La masacre de Nankín durante la segunda guerra mundial.

Japón desató toda su ira contra la población china en Nankín en 1937, en el contexto de la guerra de expansión territorial que el Imperio del Sol naciente estaba llevando a cabo en China. Fueron 42 días de horror, en los que se cometieron enormes atrocidades, que Japón intentó silenciar.

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Las órdenes fueron claras: «Matad a todos los prisioneros». Con esta simple frase, el 13 de diciembre de 1937, el ejército imperial japonés masacró la ciudad china de Nankín. Ese ataque sucedió en el marco de una larga contienda que se estaba llevando a cabo en Asia –y que finalizó el 9 de septiembre de 1945–, que se conoce como segunda guerra sino-japonesa, la cual se inició dos años antes que la Segunda Guerra Mundial. El horror fue tal que se ha llegado a decir que si se unieran las manos de los asesinados en esa masacre se podría recorrer la distancia que separa Nankín de la ciudad de Hangzhou (a 200 kilómetros de distancia), que sus cuerpos podrían llenar 2.500 vagones de tren, que apilados podrían alcanzar la altura de un edificio de 74 plantas y que su sangre pesaría 1.200 toneladas.

LA CASA IMPERIAL, ¿CULPABLE DE LA MASACRE?

Los crímenes contra la humanidad acostumbran a asociarse al Tercer Reich, autor del Holocausto, pero la masacre cometida por el ejercito imperial japonés en Nankín es un episodio oscuro y controvertido que costó la vida a entre 100.000 y 3000.000 personas. Al grito de banzai, la actuación japonesa nos resulta escalofriante incluso para unos años en los que la humanidad descubriría los horrores de Auschwitz y del frente ruso. Sin embargo, ésta es una tragedia por la cual los libros de historia han pasado de puntillas y el gobierno japonés nunca ha pedido perdón por ello.

Se ha culpado a la Casa Imperial japonesa de tener responsabilidad en la masacre. De hecho, aunque el ejército japonés disponía de autonomía para tomar decisiones, el emperador Hirohito era el jefe supremo de las fuerzas armadas. Por otra parte, era el ejército el que mantenía en el poder al emperador y tal vez éste prefirió mirar hacía otro lado y no involucrarse. Otras fuentes apuntan a que el silencio imperial podría deberse a la aquiescencia de la Casa Imperial con la estrategia militar japonesa en China. Sea como fuere, la masacre de Nankín se enmarcó dentro de las políticas con tintes racistas de expansión que Japón impulsó para justificar su imperialismo, algo habitual entre las potencias coloniales. Así, se presentaban a la población china como una «raza inferior» que debía ser gobernada por Japón, y también se inculcaba entre la población nipona la idea de que lo más noble que podía hacerse era morir por el emperador. Así, si la vida de un soldado japonés valía poco, podríamos preguntarnos entonces qué valor tendría la vida de un enemigo al que se consideraba infrahumano.

Se presentaban a la población china como una «raza inferior» que debía ser gobernada por Japón, y también se inculcaba entre la población nipona la idea de que lo más noble era morir por el emperador.

Foto: CC

ASEDIO A UNA POBLACIÓN INDEFENSA

De hecho, la ciudad de Nankín no supo que estaba en guerra con Japón hasta el 21 de septiembre de 1937, cuando la aviación japonesa decidió bombardear la ciudad aprovechando que el general Chiang Kai-Shek dirigía las operaciones militares desde allí. Entre los dias 21 y 25 de ese mes, la ciudad sufrió continuos bombardeos en los que perdieron la vida 600 personas y multitud de edificios fueron derribados, entre ellos un hospital lleno de pacientes. Por si fuera poco, un campo de refugiados que se encontraba cerca de Nankín también fue bombardeado y murieron 100 personas.

El asedio a Nankín empezó el 7 de diciembre de 1937, cuando 240.000 soldados japoneses del X ejército del general Heisuke Yanagawa y del Cuerpo Expedicionario de Shángai del general HisaoTani se enfrentaron al ejército chino que sólo contaba con 80.000 efectivos. Ambos militares se hallaban bajo el mando del príncipe Yasuhiko Asaka, tío abuelo del emperador Hirohito y que sustituía al general Iwane Matsui, el cual había dejado claro que se debían respetar las vidas de los civiles, una orden que desgraciadamente no se cumplió. El ejército japonés propuso una tregua de 24 horas en la que se ofrecía a los militares chinos lo que los nipones consideraban un trato «aceptable y justo» a cambio de su rendición, pero el general Chiang Kai-Shek se negó en redondo y llamó a su ejército a una resistencia ultranza, con lo que condenó a Nankín a sufrir las consecuencias en caso de producirse una victoria japonesa.

Con fuerzas desiguales, el ejército chino al mando del general Chiang Kai-Shek no aceptó las condiciones para la rendición impuestas por los generales japoneses y Nankin quedó así condenada.

Un prisionero de guerra chino a punto de ser decapitado por un oficial japonés.

Foto: CC

EL INFIERNO EN LA TIERRA

Finalmente, el 13 de diciembre cesó cualquier tipo de resistencia organizada y el ejercito japonés entró en Nankín, desatando 42 días de auténtico infierno. El catálogo de horrores empezó cuando el ejército recibió la siguiente orden: «Todos los prisioneros de guerra han de ser ejecutados. Método de ejecución: dividir a los prisioneros en grupos de doce. Disparar a matar por separado». 

El ejército japonés acampaba a sus anchas por las calles, entrando en las casas, en los bancos, en los comercios… y disparaban al azar sin ningún miramiento: por la espalda, de frente, directo al corazón..

Quemar, masacrar, todo valía para llevar a cabo «las órdenes» recibidas. Durante ese tiempo, la crueldad alcanzó unas cotas difíciles de superar: se hicieron competiciones de decapitaciones o se enterraba a los prisioneros hasta la cintura para que fueran devorados por los perros. 

El río Yang-Tsé fue unos de los puntos donde la barbarie llegó a extremos inimaginables. Hasta sus orillas fueron conducidos varios miles de cautivos con las manos atadas a la espalda para ser tiroteados y que sus cadáveres cayeran al agua. A otros, para ahorrar munición, simplemente se los asesinaba atándolos a un árbol y clavándoles una espada o una bayoneta. Cerca de 12.000 prisioneros perdieron la vida en el conocido como «reguero de los diez mil cadáveres», una inmensa fosa de 300 metros de largo por cinco de ancho donde fueron asesinados y arrojados sus cuerpos; otros fueron ejecutados en la puerta de Taiping.

Durante 42 días la población china sufrió todo tipo de atrocidades a manos del ejército japonés y en particular las mujeres, a las cuales sometieron a violaciones en masa.

La población civil, y en particular la mujeres, fue quien más sufrió. Se considera que en el ataque a Nankín se llevó a cabo una de las mayores violaciones colectivas de la historia. Se calcula que entre 20.000 y 80.000 mujeres fueron violadas por el ejército japonés.

Después, eran asesinadas de las formas más brutales. En medio de todo este horror, un grupo de europeos y norteamericanos arriesgaron sus vidas para crear un corredor de seguridad, una zona natural para dar asilo a los ciudadanos chinos que huían de la barbarie. 

Dicha zona estaba liderada por John Rabe que, paradójicamente en representación de la Alemania Nacionalsocialista, era por aquel entonces el responsable del Comité Internacional en la Zona de Seguridad. Gracias a su actuación humanitaria fue considerado por la población china como «el Buda viviente de Nankín».

Foto: Cordon Press

UN ESCÁNDALO NEGADO POR JAPÓN

Al amanecer del 17 de diciembre de 1937, llegó a Nankín el general Iwane Matsui para relevar del mando al príncipe Yasuhiko Asaka y poner orden ante lo que ya la prensa empezaba a calificar como un escándalo internacional. 

Cuando Matsui entró en la ciudad y descubrió lo que había sucedido, sintió tal espanto y horror que no tuvo reparo en denunciar a 300 de los oficiales que habían participado en las matanzas. Abrió una causa judicial, pero ésta jamás se llevó a término porque sus superiores le trasladaron de inmediato a otro destino en un intento de tapar los crímenes, siguiendo las directrices del Estado Mayor en Tokio.

Cuando el general Iwane Matsui llegó a Nankín y comprobó las atrocidades cometidas denunció a 300 oficiales y abrió una causa judicial, aunque ésta nunca se llevó a término y el militar fue trasladado a otro destino de inmediato.

Nankín tardó meses en recuperar la normalidad. Los millares de cadáveres abandonados por las calles, los edificios humeantes y en ruinas nunca fueron grabados por la prensa internacional porque el gobierno japonés negó cualquier permiso para informar hasta que todo rastro de la barbarie hubiera sido eliminado. Cuando la ciudad fue reabierta, la administración fue puesta en manos de un gobierno títere liderado por Zihi Weiyuanhui.

Foto: Cordon Press

DAR LUZ AL DRAMA

A día de hoy, la tristemente conocida como Violación de Nankín sigue siendo un holocausto olvidado. Mientras que todo el mundo conoce el cruel destino de Ana Frank y el horror del Holocausto nazi, lo que ocurrió en Nankín sigue oculto entre las sombras. 

Unas sombras que la autora Iris Chang en su obra La violación de Nankín. El holocausto olvidado de la Segunda Guerra Mundial (editado en España por Capitán Swing Libros) desvela a través de tres historias: la de los soldados nipones, la de los civiles chinos y la de un grupo de europeos y norteamericanos que se negaron a abandonar la ciudad y lograron crear una pequeña zona de seguridad para salvar vidas. 

Es una buena oportunidad de conocer de primera mano esta historia escrita por una autora cuyo final también esta marcado por la tragedia: hay voces que dicen que Iris Chang se suicidó tras no superar una depresión, y otras apuntan al asesinato…

Imagen de portada: C.C.

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic.

Segunda Guerra Mundial/Japón/China/Masacre/Guerras

El guardaespaldas nazi de Eva Perón que terminó de granjero en Irlanda.

Otto Skorzeny fue uno de los soldados favoritos de Hitler, que cobró fama por el rescate de Benito Mussolini de un hotel en medio de los montes Apeninos en Italia, en el que permanecía preso, por el que el líder italiano se salvó de ser entregado a los Aliados.

Durante la Segunda Guerra Mundial lo llamaban «el hombre más peligroso de Europa».

Después del conflicto bélico viajó a Buenos Aires, Argentina, donde se convirtió en asistente del presidente Juan Domingo Perón y guardaespaldas de su mujer, Eva Perón, con quien –según rumores– tuvo incluso una relación romántica.

Así que cuando este hombre, que cargaba semejante hoja de vida, viajó a Irlanda en 1957 en un intento de convertirse en un sencillo granjero no dejó de despertar algunas suspicacias.

Sus 1,93 metros de estatura y 114 kilos de peso, pero sobre todo la enorme cicatriz que atravesaba su mejilla izquierda, lo convertían en una figura llamativa en la apartada localidad de Kildare, en el centro del país.

Los reportes de la prensa irlandesa de aquel entonces retrataban a Skorzeny como un «glamuroso hombre del espionaje», recuerda el periodista irlandés Kim Bielenberg.

«Fue presentado como el salvador de inocentes del Tercer Reich. El tono de los periódicos era más de admiración que de repudio», explicó Bielenberg.

Visa Irlanda

FUENTE DE LA IMAGEN -ARCHIVOS NACIONALES DE IRLANDA. Skorzeny intentó quedarse de forma permanente en Irlanda.

«Parecía que era respetado por sus proezas militares», añadió.

Sin embargo, el gobierno irlandés no se quedó tan tranquilo. Algunos parlamentarios comenzaron a buscar respuestas a algunas preguntas candentes: ¿qué estaba haciendo un tipo como él en Irlanda?, ¿quería iniciar actividades nazis en Irlanda?

Para saberlo habría que revisar un poco de su pasado.

El hombre más peligroso de Europa

Nacido en Austria en 1908, durante la Segunda Guerra Mundial Skorzeny ocupó varias posiciones destacadas.

En abril de 1943 fue puesto al frente de las fuerzas especiales alemanas, donde comandó un pelotón de élite de las SS (Escuadras de defensa del nazismo).

El 25 de julio de 1943, Hitler se enteró del secuestro de su aliado, el líder italiano Benito Mussolini, y le pidió a Skorzeny que se encargara del rescate del «Duce».

Durante varios meses «Caracortada» –como era llamado por su cicatriz– buscó información confiable sobre la ubicación de Mussolini.

Hasta que en el mes de septiembre de ese año logró dar con él: estaba en un hotel ubicado en una remota colina de los montes Apeninos, en el norte de Italia.

Proezas militares

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY. El rescate de Mussolini en septiembre de 1943 fue la mayor proeza de quien era conocido también como «Caracortada».

Con un ataque sorpresa efectuado por varios paracaidistas, desarmó sin lanzar un solo disparo a la guardia de carabineros que custodiaban al recién derrocado líder italiano y lo condujo sano y salvo a la capital austríaca, territorio nazi en aquel entonces.

Con semejante éxito, Skorzeny fortaleció su prestigio y fue ascendido a mayor.

El primer ministro británico Winston Churchill calificó el rescate como un acto de «gran audacia militar».

Juicio por crímenes de guerra

Hacia 1944, la Segunda Guerra Mundial seguía un curso desfavorable para el nazismo. La última misión importante de Skorzeny fue la batalla de las Ardenas, en diciembre de 1944.

Fue allí donde surgió una de las acusaciones más graves contra Skorzeny: intento de asesinato del general estadounidense Dwight D. Eisenhower, quien posteriormente se convirtió en presidente de su país.

Diez días después del suicidio de Hitler en mayo de 1945, Skorzeny se rindió ante un escuadrón estadounidense.

Estuvo en el banquillo de acusados en los juicios de Dachau en 1947 por crímenes de guerra, especialmente por la ofensiva en Ardenas, pero no se le encontró responsable de aquellos hechos.

Sin embargo, debía responder por otros crímenes ante demandas de otros países y se lo mantuvo como prisionero de guerra, pero logró huir con la ayuda de excompañeros de las SS.

Primero fue a España y desde allí viajó varias veces a Buenos Aires. Allí conoció al presidente Juan Domingo Perón y se convirtió en asistente y guardaespaldas de su esposa, Eva Perón.

Hitler

FUENTE DE LA IMAGEN – GRAVESTONE.COM. Skorzeny se convirtió en uno de los agentes favoritos de Adolfo Hitler durante la segunda parte de la Segunda Guerra Mundial.

Según informes, llegó incluso a impedir un atentado contra la carismática mujer del mandatario.

Agasajado en Irlanda

En junio de 1957, el exagente nazi viajó a Irlanda, donde fue recibido como un héroe.

«De acuerdo con el Evening Press el lugar donde fue agasajado Skorzeny a su llegada estaba lleno de representantes de distintos sectores de la sociedad y varios parlamentarios», le dijo Bielenberg a la BBC.

Y personalmente el periodista irlandés cree que esa cálida bienvenida fue lo que lo animó a comprarse una granja en Kildare.

«Reggie Darling, un historiador de la zona, lo recuerda como un hombre grande, llamativo por su enorme cicatriz y que no era precisamente muy amable y a quien no le interesaba cruzarse mucho con la gente local».

Ruta de escape

Una de las sospechas que marcó la vida del exagente nazi es que debido a que no estaba siendo buscando por crímenes de guerra se le acusaba de estar ayudando a escapar a sus excompañeros en las filas del nazismo hacia Sudamérica o Estados Unidos.

Evita perón

FUENTE DE LA IMAGEN – MUSEO EVITA

Skorzeny viajó a Buenos Aires donde se convirtió en asesor del presidente Juan Domingo Perón y guardaespaldas de su esposa, Eva Perón.

A pesar de sus continuas peticiones y de que tenía permiso para estar temporalmente en Irlanda, nunca se le permitió el acceso a territorio británico.

Y algunos reportes de periódicos en 1960 apuntalaron las sospechas sobre el exagente: varios diarios publicaron la historia de que Skorzeny había abierto una ruta de escape de compañeros nazis desde España y su granja en Irlanda era el lugar donde se podían esconder.

Pero, de nuevo, nunca se pudieron comprobar estas acusaciones.

¿Por qué semejante recibimiento?

Para Bielenberg lo cierto es que existen razones justificadas para explicar el recibimiento de héroe para un exagente nazi muy cercano a Hitler: se explica por el contexto y la época.

«En ese tiempo había una actitud de cierto nacionalismo –contra Reino Unido– que sostenía que ‘el enemigo de mi de enemigo es mi amigo'», recordó.

Y añadió: «Pero cuando se fueron conociendo detalles del holocausto (nazi), esa percepción fue cambiando poco a poco».

recoirtes de prensa

FUENTE DE LA IMAGEN – ARCHIVOS DE IRLANDA. Los medios irlandeses estuvieron atentos a los movimientos del exagente nazi por el centro del país.

Después de esos primeros días, también fue cambiando la mirada de los vecinos irlandeses sobre Skorzeny.

En los archivos oficiales se pueden leer extensos documentos de autoridades irlandesas, como el Departamento de Justicia y el de Relaciones Exteriores, expresando preocupación por su presencia en el país.

Sin embargo, cuando en diversas entrevistas se le preguntó a Skorzeny si sus actividades en Irlanda estaban relacionadas con el nazismo, con la política o con actividades antisemitas, el excomando nazi siempre negó esas acusaciones.

También expresó su deseo de quedarse en Irlanda criando caballos, pero a pesar de sus continuas entradas y su propiedad, nunca se le otorgó un visado permanente.

El único refugio estable que encontró fue su residencia de Madrid, donde murió de cáncer en 1975.

Y lo cierto es que él nunca denunció el nazismo y fue enterrado por sus ex colegas en un ataúd envuelto en una bandera con los colores nazis.

* Esta nota es una adaptación de un artículo escrito por Peter Crutchley y publicado en inglés. Puedes leer el texto original aquí.

Imagen de portada: ARCHIVOS DE IRLANDA Y GETTY. Otto Skorzeny fue un destacado agente nazi durante la Segunda Guerra Mundial. A la derecha, trabajando en su granja en Irlanda.

FUENTE RESPONSABLE: Redacción BBC Mundo. 2 de enero 2015.

Nazismo/Argentina/Irlanda/Segunda Guerra Mundial.

 

 

 

 

 

 

 

Una inventora en Hollywood.

Nacida en Viena como Hedwig Eva Maria Kiesler, fue conocida en Hollywood como Hedy Lamarr. Pasó a la historia del cine como una de las más bellas y reconocidas actrices que no llegó a conseguir un Óscar. 

Sin embargo, sí logró el “Óscar a la invención”, ya que, además de su faceta cinematográfica, fue una inventora que puso sus conocimientos al servicio de los ejércitos aliados durante la Segunda Guerra Mundial y fue precursora de la tecnología sobre la que se sustenta el actual sistema WiFi.

A los 16 años dejó aparcada su vocación por la ingeniería y comenzó sus estudios de artes escénicas en la escuela berlinesa del director de cine y teatro Max Reinhardt. Pronto inició su carrera cinematográfica con Dinero en la calle (Georg Jacoby, 1930) y se haría mundialmente famosa por su actuación en la película Éxtasis (Gustav Machaty, 1933), en la que aparece completamente desnuda, primero al borde de un lago y después corriendo por la campiña checa. Fue la primera actriz en escenificar un orgasmo mostrando su rostro, por lo que le llovieron censuras y condenas, incluidas las del Vaticano.

El magnate de la industria armamentística germana Friedrich Mandl se enamoró perdidamente de ella y arregló con sus padres un casamiento de conveniencia, en contra de su voluntad y cuando todavía no había cumplido los veinte años de edad. Hedy calificaría posteriormente la época de convivencia con su marido filonazi como la condena a un verdadero infierno.

No obstante, aprovechó las reuniones de trabajo y cenas a las que Mandl la forzó a asistir para aprender y recopilar información de los clientes y proveedores de su marido acerca de las características de la última tecnología del eje Berlín-Roma en cuestión de armamento. Años más tarde, despertada nuevamente su pasión por la ingeniería, utilizaría todos los conocimientos adquiridos para idear y patentar la técnica de conmutación de frecuencias, que cedió más tarde al Gobierno de Estados Unidos.

En 1937, Hedy pudo escapar al fin de las celosas garras de Mandl y del castillo de Salzburgo donde vivía como en una “jaula dorada” en un episodio rocambolesco que la llevó hasta París y del que existen diferentes versiones -incluida la confesión de la propia actriz-, cada una de las cuales hubiera servido para un trepidante guion cinematográfico. 

Ya en París y con los guardaespaldas de su marido pisándole los talones, consiguió viajar a Londres, a donde llegó con lo puesto y con unas pocas joyas que había conseguido reunir poco antes de su precipitada huida. Con la venta de las mismas pudo obtener el dinero del pasaje con el que pudo fugarse a Estados Unidos. 

Lo hizo en el mismo barco en el que regresaba Louis B. Mayer, el magnate de la Metro Goldwyn Mayer (MGM), a quien convenció de que la contratara como actriz. A cambio, el empresario le sugirió que cambiara su nombre por el de Hedy Lamarr. Al llegar a tierra, ella tenía un contrato de siete años y un nuevo nombre, y él la esperanza de convertirla en otra Greta Garbo o Marlene Dietrich.

Tras el estreno de su primer largometraje en Estados Unidos, Algiers (John Cromwell, 1938), compartiendo pantalla con Charles Boyer, empezó a destacar en películas como La dama de los trópicos (Jack Conway, 1939), coprotagonizada con Robert Taylor, y con Esta mujer es mía (W.S. Van Dyke, Frank Borzage y Josef von Sternberg, 1940), en la que tenía a su lado a Spencer Tracy.

En la década de 1940 trabajó con directores de la talla de King Vidor (Camarada X, 1940; Cenizas de amor, 1941), Jacques Tourneur (Noche en el alma, 1944), Robert Stevenson (Pasión que redime, 1947) y Cecil B. DeMille (Sansón y Dalila, 1949, con Victor Mature en el papel del gigantón filisteo).

En total, protagonizó una treintena de películas, pero no siempre tuvo el acierto de elegir bien (tampoco acertó demasiado en sus relaciones amorosas, encadenando otros cinco matrimonios después del de Mandl). 

Sin ir más lejos, parece ser que rechazó dos obras de arte como Luz de Gas (Torold Dickinson, 1940) y Casablanca (Michael Curtiz, 1942), y se quedó a las puertas de interpretar el papel de Escarlata O’ Hara en Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, 1939). 

Trabajó en el cine hasta 1958. En 2017, Alexandra Dean realizó Bombel, un revelador documental a partir de materiales de archivo, que incluían algunos testimonios de la propia Hedy, con los que se adentraba en la más que interesante vida de la actriz, exponiendo sus luces y sus sombras.

Y es que su vida no se limitó a los entresijos cinematográficos. A raíz del trágico hundimiento de un barco lleno de refugiados por parte de un submarino alemán en septiembre de 1940, decidió volcarse en encontrar la forma de poner en práctica lo que había aprendido en sus estudios de ingeniería y en el “espionaje” que había llevado a cabo en las empresas de su primer marido. 

Ofreció sus ideas y su trabajo al recientemente creado National Inventors Council, pero su oferta fue amablemente rechazada por las autoridades militares, que le aconsejaron que centrase su colaboración promoviendo la venta de bonos de guerra, como hacían otras actrices de éxito.

Sin embargo, Hedy, lejos de desanimarse, ideó, junto a su representante artístico, una exitosa campaña en la que cualquier persona que adquiriese 25.000 o más dólares en bonos podía recibir un beso de la actriz: en una sola noche se recaudaron más de 7 millones de dólares. 

Pero la inconformista actriz vienesa no encontró demasiada satisfacción en esta actividad, que consideraba menor. En realidad, lo que ella deseaba era aportar sus conocimientos técnicos para mejorar las comunicaciones entre los ejércitos aliados, aspecto clave en una guerra con un gran movimiento de tropas por tierra, mar y aire. 

Así, mientras de día atendía sus compromisos cinematográficos y participaba en cierta medida del glamour de Hollywood, por la noche se afanaba en sus trabajos de ingeniería, tratando de crear un sistema de comunicación secreto que ayudara a luchar contra el nazismo.

El artilugio ideado por Lamarr partía de una idea tan sencilla como eficaz: se trataba de transmitir mensajes fraccionándolos en secuencias cortas, que cambiaban de frecuencia de forma aparentemente aleatoria, y podían espaciarse de forma irregular, de tal modo que era prácticamente imposible recomponer el mensaje si no se conocía el código base. 

El receptor estaba sintonizado a las frecuencias elegidas para la emisión y tenía el mismo código de cambio, saltando de frecuencia sincrónicamente con el transmisor. Para resolver el problema de la sincronización, Hedy Lamarr se alió con el pianista y compositor George Antheil, que había logrado sincronizar sin cables las 16 pianolas que formaban parte de la orquesta mecánica diseñada por él mismo poco tiempo atrás. 

Este procedimiento fue el inicio de lo que hoy día se conoce como “transmisión en espectro ensanchado por salto de frecuencia”, técnica que permite las comunicaciones inalámbricas a largas distancias de que disponemos en la actualidad, pero, en aquel momento, de lo que se trataba fundamentalmente era de interferir los torpedos de los submarinos alemanes, los llamados “asesinos silenciosos de Hitler”, y de construir por parte del ejército aliado otros proyectiles teledirigidos por radio e imposibles de detectar.

Hedy y George solicitaron el registro de su patente el 10 de junio de 1941 y la obtuvieron 14 meses después, cuando EE.UU. ya había entrado en la guerra.

Sin embargo, de acuerdo con lo afirmado por la propia Hedy, el invento no se utilizó de forma inmediata: «La marina rechazó mi invento. Sus altos jefes me dijeron ‘Eso déjelo para nosotros’ (…). ¡Qué estúpidos! (…). Pero más tarde, cuando venció la patente, la misma marina se apropió del invento. Después de vencida, yo tenía seis meses para reclamar y renovarla…, ¡pero no lo sabía!». 

En 1957, los ingenieros de la empresa Silvania Electronics Systems Division desarrollaron el sistema patentado por Hedy y George, solucionaron ciertos puntos vulnerables que se habían detectado en su mecanismo y aprovecharon los avances habidos en los transistores para transformarlo de mecánico en electrónico. Poco después sería adoptado para las transmisiones militares.

La primera aplicación conocida se produjo durante la crisis de los misiles de Cuba, en 1962, en que la fuerza naval enviada por Estados Unidos empleó la conmutación de frecuencias para el control remoto de boyas rastreadoras.

Después de Cuba se adoptó la misma técnica en algunos dispositivos utilizados en la guerra del Vietnam y, más adelante, en el sistema de defensa por satélite (Milstar). En la actualidad, muchos sistemas de comunicación y de transmisión de datos sin cable emplean sistemas de espectro ensanchado, entre ellos todas las tecnologías inalámbricas de que disponemos en la actualidad, como el Wifi, el BlueTooth y los teléfonos móviles.

Cuando al fin le llegaron los reconocimientos como inventora, para Lamarr ya era demasiado tarde. En 1997, al comunicarle la concesión del Pioneer Award de la Electronic Frontier Foundation (EFF), conjuntamente con George Antheil (que lo obtuvo a título póstumo), la octogenaria Hedy no se inmutó y se limitó a comentar de forma escueta: “Ya era hora”. 

Tan solo tres años después su hijo cumplió el deseo de llevar sus cenizas a su Viena natal, a pesar de que había conseguido la ciudadanía estadounidense medio siglo atrás.

Hedy Lamarr fue bella entre las bellas, pero nadie como ella añadió a su belleza natural una inteligencia poco común, la audacia del genio creativo, el arrojo para no detenerse ante nada de lo que se le pusiera por delante y el inconformismo necesario para vivir su vida o, al menos intentarlo, sin más dictados que los de sus adentros.

Imagen de portada: Gentileza de HoyesArte.com

FUENTE RESPONSABLE: HoyesArte.com Por José Gonzáles Núñez. 23 de junio 2022.

Sociedad y Cultura/Segunda Guerra Mundial/EE.UU./Austria/Biografías/Cine/Hedy Lamarr

 

Los conflictos políticos entre los generales aliados durante la Segunda Guerra Mundial.

Durante la Segunda Guerra Mundial entre los aliados existieron diferencias, conflictos y enfrentamientos que se plasmaron en expresiones que no siempre eran “políticamente correctas”.

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Las discrepancias son parte de la historia de la humanidad. Quizás podríamos afirmar que discrepar es una parte esencial de las relaciones humanas. Y cuando estas diferencias no se pueden reconciliar, comienzan los enfrentamientos que suelen iniciarse con un comentario despectivo o un insulto.

La forma y el lenguaje en el que se expresa ese disenso muchas veces revela las características del comentarista y la naturaleza del vínculo con el interlocutor. Son esos pequeños grandes detalles que hacen a la historia.

Durante la Segunda Guerra Mundial entre los aliados existieron diferencias, conflictos y enfrentamientos que se plasmaron en expresiones que no siempre eran “políticamente correctas”.

Winston Churchill era un maestro en el manejo del idioma y muy ingenioso en sus expresiones. Que dijese que, si Hitler invadía al infierno, él encontraría la forma de hacer referencias favorables al demonio… no nos sorprende, pero que dijese que Charles de Gaulle sería como Stalin de contar con doscientas divisiones, no parece un comentario benevolente hacia un aliado (lo de las divisiones venía al caso por aquella famosa pregunta del líder soviéticos: “¿Cuántas divisiones tiene el Papa?”). El mismo Churchill decía que los americanos “siempre han intentado hacer lo correcto, después de haber probado todo lo demás”.

El 17 de julio de 1945 tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, los líderes aliados se encuentran en la ciudad de Postdam

Menos aún se guardaba sus ideas sobre Stalin. “En Rusia un hombre es llamado reaccionario si se queja cuando le roban su propiedad y matan a su familia”.

También de él se hicieron comentarios hirientes. Clement Attlee decía que Winston era 50% genio, y 50% un idiota que se comportaba como un niño.

Quizás era una venganza por el comentario que el padre de Churchill, Randolph, había hecho sobre Attlee al llamarlo “vieja y pequeña marioneta” o como el mismo Winston había dicho de él: “Es un hombre modesto que tiene muchas razones para serlo”.

Obviamente, del otro lado del Atlántico las relaciones entre los distintos actores políticos, no eran más cordiales. Del presidente Roosevelt decían que era un camaleón, que dependía mucho de su esposa Eleanor y que hasta podía convertirse en caníbal para ganar un voto. 

Un senador republicano sostenía que Roosevelt era “el hombre que había hecho más creaciones desde el Génesis, aunque no había terminado ninguna”. El general George Patton no le tenía ninguna simpatía. Pero éste no era gentil ni con el presidente, ni con sus camaradas. Del mariscal Montgomery –el oficial de mayor graduación entre los británicos– decía que era “una ventosidad” porque no tomaba riesgos y al general norteamericano Omar Bradley le recriminaba que era un hombre “de gran mediocridad”.

Eisenhower también gozó de los comentarios malignos de Patton (se conocían desde que habían sido tenientes persiguiendo a Pancho Villa en México). “No sabe ni de hombres ni de guerras” …“nunca ejerció su misión de comandante” y que era “un tonto atado de pies y manos por los británicos”. 

Afirmaba que vacilaba y no era realista, además de burlarse de algunas expresiones idiomáticas que habían adoptado de los ingleses como decir “gasolina” en lugar de “nafta”. Este tipo de comentarios le trajo problemas con sus superiores y subordinados. Uno de ellos, el general Walter Bedell Smith, opinaba que la boca de Patton no obedecía las órdenes de su cerebro… no es raro entender de porque Patton murió en misteriosas circunstancias al terminar la guerra.

Eisenhower era un militar más políticamente correcto que Patton –no en vano llegó a ser presidente– pero coincidían en criticar a Montgomery diciendo que era solo un hombre pequeño, “tan pequeño por dentro como por fuera”.

Estaba tan cansado de sus intentos para atraer toda la atención sobre los logros ingleses, desmereciendo a lo hecho por los norteamericanos que Eisenhower dejó de hablarle “a un hombre que no puede decir la verdad”.

De todas formas, “Monty” siguió hostigando al general norteamericano, especialmente después de la sorpresa en las Ardenas, cuando el contrataque alemán costó miles de vidas de soldados norteamericanos porque (según Montgomery) Eisenhower no había seguido sus consejos.

Quizás la definición más devastadora que hicieran de Montgomery provino, cuándo no, de Winston Churchill: “En la derrota es invencible y en la victoria insoportable”.

Y aún así, con insultos e ironías, ganaron la guerra…

Imagen de portada: Winston Churchill | TELAM

FUENTE RESPONSABLE: Perfil. Argentina. Por Omar López Mato*Historiador, autor del sitio Historia Hoy y director de Olmo Ediciones. 2 de julio 2022.

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Papa Francisco ordena la publicación en línea de los archivos «Hebreos» de la Segunda Guerra Mundial.

La serie de archivos, denominada como «Hebreos», conservaba «las instancias de ayuda dirigidas al papa Pío XII por los judíos de toda Europa al inicio de las persecuciones nazis y fascistas», en la década de 1930.

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El papa Francisco ha ordenado la publicación en internet de miles de archivos sobre la persecución de los judíos en el Holocausto, durante el convulso pontificado de Pío XII (1939-1958). Los archivos incluyen miles de cartas escritas por judíos europeos al papa Pío XII pidiéndole ayuda frente a las persecuciones nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Alrededor de 40.000 ficheros digitalizados y distribuidos en 170 fondos podrán ser consultados en la página web de la Santa Sede. La mayoría de estos fueron publicados este jueves (23.06.2022). 

En marzo de 2020, el Vaticano ya permitió que los investigadores pudieran acceder a 120 fondos y series de archivos históricos sobre Pío XII, a quienes algunos acusan de haber guardado silencio durante el exterminio de seis millones de judíos. 

«Hallar el rastro de sus familiares»

Esta nueva publicación, que obedece a la voluntad del papa Francisco, permitirá que los descendientes de los remitentes puedan «hallar el rastro de sus familiares desde cualquier parte del mundo», explicó monseñor Paul Gallagher, encargado de las relaciones con los Estados, en un artículo publicado por L’Osservatore Romano, el diario del Vaticano.

No obstante, en un primer momento solo se publicará un 70 % del total del material, a la espera de que se digitalice el resto.

Los autores de las cartas, que llegaron desde toda Europa, buscaban sobre todo conseguir visados o pasaportes, obtener asilo, ayuda para reunir a familiares o informaciones sobre personas deportadas. Algunos pedían ayuda para ser liberados de los campos de concentración.

Pero el destino de la mayoría de los que pedían ayuda se desconoce, precisó el Vaticano. 

Documentos desclasificados del pontificado del Papa Pío XII, en el Archivo Apostólico Vaticano en el Vaticano.Werner Barasch      

En una misiva escrita en 1942, un estudiante alemán de 23 años,, de nombre Werner Barasch, explica que quiere huir de un campo de concentración en España. «Hay pocas esperanzas para los que no tienen ninguna ayuda desde fuera», escribió el joven.   

Los archivos no desvelan ninguna otra información sobre él pero, según las investigaciones efectuadas por el United States Holocaust Memorial Museum de Washington, Barasch fue liberado un año después de que enviara su carta y acabó instalándose en California, indicó el Vaticano.

Esta publicación, que se llevó a cabo un día después de que el papa se reuniera en audiencia con una organización internacional judía, es el resultado de décadas de presión por parte de académicos e historiadores, divididos sobre el papel del papa italiano durante el Holocausto.

El Vaticano defiende a Pío XII, afirmando que salvó a numerosos judíos escondiéndolos en instituciones religiosas y que, con su silencio, el pontífice lo único que quería era no agravar aún más su situación.

Imagen de portada: Pío XII, Eugenio Maria Giuseppe Giovanni Pacelli, ha sido acusado tradicionalmente de no haber alzado la voz contra el nazismo.

FUENTE RESPONSABLE: Made for Minds.FEW (AFP, EFE)

Sociedad/Judaísmo/Segunda Guerra Mundial/Vaticano/Dresde

El kimono que me ayudó a descubrir que mi familia fue enviada a un campo de concentración para japoneses en EE.UU.

Hace 80 años el gobierno de Estados Unidos hizo una redada entre estadounidenses de origen japonés y los obligó a vivir en campos de prisioneros durante el resto de la Segunda Guerra Mundial. Ahora, la generación más joven está luchando para asegurarse de que este oscuro capítulo no se olvide.

Cuando el abuelo de Shane «Shay Shay» Konno falleció en 2013, la familia fue a su casa para ocuparse de todas sus pertenencias.

En el jardín, el cobertizo estaba tan lleno de cosas que sólo podían entrar uno a uno.

Como era un adolescente ágil, a Koono le asignaron el trabajo de repartir ls artículos más voluminosos a los miembros de la familia para que los trasladaran a la casa.

Enterrada en lo más profundo del estante más alejado había una maleta de cartón con un adhesivo en la tapa que decía «Universidad de Michigan».

Al abrir la maleta, Konno vio que había algo de tela adentro. «¡Ah, un mantel elegante!», pensó.

Cuando entró en la casa, se lo mostró a todos: resultó ser un kimono, una túnica formal tradicional japonesa.

Los asombró la brillante tela color púrpura y la forma en la que las flores blancas de durazno bordadas a mano con hilo plateado reflejaban la luz.

«Nunca había visto un kimono en la vida real, y mucho menos había tocado uno», le dijo Konno a la BBC.

En total había siete kimonos de seda en la maleta. Nadie en la familia los reconoció, lo que significaba que el tesoro había estado guardado en secreto en la maleta todo este tiempo.

Cuando Konno examinó la maleta con más atención, debajo de la calcomanía de la Universidad de Michigan había un nombre desconocido, «Sadame Tomita», escrito toscamente con pintura blanca, junto con cinco dígitos: 07314.

Alguien los había cubierto deliberadamente con la pegatina.

Detalle de la maleta de la abuela de Konno

FUENTE DE LA IMAGEN – KONNO FAMILY. Bajo la calcomanía, aún se veía el número.

«Ese era el nombre japonés de tu abuela», le dijo a Konno su tío. «Y este era el número de registro de su familia en los campamentos».

«Nisei»

Konno no conoció a su abuela japonesa, pues murió antes de nacer él.

Ella era nisei, una estadounidense de origen japonés de segunda generación que pasó su adolescencia en los campos de encarcelamiento.

Después de la guerra, se hizo llamar por el nombre occidental de Helen.

Era la única maleta que se le permitió llevar a los campamentos, según supo Konno más tarde. Y la había guardado toda su vida.

Centro de Reubicación Camp Amache.

FUENTE DE LA IMAGEN – KONNO FAMILY

El abuelo de Konno fue internado en el Centro de Reubicación Camp Amache.

Quien llegaría a ser su esposo, y el abuelo de Konno, también era un adolescente cuando lo internaron en el Centro de Reubicación de Campo Amache en Colorado. Se conocieron después de la guerra.

Konno quiso saber más pero su familia no quiso revivir el pasado.

«Mi abuela guardaba secretos incluso a sus propios hijos. ¿Por qué ocultó su propio nombre? ¿Por qué escondió sus kimonos?».

«Shikata ga nai»

Otros se hacen las mismas preguntas que Konno.

En una vigilia a la luz de las velas organizada por la campaña Stop Asian Hate, por el aumento de ataques contra los asiáticos en EE.UU. el verano pasado, Konno notó que había otros estadounidenses de origen japonés presentes y que había algo que querían desahogar.

«La primera pregunta que nos hicimos fue: ‘¿En qué campo fue internada tu familia?'», dice Konno.

«La segunda pregunta fue: ‘¿Cuánto te contó tu familia?'»

Konno presenta sus respetos en Manzanar (izquierda), sus abuelos el día de su boda (derecha)

FUENTE DE LA IMAGEN – KONNO FAMILY

Konno presenta sus respetos en Manzanar (izquierda), sus abuelos el día de su boda (derecha).

«Nunca tuve la oportunidad de hablar con mi abuelo sobre su experiencia mientras estaba vivo», explica Konno.

«Si le hago preguntas (a mi tía), ella es experta en cambiar de tema. Mi papá y mi tío creen que desenterrar el pasado realmente no cambiará nada. Por respeto a mi familia, no los presiono para que me den respuestas».

Algunos de los issei —inmigrantes japoneses de primera generación— y nisei mantuvieron en secreto su experiencia en los campamentos, pues no querían transmitirle recuerdos dolorosos a las próximas generaciones.

El término japonés shikata ga nai se traduce como «no se puede deshacer».

«Sansei» y «yonsei»

El padre de Konno y sus hermanos son sansei, o tercera generación.

«Para la generación de papá, no es difícil no hacer demasiadas preguntas. El trauma lo sufrieron sus padres. Para ellos, esta no es una parte de la historia que puedas leer», dice.

Por eso, depende de los yonsei o la cuarta generación, mantener vivo este legado, en opinión de Konno.

«Soy de la generación que está lo suficientemente lejos como para ver el pasado de manera diferente, y también para gritar por esa injusticia».

Evacuación

El 19 de febrero de 1942, dos meses después del ataque a Pearl Harbor, el presidente estadounidense Franklin Roosevelt emitió la Orden Ejecutiva 9066, autorizando la «evacuación» de los estadounidenses de origen japonés de las comunidades a lo largo de la costa oeste, aparentemente para protegerse contra el espionaje.

Un cartel que decía: 'SOY AMERICANO', en la tienda de comestibles Wanto Co en Oakland, California

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Un cartel que decía: ‘SOY AMERICANO’, en la tienda de comestibles Wanto Co en Oakland, California, el día después del ataque a Pearl Harbor. La tienda estaba cerrada pues la familia Matsuda, propietaria, fue reubicada. El letrero fue instalado por Tatsuro Matsuda, un graduado de la Universidad de California.

En realidad, las leyes fueron motivadas por el racismo, la histeria bélica y el miedo.

Ningún estadounidense de origen japonés fue condenado por traición o por un acto grave de espionaje durante la Segunda Guerra Mundial.

Canadá, México y varios países de América del Sur también tuvieron programas similares.

Entre 1942 y 1946, alrededor de 120.000 estadounidenses de origen japonés fueron sacados a la fuerza de sus hogares y reubicados en campamentos administrados por el gobierno.

Miles eran niños y ancianos. Varios prisioneros fueron asesinados a tiros por los guardias.

Más de la mitad eran ciudadanos estadounidenses: cualquier persona con más de 1/16 de ascendencia japonesa era elegible para internamiento, lo que significaba que quien tuviera un tatarabuelo que era japonés, podía ser detenido en su hogar y enviado a vivir a kilómetros de distancia.

Campamentos

Familia japonesa-estadounidense partiendo hacia el Centro de Reubicación, San Francisco, California, mayo de 1942.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Familia japonesa-estadounidense partiendo hacia el Centro de Reubicación, San Francisco, California, mayo de 1942.

En cuestión de meses, se construyeron 10 campamentos en California, Arizona, Wyoming, Colorado, Utah y Arkansas.

Mientras estaban en construcción, a menudo se enviaba a las familias a «centros de reunión» improvisados: viviendas temporales ubicadas en hipódromos con establos de caballos alrededor de pistas de carreras.

A cada familia se le asignaba un establo de caballos para dormir.

La abuela de Konno fue enviada al hipódromo de San Mateo.

«A los caballos los acababan de trasladar el día anterior, y el olor era horrible», se enteró Konno más tarde. «Cuando fueron reubicados, los campamentos les deben haber parecido agradables en comparación».

Disculpas

No fue sino hasta 1988, casi 50 años después, que el presidente Ronald Reagan emitió una disculpa y se pagaron compensaciones de US$20.000 (alrededor de US$40.000 en la actualidad) a más de 80.000 estadounidenses de origen japonés que fueron internados o, en algunos casos, a sus herederos.

La familia Shibuya en el césped frente a su hermosa casa en Mountain View, California antes de la evacuación a los centros de la Autoridad de Reubicación de Guerra. 18/04/1942

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

La familia Shibuya en el césped frente a su hermosa casa en Mountain View, California antes de la evacuación a los centros de la Autoridad de Reubicación de Guerra. 18/04/1942

Brian Niiya, quien enseña sobre la historia de los campamentos en la Universidad de California Los Ángeles, dice que en ese momento, la comunidad estadounidense de origen japonés estaba feliz con la disculpa y el acuerdo.

«Había sido una posibilidad tan remota… la gente nunca pensó que vería algo así en su vida», le dijo a la BBC.

Pero el complicado legado de los campamentos significa que aún queda mucho trabajo por hacer.

«Mucha gente aún no conoce la historia de los campamentos, pero se están logrando avances», afirma Niiya.

Contar la historia

Personas de ascendencia japonesa en uno de los centros de reunión en Salinas, California, donde vivieron temporalmente antes de ser trasladados a los centros de reubicación. 31/03/1942.

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Personas de ascendencia japonesa en uno de los centros de reunión en Salinas, California, donde vivieron temporalmente antes de ser trasladados a los centros de reubicación. 31/03/1942.

California aprobó recientemente una legislación sobre la implementación de programas de estudios étnicos en las escuelas secundarias, donde se enseñará esta historia.

Se están publicando libros de texto específicamente sobre esta historia, varios Servicios de Parques Nacionales están erigiendo monumentos conmemorativos y también ayudan las proyecciones de películas sobre los campamentos en el aniversario.

«Esperamos que para el 100 aniversario, todos los estadounidenses sepan acerca de los campamentos», dice Niiya.

Pasado en llamas

Konno se ha encargado de aprender sobre este legado. Al encontrar su apellido en un libro sobre los campos, inicialmente sintió cierto orgullo de que su antepasado hubiera hecho algo digno de ser registrado.

Barracks as far as the eye can see at Manzanar War Relocation Center

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

The Manzanar War Relocation Center was built in 1942

Pero al leer el pasaje completo, todo cambió.

Por temor a ser vistos como extranjeros, algunas comunidades quemaron sus pertenencias japonesas.

Konno se enteró de que su bisabuelo había visitado una comunidad japonesa cercana para convencer a la gente de que destruyera fotografías familiares, cartas y documentos escritos en japonés.

Un grueso diccionario de japonés tardó una semana en quemarse. Los cuchillos de sashimi y el equipo de kendo también fueron tirados a la fogata pues la gente temió que las autoridades los consideraran armas japonesas.

«Mi propia familia ayudó a tomar la horrible decisión de destruir estos objetos sentimentales, y todo fue en vano porque de todos modos se vieron obligados a ingresar en estos campamentos», dice Konno.

Peregrinaje

La destrucción de su cultura japonesa afectaría a las generaciones venideras.

Los abuelos de Konno hablaban japonés, pero después de su experiencia en los campamentos decidieron no enseñarle el idioma a sus hijos.

«La abuela pensó que hablar japonés contribuiría al éxito de sus hijos en Estados Unidos».

Ahora, Konno está tratando de recuperar generaciones de conocimiento perdido.

«Puedo entender las decisiones que tomaron mis abuelos, hicieron lo que pensaron que nos protegería», dijeron.

En 2019, Konno le pidió a un amigo que tenía un automóvil que hiciera una peregrinación especial. «Quería ir por fin a Manzanar».

Torre de vigilancia en Manzanar

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Ahora, Manzanar es un museo y un sitio histórico nacional.

Ahora, un museo administrado por el Servicio de Parques Nacionales, Manzanar fue el primer campo de internamiento japonés-estadounidense construido en EE.UU.

Ubicado al pie de las montañas de Sierra Nevada en California, la mayoría de los residentes venían de Los Ángeles, a unos 370 kms de distancia.

Aunque Konno había visto fotografías de campamentos, fue impactante ver las condiciones en las que vivían, recreadas para la educación histórica, en la vida real.

Las familias se alojaban en largos barracones de madera, dividiendo las habitaciones con sábanas, mientras el viento sacudía las paredes de madera y el polvo entraba por las grietas.

«Tendrían que barrer la habitación dos veces al día para quitar el polvo», le dijeron a Konno.

Los campamentos estaban rodeados por cercas de alambre de púas de dos metros y medio de altura que se curvaban hacia adentro en la parte superior. No había forma de salir.

«Gaman»

La profesora de moda y diseño Ryie Yoshizawa con un grupo de estudiantes en el centro de reubicación de Manzanar, California, en 1943.

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La profesora de moda y diseño Ryie Yoshizawa con un grupo de estudiantes en el centro de reubicación de Manzanar, California, en 1943.

La abuela de Konno y sus dos hermanas eran adolescentes mientras estaban en el campamento. Estuvo encarcelada desde los 15 a los 18 años, tres hermanas compartiendo espacio con sus padres en la habitación improvisada.

Los baños comunes eran espacios abiertos, cuartos con cabezales de ducha y retretes sin paredes que no permitían privacidad. Las mujeres hacían cola afuera pacientemente para permitirle a la persona anterior un momento de privacidad, lo que significaba que la gente se duchaba a horas extrañas durante toda la noche.

Mirando fuera de los barracones, Konno vio restos de los jardines zen japoneses.

«Estaban tratando de hacer que esta prisión hostil fuera un poco más bonita».

Konno traduce el término japonés gaman que significa «soportar dificultades aparentemente insoportables con dignidad».

«En estos campamentos, las familias estadounidenses de origen japonés eran tratadas como menos que humanas. Pero aun así trataban de respetarse y ayudarse mutuamente en este horrible lugar», dice amargamente Konno.

Lo que no sabía era que años atrás, su padre también había visitado Manzanar.

«Absorbió todo y se lo guardó para sí mismo», dice Konno, asombrado.

Comprendió que las generaciones anteriores respetan a su manera.

«Recordar es honrar»

El tío de Konno visita el monumento en el antiguo Centro de Asambleas de Merced

FUENTE DE LA IMAGEN – KONNO FAMILY

El tío de Konno visita el monumento en el antiguo Centro de Asambleas de Merced.

Más recientemente, después de que Konno comenzara su propia búsqueda de respuestas, el padre y el tío de Konno fueron a donde sus parientes paternos habían sido encarcelados temporalmente en el Centro de Asambleas de Merced.

Los campamentos fueron arrasados hace tiempo, pero una estatua de una niña sentada sobre una pila de maletas sirve como memorial a las familias que estuvieron encarceladas allí.

En una pared detrás de ella, están grabados en piedra los nombres de los 1600 estadounidenses de origen japonés, incluidos los bebés nacidos en el campamento.

El padre y el tío de Konno se detuvieron para buscar su apellido y tomaron fotos para enviárselas a Konno.

Mirando atrás, Konno se pregunta si parte de la razón por la que les tomó tanto tiempo investigar fue porque asumieron que sus preguntas no serían bien recibidas.

Pero la generación de sus padres parece haber tenido las mismas ganas de saber.

«Las oportunidades de tener conversaciones con quienes lo vivieron 80 años después se están desvaneciendo. Ahora es aún más urgente descubrir cosas por mí mismo, no sólo escuchar historias de segunda mano».

Imagen de portada:BBC. ShayShay Konno con el kimono

FUENTE RESPONSABLE: BBC Stories. Por Elaine Chong. Mayo 2022

Sociedad y Cultura/Japón/Historia/EE.UU./Segunda Guerra Mundial

 

 

 

 

 

 

LA GRAN FUGA DE HITLER: OPERACIÓN ‘ULTRAMAR SUR’.

77 AÑOS DE SU MUERTE

Dos submarinos nazis se rindieron en Argentina tras la capitulación alemana. Al primero, el ‘U-530’, le faltaba un bote. Al ‘U-977’, 16 tripulantes. ¿Habían desembarcado los jerarcas nazis en las costas del Mar de Plata?

Ningún mando del Ejército aliado supo, durante los últimos días de la guerra, dónde se escondía Adolf Hitler. 

Si deseas profundizar en esta entrada; cliquea por favor donde se encuentra escrito en “negrita”. Gracias.

Sólo después de la rendición alemana comenzó a crecer el rumor de que el führer había permanecido hasta el último momento en el búnker de la Cancillería, donde se habría suicidado junto con su esposa, Eva Braun, y la familia Goebbels.

El 9 de junio, un mes antes de la capitulación formal de Alemania, el mariscal soviético Giorgi Zucov, cuyas tropas habían ocupado el búnker berlinés del führer, ofreció una conferencia de prensa en la que afirmó que no habían encontrado el cuerpo de Hitler, el cual posiblemente habría conseguido escapar de Berlín y que, según los servicios de inteligencia del Ejército Rojo, a escasas horas de su supuesto suicidio, un submarino alemán se había hecho a la mar en Hamburgo llevando a una mujer entre su tripulación.

Apenas tres semanas después, el 22 de mayo, mientras transcurrían las últimas horas del gobierno del almirante Karl Dönitz, al que el desaparecido Adolf Hitler había nombrado sucesor, en Buenos Aires, Argentina, el jefe del Estado Mayor de la Armada, Héctor Vernengo Lima, enviaba una comunicación secreta al ministro de Marina, Alberto Teissaire. 

En ella le anunciaba que varios submarinos alemanes estaban cruzando el Atlántico rumbo a Argentina.

Otto Wehrmut, que estaba al mando del U-530, afirmó en los interrogatorios que en su nave no viajó ningún mando alemán. ¿Mintió?

El 26 de junio, la jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos Aires informó de que un submarino no identificado había sido visto en las costas argentinas mientras era reabastecido de combustible por un velero. 

De la nave, según el dossier, desembarcaron en un bote de goma un hombre y una mujer que fueron recibidos por un ciudadano alemán que los trasladó hasta una estancia en las inmediaciones.

Este dato coincide con un informe que el director del FBI, Edgar Hoover, recibió de un agente de contraespionaje en septiembre de 1944 titulado ‘Posible vuelo de Hitler a la Argentina’, en el que se mencionaba, como escondite factible, una estancia del conde de Luxburg, el encargado de las relaciones públicas del espionaje alemán desde la Primera Guerra Mundial.

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Ultramar Sur.Adolf Hitler  desapareció en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial. Su sucesor, Karl Dönitz (a la izquierda), rigió Alemania hasta su capitulación. A él le fue encomendada la operación Ultramar Sur.

‘Ultramar Sur, la última operación secreta del Tercer Reich’ es el título de la investigación de dos periodistas argentinos, Juan Salinas y Carlos Di Napoli, que reveló, por primera vez, documentación inédita de la rendición de los submarinos alemanes en las costas argentinas.

Los autores accedieron a los interrogatorios de los marinos germanos por parte de la Marina argentina, pero no pudieron acceder a los documentos que Estados Unidos y el Reino Unido aún conservan sobre la operación Ultramar Sur, guardados como top secret, y descalificados en 2020. 

Salinas y Di Napoli trabajaron varios años para desentrañar las especulaciones acerca de que en los dos submarinos rendidos en las costas argentinas, el U-530, el día 10 de julio, y el U-977, el 17 de agosto, llegaron importantes jerarcas nazis y grandes tesoros procedentes del Tercer Reich.

Stalin nunca creyó en el suidicio del führer: «Hitler, no está muerto. Escapó. O bien a España o bien a Argentina»

La tripulación del primer submarino que se entregó en Mar del Plata, el U-530, estaba compuesta por 53 marinos, en su mayoría indocumentados, a las órdenes del teniente de navío Otto Wehrmut, de 25 años. 

Los interrogatorios no lograron aclarar si en el submarino viajaban altos cargos alemanes, pero sí que en breve plazo se entregaría otra nave. El ministro Tessaire, en una rueda de prensa tras las pesquisas, comunicó que en el barco no se había hallado apenas documentación y que dada la juventud de la tripulación no parecía razonable que entre ellos se hubieran infiltrado jerarcas nazis.

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Un ejército marino.La flota de submarinos construidos entre 1939 y 1945 por el Tercer Reich fue su arma de guerra más poderosa. Y también, la mejor manera para que algunos mandos nazis escaparan tras la finalización de la contienda. Dos de ellos llegaron en el invierno austral de 1945 a Argentina con decenas de oficiales a bordo.

La Armada argentina deseaba quedarse con la nave y el 12 de junio izó en su mástil la bandera nacional. Pero la reacción de Estados Unidos y Gran Bretaña fue fulminante: no sólo exigieron la entrega inmediata del submarino, sino también de la tripulación. 

Ante el ultimátum, el Gobierno argentino puso la nave a disposición de Estados Unidos e Inglaterra. Era el 17 de julio, el mismo día que se iniciaba en Postdam la cumbre de los vencedores para tratar la posguerra. 

Durante uno de los cócteles que tuvo lugar en la cumbre, el secretario de Estado norteamericano Jimmy Byrnes se acercó al líder ruso Joseph Stalin y, tras brindar con él, le preguntó si creía que Hitler estaba muerto, a lo cual Stalin respondió: «No está muerto. Escapó. O bien a España o bien a Argentina».

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La rendición.El 10 de julio y el 17 agosto de 1945, las naves U-530 y U-977 arribaron a Mar de Plata (Argentina). Sus tripulaciones, compuestas por oficiales nazis, se entregaron. No iban llenos, lo que hace sospechar que desembarcaron a algunos pasajeros.

Al ‘U-530’ le faltaba un bote de goma. Uno similar se encontró en las cercanías de Necochea, una playa del sur de la provincia de Buenos Aires. Un despacho de la agencia UP fechado el 18 de julio en Londres dejó a la prensa mundial sin habla: «En las esferas oficiales de esta capital se afirma que Hitler desembarcó en Argentina el 30 de junio transportado por el U-530».

Los aliados, para confirmar este hecho, no tuvieron mejor idea que preguntar a los oficiales alemanes detenidos. Eberhardt Godt, el histórico lugarteniente de Dönitz, afirmó: «Si se hubieran hecho preparativos para sacar a Hitler de Alemania, yo me habría enterado».

El segundo submarino, el U-977, al mando de Heinz Schäffer, finalmente se entregó en Mar del Plata el 17 de agosto. Habían pasado tres meses desde su partida de un puerto noruego. 

El U-977 tenía 16 plazas libres, lo que provocó todo tipo de suspicacias y dio aún más fuerza a las versiones de los desembarcos anteriores a la fecha de su rendición. Tras su entrega en Mar del Plata, toda la tripulación fue conducida a Estados Unidos donde los oficiales fueron acusados de colaborar con la fuga de Hitler y Eva Braun. 

Pero aunque en 1947 los marinos fueron liberados, el contenido de los interrogatorios ingleses y estadounidenses fue declarado secreto.

alternative textEl misterio de su muerte. La historia oficial afirma que el führer y Eva Braun se suicidaron junto con la familia Goebbels en el búnker de la Cancillería en Berlín. Pero una investigación señala que Hitler pudo escapar de Alemania en un submarino y vivir en Argentina hasta su muerte.

En agosto de 2003, el Gobierno argentino ordenó investigar la destrucción de unos dossieres que revelaban la identidad de 49 jerarcas nazis que llegaron al país al término de la guerra, entre ellos, Adolf Eichmann, Josef Menguele y Erich Priebke. Habían entrado al país bajo los nombres falsos de Ricardo Klement, Helmut Gregor y Otto Pape.

En 1960, tras una infiltración del servicio secreto israelí, Eichman fue llevado a Israel, donde fue juzgado y condenado a la horca. 

En el caso del médico Joseph Menguele, la historia oficial relata que ingresó en Argentina como ciudadano italiano, que en 1960 se refugió en Paraguay y que en 1979, a los 79 años, falleció en Brasil. 

En el caso de Erich Priebke, que se ocultó como Otto Pape, la justicia italiana lo condenó a cadena perpetua por el asesinato de 335 ciudadanos de ese país en las Fosas Ardeatinas y finalmente logró extraditarlo a Italia en 1994.

Imagen de portada: Gentileza de Zenda. Autores, libros y compañía.

FUENTE RESPONSABLE: El Correo XL Semanal. Abril 2022

Sociedad y Cultura/Segunda Guerra Mundial/Nazismo/Hitler

 

 

 

El vagabundo que se convirtió en el «más improbable» héroe de la Segunda Guerra Mundial… aunque estaba muerto.

«Lo único que hizo que valió la pena, lo hizo después de su muerte».

La opinión del agente de inteligencia británico Ewen Montagu sobre el galés Glyndwr Michael puede parecer demasiado dura.

Después de todo, tras su muerte a los 34 años, Michael ayudó a terminar la Segunda Guerra Mundial meses antes de lo que habría durado de otra forma, salvando así cientos de miles de vidas.

En abril de 1943 su cadáver fue utilizado por agentes de inteligencia británicos en la llamada «Operación Mincemeat», considerada el engaño más audaz del conflicto.

El plan logró embaucar a los alemanes para que redistribuyeran regimientos enteros desde Sicilia a Grecia y los Balcanes.

El libro del historiador Ben Macintyre sobre el engaño, titulado «Operation Mincemeat», se ha convertido ahora en una película de Warner Brothers que se acaba de estrenar en Reino Unido. En español el film se titula «El arma del engaño».

«Glyndwr Michael es posiblemente el héroe más improbable de toda la Segunda Guerra Mundial», afirmó Macintyre.

«Él huyó de Gales a Londres para escapar de la enorme pobreza durante la Gran Depresión de la década de 1930. Su propio padre se suicidó tras el colapso del trabajo en las minas».

Fotos y documentos usados en el film "Operation Mincemeat"

FUENTE DE LA IMAGEN – WARNER BROS

Agentes de inteligencia británicos dieron a Michael una identidad falsa como el comandante interino William Martin.

El historiador explicó que el cuerpo de Michael fue encontrado en un galpón en la zona de King ‘s Cross en Londres y de acuerdo al informe forense se había quitado la vida tomando veneno.

Pero el historiador cree que no se trató de un suicidio.

«Yo creo que Michael pudo haber estado tan hambriento que incluso comió por error pan envenenado con raticida», afirmó.

Directamente de una novela de James Bond.

Cualquiera haya sido la causa de la muerte de Glyndwr Michael, sus restos fueron entregados al forense Bentley Purchase.

El forense había sido alertado de la necesidad de hallar un cuerpo cuyas lesiones no fueran incompatibles con haber caído desde un avión con un paracaídas fallido.

Una vez que los restos estuvieron a cargo de los agentes Charles Cholmondeley y Ewen Montagu, comenzó la transformación de Glyndwr Michael en el comandante William Martin.

Escena del film Operation Mincemeat. Se ve a agentes británicos frente a los restos de Michael

FUENTE DE LA IMAGEN – WARNER BROS

Mientras los restos estaban en la morgue, los agentes Cholmondeley y Montagu pasaron meses elaborando la identidad falsa de Michael.

La idea de usar un cadáver flotante para hacer llegar planes falsos a territorio enemigo fue concebida por primera vez en la década del 30 por Ian Fleming, el autor de las novelas de espías protagonizadas por James Bond. (Fleming trabajó durante la Segunda Guerra Mundial como asistente de John Godfrey, director de la División de Inteligencia Naval de la Marina británica).

A fines de 1942, el éxito de los Aliados en su campaña en el norte de África les permitió centrar su atención en otras áreas en el sur de Europa controladas por los alemanes.

Sicilia era el sitio obvio para lanzar un operativo, ya que el dominio de la isla significaba el control de la navegación en el Mediterráneo.

El problema era que la opción de Sicilia era demasiado obvia.

El hombre que nunca fue.

«Todo el mundo menos un tonto sabría que el operativo será en Sicilia», dijo el entonces primer ministro británico Winston Churchill.

Sin embargo, eso no impidió que los Aliados quisieran tomar Sicilia como un trampolín hacia Italia. Y para ello llevaron a cabo un espectacular acto de distracción.

Cholmondeley y Montagu se pusieron a trabajar en los detalles que harían el engaño más creíble para los alemanes.

Le dieron a su oficial falso una identidad y una historia exhaustiva, comenzando con el nombre William Martin, un apellido común en los Royal Marines.

Y dieron al supuesto militar el rango de Capitán, que consideraron lo suficientemente alto como para llevar documentos secretos, aunque no tan importante como para ser conocido por el enemigo.

Ewen Montagu

Ewen Montagu fue uno de los agentes que elaboró el plan para engañar a Hitler.

Luego escogieron artículos cotidianos que cualquiera tendría encima. En el caso de Martin, esto significó llaves, sellos, cigarrillos, fósforos, un medallón de San Cristóbal, talones de boletos para el teatro, un recibo de una camisa nueva, una carta de su padre e incluso una notificación de un sobregiro del banco Lloyd’s.

Todos los documentos estaban escritos con una tinta especial que no se corría en el agua.

Ewan Montagu pasó meses creando la identidad del oficial falso. Pero Ben Macintyre afirma que la parte más convincente del rompecabezas fue la prometida de Martin, una joven llamada Pam -en realidad, una funcionaria de los servicios de inteligencia británicos llamada Jean Lesley.

«El nivel de detalle al que llegaron fue increíble: incluso vistieron el supuesto uniforme y la ropa interior de Martin para que pareciera ropa usada en la medida correcta».

«Tuve la suerte de conocer a ‘Pam’ (Jean Lesley) cuando tenía unos 80 años, y ella me llevó al Támesis hasta el punto donde ella y ‘William’ supuestamente se habían comprometido. Tan creíble fue la historia que incluso la esposa de Montagu se convenció de que estaba teniendo una aventura».

El engaño

Cholmondeley y Montagu prepararon el cuerpo y lo cargaron en un contenedor lleno de hielo seco para el viaje a Escocia; el vehículo fue conducido por un campeón de automovilismo de antes de la guerra.

En Escocia esperaba el submarino HMS Seraph. Se necesitaron 10 días para llegar al punto de entrega.

Escena del film Operation Mincemeat. Se ve a un cuerpo flotando en el mar

FUENTE DE LA IMAGEN – WARNER BROS

El cuerpo de Glyndwr Michael fue descubierto por un pescador de sardinas frente a las costas de España el 30 de abril de 1943.

Mientras tanto, la tripulación del submarino desconocía el propósito de la misión. Una vez que los oficiales bajaron el cuerpo de Martin al agua, los motores se aceleraron para que la corriente lo empujara hacia la costa española.

A primeras horas del 30 de abril de 1943, un pescador de sardinas español halló el oficial británico supuestamente ahogado cerca de Huelva.

La inteligencia militar alemana, la Abwehr, cayó en la trampa, y una copia de las cartas de Martin con los planes de un operativo aliado en Grecia acabaron en el escritorio de Adolf Hitler.

Al mismo tiempo, en un sótano oscuro del edificio de la Marina en Londres, hombres y mujeres de la inteligencia británica celebraron golpeando las mesas y saltando arriba y abajo cuando el mensaje a Hitler fue interceptado por los descifradores de códigos Enigma en la instalación militar de Bletchley Park.

Una última conexión galesa.

Macintyre dijo que hubo otra conexión con Gales que eventualmente convenció a Hitler de que el cuerpo era genuino.

«Una de las cartas del padre de Martin supuestamente fue escrita desde un hotel en Mold (un pueblo en Gales)», dijo.

«Cuando investigaba mi libro, volví al registro original del hotel, y estaba el nombre de un señor Martin escrito en la fecha correcta de la carta. Los detalles de la historia son increíbles».

Una placa conmemora a Glyndwr Michael como "el hombre que nunca existió" en su pueblo natal de Aberbargoed.

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Una placa conmemora a Glyndwr Michael como «el hombre que nunca existió» en su pueblo natal de Aberbargoed.

Los británicos siguieron su engaño con un telegrama fácilmente interceptado a los españoles, pidiendo la devolución del maletín de Martin lo antes posible.

«Documentos secretos probablemente en un maletín negro. Se requiere información lo antes posible. Debe recuperarse de inmediato. Se debe tener cuidado de que no caiga en manos indeseables», rezaba el telegrama.

A los 38 días de la invasión aliada de Sicilia, el 10 de julio de 1943, la isla había sido capturada. Poco después cayó Italia, lo que provocó la caída del régimen de Benito Mussolini.

Glyndwr Michael fue enterrado en Huelva con todos los honores militares.

Matthew Macfayden, Colin Firth, Kelly Macdonald y Penelope Wilton en el estreno del film "Operation Mincemeat"

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

El elenco principal del film. Matthew Macfayden, Kelly Macdonald, Penelope Wilton y Colin Firth, quienes interpretan respectivamente a Charles Cholmondeley, Jean Leslie, Hester Leggett (la jefa de Leslie), y Ewen Montagu.

Imagen de portada:WARNER BROS. Un maletín lleno de secretos militares falsos fue encadenado al brazo de Glyndwr Michael.

FUENTE RESPONSABLE: BBC News. Por Neil Prior. Abril 2022

Historia/Segunda Guerra Mundial/Reino Unido/Cine

 

Cómo descubrí los vínculos entre las escuelas de élite inglesas y la Alemania Nazi.

En la primavera de 1936, el colegial adolescente, y más tarde héroe de guerra, Dick Hargreaves tuvo la oportunidad de realizar un viaje de intercambio a Alemania con todos los gastos pagados.

Pero no se trataba de un intercambio escolar ordinario: el destino de Hargreaves era Oranienstein, un internado dentro de un sistema de escuelas de élite conocido como Nationalpolitische Erziehungsanstalt (Institutos Políticos Nacionales de Educación) o Napola.

Estos colegios nazis se inspiraron explícitamente en una amalgama de las escuelas públicas británicas, el cuerpo de cadetes prusianos y las duras prácticas educativas de la antigua Esparta.

Las escuelas educaban a niños desde los 10 años en adelante, entrenándolos como futuros líderes del Tercer Reich.

Al participar en el intercambio, Hargreaves y sus diez compañeros de la Escuela Dauntsey de Wiltshire, en Inglaterra, pronto estarían expuestos al programa «total» de educación, adoctrinamiento y propaganda nacionalsocialista de las Napola.

Las impresiones iniciales de Hargreaves, registradas en su diario en ese momento, son abrumadoramente favorables.

La escuela, situada en la ciudad de Diez an der Lahn, cerca de Coblenza, la describe como «un lugar muy bueno… un enorme castillo, moderno y muy elegante: sillones, super laboratorios, establos… bicicletas escolares y ¡Dios sabe qué más!».

Según el diario, todo el mundo es «extraordinariamente decente», y los uniformes nazis de los niños son «muy elegantes en verdad: pantalones de pana de color caqui claro, botas de montar negras, abrigo caqui, brazalete rojo con la esvástica, solapas de abrigo marrones, tirantes azules y una cosa como un puñal».

Uno de los brazaletes rojos con la esvástica de los estudiantes que menciona Hargreaves.

FUENTE DE LA IMAGEN – VON TEMPEST

Uno de los brazaletes rojos con la esvástica de los estudiantes que menciona Hargreaves.

Sin embargo, lo más interesante es la observación desapasionada de Dick de las celebraciones del 1º de Mayo nazi en el pueblo vecino de Diez.

El 30 de abril de 1936, su diario registra un viaje «con nuestro Kameraden» para ver cómo se iniciaba mayo y las danzas folclóricas de las Juventudes Hitlerianas. Los chicos escucharon discursos de algunos de los «grandes tipos del pueblo». También hubo un canto comunitario en el que todos participaron.

«Hubo mucho ‘Heiling’ (saludo nazi) que también hicimos porque estábamos en una gran multitud».

«Era una escena magnífica: el antiguo castillo que se elevaba sobre la plaza del mercado en el que había miles de entusiastas campesinos iluminados por antorchas y velas…».

El viernes siguiente, el 1º de mayo, que era la fiesta de la primavera o «Frühlingsfest», el diario de Hargreaves registra que los muchachos debían levantarse a las 6 en punto para saludar a la bandera y desfilar. Luego marcharon a Diez, donde se reunieron con las Juventudes Hitlerianas locales para escuchar un discurso de 90 minutos de Hitler que se transmitía por radio.

Esa misma tarde, los chicos regresaron a Diez para escuchar otro largo discurso de «der Führer». Hargreaves señaló:

«Llegó a tal frenesí y fue capaz de conmover a la multitud tanto que vimos a tres personas desmayarse. No por fatiga o enamoramiento, sino solo por sus increíbles poderes de oratoria. Luego, después de que Hitler hubiera sido ‘Heil’ hasta el cansancio, ¡Goering habló durante media hora!».

Una gran multitud escucha el discurso fuera del Lustgarten en Berlín el Primero de Mayo de 1936. Hitler, Goebbels y Goering pronunciaron discursos.

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Una gran multitud escucha el discurso fuera del Lustgarten en Berlín el 1º de Mayo de 1936. Hitler, Goebbels y Goering pronunciaron discursos.

Aquí, la forma en que los observadores extranjeros podían fácilmente dejarse llevar por el fervor de «heiling» y el hitlerismo a su alrededor se hace conmovedoramente clara, aunque los interminables discursos de Hitler y sus secuaces parecen haber palidecido pronto.

‘Embajadores culturales’

Mi proyecto de investigación de una década sobre la historia de las Napola, recién publicado como el libro «The Third Reich’s Elite Schools: A History of the Napolas» (Las escuelas de élite del Tercer Reich: una historia de las Napola), ha demostrado que, durante la década de 1930, cientos de alumnos participaron en este programa de intercambio y torneos deportivos.

Para dar sólo un ejemplo, entre 1935 y 1938, la Napola Oranien Stein participó en intercambios con escuelas privadas británicas, incluidas Westminster, St Paul ‘s, Tonbridge School, Dauntsey’ sy Bingley School en Yorkshire.

La escuela también fue anfitriona de directores y profesores de intercambio de las escuelas Shrewsbury School, Dauntsey y Bolton, y también participó en torneos deportivos con Eton, Harrow, Westminster, Winchester, Shrewsbury, Bradfield y Bryanston.

Las Napola también participaron en programas de intercambio con varias academias estadounidenses bajo los auspicios de International Schoolboy Fellowship. Las escuelas estadounidenses involucradas incluyeron la Academia Tabor en Massachusetts, la St Andrew ‘s Delaware y la Academia Phillips Andover, todas consideradas establecimientos educativos de primer nivel.

El cuerpo de cornetas y tambores en uno de los Napola, alrededor de 1935.

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El cuerpo de cornetas y tambores en una de las Napola alrededor de 1935.

En última instancia, el régimen nazi quería que los muchachos y el personal alemanes actuaran como «embajadores culturales» del Tercer Reich, promoviendo la simpatía hacia las políticas de Hitler y difundiendo propaganda pronazi. Muchos directores británicos de la época veían con buenos ojos estos intercambios.

E.K. Milliken, el director de la Escuela Preparatoria Lancing House en Lowestoft, Inglaterra, estaba tan entusiasmado con sus experiencias en la Napola de Naumburg que incluso escribió un artículo expresando su convicción de que los intercambios «promoverían ese espíritu de verdadera camaradería que el mundo tanto lo necesita», exhortando a todos los miembros de la Asociación de Escuelas Preparatorias a recibir a las Napo con los brazos abiertos.

Hasta aquellos que no se convencieron fácilmente, como el director A.B. Sackett de la Escuela Kingswood de Bath, esperaban que el programa pudiera brindar «una oportunidad para influir en los hijos de los principales nazis mediante la discusión y la amistad».

La reacción estadounidense parece haber seguido un patrón similar, con el director de la Academia Tabor, Walter Huston Lillard, todavía tratando de persuadir a las escuelas estadounidenses para que continuara con el programa, incluso después de la infame Noche de los Cristales Rotos en 1938, durante el cual los los hogares, propiedades y sinagogas de los judíos fueron atacados sistemáticamente en las principales ciudades de Alemania.

En general, tanto los participantes británicos como los estadounidenses en el programa de intercambio parecían inicialmente haber estado dispuestos a dar a los nazis el beneficio de la duda.

Aunque posiblemente no les convencieran los objetivos e ideales del Tercer Reich, continuaron esperanzados en que las diferencias nacionales pudieran dejarse de lado en nombre de la cooperación internacional, al menos hasta que la beligerancia nazi alcanzó su clímax fatal.

* Helen Roche es profesora asociada (Historia Cultural Europea Moderna) en la Universidad de Durham. Esta nota apareció originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.

Imagen de portada: GETTY IMAGES. Un grupo de jóvenes desfilando con ropa deportiva en una Napola, alrededor de 1935.

FUENTE RESPONSABLE: The Conversation. Por Helen Roche. Febrero 2022.

Alemania nazi/Sociedad y Cultura/Segunda Guerra Mundial/Nazismo

La inmoralidad de algunos y la voracidad de otros,que marcó la historia del mundo para siempre. Parte 4/4

Si deseas profundizar sobre este tema; por favor cliquea donde esta escrito en “negrita”. Muchas gracias.

Desde ese 6 de agosto de 1945, el mundo y las guerras ya no volverían a ser iguales.

Foto: AP/ ja / Yuichiro Sasaki / ONU 1 / 31

La bomba que paró el tiempo

La explosión de la bomba atómica de Hiroshima se registró a las 8:15 de la mañana del 6 de agosto de 1945. En este reloj de pulsera encontrado en las ruinas de la ciudad, la aguja pequeña del reloj quedó abrasada por la explosión, marcando una sombra sobre él mismo que le hace parecer la aguja grande.

Foto: AP – 2 / 31

Paul W. Tibbets Jr.

El Coronel Paul W. Tibbets, de 31 años, posa para una fotografía delante del Enola Gay en una localización desconocida. Fue el piloto encargado de pilotar el Bombardero B-29 que lanzó la bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima el 6 de agosto de 1945, el cual, llevaría el nombre de su madre.

Foto: AP / US Air Force – 3 / 31

George R. Caron

El protagonista de esta foto de archivo de 1945 es el Sargento George R. “Bob” Caron (31 de octubre de 1919 – 3 de junio de 1995), artillero de cola en el Enola Gay, el Bombardero B-29 que lanzó la bomba atómica sobre la ciudad Japonesa de Hiroshima el 6 de agosto de 1945.

Foto:AP/Max Desfor 4 / 31

La tripulación del Enola Gay

De izquierda a derecha en primera fila: Jacob Beser, teniente primero; Norris R. Jeppson, teniente segundo; Theodore J. Van Kirk, capitán; el mayor Thomas W. Ferebee; William S. Parsons, Capitán; el coronel Paul W. Tibbets Jr. y el Capitán Robert A. Lewis. En segunda linea el sargento Robert R. Shumard, el soldado Richard H. Nelson, y los sargentos Joe A. Stiborn, Wyatt E. Duzenbury y George R. Caron.

Foto: RIA Novosti/Sputnik/AP 5 / 31

Little Boy

Little Boy fue el nombre con el que bautizaron los americanos a la bomba lanzada en Hiroshima. La bomba de uranio-235 de 4.400 kilogramos de peso, 3 metros de longitud, 75 centímetros de diámetro y una potencia explosiva de 16 kilotones, – 1600 toneladas de dinamita-, explotó a las 8:15 del 6 de agosto de 1945 a una altitud de 600 metros sobre la ciudad japonesa, acabando con la vida de aproximadamente 140.000 personas.

Foto: AP / US Air Force 6 / 31

Un soldado con pulso de fotógrafo

Una columna de 6 kilómetros de altura se eleva desde la zona cero sobre las ruinas de la ciudad de Hiroshima. La fotografía fue tomada por George Caron, artillero de cola del Enola Gay a quien le dieron una cámara en el último momento y la cual disparó a través de la ventana de plexiglás de su puesto de combate.

Foto: AP/ US Army/ Hiroshima Peace Memorial Museum 7 / 31

La alternativa nuclear

Foto difundida por el ejército de los Estados Unidos y proporcionada por el Museo de la Paz de Hiroshima. En ella se aprecia la enorme nube de humo resultado de los enormes incendios masivos provocados por Litte Boy. La fotografía se tomó pocas horas después de la detonación desde un avión de reconocimiento del ejército estadounidense.

Foto: AP 8 / 31

Las secuelas de Little Boy

Imagen de ciudad de Hiroshima tomada a algo más de kilómetro y medio del lugar donde fue detonada Little Boy, la primera bomba atómica de la historia lanzada sobre una población civil.

Foto: AP 9 / 31

Desolación desde el aire

Vista aérea de la ciudad de Hiroshima unas horas después del lanzamiento de la bomba nuclear.

Foto: AP 10 / 31

Una ciudad reducida a escombros

Metales retorcidos y cascotes: retales de lo que un día fue la ciudad más industrializada de Japón. La fotografía sería tomada unos días después del bombardeo.

Foto: AP 11 / 31

Los restos de la tragedia

El armazón de este bloque de apartamentos es lo poco que quedó en la zona cero tras la explosión nuclear en la ciudad japonesa de Hiroshima.

Foto: AP/ U.S. Army Corps 12 / 31

Sobrevivir a una bomba nuclear

En esta foto proporcionada por el Cuerpo de Ingenieros de EE.UU., se pueden contemplar las heridas de una de las víctimas de la primera bomba atómica. La fotografía fue tomada en el departamento de Ujina, en el primer hospital provisional del ejército japones en Hiroshima. Los rayos térmicos emitidos por la explosión quemaron el patrón del kimono de esta mujer, los cuales quedaron grabados sobre su espalda.

Foto: AP/ Zu unserem Korr, Japón / Weltkrieg / Jahrestag 13 / 31

Las primeras reacciones japonesas

Víctimas japonesas esperan recibir los primeros auxilios en la parte sur de Hiroshima horas después de la explosión. La detonación mató al instante a 66.000 personas, hiriendo a otras 69.000.

Foto: AP 14 / 31

Protegidos por las colinas

La foto, tomada un 2 de febrero de 1951, muestra una zona residencial protegida por la orografía en Nagasaki, la cual se salvó de la destrucción que arrasó vastas porciones de la ciudad. El área desnuda en primer plano es un cortafuegos.

Foto: AP 15 / 31

Vivos y juntos

Un hombre y una mujer japonesa, víctimas de la bomba atómica de Hiroshima, se sientan en un edificio de un banco dañado convertido en un hospital provisional. La cara de la mujer está gravemente marcada por el tremendo calor generado en la explosión.

Foto: AP 16 / 31

El mensajero de la muerte

El Enola Gay aterrizando en Tinian, al norte de las Islas Marianas después del bombardeo de Hiroshima.

Foto: AP 17 / 31

Cuando lo peor aún no ha pasado

Hiroshima, 1 de Septiembre de 1945. Científicos japoneses comprueban los niveles de radiactividad en la zona cero.

Foto: AP/RIA Novosti/Sputnik 18 / 31

Fat Man

Fat man fue el apodo dado a la segunda bomba lanzada – en este caso de plutonio- por el ejército estadounidense sobre Nagasaki, el 9 de agosto de 1945. 

Detonado a una altitud de 550 metros sobre la ciudad, el dispositivo de 3,25 metros de longitud por 1,52 de diámetro, pesaba 4.630 kilogramos y poseía una potencia de 25 kilotones. Los ataques provocaron la rendición incondicional de Japón. 

Foto: AP 19 / 31

Nagasaki, la segunda bomba

Una columna de humo ondulante en forma de seta se eleva a kilómetros de altura sobre la ciudad japonesa de Nagasaki. Fat  man fue lanzada 3 días después del ataque sobre Hiroshima, acabando instantáneamente con la vida de 70.000 personas. Otros miles morirían después a consecuencia de la radiación.

Foto: AP 20 / 31

En el centro de la catástrofe

Una flecha marca el punto sobre el que estalló la bomba arrojada en Nagasaki. Gran parte de la zona bombardeada sigue asolada, los árboles en los alcores colindantes permanecen carbonizados y empequeñecidos por la explosión. La reconstrucción del lugar ha sido apenas testimonial.

Foto: AP 21 / 31

Heridas sempiternas

En esta foto del 24 de marzo de 1980, Sunji Yamagushi, quien sobrevivió a la bomba atómica sobre Nagasaki, muestra sus profundas cicatrices durante una conferencia de prensa en Los Ángeles.

Foto: AP 22 / 31

El avión que puso fin a la Segunda Guerra Mundial

Fat man, fue lanzada desde un bombardero B-29 apodado como “Bockscar”. Charles Donald Albury que en la imagen sostiene una fotografía del avión, copiloto el avión que arrojaría la segunda bomba sobre Nagasaki el 9 de agosto de 1945 y fue testigo del despliegue de la primera bomba atómica sobre Hiroshima tres días antes en calidad de piloto de reserva.

Foto: AP 23 / 31

Territorio americano en el Pacífico

La guerra en el Pacífico terminó un 2 de septiembre de 1945, cuando el acta de rendición japonesa fuera finalmente firmada a bordo acorazado Missouri de los Estados Unidos. El barco aparece en la foto disparando en un lugar desconocido del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial.

Foto: AP 24 / 31

El fin de la guerra

En la imagen, el almirante Chester Nimitz, comandante en jefe de la Flota del Pacífico, a bordo del acorazado Missouri durante la firma de la rendición de los japoneses que ponía fin a la Segunda Guerra Mundial el 2 de septiembre de 1945. De pie, detrás de él, y de izquierda a derecha, el general Douglas MacArthur, el almirante William F. Halsey Jr., y el contralmirante Forrest Sherman.

Foto: AP 25 / 31

Reportes de Guerra

De regreso de la Conferencia de Postdam, a bordo del crucero de guerra Augusta, el presidente de los Estados Unidos Harry S. Truman, radio en mano, lee a la población los primeros informes de la misión en la que fue lanzada la bomba sobre Hiroshima.

Foto: AP 26 / 31

La rendición incondicional de Japón

El Secretario de Guerra, Henry Stimson, a la izquierda, observa como el presidente Harry Truman sostiene los documentos firmados de la rendición incondicional japonesa en la Casa Blanca un 7 de septiembre de 1945. Antes del ataque a Hiroshima, Stimson presidió un comité para reflexionar sobre la necesidad de lanzar la bomba. Stimson se mostraría consternado por los métodos de la guerra moderna en la que el bombardeo de civiles se había convertido en algo común.

Foto: AP 27 / 31

¿Quién pulsó el botón?

El mayor Thomas Ferebee, a la izquierda y el capitán Kermit Beahan, a la derecha. Ferebee lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima, Beahan lo hizo sobre Nagasaki.

Foto: AP 28 / 31

Criminales de guerra

Foto tomada en diciembre de 1947 al general Hideki Tojo, primer ministro de Japón durante la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial. 

Tojo fue considerado un criminal de guerra de clase A y ejecutado por ahorcamiento el 23 de diciembre de 1948. 

Fue culpado de ser el cerebro y ejecutor del ataque a Pearl Harbor y de la prolongación de la guerra en el pacífico, desencadenante de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki.

Foto: AP 29 / 31

El padre de la bomba atómica

De derecha a izquierda el general Leslie R. Groves, y el Dr. En física J. Robert Oppenheimer, conocido coloquialmente como «el padre de la bomba atómica» y director científico del proyecto Manhattan, desarrollado en secreto en Alamogordo, Nuevo México.

Foto: AP 30 / 31

Juegos de espías

En la imagen, David Greengrass con 29 años, participante en el proyecto Manhattan y espía confeso, se encuentra en la antesala de la Corte Federal, en Nueva York, un 12 de marzo de 1951 durante el receso del juicio por espionaje al que fue sometido. 

Greengrass testificó pertenecer a una red de espionaje orquestada por la Unión Soviética. Fueron también acusados de conspiración y espionaje al servicio de los soviéticos en tiempos de guerra Morton Sobell, Julius Rosenberg y su esposa, Ethel, hermana de Greengrass .

Foto: AP/KK 31 / 31

Un lugar en la memoria

Varias mujeres rezan durante una misa especial celebrada en la Iglesia Urakami en Nagasaki, el 9 de agosto de 1983 con motivo del 38 aniversario de la destrucción atómica de la ciudad.

Imágenes del título: Gentileza de AP/ ja / Yuichiro Sasaki / ONU/Robert Capa / Magnum/AP

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC. Por Javier Flores/Hector Rodriguez. Enero 2021

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