho.

Sigue siendo un misterio difícil de develar.

Más importante aún era determinar si fue Vermeer quien empuñó el pincel que ocultó al dios del amor erótico y el deseo de la mitología clásica.

Era posible.

Al fin y al cabo, los estudios revelaron que experimentó con al menos tres diferentes versiones de la composición final y pintó varios elementos que luego descartó, desde una copa roemer que se ve claramente con rayos X en la esquina inferior derecha hasta otra silla en el espacio estrecho entre el borde frontal de la mesa y el borde inferior de la pintura, cuyos contornos son visibles en imágenes infrarrojas.

Es por eso que, aunque se sabía de la existencia del Cupido, siguió oculto durante casi cuatro décadas más: si el artista había decidido eliminar ese cuadro-dentro-del-cuadro de su obra, nadie tenía derecho a ir en contra de sus deseos.

La tecnología responde

En 2017 empezó un proyecto de evaluación y restauración apoyado por un panel de expertos internacionales en el que se realizaron o reevaluaron rayos X, espectroscopias de reflectancia en el infrarrojo cercano y microscopias de la pintura al óleo.

ANÁLISIS DE FLUORESCENCIA DE RAYOS X. FOTO: © SKD, FOTO: MARIA KÖRBER

Cuando comenzaron a remover las capas de barniz del siglo XIX, los conservadores descubrieron que las “propiedades de solubilidad” de la pintura en la sección central de la pared eran diferentes a las del resto de la pintura.

Tras más investigaciones, descubrieron que existían capas de agente aglutinante y una capa de suciedad entre la imagen de Cupido y la pintura.

El acertijo había sido resuelto. La evidencia mostraba que pasaron varias décadas entre la finalización de una capa y la adición de la siguiente.

Vermeer no fue quien borró a Cupido. Alguien lo hizo después de su muerte.

En 2018, la Staatliche Kunstsammlungen Dresden, una de las instituciones museísticas más antiguas y reconocidas del mundo, decidió eliminar la capa sobre pintada.

¿Cómo? Con un bisturí fino bajo un microscopio.

© GEMÄLDEGALERIE ALTE MEISTER, SKD, FOTO: WOLFGANG

El método es extremadamente difícil y laborioso pero los expertos determinaron que sólo así sería posible retener la capa de barniz original aplicada por Vermeer.

Poquito a poco

Y ahí está: un Cupido de pie con un arco y flechas, enriquece la pared trasera de la habitación donde la chica lee su carta.

© GEMÄLDEGALERIE ALTE MEISTER, STAATLICHE KUNSTSAMMLUNGEN DRESDEN, FOTO: WOLFGANG KREISCHE FOTO: © GEMÄLDEGALERIE ALTE MEISTER, SKD

A pesar de que el cuadro es casi tan grande como la joven misma, el Cupido, en lugar de robarle la atención, da una sensación de armonía.

Y la presencia del dios del amor hace más que cambiar el aspecto y la sensación de la pintura; también altera su significado.

Durante décadas, se debatió cuál podría ser el contenido de la carta. Antes de que se supiera del cuadro en la pared, el historiador de arte Norbert Schneider, por ejemplo, interpretó la ventana abierta como símbolo del mundo exterior, argumentando que la pintura representaba el “anhelo de la chica por ampliar su esfera doméstica”.

Cuando descubrió a Cupido, Schineider concluyó que la carta era de amor. Y no cualquier amor, sino de un amor prohibido.

Prohibido o permitido, es sincero, pues el dios del amor aparece pisando máscaras que yacen en el suelo, que representan el engaño y la hipocresía, un símbolo de que el amor verdadero los supera.

Para el director del Gemäldegalerie Alte Meister en Dresde, Stephan Koja, la obra “es una declaración fundamental sobre la naturaleza del amor“.

Una declaración que estará a la vista del público desde el 10 de septiembre de 2021, en la exposición “Johannes Vermeer. En reflexión”, en la Gemäldegalerie Alte Meister.

La “Muchacha leyendo una carta” será la pieza central.

Estará acompañada de otros 9 cuadros del artista, así como 50 obras de pintura de género holandesa de la segunda mitad del siglo XVII, que mostrarán el entorno artístico en el que Vermeer trabajó y con el que estuvo en estrecho contacto.

Imagen: Gentileza Mdz – BBC NEWS MUNDO

FUENTE: Mdz – BBC NEWS MUNDO – Arte – Pintura – Secretos –