Esmé Weijun Wang: “La psicosis no es creativa, no eres capaz ni de lavarte los dientes”.

La escritora estuvo ocho años sufriendo alucinaciones hasta que fue diagnosticada con un trastorno esquizoafectivo; creía que la perseguían demonios y locomotoras por el campus de Yale y pasó meses convencida de que estaba estaba muerta.

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Dice Esmé Weijun Wang que su rutina de maquillaje es regular. Que puede vestirse y acicalarse tanto si está en una fase psicótica como si no, aunque si se encuentra en etapa maniaca lo hará con especial celo y, si está deprimida, pasará de todo menos del pintalabios. Si no lleva carmín, mala señal. Es que ni siquiera ha podido llegar al espejo del baño. Esta secuencia tan nimia pero tan cargada de significado es una de las intimidades que la autora, nacida en Michigan (EE UU) hace 38 años de padres taiwaneses, cuenta en “Todas las esquizofrenias” (Sexto Piso), que acaba de ser publicado en castellano.

Diagnosticada con un trastorno esquizoafectivo de tipo bipolar en 2013, Esmé desnuda en este libro brillante y conmovedor una enfermedad mental de la que apenas se habla porque da más miedo que vergüenza. Y que acarrea un sufrimiento extremo: “Yo me he perdido, y hablo de estar perdida físicamente, en una habitación totalmente a oscuras. He ido por el campus de Yale esquivando demonios invisibles y he visto cómo una locomotora bien definida avanzaba hacia mí hasta que se desvanecía de pronto”. La enfermedad tiene una realidad propia e intransferible que sacrifica la que vivimos el resto de humanos matando de paso al paciente, “que desaparece para quienes le rodean, es como si estuviéramos muertos”.

La conversación con LA RAZÓN se produce a través de Zoom pero con la cámara apagada, afirma sentirse más cómoda así. Confiesa que, mientras hablamos, el corazón le va a mil por hora y la cabeza la siente “rara”. En los últimos tiempos, los síntomas del trastorno de estrés postraumático complejo que también padece han sido aún “más intensos” que los que le inflige la esquizofrenia.

-Asegura que su diagnóstico de trastorno esquizoafectivo de tipo bipolar le alivió porque ya podía sentirse loca de una forma muy concreta.

-Es muy importante sobre todo darte cuenta de que no eres la única, que no estás tan loca que tu trastorno aún ni se ha descubierto. Puedo decir, incluso, que me sentí aliviada cuando me dijeron que tenía esquizofrenia. Llevaba mucho tiempo con síntomas psicóticos, casi diez años, y sospechaba cuál podía ser el diagnóstico final. Así que cuando llegó el veredicto por fin pude poner en orden mi medicación.

-¿Por qué tardaron tanto en ponerle un nombre a su tormento?

-Mi asunción es que mi psiquiatra estuvo llamando a mis alucinaciones “distorsiones sensoriales” durante un tiempo para evitar diagnosticarme con un trastorno psicótico. Quizá para evitarme el estigma, dado que yo era una estudiante brillante con un gran futuro. También puede que tratara de protegerme de mí misma para que no me identificara con esa clase de pacientes. Es muy común que se tarde años en llegar a la esquizofrenia, lo normal es que pasar primero por otros diagnósticos, incluidas la depresión y la ansiedad.

-En el libro repasa su infancia. Con dos años ya leía, tenía una gran imaginación… ¿Recuerda el momento exacto en que se dio cuenta de que algo no iba bien?

-Era muy pequeña, tendría unos cuatro o cinco años. Estaba en la cama y, de pronto, me entró mucha sed. Me levanté para beber agua y pensé que después tendría que ir al cuarto de baño. Volví a la cama y al instante empecé a pensar lo mismo, así que lo repetí varias veces hasta que me senté en las escaleras y me puse a llorar. Mi madre vino a preguntarme lo que me ocurría y le dije que no sabía, que no podía parar de hacer lo mismo una y otra vez. Fue la primera vez que experimenté el estrés mental.

-Habla mucho de la familia. ¿Qué influencia le atribuye en su salud mental?

-Me gustaría explorar un poco más sobre mi tía abuela. Ha sido borrada de la familia de mi madre porque sufría una enfermedad mental grave en una época y en un lugar, Taiwán, donde el estigma era enorme. Bueno, sigue siéndolo en la cultura china. A mi madre le dio pánico cuando me fui a estudiar a Yale por si acababa igual que ella, algo que, en realidad, acabó ocurriendo. Recuerdo que me escribió una carta muy larga contándomelo todo. Mi tía abuela fue la primera en ir a la Universidad y allí le dio su primera gran crisis. Nunca se recuperó y fue relegada al desván de la casa familiar donde mi madre creció. La acabaron obligando a casarse con un tipo al que pagaron, pensaron que igual si tenía un hijo…

-Qué manía tienen algunos con que la maternidad lo cura todo, ¿no?

-Sí, exacto. Fue muy triste porque, efectivamente, tuvo un hijo al que, obviamente, no pudo cuidar. Acabó muriendo en un hospital psiquiátrico y el niño fue dado en adopción. Una vez que mi madre entendió mi enfermedad, se convirtió en la defensora de la salud mental en la familia.

-En el libro describe con mucho detalle cómo comienza un episodio de alucinaciones y cómo entra en esa realidad paralela. Cuenta, por ejemplo, que hubo temporadas en que pensó que estaba muerta o que sus familiares habían sido reemplazados por robots.

-Lo peor es no saber cuándo terminará, si me quedaré allí para siempre. Y nadie puede responder a esta pregunta. Es curioso, además, cómo los síntomas de este Trastorno de Estrés Postraumático complejo no difieren apenas de los que noto cuando estoy psicótica. La semana pasada, por ejemplo, estuve cinco días sin experimentar ninguna emoción. Estaba súper confusa pero, al mismo tiempo, no había nada que me hiciera daño.

-Se sentiría muy liberada.

-Totalmente. Cuando tengo episodios malos me pongo triste, o me enfado, así que no estuvo mal no sentir nada. Ni lo bueno ni lo malo. Mi marido y yo estuvimos en un concierto de un grupo que me encanta y era como si no fuera conmigo. Pensé que quizá era el principio de un nuevo estado para el resto de mi vida. Con la psicosis es igual. Lo peor es no saber cuándo termina.

-¿Es un mito que la inteligencia y la locura van muchas veces de la mano?

-No creo que sea cierto. Sin embargo, es interesante. Hace poco mantuve un encuentro con Joanne Greenberg, autora de “Nunca te prometí un jardín de rosas”, un libro de 1954 sobre una joven con esquizofrenia que al final se supo que era autobiográfico. Estuvimos charlando y me dijo que una de las cosas que más le cabreaba era esa idea extendida de que la psicosis te hace más creativa. Cuando tienes un brote no puedes funcionar a ningún nivel, ni siquiera al más básico. Ni ducharte, ni lavarte los dientes, ni mantener una conversación. Como para escribir algo brillante…

-Es como si te dijeran que la tortura te vuelve más creativa.

-Justo. Quizá cuando termina el tormento, con el paso del tiempo eres capaz de escribir algo bueno sobre la tortura y compartir tu experiencia.

-¿Se siente frustrada con la Psiquiatría?

-En mi opinión, es como si se fuera construyendo sobre la marcha. Un diagnóstico según el DSM es, simplemente, una constelación de síntomas que se dan a la vez en gente diferente y reciben un nombre. Hasta que es incluido en ese manual tarda un tiempo y tiene que cumplir una serie de requisitos. Por ejemplo, el trastorno de estrés postraumático complejo aún no lo está, y eso no significa que no haya muchísima gente que lo esté sufriendo por todo el mundo. Digamos que la Psiquiatría es producto de la invención humana y opera con las consiguientes limitaciones.

-¿Dónde encuentra usted más respuestas sobre lo que le ocurre?

-En realidad es una gran pregunta para cualquiera que tenga una enfermedad severa. Esa fue una de las razones por las que escribí este libro, para plantear multitud de preguntas que me hago a mí misma y encontrar alguna contestación. Y, si de paso ayudo a alguien, mejor que mejor.

-¿En qué confía? ¿Qué es lo que más le ha funcionado?

-Lo pruebo absolutamente todo. Cuando estás desesperado no le haces ascos a nada. A veces son tantas cosas que no sé al final qué es lo que ha puesto punto final a la psicosis. ¿Será el Haloperidol? ¿La nueva terapia? ¿Que estoy escribiendo más? Quizá todo ayuda a su manera, no tengo una única respuesta.

-Dice que se suele comparar a la depresión con la diabetes y a la esquizofrenia con el Alzheimer, como para dejar claro que de la última no se regresa.

-Sí, y no debería ser así. Este mes, por ejemplo, es el de la Salud Mental en EE UU, y toda la discusión pública gira en torno a la valentía de esta o aquella estrella de cine que se ha atrevido a hablar de que padece ansiedad o depresión. No digo que no sean condiciones serias, pero lo que nunca veo en los medios es una celebridad que salga y diga que tiene esquizofrenia. Eso seguramente terminaría con su carrera al instante.

-En España un conocido presentador acaba de hacer público su brote psicótico, algo inédito hasta la fecha.

-Eso es increíble. Y mucho más efectivo que cualquier testimonio de alguien que no sea conocido, tristemente.

-Habla mucho de la película “Una mente maravillosa”. ¿El cine ha sabido retratar esa realidad extraña?

-En general, no. Te diré que he visto una relativamente nueva en Netflix, “The horse girl”, que se aproxima bastante a lo que es la psicosis. Refleja bien la tristeza y la caída en esa situación espantosa.

-Da la impresión por sus textos de que cada esquizofrenia es única. ¿Existe una comunidad de pacientes en la que encontrar consuelo?

-Creo que en cualquiera de estos diagnósticos graves puedes encontrar alguna similitud, aunque la experiencia es única. Igual que ocurre con otras muchas identidades. Seremos capaces de hablar de algunas cosas comunes, pero los humanos son enteramente diferentes.

-¿Cree que la pandemia ha derribado algún estigma sobre salud mental o es solo una ilusión?

-Lo cierto es que no. Quizá la gente con enfermedades crónicas, que pasan la mayor parte de su tiempo en casa, sí ha podido sentirse más comprendida cuando el confinamiento se ha hecho universal. En mi caso, me sentí muy bien al principio porque mi organismo y mi cerebro está acostumbrado a hacer frente a situaciones extremas.

Portada del libro de Esmé Weijun

Portada del libro de Esmé Weijun 

Imagen de portada: La escritora Esmé Weijun Wang FOTO: LA RAZÓN LA RAZÓN.

FUENTE RESPONSABLE: La Razón. España. Por Macarena Gutierrez. Mayo 2022

Sociedad/Psiquiatría/Psicología/Salud Mental/Entrevista

MK-Ultra: el oscuro legado del programa secreto de la CIA destinado a encontrar formas de control mental.

Hace 45 años, la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) fue forzada a publicar documentos que confirmaron lo que algunos ya sospechaban: había financiado experimentos de control mental, utilizando descargas eléctricas, drogas alucinógenas y otras terribles técnicas, a menudo sin el conocimiento de las víctimas.

Por la naturaleza de los abusos cometidos, los afectados sólo empezaron a entender qué había sucedido décadas después, y el oscuro legado del ultrasecreto programa conocido como MK-Ultra sigue vigente.

Todo comenzó a principios de la década de 1950, con la Guerra Fría en pleno apogeo.

Cuando algunos prisioneros de guerra liberados en Corea regresaron a casa defendiendo la causa comunista, la comunidad de inteligencia de EE.UU. se alarmó.

Aterrorizada de que los soviéticos y los chinos hubieran desarrollado técnicas de control mental, y de que sus agentes o los prisioneros de guerra pudieran revelar información, la recién formada CIA asignó US$25 millones para experimentos psiquiátricos en seres humanos.

«La idea era tratar de descubrir cómo interrogar a las personas y debilitarlas, y también cómo proteger a su personal de esas técnicas», le explicó a BBC Witness el psiquiatra Harvey M. Weinstein, autor de «Padre, hijo y la CIA».

La agencia utilizó organizaciones como fachada para acercarse a más de 80 instituciones y científicos en EE.UU., Reino Unido y Canadá.

«Fue el programa más secreto jamás conducido por la CIA en EE.UU.», le dijo el autor e historiador Tom O’neill a BBC Reel.

«Pacientes en hospitales psiquiátricos, presos en instituciones federales e incluso las personas del público recibieron drogas y fueron parte de experimentos sin su conocimiento o consentimiento».

Acid Test

Los proyectos iniciales de MK-Ultra incluyeron la Operación Midnight Climax.

Perfil psicodélico

GETTY IMAGES. Las «pruebas de ácido» dejaron secuelas buenas y terribles.

«Establecieron lo que llamaban casas de seguridad, donde prostitutas llevaban hombres a los que, sin advertirles, les daban LSD para que los científicos de la CIA pudieran estudiarlos, generalmente detrás de un espejo bidireccional».

Otra práctica común era organizar y observar fiestas inducidas por LSD con música en vivo.

Esas fiestas se llamaban «pruebas de ácido» y la cultura que surgió de ellas jugó un papel clave en el desarrollo de los movimientos hippies y psicodélicos unos años más tarde.

Pero algunos de los experimentos más nocivos ocurrieron en el Allan Memorial Institute en Montreal, un hospital psiquiátrico de Canadá, donde las mentes de un número aún desconocido de pacientes fueron sistemáticamente destruidas.

El Allan

El hospital, conocido como «el Allan», estaba bajo la dirección del escocés-estadounidense Donald Ewen Cameron, quien era considerado como uno de los psiquiatras más eminentes del mundo.

Donald Ewen Cameron

Cameron fue presidente de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (1952-1953 y en 1963), Asociación Canadiense de Psiquiatría (1958-1959), Sociedad de Psiquiatría Biológica (1965)[4] y Asociación Mundial de Psiquiatría (1961-1966).

Es por eso que Lou, el padre del psiquiatra Harvey Weinstein, quiso que fuera él quien lo tratara cuando comenzó a sufrir ataques de pánico.

«Pasaron cosas terribles, y hasta que salieron a la luz los documentos del MK-Ultra, nunca había podido entender la transformación que sufrió».

Lou era un hombre sociable a quien le encantaba cantar y dirigía un negocio.

Emergió del Allan como una sombra; su vida y su familia destruidas.

No fue el único… fueron cientos.

«Tenía problemas con mis padres -recuerda Lana Ponting-, y decidieron internarme en el Allan. No tenían idea de lo que pasaba allí.

«Yo tenía 16 años».

«Cuando mi familia volvió a recogerme, parecía un zombi. Ni siquiera sabía quiénes eran».

Allan Memorial Institute

El Allan, la mansión gótica con vistas a Montreal, donde Cameron dirigía su instituto.

La enfermera Esther Schrier fue ingresada al Allan embarazada pues sentía pánico de perder su bebé tras la muerte de un hijo. Su tratamiento terminó sólo cuando estaba a un mes de dar a luz.

Años más tarde, recordó en una entrevista de la BBC de Escocia, cuán perdida salió.

«Tenía un nuevo bebé y no sabía qué hacer con él. Una niñera me ayudaba pero, para que te des una idea, esto es un pequeño ejemplo de lo que me escribió en un cuaderno antes de tomarse un día libre: ‘Cuando escuches llorar al bebé, ve a la habitación. Recoge al bebé’… y explica paso a paso cómo alimentarlo.

«Fue muy aterrador».

El doctor Cameron

La CIA se había acercado a Cameron tres años después de lanzar MK-Ultra, a través de la Sociedad para la Investigación de la Ecología Humana, una de sus organizaciones fachada a través de la cual canalizaban dinero.

Lo alentó a solicitar una subvención, y, desde enero de 1957 hasta septiembre de 1960, la agencia le entregó al psiquiatra US$60.000 dólares, equivalente a unos US$600.000 en la actualidad.

Letrero diciendo: "CIA próxima a la izquierda" en carretera

La CIA fue creada en 1947.

Cameron era un destacado defensor de un nuevo enfoque científico del cerebro, según el cual la mente era como una computadora, que se podía reprogramar borrando memorias y reconstruyendo la psique por completo.

Para ello, había que reducir a los pacientes a un estado psicológico infantil en el que los médicos podían aprovechar la vulnerabilidad cognitiva de la persona.

Al empezar de cero, se podía reestructurar la mente y plantar ideas en la memoria de un individuo sin que éste se diera cuenta de que no eran originales.

El método

A los pacientes que llegaban al instituto por problemas menores, como trastornos de ansiedad o depresión posparto, los ingresaban al «dormitorio», donde se les inducía un coma químico durante días o meses.

Luego, eran «desestructurados» mediante terapia electroconvulsiva de una potencia y frecuencia más alta que jamás antes, para reducirlos a un «estado vegetal, del cual se recuperarían a un estado mental más saludable», según la teoría de Cameron.

Chica a punto de recibir electroshock

Cameron experimentó con terapia electroconvulsiva a 30 o 40 veces la potencia normal.

«Mi padre recibió 54 tratamientos de electrochoque de alto voltaje seguidos de 54 convulsiones de gran mal (pérdida de conciencia y contracciones musculares violentas)», le contó Lana Sowchuk a BBC Reel, cuyo padre era «un hombre sano y atlético de 27 años», que fue al Allan para que le trataran el asma.

«Después de 27 días de electrochoques dijeron que estaban desanimados porque aún tenía vínculos con su vida anterior, pues seguía pidiendo ver a su esposa», relata Julie Tanny, cuyo padre también fue puesto en el programa.

«Decidieron darle más tratamientos de electrochoque y ponerlo a dormir otros 30 días».

Sin su conocimiento o consentimiento, los pacientes fueron tratados a la fuerza con grandes dosis de drogas psicotomiméticas, LSD, PCP y otras.

Como parte de ese régimen de reprogramación que Cameron denominó «conducción psíquica», los obligaban a escuchar mensajes cíclicos grabados a través de auriculares, cascos o altavoces, a veces instalados dentro de la almohada del paciente a los pacientes hasta 20 horas al día, ya sea que estuvieran dormidos o despiertos.

Algunos eran negativos -como «mi madre me odia»-, otros daban instrucciones -«debes portarte mejor»-, y los registros muestran que los repetían hasta medio millón de veces por sesión.

Reporte de un paciente en su 37° día de sueño químico, quien había recibido 15 electroshocks, 2 al día, por resistirse al tratamiento.

Reporte de un paciente en su 37° día de sueño químico, quien había recibido 15 electroshocks y drogas, por resistirse al tratamiento.

La investigación de Cameron también involucró privación sensorial extrema. Suficiente, dice el psiquiatra Harvey Weinstein, para provocar psicosis en cualquiera.

«Mi padre estaba en una especie de celda con sus manos cubiertas, para que no pudiera sentir nada; en la oscuridad, para que no pudiera ver nada; y con un ruido constante, por lo que no podía escuchar nada.

«Básicamente, aislado de toda sensación normal».

Lou Weinstein llegó a estar mantenido en ese estado durante dos meses enteros.

Estado infantil

Harvey tenía 12 años cuando Lou entró por primera vez en el Allan Memorial Institute. Todavía era un adolescente cuando, en 1961, la casa familiar tuvo que ser vendida para pagar las cuentas. Durante ese terrible momento, la familia seguía creyendo que había que seguir el consejo de los médicos.

Pero ese chico que luego se convertiría en psiquiatra terminó perdiendo a su padre.

«Ese hombre dinámico salió como un vegetal. Tenía un síndrome cerebral orgánico severo. Se la pasaba acostado en el sofá, no podía orientarse, su personalidad estaba totalmente destruida, y a veces no sabía dónde estaba».

Documentos de la CIA sobre el proyecto MK-Ultra.

Documentos de la CIA sobre el proyecto MK-Ultra.

Otros pacientes perdieron recuerdos y detalles de su familia inmediata, o experimentaron amnesia permanente.

Muchos regresaron a sus hogares en un «estado infantil» y requirieron capacitación para recuperar la continencia y las habilidades para ir al baño.

Engañados acerca de las intenciones, objetivos y métodos del tratamiento, cargaron con las secuelas por el resto de sus vidas.

Furia

El programa MK-Ultra se redujo en 1964, pero no se detuvo finalmente hasta 1973, cuando algunas de las pruebas de sus actividades fueron sistemáticamente borradas.

«Todo fue descubierto gracias a un periodista llamado John Marks, quien escribió el primer libro (en 1979) sobre el programa, llamado ‘En busca del candidato de Manchuria: La CIA y el control mental'», dice el historiador Tom Oneill.

John Marks y su libro

Marks era un joven periodista cuando obligó a la CIA a entregar las pruebas.

Cuando Harvey leyó una reseña sobre ese libro, su primera reacción fue un alivio. ¡Por fin, había una explicación de lo que había sucedido con su padre!

Pero ese alivio pronto se tornó en ira.

«Rabia contra el médico que había llevado esa ignominia en la Allan. Rabia contra la CIA por experimentar con personas sin su consentimiento. Fue un sentimiento de furia profunda. Y sobre todo después de las Leyes de Nuremberg de 1946».

Y es que, disonantemente, Cameron había sido uno de los psiquiatras invitados a evaluar a los acusados nazis en los Juicios de Nuremberg, donde se declaró por primera vez el Código de Nuremberg para la ética de la investigación en experimentación humana.

En el Juicio de Médicos de los Juicios de Nuremberg, los doctores nazis fueron condenados por «realizar experimentos médicos, sin el consentimiento de los sujetos…».

Cameron

Hay quienes trazan paralelos entre lo que hicieron los nazis y lo que hizo Cameron.

Sin final feliz

Tras la revelación, «hubo audiencias en el Congreso en EE.UU. a mediados de los años 70, y la CIA finalmente admitió que este programa existía, que probablemente no era lo correcto, pero fingieron inocencia», cuenta Oneill.

No obstante, afirma el historiador, «la CIA sabía que estaba rompiendo todas las leyes morales, éticas y legales al hacer estos experimentos».

A pesar de un interés marginal en el tema en la cultura popular, la mayoría de los sobrevivientes sufrieron en silencio, llevándose su trauma a la tumba.

Pero con los documentos liberados, otras víctimas que de los experimentos o de las secuelas en sus seres cercanos, como Harvey, pudieron reconstruir lo acontecido.

«Me presentaron al doctor Cameron y no lo recuerdo en absoluto», le contó a la BBC Linda McDonald, quien fue internada cuando tenía 26 años y sufría de depresión.

«Me diagnosticaron esquizofrenia. Lo descubrí leyendo mi archivo 20 años después. Y me dieron todos esos tratamientos de choque electroconvulsivo y megadosis de drogas y LSD y todo eso.

«No tengo memoria de nada de eso: ni del tiempo en el Allan ni nada de mi vida anterior a eso: todo se fue».

Sobreviviente en campaña

Los afectados están luchando para que se les escuche.

Ahora, algunos sobrevivientes que no han recibido ninguna disculpa formal o compensación, presentaron una demanda colectiva contra las instituciones que consideran responsables.

«Todos estaban detrás de eso. Sabían lo que estaban haciendo. Y lo hacían por razones militares y políticas», denuncia Sowchuk.

«Sigo tomando medicamentos por lo que me sucedió cuando tenía 16 años», dice Ponting. «Quiero que todos sepan lo que pasó en ese horrible, horrible hospital».

Si bien los historiadores y sobrevivientes han expuesto lo que se sabe de lo sucedido al mundo, aún se desconoce mucho sobre su alcance y su impacto más amplio.

Dada la naturaleza altamente sensible de la actividad del programa, es probable que ese siga siendo el caso en los próximos años.

* Partes de este artículo están basadas en MK-Ultra: The CIA ‘s secret pursuit of ‘mind control’de BBC Reel y enCÍA mind control experiments BBC Witness.

Imagen de portada:GETTY IMAGES. Sello oficial de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), 1974.

FUENTE RESPONSABLE: Redacción BBC News Mundo. Mayo 2022

Historia/Política/EE.UU./Ciencia/Salud/Salud Mental

Cómo el consumo de marihuana afecta nuestra mente, según nuevos estudios.

La planta de cannabis sativa o marihuana ha sido utilizada por los seres humanos por más de mil años.

Aunque su uso más conocido es tal vez como una droga recreativa que se fuma o se ingiere, también es legal su uso medicinal en varios países alrededor del mundo.

Pero, ¿cómo afecta a nuestra mente? 

En tres estudios recientes publicados en The Journal of Psychopharmacology, la revista Neuropsychopharmacology y el International Journal of Neuropsychopharmacology, se demuestra cómo su uso puede influenciar un número de procesos cognitivos y psicológicos.

La Agencia contra el Crimen y las Drogas de la ONU reportó que cerca de 192 millones de personas alrededor del mundo de entre 15 y 64 años usan cannabis de forma recreativa, según datos de 2018.

Y cerca del 35% de estos consumidores tiene entre 18 y 25 años.

Esto indica que la mayoría de usuarios son adultos jóvenes, cuyos cerebros están todavía en desarrollo, lo que podría hacerlos particularmente vulnerables a los efectos en el cerebro asociados al uso del cannabis en el largo plazo.

El tetrahidrocannabinol es el principal ingrediente psicoactivo del cannabis y su espacio de influencia del cerebro es el sistema endocannabinoide, que es donde hay receptores que responden a los componentes químicos de esta hoja.

Estos receptores tienen una importante presencia en las áreas prefrontales y límbicas del cerebro, donde se modulan los mecanismos de recompensa y motivación.

Estos regulan la señalización de las dopaminas, el ácido gamma-aminobutírico y el glutamato del cerebro.

Cannabis

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

El consumo de cannabis es legal en varios países alrededor del mundo.

¿Qué significa eso? Sabemos que la dopamina está involucrada en la motivación, recompensa y aprendizaje.

Mientras que el glutamato y el ácido gamma-aminobutírico tienen funciones en el proceso cognitivo, incluyendo la memoria y el aprendizaje.

Efectos cognitivos

El uso del cannabis puede afectar el proceso cognitivo, señalan los estudios, especialmente en aquellos con desorden en el consumo.

Esto es, personas con un deseo constante de consumir y disrupción de sus actividades diarias como trabajar o estudiar.

Se estima que el 10% de los consumidores de cannabis cumplen con el diagnóstico de este desorden.

En nuestra investigación, logramos examinar cerca de 39 personas con este desorden (debían estar ‘limpios’ el día del test) y lo comparamos con 20 personas que nunca o muy infrecuentemente consumían cannabis.

Logramos demostrar que los participantes que tenían el desorden tenían peor desempeño en las pruebas de memoria del Cambridge Neuropsychological Test Automated Battery, (un test diseñado para evaluar la capacidad del cerebro de retener datos), comparados con los otros que nunca o pocas veces habían consumido.

También se demostró que el consumo afecta de forma negativa las «funciones ejecutivas», que son procesos mentales que incluyen el pensamiento flexible.

Este efecto parece estar relacionado con la edad a la que se comienza a consumir la droga: entre más joven, más afectado resulta el funcionamiento ejecutivo.

Memoria

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Entre los efectos que puede producir el consumo del cannabis esta la pérdida de la memoria.

Los daños en el proceso cognitivo también se han detectado en consumidores leves. Este grupo tiende a tomar decisiones más riesgosas que otros y tiene más problemas con la planificación.

Aunque muchos estudios han sido llevados a cabo en hombres, hay evidencias de la diferencia de efectos en distintos sexos.

Hemos demostrado que, mientras los consumidores hombre tienen mala memoria y dificultad para reconocer objetos, las mujeres que usan cannabis tienen más problemas de atención y afecciones en las funciones ejecutivas.

Estas diferencias persisten cuando los estudios se hacen teniendo en cuenta edad, coeficiente intelectual, consumo de alcohol y nicotina, humor y síntomas de ansiedad, estabilidad emocional y comportamiento compulsivo.

Motivación y salud mental

El consumo de cannabis también afecta cómo nos sentimos, además de influenciar la manera en que pensamos.

Por ejemplo, algunas investigaciones previas sugieren que la recompensa y la motivación -junto con los circuitos cerebrales involucrados en estos procesos- pueden verse afectados cuando consumimos cannabis.

Esto puede alterar nuestro desempeño en la escuela o en el trabajo, y puede hacernos sentir menos motivados para trabajar y menos recompensados cuando lo hacemos bien.

En nuestro reciente estudio, usamos una tarea para trabajar la imaginación, en la que los participantes eran analizados con un escáner donde debían ver cuadros azules y naranjas.

Los cuadros naranjas llevarían a una recompensa monetaria si el participante respondía.

Published

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El mayor porcentaje de personas que consumen cannabis son jóvenes.

Este modelo nos ayudó a investigar cómo el cerebro responde a las recompensas.

Nos enfocamos particularmente en el cuerpo estriado ventral, que es una región clave en el sistema de recompensa del cerebro.

Notamos que los efectos en el sistema de recompensas eran sutiles, con efectos directos del cannabis en el cuerpo estriado ventral.

Sin embargo, los participantes en nuestro estudio eran consumidores moderados de cannabis. Los efectos pueden ser más pronunciados en los usuarios crónicos.

También hay evidencia de que el cannabis puede conducir a problemas de salud mental.

Hemos reportado que está relacionado con un alta anhedonia, que es la inhabilidad de sentir placer, en adolescentes.

Problemas psicóticos

Este efecto también se sintió con particular frecuencia durante los confinamientos de la pandemia del covid-19.

El consumo de cannabis en adolescentes también se considerado un factor para el desarrollo de episodios psicóticos, además de esquizofrenia.

Un estudio muestra que el consumo moderado de marihuana incrementa el riesgo de síntomas psicóticos en los jóvenes, pero tiene un mayor efecto en aquellos con una predisposición a la psicosis (puntúa alto en una lista de verificación de síntomas de ideas paranoicas y psicoticismo).

Evaluando a 2.437 adolescentes y adultos jóvenes (14-24 años), los autores reportaron un incremento de seis puntos de riesgo – del 15% al 21%- de síntomas psicóticos en los consumidores de cannabis entre personas sin predisposición a la psicosis.

Pero hubo un incremento de 26 puntos de riesgo -de 25% al 51%- de síntomas psicóticos en consumidores de cannabis con predisposición a la psicosis.

Psicósis.

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El consumo de cannabis también está asociado a casos de psicosis.

Realmente no sabemos por qué el cannabis está relacionado con episodios psicóticos, pero varias hipótesis sugieren que la dopamina y el glutamato pueden ser importantes en la neurobiología de estas condiciones.

Otro estudio realizado con 780 adolescentes sugiere que la asociación entre el consumo de cannabis y las experiencias psicóticas está vinculada a una región del cerebro llamada «uncus».

Esta se encuentra dentro del parahipocampo (involucrado en la memoria) y el bulbo olfatorio (involucrado en el procesamiento de los olores), y tiene una gran cantidad de receptores cannabinoides.

En última instancia, es probable que los efectos cognitivos y psicológicos del consumo de cannabis dependan en cierta medida de la dosis (frecuencia, duración y potencia), el sexo, las vulnerabilidades genéticas y la edad de inicio.

Pero necesitamos determinar si estos efectos son temporales o permanentes. Un artículo que resume muchos estudios ha sugerido que, con un consumo moderado de cannabis, los efectos pueden debilitarse después de períodos de abstinencia.

Pero incluso si ese fuera el caso, claramente vale la pena considerar los efectos que el consumo prolongado puede tener en nuestras mentes, especialmente para los jóvenes cuyos cerebros aún se están desarrollando.

Imagen de portada: GETTY IMAGES. El cannabis tiene efectos en los procesos cognitivos.

FUENTE RESPONSABLE: The Conversation. Por Barbara Jacquelin Sahakian. Mayo 2022

*Este texto fue escrito por Barbara Jacquelyn Sahakian quien trabaja en temas de salud mental y neurodegeneración del NIHR Cambridge Biomedical Research Center (BRC) y el NIHR MedTech y la Cooperativa de diagnóstico in vitro (MIC)., junto a las investigadoras Christelle Langley, Martine Skumlie y Tianye Jia.

Puedes leer la nota original en inglés en The Conversation.

Sociedad y Cultura/Salud Mental/Salud

Qué es la reserva cognitiva y por qué debemos trabajar en ella para cuidar nuestro cerebro.

Se trata de un concepto que se originó a finales de la década de los 80 a raíz de un estudio muy revelador.

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Científicos analizaron los cerebros de un grupo de personas y encontraron cambios propios de haber padecido Alzheimer avanzado.

Sin embargo, en vida, esos individuos no mostraron síntomas de la enfermedad.

¿La razón? 

«Tenían una reserva cognitiva lo suficientemente grande como para compensar el daño y continuar funcionando como de costumbre», señala Harvard Health Publishing, la publicación de la Escuela de Medicina de Harvard en el artículo What is cognitive reserve?

Otras investigaciones han demostrado que las personas con una mayor reserva cognitiva pueden evitar con mayor eficiencia los síntomas de los cambios cerebrales degenerativos asociados con la demencia u otras enfermedades cerebrales, como el Parkinson, la esclerosis múltiple o un accidente cerebrovascular.

Esa es una buena noticia y se vuelve aún más positiva porque es posible, a lo largo de la vida, tratar de construir una «reserva cognitiva» sólida para fortalecer las redes del cerebro.

Entre reservas.

De acuerdo con el doctor Manuel Vázquez Marrufo, catedrático del departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Sevilla, la reserva cognitiva es lo que en la psicología y las neurociencias se denomina un «constructo», es decir, un concepto que se usa para abordar una teoría, aunque «todavía no se sabe a ciencia cierta qué correlatos fisiológicos están realmente detrás de ella».

Cerebro

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

El experto la define como «una especie de propiedad» que tenemos -producto de la experiencia- y que «efectivamente nos protege contra las lesiones que se van produciendo en el cerebro».

Para la publicación de la universidad estadounidense es «la capacidad de nuestro cerebro para improvisar y encontrar formas alternativas de hacer un trabajo».

Vásquez le explica a BBC Mundo que el cerebro posee mecanismos de plasticidad, basados en factores genéticos, que permiten que haya una compensación cuando sufrimos, por ejemplo, una lesión o un traumatismo.

A eso se le llama reserva cerebral y está más relacionada con la capacidad del cerebro para generar nuevas neuronas, con la fortaleza de la sinapsis, con «el hardware del cerebro», con su estructura.

Por su parte, la reserva cognitiva es la que se va acumulando a través de nuestras actividades diarias y tiene más que ver con la actividad cognitiva que se ha desarrollado desde que se nace.

De esa forma, una combinación de lo que tengas en tu reserva cerebral y en tu reserva cognitiva determinará «cómo el cerebro se enfrentará a las lesiones o a las enfermedades neurodegenerativas», señala el doctor.

O como plantea el estudio «Cuestionario de reserva cognitiva: propiedades psicométricas en población argentina», publicado en la Revista de Neurología:

«Para un mismo daño cerebral en dos pacientes con igual reserva cerebral, el paciente con mayor reserva cognitiva podrá tolerar mejor el daño y ralentizar las manifestaciones clínicas.

Dicho de otra manera, la reserva cognitiva designa el conjunto de recursos cognitivos que una persona logra adquirir en el transcurso de su vida, y que confieren protección frente al envejecimiento y la lesión cerebral».

Activa

En el libro Cognitive Reserve: Theory and Applications, Yaakov Stern, profesor de Neuropsicología de la Universidad de Columbia, señala que la reserva cerebral es un ejemplo de lo que se podría llamar un «modelo de reserva pasivo», en el que la misma «se deriva del tamaño del cerebro o del conteo neuronal».

Mujer con un hilo que sale de la cabeza

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«En contraste, el modelo de reserva cognitiva sugiere que el cerebro activamente trata de sobrellevar el daño cerebral por medio del uso de enfoques de procesamiento cognitivo preexistentes o reclutando enfoques compensatorios».

El neurocientífico, que ha estudiado la reserva cognitiva por décadas, busca entender «por qué algunos individuos muestran más déficit cognitivo que otros teniendo el mismo grado de patología cerebral», indica en la página web de la universidad.

«Mi propia investigación, y la de otros en el campo, ha demostrado que los aspectos de la experiencia de la vida, como los logros educativos o laborales, pueden proporcionar una reserva contra la patología cerebral, lo que permite que algunas personas se mantengan funcionales por más tiempo que otras».

En el libro, Stern plantea que «la variabilidad individual en la reserva cognitiva puede originarse en diferencias innatas o genéticas o en las experiencias de vida».

El Estudio de las Monjas

En 1986, un joven epidemiólogo llamado David Snowdon se acercó a las monjas de un convento en Minnesota para llevar a cabo un estudio que buscaba examinar los misterios del envejecimiento y el Alzheimer.

Foto genérica de monjas

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Foto genérica de monjas.

El estudio, que se extendió varios años, es considerado uno de los esfuerzos más innovadores para comprender la enfermedad y pasó a la historia como Nun Study, el Estudio de las Monjas.

Participaron casi 700 religiosas, a quienes se le hicieron pruebas cognitivas y de memoria cada año.

«La Hermana Mary, el estándar de oro para el Estudio de las Monjas, fue una mujer notable que tuvo un alto resultado en las pruebas cognitivas antes de su muerte a los 101 años de edad.

Lo que es más notable es que mantuvo ese nivel alto a pesar de tener abundantes ovillos neurofibrilares y placas seniles, las lesiones clásicas de la enfermedad de Alzheimer», escribió el doctor Snowdon.

El estudio tuvo un momento crucial cuando el equipo de investigadores encontró un archivador lleno de diarios escritos por las hermanas cuando ingresaron a la orden, evocó el documental de la BBC Ageing with Grace.

«El equipo descubrió que aquellas hermanas que usaban oraciones e ideas más complejas tuvieron menos probabilidades de desarrollar Alzheimer».

A medida que morían, se analizó el cerebro de cada hermana para obtener más información y estas muestras ahora se almacenan en la Universidad de Minnesota.

La educación y el entretenimiento

En 2017, un estudio internacional comisionado por la prestigiosa revista científica The Lancet sobre la prevención y el cuidado de la demencia halló que los individuos que siguen aprendiendo o formándose durante toda la vida tienen una mayor probabilidad de desarrollar las deseadas reservas cognitivas adicionales.

Tocando guitarra

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Se cree que existen factores externos que pueden mejorar nuestra reserva cognitiva y no sólo se trata de la educación y del trabajo, sino de actividades recreativas estimulantes de la vida diaria.

«La influencia del ambiente es fundamental», indica Vásquez.

«En neurociencias y en psicobiología, sabemos que los genes determinan muchos aspectos del sistema nervioso, pero el ambiente también modula esa construcción».

«Va a depender de tus actividades, de esos factores externos que hayas potenciado, los que van a generar unas reservas en algunos elementos cognitivos, como por ejemplo: la memoria y el lenguaje».

El experto señala que siempre se le había dado un peso muy importante a la educación formal, a aprender diferentes tipos de conceptos y materias académicas.

«Pero hay mucho debate sobre si las actividades de la vida diaria como leer, tocar un instrumento, pueden ayudar a la reserva cognitiva».

«Incluso hay resultados que apuntan a que su contribución a la reserva cognitiva es incluso superior a la propia educación, por muchas horas que le dedicamos».

Eso es «una controversia» en sí, reconoce el profesor, «pero lo que está claro es que la gente que mantiene su mente ocupada siempre va a potenciar esa reserva cognitiva y va a enfrentarse mucho mejor a los deterioros del envejecimiento».

Y no necesariamente se refiere a las enfermedades neurodegenerativas, sino a otros desafíos que puedan surgir.

La publicación de Harvard indica que una reserva cognitiva más sólida también puede ayudarnos a «funcionar mejor durante más tiempo si se está expuesto a eventos inesperados de la vida, como el estrés, una cirugía o toxinas en el medio ambiente».

Vásquez, quien se especializa en la esclerosis múltiples, ha visto cómo en jóvenes, «tener una actividad diaria cognitiva, como leer, desarrollar una página web, hacer un blog, puede ser positiva a la hora de enfrentar los posibles deterioros cognitivos que provoque la enfermedad».

Nunca es tarde

No importa la edad, todo apunta a que la reserva cognitiva se puede fortalecer y enriquecer.

Mujer llenando un crucigrama

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De ahí la importancia de que en la tercera edad se sigan llevando a cabo actividades que nos hagan ejercitar la memoria, la atención, el lenguaje.

«Eso nos va protegiendo del declive cognitivo natural que se produce con el envejecimiento», dice el académico.

Y entre más rápido se empiece, mejor.

Por ejemplo, tocar un instrumento musical «implica reclutar nuevas estructuras del cerebro o al menos intentar que algunas que no se estaban empleando en su totalidad, se usen más».

El bilingüismo y hablar varios idiomas también puede ser beneficioso para la reserva cognitiva.

El Centro de Diagnóstico e Intervención Neurocognitiva de Barcelona, que se especializa en enfermedades neurodegenerativas y trastornos cognitivos, indica que las prácticas diarias saludables que ayudan a mantener una mente activa «son factores potencialmente favorecedores para desarrollar la reserva cognitiva».

Y propone algunas pautas:

Cerebro leyendo

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  • Leer, ya que estimula no sólo la atención y la concentración, sino la memoria y el lenguaje.
  • Aprender algo nuevo, pues al hacerlo no sólo hay un estímulo cognitivo y una adquisición de recursos y herramientas nuevas, «sino que de forma paralela genera nuevas conexiones sinápticas que favorecerán la plasticidad cerebral frente los cambios que se puedan dar en un futuro».
  • Llevar una vida social activa.
  • No dejar de jugar, ya sea juegos de mesa, completar crucigramas o las diferentes alternativas que se encuentran en internet. Lo clave es que «nos permiten trabajar capacidades como la organización, la planificación, toma de decisiones o la iniciativa, por ejemplo».
  • Cambiar rutinas. Aunque las rutinas le dan estabilidad a nuestra vida, «automatizar actividades disminuye la activación cerebral puesto que cuando repetimos tareas el aprendizaje disminuye y la activación cerebral cada vez es menor». Así que en ocasiones, bien vale la pena romper algún hábito.

Aunque -se advierte en el libro editado por Stern- la reserva cognitiva es un concepto complejo y más investigaciones son necesarias para ampliar nuestra comprensión sobre ella, es fundamental ayudar al cerebro a mantenerse sano para enfrentar cualquier percance.

Varias de las recomendaciones ya son bien conocidas: no fumar, hacer ejercicio regularmente, mantener un peso saludable, tratar la hipertensión y la diabetes, dormir suficientes horas.

Una vida activa pero sin excesos la agradece no sólo el cuerpo, sino el cerebro.

Imagen de portada: GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: Redacción BBC News Mundo. Abril 2022

Sociedad y Cultura/Ciencia/Salud/Salud Mental

 

 

Los rasgos de personalidad que predisponen a la demencia en la vejez.

SER ORDENADO ALARGA LA VIDA.

Las personas organizadas, con altos niveles de autodisciplina, pueden tener menos probabilidades de desarrollar un deterioro cognitivo a medida que envejecen, según una investigación de la Asociación Americana de Psicología.

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Las personas organizadas, con altos niveles de autodisciplina, pueden tener menos probabilidades de desarrollar un deterioro cognitivo a medida que envejecen, según una investigación de la Asociación Americana de Psicología.

Por su parte, las personas con mal humor o emocionalmente inestables sí podrían experimentar ese deterioro neuronal a una edad avanzada. 

La investigación, que analizó datos de 1.954 participantes (de raza blanca en un 87%, mujeres en un 74% y con un alto nivel educativo, con casi 15 años de educación de media) en el Proyecto Rush Memory and Aging, ha sido publicada en el ‘Journal of Personality and Social Psychology’ y se centró en el papel que juegan tres de los cinco grandes rasgos de personalidad en el funcionamiento cognitivo: la escrupulosidad, el neuroticismo y la extroversión.

“Los rasgos de personalidad reflejan patrones de pensamiento y comportamiento relativamente duraderos, que pueden afectar a los comportamientos y patrones de pensamiento saludables y no saludables a lo largo de la vida», dijo el autor principal, Tomiko Yoneda, PhD, de la Universidad de Victoria. “La acumulación de estas experiencias puede contribuir a la susceptibilidad de enfermedades o trastornos, como el deterioro cognitivo leve, o contribuir a las diferencias individuales en la capacidad de soportar los cambios neurológicos relacionados con la edad”.

El neuroticismo lastra el sistema cognitivo

Las personas que obtienen una puntuación alta en escrupulosidad tienden a ser responsables, organizadas, trabajadoras y orientadas a objetivos. 

Aquellos que obtienen una puntuación alta en neuroticismo tienen una baja estabilidad emocional y tienden a cambios de humor, ansiedad, depresión, dudas y otros sentimientos negativos. Los extrovertidos tienden a ser entusiastas, sociables, conversadores y asertivos.

Los participantes que obtuvieron una puntuación alta en escrupulosidad o baja en neuroticismo tenían significativamente menos probabilidades de progresar desde una cognición normal a un deterioro cognitivo leve en el transcurso del estudio. 

Además, los investigadores no encontraron asociación entre la extraversión y el desarrollo final de deterioro cognitivo leve, pero sí encontraron que los participantes que obtuvieron una puntuación alta en extraversión, junto con aquellos que obtuvieron una puntuación alta en escrupulosidad o baja en neuroticismo, tendieron a mantener un funcionamiento cognitivo normal por más tiempo que otros.

Los rasgos de personalidad pueden afectar a la salud a lo largo de nuestra vida.

En conclusión, se estimó que los participantes de 80 años que tenían un alto nivel de conciencia vivían casi dos años más sin deterioro cognitivo en comparación con los individuos que tenían un nivel bajo de conciencia. Asimismo, los participantes con un alto nivel de extraversión mantuvieron una cognición saludable durante aproximadamente un año más, mientras que el neuroticismo alto se asoció con, como mínimo, un año menos de funcionamiento cognitivo saludable, lo que destaca los daños asociados con la experiencia a largo plazo de estrés percibido e inestabilidad emocional, según Yoneda. En cualquier caso, se necesitan estudios de muestras más diversas para brindar una comprensión más amplia del impacto de los rasgos de personalidad en los procesos cognitivos y la mortalidad.

Imagen de portada: Gentileza de Los rasgos de la personalidad: pieza clave en el deterioro cognitivo en la vejez. (iStock)

FUENTE RESPONSABLE:  El Confidencial. Por Alimente. Abril 2022

Sociedad y Cultura/Salud/Salud Mental

 

Afirman que las estaciones del año afectan nuestro cerebro.

Según los científicos, las cuatro etapas ejercen poder sobre nuestro cerebro en el Trastorno Afectivo Estacional. Los resultados.

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Cada estación del año provoca diferentes efectos en el cerebro humano, según una investigación realizada por científicos.

Los cambios cognitivos en determinadas épocas del año pueden provocar alteraciones en el ser humano y la fisiología del cerebro.

Y en ese marco, han surgido algunos estudios para tratar de comprender los posibles cambios.

A diferencia de la cognición, los cambios afectivos que ocurren con las estaciones ya son ampliamente conocidos por científicos y clínicos.

Según los científicos, las cuatro estaciones ejercen poder sobre nuestro cerebro en el Trastorno Afectivo Estacional, un tipo de depresión que ocurre predominantemente durante los meses de invierno. Otros estudios han concluido que es más probable que el inicio de la esquizofrenia ocurra en la estación fría.

Según un estudio publicado en la revista PLOS Medicine, Andrew Lim del Centro de Ciencias de la Salud Sunnybrook y la Universidad de Toronto, Canadá, y otros científicos, que involucró a más de 3000 adultos y personas mayores con y sin la enfermedad de Alzheimer, sugiere que el impacto estacional va más allá de los ya conocidos trastornos afectivos.

Esto demuestra que los adultos con y sin la enfermedad de Alzheimer tienen mejores capacidades cognitivas a fines del verano y principios del otoño y peores funciones en invierno y primavera.

Por lo tanto, se puede esperar que los síntomas de demencia alcancen su punto máximo en el invierno y la primavera de cada año debido a una disminución medible de la capacidad mental.

El grupo de científicos trató de investigar si la estación del año puede influir en una peor cognición en adultos sanos, así como en aquellos con demencia. Todos los participantes se sometieron a pruebas neuropsicológicas, que incluyeron una batería de 19 pruebas cognitivas; además, se analizó a un subconjunto de participantes para determinar los niveles de una proteína relacionada con la enfermedad de Alzheimer.

Los autores encontraron que el funcionamiento cognitivo promedio era mayor en verano y otoño que en invierno y primavera. Se calculó que la diferencia era el equivalente a 4,8 años de deterioro cognitivo normal relacionado con la edad. En total, los investigadores analizaron datos de 3353 personas inscritas en tres estudios diferentes en los Estados Unidos , Canadá y Francia.

Imagen de portada: Gentileza de Ámbito

FUENTE RESPONSABLE: Ámbito. Lifestyle.Argentina. Abril 2022

Sociedad y Cultura/Cerebro/Salud/Salud Mental/Alzheimer

Lo que las experiencias traumáticas le hacen al cerebro y al cuerpo.

Imagina que te ofrecen un trabajo magnífico en el que te van a pagar muchísimo dinero y te piden que te reúnas con la persona que será tu jefe para saber más del puesto.

A medida que habla y describe el cargo, sientes algo en el estómago, como una contracción, pero en ese instante no entiendes por qué tienes esa sensación incómoda.

Tu amígdala sí lo sabe. Esta estructura que está en el cerebro detectó algo en la inflexión de la voz, los movimientos faciales, la forma en que esa persona estaba haciendo los planteamientos e hizo una asociación con una experiencia en la que te defraudaron y te está lanzando una advertencia:

«¡Cuidado! Aquí hay una incoherencia aunque no la puedas explicar conscientemente».

«La amígdala, en el caso humano, es un detector de incoherencias», le explica a BBC Mundo -tras ofrecer ese ejemplo- el doctor Manuel Portavella, profesor en el área de Psicobiología y coordinador del Máster en Estudios Avanzados en Cerebro y Conducta de la Universidad de Sevilla.

Ahora imagina cuánto más se puede exacerbar cuando se ha vivido una experiencia traumática: «se hace más sensible a cualquier tipo de incoherencia o apariencia de incoherencia».

Hay gente que puede llegar a ser más sensible que otra a una experiencia traumática y sufrir efectos a largo plazo, que se manifiestan, por ejemplo, en «reviviscencias, pesadillas, y pensamientos negativos» que interfieren con su vida diaria, indica Joelle Rabow Maletis, educadora y asesora en psicología.

«Este fenómeno se llama trastorno de estrés postraumático, o TEPT, y no es un fallo personal; más bien, es el mal funcionamiento de mecanismos biológicos que nos permiten hacer frente a experiencias peligrosas y que es tratable», señala en la animación TED-Ed: La psicología del trastorno del estrés postraumático.

Una amígdala hiperactiva

El efecto en una persona de una experiencia traumática depende de varios factores, entre ellos el fenotipo cerebral de cada individuo, explica Portavella.

Amígdalas

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La amígdala cerebral consiste en un par de estructuras con forma de almendra situadas en ambas partes del lóbulo temporal del cerebro.

Cuatro personas -ejemplifica- pueden haber sido sometidas a la misma experiencia traumática y «una de ellas consigue llevar una vida normal, pero las otras no».

En parte eso se debe a lo que «en psicología clínica se conoce como diátesis-estrés, la combinación de estrés y la sensibilidad de cada persona ante él. No hay un patrón único».

De acuerdo con la psiquiatra Ellen Vora, «las experiencias traumáticas con frecuencia se almacenan en el cuerpo, el cual también reprograma el cerebro».

«Cuando eso ocurre, la amígdala -esa parte del sistema límbico a cargo de nuestra respuesta del miedo- queda en una especie de estado de agitación creando ansiedad desproporcionada a lo largo de la vida», escribió la también autora en la revista Psychologies.

El trauma deja al cerebro en alerta elevada, «incluso si la amenaza ya no existe», y algunas personas pueden percibir peligro donde no hay.

Portavella habla de la retroalimentación de la memoria episódica, «como una reverberación, o lo que en psicología se llama ‘rumiar’: estar constantemente auto exponiéndose al recuerdo».

Eso retroalimenta el circuito amigdalino, clave, entre varias funciones, en el aprendizaje emocional y en la gestión de las respuestas emocionales.

Lucha, escape o bloqueo

Las experiencias traumáticas (violencia doméstica, abuso sexual, desastres naturales, guerras, entre otras) activan el sistema de alarma cerebral conocido como: lucha, escape o bloqueo.

«Junto al miedo esas son reacciones naturales que han estado diseñadas a lo largo de la evolución para nuestra supervivencia».

Ilustración de un neandertal

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«Esas emociones vienen prediseñadas en nuestra genética y se empiezan a desarrollar en la infancia», cuando se inicia el aprendizaje de cómo usarlas de forma adecuada.

En ese proceso, desempeñan un rol clave los circuitos amigdalinos y la corteza prefrontal del cerebro (la que nos permite tomar decisiones, realizar tareas planificadas).

Pero ¿qué ocurre si una persona tiene estrés sostenido producto de una experiencia traumática?

Si bien contamos con una respuesta que ha sido naturalmente diseñada para huir, para defendernos de una situación crítica, «en un contexto de maltrato continuado, no hay escapatoria, se mantiene el estrés y el estrés produce muchas alteraciones metabólicas porque hace que nos preparemos para una acción».

Y es que cuando ocurre la experiencia traumática, se genera lo que Maletis llama una «cascada química», que «inunda el cuerpo con varias hormonas de estrés diferentes, causando cambios psicológicos que preparan al cuerpo para defenderse».

«Nuestro ritmo cardíaco se acelera, la respiración se acelera y los músculos se tensan».

Se altera el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HHA) y en ese proceso se desencadena la respuesta del miedo por la activación del sistema límbico.

Y, advierte Portavella, «si eso se mantiene en el tiempo, desarrollamos un trastorno».

«El sistema aprende que hay una amenaza permanente y una vez que lo aprende, aunque salga de esa situación, se ha modificado, se ha hecho más sensible al estrés».

La memoria

Con el tiempo, tanto el organismo como el cerebro pueden sufrir las consecuencias.

«El estrés sostenido puede producir muerte en el hipocampo, una estructura fundamental de la memoria, y puede producir problemas de memoria y de concentración», dice el profesor.

Sombra de un hombre y una persona sentada

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Y es que la memoria no sólo es clave para resolver problemas, tomar decisiones, planificar, sino para «regular nuestras emociones y desarrollar un sentido positivo de uno mismo», indica UK Trauma Council en la publicación Childhood trauma and the brain (El trauma infantil y el cerebro).

Por eso es que experiencias de maltrato en la infancia «pueden crear recuerdos negativos que pueden ser abrumadores y también influir en cómo creamos recuerdos nuevos».

De acuerdo con esa organización, varios estudios han mostrado diferencias en la función del hipocampo en niños cuyo cuidado se ha descuidado o que han sufrido abuso.

«Hay una disminución de la activación del hipocampo cuando se recuperan recuerdos de la autobiografía positiva», así como también durante el aprendizaje asociativo, «cuando los niños aprenden y recuerdan nuevas relaciones entre elementos que no están conectados».

Castigo vs recompensa

El sistema de recompensa en nuestro cerebro, que usa la dopamina, nos ayuda a reconocer los aspectos positivos de nuestro entorno y a motivarnos, también nos guía en muchas de las decisiones que tomamos.

Crecimiento de un niño hasta la vida adulta

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«Las investigaciones muestran que los niños que han experimentado abuso y negligencia tienen una sensibilidad reducida en estas regiones (del cerebro) en comparación con la de sus compañeros cuando procesan señales de recompensa, posiblemente reflejando la adaptación a un mundo donde la recompensa es poco frecuente o impredecible», indica UK Trauma Council.

En nuestro proceso continuo de tomar decisiones, se produce una competencia -explica Portavella- entre los castigos, que están muy mediados por la amígdala cerebral, y las recompensas.

Nuestra corteza prefrontal, que juega un papel clave en la toma de decisiones y que se conforma a lo largo de la infancia y de la adolescencia, «va a determinar cuál es la mejor opción o la menos mala».

Con un trastorno de estrés postraumático, se le da demasiado primacía a las alarmas, y por tanto puede que «te niegues las situaciones recompensantes».

Es como si el cerebro redujera su habilidad para reaccionar a ellas, para experimentar disfrute. Por ejemplo, «uno anticipa una amenaza en una situación novedosa y eso afectará las decisiones que tome».

En el caso de los niños, los traumas tienen un impacto en la manera en que van construyendo sus relaciones.

«Los científicos creen que los cambios cerebrales pueden afectar la forma en que un niño experimenta y moldea activamente el mundo social que les rodea», apunta el reporte de UK Trauma Council.

«Por ejemplo, un niño puede concentrarse en el peligro mientras se pierde otras señales sociales más positivas».

Fenómeno epigenético

De acuerdo con Portavella, los fenómenos epigenéticos se dan cuando el ambiente influye en la forma en que se «lee nuestro genoma».

Sistema límbico

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Ilustración de las estructuras anatómicas del sistema límbico del cerebro.

«No es que aparezcan nuevos genes o desaparezcan otros, sino que nuestro genoma va a ser alterado por esa exposición a factores estresantes generados por nuestro propio organismo, pues el sistema busca adaptarse al medio».

«Uno aprende que tiene que estar en alerta porque va a estar constantemente amenazado y eso puede producir una serie de modificaciones de genes que van a ser suprimidos, lo que significa que su lectura se impide, mientras que hará que otros se activen».

«Eso hace que se conforme un perfil diferente de sensibilidad, de receptores cerebrales, y lo que genera es que una persona (que sufre de TEPT) se vuelva muy sensible a situaciones estresantes».

«Y cuando se encuentra con otras situaciones estresantes, aunque no sean exactamente de la misma naturaleza, la forma de responder será con un ansiedad por encima de lo que sería del tipo adaptativo para otras personas».

Diferencias individuales

El miedo no es otra cosa que las sensaciones desagradables que sentimos: temblores, bloqueo, duda, sudoración.

Imágenes por resonancia magnética del cerebro

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En individuos que son menos sensibles al estrés, la amígdala cerebral es menos sensible para poner en marcha una respuesta intensa.

«Viven el miedo de una forma diferente y, a nivel cognitivo, le produce menos modificaciones, su corte prefrontal termina madurando bien».

«Sin embargo, en niños (que han sufrido traumas), esas conexiones del corte prefrontal, que nos permiten gestionar bien las emociones en la etapa adulta, se ven muy interferidas, no maduran de forma adecuada, con lo cual sigue siendo un cerebro sensible a lo largo de la vida».

«En los trastornos de estrés postraumático se produce una memoria persistente: ese hipocampo va metiendo constantemente la información de lo que le ocurrió sin bajar la intensidad» y se convierte en una interferencia que puede llegar a ser constante.

Maletis explica que con TEPT, «la memoria activa la misma cascada neuroquímica como en el evento original. Se despiertan los mismos sentimientos de miedo e impotencia como si experimentásemos el trauma otra vez».

«Intentar evitar los desencadenantes, a veces impredecibles, pueden llevar al aislamiento».

El tiempo

Según la experta, «un pequeño porcentaje de los que experimentan trauma tienen problemas persistentes que a veces desaparecen temporalmente para resurgir meses después».

Mujer agarrándose la boca

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«No comprendemos por completo qué está pasando en nuestro cerebro, pero una teoría es que la hormona del estrés, el cortisol, puede estar continuamente activando la respuesta ‘lucha, huida, bloqueo’, reduciendo el funcionamiento general del cerebro dando lugar a síntomas negativos».

«Cuando los problemas duran más de un mes, a menudo se diagnostica TEPT».

La doctora Marianne Trent, autora y psicóloga clínica, señala en la revista Psychologies que en algunas personas podrían pasar meses o incluso años antes de que la sintomatología de un trauma aflore y «no siempre se manifiesta como una dificultad de salud mental».

«Debido a la forma como los traumas afectan el cuerpo, pueden llevar a migrañas, al síndrome del intestino irritable e incluso problemas en la espalda».

Pedir ayuda

Es fundamental pedir ayuda especializada si se ha vivido una experiencia traumática que sentimos nos está afectando.

«No hay que tener miedo ni vergüenza porque tener un trastorno de este tipo es como tener una tuberculosis o un problema intestinal, no te lo puedes curar solo. Tienes un problema emocional», indica Portavella.

Abrazo

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«El problema es que vivimos en una sociedad en la que parece que pedir ayuda nos hace valer menos».

«Aquí no vinimos a ser grandes caballeros andantes que lo llevamos todo sobre la espalda, el individualismo va en contra de la propia naturaleza humana».

Existen diferentes ideas sobre cómo ofrecerle apoyo a las personas que sufren trastorno de estrés postraumático, es un área muy compleja de la psicología y la psiquiatría.

El profesor asoma un enfoque:

«Es necesario para el sistema recordar porque es adaptativo y cuando intervenimos desde el punto de vista psiquiátrico decimos: está muy bien la biología y la especie humana, pero estoy hablando de este individuo, que puede hacer una vida normal y si hay que ayudarle a olvidar, se puede tratar, pero ayudarlo a olvidar en el sentido de que cuando recuerde ese evento no le produzca la misma sensación».

Es decir, el recuerdo seguirá existiendo, pero no la sensación abrumadora y limitante al evocarlo.

«Lo vital es ayudar a que se reduzca esa ansiedad».

Mano de un padre con la mano de una hija

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En el caso de los niños, existen importantes y esperanzadoras ventanas de acción y estrategias para ayudarlos en su desarrollo.

Una buena noticia es la impresionante plasticidad del cerebro, que le permite cambiar en respuesta al ambiente y las experiencias sociales.

«Los cambios en el cerebro que ocurren después de un trauma pueden mejorar con el tiempo. Esto es particularmente probable que suceda cuando los niños experimentan seguridad, estabilidad y apoyo», señala Katie McLaughlin, profesora de Psicología de la Universidad de Harvard, en el texto académico: How can trauma affect the brain.

Maletis dice que el TEPT ha sido llamado «la herida escondida», pero pese a su invisibilidad no se debe sufrir en silencio.

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FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo. Por Margarita Rodríguez. Abril 2022

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Por qué hacer ejercicio evita que el cerebro encoja.

«Mens sana in corpore sano». A menudo usamos esta cita para reivindicar el efecto beneficioso de la actividad física en las capacidades mentales. En realidad, la frase apareció en la Sátira X escrita por el cómico romano Juvenal allá por el siglo II y era más extensa: indicaba que había que orar para disponer de un espíritu sano en un cuerpo sano («orandum est ut sit mens sana in corpore sano»).

¿Pero es cierto eso de que mantener el cuerpo sano, equilibrado y ejercitado ayuda a mantener las capacidades mentales de nuestro cerebro? 

Pues sí, y hay muchas evidencias científicas que lo demuestran, especialmente en lo que se refiere al envejecimiento.

El cerebro pierde volumen durante el envejecimiento.

A medida que cumplimos años los tejidos y los órganos se degeneran. La capacidad de mantener la funcionalidad de las células va disminuyendo y eso se acompaña de una pérdida de tejido. En el cerebro también ocurre, con la consiguiente neurodegeneración o pérdida de neuronas.

Ya sea en patologías como la enfermedad de Alzheimer o en la pérdida de funcionalidad debida al envejecimiento, en el cerebro se producen diferentes cambios asociados a la perdida de función. 

Entre ellos, adelgazamiento de la zona cortical, pérdida de tejido gris (cuerpos neuronales) y blanco (conducciones nerviosas), aumento del volumen de los ventrículos (huecos dentro del cerebro donde está el líquido cefalorraquídeo) y disminución de neuronas en diferentes zonas, especialmente en el hipocampo.

En un estudio longitudinal en el que participan centenares de voluntarios desde hace años, el estudio Baltimore, se ha demostrado que la reducción en la capacidad metabólica asociada al envejecimiento se relaciona con el aumento del volumen del ventrículo cerebral -el espacio «hueco» del cerebro-. 

Y eso lleva a un aumento de la neurodegeneración y de la atrofia del órgano pensante.

Si reducir la capacidad metabólica implica pérdida de volumen cerebral, podemos deducir que una mejor utilización de la energía mediante la práctica del ejercicio podría ralentizar la pérdida de tejido en el cerebro.

Un anciano de perfil con la imagen de conexiones neurales superpuesta

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El ejercicio podría ralentizar la pérdida de tejido del cerebro.

Más ejercicio, más memoria

¿Es así? Responderlo no es sencillo. 

Sobre todo, porque uno de los principales escollos que nos encontramos a la hora de determinar el efecto de cualquier intervención sobre el cerebro es la práctica imposibilidad de comprobar rápidamente sus consecuencias.

El cerebro no es como la sangre o el músculo, que rápidamente muestran una respuesta fácilmente medible de manera directa o a partir de componentes sanguíneos. Lo bueno es que la llegada de métodos de imagen cada vez más fiables está permitiendo detectar algunas modificaciones estructurales en ciertas zonas del cerebro.

Hace ya tiempo que tenemos indicios de que la práctica de ejercicio físico mejora la capacidad cognitiva e incrementa el tamaño de determinadas áreas del cerebro, especialmente de las relacionadas con la memoria.

Ilustración de un cerebro levantando pesas

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La práctica de ejercicio físico incrementa el tamaño de determinadas áreas del cerebro.

Por ejemplo, en 2011 se publicó un artículo en PNAS (Documentos de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU.) donde se indicaba que el ejercicio físico aumentaba el volumen del hipocampo, la sección del cerebro donde reside la memoria. 

En otros estudios en personas mayores se demostró que el ejercicio físico también prevenía la pérdida de volumen en esta zona del cerebro.

Por otro lado, la práctica de ejercicio físico controlado en una población de personas mayores ha sacado a la luz que existe una correlación positiva entre la práctica del ejercicio físico y la cantidad de sustancia gris en otras zonas del cerebro sensibles a la degeneración asociada con el envejecimiento.

Metabolismo, señalización y hormesis: claves para mantener la actividad.

Tendemos a considerar a nuestro organismo como un sistema compartimentalizado. Si tenemos un problema en el hígado, focalizamos en el hígado, y si es en el riñón, pues en el riñón. Pero nuestro cuerpo no funciona así: todo está interconectado. 

Por eso un problema de riñón puede acabar agravando una cardiopatía, o un problema hepático provocar una isquemia cerebral. En el envejecimiento en concreto, los complejos equilibrios corporales se encuentran en una situación muy precaria.

Cuando nos ejercitamos sometemos a nuestro cuerpo a un estrés moderado, ya que obligamos a las células a aumentar el gasto energético. Eso implica movilizar nutrientes, que deben pasar desde los almacenes a los músculos. A todos los cambios fisiológicos necesarios para hacer frente a este estrés moderado se les conoce como hormesis.

En el proceso de hormesis, los músculos liberan sustancias que informan al resto de los órganos de que aumenta la demanda energética. Estas sustancias reciben el nombre de mioquinas y se liberan a la sangre, que las distribuye al resto de órganos.

Una terapeuta guía el ejercicio con pesas de un hombre mayor

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Existe una correlación positiva entre la práctica del ejercicio físico y la cantidad de sustancia gris en otras zonas del cerebro sensibles a la degeneración asociada con el envejecimiento.

Algunas de esas mioquinas alcanzan el cerebro y allí inducen la expresión de genes y proteínas que aumentan la capacidad de las neuronas para establecer nuevas conexiones o reforzar las ya existentes.

Una de esas mioquinas es la denominada BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), esencial para que las neuronas establezcan conexiones y así mantenerlas activas. De esta manera tan simple podemos explicar por qué el ejercicio físico mantiene el volumen cerebral durante el envejecimiento.

Por otro lado, el ejercicio físico también incrementa el flujo sanguíneo y la oxigenación, lo que repercute positivamente en la actividad cerebral también en personas mayores. 

Además, otros estudios han demostrado que el ejercicio físico moderado produce efectos antiinflamatorios que pueden generar efectos en el cerebro, por ejemplo, reduciendo así la progresión del Alzhéimer o la demencia senil.

Las evidencias científicas, tanto directas como indirectas, dejan claro que practicar actividad física al envejecer ayuda a prevenir la degeneración del cerebro, dando todo el sentido a la frase «mens sana in corpore sano».

Más nos vale evitar la inactividad y el sedentarismo si queremos añadir vida a los años y no solo años a la vida.

Imagen de portada: GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: The Conversation. Por Guillermo López Lluch. Abril 2022

*Guillermo López Lluch es catedrático e investigador del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo e investigador en metabolismo, envejecimiento y sistemas inmunológicos y antioxidantes de la Universidad Pablo de Olavide, en Sevilla. Su artículo fue publicado en The Conversation cuya versión original puedes leer aquí.

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«Me diagnosticaron autismo a los 60 años»: la experiencia de una periodista de la BBC.

La llegada de la pandemia del coronavirus le pasó factura a la periodista Sue Nelson. Agotada luego de cubrir la crisis, recibió un diagnóstico que, a sus 60 años, le cambió la vida: era autista. Aquí su historia:

En enero, mientras me recuperaba de la covid, recibí otro diagnóstico.

Los síntomas aparecieron por primera vez durante la infancia. Es solo que nadie los reconoció. Tampoco existe el equivalente médico de una prueba rápida para esta afección. Se requiere de una evaluación experta para combinar acertijos de comportamiento, utilizando piezas que parecen provenir de rompecabezas separados, para poder crear una imagen inesperadamente nueva.

Esto explica por qué no me diagnosticaron una discapacidad crónica del desarrollo hasta los 60 años.

Soy autista.

Como era de esperarse, es mucho para procesar. Significa, en lenguaje de uso común, que estoy «en el espectro». O que soy neuro diversa. Una pensadora «diferente».

Soy esa mujer sin control de volumen que probablemente interrumpió tu conversación porque un pensamiento explotó en su cabeza e inmediatamente salió de su boca. La mujer tan brutalmente honesta que podrías recordarla como grosera. La que se entusiasmó demasiado con los sellos espaciales o las flores silvestres y siguió con las historias ocultas de mujeres. La que no se callaba ni dejaba pasar algo.

Un médico dijo que yo era la persona de más edad que había diagnosticado. Pero mientras muchos adultos reportan sentirse empoderados luego de un diagnóstico tardío de autismo, yo no soy uno de ellos. Al menos no todavía. Mi respuesta inicial fue una mezcla de sorpresa y vergüenza.

Un escritorio desordenado

FUENTE DE LA IMAGEN – MARTIN POOLE

Un diagnóstico tardío puede significar reorganizar la vida bajo una nueva perspectiva.

Me sentí rota.

Desde el diagnóstico, he estado lentamente reformulando seis décadas de relaciones, acciones y comportamientos a través de este lente nuevo y alternativo. De la misma manera que un prisma dispersa la luz en un arco iris, mi comprensión de cómo y por qué me comporto de la forma en la que lo hago se está expandiendo. Es a la vez revelador y desconcertante.

Como periodista científica, naturalmente, investigué y descubrí que estoy lejos de ser la única. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDC, por sus siglas en inglés) estiman que el 1 % de la población mundial se encuentra en el espectro del autismo.

Así que soy una entre 74 millones.

La mayoría de las personas reciben su diagnóstico en la niñez. 

Y la mayoría serán niños. La proporción de autismo entre hombres y mujeres, según la Sociedad Nacional de Autismo (NAS) del Reino Unido, es de alrededor de 3:1, pero el número de mujeres a las que se les diagnostica autismo está aumentando.

Los expertos en autismo se dieron cuenta hace relativamente poco de que algunas niñas se «presentan» de manera diferente a los niños y esto pudo haber causado un déficit de diagnósticos en el pasado. 

Las niñas fueron evaluadas en base a las observaciones de comportamiento del sexo opuesto. No siempre habrían marcado las casillas «correctas».

Como sugiere la palabra espectro, el autismo cubre una variedad de condiciones. La Organización Mundial de la Salud las define como condiciones «caracterizadas por cierto grado de dificultad con la interacción social y la comunicación» y otras diferentes formas de comportamiento «como una dificultad con la transición de una actividad a otra, un enfoque en los detalles y reacciones inusuales a las sensaciones».

Ah, sí, las sensaciones…

La mayor parte del tiempo que paso al aire libre lo paso con gafas de sol, ya que mis ojos son sensibles a la luz brillante. Luego está mi intenso desagrado por ciertas texturas y sonidos. 

Una vez me negué a ir a la escuela porque los alumnos comían demasiado fuerte. Cuando tenía 20 años, dejé mi primera comida japonesa a pesar de estar extremadamente hambrienta porque me atraganté al ver el sashimi.

Tampoco me siento del todo cómoda si alguien se acerca demasiado físicamente o «invade mi espacio corporal». Disfrazo esa incomodidad ofreciendo un apretón de manos o una sonrisa cuando me presentan a alguien nuevo. Pero me pueden tomar desprevenida. Una vez, cuando un científico francés se acercó a mi mejilla para darme un beso, entré en pánico y le dije con bastante fuerza: «Retrocede».

Un jardín de flores

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Sue Nelson dice que solía obsesionarse con temas como las flores silvestres o la exploración espacial.

Luego están mis peculiaridades con los colores. No preguntes por qué, pero no puedo comer alimentos anaranjados y amarillos juntos.

Pero todos tenemos peculiaridades, ¿verdad?

De hecho, además de casi ofender a un científico, quien aceptó mi explicación apresurada de «Soy británica» luego de no recibir tres besos en la mejilla (sí, tres agonizantes), ninguna de estas peculiaridades ha interferido con una carrera razonablemente exitosa en la comunicación, a pesar de tener una discapacidad de comunicación.

Esto se debe a que soy sociable y habladora, presento podcasts y puedo dar charlas públicas. A diferencia de muchas personas autistas, tampoco tengo problemas para hacer contacto visual.

Tras bambalinas, sin embargo, es donde se revela el dolor y las dificultades de tener autismo. Tengo dificultades para fingir interés en un tema que no me importa y soy terrible en las conversaciones triviales, a menudo una parte importante para conocer gente. Esto a veces ha causado aislamiento y sentimientos de intensa soledad y rechazo.

Antes de la mayoría de los eventos a los que asisto o de las transmisiones, sufro de calambres estomacales nerviosos, experimento ataques de pánico y, en el peor de los casos, pequeñas crisis que pocos, más allá de mi esposo, presencian.

Como alguien que hace varias listas a diario, también me preocupa permanentemente que las cosas no salgan según lo planeado. Me preparo demasiado y me estreso tratando de recordar todo el contenido de un libro que he leído para una entrevista de tres minutos.

Una persona con una máscara en su mano

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Sue Nelson dice que muchas mujeres tienen que «enmascarar» su autismo para satisfacer a la sociedad.

Luego, cuando el alivio de la presentación ha pasado, tiendo a retirarme a la primera oportunidad que encuentro para relajarme y acostarme. 

Demasiada interacción social me deja físicamente exhausta. Esa mujer ruidosa y habladora se ha retirado para dar la bienvenida a la soledad.

Pero esto, aparentemente, es lo que suelen hacer muchas mujeres con autismo. Lo «enmascaramos» o lo falsificamos. Ocultar la incomodidad bajo una apariencia de genialidad y comportamiento social aprendido.

Luego llegó el coronavirus…

Empecé a producir un nuevo documental de radio semanal para el Servicio Mundial de la BBC con el equipo OS (Outside Source) de la cadena. Mientras todos luchaban por dar sentido a una nueva y aterradora realidad, el programa reunió a personas de todo el mundo para compartir conversaciones profundamente significativas.

No es sorprendente que muchas de esas conversaciones fueran crudas y emocionales. El trabajo requirió tener que escucharlos repetidamente para luego editarlos. 

En las primeras horas de la mañana los repetía en mi cabeza en un bucle permanente: el médico del hospital en India que no pudo salvar a su padre de la covid. La soledad que comparten los que están aislados en las praderas canadienses o en el interior de Australia. La tristeza y el dolor insoportables de aquellos cuyos seres queridos murieron solos.

Tuve insomnio durante casi un año. La mayoría de los días trabajaba llorando escuchando la humanidad fascinante, conmovedora, pero a menudo insoportable de esas personas.

La pandemia, como a muchos, hizo que se profundizaran grietas diminutas dentro de mi psiquis. 

Estas grietas se ensancharon hasta convertirse en abismos de sensibilidades y emociones intensificadas e incontrolables. Algunos días estaba deprimida. En otros no podía dejar de pintar, generalmente planetas o lunas, o identificar flores silvestres compulsivamente. 

Luego vino una obsesión por las setas, caminando durante horas para encontrar una específica. Mis idiosincrasias sensoriales se volvieron locas. El zumbido del ventilador del baño a través de la pared del dormitorio era física y mentalmente angustioso.

Algo no estaba bien. Un médico estuvo de acuerdo y me refirió a un equipo de salud mental, pero como todos los demás también estaban teniendo una crisis de salud mental, pasaron meses antes de que siquiera recibiera una llamada telefónica preliminar.

Una encuesta de NAS en 2019 señaló que la ansiedad y la depresión son los problemas de salud mental más comunes para las personas con autismo y que tres de cada cuatro adultos requirieron ayuda con su salud mental en algún punto de los cinco años anteriores. Me aterra pensar cuáles serán esas cifras ahora.

Acercamiento de un ojo

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A diferencia de muchas personas con autismo, Sue Nelson no tiene problemas manteniendo la mirada.

Afortunadamente, en 2021 hubo una casualidad. Estaba produciendo «Smart Women, Male Genius» (Mujeres listas, hombres genios), que examinaba el sexismo en la ciencia con respecto a la inteligencia.

Las condiciones de autismo cubren desde problemas debilitantes del habla, del lenguaje y problemas cognitivos que requieren atención de por vida, hasta problemas sociales más leves. La condición cubre una variedad de coeficientes intelectuales. Mientras investigaba la inteligencia, descubrí que, a pesar de que no existe un vínculo comprobado, el genio a menudo se asociaba con una forma de autismo conocida como síndrome de Asperger. 

Esto contribuye falsamente a la idea de que la mayoría de los genios son hombres, ya que a más hombres se les diagnostica síndrome de Asperger.

Nombrado en honor a Hans Asperger, un pediatra austriaco que realizó un importante estudio sobre el autismo con niños, la mayoría de los profesionales evita usar su nombre ya que la historia reveló que colaboró ​​con el Tercer Reich en el asesinato de niños. 

La Asociación Estadounidense de Psiquiatría incluso eliminó el término Asperger de la quinta edición del Manual de Diagnóstico y Estadística en 2013.

El término preferido para todos los tipos de autismo ahora es trastorno del espectro autista (TEA). Pero el TEA tampoco es del agrado de todos porque la palabra «trastorno» puede tener connotaciones negativas, por lo que a menudo se verá que el TEA también se conoce como condición del espectro autista (ASC).

Invité a la bioquímica Camilla Pang al programa. Le diagnosticaron Asperger cuando era niña y escribió el libro «Explicando a los humanos» sobre su condición. Leyéndolo, fue como si se comenzaran a encender bombillas.

Después de nuestra entrevista previa, le mencioné cuántas de sus experiencias coincidían con las mías y le comenté que me habían hecho contemplar la posibilidad de someterme a una evaluación del autismo. Ella pensó que era una gran idea.

En mi condado hay una lista de espera de dos años para un diagnóstico de autismo infantil. Es mucho más largo para los adultos, así que encontré una empresa de confianza y pagué una evaluación privada. Involucró varios cuestionarios extensos y consultas con psicólogos. Uno entrevistó a mi madre durante varias horas sobre mi comportamiento cuando era niña.

Mientras esperaba los resultados, me di cuenta de que si el autismo no explicaba mi comportamiento, los malentendidos frecuentes y otras molestias involuntarias, mi familia tenía razón y era una bocazas.

Una persona haciendo una lista

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«Como alguien que hace listas a menudo, me preocupa cuando las cosas no salen como estaban planeadas».

Aún así, el diagnóstico positivo de ASC me dejó anonadada. Quedó dolorosamente claro en el informe, por ejemplo, que, durante la evaluación, tuve poca conciencia de cómo se percibía mi comportamiento. 

Después de leer cómo había «monologueado» (mi palabra no la de ellos) sobre algunos de mis temas favoritos, me sentí muy avergonzada. En algunos de los ejercicios sociales simples, hubo una disparidad casi irrisoria entre lo bien que pensé que me había ido y su juicio clínico. Mi contacto visual tampoco siempre fue bueno.

El exámen descubrió cosas que ya sabía: no hablé sino hasta los 18 meses y lo primero fue la frase entera «mira las luces» en Navidad. También descubrió cosas que no sabía, o quizás me negaba a recordar: la pérdida de cabello por estrés entre los 11 y 12 años.

Seis de los nueve libros que se recomendaban al final de la evaluación detallada de 30 páginas trataban sobre el síndrome de Asperger.

La activista climática Greta Thunberg, quien también tiene Asperger, describió las diferencias en su pensamiento como resultado del autismo como un «superpoder». 

Todavía no estoy en esta etapa. Pero mis rasgos de autismo «ocultos a simple vista» están informando tanto mi pasado como mi presente.

La evaluación nos está ayudando a mí y a mi esposo a comprender mi comportamiento y mis ansiedades. Él cree que es por eso que encontré que ser un corresponsal científica era insoportablemente estresante.

Las noticias, por definición, tienen que ver con el cambio. Pero a diferencia de la mayoría de los periodistas de noticias (incluido él), odiaba las actualizaciones o las noticias de última hora porque alteraban mis planes.

Básicamente, estaba en el peor trabajo posible para alguien que se pone ansioso por los cambios inesperados.

También explica por qué gravité más hacia los documentales de formato largo. Estas actividades son mucho menos estresantes, satisfacen mis obsesiones y recompensan mi atención a los detalles, ya que me concentro en las minucias. Esta es una buena cualidad para la edición, pero a veces puede ser a expensas del panorama mayor.

Una vez, después de regresar del aeropuerto de Heathrow con una empresa de taxis local, no lograba recordar el nombre del conductor, pero sí pude describir en gran detalle el tatuaje grande e intrincado en el brazo izquierdo del hombre. Mi marido estaba asombrado. «Ese es el conductor con un brazo».

La ambientalista Greta Thunberg

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La ambientalista Greta Thunberg es una de las personas con más alto perfil con un diagnóstico de autismo.

Honestamente no me había dado cuenta.

Así que, estos son tiempos extraños (en más de un sentido), pero puedo imaginar un día en el que las partes fragmentadas de mi vida, esos episodios desconcertantes que no tenían sentido, tomen forma con más claridad y comprensión.

Durante la entrevista a la salida de la evaluación, el psicólogo dijo que muchos de sus clientes con autismo habían reportado un empeoramiento de los síntomas durante la pandemia, por lo que la acción más importante en este momento era controlar mi ansiedad.

Mi familia y amigos han sido un apoyo increíble. Nadie estaba demasiado sorprendido. Resulta que varios miembros de la familia tienen autismo, muchos más de lo que pensaba. Más importante aún, incluso con las limitadas conversaciones personales que he tenido hasta el momento, ha alentado a una mujer joven, cuyos síntomas son similares a los míos, a comenzar su propio camino de diagnóstico. Otra amiga finalmente está evaluando a su hija después de darse cuenta de que era como yo.

Es por eso que he hecho público que tengo autismo. Esta nueva comprensión de la vida es un gran regalo. Ojalá hubiera tenido un diagnóstico antes. Es cierto que todavía lo estoy procesando todo, pero ya no me veo rota. Simplemente estoy programada de manera diferente. Y eso está bien.

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Por Periodista de ciencia Sue Nelson. Abril 2022.

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Escrupulosidad: el temor obsesivo de no ser lo suficientemente bueno.

El teólogo del siglo XVI Martín Lutero vivía atormentado por los impulsos de maldecir a Dios y a Jesús, y cuando rezaba, estaba obsesionado con las imágenes del «trasero del diablo».

San Ignacio, el jesuita portugués del mismo siglo, no podía pisar dos pedazos de paja si formaban una cruz porque sería una falta de respeto a Cristo.

Sufrían de escrupulosidad, una forma de trastorno obsesivo compulsivo (TOC) que, aunque ha sido documentada por siglos, sigue siendo poco conocida.

Quienes la sufren viven atormentados pensando que constantemente violan sus creencias religiosas, éticas o morales, desde obsesionarse con que no están rezando bien hasta castigarse por ser malas personas por no haber reciclado una hoja de papel.

Desafortunadamente, ese tipo de pensamientos intrusivos pueden inundar las mentes de los niños, abrumándolos con sentimientos de culpa, confusión e inseguridad, sin que los adultos se enteren pues, convencidos de que son perversos sin remedio, no se atreven a hablar.

Una antigua conocida

Los registros históricos de los síntomas de la escrupulosidad se pueden rastrear desde los siglos XIV y XVI.

En ese entonces a menudo se discutía en un contexto religioso, pues la religión desempeñaba un papel importante en la vida cotidiana. La gente estaba acostumbrada a compartir sus dolencias físicas y mentales con sus figuras religiosas locales.

«Los clérigos de la época fueron los que descubrieron la escrupulosidad —y el TOC—, cuando los feligreses acudían constantemente a donde los sacerdotes o rabinos a preguntarles si estaban haciendo bien las cosas o a confesarse u oraban incesantemente, pero con un sentimiento de ansiedad», le dijo a BBC Reel la psicóloga Patricia Thornton.

«Eso los llevó a pensar: ‘Algo está mal, esto no es lo que Dios pretende que sientas o pienses'».

Para Lutero era «el diablo quien mete esas ideas en la cabeza de la gente y dice: ‘…Tienes que creer mejor. Debes creer más. Tu fe no es muy fuerte y es insuficiente». De esa manera los desespera».

En el siglo XVII, Richard Baxter, un clérigo británico, quien era considerado una fuente de ayuda para aquellos que experimentaban escrupulosidad o melancolía —otro término para describir la obsesión—, escribió en detalle sobre esta condición.

«Algunas personas melancólicas y concienzudas se acusan a sí mismas, por mera escrupulosidad; cuestionando casi todo lo que comen, beben, visten o hacen, (cuestionando) si no es demasiada cantidad o demasiado agradable».

Martín Lutero (1483-1546). Monje alemán, icono de la Reforma protestante. Retrato de Lucas Cranach el Viejo (1472-1553).

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Martín Lutero (1483-1546), el monje alemán, ícono de la Reforma protestante, lo torturaban sus pensamientos intrusivos. (Retrato de Lucas Cranach el Viejo, 1472-1553).

«La escrupulosidad proviene de la palabra latina scrupulum, que significa ‘piedra afilada’, y se siente como una piedra en tu zapato, pero en este caso está dentro de ti y no puedes deshacerte de ella», le explicó a BBC Reel Annabella Hagen, directora clínica de Mindset Family Therapy, un centro con sede en Utah, EE.UU.

El TOC y la escrupulosidad no tienen nada que ver con la devoción, subrayó Thornton.

No se trata de tus creencias religiosas o morales o de cuán religioso o ético eres, porque «hay muchas personas muy religiosas o apegadas a sus reglas morales que no sufren de escrupulosidad».

«Tienes que tener el componente de ansiedad. Y este entra en juego con la creencia de que no lo están haciendo bien».

«Alguien puede no ser religioso pero aun así sentirse muy escrupuloso acerca de cosas como: ¿soy lo suficientemente buen ciudadano? ¿Lo suficientemente buen vecino, lo suficientemente buen padre, hijo, etc.?», agregó Hagen.

¿Qué se siente?

Hablando con BBC Reel, Shay, quien sufre de escrupulosidad y fue diagnosticado a los treinta y tantos años —pues sólo después de ser padre buscó ayuda—, explica así cómo se siente a alguien que no conoce el trastorno:

Cabeza con signo de infinito y un hombre corriendo sobre él

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

«Imagina que odias el color azul y es lo peor del mundo para ti. Un día te imaginas a ti mismo con un traje azul. Pero odias ese color, así que ¿por qué te imaginarías usando un traje azul? ¿Qué significa eso? ¿Que realmente te gusta el color azul?

«Y luego te ves en ese círculo y todo lo que puedes pensar es en el color azul, incluso cuando piensas que por un momento no pensaste en él. ¿Alguna vez voy a dejar de pensar en el color azul? ¿El color azul va a controlar mi vida por el resto de mis días? ¿Lo único en lo que voy a poder pensar es en el color azul?

«Y luego ves a otras personas y todo lo que puedes hacer es imaginarlas vistiendo de azul.

«Te dices: ‘Esto es una completa tontería. ¿Por qué tengo tanto miedo de esto?’

«Pero el TOC es tan poderoso que puede anular esa voz racional y decir: ‘No, esto no es una tontería'».

¿Cómo se manifiesta?

Piedras en zapatos

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Como una piedra en el zapato, pero en tu mente.

Para ilustrar los efectos de la escrupulosidad, el sitio web Healthline da ejemplos, empezando con los religiosos agobiados por este trastorno que pueden temer a estar…

  • Ofendiendo a Dios
  • Cometiendo un pecado
  • Orando incorrectamente
  • Malinterpretando las enseñanzas religiosas
  • Haciendo ciertas prácticas religiosas «incorrectamente» (por ejemplo, un católico convencido de que no se está persignando correctamente)

Para aliviar los sentimientos de ansiedad o culpa, algunos recurren rituales compulsivamente:

  • Oración excesiva
  • Confesiones frecuentes
  • Busca de consuelo de los líderes religiosos
  • Evitar situaciones en las que puedan ocurrir actos inmorales

Algunos síntomas de la escrupulosidad laica incluyen preocuparse obsesivamente por:

  • Mentir, incluso sin querer (lo que podría incluir tener miedo de mentir por omisión o engañar accidentalmente a las personas)
  • Discriminar inconscientemente a las personas
  • Actuar éticamente por interés propio, en lugar de estar motivado por ayudar a los demás
  • Si las decisiones éticas que se toman son realmente las mejores para el bien común
  • Si eres realmente una «buena» persona o no

Los rituales relacionados con la escrupulosidad moral pueden ser:

  • Hacer cosas altruistas para «probarse» a sí mismos que son buenas personas
  • Compartir demasiado o repetir información para evitar mentirle accidentalmente a las personas
  • Debates éticos mentales que duran horas
  • Negarse a tomar decisiones pues no pueden comprobar cuál es la «mejor» decisión.

¿Qué hacer?

Se estima que el 2% de la población mundial experimenta TOC.

Los estudios muestran que la escrupulosidad es la quinta forma más común de TOC después de la contaminación, los pensamientos agresivos, la simetría y las preocupaciones somáticas (Journal of Obsessive-Compulsive Related Disorders, Jonathan Abramowitz, Ryan Jacoby; Chapel Hill).

Chica desesperada

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Los expertos dicen que hay que estar alerta para detectarlo en los jóvenes.

«Las personas sufren mucho. Tratan de no cometer ningún error en absoluto en lo que consideran correcto e incorrecto, y cuando se quedan cortos, experimentan una intensa ansiedad, una profunda culpa, una inmensa cantidad de dudas», le dijo a BBC Reel el psicólogo clínico estadounidense Ezra Cowan.

«Mejorar con cualquier tipo de TOC significa aceptar la incertidumbre. De eso se trata realmente. Tienes que decir que ‘no sé’ y continuar con tu vida», señaló Thorton. «Pero ese ‘no sé’ genera mucha perturbación porque el TOC exige que sepas, y nunca se puede saber».

A veces, la escrupulosidad puede ser difícil de identificar. La conciencia de que existe y la ayuda de la comunidad son esenciales para que las personas no tengan que sufrir en silencio.

Los tratamientos comunes son la exposición con prevención de respuesta (EPR) y la terapia de aceptación y compromiso (ACT), que ayudan a desarrollar la tolerancia y la aceptación de las obsesiones y compulsiones.

«Hay gente lista para ayudarte, y no estás solo. Te enfrentas a los miedos y luego aprendes a tratarlos como irrelevantes. Es aterrador y difícil, y no es un tipo de cura de la noche a la mañana, pero ayuda», dijo Shay.

«El TOC además es un trastorno muy codicioso. Quiere ser lo único en tu vida y la forma de vencerlo es darte cuenta de que es sólo una pequeña parte de tu vida, que hay muchas otras cosas que te hacen ti y el TOC no te define».

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: Redacción BBC News Mundo. Febrero 2022

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