Según un estudio, la falta de confianza deriva en soledad crónica.

La falta de confianza en los demás a causa de algún trauma o decepciones continuas tiene un impacto en el cerebro. Un efecto común es desear la soledad y el aislamiento permanente.

La falta de confianza deriva en soledad crónica. Esa sensación que se aloja en ocasiones en el ser humano a raíz de un trauma o de decepciones continuas puede conducirle al aislamiento. Se trata de un hecho bastante común a la vez que peligroso en muchos aspectos, ya que la desconexión social se traduce muchas veces en problemas de salud mental.

Lo cierto es que aún no se habla lo suficiente sobre esa epidemia silenciosa llamada soledad. Esta dimensión, cuando no es libremente elegida, resulta muy dolorosa. Asimismo, no es una realidad que afecte en mayor grado a la población más mayor y envejecida. También los jóvenes sufren este sentimiento turbador tras el que se esconden los trastornos del estado de ánimo.

Ahora bien, ¿qué hay detrás de la soledad? A veces hay problemas económicos, demográficos y también los asociados a la edad y la falta de apoyo social. Sin embargo, es importante profundizar en los desencadenantes psicológicos. Estos últimos son los más complejos y también los más invisibles. Profundicemos hoy en uno de ellos.

“La soledad es muy hermosa… Cuando se tiene alguien a quien decírselo”.

-Gustavo Adolfo Bécquer-

La falta de confianza deriva en soledad crónica, un problema muy común

Si hay un principio que vertebra la calidad de los vínculos sociales es la confianza. Cuando esta raíz se rompe, se arranca o la perdemos suele dejar una herida considerable.

Habrá personas más resistentes que manejen de manera hábil estas vivencias, es cierto. Figuras hábiles en resiliencia que no dudan en buscar después nuevas relaciones y nuevas figuras emocionales (amigos, parejas…). 

Ahora bien, en ocasiones, variables como las traiciones crean traumas profundos que inmovilizan y aíslan.

Las decepciones y vivir en propia piel como alguien a quien queremos nos traiciona generan cambios profundos en la arquitectura mental. El primero de ellos es cambiar el propio sistema de creencias.

Aquello que dábamos por seguro se ha perdido y, de pronto, determinados significados vitales se vienen al suelo. La persona cambia sus narraciones y deja de creer en dimensiones como el amor, la amistad, la familia… La falta de confianza deriva en soledad crónica cuando se decide que es mejor no volver a depositar el afecto en alguien para no sufrir. Y esto trae más consecuencias…

La espiral de la soledad, una vez te aíslas cuesta volver a conectar socialmente.

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Investigadores de las universidades de Bonn (Alemania), Haifa (Israel) y Oldenburg (Alemania) publicaron un estudio muy interesante hace solo unas semanas. En él, se afirma que la soledad no deseada y dolorosa se sostiene por una espiral de sentimientos que la retroalimenta.

Algo que vieron en una serie de experimentos es cómo los hombres y las mujeres aquejados de soledad crónica eran incapaces de confiar en los demás. Incluso pudieron ver que sus niveles de oxitocina apenas se elevaban con las interacciones sociales positivas.

Cuando alguien está acostumbrado al aislamiento, deja de confiar y deja de disfrutar de la conexión con otras personas.

Estamos ante una especie de círculo vicioso. Hay personas que dejaron en un momento dado de confiar en los demás. Esos sentimientos dolorosos se tradujeron en elegir la soledad y el aislamiento voluntario. A su vez, el cerebro también experimenta cambios en estas situaciones.

La decepción y la falta de confianza hacen que dejemos de producir oxitocina con la interacción social. Lo que implica que sea más complejo volver a confiar en los demás.

La soledad crónica también surge por mecanismos psicológicos y uno de ellos es dejar de confiar en el ser humano. Ese sentimiento hace que se busque el aislamiento, pero a su vez este deja secuelas, como son los trastornos mentales.

La falta de confianza deriva en soledad crónica: ¿cuál es el origen?

¿Qué origina esa falta de confianza en los demás? ¿Hay quien nace así de “desconfiado”? 

Lo cierto es que hay múltiples desencadenantes y el más común es la falta de apego en la infancia. Tener unos progenitores fríos emocionalmente e incapaces de dar seguridad y de atender las necesidades del niño siempre deja una marca profunda.

El maltrato en la infancia, el bullying o las relaciones afectivas dolorosas son muchas veces el sustrato de ese sentimiento. Asimismo, también es importante hablar de la falta de confianza en las instituciones.

Cuando alguien sufre problemas financieros o se percibe que no hay justicia al sufrir un hecho problemático, también es común sentir falta de confianza y deseos de aislamiento.

Hombre mayor sintiendo falta de confianza

¿Qué se puede hacer ante estas situaciones?

La falta de confianza deriva en soledad crónica y está a su vez en trastornos de ansiedad, depresión y trastorno de acumulación compulsiva. ¿Qué puede hacerse ante estas situaciones?

Bien es cierto que cada persona puede elegir el tipo de vida que desee. Sin embargo, debemos optar por un estilo de vida que sea saludable física y emocionalmente. 

Cuando alguien deja de confiar en los demás se abre una brecha emocional que todo lo distorsiona. La confianza favorece la armonía interna y es el pegamento social más importante. Sin él, se abre el rencor, el miedo a ser herido y la vulnerabilidad permanente.

Es importante solicitar ayuda experta en estas circunstancias: la terapia psicológica es siempre la mejor respuesta. Trabajar las heridas del pasado es el punto de partida más idóneo para poder encarar el presente y volver a confiar, tanto en los demás como en nosotros mismos.

Imagen de portada: Gentileza de La Mente es Maravillosa.

FUENTE RESPONSABLE: La Mente es Maravillosa.

Confianza/Soledad voluntaria/Traumas/Psicología

¿Por qué nos asusta el silencio?

El silencio evoca vacío, soledad, temores y heridas pasadas que preferimos seguir tapando con ruido externo. Pero, ¿sabes todo lo que el silencio puede ofrecernos?

Entras al coche y prendes la radio. Llegas a casa y enciendes el televisor. Pones música en tu teléfono mientras te duchas, cantas o piensas. Nos asusta el silencio y lo demostramos de mil maneras. El vacío que sugiere la ausencia de ruido nos atormenta; y con este temor perdemos oportunidades importantes. Y es que, tal vez, si conociéramos el valor del silencio, dejaríamos de huir de él como de un enemigo.

¿Cuándo fue la última vez que estuviste en silencio?¿Cuándo experimentaste la completa ausencia de estímulos exteriores e interiores? Para la mayoría de las personas esto es casi una utopía, un estado imposible de alcanzar y sostener. Es además, a su modo de ver, algo peligroso y perturbador. Pero, ¿por qué nos sucede esto? y ¿qué podemos hacer al respecto?

Hombre triste mirando por la ventana

Nos asusta el silencio

Tal vez, ya te hayas dado cuenta de que existe esta tendencia generalizada en nuestra sociedad o tal vez no. Puede que incluso hayas detectado en ti mismo este temor al silencio, aunque no sepas bien a qué se debe. La realidad es que cada día damos muestras de este fenómeno.

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Nos rodeamos de todo tipo de aparatos tecnológicos que nos proporcionan estimulación visual y auditiva. Y no solo lo hacemos como un modo de entretenimiento en nuestro tiempo de ocio, sino que recurrimos a ellos en cualquier actividad cotidiana. Mientras cocinamos, limpiamos o hacemos deporte, el ruido externo nos acompaña.

Lo mismo ocurre cuando pasamos tiempo con compañeros, amigos o familiares. Incluso si nos cruzamos con un vecino en el ascensor, preferimos iniciar una conversación banal y condescendiente que permanecer en silencio. Muchas veces no tenemos algo que decir, y aun así hacemos el esfuerzo por llenar esos aterradores vacíos con palabras.

Pero incluso cuando estamos en un aparente silencio, sin ruido exterior que cope nuestros sentidos, recurrimos a nuestros recursos internos para huir. ¿Alguna vez te ha ocurrido que, al irte a dormir, en la quietud de la noche, tu mente parece acelerarse llevándote del pasado al futuro en una rumiación constante? Esto no son más que mecanismos para evitar el silencio del presente.

¿Por qué nos asusta el silencio?

Porque no nos conocemos

Nos asusta el silencio porque este implica entrar en contacto con nosotros mismos. Huimos de él porque huimos de nosotros. Se trata de un temor a quedarnos a solas con una parte de nuestro ser que nos negamos a ver, con los miedos y heridas que hemos ido ignorando. Nos aterra escuchar nuestra propia voz, un grito interior que hemos sepultado durante años bajo voces ajenas y ruidos exteriores.

No nos conocemos porque nunca nos hemos quedado solos. No nos conocemos y nos asusta hacerlo. Cuando el silencio aparece trae consigo los sonidos de nuestras sombras, de esas partes oscuras que no reconocemos como propias cuando sí lo son. ¿De dónde sale esa ansiedad, ese sentimiento de soledad y vacío, esa ira contenida que surge cuando estamos en silencio? Todo ello somos nosotros, aunque nos hayamos negado a vernos durante décadas.

Porque no estamos acostumbrados

Sin embargo, no toda la culpa es nuestra. Hemos nacido y vivimos inmersos en una sociedad que no nos enseña a conectar ni a escucharnos, sino que nos ocupa y nos distrae constantemente.

El autoconocimiento, el desarrollo personal, la meditacióntodas estas prácticas parecen reservadas para una minoría que sufre y necesita repararse, cuando en realidad todos deberíamos practicarlas.

El silencio está estigmatizado y nos enseñan a verlo como algo negativo, como una señal de que la persona callada está enfadada, ofendida, triste o ausente. El silencio nos evoca soledad y vacío, timidez y emociones negativas, cuando esto no tendría que ser así.

Mujer meditando con una mariposa en su mano

Comienza a practicar el silencio

Practicar el silencio nos ayuda a conectar con nuestros temores, heridas y deseos. Nos permite reconocernos, sanarnos y volver a nosotros. Nos ofrece la oportunidad de descubrir nuestros anhelos y opiniones, de recuperar nuestra fuerza y nuestra voz. Cuando te conoces y te aceptas, cuando aprendes a amarte y a estar contigo, no hay otro lugar comparable en el mundo.

Solo tú puedes llenar tus vacíos, curar tus heridas y vencer tus miedos. Solo tú puedes trabajar por tus sueños y objetivos. Entonces, ¿por qué temes estar contigo? Date una oportunidad, descubrirás cuánta falta te has hecho todo este tiempo.

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FUENTE RESPONSABLE. La Mente es Maravillosa

Bienestar/Desarrollo Personal/Psicología

 

 

 

3 lecciones zen sobre el miedo.

Las lecciones zen sobre el miedo son también lecciones sobre el ego. Dicen los maestros de esa disciplina filosófica que si el ego tuviera motor, el miedo sería su combustible. Para ellos, en realidad no se puede hacer un gran inventario de miedos, sino que estos se reducen a solamente tres. Y los tres tienen que ver con lo que llamamos “yo”.

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Desde esta perspectiva, todos los miedos que experimentamos los seres humanos tienen dos raíces bien definidas: el apego y la ignorancia. El apego nos hace vulnerables, porque implica fijar nuestra mente, nuestras emociones y nuestro deseo en algo externo. Por supuesto, esto entraña una primera forma de temor: el de perder aquello a lo que estamos apegados.

La ignorancia, por su parte, nos sumerge en un estado de incertidumbre y duda que facilita la aparición del miedo. El no reconocer el riesgo o el peligro de manera precisa y el no entender cuál es el camino para enfrentarlo, conduce a que nos sintamos invadidos de inseguridad y temor. Las lecciones zen sobre el miedo nos dicen que hay tres temores que surgen de esas dos raíces básicas. Son los siguientes.

“La fuente de todo nuestro temor proviene de nuestras propias mentes descontroladas o delirios”.

-Buda-

1. Conservar la vida, una de las lecciones zen sobre el miedo

La primera de las lecciones zen sobre el miedo nos indica que el temor más básico del ser humano es a perder la vida. Identificamos la pérdida de la vida, básicamente como la pérdida del cuerpo. Somos seres físicos y esa es nuestra realidad más elemental. Habitamos nuestro cuerpo y el miedo a perderlo es el miedo a dejar de ser.

Este miedo equivale al miedo a la muerte. Sin embargo, la muerte no es solamente la finalización total de nuestras funciones orgánicas. También hay, por así decirlo, otras escalas de pérdida del cuerpo en el camino hacia la muerte. Por ejemplo, se pueden perder capacidades, o la juventud, o el funcionamiento normal del organismo o la autoimagen.

Las lecciones zen sobre el miedo nos indican que el temor a perder la vida se puede hacer desaparecer a través del mismo cuerpo. Ese miedo es físico y si se destierra del cuerpo, sale también de la mente. Lo que se debe hacer es atender a las sensaciones corporales del miedo. Luego respirar abdominalmente, tranquilizar el latido del corazón y relajar los músculos.

Mujer con miedo

2. Perder el yo

El miedo a la pérdida del yo es también lo que podría llamarse miedo al cambio. Llegamos a creer que somos lo que acostumbramos ser. Las actividades que realizamos habitualmente, los espacios que ocupamos día a día, las personas que vemos cotidianamente.

Nos acostumbramos tanto a vernos de esta manera, que sentimos un fuerte temor si el contexto cambia y quedamos expuestos a la novedad. Es entonces cuando emerge el miedo a perder el yo, a no saber qué hacer ni cómo actuar. Es una especie de miedo a diluirnos, a no ser.

Las lecciones zen sobre el miedo insisten en que este miedo también puede erradicarse mediante ejercicios de respiración abdominal. Desde esa perspectiva, el abdomen es la fuente del valor. Dicen ellos que de allí es de donde emerge “el rugido de la vida”, es decir, nuestra tranquilidad y nuestro coraje. Aconsejan hacer una respiración más profunda (abdominal) cuando se sienta este tipo de temor.

hombre con círculo en la mente simbolizando las lecciones zen sobre el miedo

3. Miedo al sufrimiento

En general, se le llama sufrimiento a todo aquello que origine un extremo desgaste del sistema nervioso, produciendo una sensación displacentera y agobiante. Tiene que ver con carencias, limitaciones y frustraciones o deseos insatisfechos. Puede ser muy intenso y, en esos casos, llega a invadirnos y a paralizar otros aspectos de nuestro ser.

El camino para vencer el temor a sufrir, según las lecciones zen sobre el miedo, es el de trabajar por nuestro crecimiento espiritual. Cuando nos ubicamos en una perspectiva en la que todo lo que nos sucede es una oportunidad para evolucionar, desaparece poco a poco el miedo a sufrir. Se trata de ver el dolor físico o emocional como algo pasajero que nos ayuda a ser mejores.

Los maestros zen nos indican que el sufrimiento es un fenómeno que está en la mente. Es cada persona quien le otorga un significado positivo o negativo a las experiencias que vive. Por lo tanto, de cada quien depende cuánto está dispuesto a sufrir. De acuerdo con ello, el miedo al sufrimiento crece o disminuye.

Estas lecciones zen sobre el miedo nos recuerdan que somos nosotros mismo quienes alimentamos los temores, o trabajamos por bloquearlos. El mayor alimento de los miedos es la imaginación sin información. También la resistencia a los cambios y a los ciclos naturales de la vida. Finalmente, hay situaciones ineludibles y por mucho miedo que les tengamos, o por mucho que las eludamos, siempre nos alcanzarán.

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FUENTE RESPONSABLE: La Mente es Maravillosa

Cultura/Filosofía/Psicología

 

11 cosas que te roban la baja autoestima.

La baja autoestima te roba la capacidad de estar bien contigo mismo y ser feliz. Sin embargo, también te arrebata pequeñas cosas cotidianas de las que tal vez no seas del todo consciente.

Hay cosas que te roban la baja autoestima y no te das cuenta. Relaciones, oportunidades laborales, satisfacción personal… Confiar y apreciar el valor de uno mismo son ejercicios indispensables que debemos atender día sí y día también. Porque, aunque nos cueste creerlo, hay situaciones que desgastan y que nos abocan al peligroso desamor propio.

Tener una autoestima bajo mínimos nos arrebata buena parte de esas cosas que garantizan el bienestar psicológico. Esta dimensión es como una brújula vital que nos guía en la vida. Es el faro que nos recuerda dónde están los límites y las dignidades. También es el puente que nos permite cruzar con éxito y seguridad los instantes más complejos del devenir existencial.

Asimismo, debemos recordar algo decisivo. Esta no es una dimensión que uno cultiva, cuida y promueva y se queda estable para siempre. En realidad, pocas dimensiones fluctúan tanto en el ser humano.

Una mala relación de pareja o un fracaso profesional dejan de reforzar los sentimientos vinculados a la autoestima. Y de pronto, sucede… Empezamos a perder cosas, nos desdibujamos de nuestra realidad y la mente deja de agarrarse a sus fortalezas psicológicas.

“Se ha estado criticando a sí mismo durante años y no ha funcionado. Intente probarse a sí mismo y vea qué sucede”.

-Louise L. Hay-

Cosas que te roba la baja autoestima.

La autoestima baja es como un agujero negro por el que se escapan y desintegran buena parte de tus valías. Dejas de ser tú, te infravaloras y se inicia un diálogo interno tan negativo como desgastante.

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No obstante, según un estudio de la Universidad de Basilea (Suiza), una autovaloración negativa no nos conduce necesariamente a una depresión, sino que nos sitúa en un estado de vulnerabilidad psicológica. De algún modo, aquello que sientes, piensas y crees sobre ti mismo afecta de manera directa a la forma en que vives.

Sin embargo, y aquí llega lo más significativo, muchas personas con una autovaloración negativa crean un llamativo disfraz: aparentan cierta resolución y esconden su yo desinflado bajo infinitas capas. No obstante, no importa que te escondas bajo una armadura, las cosas que te roba la baja autoestima te dejan al final bajo mínimos y al borde la más absoluta tristeza.

Es momento de tener presente todo lo que te arrebata para tomar conciencia de que debes realizar un cambio.

1. La confianza en ti

Si sales de casa sin la protección de la buena autoestima todo te dará miedo. La felicidad y la satisfacción requieren tomar decisiones y emprender algún que otro desafío. Si no confías en ti, nada de lo que aspiras llegará a tu vida.

2. La oportunidad de disfrutar de relaciones de calidad

Quien no se quiere depende del afecto ajeno para validarse. La persona que no dispone de un amor propio luminoso y fuerte caerá en la trampa de las relaciones dependientes, de esas que duelen, de las que dejan la marca del trauma.

No olvides cuál es uno de los secretos de la felicidad en materia de pareja: tienes que amarse bien para recordar el tipo de amor que mereces.

3. Tus pasiones y sueños

Todo gran logro fue antes un sueño. Una meta conquistada por parte de quien confió en su potencial para hacer realidad sus deseos en un momento dado.

¿A quién no le gustaría actuar de este modo para hacer de su vida su pasión? Sin lugar a dudas, a todos. Lo primero será fortalecer tu autoestima.

4. La libertad

Entre las cosas que te roba la baja autoestima está la libertad. En muchos casos, lo que haces es depender de terceras personas para recibir atención y validación. Sin olvidar además que esa falta de desamor propio te sitúa de forma indefinida en esa zona de confort de la que acabas siendo cautivo.

5. La valentía para actuar

¿Qué es el ser humano sin dosis justas y adecuadas de coraje y valentía? Se transforma irremediablemente en alguien pasivo que se limita a aceptar todo lo que le llega sin actuar.

6. El compañerismo y las buenas amistades

Con las amistades sucede lo mismo que con el amor. Si avanzas por el viaje de la vida sin un mínimo de afecto por ti mismo, te contentas con cualquier cosa que te llegue: amistades interesadas, personas egoístas, narcisistas, etc.

Mujer triste con la mirada perdida pensando en las cosas que te roba la baja autoestima

7. La capacidad para disfrutar de las cosas sencillas

La baja autoestima te alimenta de inseguridades y llena tu cabeza de catastrofismos. Te susurra en voz baja cosas como “mejor no hagas esto o lo otro porque se burlarán de ti”,”no te atrevas a hacer eso porque conociéndote, solo pondrás la pata”. El diálogo adverso apaga toda capacidad para disfrutar de las cosas más elementales.

8. La esperanza

En efecto, una de las cosas que te roba la baja autoestima es la confianza en lo que anhelas. El enfoque mental que parte de esa autoevaluación negativa queda supeditado a vivir en un habitáculo psicológico sin ventanas donde no se ve nada. Solo hay oscuridad, la producida por el miedo, la inseguridad y la falta de confianza en ti mismo.

9. La asertividad y la capacidad de defenderse ante lo que no te conviene

Piensa lo que supone carecer en el día a día de unos niveles óptimos de asertividad. Dejas de defender tus derechos, no pones límites, eres incapaz de decir “no” sin miedo y “sí” sin culpa… Para ser asertivo necesitas previamente haber desarrollado los buenos cimientos de la autoestima.

10. La creencia en los cumplidos y los reconocimientos ajenos

Entre las cosas que te roban la baja autoestima está el derecho a aceptar cumplidos y a reconocer tus valías. De pronto, si alguien te elogia por un trabajo bien hecho, dudas de que esa persona te esté diciendo la verdad. Porque cuando uno no se valora, pone en tela de juicio que otros lo valoren verdaderamente.

11. Tu voz

Entre las cosas que te roban la baja autoestima está tu voz cuando opinas sobre algo. Tus razonamientos, tus ideas y tus sugerencias dejan de escucharse. No importa que seas alguien con un gran potencial, brillante y creativo.

Sin amor propio y sin seguridad no serás capaz de que el mundo te escuche. Siempre te preocupaba más el equivocarte y el ser juzgado u observado.

Vistas todas las carencias y dimensiones que nos arrebata la baja autoestima, ¿por qué no actuar antes de que nos deja desnudos? No lo dudes, siempre es un buen día para ejercitar y fortalecer esta valía de bienestar psicológico.

Imagen de portada: Gentileza de La Mente es Maravillosa

FUENTE RESPONSABLE. La Mente es Maravillosa

Bienestar/Psicología/Relaciones sociales/Vida/Sociedad

 

 

¿Por qué tengo sueño, pero no puedo dormir?

A veces tener sueño no es condición suficiente para poder dormir. Te mostramos cómo revertir esta desesperante situación en función de cuál sea su causa.

Llevas todo el día sintiéndote cansado y somnoliento, deseando que finalice la jornada para poder acostarse y disfrutar de un sueño reparador. Y, sin embargo, cuando al fin llega el momento, eres incapaz de dormirse. ¿Lo has experimentado?

Existen pocas situaciones tan frustrantes como esta, y pocas tan devastadoras para el funcionamiento diario si se repiten con regularidad. Por ello, si eres de quienes cada día repiten “tengo sueño, pero no puedo dormir“, queremos ayudarte a entender qué te puede estar sucediendo.

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Dormir no es solo uno de los mayores placeres de la vida, también es una función fisiológica de vital importancia para la salud. Sin embargo, cada vez son más las personas que experimentan insomnio y padecen las consecuencias de un descanso insuficiente. Aunque no lo creas, existen varias pautas a tu alcance para mejorar esta situación y hoy vamos a compartirlas contigo.

¿Por qué no puedo dormir?

Si con frecuencia te haces esta pregunta, sabemos que te encuentras en una situación desesperada, y es que el insomnio no solo provoca cansancio físico sino también alteraciones en el humor y deficiencias en el funcionamiento cognitivo.

No obstante, no existe una única causa que pueda dar cuenta de esta situación. Factores biológicos, psicológicos y ambientales pueden relacionarse dando lugar a una incapacidad para conciliar y mantener el sueño.

Así, te mostramos algunos de los más comunes a fin de que puedas identificar cuáles están actuando en tu caso.

Mujer despierta en la cama

Ritmo circadiano y fase del sueño retrasada

A la hora de conciliar el sueño, existe una sustancia que juega un papel muy relevante: la melatonina. Esta es una hormona que el organismo comienza a segregar cuando anochece, permitiendo que nos entre sueño y nos quedemos dormidos solo unas pocas horas después. Así, el ritmo circadiano de la persona (el reloj biológico interno) está sincronizado con los ciclos de luz-oscuridad.

Sin embargo, cada persona tiene sus propios ritmos y hay algunas que presentan un desfase o un desajuste en este aspecto. Quienes padecen el síndrome de la fase del sueño retrasada tienen la necesidad de dormirse y despertarse al menos dos horas más tarde que el resto, pero igualmente han de adaptarse a las exigencias de la sociedad por lo que suelen acarrear una importante privación de sueño.

No importa cuán cansado estés a las 10 o las 11 de la noche si, para tu cuerpo, la hora de dormir no llegará al menos hasta las dos de la madrugada.

Ansiedad y preocupación

Para conciliar el sueño es necesario encontrarse en un estado de calma, reposo y sosiego, no solo a nivel físico sino también a nivel mental. Sin embargo, es común que muchas personas pasen los últimos momentos antes de dormir pensando en aquello que les preocupa, en aquellas situaciones pendientes de las que tienen que ocuparse o en eventos que les causan ansiedad.

El silencio de la noche, la soledad, la falta de estímulos externos nos deja a solas con nuestra mente y, si no sabemos gestionarlo, podemos activarnos cada vez más rumiando esta serie de preocupaciones. Así, dormir se vuelve más y más difícil cada segundo que pasa.

Hábitos de sueño irregulares

El organismo necesita una rutina y unos hábitos para funcionar adecuadamente. Por ello, acostarse y levantarse cada día a la misma hora es fundamental para evitar el insomnio. Si tienes unos horarios de sueño irregulares, es probable que experimentes mayores dificultades para quedarte dormido, aunque sientas sueño, ya que tu cuerpo no sabe bien a qué atenerse.

Mala higiene del sueño

La higiene del sueño  incluye una serie de recomendaciones que podemos seguir para mejorar nuestro descanso nocturno. Una gran parte de la población falla en cumplir varias de estas pautas; por ello, cuando no puedas dormir, pregúntate cuáles de estos aspectos estás descuidando:

  • Si tomas siestas, procura que estas no excedan los 45 minutos y que no se produzcan más allá de las seis de la tarde
  • Evita consumir cafeína, teína, chocolate y otras sustancias estimulantes varias horas antes de irte a dormir
  • Trata de evitar el alcohol y el tabaco especialmente antes de dormir, esto puede perjudicar el descanso
  • Practicar actividad física a diario es positivo ya que ayuda a gastar energía y llegar a la noche con una mayor capacidad para conciliar el sueño. No obstante, evita ejercitarte durante las últimas horas del día ya que esto puede activarse e impedirte conciliar el sueño.
  • No utilices dispositivos electrónicos por la noche, y mucho menos una vez ya estás acostado. La luz de las pantallas y los sonidos estridentes interfieren de forma importante con el descanso y nos mantienen alerta. En su lugar, busca actividades que inducen la relajación y el sosiego como leer un libro, meditar o visualizar.
  • Procura reservar el dormitorio, y especialmente la cama, únicamente para dormir y mantener relaciones sexuales. No trabajes, comas o veas la televisión en este espacio. De este modo, ayudas a tu cerebro a realizar una asociación clara: en la cama se duerme.

Ambiente inadecuado

Por último, es importante que cuides las condiciones ambientales a la hora de acostarte. Trata de que el dormitorio esté ordenado, que se encuentre a una temperatura adecuada y que esté a oscuras y en silencio. Escoge un colchón y una almohada apropiados y opta por pijamas holgados y confortables. Estos sencillos aspectos pueden marcar la diferencia.

Mujer dormida

No puedo dormir, pero no pierdo la calma

Es lógico que pienses “si no puedo dormir, me desespero”. Más aún si esto sucede cada noche durante varias semanas o meses consecutivos. Es probable que hayas generado una especie de rechazo o resistencia al momento de acostarte por lo que prevés que va a pasar. Por ello, mientras adoptar las medidas necesarias para mejorar tu situación, es necesario que seas paciente y mantengas la calma.

Si sufres insomnio, puedes levantarte, salir de la habitación y dedicarte a otra actividad durante un tiempo hasta que te sientas somnoliento. Al hacerlo evitarás incrementar tus niveles de ansiedad.

Además, es importante que consultes con un especialista si tu situación se prolonga en el tiempo. La psicoterapia puede ayudarte a regular la ansiedad y la rumiación. Además, existen tratamientos como la melatonina o la fototerapia que pueden serte de utilidad; pero, en cualquier caso, han de estar pautados por un profesional. No desesperes, mejorar tu descanso es posible.

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FUENTE RESPONSABLE.: La Mente es Maravillosa

Psicología/Psicología Clínica/Bienestar/Salud

Efectos en la edad adulta de crecer con un padre narcisista.

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Para un padre narcisista, tus necesidades no importan. Así, además de ser un terreno árido para una infancia feliz, la sombra de esas dinámicas manipuladoras y dominadoras dejan sus secuelas en la edad adulta.

Los efectos en la edad adulta de crecer con un padre narcisista son relevantes. Nadie sale del todo indemne de esos años de convivencia con una personalidad tan lesiva a múltiples niveles. Manipulación, egocentrismo, obsesión por la obediencia y la perfección, completo desinterés por las necesidades de los hijos…

Hay quien dice que crecer con un padre o una madre narcisista es como estar sometido al líder de una secta. Son figuras con un gran poder para anular psicológicamente a los demás. Son hábiles para drenar emocionalmente a quienes estén a su alrededor. Se alzan como expertos en hacernos creer que nuestros sueños, aficiones y metas son del todo inútiles.

Decía el poeta T. Eliot dice que la mitad del daño que se hace en este mundo viene de esas personas que quieren ser importantes. Cuando esta dinámica la sufrimos en la infancia y la adolescencia por parte de nuestros progenitores es común seguir sufriendo su impacto más allá.

Para sobrevivir a un padre narcisista, un niño debería luchar en todo momento por no ajustarse a las expectativas que este le impone. No obstante, esto no es fácil en edades tempranas. 

Estos son los efectos en la edad adulta de crecer con un padre narcisista

Con 8, 9 o 10 años, ya empezamos a imaginarnos una vida siendo adultos. Más allá de las fantasías propias e idealistas de la edad, es común imaginarnos de un modo muy concreto: siendo felices y dedicándose a lo que más nos gusta. Sin embargo, al crecer con un padre narcisista, resulta muy difícil convertirnos en la persona que deseamos ser.

Hay un exceso de traumas emocionales no sanados y de áreas psicológicas desatendidas. El sometimiento mental al que uno queda supeditado se convierte en un obstáculo insalvable para edificar los cimientos de una buena autoestima, un pilar fundamental para la gestión emocional. Esas carencias actúan como lastres para el correcto desarrollo psicosocial y la autoconfianza, elementos básicos para conquistar sueños y anhelos.

Asimismo, según un estudio de la Universidad de Bahauddin (Pakistán), es muy común que el perfil narcisista aparezca en el padre. Esto crea núcleos familiares en los que la mujer junto a los hijos quedan anclados a esa figura dominadora que monopoliza toda atención y necesidad. Los primeros tienen como única responsabilidad contentar y atender a ese padre narcisista.

Ahora bien,  ¿qué efecto pueden tener estas vivencias en la edad adulta? Lo analizamos.

Vives dominado por emociones paralizantes

¿Qué son las emociones paralizantes? Son aquellas que no te dejan ser tú mismo, que limitan tu capacidad de decisión, autocuidado y que apagan tu potencial. Así, uno de los efectos de crecer con un padre narcisista es convivir con la indecisión e inseguridad constante. Te cuesta resolver problemas, decidir por ti mismo, atender tus necesidades…

Al mismo tiempo, persiste un corrosivo sentimiento de culpa. Culpa por no haber reaccionado antes ante cada cosa sufrida en la infancia y adolescencia, culpa por no poder ser como deseamos de verdad.

No importa que ya no convivamos con la figura narcisista. Su presencia sigue alejándose en nuestra mente y aún arrastramos sus secuelas: baja autoestima, indecisión, visión negativa de nosotros mismos…

Los efectos gaslighting (luz de gas) o el abuso que te anuló por completo

Crecer con un padre narcisista supone sufrir el peso del gaslighting casi cada día. Es decir, ese progenitor se las ingenió bien para hacernos creer que éramos falibles en casi cualquier cosa. Nos convenció de que teníamos poco que ofrecer al mundo y que cada uno de nuestros sueños y aficiones eran poco más que una tontería.

Criticó a nuestros amigos e infravalorar cada mérito logrado. Cada golpe dado a la autoestima sigue presente y todavía seguimos dudando de nuestro potencial. Esto puede hacer que acabemos sufriendo lo que se conoce como síndrome del impostor.

Personalidad egoísta, lo que yo necesite no importa

La personalidad egoísta prefiere existir, pero sin que se note demasiado. Sabe muy bien lo que es vivir con alguien egoísta y, por ello, busca ser todo lo contrario, hasta derivar en lo patológico. Es decir, descuidando por completo sus necesidades, dejando a un lado sus opiniones y deseos para volcarse en la atención exclusiva de los demás.

Uno de los efectos de crecer con un padre narcisista es convertirse en un adulto que prefiere vivir en la sombra de los demás. No quieren ser una carga. No quieren molestar, preocupar a nadie… De hecho, cuando se les pregunta por sus preferencias, gustos o deseos son incapaces de responder.

El apego inseguro ambivalente

El apego inseguro ambivalente está impregnado de miedos y necesidades. La persona que creció con un padre narcisista ansía ser amado, sin embargo, teme ser herido nuevamente y, por ello, desconfía. Esto crea una serie de dinámicas contradictorias en materia afectiva que abocan al fracaso en las relaciones.

Cuando hemos sido criados por un narcisista resulta muy difícil establecer relaciones afectivas seguras, felices y estables. Nos cuesta confiar, pero al mismo tiempo necesitamos desesperadamente ser amados.

La ira somatizada, el dolor que ansía emerger

En efecto, otro factor recurrente entre quienes han tenido que crecer con un padre narcisista es la somatización. Todo el cúmulo de emociones de valencia negativa sufridas en el pasado y no manejadas siguen ahí, en especial la ira. Esa emoción experimentada ante cada desaire, manipulación, menosprecio y abuso psicológico deja marca. Algo así se traduce a menudo en múltiples malestares físicos.

Para concluir, son muchas las consecuencias y secuelas que pueden quedar en nosotros como resultado de estas vivencias. Ahora bien, más allá de lo sufrido, lo más importante es tratar todas esas realidades. La terapia psicológica nos puede permitir superar esas heridas internas y dar forma a un presente y futuro mucho mejor.

Imagen de portada: Gentileza de La Mente es Maravillosa.

FUENTE RESPONSABLE. La Mente es Maravillosa

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