¿Por qué tengo sueño, pero no puedo dormir?

A veces tener sueño no es condición suficiente para poder dormir. Te mostramos cómo revertir esta desesperante situación en función de cuál sea su causa.

Llevas todo el día sintiéndote cansado y somnoliento, deseando que finalice la jornada para poder acostarse y disfrutar de un sueño reparador. Y, sin embargo, cuando al fin llega el momento, eres incapaz de dormirse. ¿Lo has experimentado?

Existen pocas situaciones tan frustrantes como esta, y pocas tan devastadoras para el funcionamiento diario si se repiten con regularidad. Por ello, si eres de quienes cada día repiten “tengo sueño, pero no puedo dormir“, queremos ayudarte a entender qué te puede estar sucediendo.

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Dormir no es solo uno de los mayores placeres de la vida, también es una función fisiológica de vital importancia para la salud. Sin embargo, cada vez son más las personas que experimentan insomnio y padecen las consecuencias de un descanso insuficiente. Aunque no lo creas, existen varias pautas a tu alcance para mejorar esta situación y hoy vamos a compartirlas contigo.

¿Por qué no puedo dormir?

Si con frecuencia te haces esta pregunta, sabemos que te encuentras en una situación desesperada, y es que el insomnio no solo provoca cansancio físico sino también alteraciones en el humor y deficiencias en el funcionamiento cognitivo.

No obstante, no existe una única causa que pueda dar cuenta de esta situación. Factores biológicos, psicológicos y ambientales pueden relacionarse dando lugar a una incapacidad para conciliar y mantener el sueño.

Así, te mostramos algunos de los más comunes a fin de que puedas identificar cuáles están actuando en tu caso.

Mujer despierta en la cama

Ritmo circadiano y fase del sueño retrasada

A la hora de conciliar el sueño, existe una sustancia que juega un papel muy relevante: la melatonina. Esta es una hormona que el organismo comienza a segregar cuando anochece, permitiendo que nos entre sueño y nos quedemos dormidos solo unas pocas horas después. Así, el ritmo circadiano de la persona (el reloj biológico interno) está sincronizado con los ciclos de luz-oscuridad.

Sin embargo, cada persona tiene sus propios ritmos y hay algunas que presentan un desfase o un desajuste en este aspecto. Quienes padecen el síndrome de la fase del sueño retrasada tienen la necesidad de dormirse y despertarse al menos dos horas más tarde que el resto, pero igualmente han de adaptarse a las exigencias de la sociedad por lo que suelen acarrear una importante privación de sueño.

No importa cuán cansado estés a las 10 o las 11 de la noche si, para tu cuerpo, la hora de dormir no llegará al menos hasta las dos de la madrugada.

Ansiedad y preocupación

Para conciliar el sueño es necesario encontrarse en un estado de calma, reposo y sosiego, no solo a nivel físico sino también a nivel mental. Sin embargo, es común que muchas personas pasen los últimos momentos antes de dormir pensando en aquello que les preocupa, en aquellas situaciones pendientes de las que tienen que ocuparse o en eventos que les causan ansiedad.

El silencio de la noche, la soledad, la falta de estímulos externos nos deja a solas con nuestra mente y, si no sabemos gestionarlo, podemos activarnos cada vez más rumiando esta serie de preocupaciones. Así, dormir se vuelve más y más difícil cada segundo que pasa.

Hábitos de sueño irregulares

El organismo necesita una rutina y unos hábitos para funcionar adecuadamente. Por ello, acostarse y levantarse cada día a la misma hora es fundamental para evitar el insomnio. Si tienes unos horarios de sueño irregulares, es probable que experimentes mayores dificultades para quedarte dormido, aunque sientas sueño, ya que tu cuerpo no sabe bien a qué atenerse.

Mala higiene del sueño

La higiene del sueño  incluye una serie de recomendaciones que podemos seguir para mejorar nuestro descanso nocturno. Una gran parte de la población falla en cumplir varias de estas pautas; por ello, cuando no puedas dormir, pregúntate cuáles de estos aspectos estás descuidando:

  • Si tomas siestas, procura que estas no excedan los 45 minutos y que no se produzcan más allá de las seis de la tarde
  • Evita consumir cafeína, teína, chocolate y otras sustancias estimulantes varias horas antes de irte a dormir
  • Trata de evitar el alcohol y el tabaco especialmente antes de dormir, esto puede perjudicar el descanso
  • Practicar actividad física a diario es positivo ya que ayuda a gastar energía y llegar a la noche con una mayor capacidad para conciliar el sueño. No obstante, evita ejercitarte durante las últimas horas del día ya que esto puede activarse e impedirte conciliar el sueño.
  • No utilices dispositivos electrónicos por la noche, y mucho menos una vez ya estás acostado. La luz de las pantallas y los sonidos estridentes interfieren de forma importante con el descanso y nos mantienen alerta. En su lugar, busca actividades que inducen la relajación y el sosiego como leer un libro, meditar o visualizar.
  • Procura reservar el dormitorio, y especialmente la cama, únicamente para dormir y mantener relaciones sexuales. No trabajes, comas o veas la televisión en este espacio. De este modo, ayudas a tu cerebro a realizar una asociación clara: en la cama se duerme.

Ambiente inadecuado

Por último, es importante que cuides las condiciones ambientales a la hora de acostarte. Trata de que el dormitorio esté ordenado, que se encuentre a una temperatura adecuada y que esté a oscuras y en silencio. Escoge un colchón y una almohada apropiados y opta por pijamas holgados y confortables. Estos sencillos aspectos pueden marcar la diferencia.

Mujer dormida

No puedo dormir, pero no pierdo la calma

Es lógico que pienses “si no puedo dormir, me desespero”. Más aún si esto sucede cada noche durante varias semanas o meses consecutivos. Es probable que hayas generado una especie de rechazo o resistencia al momento de acostarte por lo que prevés que va a pasar. Por ello, mientras adoptar las medidas necesarias para mejorar tu situación, es necesario que seas paciente y mantengas la calma.

Si sufres insomnio, puedes levantarte, salir de la habitación y dedicarte a otra actividad durante un tiempo hasta que te sientas somnoliento. Al hacerlo evitarás incrementar tus niveles de ansiedad.

Además, es importante que consultes con un especialista si tu situación se prolonga en el tiempo. La psicoterapia puede ayudarte a regular la ansiedad y la rumiación. Además, existen tratamientos como la melatonina o la fototerapia que pueden serte de utilidad; pero, en cualquier caso, han de estar pautados por un profesional. No desesperes, mejorar tu descanso es posible.

Imagen de portada: Gentileza de La Mente es Maravillosa.

FUENTE RESPONSABLE.: La Mente es Maravillosa

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Efectos en la edad adulta de crecer con un padre narcisista.

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Para un padre narcisista, tus necesidades no importan. Así, además de ser un terreno árido para una infancia feliz, la sombra de esas dinámicas manipuladoras y dominadoras dejan sus secuelas en la edad adulta.

Los efectos en la edad adulta de crecer con un padre narcisista son relevantes. Nadie sale del todo indemne de esos años de convivencia con una personalidad tan lesiva a múltiples niveles. Manipulación, egocentrismo, obsesión por la obediencia y la perfección, completo desinterés por las necesidades de los hijos…

Hay quien dice que crecer con un padre o una madre narcisista es como estar sometido al líder de una secta. Son figuras con un gran poder para anular psicológicamente a los demás. Son hábiles para drenar emocionalmente a quienes estén a su alrededor. Se alzan como expertos en hacernos creer que nuestros sueños, aficiones y metas son del todo inútiles.

Decía el poeta T. Eliot dice que la mitad del daño que se hace en este mundo viene de esas personas que quieren ser importantes. Cuando esta dinámica la sufrimos en la infancia y la adolescencia por parte de nuestros progenitores es común seguir sufriendo su impacto más allá.

Para sobrevivir a un padre narcisista, un niño debería luchar en todo momento por no ajustarse a las expectativas que este le impone. No obstante, esto no es fácil en edades tempranas. 

Estos son los efectos en la edad adulta de crecer con un padre narcisista

Con 8, 9 o 10 años, ya empezamos a imaginarnos una vida siendo adultos. Más allá de las fantasías propias e idealistas de la edad, es común imaginarnos de un modo muy concreto: siendo felices y dedicándose a lo que más nos gusta. Sin embargo, al crecer con un padre narcisista, resulta muy difícil convertirnos en la persona que deseamos ser.

Hay un exceso de traumas emocionales no sanados y de áreas psicológicas desatendidas. El sometimiento mental al que uno queda supeditado se convierte en un obstáculo insalvable para edificar los cimientos de una buena autoestima, un pilar fundamental para la gestión emocional. Esas carencias actúan como lastres para el correcto desarrollo psicosocial y la autoconfianza, elementos básicos para conquistar sueños y anhelos.

Asimismo, según un estudio de la Universidad de Bahauddin (Pakistán), es muy común que el perfil narcisista aparezca en el padre. Esto crea núcleos familiares en los que la mujer junto a los hijos quedan anclados a esa figura dominadora que monopoliza toda atención y necesidad. Los primeros tienen como única responsabilidad contentar y atender a ese padre narcisista.

Ahora bien,  ¿qué efecto pueden tener estas vivencias en la edad adulta? Lo analizamos.

Vives dominado por emociones paralizantes

¿Qué son las emociones paralizantes? Son aquellas que no te dejan ser tú mismo, que limitan tu capacidad de decisión, autocuidado y que apagan tu potencial. Así, uno de los efectos de crecer con un padre narcisista es convivir con la indecisión e inseguridad constante. Te cuesta resolver problemas, decidir por ti mismo, atender tus necesidades…

Al mismo tiempo, persiste un corrosivo sentimiento de culpa. Culpa por no haber reaccionado antes ante cada cosa sufrida en la infancia y adolescencia, culpa por no poder ser como deseamos de verdad.

No importa que ya no convivamos con la figura narcisista. Su presencia sigue alejándose en nuestra mente y aún arrastramos sus secuelas: baja autoestima, indecisión, visión negativa de nosotros mismos…

Los efectos gaslighting (luz de gas) o el abuso que te anuló por completo

Crecer con un padre narcisista supone sufrir el peso del gaslighting casi cada día. Es decir, ese progenitor se las ingenió bien para hacernos creer que éramos falibles en casi cualquier cosa. Nos convenció de que teníamos poco que ofrecer al mundo y que cada uno de nuestros sueños y aficiones eran poco más que una tontería.

Criticó a nuestros amigos e infravalorar cada mérito logrado. Cada golpe dado a la autoestima sigue presente y todavía seguimos dudando de nuestro potencial. Esto puede hacer que acabemos sufriendo lo que se conoce como síndrome del impostor.

Personalidad egoísta, lo que yo necesite no importa

La personalidad egoísta prefiere existir, pero sin que se note demasiado. Sabe muy bien lo que es vivir con alguien egoísta y, por ello, busca ser todo lo contrario, hasta derivar en lo patológico. Es decir, descuidando por completo sus necesidades, dejando a un lado sus opiniones y deseos para volcarse en la atención exclusiva de los demás.

Uno de los efectos de crecer con un padre narcisista es convertirse en un adulto que prefiere vivir en la sombra de los demás. No quieren ser una carga. No quieren molestar, preocupar a nadie… De hecho, cuando se les pregunta por sus preferencias, gustos o deseos son incapaces de responder.

El apego inseguro ambivalente

El apego inseguro ambivalente está impregnado de miedos y necesidades. La persona que creció con un padre narcisista ansía ser amado, sin embargo, teme ser herido nuevamente y, por ello, desconfía. Esto crea una serie de dinámicas contradictorias en materia afectiva que abocan al fracaso en las relaciones.

Cuando hemos sido criados por un narcisista resulta muy difícil establecer relaciones afectivas seguras, felices y estables. Nos cuesta confiar, pero al mismo tiempo necesitamos desesperadamente ser amados.

La ira somatizada, el dolor que ansía emerger

En efecto, otro factor recurrente entre quienes han tenido que crecer con un padre narcisista es la somatización. Todo el cúmulo de emociones de valencia negativa sufridas en el pasado y no manejadas siguen ahí, en especial la ira. Esa emoción experimentada ante cada desaire, manipulación, menosprecio y abuso psicológico deja marca. Algo así se traduce a menudo en múltiples malestares físicos.

Para concluir, son muchas las consecuencias y secuelas que pueden quedar en nosotros como resultado de estas vivencias. Ahora bien, más allá de lo sufrido, lo más importante es tratar todas esas realidades. La terapia psicológica nos puede permitir superar esas heridas internas y dar forma a un presente y futuro mucho mejor.

Imagen de portada: Gentileza de La Mente es Maravillosa.

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