El desastre del caza ‘invisible’ ruso de ‘Top Gun’ explica por qué no aparece en Ucrania.

OTRA ARMA DEL FUTURO CON PROBLEMAS

El temido caza ruso Su-57 Felón, otra arma del futuro de Putin, tiene múltiples problemas técnicos que lo mantienen alejado del conflicto ucraniano.

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El caza ‘invisible’ Sukhoi Su-57 es una de esas armas futuristas invencibles sobre las que Vladímir Putin fanfarroneaba en la televisión, asegurando que eliminaría a los F-22 y F-35 americanos como si fueran aviones de papel. 

Desgraciadamente para él, la guerra de Ucrania ha demostrado una vez más que la supuesta vanguardia tecnológica rusa es una chapuza. Es cierto que el Sukhoi Su-57 —alias Felón, según la OTAN— es invisible, sí, pero solo en Ucrania. Porque Rusia no lo está volando sobre ese campo de batalla, según los expertos militares, por miedo. Porque ni es ‘invisible’ ni ‘furtivo’ y ni siquiera está plenamente operativo.

Según Wesley Cup, experto en las Fuerzas Armadas rusas, ahora mismo solo hay 10 unidades de este caza que metía tanto miedo a los pilotos de la película ‘Top Gun Maverick’, comandados por un Tom Cruise que al final termina derribando dos Felones con un avión de los años 70, algo virtualmente imposible que quizá sea una referencia velada al lamentable estado de la tecnología rusa. Las razones son varias.

Cúmulo de problemas y retrasos

Para empezar, afirma Cup, el proyecto estrella del Sukhoi Design Bureau y el Ejército ruso ha tenido problemas desde que comenzó su desarrollo en 2002. El coste sobre el presupuesto original se ha disparado a medida que los problemas técnicos se acumulaban. Los indios, que en un principio estaban poniendo dinero y recursos de ingeniería en el proyecto, lo abandonaron en 2018 porque sabían que no iba bien y no estaban de acuerdo con los rusos.

Otra vista de un prototipo del Su-57 Felón en la feria aeroespacial de Moscú de 2011. (Dmitry Zherdin/CC)

Uno de esos problemas son las superficies supuestamente ‘invisibles’ al radar. Los rusos han tenido serias dificultades para unirlas, hasta el punto de que, en 2019, uno de los aviones de prueba se estrelló por problemas de las superficies de control de la cola. El resultado es un avión que no es tan ‘furtivo’ como los F-22 y F-35 americanos ni el J-20, que China sí está produciendo.

Otro han sido los motores, otro desastre con problemas de fabricación industrial. Inicialmente, los rusos iban a utilizar la segunda generación de sus motores más avanzados, los Saturn Izdeliye 30. Las pruebas demostraron que estas máquinas tenían numerosos fallos y no eran aptas para este supuesto caza de quinta generación. El resultado fue su sustitución por motores menos potentes y con mayor peso, los Saturn AL-41F1 que llevan los actuales Su-35 que sí realizan misiones en cielo ucraniano.

Frontal del ‘caza invisible’ chino J-20.

A esto hay que unir los bloqueos tecnológicos por la invasión de Crimea en 2014, que afectaron el acceso a componentes extranjeros usados en el Su-57, ralentizando aún más el ritmo del proyecto hasta casi estrangularlo. Los supuestos sistemas de radar y electrónicos avanzados —que Rusia dice son superiores a los americanos, a pesar de que solo el F-35 estadounidense tiene una visión de 360 grados, y están integrados con el resto de unidades del campo de batalla— no pueden funcionar sin los semiconductores internacionales que los rusos no producen. Esto les obligaría al contrabando de componentes, algo que lleva aparejado más riesgos y retrasos.

¿Arma del futuro o del futurólogo?

Con las nuevas sanciones resultantes de la invasión actual, parece imposible que Rusia pueda sacar al Su-57 Felón de lo que es efectivamente un programa de prueba con menos de una docena de aviones disponibles. No es de extrañar que no los quieran utilizar sobre Ucrania, donde nunca se les ha visto a pesar de las afirmaciones de la propaganda rusa. Los medios oficiales del Gobierno de Putin dicen que el Su-57 ha intervenido en la guerra, pero los expertos militares internacionales coinciden en que, si realmente lo han hecho, ha sido para lanzar misiles crucero de largo alcance desde territorio ruso, muy lejos de las baterías de defensa y los notablemente inferiores cazas MiG de los ucranianos, dos generaciones por detrás de estos Felones. Para eso no hacen falta aviones furtivos de quinta generación.

El F-35 norteamericano en un ‘show’ aéreo en Berlín.

A pesar de estos hechos y problemas conocidos, esos mismos canales de propaganda presumen de tecnologías en el Su-57, como un ‘escudo láser’ antimisiles, un sistema que supuestamente utiliza un rayo láser modulado para confundir a los misiles enemigos con sensores infrarrojos e incrementar su probabilidad de supervivencia en un encuentro con los F-35. 

También afirman, apunta Cup, que el Ejército del aire recibirá 22 unidades en 2024 y 76 en 2028, algo que califica como una “predicción extremadamente optimista basándonos en el actual ritmo [del proyecto]”. Para comparar, los expertos militares estiman que China puede tener ya unos 150 aviones J-20 operativos a pesar de sus problemas de producción. 

Los americanos tienen activos 187 F-22 y 450 F-35, con un objetivo de 2500 en 2040. Incluso las más optimistas de las predicciones rusas palidecen ante estos números. Entre las feroces sanciones occidentales y los problemas técnicos, parece que esta arma de Putin sí será futurista, en el sentido de que no parece que vaya a estar realmente operativo en números significativos hasta un futuro lejano, quizá la década que viene o la siguiente. Si es que lo consiguen. Y esa es precisamente la diferencia entre anunciar y tener un arma del futuro que al final resulta un arma de la Bruja Lola.

Imagen de portada: El Sukhoi Su-57 en vuelo. (Anna Zvereva/CC)

FUENTE RESPONSABLE: El Confidencial. Por Jesús Díaz

Sociedad/Conflicto Rusia-Ucrania/Aeronáutica/Sector Militar

Cómo opera el “ejército en la sombra” de Ucrania, los partisanos tras las líneas enemigas rusas.

Mientras el Ejército ucraniano intensifica sus ataques sobre Jersón como antesala a la ofensiva para recuperar la región, otra fuerza trabaja en paralelo.

Se trata de un «ejército en la sombra» leal a Kyiv, una red de agentes e informadores que operan tras las líneas enemigas.

La BBC habló con estos combatientes. Un viaje que incluyó un recorrido a través de un paisaje de campos de girasoles amarillos y cielo azul hasta Mykolaiv, la ciudad más importante controlada por Ucrania al oeste de Jersón y que se ha convertido en el cuartel general de los partisanos en el frente sur.

Al atravesar los puestos militares de control se ven carteles gigantes en las carreteras que muestran una figura sin rostro y encapuchada junto a una advertencia: «En Jersón los partisanos lo ven todo». La imagen está pensada para poner nerviosos a los ocupantes rusos y levantar la moral de quienes viven atrapados bajo su dominio.

«La resistencia no es un grupo, es resistencia total», insiste el hombre que está frente a mí, con la voz ligeramente amortiguada por una máscara negra que se ha subido del cuello para que no pueda ver su rostro mientras lo filmamos en una habitación que no puedo describir. Lo llamaré Sasha.

Preparándose para el peor escenario

Poco antes de que la guerra estallara, Ucrania reforzó sus Fuerzas Especiales en parte para construir un movimiento de resistencia. Incluso publicó un folleto en PDF sobre cómo ser un buen partisano, con instrucciones sobre actos subversivos como pinchar los neumáticos de los vehículos de los ocupantes, añadir azúcar a sus depósitos de gasolina o negarse a seguir las órdenes en el trabajo. «Quéjate de todo», es una de las sugerencias.

Un cartel de la resistencia ucraniana

Uno de los carteles que advierte a los «colaboracionistas» que «En Jersón: Los partisanos ven todo».

Pero el equipo de informadores de Sasha tiene un papel más activo: seguir los movimientos de las tropas rusas dentro de Jersón.

«Digamos que ayer vimos un nuevo objetivo, entonces lo enviamos a los militares y en uno o dos días ha desaparecido», explica, mientras vemos algunos de los videos que envía cada día desde la región vecina. Uno de ellos lo grabó un hombre que pasó por delante de una base militar y filmó vehículos rusos; otro es de las imágenes de las cámaras de seguridad al paso de los camiones rusos pintados con sus gigantescas Z.

Sasha describe a sus «agentes» como ucranianos «que no han perdido la esperanza en la victoria y quieren que nuestro país sea liberado».

«Por supuesto que tienen miedo», admite, aunque agrega: «Pero servir a su país es más importante».

Junto a Sasha trabaja un equipo que vuela aviones no tripulados en Jersón para detectar objetivos para los militares. Son civiles, no soldados, todos son voluntarios y recaudan fondos en las redes sociales para pagar sus costosos equipos.

El responsable cultivaba plantas decorativas antes de la guerra, pero Serhii cuenta que se unió a la lucha para liberar el sur después de ver los cadáveres de civiles ejecutados en Bucha durante la ocupación rusa en esa zona. «No podía quedarme en casa después de eso», dijo.

La tarea que eligió en su lugar es extremadamente peligrosa. Su equipo de cuatro personas es bombardeado por los rusos cada vez que sale, aunque nadie ha muerto. «Sé que hasta cierto punto es una cuestión de azar», afirma Serhii encogiendo sus hombros y esbozando una sonrisa. «Pero si me pasa a mí sabré que fue por una buena causa».

El partisano Serhii sentado en un edificio en ruinas

Serhii se unió a la resistencia ucraniana luego de conocer lo ocurrido en la localidad de Bucha, vecina de Kyiv.

Impedir la anexión

Los partisanos luchan para evitar que el dominio ruso sobre Jersón sea permanente, obstaculizando el referéndum que Moscú parece estar planeando organizar en la zona. Rusia ya ha introducido su moneda, el rublo, sus redes de telefonía, y está haciendo llegar su propaganda desde los canales de televisión estatales a los hogares ucranianos, mientras que los periodistas locales han huido o están en el campo de batalla.

El jefe en funciones de la región, Dmytro Butrii, ahora exiliado en Mykolaiv, insiste en que una votación sobre la adhesión a Rusia sería una «falsedad total» y no sería reconocida por ningún gobierno «civilizado».

Hoy en día eso no le importa mucho a Moscú.

Para Rusia, la región es estratégica: es la fuente de agua para Crimea, que se anexionó ilegalmente en 2014, y el último tramo de un muy discutido «puente terrestre» con la península.

El jefe de la ocupada región de Jersón

El jefe de la región de Jersón, Dmytro Butrii, ahora exilado en la zona controlada por Kyiv, califica de «farsa» cualquier referendo organizado por Moscú.

Contra los colaboracionistas

Algunos lugareños han cambiado de bando para ayudar a los rusos. Por eso, el equipo de Sasha está construyendo una base de datos de esos «colaboradores». «Es para que nadie pueda alegar después que estuvo con la resistencia», explica.

Pero también buscan intimidar. Los partisanos pegan carteles amenazantes en el exterior de las casas de los colaboradores con diseños que incluyen la cara de la persona y un ataúd, o un cartel de «Se busca» que ofrece grandes recompensas por su muerte. Los activistas fotografían entonces los resultados para enviárselos a Sasha.

«Hay muchas pintadas y carteles contra la ocupación en las calles (…) Eso demuestra que hay mucha gente que no tiene miedo: en una ciudad con patrullas militares por todas partes, se las arreglan para imprimir folletos y pasearse con pegamento cuando podrían detenerlos en cualquier momento y las cosas acabarían muy mal», relata Sasha.

También se han registrado intentos de asesinato contra los que se han unido a los invasores. Un bloguero fue tiroteado, un funcionario de la administración instalada por los rusos fue asesinado y otros han resultado heridos con coches bombas. Las figuras más destacadas que han cambiado de bando llevan ahora un chaleco antibalas como norma. Los entrevistados niegan alguna vinculación con estos hechos, pero no los condenan.

«Aparte de traidor y escoria, no tengo otras palabras para ellos», dice Sasha, quien justifica: «Son nuestro enemigo».

¿Liberación u ocupación?

El presidente ruso Vladimir Putin sigue afirmando que la invasión de Ucrania es una operación de «liberación», pero en Jersón sus tropas gobiernan a través de la fuerza y el miedo.

El partisano Sasha

La corresponsal de la BBC en Ucrania entrevistando al líder partisano Sasha.

Desde que las fuerzas rusas se hicieron con la región en marzo, cientos de personas han sido detenidas, muchas de ellas torturadas. Algunos han desaparecido, sin que se sepa nada de ellas durante semanas. Otros han sido hallados muertos o devueltos a sus familiares en bolsas para cadáveres.

Fuentes del interior de la ciudad describen a los soldados patrullando las calles y a los autobuses detenidos al azar para revisar a todos los que están dentro. El más mínimo indicio de apoyo al gobierno ucraniano, tan pequeño como un mensaje o una foto en tu teléfono, puede provocar un arresto.

Cada vez que Oleh sonríe en el espejo, los espacios donde estaban sus dientes son un recordatorio de las palizas que sufrió mientras era interrogado por los rusos. Cuenta que también le rompieron siete costillas, tres de las cuales aún no se han curado. Su nombre no es realmente Oleh, pero es el que se le da para proteger su identidad.

Miembro de la resistencia, fue testigo de la tortura de otro prisionero, Denys Mironov, quien murió a manos de los rusos.

Oleh relata con escalofriante detalle lo que ocurrió después del 27 de marzo, cuando él y Denys fueron secuestrados en la calle. Asegura que sufrió constantes palizas en las primeras horas de su cautiverio, con descargas eléctricas y asfixias, así como amenazas de muerte. Está seguro de que sus interrogadores eran del FSB, el heredero de la KGB soviética.

Reconoce que hubo momentos en los que contempló la posibilidad de acabar con su vida, y llegó a atacar a un guardia para que le dispararan.

Un cartel de la resistencia ucraniana

Uno de los carteles de la resistencia que está en una carretera de Ucrania y que dice: «Zaporizhzhia, tierra de muerte para los invasores»

«Buscaban nazis, así que me golpearon porque soy calvo. Pensaban que habían cogido a un maldito nazi. Cuando me desnudaron, vieron que tenía calzoncillos de los Simpsons, así que dijeron que era un agente estadounidense y me castigaron por ello», relata.

Un mes antes, cuando los rusos invadieron el país, Oleh y Denys se habían unido a la defensa territorial, el Ejército de voluntarios de Ucrania. 

Pero gran parte de los militares fueron liquidados con las primeras explosiones y las fuerzas que quedaban en Jersón se vieron rápidamente superadas. Así que los hombres se convirtieron en partisanos, trabajando contra los rusos desde dentro.

«Obtuvimos información sobre dónde se encontraban sus fuerzas y cuándo se movían, y se la pasamos a los militares», explica Oleh, quien asegura que estuvo involucrado en muchas más actividades de las que no puede hablar.

Otro partisano describe cómo ayudó a las fuerzas ucranianas a escapar en botes a través del río Dnipro cuando estaban rodeados, y cómo robó armas a los rusos. «Te contaré el resto cuando ganemos», dice riendo.

Algunos detenidos no vuelven con vida

Denys, un hombre de 43 años con esposa e hijo y un negocio de frutas antes de la guerra, empezó a conducir una furgoneta por Jersón para repartir comida y de paso recabar información sobre el enemigo. Él y Oleh también recogieron armas, preparándose para unirse a la esperada contraofensiva ucraniana. Sin embargo, fueron detenidos y torturados.

La BBC pidió al FSB que explicara lo ocurrido a estos hombres y a otros, pero no respondió.

A mitad de la primera noche de cautiverio Oleh volvió a ver a Denys. Para entonces apenas podía caminar y le costaba respirar. Aun así, los guardias le golpearon más. «En la ingle, luego en la cara, después dos hombres con porras le bajaron los pantalones y empezaron a golpearle cerca de los riñones», dice Oleh.

Una foto de Denys Mironov

FUENTE DE LA IMAGEN – FAMILY HANDOUT

Denys Mironov, vecino de Jersón, pasó a engrosar la lista de víctimas de la ocupación rusa a la localidad ucraniana.

«Estaba claro que le habían perforado los pulmones y que estaba muy malherido», comenta. «Pero si se le hubieran ayudado, se podría haber evitado su muerte. Fue horrible».

El 18 de abril, los hombres fueron trasladados a una prisión en Crimea y, al día siguiente, Denys fue finalmente llevado a un hospital militar, donde Oleh pensó que se recuperaría.

La familia de Denys Mironov supo de su muerte un mes después de su detención, cuando fue devuelto a Ucrania como parte de un intercambio de cuerpos.

Muchas personas abandonaron Jersón poco después de que los rusos tomaran el control. El gobierno de Kyiv instó recientemente a otros a evacuar, advirtiendo que era inminente una operación militar para retomar la región. Pero salir no es fácil.

Las autoridades rusas limitan el número de vehículos que cruzan la línea del frente y sólo permiten entrar en las zonas controladas por Ucrania por la carretera que se dirige al norte de Zaporizhzhia. 

Los múltiples puestos de control militar que hay en el camino impiden el paso a los hombres ucranianos en edad de combatir. Incluso las mujeres y los niños se enfrentan a semanas de espera para conseguir una plaza en los autobuses de evacuación gratuitos, o a un precio exorbitante para conseguir una plaza en un coche privado.

Sin embargo, cientos de personas siguen huyendo cada día.

Los desplazados de Jersón

Los desplazados de Jersón en uno de los puntos de recepción instalados en la vecina región de Zaporizhzhia.

Lo que cuentan los desplazados

No se puede viajar a la ocupada Jersón, pero el estado de ánimo de los que huyen de ella revela muchas cosas sobre la vida allí. Incluso en el territorio controlado por Ucrania, la gente es cautelosa con lo que dice. «¿Verán esto los rusos?», quieren saber algunos de los recién llegados antes de que se les grabe. Otros sacuden la cabeza y se apartan del micrófono.

«Es difícil, los rusos están por todas partes», dice Alexandra, mientras hace rebotar a su bebé Nastya sobre sus rodillas en la parte trasera de un coche. 

Dentro de la tienda de campaña de ayuda, una mujer mayor está de pie con dos bolsas a sus pies, con aspecto perdido y solitario. Luchando con las lágrimas, Svitlana cuenta que huyó de Jersón porque tiene los nervios destrozados, pero que su marido se ha negado a acompañarla. «Dice que está esperando a que el Ejército ucraniano venga a liberarnos», dice.

Cuando empieza a caer la noche y llegan más vehículos, un hombre admite que su propia familia está huyendo de algo más que de los misiles. «Sabemos que la gente está desapareciendo, es cierto», me dice, sin dar su nombre. «En Jersón no se sale por la noche».

El peligro de los bombardeos ha aumentado en los últimos días a ambos lados de la línea del frente sur.

En Mykolaiv, los días suelen empezar con explosiones a partir de las 4 de la mañana. En el sur, las bases de lanzamiento rusas están tan cerca que la sirena de aviso sólo suena después del primer misil. Una mañana, refugiados en el sótano de un hotel, el equipo de la BBC contó al menos 20 explosiones en la ciudad, algunas lo suficientemente cerca como para hacer temblar el edificio.

Las ruinas de un edificio en Mykolaiv

El derruido edificio de la administración regional en Mykolaiv, el cual fue bombardeado por las fuerzas rusas.

Pero los ataques ucranianos también han aumentado, tanto en número como en impacto, ya que las armas más potentes suministradas por Occidente han llegado a la región y están marcando la diferencia. Los residentes de Jersón han registrado múltiples ataques contra depósitos de munición rusos. Los puentes que cruzan el Dnipro, incluido el Antonivskiy, también han sido atacados en múltiples ocasiones, interrumpiendo las líneas de suministro rusas.

La ofensiva para retomar la ciudad podría estar acercándose.

Sasha cree que muchos de los que siguen en la ciudad están dispuestos a luchar. Los entrevistados por la BBC dicen que el apoyo al gobierno ruso es mínimo y los registros, detenciones y palizas de los últimos meses lo han reducido aún más.

«Cuando el ejército empiece a invadir, la gente estará preparada y ayudará», sentencia Sasha.

Pese a su propia y brutal experiencia bajo custodia rusa, Oleh ya está de vuelta en el frente sur para luchar por su ciudad natal junto al ejército partisano de Ucrania.

«Pueden tomar el territorio, pero no pueden tomar a la gente», dijo. «Los rusos nunca estarán seguros en Jersón, porque la gente no los quiere allí. No los aceptan».

Imagen de portada: BBC News

FUENTE RESPONSABLE: Sarah Rainsford. BBC News, corresponsal en la Europa del Este. Hace 2 horas.

Conflicto Rusia-Ucrania/Ucrania/Sector Militar

 

 

 

 

 

 

El crucial rol de los drones en la guerra de Ucrania (y quiénes los suministran).

En la guerra de Ucrania se están utilizando miles de drones para detectar posiciones enemigas, lanzar misiles y disparar directamente la artillería.

Ambas partes están desplegando drones militares especialmente diseñados y drones comerciales ampliamente vendidos.

¿Qué drones militares tienen Ucrania y Rusia?

El principal dron militar de Ucrania es el Bayraktar TB2 de fabricación turca. Es aproximadamente del tamaño de un avión pequeño, tiene cámaras a bordo y puede armarse con bombas guiadas por láser.

Ucrania comenzó la guerra con una flota de «menos de 50» de estos, dice Jack Watling del grupo de expertos Royal United Services Institute (Rusi).

Rusia utiliza principalmente el Orlan-10 «más pequeño y básico», explica. «Rusia comenzó la guerra con algunos miles de ellos, y puede que le queden algunos cientos».

Estos drones también tienen cámaras y pueden transportar pequeñas bombas.

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¿Qué tan efectivos son los drones militares?

Los drones de ambos lados son más efectivos cuando se usan para encontrar objetivos enemigos y guiar el fuego de artillería hacia ellos.

«Las fuerzas rusas pueden apuntar con sus armas al enemigo en solo tres a cinco minutos después de que un dron Orlan-10 detecta un objetivo», indica Watling.

Sin ellos, un ataque podría tardar en llevarse a cabo entre 20 y 30 minutos, agrega.

Martina Miron, investigadora de estudios de defensa en el King ‘s College de Londres, dice que los drones han permitido a Ucrania estirar sus fuerzas limitadas.

«En el pasado, si querías buscar posiciones enemigas tenías que enviar unidades de fuerzas especiales a hacerlo y podías perder algunos soldados», señala. «Ahora, todo lo que estás arriesgando es un dron».

drones Orlan-10 de Rusia

FUENTE DE LA IMAGEN – EPA. Los drones Orlan-10 de Rusia pueden atacar en minutos el fuego de artillería de las posiciones enemigas.

En las primeras semanas de la guerra, los drones Bayraktar de Ucrania fueron ampliamente elogiados.

«Se les mostró atacando objetivos como depósitos de municiones, y jugaron un papel en el hundimiento del [buque de guerra] Moskva», dice Miron.

Sin embargo, muchos Bayraktars han sido destruidos por los sistemas de defensa aérea de Rusia.

«Son grandes, se mueven con relativa lentitud y vuelan solo a una altura media, lo que los hace fáciles de derribar», afirma Watling.

¿Cómo se utilizan los drones no militares?

Los drones militares son costosos de reemplazar: un solo Bayraktar TB2 cuesta alrededor de US$2 millones.

Entonces, ambas partes, pero especialmente Ucrania, están recurriendo a modelos comerciales pequeños, como el DJI Mavic 3, que cuesta alrededor de US$2.000.

BBC

Un fabricante de drones ucraniano estima que las fuerzas del país tienen 6.000 drones, pero es imposible confirmarlo.

Los drones comerciales pueden equiparse con bombas pequeñas.

Sin embargo, se utilizan principalmente para detectar tropas enemigas y ataques directos.

«Ucrania no tiene tanta munición como Rusia», señala Miron. «Tener ‘ojos en el cielo’ para detectar objetivos y dirigir el fuego de artillería significa que pueden hacer un mejor uso de lo que poseen».

Los drones comerciales son mucho menos potentes que los militares.

El alcance del DJI Mavic es de solo 30 km y solo puede volar durante 46 minutos.

Los drones más baratos y pequeños vuelan incluso menos tiempo y cubren distancias más cortas.

¿Cómo se defiende cada bando de los drones?

Rusia usa defensas de radar contra drones militares y dispositivos electrónicos contra los comerciales, dice Martina Miron.

«Las fuerzas rusas tienen el rifle Stupor, que dispara pulsos electromagnéticos», agrega. Esto impide que los drones comerciales puedan navegar usando GPS.

Las fuerzas rusas también han utilizado sistemas en línea como Aeroscope para detectar e interrumpir las comunicaciones entre los drones comerciales y sus operadores.

Pueden hacer que el dron se estrelle o regrese a la base, y pueden evitar que envíe información.

El dron ucraniano promedio apenas dura una semana, según un informe de Rusia.

¿Quiénes están suministrando drones?

Rusia ahora está comprando drones militares Shahid de Irán, según la Casa Blanca.

Las fuerzas rebeldes hutíes en Yemen los usaron para atacar objetivos en Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.

Estados Unidos está suministrando a Ucrania unos 700 drones militares «kamikaze» Switchblade.

Estos están cargados de explosivos. Flotan en el aire hasta que encuentran su objetivo.

BBC

La compañía SpaceX de Elon Musk está proporcionando su sistema de comunicaciones por satélite Starlink a Ucrania. Esto crea un vínculo seguro entre los drones comerciales y los operadores.

DJI ahora ha dejado de suministrar drones a Rusia o Ucrania.

¿Cómo paga Ucrania los drones?

Ucrania hizo un pedido de financiamiento colectivo para comprar 200 drones militares.

«Además de los drones grandes como el [Bayraktar] TB2, están buscando drones de reconocimiento pequeños y de alas fijas», afirma Jack Watling.

Kalush Orchestra, el grupo ucraniano ganador del Festival de la Canción de Eurovisión, vendieron el trofeo por US$900.000 que donaron a la campaña de drones. Con eso se comprarán tres drones PD-2 de fabricación ucraniana.

Imagen de portada: GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: Redacción BBC News Mundo. 28 de julio 2022

Conflicto Rusia-Ucrania/Drones/Sector militar/Guerra/Ucrania

 

 

 

 

 

Myanmar: “Me obligaron a torturar, violar y matar a gente inocente”.

Soldados del ejército de Myanmar han admitido haber matado, torturado y violado a civiles en varias entrevistas exclusivas con la BBC. Por primera vez, han brindado testimonios detallados de los abusos contra los derechos humanos que, según dicen, se les ordenó cometer.

Advertencia: esta historia contiene descripciones de violencia sexual y tortura.

«Me ordenaron torturar, saquear y matar a personas inocentes». Maung Oo asegura que pensó que lo habían reclutado en el ejército como guardia. Sin embargo, formó parte de un batallón que mató a civiles que se habían escondido en un monasterio en mayo de 2022.

Por favor; pincha el siguiente link para ver el video, si así lo deseas. Muchas gracias.

Lo que los militares en Myanmar no quieren que el mundo vea | Exclusivo BBC

«Nos ordenaron reunir a todos los hombres y matarlos a tiros», dice. «Lo más triste fue tener que matar a ancianos y a una mujer».

El testimonio de seis soldados, entre ellos un cabo, y de algunas de sus víctimas, ofrece una extraordinaria perspectiva sobre un ejército desesperado por aferrarse al poder. Todos los nombres de los entrevistados en esta historia han sido cambiados para proteger sus identidades.

Los soldados, que desertaron recientemente, están bajo la protección de una unidad local de las Fuerzas de Defensa del Pueblo (FDP), una red de grupos de milicias civiles que luchan por restaurar la democracia.

Los militares arrebataron el poder al gobierno elegido democráticamente que lideraba Aung San Suu Kyi en un golpe de estado el año pasado. Ahora trata de aplastar el levantamiento civil armado.

Una pagoda vista desde el aire.

El 20 de diciembre del año pasado, tres helicópteros sobrevolaron la aldea de Yae Myet en el centro de Myanmar, de los que saltaron soldados con órdenes de abrir fuego.

Al menos cinco personas diferentes, que fueron entrevistadas por separado, contaron a la BBC lo sucedido.

Aseguran que el ejército entró en el pueblo en tres grupos, disparando a hombres, mujeres y niños indiscriminadamente.

«La orden era disparar a todo lo que viéramos», dice el cabo Aung desde un lugar sin revelar de una parte remota de la jungla de Myanmar.

Según su testimonio, algunas personas se escondieron en lugares que pensaron eran seguros, pero cuando los soldados se acercaron, «comenzaron a correr y les disparamos».

El cabo Aung admite que su unidad disparó y enterró a cinco hombres. «También teníamos la orden de prender fuego a todas las casas grandes y decentes del pueblo», dice.

Los soldados desfilaron por el pueblo incendiando casas, al grito de: «¡Arde! ¡Arde!».

Él mismo prendió fuego a cuatro edificios. Los entrevistados dicen que unas 60 casas fueron quemadas, dejando gran parte del pueblo en cenizas.

Aldea de Yae Myet, región de Sagaing, Myanmar

La mayoría de los aldeanos habían huido, pero no todos. Una casa en el centro del pueblo todavía estaba habitada.

Thiha asegura que se había unido al ejército solo cinco meses antes de la redada. Como muchos otros, fue reclutado y no tenía formación. A estos reclutas se les conoce localmente como Anghar-Sit-Thar o «soldados contratados».

En ese momento le pagaban un salario decente de 200.000 khat de Myanmar (aproximadamente US$100) al mes. Recuerda con claridad lo que sucedió en esa casa.

Una casa quemada.

El tío de la chica dijo que estaba destrozado.Vio a una adolescente atrapada tras las rejas de una casa que estaban a punto de incendiar. «No puedo olvidar sus gritos, todavía puedo escucharlos en mis oídos y recordarlos en mi corazón», dice.

Cuando se lo dijo a su capitán, este respondió: «Te dije que mataras a todos los que veamos». Así que Thiha lanzó una bengala dentro de la casa.

El cabo Aung también estaba allí, y escuchó sus gritos mientras la quemaban viva. «Fue desgarrador escucharlo. La oímos durante unos 15 minutos mientras la casa estaba en llamas», recuerda.

La BBC rastreó a los familiares de la niña, y habló con ellos frente a los restos carbonizados de su casa.

Su pariente U Myint aseguró que la niña tenía un problema de salud mental y que la habían dejado en su casa mientras sus padres iban a trabajar. «Trató de escapar pero la detuvieron y dejaron que se quemara», dice.

No fue la única joven que sufrió a manos de estos soldados.

Thiha reconoce que se unió al ejército por dinero, pero que se sorprendió por lo que se vio obligado a hacer y las atrocidades que presenció.

Una chica cocinando.

Varias víctimas han contado sus testimonio a la BBC.. Se refiere a un grupo de mujeres jóvenes que arrestaron en Yae Myet.

El oficial se las entregó a sus subordinados y les dijo: «Hagan lo que quieran», relata. Los soldados violaron a las chicas, aunque él asegura que no participó. La BBC localizó a dos de estas mujeres.

Pa Pa y Khin Htwe cuentan que se toparon con los soldados en el camino cuando trataban de huir. Las chicas no son de Yae Myet, sino que habían ido a ver a un sastre allí.

A pesar de insistir en que no eran combatientes de las FDP y que ni siquiera eran del pueblo, fueron encerradas en una escuela local durante tres noches. Cada noche, sus captores, borrachos, abusaron sexualmente de ellas una y otra vez, relatan. «Me vendaron los ojos con un pareo y me empujaron hacia abajo, me quitaron la ropa y me violaron», dice Pa Pa. «Grité mientras me violaban».

Rogó a los soldados para que pararan, pero le golpearon en la cabeza y la amenazaron a punta de pistola.

«Tuvimos que aguantarlo sin resistirnos porque teníamos miedo de que nos mataran», dice su hermana Khin Htwe, temblando mientras habla.

Miedo

Estaban demasiado asustadas para ver bien a sus agresores, pero dicen que recuerdan haber visto a algunos vestidos de civil y otros con uniformes militares.

«Cuando capturaban a mujeres jóvenes», recuerda el soldado Thiha, «decían ‘esto es porque apoyas a las FDP’ mientras las violaban».

Al menos 10 personas murieron en el ataque a Yae Myet y ocho chicas fueron al parecer violadas durante un período de tres días.

Los brutales asesinatos en los que participó el soldado Maung Oo ocurrieron el 2 de mayo de 2022 en la aldea de Ohtake pho, también en la región de Sagaing.

Su relato sobre lo que hicieron los miembros de su 33ª División (División de Infantería Ligera 33), que reunieron y dispararon a varias personas en un monasterio, coincide con testimonios de testigos y unos videos inquietantes que la BBC obtuvo inmediatamente después del ataque.

El video muestra nueve cadáveres alineados, incluidos los de una mujer y un hombre de cabello gris, acostados uno al lado del otro. Todos llevan pareos y camisetas. Las imágenes indican que les dispararon por la espalda y a quemarropa.

Agujeros de bala en una pared.

El soldado que participó en la matanza asegura que se arrepiente.

La BBC también habló con aldeanos que fueron testigos de esta atrocidad. Identificaron a la joven del video que estaba tumbada junto al anciano. Se llamaba Ma Moe Moe y llevaba en brazos a su hijo y una bolsa que contenía algunas piezas de oro. Rogó a los soldados que no se llevaran sus cosas.

«A pesar de que llevaba un niño, saquearon sus pertenencias y la mataron a tiros. También pusieron en fila (a los hombres) y les dispararon uno por uno», dice Hla Hla, que estaba en el lugar pero se salvó.

El niño sobrevivió y ahora está al cuidado de unos familiares.

Hla Hla asegura que escuchó a los soldados jactarse por teléfono de que habían matado a ocho o nueve personas, que era «delicioso» matar a gente y lo describieron como «su día más exitoso hasta el momento».

Según cuenta, salieron del pueblo cantando «¡Victoria! ¡Victoria!».

Le dispararon en la cabeza

Otra mujer vio cómo mataban a su marido. «Le dispararon en el muslo, luego le pidieron que se acostara boca abajo y le dispararon en la nalga. Finalmente le dispararon en la cabeza», dice.

La mujer insiste en que él no era miembro de las FDP. «Era un trabajador de la palma que se ganaba la vida de manera tradicional. Tengo un hijo y una hija y no sé cómo seguir viviendo».

Maung Oo reconoce que lamenta sus acciones y por eso quiere contarlo todo. «Quiero que todos lo sepan para que eviten caer en lo mismo», señala.

Los seis soldados que hablaron con la BBC admitieron haber quemado casas y aldeas en distintos puntos del centro del país. Esto sugiere que se trata de una táctica organizada para desbaratar cualquier apoyo a la resistencia.

Se produce mientras algunos dicen que el ejército está teniendo problemas para mantener los diferentes frentes de esta guerra civil.

Pueblo de Bin, región de Sagaing, Myanmar

Myanmar Witness, un grupo de investigadores que rastrea violaciones de derechos humanos, ha verificado más de 200 denuncias de pueblos que han sido incendiados de esta forma en los últimos 10 meses.

Aseguran que el número de estos incendios está aumentando rápidamente, con 40 ataques en enero y febrero, seguidos de al menos 66 en marzo y abril.

Pueblos incendiados por el ejército de Myanmar

Datos del 1 de septiembre de 2021 al 22 de junio de 2022

Myanmar Witness. BBC

No es la primera vez que el ejército de Myanmar ha utilizado una política de tierra quemada. Se usó ampliamente contra los rohingya en 2017 en el estado de Rakhine.

Las regiones étnicas montañosas del país han sufrido este tipo de ataques durante muchas décadas. Algunos de estos combatientes étnicos ahora están ayudando a entrenar y armar a las FDP en esta guerra contra los militares.

La cultura de la impunidad, en la que se ha permitido a los soldados saquear y matar a voluntad, tal como lo han descrito los soldados, existe desde hace décadas en Myanmar, aseguran desde Human Rights Watch.

Rara vez se responsabiliza a alguien por las atrocidades presuntamente cometidas por los militares.

Sin embargo, el ejército de Myanmar tiene que contratar cada vez a más soldados y milicias debido a las deserciones y a los asesinatos que llevan a cabo las FDP.

Unas 10.000 personas han desertado tanto del ejército como de la policía desde el golpe de Estado de 2021, según Abrazo del Pueblo, un grupo formado por ex militares y policías.

Una casa en llamas.

«El ejército está teniendo problemas para mantener los diferentes frentes de esta guerra civil», asegura Michael Martin, del think tank Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.

«Están teniendo problemas de personal tanto en los rangos de oficiales como en los rangos de alistados, están teniendo muchas bajas, problemas con el reclutamiento, problemas para obtener equipos y suministros, y eso se refleja en el hecho de que parecen estar perdiendo territorio o su control en varias partes del país.»

Las regiones de Magway y Sagaing (donde ocurrieron los incidentes anteriores) están entre los lugares históricos de reclutamiento para el ejército de Myanmar. Pero los jóvenes aquí eligen ahora unirse a las FDP.

Un soldado fumando.

Seis soldados desertores han relatado sus vivencias a la BBC. El cabo Aung tiene claro por qué desertó: «Si pensara que los militares podrían ganar a largo plazo, no me habría cambiado de bando con el pueblo».

Dice que los soldados no se atreven a dejar sus bases solos por miedo a que las FDP los maten.

«Dondequiera que vayamos, solo podemos ir en forma de columna militar. No se puede decir que estemos dominando», dice.

La BBC presentó las acusaciones que se realizan en esta investigación al general Zaw Min Tun, portavoz del ejército de Myanmar. En un comunicado, negó que el ejército haya atacado a civiles y dijo que las dos redadas citadas aquí eran objetivos legítimos y que los muertos eran «terroristas».

Negó asimismo que el ejército haya estado quemando aldeas y asegura que son las FDP las que están llevando a cabo ataques incendiarios.

Es difícil saber cómo y cuándo terminará esta guerra civil, pero parece probable que millones de civiles de Myanmar queden traumatizados. Y cuanto más se tarde en encontrar la paz, más mujeres como Khin Htwe, víctima de una violación, serán vulnerables a la violencia.

Después de lo que le pasó, Khin Htwe asegura que no quería vivir, y consideró quitarse la vida. No ha podido contárselo a su prometido.

Imagen de portada:

FUENTE RESPONSABLE; Charlotte Attwood, Ko Ko Aung y Rebecca Henschke, Servicio Mundial de la BBC, 25 de julio 2022.

Birmania/Sector militar/Derechos Humanos