Por qué los egipcios dejaron de construir pirámides.

Construyeron esas magníficas estructuras con la idea de vivir eternamente, hasta que, misteriosamente, dejaron de hacerlo. Pero, ¿por qué cambiaron de idea

Gobernaron durante miles de años junto al Nilo, creando un imperio inigualable plagado de misterios y magia, y después desaparecieron fundiéndose con los granos de arena del desierto. 

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La civilización egipcia sigue fascinándonos, y aún conocemos muchos de sus poderosos nombres, que culminarían con la muerte de la ptolemaica Cleopatra debido a la mordedura de un áspid (o eso cuentan las leyendas). 

Pero antes ya trataron de abrazar la inmortalidad construyendo, paradójicamente, monumentos funerarios a la altura de sus vidas. 

Gracias a la increíble conservación de algunas pirámides, todavía podemos verlas con nuestros propios ojos. Lugares que en su misterio mudo han sido testigos del paso del tiempo y albergaron para la eternidad los cuerpos de muchos faraones, los cuales tenían el propósito de llegar al Más Allá con un corazón justo, que pesase menos que una pluma. 

Los faraones se preservaban con la idea de llegar al Más Allá con un corazón justo, que pesase menos que una pluma Son muchos los secretos que guardan tras sus puertas. La pregunta que suele surgir a todo aquel que se adentra a descubrirlas es lógica: ¿por qué tantas civilizaciones que no coincidieron en espacio o tiempo decidieron aventurarse a crear monumentos tan similares? 

En otra ocasión, Rosa Pujol, presidenta de la Asociación Española de Egiptología, nos contestó a esa duda: «Todas esas culturas tendían a buscar la inmortalidad, y ello comportaba que, de alguna manera, quisieran elevarse hacia sus dioses».

Sin embargo, hay un misterio igualmente fascinante: por qué dejaron de construirse. 

Se estima que a inicios del Imperio Nuevo los egipcios dejaron de levantar sus estructuras más características y decidieron enterrarse en tumbas excavadas en las montañas. 

Grandes nombres de la historia del Imperio se han encontrado en el famoso Valle de los Reyes, necrópolis declarada Patrimonio de la Humanidad: Thutmose I, el joven y famoso Tutankamón o Amenhotep II, entre otros.

Eran poco eficaces para evitar los saqueos

Es una opción. Teniendo en cuenta que los ladrones de tumbas en el Antiguo Egipto eran relativamente frecuentes, no parece una mala idea. 

De hecho, aunque el saqueo de tumbas estaba castigado con la pena de muerte y era un ‘oficio sacrificado’ (por decirlo de alguna manera), los ladrones en Egipto no se cortaban haciendo uso de sus malas artes. 

Hasta nuestros días ha llegado la importancia del respeto al descanso eterno que profesaban los egipcios, pero eso le daba igual a los saqueadores de tumbas, bastante descreídos de todo el asunto ese de vivir después de la muerte. 

No dudaban en rasgar las envolturas de las momias, arrancarles las extremidades si era necesario, o hacerles bromas macabras. Thutmose I, artífice del Valle de los Reyes, ordenó a su arquitecto y mano derecha Ineni construir su tumba con total discreción 

Los arquitectos reales tuvieron que devanarse los sesos para crear trampas y pasadizos, y aun así la mayoría de las tumbas están saqueadas, por tanto, parece natural que un subterráneo en la tierra llamaría menos la atención que una pirámide enorme. 

Por poner un ejemplo, Thutmose I, artífice del Valle de los Reyes, ordenó a su arquitecto y mano derecha Ineni construir su tumba con total discreción. «Nadie me vio, nadie me oyó», diría Ineni después.

Quizá se construyeron con peores materiales

También se baraja que, con el paso del tiempo, las técnicas de construcción empeoraran. La IV Dinastía dejó el listón muy alto, y probablemente las siguientes generaciones no llegaran a su nivel, produciéndose un retroceso. 

Quizá hubo un cambio de materiales y el diseño y su posterior realización empeoraran, llevando las pirámides a la decadencia. Quizá no se dejaron de construir, pero, simplemente, no han llegado a nuestros días.

O su mejora fue su perdición

Una teoría que se publicó en 2013 en ‘Structure’ es diferente. 

Cuando los egipcios comenzaron a pulir sus técnicas de construcción y a hacerlas más precisas, eliminaron los huecos entre las piedras, provocando que las estructuras fueran menos capaces de absorber los flujos de la piedra caliza. 

El movimiento térmico, es decir, las contracciones y dilataciones provocadas por los cambios de temperatura en la zona, habría agrietado los bloques de las pirámides, haciendo que se cayeran a pedazos. 

En resumen, los métodos de construcción cada vez más sofisticados aceleraron el daño. La discreción los salvó paradójicamente del olvido, con tumbas mucho más difíciles de encontrar y escondidas en el desierto 

De cualquier manera, que dejaran de construir pirámides fue, en parte, su salvación. 

La discreción los salvó paradójicamente del olvido, con tumbas mucho más difíciles de encontrar y escondidas en el desierto (con el colapso de la civilización, la capital se trasladó de Tebas a Tanis, y el Valle de los Reyes fue progresivamente olvidado). Algo similar a lo que le sucedió a Akenatón: el ser condenado a la ‘damnatio memoriae’ o condena de la memoria, sirvió para que la tumba de su hijo Tutankamón, olvidada entre los de su tiempo, se preservara perfectamente para las generaciones venideras. 

Es irónico, sin duda. Los faraones con grandes ambiciones de lograr la eternidad mediante la construcción de pirámides perecederas, han quedado olvidados debido a la desaparición de sus torres de Babel particulares. 

Muchos de los que se enterraron con menos alhajas, en tumbas bajo tierra, han quedado preservados en perfecto estado, alcanzando ese deseo tan humano de vivir para siempre.

Imagen de portada: Gentileza de iSTOCK

FUENTE RESPONSABLE: Alma, Corazón y Vida. Por Ana Nuño. Noviembre 2021

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