La extraordinaria operación con la que unos médicos quemaron el tumor de un bebé en el útero para salvarle la vida.

«Escogimos ‘Ragnar’, el nombre de un guerrero incluso antes de saber que iba a tener que pasar por tanto», dice la periodista de 34 años Polyana Resende Brant, después de haber dado a luz a su primer hijo el 18 de mayo.

Al llegar al segundo trimestre de su embarazo, los exámenes comenzaron a dar indicios de la presencia de un tumor en la región del pecho del bebé. Era una condición rara, llamada secuestro pulmonar, en la que hay una masa que parece un pulmón, al cual le suministran sangre los vasos sanguíneos pero no tiene ninguna función específica.

«A pesar de que ese tumor no es maligno, es decir, no es un cáncer, estaba creciendo y comprimiendo los órganos del bebé, además de robar parte de la sangre del cuerpo y causar que se deposite agua en la región del pulmón», dice Danielle do Brasil, médica cirujana especializada en cirugía fetal en el Hospital Santa Lucía de Brasilia.

Allí recibió el caso luego de que Polyana hubiera buscado obstetras que se encargaran de casos de alto riesgo.

Cirugía fetal en la que un equipo médico brasilero quema un tumor dentro del vientre.

Los médicos le advirtieron a Polyana que si el embarazo continuaba sin ningún tipo de medidas quirúrgicas, su hijo no sobreviviría. Y aún si daba a luz de emergencia, Ragnar, quien apenas tenía 29 semanas de gestación, una edad considerada extremadamente prematura, podría morir también.

«Fue desesperante. Tenía que mantener la fe y buscar los mejores especialistas. Tenemos que valorar la ciencia y saber que puede ir de la mano de la fe. Es lo que mi esposo, quien estuvo a mi lado durante todos los procedimientos, y yo hicimos», dice la madre.

Polyana y Tiago

FUENTE DE LA IMAGEN – DANIELLE DO BRASIL

La madre y el bebé estuvieron bajo vigilancia médica después de los dos procedimientos para quemar el tumor.

Como lo explicó la cirujana Danielle do Brasil, que también es especialista en casos de alto riesgo en el King ‘s College de Londres, la literatura médica establece que para un caso como el de Ragnar había que cauterizar uno de los vasos que distribuía sangre al tumor.

«Así que, con una aguja gruesa que contiene fibra láser dentro, podemos cauterizar ese vaso, la masa muere y luego es absorbida por el cuerpo. La idea era también remover el fluido del pecho para ayudar que los pulmones se expandieran», explica.

Polyana buscó otras opiniones, pero luego de escuchar a distintos expertos, accedió a la cirugía.

«Habíamos quemado el vaso perfectamente, y todo el equipo estaba bastante satisfecho. Pero desafortunadamente, después de 10 días, el tiempo que usualmente esperamos para ver si la técnica ofrecía beneficios, encontramos que la circulación del tumor había tomado otro camino, haciendo que la masa volviera a crecer e incrementando el fluido en el pecho», dijo la médica.

Imágenes de la cirugía en la que los médicos quemaron el tumor de un feto dentro del vientre de su madre

FUENTE DE LA IMAGEN – DANIELLE DO BRASIL

En la izquierda, la médica recibe una aguja mientras le realizan un ultrasonido al feto para encontrar el tumor. En la derecha, Polyana, recibe la aguja que será utilizada para quemar el tumor.

El procedimiento sin precedentes

La cirujana dice que fue difícil compartir la noticia con los padres. «Ya habían oído de parte nuestra y de otros doctores que una segunda cirugía podría ser necesaria, pero las expectativas eran altas. Piensa en una pareja que imaginó durante una buena parte de su embarazo que su bebé podría morir».

«Pero de las dificultades nació la creatividad», dice Danielle do Brasil. El equipo decidió intentar no quemar un nuevo vaso sino que, mediante la misma técnica, destruir el tumor entero.

Polyana y su esposo aceptaron hacer el intento. «Hice todos los procedimientos con una sonrisa en la cara, tal como lo muestran las fotos, por tener la oportunidad para salvar a mi hijo. De alguna manera, cuando te conviertes en madre, nace una fuerza colosal».

La segunda intervención duró dos horas y media.

«Fue la más difícil de mi vida. En una cirugía fetal, no siempre sabemos los pasos de todo lo que va a ocurrir, no siempre tenemos claridad de lo que hay adentro. Tenía un objetivo móvil, que era el tumor, dentro de otro objetivo móvil, que era el líquido amniótico, y estaba tratando de alcanzar la masa con algo que no se podía mover: mi aguja», dice la cirujana, quien operó con la ayuda de la doctora Juliana Rezende, doctores residentes, el equipo de enfermeras y de anestesia.

Esta vez, el tumor no volvió a crecer, y Ragnar nació al término del embarazo, el 18 de mayo. La primera radiografía que se tomó luego de su nacimiento no mostró señales del tumor.

«En tres meses, haremos una tomografía de pecho, un examen más completo.

Nuestra expectativa es encontrar áreas con fibrosis debido a la cicatrización del tumor destruido. Y por supuesto que este bebé no necesite más cirugías», dice la médico.

Ahora, el equipo está recopilando los materiales de los procedimientos para enviar el reporte del caso a algunas revistas médicas para compartir la experiencia a la comunidad médica a nivel mundial.

Polyana y Ragnar

FUENTE DE LA IMAGEN – ARCHIVO PERSONAL. Ragnar nació el 18 de mayo, sin señales del tumor

Imagen de portada: ARCHIVO PERSONAL

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Brasil. Por Giulia Granchi. 24 de junio 2022.

Ciencia/Medicina/Salud/Salud de la Mujer/Tecnología

Misoprostol: cómo una píldora contra las úlceras gástricas se convirtió en el medicamento más usado para abortar (y qué tuvo que ver América latina en ello).

Es un asunto que suele causar las divisiones más profundas en muchos países, y sigue prohibido en muchos de ellos: el aborto.

Un asunto que, también, que tiene un impacto enorme en la vida de millones de mujeres.

Y quienes deciden llevar a cabo la terminación de un embarazo pueden someterse a dos métodos principales: un aborto con medicamentos o uno quirúrgico.

El aborto quirúrgico implica una operación para extraer el embarazo del útero, que puede ser por el método de aspiración o por dilatación y evacuación.

El aborto con medicamentos consiste por lo general en tomar dos medicinas diferentes para terminar el embarazo: la mifepristona y el misoprostol.

Pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado que si la mifepristona no está disponible, el misoprostol se puede usar solo.

Este medicamento, sin embargo,no fue creado para poner fin a un embarazo. Fue desarrollado para el tratamiento de úlceras gástricas e ingresó al mercado mundial con el nombre de Cytotec a mediados de la década de 1980.

Y fueron las mujeres latinoamericanas las que primero se dieron cuenta de las otras posibilidades terapéuticas del misoprostol y las que diseminaron su uso como fármaco abortivo.

«Información de boca en boca»

«Esto surge en los años 80 con mujeres, obviamente de escasos recursos, que se empezaron a dar cuenta que el medicamento que estaba prescrito para úlceras gástricas provocaba eventualmente el desprendimiento uterino del producto», le dice a BBC Mundo la doctora Georgina Sánchez Ramírez, autora de «Realidades y Retos del Aborto con Medicamentos en México».

«De esta forma, y como se dice vulgarmente, de boca en boca se fue comentando esa posibilidad que tenía este medicamento. Y de hecho el costo no es elevado porque fue diseñado precisamente para las úlceras gástricas», señala especialista en Género y Salud del Colegio de la Frontera Sur en México.

GETTY IMAGES. El Cytotec (misoprostol) fue desarrollado por la farmacéutica Searle a mediados de la década de 1980.

El misoprostol fue desarrollado en 1973 por la farmacéutica Searle y aunque se comercializó originalmente para problemas gastrointestinales, se descubrió rápidamente que uno de sus efectos secundarios era inducir el aborto espontáneo.

A fines de la década de 1980, como una solución a la penalización del aborto en Brasil, las mujeres comenzaron a recomendar el medicamento, que entonces se vendía sin receta médica, para terminar el embarazo.

En 1987, investigadores en Francia desarrollaron la mifepristona específicamente para la interrupción del embarazo, y se demostró que este fármaco, combinado con misoprostol, era una forma muy eficaz de inducir un aborto.

Pero ya para entonces las mujeres en América Latina, donde el aborto estaba penado en muchos países, estaban haciendo un uso extendido del misoprostol, como explica la doctora Sánchez Ramírez.

«Antes de que en Francia se diseñara la mifepristona, antes de que eso sucediera en un laboratorio francés, en América Latina ya muchos colectivos de mujeres manejaban la información inclusive de en qué dosis y de qué forma utilizar el medicamento que originalmente fue diseñado y sigue siendo utilizado para úlceras gástricas», señala la experta.

Cómo actúa el fármaco

El aborto con medicamentos no requiere un procedimiento quirúrgico y, en la mayor[ia de los casos se puede hacer en casa.

Por lo general se utiliza una combinación de mifepristona y misoprostol.

La primera pastilla que se toma es la mifepristona, que bloquea la hormona progesterona que el cuerpo necesita para que continúe el embarazo.

El segundo fármaco, el misoprostol, se toma de 24 a 48 horas después. Unas horas después de tomarlo se rompe el revestimiento de la matriz, causando dolor, sangrado y vaciado del útero.

Mifegest

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. En los 1980 se descubrió que la mifespristona, combinada con misoprostol, era una forma muy eficaz de inducir un aborto.

La OMS dice que si la mifepristona no está disponible, el misoprostol se puede usar solo.

Como señala la doctora Georgina Sánchez Ramírez, en los países o lugares donde el aborto es ilegal la venta de mifepristona está prohibida. Pero incluso en lugares donde es legal, el uso del misoprostol está mucho más extendido.

«Como la mifepristona está categorizada como un medicamento exclusivo para interrumpir una gestación, no es tan fácil conseguirlo porque efectivamente, se inscribe en la prohibición (del aborto) que tiene cada uno de los Estados o de las ciudades», señala Sánchez Ramírez.

«Y aún en lugares donde se ha despenalizado el aborto, como la Ciudad de México, tenemos referencias de usuarias que indican que en las farmacias de estos lugares no se vende libremente la mifepristona y además tiene un costo bastante elevado».

«Por eso el misoprostol es muchísimo más usado, además de que es más económico», agrega.

«Revolucionario»

Los abortos con medicamentos ahora representan la mayoría de todos los abortos que se practican en lugares donde el procedimiento es legal.

En Estados Unidos, por ejemplo, más de la mitad de todos los abortos que se realizan son abortos con medicamentos.

Además, los estudios muestran que el surgimiento del aborto con medicamentos no sólo ha permitido que muchas más mujeres tengan acceso a la interrupción voluntaria del embarazo, sino también ha reducido drásticamente la mortalidad y complicaciones del aborto practicado clandestinamente.

«El mundo ideal y donde hay menos muertes y complicaciones por esta causa es donde (el aborto) está despenalizado y donde hay un libre acceso e incluso gratuito a estos medicamentos para interrumpir de forma segura el embarazo, incluso en la comodidad de tu casa», dice la experta del Colegio de la Frontera Sur de México.

Asimismo, el aborto con medicamentos también ha eliminado las barreras que muchas veces demoraban el proceso permitiendo llevar a cabo la terminación del embarazo en tiempos de gestación cada vez más tempranas.

Pero como señala la doctora Georgina Sánchez Ramírez, quizás lo más importante es que el acceso a medicamentos para abortar ofrece a las mujeres un procedimiento más privado y menos invasivo y permite que sean ellas las que adquieran y se autoadministren el fármaco sin la intervención de un trabajador de salud.

«Creo que la parte más importante de esta nueva era del uso de abortos con medicamento es que cierra la verja de acceso y que además saca del escenario los despachos hospitalarios, el poder médico hegemónico y el poder del Estado, siempre y cuando sigan existiendo estos medicamentos, se tenga la información para su uso y se tenga acceso a ellos».

Imagen de portada: GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: Redacción BBC News Mundo. Junio 2022

Sociedad/Aborto/Salud/Mujeres

La literatura como terapia: cómo sublimar el horror a través de la escritura.

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¿Sirve la literatura para confrontar a la muerte? ¿Se puede sublimar el dolor a través de la escritura? Esta serie de libros parece responder que sí.

En su ensayo La palabra que aparece (Anagrama, 2021), Enrique Díaz Álvarez escribe que «el poder que emana de testificar no radica en el sujeto, sino en la palabra misma. Es la palabra la que aparece, la que apabulla, la que se recuerda y persiste». Y añade: «El testimonio es una experiencia significativa que se da siempre a otro». Se trata de vestigios que dejan su huella en la página. De aquello que decía Agamben, pues quien declara y testimonia es además un superviviente, que puede reconstruir un hecho extraordinario desde su subjetividad radical. Hablamos entonces del poder de la restitución.

Ritos de duelo 

En Nudos de vida (Libros del Subsuelo, 2022) nos dice Julien Gracq que la verdad que dispensa el arte no se opone al error, sino «más bien al instinto, a lo lábil, a lo informe». El arte es así «garante de la naturaleza a la vez auténtica y perpetuamente transitiva de la realidad». De alguna forma, con ello, la literatura retorna a su estado estable a los elementos de la realidad. Dicho de otra manera: condensa, fusiona, combina y mezcla las alteraciones para hacerlas comprensibles (y para hacérselas también comprensibles a quien escribe).

«Amar de memoria es alucinación. Algo muy parecido a la escritura».Sara Torres en ‘Lo que hay’

Eso es exactamente lo que hace Sara Torres en Lo que hay (Reservoir Books, 2022), donde la escritora gijonesa da cuenta de un duelo doble (que mezcla amor y muerte): el de la madre difunta y el de la amante evadida. Se trata de una novela intensa y oscura, que busca en la ternura y, a través de una (re)definición del deseo femenino, la palabra melancólica. Torres busca insertar sus dudas en una conversación más grande, la que involucra a la literatura misma. Y, por ello, siente el relato como un fracaso narrativo. La narradora se enmaraña en el luto y no es capaz de acceder al tacto, ese otro lenguaje (también lírico). Sin embargo, en ella, en la narradora de la novela, aun sin un sentido del futuro, se mantiene la esperanza. Porque queda la herida, que cicatriza y restituye. La protagonista principal de la novela lo expresa así: «Amar de memoria es alucinación. Algo muy parecido a la escritura». Y se habría de precisar: pero no a la literatura, que es ya cuando ésta se hace pública (y se convierte en testimonio).

La literatura como terapia. | Imágenes vía Anagrama, Ediciones del subsuelo y Reservoir Books.

El sentido del tacto es central en Ritual de duelo (Consonni, 2022), de Isabel de Naverán. El libro es una crónica de la muerte de la madre de la escritora (por voluntad propia, esto es: nos habla de la eutanasia, del buen morir). Isabel de Naverán pretende con la escritura poner sentido al misterio en el que se sentía envuelta, esa impresión de que el aire se vuelve más denso, la real sensación de sentir una presencia ausente; la emoción alterada que proviene de una fuerza, que es un cuerpo que atrae y (re)dibuja a un grupo humano (el de los seres queridos). La escritora lo define así, en términos de «sensación de irradiación», el vigor y la energía con los que su madre (re)definió su mundo: «La irradiación de un estado de complicidad, cuidado y cariño, de comprensión, diría, en una esfera colectiva que implicaba estar juntos en una misma cosa y, a la vez, en la ola de un sentimiento complejo y variado, estar unos al lado de los otros».

A la escritora vasca la consciencia de la escritura de la muerte la aprovisiona con un conocimiento del ecosistema de los afectos. Cuenta de Naverán que le ayudaba «poner imágenes y palabras, aunque fueran metáforas». Al escribir este libro, la autora encuentra esos códigos y ese lenguaje que testimonia la fuerza de su madre por querer irse (siendo que sabía que también así iba a permanecer).  Da cuenta de una sincronía, de un magnetismo. Es su forma de buscar consuelo, deteniéndose en la belleza de la más pequeño y cercano, configurando «un minúsculo ecosistema de autocuidado a base de transformar una mirada, y de atender solamente a lo que brilla».

También sobre la muerte habla Jantipa o el morir (Temas de hoy, 2022), de Ernesto Castro, pero en este caso de la mala muerte, la de la eutanasia forzada, la del exterminio, vaya. El rito que aquí se cumple es el del diálogo filosófico: cuatro mujeres que fueron prisioneras en Auschwitz (Heda Margolius Kovály, Charlotte Delbo, Philomena Franz, Edith Stein) en 1942 y Jantipa (la mujer de Sócrates), la noche antes del gaseamiento de Edith Stein, se reúnen en la enfermería para tratar de salvar su vida, intercambiando su nombre en la lista, cambiándolo por el de otra persona. Y dialogan, entretanto. En una larga noche se produce un debate teológico monumental entre ellas. Son constantes los litigios filosóficos, fundamentalmente sobre la vida (si somos sus propietarios o sus meros usuarios), sobre la inmortalidad del alma y sobre la existencia de Dios.

El punto central, sin embargo, es el conflicto entre dos ideas (en apariencia) inconciliables: la de la mártir (Edith Stein, quien sería beatificada en 1987 y canonizada en 1998) y la de las personas que, en el campo, se organizan como resistencia para tratar de «luchar para sobrevivir y dar testimonio de lo sucedido en Auschwitz». Jantipa, hacia el final de esta novela filosófica, ha de aceptar que es el acto supererogatorio (un acto elogiable, pero no obligatorio) de Edith Stein (de nombre religioso Teresa Benedicta de la Cruz) el que mejor testimonio es de la verdad; el martirio, el único testimonio posible, nos dice. Y ello porque, recuerda, según la etimología, en griego mártir significa testigo.

La literatura como terapia. | Imágenes vía Consonni, Temas de hoy y Libros del asteroide.

Sobrevivir al horror cotidiano 

El mayor miedo de la protagonista de Sensación térmica (Libros del Asteroide, 2021), de la escritora y traductora mexicana Mayte López, es el miedo a sí misma. Porque toda la novela es un darse cuenta de todo eso que está a la vista e intentamos no ver. En este caso, está relacionado con resistir, resistirse a hacer lo que los hombres (padres, novios) obligan a las mujeres a hacer, y que se ha de hacer del modo correcto (el modo en el que ellos prefieren y gustan). Porque tiene consecuencias. La muerte, en este caso. De la mejor amiga de la protagonista, presa de una relación abusiva y tóxica por parte de un profesor de la universidad, en Nueva York. Pero también de la muerte en vida de la madre, sometida a los caprichos y violencias del padre. El miedo de la protagonista de la novela, Lucía, una mexicana estudiante de doctorado en Nueva York, es el de parecerse a su padre. De ser como él: tiránica, abusiva. Así, Sensación térmica nos habla de las brasas del odio, de los lazos del maltrato. Con una estructura de diálogo con su psicóloga, Mayte López nos habla aquí de nombrar lo innombrable. De aceptar esa herencia (inescapable) de la vejación, de la ofensa y el agravio para no repetirla más. Para que una se pueda dar la oportunidad de ser otra versión posible de sí misma.

Lo mismo ocurre con Un tal Cangrejo (Sexto Piso, 2022), de Guillermo Aguirre. Una novela violenta de adolescentes problemáticos, que utilizan la crueldad y el atropello para insertarse en la vida adulta. Se trata de una novela sobre la urgencia, sobre la premura que conduce al crimen. Un tal Cangrejo nos cuenta la historia de Grejo, entre sus 12 y sus 18 años, sus vivencias. Y las de su grupo de amigos. También es una novela sobre el aprendizaje de la inconsciencia. O dicho de otro modo: sobre cómo tomar las riendas de una vida echada a perder, por culpa del delito y la necesidad de inventarse emociones fuertes. Una de las opciones que da la novela es precisamente la escritura. De alguna forma, y al final del relato, Grejo se redime, gracias a una obra de ficción que escribe. Es allí donde vuelca «aquellos fantasmas terroríficos que andaban por su cabeza»; para poder seguir viviendo y ser ya otro.

No era a esto a lo que veníamos (Candaya, 2021), de la escritora zaragozana, afincada en Valencia, Maria Bastarós, es un conjunto de relatos que indaga en el pasado. Los textos, protagonizados mayormente por mujeres, nos hablan de la silente coacción del hábito. Y del deseo de huir de unas mujeres atrapadas en situaciones que desaprueban, que les provocan un sufrimiento callado. Se trata de una exploración de lo cotidiano, de sus zonas oscuras. Estos personajes se hallan atrapados por el contexto, que aquí actúa como una cárcel cuyos barrotes son los del amor y las relaciones de pareja. Personajes que se auto engañan, que no quieren nombrar su realidad. Son, al fin, relatos pesimistas, pues no parece haber solución para quienes los habitan, parecen condenados a no tener ninguna salida. La mayor virtud de estos cuentos es que, con todo, apenas son exordio. Y lo que con ello pareciera decirnos Bastarós es que estas causas son solo el preámbulo, que todo puede ir a peor (y así da la impresión de que sucederá). Pero también su contrario; por lo que quizá el nombrarlo dé una oportunidad a quien los lea para imaginar una suerte nueva, una suerte otra para estos personajes perdidos en sí mismos.

Libros 3

La  literatura como terapia. | Imágenes vía Candaya, Anagrama y Sexto Piso.

El odio y la ansiedad

Dos testimonios autobiográficos recientes nos hablan, desde el ensayo, sobre los problemas mentales y sobre la rabia y el odio. Por su parte, el escritor Kiko Amat (Sant Boi de Llobregat, 1981), en Los enemigos (Anagrama, 2022), realiza un hondo ejercicio de honestidad para hablarlos de cómo sublimar el odio, sobre cómo aprovechar la enemistad. Con ejemplos reales de su propia vida, y con la sorna habitual que tiende a adulterar sus textos autobiográficos, Amat cataloga a los diferentes tipos de enemigos, enumera las más variopintas causas (y/o razones) para su odio y nos brinda así una suerte de manual de usuario. Este ejercicio de escritura le sirve a Amat para explicarse (y explicarnos) un hecho determinante en su vida: el día que, siendo un chaval, no devolvió los puñetazos. Y eso justifica y alienta el que, como nos dice al final del libro, «que viva mi vida, en una parte considerable, desde el rencor, el despecho y el deseo de venganza». 

Por su parte, Eloy Fernández Porta, en Los brotes negros (Anagrama, 2022), bucea en la cárcel de sus emociones, nos hace partícipes de su pasión perdida y cuenta sin melodrama (y con mucho dolor) algunos de sus picos de ansiedad vividos en los últimos tiempos. Ha confesado públicamente Eloy Fernández Porta el hecho de que siquiera algunos de sus mejores amigos sabían de estos delirios, sobre cómo la escritura íntima sobre su ansiedad fue la única manera de confrontarla. Así, Los brotes negros es un diálogo afectivo con algunos fantasmas del pasado, sobre todo con su exnovia. Escribe Fernández Porta: «A veces los fantasmas se me hacen más vívidos que las personas de carne y hueso».

Para Fernández Porta la escritura es algo que no puede controlar; habla de ella como dolencia, en tanto que «mal mal diagnosticado». Pero también como algo benéfico, una escritura gimnástica. La escritura automática como método psicoanalítico. Una escritura que va y viene por el tiempo. Una escritura con la que intenta socavar la mitomanía de las enfermedades mentales, la frustración y ese miedo del que hablaba Hermann Broch a sentir la «impotencia imaginaria».

Imagen de portada: Lauren Mancke|Unsplash

FUENTE RESPONSABLE: The Objetive. Por José S. de Montfort. Junio 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/Psicología/Terapia/Duelo/Escritores

Qué pasa por la mente de una persona con catatonia, la condición que te deja el cuerpo inmóvil pero la mente activa.

De vez en cuando, como médico, me piden que vea en la emergencia de un hospital a un paciente que es completamente mudo.

Se sienta inmóvil, mirando alrededor de la habitación. Levanto su brazo y se queda en esa posición. Alguien le hace un análisis de sangre y ni siquiera reacciona. No ha comido ni bebido nada durante uno o dos días.

Las preguntas comienzan a acumularse en tu mente. ¿Qué le pasa? ¿Respondería ante otra persona? ¿Tiene una lesión cerebral? ¿Está fingiendo? Y, lo más difícil de todo, ¿cómo voy a saber qué le pasa si no puede decírmelo?

Soy psiquiatra e investigador especializado en una condición rara conocida como catatonia, una forma grave de enfermedad mental en la que las personas tienen problemas con el movimiento y el habla.

La catatonia puede durar desde unas pocas horas hasta semanas, meses o incluso años. Algunas personas tienen episodios recurrentes.

He hablado con médicos, enfermeras, académicos, pacientes y cuidadores sobre esta enfermedad. Y una de las preguntas que se hacen con mayor frecuencia es: ¿qué piensan las personas con catatonia? ¿Están siquiera pensando?

Cuando una persona apenas puede moverse o hablar, es fácil asumir que no está consciente.

Pero las investigaciones en los últimos años han demostrado que no es el caso. De hecho, es todo lo contrario.

Las personas con catatonia a menudo expresan una ansiedad intensa y afirman que se sienten abrumadas por sus sentimientos. No es que las personas con catatonia no tengan pensamientos, es posible que tengan demasiados.

Pero, ¿cuáles son estos pensamientos? ¿Qué puede suceder en la mente de una persona para llevarla a «congelarse»?

En un nuevo estudio, mis colegas y yo hemos tratado de arrojar algo de luz sobre estos interrogantes.

Cientos de pacientes

Al observar notas de casos de cientos de pacientes que sufrieron catatonia, descubrimos que algunos hablaron sobre su experiencia, ya sea en ese momento o después. Muchos otros no sabían o no recordaban qué había pasado.

Algunos pacientes dijeron haber experimentado un miedo abrumador. Aunque eran conscientes del dolor de permanecer rígidos durante tanto tiempo, eran incapaces de moverse.

Sin embargo, lo que encontramos más interesante fue el caso de aquellas personas que tenían, en cierto nivel, una explicación racional para la catatonia.

Ilustración de una joven con halucinaciones

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Algunos pacientes relatan haber sentido un miedo abrumador.

En las notas de un paciente puede leerse:

«Cuando lo vi estaba arrodillado con la frente en el suelo. Dijo que había adoptado esta posición para salvar su vida y pedía que lo viera un especialista en cuello… Seguía repitiendo que se le había caído la cabeza del cuello».

Si realmente crees que tu cabeza está en riesgo inminente de caerse, tal vez no sea tan mala idea apoyarla en el suelo.

Algunos pacientes dijeron oír voces que les indicaban hacer ciertas cosas. Las voces advirtieron a una persona que su cabeza explotaría si se movía, una razón bastante convincente para quedarse quieto.

Otro paciente pensó que Dios le estaba diciendo que no comiera ni bebiera.

Fingir la muerte

Una teoría señala que la catatonia es similar a la estrategia de algunos animales de fingir estar muertos.

Cuando se enfrentan a un depredador de tamaño o fuerza abrumadores, algunos animales se «congelan» para que su potencial atacante no los perciba.

Una paciente del estudio describió vívidamente haber visto una serpiente (que también le habló).

Una persona tomando la mano de otra persona

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

La catatonia sigue siendo una condición misteriosa, a medio camino entre la neurología y la psiquiatría.

No podemos decir a partir de un solo ejemplo que estaba adoptando una defensa primitiva ante un depredador, pero ciertamente es una posibilidad.

La catatonia sigue siendo una condición misteriosa, a medio camino entre la neurología y la psiquiatría.

Comprendiendo mejor qué experimentan los pacientes, podemos al menos confortarlos y ofrecerles empatía.

*Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Puedes leer la versión original aquí.

Jonathan Rogers es investigador en la clínica psiquiátrica del Wellcome Trust en University College London, UCL.

Wellcome Trust Clinical Fellow in Psychiatry, UCL

Imagen de portada:GETTY IMAGES. «No es que las personas con catatonia no tengan pensamientos, es posible que tengan demasiados».

FUENTE RESPONSABLE: The Conversation* Por Jonathan Rogers. Junio 2022.

Sociedad/Ciencia/Medicina/Salud/Salud Mental.

Descubren un vínculo entre la demencia y la falta de vitamina D.

Un estudio encuentra que los niveles bajos se asocian con volúmenes cerebrales menores y un mayor riesgo de demencia y accidente cerebrovascular.

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La vitamina D es un nutriente fundamental para la salud. Junto con el calcio, contribuye a prevenir la osteoporosis y es indispensable para que el sistema inmunitario pueda combatir las bacterias y los virus que lo atacan, apuntan los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés).

Los niveles necesarios dependen de la edad. Por ejemplo, la cantidad promedio diaria recomendada en microgramos (mcg) y unidades internacionales (UI) para adultos mayores de 19 años es de 15 mcg (600 UI). Estar por debajo de los umbrales marcados por las autoridades sanitarias supone una serie de complicaciones. En el caso de adolescentes y adultos, la deficiencia de vitamina D causa osteomalacia, un trastorno que causa dolores en los huesos y debilidad muscular.

Ahora, una investigación genética liderada por la Universidad de Australia del Sur (UniSA) muestra un vínculo directo entre la demencia y la falta de vitamina D.

Frenar el deterioro de vitamina D 

Al investigar la asociación entre la vitamina D, las características de neuroimagen y el riesgo de demencia y accidente cerebrovascular, el estudio encontró que los niveles bajos de vitamina D se asociaron con volúmenes cerebrales más bajos y un mayor riesgo de demencia y accidente cerebrovascular. Los análisis genéticos, señalan los autores, respaldaron un efecto causal de la deficiencia de vitamina D y la demencia.

Con el apoyo del Consejo Nacional de Investigación Médica y de Salud, el estudio genético analizó datos de 294.514 participantes del Biobanco del Reino Unido y examinó el impacto de los niveles bajos de vitamina D (25 nmol/L) y el riesgo de demencia y accidente cerebrovascular. La aleatorización mendeliana (RM) no lineal, un método que utiliza la variación medida en los genes para examinar el efecto causal de una exposición modificable en la enfermedad, se utilizó para probar la causalidad subyacente de los resultados de las neuroimágenes, la demencia y el accidente cerebrovascular.

“Nuestro estudio es el primero en examinar el efecto de niveles muy bajos de vitamina D sobre los riesgos de demencia y accidente cerebrovascular, utilizando análisis genéticos sólidos en una gran población”, señala la investigadora principal y directora del Centro Australiano para la Salud de Precisión de UniSA, la profesora Elina Hyppönen.

Hyppönen destaca que, en algunos contextos, donde la deficiencia de vitamina D es relativamente común, los hallazgos “tienen implicaciones importantes para los riesgos de demencia”. De hecho, en esta población del Reino Unido se observó que hasta el 17 % de los casos de demencia “podrían haberse evitado aumentando los niveles de vitamina D para que estuvieran dentro de un rango normal”.

Avance de la demencia 

La demencia es un síndrome que implica el deterioro de la memoria, el intelecto, el comportamiento y la capacidad para realizar actividades de la vida diaria. Según cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la demencia afecta a nivel mundial a unos cincuenta millones de personas y cada año se registran cerca de diez millones de nuevos casos.

“La demencia es una enfermedad progresiva y debilitante que puede devastar tanto a individuos como a familias. Si somos capaces de cambiar esta realidad asegurándonos de que ninguno de nosotros tenga una deficiencia grave de vitamina D, también tendría más beneficios y podríamos cambiar la salud y el bienestar de miles de personas», concluye Hyppönen.

Esta información no sustituye en ningún caso al diagnóstico o prescripción por parte de un médico. Es importante acudir a un especialista cuando se presenten síntomas en caso de enfermedad y nunca automedicarse.

Imagen de portada: Pexels

FUENTE RESPONSABLE: Mundo Deportivo. Barcelona,España. Por Raquel Sáez. Junio 2022

Sociedad y Cultura/Salud/Vitamina D/Salud Mental

Cómo el litio cambió la historia de la psiquiatría en un rincón del mundo mientras era prohibido en el otro.

En julio de 1968, cuando el doctor Walter Brown comenzó su especialidad de psiquiatría en Yale, su primera misión fue evitar que Mr. G se reuniera con el presidente de Estados Unidos.

Mr. G era un paciente que había pasado los últimos 17 años internado en psiquiátricos, inmovilizado por una depresión suicida o con una euforia que lo hacía pensar en un encuentro con el mandatario del país.

«Varias veces a la semana, Mr. G se dirigía apresurado hacia la puerta. Tres enfermeras y yo teníamos que arrastrarlo a un cuarto de reclusión donde, mientras yo luchaba con él, una de ellas le daba un sedante», escribió Brown en su libro «Lithium: A Doctor, a Drug, and a Breakthrough» (Litio: un médico, una droga, un gran avance).

El paciente padecía de psicosis maníaco depresiva o trastorno bipolar.

Su pronóstico no era para nada auspicioso, pero dos años después Brown volvió a encontrarse con Mr. G, y halló a un hombre que vivía por su cuenta, fuera de hospitales, y trabajaba en un supermercado.

Aún recordaba, entre asombro y vergüenza, su deseo de entrevistarse con el presidente.

Un nuevo medicamento había estabilizado sus cambios de ánimo: el litio.

Allí nació el interés del psiquiatra por este metal alcalino y, sobre todo, por el hombre que lo transformó en la primera droga psiquiátrica: John Cade.

Del Big Bang a la fiebre del litio

En el siglo XXI se habla del litio como «el oro del futuro» debido a su utilización en baterías de productos electrónicos y de la industria automotriz.

La búsqueda de fuentes alternativas de energía para reemplazar a los combustibles fósiles ha disparado una carrera por el litio que se encuentra en abundancia en los salares de Bolivia, Chile y Argentina.

Pero el más ligero de todos los metales nos acompaña desde tiempos inmemoriales. Los científicos creen que junto al hidrógeno y al helio son los únicos tres elementos creados con el Big Bang (ambos ocupan los tres primeros lugares de la tabla periódica que todos estudiamos en nuestras clases de Química).

Como describe James Russell en su libro sobre esta tabla, existen registros del uso terapéutico del litio que se remontan al siglo II de nuestra era, cuando el sanador Soranus de Efeso recomendaba baños en cascadas de aguas alcalinas para los que sufrían «de manía y de melancolía».

A mediados del siglo XX el litio volvería a ser clave para tratar esos dos estados, el de estar «muy arriba» y el de estar «muy abajo».

Dados con emoticones

FUENTE DE LA IMAGEN- GETTY IMAGES. La bipolaridad puede llevar a cambios de ánimo que terminan desgastando la salud mental del paciente.

Para Brown, dos aspectos son fundamentales en esta historia: las características de la psiquiatría hasta la conversión del litio en fármaco y el contexto en el que se produjo el descubrimiento de John Cade en 1949.

«Hasta ese momento, no había drogas utilizadas para la salud mental, la gente usaba opioides, a veces les daban estimulantes o sedativos. El litio fue la primera vez que se trataron de forma efectiva los síntomas de una enfermedad psiquiátrica», le dice Brown a BBC Mundo.

Los tratamientos para la depresión maníaca y otras condiciones de la salud mental incluían encierros en hospitales psiquiátricos, donde se podía desde inducir el coma a partir de dosis de insulina hasta sedar al paciente para terapias de sueño profundo; también se aplicaban convulsiones eléctricas y -en los años 40 e inicios de los 50- fue muy utilizada la lobotomía.

Cade, por su parte, era un joven y desconocido psiquiatra, veterano de la Segunda Guerra Mundial, que trabajaba en un hospital de Melbourne, Australia, sin entrenamiento formal, sin becas y sin colaboradores.

Su laboratorio estaba en la cocina del hospital. Hay quienes dicen que su descubrimiento se debió a la suerte, pero Brown no coincide del todo con esta apreciación.

«En parte del proceso, fue afortunado; él comenzó a suministrar sal de litio a cobayos y notó que esto los relajaba. Pero le tenemos que dar crédito porque él observó esto y pensó que podía funcionar en personas, en pacientes maníacos. Hacer este salto, para mí, es muy intuitivo y refleja sus habilidades como observador sin prejuicios», dice Brown.

Eduard Vieta, jefe de Servicios de Psiquiatría y Psicología en el Hospital Universitario de Barcelona, le dice a BBC Mundo que, aunque ahora nos parezca lógico, la idea revolucionaria de Cade fue que podía tratar la enfermedad mental con fármacos, algo no tan obvio 70 años atrás.

«Él tenía una hipótesis, que finalmente se demostró falsa, y era que el ácido úrico jugaba un papel clave. Como los ácidos no son estables como fármacos, los tienes que constituir en forma de sal para poderlos consumir. Ahí entra en juego el litio. Cuando dio urato de litio a los cobayos vio que estos se tranquilizaban. Pero básicamente lo que hizo fue intoxicar a las cobayos», explica Vieta.

Cuando Cade les dio urato de litio a los pacientes comprobó una mejora que atribuyó al ácido úrico, no al litio.

«Pero luego, cuando probó con otras sales, no obtuvo el mismo resultado, y fue inteligente y dedujo que había sido el litio el que había mejorado a sus pacientes», añade Vieta.

Litio en sangre

«Yo comencé pensando que iba a escribir una biografía de Cade, pero a medida que investigaba supe, por ejemplo, que el mismo Cade había puesto en pausa su trabajo debido a que sus pacientes se enfermaban. Y otra gente tomó la posta. Entonces decidí hacer la historia de un descubrimiento científico, de gente que aprendió de otra gente», le dice a BBC Mundo Walter Brown.

A pesar de que los 10 pacientes iniciales del psiquiatra australiano mostraron mejorías en su salud mental, muy pronto algunos de esos pacientes sufrieron severas intoxicaciones y el mismo Cade consideró que el litio era peligroso y no debía ser recetado.

Prueba de sangre

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Los pacientes bipolares tratados con litio deben hacerse exámenes de sangre regulares.

Pero entonces, otros médicos en Australia, como Edward Trautner, comprobaron que se podía medir la cantidad de litio en la sangre de los pacientes y así evitar la intoxicación.

Como le dijo a BBC Mundo Ricardo Corral, presidente de la Sociedad Argentina de Psiquiatría, existe una «ventana terapéutica», en donde -en el mínimo- el litio no es efectivo y -en el máximo- es tóxico: «Y además de hacer la evaluación de los efectos terapéuticos y los colaterales, el análisis de sangre nos permite saber si el paciente cumple o no cumple el tratamiento».

Para el psiquiatra Vieta, este progreso llevado a cabo por Trautner y su equipo es otro gran avance en la psiquiatría que le debemos al litio:

«El litio obliga a monitorizar los niveles plasmáticos del fármaco. Eso hace que hacer análisis de sangre a los pacientes psiquiátricos tenga sentido. Introduce, de alguna forma, más medicina en la psiquiatría».

Pero al mismo tiempo que en Australia descubrían cómo lidiar con la toxicidad del litio, en Estados Unidos esta toxicidad iba a llevar al gobierno a retirarlo de todas las farmacias, las tiendas y hasta de una conocida marca de gaseosa.

Temor a la intoxicación

Así como hoy queremos reemplazar los combustibles fósiles por baterías de litio para impulsar nuestros vehículos, hace 70 años alguien pensó que sería una buena idea usar el litio para reemplazar al sodio, otro metal alcalino que se encuentra presente en la sal marina y, por lo tanto, en el salero de todas las cocinas.

Un consumo excesivo de sodio, como nos han dicho siempre nuestros médicos, puede llevar a la hipertensión arterial, los problemas cardíacos e insuficiencias renales.

«En los últimos años de la década de los 40, la gente en EE.UU. comenzó a utilizar cloruro de litio como un substituto de la sal para aquellos que debían llevar una dieta baja en sodio. Y una gran cantidad de ellos se intoxicó, se envenenaron y algunos murieron», recuerda Brown.

La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA por sus siglas en inglés) prohibió el litio y su uso en otras sustancias. Incluso fue retirado de la gaseosa 7 Up, de la que era ingrediente (el nombre original de la bebida era «Bib-Label Lithiated Lemon-Lime Soda»).

«La FDA envió a sus agentes a retirarlo de los anaqueles de las farmacias, pero ese temor a la toxicidad del litio permaneció en la mente de los doctores y del público en general», dice Brown a BBC Mundo.

Persona desesperada

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Las personas que padecen el trastorno bipolar y no se tratan tienen mayores posibilidades de cometer suicidio que otras enfermedades mentales.

Esto contribuyó, según este psiquiatra, a que el litio no se prescriba para la bipolaridad en EE.UU. en la misma medida que en otros países. Pero no es el único factor:

«También, en este país, un buen número de empresas farmacéuticas vendió de forma contundente otras drogas para tratar este trastorno, con un marketing agresivo y una gran promoción. Y esto tuvo un gran efecto en el consumo de litio. Por eso se estima que en EE.UU. sólo el 10% de los pacientes que podrían beneficiarse del uso del litio realmente lo utilizan, mientras que en otros países, como por ejemplo en Europa, su uso es del 50%», dice Brown. Eduard Vieta coincide con esta explicación y agrega nuevas causas a esta desconfianza.

«El litio es un medicamento huérfano desde la perspectiva del marketing y del negocio. Y hay otro factor que es la litigación. Hablamos de un fármaco antiguo, con poco glamour, pero como todavía requiere un cierto cuidado, entonces -si un paciente se te intoxica accidentalmente- te puede demandar».

Niño toma una 7 Up en 1953

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. A inicios de la década del 50 el litio dejó de ser utilizado como ingrediente de la gaseosa 7 Up.

Sin embargo, como explica el psiquiatra Ricardo Corral, el litio sirve no solamente para estabilizar al paciente sino para evitar uno de los mayores peligros para aquellos que padecen el trastorno bipolar.

«Además de mejorar el estado de ánimo, tanto en la manía, como en la depresión, el litio reduce el riesgo de suicidio», explica el psiquiatra argentino.

Suicidio, megalomanía y creatividad

El trastorno de bipolaridad, explica la periodista Douwe Draaisma en la revista Nature, afecta a una de cada 100 personas a nivel global y, si no se trata, se vuelve un ciclo constante de euforias y depresiones, por eso, el riego de quitarse la vida es tan alto.

«Las tasas de suicidio para pacientes sin tratamiento son entre 10 y 20 veces superiores al resto de la población», escribe Draaisma.

«Es la enfermedad a la que se asocia mayor riesgo de suicidio. Es verdad que hay mayor cantidad de suicidios por la depresión común, porque esta depresión es más frecuente, pero tener el trastorno bipolar conlleva un riesgo más alto que cualquier otra enfermedad», ratifica Vieta.

Pero incluso sin llegar a quitarse la vida en plena depresión, los pacientes de este trastorno puede sufrir grandes riesgos en los momentos en que parecen entusiastas y animados.

Como explica a BBC Mundo la psiquiatra Iria Grande, secretaria de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental, en los episodios maníacos más agudos, el estado de euforia puede llevar a la gente a gastarse muchísimo dinero o a tener delirios megalomaníacos.

«Es decir, piensas fuera de la realidad y crees que tienes unos poderes que no necesariamente son reales, como tener conexiones con Dios o ser el salvador del mundo».

Como el paciente Mr. G, que pensaba que podía entrevistarse con el presidente de EE.UU.

Lápices

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Aunque no se ha definido exactamente la razón, el vínculo entre la creatividad y la bipolaridad tiene varios ejemplos históricos.

Pero no todo es tan oscuro como el suicidio o el delirio. Esta enfermedad, como explica el psiquiatra Edward Vieta, ha sido vinculada a la creatividad de compositores, artistas, poetas y escritores:

«Si miramos figuras históricas, hay muchísimas, algunas muy bien documentadas y otras que son diagnósticos de sospecha. (Robert) Schumann, por ejemplo, murió en un psiquiátrico, y tuvo claramente episodios maníacos y depresivos, hasta el punto que vemos que sus composiciones se agrupan en unos años en los que él está hipomaníaco, con mucha energía, y en otras épocas no compone nada, porque está con depresión».

Grande recuerda otro caso histórico del vínculo entre creatividad y bipolaridad:

«Un caso muy claro es Virginia Wolf, quien hacía episodios depresivos muy graves y cuyas manías eran una pequeña euforia; no llegaba a tener pensamientos que no calzaban con la realidad, pero se relaciona mucho su productividad con estos episodios de hipomanía. Y en los episodios de depresión no era nada creativa».

Atardecer de litio

Brown ha descrito el descubrimiento del litio como el más relevante en la historia de la psiquiatría del siglo XX.

«Luego, en los años 50, surgieron otras drogas psiquiátricas como las usadas contra la esquizofrenia, y al final de esa década antidepresivos, pero el litio fue el primero», le dice a BBC Mundo.

Vieta prefiere hablar de tenis:

«Es como cuando coinciden un Federer, un Nadal y un Djokovic. En el caso de la psiquiatría es el litio, la clorpromazina -el primer antipsicótico- y el primer antidepresivo. El primero seguramente fue el litio, pero el que tiene un impacto brutal en la historia de la psiquiatría es la clorpromazina, que se introduce en los psiquiátricos y permite dar el alta a centenares de miles de pacientes».

Tom Wolfe

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. En 1996 el periodista Tom Wolfe consideró que el litio implicaría la superación del psicoanálisis.

Curiosamente, en 1996, el periodista estadounidense Tom Wolfe escribió su artículo «Lo siento pero su alma acaba de morir», donde exploraba la revolución de las neurociencias y los fármacos antidepresivos.

En el mismo hacía referencia a John Cade y consideraba su descubrimiento como el gran responsable del fin de psicoanálisis:

«El deceso de las teorías freudianas puede ser resumido en una sola palabra: litio», escribió el siempre controversial Wolfe.

Pero aunque el litio no terminó con el psicoanálisis, cambió la vida de miles de pacientes desde 1949, algunos desde una edad temprana, otros -como escribe el poeta estadounidense Robert Lowell- cuando mucho del daño de la enfermedad ya estaba hecho:

«Perturba pensar que he soportado y causado tantos sufrimientos porque faltaba un poco de sal en mi cerebro, y que si se hubiesen conocido antes los efectos de esa sal, si me la hubieran administrado antes, podría haber tenido una vida feliz o en todo caso una vida normal en vez de esta larga pesadilla».

Imagen de portada:GETTY IMAGES. El trastorno bipolar provoca episodios en los pacientes, en los que pueden estar muy deprimidos o muy eufóricos.

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo. Por Matías Zibell. Junio 2022

Sociedad/Salud/Salud Mental

 

 

 

 

 

 

 

 

Qué dice la ciencia de las personas con psicopatía (y por qué tienen poco que ver con lo que muestran las series policíacas).

En cualquier día, millones de estadounidenses (como tantos otros millones en el mundo) se acomodan a ver sus programas policiacos preferidos. Ya sea «FBI» en CBS, «Dexter», «Mindhunter» en Netflix, «Killing Eve» en la BBC, repeticiones de «La ley y el orden», o cantidades de otros shows parecidos, atraen una gran audiencia con sus vívidos retratos de villanos cuyos comportamientos son desconcertantemente crueles. Me confieso: soy parte de esa audiencia. Hasta mis estudiantes se burlan de la cantidad de crimen que yo -una investigadora que analiza el comportamiento criminal- veo por televisión.

Justifico mis horas dedicadas a la TV como trabajo, que provee material para mis clases universitarias y para mis seminarios sobre la naturaleza de la mente criminal. Pero también estoy cautivada por los personajes de estos dramas, a pesar de -o debido a- lo poco realistas que tantos son.

Uno de los tipos de personalidad más comunes de los programas policíacos en TV es el de psicópata: la persona que comete asesinatos brutales, actúa irresponsablemente y se muestra gélidamente impávida ante los agentes de la ley: aunque los programas son obviamente ficción, sus tramas se han vuelto referencias culturales familiares.

Los televidentes ven al agente Hotchner en «Mentes Criminales» tildar a cualquier personaje que sea alarmantemente violento como «alguien con psicopatía». Escuchan al doctor Huang en «La ley y el orden: Unidad de Víctimas Especiales» referirse a un delincuente juvenil que atacó a una joven niña como «un adolescente con psicopatía» de quien sugiere que es incapaz de responder a tratamiento.

Estas interpretaciones dejan a la audiencia bajo la impresión de que los individuos con psicopatía son descontroladamente malvados, incapaces de sentir emociones e incorregibles. Sin embargo, extensas investigaciones, incluyendo años de trabajo en mi propio laboratorio, demuestran que las concepciones sensacionalistas de la psicopatía que está en el centro de esas narrativas son contraproducentes y sencillamente equivocadas.

¿Qué es en verdad la psicopatía?

La psicopatía está clasificada por los psicólogos como un desorden de la personalidad definido como una combinación de encanto, emociones superficiales, ausencia de arrepentimiento o remordimiento, impulsividad y criminalidad. Más o menos 1% de la población en general cumple con esos criterios de diagnóstico de la psicopatía, una prevalencia que es casi el doble de la esquizofrenia. La causas exactas de la psicopatía no se han identificado, pero la mayoría de expertos concluyen que tanto la genética como el entorno son factores contribuyentes.

La psicopatía impone un alto costo a individuos y la sociedad en su totalidad. Las personas con psicopatía cometen entre dos y tres veces más crímenes en total que otras que se inmiscuyen en comportamiento antisocial y representan aproximadamente 25% de la población reclusa. También cometen nuevos crímenes tras ser liberadas de la cárcel o supervisión a una tasa más alta que otros tipos de delincuentes.

Un recluso con traje naranja y número de reo en una celda

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

El 25% de la población carcelaria es de personas con manifestación de psicopatía.

Mis colegas y yo encontramos que las personas con psicopatía tienden a consumir sustancias narcóticas a menor edad y prueban más tipos de narcóticos que otros. Además hay evidencia de que la gente con psicopatía tiende a no responder bien a las estrategias terapéuticas convencionales.

La realidad es significativamente más sutil y alentadora que las lúgubres historias en los medios de comunicación. Contrario a la mayoría de las interpretaciones, la psicopatía no es sinónimo de violencia. Es verdad que los individuos con psicopatía son más propensos a cometer crímenes violentos que los que no tienen ese desorden, pero el comportamiento violento no es un requerimiento para un diagnóstico de psicopatía.

Algunos investigadores sostienen que ciertas características clave de la psicopatía están presentes en individuos que no manifiestan comportamiento violento pero que tienden a demostrar comportamiento impulsivo y riesgoso, se aprovechan de otros y muestran poca preocupación por las consecuencias de sus acciones. Esas características pueden ser observadas en políticos, ejecutivos de empresa y financistas.

Lo que la ciencia dice de la psicopatía

Muchos programas policíacos, así como las noticias tradicionales, asocian la psicopatía con la falta de emoción, particularmente de temor o remordimiento.

Ya sea que un personaje esté calmadamente parado al lado de un cuerpo sin vida o esté dando la clásica «mirada psicópata», los televidentes están acostumbrados a ver personas con psicopatía como casi robots. 

La creencia que las personas con psicopatía no tienen emociones está generalizada, no solo entre la gente común sino entre los psicólogos también.

Robert Mitchum y Gregory Peck en "El cabo del miedo"

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Aunque los psicópatas son más propensos a cometer crímenes violentos, la violencia no es sinónimo de la psicopatía.

Aquí hay un elemento de verdad: un número considerable de estudios encontraron que individuos con psicopatía exhiben una habilidad reducida de procesar emociones y reconocer las emociones de otros. Pero mis colegas y yo hemos encontrado evidencia de que individuos con psicopatía sí pueden identificar y experimentar emociones bajo circunstancias apropiadas.

En mi laboratorio, estamos realizando experimentos que revelan una compleja relación entre la psicopatía y las emociones. En un estudio, examinamos el supuesto temor de individuos con psicopatía con una simple prueba. En una pantalla, le mostramos a un grupo de participantes la letra «n» y cajas de colores. El ver una caja roja significaba que el participante podría recibir un shock eléctrico; las cajas verdes significaban que no. De manera que el color de la caja señalaba una amenaza.

Cabe anotar que los shocks no eran dañinos, solo un poco incómodos, y este estudio estuvo aprobado por las juntas de revisión para la protección de sujetos humanos. 

En algunas de las pruebas pedimos a los participantes que nos dijeran el color de la caja (forzándolos a concentrarse en la amenaza). En otras pruebas, les pedimos que nos dijeran si la letra era mayúscula o minúscula (forzándolos a concentrarse en lo que no era una amenaza), aunque les seguíamos mostrando la caja.

Pudimos ver que los individuos con psicopatía manifestaban respuestas de temor basadas en sus reacciones psicológicas y cerebrales cuando tenían que concentrarse en la amenaza de recibir un shock. 

Sin embargo, manifestaban un déficit de reacción de temor cuando debían especificar si la letra era mayúscula o minúscula y la caja era una tarea secundaria.

Evidentemente, los individuos con psicopatía son capaces de sentir emoción; simplemente tienen una respuesta emocional mitigada cuando su atención está dirigida hacia otra cosa. Esta es una versión extrema del tipo de procesamiento que hacemos todos. 

En las tomas de decisiones rutinarias, rara vez nos concentramos en emociones explícitas. Más bien, usamos la información emocional como detalle de trasfondo para informar nuestras decisiones. 

La implicación es que los individuos con psicopatía tienen una especie de miopía mental: la emociones están ahí, pero pueden quedar ignoradas si llegan interferir con el alcance de una meta.

Albert Finney interpretando un psicópata en la película "Al caer la noche"

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Según los experimentos realizados, las personas con psicopatía tienen una respuesta emocional mitigada cuando su atención está dirigida hacia otra cosa.

Muchos estudios han demostrado que individuos con psicopatía son excelentes usando la información y regulando su comportamiento si es directamente relevante a sus objetivos; por ejemplo, pueden actuar encantadoramente e ignorar las emociones para engañar a alguien. Pero cuando la información está más allá de su foco inmediato de atención, suelen desplegar comportamiento impulsivo (como abandonar un trabajo antes de tener uno nuevo) y tomar de decisiones indignantes (como buscar publicidad por un crimen mientras son buscados por la policía).

Tienen dificultad procesando las emociones, pero contrario a los personajes de televisión comunes, no son inherentemente de sangre fría. La imagen del asesino impávido se basa en un concepto científico caduco sobre la psicopatía. En cambio, parece que las personas con psicopatía pueden tener acceso a las emociones -solo que las información emocional queda sofocada por la concentración en el objetivo.

Todos pueden cambiar

Una de las falacias más dañinas sobre la psicopatía -en la ficción, en las noticias y algunos antiguos documentos científicos- es que es una condición permanente, invariable. Esta idea refuerza el persuasivo tropo del bien contra el mal, pero los más recientes estudios cuentan una historia diferente.

Los rasgos de psicopatía disminuyen de forma natural con el tiempo en muchas personas jóvenes, desde finales de la adolescencia hasta la adultez. Samuel Hawes, un psicólogo de la Universidad Internacional de Florida, y sus colaboradores siguieron a más de 1.000 individuos desde la niñez hasta la adultez, midiendo repetidamente sus rasgos de psicopatía. Aunque un grupo pequeño mostró altos niveles persistentes de psicopatía, más de la mitad de los niños que al principio tenían altos niveles de esos rasgos tendieron a bajarlos con el tiempo y luego no los manifestaban en la avanzada adolescencia.

Con la intervención adecuada, las perspectivas de mejora son mayores. Estamos encontrando que jóvenes con rasgos de psicopatía y adultos con psicopatía pueden cambiar y responder a tratamientos que están modificados para sus necesidades. Varios estudios han documentado la efectividad de tratamientos específicos diseñados para ayudar a los jóvenes a poder identificar y responder a las emociones. Intervenciones en la crianza de los niños que se concentran en aumentar el calor emocional del cuidador y la ayuda a jóvenes para que identifiquen sus emociones parecen reducir los síntomas y el comportamiento problemático.

Adolescentes en una sesión de terapia

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Con la intervención adecuada los rasgos de psicopatía de jóvenes pueden disminuir y desaparecer.

En una serie de experimentos, hemos investigado videojuegos diseñados para entrenar los cerebros de individuos con psicopatía ayudándoles a mejorar la manera en que integran la información. Por ejemplo, le mostramos a un grupo de participantes una cara y les instruimos a que respondan en base a las emociones que ven y la dirección en que miran los ojos, enseñándoles a que integren todos los rasgos de la cara.

O jugamos un juego en el que le mostramos a los participantes una serie de cartas para ver si detectan cuando variamos las reglas, cambiando qué cartas son las ganadoras o perdedoras. A los participantes no se les dice cuándo sucederá el cambio, así que deben aprender a prestar atención a los sutiles cambios contextuales a medida que juegan. Nuestros datos preliminares muestran que ejercicios de laboratorio como estos pueden cambiar los cerebros y el comportamiento en el mundo real de individuos con psicopatía.

Dichos estudios abren la posibilidad de reducir el daño social y personal causado por la psicopatía. Creo que la sociedad necesita rechazar los mitos que los individuos con psicopatía son fundamentalmente violentos, insensibles e incapaces de cambiar.

El comportamiento de individuos con psicopatía es fascinante; tanto es así que no necesita ser adornado para crear tramas dramáticos. Deberíamos esforzarnos más para ayudar a los individuos con psicopatía para que puedan percibir más información de su entorno y usar más de su experiencia emocional. La cultura popular puede ayudar en lugar de poner trabas a esas metas.

Imagen de portada: El psicópata de la TV es una persona que comete asesinatos brutales, actúa irresponsablemente y se muestra gélidamente impávida.

FUENTE RESPONSABLE: The Conversation. Por Arielle Baskin- Sommers.*Arielle Baskin-Sommers es profesora asistente de Psicología de la Universidad de Yale. 

Salud Mental/Medios de comunicación/Ciencia/Televisión/Salud/ Leyes

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuáles son los síntomas del cáncer de esófago y por qué no debemos ignorarlos.

Es la sexta causa más común de muerte por cáncer en todo el mundo y, sin embargo, muchas personas no se dan cuenta que sufren la enfermedad.

Y es que el cáncer de esófago no causa síntomas al inicio del padecimiento.

Esto fue lo que le ocurrió al exfutbolista escocés, Andy Goram, que se desempeñó como portero y jugó en varios clubes de Escocia e Inglaterra, y quien reveló recientemente que padece cáncer de esófago.

La noticia sacudió a sus seguidores cuando Goram, de 58 años, dijo que le habían dado unos seis meses de vida.

En una entrevista el exfutbolista explicó que se sintió enfermo por primera vez hace unas siete semanas cuando tenía problemas para comer y beber.

Pero ignoró la acidez estomacal que sufrió inicialmente después de no poder obtener una cita con su médico de cabecera.

Al igual que Goram, muchos pacientes tratados por cáncer de esófago han hablado de cómo esta enfermedad se presenta al principio sin síntomas, o con síntomas que suelen ser fácilmente ignorados.

«Lo ignoré como todos los demás»

Paul Sinclair, de Fife, Escocia, le dijo a la BBC que comenzó a experimentar lo que «se sentía como un gas en la parte inferior de la caja torácica» en septiembre de 2020. Sinclair tenía además la sensación de que había «comido demasiado de un solo bocado».

«Lo ignoré como todos los demás», cuenta. «Sentí que tenía gases. Estaba comiendo bien, no tenía dolor».

«Era solo una molestia debajo de mi caja torácica. Se prolongó durante aproximadamente una semana y media y luego pensé: ‘voy a ver a alguien sobre esto’.

«Fui al médico y me envió directamente a una endoscopia. Eso confirmó que tenía un tumor en la parte superior del estómago».

GETTY IMAGES. El exfutbolista escocés, Andy Goram, anunció que tenía cáncer de esófago y que solo tenía seis meses de vida.

Sinclair pasó por cuatro sesiones de quimioterapia durante un período de ocho semanas antes de un descanso de seis semanas.

Luego tuvo una operación de 11 horas, que también incluyó la extirpación del bazo. Posteriormente volvió a someterse a una «quimioterapia muy agresiva».

«Estuve muy enfermo con ambas sesiones de quimioterapia», explica. «La segunda fue peor porque ya estás débil después de la operación».

«A medida que te recuperas, tienes que empezar a aprender a comer de nuevo, a masticar bien los alimentos, a comer porciones pequeñas y muchas comidas a lo largo del día».

Ahora, tres años más tarde, Sinclair puede volver al gimnasio para hacer un entrenamiento ligero, pero las cosas nunca serán «totalmente normales».

«Tienes que mantenerte positivo y estar agradecido por cada día que te despiertas», asegura.

«Lo más importante es que no tuve síntomas particularmente serios, pero es muy necesario no ignorarlos y revisarte».

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¿Cuáles son los síntomas del cáncer de esófago

El esófago es el tubo largo que lleva el alimento desde la garganta hasta el estómago. Los principales síntomas del cáncer son:

  • tener problemas para tragar (disfagia)
  • sentir o tener náuseas
  • acidez estomacal o reflujo
  • síntomas de indigestión, como eructar mucho

Otros síntomas incluyen:

  • una tos que no mejora
  • una voz ronca
  • pérdida de apetito o pérdida de peso sin tratar de perderlo
  • sentirse cansado o sin energía
  • dolor en la garganta o en la mitad del pecho, especialmente al tragar

Fuente: NHS (Servicio Nacional de Salud del Reino Unido)

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dolor

GETTY IMAGES

El cáncer de esófago es descrito a menudo como «el asesino silencioso» porque se presenta al principio sin síntomas, o con síntomas que suelen ser fácilmente ignorados.

«Nunca te recuperas completamente»

Linda Moffat, que también vive en Escocia, se consideraba a sus 48 años una mujer en buena forma física, que montaba a caballo todos los días.

Pero en diciembre de 2014 comenzó a sentir «que la comida no bajaba, como si se me pegara», recordó. «Aumentaba el dolor y la comida se atoraba».

«Tenía que vomitar para desbloquearla. Pensé que era una úlcera. Creíamos que no iba a ser nada serio».

Después de un tiempo, cuenta que «se armó de valor para hablar con el médico» y le recetaron antiácidos. Pero los síntomas continuaron y la enviaron a una endoscopia.

Eso reveló un «tumor muy avanzado» en el esófago y este fue «el comienzo de un viaje muy largo y difícil», explica.

«Es un cáncer muy agresivo y la cirugía es realmente brutal: ocho horas en el quirófano», dijo. «Tienes quimioterapia antes y después. Debes aprender a comer de nuevo».

«Y tienes muchos problemas de vómitos, diarrea y dolor. Creo que nunca te recuperas por completo».

«Soy muy afortunada. Mi cáncer estaba muy avanzado y solo tenía un 20% de posibilidades de supervivencia», dice.

«Pero han pasado casi siete años y estoy muy feliz de estar viva y muy agradecida con todos los que me ayudaron a estar aquí».

«A menudo se llama a esta enfermedad ‘el asesino silencioso’ porque los síntomas varían mucho», agrega. «Solo rezas para que la gente vaya al médico lo suficientemente pronto».

«Cuanto antes mejor»

Caroline Geraghty, enfermera especialista de la organización Cancer Research UK, afirma que el riesgo de cáncer de esófago aumenta con «las cosas típicas», como fumar, beber alcohol y aumentar de peso, además de mascar tabaco.

«Pero tener un mayor riesgo no significa que definitivamente tendrás cáncer», apunta. «En la mayoría de las personas no se sabe por qué tienen cáncer de esófago».

Geraghty instó a cualquier persona que crea que puede tener síntomas a acudir a su médico de cabecera «para estar seguro».

«Como sabemos, cuanto antes se llega a un cáncer, mayores son las posibilidades que tienes», agregó.

Pero subraya que para la mayoría de los pacientes que sufren síntomas, estos no estarán relacionados con el cáncer.

«Podemos entender por qué algunos médicos de cabecera no envían directamente al paciente a una endoscopia para investigar; algunas personas solo necesitan antiácidos», señala.

«Pero habrá otras personas que tal vez requieran más rápidamente una investigación».

Imagen de portada: GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: Redacción BBC News Mundo. Junio 2022

Sociedad/Ciencia/Medicina/Salud/Cáncer

 

Qué es el síndrome del acumulador compulsivo, el trastorno mental que te lleva a vivir en medio de objetos inútiles.

Tazas de té, frascos vacíos, latas, muñecos de peluche, contenedores de plástico, CDs… En la casa de Edward Brown uno puede conseguir casi de todo.

Apilados unos sobre otros sin una lógica aparente, los objetos que Edward Brown ha acumulado a lo largo de su vida han hecho de su hogar un lugar difícil de habitar.

«No hay espacio para que la gente se mueva si viene aquí», le dice a la BBC este hombre de 60 años de Blackburn, una ciudad industrial en el norte de Inglaterra.

Reconoce que tiene un problema, pero le cuesta lidiar con él.

«(La tendencia) a coleccionar cosas a veces se me escapa de las manos», dice, «pero el estrés de vivir con ese desorden me pone en ‘modo déjame en paz'».

Brown sufre lo que se conoce como síndrome del acumulador compulsivo, un trastorno mental que genera en quien lo padece una gran dificultad para deshacerse de objetos que para otras personas no tienen valor alguno o son poco importantes.

«Esta dificultad para desechar cosas suele conducir a un considerable desorden, que hace que el espacio habitable sea imposible de navegar» y donde las «habitaciones no pueden utilizarse para el fin con el que fueron diseñadas: no puedes usar la cocina para cocinar o la habitación para dormir», le explica a BBC Mundo Gregory Chasson, psicólogo clínico y profesor asociado del departamento de psicología del Instituto de Tecnología de Illinois, en EE.UU.

Desde papeles de diario, revistas, contendores de comida, zapatos y cables, hasta paraguas o tapitas de botellas. Cosas en buen estado o destruidas por el uso y el tiempo, se transforman en objetos preciados para el acumulador.

Habitación de un acumulador compulsivo

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Se trata de una condición que no distingue entre hombres y mujeres, cultura o situación económico-social.

Afecta al menos a un 2,6% de la población mundial, con porcentajes más elevados en personas mayores de 60 años y en aquellas con otros diagnósticos psiquiátricos como ansiedad o depresión, según indica la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.

Y, la severidad de sus síntomas, de acuerdo a un estudio publicado en el Journal of Psychiatric Research, «ha empeorado notablemente» durante la pandemia de covid-19.

«Como si fuera mi hermana»

Otra característica importante es el fuerte impulso que tienen las personas que padecen este trastorno de adquirir y guardar objetos.

«No es solo el caos que podemos ver sino también esa urgencia de comprar cosas o recoger cosas gratis, o de guardar objetos que llegaron de forma pasiva a su vida», le dice a BBC Mundo Christiana Bratiotis, profesora asociada de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Columbia Británica, en Canadá.

«Los quieren preservar por las creencias que tienen respecto a estos objetos y por la fuerte conexión emocional que tienen con estos».

Bratiotis cuenta que algunos de sus pacientes pueden decirle cosas como por ejemplo: «Esta colección de objetos significa tanto para mí como mi hermana. Y desprenderme de ella sería como cortar todos los lazos con ella».

Cocina de un acumulador compulsivo

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

«Representa parte de su identidad», explica.

A esto se le suma la creencia de que, algún día, pueden llegar a necesitar estos objetos, ya sea para el uso para el que están destinados, para uno alternativo o como parte de un proyecto creativo.

Los peligros de acumular

Los peligros para la salud de no abordar este problema son múltiples y más serios de lo que aparentan, empezando por los físicos.

«La acumulación compulsiva puede dar lugar a todo tipo de ambientes peligrosos: riesgos de incendios, de caídas, de lesiones y un riesgo tremendo de infestación que aumenta la posibilidad de desarrollar enfermedades como el asma», nota Chasson.

En términos de salud mental, deja a quienes lo sufren aislados socialmente: guardan el secreto de una condición «estigmatizada por la sociedad, que lo interpreta como un problema de pereza, inmoralidad o carencia de estándares personales y no lo entiende como uno de salud mental», argumenta Bratiotis.

Continuum

Si bien muchos podemos identificarnos con la tendencia a conservar objetos ya sea porque son bellos, por si acaso, porque nos traen lindos recuerdos o porque pensamos que podemos encontrarle algún tipo de utilidad -desde el punto de vista evolutivo somos en esencia cazadores recolectores y tendemos a traer y conservar objetos en nuestra vida- eso no nos convierte necesariamente en acumuladores compulsivos.

Casa de un acumulador compulsivo

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Es importante entender que es un comportamiento y, como tal, «ocurre en un continuum, que va desde leve hasta severo», explica Bratiotis.

¿Cuándo estamos ante un caso de acumulación compulsiva o simplemente frente una persona con «alma de coleccionista»?

«A veces es una línea difícil de trazar», señala Chasson, «pero se convierte en un problema y en algo diagnosticable cuando causa impedimentos o angustia en el individuo o en quienes están a su alrededor».

También cuando la actividad diaria dentro del hogar se ve imposibilitada por el desorden y la acumulación.

Probablemente tengas en tu cabeza la imagen de una vivienda repleta hasta el techo de cosas inútiles, donde no cabe un alfiler, con una montaña de objetos acumulados que apenas deja espacio para que su dueño -una persona de mediana edad o mayor- pase por la puerta.

No es desacertada, pero estos son los casos más extremos, y los que llegan -por razones obvias- a las noticias y programas de televisión.

Para hacerte una imagen más precisa puedes referirte a la foto de abajo, que es uno de los recursos que se utilizan para evaluar cuándo la tendencia a acumular se ha convertido en un problema de salud mental.

Imagenes para evaluar acumulación compulsiva

FUENTE DE LA IMAGEN – FROST RO, STEKETEE G, TOLIN DF, RENAUD S.

Es parte de una serie de imágenes que muestran 9 fotos de una sala, 9 de una cocina y 9 de una habitación, ordenadas de 1 a 9 según la cantidad de objetos acumulados (1 es sin desorden, 9 es el grado más severo).

Provienen de un estudio publicado en el Journal of Psychopathology and Behavioral Assessment en 2008, e indican que, por encima de 3, estamos ante la presencia de un acumulador compulsivo.

Causas

La acumulación de objetos, sin embargo, es solo la manifestación del problema, la cara obvia.

«Por debajo del desorden, tanto metafórica como literalmente hay partes de este problema que son menos visibles, pero que son no obstante impulsores muy importantes para el desarrollo de este comportamiento», explica Bratiotis.

Hay ciertos rasgos de personalidad -la dificultad para tomar decisiones, el perfeccionismo y la procrastinación- que, cuando se combinan, pueden predisponer a un individuo a desarrollar el síndrome de acumulación compulsiva.

Padre e hijo con una colección de autos

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

A diferencia de un coleccionista que conserva y organiza un tipo de objeto muy específico, un acumulador compulsivo guarda todo tipo de cosas que almacena de forma caótica.

«Sabemos que estas personas toman decisiones más lentamente y cuestionan su decisión casi inmediatamente después de tomarla», dice.

No hay una causa única que de lugar a este desorden. «No es solo la biología evolutiva, no es solo la genética, o la neurobiología, pero todas esas cosas juegan un rol», dice la investigadora.

«Sabemos que el cerebro de un acumulador compulsivo funciona de manera diferente», explica Bratiotis y acota que estas diferencias fueron observadas en tomografías computarizadas, realizadas en personas a las que se les pedía realizar tareas que involucraban acomodar y descartar posesiones.

«Entendemos que la combinación de estas causas con algunas experiencias de vida y en particular experiencias alrededor de la pérdida es lo que impulsa este problema», agrega, que pese a volverse obvio en la mediana edad, comienza a desarrollarse en la infancia o en la adolescencia.

«Las investigaciones sugieren que en más del 50% de los casos el problema surge entre los 11 y 20 años de edad», señala Bratiotis.

«Puede manifestarse con cosas como guardar objetos que otros consideran basura, pero sobre todo el proceso de pensamiento y las creencias que hay alrededor de ellos», le dice a BBC Mundo Chasson.

Lo que ocurre es que se vuelve obvio más tarde, añade el psicólogo, porque los niños tienen gente que ordena por ellos y uno no tiene realmente la posibilidad de coleccionar y almacenar cosas hasta más tarde en la vida.

Tratamiento

Hasta la fecha, no hay una cura. Pero el tratamiento más promisorio es la terapia cognitivo-conductual especializada en el trastorno de acumulación compulsiva.

El objetivo de la TCC en sentido amplio es cambiar la forma de pensar de las personas para modificar su comportamiento y mejorar cómo se sienten.

«Los resultados han sido moderados. No son irrelevantes, pero no completamente exitosos», comenta Bratiotis.

Mujer con bolsas de compras.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Algunos acumuladores sienten la urgencia de comprar cosas.

También se busca hacer «intervenciones para reducir la severidad y el impacto de sus consecuencias, y mejorar la calidad de vida (de la persona que sufre el trastorno) y mantener los logros», explica Chasson.

«Y hay otras modalidades como grupos de autoayuda con facilitadores o distintas aproximaciones de grupo», añade.

Asimismo, hay mucho que la familia o los seres queridos pueden hacer para ayudar.

Primero, debes acercarte al problema «con empatía y calidez, en vez de asumir una posición acusatoria, diciendo Yo en vez de Tú», comenta Bratiotiss, dando el siguiente ejemplo:

«Puedes decir ‘Yo estoy preocupada por ti viviendo en esta casa, porque sé que estas pasando por algo difícil y no puedes usar este pasillo porque está bloqueado y yo no quiero te caigas’. Es muy diferente a decir ‘Tú necesitas despejar este pasillo porque te vas a caer'».

Es importante también reconocer que por más buenas intenciones que tengan, los amigos y familiares no siempre son las personas más indicadas para brindar ayuda, añade.

Aún así, pueden ofrecerle al acumulador apoyo para buscar y conseguir una intervención externa.

Entretanto Edward Brown, el acumulador de Blackburn, está luchando por mejorar su situación y ha contribuido a crear un grupo de ayuda en su ciudad, para ayudar a otras personas en condiciones similares.

Él dice que le «emociona apoyar a los acaparadores compulsivos y ver cómo mejoran su vida».

Imagen de portada: Edward Brown tiene conciencia de su problema y está tratando de superarlo y ayudar a otras personas en su misma situación.

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo. Por Laura Plitt. Junio 2022

Sociedad y Cultura/Salud/Salud Mental

 

 

 

 

 

 

 

 

Cómo cambia el cerebro ante un trauma.

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¿Qué ocurre en el cerebro cuando se produce el trauma?

Salvando las diferencias, podemos decir que el cerebro es una máquina increíble que ejecuta una gran cantidad de tareas, siendo su principal objetivo garantizar la supervivencia y la integridad del organismo. Para hacerlo, pone en marcha una serie de mecanismos, la activación del sistema nervioso simpático y la secreción de hormonas de estrés que desembocan en una respuesta de huida o de confrontación, todo con el fin de suprimir una amenaza.

Seguramente, bajo determinadas condiciones, habrás sentido cómo tu corazón late muy fuerte. Tu cerebro produce cambios en determinadas variables, como la tensión arterial o la frecuencia cardiaca, que preparan a tu cuerpo para luchar o huir, y así ponerte a salvo. Se trata de una estrategia efectiva que garantiza la supervivencia de los organismos y les lleva a superar grandes amenazas.

El problema surge cuando interpretamos que esa amenaza es demasiado grande para salvarla con las opciones con las que contamos. Este tipo de situaciones son cada vez más frecuentes, pues nuestro estilo de vida en ocasiones hace imposible alejarnos de la fuente de la amenaza, al tiempo que nos expone a experiencias de carga emocional negativa de alta intensidad.

Cuando la amenaza se mantiene, los mecanismos del cerebro también intentan encontrar una salida, consumiendo en el proceso una buena cantidad de energía. A continuación, veremos los cambios orgánicos más significativos que se producen en estas situaciones.

La amígdala cerebral, nuestro centro de operaciones emocional

La amígdala es una estructura cerebral formada por un grupo de neuronas que está ubicada en la parte más profunda de los lóbulos temporales y que cumple la función de procesar reacciones emocionales y contribuir a la creación de recuerdos asociados a dichas reacciones. Se activa al momento de experimentar una emoción y genera aprendizajes que la vinculan con el suceso que la ocasionó.

Gracias a esta estructura, podemos aprender qué situaciones nos producen alegría y cuáles nos causan enfado o alegría. También participa en el procesamiento del miedo y, por lo tanto, es clave en la activación del sistema de respuesta ante una amenaza y la puesta en marcha de la respuesta de huida o lucha.

Cuando una experiencia llega a ser traumática, la respuesta de la amígdala es intensa y sostenida, lo cual hace que la respuesta de miedo sea más fuerte y acaba inundando el aprendizaje emocional relacionado al evento.

El cerebro se volverá más propenso a interpretar el contexto como una amenaza, responderá con mayor intensidad y le restará peso a contenidos emocionales positivos. Aunque el evento traumático ya haya pasado, la amígdala actuará como si la amenaza persistiera. Esto transforma el funcionamiento del cerebro y su relación con el medio.

El hipocampo, un escriba de nuestra memoria

El hipocampo es una estructura cerebral que se encuentra al interior del lóbulo temporal. Como curiosidad, su nombre se lo debe a su forma parecida a un caballito de mar, pero es mucho más interesante que eso. Ha sido ampliamente estudiado para conocer sus funciones exactas y se ha descubierto que tiene un papel crucial en la formación de nuevos recuerdos.

Se ha observado que tras una exposición prolongada a estrés emocional, el volumen del hipocampo puede reducirse, se inhibe la creación de nuevas neuronas y la activación de las ya existentes. El estrés producido por una experiencia traumática puede afectar el correcto funcionamiento de esta importante estructura cerebral, generando problemas a los procesos de aprendizaje y de memoria.

A nivel funcional, un hipocampo comprometido dificulta el almacenamiento de nuevos recuerdos y con ello, aumenta el peso de los recuerdos negativos asociados a la experiencia traumática.

La corteza prefrontal, el piloto de la nave

Se trata de una de las partes más importantes de nuestro cerebro. Dentro de sus funciones se encuentran la planeación, la toma de decisiones, la adaptación a convenciones sociales, la interpretación de información, el control de impulsos, la resolución de problemas, entre otras. Su correcto funcionamiento es esencial para la vida cotidiana, la personalidad y el aprendizaje.

El estrés sostenido, producto de una experiencia traumática, puede reducir el volumen de la corteza prefrontal y el número de interconexiones con otras áreas del cerebro. Esto impacta negativamente en la capacidad para resolver problemas y adaptarse a las exigencias habituales del entorno.

Por si fuera poco, la afectación de la corteza prefrontal aumenta la vulnerabilidad ante otras patologías, como los trastornos de ansiedad, del estado de ánimo y enfermedades degenerativas del cerebro.

Un macabro círculo vicioso

Tal vez ya lo has notado a estas alturas. Los cambios en las tres áreas del cerebro descritas no son independientes entre sí. Es común que las distintas áreas del cerebro cooperen para su funcionamiento, por lo cual el daño en una puede impactar en las funciones de muchas otras.

Los efectos negativos en la corteza prefrontal impide resolver problemas y manejar emociones negativas en forma adaptativa. Esto a su vez aumenta la intensidad de la activación de la amígdala por dichas emociones, e interfiere con la función del hipocampo en el almacenamiento de nuevos recuerdos.

El daño producido a nivel cerebral por una experiencia traumática crea un ciclo que lo hace retroalimentarse continuamente.

En conjunto, los cambios producidos en el cerebro por causa del trauma pueden dar lugar a síntomas y trastornos graves:

  • Insomnio.
  • Irritabilidad.
  • Problemas de atención.
  • Dificultades de aprendizaje.
  • Problemas de memoria.
  • Ansiedad.
  • Falencias en las relaciones interpersonales.
  • Reexperimentación de la experiencia traumática.

También pueden ocasionar la aparición de psicopatologías, de las cuales la más evidente es el trastorno por estrés postraumático, pero no se limita solo a él. El compromiso de las estructuras cerebrales por un suceso traumático también puede desembocar en trastornos de ansiedad y del estado de ánimo.

El funcionamiento del cerebro cambia a partir de la experiencia traumática y los efectos negativos pueden continuar afectando las estructuras neuronales. Ante la continua percepción de una amenaza, el cerebro seguirá intentando protegerse, pero al hacerlo terminará causándose más daño. Esto lleva a una conclusión sencilla, pero muy importante a nivel de salud mental y bienestar: el trauma no se arreglará solo.

Una experiencia traumática puede alterar el funcionamiento del cerebro. Al hacerlo puede terminar deteriorando lo que somos y la forma en la que nos relacionamos con los demás.

Al reconocer este tipo de afectación y el peligro que conlleva para nuestro cerebro, es fundamental buscar ayuda. Un tratamiento oportuno puede llevarnos a sobrellevar la experiencia traumática y detener así sus efectos negativos en las estructuras cerebrales. Y gracias a la impresionante plasticidad de nuestro cerebro, podemos guardar grandes esperanzas de una recuperación completa.

Como diría Lisa Simpson, debemos cuidar a nuestro cerebro, pues es el mejor amigo que podemos tener.

Imagen de portada: Gentileza de La Mente es Maravillosa.

FUENTE RESPONSABLE: La Mente es Maravillosa. Junio 2022

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