Dejar de creer

Tuviste una vida
en zona de confort,
y por mi amor por ti
se alimentaron otros,
no me importa
se que lo volvería hacer,
ya que si lo hice
fue por lo sublime
y el todo que eras
en ese momento,
dentro de mi ser.

Mis errores
tan evidentes,
siempre conocidos
que utilizaste
a la perfección,
para rezumar
en mi rostro,
sin saberlo traiciones
pequeñas al principio.

Grité a viva voz
mi imperfección divina,
por propios y ajenos
errores que cometí,
en cambio tu
los negaste
y los supiste
guardar
bajo un manto
de hipocresía,
así
sutilmente mudaste
tu piel de víctima,
a diabólica
víctimaria 
que no dudó
en ser infiel,
tratando
de convertirse
en alguien distinta,
con aires
de libertad
que deseo
obtengas,
sin embargo
por conocerte
con el tiempo
te darás cuenta
que quedaras
prisionera
de tu
propio engaño.

Imagen: Gentileza Pinterest

Inconfesable

:Puedo darte un masaje
en tus pies me dijiste”,
presentí en ello
que sería el inicio,
de ese juego al que tanto
nos entregabamos,
en todo encuentro furtivo
dentro de las tinieblas
de tu cuarto donde hasta
el mismo Satanás parecía
estar presente
con su lasciva mirada.

Cuando te acomodaste
entre las almohadas de plumas,
dejando al descubierto tus piernas,
comencé suavemente a acariciarlas,
sintiendo tu temblor y ansiedad
cuando desde abajo hacia arriba,
una y otra vez tocaba tu pubis.

Minutos después tu humedad
mojo levemente mis manos,
supimos que deseábamos fuegos
interminables desde nuestros cuerpos
que nos inflamaran de placer.

Nos lanzamos como salvajes
a hundirnos en ese placer
al que al mismo tiempo
llegamos a la explosión
de todos los sentidos…