Sobre dos libros sapienciales.

El habla del silencio

Los viernes nos encontramos con María Domínguez en el Náutico, el parador de playa. Desde sus ventanas puede verse el mar, el oleaje se va apaciguando después de la última sudestada. 

Esta tarde María me trae un libro prometido, el que escribió con Juan Forn y que Juan no alcanzó a ver. 

Debo admitirlo, cuando uno está ante un libro escrito por dos trata de discernir qué del texto pertenece a uno o a otro. En este caso no es sencillo, y menos considerando que María es librera y también una lectora nómade en sus gustos, que no cesa de sorprender con sus hallazgos. 

A veces me pregunto si este don suyo procede de sus estudios de arqueología. Tal vez la respuesta está en una conjugación de las dos prácticas complementarias con un mismo objetivo: salvar cosas del paso del tiempo, que no se pierdan. Otro dato no menor: María es una poeta reservada, cautelosa, que escarba en el lenguaje de la pérdida: “Después de nadar mar adentro/ ibas hasta la rompiente / buscando el impulso que te saque a la orilla. / Entraste en la ola / seguiste la curva/ y saliste del mundo”, escribe. Hay un silencio irreductible en estos versos. Es así: “Un silencio denso / cae sobre las cosas”. 

Y ese silencio remite al libro que escribieron juntos. Al silencio, justamente, se refiere “Nieblita del Yí”.

“Discutimos mucho cada palabra, cada frase”, se acuerda María. Y se ríe de sí misma: “Yo no soy japonesa, / soy geselina”, ha escrito en un poema. Y volviendo al libro, cuenta: “Juan era obsesivo. Y yo terca. Pero nos reíamos mucho. Sonaba oriental Yí, pero era guaraní. Quiere decir río fuerte, duro. Y nombra un río uruguayo que nace cerca del Chato, cerca de la cuchilla grande de Durazno”.

“Nieblita del Yí”, fue ilustrado con delicadeza cromática por Teresita Olhaberry. 

Ella y su compañero, el escritor Pablo Franco, ambos editores del sello La Flor Azul, andaban un domingo curioseando por la feria de Tristán Narvaja en Montevideo. 

En una librería de usados detectaron la novela “La tierra purpúrea” (1885) de William Henry Hudson en traducción de Idea Vilariño. Es sabido, Hudson, un naturalista argentino extrapolado en Gran Bretaña, fundador de la primera gran biblioteca ornitológica de Sudamérica, mantuvo amistad y correspondencia con Joseph Conrad y Ford Madox Ford. 

En sus cartas les confiaba el deslumbre por este sur y sus historias. De la seducción que destila “La tierra purpúrea” Borges diría que es una obra primordial del criollismo y uno de los pocos libros felices sobre la tierra.

Entusiasmados con el texto de Hudson, Pablo, Teresita, María y Juan eligieron adaptar uno de sus tramos en versión para “chicos”, y las comillas, en este caso, no son gratuitas: “Nieblita del Yí”, con su encantamiento, funciona como infantil, pero trasciende el género y opera como cuestionamiento a la relación que mantenemos los adultos normalizados con la naturaleza que suele resultar distante.

Al terminar una guerra, un veterano de la guerra entre blancos y colorados de la Banda Oriental, llega a un rancho donde viven una vieja y una nena. La nena está triste: no tiene amigos ni tampoco le han contado nunca un cuento.

Relato dentro del relato, el veterano le narra a la nena la historia de Alma, una nena que debía su tristeza a no poder hablar con el paisaje brumoso del río y su fauna. Una mujer de piel negra surge de la niebla del Yí. Si quiere hablar con la naturaleza, le dice, debe clavarse una aguja en la lengua. Contra las reticencias del lector desprevenido, Alma empieza a comunicarse con unos perros, una zorra, un pato. Y hasta puede escuchar la conversación de los árboles.

Que la humanidad está aturdida no es ninguna novedad. El lingüista Noam Chomsky, a sus noventa y pico, no se cansa de criticar el capitalismo. 

Y si no se le presta atención no se debe sólo al tronar de las bombas y misiles de los dieciséis conflictos bélicos que aterran el planeta, el fragor de los incendios, y los desastres de las políticas extractivas. 

La alienación y la voracidad consumista explican esta sordera. Y “Nieblita del Yí” parece sugerirnos la exigencia de un silencio respetuoso ante la naturaleza y escuchar qué nos está diciendo.

El otro libro que esta tarde trae María al Náutico es el “Tao Te Ching” de Lao Tse en versión de Ursula Le Guin. La primera vez que Le Guin vio el libro era una nena como la protagonista del cuento de Hudson. 

Se trataba de una edición de 1898 y contenía grabados y caracteres chinos en la cubierta. Era un objeto venerable y misterioso. Su padre lo leía a menudo y tomaba notas. Más tarde le confió a la hija que le gustaría que algunos pasajes fueran leídos en su funeral.

Es cierto que el Tao ha sido interpretado como un manual para gobernantes, pero esto sería limitar su alcance. 

Desde hace más de dos mil quinientos años el Tao se las ha ingeniado para transformarse, además de en pilar de la filosofía budista, material de consulta de más de un pensador occidental que encontró aquí claves para orientarse en momentos de crisis extremas, tanto colectivas como personales.

Su espíritu atrajo tanto al refinado grupo de Bloomsbury como al marxista Bertolt Brecht, quien escribió el poema “Leyenda sobre el origen del libro Tao Te King, dictado por Lao Tse en el camino de la emigración”.

 

Escribe Brecht: “A los setenta años, ya acabado/ el maestro sintió un ansia de paz. / Moría la bondad en el país/ y se iba haciendo fuerte la maldad.” La resonancia con el presente no es casual. La injusticia se enseñoreaba en su tierra. “Juntó unas cosas necesarias. / pocas. Pero algo más tenía que llevar. / La pipa que fumaba cada noche. / El libro que leía a todas horas. / Algo de pan blanco”. Lao Tse y su guía caminan cuatro días. Un aduanero los detiene, les pregunta qué traen de valor. “Nada”, le contesta el viejo. El guía le explica al aduanero que el viejo es un maestro, que enseña que “el agua blanda termina por vencer la piedra”. 

El aduanero les ofrece entonces parar en su casa a cambio de sus enseñanzas volcadas con tinta en papel. Durante siete días, el maestro le dicta al guía las 81 sentencias que componen el libro legendario, tan breve como conciso. La última se refiere a la aparición de lo esencial, y Le Guin la traduce como “Lo verdadero”: “Las palabras verdaderas no son gratas, / las palabras gratas no son verdaderas. / Las buenas personas no son obstinadas, / las personas que son obstinadas no son buenas. / Las personas sabias no son eruditas, / las personas eruditas no son sabias. / Las almas sabias no acumulan, / cuanto más hacen por otros más poseen, / cuanto más dan a otros más ricos se vuelven. / El camino del cielo beneficia sin destruir. / Actuar sin competir / es el camino de los sabios”.

María se vuelve a la librería. Y yo me vuelvo a la cabaña con los libros. Lo único que sé es que acá en el bosque, donde escribo estas reflexiones, si a esta hora del anochecer uno guarda silencio, además del susurro de la brisa pueden escucharse unos pájaros tenues que le dan la bienvenida a la oscuridad y se despiden hasta mañana.

Imagen de portada: Ilustración de Teresita Olhaberry

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Buenos Aires.Argentina. Por Guillermo Saccomanno. Mayo 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/Filosofía/Vida

El último viaje

Sin saber
cuando pasara
aunque se que
es cercano,
mi cuerpo
se va alivianando
de toda vestimenta,
porque bien se
que ya no la usare
en el lugar
donde el tren
de la vida
detendrá
su marcha
en mi ultima
estación.

¿Temor?
Puede existir
miedo en el transito
a la vida eterna?
donde todo
es luz y amor,
vergel inigualable
para la vista
de quien llega,
con la certeza
de que esa
nueva vida,
es un regalo
de quien nos
ha hecho
a su imagen
y semejanza.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

El tiempo

Que difícil
es hoy
detenerse
un minuto,
ponerse
a mirar
hacia
los lados,
para descubrir
algo
que penosamente
hemos ignorado,
cometiendo
el pecado
de no regalarle
nuestra mirada,
sea un edificio,
una mujer hermosa,
alguien que sentado
en la vereda
nos extiende la mano,
pidiendo nuestra
misericordia,
cuan ciegos
somos
en una finitud,
que solo
nos da un signo
de interrogación,
inclusive ahora
finalizando
de escribir
estas líneas.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

Desconocida SOS

Hoy leí
como siempre
la entrada
de su blog,
porque se
que no escribe
poesía ni temas
de ciencia
o de actualidad.

Se desahoga
buscando en las letras
respuestas
que dificilmente hallara,
pero lo que si
doy fe
que sabe escribir,
transmitir
broncas, emociones
pero nunca odio,
siempre va juntando
tanto dolor
o confusión,
como si sonaran
luego sus gritos
a personas
quizás muy cercanas
pero que desconocen,
lo que ella necesita
comprenderla
sin siquiera hablar.

Me encanta leerla,
quizás porque
coincidimos
en preguntarnos
tantos porque
de como
va la vida.
solo nos
diferencia
que disfruto
lo que tengo,
mientras espero
desde hace
años que el mundo
se transforme
en algo mas
amigable.

Pero no la conozco
ni ella a mi,
solo por las letras
o algún comentario
al pasar,
pero no hay remedio
somos dos de tantos
en el medio
de un encuentro
en esta plataforma,
pero como
me agradaría
invitarla a un café
para que haga
su catarsis
de todo lo
que en los hombros
le sigue pesando.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

Psicología: A veces cuando dices ‘Estoy bien’ solo significa que estás pasando por un momento difícil.

El mundo quizá se está derrumbando. Me siento perdido y miserable, sin mencionar que todo en mi vida no está funcionando como lo planeé. Esas citas positivas o películas con final feliz no me hacen creer en la esperanza, y sé que perder la esperanza no está bien. ¿A qué se debe?

Cuando digo “estoy bien”, a veces significa que en realidad algo me duele por dentro. Tal vez perdí a esa persona o dos a quienes realmente amaba. Tal vez espero demasiado del universo para devolver el amor que le di a otras personas.

Estoy siendo demasiado humano y lo único que quiero en esta vida es conseguir el amor que merezco. Mis propias expectativas y esperanzas hacia esos amores no correspondidos son las que trajeron desilusión a mi propia vida, y sé que esperar demasiado no está bien.

Cuando digo “estoy bien”, la mayoría de las veces, no sé cómo pedir ayuda. Me siento atrapado entre mis propios miedos y la desesperanza, simplemente porque sé que la única persona que puede ayudarme soy yo.

Sé que no importa cuántas personas quieran ayudar, la clave para sentirse mejor es solo cambiar mi propia perspectiva de la vida. Pedir ayuda solo me hará creer que soy incapaz de cuidar de mí mismo, y sé que negarme a que me arreglen no está bien.

Cuando digo «estoy bien», es una guerra dentro de mí mismo porque, en realidad, quiero que alguien diga «estoy aquí» o «sé que no estás bien», pero quiero que me dejen solo todo el tiempo. al mismo tiempo. Quiero hacerle entender a alguien que hay miles de historias que quiero contar si no me juzgan.

No quiero que la gente juzgue que no soy una buena persona. Vivo mi vida a través de las opiniones de la gente y sé que eso no está bien.

Cuando digo “estoy bien”, me sentiré culpable simplemente porque mentí. 

Tengo esa mala costumbre de pensar demasiado en todo, pero no quiero que lo averigües. Quiero guardar mis arrepentimientos, errores, defectos, debilidades y esas inseguridades solo para mí, simplemente porque tengo miedo de confiar en la gente.

Sé que una vez que me abra a la gente, me desarmarán poco a poco y me dejarán. Sé que tener un problema de confianza no está bien.

Cuando digo “estoy bien”, es porque no quiero ser una carga para nadie más.

Sé que todo el mundo está ocupado con su propio negocio y la gente está librando sus propias batallas. Quejarme o contarle a otras personas sobre los contratiempos en mi vida solo me hará sentir culpable por hacer que mis problemas también se conviertan en sus problemas.

Agradezco el apoyo, pero tarde o temprano volveré a fingir mi sonrisa para convencerlos de que estoy bien. Sé que fingir mi propia tristeza no está bien.

Cuando digo “estoy bien”, espero que entiendas que actualmente estoy peleando mis propias batallas y quiero que ores por mí con todo tu corazón.

Necesito que me abraces en silencio sin siquiera obligarme a decir la verdad.

Quiero que seas paciente mientras busco la manera correcta de pedir tu ayuda.

Necesito que entiendas que no es fácil para mí abrirme y lo siento por ser tan difícil.

Por favor, no te enojes conmigo solo porque guardo silencio; Te lo contaré todo cuando llegue el momento. No tiene nada que ver contigo; soy yo.

Cuando digo “No estoy bien”, ese es el momento en que estoy listo para decirte la verdad.

Imagen de portada: Gentileza de Pexels. A veces el ‘Estoy bien’ es una máscara a la tristeza.

FUENTE RESPONSABLE: Terra. Abril 2022

Sociedad y Cultura/Vida/Psicología

La gente medieval dormía de otra manera: ¿por qué dejamos de hacerlo?

DOS BLOQUES

En el pasado la gente solía dormir en dos tramos durante la noche, y aprovechaba para rezar, ir a visitar a sus vecinos o charlar en la cama y compartir confidencias.

Hay pocas cosas en la vida en la que toda la humanidad se ponga de acuerdo, a pesar de que en estos tiempos pandémicos hemos podido observar con perplejidad cómo el mundo entero se confinaba y aplicaba unas medidas similares. 

Una de las pocas cosas en las que coincidimos todos, provengamos de donde sea, es en aquello de dormir, lo hagamos mejor o peor. Todos (siempre que podemos) elegimos la noche para ello, por razones obvias, y descansamos tumbados, en lugares mullidos e ideales para buscar el sueño. ¿Siempre fue así? 

En realidad, tenemos pruebas de que no. Las ocho horas reglamentarias que en tantas revistas nos aseguran que son algo así como la llave para conseguir la vida eterna y el cutis más bello, son en realidad una cosa relativamente moderna. No es algo que digamos nosotros, sino que se lleva estudiando desde hace tiempo. 

Según Roger Ekirch, historiador del sueño de la Universidad de Virginia, el patrón del sueño dominante desde tiempos inmemoriales era en realidad bifásico. En otras palabras, nuestros antepasados dormían en dos bloques de cuatro horas (así que, en el fondo, cumplían también aquello de las ocho horas. Aunque de manera diferente). 

Ekirch estaba estudiando registros que abarcaban la Edad Media y la Revolución Industrial cuando se topó en varias ocasiones con las palabras ‘primer sueño’. Así descubrió que se dormía en dos bloques. 

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¿Y qué hacían entre medias? 

«Estos dos bloques estaban separados por un periodo de vigilia que duraba una hora o más», explicó el historiador en otra ocasión. 

«Durante ese tiempo algunas personas se quedaban en la cama, rezaban, pensaban sobre sus sueños o hablaban con sus parejas. Otras, en cambio, se levantaban y realizaban diversas tareas, e incluso visitaban a sus vecinos antes de volver a la cama». 

Se sabe de muchos personajes históricos (Leonardo da Vinci, Edison, Nikola Tesla…) que dormían unas cuatro horas por noche y después se echaban una pequeña siesta a lo largo del día.

Y viene de largo. Por supuesto, Ekirch no sacó sus conclusiones de la nada, sino que estudiando registros que abarcaban la Edad Media y la Revolución Industrial se topó en varias ocasiones con las palabras ‘primer sueño’. 

Según los testimonios, que se remontan a la ‘Odisea’ de Homero, y llegan hasta los ‘Cuentos de Canterbury’ de Chaucer, esta costumbre estaba totalmente extendida, hasta que, de pronto, dejamos de hacerlo.

Pero, además de estas obras, también descubrió que cientos en cartas, diarios, libros de texto médicos, escritos filosóficos, artículos de periódicos y obras de teatro hablaban de lo mismo. Y lo más sorprendente es que el hábito no se reducía a Europa, sino que también estaba extendido por África, el sur y el sudeste de Asia, Australia, Sudamérica y el Medio Oriente. Y de pronto se olvidó, como otras costumbres extendidas o esos objetos particulares que se encuentran en las excavaciones arqueológicas y nos hacen parpadear perplejos por lo que nuestros antepasados hacían. Pero, ¿por qué ‘pasó la moda’?

Luz, más luz

Ya lo dijo Goethe antes de morir. Parece bastante claro que la invención luz artificial fue la que modificó una costumbre tan arraigada en la sociedad mundial. Según el propio Ekirch, las bombillas alteraron para siempre la relación del hombre con la noche, que pasó a ser ese período de tiempo que prolongaba el día. Durante ella se podía acudir a reuniones sociales, al bar o al teatro. 

El hábito no se reducía a Europa, sino que también estaba extendido por África, el sur y el sudeste de Asia, Australia, Sudamérica y el Medio Oriente 

La cama no nos llamaba ya con tanta antelación, y los horarios del hombre dejaron de estar tan influenciados por los astros. Apareció además el turno nocturno, pues si la noche servía para pasarlo bien también podía ser útil para trabajar. Para optimizar el tiempo, era mucho mejor dormir del tirón, aunque había mucha más libertad para irse a dormir cuando se quisiera, ya que la oscuridad ya no era un problema y tampoco había que hacer especial caso al canto del gallo.

El sueño ancestral

Según un artículo publicado en ‘BBC‘, una noche de sueño en el siglo XVII era algo así: desde las 21:00 hasta las 23:00, los que tenían la suerte de poder permitirse el descanso se dejaban ir durante un par de horas. La mayoría de la gente dormía entonces en comunidad, unidos a una gran variedad de chinches, pulgas, piojos, miembros de la familia, extraños, amigos y sirvientes. Para minimizar algunas posibles incomodidades, se estipulaban convenciones sociales estrictas que iban desde prohibir moverse demasiado a organizar las posiciones para dormir (las niñas solían acostarse a un lado de la cama, seguidas por la madre y después el padre, y al otro lado los niños). Un par de horas más tardes la gente comenzaba a despertar de este primer letargo, sobre la una de la madrugada. 

La mayoría de la gente dormía entonces en comunidad, unidos a una gran variedad de pinches, pulgas, piojos, miembros de la familia, extraños, amigos y sirvientes 

Lo más sorprendente quizá es que no se despertaban por alguna alarma o ruido nocturno, sino que lo hacían de forma natural igual que nosotros nos despertamos por la mañana. Entonces la gente compartía unas confidencias difíciles de emular durante el día, aprovechaba para trabajar o se daba a la religión. Después volvían a la cama.

¿Nuestra forma de dormir es la mejor?

La cuestión es, por muchas revistas que leamos que aseguran que las ocho horas de sueño seguidas son fundamentales, ¿qué vendría realmente mejor para nuestros ritmos circadianos? 

Después de cuatro semanas, los patrones de sueño de los participantes comenzaron a transformarse y ya no dormían en un tramo, sino en dos bloques.

Una investigación realizada por Thomas Wehr (científico del sueño del Instituto Nacional de Salud Mental) realizada en los años 90, un poco antes del descubrimiento de Ekirch, es bastante curiosa, incluso esclarecedora. Realizó un experimento con 15 hombres que tenían patrones de sueños normales, a los que se les privó de iluminación artificial durante la noche para acortar sus horas de luz. De las 16 a las que estamos acostumbrados, pasaron a diez. El resto del tiempo estaban confinados en un dormitorio sin luces ni ventanas. No se les permitió tocar música ni hacer ejercicio, y en su lugar se les recomendó descansar y dormir. Al principio, todos los hombres tenían hábitos normales y dormían en un turno nocturno que duraba desde la noche a la mañana. Pero entonces sucedió algo increíble: después de cuatro semanas, sus patrones comenzaron a transformarse y ya no dormían en un tramo, sino en dos bloques. Las mediciones de la hormona del sueño melatonina mostraron que sus ritmos circadianos también se habían ajustado, por lo que su sueño se alteró a nivel biológico. Wehr había ‘reinventado’ el sueño en dos fases. 

Quizá habría que tomarse de forma más natural y si tanta ansiedad esos insomnios que nos acucian en mitad de la noche.

¿Significa eso que es la mejor opción? 

Para Ekirch, la respuesta es un poco más compleja. Por un lado, opina que la manera de dormir de nuestros antepasados nos demuestra que esos insomnios tan típicos de medianoche, en los que nos despertamos y nos pasamos buena parte de la noche ansiosos e incluso tenemos que acabar haciendo uso de la química para volver conciliar el sueño, podrían ser mucho más normales de lo que consideramos, y habría que tomarlos con más naturalidad (aunque sea difícil porque, al fin y al cabo, muchas veces tenemos que despertarnos para ir a trabajar). 

Pero, por otro lado, es normal que las costumbres de sueño hayan cambiado (asegura) no solamente debido a la luz eléctrica. También hay que tener en cuenta que descansamos con mucha mayor tranquilidad que nuestros antepasados. 

No tenemos que ocuparnos de que nos asesinen en mitad de la noche, de morir congelados o de despertarnos con sabañones por culpa de algún piojo o alguna chinche. Y se agradece. 

En otras palabras, puede que un bloque entero de sueño no sea lo más natural para los ritmos circadianos, pero tampoco lo son los colchones ergonómicos o la higiene, así que no está de más ahorrarse las confidencias de madrugada o los rezos, si en lugar dormimos de una vez en una cama cómoda y mullida.

Imagen de portada: Una mujer durmiendo en una cama durante la Edad Media. (iStock)

FUENTE RESPONSABLE: Alma, Corazón y Vida. Por Ada Nuño. Febrero 2022

Sociedad y Cultura/Vida/Dormir bien/Curiosidades

 

 

 

Un científico desafía a la muerte con las leyes de la física.

El divulgador noruego Andreas Wahl ha sobrevivido a un rayo, a un incendio y al disparo de un rifle. No es magia, es la teoría llevada a la práctica.

Explicar las leyes de la física no es una tarea fácil. Tanto es así que en algún momento alguien tuvo que inventar la historia de Newton y la manzana para ilustrar una fuerza que todos hemos experimentado decenas de veces con cada caída. Cuando se trata de explicar las leyes de la física, lo mejor es ponerse a uno mismo como conejillo de indias. Es lo que hace el físico y presentador noruego Andreas Wahl, que ha demostrado cómo se puede desafiar a la muerte si se conocen las leyes del universo.

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Gracias a Newton, a Benjamin Franklin y a Sadi Carnot, Wahl ha sobrevivido entre otras hazañas a un disparo en una piscina, a una caída de 14 metros, a un incendio y a la caída de un rayo. ¿Quién dijo que la teoría no podía salvarte la vida?

Physicist Andreas Wahl puts his body on the line on his tv-show «Life on the line»

Wahl, que ahora tiene 52.6 mil seguidores en Instagram, se jugó la vida para demostrar las leyes de la física durante el año 2016 en el programa noruego Med livet som innsats (Mi vida en juego), pero es ahora cuando las redes sociales han dado una nueva vida a sus experimentos. Se trataba de un programa de 8 episodios, 8 experimentos y 8 ocasiones en las que su vida pendía de un hilo, a veces literalmente, la mezcla perfecta entre la divulgación científica y Jackass.

En uno de sus experimentos más vistoso en Youtube, Wahl se disparaba así mismo con un rifle de asalto AG3 en el fondo de una piscina para demostrar cómo la densidad del agua (mucho mayor que la del aire) afecta a la velocidad de una bala. Wahl había medido la densidad, la velocidad de disparo del AG3 y la distancia a que colocarse para convertir el disparo en algo inofensivo. Ya solo le quedaba apostar su vida por la ciencia. Lo bueno de la física es que es la única fuerza que no viola sus leyes (no en estas escalas, pero nadie se jugaría el tipo con la física cuántica) y, efectivamente, la bala se fue ralentizando hasta caer rendida a los pies de Wahl.

En otro experimento voló por la ciudad agarrado a varias decenas de globos de helio como en la película de Up; en otro, atravesó un muro de fuego sin otra protección que una capa de agua como la del rocío de la mañana. En otra ocasión, para demostrar la segunda ley del movimiento circular de Newton según la cual los objetos con una fuerza centrípeta giran más rápido a medida que se aproximan al punto central, Wahl saltó de una altura de 14 metros atado a una cuerda con una pelota de hockey en su otro extremo. La pelota no estaba atada al poste, sino que debía girar alrededor suya hasta atarse sola para hacer de tope. Todo dependía del cálculo entre la velocidad de giro de la pelota y la de caída de Wahl. Él sobrevivió; si tu lo intentas, no te prometemos nada.

Por último, en una célebre demostración de la conducción eléctrica Wahl hizo caer un rayo sobre su cabeza. Él estaba vestido con un traje metálico que debía conducir la corriente a través de su cuerpo y estaba conectado a una toma de tierra. La corriente eléctrica le atravesó de la cabeza a los pies hasta desaparecer dejándole ileso. Al no haber habido ninguna resistencia eléctrica, no tuvo consecuencias en su cuerpo.

La física es así. Es teoría, pero también puede salvarte la vida.

Imagen de portada:Gentileza de Esquire

FUENTE RESPONSABLE: Esquire. Por Alberto Hernando. Abril 2022.

Sociedad y Cultura/Vida/Curiosidades/Física

Intenta…

Muere lentamente
el no viajar,
porque se que
en quien cree
le ha regalado
ese privilegio
por alguna razón.

Pero no es
solo eso
morir lentamente,
es también no leer,
no escuchar musica,
no reírse de si mismo.

Muere lentamente
quien no desecha
su ego devenido
en soberbia,
como también aquel
que no se deja ayudar.

Y así de igual manera
quien evita una pasión
negándose la explosión
de esas emociones.

Muere lentamente
quien con poder
sojuzga a los otros
sin misericordia,
creyendo que quedara
libre de rendir
cuenta alguna.

Si pensar en vivir, en arriesgar,
en acompañar, en amar, en ser feliz
es rebelarse en un movimiento
seré el primero en acompañarlo.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

Soy el mismo, pero otro.

Ya no corro
como solía hacerlo,
ahora camino
mas lento,
como deseando
que el viento
en alguna
esquina
me detenga.

Miro
a los cuatro
lados
y más aun
hacia arriba,
descubriendo
cosas de
todos los días
que me perdí
de verlas,
para alcanzar
solo utopías.

He sido gestor
de mi
propia vida,
con mas errores
que aciertos,
con la pesadumbre
de saber
que aquellos,
seguirán
acompañándome
hasta el final.

Sin embargo
doy gracias
cada día,
por haber
dejado atrás
ese ego
que destruyo
tantas cosas,
y me permite hoy
estar tan cerca
de quien
realmente importa.

Creo

Cuando
todo termina,
para algunos
se acaba
el sufrir,
para otros
la plenitud
de haber
dejado de lado
las cosas efímeras,
banales
y sin sentido,
poniendo
todo su interés
en el calor
del privilegio
de vivir.

Compartir
la alegría
de quien
ha logrado
su mentado
deseo,
de saber
respetar
el silencio
del otro,
y solo
acompañar.

Reflexiono
cuando
en los albores
de las creencias,
los eternos
filósofos
en sus diálogos
nos legaron
pensamientos
sobre el mundo
que ideal o no,
no es lo
que en realidad
es importante.

Porque está
en la esencia
del ser humano,
construir
para si mismo
su único
y deseado
pequeño mundo.