Federico García Lorca: la incansable búsqueda de un poeta.

El 19 de septiembre de 2017, a ocho décadas de su desaparición y fusilamiento, se excavará por tercera vez la fosa común en la Sierra de Alfacar, muy cerca de Granada, donde el cuerpo de Federico García Lorca se habría perdido entre otros 4 mil cadáveres. En 2017 sus obras saltarán al dominio público, y su biógrafo, Ian Gibson, interpela aquí a su familia y al Estado español para descifrar el enigma que silenció la voz del poeta que esparció sus versos al mundo.

La puerta sonó dos veces la tarde del 16 de agosto de 1936. Esperanza Camacho se asomó y vio a tres hombres en la entrada de su casa en la calle Angulo, en Granada. «Tengo orden de detener a Federico García Lorca, a quien tienen escondido aquí», dijo Ramón Ruiz Alonso, un obrero tipógrafo y activista de derecha de la Segunda República Española. El poeta de 38 años bajó las escaleras como un niño asustado, pálido cual nube de invierno, repitiendo en voz baja: «Esto es un error… un abominable error».

Un mes antes, el golpe de Estado en Granada marcó el inicio de la Guerra Civil, y los embajadores de Colombia y México previeron que la vida del poeta corría peligro. Conocían sus principios: católico, comunista, anarquista, tradicionalista y monárquico, mas nunca lo sedujo la militancia. Le ofrecieron el exilio, pero no aceptó: «Yo soy un español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos», dijo en su última entrevista al periódico El Sol de Madrid.

A su retorno de Buenos Aires, en 1934, donde asistió al estreno de Bodas de sangre, García Lorca se dedicó a vivir y escribir contra el tiempo, como si hubiese sospechado que se aproximaba el fin. Recitará sus poemas, dará conferencias, rematará Yerma y La casa de Bernarda Alba, y revisará Suites y Poeta en Nueva York,  donde recogió su paso por la U. de Columbia, invitado por su amigo, profesor e ideólogo de izquierda Fernando de los Ríos. «Una de las experiencias más útiles de mi vida», se lee en sus páginas.

El 14 de julio de 1936, vuelve a Granada a reunirse con su familia en la Huerta de San Vicente, donde cientos de hombres y mujeres eran fusilados al amanecer, entre ellos su cuñado y alcalde de la ciudad. El poeta olfatea el miedo. Desconfía. Un día después buscó refugio en casa de la familia de su amigo, el poeta Luis Rosales, donde le detendrán en cuestión de horas.

El automóvil se alejó por las calles rumbo al edificio del gobierno civil. García Lorca es torturado y obligado a confesar. «¿Confesar qué?, ¿confesar qué?», decía a sus captores, quienes lo acusaban de «espía ruso, socialista, de ser amigo de Fernando de los Ríos, de masón y homosexual», según un informe de la Policía de Granada del 9 de julio de 1965 y que se hizo público el 23 de abril del año pasado. «Fue el primero en corroborar su asesinato a manos de autoridades franquistas», dice el dublinés Ian Gibson (1939), el biógrafo del poeta.

Esa noche, «pálido y desecho», según anota Gibson en Vida, pasión y muerte de García Lorca (1998), el poeta recibió la visita de Julián Fernández Amigo, cercano suyo. «Lo vio muy nervioso y le dejó mantas y cigarrillos Camel, mientras Luis Rosales intentaba salvarlo. Hasta consiguió una orden de libertad firmada por el Coronel Antonio González Espinoza, pero ya era muy tarde: ya había sido trasladado a La Colonia», dice Gibson, el lugar donde los prisioneros pasaban sus últimas horas antes.

Es posible que el fusilamiento de García Lorca se ordenara la noche del 18 de agosto. En la madrugada del 19, el poeta y otros tres hombres fueron subidos a un viejo Buick y llevados hacia Ainadamar, Fuente Grande, en las alturas de La Colonia. La macabra comitiva avanza entre la oscuridad y se detiene junto a un olivo que pasará a la historia. Se oyen disparos, y cuatro cuerpos ruedan por la tierra, ensangrentándola. El poeta había muerto.

¿El fin de un enigma?

Ian Gibson, hoy radicado en Lavapiés, Madrid, tenía 18 años cuando leyó Romancero gitano (1928), y la que iba a ser su tesis doctoral sobre García Lorca, mutó en una ardua investigación de su muerte. «En 1971 publiqué en París La represión nacionalista de Granada en 1936 y la muerte de Federico García Lorca, prohibido en España, claro. Es curioso que siendo un poeta tan popular en su país, los vestigios del régimen entorpezcan la búsqueda de la verdad. España ha sido incapaz de afrontar el terrible problema de los miles de asesinados por el franquismo que aún yacen en fosas comunes, incluido él, el desaparecido más famoso del mundo. A García Lorca lo mataron porque no aguantaban su obra, y porque era no solo un ‘rojo’, sino un ‘rojo maricón’. Además su padre, un hombre liberal, tenía adversarios políticos en la ciudad y andaba en medio de mucha envidia: al padre por ser rico, al poeta por su fama».

En 2009, bajo el mandato de Rodríguez Zapatero, se excavó por primera vez la fosa donde descansarían sus restos junto a otros 4 mil cuerpos de los más de 100 mil desaparecidos durante la dictadura española. Nada suyo encontraron. «Después supimos que cuando se vallaba el recinto para su inauguración, en 1986, se hallaron restos humanos cerca del famoso olivo que habían sido trasladados ilegalmente a otro rincón ¡solo porque estorbaban los trabajos! Esto no se ha investigado y es vergonzoso. Si me pregunta la jueza argentina -María Servini, quien este año tomó el caso- voy a aportar con todo lo que sé a la investigación», dice el biógrafo.

En 2014, otra búsqueda en el mismo sector, al pie de la Sierra de Alfacar, chocó con la negativa de la familia García Lorca, encabezada por Laura, sobrina-nieta, albacea y presidenta de la fundación que lleva el nombre del poeta. La misma, meses atrás, protagonizó la polémica por el destino de los más de 19 mil documentos de su legado, que en 2017 saltaron al dominio público, y que hasta ahora permanecen en España. «Los suyos han disfrutado 80 años de los derechos de autor, y ahora Lorca será libre, irónicamente, de su familia, que se ha negado a hacerse exámenes de ADN para apresurar su hallazgo», añade Gibson, quien a 80 años del asesinato del autor, reeditó, por Ediciones B, Lorca y el mundo gay; Ramón Ruiz Alonso. El hombre que delató a García Lorca, y Lorca y Dalí. El amor que no pudo ser.

El irlandés colaboró con la nueva búsqueda de los restos en una excavación que se llevó a cabo el 19 de septiembre,  financiada por el historiador Miguel Caballero y el arqueólogo Javier Navarro. «No creo que haya algún hallazgo -dice-, pues se hará a 20 metros de la anterior. Súmale la poca disposición de su familia. No sé si ocultan algo, ¡hay tantas teorías! ¡Sabrán dónde está? ¿Sacaron los restos? Me gustaría que dijeran delante de un notario: no sabemos nada de eso».

Ni un poeta le es comparable, opina el biógrafo. «Lorca escribió: Viva moneda que nunca se volverá a repetir. Es eso, García Lorca fue, sigue siendo y será irrebatible». Más allá del poeta, del eco de sus letras, del enigma que rodea su muerte y dondequiera que haya ido a parar su cuerpo, ese hombre talentoso, Federico, previó su triste y horroroso fin en el poema Fábula y rueda de tres amigos, que no vio la luz hasta 1940, con la publicación de Poeta en Nueva York: «Cuando se hundieron las formas puras / bajo el cri cri de las margaritas, / comprendí que me habían asesinado. / Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias, / abrieron los toneles y los armarios, / destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro. / Ya no me encontraron».

Imagen de portada: federicogarcialorca.net

FUENTE RESPONSABLE: La Tercera.Chile. Culto. Diciembre 2017

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5 poemas de Alejandra Pizarnik

Fue una de las grandes voces de la generación del sesenta. Considerada como una de las poetas surrealistas más importantes de Argentina y América Latina. Aquí puedes leer 5 poemas de Alejandra Pizarnik.

Cenizas

La noche se astilló de estrellas

mirándome alucinada

el aire arroja odio

embellecido su rostro

con música.

Pronto nos iremos

Arcano sueño

antepasado de mi sonrisa

el mundo está demacrado

y hay candado pero no llaves

y hay pavor pero no lágrimas.

¿Qué haré conmigo?

Porque a Ti te debo lo que soy

Pero no tengo mañana

Porque a Ti te…

La noche sufre.

Cuarto solo

Si te atreves a sorprender

la verdad de esta vieja pared;

y sus fisuras, desgarraduras,

formando rostros, esfinges,

manos, clepsidras,

seguramente vendrá

una presencia para tu sed,

probablemente partirá

esta ausencia que te bebe.

Despedida

Mata su luz un fuego abandonado.

Sube su canto un pájaro enamorado.

Tantas criaturas ávidas en mi silencio

y esta pequeña lluvia que me acompaña.

Exilio

A Raúl Gustavo Aguirre

Esta manía de saberme ángel,

sin edad,

sin muerte en qué vivirme,

sin piedad por mi nombre

ni por mis huesos que lloran vagando.

¿Y quién no tiene un amor?

¿Y quién no goza entre amapolas?

¿Y quién no posee un fuego, una muerte,

un miedo, algo horrible,

aunque fuere con plumas,

aunque fuere con sonrisas?

Siniestro delirio amar a una sombra.

La sombra no muere.

Y mi amor

sólo abraza a lo que fluye

como lava del infierno:

una logia callada,

fantasmas en dulce erección,

sacerdotes de espuma,

y sobre todo ángeles,

ángeles bellos como cuchillos

que se elevan en la noche

y devastan la esperanza.

Hija del viento

Han venido.

Invaden la sangre.

Huelen a plumas,

a carencias,

a llanto.

Pero tú alimentas al miedo

y a la soledad

como a dos animales pequeños

perdidos en el desierto.

Han venido

a incendiar la edad del sueño.

Un adiós es tu vida.

Pero tú te abrazas

como la serpiente loca de movimiento

que sólo se halla a sí misma

porque no hay nadie.

Tú lloras debajo del llanto,

tú abres el cofre de tus deseos

y eres más rica que la noche.

Pero hace tanta soledad

que las palabras se suicidan.

Imagen de portada: Alejandra Pizarnik (Archivo)

FUENTE RESPONSABLE: Zenda; Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Marzo 2018

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/Nuestros escritores.

 

Las voces

Han pasado
años,
muchos
para mi gusto,
pero aun
sigo oliendo,
cada cosa
que en casa,
estimulaba
mis sentidos.

El aromático
perfume
de las especias
del medio oriente,
que
en la cocina,
mi madre
esparcía
sobre
sus tradicionales
platos,
solo únicos
para alguna
de las
festividades
mas importantes
de cada año.

Entrelazados
el perfume
del jazmín,
con los capullos
del limonero,
unidos en
en el patio,
bajo un techo
de perlas moradas,
con que la vid
nos regalaba
su fruto
cada año.

El perfume
inconfundible
de los
guardapolvos
blancos,
lavados
y planchados
a mano,
impecables
que nos hacia
iguales
a todos
en la escuela,
fuera hijo
del doctor
o del almacenero.

Los olores
a familia
en tardes tranquilas,
de buenos mates
con amenas charlas,
la visita inesperada
de algún familiar
o amistad,
que ahí nomas
nos acompañaba.

Sin embargo,
cuando pretendo
recordar
los tonos
de las voces,
resulta casi
un imposible,
se han ido
perdiendo
o quizás
se esconden
esperando
mi llegada.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

5 poemas de Rafael Alberti

Fue uno de los poetas más reconocidos de la Generación del 27. Su activismo político le obligó a exiliarse hasta el comienzo de la democracia en España. A continuación os ofrecemos 5 poemas de Rafael Alberti.

A galopar

Las tierras, las tierras, las tierras de España,

las grandes, las solas, desiertas llanuras.

Galopa, caballo cuatralbo,

jinete del pueblo,

al sol y a la luna.

¡A galopar,

a galopar,

hasta enterrarlos en el mar!

A corazón suenan, resuenan, resuenan,

las tierras de España, en las herraduras.

Galopa, jinete del pueblo

caballo de espuma

¡A galopar,

a galopar,

hasta enterrarlos en el mar!

Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;

que es nadie la muerte si va en tu montura.

Galopa, caballo cuatralbo,

jinete del pueblo

que la tierra es tuya.

¡A galopar,

a galopar,

hasta enterrarlos en el mar!

Cúbreme, amor, el cielo de la boca

Cúbreme, amor, el cielo de la boca

con esa arrebatada espuma extrema,

que es jazmín del que sabe y del que quema,

brotado en punta de coral de roca.

Alóquemelo, amor, su sal, aloca

Tu lancinante aguda flor suprema,

Doblando su furor en la diadema

del mordiente clavel que la desboca.

¡Oh ceñido fluir, amor, oh bello

borbotar temperado de la nieve

por tan estrecha gruta en carne viva,

para mirar cómo tu fino cuello

se te resbala, amor, y se te llueve

de jazmines y estrellas de saliva!

La niña rosa, sentada

La niña rosa, sentada.

Sobre su falda,

como una flor,

abierto, un atlas.

¡Cómo la miraba yo

viajar, desde mi balcón!

Su dedo, blanco velero,

desde las islas Canarias

iba a morir al mar Negro.

¡Cómo la miraba yo

morir, desde mi balcón!.

La niña, rosa sentada.

Sobre su falda,

como una flor,

cerrado, un atlas.

Por el mar de la tarde

van las nubes llorando

rojas islas de sangre.

Metamorfosis del clavel

Al alba, se asombró el gallo.

El eco le devolvía

voz de muchacho.

Se halló signos varoniles,

el gallo.

Se asombró el gallo.

Ojos de amor y pelea,

saltó a un naranjo.

Del naranjo, a un limonar;

de los limones a un patio;

del patio, saltó a una alcoba,

el gallo.

La mujer que allí dormía

le abrazó.

Se asombró el gallo.

Te digo adiós, amor, y no estoy triste

Te digo adiós, amor, y no estoy triste.

Gracias, mi amor, por lo que ya me has dado,

un solo beso lento y prolongado

que se truncó en dolor cuando partiste.

No supiste entender, no comprendiste

que era un amor final, desesperado,

ni intentaste arrancarme de tu lado

cuando con duro corazón me heriste.

Lloré tanto aquel día que no quiero

pensar que el mismo sufrimiento espero

cada vez que en tu vida reaparece

ese amor que al negarlo te ilumina.

Tu luz es él cuando mi luz decrece,

tu solo amor cuando mi amor declina.

Imagen de portada: Gentileza de Zenda

FUENTE RESPONSABLE: Zenda; Libros, Apuntes y Cía. Diciembre 2017. Editor Arturo Pérez-Reverte

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5 poemas de Manuel Acuña

Poeta mexicano del siglo XIX. Su vida fue tan breve que de él dijo José Martí: «¡Lo hubiera querido tanto, si hubiese él vivido!». Os ofrecemos 5 poemas de Manuel Acuña.

A una flor

Cuando tu broche apenas se entreabría

para aspirar la dicha y el contento

¿te doblas ya y cansada y sin aliento,

te entregas al dolor y a la agonía?

¿No ves, acaso, que esa sombra impía

que ennegrece el azul del firmamento

nube es tan sólo que al soplar el viento,

te dejará de nuevo ver el día?…

¡Resucita y levántate!… Aún no llega

la hora de que en el fondo de tu broche

des cabida al pesar que te doblega.

Injusto para el sol es tu reproche,

que esa sombra que pasa y que te ciega,

es una sombra, pero aún no es la noche.

Adiós a México

Pues que del destino en pos

débil contra su cadena,

frente al deber que lo ordena

tengo que decirte adiós;

Antes que mi boca se abra

para dar paso a este acento,

la voz de mi sentimiento

quiere hablarte una palabra.

Que muy bien pudiera ser

que cuando de aquí me aleje,

al decirte adiós, te deje

para no volverte a ver.

Y así entre el mal con que lucho

y que en el dolor me abisma,

quiero decirte yo misma,

sepas que te quiero mucho.

Que enamorada de ti

desde antes de conocerte,

yo vine sólo por verte,

y al verte te puse aquí.

Que mi alma reconocida

te adora con loco empeño,

porque tu amor era el sueño

más hermoso de mi vida.

Que del libro de mi historia

te dejo la hoja más bella,

porque en esa hoja destella

tu gloria más que mi gloria.

Que soñaba en no dejarte

sino hasta el postrer momento,

partiendo mi pensamiento

entre tu amor y el del arte.

Y que hoy ante esa ilusión

que se borra y se deshace,

siento ¡ay de mí! que se hace

pedazos mi corazón…

Tal vez ya nunca en mi anhelo

podré endulzar mi tristeza

con ver sobre mi cabeza

el esplendor de tu cielo.

Tal vez ya nunca a mi oído

resonará en la mañana,

la voz del ave temprana

que canta desde su nido.

Y tal vez en los amores

con que te adoro y admiro

estas flores que hoy aspiro

serán las últimas flores…

Pero si afectos tan tiernos

quiere el destino que deje,

y que me aparte y me aleje

para no volver a vernos;

Bajo la luz de este día

de encanto inefable y puro

al darte mi adiós te juro,

¡oh dulce México mío!

Que si él con sus fuerzas trunca

todos los humanos lazos,

te arrancará de mis brazos

¡pero de mi pecho, nunca!

Hojas secas

I

Mañana que ya no puedan

encontrarse nuestros ojos,

y que vivamos ausentes,

muy lejos uno del otro,

que te hable de mí este libro

como de ti me habla todo.

II

Cada hoja es un recuerdo

tan triste como tierno

de que hubo sobre ese árbol

un cielo y un amor;

reunidas forman todas

el canto del invierno,

la estrofa de las nieves

y el himno del dolor.

III

Mañana a la misma hora

en que el sol te besó por vez primera,

sobre tu frente pura y hechicera

caerá otra vez el beso de la aurora;

pero ese beso que en aquel oriente

cayó sobre tu frente solo y frío,

mañana bajará dulce y ardiente,

porque el beso del sol sobre tu frente

bajará acompañado con el mío.

IV

En Dios le exiges a mi fe que crea,

y que le alce un altar dentro de mí.

¡Ah! ¡Si basta no más con que te vea

para que yo ame a Dios, creyendo en ti!

V

Si hay algún césped blando

cubierto de rocío

en donde siempre se alce

dormida alguna flor,

y en donde siempre puedas

hallar, dulce bien mío,

violetas y jazmines

muriéndose de amor;

yo quiero ser el césped

florido y matizado

donde se asienten, niña,

las huellas de tus pies;

yo quiero ser la brisa

tranquila de ese prado

para besar tus labios

y agonizar después.

Si hay algún pecho amante

que de ternura lleno

se agite y se estremezca

no más para el amor,

yo quiero ser, mi vida,

yo quiero ser el seno

donde tu frente inclines

para dormir mejor.

Yo quiero oír latiendo

tu pecho junto al mío,

yo quiero oír qué dicen

los dos en su latir,

y luego darte un beso

de ardiente desvarío,

y luego… arrodillarme

mirándote dormir.

VI

Las doce… ¡adiós…! Es fuerza que me vaya

y que te diga adiós…

Tu lámpara está ya por extinguirse,

y es necesario.

-Aún no-.

Las sombras son traidoras, y no quiero

que al asomar el sol,

se detengan sus rayos a la entrada

de nuestro corazón…

-Y, ¿qué importan las sombras cuando entre ellas

queda velando Dios?

-¿Dios? ¿Y qué puede Dios entre las sombras

al lado del amor?

-Cuando te duermas ¿me enviarás un beso?

-¡Y mi alma!

-¡Adiós…!

-¡Adiós…!

VII

Lo que siente el árbol seco

por el pájaro que cruza

cuando plegando las alas

baja hasta sus ramas mustias,

y con sus cantos alegra

las horas de su amargura;

lo que siente pro el día

la desolación nocturna

que en medio de sus angustias,

ve asomar con la mañana

de sus esperanzas una;

lo que sienten los sepulcros

por la mano buena y pura

que solamente obligada

por la piedad que la impulsa,

riega de flores y de hojas

la blanca lápida muda,

eso es al amarte mi alma

lo que siente por la tuya,

que has bajado hasta mi invierno,

que has surgido entre mi angustia

y que has regado de flores

la soledad de mi tumba.

Mi hojarasca son mis creencias,

mis tinieblas son la duda,

mi esperanza es el cadáver,

y el mundo mi sepultura…

Y como de entre esas hojas

jamás retoña ninguna;

como la duda es el cielo

de una noche siempre oscura,

y como la fe es un muerto

que no resucita nunca,

yo no puedo darte un nido

donde recojas tus plumas,

ni puedo darte un espacio

donde enciendas tu luz pura,

ni hacer que mi alma de muerto

palpite unida a la tuya;

pero si gozar contigo

no ha de ser posible nunca,

cuando estés triste, y en el alma

sientas alguna amargura,

yo te ayudaré a que llores,

yo te ayudaré a que sufras,

y te prestaré mis lágrimas

cuando se acaben las tuyas.

VIII

1

Aún más que con los labios

hablamos con los ojos;

con los labios hablamos de la tierra,

con los ojos del cielo y de nosotros.

2

Cuando volví a mi casa

de tanta dicha loco,

fue cuando comprendí muy lejos de ella

que no hay cosa más triste que estar solo.

3

Radiante de ventura,

frenético de gozo,

cogí una pluma, le escribí a mi madre,

y al escribirle se lo dije todo.

4

Después, a la fatiga

cediendo poco a poco,

me dormí y al dormirme sentí en sueños

que ella me daba un beso y mi madre otro.

5

¡Oh sueño, el de mi vida

más santo y más hermoso!

¡Qué dulce has de haber sido cuando aun muerto

gozo con tu recuerdo de este modo!

IX

Cuando yo comprendí que te quería

con toda la lealtad de mi corazón,

fue aquella noche en que al abrirme tu alma

miré hasta su interior.

Rotas estaban tus virgíneas alas

que ocultaba en sus pliegues un crespón

y un ángel enlutado cerca de ellas

lloraba como yo.

Otro tal vez, te hubiera aborrecido

delante de aquel cuadro aterrador;

pero yo no miré en aquel instante

más que mi corazón;

y te quise tal vez por tus tinieblas,

y te adoré, tal vez, por tu dolor,

¡que es muy bello poder decir que el alma

ha servido de sol…!

X

Las lágrimas del niño

la madre enjuga,

las lágrimas del hombre

las seca la mujer…

¡Qué tristes las que brotan

y bajan por la arruga,

del hombre que está solo,

del hijo que está ausente,

del ser abandonado

que llora y que no siente

ni el beso de la cuna,

ni el beso del placer!

XI

¡Cómo quieres que tan pronto

olvide el mal que me has hecho,

si cuando me toco el pecho

la herida me duele más!

Entre el perdón y el olvido

hay una distancia inmensa;

yo perdonaré la ofensa;

pero olvidarla… ¡jamás!

XII

¡Ah, gloria! ¡De qué me sirve

tu laurel mágico y santo,

cuando ella no enjuga el llanto

que estoy vertiendo sobre él!

¡De qué me sirve el reflejo

de tu soñada corona!

¡cuando ella no me perdona

ni en nombre de ese laurel!

XIII

La que a la luz de sus ojos

despertó mi pensamiento,

la que al amor de su acento

encendió en mí la pasión;

muerta para el mundo entero

y aun para ella misma muerta,

solamente está despierta

dentro de mi corazón.

XIV

El cielo muy negro, y como un velo

lo envuelve en su crespón la oscuridad;

con una sombra más sobre ese cielo

el rayo puede desatar su vuelo

y la nube cambiarse en tempestad.

XV

Oye, ven a ver las naves,

están vestidas de luto,

y en vez de las golondrinas

están graznando los búhos. . .

El órgano está callado,

el templo solo y oscuro,

sobre el altar… ¿y la virgen

por qué tiene el rostro oculto?

¿Ves?… en aquellas paredes

están cavando un sepulcro,

y parece como que alguien

solloza allí, junto al muro.

¿Por qué me miras y tiemblas?

¿Por qué tienes tanto susto?

¿Tú sabes quién es el muerto?

¿Tú sabes quién fue el verdugo?

La brisa

Aliento de la mañana

que vas robando en tu vuelo

la esencia pura y temprana

que la violeta lozana

despide en vapor al cielo.

Dime, soplo de la aurora,

brisa inconstante y ligera,

¿vas por ventura a esta hora

al valle que te enamora

y que gimiendo te espera?

¿O vas acaso a los nidos

de los jilgueros cantores

que en la espesura escondidos

te aguardan medio adormidos

sobre sus lechos de flores?

¿O vas anunciando acaso,

sopla del alba naciente,

al murmurar de tu paso,

que el muerto sol del ocaso

se alza un niño en Oriente?

Recoge tus leves alas,

brisa pura del Estío,

que los perfumes que exhalas

vas robando entre las galas

de las violetas del río.

Detén tu fugaz carrera

sobre las risueñas flores

de la loma y la pradera,

y ve a despertar ligera

al ángel de mis amores.

Y dile, brisa aromada,

con tu murmullo sonoro,

que ella es mi ilusión dorada,

y que en mi pecho grabada

como a mi vida la adoro.

La felicidad

Un cielo azul de estrellas

brillando en la inmensidad;

un pájaro enamorado

cantando en el florestal;

por ambiente los aromas

del jardín y el azahar;

junto a nosotros el agua

brotando del manantial

nuestros corazones cerca,

nuestros labios mucho más,

tú levantándote al cielo

y yo siguiéndote allá,

ese es el amor mi vida,

¡Esa es la felicidad!…

Cruza con las mismas alas

los mundos de lo ideal;

apurar todos los goces,

y todo el bien apurar;

de lo sueños y la dicha

volver a la realidad,

despertando entre las flores

de un césped primaveral;

los dos mirándonos mucho,

los dos besándonos más,

ese es el amor, mi vida,

¡Esa es la felicidad…!

Imagen de portada: Gentileza de Zenda

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Autores,libros y compañía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Peréz-Reverte

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6 poemas de David Refoyo

David Refoyo es un poeta nacido en Zamora en 1983. Ha publicado Odio (2011), amor.txt (2014) y Donde la ebriedad (2017) en La Bella Varsovia, y El fondo del cubo (Visor, 2020), con el que recibió un accésit en el XXX Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma. Es miembro del Seminario Permanente de Claudio Rodríguez. Presentamos una selección de textos de su último libro publicado y tres poemas inéditos.

Finde

para Tomás Sánchez Santiago

Dirá papá mejor al parque de atracciones

hija qué más arriesgado que bajar de la cruz con Van der Weyden

salir a tiempo del escape room de la familia de Felipe IV

engañar a Saturno que no pueda devorarnos con sus manos ciclópeas

buscas miedo un miedo controlado que derive en risa adrenalina

y si rendimos Breda y si paseamos por el tríptico de las delicias

qué sentiremos entonces si no es miedo ¿acaso belleza?

como si algo fuese más terrorífico que la belleza

que se va como quien parece no haber estado y expira y ya nunca regresa

y tú quieres ir al parque de atracciones y lo entiendo

a tu edad preferí el museo y mírame ahora viejo apocado

incapaz de mirar a los ojos a Velázquez

o sostener esa belleza entre mis versos en un segundo de luz

***

El guardián

A esas pinturas papá se dice cuadros se dice lienzos a esas pinturas

pásales un plumero un trapo seco dales un soplido pero no utilices químicos

un van Dyck un Rubens un Juan Gris un dibujo de Sorolla

las paredes de la casa son frías son como dormir en un museo sin que nadie mire

son frías porque el arte que desconocemos resulta ingrato y nos observa desde arriba

la Marquesa solo en los veranos el guarda de la finca el año entero

le digo Rubens con las cuatro pinceladas aprendidas en historia del arte

se encoge de hombros silba a los galgos tira mendrugos de pan con moje

agua hervida y pimentón típico de Castilla los podencos corren animosos

él mira de soslayo y disimula entre algazaras desmonta escopetas

las lubrica un paño con ungüento y tres en uno sobre los resortes

camina con los hombros encogidos toda la tarde

postura inmisericorde hasta que la Marquesa regrese a la ciudad

cuando septiembre se pose sobre las alas de las perdices

***

Poesía

Alguien en mitad de un prado un día de tormenta

el metálico sabor del ozono la lluvia helada

el riesgo de morir electrocutados

así veía la poesía

transformar lo cotidiano en un acontecimiento

qué equivocado estuve padre

debí fijarme en ti mucho antes

debí conformarme con ser tan solo el hijo

***

Rosa

Odiaba el rosa

quería ser uno de esos padres modernos

transgresores distintos

hacer de ti una mujer no sexualizada

que eligieras tu camino

Te preguntaba qué querías

que aprendieras a tomar tus decisiones

y decías muñeca peine fregona

decías carrito de la compra o de bebé

Vestías de rosa porque te gustaba

el rosa el rosa que tanto había odiado

desde siempre el color de las niñas

el color de los pijos y ahora yo también

visto el rosa y juego con muñecas

me pongo prendedores y diademas lazos

ahora tomas las decisiones por los dos

***

Caza

Trato de cazar este poema

pero revoloteas alrededor

dónde está el babero dónde qué

un oso de peluche a mi lado

le das de comer maíz

que robamos de una finca

preguntas por la basura la plastilina

tus palabras ahuyentan a las mías

dos idiomas diferentes

[estancos]

Trato de cazar este poema

cierro el cuaderno con el portazo

que necesitan las cosas importantes

Olvidaré la idea y bajaré a la alfombra

como el jabalí a la viña

en busca del placer sencillo

Jugaré contigo quizá la única poesía

que en esta vida nueva de poeta

me interese

***

Humo

Huye de quien te diga resiliencia

Ya los indios hablaban a través del humo

Primero los exterminaron

luego les robaron el lenguaje

Así sucede siempre en la conquista

así sucede también en el amor.

Así en estos versos de hombre blanco

Imagen de portada: David Refoyo

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Autores, libros y compañía.Juan Domingo Aguilar. Editor Arturo Perez Reverte.Mayo 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía

Tú me quieres blanca, de Alfonsina Storni.

Nació en Suiza a finales del siglo XIX, pero muy pronto se trasladó con su familia a Argentina. Su infancia fue dura, pero enseguida encaminó sus pasos hacia la enseñanza y la literatura. El poema Tú me quieres blanca, de Alfonsina Storni, es uno de los más representativos del dramatismo de su obra.

La inquietud del rosal fue el inicio de una carrera literaria que la convirtió en icono del postmodernismo. Y también de la causa feminista por este testimonio de sus deseos como mujer y su lucha como madre soltera. 

Pese a que las críticas en su país fueron tibias, el apoyo de escritores consagrados como Amado Nervo y José Enrique Rodó le permitió seguir publicando obras como El dulce daño, Languidez, Ocre y Poemas de amor. Su vida acabó de forma trágica. Su suicidio puso el punto final a una grave enfermedad. 

Tú me quieres blanca, de Alfonsina Storni

Tú me quieres alba,

me quieres de espumas,

me quieres de nácar.

Que sea azucena

Sobre todas, casta.

De perfume tenue.

Corola cerrada .

Ni un rayo de luna

filtrado me haya.

Ni una margarita

se diga mi hermana.

Tú me quieres nívea,

tú me quieres blanca,

tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas

las copas a mano,

de frutos y mieles

los labios morados.

Tú que en el banquete

cubierto de pámpanos

dejaste las carnes

festejando a Baco.

Tú que en los jardines

negros del Engaño

vestido de rojo

corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto

conservas intacto

no sé todavía

por cuáles milagros,

me pretendes blanca

(Dios te lo perdone),

me pretendes casta

(Dios te lo perdone),

¡me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,

vete a la montaña;

límpiate la boca;

vive en las cabañas;

toca con las manos

la tierra mojada;

alimenta el cuerpo

con raíz amarga;

bebe de las rocas;

duerme sobre escarcha;

renueva tejidos

con salitre y agua:

Habla con los pájaros

y lévate al alba.

Y cuando las carnes

te sean tornadas,

y cuando hayas puesto

en ellas el alma

que por las alcobas

se quedó enredada,

entonces, buen hombre,

preténdeme blanca,

preténdeme nívea,

preténdeme casta.

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Autor y poema: Tú me quieres blanca, de Alfonsina Storni. Venta: Amazon

Imagen de portada: Alfonsina Storni

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Autores, libros y compañía. Por Laura Di Verso. Editor Arturo Pérez-Reverte.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/Nuestros escritores. Mayo 2018

El fulgor de la Literatura

El melancólico poeta César Vallejo

Nada más adecuado para concluir un encuentro sobre literatura latinoamericana que evocar el nombre de César Vallejo. Querido fantasma que nunca se fue y acompañó, desde hace más de cien años, cuando apareció en la ignorada ciudad de Trujillo, en los Andes peruanos, esa maravilla que se tituló Trilce. 

En la voz trémula de Celina Manzoni se instaló en medio de una atmósfera en la que la emoción que sacudía los bellos rostros de maestros y estudiantes, investigadores y escritores, se disfrazaba en sonrisas que afirmaban la soberanía de la literatura.

Pero no todo, incluso nada, salvo esa aguda inmersión en “maneras de ver” la literatura de Manzoni, versó sobre la obra del melancólico poeta. Que se me hizo presente y tiñó el final de la reunión y, además de algunos versos, sólo pude recordar que me acerqué, en Paris, a la clínica donde murió pero no me animé a entrar y averiguar pero qué habría podido averiguar, me bastaba con recordar su premonición, “Moriré en Paris con aguacero”. Aguacero: esa palabra hacía de tobogán para comprender cómo había sido su vida en esos duros años durante los cuales, no obstante, brotaban poemas que dieron y siguen dando, vicariamente, de comer a generaciones de críticos y profesores de universidades, incluidas, seguramente, las peruanas, su hijo predilecto pero a posteriori, cuando se enorgullecían de él, pero que él había padecido, como siempre ocurre y le ocurrió a él con el país de su infancia y de sus primeros amores: “Qué estará haciendo esta hora /mi andina y dulce Rita de junco y capulí/ ahora que me asfixia Bizancio/ y que dormita la sangre/ como flojo coñac, dentro de mí”.

No se trató, repito, de Vallejo, en los cinco días de la Jornada de Investigación, la 34, que organizó en abril del 22 el Instituto de Literatura Hispanoamericana de la Facultad de Filosofía y Letras. 

Se trató, en cambio, de múltiples nombres y de incesantes textos: esa jornada es una de las tantas que tienen lugar en la Universidad y que el respetable público y los medios de comunicación ignoran olímpicamente, como es lo que suelen hacer cuando algo se escapa de la cárcel del éxito, que es en donde están cómodos y creen comprender algo. 

No nos resentimos por eso, no nos importó, el éxito va por otro lado, fue suficientemente exitoso para quienes tenazmente asistimos los cinco felices días que duró, primero virtualmente y al final viéndonos las caras como descubriéndonos después de más de dos años sin vernos, justamente, vernos, sobrevivientes tal vez, era lo que importaba a los 80 que intervinieron y entre los cuales profesores con obra sedimentada y jóvenes que empezaban, brillantes los ojos, ardiente el interés.

Era impresionante: nos escuchábamos y nos mirábamos como quienes regresan de una larga e indeseada ausencia trayendo en nuestras alforjas un título de un texto o un nombre de un escritor, un lejano muerto en la paz de la escritura, y tocándolo, un cercano viviente vibrando en la angustia de la creación. El fulgor de la literatura cubría el espacio, las voces descubrían y en las manos a veces temblorosas palpitaban palabras e ideas: las voces temblaban cuando exponían, una maravilla, una lluvia de retoños que, silenciosamente, alimentaban esa extraordinaria decisión de comprender la literatura.

Era una suerte y un privilegio poder verlo y apreciarlo. Y apreciar el contraste con esa literatura de ferias y presentaciones y elogios vacíos y comentarios triviales. Creo que lo que nos unía era el sentimiento o la intuición de que “estar” en la literatura, o, mejor “estar en literatura” era “vivir” en literatura, aparte de la realidad y dentro de lo más real de la realidad, nada manos que el sentido de la vida.

Sor Juana nos murmuraba, Sarmiento nos gruñía y, de pronto, el delicado Gianuzzi que razonaba junto a un Girondo que miraba la otra poesía, la de la pintura, y de un inquieto Ecuador brotaba la enigmática fuerza de Pablo Palacio mientras Mário de Andrade extraía de las profundidades de Brasil una suerte de alegría vibrante, en tanto que regresaba con su voz acerada Josefina Ludmer y las audaces promesas de libertad de Ana María Shua y muchos otros mientras hacían presencia fantasmal los países, Chile, Bolivia, Uruguay, atrás en el tiempo, acuciantes en el presente.

Juntos, escuchándonos, razonando, recorriendo temas variados de muchos países, el pasado lejano y el más cercano, los clásicos y vivaces todavía, los resplandecientes y provocadores, los nuevos modos de mirar, las relaciones con la cambiante y fluctuante y convulsa realidad, el placer y el goce, la inteligencia y el ingenio. Y todo entre lo virtual y, como se dice actualmente, lo presencial. En suma, la literatura como forma de vida, eso tan difícil de entender por los pragmáticos y utilitarios, por los que no pueden apartarse de lo inmediato y por los que no creen que eso “sirva” para nada.

Mucho para pensar. En un momento, casi religioso, sentí que se trataba de una ceremonia en la que estábamos encerrados, casi una secta, lejos del “Mundo, mundo, vasto mundo/ mais vasto é meu coração”, de Drummond de Andrade, justificado o no, en nuestro caso plenamente justificado, olvidando los ecos de lo que se cierne en el planeta; casi una resurrección después de más de dos años sin vernos, temiendo la disolución con que nos amenazó la pandemia. 

Muchos fueron arrastrados, los que estábamos ahí resistimos pero, entretanto, la literatura palidecía porque la obligada soledad generaba descreimiento o porque el temor y las urgencias coartaban las pasiones. Sofocada, empujada por la incierta y dramática historia, sólo la enfermedad y la política sacaban sus banderas y nos hacían sentir que la literatura, su práctica y su teoría y todo lo que la rodeaba o la producía, hasta el imaginario, importaban poco o importaban lo peor, que pretender vivir en ella ponía en cuestión su sentido, qué vale la literatura y el arte cuando las tormentas sociales tratan de empujarlas a la nada de la insignificancia.

De modo que este encuentro fue como una resurrección y una reparación y mostró que, no obstante, lo esencial sobrevivía porque estuvo sobreviviendo en esa suerte de increíble hibernación, algo que nunca creímos los que estábamos ahí reencontrándonos que nos tocaría vivir, como había sucedido en las diversas pestes que habían caído sobre la tierra. Escuchar, por lo tanto, apreciar pensamiento, jugarse por la literatura, no tiene nombre, un privilegio, masa de la cultura, identidad puesta en juego, un triunfo sobre la muerte. 

Imagen de portada: Gentileza de Página 12

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Por Noé Jitrik

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/Cesar Vallejo   

 

 

 

El último viaje

Sin saber
cuando pasara
aunque se que
es cercano,
mi cuerpo
se va alivianando
de toda vestimenta,
porque bien se
que ya no la usare
en el lugar
donde el tren
de la vida
detendrá
su marcha
en mi ultima
estación.

¿Temor?
Puede existir
miedo en el transito
a la vida eterna?
donde todo
es luz y amor,
vergel inigualable
para la vista
de quien llega,
con la certeza
de que esa
nueva vida,
es un regalo
de quien nos
ha hecho
a su imagen
y semejanza.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

La supremacía de una poética inclaudicable.

LITERATURA. «Expreso», nuevos poemas de Beatriz Vignoli 

Editorial Biblioteca reanuda una colección de poesía interrumpida por la dictadura incluyendo en la misma a uno de los grandes nombres de la literatura argentina.

Beatriz Vignoli no sólo es una referente cultural inexcusable en Rosario reconocida por su labor en la crítica literaria y de las artes plásticas, ejercida desde hace años en Rosario/12, con una capacidad difícil de igualar en el descubrimiento de matices, códigos y secretos que pasan inadvertidos para el resto en cada obra que reseña. 

Ese ejercicio de lucidez, que no excluye el humor, ha hecho que sus columnas ofrezcan -más de una vez- a cada escritor o artista analizado la impensada posibilidad de una nueva relectura de su propia obra.

Vignoli es además y tal vez sobre todo, uno de nombres femeninos más importantes de la literatura argentina del siglo XXI, desde sus poemarios: “Almagro” (2000) Premio Municipal de Poesía,”Viernes” (2001), “Soliloquios” y “Bengala” (2009), ”Lo gris en el canto de las hojas” (2014), ”Árbol solo” y ”Luz azul” (2017) Premio Provincial “José Pedroni”a su obra narrativa como “Reality” (2004), “Nadie sabe adonde va la noche” (2007), “Es imposible pero podría mentirte” (2012) o “DAF” (2014), esta última una novela que ilumina de modo tal vez irrepetible los códigos, esperanzas, entusiasmo y frustraciones de una franja de la juventud de ese período que fue de 1981 a 1999 -a caballo entre el rock y la militancia- en un tiempo detenido en la ciudad de Atopia. 

Allí, como en sus calles, se cruzan el humor, la poesía, la ironía y el cinismo con una escritura pictórica y a la sombra de una mirada crítica que se enfrenta a los discursos dominantes de la época. El resultado: una entereza moral en la sensación de derrota, como señalara Sebastián Basualdo en “La próxima generación perdida” (Página/12, 20 de julio de 2014), quien destaca a la novela instalada como una especie de mito en el ambiente literario rosarino.

Hasta esta bienvenida edición de Expreso, Beatriz (ella misma reconocida, por qué no, también como un mito en la cultura de la ciudad) había publicado notas y artículos en revistas emblemáticas como Expreso imaginario y Diario de poesía y en diarios como El Litoral,  El Ciudadano y, en inglés, en Buenos Aires Herald. Había sido traductora e impulsora en los años 90 de movidas y agrupamientos culturales que, entre cosas, darían origen a revistas como Ciudad gótica.

Expreso aparece incluido en la colección “Poetas argentinos” de Editorial Biblioteca, que reanudara no hace mucho su actividad tras la demorada restitución de la Biblioteca Popular Constancio C. Vigil a sus legítimas autoridades tras ser intervenida y devastada por la dictadura a partir del 24 de marzo de 1976, inicio de un período atroz para esa ejemplar institución barrial que incluyó la detención de sus directivos, el saqueo de sus bienes y la destrucción e incendio de miles de libros generados por su editorial. 

Beatriz se integra así a una colección que, antes de 1976, ya había publicado a poetas como Hugo Gola, Francisco “Paco” Urondo, Francisco Madariaga y Rodolfo Alonso, siendo la primera mujer en ese valioso catálogo. Esta genealogía no es accesoria, porque Vignoli la tuvo en su horizonte para la escritura de Expreso, donde, junto a la resonancia de otras voces, se percibe el magnetismo incierto de la mitología popular, el enigma nunca resuelto de los sueños, el “idioma de puras consonantes” de la lluvia y el pulso de Vignoli, señala la contratapa del libro.

La primera lectura llevó a quien asumió el compromiso de afrontar reseñar este libro, a rastrear en su memoria nombres que creyó están presentes de algún modo en la poesía de Vignoli, opinión tal vez azarosa pero que cree poder sostener: Alfonsina, Alejandra Pïzarnik, Olga Orozco, Marosa Di Giorgio más una presencia vallejiana en versos como Mi brazo caracol, mi brazo izquierdo,/ mi brazo endivia, molusco, mejillón.

En una entrevista periodística, Beatriz aludió al tiempo de la recuperación refiriéndose a la vez a la de la Vigil pero también a la dura experiencia personal de un accidente traumático, con sus secuelas de rehabilitación, aislamiento, resiliencia y agradecimiento a quienes, desde los médicos a las amigas y amigos, estuvieron cerca suyo en ese trance y a quienes, en cada caso, están dedicados buena parte de los poemas. Son, al igual que los epígrafes, brújulas para futuras lecturas, avisa la contratapa.

En la segunda parte del libro (de explicito título:”Accidente en vía pública”) se reúnen poemas en los que pasa revista a su propio tiempo de recuperación, atravesado por el padecimiento físico pero mucho más por lo que éste reduce: la vital posibilidad de la escritura pero también del abrazo. 

Poemas en los que conviven sutiles dosis de humor que atenúan la fractura y la prisión del yeso necesario con la inigualable capacidad con la que Vignoli extiende su mirada a otros ámbitos, cotidianos algunos, fruto del sueño otros. La lúcida contratapa del libro vuelve a avisar al lector: En estas páginas se percibe el magnetismo incierto de la mitología popular, el enigma nunca resuelto al que desafían los sueños, la humedad de las orillas, el “idioma de puras consonantes” de la lluvia, el canto anestesiado de una paciente de hospital. Pero también su certeza de que la palabra no puede circular sola sin el movimiento que imponen los cuerpos, la danza, el arte.

La tercera parte (“Agua y sal”) atesora, en poemas más extensos, una notable summa poética de la hondura de “Las Ofelias y las Noras”, dedicada a Mabel Temporelli, mirada cruda pero sin embargo de profunda ternura: Algunas chicas en mi barrio/ en los años cincuenta, sesenta quedaban embarazadas y se suicidaban.(…) Su mano sanadora extiende todos los dedos/ para abarcar la inmensidad de la vergüenza/ de las que se atrevían a maternar en soledad./ “¿Y ninguna abortaba?”/ “Eso todavía no existía”. O de “Luna en Piscis”, entrañable repaso de vivencias, recuerdos y memoria de mujeres, hombres, lugares de esa zona-región inigualable de la ciudad tan cerca del río y de las islas: Soy de aquí en una vida paralela/ o tal vez de aquel pasado en que veníamos/ de lejos con mis hermanos a jugar/ a que la barranca era una selva, y el tiempo,/ puro futuro. Hay tanto sol este verano/ que esto parece otro planeta, pero es la Tierra…

“Nota de la autora” que abre el libro es un umbral inexcusable en el que en el sueño de Beatriz se vinculan inicialmente dos nombres y dos muertes; la de Leopoldo Lugones, suicidado en un hotel del Tigre, y la de Federico García Lorca, fusilado por esbirros franquistas apenas iniciada la Guerra Civil Española. Ya despierta, cuenta: Intuyo que Lugones no merece el mismo homenaje: al despertar recuerdo que instigó en Argentina el mismo tipo de orden político autoritario bajo el que se fusiló a Lorca en España. Así que lo reemplazo por Alfonsina Storni, que se suicidó el 26 de octubre de 1938 y de esa forma me aparto del espíritu de la época, ya que en aquellos tiempos dudo de que la muerte de una poeta mujer se haya considerado una catástrofe literaria mundial…

“Expreso”, que no estuvo incluido en la reciente publicación de su obra poética (“Viernes”, Ediciones Nebliplateada, 2021) ratifica la supremacía del nombre de Beatriz Vignoli en la poesía rosarina, tan diversa y valiosa y la extiende a la producción poética argentina de este siglo. 

Supremacía que -como señala Ivana Romero en revista ”Ñ”, 12 de diciembre de 2021- ya era visible en sus poemas iniciales: Y es que ahí donde el objetivismo de la época recomendaba borrar al sujeto poético, Vignoli imponía el yo. A la vez, su lirismo contrastaba con la parquedad de una poesía que privilegiaba cierta oralidad llana, carente de ondulaciones. Y así Beatriz, con poco más de treinta años, confirmaba su linaje de chica outsider y punk en medio de una tradición -ejercida en especial por varones- que solo admitía los versos contenidos donde la sensibilidad debía ser mantenida a raya. Vignoli era joven terrorista de las buenas formas intelectuales al admitir que la poesía no es zona de certezas lingüísticas sino tembladeral. 

Justamente por eso era (es) necesario escribirla, decirla, arrojar la bomba, dejar rastros de pólvora en la hoja inmaculada. Decisiones presentes una vez más en las páginas de Expreso.

Imagen de portada: Gentileza de Página 12

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Por Rafael Ielpi. Mayo 2022

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